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EL HECHO CIENTÍFICO

1. Hecho

Al respecto, podemos señalar que se han planteado muchas definiciones del concepto de hecho: a)
Elemento de la realidad, b) Elemento del conocimiento y c) Resultado del reflejo sensorial. Usualmente
los hechos son denominados situaciones reales de los casos o fragmentos de la realidad.

Bunge (1975) postula que es todo aquello que “pertenece a la realidad” y los divide en:
acontecimientos, o modificaciones en el espacio-tiempo; procesos, o secuencia de acontecimientos
ordenados en el tiempo; sistemas concretos o sustancias físicas; fenómenos, o el reflejo sensorial de
los objetos y procesos reales en el sujeto cognoscente. Nosotros no podemos estar de acuerdo con la
inclusión de la categoría fenómeno entre el número de hechos, puesto que estos no pertenecen a la
realidad, y al ser tratados estos como tales nos conduciría a confundir el mundo real con el reflejo
sensorial y no necesariamente entre estos dos últimos existe una coincidencia absoluta. Junto con los
acontecimientos, procesos reales y objetos reales, a la realidad misma le pertenecen las propiedades
y relaciones, como inherentes a los objetos y acontecimientos (Díaz y Calzadilla, 2001)1.

"Hecho" es el participio pasado del verbo hacer, o sea se refiere a algo que ocurrió, y no a algo que
está ocurriendo o que ocurrirá. Si en este momento está produciéndose un eclipse de luna, todavía no
puede hablarse de un hecho porque no ha terminado de ocurrir. Tampoco es un hecho algo que
supuestamente ocurrirá.

Como su mismo nombre lo indica, un hecho es algo que “sucede”, algo que le pasa a algo o a alguien:
una piedra que cae, una ciudad que es sacudida por un terremoto, una persona que tiene delirios de
grandeza, un gato que tiene bigotes, etc

Suceso, “una piedra es un objeto”; en cambio una piedra que cae es algo que le ocurre a una piedra y
es, por lo tanto, un suceso. Hay autores como Bunge que indican que una clase de hecho puede ser
un "sistema concreto", como por ejemplo una piedra. No adscribimos a esta tipificación: las teorías
científicas no explican o predicen cosas, sino algo que les ocurre a esas cosas, como por ejemplo ser
grande, ser dura, ser gris, etc..
Un suceso es, entonces, la conjunción de un objeto y de una propiedad o característica (5). Dos
automóviles que chocaron es también un suceso, que puede traducirse como 'un automóvil presenta
como característica el haber chocado con otro'. Sin embargo, para que esta conjunción de objeto y
propiedad configure un hecho debe darse en un determinado lugar y tiempo, lo que nos lleva a la
siguiente característica.
He aquí algunos ejemplos de lo que los científicos suelen considerar hechos en las diversas
disciplinas científicas:

 Soltó una manzana y cayó al suelo (hecho físico).


 Se produjo una explosión al mezclar dos sustancias determinadas (hecho químico).
 El color de cabello de Juan es castaño claro (hecho biológico).
 Juan tiene la manía por coleccionar boletos (hecho psicológico).
 En el censo de 1990, el 25% de los encuestados manifestó pertenecer a la clase social C2
(hecho sociológico).
 Napoleón invadió Egipto (hecho histórico).
 Aumentó el precio de la nafta (hecho económico).

1
DÍAZ NARVÁEZ, Víctor Patricio, CALZADILLA NÚÑEZ, Aracelis y LÓPEZ SALINAS, Héctor. “Una
aproximación al concepto de hecho científico”. Revista Austral de Ciencias Sociales.2004.
 Cambió el significado de tal palabra de una época a otra (hecho lingüístico).
 Se produjo un eclipse solar (hecho astronómico).
 Ocurrió un terremoto en Turquía (hecho geológico).

2. Hecho científico

Para comprender qué es lo que habitualmente se entiende por hecho en la ciencia, partiremos de la
siguiente caracterización: un hecho científico es un suceso singular observable, medible, enunciable y
constatable, que sirve como base para formular un problema, o para construír o verificar una hipótesis
o una teoría científica. De esta forma, lo que hace científico a un hecho es la forma de concebirlo y
encararlo. Examinemos parte por parte estos atributos.

