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Se lee poco, se comprende menos

ADAN RIOS PARRA

El asunto de la lectura es polémico y tiene diferentes aristas, me limitaré


a tres, el precio de los libros, el tiempo destinado a la recreación literaria
y las escuelas.

Partiremos que en nuestro país hay un salario mínimo, (cincuenta


pesos), situación que permite estabilizar los precios, entre otras cosas,
lo que significa que para comprar un libro, se tiene que trabajar como
mínimo una semana, porque los libros de las editoriales reconocidas y
libros que vale la pena leer, ya sea por el contenido o por los autores,
oscilan en promedio en 300 pesos.

Tendríamos que trabajar una semana y gastar todo el salario en adquirir


un libro que en promedio se leerá también en una semana. Si tomamos
como referencia la teoría del capital humano discutida entre otros por
Teodore Shulz, señalaremos que el tiempo destinado a la formación se
debe medir también como pagado, es decir, en promedio un libro de 300
páginas se tardaría en leer 30 horas, considerando que una cuartilla se
lee en 5 minutos aproximadamente, falta su comprensión y más aún la
argumentación para la crítica. Es decir tardaríamos en leer el mismo
promedio que tardamos en ganar el dinero para comprar un “buen”
libro.

Pero, si se quiere, habría que hacer un resumen de lo leído, y de ser


posible publicarlo como reseña o ensayo, o puede servir como insumo
de marco teórico en una investigación.

Entonces para que haya lectores necesitamos que los ciudadanos


tengan como remanente para comprar un libro, al mes, y un tiempo y
comodidad para leer.

Entonces, si la escuela, desde el preescolar de acuerdo con la legislación


hay un libro, en primaria hay cuarenta libros y en secundaria 24 libros
llamados de texto, en bachillerado otras 24 antologías, y en la
licenciatura otras 40, en programa de posgrado, un curso abarca cinco
lecturas de diez hojas en promedio,( de veinte horas de clase) cuatro
cursos hacen un diplomado, (ochenta horas de clase), dos diplomados
hacen una especialización(160 horas de clase), dos especializaciones
hacen una maestría (320 horas de clase) y dos maestrías hacen un
doctorado, y otros dos años en una estancia posdoctoral (Ph. D), (en 160
créditos en promedio que serían 640 horas de clase, cinco años
dependiendo de la rigurosidad del programa, ver doctorados del
COLMICH entre otros) y se leen capítulos de libros. Para ese entonces
habrá destinado mucho tiempo de su corta existencia a estudiar
“dizque” libros. Y se estudia para el examen, réplica o disertación
dependiendo del nivel de profundización de los estudios.

Hay una explicación de porqué la rigidez del sistema educativo no


permite que haya lectores, porque se consume el tiempo en los libros
señalados ex profeso, por maestros, tutores, asesores, directores o
comités tutorales de tesis de posgrado.

Si una persona lee por su cuenta es porque ya ha rebasado la


satisfacción de sus necesidades básicas y de salud como, dormir, comer,
reproducirse y sus necesidades fisiológicas y busca la manera de
encontrar explicaciones adicionales a su existencia. Por ello el tiempo y
las condiciones económicas son importantes entonces, las ideas de
Pierre Bourdieu pueden explicar mejor porque los pobres y que tienen
que salir a trabajar de jornaleros agrícolas a los vecinos estados del
norte no leen, mucho menos, sabrán que es la comprensión lectora, la
predicción, la crítica o la argumentación y tendrán ganas de publicar
sus producciones, para que otros lean.

Y los que pueden leer, no les interesa porque para vivir en la comodidad
no se necesita ser lector de libros, basta con salir en la tele o ser
gracioso, y ya eres un tipo famoso y popular. Aunque no siempre el
talento está divorciado de la estética. O alguien ha salido a buscar
afanosamente a un escritor, como se busca a un médico, a un albañil o a
un plomero, sin considerar a un mecánico o eléctrico. ¿Verdad que no?

Post scriptum: Leer no está considerado como parte de los derechos


humanos y no encontraremos a ciudadanos manifestándose o
bloqueando una calle porque no les permiten leer y menos por que se
les niega el derecho a publicar.

