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Los conceptos

fundantes, el
signo, significado y
sentido

Semiótica
Los conceptos fundantes
Signo, significado y sentido.

El concepto de signo y sus diferentes implicaciones filosóficas, desde la naturaleza y las clases
de signos hasta el análisis de códigos completos, son objetos de estudio de la Semiótica o
Semiología y constituye el concepto fundante de esta ciencia.

A partir de ahora, se hará un recorrido por los diferentes enfoques que este concepto ha recibido
por parte de sus autores más reconocidos.

Para Saussure, el signo lingüístico es una díada, un compuesto de dos elementos íntimamente
conexos entre sí: la representación sensorial de algo (el significante) y su concepto (el
significado). Un signo lingüístico ―que une un concepto con la imagen acústica (…) es, por tanto,
una entidad psíquica de dos caras‖ (Zecchetto, 1999: 24).

La imagen acústica tomará el nombre de significante y el concepto, el de significado. En el


siguiente ejemplo puede advertirse esta composición, como el caso de la palabra ‗perro‘ y la idea
o concepto de ‗perro‘:

Significante Significado

Perro
(castellano)
Dog
(Inglés)
Hund
(Alemán)

Es la expresión idiomática, acústica o fonética que Es la idea mental, el concepto que se tiene de la
puede variar a varios códigos (en este caso la palabra en la mente, que puede estar asociada a
palabra perro en sus variantes idiomáticas). múltiples significados, y puede variar de acuerdo a la
infinidad de sujetos existentes.
El Significante
Es la parte física o material del signo. Es el mediador (material) del significado. En el caso del
lenguaje hablado está hecho de sonidos, y en el caso del lenguaje escrito está hecho de palabras.
En el caso del lenguaje hablado, el significante es objeto de la percepción auditiva, y en el caso
del lenguaje escrito es objeto de la percepción visual (lo que se lee). Por último, los significantes
son producidos por el aparato fonador (la voz). En suma, con respecto al significante hay muchas
cosas claras: se conoce de que material está hecho, cuál es su configuración, cuál es su modo de
existencia, cómo se produce y que órganos de los sentidos lo perciben (Zecchetto, 1999: 24).

El Significado.
Para la lingüística de Saussure, el significado no es ‗una cosa‘, sino la representación psíquica de
esa cosa. Pero siguiendo estudios posteriores se podría decir que el significado no es ni la
representación psíquica, ni la cosa real, ni acto de conciencia ni realidad, puede definirse tan sólo
en el seno de la significación: es ese ‗algo‘ que aquel que emplea el signo entiende por él. El
significado es uno de los dos componentes del signo, la única diferencia que lo opone al
significante es que éste último es mediador.

En el ámbito de la Semiología, la situación no es diversa, donde objetos, gestos e imágenes


(significantes o materias significantes) remiten a algo que no es decible, sino, a través de ellos,
con la diferencia que el significado semiológico puede remitirse a los signos de la lengua.
Entonces, un determinado suéter podrá significar largos paseos de otoño en el bosque, en este
caso, el significado no es solamente mediado por su significante (la vestimenta: el suéter en sí
mismo) sino también, por un fragmento de palabra, lo cual facilita su utilización.

¿De qué material está hecho el significado? ¿Cuál es su modo de existencia? ¿De qué sentidos
es objeto de la percepción? Cuando se habla del significado, lo que a fin de cuenta se
proporcionan son palabras, que a su vez serían unidades de significante y significado.

La significación (semiosis)
La significación puede concebirse como un proceso. Se trata de un acto que une el significante y
el significado, cuyo producto da como resultado el signo. La significación no une cosas
unilaterales, no aproxima dos términos, sino que significante y significado son ambos término y
relación al mismo tiempo. Esta ambigüedad tropieza con la representación gráfica de la
significación, no menos necesaria para el estudio semiológico. Para Saussure, el signo se
representa como la extensión vertical de una situación profunda: en la lengua el significado está
tras el significante y no puede alcanzarse sino a través de éste, aunque, por un lado, estas
metáforas demasiado espaciales no captan la naturaleza dialéctica de la significación y, por otro
lado, el carácter cerrado del signo no es aceptable más que para los sistemas decididamente
continuos, como la lengua.

En el lenguaje humano, la selección de los sonidos no es impuesta por el sentido (el ‗buey‘ no
implica necesariamente el sonido de ‗buey‘ ya que éste sonido es distinto en otras lenguas),
además, Saussure ya había planteado que están unidos por una relación arbitraria entre
significante y significado. Para el propio Saussure, el significado no es ‗la cosa‘ sino la
representación psíquica de la cosa (el concepto o idea mental). La asociación del sonido y de la
representación es el fruto de un aprendizaje colectivo, es un proceso a nivel social para que pueda
existir comunicación, por ejemplo: el aprendizaje de la legua francesa. La asociación (la
significación), en este caso no es arbitraria (ningún francés es libre de modificarla), por el
contrario, es necesaria, es una convención compartida. En la lengua, el nexo entre significante y
significado es contractual en principio, pero este contrato es colectivo, inscrito en una
temporalidad amplia (Saussure dirá que la lengua es una herencia). Se dice que un sistema es
arbitrario, cuando sus signos se crean, no por contrato, sino por decisión unilateral: en el sistema
de la lengua, el signo no es arbitrario, pero si lo es en la moda (decir que el color negro significa
solemnidad o sofisticación es una relación arbitraria).

