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I. Resumen Ejecutivo:

Esta investigación ha recordado que los desastres han dejado un sello indeleble en la vida y
memoria de los sobrevivientes y en el silencio de miles de muertos y desaparecidos de la sub-
cuenca de Quilcay y del Callejón de Huaylas. Pero, ha mostrado que los desastres no solo se
deben a cuestiones ambientales o al cambio climático, sino a los procesos culturales,
económicos y políticos que producen, dinamizan y transforman las relaciones de poder y
deciden la suerte de la población en zonas altamente expuestas a aluviones y avalanchas de
origen glaciar. Son, pues, los propios actores sociales y políticos los que deciden sus historias
frente a los glaciares, pero no siempre en circunstancias elegidas por ellos mismos.
De hecho, en el ámbito de estudio se observa que bienes como los glaciares, las lagunas
glaciares, el agua o los territorios andinos no significan los mismo para los actores
institucionales y políticos y las organizaciones sociales locales. Todos ellos significan o
valoran esos bienes y lugares desde diferentes idiomas de creencias y prácticas sociales. Los
expertos y los políticos interpretan científica o técnicamente las lagunas glaciares y sus áreas
de influencia como “zonas de peligro”, mientras que las poblaciones locales interpretan esos
bienes desde horizontes de sentido culturales, económicos y políticos particulares, a partir de
los cuales pueden encontrar las coordenadas de su existencia y orientarse en el mundo.
Pero, esta investigación ha mostrado que no solo los bienes tienen significados distintos, sino
que unos buscan hacer prevalecer sus propios fines y valores sobre los demás. Los expertos y
políticos toman decisiones biopolíticas sobre los recursos naturales, a fin de controlar o
administrar las condiciones de vida de la población ante potenciales riesgos y desastres de
origen glaciares, mientras que los habitantes urbanos no dan mucha importancia a esos
riesgos y viven en zonas de peligro, y las comunidades campesinas, por su parte, continúan
con la reproducción de sus formas de vida persistiendo en su defensa del agua. De aquí se
desprende la emergencia de una forma de dominación que va de la concepción dogmática de
los fines y los valores – cada institución cree saber qué es lo que más le conviene a la
población, fuera de los fines que esta se da a sí misma – hasta una fijación tecnocrática y
desarrollista de los mismos – cada una asume que la prevención de desastres únicamente se
resuelve con decisiones técnicas y más recursos.
Sin embargo, con la misma fuerza con que los expertos y los políticos buscan mejorar o
proteger las condiciones de vida de los residentes locales, con esa misma fuerza estos últimos
ponen límites a esa pretensión y desafían, desde abajo, el poder de aquéllos y de los
regímenes políticos. Además de exigir buenos servicios y carreteras, las comunidades
campesinas de la sub-cuenca de Quilcay cuestionan las causas de fondo del cambio climático
y los arreglos sociales que producen problemas de redistribución; a su vez, ponen en tela de
juicio la exclusión política que les impide generar sus propios fines y valores y participar, en

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pie de igualdad, en las decisiones públicas sobre la distribución de los bienes. Los habitantes
urbanos persisten en que las instituciones públicas y privadas reconozcan los significados
culturales, económicos y políticos que ellos le dan a esos lugares llamados zonas de peligros,
así como mantienen sus demandas sociales de derechos básicos. Así, ambos grupos toman
distancia crítica de las estructuras de dominación que les impide ejercer su ciudadanía en pie
de igualdad.
A estos desencuentros culturales se agregan las propias competencias y rivalidades entre los
propios actores institucionales y políticos. Todos estos actores compiten por el control de los
glaciares, las lagunas glaciares, el agua o los territorios andinos. Esto ha desencadenado
diversos conflictos latentes entre las instituciones públicas, que se activan tan pronto cuanto
emerge una amenaza de aluvión, como la que existe, por ejemplo, en la laguna Palcacocha.
Esto produce fracturas políticas que impiden la cooperación política y la acción concertada
frente al cambio climático y, a cambio, instauran relaciones de dominación, donde unos -
apelando a su capacidad técnica - buscan imponer sus agendas políticas sobre los glaciares, el
agua o los recursos naturales al resto, o bien intentan contestarlas cuando los demás -
amparándose en sus competencias normativas – pretenden hacer lo propio. Así, instituciones
que tienen mucha experiencia y capacidad técnica en obras de seguridad de lagunas glaciares
buscan monopolizar las decisiones sobre los recursos naturales, e instituciones de baja
capacidad, en cambio, apelan a sus competencias para desafiar el poder de aquéllas. El
problema es que mientras el cambio climático ocurre, los glaciares retroceden y la demanda
de agua se incrementa, la sociedad política no logra reducir, en tales circunstancias, la
vulnerabilidad de la población ante aluviones, avalanchas y catástrofes.
El proyecto Glaciares + enfrenta varios retos en este contexto social y político. En primer
lugar, si desea intervenir, tiene la imperiosa exigencia de tener una comprensión
multidimensional o sistémica de los contextos de la sub-cuenca de Quilcay o, vale decir, de
incorporar los aspectos culturales, económicos y políticos del manejo de los bienes, los
recursos o el medio ambiente en un escenario de cambio climático. Esto implica, en primer
lugar, reconocer los significados múltiples y dinámicos que los diversos actores sociales y
políticos les dan a los bienes como los glaciares, el agua o los territorios en sus diversos
contextos de interacción social. A menudo, los conflictos acontecen, no solo porque los
bienes no significan lo mismo para unos y para otros, sino porque unos proyectan
dogmáticamente sus propios fines o valores o sus interpretaciones del bien sobre las
interpretaciones del bien que construyen social e históricamente los demás. El reto del
proyecto es, entonces, tener una mayor distancia crítica frente a las recetas tecnocráticas y
una mayor apertura para el diálogo intercultural con los fines, las valoraciones y los
significados que los diferentes actores sociales y políticos atribuyen a los bienes o los
recursos de la sub-cuenca de Quilcay
En segundo lugar, el proyecto Glaciares + no puede perder de vista las expectativas de las
poblaciones potencialmente afectadas por el cambio climático. Los territorios andinos y las
poblaciones locales están experimentando tanto las presiones del cambio climático como las
presiones de la economía política y la globalización. Esto puede ayudar a comprender que las

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preocupaciones de los actores no son reductibles a los problemas ambientales, sino que
involucran también preguntas por la redistribución de los bienes o los recursos naturales en
condiciones de equidad: los actores sociales no solo cuestionan carecer de ciertos bienes, sino
no ser debidamente incluidos en las decisiones sobre la distribución de tales bienes.
En tercer y último lugar, el mayor reto que tiene el proyecto Glaciares + es incluir a todos
los potenciales afectados por las decisiones que alteran la distribución de los recursos
naturales y, particularmente, dar voz a aquellos grupos más desaventajados que todavía están
excluidos de la política pública: las decisiones son legítimas si y solo si cuentan con el
involucramiento de todos los potenciales afectados. Solo un proyecto que esté fundando en
una consulta más vinculante, más igual, más amplia y más protegida, habrá mostrado que es
posible construir institucionalidad de otra manera y habrá contribuido a reducir, en alguna
medida, las asimetrías vigentes y los conflictos subyacentes en la sub-cuenca de Quilcay.

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II. Introducción

Áncash es una región especial y típica. Es especial, pues en ninguna parte del mundo, ni siquiera
en el Himalaya, existen poblaciones tan grandes y tan próximas a glaciares (Bode, 2015: 30). Es,
además, una de las regiones con mayor cobertura glaciar del mundo que más golpeada ha sido
por aluviones y avalanchas. Es también, por ello, una de las regiones donde los expertos han
tenido un papel crucial en las obras de prevención de desastres de origen glaciar, convirtiéndose
en referentes mundiales (Carey, 2012). Pero, es también una región típica de los Andes peruanos
porque congrega a diversos actores sociales y políticos – poblaciones campesinas, habitantes
urbanos, expertos, funcionarios, etc. - que han competido o rivalizado históricamente por los
bienes o los recursos naturales, especialmente en un contexto de cambio climático.
En la Cordillera Blanca, debido al retroceso de los glaciares hay un incremento de la demanda de
agua, un aumento de la contaminación y la intensificación de la competencia por el agua (Lynch,
2012). Estudios recientes muestran que, en varias cuencas de esta cordillera, la descarga de agua
ya alcanzó un punto crítico especialmente en la estación seca (Baraer et. al., 2012). Se espera que
los conflictos por el agua aumenten dada la creciente demanda de agua en Huaraz y otros centros
urbanos (Bury et al., 2010: 20).
Sin embargo, si bien esta zona ha atraído la presencia de diversos grupos locales y
transnacionales a lo largo de la historia, todavía se desconoce cuáles son las tomas de posición de
los principales actores de esta cuenca y, sobre todo, sus relaciones de poder y sus conflictos
sociales relacionados con el uso de los bienes y del agua de origen glaciar. Esta investigación se
concentra, en particular, en algunos espacios sociales específicos de la sub-cuenca de Quilcay:
ofrece, primeramente, una aproximación crítica a los principales actores políticos e
institucionales, así como a algunas organizaciones sociales; luego, realiza un análisis de sus
relaciones de poder y sus principales conflictos socio-ambientales; y, finalmente, como resultado
de lo anterior, propone una breve comprensión de algunas amenazas y oportunidades del
contexto social y político para el Proyecto Glaciares +.
Para realizar ese propósito, la investigación desde las ciencias sociales y la filosofía social
constituye el marco teórico más pertinente para diagnosticar y analizar críticamente las
posiciones y relaciones de poder de los principales actores sociales y políticos de la zona de
estudio. La metodología principal de este estudio ha sido el trabajo de campo. El núcleo central
de las entrevistas con los actores sociales y políticos ha sido el diálogo intercultural. Eso supuso
una relación de escucha activa y metódica por nuestros interlocutores en sus diferentes
situaciones de referencia o contextos de interacción social, tan alejada de la entrevista no dirigida
como del dirigismo del cuestionario. Esto significa la disponibilidad total a la perspectiva de la
persona entrevistada, la sumisión a la singularidad de su historia particular, que puede conducir
por una suerte de mimetismo más o menos dominado, a adoptar su lenguaje y a entrar en sus
visiones, en sus sentimientos, en sus pensamientos. En total, se han realizado 50 entrevistas a

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actores políticos e institucionales y a integrantes de organizaciones sociales campesinas, así
como a habitantes urbanos. En el caso de comunidades, algunas de estas entrevistas fueron
realizadas en quechua.
Este estudio pretende ser una contribución científico-social al proyecto Glaciares +, el cual se
centrará, en su Fase II (2015-2018), en algunas cuencas glaciares de las regiones de Cuzco
(cuenca del Río Urubamba-Vilcanota), Áncash (cuenca del Río Santa) y Lima (cuenca del Río
Cañete). Las regiones mencionadas están muy expuestas a los riesgos ocasionados por el cambio
climático y, particularmente, debido al retroceso de glaciares; pero, junto con este proceso, están
experimentando, de manera significativa, las presiones de la economía política y la globalización
por diversas partes. Esto provoca una variedad de impactos económicos, sociales, culturales,
ambientales y políticos que es preciso comprender en su dinamismo y densidad histórica. El
autor de esta investigación quiere agradecer a todos los miembros del proyecto – y especialmente
a Karen Price, Christian Huggel, César Gonzáles y Fiorella Miñán - por haberle concedido todo
el respaldo y las facilidades para la realización de este trabajo en esta zona de estudio.

Mapa 1: Sub-cuenca de Quilcay.

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Acrónimos más usados

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III. Los actores principales, sus tomas de posición y sus relaciones de poder frente al
manejo de los bienes, los recursos naturales y los riesgos de origen glaciar

Los actores principales de la sub-cuenca de Quilcay, vinculados con el manejo de los


recursos naturales, son los habitantes urbanos, las poblaciones campesinas, los funcionarios
públicos, los grupos de expertos – ingenieros y científicos -, los promotores de desarrollo y
los turistas. En algunos casos, las fronteras sociales que separan a unos y otros son complejas
y se diluyen tan pronto cuanto observamos sus múltiples modos de interacción social:
muchos campesinos o campesinas, cuyas estrategias de reproducción social dependen del
manejo escalonado de tierras y agua de regadío, mantienen una fluida interacción con la
ciudad de Huaraz y son también habitantes urbanos, de la misma manera que algunos
habitantes urbanos tienen también campos de cultivos en algunos territorios comunales;
muchos expertos han sido o son también funcionarios de algunas instituciones públicas con
una capacidad variable para definir el sentido de los glaciares y las lagunas de origen glaciar,
así como las respuestas a los posibles impactos del cambio climático; algunos promotores de
desarrollo son, por su parte, funcionarios públicos, en ocasiones expertos y, en algunos casos,
dirigentes de organizaciones de usuarios de agua; finalmente, algunos turistas han aportado
también con la gestión de conocimiento científico sobre glaciares y posibles desastres. Ese
hecho social e histórico irreductible rompe con cualquier pretensión por entronizar las
categorías sociales objetivas o las oposiciones binarias típicas entre rural/urbano,
experto/político, promotor de desarrollo/habitante de comunidades, etc. Si queremos
comprender a los actores, debemos ser capaces de apreciarlos desde diferentes puntos de
vista, desde varios ángulos, desde las diferentes dimensiones de su desempeño social en el
tiempo y en el espacio. Esta suerte de perspectivismo permite aproximarse críticamente a los
actores en su dinamismo, variabilidad y flexibilidad.
Todos estos actores tienen una larga historia relacionada con los problemas derivados del
retroceso del glaciar. Los habitantes urbanos, que viven a lo largo de los ríos Santa, Quilcay
y sus afluentes, han sido uno de los grupos más afectados por desastres en las últimas
décadas, al estar ubicados en las rutas de avalanchas o aluviones. Todos ellos han sido
fuertemente golpeados por diversos desastres, pero sus respuestas también han sido diversas
y ambiguas: así como ellos se han visto involucrados en planes de prevención de desastres, a
través de obras de drenaje de lagunas glaciares, sus motivaciones para vivir en zonas
expuestas a peligros naturales los ha colocado, paradójicamente, en una situación constante
de riesgo frente a diversos desastres. En cambio, las comunidades campesinas, al estar
ubicadas en pisos altitudinales que están por encima de los ríos y riachuelos, están en una
posición aparentemente menos insegura frente a posibles desastres; no obstante, ellas no solo
han sido actores importantes en experiencias relacionadas con obras de seguridad de lagunas,
sino que han competido históricamente con otros actores – funcionarios públicos, expertos o

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turistas –, quienes han pretendido un mayor control sobre las lagunas glaciares, los recursos y
los territorios.
Pero, no solo cada uno de los actores tiene una perspectiva diferente sobre los glaciares, las
lagunas, el agua, otros recursos naturales, el cambio climático y el manejo de los riesgos de
origen glaciar, sino que cada uno busca hacer prevalecer frente a los demás el significado y el
uso que le otorga a dichos bienes o recursos, de acuerdo con sus necesidades, sus fines, sus
valoraciones y los procesos económicos y políticos en los que están insertos.
A efectos de comprender el escenario social y político del ámbito de estudio, procederemos a
hacer una descripción de sus actores principales, a fin de desvelar las motivaciones que
tienen para actuar, sus fines prácticos, sus prioridades, sus tomas de posición y sus lugares de
enunciación con respecto a los bienes, los recursos naturales y los riesgos de origen glaciar.
Se trata de dar cuenta y razón desde dónde hablan y actúan las personas y las instituciones.
De esa forma, se podrá tener una aproximación analítica a los actores principales y sus
relaciones entre sí desde una perspectiva general, para proceder, luego, a mostrar sus
relaciones de poder y sus conflictos en sus múltiples modos o contextos de interacción social.

1. Los principales actores políticos e institucionales

a. Ministerio del Ambiente (MINAM)-Instituto Nacional de Investigación en


Glaciología y Ecosistema de Alta Montaña (INAIGEM)

Adscrito al MINAM, el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y en Ecosistemas de


Alta Montaña (INAIGEM) es una institución que se creó en el 2015, pocos meses después de la
Vigésima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el
Cambio Climático (COP20), un evento transnacional que tuvo lugar en Lima en diciembre del
2014. Es conocido que el proceso político se dinamiza con la misma fuerza con que recibe
presiones locales e internacionales: en ese sentido, el INAIGEM aparece, de manera
improvisada, en un contexto en el que el Perú busca ofrecer una respuesta política al cambio
climático, a través de una narrativa de los “glaciares” que aparece asociada a la necesidad de
atraer “tecnologías bajas en carbono”, el “turismo” y el “conocimiento del país” (Namihas, 2014:
171). En ese sentido, el surgimiento de esta institución debe ser comprendido en un escenario en
el que el Estado peruano, como muchos otros del mundo, se está reorganizando y busca
posicionarse en las complejas redes de poder transnacional frente a las presiones de la crisis
ecológica y el cambio climático (Keohane and Ostrom, 1995; Held, 2003: 520).
El INAIGEM fue creado como un instituto que “generará información científica que respalde las
actividades orientadas a mejorar la conservación y aprovechamiento sostenible de los recursos
presentes en estos dos ámbitos, con una perspectiva transversal de adaptación al cambio

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climático.”1 El hecho de que muchos de los actuales integrantes de esta institución hayan
realizado obras pioneras en la prevención de aluviones, en la elaboración de programas
gubernamentales y diseños institucionales para estudiar y prevenir desastres y, finalmente, en el
fomento del desarrollo económico, el turismo y el manejo del medio ambiente, no solo los ha
convertido en importantes referentes locales y mundiales de los glaciares alto-andinos, sino en
expertos con mucha capacidad de influencia en la política pública frente al cambio climático
(Carey, 2010: 9-10). De hecho, a lo largo de la historia, varios de estos expertos en glaciares no
solo se dedicaron a hacer obras de seguridad, sino que también influyeron en la interpretación de
los glaciares, en las políticas públicas de la prevención de riesgos y desastres y en la difusión de
información para actividades económicas relacionadas con la hidroelectricidad, la irrigación y el
turismo. La experiencia de estos expertos ilustra las fronteras permeables que ha existido entre el
saber experto y el mundo de la política en el Perú.
La necesidad de crear una institución como el INAIGEM, orientada a combinar los estudios en
glaciología e hidrología con las obras de seguridad de lagunas de origen glaciar, tiene
motivaciones y antecedentes históricos importantes. El director actual del INAIGEM, Benjamín
Morales Arnao, en otro tiempo estudiante de glaciología en Suiza y Alaska, fue el primer
director de la Oficina de Glaciología de la Corporación del Santa en 1960 y, con ocasión del
terremoto y las avalanchas de 1970, que golpearon y acabaron con la vida de miles de personas
en la región de Áncash, dijo lo siguiente: “Era consciente que desde aquel momento la
responsabilidad por el lado técnico del desastre descansaba sobre mis hombros. Había que
tomar medidas de seguridad en cuanto a los glaciares y las lagunas que, afectadas por el
terremoto, podían todavía causar otra catástrofe como la avalancha del Huascarán” (Bode,
2015: 45). Posteriormente, como respuesta a la decisión del Estado peruano de cerrar o retirar
todo respaldo político a la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos, Morales anunció, en
1997, que había formado con otros colegas el Instituto Andino de Glaciología y Medio
Ambiente, una organización que podría encargarse tanto del monitoreo de los glaciares y sus
recursos hídricos como de la seguridad de lagunas glaciares de las 20 cordilleras del país (Carey,
2010: 170). Así se comprende que la aspiración de poder controlar la información de las
lagunas glaciares y las obras de prevención de riesgos y desastres de origen glaciar, ha sido
una aspiración consustancial al trabajo del actual director del INAIGEM.
En parte por ello, el actual director del INAIGEM considera que su institución es la más
capacitada para tomar decisiones en materia de glaciares y lagunas glaciares. El capital cultural
sobre glaciología, hidrología y peligros, que varios de sus miembros han acumulado
históricamente, es usado por el actual director como condición de condición de posibilidad para
otorgar verdad y autoridad a su saber experto. Paradójicamente, hoy por hoy, esa experiencia le
ha servido también para minimizar, por así decirlo, los aportes científicos y políticos de otras
instituciones privadas o públicas frente al retroceso de glaciares y los posibles desastres; desde
su punto de vista, no hay, por ello, diálogo, discusión o consulta que valga la pena ni con la
comunidad científica ni con las instituciones públicas:

1
“El Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM) ya cuenta con
presidente ejecutivo”. Disponible en: http://www.minam.gob.pe/notas-de-prensa/el-instituto-nacional-de-
investigacion-en-glaciares-y-ecosistemas-de-montana-inaigem-ya-cuenta-con-presidente-ejecutivo/

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“Yo les digo a las instituciones: ‘si nosotros hemos sido formados para algo y tenemos la
capacidad para hacerlo, yo no sé por qué consultamos a nadie. Ese es mi modo de ser, ah, de toda
la vida; porque si no, no hubiese conseguido cosas si no hubiese pensado así, eh, tanto en la parte
de los institutos de Georgia, Zúrich, en los que he estado: si yo no pienso así, no hago las cosas.
[…] ¿Por qué tengo que consultar tanto? Una cosa es que se complementen las cosas, como el
[estudio de caso] que usted está haciendo aquí […]. Pero cuando yo hablo de ejecutar una cosa,
allí debe estar el que sabe; no tengo yo que consultar.”
Benjamín Morales Arnao, director del INAIGEM

Esta recurrencia a la experiencia y las obras de ingeniería, antes que al saber experto en sentido
estricto, es una forma de “distinción social” que pretende conferir al INAIGEM un poder
privilegiado sobre los glaciares y las lagunas glaciares, al margen de todo consenso, disenso o
discusión posible: por un lado, muestra la posición de la institución frente a la ciencia, cuyo
corpus de conocimiento aparentemente es inútil, desde esa perspectiva, si no está respaldado por
la especialización en obras de ingeniería de drenaje y contención de lagunas glaciares peligrosas;
y, por el otro, le sirve también a la institución para neutralizar la voz de otras instituciones
privadas y públicas que, eventualmente, pueden contestar, poner en cuestión o discutir, en las
esferas públicas, las decisiones colectivas de prevención de peligros de origen glaciar. Se trata,
en efecto, de un ejercicio del poder que opera a través de una doble “violencia simbólica”2 –
violencia, porque se busca el control técnico de las conductas de las demás personas, y simbólica
porque se imponen percepciones o categorías que las inferiorizan o excluyen de la interacción
social en pie de igualdad: mientras, por una parte, se recurre a la especialización para descalificar
el trabajo o aporte de otros expertos e instituciones privadas o públicas, se excluye, por la otra, a
muchas personas de la participación política en los procedimientos de decisión y deliberación
pública frente al cambio climático. Según veremos más adelante, esto generará rivalidades y
competencias con otras instituciones públicas que también aspiran a hacer prevalecer sus
narrativas sobre los glaciares, así como a ejercer un cierto control sobre las lagunas glaciares.
La situación se torna más compleja cuando el actual director del INAIGEM realiza también un
cambio de paradigma de su quehacer institucional:
“Cuando yo comienzo y comenzamos a tomar a las personas, yo les he dicho a todos: acá
tenemos que trabajar como una empresa. Seremos el Estado, pero tenemos que trabajar como una
empresa. Los menores tiempos posibles en todo […] Entonces, hemos cumplido y hemos
invertido el 99.7% del presupuesto el año pasado: hemos tenido la mayor ejecución presupuestal
de todo el sector. Entonces, ¿qué pasa? Ante el sector y [el ministerio] economía y finanzas,
nosotros somos buenos, buenos gastadores, y nuestro crédito ha subido […] Primero,
comenzamos a construir este local, ¿no? Si tú no tienes casa, no tienes nada, ¿no es cierto? Y la
otra cosa era ¿cuál es el problema principal? ¿Palcacocha? Vamos a Palcacocha. ¿Tullparaju?
Vamos a Tullparaju. ¿Cuchillococa? Vamos. Los primeros puntos, las primeras entradas, fueron
los sitios más riesgos. Entonces, en este momento, conocemos más que nadie – así, ¿ah? - lo que
ocurre y los problemas que hay en estos sitios.”
Benjamín Morales Arnao, Director del INAIGEM

2
Sobre este concepto, en particular, véase: Bourdieu, 1994, 2001.

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Este discurso deja en el observador la impresión de que estamos aquí ante una inversión o
transvaloración de los fines de una institución del Estado. El INAIGEM surgió como una
institución de investigación orientada al estudio y a la producción de saber sobre los glaciares y
las lagunas de origen glaciar – en la práctica, no cambia mucho las cosas que lleve
adicionalmente acuñado el término “ecosistemas de alta montaña”. Quien se dedica al saber, no
aspira, por definición, a un fin distinto de sí mismo, pues está libre de toda necesidad o utilidad:
la actividad teórica está libre de eso porque toma distancia crítica de toda utilidad o racionalidad
instrumental; y si alguna utilidad tiene es, en rigor, su capacidad para poner ilimitadamente en
cuestión esa “abstracción” contemporánea que reduce la vida humana a la mera maximización de
ganancias, así como para esclarecer los problemas y discutir las soluciones a tales problemas, a
fin de que sean los propios agentes los que decidan por sí mismo qué hacer en cada caso: que la
ciencia y la técnica puedan ser útiles para determinados asuntos de la vida es una cosa, pero que
de allí pretendamos reducirlas nada más que a la acumulación de ventajas competitivas, es algo
que, como dice Kant, contradice su esencial modo de ser. Debería llamar la atención que uno de
los interlocutores institucionales, que nos pidió reservar su nombre, reaccione con una
interpretación que comparten las autoridades del Parque Nacional Huascarán, la ANA y algunos
representantes del Gobierno Regional: “El INAIGEM es una institución de investigación, pero
ellos solo están ejecutando obras: ¿acaso ellos son investigadores?”
Mas, tan pronto cuanto la lógica instrumental o impersonal penetra en la vida estatal para reducir
su actividad nada más que a algo tan impersonal e instrumental como el dinero, no solo se
confunde lo que es un medio con lo que es un fin, sino que la institución pierde el sentido que le
dio origen. Pues allí donde encontramos un reducido círculo de individuos - o uno de ellos, en
particular - que está convencido de ser esencial y absolutamente irreemplazable para afrontar
los peligros de las lagunas glaciares, el apoyo de las demás instituciones puede tornarse
completamente prescindible o, en el mejor de los casos, meramente instrumental frente al
cambio climático. En palabras de Benjamín Morales Arnao: “Otra cosa es que pida apoyos; yo
me meto al asunto y pido a la Universidad de Zúrich, a la de Ohio, a la de Innsbruck: ‘Oye: ¿Me
puedes opinar en este caso?’ ‘Ok’. Pero yo les pido apoyo: porque si yo no sé el caso, entonces
tengo que esperar […] Para mí, ¿el apoyo frente a las lagunas glaciares en qué consiste? En que
me den el dinero: ese es un apoyo efectivo.”3
Adicionalmente, una vez que se constituye un grupo cerrado de expertos, se incurre en la
tentación dogmática de suspender las interpretaciones distintas, ambiguas y contradictorias que
surgen de toda discusión posible con las poblaciones potencialmente afectadas por desastres de
origen glaciar, particularmente las organizaciones sociales urbanas y campesinas de la sub-
cuenca de Quilcay y la provincia de Huaraz. A través de esta resistencia a la crítica, el poder se
torna más tecnocrático y menos político, porque se reduce a nada más que a “consensos entre
expertos”, excluyendo de la participación política a otros actores sociales cuyos conocimientos y
prácticas sociales pueden desafiar el poder y el saber de los expertos (Beck, 1999; Giddens,
1992; Foucault, 1976b). El proceso político pierde, así, su sentido más pleno: ser el ámbito plural
de los intercambios recíprocos entre diferentes personas que ejercer su igual derecho de justificar

3
Diálogo con Benjamín Morales Arnao, director del INAIGEM (febrero, 2016)

13
y examinar críticamente las razones que tienen para actuar frente a otros y exigirle hacer lo
propio a los demás, con relación a los glaciares, las lagunas glaciares y el agua, a partir del
significado que cada uno le otorga a esos bienes en la Cordillera Blanca.
Aun así, no existe una posición homogénea y única en el INAIGEM sobre el rol de los expertos
frente al retroceso del glaciar y la participación del resto de la sociedad frente al cambio
climático. César Portocarrero - un glaciólogo cusqueño que ha trabajado en grandes proyectos de
investigación en glaciares y de seguridad de lagunas en Áncash desde la década del 704 y que
hoy es también un integrante del INAIGEM – también había dirigido la Unidad de Glaciología y
Recursos Hídricos en la década de los 80. Pero, cuando el Estado peruano exploró la posibilidad
de cerrar esta unidad a mediados de la década los 90, propuso transferirla a una organización
privada que él estaba creando: el Instituto de Glaciología e Hidrología (Carey, 2010: 170). Este
no solo podría ser visto como otro antecedente del INAIGEM, sino también como una muestra
de que algunos de sus miembros no solo han estado preocupados por las conexiones entre
cambio climático y riesgos de origen glaciar, sino también por la relación compleja y dinámica
entre los glaciares y el agua, en parte también porque hacerlo tendría un impacto político
importante:
“Yo iba pensando que, al final, el resultado de la investigación en glaciares tiene que desembocar,
pues, en agua, en agua y en riesgos, que son los dos grandes problemas que tenemos con los
glaciares a nivel global […] Y también porque yo me daba cuenta que era más comercial hablar
de recursos hídricos que de seguridad de lagunas.”5

Adicionalmente, Portocarrero argumenta que no solo es preciso enfocarse en los aspectos


naturales de la hidrología, sino también en el aspecto social del agua, como condición de
posibilidad para prevenir conflictos sociales: “Desde el punto de vista de la gestión de riesgos,
les digo: ‘Señores: la gestión del agua no solamente va a ser una cuestión de recurso natural: al
final, va a ser gestión de la de paz social.’ En el Perú, la mayor parte de los problemas
ambientales han terminado en muerte. Y cuál ha sido el tema central del problema ambiental: el
agua. Los grandes problemas ambientales que tenemos es el agua…La falta de la gestión del
agua es un problema social […]”6 Desde esa perspectiva, los aspectos ambientales, climáticos o
científicos-naturales del agua son condiciones necesarias, pero no suficientes, para determinar
los criterios de distribución de este bien, especialmente en un contexto de cambio climático.
El involucramiento de Portocarrero en la gestión del agua también lo condujo, por un breve
tiempo, a ser gerente de la Autoridad Autónoma del Río Santa en la región de Áncash, la
institución predecesora a nivel local de lo que hoy se conoce como la Autoridad Administrativa
del Agua (AAA). Esa experiencia también lo ha llevado a poner en tela de juicio el trabajo
institucional de la ANA a escala local y regional en los últimos años:

4
Por ejemplo, dirigió la construcción de los túneles de las Lagunas Parón y 513.
5
Diálogo con César Portocarrero (febrero, 2016)
6
Ibídem

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“Dolorosamente, la ANA no está afrontando este problema debidamente. Sabemos que en el 2030
viene la gran crisis del agua. Pero, no nos estamos preparando para esa situación […].
Desgraciadamente, la ANA no quiere escuchar que la gestión se haga por sub-cuenca. Por
ejemplo, Huaraz depende del río Quilcay y este río abarca una cuenta, grosso modo, de 200 km2.
Es un espacio pequeñito. Y la gestión integrada debe hacerse todos los usuarios reunidos, bajo la
batuta de la Autoridad Nacional del Agua. Pero, eso no quiere entender la autoridad nacional del
agua. Y no quiere agregar un artículo en el recurso hídrico que diga: ‘Señores, la gestión del
recurso hídrico se puede hacer por sub-cuenca’; porque hay conflictos a nivel de sub-cuenca.
Pero, hay un asunto burocrático: no quieren aceptar ideas nuevas; es sencillamente eso. A la gente
que tiene opinión, que puede dar algo de sí, no se la consideran, sino al sumiso, al que dice: ‘sí,
como usted diga, señor.’ Y por eso es que tampoco no se cambia la ley. No se escucha las ideas
de la gente, se piensa que solo las cabezas saben pensar. Ese es el problema. La ley no prohíbe
que se pueda trabajar por sub-cuenca. Pero – hay que decirlo con mucha crudeza – la ANA no
quiere aceptar eso; pero escuchan y no oyen. Porque tenemos que comenzar a gestionar
adecuadamente, sino estamos esperando que llegue la crisis, estamos esperando que reviente el
problema; y eso está mal.”7

Es evidente, entonces, que la narrativa del agua como recurso hídrico es usada por algunos
miembros del INAIGEM en un sentido diferente al de la ANA. Los conflictos latentes entre estas
dos instituciones de Estado afloran con frecuencia, más que por el hecho de que tienen
interpretaciones diferentes sobre los bienes, en razón de que la una pretender hacer prevalecer su
interpretación del agua sobre la otra y tomar decisiones sobre su distribución: las razones
técnicas se confunden, así, con posiciones políticas. En el ámbito de estudio, estos problemas se
agudizan con más fuerza cuando decisiones en materia de gestión del agua se cruzan con
decisiones políticas en materia de seguridad de lagunas ante posibles desastres de origen glaciar.
Además, a los conflictos con la ANA, se agregan los conflictos con el Parque Nacional
Huascarán, debido a que esta última institución exige también ser consultada en todas las
acciones que se lleven a cabo en los glaciares y las lagunas glaciares que están dentro del área
natural protegida, condicionamiento que el INAIGEM interpreta como un “proceso burocrático
innecesario”.8 El INAIGEM evalúa también que el Gobierno Regional no tiene la capacidad para
asegurar la prevención de riesgos y desastres de origen glaciar y no le ofrece el debido respaldo
para asumir las obras de seguridad. Tanto las visiones estatales distintas sobre los glaciares y el
agua como las competencias y las prioridades políticas contrapuestas, afectan el trabajo
cooperativo entre estas instituciones públicas.
Sin embargo, aunque el agua es un asunto que puede influir en el discurso y la acción del
INAIGEM en el futuro, la gestión de este recurso tiene, por lo pronto, un peso muy incipiente o
secundario en su trabajo institucional. Cuando le preguntamos a Benjamín Morales su opinión al
respecto, nos señaló que la gestión del agua era “demasiado costosa” y que había que priorizar
las obras de seguridad.9 En contraste con esa posición, Portocarrero plantea la necesidad de una
conexión más fluida entre las amenazas glaciares y la gestión del agua: no solo se trata de