 Es singular.- Un hecho es susceptible de ser ubicado en un punto de las coordenadas espacio-


temporales, es decir, debemos poder decir de él que ocurrió en tal lugar y en tal momento. Así,
por ejemplo, para Klimovsky, un “hecho” es la manera en que las cosas o entidades se configuran
en la realidad, en instantes y lugares determinados.

Considerar al hecho como singular implica también considerarlo como aislado, recortado, extenso,
durable, e incluso, en palabras de Strasser, como discernible y aislable del contexto.

 Es observable.- Bunge llama hecho a “cualquier cosa que sea, o de que se trate, como por
ejemplo todo aquello de lo que se sepa o se suponga -con algún fundamento- que pertenece a la
realidad”. Los hechos han de ser sucesos aprehendibles mediante los sentidos o mediante una
extensión de los mismos (como los telescopios o los microscopios). Una frase escrita en el pizarrón
de cierta universidad de EEUU decía: “Los agujeros negros son el paraíso de los teóricos, pero el
infierno de los observadores”, con lo cual se cuestionaba cierta propensión a considerar hechos a
ciertas cosas que nadie había visto. La observabilidad de los hechos es lo que nos permite
diferenciarlos de las hipótesis.

 Es medible.- Un hecho es el producto de una medición, por más grosera que esta nos parezca.
Por ejemplo, son hechos "la piedra cayó con una aceleración de 9,81 m/sg2" y "la piedra cayó
rápidamente", así como también lo son "Juan mide 1,85 m" y "Juan es alto". Cuando autores como
Bunge se refieren a la secuencia hecho / observación / dato, consideramos que están indicando
que del hecho nos interesa su valor como dato para inventar o probar hipótesis y teorías. Y los
datos incluyen siempre un objeto a medir (Juan), una propiedad que se mide (estatura), un valor
asignado a dicha variable o propiedad ("alto", o bien "1,85 m"), y la especificación del
procedimiento usado para asignar dicho valor, es decir, lo que habitualmente se conoce como
definición operacional.

 Es enunciable.- Un hecho ha de poder ser expresado mediante un enunciado a los efectos de su


manipulación simbólica (por ejemplo, a los efectos de ser dado a conocer a los demás científicos).
En particular, los hechos son representables mediante enunciados empíricos singulares, dado que
se refieren a sucesos observables y únicos. Un hecho se expresa con un enunciado, no con un
término. Hemos dicho ya que un hecho no es un objeto sino algo que le pasa a un objeto (por
ejemplo, existe, es azul, se mueve, alguien se lo comió, etc). Pero además de ser sucesos
observables y únicos, los hechos son contingentes, no necesarios. De acuerdo a cierta
clasificación aristotélica de los juicios, los hechos se expresan, entonces, mediante enunciados
asertóricos, es decir, aquellos que enuncian un suceso contingente (algo que ocurrió, pero pudo
no haber ocurrido), por oposición a los enunciados apodícticos (referidos a algo que debe
necesariamente ocurrir), y a los enunciados problemáticos (referidos a sucesos sobre los cuales
existe o existió alguna duda en cuanto a su ocurrencia).
 Es constatable.- Los hechos que sirven de base para construír el edificio teórico de la ciencia han
de haber ocurrido realmente, es decir, ha de haber sido constatada su ocurrencia. De otro modo
se construiría una teoría que explica “hechos inexistentes”. Así, no se podría formular seriamente
una teoría sobre los fantasmas sobre la base de las declaraciones de un individuo que manifiesta
haber visto una vez un fantasma. En este sentido, hecho se opone a creencia, ilusión, apariencia,
etc. Pero, ¿qué sucede cuando son muchos quienes vieron fantasmas?. En este caso, la cuestión
pasa por quienes son esos “muchos”. No es lo mismo el testimonio de un grupo de ingleses
supersticiosos, que el de un grupo de observadores calificados e imparciales.