La arbitrariedad del signo.


Las propiedades del signo lingüístico son: la arbitrariedad y el carácter lineal. Respecto al primer
principio, para Saussure, el principio de arbitrariedad domina toda la lingüística de la lengua. Es el
principio de arbitrariedad el que proporciona la primacía al lenguaje sobre otros sistemas
semióticos. En el signo lingüístico, la arbitrariedad significa que no existe ninguna conexión
interna, relación interior, entre el significante y el significado. No hay que confundir la arbitrariedad
con la carencia de causas. Es decir, no es que no existan causas para la constitución de este o
aquel signo, sino que tales causas no pueden encontrarse en el seno mismo, en que éste tenga
ésta o aquella forma. En relación a esto, los signos se diferencian de los símbolos en que
aquellos están unidos a sus significados por un vínculo natural. Sin embargo, la noción de
símbolo que propuso Saussure no tiene, pues, nada que ver, y se opone a la manejada por
Pierce, como veremos más adelante.

Esta unión que se produce en la lengua, entre significante y significado, no está unida por ninguna
razón natural o lógica, sino por una convención establecida de antemano. Sin embargo, este
carácter arbitrario no depende de caprichos personales o los significados no pueden ser
cambiados a gusto personal. Toda lengua es un bagaje cultural que pertenece a una sociedad y
se transmite y aprende de generación en generación (Zecchetto, 1999: 27). Todos los significados
que se unen arbitrariamente a un significante están institucionalizados, es decir, tienen un carácter
dado y fijado de antemano a modo de norma, lo que es preciso mantener y respetar para poder
entenderse en sociedad. La prueba reside en el hecho que las distintas lenguas desarrollaron
diferentes signos, esto es, diferentes vínculos entre significantes y significados, de otra forma,
existiría una sola lengua en el mundo y la palabra ‗buey‘ sería entendida en todos los idiomas.
Ahora bien, aún aceptando la arbitrariedad del signo en lo que respecta al vínculo entre
significante y significado, es claro que esta conexión no es arbitraria para quienes usan una
misma lengua, porque si esto fuera así, los significados no serían estables a través de los años y
desaparecería la posibilidad de comunicación.

La constatación de la arbitrariedad del signo le permite a Saussure afirmar que ―la lengua no
puede ser más que un sistema de valores puros donde cada signo toma consistencia por su
relación de oposición a otro‖ (Zecchetto, 1999: 26). Así, el valor del signo es un sistema de
equivalencias entre cosas de órdenes diferentes. La expresión ‗mar‘ en la lengua española se
opone a cualquier otro signo de valor distinto (Zecchetto: 1999, 26).

El segundo principio constitutivo del signo lingüístico es la linealidad del significante. El


significante no es la sucesión de sonidos o inscripciones gráficas, sino la imagen que éstos
producen. Desde el punto de vista formal comparten una misma estructura, de acuerdo con el
cuestionable supuesto de Saussure, de tener una articulación lineal, esto es, primero, representan
una extensión, y en segundo lugar, es una extensión medible en una sola dimensión. Este
principio es de suma importancia para Saussure, porque en él reside el origen de una clase de
relaciones constitutivas de cualquier lengua: las relaciones sintagmáticas.

El valor del signo


La definición anterior está lejos de agotar la concepción saussureana del signo. Es conveniente,
para esto, agregar la noción de ‗valor‘ que se desprende del hecho de que la lengua es, antes que
nada, un sistema. El valor resulta entonces, por la ubicación del signo en una red de relaciones
de tipo binario (Zecchetto, 1999: 26). El significado de un signo sólo se determina mediante el
concurso de lo que existe fuera de él o, más aún, el valor de cualquier término está determinado
por lo que lo rodea.

Todos los signos son, por tanto, solidarios y el valor de cada signo, su significado, constituye un
punto de contacto con el conjunto del sistema de la lengua organizado, en red de oposiciones,
pues en la lengua sólo hay diferencias. Para Saussure ―un sistema lingüístico es una serie de
diferencias de sonidos combinados con una serie de diferencias de ideas; pero este
enfrentamiento de un cierto número de signos acústicos, con otros recortes realizados en la masa
del pensamiento, engendra un sistema de valores, y este sistema constituye el vínculo efectivo
entre los elementos fónicos y psíquicos en el interior de cada signo " (Zecchetto, 1999: 25). Este
sistema de valores evoluciona en el tiempo (diacronía) bajo el efecto de una ‗fuerza social‘, ya que
la lengua, "parte social del lenguaje (...), sólo existe en virtud de una especie de contrato
concertado entre los miembros de la comunidad" y ese contrato necesariamente debe servir para
expresar la evolución de las sociedades en todos los aspectos de la actividad humana a través del
tiempo. Un ejemplo concreto sería el concepto de ―diseño‖ o el de ―computadora‖, pues en
tiempos de la Edad Media tal concepto no tenía existencia.