7
Diálogo con César Portocarrero (febrero, 2016)
8
Diálogos con Benjamín Morales Arnao y César Portocarrero (febrero, 2016)
9
Diálogo con Benjamín Morales Arnao, director del INAIGEM (febrero, 2016)

15
prevenir los peligros de las lagunas glaciares, sino de transformar los conflictos relacionados con
el agua procedente de las lagunas glaciares. Ese punto de vista es compatible con la
preocupación de comprender el agua no solo como fuente de divisiones y conflictos, sino como
un bien cuya distribución y equidad puede servir para asegurar la justicia social en los Andes en
un contexto de cambio climático (Boelens, 2011; Isch et al., 2012; Perreault, 2014). Pero, esta
visión de los glaciares no es compartida por todos los miembros del INAIGEM, que han
privilegiado los asuntos de seguridad de lagunas glaciares. Estas dos posiciones – la de aquellos
que defienden la distribución del agua, por un lado, y la de quienes propugnan la seguridad de
lagunas glaciares, por el otro - no son necesariamente incompatibles, pero, al menos hasta ahora,
van por cauces distintos en las prioridades de los diferentes miembros del INAIGEM; y, según
veremos en la segunda sección, estas prioridades reaparecerán en el contexto del conflicto social
relacionado con las obras de seguridad de la laguna Palcacocha.
Pero, quizá la diferencia más clara entre la posición de Portocarrero y la de Morales Arnao,
aparece cuando el primero adopta una posición menos dogmática o más mixta frente al saber
experto. Por un lado, Portocarrero toma cierta distancia crítica de la excesiva confianza en el
saber experto y plantea la necesidad de integrar los aspectos técnicos con los aspectos sociales o
culturales de la prevención de desastres: “Esto debe suceder en todo el país: El técnico, en
muchos casos, se sobrevalora. Y eso no es verdad: no podemos menospreciar a nuestra gente.
Los problemas técnicos se resuelven fácilmente; pero lo social, no […]. Yo sé que la tarea es
grande, inmensa. Pero, yo estoy convencido de que, en lo sociológico, en lo social, allí está el
nudo neurálgico, allí está problema; y todos debemos ser conscientes de eso. Pero, al mismo
tiempo, tampoco no todo es filosofía, no todo es hablar y hablar: tenemos que ir a algo concreto.
Pero, por otro lado, el del técnico, no todo tampoco es hacer obras y obras: hay que pensar que
todo lo que hacemos es para el humano, para los que viven en una ciudad, y tenemos que pensar
en lo social. Tiene que haber una combinación de ambas cosas: ni mucho palabreo, ni tampoco
solo ejecutar cosas. Tal vez, también nos equivocamos.”10 Por otro lado, sin embargo, en otra
entrevista que le hicimos un mes después, Portocarrero hizo la siguiente precisión: “Pero,
nosotros, cuando se trata de los riesgos, decimos que hay que ir a la raíz del problema y tratar de
eliminar el peligro allí arriba. ¡Que, señor!, ¡que la vulnerabilidad social, hay que tratarla! Ese no
es el asunto. Y todavía yo pienso que los más eufemistas hablan de que talleres de capacitación.
Mire: yo tengo una concepción muy cruda; pero yo pienso que desde mi punto de vista es más
real: considero que el aspecto social es importante, pero nuestra idiosincrasia no permite eso.”11
Así pues, la posición de Portocarrero frente al saber experto es ambivalente. El interlocutor
señala que el problema del agua es esencialmente social y que este asunto escapa a las meras
cuestiones técnicas. Pero, insiste que, cuando se trata de tomar decisiones expertas en materia de
riesgos, toda posible discusión y acción colectiva con la población o las instituciones privadas y
públicas resulta, a decir verdad, prescindible. Eso significa que los aspectos sociales o políticos
del agua aparecen como un problema que plantea desafíos al saber experto, en determinados
contextos; mas, cuando se trata de tomar decisiones en materia de agua, riesgos y desastres de

10
Diálogo con César Portocarrero, integrante del INAIGEM (febrero, 2016)
11
Diálogo con César Portocarrero, integrante del INAIGEM (marzo, 2016)

16
origen glaciar, los criterios técnicos, monopolizados por los expertos, se tornan dominantes, al
margen del diálogo y la cooperación con otros actores sociales o políticos involucrados.
Pese a ello, una posición más crítica a la infravaloración de los aspectos sociales del manejo de
los glaciares es la que ofrece otro integrante del INAIGEM, el ingeniero piurano Marco Zapata,
quien, por muchos años, fue también director de la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos.
También fue uno de los que más padeció la crisis de esta unidad cuando el Estado peruano
intentó cerrarla y uno de los que se opuso a este cierre buscando el apoyo de instituciones
extranjeras, cuando la unidad contaba apenas con un personal de 5 miembros, a fines de la
década de los 90. Zapata piensa que uno de los mayores problemas que ha habido a lo largo de la
historia en Huaraz y Áncash, es que no ha existido una fluida comunicación entre los actores
sociales y políticos de la región con respecto al manejo de los bienes y los recursos en zonas
glaciares: “Acá, en Áncash, tenemos tres actores principales: especialistas o ingenieros, políticos
y población. Pero, desafortunadamente, los expertos o especialistas no nos hemos sabido
comunicar bien con los funcionarios públicos, mucho menos con la población en Áncash; no
hemos sabido escucharnos, tampoco comunicar cómo se hacen las cosas y por qué se hacen las
obras de seguridad. Creo que nos ha faltado allí más trabajo. Eso es lo que yo pienso. Tenemos
que aceptarlo y tenemos que trabajar en ello.”12 Si bien algunos observadores externos señalan
que los expertos han jugado históricamente el rol de “intermediarios” entre grupos sociales, el
discurso de Zapata pone límites a esa interpretación y obliga a hacer matices sobre una
interacción social más compleja. No solo su crítica va dirigida a la presunción de que las
decisiones técnicas son las únicas variables posibles para abordar los problemas relacionados con
la prevención de desastres y el medio ambiente: también reconoce que todavía existen brechas de
comunicación entre expertos, políticos y población local a las que es preciso prestarles atención.
Estos discursos y prácticas sociales revelan que los propios miembros del INAIGEM no tienen
una sola visión de los glaciares y de la respuesta a los peligros de origen glaciar; es decir, no
interpretan esos bienes y los riesgos desde los mismos lugares de enunciación: el director de esta
institución ofrece una representación de los glaciares que está estrechamente asociada a la
seguridad de lagunas “peligrosas”, tarea para la cual su institución debe, a su juicio, maximizar
beneficios y convocar básicamente el apoyo económico de otras instituciones; otro de los
miembros, en cambio, toma, relativamente, distancia crítica de ese discurso e invita a ir más allá
del horizonte de los peligros naturales para prestar atención a los aspectos sociales de la relación
entre los desastres de origen glaciar y la gestión del agua - en parte, por razones técnicas y, en
parte, por razones políticas; y, finalmente, otro de los integrantes muestra las distancias o
desencuentros sociales o culturales que aún persisten entre los expertos y la sociedad en general,
impidiendo reconocer las múltiples dimensiones de la vulnerabilidad. No existe, por lo tanto, una
sola posición institucional en el INAIGEM con respecto a los recursos naturales, sino una
constelación de posiciones y prioridades que se distinguen, contradicen o complementan entre sí.
Como se desprende de lo anterior y se puede apreciar en el Cuadro 1, los miembros actuales del
INAIGEM tienen una alta capacidad para movilizar recursos y personas con respecto a la
prevención de riesgos y desastres. La gestión del agua forma parte del discurso de algunos de

12
Diálogo con Marco Zapata, integrante del INAIGEM (febrero, 2016)

17
sus miembros, pero no es todavía una prioridad institucional, al menos para su actual director.
Pero, esa capacidad se ve limitada por los conflictos que tiene con varias instituciones públicas,
particularmente con la ANA y el Parque Nacional Huascarán, especialmente por el control de la
información y las decisiones respecto de los glaciares y las lagunas glaciares.
Asimismo, INAIGEM tiene una posición diferenciada frente a la Universidad de Zúrich y CARE-
Perú. De manera particular, Portocarrero reconoce que la Universidad de Zúrich, como otras
instituciones científicas del mundo, dispone – por el saber experto acumulado - de un capital
cultural con el que los miembros del INAIGEM todavía no cuentan:
“A nivel del mundo, en esto de obras de seguridad, como ingenieros, nosotros tenemos nuestro valor,
somos reconocidos. Pero no como científicos, sino como ingenieros. A veces, nos dicen: ‘¡miren,
ustedes han sido buenos ingenieros, pero les falta rigor científico!’ Y eso yo lo reconozco. Por
ejemplo, vamos a bajar las lagunas en 20 m; a veces, por experiencia hacemos bien el trabajo, pero
viene el científico y nos dice: ¡A ver, explícame en números por qué has bajado así!’ Eso queremos
subsanar, eso queremos arreglar. Por eso, nos hemos dado cuenta que tenemos que trabajar más como
científicos que solo como ingenieros. Al menos, mi esfuerzo, en los años que tengo, les he
mencionado a todos en la oficina [del INAIGEM] - donde hay una combinación de gente muy antigua
y gente mayor - lo siguiente: el mejor legado que queremos dejar es que estos jóvenes adquieran el
conocimiento científico y, al mismo tiempo, se conviertan en buenos ingenieros; en ambos niveles, en
la academia y en el campo. Lo que me interesa es dejar un lado: que, en un futuro, los peruanos no
tengan que envidiar nada a nadie.”13

Esta podría dar continuidad a relaciones de cooperación entre INAIGEM y la Universidad de


Zúrich en el corto y mediano plazo. Pero, como se puede apreciar en el testimonio citado, el
INAIGEM aspira también a tener una mayor autonomía institucional en el futuro, en términos
de producción tanto de conocimiento científico como de trabajo técnico. Pero, como vimos
antes, la decisión de su actual director de solo contar con el apoyo económico de otras
instituciones, al asumir que su institución ya cuenta con la capacidad para asumir los trabajos
en materia de prevención de riesgos y desastres de origen glaciar, también reduce la necesidad
de contar con la colaboración de otras instituciones o, antes bien, le da una nueva orientación:
la institución mantiene una relación básicamente instrumental con otras instituciones públicas y
privadas, a fin de captar recursos y respaldo político a sus acciones.
Por otro lado, algunos miembros del INAIGEM reconocen que hay miembros del equipo del
Proyecto Glaciares+ en Áncash y Cusco que está familiarizados con los glaciares, pero que no
cuentan con el “saber especializado en glaciología”: “Por ejemplo, hay personas que están en
estos temas indirectamente, por cuestión del Proyecto Glaciares+. Pero, ellos, pues, están
agarrando glaciología tangencialmente, por el trabajo que tienen; pero no como gente
especializada. Es como alguien les hubiera dicho: ‘mira, dirige este proyecto.’ ‘¿Y de qué trata
este proyecto?’ ‘De glaciares’. ‘Ah, ya trabajaré en glaciares.”14 A la luz de estas
consideraciones, son menores las oportunidades de que los miembros del INAIGEM puedan
requerir de la cooperación de CARE-Perú, a menos que esta institución mantenga actividades

13
Diálogo con César Portocarrero, del INAIGEM (marzo, 2016)
14
Diálogo con uno de los miembros del INAIGEM

18
compartidas con instituciones de investigación, como la Universidad de Zúrich, o esté dispuesta
a movilizar recursos con vistas a desarrollar actividades comunes.

Cuadro 1: Toma de posición del actor y ubicación en la estructura de poder del ámbito de estudio

19
b. MINAM-SERNANP-Parque Nacional Huascarán

Tras estar adscrito al MINAM, desde el 2008 el SERNANP es la única institución pública que
tiene el mandato expreso de velar por la conservación de las ANP, incluyendo el mantenimiento
de la diversidad biológica y los servicios ambientales. En el ámbito de estudio, el SERNANP
está a cargo de la protección del Parque Nacional Huascarán, cuya creación se remonta a 1965 y
su primera delimitación a 1975, como resultado de los esfuerzos compartidos por dos
conservacionistas privados y el Cuerpo de Paz de los EEUU (Morales Arnao, 1989: 124). Tanto
por su origen como la gran variedad de visitantes y turistas que recibe cada año,15 podemos
decir, entonces, que el parque no solo es un paisaje nacional, sino un “área transnacional”.
Si bien el parque, cuya extensión territorial comprende hoy 340 mil has, fue reconocido recién
en 1985 como “patrimonio natural de la humanidad”, nunca fue un espacio prístino,
exclusivamente natural o desligado de un orden social. Los principales defensores de la creación
del parque fueron precisamente los expertos en glaciares, quienes vieron en el área oportunidades
para construir reservorios con fines hidroeléctricos, fomentar el turismo y realizar obras de
seguridad de lagunas (Carey, 2004).16 El problema es que la creación del Parque y los proyectos
que se llevaron a cabo, se hicieron en muchas áreas que ya estaban previamente adjudicadas a
comunidades campesinas, antes o después de la Reforma Agraria (1969), un proceso que
modificó el régimen de tenencias de tierras en el Perú. En 1975, por ejemplo, el 12% del área del
parque estaba superpuesto a 12% del territorio de la comunidad de Cátac, en la provincia de
Recuay (Bury et al., 2010: 13). El Parque se creó y administró, entonces, no sobre “espacios
vacíos”, sino sobre territorios socialmente producidos por comunidades y otros usuarios del
área: por eso, desde sus comienzos, su delimitación estuvo colmada por conflictos con los
pobladores locales, cuyas actividades productivas (principalmente, agro-pastoriles), junto con
sus intercambios sociales y sus dinámicas territoriales históricas, forman hasta hoy una extensa
malla territorial y cultural a lo largo del parque (Dobyns et al., 1971; Stein, 1975; Osorio, 2013:
157-158). Aunque hubo procesos de resolución de conflictos en muchas zonas del parque, los
resultados de nuestro trabajo de campo arrojaron que las competencias territoriales aún
persisten hoy en día, especialmente en Quebrada Honda, la comunidad de Vicos y, en menor
grado, en algunas zonas específicas de la sub-cuenca de Quilcay: en el ámbito territorial de la
comunidad de Cahuide y el área de influencia del proyecto Shallap-Huapish Toclla. donde, a
principios de este siglo, la empresa Duke Energy también intentó realizar un proyecto de
hidroelectricidad que recibió, sin embargo, la resistencia de la población local.
Sin embargo, los directivos del Parque no encuentran, en las dinámicas territoriales y las
actividades agro-pastoriles de las comunidades campesinas, pretensiones de validez que pueden

15
Solo en el primer trimestre del 2005, ingresaron aproximadamente 13 000 visitantes al Parque Nacional
Huascarán, la mayor parte de los cuales eran nacionales y cerca de 2 000 eran extranjeros (Shoobridge 2005: 29)
16
Adicionalmente, su actual director, Jesús Gómez, fue en otro tiempo también integrante de la Unidad de
Glaciología y Recursos Hídricos.

20
ser legítimas, sino, simplemente, una forma de desafiar el poder de quienes detentan la
“conservación” del área.17 Aun así, los encargados del parque reconocen, grosso modo, algunos
límites de sus discursos e insisten en la necesidad de incorporar las dimensiones sociales de la
conservación. Ellos sostienen que la creación del área “beneficia” a las comunidades, pero
admiten que sus opiniones son, a ciencia cierta, también discutibles, pues no han estado
mediadas por una debida comunicación con las poblaciones campesinas aledañas, que usan
también el parque para su reproducción social; al mismo tiempo, la gestión de los recursos del
parque tampoco ha ido acompañada de una debida articulación entre las diversas instituciones
públicas que tienen más o menos presencia en la sub-cuenca de Quilcay y, en general, en la
región de Áncash:
“Yo creo que el parque es lo que más les favorece a las comunidades. Decimos: que las áreas
naturales protegidas del SINAMPE tienen como objetivo – digamos – ‘brindar recursos naturales
y bienes y servicios ambientales a los pobladores locales’. El suelo andino es para cultivos
andinos. Pero, dejamos abandonas a las comunidades, no en el sentido de darles plata, sino de
educarlas. La educación es uno de los pilares para que ellos puedan aprovechar […] En los 90, el
parque hizo, por ejemplo, en su Plan Maestro, una reintroducción de camélidos sudamericanos.
Hicimos una primera inserción para tratar de que esto se haga. Pero sí, pues, es que nos fallan: no
tenemos presupuesto. ¿Quién nos debería apoyar? [Ministerio de] Agricultura, pero tiene su
posición política. Hicimos como 12 módulos, pero no hicimos su plan de manejo, no los
capacitamos y no trajimos gente de otros lugares. Lo que pasa es porque estamos ante una
posición en que no hacemos articulación institucional, no hacemos gobernanza: cada sector
trabaja por su cuenta; y lo peor: no hay carrera pública, y el director viene desubicado. Hemos
cometido errores.”18

Es interesante observar que las autoridades del Parque Nacional Huascarán reclamen, no tanto
una gestión exclusiva, sino intersectorial del área natural protegida. Pero, esa aspiración se
enfrenta a un problema de mayor escala por el que atraviesa la sociedad política peruana. La
articulación institucional entre las instituciones públicas peruanas se agudizó con las reformas
neoliberales de los 90: así, junto con un poder ejecutivo sumamente centralizado, asistimos a la
confusión, la superposición de funciones y los conflictos de competencia entre ministerios y
diversas entidades públicas (Guerra García, 1998: xviii). En tiempos recientes, estas tensiones
políticas intersectoriales se han traducido en las competencias territoriales entre los
responsables del SERNANP, que velan por el Parque Nacional Huascarán, y otras instituciones
públicas. Los conflictos han aflorado recientemente en el contexto de las obras de seguridad de
lagunas glaciares, conducidas por los representantes del INAIGEM y cuestionadas por el
SERNANP. Los problemas también enfrentan a los responsables directos de velar por el Parque
con algunos gobiernos locales, como las Municipalidades de Cátac, Huaraz e Independencia,
interesadas en la apertura o mejoras de carreteras para dinamizar actividades productivas en sus
distritos. En ocasiones, los responsables del Parque también tienen conflictos con el gobierno
regional: en opinión de las autoridades del Parque, el gobierno regional todavía no se ha

17
Diálogo con Jesús Gómez, Jefe del Parque Nacional Huascarán (febrero, 2016)
18
Diálogo con Jesús Gómez, Jefe del Parque Nacional Huascarán (febrero, 2016)

21
comprometido debidamente con la conservación y respalda obras de seguridad de lagunas o,
incluso, carreteras, sin incluir al SERNANP en los procedimientos de toma de decisión.
Asimismo, las autoridades del parque identifican algunas amenazas que ponen en riesgo la
conservación del área. Una de las más importantes es, junto con algunos yacimientos de mediana
y gran minería, la minería artesanal y en pequeña escala, especialmente en la comunidad de
Vicos, que está aproximadamente a 12 km de Carhuaz. Esto ha generado fuertes conflictos con la
DREM, especialmente porque esta institución ha dado concesiones de pequeña y mediana
minería en el área del parque, sin contar con la aprobación del SERNANP y sin tener la
capacidad para controlar los impactos ambientales y sociales de esta actividad.19
El problema es que esta expansión minería, debido a su dispersión e informalidad, hacen difícil
su control (ver Mapa). Áncash no es, sin embargo, una excepción, porque este proceso también
ha ocurrido en otras partes de los Andes Centrales y la región amazónica, donde hay áreas
naturales protegidas (Pacuri & Moore, 1992; Mosqueira et al., 2009; Labarthe & Verschave,
2007; De Theije & Hemskerk, 2009; Glauser, 2010; Pachas, 2011). La expansión de la minería
es una actividad económica y políticamente predominante en la región de Áncash. Y aunque
tenga una importancia inexistente en la sub-cuenca de Quilcay, es una amenaza incipiente y
potencial por los impactos socio-ambientales que genera a lo largo del PNH y por la manera en
que puede moldear las prioridades y capacidades de instituciones públicas como SERNANP, que
tratan temas de conservación.

19
Diálogo con Jesús Gómez y Selwyn Valverde, del Parque Nacional Huascarán (febrero, 2016)

22
Mapa 2: Concesiones mineras en el Parque Nacional Huascarán

23
Sin embargo, la principal actividad que genera presiones en el Parque es el Turismo.20 Los
responsables del Parque sospechan que instituciones que promueven el montañismo llevan a
cabo actividades que discrepan constantemente con las restricciones del SERNANP para la
conservación del área: por ejemplo, la Asociación de Guías Oficiales Especializados en Montaña
de Ancash (AGOEMA), la Agencia de Viajes “Cumbre del Huascarán” y la Asociación de
Servicios Auxiliares de Alta Montaña (ASAAM). Por estas y otras razones, los responsables del
SERNANP señalan que el Parque Nacional Huascarán y sus glaciares enfrentan presiones por
todos lados:
“Tenemos un parque altamente vulnerable, porque te permite el acceso por cualquier lugar y tú
puedes salir por cualquier lugar. Entonces, tu capacidad de control es mínima. Tenemos 41
accesos y solo controlamos 7, donde hay mayor presión de turistas. Entonces, es ahí el gran
problema. La misma DIRCETUR nos dice que generamos malestar o incomodidad porque
estamos dejando entrar a ilegales y, sobre todo, a las asociaciones [de turismo], tanto formales
como informales, como las que no cuentan reconocimiento del DIRCETUR. Las [asociaciones]
formales contratan a la gente que no tiene la acreditación respectiva, es decir, no están
debidamente registrados por baratear su mano de obra. Hay, pues, [asociaciones] formales que
propician la informalidad.”
- ¿Y ustedes han hecho algo para enfrentar esos problemas?
Hemos hecho el Plan de Uso Turístico y Recreativo del Parque Nacional Huascarán [1996], en el
cual hemos diseñado los circuitos para que se den las modalidades del turismo: en qué lugares se
puede hacer turismo convencional y de aventura. Hemos hecho 24 circuitos de caminata, y hemos
dicho qué estrategias deben seguirse para asegurar la conservación del parque y que cada uno
debe contar cada uno su ‘plan de sitio’, para darle más fineza en cada punto del Parque. O sea,
tampoco está en el vacío: está en un plan; o sea, está dentro de un ordenamiento territorial.
Recuerde que las ANP están zonificadas, y la zonificación dice, bien claro, qué hace cada uno,
cuál es el objetivo de administrar esa zonificación desde la zona de protección hasta la zona de
uso turístico […] Y cuando tenemos gente que dice: ‘No, ahora he descubierto un nuevo circuito,
ahora escalo por acá.’ ¿Qué está haciendo? Infringiendo; y empieza el problema del turismo.”21

Existen otras condiciones institucionales internas que ponen a prueba también la protección del
Parque Nacional Huascarán. Las autoridades del parque señalan que uno de los problemas para
enfrentar las amenazas es la falta de personal con mayor capital cultural (formación
interdisciplinaria) y económico (presupuesto), que permita combinar las actividades de
protección con las de investigación. La principal necesidad de información científica que ellos
tienen es conocer la disponibilidad y calidad del recurso hídrico en todo el ecosistema del
parque para explorar opciones de política en el largo plazo; pero aducen que estas y otras
necesidades de investigación han sido desplazadas por las prioridades políticas de corto plazo

20
En 1987, recibió la visita de un total de 62 536 turistas nacionales y 6 000 extranjeros, específicamente en
Llanganuco y Carpa, los dos puntos principales de entrada al parque. En el año 2000, el número de visitantes
nacionales alcanzó la cifra de 95 446 visitantes y el número de extranjeros fue de 13 617; es decir, la cantidad de
visitantes incrementó en 52,63% y 126,95%, respectivamente (Shoobridge, 2005: 27).
21
Diálogo con Selwyn Valverde (febrero, 2016)

24
procedentes de Lima: una muestra de ello – dicen - es la ausencia de “escuelas de guarda
parques”, con personas formadas para intervenir en paisajes, caracterizados no solo por su
diversidad biológica, sino por su “diversidad cultural”. Los responsables del parque sugieren con
ello que la gestión del parque no puede ir al margen de los aspectos sociales y culturales de la
conservación. Desafortunadamente, estos vacíos de información no han sido compensados ni
mucho menos por las investigaciones realizadas, hasta ahora, por personas e instituciones
externas, ya que estos trabajos pocas veces han sido compatibles con los “intereses del parque”
(Shoobridge, 2005).
Como resultado de lo anterior y como se puede apreciar en el cuadro 2 (ver abajo), el PNH es,
entonces, un espacio cuya conservación rivaliza con diversos proyectos geográficos en curso:
desde quienes están preocupados por los glaciares y las peligrosas lagunas glaciares hasta
quienes están preocupados por la investigación, la extracción de materias primas, la apertura
de carreteras, el turismo y el montañismo. Ellos deben afrontar las presiones económicas,
culturales y políticas de varios frentes, que les otorgan significados diferentes a los glaciares,
las lagunas glaciares y los bienes del parque en general. El parque es, pues, un espacio
disputado entre diferentes actores sociales y políticos con prioridades distintas, a veces
contrapuestas y pocas veces complementarias. Mientras el cambio climático ocurre y los
glaciares andinos retroceden, estos procesos plantean el problema complejo de quiénes se
benefician con el parque, quiénes se ven afectados, qué significados diferenciados tienen sus
bienes y cómo se definen y redistribuyen las relaciones de poder entre todos los actores sociales
que usan estos paisajes, en un contexto mundial de crisis ecológica.
Los responsables del SERNANP en Huaraz desearían, además, contar con el apoyo de
universidades extranjeras como la Universidad de Zúrich, específicamente en materia de
investigación sobre hidrología en el parque; pero aclaran que esa opción solo es factible si las
prioridades de investigación son compatibles con sus objetivos de conservación, pues su
experiencia con las investigaciones realizadas en el área, no ha sido, hasta ahora, muy positiva,
al no haber tenido un impacto significativo en la gestión del parque. A su vez, ellos están
dispuestos a cooperar con Zúrich y CARE, mientras sus actividades de investigación en
glaciares y sus sistemas de alerta temprana cumplan con todos los procedimientos burocráticos
de la administración del área natural protegida - una exigencia que ellos plantean a todas las
instituciones que intervienen en el área : las mismas expectativas normativas que tienen respecto
de todas las instituciones con las cuales tienen conflictos, son las mismas que ellos tienen
respecto de cualquier ONG o institución dedicada a la Investigación.

25
Cuadro 2: Toma de posición del actor y ubicación en la estructura de poder del ámbito de estudio

26
c. Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI) – Autoridad Nacional del Agua
(ANA) – Autoridad Local del Agua (ALA) - Huaraz
En el 2008, a raíz de la creación de la Autoridad Nacional del Agua y la promulgación de la Ley
de Recursos Hídricos (Ley 29338), en la sociedad peruana se generó una controversia, más o
menos extendida, sobre la cuestión de quiénes deciden con qué fines se usa el agua, cómo se usa
o se debe usar, quiénes tienen derechos de acceso y quiénes tienen la capacidad de decisión en
las esferas públicas sobre sus criterios de uso, en un escenario neoliberal donde el Perú acababa
de ratificar el Tratado de Libre Comercio con los EEUU. Mientras que algunas posiciones
sostenían que el agua debía ser visto como un recurso de “interés nacional” que debía
aprovecharse o conservarse, otros aducían que estas nuevas disposiciones normativas no
especificaban claramente sus criterios de “distribución” y, antes bien, buscaban su privatización,
poniendo en riesgo, no solo el medio ambiente, sino principalmente las condiciones de vida de
las poblaciones que dependen inmediatamente del agua y otros bienes para su reproducción
social, como las comunidades de los Andes y de la Amazonía peruana (Varillas, 2010: 138-140).
Estos problemas llegaron a su máxima expresión en el 2009, cuando se produjo el conocido
conflicto manifiesto de Bagua, que cobró la vida de varios policías e indígenas y que, por la
escala de actores involucrados, se convirtió en un “conflicto transnacional” (Martínez-Alier &
Orta, 2009; Surrallés, 2011).
En un contexto económico y político que ha suscitado diversas suspicacias, la ALA Huaraz,
adscrita a la Autoridad Administrativa del Agua (AAA) de Huarmey-Chicama, es una de las seis
oficinas descentralizadas de la ANA, distribuidas en las regiones de Áncash y La Libertad, que
tiene el enorme reto de contribuir a la formalización de derechos de uso de agua de 30
Comisiones de Usuarios de Agua y más de 365 Comités de Usuarios del Agua del Callejón de
Huaylas. La ALA-Huaraz pondera los resultados de su trabajo a partir de tres ejes de análisis: 1)
la formalización y 2) la gestión participativa de los recursos hídricos en el contexto político y
mediático.
En materia de formalización, el administrador del agua de Huaraz señala que la mayoría de los
usuarios de agua no están formalizados y no han adecuado sus estatutos al marco normativo de la
ley de recursos hídricos. Las razones que ofrece son diversas:
“Por un lado, hay alguna mala información que genera el temor a formalizarse porque muchos
creen que la formalización es ya que el Estado les interviene y van a pagar grandes sumas por el
uso del agua. Por otro lado, porque hay muchos problemas a nivel de la documentación que ellos
tienen que presentar dentro de los requisitos de la formalización. Además, hay poco apoyo de sus
autoridades locales para promover su formalización; no hay mucho interés en apoyar, o no hay
buena relación entre estas organizaciones y sus autoridades. En muchos casos, no hay llegada.
También hay una dejadez de muchas de estas personas, no tienen sus DNI al día y no tienen cómo
demostrar la titularidad del terreno. Este es un tema de fondo. Debido a nuestra presencia
intermitente como autoridad en ellos, dejan de motivarse, pues, en la formalización. Es cierto:
hacemos el esfuerzo de llegar a todos, pero no podemos llegar permanentemente.”
César Calderón, Administrador Local de Agua Huaraz

27
El Estado busca, pues, formalizar a los usuarios del agua para integrarlos a la política pública.
Pero, al mismo tiempo, los participantes buscan protegerse de la posibilidad de implicarse en la
vida estatal, por miedo a perder sus bienes y recursos: “Preocupa cuando tú ingresas y sientes
cuando la comunidad ha entendido está sensible a la formalización y cuando tú ingresas ya
tienen otras posturas, ya tienen otras decisiones; y cuando indagamos simplemente es lo que te
digo: que hay otros que aparecen para confundirlos y generar una información, no real,
incorrectas, que atemorizan y dan miedo a la gente: lo clásico es decir: ni te formalices. Si te
formalizas, vas a pagar, 1; 2, si te formalizas, no solo vas a pagar, sino que te van a quitar tu
terreno. Entonces, ante esa situación, a cualquiera le da temor.”22
En efecto, con la misma fuerza con que el Estado incrementa su poder mediante el derecho y la
ley de recursos hídricos, con esa misma fuerza puede ahora naturalizar, normalizar y hacer
legítimas la sanción contra los usuarios de agua que se resisten a formalizarse. Si traemos a
colación los análisis del poder de Foucault, el Estado recurre, de esta manera, a tres dispositivos
de poder disciplinario: la inspección jerárquica, la sanción normalizadora y el examen (Foucault,
1975: 176-194). La primera es la coacción mediante el juego de la mirada, una vigilancia
continua, más calculadora, más suspicaz, más sutil: vigilar debe servir para suscitar un
funcionamiento, producir ciertos efectos, inspeccionar jerárquicamente las conductas, informar
de todos los hechos, establecer ciertos controles sobre las prácticas sociales de los usuarios de
agua de comunidades campesinas y caseríos. La sanción normalizadora agrega a ello, por su
parte, un pequeño mecanismo de penalidad, una forma de sanción contra las desviaciones o
inobservancias de los deberes estrictos que impone la ley. No solo se trata de sancionar la
infracción, sino de controlar a los usuarios de agua, neutralizar sus acciones potencialmente
peligrosas y no parar hasta modificar sus conductas o sus prácticas sociales informales. La ley es
esencialmente correctiva porque busca hacer progresar a los individuos a través de la inversión
de su distanciamiento respecto de las leyes públicas y buscando encauzar sus conductas hacia los
deberes estrictos, las prohibiciones o las obligaciones, que ellas imponen. Ella introduce una
regla a seguir por los individuos, un patrón de valor que, luego, permita compararlos por sus
observaciones y desviaciones; sobre la base de una normalidad perfecta, juzga a los individuos
por su adecuación o no a ella, busca anular las diferencias, homogenizar a los individuos; en una
palabra, normaliza.
Las sanciones a la informalidad en el uso del agua aparecen, así, como una forma de justicia.
Tanto la inspección jerárquica como la sanción normalizadora se reúnen en el examen constante
de las prácticas sociales de las poblaciones y organizaciones sociales que usan el agua: el poder
disciplinario se hace invisible e impersonal mediante una ley que, por definición, debe valer para
todos, mientras que los usuarios de agua se hacen visibles ante la observación de un poder tácito
que busca conocerlos en algún grado o nivel, a través del trabajo de la ALA-Huaraz. A partir de
ese momento, la individualidad de cada persona o grupo usuario de agua ingresa en un campo
documental, en el registro y la escritura: cada uno de ellos se convierte en un caso. De esa forma,
se logra la objetivación del individuo como objeto descriptible, analizable, en la evolución de sus
aptitudes y capacidades, por un lado, y en la posibilidad de compararlo con otros individuos

