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Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Filosofía
Seminario de énfasis: Sí mismo como otro – Ricoeur
Miguel Camilo Pineda Casas
4 de abril de 2017

LA CRISIS DE LA IPSEIDAD

En la sesión del 28 de marzo de 20171 se examinó el estudio quinto de Sí mismo como otro.
La exposición estuvo a cargo de Álvaro Sánchez en la cual se abordaron los temas
fundamentales del capítulo objeto de nuestro estudio, tales son: la identidad personal y la
identidad narrativa teniendo como horizonte la calidad de lo mío y la dialéctica entre
mismidad e ipseidad. A lo largo de la sesión se llegó a concluir que este capítulo representa
la crisis de la ipseidad al ser ahogada por la mismidad. A lo largo de este protocolo se
examinarán con más detalle las ideas aquí enunciadas y que fueron desarrolladas en la sesión.

A lo largo de nuestro estudio de la obra ricoeuriana hemos descubierto la referencia


significante y la adscripción de la acción, que resultan fundamentales para la constitución de
la identidad que se define como la autodesignación a través de un relato. La unión de ambas
resulta fundamental para la introducción de la teoría narrativa, la cual nos coloca el problema
de la temporalidad, pues la comprensión de sí es una interpretación y esa interpretación es a
su vez una narración. Es decir, somos una narración que se enriquece con el tiempo.
Entonces, la identidad narrativa emerge como una racionalidad propia de la ipseidad; parte
de los relatos, de las ficciones, de la vida y del entrecruce entre determinadas
precomprensiones. Así las cosas, los relatos de las culturas son también laboratorios de la
identidad. Toda vida humana es una vida en busca de un relato, una ipseidad latente que
busca un relato, una historia. Entonces, todo pueblo que logra su identidad, la relata, la
plasma en historias, esculturas, a fin de cuentas, la elabora como literatura o arte.

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La sesión comenzó con la lectura del protocolo de la sesión del 14 de marzo a cargo de Camilo Tobo,
quien posteriormente se ausentó de la sesión. Los asistentes al seminario fueron: Álvaro Sánchez (relator),
Carlos Mahecha, Manuela Cifuentes, Miguel Oñate, Rafael Santamaría, Santiago Rueda y Miguel Camilo
Pineda Casas (protocolante). Como siempre, la sesión fue dirigida por el Profesor Guillermo Zapata S. J.

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En la identidad narrativa encontramos dos modelos de permanencia en el tiempo: el
carácter y la palabra dada. El carácter obedece a la mismidad, a poder ser el mismo en la
historia, un conjunto de símbolos que permiten identificar a alguien como siendo el mismo,
en su inmutabilidad. La mismidad es la continuidad ininterrumpida, el lugar donde se formula
la temporalidad, presenta la invariabilidad del tiempo que nos acerca a la sustancialidad, lo
cual nos permite entrever algunos vestigios kantianos. Por otro lado, la palabra dada apela a
la ipseidad¸ a la propiedad reflexiva de la identidad. La palabra dada nos enfrenta a la ética,
a una promesa que se escapa de lo formal, una fidelidad, un pacto que representa un futuro.
Respetar ese pacto nos introduce en la dimensión ética, entonces la identidad va forjando un
eje ético en tanto que se le es fiel a esa promesa.

Ricoeur se encarga de hallar ese punto medio entre la mismidad y la ipseidad para que
se pueda constituir la identidad narrativa, pero para ello es necesario superar algunas aporías
y ponerse en diálogo con autores de corte analítico. Después de todo, somos el cruce, la unión
de distintas posiciones, así que entablar un dialogo con Locke, Hume y Parfit resultará
provechoso para la empresa ricoeuriana, pues recogiendo sus perspectivas y colocándoles la
temporalidad se puede ir formando, sin aporías, la identidad narrativa.

La filosofía analítica ha tenido una concepción unitaria de la identidad reducida a la


mismidad, lo cual va eclipsando la ipseidad; es este aspecto la filosofía analítica tiene una
gran ignorancia de la ética de la responsabilidad. Locke, por su parte, designa que la
capacidad de autodesignación está regida por la memoria, de tal modo que el sujeto se
restringe a la retrospección de su memoria, es lo que recuerda. Por otro lado, Hume toma a
la ipseidad como ilusoria e inútil, pues la identidad está elaborada por experiencias, el sujeto
es, entonces, un organizador de hechos por medio de la imaginación y la creencia.
Finalmente, el más alto reto de Ricoeur, Derek Parfit, reduce la identidad a hechos cerebrales.
Este tipo de reduccionismo lleva no sólo a casi extinguir la identidad, sino que también lleva
a la comprensión de que no hay algo así como un cuerpo mío. La calidad del mío es un
término heideggeriano que plantea que el Dasein en cada caso es el mío, un ser ahí que está
situado. Al ser situado, en cada situación hay una encarnación del ser, una pertenencia.
Ricoeur recoge esta calidad del mío como la reflexividad que le da paso a la ipseidad. Pero
bajo la vista reduccionista, la ipseidad, lo mío y por tanto la ética, se ven en aprietos.

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El reduccionismo de Parfit tiene consecuencias éticas serias, pues es deshacimiento del
sí, el que este sea ajeno a sí mismo no permite la adscripción de acción o de pensamiento, o
imputación de responsabilidad, pues el cerebro que supuestamente soy tampoco es mío.
Entonces, si soy ajeno a mí mismo, lo otro, lo que me está más lejos, me será radicalmente
indiferente. Si no me importa lo mío, no me va a importar lo de los demás. Así las cosas, hay
una crisis de la identidad, una crisis de la ipseidad, una reducción de la identidad a la
mismidad, a una identidad no reflexiva.

Finalmente, tiene que haber reflexividad, la identidad ipse debe abrirse paso y
desenmarcarse de la mismidad. Pues la identidad reflexiva como diálogo consigo mismo se
traduce en acciones, en relatos; la ipseidad va en busca de un relato. Entonces, la identidad
se convierte en un problema ontológico, pues en ella nos jugamos el ser. En suma, la
identidad narrativa entrelaza la dimisión lingüística, pragmática y ética de lo humano;
concilia el aspecto descriptivo y prescriptivo de la acción del agente, desemboca
necesariamente en el ámbito ético. Con todo, la ipseidad que rompe lo formal con la palabra
dada, la promesa que nos dispara hacia el futuro, nos plantea un sentido que rompe toda
formalidad. Se descubre que todavía no soy, pero le seré fiel a una palabra empeñada, a un
compromiso en el futuro, que no sólo es la pregunta por mi identidad, sino por la esperanza
que colocará en diálogo a la filosofía y a la religión. Sin embargo, todas las cuestiones aquí
mencionadas son un abrebocas a lo que viene en los estudios siguientes en Sí mismo como
otro, donde la ipseidad se irá desplegando.

Referencias bibliográficas

Ricoeur, P. (2006). Sí mismo como otro. México: Siglo veintiuno editores.

Sánchez, A. (2017). La identidad personal y la identidad narrativa. Un paso hacia la construcción


del Sí. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana.

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