 Sirve como base para formular un problema, o para construir o verificar una teoría
científica.- Una persona puede pasarse toda una vida observando hechos, como el campesino
que ve salir el sol todos los días. Sin embargo, si no se interroga acerca de ellos, si no los
problematiza, no habrá siquiera iniciado el camino de la investigación científica. Y así como la
observación de los hechos nos lleva a preguntarnos sobre el por qué de los mismos, esta pregunta
o problema nos conduce a su vez pensar una respuesta, es decir, una hipótesis o una teoría. Los
hechos son también, entonces, generadores de teorías, las cuales a su vez deberán luego ser
probadas, para lo cual se recurre nuevamente a los hechos. Si ocurre el hecho previsto por la
teoría, esta queda corroborada, mientras que si no ocurre (lo que algunos llaman un hecho
'negativo'), en principio quedaría refutada.

3. El enfoque neopositivista. Wittgenstein

La doctrina positivista del siglo XIX es la primera de las epistemologías contemporáneas que
destacaron el papel de los hechos como base del conocimiento científico. En "Principios de filosofía
positiva", dice Augusto Comte: "todos los buenos espíritus repiten, desde Bacon, que no hay más
conocimientos reales que los que reposan sobre los hechos observados".

Esta insistencia sobre los hechos fue en gran parte una reacción contra el discurso metafísico, que
invocaba entidades supuestas imposibles de traducir a un lenguaje empírico. El ultrapositivismo, en
efecto, defiende la sujeción a los hechos sin intentar “explicarlos” a partir de entidades hipotéticas o
imaginarias: “lo que debe buscarse es la regularidad entre los hechos, y ésta es la que debe utilizarse
para las predicciones”. Cuando Comte enunciaba las condiciones del “saber positivo”, una de ellas era
la exigencia que este debía ser un saber sobre la realidad, no una mera especulación, y estableció
como regla fundamental "que toda proposición que no pueda reducirse al mero enunciado de un hecho
[...] no puede ofrecer ningún sentido real e inteligible".

La doctrina positivista tuvo como su más importante derivación en el siglo XX al neopositivismo, a


veces también denominado positivismo lógico o empirismo lógico.

El neopositivismo manifestó una especial preocupación por tipificar el lenguaje científico como un
lenguaje formalizable lógicamente y, además, observacional. Llegó a sostener que si el lenguaje de
una disciplina no reunía estos requisitos, no podíamos considerar a esa disciplina como ciencia. Por
ejemplo, si la psicología seguía utilizando términos como “alma” o “espíritu”, intraducibles a algo
observable (lenguaje observacional), continuaría siendo discurso especulativo, y no accedería a la
categoría de ciencia porque no podía verificar sus teorías sobre el alma o el espíritu. De esta manera
quedaba instalado en el centro del debate la cuestión de las relaciones entre el lenguaje y la realidad.

Entre los representantes del neopositivismo encontramos a Carnap, Hempel, Neurath, Ayer y otros.
Tomemos, a modo de ejemplo, la particular visíón que tenía de los hechos el 'primer' Wittgenstein, que
fue neopositivista.
La respuesta que este pensador da a la cuestión de la relación entre lenguaje y realidad (16) es que
las proposiciones atómicas (por usar la terminología de Russell) o elementales (según Wittgenstein)
son representaciones de hechos (atómicos). Un hecho es lo que corresponde a una proposición
elemental, si es verdadera. “El mundo es la totalidad de los hechos”, o “la totalidad de los pensamientos
verdaderos es la representación o imagen del mundo”.

El mundo es concebido por Wittgenstein como un lugar poblado de hechos. Por ejemplo, encontramos
el hecho de soltar una piedra, y encontramos también el hecho de que la piedra se cae. Otros ejemplos
pueden ser el hecho de que Juan llora y el hecho de que Pedro se ríe. El mundo es así entendido como
la totalidad de los hechos, todos los cuales, además, son concebidos como hechos 'atómicos', es decir,
indivisibles, lo que significa que cada uno de esos hechos no puede ser descompuesto en hechos más
pequeños o en una secuencia de hechitos.