22
Diálogo con César Calderón, Administrador Local del Agua – Huaraz (abril, 2016)

28
dentro de un sistema global comparativo, por el otro, mostrando la regularidad y la desviación de
unos y otros con respecto al agua. En la medida en que el poder se vuelve más impersonal,
aquellos sobre quienes se ejerce poder están más individualizados. En consecuencia, con las
políticas de formalización del agua el poder sobre los bienes o recursos naturales se ha tornado
más calculador, sofisticado, disciplinario, vigilante.
Pero, como observa el representante de la ALA-Huaraz, las prácticas sociales de los usuarios de
agua oponen resistencia a la disciplina normalizadora del Estado con la misma fuerza con que las
instituciones públicas no les ofrecen los medios u oportunidades reales para incorporarse a una
comunidad política de ciudadanos libres e iguales. Quienes han hecho del uso del agua, no solo
un trabajo, sino una forma de vida o una identidad social en los Andes peruanos, y no han
adquirido todavía las disposiciones o los habitus que sólo una larga de tradición de
democratización les podía dar para formalizarse o ingresar a un sistema de igualdad de derechos,
optaron por resistir las iniciativas estatales (Trawick, 2001; Boelens, 2008, 2015; Boelens et al.,
2011). Esta situación muestra el problema de cómo las redes interpersonales de confianza o las
prácticas sociales de los propios usuarios de agua adquieren relevancia política, porque producen
instituciones informales que, muchas veces, quiebran las reglas y relativizan los valores públicos
(Helmke & Levitsky, 2007). Sin embargo, estas prácticas sociales informales también pueden
generar cambios en las políticas formales: no es extraño, por ello, que el Ministerio de
Agricultura y Riego modifique, en el 2014, el Reglamento de la Ley de Recursos Hídricos para
agilizar los procedimientos administrativos de otorgamiento de licencias de derechos de uso de
agua, así como para fomentar la participación de los principales actores involucrados (ANA,
2015: 7). Así pues, el poder no eran un privilegio del Estado ni de los usuarios de agua; no era
una propiedad de grupos dominantes ni privativo de los dominados; no era algo exclusivo de
determinados grupos y de determinadas instituciones: se situaban a medio camino entre esos
grandes dispositivos legales e institucionales que querían modificar las conductas de los agentes
y las prácticas sociales de los agentes, que persisten en sus instituciones informales, es decir, en
sus redes de reciprocidad, de confianza y ayuda mutua, más allá de todo de toda sociedad de
derecho.
Estas relaciones de poder, no solo no han logrado convertir a la vida estatal necesariamente a
estas poblaciones que habitan en áreas marginales, sino que también están contenidas de
relaciones históricas más complejas: “Es, por eso, que ellos se resisten a las normas, se resisten
al tema minero, desconocen las leyes. Por ejemplo, gente que asesora a la comunidad de Dos de
Mayo tienen una posición dura hacia las normas, hacia las leyes, porque sienten que las normas y
las leyes no están hechas a medida del campesino, de la comunidad, del agricultor de la zona
andina, sino que está hecho para la costa, para un estrato especial y que el Estado no está para
favorecerlo, sino para afectarlo. Y públicamente dicen que eso no está bien.”23 En efecto, las
jerarquías de estatus entre costa y sierra, entre las formas de vida urbana y las formas de vida
rurales, son procesos sociales e históricos de la sociedad peruana que siguen influyendo en la
manera cómo los actores sociales del Callejón de Huaylas interpretan sus relaciones con el

23
Diálogo con César Calderón, Administrador Local del Agua – Huaraz (abril, 2016)

29
Estado y la sociedad mayor, de una manera análoga a como ha ocurrido en otros momentos de la
historia regional (Oliver-Smith, 1977a; Stein, 1988; Thurner, 2010: 149-243).
Esa impresión es también suscrita por las autoridades de la ANA con sede en Lima. El
coordinador de la Dirección de Conservación y Planeamiento del Recurso Hídrico, Fernando
Chiok, explica que una de las dificultades de la ANA ha sido no lograr tener un impacto social
efectivo en zonas rurales de la sierra y la selva. Hace la precisión de que necesitan encontrar un
sistema que llegue a todo el país, y no solo a la costa, donde la política de la nueva ley de
recursos hídricos “se ha instalado mejor que en la sierra”.24 Esa hipótesis le sirve para explicar
por qué muchos usuarios de agua todavía no han adecuado sus prácticas sociales a las exigencias
normativas de la ANA. Si bien la mayor preocupación de la ANA es tener un impacto relevante
en todo el país, esta prioridad entra en contraste con su ley de recursos hídricos, que crea
dificultades para los regantes del Perú que no están en la costa con la misma fuerza con que
dialoga muy poco con las disposiciones y prácticas sociales reales de sus principales afectados.
Mientras la ANA trata de normalizar las prácticas sociales de las poblaciones que habitan en las
tierras de la sierra, estas enfrentan, en consecuencia, dificultades para cooperar con dicha
institución y convertirse plenamente a la vida estatal moderna, por las exigencias de la ley que la
misma Autoridad Nacional del Agua ha creado.
Estos procesos por el que los actores sociales se resisten a poner territorios y recursos a
disposición del Estado o empresas privadas, se activan también en dos de los principales
conflictos socio-ambientales que preocupan a la Administración del Agua de Huaraz. El primero
de ellos es el conflicto de la laguna Parón, el reservorio más grande de la región de Áncash, que
fue tomada por los agricultores en el 2008. Este conflicto ya lleva 8 años e involucra a diversos
actores sociales y políticos: la comunidad de Cruz de Mayo, la Comisión de Regantes Yuyán
Parón, la Organización de la Campiña Baja de Caraz y la empresa Duke Energy; también
interviene en ese conflicto la Presidencia del Consejo de Ministros, la Defensoría del Pueblo, la
ALA Huaraz e, incluso, la Fiscalía. El segundo conflicto es el que enfrenta a la población del
sector Yanac con la compañía canadiense Barrick Gold, una empresa involucrada en severos
casos de “evasión tributaria” (141 millones de dólares), vinculada a la explotación de minas de
oro en Áncash, como expresión de las turbias estratagemas de rescate bancario y privatización
durante el régimen de Fujimori (Quiroz, 2013: 382-384). En ambos casos, la ALA Huaraz ha
asumido la difícil tarea de participar en los procesos de diálogo de escenarios altamente
polarizados.
Análogamente, el carácter esquivo de las prácticas sociales de los residentes locales también lo
observa el administrador de la ALA Huaraz, con ocasión de la ocupación poblacional de diversas
personas en áreas marginales de las cuencas en zonas urbanas, especialmente en los distritos de
Huaraz e Independencia:

24
Diálogo con Fernando Chiock, Coordinador de la de Dirección de Conservación y Planeamiento del Recurso
Hídrico (abril, 2016)

30
“Las fajas marginales, en principio, son las áreas que permiten dar protección a las fuentes de
agua, son bienes asociados a las fuentes de agua, son áreas intangibles: lo que significa que allí no
se debe desarrollar ninguna autoridad económica, ni habitarla, ni ejercer ninguna obra que no está
permitida; y si se hace debe ser de interés público y con los compromisos correspondientes del
ANA. Sin embargo, aquí en Huaraz, venimos arrastrando desde tiempo atrás invasiones que se
han dado en los últimos 8 años, las tomas de las fajas, de estas áreas, no respetando, justamente,
la ley y afectando directamente a los cauces y principalmente afectando la calidad del agua.
Porque las poblaciones masivas y sus actividades generan un impacto. Muchos derechos se ven
afectados por estas invasiones. Esto es más fuerte en los principales afluentes de Huaraz y en
Independencia. Por ejemplo, en río Seco, en el puente Villón - una quebrada importante que está
en Huaraz, en la que prácticamente no existe faja marginal. Y hay una densidad poblacional
tremenda, han hecho una cloaca negativa al tema ambiental y al agua, porque todo eso llega a
parar al [río] Santa […] Aquí mismo, en Quilcay, hay esfuerzos que se han hecho de mejorar y
evitar, pero hay casas metidas dentro, y la falta de cultura del agua hace que basuras,
desperdicios, desmontes y residuos se descarguen en Quilcay.”
César Calderón, Administrador Local del Agua de Huaraz

Figura 1: Viviendas aledañas al río Seco, mostrando el fracaso de las franjas marginales.
Foto tomada por el autor.

31
Figura 2: Viviendas aledañas al río Quilcay, mostrando el fracaso de las franjas marginales y las
zonas de peligros de origen glaciar

Este “desborde popular” o “informalidad” es una muestra de que muchos habitantes urbanos
están dispuestos a desafiar el poder estatal mediante prácticas patrimonialistas de control
territorial (ver Figuras 1 y 2). Las redes de cooperación o ayudas mutuas entre migrantes,
habitantes urbanos y, en general, personas que comparten situaciones de exclusión, son fuentes
de nuevas identidades colectivas y valores que ponen a prueba la paciencia de los regímenes
políticos. Estas formas de no cooperación pacífica, por la que los inmigrantes y habitantes de
zonas urbanas se apropian de territorios y bienes, al margen de reglas aceptadas por todos, no
solo desafían el orden social y ponen límites a la capacidad del Estado para controlar
territorios y movilizar recursos, sino que crean un nuevo orden social que da poder a los
marginados, pero no asegura que se conviertan en personas modernas, en sociedades modernas.
Este nuevo orden social, sin embargo, siempre será decisivo tanto para el manejo del agua como
para afrontar los riesgos de origen glaciar en las “zonas de peligro”. Pues muchas de estas
personas habitan en zonas glaciares que están constantemente expuestas a aluviones,
avalanchas y catástrofes. Como se mostrará más adelante, comprender, por tanto, las

32
motivaciones que estas personas tienen para actuar serán decisivas en un contexto de cambio
climático.
Además de la formalización, así como ocurrió con la gestión del Parque Nacional Huascarán, los
problemas de cooperación entre las instituciones que tienen presencia en Huaraz y la sub-cuenca
de Quilcay, también han puesto a prueba la gestión del agua y, particularmente, la conformación
de los Consejos de Recursos Hídricos. Si bien la Política y Estrategia Nacional de Recursos
Hídricos busca la participación multisectorial y la “interacción decidida” de la ANA con los
gobiernos regionales para la gestión del agua,25 en el caso de Huaraz estos arreglos
interinstitucionales son todavía bastante débiles:
“Por un lado, nuestras normas no están muy socializadas; todavía falta que la conozcan. No
podemos desconocer que hay que trabajar en empoderar a esta ley no solo a quienes toman
decisiones políticas, sino a otros actores, como los gobiernos locales. Pero, estos gobiernos
locales todavía no ven como un beneficio, para su gestión, la gestión integrada de los recursos
hídricos. Porque sienten que es de largo aliento trabajar esto y que no van a ver beneficios en el
periodo corto de su gestión. No ven aquí el tema del agua como una cuestión prioritaria: ven otros
tipos u otra naturaleza de proyectos, no ven el tema de conservación, no ayudan a capacitar a la
población para hacer un uso más eficiente del agua y dejar de contaminar, no invierten en
proyectos de saneamiento: [dicen] que no hay plata para eso, no hay proyecto para esto. muy
pocos están motivados a impulsar este tipo de proyectos. Entonces, desde allí te das cuenta que no
hay un involucramiento maduro de estas instituciones.”
César Calderón, Administrador Local del Agua de Huaraz

Este estado de cosas revela que las disposiciones jurídicas no van al mismo ritmo que las
disposiciones, capacidades o prioridades de las instituciones y las poblaciones en Huaraz y la
sub-cuenca de Quilcay. Pero, se ha convertido en un hábito, bastante extendido en la sociedad
peruana, fabricar cada vez más leyes o normas con categorías especializadas, incomprensibles
para el común de los ciudadanos y, algunas veces, al margen de las motivaciones o fines que los
propios actores tienen para actuar y de su incorporación como participantes o coautores de las
normas y las decisiones concernientes a los bienes o recursos, directamente o por medio de sus
representantes. Muchas veces, esto hace no solo que las leyes sean imposibles de conocer, sino
que no siempre correspondan, como sugiere el administrador del agua de Huaraz, con los fines
diversos que orientan, realmente, las conductas de las personas y las instituciones – tanto con
respecto al agua como con relación a los glaciares o a otros bienes en general -; al mismo
tiempo, este proceso impide que las decisiones políticas estén fundadas en una consulta más
vinculante, más igual, más amplia y más protegida, sobre la base de la incorporación de todos
los actores involucrados en la política pública. La experiencia de la ALA Huaraz ha servido para
mostrar un problema que pone a prueba el manejo de los recursos naturales y los riesgos de
origen glaciar, en el ámbito de estudio y, en general, en la región de Áncash, y puede ofrecer
pistas para señalar por dónde deben comenzarse a hacer correcciones políticas en el mediano y
largo plazo. El siguiente cuadro sintetiza todo lo que ha sido expuesto hasta aquí.

25
Cf. Autoridad Nacional del Agua – ANA, Ministerio de Agricultura y Riego, 2015. “Autoridad Nacional del Agua
2015: Sentando las bases para la gobernanza Hídrica”. En: Agua y +: Revista de la ANA, 4, pp.12-17

33
Cuadro 3: Toma de posición del actor y ubicación en la estructura de poder del ámbito de estudio

34
d. MINAGRI – ANA - Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos (UGRH)

La UGRH no es ajena a las complejas relaciones entre sociedad y medio ambiente en el Perú,
que sufrieron algunas modificaciones en las últimas décadas. Las reformas neoliberales
implementadas por el gobierno del ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000) afectaron
profundamente los programas de prevención de desastres en la Cordillera Blanca: poco después
de que la Central Hidroeléctrica Cañón del Pato fuese vendida a la Empresa de Generación
Eléctrica Nor Perú (EGENOR), la empresa pública Electroperú se retiró del río Santa, la Unidad
de Glaciología y Recursos Hídricos sufrió un recorte presupuestal y, subsecuentemente, la
vulnerabilidad de la población ancashina ante las amenazas glaciares y las lagunas glaciares se
incrementó, a pesar de la resistencia por parte de los habitantes locales, de algunos gobiernos
locales y de algunas instituciones nacionales estrechamente relacionadas con las políticas del
medio ambiente (Carey, 2010: 165-171).
A lo largo del tiempo, la historia de la Unidad de Glaciología había sido muy inestable, al pasar
de una agencia a otra y convertirse en una fuente de información clave para los más diversos
objetivos asignados a los glaciares y al agua de origen glaciar, en diferentes periodos del tiempo.
Tras haber sido creada en 1951 y clausurada en 1997, la Unidad de Glaciología y Recursos
Hídricos reinició sus operaciones en el 2001, dos años después de que pasara a formar parte del
INRENA, por entonces adscrito al Ministerio de Agricultura. A pesar de que el mismo año en
que la unidad fue cerrada, el Consejo Nacional de Medio Ambiente (CONAM) pidió a
Electroperú que transfiriera la información de la Oficina de Glaciología al Instituto Andino de
Glaciología y Medio Ambiente, el escaso apoyo político persistió al final de la década y al inicio
del presente siglo: a diferencia de décadas pasadas – cuando decenas de personas trabajaban para
dicha unidad -, en 1999 y 2001 solo había, respectivamente, seis y cinco empleados, que tenían
que trabajar con un presupuesto tan reducido que apenas le alcanzaba para cumplir sus
funciones. En ese contexto, Marco Zapata - por entonces, su director – se opuso al cierre de la
unidad y optó por solicitar, desde el 2001, el apoyo de la cooperación técnica internacional para
revitalizar una institución que, desde su punto de vista, se encontraba, para entonces,
“destruida”.26
Debido a ello, actualmente la Unidad de Glaciología – que, desde el 2008, está adscrita a la
Autoridad Nacional del Agua - limita su trabajo a investigar y monitorear, en lo fundamental, los
glaciares y las lagunas de origen glaciar, poniendo especial énfasis en la Cordillera Blanca y,
adicionalmente, en los glaciares de otras regiones del país.27 Sin embargo, ya no realiza
actividades de “reducción de riesgos”, a través de obras seguridad de lagunas, que, más bien, han
pasado a formar parte de las responsabilidades del gobierno regional.28 Pero, como se verá más

26
Diálogo con Marco Zapata, ex director de la UGRH y hoy integrante del INAIGEM (febrero, 2016)
27
Desde hace algunos años, la UGRH viene realizando estudios y monitoreos en la Cordilleras Vilcanota y
Vilcabamba (Cusco), donde se han identificado aproximadamente 1000 mil glaciares por encima de los 4 000 m de
altitud (ANA, 2014).
28
Diálogo con Alejo Cochachín, Coordinador de la UGRH (febrero, 2016)

35
adelante, dada la baja capacidad del gobierno regional para asumir efectivamente esa tarea, esa
falta de apoyo político a la UGRH contrasta con el hecho conocido de que muchas lagunas de la
Cordillera Blanca, cuyos peligros crecen al ritmo con que retroceden los glaciares debido al
cambio climático, han quedado más o menos echadas a su suerte, incrementando el riesgo de
catástrofes en detrimento de la seguridad de la población peruana:
“Desde que dejó de ejecutar esta oficina de hacer obras de seguridad no hay gobierno local o
regional que se preocupe de hacer estos trabajos. Nosotros hacemos los informes respectivos del
estado actual de las lagunas, del estado actual de los glaciares, a las autoridades para que tomen
acciones, pero ya es una decisión política para que puedan hacer obras de prevención. Es así,
pues, que, desde el 2009, venimos presionando al gobierno regional para que pueda hacer obras
de prevención en la laguna Palcacocha, que está en la cabecera de Huaraz; y hasta la fecha – ya
han pasado más de cinco años – no se han ejecutado las obras de prevención. Solamente se han
hecho trabajos preventivos, paliativos, como el trabajo de sifonamiento, que ha funcionado en
temporada seca; pero, en temporada húmeda, la laguna nuevamente ha vuelto a recuperar su nivel
original.”
Alejo Cochachín, Coordinador de la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos

Los vínculos de la Unidad de Glaciología con el agua se remontan a algunas décadas atrás: por
mucho tiempo, ella respondió más a los intereses del recurso hídrico que a los de la prevención
de desastres. César Portocarrero, uno de sus coordinadores en la década de los 80, cuenta parte
de esa historia:
“Yo iba pensando que, al final, el resultado de la investigación en glaciares tiene que desembocar,
pues, en agua, en agua y en riesgos, que son los dos grandes problemas que tenemos con los
glaciares a nivel global. Entonces, en la oficina en que trabajábamos acá, en glaciología [Unidad
de Glaciología y Seguridad de Lagunas], administrador le digo: ‘Mira, en nuestro membrete dice:
Unidad de Glaciología y Seguridad de Lagunas.’ Sin decir nada a nadie, cámbiale y ponle Unidad
de Glaciología y Recursos Hídricos. Y, efectivamente, todos los documentos comenzaron a
circular con el nombre de recursos hídricos, sin que nadie se dé cuenta. Porque yo me daba cuenta
que era más comercial hablar de recursos hídricos que de seguridad de laguna.”
César Portocarrero, Ex Coordinador de la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos

La historia y también el pragmatismo político inclinaron, pues, la balanza de la UGRH hacia las
prioridades del agua. Parece que esa opción – tanto técnica como política - se ha consumado en
los últimos años. En consonancia con la política de la ANA, la UGRH promueve, hoy por hoy,
fundamentalmente una interpretación de los glaciares como “fuentes de agua” o “recurso
hídrico en estado sólido”, al margen de los intereses de la seguridad de lagunas, especialmente
en un contexto en que el retroceso de glaciares tendrá un efecto significativo en el suministro de
agua. Pero, parece que no se trata solo de promover la gestión del agua, sin más, sino de
orientar la información en glaciares e hidrología hacia el desarrollo económico: “El por qué nos
interesa a nosotros, como Autoridad Nacional del Agua, es cuál es la disponibilidad del agua que
se tiene en estas reservas [de agua] en estado sólido. Al igual, cuánta es la reserva de agua que se

36
tiene en estas lagunas y qué lagunas podrían ser aprovechadas como un embalse regulador. No
todas las lagunas presentan las condiciones para hacer un embalse regulador, porque algunas
están al pie de estos grandes nevados; y de estos grandes nevados se están produciendo
deslizamientos o avalanchas que pueden ocasionar un desastre. Entonces, no podemos
enfocarnos en las lagunas que están al pie del nevado.”29
De lo anterior se sigue que la narrativa de que las lagunas glaciares no son solo amenazas, sino
“reservas de agua”, le ha permitido a la UGRH afianzar una tendencia anunciada hace algunas
décadas, mantenerse viva como institución y acoplarse a la política de la ANA, a la par que esta
última ve los glaciares también como una oportunidad para la generación hidroeléctrica,
irrigación y otros proyectos que permitieran el desarrollo económico de la región. Como dice,
desde Lima, uno de los representantes de la ANA: “La intención de la ANA siempre ha sido
incluir al río Santa, no solo por su importancia para la actividad hidroeléctrica, sino también por
los proyectos de irrigación Chavimochic y Chinecas, dos proyectos de irrigación grandes que hay
en el Perú. Y siempre ha habido interés en el Santa para entrar en esta organización del agua.”30
De hecho, existe la expectativa de que, en los próximos años, el proyecto de irrigación Chinecas
impacte en la expansión agrícola de los valles costeños de Áncash. 31 Paralelamente, la UGRH
también tiene coordinaciones con la empresa hidroeléctrica Duke Energy, a quien apoya con data
hidrológica de la laguna Parón, a pesar de que esta zona ha estado teñida de intensos conflictos
manifiestos con las poblaciones locales en los últimos ocho años. Así, la información
proporcionada por la UGRH resulta bastante atractiva para quienes ven los glaciares y las
lagunas glaciares como cuerpos de agua, pues permiten acumular ventajas competitivas en varios
frentes económicos, mientras que la empresa es una importante fuente también de apoyo y
recursos logísticos para la UGRH. Por eso, la UGRH ve más oportunidades que amenazas en la
expansión de la actividad hidroeléctrica, situación que contrasta con su preocupación por las
presiones mineras sobre las zonas glaciares alto andinas.32
La importancia de los argumentos en favor del agua ha llevado a los encargados de la UGRH a
preocuparse por la conformación de los Consejos de Cuenca, que perciben como una agenda
pendiente por parte del Gobierno Regional de Áncash. Ellos piensan que estas organizaciones
son fundamentales para “sensibilizar” a la población en lo que concierne al uso del agua, pero
estiman que no han recibido el debido respaldo de la sociedad política en Áncash. Esta
evaluación – como vimos antes – también es compartida por la ALA de Huaraz.
Sin embargo, la interpretación de los glaciares como fuentes de recursos hídricos es también el
reverso de la pérdida de la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos de su capacidad para
realizar obras de seguridad de lagunas y prevención de desastres de origen glaciar; ella
consolida, así, los intereses por el agua, sobre todo desde que comenzó a formar parte del
INRENA, a fines del siglo pasado. En ese sentido, el trabajo de la UGRH permite monitorear

29
Diálogo con Alejo Cochachín, Coordinador de la UGRH (febrero, 2016)
30
Fernando Chiock, Director de Conservación y Planeamiento del Recurso Hídrico, ANA (abril, 2016)
31
Más precisamente, se espera que el Proyecto Especial Chinecas influya en la expansión agrícola de, al menos, 44,
220 has bajo riego, en los valles costeños de Santa, Lacramarca, Nepeña, Casma y Sechín (Allpa, 2009: 6).
32
Diálogo con Alejo Cochachín, Coordinador de la UGRH (febrero, 2016)

37
lagunas peligrosas, pero no realizar obras de seguridad para contenerlas; sus miembros refuerzan,
adicionalmente, una narrativa de los glaciares como “recurso hídrico”, pero no tiene
competencias de gestión del agua, ya que esto está a cargo de las oficinas descentralizadas de la
ANA. Podemos decir, entonces, que la incorporación de la UGRH a la ANA ha representado
para esa institución una suerte de “inclusión excluyente”: en la práctica, su actividad
institucional fortalece las narrativas de los glaciares y las lagunas glaciares como fuentes de
agua, pero no le corresponden las obras de seguridad para prevenir aluviones procedentes de
lagunas glaciares.
Existen problemas de redistribución que también le han impedido a la Unidad de Glaciología y
Recursos Hídricos desempeñar plenamente sus funciones a escala nacional. El hecho de que la
UGRH tenga su sede principal de operaciones en Huaraz, es algo que significa, sin duda, una
oportunidad para la Cordillera Blanca, que concentra la más grande cadena montañosa de
cubierta glaciar del mundo (Vuille et al., 2013: 5). Pero, al mismo tiempo, las dificultades
presupuestales que tiene dicha unidad para monitorear los más de 2 679 glaciares distribuidos en
19 cordilleras del Perú, impide que pueda realizar sus actividades en otras regiones glaciares,
como ocurre, por ejemplo, en Arequipa: en opinión de su actual coordinador, la UGRH cuenta
con “equipos obsoletos” y “pocos recursos” para realizar sus tareas. En el Cusco, en cambio, la
unidad ha recibido el “apoyo incipiente” para trabajos de investigación por parte de la
Universidad San Antonio Abad del Cusco y, en grado menos, del SERNANP y del Gobierno
Regional. Existen, pues, regiones glaciares en el Perú que todavía no han recibido una debida
atención por parte de la comunidad política. En ese escenario, la UGRH tiene la expectativa de
descentralizar sus oficinas para realizar sus actividades de investigación y monitoreo en
diversas regiones glaciares, de manera análoga a las oficinas descentralizadas de la ANA (ALA
o AAA) para la gestión de los recursos hídricos. El reto es enorme allí donde el poco respaldo
político, aunado a ciertas privaciones económicas, pone a prueba el trabajo de esta institución
en las zonas de alta montaña de todo el país.
En ese contexto, los responsables de la ANA ven la intervención del INAIGEM como un desafío
a su poder sobre los glaciares y también como un indicador del poco apoyo político del Estado
peruano al trabajo de la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos:
“Lo que sí ni la ley de la creación de INAIGEM ni las personas que tuvieron esa idea de crear
este instituto vieron por conveniente que esta unidad sea fortalecida y retome el camino que tenía
antes y que tenga importancia; de repente, es porque el MINAM es quién plantea la creación y
nosotros pertenecemos al MINAGRI. Además, la ley sale de una forma muy apresurada para
mostrar en la COP 20 qué se está haciendo en el Perú frente al cambio climático, sin importar si
existe una oficina de glaciología: dejando todo eso de lado, crea un instituto, ¿no? Además, ha
pasado un año y esa institución no tiene reglamente: están trabajando a la deriva, sin funciones
planteadas; se están metiendo en varias cosas: monitoreo de glaciar, evaluación de lagunas y
quieren entrar en el tema de ejecución de obras. Pero no hay funciones definidas en esta oficina.”
Alejo Cochachín, Coodinador de la UGRH

38
Las rivalidades entre estas dos instituciones a nivel político se han traducido también en
competencias económicas. El coordinador actual de la UGRH manifiesta que, desde Lima, el
MINAM ya ha pedido a la ANA “aclarar el rol y el lugar que tiene esta unidad en el MINAGRI”.
A su vez, el INAIGEM ya ha contratado a dos personas que trabajaban en la UGRH. Por ello,
una de las preocupaciones principales del coordinador actual es que la UGRH pase a formar
parte, en algún momento, del INAIGEM. Sin embargo, las respuestas del ANA, con sede en
Lima, no se han hecho esperar y ello ha dado lugar también a conflictos interinstitucionales a
escala nacional:
“El impacto de la creación del INAIGEM es que tenemos dos personas menos en la Unidad de
Glaciología, porque se han ido a trabajar en el Instituto. Prácticamente, les ofreció más dinero, y
les dijo: ‘Oye: véngase a trabajar con nosotros. Pero, en la práctica no están haciendo nada: no
tienen equipo, no tienen presupuesto; no sé cómo estarán haciendo.”
Fernando Chiock, Director de Conservación y Planeamiento del Recurso Hídrico, ANA

A estos problemas se añaden las relaciones de poder que existen al interior de la propia ANA, las
cuales activan fracturas regionales o sociales históricas entre Lima y las demás regiones, como
las que existen entre los responsables de la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos, con sede
en Huaraz, y las autoridades del ANA, ubicadas en la capital. Mientras los primeros, apoyados
en su experiencia de investigación y de seguridad en lagunas glaciares en el Callejón de Huaylas,
reclaman una relativa autonomía laboral y piden, implícitamente, a las autoridades de Lima
ofrecerles un debido reconocimiento, estos últimos exigen a aquéllos modificar sus
disposiciones, hábitos o prácticas sociales para que puedan adecuarlas plenamente a los fines de
un Estado que centraliza sus poderes en la capital:
“Se comenzó a establecer un canal de comunicación con los encargados de la unidad en Huaraz
desde el 2012. Muchas veces, no se sabía qué pasaba con la vida de ellos. Hemos tratado de
romper este aislamiento que ellos tenían. Pero, estamos en una lucha, porque a veces tienden a un
aislamiento. Muchas veces, ellos se han sentido independientes. Tiene que ver con la cultura de
cómo ellos se han formado: son el patito feo, se sentían no considerados y, por tanto, no tenían
ninguna obligación hacia la institución. Ellos no se toman la molestia de decirte: ‘Oye, ¿sabes
qué? A mí me parece que esto se debería hacer.’ Porque, ya de por sí, piensan que nadie los va a
escuchar: ‘como nadie me va a escuchar, ¿yo para qué pierdo mi tiempo acá?’ – piensan. Yo creo
que el hecho de que ellos estén en esa oficina y no ven todo lo que tenemos que hacer acá para
que tengan presupuesto, todo lo que cuesta trabajar y convencer a los jefes, piensan que no hay
interés de la institución en su trabajo. Pero, hay que hacerles comprender que no trabajan solos,
sino que forman parte de una estructura [institucional], para que trabajen por resultados,
comiencen a obtener productos y no solo realicen actividades repetitivas. Por ejemplo, ellos solo
hacen monitoreo […]. Pero, hay cosas que han ayudado tratar de integrarlos un poco más. Pero,
yo creo que todavía falta mucho trabajo: es muy difícil integrarlos, cuando realmente hay poco
tiempo: porque, por ejemplo, en mi caso, yo no estoy realmente en este tema por falta de tiempo.
Ahora, lo que se ha hecho es que haya otra persona que coordine otras cosas.”
Fernando Chiock, Director de Conservación y Planeamiento del Recurso Hídrico, ANA

39
Estas fracturas sociales, culturales y geográficas han tenido un impacto importante en diversas
instituciones públicas del país y, de manera particular, podrían afectar también la respuesta de
la ANA al cambio climático en el mediano y largo plazo. Así pues, si los responsables de la
Unidad de Glaciología en el Callejón de Huaylas se sienten ignorados por quienes toman
decisiones políticas de Lima, existen menos oportunidades de que encuentren motivaciones
fuertes para identificarse y cooperar plenamente con los fines del Estado: solo quienes se sienten
plenamente respetados y valorados por sus aportaciones sociales, tendrán más motivaciones para
actuar con arreglo a los fines públicos de su institución. Pero si a esto agregamos el recorte de
gasto público que ha experimentado esta unidad en el contexto de las reformas neoliberales,
entonces los problemas de redistribución agravan los déficits de reconocimiento ya existentes:
disponer de un debido presupuesto para la investigación y el monitoreo de miles de glaciares y
lagunas glaciares del país, es también una manera de otorgarles respeto y aprecio a las personas
de esta unidad y comprometerlas con el quehacer institucional en un contexto de cambio
climático. Tras haber intuido este problema, Fernando Chiock señala que la ANA ha decidido
hacer mejoras en las remuneraciones del personal de la Unidad de Glaciología; ciertamente, esto
ayuda a reducir los déficits de reconocimiento y redistribución, pero no asegura del todo el
compromiso del personal de esta unidad: mientras persista el recorte presupuestal para la
realización de actividades y sus integrantes no se sientan plenamente incluidos en los procesos
de toma de decisión de las esferas públicas de Lima, esta unidad tendrá serias dificultades para
sobrevivir en Huaraz - sobre todo, en un escenario político que la coloca, por así decirlo, en una
situación institucional marginal. En cualquier caso, la suerte de la Unidad de Glaciología y
Recursos Hídricos será una de las piedras de toque de la prevención de desastres de origen
glaciar de la sociedad política peruana, así como uno de los indicadores institucionales que
permitirá examinar, críticamente, hasta qué punto el gobierno peruano de turno, más allá de
presiones globales de corto plazo, se ha comprometido realmente con la adaptación al cambio
climático en el mediano y largo plazo.
A una escala mayor, hay procesos que pueden fomentar la cooperación entre la ANA y el
Proyecto Glaciares +. La ANA ha encontrado, en instituciones transnacionales como el Instituto
de Investigación para el Desarrollo (IRD, por sus siglas en francés), la Universidad de Zúrich o
CARE-Perú, la Universidad de Ohio y Universidades australianas, oportunidades para fortalecer
sus capacidades institucionales en temas como glaciares, hidrología y riesgos, respectivamente:
su personal no solo ha participado en diferentes programas de formación académica organizado
por estas universidades, sino que tienen expectativas de compartir conocimientos y acciones con
ocasión del proyecto Glaciares +. Otros procesos nacionales han ayudado a acoplar las agendas
políticas con las preocupaciones globales: la ley de recursos hídricos del 2008 hizo posible
también que la ANA pueda disponer con mayor facilidad de la información meteorológica
obtenida por el SENAMHI, particularmente en lo que respecta a “escenarios de cambio
climático”. Asimismo, las expectativas desatadas por la COP 20, un evento internacional que se
desarrolló en el Perú en el 2014, generaron fuertes presiones políticas para incorporar la
adaptación al cambio climático como una forma de afrontar los retos del desarrollo en el país
(Namihas, 2014). En ese contexto, la ANA tiene como una de sus prioridades específicas obtener
mayor información sobre el cambio climático en la Amazonía y, sobre todo, elaborar
investigaciones sobre los impactos de las sequías en diferentes cuencas peruanas, porque estiman
40
que estos eventos climáticos extremos, a diferencia de las inundaciones, producen
vulnerabilidad, pero no han recibido todavía la debida atención por parte de la comunidad
científica.
En general, el cuadro 4, que se muestra abajo, resume la posición de la UGRH en las relaciones
de poder de la sub-cuenca de Quilcay: a pesar de haber acumulado conocimientos en
glaciología por décadas, su capacidad para movilizar personas y recursos, así como para
alterar la distribución de los recursos naturales en la sub-cuenca, es actualmente baja. La
aparición del INAIGEM también ha dejado en una situación incierta a la UGRH y la adhesión
de esta unidad a la ANA la ha conducido a focalizar más la relación entre la climatología y la
hidrología. La institución mantiene, empero, bastante activo su capital social, a través de la
cooperación con instituciones nacionales y extranjeras en materia de investigación y producción
de conocimientos sobre glaciología y recursos hídricos, como ocurre en Cusco, incluyendo
explícitamente expectativas de trabajo conjunto con la Universidad de Zúrich y CARE-Perú.