Aunque algunos no saben que leer y publicar también son trabajos, unos
se llaman bibliófilos o bibliotecarios y para ser maestro de cualquier
nivel hay que leer, en Guerrero tenemos más de cien mil profesionales
de la educación, entre escuelas de educación básica, media superior,
superior y posgrado públicas y privadas.

No es entendible entonces para qué obligarlos a leer o existe un


programa de lectura, una carrera de literatura en la UAG, hace un mes
se llevó a cabo el encuentro de escritores del pacífico, (porque en
nuestro estado hay 100 escritores algunos consagrados y otros jóvenes),
en Acapulco que costó 500 mil pesos su organización, y como escribió
Roberto Bravo ¿cuál es el impacto?, en Guerrero se imprimen 50
periódicos diariamente con un costo de cinco o diez pesos por ejemplar,
cuya circulación rebasa los 100 mil ejemplares diarios (entre todos),
pero potencialmente un ejemplar lo leer tres personas en promedio, hay
becados para escribir en el IGC, pero según Canclini, por qué habríamos
de subsidiar a los lectores o a los escritores, por qué las personas
pueden pagar por ver a la banda el recodo con todo y taxis y suvenir
300 pesos, un día de pozole 300 pesos, tenemos que dejar el asunto de
lectores y escritores también a los juegos del mercado. Aunque leer y
escribir sea asunto de unos cuantos.

2.-De cómo empecé a leer.


Ingresé a una conferencia en mayo de 1990, yo creo que sobre historia
de la justicia, el ponente, ejemplificó en lo que antes era el auditorio del
palacio de gobierno, que un hombre en el coliseo romano iba a ser
devorado por los leones, pero, se les acercaba al oído y les susurraba
algo y los leones salían despavoridos, así fue pasando uno a uno los
leones hasta que la muchedumbre ansiosa por ver el espectáculo se
resignó, fue así como el sentenciado pudo recuperar su libertad, a lo que
el emperador cuestionó cuando lo tenía enfrente, que les has dicho a los
feroces leones que huyen despavoridos, a lo que el recién salvado le
señaló: Les he dicho que una vez que hubieran terminado con la
devoración de mi cuerpo, tendrían que escuchar una conferencia que
dictaría el emperador, por eso los leones huían despavoridos. Fue
entonces que comprendí que sin saber un ápice de justicia estaba yo ahí
escuchando algo de lo que muchos correrían despavoridos, lejos de salir
de la sala, sentí y descubrí que yo no saldría jamás huyendo de ahí, ya
jamás lo volvería a hacer por el resto de mi vida. Y que si los leones que
era símbolo de fortaleza eran incapaces, para mí me pareció un reto, y
sería mucho mejor que un león, no sé si me equivoqué, sólo los lectores
lo juzgaran con el tiempo.

En Junio de 1992 ingresé a una conferencia sobre casuarinas, era algo


cercano a mí, y observaba como diferenciaban árbol de arbusto por su
tamaño. Me sorprendió el trato que me dieron y lo jóvenes que eran los
organizadores. A pesar de que no era biólogo ni nada que se le
pareciera, desde entonces entendí que siempre iba a existir un asiento
esperándome en una reunión académica, que siempre son pocos los que
llegan a actividades que implican pensar.

Antes había yo topado con una maestra que nos pidió que leyéramos
unos libros, los devoré, pero eran novelas, pero lo hice para pasar una
materia, la maestra nos dio cinco títulos, pero nos iba a preguntar sólo
de uno, de tal manera que lo explicaríamos, pero tendríamos que leer
todos, porque la elección iba a ser a gustó de la maestra, me sorprendió
que ni siquiera la maestra había leído, me tocó leer uno de Benedetti, lo
expliqué sólo por el título, yo no lo había leído, supe que mi maestra
tampoco porque no me pidió mayor profundización y como éramos cinco
alumnos en mi grupo, a cada uno nos tocó diferente título. Por
honestidad intelectual, y por cuestiones de conciencia, porque había
pasado con diez la materia de literatura latinoamericana, él único libro
que sí había leído era “el llano en llamas” y cuando lo terminé pensé que
había sido una verdadera osadía, a todo el mundo le presumí mi lectura,
y hasta leía frente a los demás, sentía que eso me daba cierto privilegio,
lo intuía. Leí “crónica de una muerte anunciada”, “el bordo” y “la
mañana debe seguir gris”. A lo mejor sí leí el libro de Mario Benedetti ya
no me acuerdo, hace ya 23 años. Hace un año supe que mi maestra no
había concluido la primaria y nos daba clases de literatura
latinoamericana en la preparatoria. Cosas de la universidad-pueblo que
poco a poco descubrí.