Ahora bien: cada hecho de la realidad puede ser representado, a nivel linguístico, con una proposición.
El hecho de soltar una piedra puede representarse, por caso, mediante la proposición “solté la piedra”.
Otras proposiciones que representan hechos serán entonces “la piedra se cayó”, “Juan llora” y “Pedro
se ríe”, de lo cual surge que hay un isomorfismo entre realidad y lenguaje: cada hecho es representable
mediante una proposición, y cada proposición verdadera representa un hecho. Como los hechos son
atómicos, indivisibles, las proposiciones que los representan son también atómicas, es decir, que
tampoco pueden dividirse en proposiciones más pequeñas.

BIBLIOGRAFÍA

DÍAZ NARVÁEZ, Víctor Patricio, CALZADILLA NÚÑEZ, Aracelis y LÓPEZ SALINAS, Héctor. “Una
aproximación al concepto de hecho científico”. Revista Austral de Ciencias Sociales.2004.
Para Wittgenstein2, “lo que acaece”, todo lo que se da en el tiempo. El mundo está compuesto de hechos
y a ellos se refiere el único conocimiento que tiene sentido (la totalidad de la ciencia natural).

Este concepto es muy importante en la filosofía de Wittgenstein y en todo el movimiento neopositivista. Por
desgracia Wittgenstein no describe con claridad qué debemos entender por hecho. En el “Tractatus3”
distingue entre Tatsache (hecho) y Sachverhalt (estados de cosas); la traducción más habitual de
“Tatsache” es “hecho”; “Sachverhalt” se ha traducido al inglés como “atomic fact”, aunque también como
“state of affairs” y “state of things”, y en castellano como “hecho atómico” y también como “estado de cosas”.

El mundo es el conjunto de los acontecimientos, de los hechos, y, en último término, de los estados de
cosas existentes. Los estados de cosas constan de cosas, son relaciones entre cosas. Los estados de
cosas se describen mediante proposiciones atómicas y los hechos mediante proposiciones moleculares o
complejas. Wittgenstein no pone ningún ejemplo de proposición atómica, ni de hecho atómico, ni de objeto,
por lo que resulta imposible saber con exactitud a qué se estaba refiriendo. Se han dado distintas
interpretaciones de lo que Wittgenstein podría entender por objeto; en lo que sigue preferimos la más
sencilla (avalada además por algunas sugerencias que presenta en su “Diario filosófico”). Según esta
interpretación, podemos identificar los objetos con las cosas de la vida cotidiana: un objeto es una botella,
un árbol, una persona, un libro; un nombre es todo aquello que se refiere a entidades individuales: un
nombre propio o un nombre común cualificado con una(s) palabra(s) que determinen o concreten su
referente (“Sócrates”, “este libro”, “el libro amarillo”, ...). De este modo la descripción de Wittgenstein
quedaría así:

1. El mundo es la totalidad de los hechos; un hecho sería, por ejemplo, el estar colocados encima de
mi mesa un libro, una pipa y un cenicero, y la proposición compleja o molecular que lo describe,
“encima de mi mesa hay un libro, una pipa y un cenicero”;
2. Los hechos constan de estados de cosas o hechos atómicos; un hecho atómico podría ser el estar
la pipa en el cenicero, y la proposición elemental o atómica correspondiente, “la pipa está en el
cenicero”;
3. Los estados de cosas o hechos atómicos constan de cosas y de relaciones entre ellas. En el caso
anterior las cosas u objetos son la pipa y el cenicero y la relación el estar uno en el otro.

Sea cual sea la interpretación que hagamos de los componentes de los hechos, las características básicas
que Wittgenstein y el positivismo lógico atribuyen a los hechos son fieles a las tesis de Hume y se pueden
resumir en los siguientes puntos:

Se ofrecen a los sentidos, a la percepción: Wittgenstein y el movimiento neopositivista consideró que los
hechos de los que no cabe ninguna duda son los que se ofrecen a los sentidos (el estar la botella encima
de la mesa) o se pueden ofrecer a los sentidos (la existencia de montañas en la cara oculta de la luna); sin
embargo no está clara su posición respecto de hechos a los que se refiere la ciencia pero de los que no es