41
Cuadro 4: Toma de posición del actor y ubicación en la estructura de poder del ámbito de estudio

42
e. El Gobierno Regional de Áncash

El Gobierno Regional de Áncash enfrenta una crisis política seria que milita contra el
cumplimiento de sus funciones públicas. El ex gobernador regional, César Álvarez, quien asumió
el cargo entre el 2007 y el 2014, tuvo prisión preventiva por tres años, tras haber sido acusado de
corrupción, tráfico de influencias en el poder judicial y malversación de fondos públicos. El caso
tuvo tal impacto mediático en el Perú que, entre el 2015 y 2016, diversos diarios peruanos y
canales de televisión, que tienen el hábito de convertir las malas noticias en buenas noticias, le
dedicaron decenas de artículos y reportajes periodísticos.33 Asimismo, el gobernador actual de
Áncash, Waldo Ríos, fue declarado, en marzo de este año, como “reo contumaz”, debido a
denuncias en su contra por el “presunto delito de peculado”.34
Esta situación política del gobierno regional de Áncash debe comprenderse en el marco de la
consolidación y el crecimiento de las redes encubiertas de corrupción y poder a escala nacional,
que se produjeron durante el presidencialismo autocrático o autoritario del régimen político de
Fujimori. La corrupción – entendida como la capacidad de hacer uso de los bienes públicos para
fines estrictamente privados, al margen de reglas aceptadas por todos - siempre ha sido un
problema estructural e histórico de la sociedad peruana, pero alcanzó una expresión sin
precedentes durante el periodo de deterioro y anomia institucional que caracterizó a esta “década
de la anti-política”: “Las áreas estratégicas del sector público y las instituciones del Estado se
vieron profundamente infiltradas. Una parte importante de la élite política y económica del Perú
estuvo seriamente involucrada […] Nunca antes en la historia peruana había sido posible obtener
una imagen intestina que ilustrara tan clara y detalladamente el funcionamiento clandestino de la
corrupción” (Quiroz, 2010: 370).
Esa ruda mezcla de neoliberalismo y corrupción pone condiciones a que las políticas de
prevención de desastres, en un contexto de cambio climático, se realicen de acuerdo con las
exigencias normativas de un Estado. El Gobierno Regional de Áncash, por ejemplo, ha
conformado una “Plataforma Regional de Defensa Civil”, integrada por diversas instituciones
públicas y privadas de Áncash, para afrontar principalmente los peligros potenciales de la laguna
Palcacocha. Pero, dado que el gobernador actual se encuentra prácticamente inmovilizado por las
instituciones de justicia, su institución tiene poca capacidad para movilizar recursos y personas, y
- como veremos más adelante - existen ciertas rivalidades entre las diversas instituciones
públicas y privadas de Áncash para organizar la cooperación y afrontar los peligros de la laguna

33
Cf.: http://larepublica.pe/buscador?buscando=cesar+alvarez; http://elcomercio.pe/buscar/c%C3%A9sar+alvarez

34
Cf.: http://larepublica.pe/buscador?buscando=waldo+r%C3%ADos. Cuando intentamos reiteradamente hacer
una entrevista, la respuesta del gobernador regional fue contundente: “Mire, yo le voy a ser franco, le voy a decir
la verdad: sé que le he fallado a varias veces; pero tengo un problema que me inmoviliza y no me permite salir: me
acaban de declarar reo contumaz; no puedo hablar con quien quiera; quisiera hablar con usted para decirle todo lo
que ha pasado, no solo sobre la laguna Palcacocha: hay muchas cosas que conversar; pero me lo prohíben.”
Comunicación personal con Waldo Ríos, Gobernador Regional (marzo, 2016)

43
Palcacocha, las posibilidades de alcanzar consensos o reducir disensos para las tareas de
prevención de desastres y reducir la vulnerabilidad de la población frente al cambio climático,
son débiles o remotas. En otros, estas tareas pueden estar inspiradas por otras motivaciones,
como la necesidad de contar con el apoyo político de los electores. Así lo expresa la autoridad
actual del gobierno local de Huaraz:
“Los gobiernos regionales de acá siempre han usado Palcacocha para sacar plata. Discúlpeme que
sea, así, de frío: ‘¡Se viene Palcacocha!’ Alarman y piden presupuesto de emergencia y se tiran la
mitad y la tercera parte de la plata, y ya está […] El Gobierno Regional también está consciente
de que es una emergencia; pero el problema del Gobierno Regional, acá, en Huaraz, [es el
siguiente]: yo lo aplaudiría si lo hiciera por conciencia, o sea, hacemos la carretera (14 km) para
tratar de desaguar la laguna, etc. Pero, en realidad - te soy sincero, ¿no? -, lo hacen porque allí se
mueve plata, pues, plata que no se controla; y, al no controlarse la plata, hay réditos económicos
para los que hacen esa obra. Ese es el gran problema de nuestro gobernador ahorita: donde hay
mosca, allí [él] está; donde no va a sacar nada, no hace nada.”
Vidal Spinoza Cerrón, Alcalde de la Municipalidad Provincial de Huaraz

La idea práctica de que el proceso político no es que más que la carrera por acumular ventajas
competitivas, al margen o a pesar de las leyes públicas, parece, pues, haber venido para quedarse
en Áncash. Esa lógica de maximización de beneficios o ganancias personales por la que los
políticos buscan, como si se tratase de un negocio, maximizar ventajas propias y protegerse de
los que consideran sus potenciales rivales, entraña el riesgo de subordinar cualquier política de
prevención de desastres, e incluso las denuncias contra la corrupción, a la lógica reduccionista de
la “eficacia” y el “pragmatismo político” de corto plazo. Luego, esta concepción desarrollista de
la política hace referencia a una lista de condiciones socioeconómicas que, una vez alcanzadas,
van a dar lugar a una suerte de justicia social. Pero, el caso muestra que, así como el provecho
propio puede enmascararse detrás de la política pública que busca proteger o mejorar las
condiciones socioeconómicas de vida de la población, la prevención de desastres también puede
estar desligada de los fines prácticos de un Estado, sobre todo cuando está desbordado por la
acuciante premura de atender otros sistemas de necesidades de una población cada vez más
creciente y demandante. El proceso político en la región de Áncash enfrenta la paradoja de haber
asumido la responsabilidad política de mejorar las condiciones de vida de la población en
cuestiones ambientales, sin tener la capacidad para hacerlo:

44
“La implementación de todas las funciones fueron transferidas del gobierno central al gobierno
regional. Pero no se ha podido avanzar mucho porque no hay la voluntad política de una
transferencia real de la parte central hacia la región. Entonces, todo se habla a nivel normativo sin
un apoyo presupuestal del Gobierno Central. Ahora, hay una transferencia de funciones sin
presupuesto. Por ejemplo, para comenzar esta dirección, está a nivel de las normas, pero no tiene
presupuesto. Por eso, todo lo que se avanza vuelve a cero. La Gerencia de Recursos Naturales y
Medio ambiente igualito: está en cero. Es la cuestión ambiental la que no recibe apoyo. No hay
una voluntad política que haga funcionar la normatividad ambiental a nivel nacional. Entonces,
no se puede trabajar, no se puede implementar nada. ¿Qué haces con la norma? Lo único que
haces es gestión, pero está a la deriva, tiene sus altos y bajos. Puedes conseguir algunas alianzas
estratégicas con otras instituciones para tratar de implementar las normas ambientales. Pero, si
hacemos un balance, eso significa 1% de avance y esto no significa nada.”
Miguel Ángel Castro Palma, Director de Recursos Naturales y Asuntos Ambientales Agrarios, del
Gobierno Regional

El gobierno regional de Áncash carece, pues, de la capacidad para supervisar la toma de


decisiones democráticas y poner en práctica sus resultados, al menos en lo que refiere a la
prevención de desastres de origen glaciar. Por lo tanto, más allá de lo que pueda hacer o no, lo
cierto es que sus efectos son menores con independencia de todos sus intentos por cambiar el
estado de cosas.

f. Los gobiernos locales de Huaraz e Independencia y la Mancomunidad Waraq

Los gobiernos locales de Huaraz y de Independencia son también dos actores principales del
ámbito de estudio. Con una extensión de 2 493 km2 y una población total de 147 463 habitantes,
la municipalidad provincial de Huaraz cuenta con 12 distritos. En el ámbito de estudio, uno de
estos distritos es Independencia, que cuenta con una extensión de 302 96 km2 y una población de
61 705 habitantes, una de las más altas concentraciones poblaciones de la provincia (INEI,
2007).
Las autoridades de ambos gobiernos locales han enfrentado distintas dificultades al asumir las
gestiones. El alcalde actual de la Municipalidad Provincial de Huaraz expresa cómo el problema
de la corrupción es una herencia con la que tiene todavía que lidiar:

45
“Tú sabrás que la corrupción, en Huaraz y en la región, está metida hasta por lo demás. ¿Tú por
qué crees que [César] Álvarez está preso? El alcalde anterior, acá, en Huaraz, se ha hecho
millonario - más de lo que era porque ya era millonario. Entonces, a este alcalde yo ya le he
planteado como 7 juicios. Yo no, el procurador casi lo mete a la cárcel. Le costó 70 mil soles
pagar para que no lo metan a la cárcel, porque estaba ya con pedido de prisión preventiva. El
cargo era colusión, peculado, falsedad genérica, por haber recibido una carta fianza bamba, para
beneficiar el consorcio Huaraz, que empezó el agua y desagüe en todo Huaraz. Le pagó, de los 11
millones que costaba la obra, 10 millones a la empresa, y la empresa recibió y se largó (como su
carta de fianza era bamba [falsa]); y nos ha dejado las calles con un montón de huecos para
acabar la obra. Entonces, yo tenía que hacer dos cosas: Uno: hacerme el tonto, quedarme callado
y que la población me llame ‘¡cómplice!’; y lo otro es denunciar porque también me pueden
denunciar a mí por complicidad, pues. Ese es uno de 7 casos con las mismas características. Yo
podría haber hecho 50 denuncias, pero recién voy 7. Eso ha generado que este pata [hombre] con
toda la plata que tiene compre gente: ha comprado a dos de mis regidores que me tienen hasta acá
[que me tienen harto], todos los miércoles que nos reunimos; él ha comprado prensa, ha
comprado sin vergüenzas que son agitadores y hacen bulla por cualquier cosa sobre mi gestión.
Yo estoy al borde del filo: como sea, estos patas van a buscar tumbarme.”
Vidal Spinoza Cerrón, Alcalde de la Municipalidad Provincial de Huaraz

En la escala de prioridades de la municipalidad, la prevención de desastres de origen glaciar


ocupa un lugar menor; las prioridades pasan por preocupaciones desarrollistas de cómo asegurar
algunas necesidades básicas mínimas la población (servicios de agua y desagüe en zonas
urbanas, construcción y mejoramiento de carreteras), y cómo atraer el turismo en la provincia:
“Antes de que yo llegara al cargo, vivíamos en una sociedad con muchas necesidades. Una
sociedad que debía ser turística no lo era. ¿Qué hago? La única forma de servir más a mi ciudad
era postulando a ser alcalde; y me empeñé en dos candidaturas. En la segunda la agarré, y estoy
acá. Estoy haciendo lo que creo que se debería hacer en Huaraz, ordenar, cambiar, limpiar,
hacerla turística.”35
El alcalde provincial se refiere, además, a otros problemas políticos de mayor escala que desafían
el poder de los gobiernos locales para movilizar recursos y personas. En medio de múltiples
medidas de desregulación y reducción de gasto público, surgen pugnas o rivalidades entre el
gobierno nacional de Lima y las autoridades del Callejón de Huaylas: “Tenemos un centralismo
limeño terrible. Antamina produce 800 millones – creo – anuales, y 400 se queda en Lima:
solamente 400 se quedan para los cánones. Esas cosas te hacen volver rebelde o te hacen
reaccionar. Es más, hay una corriente revolucionar, no pro-partidaria, sino de forzar: yo día una
idea de pedir que todo el dinero del impuesto vuelva a su sitio. ¿Por qué tiene que quedarse Lima
con la mitad del impuesto a la renta? ¿Por qué? Lima tiene impuestos hasta por gusto; tiene la
tercera parte del Perú y el 70% de las industrias. Entonces, ¿para qué necesitan succionar el
canon de los departamentos donde nos faltan recursos? Estas son las trabas que tenemos los
alcaldes.”

35
Diálogo con Vidal Spinoza Cerrón, Alcalde de la Municipalidad Provincial de Huaraz (febrero, 2016)

46
Desde ese punto de vista, la distribución del presupuesto se descentraliza hacia las regiones, pero
se sigue concentrando en Lima. Estas dificultades, junto con el recorte presupuestal por canon
minero que existe actualmente a nivel nacional, ha conducido a que, tras experimentar presiones
locales por la realización de obras, diversos alcaldes de la Asociación de Municipalidades del
Perú (AMPE) manifiesten una muestra de contrapoder a lo que consideran una mala
redistribución: “Lo único que se ha planteado es organizarnos bien y llevar propuestas
legislativas. Una de ellas es obligar a que el gobierno central devuelva todos los departamentos
los recursos del canon, pero al 100%, no al 50%. Esa decisión parece subversiva, pero, ¿qué
vamos a hacer? Porque no podemos, pues: la gestión anterior manejaba 50 millones, pero
nosotros no tenemos ni 5 millones.” Este es otro ejemplo de cómo las fracturas socio-culturales y
políticas siguen moldeando la historia de las relaciones entre estos gobiernos locales y el
gobierno central peruano.
La prevención de riesgos y desastres ocupa un lugar secundario en las prioridades políticas de la
municipalidad, pero no siempre corresponde con las expectativas sociales de la población. Con
ocasión de las obras de seguridad de la laguna Palcacocha, la gente hace saber que sus
preocupaciones son diferentes a las de la municipalidad: “Cuando uno les habla a las personas de
Huaraz de que Palcacocha es un peligro, ese día escuchan; pero pasan 24 horas y se olvidan. La
población culta, que tiene conciencia de esto, no pasa del 15%. El resto vive en otros espacios,
que yo entiendo, ¿no? La necesidad, tú sabes: ¿Qué voy a pensar en Palcacocha si no tengo un
pan para mis hijos? O sea, también hay que entender, también: la gente vive el día a día, el pan a
pan, el que tenga plata para su colegio, para su alimentación del chico, o sea, están más en eso.
Yo los entiendo, ¿no? Tampoco puedo ser un…No tienen que comer, ¿les voy a pedir que
piensen en Palcacocha? El poblador común de Huaraz está preocupado por sus necesidades
básicas: primero comer y vestirse, y, luego, en sus casas y otras formas de tener trabajo. La
agricultura ha bajado muchísimo, sobre todo en la Cordillera Negra porque no hay agua. En
cambio, la responsabilidad de quienes somos pensantes tenemos que preocuparnos en
Palcacocha. Porque en el momento que pase, van a decir: ¿qué hicieron?”36
Por un lado, el alcalde reconoce que la prevención de desastres es una acción más útil para
proteger su legitimidad como autoridad municipal que para prevenir la muerte de miles de
personas. La prevención de desastres aparece, así, como una respuesta de corto plazo en un
contexto de presiones también por velar por la seguridad de la población frente a los peligros de
las lagunas peligrosas. Por otro lado, la autoridad de Huaraz comprende también que los fines
que se da a sí misma la mayor parte de la población de su provincia van por un camino diferente
a los fines de su institución con respecto a los desastres, demandando mejorar sus condiciones
socioeconómicas. Pero, al asumir que es la sociedad culta, diríase educada, la que debe hacerse
cargo por aquello que se piensa que necesitan las demás personas, asume, implícita o
explícitamente, que quienes no se preocupan por su seguridad frente a posibles desastres, son
personas caracterizadas por su incultura o ignorancia, al margen de toda comprensión crítica de
lo que ellas realmente piensan o hacen por sí mismas. El problema es que, a partir de esos
supuestos o prejuicios – que no son más que proyecciones - se confunde, muchas veces, lo que es

36
Diálogo con el alcalde provincial de Huaraz (marzo, 2016)

47
bueno y valioso para los demás con lo que, al fin de cuentas, es deseable o tiene sentido para uno
– en este caso, al menos, para la propia autoridad. Sin embargo, el hecho de que la gente no
necesariamente comparta – como aclara el alcalde insistentemente – la prioridad de la
prevención de los desastres, plantea la necesidad de reconocer los límites del propio discurso
acerca de quiénes son los demás y qué es lo que realmente necesitan, lejos de los fines que ellos
mismos consagran en su vida práctica.
El posicionamiento de muchos habitantes urbanos frente a la prevención de riesgos y desastres
de origen glaciar permite ilustrar también más claramente lo anterior. La municipalidad
provincial mantiene también una relación más o menos fluida con los habitantes urbanos del
distrito de Huaraz, mediante las Juntas Vecinales de Seguridad Ciudadana, que suman 35 en
total. Pero, el alcalde señala que solo cuatro de estas organizaciones urbanas – Villón Bajo,
Predio II de Quechcap, Pedregal y Tacllán Sur – están cumpliendo su trabajo a cabalidad en
materia de seguridad ciudadana. Además, precisa que todas estas organizaciones sociales
urbanas no comparten, a decir verdad, los mismos fines de la municipalidad en materia de
prevención de desastres de origen glaciar: “Solo cuando nosotros avivamos el tema, la gente se
preocupa por Palcacocha. Solo cuando yo o el presidente regional o el jefe de Defensa Civil sale
por los medios [de comunicación] e informa, ese día dicen: ‘¿Qué han hecho?’ ¿Dónde están las
autoridades? [Pasan] dos días y dicen ‘¡chao!’: se olvidaron.”37
Uno de los responsables de la gestión de riesgos de la municipalidad reconoce, de una manera
semejante pero distinta, los límites de esa pretensión, a la luz de su experiencia más reciente en
el trato directo con los habitantes urbanos de Huaraz: “Nosotros hemos estado haciendo obras de
prevención allí donde puede haber riesgo. Detectamos que, en el río Seco, podía haber un riesgo
alto en Huaraz, como en otros sitios, donde existen invasiones; en el río seco, donde, como dice
la ANA, no debería haber vivienda. Pero, lamentablemente este es un problema social. Ha
habido invasiones, lo sigue habiendo: hace cuatro días ha habido invasión por la urbanización de
El Pinar. No lo hacen por necesidad, sino porque quieren tener más […].38 La municipalidad ha
estado trabajo estrechamente con la ANA para evitar invasiones en las riberas del río Santa y del
río Seco, pero - como se ha visto antes – los resultados no han sido promisores.
La respuesta de las comunidades campesinas, que mantienen sus demandas de servicios básicos,
plazas, carreteras e infraestructuras, no parecen demasiado alejadas de la toma de posición de los
habitantes urbanos frente a la prevención de riesgos y desastres de origen glaciar: “En el tema de
Palcacocha, las comunidades campesinas no tienen nada que ver. A la cordillera negra no le
importa: ellos van a ver nomás. Y en la Cordillera Blanca, con que tengan su agua es
suficiente.”39 Y el hecho de que las comunidades campesinas persistan en sus prioridades
relacionadas con el manejo del agua, pone también condiciones a cualquier acción de prevención
de desastres de origen glaciar por parte del gobierno local. En general, la relación con las
comunidades campesinas es muy distante. El alcalde aduce que, a menudo, las prioridades de la

37
Diálogo con el alcalde provincial de Huaraz (marzo, 2016)
38
Diálogo con David Paredes (44 años), Jefe de la Oficina de Gestión de Riesgos y Desastres de Defensa Civil de la
Municipalidad Provincia de Huaraz.
39
Diálogo con el alcalde de la Municipalidad Provincial de Huaraz (marzo, 2016)

48
creciente población urbana del distrito y la necesidad de gestionar proyectos y buscar recursos en
Lima tienen, a menudo, más peso que atender las expectativas sociales de las poblaciones
campesinas. Pero, agrega que la discriminación cultural también está presente en su propia
institución:
“Para el huaracino, el del campo es cholo. Pero, no se ha perdido la discriminación hacia el cholo,
siendo el cholo nosotros. Entonces, por ejemplo, hay secretarias que tengo acá, que proceden del
campo, ah, y muchas de ellas han sido de mi campaña. Pero, ya se ponen el saquito y la camisita
blanca y cholean a sus paisanos que vienen acá. Esa es una tradición de la municipalidad y de
todas las instituciones del Estado. Ese es el divorcio que hay. Yo trato de evitar esto, pero estoy
lejos de la población, porque no tengo tiempo. Ayer, tenía cuatro agendas con centros poblados;
pero me llamaron de Lima: no voy a Lima, pierdo colegios.”
Vidal Espinoza Cerrón, Alcalde de la Municipalidad Provincial de Huaraz

En efecto, en el Callejón de Huaylas, han existido, históricamente, patrones de valor cultural,


profundamente arraigados, que producen jerarquías de estatus en perjuicio de la población
campesina, impidiéndole ejercer plenamente su ciudadanía en las esferas públicas (Stein, 1988;
Thurner, 1997). Como se aprecia en el testimonio, esta injusticia cultural persiste y se produce
cuando una persona campesina se acerca a una oficina pública y se le niega el ejercicio de sus
derechos, porque hasta el personal de atención asume, implícita o explícitamente, que ella no
merece un trato debido. Es decir, existen desigualdades categoriales o estamentales instaladas en
la política pública que impiden la democratización. Para que esas situaciones empiecen a dejar
de existir, es necesario, en primer lugar, evidenciarlas, luego, analizar sus causas y, de esta
manera, desnaturalizar y deconstruir las creencias que las sostienen. Hacer visible cómo
funcionan los prejuicios y estereotipos culturales al interior del Estado y en su relación con
determinados ciudadanos y ciudadanas, es una tarea de la que no se puede prescindir en las
acciones de prevención de desastres de origen glaciar, porque los prejuicios raciales y culturales
que han denigrado, de manera velada o explícita, a la población campesina, se han convertido
también en una de las causas de fondo de su vulnerabilidad a los desastres (Oliver-Smith, 1977a,
2002: 150-152). Ninguna prevención de desastres será justa y sostenible en el largo plazo si no
se funda en la eliminación de las desigualdades categoriales de la política pública y en el
reconocimiento positivo de la diversidad cultural: tendrán menos motivaciones para cooperar con
la prevención de desastres de origen glaciar, aquellas poblaciones que se sienten ignoradas,
estigmatizadas o inferiorizadas por las instituciones que tienen la responsabilidad política de
garantizar el respeto por su dignidad humana.
En el otro lado del espectro político, el alcalde de la Municipalidad Distrital de Independencia
también está preocupado por el recorte presupuestal por concepto de canon; pero, a diferencia de
su homólogo de Huaraz, asegura que algunos gobiernos locales no supieron tampoco aprovechar
los recursos obtenidos durante los años de mayor expansión minera en Áncash: “Si se tuvo tanto
dinero, ¿por qué no se obtuvo el impacto esperado? Porque el impacto no está en hacer obras
grandes, sino en que las obras deben servir a la sociedad. En las gestiones anteriores, hubo
demasiado presupuesto. Nuestra región fue beneficiada del canon minero. Desde el 2004,

49
empezó a tenerse un canon bastante sobre saltante. Hasta el 2010, lograron tener,
aproximadamente, 156 millones de soles como canon. Luego, empezó cierto decaimiento, pero
no tan abrumador, porque todavía podía hacerse mucho más. Del 2011 al 2014, la municipalidad
obtuvo como transferencia de 98 millones, y nuestra proyección es trabajar con 23 millones.”
En ese sentido, la incapacidad para administrar y redistribuir recursos pone límites, pues, al
desempeño del propio Estado, incluso en las mejores épocas de crecimiento económico. Más que
un problema de recursos - que es siempre dependiente del carácter fluctuante de la economía
política de materias primas en un país primario exportador como el Perú -, el alcalde estima que
el problema ha sido que muchos de los proyectos ejecutados se realizaron básicamente para
manipular indicadores de desarrollo, generando más problemas que soluciones:
“Acá lo que primaba era: ejecuta la obra empresario. No importa si va a servir o no al campesino.
Solo se buscaba tener un contratista de la obra, sin planificación. Era un enfoque consumista. Lo
que se quiso es gastar todo el dinero y no se pensó en la rentabilidad social del proyecto. Lo único
que se quiso es que las cifras bajaran ante un burócrata y funcionario del Ministerio de Economía
y Finanzas, para que supuestamente se diga que supuestamente está superado el saneamiento
básico de un distrito. Fríamente, para un director de economía y finanzas, fríamente para un
burócrata esta municipalidad había invertido muy bien, sin ponerse a pensar si realmente era útil
para el campesino. Pero, el usuario no salía de su pobreza, sino que generaba más pobreza.
Porque le llevaste una obra sobre la que hoy tiene que gastar más. Si se han hecho obras de agua,
desagüe y electrificación, ha sido para gastar el dinero, pero mal. Por ejemplo, si no funcionan las
tuberías, hay que comprar otras tuberías, y el gasto no lo asume la municipalidad, sino el
campesino.”
Eloy Alzamora, Alcalde de la Municipalidad Distrital de Independencia

Pese a ello, el alcalde de independencia estima que, aun con recursos limitados, es posible llevar
a cabo obras que tengan impacto social. Las prioridades de la municipalidad distrital se reúnen
en una lista de mejoras de condiciones socio-económicas (principalmente, servicios básicos,
mejoramientos y mantenimientos de carreteras y electrificación). El alcalde busca expandir obras
de infraestructura (servicios de agua potable y pavimentación de carreteras) en áreas rurales para
fomentar lo que él llama “descentralización urbana”, a fin de reducir las brechas de desigualdad
de acceso a servicios entre estas zonas y las zonas urbanas. Pero, la autoridad municipal aclara
que las obras tendrán resultados siempre que estén guiadas por el saber experto, el conocimiento
técnico y, sobre todo, la “planificación”:
“Uno, como profesional, se ve frustrado cuando vemos autoridades que se orientan hacia un
camino diferente a la ciencia, al conocimiento, e imponen sus decisiones, sabiendo que sus
resultados no van a ser sobresalientes, porque estos no corresponden a conocimientos técnicos y
científicos. Veía que las autoridades tomaban una decisión más autoritaria que racional, porque
no se preocupaban en impactos ni resultados.”
Eloy Alzamora, Alcalde de la Municipalidad de Independencia

50
De manera análoga a la Municipalidad Provincial de Huaraz, el alcalde de Independencia le ha
puesto especial énfasis a las Juntas Vecinales de Seguridad Ciudadana, a partir de la
consideración de que esto fomenta una mayor “inclusión” de la población y su mayor
involucramiento en los asuntos públicos. También aspira a formar Brigadas de Defensa Civil
para afrontar desastres naturales en el futuro.
La municipalidad no ha tenido una relación fluida con el gobierno regional, pero estiman que las
expectativas creadas por esta institución del Estado no han corrido parejas con el mundo de los
hechos:
“No hemos recibido ni un sol del gobierno regional, pero sí mucha ilusión. Existen muchas
contradicciones. Por ejemplo, nos han hecho llamar en muchas oportunidades. Todos los
gobiernos locales de Huaraz estamos trabajando corporativamente. Y con esa unidad, yo he
renunciado a buscar traer todo para Independencia, a pesar de que yo tengo miles de habitantes.
Pero, frente a esa realidad, pero hemos tenido un discurso del gobernador regional y otro discurso
de sus técnicos. Al inicio, nos ilusionaron de que podríamos traer proyectos productivos para
todos. El gobernador dice una cosa y los técnicos dicen otras cosas; nos dice: ‘aterricen porque
esto tiene que pasar por otros canales y estamentos’. Entonces, el tiempo valioso que tenemos con
la población lo mal invertimos. Tiene que haber seriedad; y creo que uno de los componentes del
desarrollo es la sinceridad.”
Eloy Alzamora, Alcalde de la Municipalidad de Independencia

La prevención de riesgos y desastres de origen glaciar ocupa un lugar secundario para la


municipalidad, aunque ella cuenta con mayor capacidad institucional para movilizar recursos y
personas en este sentido, a diferencia de la municipalidad provincial de Huaraz. Sin embargo, el
alcalde considera que, pese a todos los esfuerzos desplegados por la municipalidad para afrontar
riesgos y desastres de origen glaciar, la población no ha expresado todavía su compromiso con
esa medida, pero en parte también porque algunas autoridades no adoptan una posición coherente
ante la población, o se desentienden de sus responsabilidades políticas:
“Yo pienso que la población no está preparada para enfrentar estos peligros. Debemos intensificar
más los simulacros de aluvión y sismos este año. Pero, también a veces es contradictorio lo hacen
las autoridades. Porque muchas veces el vecino me dice: Sr. Alcalde: las rutas de evacuación no
son eficientes, porque si tenemos que evacuar necesitamos los puentes. Ese es el medio de
evacuación más eficiente, y no lo tenemos. Ese conocimiento lo tiene la Presidencia del Consejo
de Ministros y no nos ofrece el apoyo ni del gobierno regional ni del gobierno central.”
Eloy Alzamora, Alcalde de la Municipalidad de Independencia

Como respuesta a esa situación, los alcaldes de Huaraz y de Independencia decidieron juntar
fuerzas con el Instituto de Montaña para formar, en el 2013, la Mancomunidad Waraq, una
entidad de integración y cooperación estratégica que surgió con el fin de gestionar riesgos,
fortalecer capacidades con proyectos productivos, intervenir en proyectos ecosistémicos y
fomentar el turismo en la sub-cuenca de Quilcay. El antecedente de esta organización fue la

51
alianza estratégica entre el Instituto de Montaña y la Red de Municipalidades Rurales Urbanas
del Perú en el 2009, quienes preocupadas por el cambio climático llevaron a cabo un proyecto,
financiado por USAID, llamado “"De las Cumbres a la Costa: desarrollando conciencia y
resiliencia frente al cambio climático en comunidades campesinas y municipios de Cátac
(Provincia de Recuay), Huasta y Aquia (Provincia de Bolognesi), Departamento de Ancash.” El
proyecto buscaba fortalecer las capacidades de autoridades, funcionarios y líderes locales para
fomentar el desarrollo sostenible en zonas rurales mediante la incidencia política (Instituto de
Montaña, 2014: 5-7).
En un contexto de cambio climático, la Mancomunidad Waraq fue una respuesta de ambos
gobiernos locales a las amenazas potenciales de la laguna Palcacocha, considerada como una
laguna con “alto potencial de peligro de desembalse, mientras no se tomen acciones concretas
con proyectos de prevención” (Instituto de Montaña, 2014: 14). Además, esta estrategia era una
reacción al escaso apoyo político por parte del gobierno nacional al Comité Técnico de la
Plataforma de Defensa Civil, integrado por instituciones públicas y privadas, para prevenir las
amenazas a la laguna Palcacocha. Como resultado de ello, la Mancomunidad decidió, entonces,
desarrollar uno de sus proyectos pioneros en gestión de riesgos: el Sistema de Alerta Temprana
(SAT) de Aluviones - un experimento que se ha desarrollado en Áncash desde la década de 1950
y que existe también en la laguna 513, en Carhuaz. Pero, dado que la Mancomunidad Waraq
recién ha sido constituida y, en la práctica, recién ha comenzado a operar este año, todavía es
difícil ponderar su impacto en la sub-cuenca de Quilcay.40 Esta experiencia reciente muestra, sin
embargo, que, en un escenario nacional de desregulación y de reducción de gasto público,
también surgen oportunidades para la integración de las redes de confianza entre ambos
gobiernos locales con el fin de afrontar los retos de la prevención de desastres de origen glaciar.
En efecto, pese al poco respaldo político del gobierno nacional para proporcionar recursos para
estas obras de prevención y las múltiples necesidades de su población que los dos alcaldes deben
afrontar, los dos gobiernos locales del ámbito de estudio se han mantenido bastante activos para
solicitar incluso la cooperación de algunas instituciones transnacionales del escenario global para
la prevención de desastres:
“Realmente, la comunidad sola, con los fondos de Huaraz y de Independencia, no podría sacar el
SAT. Si nosotros tenemos, como Municipalidad Distrital, más de 120 caseríos y 15 centros
poblados, la necesidad de agua, electrificación, vías de acceso, carreteras: todas son necesidades.
Entonces, no nos permitía a los gobiernos locales poder financiar este proyecto tan. Inclusive, en
un momento, se reunieron los dos alcaldes y dijeron: ‘Bueno, si no nos apoya el gobierno central,
vamos a ejecutarlo mita a mita.’ Entonces, es capacidad de gestión: tienes que tocar puertas; se
tocó puertas de Alemania y, finalmente, el Instituto de Montaña, que tiene financiamiento a través
de USAID, y CARE, dieron respuesta positiva. Esto es gestión.”
Teresa Núñez, Gerente de la Municipalidad de Independencia y coordinadora de la
Mancomunidad Waraq

40
Diálogo con Teresa Núñez, gerente de la municipalidad de Independencia y coordinadora de la Mancomunidad
Waraq (febrero, 2016)

52
Así pues, como se puede apreciar en los cuadro 5 y 6, los gobiernos locales de la provincia de
Huaraz y del distrito de Independencia enfrentan un doble imperativo que pone a prueba sus
orientaciones normativas: por un lado, deben ofrecer atender las demandas y presiones locales
que surgen del sistema de necesidades y prioridades de la población; y, por el otro, deben
ofrecer respuesta a los peligros potenciales de las lagunas glaciares, que crecen con la misma
fuerza con que retroceden los glaciares debido al cambio climático; en este último sentido,
ambos gobiernos locales, ven con expectativa seguir contando con el apoyo de la Universidad
de Zúrich y de CARE-Perú para poner en operación el SAT, porque aprecian su capacidad de
“gestión”. Pero, encontrar un equilibrio entre los intereses por las mejoras socio-económicas y
los intereses de la prevención de desastres de origen glaciar es altamente desafiante para ambos
gobiernos locales por varias razones: primero, en el corto plazo, sus prioridades en materia de
prevención de desastres están por debajo de las prioridades desarrollistas de mejorar las
condiciones de vida de la población, a través de obras de infraestructura local y urbana;
segundo, la política pública de la prevención de desastres no corresponde, necesariamente, con
los fines de la población, que persiste en sus demandas de servicios básicos, infraestructuras,
carreteras y seguridad, y, a veces, se puede ver afectada por formas sutiles y suavizadas de
injusticia cultural en perjuicio de la población campesina, como ocurre en la municipalidad de
Huaraz; por último, la falta de apoyo político del gobierno nacional, incluyendo la reducción
del gasto público en un escenario neoliberal, militan contra la posibilidad de convertir la
prevención de desastres de origen glaciar en una prioridad política para los dos
municipalidades. En efecto, por más que estos gobiernos locales hayan adoptado iniciativas de
prevención de riesgos y desastres, las necesidades y expectativas de justicia de la población de
sus distritos exceden, con creces, las preguntas por la adaptación al cambio climático.
De todo lo anterior se desprende que el gobierno central parece haber dejado la protección de
la población de Áncash frente a los peligros de las lagunas peligrosas en manos de los
gobiernos locales, que buscan desesperadamente el apoyo de instituciones no gubernamentales
(Instituto de Montaña o CARE-Perú), de instituciones de investigación (INAIGEM) y de
financieras internacionales, que suelen depender también de donativos privados. El problema es
que los resultados inmediatos que esperan ver los donantes contrastan con las inversiones
ambientales sostenidas de largo plazo y su posterior manejo adecuado. En ese sentido, la
intervención de actores transnacionales del escenario global en el ámbito de estudio
desestabiliza o deslocaliza el poder de la política pública en el Perú frente al cambio climático,
pero también es un indicador de las complejas dificultades que enfrenta la sociedad política
peruana para asegurar la inmunidad de la población ancashina y reducir su vulnerabilidad ante
los peligros de origen glaciar.

