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La Psicología Arquetípica, un puente hacia el alma

La psicología arquetípica fue creada (o nominada) por el


psicoanalista norteamericano James Hillman, y abreva
fuertemente de las ideas y desarrollos del psiquiatra suizo
Carl G. Jung.
La noción de “arquetipo” hace referencia a un patrón o
forma arcaico y universal que se manifiesta en el
inconsciente individual pero que tiene su origen en el
inconsciente colectivo. Estas formas pueblan los mitos,
leyendas y cuentos tradicionales, pero también se expresan
constantemente en nuestros sueños, símbolos, creaciones
artísticas y hasta en los delirios de quienes han perdido la
cordura, ya que son producciones de nuestro psiquismo.
Muchos analistas se inspiraron en los arquetipos para
desarrollar sus enfoques. Por ejemplo, Marion Woodman
exploró profundamente la expresión de los arquetipos
femeninos en la vida y los sueños de sus pacientes, y
Clarissa Pinkola Estés, psicoanalista junguiana, destacó la
manera en que los pueblos indígenas han mantenidos vivos
los arquetipos como alimento para el espíritu.
Pero fue Hillman, en los años 70, quien le dio forma
definitiva a esta disciplina. Una forma un poco “sin forma”,
en verdad, porque el énfasis de Hillman está en acercarse al
psiquismo sin tanto bagaje conceptual. La “psique”, o alma,
se expresa a través de imágenes, dice, y son las imágenes
las que debemos explorar. También criticó duramente a las
escuelas psicológicas del siglo XX por olvidar que el nombre
de la disciplina hace referencia al alma y no ocuparse de ella
en absoluto. Para este autor, que se inspira en Plotino, Vico
y Henri Corbin, el lenguaje del alma es la imaginación, la
fantasía, el mito y la metáfora, y este es el idioma con el que
debe familiarizarse quien busca ayudar a sanar al
psiquismo.
Hillman también se destacó por su forma de trabajar con los
sueños, en los que no admitía que ningún concepto tomara
el lugar de la imagen originaria. Su frase más recordada, al
explorar un sueño, era (dirigiéndose al soñante): “Vuelve a
la imagen”.
Para Hillman, el punto no es normativizar a una persona,
haciéndola ajustarse a determinadas normas de “cordura”,
sino, más bien, ayudarla a “gestar alma”. “Alma” no es un
concepto sencillo en esta concepción, porque Hillman –ya lo
dijimos- le huye a las definiciones demasiado conceptuales.
En cambio, dice a modo de explicación: “Por alma quiero
decir, en primer lugar, una perspectiva más que una
sustancia, un punto de vista hacia las cosas más que una
cosa (…) Siempre que hay un encuentro, hay algo que se
interpone entre el encuentro y yo. Gestar alma es abrir ese
espacio intermedio.” También dice que el alma es “el
componente desconocido que hace posible el sentido, hace
de acontecimientos experiencias, es comunicado por medio
del amor y tiene interés en lo religioso”.
Por fin, habla de tres “modalidades” del alma:
1. El alma como la profundización de acontecimientos en
experiencias.
2. El alma vinculada a la muerte, y por lo tanto al amor y la
espiritualidad.
3. La posibilidad imaginativa de nuestra naturaleza, nuestra
capacidad de aprehender lo simbólico, lo profundo, lo
metafórico.
Por eso, a Hillman le gustaba hablar de crecer “hacia abajo”,
porque ahí –en nuestras profundidades- residía nuestra
conexión con lo más auténtico que somos.

Los arquetipos y el viaje del héroe

En Despertando los héroes interiores, la autora Carol


Pearson detalla la relación de doce arquetipos esenciales
con el viaje del héroe.
Si el viaje consiste de tres grandes etapas: salida, viaje,
retorno, los doce arquetipos también, de algún modo,
acompañan ese patrón en la vida de las personas.
Así clasifica los tres estadíos:

Ego: El inocente Preparación para el viaje


El huérfano
El guerrero
El cuidador

Alma: El buscador El viaje en sí


El destructor
El amante
El creador

Sí Mismo: El regente El retorno


El mago
El sabio
El loco

Algunas palabras respecto de cómo entiende Pearson estos


tres reinos:
Ego: el contenedor de nuestra vida, el que crea límites entre
nosotros y los demás y media con el mundo. Primero nos
protege, después nos ayuda a triunfar y actuar para cambiar
el mundo.
Alma: Sinónimo con el Inconsciente o el psiquismo en sí,
repositorio de todo el potencial de la especie humana. Es a
través del alma que experimentamos el sentido y las
emociones profundas, y que podemos tomar contacto con –
y aceptar- el Misterio.
Sí Mismo: El logro de una verdadera identidad, producto del
roce y la interacción entre el Eco y el Alma. Nos ayuda a
expresarnos y a hacer nuestra contribución al mundo desde
un lugar auténticamente nuestro.
Como les narré, los cuentos y los mitos están llenos de
imágenes de estos tres ámbitos. El cuento tradicional
Pinocho, por ejemplo, pone en escena a Gepetto, “padre” o
creador del muñeco, que se asemeja al Ego, y al Hada Azul,
responsable de hacer que el muñeco se vuelva real, o sea el
Alma.
Nosotros, también, somos siempre un proyecto en
construcción, dándonos forma por medio del Ego, creciendo
en profundidad y autenticidad por obra y gracia del alma, y
quizás reuniendo con el tiempo nuestras partes y logrando
integrarnos en un Sí Mismo fuerte y maduro.
Hacia allí vamos!

Bibliografía, para quienes quieran leer más:


El código del alma, James Hillman
Tu viaje mítico, Sam Keen
Despertando los héroes interiores. Doce arquetipos para
encontrar a nosotros mismos y transformar el mundo, Carol
Pearson

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