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Andrés Díaz Mata

¿Por qué la vida?

De acuerdo con Freud, el estado de la materia era en realidad lo inerte, después,


bajo efecto de alguna fuerza aún desconocida, aparecen los organismos vivos
más antiguos. Aquellos seres unicelulares recorrían un ciclo de vida tan breve que
el “rodeo” que se hacía de vuelta hacia la muerte no enfrentaba mayor obstáculo,
lo único requerido parecía proseguir con un ciclo de vida establecido. Conforme
las variaciones en el ambiente produjeron mayor demora para estos organismos y
sus sucesores en esa vuelta a lo inerte, la “regla” de completar un ciclo de vida
parecía inalterable, de modo que, aunque el destino final fuese siempre (regresar
a) la muerte, esta debía aguardar a que el ciclo se completara de forma “natural” y
no, por otro lado, abrupta, violenta. Los animales viven para morir, más no se
suicidan de forma repentina. El empuje a proseguir el ciclo de la vida y
eventualmente morir parece inalterable.

*Freud postula además que, desde los organismos más simples, la vida proseguía
(interminablemente) aún después del fin del ciclo del organismo primero, este es
“replicado” en un sucesor, y su sustancia continúa en otro organismo más. Con el
desarrollo de organismos más complejos, algunos seres adquirieron la posibilidad
de reproducirse mediante la conjunción de dos células genésicas, produciendo
unidades más grandes que después originarán un nuevo organismo y, cuando
este alcance la madurez sexual, repetirá el proceso.

¿Por qué la muerte?

De acuerdo con la teoría freudiana, se entiende que, debido a que las pulsiones
son en verdad conservadoras: la pulsión de muerte se entendería como ese
empuje que trata de repetir el estado anterior, un estado previo. Si se comentó en
la pregunta anterior que la vida orgánica se originó a partir de la materia
inorgánica, entonces la pulsión de muerte estaría buscando devolver al ser vivo a
ese estado anterior de la materia, volver a lo inerte. Y si bien, los organismos más
antiguos proseguían un brevísimo ciclo vital para después regresar a la muerte, en
los organismos más desarrollados, después del cumplimiento de sus respectivos
ciclos vitales, la repetición de lo inanimado será una pulsión que persista.

Por otro lado, la manifestación de las pulsiones (internas) que experimenta el ser
vivo son vertidas hacia el mundo exterior a partir de las acciones, después de que
se desarrolla un sistema muscular que lo permite: la pulsión de muerte, (de la
muerte propia) es convertida en agresión: dar muerte a algo más, en parte para
satisfacer el hambre, cazar, y así proseguir con el ciclo vital para, eventualmente,
alcanzar la muerte propia.