53
Cuadro 5: Toma de posición del actor y ubicación en la estructura de poder del ámbito de estudio

54
Cuadro 6: Toma de posición del actor y ubicación en la estructura de poder del ámbito de estudio

55
g. Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI)

Hasta febrero de este año, esta institución, encargada de conducir procesos de preparación,
respuesta y rehabilitación ante posibles desastres, era una dependencia de la Presidencia del
Consejo de Ministros, un órgano del gobierno nacional que se convirtió, en el decenio de los 90,
en una entidad tan poderosa como el Ministerio de Economía y Finanzas (Guerra-García 1998:
105). Pero, de acuerdo con un anuncio del diario oficial El Peruano al principio de este año, la
institución pasó a formar parte del Ministerio de Defensa con el objetivo de “optimizar la
eficiencia de la gestión pública, a través de una mejor coordinación, planificación y ejecución de
la gestión del riesgo de desastres con la Política de Seguridad Nacional y Defensa Nacional”41.
Este cambio homologa, entonces, la política de atención de desastres con los objetivos de la
defensa nacional: así, los asuntos de defensa y seguridad interna se confunden con los asuntos de
seguridad frente a los peligros naturales.
Al menos en parte, la historia puede ayudar a comprender esa decisión política. A nivel nacional
y en el Callejón de Huaylas en particular, los regímenes autoritarios de alta capacidad son los
que han respondido más rápidamente a las catástrofes climáticas y de origen glaciar en diversos
periodos históricos. Gobiernos más autoritarios, como los de Odría y Velasco, respondieron
rápida y enérgicamente a las catástrofes que los gobiernos democráticamente elegidos de Prado y
Belaúnde. Muchas personas asumieron que el Estado tenía el deber y la capacidad de protegerlos
de las lagunas glaciares y, de esa forma, se volvieron más dependientes de las decisiones de los
centros autónomos de poder frente a los desastres de origen glaciar. Pero, estos regímenes
también generaron mayores resentimientos y oposiciones, porque sus propuestas de prevención
de desastres desafiaban el poder de las élites locales y las jerarquías de estatus fuertemente
instaladas en el Callejón de Huaylas (Carey, 2010: 121-145). Es decir, las acciones de los
regímenes autoritarios afectaron de manera significativa a los recursos, las actividades y las
conexiones interpersonales, pero a costa de la democratización, al reforzar las desigualdades
categoriales a nivel local y apartar a determinados sectores de la población de los procesos de
toma de decisión que dan lugar a las políticas públicas.
Es muy probable que la idea de que un régimen de alta capacidad puede tener mejor capacidad
de respuesta frente a los riesgos y desastres, esté en la base de la decisión actual de adherir al
INDECI al Ministerio de Defensa, tanto como la necesidad de descongestionar a la Presidencia
del Consejo de Ministros. Pero, el riesgo que existe es que la mezcla de la prevención de
desastres con los asuntos de la defensa nacional tienda a reforzar también la tendencia a generar
decisiones políticas al margen de la democratización. El actual coordinador del INDECI ya
parece sugerir eso cuando evalúa la posibilidad de un mayor involucramiento por parte de la
población ante potenciales riesgos y desastres:

41
“Decreto Supremo que aprueba la adscripción del Instituto Nacional de Defensa Civil al Ministerio de Defensa”.
En: El Peruano, febrero del 2016

56
“Todos deben priorizar el fortalecimiento de las capacidades de la población para saber cuál debe
ser la respuesta inmediata. La responsabilidad de los gobiernos locales es implementar los
procesos de la gestión de riesgos. Nosotros tratamos de ayudarles, pero no es nuestra competencia
hacer eso. Nuestra respuesta es más asistencialista, una vez que ya ha ocurrido el problema.
- ¿Participan en esos espacios las poblaciones locales?
El problema es que, si tú invitas a una comunidad, va a traer su problema local. Cada comunidad
va a traer su problema particular, no un problema general. Cada uno debería ver esas cosas en la
instancia local […] Pero, a nivel de comunidades, hay que diferenciar la gestión del riesgo de los
intereses de la comunidad. La comunidad me va a decir: ‘ponme luz, ponme agua, dame estos
beneficios’. Eso no es defensa civil: defensa civil es conservar la vida de la población y el
patrimonio, el medio ambiente.
- ¿Eso quiere decir que no es una prioridad para las comunidades conservar la vida o el
medio ambiente?
Indudablemente, si hay un riesgo, sí. Pero, si me van a pedir agua, luz, eso escapa, mejor dicho, a
la defensa civil.” 42

En efecto, dar por sentado que la prevención de desastres es algo esencialmente prioritario para
la población local corre el riesgo de hacer perder de vista que la gente puede tener otros fines u
motivaciones para actuar, que no son necesariamente compatibles con lo que ha venido a
llamarse “gestión de riesgos y desastres”. El problema es que esos fines pasan a un segundo
plano o se tornan prescindibles cuando se asume saber ya lo que la gente quiere o necesita, al
margen de su incorporación como interlocutores legítimos en las esferas públicas, directamente o
por medio de sus representantes. Cuando no existe una consulta más amplia, más igual y más
protegida, el proceso político tiende al extremo de la des-democratización, pues se les impide a
las personas ejercer sus derechos a darse a sí misma, como colectividad autónoma, sus propios
fines y valores en los espacios públicos.
El coordinador actual del INDECI en Áncash confirma, además, un hallazgo ya indicado: que
existe información sobre los peligros en el Callejón de Huaylas, pero que hay poca capacidad en
los gobiernos locales para movilizar recursos y personas:
"Tenemos información sobre cuáles son los puntos más críticos en las localidades, como los
glaciares o las quebradas. El problema es que faltan medidas de acciones correctivas, inmediatas,
por el costo que demanda hacer, y aducen que no tienen fondos para hacer ello, ¿no? Se ha
avanzado poco en este sentido. Los gobiernos locales deben actuar en forma inmediata, peor no
actúan de manera inmediata. Lo que ellos aducen es que no tienen fondos. Necesitas
profesionales, personal, pero teniendo plata ya puedes hacer cosas.”
Germán Castro, Coordinador del INDECI

42
Diálogo con Germán Castro, Coordinador del INDECI (Febrero, 2016).

57
Aparentemente, la prevención de desastres de origen glaciar parece bastante simple: se requiere
fondos para movilizar recursos y personas para las obras de prevención y atención a la población.
El problema, sin embargo, no es tan sencillo. Incluso si se contara con recursos, no todos los
actores sociales y políticos, según se ha visto, tienen la misma visión de los glaciares y las
lagunas glaciares; no todos tienen las mismas prioridades institucionales y no todos tienen la
misma capacidad para cooperar colectivamente con metas comunes, como ya se ha visto antes y
se aclarará después.
Pero, tan importante como eso, es prestar atención al impacto que tendrá para la democratización
la transferencia del INDECI al Ministerio de Defensa, un proceso que por su estado reciente
todavía no se puede ponderar con precisión. En cualquier caso, lo cierto es que el fuerte énfasis
tecnocrático de las decisiones de las instituciones públicas, sin el involucramiento en pie de
igualdad de los principales afectados, puede hacerle un secreto favor, no a la democratización de
la prevención de riesgos y desastres, sino a todo lo contrario. Ese hecho, sumado a la
incertidumbre institucional y a la inestabilidad en los cargos públicos, puede representar un
riesgo para la adaptación al cambio climático.

2. Las principales organizaciones sociales de la sociedad civil

a. Instituto de Montaña
Como parte de The Mountain Institute (TMI), una organización internacional sin fines de lucro
que implementa programas similares en Asia, Norte América y Sudamérica desde el año 1972, el
Instituto de Montaña en el Perú resume su misión en “cuidar la vida en las montañas”. Esto
implica para esta institución el fortalecimiento de “capacidades de auto-gobierno”, la promoción
de la “equidad social y de género” y la “afirmación de las culturas y comunidades andinas”.43
El Instituto de Montaña ha tenido una situación mixta en la sub-cuenca de Quilcay. Por un lado,
debido a que esta institución ha incorporado el cambio climático como una de sus prioridades
institucionales, ha jugado un rol decisivo en la prevención de riesgos y desastres de origen
glaciar, al fomentar la formación de la Mancomunidad Waraq, la investigación y las acciones de
seguridad en la Laguna Palcacocha y el desarrollo de una serie de estudios de vulnerabilidad en
la sub-cuenca de Quilcay. Pero, debido a variaciones en las prioridades de sus proyectos y a
discrepancias con la población, ha ido afianzando, por otro lado, cierto distanciamiento respecto
de las organizaciones campesinas y los usuarios de agua de Quilcay, en contraste con las
relaciones que mantiene con otras comunidades de la región.
Actualmente, el Instituto tiene un Proyecto de Adaptación al Cambio Climático que lleva por
título “asegurando el agua y los medios de vida en las montañas”. El proyecto es financiado por
USAID y culmina en el 2017. El proyecto tiene tres componentes: 1) generación y gestión de la
información, 2) mancomunidad y 3) comunidad. El primero permite generar y recopilar
información especialmente con universidades, como la Universidad Santiago Antúnez de

43
https://mountain.pe/

58
Mayolo, e incluye pasantías para la elaboración de tesis sobre riego, cobertura de agua, etc. El
segundo componente es de inversión pública e involucra acuerdos con el Ministerio de
Economía y Finanzas para la elaboración de proyectos de Inversión Pública, mediante un
diplomado. El tercer y último componente es desarrollar alternativas innovadoras para la
adaptación al cambio climático a escala de comunidad, cuyo eje principal incluye la elaboración
de “mecanismos de retribución por servicios ecosistémicos”, en zonas como el río Buin
(Carhuaz) y la sub-cuenca de Quilcay (Huaraz). A raíz de ello, el Instituto de Montaña ha
fomentado la formación de un “grupo impulsor” con el INAIGEM, el SERFOR, el Parque
Nacional Huascarán y CARE-Perú.
Paralelamente, el Instituto de Montaña ha venido desarrollando actividades para apoyar a las
comunidades campesinas de Recuay en su proceso de “ordenamiento territorial” y en la
“elaboración de sus propuestas de adaptación al cambio climático”. Esto se complementa con
actividades de “Investigación-Acción-Participativa (IAP)”, donde son los comuneros mismos los
que investigan temas donde hay vacíos de información para dar, luego, lugar a proyectos, como
mejoras en las cabañas de los pastores o cocinas mejoradas. De esa forma, se busca fomentar la
investigación en temas productivos, basada en la participación.44
Sin embargo, los responsables del Instituto de Montaña en Huaraz estiman que el impacto social
de sus intervenciones ha sido desigual, según las diversas zonas. Ellos argumentan que su
intervención ha recibo mayor acogida en aquellas zonas donde no ha habido presencia de
instituciones externas o de actividad minera que en zonas donde las intervenciones han sido
escasas:
- ¿Cómo han percibido la respuesta de las diferentes comunidades a sus proyectos?
Hay lugares donde nadie ha trabajado porque quieren apoyo, por ejemplo, en Yanamayo. Allí,
hay un interés muy fuerte por parte de los gobiernos locales. Pero, luego, hay un montón de
lugares donde varias instituciones que ya han trabajado y donde ya la mina ha tenido su
influencia; allí tenemos problemas: cada vez que queremos hacer algo, ellos quieren plata.
‘Vamos a apoyarlos a ustedes con un proyecto – les decimos -, pero antes tenemos que hablar de
cómo ustedes ven el cambio climático, cómo están sus recursos y cuáles son sus objetivos de
desarrollo.’ ‘No, no, no – nos dicen-; nosotros queremos hacer un canal para hacer riego
tecnificado: ¿cuándo vienen los tubos del canal y cuándo vienen los aspersores para hacer riego?
¿Quiero invertir en pastos? Sí, pero tú me vas a dar las semillas, ¿cierto?’ Hasta para organizar
una faena comunal, para hacer una actividad, ellos quieren que les paguemos los jornales del
trabajo. ‘Pero – decimos – es un proyecto para ellos.’ A veces es como: ‘si ustedes no quieren, ya
me voy y voy trabajar con otra comunidad, pues’. A veces, tienen resistencia a los talleres, porque
hay demasiadas instituciones que trabajan en la zona. Esta noche, tienen un taller con Agrorural,
otra noche con la SENASA, etc. Y esta cosa de financiamiento, que quieren ver esta cosa
material, esa es una influencia fuerte de la mina, porque la mina paga mucho a las comunidades.

44
Diálogo con AnaÏs Zimmer, Especialista en Recursos Naturales y Cambio Climático del Instituto de Montaña
(febrero, 2016)

59
- ¿Y cómo es esta situación en la sub-cuenca de Quilcay?
Por ejemplo, en Quilcay, nosotros sentimos que la gente está muy cansada de las instituciones.
Hay cosas que no hemos manejado tan bien: hemos hecho muchos estudios del sector agrícola,
percepciones de cambio climático, un proceso de varios talleres; pero, ¿cosas concretas? No se ha
hecho tanto. Por ejemplo, yo sé que, en la comunidad de Cahuide, se escucha que están cansados
del Instituto de Montaña, porque hacemos estudios, estudios, pero de cosas concretas, no hay
tanto.”45

Como se puede apreciar, el Instituto de Montaña parte de la premisa de saber de antemano lo que
la gente necesita para adaptarse al cambio climático. El vínculo con la población no aparece
como una ocasión para generar y discutir los fines y las motivaciones para actuar de las partes y
explorar la posibilidad de emprender acciones colectivas, sino básicamente para intentar
convocar el compromiso de la población con el proyecto o, vale decir, con los fines que la
institución ya ha definido previamente y proyecta sobre las poblaciones a las que busca ofrecer
apoyos. Pero, tan pronto cuanto la gente o bien opone resistencia a las pretensiones de ayuda del
Instituto de Montaña o bien condiciona la ayuda con pedidos de apoyo económico, la respuesta
del instituto es que la gente, influenciada por la minería, es únicamente interesada, reduce la
relación nada más que a obtener dinero y pone condiciones a la ayuda que generosamente se le
ofrece.
Pero, reducir las prácticas sociales de las demás personas únicamente al utilitarismo de la acción
provechosa, bajo el supuesto de que sus prácticas sociales han sido colonizadas por las presiones
del mercado, puede servir más para estigmatizar a la gente que para comprender por qué hace lo
que hace. El problema con esta interpretación es que pierde de vista que la gente puede estar
comunicando otras cosas importantes de la relación social, que no siempre son perceptibles y no
reductibles al dinero. En primer lugar, La ONG espera que la población acoja el apoyo que le
ofrece y espera también el compromiso de la población con las actividades de su proyecto. En
cambio, las comunidades le piden a esta institución privada que reconozca el derecho que tienen
a generar sus propios fines y valores, a decidir por sí mismas qué acciones emprender o qué tipo
de vida llevar en las altas montañas, pues asumen que no les corresponde a otras personas
decidir, fuera de toda comunicación o discusión con ellas, sus objetivos y prioridades, por más
científicamente informado que se esté de su situación frente al cambio climático. En segundo
lugar, los agentes de la ONG esperan un compromiso más decidido de la población para acoger
sus estudios y no ser simplemente tratada como una fuente de financiamiento o recursos para
actividades cuyos fines no necesariamente comparten. Las comunidades, por su parte, exigen
que, así como esta institución solicita su cooperación para sus propios objetivos de investigación,
también les permitan a ellos realizar sus propios fines, explorando alternativas concretas y
pragmáticas para afrontar sus privaciones económicas sistemáticas o sus expectativas sociales.

45
Diálogo con AnaÏs Zimmer, Especialista en Recursos Naturales y Cambio Climático del Instituto de Montaña
(febrero, 2016)

60
Pero, estos desencuentros sociales o culturales se comprenden mejor si examinamos las
expectativas de justicia recíprocas que allí están operando. La reciprocidad es positiva cuando
hay una relación balanceada o equilibrada entre dar y recibir, y es negativa, en cambio, cuando
unos se limitan a dar y otros únicamente a recibir sin retribución alguna (Sahlins, 1992). En el
caso descrito, la reciprocidad sería positiva si permite que entre las personas haya un trato justo,
un trato fundado en el respeto y aprecio recíproco, en la escucha y la justificación recíproca
sobre las motivaciones que tienen para actuar ambas partes, donde cada una puede generar sus
propios fines y exigirle lo propio a los demás. Esta relación de reciprocidad positiva es la base de
toda cooperación social y acción política en pie de igualdad. Cuando no existe esa consulta
mutuamente vinculante, igual y protegida, la reciprocidad es negativa, porque unos reciben más
ventajas que los beneficios que generan sobre los demás, sin que haya un equilibrio entre dar y
recibir: así, la relación social – que nunca es del todo desinteresada ni completamente interesada
– queda reducida una relación de dominación, a un poder arbitrario meramente instrumental, que
se expresa en el hecho de que unos tratan a otros simplemente como “meros medios” para sus
propios fines (en ese sentido, reciben más de lo que dan), pero sin reconocerles a ellos su
derecho a generar y discutir sus propios fines por sí mismos (en ese caso, estos reciben menos de
lo que dan). Si tanto las instituciones externas como las comunidades locales no aceptan las
conductas sociales de la otra parte, es porque no les parece razonable que los demás les
impongan una relación de dominación en la que no desean insertarse socialmente.
La experiencia del Instituto de Montaña puede ser bastante aleccionadora, entonces, para los
proyectos de adaptación al cambio climático y, particularmente, para el proyecto Glaciares+ de
la Universidad de Zúrich y CARE-Perú: mientras se crea saber previamente o se proyecte qué es
lo que necesita la gente para afrontar el cambio climático, prescindiendo de todo proceso
mediado por la comunicación, la escucha mutua y la discusión recíproca, habrá menos
oportunidades de que las personas se vean motivadas a comprometerse con la adaptación al
cambio climático como a cualquier proyecto de distinta índole. Y si el trabajo de las
instituciones preocupadas por el cambio climático únicamente se limita a realizar estudios sobre
glaciares, riesgos y desastres sin ninguna consecuencia práctica sobre la vida de la población,
de acuerdo con sus propios fines, probablemente los residentes locales abrigarán la sospecha
moral de que tales instituciones se limitan a recibir y no a dar, y, tal vez, lo propio pensarán las
instituciones externas acerca de las poblaciones locales; ambas conductas impedirán, a la larga,
la respuesta al cambio climático mediante la acción colectiva y la cooperación en pie de
igualdad.

b. Cruz Roja - Huaraz

En el contexto de la emergencia de la Cruz Roja Internacional, la Cruz Roja Peruana fue creada
en el Perú hacia fines del siglo XIX, como una respuesta humanitaria a la Guerra del Pacífico
(1979-1983). En consonancia con los principios normativos que la animan, es una institución de
la sociedad civil de servicio voluntario que tiene la misión de velar por los derechos de las

61
personas y ofrecerles asistencia, mediante el cuidado de la vida y el fomento de la paz entre
pueblos, el socorro de las personas que padecen sufrimientos y la adopción de una posición
neutral en escenarios de conflictos y hostilidades de diversa índole.
La filial de la Cruz Roja en Huaraz data de la década del 30 del siglo pasado y, desde el aluvión
del 41, ha jugado un rol importante – no siempre explícitamente reconocido - en las diferentes
catástrofes que han golpeado a la región de Áncash a lo largo de todo el siglo XX. Pero, en los
últimos años, además de trabajos en “donación de sangre”, “salud y desarrollo humano” y
“violencia contra la mujer”, la Cruz Roja peruana ha venido también incorporando la pregunta
por la “prevención de riesgos y desastres”, incluyendo la organización de simulacros, actividades
que sus miembros traducen como parte de sus “acciones de socorro”.46 De hecho, en su página
web, la institución aclara que uno de sus objetivos es la implementación de programas de
prevención, mitigación, respuesta y recuperación ante situaciones de emergencia y desastres.47
De esa forma, ha podido también ampliar sus actividades, las cuales financia con donaciones o
aportaciones mensuales voluntarios de los socios. Así, la Cruz Roja mantiene también un
contacto más fluido y constante con la población local urbana, que no siempre es percibido social
y políticamente, en contraste con el distanciamiento social por parte de diversas instituciones de
la sub-cuenca de Quilcay y la región de Áncash.
El acercamiento de la Cruz Roja a la sociedad política peruana ha ido también en acenso en los
últimos años. La Cruz Roja de Huaraz es parte de la Plataforma de Gestión de Riesgos, integrada
principalmente por instituciones públicas y distribuida en distintas mesas de trabajo a nivel
distrital, provincial y regional. Pero, la representante actual de la Cruz Roja de Huaraz, que
conoce muy bien el contexto regional, arriesga una interpretación muy reveladora sobre lo que
ocurre en estas mesas de trabajo:
“Acá hay una plataforma, en la que se ha avanzado en algo. Hay un proyecto para controlar una
laguna [Palcacocha]. Pero, ¿qué es lo que pasa? Hay intereses privados de la región, de otros
institutos, como el INAIGEM o el Instituto de Montaña, y etc., etc. Entonces, no se ponen de
acuerdo. Me refiero a que, por un lado, todos son importantes; no hay un trabajo sinérgico; es un
trabajo aislado, cada uno es una isla. Por ejemplo, los de control de lagunas hace su estudio, por
una parte; los del gobierno regional, sus sectores (agricultura, salud) y otras instituciones hacen
sus estudios, por la otra. Ahora, también hay una ONG, el Instituto de Montaña, el INAIGEM.
Pero si se pusiesen de acuerdo todos, se sacaría un buen proyecto. Acá, por lo que veo también, es
que cada uno quiere ejecutar por su lado. Si lidera alguien, todas las instituciones realizarían sus
tareas y convergerían en un solo punto. No debería ser así.”48

Esta narrativa revela algo muy importante que no perciben abiertamente los actores anteriores:
que no es posible la prevención de riesgos si cada uno busca, por sí solo, sus propias
posibilidades de obtener ventajas, al margen de toda cooperación social y política con arreglo a
metas comunes. Es interesante que sea en una institución neutral como la Cruz Roja y una mujer

46
Diálogo con Norma Campoblanco, coordinadora de la Cruz Roja con sede en Huaraz (febrero, 2016)
47
48
Diálogo con Norma Campoblanco, coordinadora de la Cruz Roja con sede en Huaraz (febrero, 2016)

62
de la sociedad civil, donde encontremos un punto de vista alternativo sobre el estado de cosas de
una sociedad política local muy fracturada o fragmentada. Pero, el problema es que, esto no es
solo privativo de la región de Áncash, sino que es un proceso que ocurre en todo el país, donde
lo político no se suele entender como el asentimiento libre y razonable de todos los potenciales
afectados y los actores involucrados, sino básicamente como el control técnico de la conducta de
los demás y de las condiciones de vida de la población, al margen de reconocerles a estas
personas su derecho a generar y discutir los fines y los valores por sí mismas en las esferas
públicas. En esa línea de interpretación, serán también los propios habitantes urbanos y las
comunidades campesinas las que tomen distancia crítica de ese discurso moral para invitar a la
sociedad mayor a ver los desastres no solo como peligros naturales, sino también como procesos
sociales, culturales y políticos más amplios.
A la luz de lo dicho, la Cruz Roja es una institución que podría convertirse en un interlocutor
muy importante frente a la prevención de riesgos y desastres de origen glaciar para la
Universidad de Zúrich y CARE-Perú: primero, porque mantiene una relación fluida, estable y
constante con las instituciones públicas y, eventualmente, con la población local – al menos, con
la población urbana -, en contraste con el divorcio que diversas instituciones públicas
mantienen con las organizaciones sociales locales, con excepción de los gobiernos locales;
segundo, porque la Cruz Roja es una institución que no solo ha incorporado la prevención de
riesgos y desastres, sino que ha mostrado los obstáculos que impiden la cooperación social y
política en la sociedad ancashina, y ha sugerido dónde pueden hacerse las correcciones
políticas. Por lo demás, el hecho de que sea una institución “neutral” también ayuda a sumar
esfuerzos colectivos sin que la necesidad de maximizar beneficios o ventajas competitivas
particulares – que hace época en Áncash - interfiera en los procedimientos de decisión pública.

c. Poblaciones y Juntas Vecinales Urbanas


Los habitantes urbanos del Callejón de Huaylas son uno de los grupos que más han sufrido los
embates de las fuerzas de la naturaleza, debido a desastres de origen de glaciar y a otros sucesos
naturales. Pero, a diferencia de lo que a menudo predomina en la literatura sobre desastres, nunca
fueron víctimas pasivas de esos acontecimientos que vulneraron su integridad física y moral.
Ellos exigieron o respaldaron decisiones políticas para realizar obras de seguridad de lagunas
glaciares y prevenirlos de catástrofes; y, en muchas ocasiones, incluso lucharon por recuperar sus
condiciones de vida, sus historias, sus identidades o su posición social, después del desastre,
reconstruyendo sus viviendas en las posibles rutas de avalanchas y aluviones; pero, de esa forma,
se expusieron, consciente o inconscientemente, también a nuevos desastres, al ritmo con que los
glaciares retroceden y las lagunas glaciares pueden desbordarse. El drama de estos pueblos es,
entonces, el que experimentan cuando la sociedad local y mundial no ha podido evitar, con toda
su ciencia y tecnología, el hecho de que para estas personas siga siendo razonable vivir en zonas
de peligro, aunque eso resultase escandaloso y chocante para el resto de la sociedad.

63
Figura 3: Plano Urbano de los Distritos de Huaraz e Independencia, donde se aprecian los barrios.
Fuente: Municipalidad Provincial de Huaraz, 2016

Los habitantes urbanos de los distritos de Huaraz e Independencia – cuyos distritos están
divididos por el río Quilcay que baja de la Cordillera Blanca - son un ejemplo bastante ilustrativo
de las tragedias antes mencionada. Estas personas residen en diferentes barrios y están
organizadas en diferentes Juntas Vecinales de Seguridad Ciudadana. Entre los barrios principales
de Huaraz, destacan los antiguos barrios de San Francisco, Soledad, Belén y Huarupampa, y
también los barrios que están en la margen izquierda del río Quilcay, en el denominado “Cono
Aluviónico” (Ver Figura 3). Aquí encontramos 35 Juntas Vecinales. En el distrito de
Independencia, destacan el antiguo barrio de Centenario y los barrios de Nicrupampa,
Shancayán, Los Olivos, Independencia, Vichay, Monterrey, entre otros. Tenemos aquí 33 Juntas
Vecinales. Algunos de estos barrios, como Centenario, recibieron el aluvión de 1941, que
produjo el desastre de origen glaciar más devastador que haya tenido la provincia de Huaraz a lo
largo de su historia (Stowe, 1969; Wegner, 2014). Además, muchos de estos barrios también
fueron devastados por el terremoto del 31 de mayo de 1970, que arrasó las ciudades de Huaraz y
Yungay (Oliver-Smith, 1977, 1982; Bode, 1977, 2015). Uno de nuestros interlocutores del barrio
de San Francisco, que después del terremoto optó por irse vivir al antiguo barrio de Centenario,
cuenta el significado que ha tenido para él esta experiencia:

64
“Nos venimos por estos lugares porque el terremoto nos expulsó de San Francisco y, por
necesidad habitacional, terminamos en este ambiente, en áreas que eran de nuestros padres. Desde
entonces, todo el largo y ancho de la juventud, la he pasado defendiendo los intereses sociales,
hasta económicos, de nuestros pobres que tenemos por estos lugares; pero con resultados muy
endebles: nunca hemos tenido el apoyo del gobierno, ni porque sea de tal afiliación línea
izquierdista, ni porque sea de derecha, de centro derecha, de centro-izquierda. Nada: no han
respondido a las inquietudes de la población.”
Hugo Ríos de la Cruz, Presidente de la Junta Vecinal Pastorita Huaracina, Barrio de Centenario

Tan pronto cuanto constatamos que existen pueblos que se sienten profundamente ignorados por
su sociedad política, surge la pregunta de si no estar debidamente protegidos ni representados por
Estado alguno no es una situación tan dolorosa como la catástrofe que impone una “obra de la
naturaleza”. Si algún acontecimiento luctuoso ha sido producido por la fuerza de la naturaleza es
una desgracia o fatalidad; pero, si es resultado de alguna obra humana o sobrehumana debemos
escandalizarnos y expresar nuestra indignación: en el primer caso, estamos ante una desventura;
en el segundo, ante una injusticia. Nuestro interlocutor parece evocar esa diferencia cuando
señala que una cosa es experimentar la “expulsión” que impone un terremoto y otra cosa
experimentar la injusticia de no poder ejercer el derecho de tener voz en las esferas públicas, por
indiferencia o desidia de los funcionarios de turno. De la misma manera, hay desventuras sobre
las que no podemos hacer nada, no está en nuestro arbitrio; pero, la injusticia aparece cuando los
políticos – en quienes la gente deposita la responsabilidad de proteger sus vidas - no hacen nada
o hacen muy poco, por las razones que fueran, para prevenir o afrontar desastres. La injusticia
ante los desastres de origen glaciar surge aquí: cuando tenemos la posibilidad de hacer algo para
prevenirlos o afrontarlos y no hacemos nada, o bien por indolencia, o bien porque es más fácil no
hacerlo que asumir esa responsabilidad pública.
Las prioridades de los habitantes urbanos son típicas y especiales: son típicas porque todos ellos
están profundamente preocupados por su seguridad ciudadana, su disponibilidad de servicios
básicos, sus oportunidades laborales y los problemas sociales que atentan contra la paz y el orden
público: escándalos nocturnos, pandillaje o, incluso, violencia familiar. Pero son también
especiales porque esas preocupaciones no solo varían según el barrio, sino también la
urbanización, la calle y la vivienda. Un dirigente de la Junta Vecinal Pumacayán del barrio de
San Francisco, en el distrito de Huaraz, señala lo siguiente:

65
Hay problemas de carácter social en la urbanización. Tenemos dos cantinas que venden una
vendida que está prohibida y pernoctan personas con problemas de alcoholismo. Más allá, hay un
corralón donde hacen actos impunes, hubo un muerto en ese corralón; prácticamente no hay
respeto. Se hizo la denuncia en la municipalidad y, hasta ahorita, no hay cartas sobre el asunto
[…] Ese es el problema: hay mucha burocracia en la municipalidad, paran cambiando de gerentes
de subgerentes, de asesoría jurídica, asesoría legal. Me parece que ellos quieren que uno se
aburra. Pero yo estaba ahí, ahí, ahí, en los trámites, en la municipalidad. ¿Para qué? Para que, al
final me digan: no hay resultado. Lógicamente ellos dicen que van a tomar cartas en el asunto,
que van a recabar toda la documentación. Bueno, esperar el tiempo prudencial – como lo dice la
ley – se espera. Pero lamentablemente tú vas: te dicen lo mismo de todos los días. Y uno como
ciudadano, está atrás, atrás; o sea, prácticamente yo les llevaba toda la información; y al final se
cayó el proceso: pasó 8 meses y hasta el día de hoy sin resultados: siguen esas cantinas, sigue ese
corralón y la gente sigue haciendo lo que le parece. Ese es el problema, mi amigo.”
Pocho Méndez Nizama, Presidente de la Junta Vecinal de Pumacayán, Barrio de San Francisco

El interlocutor experimenta como una injusticia que su sociedad política haya frustrado sus
expectativas sociales, afectando su sentimiento moral de auto respeto, es decir, del sentimiento
de que es digno, tiene derechos y debe ser tratado debidamente por su sociedad política. En
parte, la municipalidad no puede cubrir todas las múltiples necesidades de la provincia en un
contexto de reducción de gasto público, pero existen otros factores:

“En sí, la gente que acompaña al alcalde, sus funcionarios - no todos, claro - son personas que no
son trabajadores de campo: solo son de gabinete; o sea, quieren figurar en la municipalidad,
quieren ser jefes, gerentes, subgerentes, y no tienen esa vocación de servicio a la ciudadanía en
Huaraz. Para eso, primero deben conocer la realidad, identificarse con la ciudad de Huaraz. Hay
funcionarios que tienen cargos delicados, pero debe ser una persona que, primero, tiene que
conocer la realidad de Huaraz, las necesidades de Huaraz, conversar con los vecinos, salir al
campo y tener el poder de toma de decisiones. Porque si carece de esas características, entonces
lamentablemente no podemos hacer un buen trabajo. La gerencia de servicios públicos ha
cambiado como tres o cuatro veces. Y ponen a cualquier persona: ‘ya, tú eres mi amigo, tú eres la
persona de confianza; no me interesa si has tenido estudios superiores, tienes experiencia o no, o
tienes vocación de servicio o no’. Ese es el problema”
Pocho Méndez Nizama, Presidente de la Junta Vecinal Pumacayán, Barrio de San Francisco

La inestabilidad en los cargos, las restricciones para acceder a recursos y al ascenso de redes de
confianza es lo que caracteriza a la política en la región de Áncash a lo largo de todo el siglo XX.
Pero, en tales circunstancias, los habitantes urbanos, aunque conscientes de las lagunas
peligrosas, pueden sentirse tan decepcionados y no encontrar fuertes motivaciones para cooperar
con su sociedad política en los programas de prevención de desastres de origen glaciar:

66
“Al menos, a nosotros nos preocupa las lagunas, especialmente cuando llueve fuerte; no
podríamos decir que estamos seguros o no. Pero, en sí, en sí, la preocupación está latente,
sabemos lo que puede pasar. En sí, la municipalidad organiza, pero los vecinos le restan
importancia. Si tú convocas a una capacitación, a una actualización, para prevenir estos riesgos,
para estar preparado para las evacuaciones, pero simplemente no van. Lógicamente, tenemos
salidas para arriba, para abajo, y por eso la gente se confía. Pero, eso no es todo: tenemos un
anciano en casa. Pero a esas cosas le restan importancia. Tú los invitas, pero no le toman
importancia.”
- ¿Por qué, si la gente está preocupada, no asiste a estas reuniones?
Eso es lo que yo quisiera también entender: estoy preocupado; pero, cuando hay un curso que me
ayuda a prevenir riesgos, no asisto. La verdad, seguramente no tienen tiempo, atienden sus
negocios o simplemente son dueños de lo que ellos piensan, ¿no?”49

Los habitantes urbanos son más o menos conscientes de los peligros que entrañan las lagunas.
Algunos de ellos están dispuestos a cooperar con las acciones de prevención, pero la gran
mayoría de ellos no encuentra motivaciones suficientes para comprometerse con esas
responsabilidades. Eso no deja de ser razonable porque, como dice nuestro interlocutor, la gente
tiene derecho a darse sus propios fines y valores como cualquier persona autónoma, aunque estos
no corran parejas con la prevención de riesgos y desastres de origen glaciar.