La mutabilidad e inmutabilidad del signo


El signo tiene carácter inmutable (Zecchetto, 1999: 27). Al analizar el signo en relación a sus
usuarios, Saussure observa una paradoja: la lengua es libre de establecer un vínculo entre
cualquier sonido o secuencia de sonidos con cualquier idea, pero una vez establecido este
vínculo, ni el hablante individual ni toda la comunidad lingüística puede deshacerlo. Tampoco es
posible sustituir un signo por otro. No se puede cambiar el signo ‗vaca‘ con todo lo que este signo
significa, por otro. La lengua castellana podría haber elegido cualquier otra secuencia de sonidos
para el significado que se corresponde con la secuencia C-L-I-M-A, pero una vez que dicho
vínculo se ha consolidado, la combinación ha de perdurar sin que nadie pueda modificarla. No es
posible legislar sobre el uso de la lengua de un momento a otro.
Sin embargo, con el tiempo, la lengua y sus signos, pueden cambiar, es decir, son mutables.
Aparecen así, lentamente, modificaciones en los vínculos entre significantes y significados. Los
significados antiguos se especifican, se agregan nuevos o se clasifican de modo diferente. Por
ejemplo, la palabra ‗ratón‘ que hace 50 años atrás sólo remitía a un solo concepto, hoy adquiere
un significado anexo, en relación al desarrollo de las tecnologías en una sociedad que evoluciona,
a las computadoras, en este caso, dos vínculos entre significado y significante coexisten
simultáneamente.

Vínculo original y primero entre Nuevo Vínculo (posterior) entre


significante y significado significante y significado

Otro autor que trabaja la noción de signo es Charles Pierce, como ya se vio, desde la semiótica
norteamericana, elabora un peculiar concepto de signo general, triádico y pragmático. El signo de
Pierce tiene su fundamento en un proceso específico: la semiosis, que es una relación real que
subyace al signo.
Para Pierce ―un signo es algo que está en lugar de otra cosa bajo algún aspecto o capacidad‖
(Zecchetto: año, 52). El signo es, para Pierce, una representación por la cual alguien puede
remitirse mentalmente a un objeto. No aparece como sustituto de algo, sino como la
representación de algo. El signo es una expresión que señala hacia un contenido que está por
fuera del signo mismo. En este proceso, Pierce expresa que se hacen presentes tres elementos a
modo de soportes y relacionados entre sí: el ‗representamen‘, relacionado con su ‗objeto‘, y el
tercero, que es el ‗interpretante‘. A partir de esta relación triádica, Pierce propone analizar la
totalidad de la realidad social. El aporte de Pierce, y esta visión triádica del signo aplicable al
conocimiento, permite entender una dinámica infinita de los significados que circulan en sociedad.

La producción social del sentido


Roland Barthes fue uno de los seguidores de Saussure y sus investigaciones se centraron
principalmente en el sentido que vehiculizan los signos. Barthes percibe a los objetos como signos
que, dentro de un sistema estructurado (binario al igual que el de Saussure), construyen diferentes
significaciones. En este esquema, el ‗significar‘ tiene que ver con transmitir informaciones,
sistemas de diferencias, oposiciones, contrastes. Barthes toma los conceptos de Saussure para
poder estudiar la cultura. Se interesa por los signos no lingüísticos, a los cuales llamó signos
semiológicos. Estos se apoyan en la concepción racional que anteriormente planteó Saussure,
es decir en la composición significante/significado. Además de los signos verbales y gráficos,
Barthes plantea la existencia de signos gestuales, icónicos, que se combinan con los lingüísticos
también y se forman nuevos lenguajes: por ejemplo, el publicitario, el de la moda, las señales de
tránsito, los gestos de cortesía, protocolo, entre otros. Estos producen significantes que
relacionamos con significados pero no son signos lingüísticos: son gestos, imágenes, dibujos.
Barthes tratará de pensar las características de la cultura como un gran y complejo sistema
semiológico. No hay en éstos signos unidades distintivas, sino más bien diferentes sentidos. Por
ejemplo, en la pintura, no hay algo que determine exactamente la significación. Para Barthes, la
cultura siempre trabaja con diferentes sentidos. El sistema semiológico es, entonces, diferente al
sistema de la lengua y trabaja como una serie de montaje de signos. La materia significante es la
misma, pero el sentido para cada uno es distinto. Siempre por debajo de un lenguaje hay otro
posible.