En mi niñez tenía muchos libros y revistas cerca de mí que mutilaba, ya


sea para recortar figuras de mujeres para decorar las portadas de mis
cuadernos como el santo el enmascarado de plata en la primaria o
figuras de frutas y demás para ilustrar mis tareas. Me gustó coleccionar
revistas de luchas fishman, el solitario y el villano tercero eran mis
favoritos, me desilusioné cuando el solitario murió por una sobredosis de
droga. Me gustó coleccionar revistas porque cuando iba a tirar basura a
lo que después fue la barra y ahora es el puente, encontré revistas y
también en la casa de mi tío Fidel encontré otra revista, investigué y me
dijeron era de Lauro con quien en 1995 me unió una bonita amistad, en
el grupo de AA. Guardé las de proceso. Y algunas de por esto y quehacer
político que semana a semana llegaban a mi hogar. Mi tío Justino traía El
Universal y se metía al baño con él. Esa afición al periodismo que
combinó con mis observaciones a mi abuelita Boni, con sus revistas
semanales y de lágrimas y risas, las cuales tomaba para leerlas por la
curiosidad de ver cómo mi abuelita leía y lloraba, por Gabriel y Gabriela,
Yolanda Vargas Dulché, pienso formó a miles de lectores como a mí.

En 1990, Camilo mi compañero de la normal me comentó que en lo que


era la escuela Anáhuac, vendían libros baratos así fue como adquirí
algunos títulos de lecturas mexicanas del FCE y un libro que me
inquietó, Sonora y la revolución de Héctor Aguilar Camín. Un día le pedí
a mi papá que me comprara la revista Vuelta, no sé porque razón dentro
de las bolsas del mandado por primera vez llegaba una revista cultural a
mi casa, la pedía para leer a Octavio Paz decían que era muy bueno, ya
para entonces por las noches empezaba a diario a escribir poesía hasta
cuatro años después que concursé con una poesía que pensé era lo
mejor que había producido, y que fue motivo de mofa por el maestro
Soberanis, no así por la maestra Esther Cruz Montes, pero se impuso el
criterio del desmadre, porque no entendían el lenguaje sub-realista que
cultivaba Paz y que por ese entonces, yo trataba de imitar, de hecho lo
primero que me publicaron fue poesía, en 1990 en la revista foro
normalista que editaba cada seis meses la escuela normal, después por
mi cuenta adquirí Nexos, porque el director era Aguilar Camín ya en
noviembre de 1993, creí que era intelectual e incursioné en la política,
era tiempo de emprender la lucha en la práctica, pero me llevé seis
meses después el chasco de mi vida, la política no era lo mío, y menos
en el subterráneo sol azteca. No ingresé a la guerrilla porque no hubo
quien me invitara y pensé en ese mismo año que los muertos de Huautla
era producto de un gran descubrimiento mío el cultivo de amapola en la
sierra, me sentía orgulloso de comprobar mi hipótesis intelectual,
combinada con mi actitud bohemia consuetudinaria. Para ese entonces
hasta no verte Jesús mío era parte de mis lecturas, junto con la noche de
Tlatelolco que me prestó la compañera Laura.

Por esos mismos años, José me prestó “el lobo estepario” del místico
Herman Hesse.

Siempre me sentí incómodo porque era un mundo de adultos. Era joven


e inseguro. José Rodríguez Salgado me dijo, búscate un mecenas,
cuando le plante la idea de una revista, me aplastó sentí que no valía
nada, que sólo no sería capaz de realizar una proeza de esa
envergadura, a lo mejor lo que trataba de decirme eran las pérdidas
financieras de un mundo que no lee.

Me sirvió el seminario y la normal, asesoré dos tesis de licenciatura y fui


sinodal en dos. Luego ayudé a dos de maestría.

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