Figura 4: Barrio de Nicrumpampa, Distrito de Independencia.


Foto tomada por el autor.

49
Diálogo con Pocho John Nizama, Presidente de la Junta Vecinal de Pumacayán (febrero, 2016)

67
Muchas mujeres de Huaraz, por ejemplo, padecieron las duras secuelas del terremoto del 70 y,
tras huir de epidemias provocadas por la catástrofe, decidieron reubicarse y desplazarse hacia lo
que es hoy Nicrupampa, un barrio del distrito de Independencia de aproximadamente 6 000
habitantes (ver Figura 4). En medio del hambre, la violencia de género, pero también la ayuda
mutua y la cooperación social, que depara la vida en situaciones límites, ellas tuvieron que
aprender a sobrevivir y redescubrir el valor de la vida humana:
“Hasta ahorita, la laguna es una preocupación, porque va a pasar por abajo. Ha venido una ONG,
que ha elaborado un estudio y plan sobre el río Quilcay, y nos ha mostrado cómo conservar el río
Quilcay, no botar la basura al río, y las precauciones que hay que tomar sobre la laguna
Palcacocha. Pero, le voy a decir: sobre todo eso, todavía es dios; Dios está sobre toda la
naturaleza. Porque, en Yungay, yo vivía por donde entre el aluvión: es un cerro inmenso,
inmenso, atrás todavía está la nieve; y tenemos la laguna de Yanganuco: esa laguna se iba a salir
e iba a venir por acá, por Ranrahirca. Pero, la laguna no podía subir inmenso cerro para que
llegue a Yungay; pero, como atrás estaba la montaña de hielo, con el movimiento del sismo se
viene un bloque, salta, llega a un cerro, lo carcome y tapa Yungay; lo tapó con 10 m de altura. Y
me quedé sin nada: yo y mi mamá nomás nos quedamos. Por eso, mire: EEUU, Japón, los
mejores científicos hablan de tal cosa y, de un momento a otro, se sale el mar. Los que estudian,
SENAMHI dicen, por ejemplo, que esta semana va a ver una lluvia intensa acá, pero ¿acaso ha
habido? Mire, la mayor parte de nosotros, los que hemos sobrado del terremoto, los sobrantes del
terremoto que ha habido, en realidad ya no tenemos miedo a la muerte. No. Por ejemplo, yo, no:
‘bueno, pues, si es hora de morir, moriremos, pues, ¿qué vamos a hacer? Si es tu destino morir’.
Yo no digo: ‘Dios mío: yo no quisiera morir. Pero, si Dios está disponiendo mi muerte, ¿cómo le
voy a pedir que ya no? Y si no es tu hora, hasta debajo de la llanta del carro te salvas. ¿Por qué?
Porque no estás destinado a morir. Y si es tu hora, pues, ¡a Dios! Te vas. ¿Y quién ha destinado
eso? Es Dios.”
Lourdes Alvarón, Presidente de la Junta Vecinal Las Flores, del Barrio de Nicrupampa

Nuestra interlocutora muestra que la adhesión a determinadas creencias no forma un “todo


coherente” en la interacción social, sino que ellas involucran paradigmas interpretativos, idiomas
de creencias o visiones distintas, contradictorias y complementarias sobre las lagunas glaciares y
los desastres.50 Ella sugiere que la prevención de desastres es una creencia que algunos
habitantes del barrio han aprendido en la interacción social con instituciones extraterritoriales, no
gubernamentales o públicas dedicadas a la prevención de desastres. Pero, la experiencia religiosa
es otra creencia o paradigma interpretativo que dota de sentido su existencia frente a esos
posibles acontecimientos; y, sin embargo, el valor de esta creencia no se mide por los meros
hechos naturales, ya que existe en un plano de vivencias completamente diferente, al punto de
que ni siquiera tiene sentido hablar allí de “creencias”. Las palabras del lenguaje religioso no
significan nada en sí mismas, fuera de una situación de referencia o de una forma de vida, pues

50
Sobre la recurrencia de los campesinos a diferentes paradigmas interpretativos o idiomas de creencias en
diferentes situaciones de referencia o contextos de interacción social, véase: Allen, Ricard Lanata, 2007 y Flores
Moreno 2015

68
tan pronto cuanto queremos verificarlas a través de determinados hechos, nos damos cuenta que
no hay tales hechos. En el culto, en el homenaje a la divinidad, se juega el reconocimiento del
valor, por así decirlo, de una alteridad social o extra-social – el orden sobrenatural o Dios, en este
caso - a quien se imputa la creación de las creencias o las propias instituciones, así como el curso
propio de la vida, la muerte y el destino. En ese sentido, es preciso reconocer – como sugiere
Lourdes Alvarón - que la libertad es una suerte de destino – no en el sentido de que no podamos
tener libertad alguna frente a los acontecimientos que nos rebasan, sino en el sentido de que se
elige libremente una forma de ser o, incluso, una vocación, que no puede ser de otra manera,
porque de lo contrario la vida no tendría sentido. Por eso, como reza una expresión latina, “el
destino guía a quien se somete y arrastra al que se resiste”. Esa es la prueba moral de una vida
consecuente consigo misma. Nuestra interlocutora no presenta esto como un asunto secundario o
marginal, sino como algo profundamente serio que exige una debida atención, porque es allí
donde se pone en juego el sentido positivo que algunos habitantes urbanos de Huaraz le dan a su
existencia.
Por ello, estas personas son conscientes de las lagunas peligrosas; pero, cuando lo que está en
juego es un destino que no está en sus manos, la prevención de desastres puede no ser realmente
una motivación para actuar, ni siquiera para vivir, porque por allí no pasan los fines y valores
que ellas consagran, sino por otras cosas. Estas personas no necesitan tomar conciencia de
aquello que sostiene sus creencias, como si ellas residiesen en una suerte de substrato
inconsciente o tuviesen un interés claramente demarcado, pues, como decía Wittgenstein, “lo
difícil es percibir el fundamento de nuestras creencias”. Más importante que la fundamentación o
la justificación lógica de estas creencias es, entonces, el aprendizaje o la enseñanza que se puede
extraer de ellas si se quiere comprender las conductas sociales de estas personas: mientras la
sociedad política está más o menos “preocupada” por proteger las condiciones de vida de estas
personas de posibles aluviones o avalanchas, o de ejercer poder sobre ellas mediante ciertos
controles y regulaciones, como las obras de seguridad y prevención de desastres de origen
glaciar, estas personas, en cambio, no descalifican la muerte, valoran de otra manera la vida y
prefieren, en todo caso, imputar a una fuerza extra-social o sobrenatural su propio destino. Estas
visiones culturales distintas sobre la vida, la muerte y los desastres ponen a prueba cualquier
prevención de riesgos y desastres de origen glaciar, no solo en Quilcay, sino en todo el Callejón
de Huaylas.

69
Figura 5: Urbanización de Nueva Florida, en plena zona de posible aluvión. Foto tomada por el autor.

Este tipo de experiencias son habituales en la subcuenca de Quilcay y en diferentes zonas del
Callejón de Huaylas. La urbanización Nueva Florida, por ejemplo, se encuentra en una de las
zonas de peligros potenciales de desastres de origen glaciar (Ver Figura 5). En este barrio,
habitan aproximadamente 2 200 personas, muchas de las cuales son o fueron inmigrantes
campesinos. Pero, a diferencia de los barrios mencionados anteriores, aquí no encontramos
ninguna Junta Vecinal activa. Algunos de los residentes fueron también “laguneros”, es decir,
trabajadores campesinos que vivían y trabajaban en las inmediaciones de los grandes proyectos
hidroeléctricos del Callejón de Huaylas, como el de la Central Hidroeléctrica Cañón del Pato.
Estas personas han acumulado un conocimiento bastante amplio de los glaciares y las lagunas
glaciares y, sin embargo, pocas veces tienen voz en las esferas públicas. Pero, el significado que
ellos le atribuyen a estos bienes son diferentes a los que habitualmente se escuchan en los
círculos expertos y en las esferas públicas de Huaraz:

70
“Acá vino un aluvión en 1941, vino de Cojup, de Palcacocha. Más antes, en Palcacocha el agua
salía solo por rebose. Pero ha bajado unos 150 m. Pero actualmente, tiene un dique artificial que
está hecho de concreto, que se hizo en 1970. Hay muchos comentarios que hay por la prensa:
¡que Palcacocha, Palcacocha! Pero está bajísima. El riesgo es mínimo. Esta laguna no es un
peligro ahora, no es que en ese tiempo. Tiene dique, sale por conducto de tubería. Adentro hay
hielo muerto, ese es hilo flotante. Pero, algunos turistas van, toman esa información, se la dan al
periodismo y alarman. Y los políticos nomás también hablan de eso. Pero, cuando vino esa
laguna, en el 41, disipó Nueva Florida. Pero, gracias a esa laguna que se vino y arrasó todo Nueva
Florida, se hizo el trabajo de mantenimiento en más de 30 lagunas. Gracias a esa laguna, recién se
preocupó el Estado peruano; si no, nunca iba a preocuparse. Allí tenemos más de 280 lagunas,
pero 30 están con seguro.”
Julio Lluvia, ex lagunero y dirigente del barrio de Nueva Florida

Ciertamente, estas personas sospechan que la prevención de riesgos y desastres sea una narrativa
que sirve más para convertir las malas noticias en buenas noticias y, ocasionalmente, para
beneficiar a los políticos. Esa es una de las razones por las que no encuentran, pues, fuertes
motivaciones para actuar frente a los peligros, aunque sean conscientes de esos “peligros”;
conceden cierta “fiabilidad” a los expertos que realizan las obras de monitoreo y de seguridad de
lagunas, tras asumir que, en alguna medida, esas amenazas pueden ser contenidas por el saber
experto y el financiamiento del Estado; pero, al mismo tiempo, dudan de los discursos expertos y
políticos que convierten las lagunas glaciares en “lagunas peligrosas”.
Pero, la motivación más fuerte para esa dosis de escepticismo es que estas personas, que conocen
muy bien el medio ecológico de la Cordillera del Huascarán, no interpretan o valoran los peligros
de la misma manera como lo hace los expertos o la sociedad política ancashina. Aristóteles solía
decir que los bienes – que son las cosas que apreciamos porque son útiles o porque son
preferibles por sí mismas y no para otra cosa – se dicen o interpretan de muchas maneras. En ese
sentido, mientras, para los científicos y los políticos, las zonas de peligros son zonas de posibles
aluviones y avalanchas, para los residentes locales - de manera consciente e inconsciente - estos
espacios no son o no son solo “zonas de peligro”, “lugares biofísicos” o “espacios geográficos”
de posibles desastres, sino espacios socialmente producidos, que están teñidos de oportunidades
económicas, historias personales y colectivas, vivencias, emociones, lazos de reciprocidad y
confianza y luchas por existir, que hacen que la vida tenga sentido y valga en las condiciones
adversas y difíciles de la Cordillera Blanca. Por eso, abandonar esas zonas puede representar una
pérdida de sentido y de orientación mucho que la de enfrentar un posible aluvión, pues lo que allí
se pone en juego son las significaciones imaginarias – creencias, historias, valoraciones, afectos
o representaciones – con las cuales estas personas construyen identidades sociales y formas de
vidas que, hoy por hoy, les resulta intransferibles e irrenunciables:

71
“Antes, no había población acá. Pero, ahora hay gente que, ahora, llega hasta el canto. Yo vivo
por acá, por Primavera, hay un pasaje, hemos pensado hacer un puente allí, pero el problema es
que se se lo lleva, pues, el río. Una vez, Defensa Civil. ¿Y qué ha hecho? Nos ha hecho llevar
arriba. Llamaban con sus parlantes: ¡ya vecinos suban, suban! Pero, mientras vamos a arriba, nos
damos cuenta: ‘Oye, pero, mientras estamos subiendo, ya nos va a alcanzar, pues; ya nos
arrasará.’ Estamos en la boca del lobo. Pero, cuando decidimos vivir acá, sabíamos esto, pero no
nos importó, pues. Yo vivía en la casa de mi padre, y, cuando me comprometí, ni modo, pues:
decidí comprar y construir mi casa y aquí estoy cerca a mi familia.”
Nancy Ramos (48 años), Sector Nueva Florida

“Estamos convencidos de nuestra mala suerte. Cuando decidimos vivir acá, lo hicimos por
necesidad de vivienda o por familia. Yo vivía en la casa de mi madre. Mi padre me facilitó un
ambiente de soltero, después me comprometí y aquí tuve mis hijos. ¿A dónde me iba a ir si aquí
han crecido mis hijos? Yo vine, pues, contra mi voluntad, por mi familia.”
Rufino Oropesa (51 años), Presidente de la JASS, Sector Nueva Florida

En efecto, esa adhesión económica, cultural, emocional y social a esos lugares hace que la
preocupación principal de estas personas no sea un posible aluvión, sino cómo reproducir una
forma de vida que sea razonable o sensata en condiciones adversas o en situaciones límite. Pues
mientras los expertos se concentran en un único riesgo – el riesgo de un posible aluvión –, los
residentes locales comparan varios riesgos – culturales, económicos o políticos (Carey, 2008:
231). Puede parecer extraño que esto sea así para quien ve los espacios básicamente como zonas
de peligros y hace abstracción de los fines y los valores con los que las personas producen
socialmente dichos espacios. Pero, eso ocurre porque esas creencias interpelan o cuestionan los
fundamentos de nuestras propias creencias, las cuales hemos aprendido a través del lenguaje y a
lo largo de nuestros diferentes procesos de socialización. Lo difícil es reconocer que ver esas
zonas como zonas de peligro no es más que una “creencia” o un “idioma de creencia”, tanto
como lo son las visiones heterogéneas de los glaciares, las lagunas glaciares y los espacios que
consagran muchos habitantes urbanos, a quienes se les va la vida viviendo en esos lugares. Se
trata, pues, de prestar atención al hecho irreductible que no hay una sino múltiples creencias que
sostienen las interpretaciones de las lagunas glaciares y de los territorios andinos, las cuales no
solo son distintas, sino que pueden ser también complementarias si los actores sociales y
políticos están dispuestos a discutir y hacer dialogar sus creencias. Mas, cuando no existe la
apertura empática de hacer dialogar el significado que uno le atribuye a estos bienes con el
sentido que les dan otras personas, asumiendo que las creencias que uno consagra son “la” norma
y las demás creencias son erróneas o equívocas, se corre el riesgo de cometer la injusticia de
negarle a las personas su derecho a expresar las motivaciones reales que tiene para vivir en esos
lugares y, adicionalmente, habrá menos oportunidades de que la adaptación al cambio climático
sea posible.

72
d. Comunidades Campesinas y Usuarios de Agua

Las comunidades campesinas del ámbito de estudio presentan algunas características que puede
ser útil destacar. Las comunidades de Cahuide y Pedro Pablo de Atusparia, en el distrito de
Huaraz, y la comunidad de Cuatro Estrellas, en el distrito de Independencia, cuentan,
aproximadamente, con 97, 187 y 190 familias, respectivamente.
Si bien muchas de estas comunidades se encuentran dentro de la sub-cuenca de Quilcay, todas
ellas tienen vínculos de parentesco nuclear o ampliado, prácticas de culto y relaciones de ayuda
mutua y cooperación, que les permite el manejo escalonado de ciclos productivos y canales de
riego, en diversos pisos ecológicos y zonas de producción, más allá del territorio comprendido
como sub-cuenca. Estas comunidades controlan pastizales, sectores agrícolas y tierras con riego
para la producción de tubérculos, maíz y forraje.
La mayor parte de los campesinos de estas comunidades tienen residencias en Huaraz y
mantienen una fluida interacción económica, social y política tanto con esta ciudad como con
diversas zonas de la región de Áncash. Eso quiere decir que tienen relaciones de reciprocidad y
confianza, teñidas de historias y tradiciones, que forman una gran malla territorial y social a lo
largo del Callejón de Huaylas.
Por estar ubicadas por encima de los riachuelos, estas comunidades pueden controlar diversos
microclimas y variedades de especies, desde las nacientes de los afluentes hasta el río principal.
En consecuencia, el agua en estas comunidades y caseríos es tan importante como el uso de la
tierra misma.
Las comunidades se dividen, a su vez, en sectores claramente diferenciados, constituidos por
grupos de familia o parentesco que controlan de diversas zonas de producción. Por su ubicación,
estos sectores están distribuidos en diferentes centros poblados: algunos sectores de la
comunidad de Cahuide (Paquishca I, Paquishca II, Jancu Grande, Jancu Chico y Luna)
pertenecen al Centro Poblado de Coyllur, mientras que otros (Yakuraca y Tayacoto) están
adscritos al Centro Poblado de Llupa. De la misma manera, el sector Cañip, de la Comunidad
Pedro Pablo Atusparia, está dentro del ámbito territorial del Centro Poblado de Coyllur, pero su
sector Senso está en el Centro Poblado de ichoca. Finalmente, la comunidad Cuatro Estrellas
tiene sectores que están dentro del Centro Poblado de Marián. Así, tenemos centros poblados que
pueden agrupar múltiples sectores de comunidades campesinas distintas.
Adicionalmente, existen también caseríos de propietarios y sus respectivos barrios que están
dentro de algunos centros poblados y colindan con las comunidades campesinas mencionadas:
los caseríos de Paquishca, Jancu y Coyllur Centro se encuentran en el Centro Poblado de
Coyllur, mientras que los de Rivas, Cantu, Cachipampa y Yarush se encuentran dentro del
Centro Poblado de Marián. Todos estos propietarios manejan también diversos ciclos
productivos – en diversidad de microclimas y especies – y mantienen una fluida interacción de
reciprocidad e intercambio con las comunidades campesinas.

73
Sin embargo, el agua - y el sistema de riego - es el bien de capital principal que une a las
organizaciones sociales de las comunidades y los caseríos de la subcuenca de Quilcay: por
ejemplo, los comités de regantes de Paquishca, de Shallap-Huapish-Toclla y de Churup tienen su
principal bocatoma de agua en la comunidad de Cahuide (Ver Figura 6). Pero, es también por el
agua que rivalizan y compiten muchos de estos agentes.

74
Figura 6: Reunión de usuarios de agua para “limpieza de acequia”, Comunidad de Cahuide.
Foto tomada por el autor.

75
A simple vista, estas comunidades campesinas y caseríos del Callejón de Huaylas, a diferencia
de los habitantes urbanos, no aparecen como los principales afectados por los desastres de origen
glaciar: por el hecho de encontrarse ubicadas por encima de los ríos y riachuelos, parecen
encontrarse menos expuestas a aluviones. Sin embargo, estas poblaciones, asentadas en tierras
marginales, y cuyos sistemas de vida están basados, principalmente, en el uso de recursos
naturales y el procedente de los glaciares, se encuentran entre las más afectadas por los efectos
del cambio climático (IPCC 2007, 2014). A lo largo de la región andina – en la que en las
últimas décadas se ha registrado el aumento de temperaturas, la subida de pisos ecológicos, la
disminución en los niveles de precipitación, el retroceso de los glaciares y la disminución de la
disponibilidad de agua —, la capacidad adaptativa de los sistemas humanos, especialmente frente
a los fenómenos climáticos extremos, es muy baja, a la vez que la vulnerabilidad a los mismos es
bastante alta (Easterling et. al., 2007: 584). En el caso concreto del Callejón de Huaylas, si bien
las poblaciones campesinas tienen una larga experiencia de compenetración y conocimiento de
su medio ecológico, las dinámicas del cambio climático y el retroceso de glaciares les están
imponiendo bastantes condiciones y retos a sus formas de vida y a sus instituciones (Schneider,
2014: 152). Pese a ello, estas poblaciones son raramente incluidas en las diversas discusiones
académicas y políticas sobre el cambio climático. De ser así, el cambio climático plantearía un
problema de justicia global más complejo, no solo porque resulta que las poblaciones más
afectadas son las que menos han contribuido a él, sino porque su diferencia cultural y su forma
de vida no serían plenamente reconocidas o incluidas en las investigaciones ni en las decisiones
políticas que se adoptan para afrontarlo (Flores Moreno, 2015).
Adicionalmente, las comunidades agro-pastoriles de la región de Áncash y de la zona de estudio
son uno de los grupos que más privaciones económicas sistemáticas experimentan bajo el
neoliberalismo. El abandono de las antiguas funciones del Estado, particularmente su papel de
apoyo y promoción del sector agro-pastoril, indica la nueva y declarada consideración de los
campesinos o agricultores como un elemento prescindible del nuevo modelo de desarrollo
basado en la desregulación y la reducción del gasto público (Bebbington, 1999; Fairfield, 2006).
Esta situación se agrava con el hecho de que las tierras frágiles de las zonas de alta montaña del
ámbito de estudio son marginales en el amplio sentido del término: rinden menos, son menos
productivas, experimentan procesos extremos de minifundización, sus costos son más altos que
en tierras “mejores” y su mejora es una estrategia de largo plazo muy difícil para las poblaciones
campesinas de los Andes que padecen estrés económico (Stein, 1991: 237-258; Mayer, 2002:
329; Allpa, 2009: 6; Mayer, 2015: 328-329, Bury et al., 2010: 16).
Estos procesos explican, en buena cuenta, las prioridades de las comunidades de la sub-cuenca
de Quilcay y sus tomas de posición frente al retroceso de glaciares y los desastres de origen
glaciar. Las principales preocupaciones de estas comunidades del ámbito de estudio están
directamente asociadas con el retroceso de los glaciares en estrecha asociación con el agua. Dado
que la reproducción social de estas comunidades depende, entre otras cosas, del agua que
proporciona el retroceso de glaciar en la época seca, estas comunidades son plenamente
conscientes que los retos que enfrentan son enormes. En ese sentido, estas personas no solo

76
describen los impactos del cambio climático, sino que toman distancia crítica de las
desmesuradas proporciones de la sociedad actual que lo originan:

“La preocupación principal es en cuanto al agua. No tenemos el agua, el nevado retrocede: las
lagunas bajan disminuyen en los canales [de riego]. Hay contaminación ambiental: los países
potentes tienen, pues, fábricas; a nosotros, los campesinos, nos prohíben que no deberíamos
quemar en el mes de 24 de junio, para el día del campesino. Pero, yo pienso que lo mínimo
quemas. Pero está prohibido hacer eso. Entonces, yo me pregunto: ¿y por qué no ponen el coto a
las empresas internacionales, ¿no?, que día y noche botan la contaminación, y eso es lo que afecta
al ambiente. Pero, a veces en la sociedad no compartimos esas ideas; y lamentablemente las ideas
están hechas a favor de los grandes. Por eso, nos sentimos preocupados, no hay justicia, no hay
igualdad para todos. No hay leyes que puedan prohibir a las empresas grandes, a pesar de que a
nivel mundial vemos que la población mundial contamina y malogra: a los pequeños sí exigen,
pero, para los grandes, no hay.”
Víctor Milla, Presidente de la Comunidad Campesina de Cahuide

En efecto, mientras la mayor parte de los interlocutores de la sociedad política le había prestado
atención a la adaptación al cambio climático, a través de programas de prevención de desastres o
las obras e seguridad en lagunas de origen glaciar, el testimonio arriba citado cuestiona las
resistencias de la sociedad a poner en tela de juicio las causas de fondo o los problemas
subyacentes que han dado origen al cambio climático. En diferentes contextos sociales, quienes
piden justicia no demandan solo tener tales y cuales bienes, sino que luchan contra estructuras de
dominación esencialmente injustas o arbitrarias: reivindican no solo acceder a un reparto
equitativo de los bienes, sino que su derecho a decidir los términos de la redistribución de esos
bienes, que su derecho a participar en pie de igualdad en un orden social justificado por buenas
razones, no sea ignorado: “la víctima de la injusticia no es, primeramente, la persona que carece
de ciertos bienes, sino aquella que no es tomada en cuenta en la producción y distribución de los
bienes” (Forst, 2007:2).
Desde la perspectiva del entrevistado, el cambio climático plantea un problema de justicia a
escala global porque no todas las personas de la sociedad mundial reciben un igual trato en
condiciones de equidad: no solo porque quienes acumulan ventajas competitivas no mejoran las
condiciones de los grupos menos aventajados de la sociedad, sino porque con el cambio
climático, encima, las empeoran. Pero, tan pronto cuanto el interlocutor hace un llamado a poner
límites a estas conductas humanas desmesuradas, muestra también que muchos campesinos no
son víctimas pasivas de estructuras de dominación, sino agentes capaces de adoptar una actitud
crítica activa frente a esas formas de dominación. Nada de eso es posible, sin embargo, si la
justicia no se defiende – sugiere el campesino - en el espacio de las redes y esferas públicas
transnacionales, pues tarde o temprano el tiempo ha demostrado que las injusticias no solo son
locales, sino transnacionales (Fraser, 1990). La justicia y la injusticia se juega en ese complejo
entramado de fuerzas y relaciones de poder que opera en el espacio de las redes globales.

77
Asimismo, los campesinos están profundamente preocupados por los problemas de
redistribución generados por la desregulación y la reducción del gasto público bajo el
neoliberalismo a escala nacional:

“Nuestra primera necesidad es el canal. Antes hemos merecido para la agricultura. Ahora ya
somos olvidados. Ahora ningún gobierno, ningún alcalde se preocupa por las comunidades
campesinas. Pero, pero siempre se preocupan de las comunidades campesinas, es decir, cuando
hay elecciones. Vienen a ofrecer una serie de cosas, pero no cumplen: ese es el problema que
tenemos en el campo. Estamos olvidados tanto por el gobierno central como por el campo. Antes
nos han dado apoyo: el gobierno central nos ha dado apoyo; alcaldes municipales nos han dado
apoyo. Pero ahora, la mayor parte del terreno que usted ve está desocupado. Si tuviéramos apoyo
como años anteriores la tierra no debería faltar para cultivar.”
Celestino Hinostroza (67 años), Ex presidente de la Comunidad Campesina de Cahuide

De ello se sigue que los campesinos denuncian los órdenes de subordinación de la mala
distribución que producen injusticia económica. Cuando las afectados por injusticias manifiestan
su indignación y reclaman justicia, están expresando el carácter injustificable del sufrimiento
padecido. Pero, al mismo tiempo, muchas mujeres están dispuestas a desafiar activamente, sin
embargo, esas injusticias. De esa forma, ponen en tela de juicio los órdenes de subordinación
económica y, al mismo tiempo, los de género:

“Primeramente, me he ido al Congreso por los artesanos. Entonces, llegué a ser presidente de
artesanas a nivel Áncash. Luego, voy por las mujeres. Cuando me he ido al Congreso he
intervenido para las mujeres a favor de las viudas, de madres solteras de madres abandonas […]
Muchos hemos ido al Congreso, hemos hecho conocer y de ahí sale la ley de los artesanos.
Entonces, de esa manera, me ofrecieron y me apoyaron. Hice propaganda en ese mismo
Congreso. Ahí se ve a nivel nacional.”
María Angélica Quiñonez (60 años), dirigente del proyecto de regantes Shallap-Huapish-Toclla

Pero, mientras estos problemas estructurales persisten, las campesinas enfrentan también otros
problemas de redistribución de menor escala. En muchas de estas comunidades, los conflictos
por el agua son bastante agudos, especialmente en la época seca:

78
En momentos que hay sequía, nos peleamos por el agua. O sea, un día, por ejemplo, yo le digo a
mi mamá vamos a regar el día que hay sequía. Pero la otra vecina ya está regando, tapa nuestra
zanjita para llenar: ‘[dicen] que yo estoy regando primero, que yo tal’. A veces, ese día estamos
10 personas que desean regar, y no nos redistribuimos. O veces, nos juntamos y decimos: ‘Sabe
usted: yo una hora y usted otra ahora, y así. Intentamos redistribuir. Pero, hay personas que no
entienden, vienen y te lo destapan, no yo tengo que regar, mi chacra es más grande. Así. Y
tenemos que regar en la madrugada para que nadie nos quite el agua. Porque si no se avanza. Por
ejemplo, hay terrenos, en el centro poblado, de 1 000 o tantos metros cuadrados. Es tremendo,
extenso (Como dice mi mamá, la tierra tiene que absorber el agua para que el fruto salga bien.)
Entonces, en el momento, por ejemplo, de junio, julio, agosto o setiembre, es un caos. Estos
problemas no solo ocurren en el Centro Poblado, sino también en la comunidad [Cuatro
Estrellas], donde hay terrenos más extensos, a veces de 1 has ó 7 has de terreno (para regar eso,
demorarían más de tres días), no como el centro poblado […] O sea, es extenso. Por eso, las
personas de la mayor parte de la comunidad riegan de 1 a 4 de la mañana. En cambio, hay otras
personas que vamos a las 9 y el agua nos estamos quitando: que la vecina también quiere, que la
otra vecina, también quiere, etc.51
Zenaida Aznate (23 años), Residente del Centro Poblado de Marián

Los conflictos en estas comunidades y sus sectores surgen, entonces, por el desigual reparto en el
acceso a riego entre comuneros que cuentan con diversas zonas de producción. La distribución
del agua de regadío por turnos se ha convertido, sin embargo, en la forma típica de resolución de
estos conflictos. Pero, como ocurre a menudo, en comunidades altamente estratificadas como
éstas, siempre existe el riesgo de que determinados grupos de poder tengan más privilegios que
otros, especialmente durante la época seca. En tales circunstancias, las organizaciones de riego
pueden ejercer una presión social mayor para mejorar las infraestructuras de irrigación y
asegurar una redistribución más equitativa:

“En tiempo de sequía no llega el agua, abajo. Por eso, se ha hecho un mega proyecto que no está
aprobado. El proyecto consiste en hacer mejoramiento de canal, y construcción de reservorios. Se
ha hecho turnos, pero la gente no respeta. Como el canal es 15 km. Hay malas costumbres de la
gente para captar el agua. Como ahorita, como son canales rústicos, las bocatomas son champitas,
y la gente riega a cualquier hora. ¿Y quién es el perjudicado? El de abajo. En cambio, con este
proyecto, estamos pensando hacer respetar porque lleva una compuerta con llave y cada uno
tendrá su turno. La municipalidad ha elaborado el perfil. Pero su financiamiento lo estamos
buscando el programa de riego, porque con el presupuesto de la municipalidad no alcanza.”
Marco Norabuena (41 años), Presidente del Comité de Regantes Llupa-Unchus

De esta forma, ante las pretensiones individuales de las unidades domésticas por maximizar
ventajas propias con respecto al agua, las organizaciones de riego buscan fomentar la

51
Diálogo con Zenaida Aznate (23 años), Residente del Centro Poblado de Marián (febrero, 2002)

79
cooperación (ver figura 7). Mientras la primera opción genera un desequilibrio entre dar y recibir
un bien como el agua; la segunda, en cambio, busca restituir ese equilibrio entre dar y recibir un
bien entre todos los potenciales usuarios. Llamaremos a la primera reciprocidad negativa y a la
segunda, reciprocidad positiva.