2 Ludwig Wittgenstein (1889-1951) es considerado en la actualidad como uno de los filósofos más originales e influyentes del siglo XX. Sin embargo,

a pesar de que dos escuelas filosóficas bien conocidas creyeron encontrar en sus métodos y pensamientos no pocos motivos de inspiración y
confirmación (el neopositivismo del Círculo de Viena y la filosofía del lenguaje ordinario de Óxford o filosofía analítica), él mismo rechazó ser
identificado con ninguna de ellas. Por otra parte, aunque se acostumbra a inscribir su trabajo filosófico en el ámbito de la llamada filosofía del
lenguaje y del giro lingüístico (Rorty) experimentado por la filosofía desde Nietzsche, cabe defender la tesis de que Wittgenstein no dejó de ser, en
el fondo, un autor metafísico, aunque de forma muy peculiar
3
El Tractatus Logico-Philosophicus es el título de una obra de Ludwig Josef Johann Wittgenstein. Aparecido originalmente en alemán en 1921 bajo
el título de Logisch-philosophische Abhandlung.
fácil postular que alguna vez se puedan percibir, por ejemplo los hechos que supuestamente ocurren en el
nivel subatómico. Para algunos neopositivistas tales hechos ocurren, y sabemos que ocurren porque tienen
efectos observables, para otros en realidad esos hechos no existen y son meros constructos hipotéticos
que facilitan la creación de teorías científicas que permiten el dominio técnico de la realidad; de cualquier
modo, todo el movimiento neopositivista parece aceptar la primacía de la percepción a la hora de decidir la
existencia de un hecho (esto es precisamente lo que quiere destacar el criterio de verificabilidad, y uno de
los rasgos principales que hacen del neopositivismo una forma de empirismo). Por esta razón, el
neopositivismo tiende a negar la existencia de hechos mentales y a defender una interpretación de lo mental
que reduzca los estados mentales a disposiciones conductuales o a conductas observables.

Los estudia la ciencia: “La totalidad de las proposiciones verdaderas es la ciencia natural total (o la totalidad
de las ciencias naturales)” (“Tractatus”, 4.11); la filosofía, la religión, el arte, la ética podrán tener efectos
emotivos sobre las personas, pero no pueden decir nada con sentido acerca de los hechos; sólo la ciencia
natural nos ofrece descripciones verdaderas de la realidad.

Se dan en el tiempo: “El mundo es todo lo que acaece” (“Tractatus”, 1); que se dé un hecho en el tiempo
quiere decir que le convienen las categorías de la temporalidad: el antes, el ahora y el después, y con ello
el poder cambiar, el hacerse presente en el tiempo, el mantenerse en el tiempo y el poder dejar de darse;
desde este punto de vista quedan fuera del mundo entidades metafísicas del tipo de las Ideas platónicas,
o espirituales como Dios.

Son contingentes: los hechos son así, pero pueden ser de otro modo; el poder ser de otro modo quiere
decir que no hay una necesidad lógica que haga que un hecho deba ocurrir o que tenga que ocurrir como
ocurre. Dado que para Wittgenstein la única necesidad es la necesidad lógica, que un hecho no sea
necesario quiere decir que es absolutamente gratuito: no existe la necesidad física, todo es puro azar. A un
hecho le sigue otro, junto a un hecho está presente otro, pero no hay vínculo lógico ninguno que los una;
tras el hecho de pulsar la tecla “a” aparece en la pantalla del ordenador la letra a, pero es imposible deducir
de la proposición “pulso la tecla a” la proposición “en la pantalla aparece la letra a”. Esto quiere decir que
en el mundo no existen vínculos causales, solo hay meras sucesiones de hechos: “La fe en el nexo causal
es la superstición” (“Tractatus”, 5.1361). En este punto, Wittgenstein es totalmente fiel a la crítica de Hume
al concepto tradicional de causalidad, aunque, dado su deliberado interés por prescindir de toda cuestión
psicológica, en el “Tractatus” no encontramos ninguna explicación relativa a cómo se forma en nosotros la
creencia en los vínculos causales, cuestión a la que sin embargo Hume dedicó mucha atención.