Figura 7: Asamblea de Resolución de Conflictos del Comité de Usuario Llupa Unchus.


Foto tomada por el autor

No es solo el agua lo que preocupa a los campesinos, sino también la distribución de la tierra, las
presiones de la población y los problemas de cooperación social al interior de las propias
comunidades campesinas:
“Por ejemplo, nosotros somos adultos. Entonces, anteriormente todos ellos trabajaban: había
igualdad: todos participaban. Pero, ahora, no: ahora el que tiene que trabajar mi padre. Hay
algunos que tienen dos hijos, hay algunos que tienen más terrenos. Entonces, tienen varios hijos,
5 ó 6 hijos. Pero vienen a las reuniones por uno. Ellos no participan en las faenas, pero sí riegan,
sí utilizan las cosas de la comunidad, todo utilizan. Ya la gente es más viva: ahora solo tienen a
los abuelos como titulares, y los demás nietos tienen al orden allí nomás, ya. Y otros tienen más
familias, pero va uno solo. Entonces, ¿dónde hay la injusticia? Es que todos utilizan, pero va uno.
El que tiene uno es perjudicado, pero el que tiene cinco es gratificado. Yo lo veo contabilizando
los números…Más antes no era así.”
Gerardo Rashta Solano (54 años), Ex presidente de la Comunidad Campesina de Cuatro Estrellas

80
Desde ese punto de vista, los procesos de modernización y sus consiguientes transformaciones
económicas, agudizadas por la globalización, han desencadenado una serie de crisis con ocasión
de las rupturas y desintegración social que esos procesos a estas formas de vida campesinas. La
conversión, más o menos distante, a la vida estatal y la interacción con nuevas relaciones
culturales, con nuevos mercados, con nuevas esferas de integración social, han supuesto ciertas
rupturas por parte de estas poblaciones con sus fidelidades originarias, con sus vínculos pre-
estatales y sus identidades sociales. Esto ha dado lugar a nuevas formas de vida e identidades
sociales.
Adicionalmente, la mayoría de las comunidades del ámbito de estudio están experimentando
también procesos de parcelación y titulación individual para asegurar jurídicamente sus tierras y
eventualmente transferirlas. Pero, al mismo tiempo, reservan tierras eriazas y pastizales para
mantener la organización comunal. En ese sentido, estas personas optan por sanear el título
comunal como parte de su estrategia de formalización individual de la propiedad; es decir, la
comunidad sigue siendo, cuando menos aquí, una institución social eficaz más allá de las
modalidades y los fines para los cuales se produce la titulación (Monge, 1994). Por eso, si bien
muchas de las titulaciones de tierra en el Callejón de Huaylas se paralizaron con la culminación
del Proyecto Especial de Titulación de Tierras 2006, algunas comunidades están en proceso de
registro de sus tierras, mientras que otras tienen problemas de superposición con las tierras de
algunos propietarios privados, tanto en la Cordillera Blanca como en la Cordillera Negra.52
En ese contexto, las prioridades y preocupaciones discurren por un cauce completamente
diferente al de las prioridades de la mayor parte de las instituciones políticas de Áncash. Como
vimos antes, algunos gobiernos locales han intentado producir mejoras socioeconómicas en las
condiciones de vida de los campesinos de la sub-cuenca de Quilcay, a través de la
implementación de servicios básicos. Mas, como lo muestran los interlocutores, esas iniciativas
han dejado intocados los arreglos sociales que generan mala redistribución e inequidad para estos
grupos que experimentan privaciones económicas sistemáticas. Mientras el paradigma de las
lagunas peligrosas resulta siendo políticamente dominante, los campesinos, al persistir en su
defensa del agua, toman distancia crítica de esa dominación y traen a colación otras expectativas
sociales. Estas tomas de posición de los campesinos muestran que no existe una sola
interpretación de los glaciares y las lagunas glaciares. Mientras diversas instituciones buscan
tener un mayor sobre los glaciares o los recursos naturales o intentan hacer prevalecer el
significado que le dan a estos bienes, los campesinos pierden poder sobre dichos bienes, pero
experimentan también como una injusticia el hecho de que su propia interpretación de los
glaciares, las lagunas glaciares o el agua sea ignorada.
Por último, los campesinos también tienen una posición frente a la ciencia o el saber experto.
Algunos de ellos tuvieron la oportunidad de interactuar con diversos expertos del mundo que los
han visitado en los últimos años. A raíz de esa experiencia, algunos interlocutores me dijeron con

52
Diálogo con Mardonio Jamanca, Presidente de la Liga Agraria de Huaraz (febrero, 2016)

81
franqueza algo que también amerita atención ante cualquier futura intervención externa frente al
cambio climático:
“Tenemos ciertas dudas. No queremos ser el conejo de la india, el conejo del experimento. Han
venido de El Colorado, de diferentes países para entrevistar. Somos en sí un tercer mundo. Solo
hacen ver nuestros problemas, nuestras enfermedades, pero, ¿soluciones? Nada.
Andrés de la Cruz, Presidente de Usuarios de Agua del Proyecto Shallap-Huapish Toclla
“Hemos hablado con científicos. Pero ahorita yo estoy esperando, pues, de esos científicos de
Nepal. Yo digo: hemos estado con todo el mundo, desde todos los rincones del tiempo. En
realidad, nosotros igualito, peor. Es que nosotros ya queremos ver ya algo, una solución, en una
historia en un haber conversado, y no los vamos a ver. Y a veces, ahora estoy pensando. Tanto
hablo y no veo solución. El valor del liderazgo, el valor de conducir a la gente. Con los científicos
hemos hablado, y ya han pasado tres años. Y hablamos mucho de agricultura. Nos preguntaban si
hay semillas nativas, si hay semillas de la papa. Entonces, ellos nos preguntaban. Pero, yo ya
espero un cambio, ya no fabricar cosas que contaminan, los abonos químicos, que están
produciendo enfermedades. Eso es triste, joven. ¿Qué es lo que queremos con estas
conversaciones? Vivir más. ¿Es el amor? ¿Es cuidar la vida? Yo ya tengo 60 años. Pero, veo que
la vida se destruye, se destruye.”
María Quiñonez, Vocal del Proyecto de Usuarios de Agua del Proyecto Shallap-
Huapish-Toclla

En efecto, cuando estas personas piden justicia, exigen, primeramente, no ser tratados como si
fueran cosas o meros medios; reivindican no solo acceder a un reparto equitativo de los bienes,
sino que su derecho a la justificación, que su derecho a participar en pie de igualdad en un orden
social justificado por buenas razones, no sea ignorado. Estas personas exigen que la sociedad
escuche las motivaciones reales que tienen para actuar, que reconozca plenamente su derecho a
generar por sí mismos sus fines y valores. Pero, piden también que la sociedad pueda ser
consecuente, que pueda ser capaz de tomar distancia crítica de sí misma para corregirse y
transformarse en el mediano y largo plazo. Como se observa en el testimonio, estas personas no
miden la verdad por las palabras, sino por el modo en que, a través de ellas, se pasa al acto, a la
acción. Cualquier actividad científica deberá mostrar finalidades precisas y resultados claros si
quiere ganarse el asentimiento libre de los campesinos. Para estos campesinos, la verdad de la
actividad científica o de cualquier intervención se revela en la acción, en los resultados prácticos
que produce en sus formas de vida. Estas personas están dispuestas a decir una verdad sin
tapujos, sin preocuparse por las consecuencias que pueda traer hacerlo. Esto pone límites a la
sociedad mayor y plantea la exigencia ética de tomar distancia de la pretensión de establecer el
bien de otras personas, al margen del trato interpersonal con ellas, por más informado que se esté
de los factores que rodean la vida ajena. La arbitrariedad es pretender saber qué bienes
corresponden a quién, al margen de reconocerle a cada persona su derecho a generar sus propios
fines y valores y tener voz en el diálogo y en los procesos de toma de decisión: “el ciudadano
injusto… no ha de ser considerado sólo como alguien violento y codicioso, sino como alguien
remoto y éticamente sordo” (Shklar, 2010: 94). Cualquier intervención en el ámbito de estudio,
no deberá perder de vista ese sentido de justicia y esa interpretación pragmática de la verdad que
anida en los campesinos y las campesinas del Callejón de Huaylas.

82
3. Las relaciones de poder y los principales conflictos sociales relacionados con el
manejo de los recursos naturales o los riesgos de origen glaciar

Las tomas de posición, los fines y las valoraciones, analizadas anteriormente en sus diferentes
modos de interacción social, pueden ahora ser comprendidas, desde una perspectiva crítica más
amplia, si prestamos atención a uno de los principales conflictos sociales que se identifican en la
sub-cuenca de Quilcay: el conflicto entre la agenda de prevención de desastres y los intereses de
uso de agua. Se trata de un conflicto, no solo local, sino nacional y transnacional, por la
diversidad de actores sociales y políticos involucrados.

La biopolítica del cambio climático: ¿Las obras de seguridad de la laguna Palcacocha o la


gestión social del agua? Un falso dilema

No es posible comprender, en parte, la historia de los habitantes de la sub-cuenca de Quilcay, del


distrito de Huaraz ni del Callejón de Huaylas sin el lugar que ha tenido la laguna Palcacocha
(Coral Miranda, 1962). En 1941, el aluvión de esta laguna mató a 5 000 personas de Huaraz, lo
que lo convirtió en “el más mortal de la historia mundial” (Carey, 2014: 18). Pero, este
acontecimiento no fue sino el comienzo de muchos aluviones que devastaron la Cordillera
Blanca en las décadas siguientes: por ejemplo, el aluvión de Chavín de Huantar (1945), que se
llevó 500 vidas; el aluvión que demolió la estación de la Central Hidroeléctrica el Cañón del Pato
(1950), donde murieron 200 personas; o la avalancha de origen glaciar que arrasó el Ranrahirca y
mató a 4 000 personas (Carey, 2010: 7). Palcacocha marca, pues, el inicio de una cadena de
desastres que atentaron contra la vida de miles de personas en el Callejón de Huaylas. Desde
entonces, la política se hizo convirtió biopolítica, ya que los políticos asumieron que tenían en
sus manos la decisión de “hacer vivir o dejar morir” (Foucault, 1976a) (ver figura 8).

83
Fuente: Rodolfo Cabello, 1941.

Sin embargo, la inestabilidad de la laguna glaciar Palcacocha marca también el inicio de una
historia social, cultural y política sin precedentes. Por entonces, comenzó también la lucha por
contener las aguas de diversas lagunas de la Cordillera Blanca, a través de una serie de represas u
obras de drenaje, en las que participaron, directa o indirectamente, expertos, políticos y
pobladores de comunidades y habitantes urbanos (Fernández-Concha, 1957; Stowe, 1969;

84
Wegner, 2014). En el 2003, una de las dos represas construidas impidió que un alud, que cayó
sobre la laguna, provocara muchos daños. Ese mismo año, un comunicado de prensa alarmista de
la National Aeronautics and Space Administration (NASA), que decía que Palcacocha podía
desbordarse y generar una nueva catástrofe, despertó viejos temores inconscientes en la
población local, y dio una vuelta mediática en el mundo. Desde entonces, Palcacocha se
convirtió en una “laguna glaciar transnacional”.
En los últimos años, Palcacocha ha vuelto a entrar en la escena pública de la región de Áncash,
del país y del mundo. Pero, el contexto ha cambiado: tras el recorte neoliberal del presupuesto de
la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos, la laguna Palcacocha no ha recibido la debida
atención por parte de la comunidad política y, en efecto, la vulnerabilidad de la población a
desastres potenciales de origen glaciar ha aumentado. Pero, nuevos actores institucionales –
locales y transnacionales - han emergido y, con ellos, nuevos problemas y oportunidades, los
cuales permiten ilustrar las relaciones de poder con respecto a los glaciares y las lagunas
glaciares.
El 24 de febrero del 2016, una reunión en Huaraz fue una ocasión que reveló un conflicto
manifiesto y latente en torno a Palcacocha. En esta ocasión, las instituciones involucradas fueron
el Gobierno Regional de Áncash, la Secretaría de la Gestión de Riesgos y Desastres de la
Presidencia del Consejo de Ministros, el INAIGEM, la Unidad de Glaciología y Recursos
Hídricos de la ANA, el Instituto de Defensa Civil, el Ministerio de Economía y Finanzas, la Cruz
Roja e, incluso, CARE-Perú.
La reunión comenzó con la exposición técnica del coordinador de la UGRH sobre el estado
actual de la laguna Palcacocha. Luego, intervino Marco Zapata, quien expuso que “debían
hacerse los trabajos de desagüe y las obras de coordinación de la laguna”. Acto seguido, añadió
que el INAIGEM había entregado al Gobierno Regional, ese mismo día, un proyecto técnico
sobre las obras de seguridad de la laguna Palcacocha, indicando que su presentación oficial la
haría, acto seguido, Benjamín Morales Arnao, director de INAIGEM. Él añadió que la
“sustentación técnica correspondiente” estaría a cargo, después, del ingeniero César
Portocarrero, otro miembro del INAIGEM. Finalmente, terminó su exposición diciendo que se
necesitaba “el empuje para la situación del financiamiento”. Después, como fue anunciado,
intervino el director del INAIGEM y dijo lo siguiente:
“Este es un día histórico, porque Palcacocha ya tiene décadas, y tiene décadas de inquietudes por
la población. Los estudios dan por sentado una población de 49 mil personas [afectadas].
Entonces, lo que tiene que hacerse es la obra (los estudios ya se han hecho: está demostrada la
peligrosidad); y la obra consiste en el desagüe de la laguna y en la reconstrucción del dique.
Nosotros, como instituto, estamos proponiendo que se haga en forma paralela, tanto el estudio
como la obra en forma paralela, y no se espere (porque si se espera el trámite regular de la
convocatoria al concurso, tanto los estudios de pre-inversión e inversión y, luego de la
convocatoria a la obra, van a pasar más de dos años, más de dos años y no se va a hacer nada
efectivo en la laguna). En cambio, si nosotros iniciamos la ejecución de la obra junto con los
estudios complementarios, estaríamos ganando dos años. Este proyecto se ejecuta para la obra de
Palcacocha después de década. Este proyecto está invitando a resolver el problema: el desagüe, la
ejecución de la obra, el costo y los tiempos. En dos años está resuelto el problema. Entonces, acá

85
las decisiones que se tienen que tomar son de la parte ejecutiva: cómo hacemos que esta obra se
inicie lo antes posible. Yo creo que es una declaratoria de emergencia ejecutar esto.”
Vidal Spinoza Cerrón, Alcalde de la Municipalidad Provincial de Huaraz

Luego, de esta intervención inaugural, comenzaron diferentes intervenciones. En primer lugar,


Portocarrero mostró la evolución de la laguna Palcacocha, y propuso mostrar por qué esta laguna
es, actualmente, “peligrosa”. Su hipótesis fundamental era que “sí hay probabilidad de avalancha
en la laguna”, especialmente porque la laguna ha crecido enormemente. El experto hizo algunas
precisiones técnicas: señaló la baja calidad del dique morrénico y la necesidad de su
reconstrucción. Asimismo, indicó que, en el 2013, la PCM pidió que sean los “científicos
naturales” los que debían hacer un estudio para determinar la situación real de la laguna
Palcacocha, e indicó que la conclusión principal de este estudio era que las obras ya no eran
suficientes y que, por lo tanto, se debía hallar un “nuevo criterio”. Finalmente, precisó que “antes
de que se inicien las obras se debía tener un Sistema de Alerta Temprana (SAT)”, porque durante
la ejecución de las obras pueden ocurrir “imponderables”, y es necesario, en esos casos, “salvar
las vidas”.
Posteriormente, intervino el Director Regional de Agricultura, quien, luego de hacer referencias
a diferentes normas sobre las competencias de la ANA en materia de recursos hídricos, concluyó
lo siguiente: “Por lo tanto, los estudios - que, en este caso, ya hecho el INAIGEM - servirían de
insumo para que la autoridad competente, que sería la ANA, sea el ente ejecutor, por las
referencias antes mencionadas.”
En un contexto en el que las intervenciones ya habían hecho explícitas posiciones antagónicas, la
Cruz Roja intervino. Norma Campo Blanco, su representante, recordó el “principio de
neutralidad” de su institución y aclaró, a modo de prolegómeno, que su participación era
simplemente como “órgano de apoyo”. Primeramente, señaló que es cierto que todas las
instituciones convergen en que Palcacocha es un “inminente peligro”; pero, luego, hizo la
siguiente precisión: “Es el momento en que todos se pongan de acuerdo, converjan, porque acá
es lo que yo noto: ¿los estudios están avanzados? Perfectamente: se le solicita a INAIGEM. La
región también tiene sus estudios. Entonces, se debe hacer una sinergia, se debe trabajar
mancomunadamente. ¿Para qué? Para sacar a adelante estas obras; porque si no, acá yo veo que
es: ‘el ente ejecutor debe ser tal’ – lo he escuchado al señor -, “el director debe ser tal’. No, yo
creo que debemos trabajar en forma mancomunada. Yo, como huaracina, le pido, por favor [a
usted, Señor Pflucker], que, como ente rector, haga lo posible y tome los estudios y congregue
para que todos converjan. Estamos en el mismo camino. Trabajemos en paz. El INAIGEM ha
visto la construcción del dique, pero la autorización del agua lo puede ver la ALA. Solo yo
quiero que se trabaje en armonía y paz, en convergencia.”
Como reacción a todas las intervenciones anteriores, el secretario de la Gestión de Riesgos de la
PCM indicó que todos comparten un mismo objetivo, pero que es preciso formar una “mesa de
trabajo multisectorial”, en la que debe estar también incluido el “Ministerio de Economía y
Finanzas”. Añadió que la PCM trabaja temas “muy sensibles para la vida humana”, pero aclaró

86
que ellos “no manejan dinero”, sino las “buenas ganas”. El secretario pidió que “todos estén
alineados hacia un mismo objetivo”. Luego, insistió que, si todos están alineados, al final se verá
que lo que haga el que corresponde. Enfatizó que no corresponde a la dirección de gestión decir
quién tiene que hacer la obra. Eso es algo que tenía que verse en las normas, con el MEF, con
todos. Solicitó que se deje de lado el tema del ejecutor para que se haga de la mejor forma “más
técnica, profesional y rápida posible.”
Finalmente, el Gobernador Regional concluyó la reunión diciendo lo siguiente: “Necesitamos
recursos. Si bien es cierto, sobrentendido está que vuestra presencia, señor Pflucker, significa ya
el deseo de proponer. Al final, somos nosotros unos más de los que pedimos. Ya me imagino: a
nivel nacional, todo el mundo pide plata. El punto es ese: todo el mundo pide plata. Ideas van,
proyectos van, ideas vienen. Pero, al final, todos necesitamos ese recurso. Porque, de alguna u
otra forma, sabemos qué importante es […] Nosotros, al final, vamos a saber afrontar ese
problema, pero gracias a la ayuda de ustedes. Me da un poquito de desazón decirle esto; pero lo
que necesitamos es plata.”
En consecuencia, la idea de Foucault de que la tarea de la política es biopolítica – es decir,
proteger o mejorar las condiciones de vida de la población, apartándola del riesgo de su propia
muerte o destrucción - parece haber venido para quedarse en Áncash. En tales circunstancias, el
Estado enfrenta el dilema moral de “hacer vivir o dejar morir” a la población (Foucault, 1976a:
177-211). El poder reside y ser ejerce sobre la vida; el poder político consiste en administrar la
vida de la población. Pero, dado que se trata de la gestión administrativa de la vida, cuestiones
sobre quién decide sobre las lagunas glaciares y con qué recursos se hacen las obras, muestran
que hay decisiones políticas y económicas asociadas a la seguridad de lagunas.
Una de las técnicas típicas de ese biopoder es el saber experto, cuyas “decisiones técnicas”
cobran predominancia, como lo muestran los interlocutores. Estos expertos aparecen como los
que saben lo que mejor le conviene al resto de la sociedad y los que poseen, por tanto, las
habilidades y tecnologías para administrar las condiciones de vida de la gente en el Callejón de
Huaylas. Difundir una narrativa de las lagunas glaciares “peligrosas”, en una zona que ha sido
históricamente golpeada por catástrofes, tiene una utilidad a la que no se le ha prestado una
debida atención. Muchas veces, el solo hecho de poder resolver ciertos problemas en lagunas
glaciares aparece como una condición necesaria para que la población pueda fiarse de los
expertos y transferirles las responsabilidades de la prevención de aluviones, al margen de todo
consenso o disenso con todos los actores involucrados y los potenciales afectados. La
representante de la Cruz Roja parece haber detectado esta cuestión: allí donde las decisiones
políticas se concentran en un grupo cerrado de expertos, toda discusión moral sobre los fines y
las decisiones relacionadas con la prevención de desastres pierde, así, relevancia. En ese caso, la
democracia se convierte, entonces, en mejorar básicamente las condiciones de vida y
administrarla técnicamente, a través de las obras de seguridad, para librar a la gente de ser
arrojada a la muerte por un aluvión o una avalancha. Pero, si es así, el proceso político es cada
vez más tecnocrático y menos político: se gobierna, no por asentimiento libre e informado de
todos los potenciales afectados, sino básicamente para regular o controlar las condiciones de vida
de la gente.

87
Esa abstracción suspende o elude, por ello, la discusión crítica entre los actores involucrados -
como lo hace también el presidente regional, cuando señala que lo que único que se necesita es
dinero. Es poco probable que esto sea así, porque los fines de las instituciones pocas veces
coinciden. En la práctica, las instituciones que se sienten más capacitadas para hacer las obras de
seguridad - como el INAIGEM - preferirían prescindir de otras instituciones; y estas, tras sentir
que no se respetan sus competencias y se les excluye de los procesos de toma de decisión,
pueden percibir que se les desplaza de los procedimientos de deliberación pública.
Como vimos en páginas anteriores, el director del INAIGEM utiliza su experiencia para poner en
cuestión la capacidad de la ANA para movilizar recursos. Como respuesta, la ANA apela a sus
competencias en materia de recurso hídrico para desafiar el poder del INAIGEM. Esta situación
exacerba, por ejemplo, los conflictos entre ambas instituciones en diversos contextos:
“Nosotros, ahorita, no tenemos, en general, una buena relación con el instituto. Es un problema de
personas: nosotros tenemos un problema con el director del INAIGEM, Benjamín Morales, que
fue una vez director de la UGRH en sus orígenes. Pero ahora que está en el INAIGEM, él quiere
ser la institución que haga todo, ¿no? Incluso, en una reunión que hubo acá en la ANA, él le dijo
a nuestro jefe, al ingeniero Juan Carlos Sevilla: ‘Tú ya no hagas nada. Nosotros vamos a hacerlo
todo.’ Obviamente, el jefe le dijo: ¡No, ¿sabes qué? Tú has lo tuyo: nosotros vamos a seguir
haciendo lo que nos corresponde.’ Por ese lado, no tenemos ninguna buena relación con ellos. No
ha habido ninguna articulación por parte de ellos: lo que ellos quieren básicamente es ser los
únicos que hagan todas las actividades, extralimitando sus funciones.”
Fernando Chiock, Director de Conservación y Planeamiento de Recurso Hídrico, ANA

Pero, la ANA no es la única institución, sin embargo, que tiene conflictos con el INAIGEM.
También los directivos del Parque Nacional Huascarán ponen en tela de juicio la autoridad de
esta institución, así como la del Gobierno Regional, por tomar decisiones políticas al margen de
ellos:
“En el caso del INAIGEM, falta una definición de sus roles y funciones, como su nombre lo dice.
Hay mucha gente que tiene trayectoria profesional o experiencia. [Ellos] están empezando sobre
la base de lo que, desde mi punto de vista, no corresponde al INAIGEM. Llueve fuerte, pero
hacen un escándalo. Sabemos que una laguna [Palcacocha] tiene un peligro potencial, pero dicen:
‘Es inminente. Tenemos que hacer carreteras, tenemos que hacer esto, tenemos que hacer lo otro.’
A la fuerza. No es función del INAIGEM. Y se están metiendo en el tema de confrontar al Parque
frente a toda una Plataforma, que al fin de cuentas cree a estos señores que tienen años (ellos son
viejitos y se han ganado cierto posicionamiento); y se lo creen todo. Y allí, pues, generan una
fuerte presión al Parque sin que ellos tengan un conocimiento claro y pleno de qué es un Parque
Nacional Huascarán y para qué es el Parque Nacional Huascarán, para qué se formó, para qué
existe, cuál es su importancia.
- ¿Y en qué sentido se confronta al Parque con esta Plataforma?
En el tema, por ejemplo, puntual de la apertura de una carretera, cuando sabemos que no hay un
proyecto definitivo para el tratamiento de seguridad de esa laguna [Palcacocha]. Yo no me
opondría a la apertura de una trocha si me dicen: ‘Parque, acá tengo un expediente para el

88
tratamiento final de esta laguna y esta trocha es la parte complementaria para que esto se pueda
cumplir.’ ‘Perfecto.’ Pero, no: por un tema que ni siquiera va a ser paliativo, sino que
simplemente por gastarse el dinero y por caer en el juego de un gobernador que tenemos, que se
cree “el sabe lo todo” y “el salvador”, y los otros señores lo inducen y lo empoderan: el pata [el
gobernador] habla y nos mete en un tremendo lío. Entonces, es un tema delicado. Pero, el tiempo
va a demostrar quién es quién y quiénes asumen sus responsabilidades.53

Asimismo, a efectos de completar el contexto social y político, el alcalde de Huaraz estima que
las promesas de las instituciones públicas con respecto a la seguridad de lagunas glaciares no se
han traducido en el mundo de los hechos. La propia historia institucional de Áncash es, desde su
punto de vista, una prueba de ello:
“Tenemos 70 años y no hemos hecho nada por Palcacocha, absolutamente nada, y esta laguna
sigue llenándose. Hubo un intento de sifonar o hacer drenaje; pero no fue por salvar a Huaraz,
sino porque había una forma de ganarse unos centavos. Entonces, ha habido inercia de las
autoridades. Te soy sincero: a mí mismo, por otro lado, me digo: ‘¿Qué hago pensando tanto en
Palcacocha si no se va a venir? O sea, por ratos, a uno también le viene eso, ¿no? Estoy pensando
más en otras cosas. No es que escuche la culpa total, ¿ah? Es porque también a uno le pasa. Es
porque tengo tantas necesidades y tantas obligaciones que hacer y atender que, a veces, me quita
tiempo pensar y actuar en Palcacocha. Esa podría ser una justificación de mis ex autoridades.”
Vidal Spinoza Cerrón, Alcalde de la Municipalidad Provincial de Huaraz

Pero, mientras estas rivalidades impiden la cooperación libre y consciente de las instituciones, la
población queda al margen de toda participación política. Antes, observamos cómo la gestión del
agua era una prioridad para muchas comunidades campesinas de la sub-cuenca de Quilcay; pero,
este asunto ha pasado desapercibido en un conflicto donde o bien prevalecen otras prioridades, o
bien priman las obras de seguridad de lagunas glaciares:
“Dicen que la laguna es peligrosa, pero los que conocen la laguna dicen que ya no hay agua.
Necesitamos más bien ahorrar el agua (construcción de represas) para poder tener si quiera un par
de años más. Pero, las autoridades no se preocupan: más bien, bajan el agua, desperdician el agua.
Hablan de aluvión, pero aluvión no va a haber, sino que va a haber escasez de agua. El agua debe
bajar ya casi controlado, ya no se debe desperdiciar. Porque, claro, se ve la laguna de Churup:
poco a poco, ¿dónde nomás abastece? A los dos sectores de la comunidad. Entonces, si está
desapareciendo, ¿qué aluvión va a haber?
- ¿Ustedes les han dicho a algunas instituciones eso?
Sí, hemos reclamado, pero no nos hacen caso. Ahí está: por ejemplo, hicieron cursos, charlas, el
Instituto de Montaña, donde prácticamente dijeron: ‘Señor: el hielo va a caer en la laguna por el
derretimiento, por el calor, el agua va a rebalsar y causa peligro en la ciudad; por lo cual vamos a
tener que bajar”; y bajaron. Hay personas que controlan la laguna para que puedan avisar a las

53
Ricardo Gómez, Coordinador del Parque Nacional Huascarán (febrero, 2016)

89
autoridades y pueda prevenirse. Las instituciones están pensando en bajar el agua, pero no hacen
nada por ahorrar el agua.”54

Estas narrativas de las poblaciones locales en favor del agua son sistemáticamente ignoradas por
la sociedad política. Algunos expertos y políticos ven las lagunas glaciares como peligrosas e
intentan hacer imperar las obras de seguridad como un discurso dominante y aparentemente
incontestable. Las comunidades campesinas retan, sin embargo, esa pretensión e interpretan las
lagunas como bienes encantados que les proporcionan las lluvias, les suministran el agua y les
permiten comunicar el mundo de aquí y el mundo de allá, el mundo de los vivos y el mundo de
los dioses y los muertos (Gose, 1983; Polia Meconi, 1988; Rösing, 1996, Yauri Montero, 2000).
Pero, estas personas no tienen voz en las decisiones políticas, ya que ellas son controladas por
expertos y políticos que clausuran o cierran las posibilidades de significación de esos bienes
sobre la base de argumentos técnicos. Aun así, al persistir en su defensa del agua y sus
territorios, ellas pueden perpetuar sus formas de vida, re-elaborar el poder desde abajo y desafiar
la indiferencia y el poder de los regímenes políticos (Mallon, 1993; Borg Rasmussen, 2015: 141-
165).
Pero, esto conduce también a construir un dilema entre los argumentos en favor del agua y las
agendas de los expertos y políticos sobre la prevención de riesgos y desastres de origen glaciar,
como si se tratase de posturas éticas o concepciones de vida buena irreconciliables. Los expertos
y los políticos están de acuerdo en que hay que drenar las lagunas glaciares, pero no se ponen de
acuerdo en quién decide y con qué medios se realizarán las obras de seguridad; los campesinos,
en cambio, piensan que el drenaje no tiene sentido si no sirve para ahorrar o reservar el agua,
especialmente en un contexto de cambio climático que ya comenzó a afectarlos, particularmente
en la estación seca. Los unos están preocupados por administrar las condiciones de vida de los
residentes locales, al margen de los fines que éstos se dan a sí mismos, mientras que las
poblaciones campesinas están preocupadas por reservar agua y asegurar la reproducción social
de su forma de vida en el futuro; unos tienen necesidad de decidir por la vida de otros, mientras
que estos exigen que la sociedad política les dé los medios para que puedan administrar sus
condiciones de vida por sí mismos. Esto conduce a un falso dilema, porque no permite articular
las expectativas de justicia - que bien podrían ir esencialmente unidas – y tampoco asegurar la
cooperación social y política.
Tampoco los habitantes urbanos tienen voz en esas discusiones públicas. Históricamente, estas
personas han opuesto resistencia a una de las principales recomendaciones de los expertos frente
a las “lagunas glaciares peligrosas”: la reubicación fuera de zonas de peligro. Para estas
personas, las zonas de riesgo no son tan importantes o urgentes, a diferencia del significado
cultural, económico y político que tienen esos lugares: estas poblaciones han construido y
construyen sus identidades sociales y sus formas de vida en esos espacios urbanos; encuentran
también allí la posibilidad de disponer también de un patrimonio, instaurar un estatus social y
constituir una familia o grupo social susceptible de perpetuarse en el tiempo; y, finalmente, su

54
Diálogo con Víctor Milla, Ex presidente de la Comunidad de Cahuide (febrero, 2016)

90
permanencia en esos espacios les permite, además, desafiar el poder de los expertos y los
políticos de pretender inmiscuirse en sus vidas o, más precisamente, en la generación de sus
propios fines y valores.
Al no existir un proceso político democrático mediado por la comunicación y la incorporación de
los marginados en las decisiones públicas, el resultado paradójico es que los expertos y los
políticos convierten a la gente en dependientes de sus decisiones biopolíticas y sus recetas
tecnocráticas. Ellos aparecen, así, como los que tienen las posibles soluciones técnicas frente a
los peligros de origen glaciar que amenazan la vida de la población, mientras que los residentes
locales aparecen, a sus ojos, como receptores de las políticas públicas que pretenden proteger sus
vidas. Pero, esta relación de dominación se relativa con la misma fuerza con que los potenciales
afectados se desentienden, con cierta ironía, de esas tareas y responsabilidades y las transfieren a
la comunidad de expertos y las autoridades políticas, para reservarse, así, el derecho de
consagrarse a sus propios fines y valores. La gente es, así, tan dependiente respecto del manejo
de los desastres de origen glaciar, como autónoma para desafiar un poder cada vez más
tecnocrático y consagrar sus propios fines y valores más allá de los desastres. Esta distancia
crítica es lo que confiere poder a la población, pero es lo que también da poder a los expertos.
Todos ellos ganan poder - aunque en diferentes grados y niveles - con la misma fuerza con que lo
pierden. Pero, mientras la democratización espera, la vulnerabilidad de la población aumenta y
un viejo drama puede repetirse:
“El primer acto del drama lo constituye la catástrofe misma y el consiguiente pavor que cunde
entre los habitantes, entre los que quedan innumerables víctimas. El segundo momento está dado
por el interés público y privado, por el de las autoridades y entidades benéficas, que despliegan
una inusitada actividad publicitaria para hacer saber que se repararán los daños y se socorrerán a
los damnificados. El final es muy sencillo, los fondos reunidos, las partidas destinadas para esos
efectos se esfuman como por encanto. El epílogo es conocido: el pueblo queda rumiando su dolor
incurado, las piedras de las casas restan como las dejó el aluvión, y la población entera es
olvidada por los ‘benefactores’ oficiales y particulares, hasta una nueva ocasión… hasta una
nueva catástrofe!” (Álvarez-Brun, 1970: 244).

91
4. Algunas amenazas y oportunidades del escenario social y político para la
intervención del Proyecto Glaciares + en el ámbito de estudio

Las amenazas y oportunidades del contexto social y político de la cuenca de Cañete pueden ser
comprendidas de una manera más sistemática si tratamos de analizarlas en el marco de los
resultados esperados por el proyecto Glaciares +. La meta general de este proyecto es construir y
fortalecer las capacidades para la adaptación al cambio climático y reducir los riesgos asociados
a los glaciares, garantizar la sostenibilidad y aprovechar las oportunidades que ofrece el
fenómeno de retroceso de glaciares. Para lograr ese cometido, el equipo del proyecto busca el
cumplimiento de los siguientes tres resultados: “i) las instituciones públicas cuentan con
condiciones propicias para la promoción de medidas de adaptación y gestión de riesgos
asociados a glaciares; ii) los actores claves, como los gobiernos regionales y locales y el sector
privado, aplican la capacidad de adaptación y la gestión de oportunidades que ofrece el retroceso
de glaciares; y iii) el ámbito académico y los sectores público y privado construyen capacidades
y conocimientos que satisfacen las demandas locales y globales de adaptación al cambio
climático.”55

1. Con respecto al primer resultado: “las instituciones públicas cuentan con condiciones
propicias para la promoción de medidas de adaptación y gestión de riesgos asociados a
glaciares”
La historia de la sub-cuenca de Quilcay y del Callejón de Huaylas es un caso muy particular. Las
poblaciones locales han pagado con sus vidas los embates de las peores catástrofes producidas
por las avalanchas, aluviones y terremotos. El retroceso del glaciar y los impactos de los
desastres de origen glaciar han dejado un sello indeleble en la vida y memoria de los
sobrevivientes y en el silencio de miles de muertos y desaparecidos. Pero, esta tragedia ha
servido también para que la sociedad ancashina y la sociedad mundial tomen conciencia de los
límites de la condición humana frente al cambio climático y emprendan iniciativas para
afrontarlos, mediante investigación científica, programas de prevención de desastres, obras de
ingeniería en seguridad de lagunas e iniciativas de desarrollo económico en zonas glaciares y, en
general, en los territorios andinos de la región. El hecho de que varias instituciones políticas y
privadas de Áncash se estén involucrando en programas de prevención y desastres, a diferencia
de otras regiones del país, es también una gran oportunidad para el Proyecto Glaciares+: ayuda a
aprender de las iniciativas y aportes de otras instituciones, de sus logros, de sus tropiezos, de sus
errores y de sus respuestas a esos errores.

55
Cf. Proyecto: Gestión del Riesgo y Uso Productivo del Agua Procedente de Glaciares: Glaciares+. Propuesta para
la Fase II: 1ro. de setiembre de 2015 – 31 de agosto de 2018. Zúrich: COSUDE/Universidad de Zúrich / Lima: CARE-
Perú (En adelante: Proyecto Glaciares +), p.5

92
Si pasamos revista a algunas de los actores institucionales y políticos, la principal oportunidad
que tiene el proyecto Glaciares+ es que la sub-cuenca de Quilcay reúne a expertos con una vasta
experiencia y un extendido capital cultural sobre el cambio climático. Estos expertos, reunidos
en el INAIGEM, cuentan con un vasto conocimiento en obras de seguridad de lagunas, lo que los
ha convertido también en importantes referentes nacionales y mundiales frente a los riesgos de
origen glaciar. El hecho de que estos expertos, concentren sus capacidades en el Callejón de
Huaylas y la sub-cuenca de Quilcay, ofrece una oportunidad propicia para el ámbito de
intervención del Proyecto Glaciares+.
Una posible amenaza, sin embargo, es que el actual director del INAIGEM no ve en esas y otras
instituciones aliados de investigación, sino fundamentalmente oportunidades para captar
recursos, en parte porque prioriza la capacidad de gestión de financiamiento para las obras de
seguridad lagunas antes que la producción de conocimientos. El problema es que esto puede
llevar a poner los intereses económicos por encima de los intereses de la investigación. Pero, esa
posibilidad no es compartida del todo por otros miembros del INAIGEM, que, sin renunciar a la
necesidad de captar recursos para dar soporte económico a sus actividades, ponen especial
énfasis en sentar las bases para que la institución se convierta en aquello para lo cual fue creada:
un instituto de investigación.
Este riesgo es comparativamente menor comparado con el posicionamiento de la institución en
las relaciones de poder de las esferas públicas. El INAIGEM cuenta con mucha capacidad
técnica para realizar actividades de prevención de riesgos y desastres en el Callejón de Huaylas,
pero tiene muy baja capacidad de convocatoria para generar decisiones democráticas y motivar
los esfuerzos colectivos de la población y los compromisos de otras instituciones públicas y
privadas. En el ámbito de estudio, esto ha dado lugar a conflictos y fracturas entre esta
institución y la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos, la ALA-Huaraz, el Gobierno
Regional y el Parque Nacional Huascarán: mientras los miembros del INAIGEM aducen que
estas instituciones no tienen capacidad técnica o no hacen nada para cambiar el estado de cosas
frente a los riesgos y los desastres de origen glaciar, estas cuestionan que el INAIGEM pretenda
monopolizar las decisiones frente a los recursos naturales y las lagunas peligrosas, a costa de
excluirlos sistemáticamente de los procesos de toma de decisión.
Sin embargo, este conflicto, al interior de la sociedad política, puede ser una oportunidad para
sugerir que las recomendaciones técnicas son necesarias pero insuficientes frente al cambio
climático, porque, para convocar la capacidad de respuesta de las instituciones y las poblaciones
locales, se requiere mucho más que saber experto: es preciso incorporar a los actores diferentes
involucrados, en pie de igualdad, en los procesos de toma de decisión para que puedan generar y
discutir fines y valores por sí mismos y organizar su cooperación con vistas a realizar metas
comunes. Si el proyecto Glaciares+ logra mostrar su capacidad de convocatoria en este sentido,
es decir, si logra tener un cierto liderazgo para incluir a otras instituciones en decisiones y
acciones colectivas, habrá ayudado mucho a sugerir que es posible construir institucionalidad y
emprender acciones de otra manera en la sub-cuenca de Quilcay y la región de Áncash.
Una exigencia democrática también emerge en la relación entre sociedad política y poblaciones
locales. Todos los actores políticos e institucionales, que hemos entrevistado durante la

93
realización de esta investigación, reclaman la poca cooperación o la falta de cooperación de los
residentes locales para afrontar decididamente potenciales riesgos y desastres; señalan que, para
los habitantes urbanos, por ejemplo, los riesgos de posibles aluviones o avalanchas no son
importantes o están muy lejos de sus prioridades y, pocas veces, están dispuestos a modificar sus
prácticas sociales para alejarse de las zonas de peligro, comprometerse con programas de
prevención de desastres y reducir, por tanto, su vulnerabilidad. Algunos de ellos señalan que “el”
problema es esencialmente “social”. Esa evaluación suele estar cargada de explicaciones
asociadas con la idiosincrasia de la población, la pobreza, la marginación socioeconómica, la
injusticia social. Pero, son pocas las instituciones que hacen realmente esfuerzos por acercarse a
esos mundos sociales particulares, comprender los fines o las motivaciones que estos pueblos
tienen para actuar e incluirlos en las decisiones políticas. El divorcio o distanciamiento entre el
mundo de la política y las expectativas y estrategias de reproducción social de las poblaciones es
muy palpable: una falta de comunicación con residentes locales sobre los riesgos presentes en el
área, la ausencia de programas de seguridad pública efectivos, altos niveles de pobreza y el
fracaso de autoridades municipales en hacer cumplir las regulaciones de zonificación locales
(Carey et al., 2012: 749). La exclusión de estas poblaciones de la política del cambio climático es
también funcional a la concentración de las decisiones en grupos de expertos y políticos. Todos
estos problemas son complejos, pero pueden servir al equipo del proyecto no solo para reforzar
la comprensión de que la vulnerabilidad es principalmente social, sino para constatar que una
manera de evitar reducirla es involucrar, no solo a los actores políticos e institucionales, sino
también a los habitantes urbanos y las comunidades campesinas.

2. Con respecto al segundo resultado: “los actores claves, como los gobiernos regionales y
locales y el sector privado, aplican la capacidad de adaptación y la gestión de
oportunidades que ofrece el retroceso de glaciares”

En materia de capacidad de adaptación y gestión de oportunidades, las capacidades y


limitaciones de estas instituciones son diferenciadas. El INAIGEM tiene mucha capacidad
técnica, pero poca capacidad para movilizar esfuerzos colectivos y promover decisiones
democráticas, involucrando a todos los actores institucionales. La Unidad de Glaciología y
Recursos Hídricos tiene también mucha capacidad técnica, pero escaso respaldo político y
económico para llevar a cabo sus acciones en el Callejón de Huaylas y en varias cordilleras del
país. ALA-Huaraz tiene un cierto respaldo político, pero no el suficiente como para asegurar la
cooperación de otras instituciones en materia de gestión del agua mediante la participación
política; además, ha tenido pocos resultados en la formalización de los usuarios de agua y en la
reubicación de habitantes urbanos en zonas ribereñas de peligro. El Parque Nacional Huascarán
tiene cierta capacidad para movilizar recursos y personas en el área natural protegida, pero tiene
poco respaldo político por parte de los gobiernos locales y del INAIGEM, que lo ven como un
obstáculo para controlar las lagunas glaciares y los recursos naturales. El Gobierno Regional
tiene poca capacidad para movilizar recursos y personas y poca capacidad de convocatoria entre
los residentes locales, pero tiene las competencias para liderar procesos de prevención de riesgos

94
de desastres con las que pocas instituciones públicas cuentan; aun así, está afectado por dos de
las principales amenazas del contexto político en un escenario de cambio climático: el
clientelismo y la corrupción.
En un plano diferente del paisaje político, el gobierno local de Huaraz tiene una cierta capacidad
de convocatoria, pero poca capacidad técnica para asegurar la prevención de riesgos y un cierto
divorcio con las poblaciones campesinas, a diferencia de una relación más fluida, pero tensa e
inestable, con los habitantes urbanos. El Gobierno Local de independencia tiene más capacidad
de convocatoria, una comunicación más fluida con las comunidades y una relación más estable
con los habitantes urbanos. Ambos gobiernos locales, sin embargo, priorizan mejoras en
servicios básicos y tienen déficits presupuestos considerables para emprender acciones
orientadas a la adaptación al cambio climático y aprovechar oportunidades como las que puede
ofrecer la Mancomunidad Waraq. Desde la sociedad civil, la Cruz Roja es una de las pocas
instituciones que tiene capacidades de acción concertada para la prevención de desastres, pero no
el suficiente como para tener impacto político y supervisar las decisiones democráticas. Estas
características pueden servir para el análisis de las condiciones propicias de estas instituciones
para la adaptación al cambio climático y la prevención de riesgos y desastres de origen glaciar.
Pero, una amenaza que existe en el territorio es que la mayor parte de las instituciones creen que
todos los problemas se resuelven con “soluciones técnicas”. Asumen, entonces, de manera
implícita, que la vulnerabilidad es esencialmente un asunto de peligros naturales, y no un proceso
más amplio y complejo que involucra aspectos sociales, culturales, económicos y políticos
(Maskrey, 1989, 1993; Birkmann, 2006). El problema es que ese sesgo tecnocrático les ha
impedido comprender a los propios actores que el proceso político no consiste en controlar
técnicamente las conductas de los demás, sino en lograr el asentimiento libre e informado de
todos los potenciales afectados por una decisión. Las soluciones técnicas son necesarias, pero
insuficientes: las decisiones políticas solo son legítimas a condición de que cuenten con el
asentimiento libre y la participación de todos los potenciales afectados. Un proyecto que quiera
producir resultados, respetando y valorando los fines y los valores que se dan a sí mismas las
personas de manera libre, requiere una interpretación “sistémica”, “holística” o
“multidimensional” de los escenarios de su intervención: si los problemas son
multidimensionales, las respuestas también deben de serlo. Esto implica, en concreto, reconocer
las variables no solo técnicas, sino las motivaciones culturales, económicas y políticas que
conducen a los residentes urbanos a permanecer en zonas de peligros, a las comunidades
campesinas a persistir en su defensa del agua para su existencia futura y a los expertos y
científicos a tomar decisiones tecnocráticas al margen de los principales afectados. Tienen más
oportunidades de ser sostenibles los proyectos que tienen una lectura, más o menos integral, del
contexto y las relaciones de poder.
Otra idea bastante extendida, en algunas instituciones de Áncash, es que lo único que falta para
las obras de seguridad de lagunas es esencialmente financiamiento. Es cierto que estas obras
requieren fondos económicos; pero eso también puede servir, muchas veces, para simplificar o
eclipsar conflictos latentes entre instituciones que buscan reducir a problemas económicos lo
que, a decir verdad, solo se resuelve por otros medios. Son escasas las instituciones – como la

95
Cruz Roja, por ejemplo - que perciben que el problema de fondo no es ese, sino la capacidad de
las instituciones para organizar el poder mediante la cooperación orientada a metas comunes, de
acuerdo con requisitos básicos de la justicia. La pretensión dogmática de pretender dominar o
controlar técnicamente las conductas de las demás, en nombre de meras ventajas propias, hace
hoy época en Áncash, pero bloquea sistemáticamente la adaptación preventiva frente al cambio
climático. En breve, solo las instituciones que estén dispuestas a cooperar y dialogar son las que
tendrán más oportunidades de ejercer poder o influencia positiva sobre las demás; pero solo con
tales instituciones hegemónicas habrá más opciones de que la prevención de desastres de origen
glaciar sea más sostenible en el largo plazo.
Asimismo, en el marco de las potenciales amenazas de la laguna Palcacocha, en el contexto
político se ha instaurado un fuerte dilema entre las preocupaciones por el agua y las agendas
políticas de la seguridad de lagunas glaciares. Paradójicamente, iniciativas, que bien podrían ser
complementarias para afrontar el cambio climático, terminan ampliando la brecha entre la
sociedad política y la población local, en vez de unir sus expectativas y esfuerzos colectivos. Eso
quiere decir que los bienes, los glaciares, el cambio climático y la adaptación no significan lo
mismo para los diferentes actores sociales y políticos involucrados. Pero, puede representar
también para el Proyecto Glaciares+ una importante señal: si solo concentra sus actividades en
la seguridad de lagunas y los sistemas de alerta temprana puede conseguir más o menos el
respaldo de determinadas instituciones de la sociedad política, pero divorciarse por completo de
las preocupaciones de la población con respecto al agua. Así, CARE-Perú y la Universidad de
Zúrich podrían sumarse a las prioridades y conflictos de la sociedad política, pero permanecer
sistemáticamente divorciadas de las poblaciones locales. Esta situación podría dejar intocada la
vulnerabilidad de estas poblaciones y podría hacerle un secreto favor a las asimetrías o relaciones
de dominación ya existentes.
Dentro de la población local, las comunidades campesinas cuentan con ciertas capacidades para
afrontar el cambio climático, pero el cambio climático impone también retos a su capacidad
histórica de adaptación. Si a estas poblaciones no se les ofrece los medios para superar sus
privaciones económicas sistemáticas, si nos los incluye en los procedimientos de decisión sobre
los criterios de distribución de los bienes y si no les permiten incorporarse en las políticas
públicas frente al cambio climático, difícilmente sus capacidades podrán ser potenciadas y
podrían verse profundamente afectadas por el cambio climático. Las narrativas, vivencias y
expectativas de los habitantes urbanos pueden servir también para examinar críticamente las
obras de prevención de desastres: si solo se examina el riesgo de aluviones o solo se ven los
territorios como zonas de peligro, se perderán de vista las dimensiones culturales, económicas y
políticas de los riesgos, que atan a estas personas a vivir en zonas potencialmente vulnerables.
Estas consideraciones no son reductibles porque un problema de fondo en el ámbito de estudio es
que las brechas entre los fines de las instituciones y las expectativas sociales de los habitantes
urbanos y las comunidades campesinas y caseríos de la sub-cuenca, son bastante amplias. La
mejor manera de saber lo que la gente realmente necesita en un contexto de cambio climático
solo se descubre en el trato interpersonal con ella, mediante un proceso mediado por la
comunicación y el diálogo en pie de igualdad. Eso significa darles la oportunidad de dar a

96
conocer su voz y permitirles ejercer su derecho a generar fines y valores para reducir el disenso
entre obras de prevención de desastres y manejo concertado del agua, no como dos estrategias
antagónicas – como hasta ahora ocurre -, sino como distintas pero complementarias.

3. Con respecto al tercer y último resultado: “el ámbito académico y los sectores público y
privado construyen capacidades y conocimientos que satisfacen las demandas locales y
globales de adaptación al cambio climático”

A la luz de los acontecimientos analizados, observamos que muchas instituciones del ámbito de
estudio cuentan con muchas capacidades técnicas heterogéneas para afrontar la adaptación al
cambio climático y la prevención de desastres. El INAIGEM cuenta con el saber experto para
realizar obras de seguridad de lagunas glaciares. Pero, varios de sus miembros expresan la
necesidad de fortalecer el componente científico para dar sustento a su misión institucional y
complementar, así, sus experiencias acumuladas en obras de seguridad de lagunas. Por ese
motivo, no descartan seguir encontrando un socio futuro en instituciones como la Universidad de
Zúrich, la cual puede agregar lo aportes de su corpus de conocimiento científico a las
experiencias de varios de los expertos del INAIGEM, y viceversa.
El Ministerio del Ambiente y el Instituto de Montaña han realizado también diversos estudios
científicos naturales y económicos sobre recursos y sistemas productivos en la sub-cuenca de
Quilcay (MINAM, 2014a, 2014b, 2014c, 2014d, Zimmer, 2013). Pero, estos estudios han
descuidado los aspectos sociales de la vulnerabilidad y han tenido pocos efectos en el terreno de
la acción, tanto a los ojos de estas mismas instituciones como a juicio de la población campesina.
Los vacíos de investigación, desde el punto de vista científico social, sobre el cambio climático,
el retroceso de glaciares, el manejo del agua y los conflictos sociales, abundan en la zona de
estudio, en comparación con los estudios sociales realizados en otras zonas del Callejón de
Huaylas (Stein, 1961, 1975, 2000; Doughty, 1970; Gil, 2009; Venturolli, 2011; Osorio, 2013). El
problema es que este déficit sobre el contexto social y político tampoco ayuda a atenuar lo que es
materia de consenso entre expertos y políticos en el ámbito de estudio: que el mayor reto es
comprender la dimensión social de la vulnerabilidad y la adaptación al cambio climático.
Ahora bien, si bien la incorporación de los potenciales afectados por riesgos y desastres de
origen glaciar, en los proyectos de adaptación al cambio climático, es crucial, no es un proceso
tan sencillo. Contra las expectativas de expertos y políticas, los habitantes urbanos, por razones
culturales, económicas y políticas, han sido históricamente renuentes a reubicarse en zonas de
peligro, pero han sido un poco más solidarios con las obras de seguridad de lagunas, cuyas
experiencias conocen, sin embargo, muy de cerca. Si bien sus preocupaciones pasan más por
servicios básicos y seguridad frente a las amenazas urbanas, la experiencia que ellos han
acumulado en materia de prevención de riesgos y desastres es una gran oportunidad para hacer
ajustes en las políticas y reorientar la acción de las instituciones públicas. De hecho, la respuesta

97
de los habitantes urbanos ha influido históricamente en la ciencia y la política en el Callejón de
Huaylas, pero estas personas y sus demandas todavía no han sido debidamente incluidas en las
políticas públicas. Por esa razón, el Proyecto Glaciares + tiene mucho que aprender de la
experiencia de estas poblaciones para afrontar estratégicamente el cambio climático.
Las comunidades campesinas no dan tanta importancia a la prevención de riesgos y desastres de
origen glaciar, pero sí al manejo y la distribución del agua. Una acción exclusivamente enfocada
en el clima y los peligros ayudaría menos, por tanto, al Proyecto Glaciares+ que una vinculación
más decidida entre cambio climático, agua y estrategias campesinas. Hay razones históricas que
pueden dar argumentos fuertes para esta interacción en el análisis del contexto y la intervención.
Como otras sociedades de los Andes, las poblaciones campesinas de zona de estudio tienen una
larga experiencia de compenetración y conocimiento de su medio ecológico, controlan la mayor
parte de las tierras frágiles y tienen experiencia de varios siglos adaptándose a las condiciones
adversas del macizo montañoso. Además, tienen mucha capacidad para movilizar recursos y
esfuerzos colectivos, implementar políticas ambientalistas, a escala comunal y supracomunal, y
regular las presiones sociales sobre los bienes y los recursos en sus ámbitos territoriales, en
cuestiones como el sobrepastoreo, el consumo de recursos forestales, el manejo de proyectos de
irrigación, los abigeatos, los conflictos por linderos de tierras o, incluso, la violencia política
(Mayer, 2002: 330). En breve, las poblaciones tienen características que pueden servir como
oportunidades para futuros proyectos frente al cambio climático: primero, un interés en el
manejo de los recursos naturales (especialmente, el agua) y una capacidad de cooperación social
muy extendida. Por estas razones, las historias, experiencias y vivencias de estas poblaciones
podrían ser una oportunidad para el Proyecto Glaciares +.
Sin embargo, las dinámicas del cambio climático y el retroceso de glaciares les están imponiendo
bastantes condiciones y retos a sus formas de vida y a sus instituciones (Schneider, 2014: 152).
Por lo pronto, existe evidencia de que la magnitud de los cambios futuros, podrían superar
largamente la capacidad histórica de adaptación a condiciones medioambientales cambiantes de
las sociedades altoandinas, sobre todo considerando las condiciones de exclusión
socioeconómica y cultural en las que actualmente viven (Fairfield 2006; Mayer, 2002: Cap.10).
Estas poblaciones se encuentran, pues, afectadas tanto por los impactos del cambio climático
como por las consecuencias de la globalización económica (IPCC 2007, 2014). Estos procesos
representan, quizás, uno de los principales retos que tendría el proyecto Glaciares +, en el caso
de establecer conexiones interpersonales o relaciones de cooperación con estas poblaciones.
En ese sentido, la experiencia del Instituto de Montaña, en proyectos de adaptación al cambio
climático basados en la participación, es bastante aleccionadora: mientras los agentes de esta
ONG asumían que sus estudios y sus proyectos de adaptación ayudaban realmente a las
poblaciones campesinas a afrontar el cambio climático, concentrándose solo en un aspecto de los
riesgos que enfrentan estas poblaciones, los campesinos combinaron varios riesgos y le pidieron
a la institución, no solo que reconozca que sus múltiples necesidades y prioridades, sino que no
confunda sus propios fines con los que se da la población a sí misma, sobre la base del respeto y
la valoración de sus propias expectativas sociales. Los responsables del Instituto de Montaña
redujeron el problema, sin embargo, a la presencia de muchas instituciones externas y al hecho

98
de que los campesinos, influenciados por la minería, básicamente quisieron dinero. Esto no les
ha permitido extraer muchas lecciones de esta experiencia; pero el Proyecto Glaciares+ podría
encontrar aquí, quizás, una oportunidad para comprender más ampliamente el contexto y ajustar
mejor sus estrategias de intervención, a partir de una participación basada en el diálogo
intercultural.
A efectos de que ese proceso sea posible, la interacción con las comunidades locales debe
cumplir al menos tres requisitos socialmente reconocidos de justicia. Primero, el equipo del
proyecto debe ser capaz de permitirle a las poblaciones locales ejercer su derecho a decidir
autónomamente sus propios fines y valores con respecto a los bienes o los recursos naturales.
Segundo, debe ser capaz de dejarse interpelar por los significados y las prácticas sociales de estas
personas, someter a examen crítico nuestros propios puntos de vista y estar dispuesto a
abandonar, si es necesario, su propia posición. Tercero, los miembros del proyecto deben poseer
una disposición de apertura emocional y empática hacia estas formas de vida culturalmente
distintas: es solo entre las personas razonables de las diversas culturas que es posible dialogar de
manera auténtica con la finalidad de acceder a los consensos mínimos contingentes que deben
regir las relaciones sociales de cooperación entre diferentes actores sociales y políticos frente al
cambio climático. La relación social es justa cuando se incorpora a todos los afectados por un
proyecto, no en relaciones de dominación y coacción, sino en relaciones de reconocimiento y de
poder basadas en la cooperación libre y la justificación recíproca de fines y valores. Llevada esa
idea normativa a la práctica, en una interacción y discusión razonable o sensata, ninguno de los
participantes tiene derecho a ejercer coerción o a tratar con amenazas a otros para que adopten
sus puntos de vista y acepten pasivamente los resultados de las cuestiones que son objeto de
controversia. Eso significaría negarles a las personas el reconocimiento que ellas requieren para
ejercer su ciudadanía como personas libres e iguales. No basta, pues, con incluir a los afectados,
sino hacerlo en pie de igualdad. Esto es precisamente lo que perdió de vista el instituto de
Montaña, pero es lo que podría representar una oportunidad para el Proyecto Glaciares+.

99
Algunas Conclusiones

Esta investigación ha mostrado que la prevención de desastres de origen glaciar no es un proceso


tan simple: es un proceso que involucra dimensiones culturales, intereses económicos y
relaciones de poder, que no se reducen al clima y los peligros, pero cuya complejidad y densidad
histórica es preciso comprender.
En general, los actores sociales y políticos no tienen las mismas interpretaciones de los bienes
como los glaciares, las lagunas o el agua y no tienen las mismas motivaciones para actuar frente
al medio ambiente y frente a otras personas, o bien porque no comparten los mismos fines o
valoraciones, o bien porque el significado de los glaciares, de las lagunas glaciares o del agua no
es el mismo para todos ellos. No hay, pues, una sino múltiples maneras de ver e interpretar los
glaciares, el agua y los desastres de origen glaciar. Esto ayuda a explicar por qué los actores no
tienen las mismas motivaciones para actuar frente a los bienes o los recursos naturales en los
diversos contextos de interacción social, pero también ayuda a comprender sus conflictos
sociales, así como los retos y las oportunidades que todos ellos enfrentan frente al cambio
climático.
En efecto, mientras muchas instituciones públicas están preocupadas por implementar obras de
seguridad ante posibles aluviones, los campesinos están más preocupados por la redistribución
equitativa del agua en un contexto de cambio climático, y los habitantes urbanos oponen
resistencia a las zonas de peligro - en parte, por temor a perder sus bienes y recursos y, en parte,
por los lazos económicos, culturales y políticos que los une a lugares que, para los expertos y
políticos, son potencialmente vulnerables. Esta investigación ha tratado de sugerir la necesidad
de un proceso de diálogo intercultural entre todas estas visiones de los glaciares, el agua y los
desastres de origen glaciar y las prácticas sociales con las que las personas construyen sus
identidades, sus formas de vida y su quehacer institucional en los Andes peruanos.
De hecho, si solo miramos los desastres como peligros naturales o solo miramos el riesgo o la
vulnerabilidad desde el punto de vista ambiental, se corre un riesgo mucho mayor: perder de
vista las estructuras de dominación y las relaciones de poder que han influido en las respuestas
de los actores sociales y políticos al cambio climático en los últimos años. De los principales
actores de la sub-cuenca de Quilcay, hemos visto que el INAIGEM, la ANA-UGRH, El Parque
Nacional Huascarán compiten o rivalizan por el control de los glaciares y las lagunas glaciares:
cada uno de ellos busca no solo hacer prevalecer su interpretación de los glaciares y las lagunas
glaciares, sino que busca también controlarlos. Esto muestra que la sociedad política ancashina
está repleta de diversas visiones estatales de los glaciares y las lagunas glaciares en conflicto.
Pero, sobre todo, muestra algo que ha pasado muy desapercibido y hemos mostrado a lo largo de
esta investigación: que lo que encontramos en la sociedad política ancashina es una forma de
dominación que va de la concepción dogmática de los fines y los valores – cada institución cree
saber qué es lo que más le conviene a la población, fuera de los fines que esta se da a sí misma –
hasta una fijación tecnocrática y desarrollista de los mismos – cada una asume que la prevención
de desastres únicamente se resuelve con decisiones técnicas y más recursos. Este proceso no solo

100
impide la acción colectiva frente al cambio climático, sino que aleja la posibilidad de que
cualquier respuesta social y política esté fundada en procesos de democratización. Pues quien
adopta una posición cerrada y únicamente se ocupa de controlar técnicamente las conductas de
los demás o las condiciones de vida de la población, impone una relación de dominación que
hace retroceder la cooperación, genera conflictos sociales e impide que otras instituciones
puedan actuar colectivamente para generar fines o metas comunes en materia de prevención de
desastres glaciares. Así se comprende que las decisiones, en materia de adaptación al cambio
climático o prevención de desastres de origen glaciar, tienen menos oportunidades de realizarse
cuanto más tecnocrático es el proceso político.
Con otras palabras, al concentrarse solo en las decisiones técnicas, los expertos y los políticos
toman decisiones sobre recursos y territorios, pero hacen abstracción del proceso social y político
que da legitimidad a toda decisión. El problema de esa abstracción, de esa reducción del proceso
político a debates técnicos, es que olvida que, a diferencia del terreno del conocimiento científico
o el saber experto, el campo de la acción política – en su sentido ético y moral pleno – es el
terreno, no de las razones impersonales, imparciales o científicas, sino de las razones
interpersonales y mutuas que los propios agentes deben ser capaces de dar y también poder
exigir a otros, mediante un proceso político democrático mediado por la comunicación, la
justificación y la discusión pública. Por el contrario, allí donde solo se ven o utilizan recursos y
se busca controlar técnicamente las conductas de las personas, confundiendo las decisiones
técnicas con la acción política, se construye una relación de dominación que hace que la política
sea más tecnocrática y menos política y democrática: se gobierna, no por asentimiento libre y
consciente de una colectividad autónoma, sino para decidir o administrar técnicamente las
condiciones de vida de la población.
Pero, esta concepción de la política tecnocrática, que aleja la democratización frente al cambio
climático, también produce desencuentros socioculturales entre la sociedad política y las
prioridades de los habitantes urbanos y los miembros de las comunidades campesinas. El único
momento en que población y sociedad política se encuentran son en la larga lista de condiciones
socio-económicas que necesita la población y a las que los gobiernos locales, a veces, responden
con medidas biopolíticas, orientadas a mejorar sus condiciones de vida. En cambio, la
prevención de desastres de origen glaciar no es una prioridad para la población local, aunque sí
lo sea para algunos grupos de expertos o algunas instituciones públicas. En la actualidad, los
campesinos no ven, por ejemplo, la laguna Palcacocha como peligrosa y, en general, toman
distancia crítica de esas narrativas dominantes sobre las lagunas glaciares. Más aún, denuncian a
gritos las estructuras de dominación que producen cambio climático y exigen que la sociedad
política reconozca plenamente sus expectativas sociales con respecto al agua y los incluya en los
procesos de toma de decisión de las esferas públicas. A la vez, piden a la comunidad científica
que los resultados de sus investigaciones tengan finalidades prácticas muy precisas y a las
instituciones privadas y públicas, que sus intervenciones se funden en el trato respetuoso,
empático y en pie de igualdad por sus formas de vida, reconociéndoles su derecho a generar y
discutir sus propios fines y valores.

101
Además, mientras la sociedad política, a partir de la consigna biopolítica de “hacer vivir o dejar
morir”, busca más o menos proteger de la muerte a la población local, mediante obras de
seguridad de lagunas “peligrosas”, los habitantes urbanos de algunos sectores o barrios persisten
en continuar con sus estrategias de reproducción social en “zonas de peligros”, por razones
culturales, económicas y políticas, desafiando así el poder y la paciencia de los expertos y los
regímenes políticos. Pese a la incomprensión de varias instituciones privadas y públicas, aunada
a la preocupación por la prevención de riesgos y desastres, estas personas desafían, con sus
conductas esquivas, las técnicas biopolíticas con las cuales los grupos de expertos y los políticos
buscan administrar o controlar sus condiciones de vida, olvidando que esas personas pueden
sentir que no hay mayor “desastre” (desastrum, “sin astro”) que perder las coordenadas que le
permiten a uno orientarse en el mundo y darle un sentido positivo a su existencia, abandonando
lugares que sirven para la reproducción social de una identidad social o una forma de vida. Pero,
mediante este desborde popular, estos actores sociales logran, también, emanciparse del poder
que buscan ejercer desde arriba los políticos y los expertos y, a cambio, dejan en sus manos las
responsabilidades de hacerse cargo de los programas de prevención de riesgos y desastres de
origen glaciar, como si fuese un asunto tan urgente como extraño, tan necesario como ajeno. Esta
es una prueba más de que los territorios tienen significados diferentes para las personas y los
grupos, y están teñidos de complejas relaciones de poder que operan a escala local y
transnacional. Pero, es también una muestra de las luchas históricas que emprenden las personas
o las instituciones por hacer valer sus fines y valores frente a los demás. La justicia y la injusticia
frente al cambio climático se juega en ese complejo entramado de fuerzas y relaciones de poder:
quedará en manos de los miembros del proyecto Glaciares+ decidir cómo se insertan en esas
relaciones de poder.

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