Вы находитесь на странице: 1из 11

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

ESCUELA DE ARQUEOLOGÍA

METODOLOGÍA DEL TRABAJO


INTELECTUAL

LOS OJOS DEL


PERRO SIBERIANO

RESUMEN Y ANÁLISIS

KEYLA ANDERSON SANTILLAN

LIMA, 2018
Introducción

Nuestro protagonista tiene a la mañana siguiente un vuelo que abordar. Él toma


esta oportunidad como una de cambio, y quiere despojarse de aquello que lo ha
tenido tantos años atormentado, la muerte de Ezequiel, su hermano, y al parecer,
motivado por no haberle podido celebrar otro cumpleaños, quiere esta noche
escribir sobre ello. El viaje, el recuerdo, la despedida y su claro dolor producen
este libro de anécdotas, remordimientos, culpas y preguntas que esperemos que
vaya respondiéndose él y empaticemos nosotros.
Así comienza escribiendo sus memorias, en una especie de prólogo, nos habla
de cómo sus padres no perdonarán el hecho de que su hermano se haya ido de
su casa ni el hecho de que se haya muerto. Pero, ¿por qué? ¿Qué impulsó a
Ezequiel irse a los 18 años de su casa? ¿Tiene eso algo que ver con su posterior
fallecimiento? Estas preguntas aperturan el libro de 43 capítulos cortos, que
serán analizados y resumidos en seis partes.
Parte I (capítulos del I al VI)

Nos adentramos a la vida de nuestro protagonista sin nombre, evocamos,


inicialmente, los recuerdos de su infancia. La descripción de su casa
(aparentemente innecesaria, sin embargo, nos revela el estilo de vida que lleva
el protagonista y su situación económica, factores que nos ayudarán a entender
un poco más sus pensamientos y decisiones), la relación que tenía con su
madre, el amor profundo que él le tiene (como es acostumbrado a amar a una
madre) y la falta de comunicación entre ambos, tal vez un aire de desinterés y
despreocupación de su madre.
De esta última apreciación; los adolescentes, jóvenes, y algunos jóvenes
adultos pueden encontrar dentro de sí, sentimientos de empatía. Para ser
un libro basado a fines del siglo 20, puede fácilmente moldearse a nuestra
época, podemos encontrar actualmente a muchos padres que, por uno o
por otro motivo, no se comunican, no se relacionan con los hijos, creando
inestabilidad emocional, creando dentro de ellos un deseo insatisfecho
de amor familiar que los incitan a buscar ese amor que no encontraron
en los padres, en alguien más (en el caso del protagonista, mantiene la
esperanza en su hermano). Esta búsqueda es el inicio de un problema
que afecta mucho a la población adolescente de esta época que,
naturalmente, no llega a encontrar ese amor que estaba esperando y, en
su defecto, esta nueva decepción trae malas consecuencias.

Aunque con su padre el cuadro parezca un poco más esperanzador, resulta todo
lo contrario, si la madre daba un aire de desinterés, el padre es totalmente ajeno
a él. Ezequiel tuvo trece años para ser catalogado el hijo perfecto hasta la llegada
de su hermano menor, después del nacimiento de nuestro protagonista, el
ambiente para Ezequiel se tornó poco acogedor; le confesó a nuestro
protagonista haber tenido celos de él, de molestarse por perder esa atención que
le daba ser hijo único, ¿podría ser que esa falta de atención fue un factor que
motivó a Ezequiel irse de la casa?
El protagonista, por otro lado, tenía un gran concepto de Ezequiel, era su héroe,
su modelo a seguir (probablemente pudo mantener esta imagen de él ya que no
vivieron juntos, no se suscitó la relación que normalmente transcurre entre
hermanos que rompe la idealización que tiene con Ezequiel, además de la gran
diferencia de edad). Ezequiel era un joven hermoso, inteligente, atlético, lo que
nuestro protagonista quería ser, o, estaba obligado a ser. Así que nuestro
protagonista se esfuerza en ser como él, lo toma como una meta, un desafío; y
desde el momento en el que Ezequiel se marcha, se abrió una oportunidad para
ser sólo él el foco de atención de sus padres.
Cuando Ezequiel se marchó de la casa de sus padres, el protagonista
tenía apenas 5 años, mientras Ezequiel 18. La relación entre ellos es,
prácticamente, nula, y eso explica la forma en la que ve a su hermano,
como un modelo a seguir, un ser perfecto. Y ese es el pensamiento que
les transmiten a ambos sus padres, olvidándose por completo de la
humanidad de sus hijos, su sensibilidad y el amor ausente, están
obligados a destacar en la sociedad, en su sociedad de clase
económicamente alta; tal vez el protagonista se dio cuenta de esto y pudo
entenderlo ya con sus 18 años (edad en la que el protagonista relata
esto).

A la edad de 10 años, nuestro protagonista presencia una escena que dará inicio
a preguntarse qué era lo que ocurría con Ezequiel, ¿por qué era tabú pronunciar
su nombre en aquella casa? Él llegó a observar cómo sus padres discutían con
Ezequiel pero no llegó a escuchar palabra alguna y en el momento en el que su
padre se dio cuenta de su presencia lo mandó rápidamente, y sin alguna
explicación, a su habitación. Eso no detuvo su curiosidad y desde ese momento
empieza a incursionar más en la vida de su hermano, él quería saber qué era lo
que Ezequiel había hecho esta vez. Sí, esta vez, ya que según su fuente
confiable, Mariano, su amigo, Ezequiel se marchó de la casa por no querer
casarse con la enamorada que tenía en ese momento, Ezequiel la habría
embarazado y ella lo habría interrumpido, y ante la insistencia de ambos padres
y la negación de Ezequiel, el problema terminó en la huida de su casa.
Un adolescente de dieciocho años que vive en una sociedad media a
media baja, no podría tomar exagerada decisión. Ezequiel es consciente
de entorno y se da cuenta que aún si se marcha de la casa de sus padres
por un problema como el que tuvo, ellos no apartarían su apoyo
económico de él, y aún si lo hicieran, Ezequiel ha recibido una excelente
educación gracias a su economía, en un ambiente laboral podría
desenvolverse fácilmente y podría mantener una vida estable.

Así que, ¿qué había hecho ahora Ezequiel? Miraba a su padre tan furioso (y aún
tranquilo era un hombre de temer) y a su madre llorando todo el día, estaba claro
que esta vez, fue mucho más grave. Nuestro protagonista se arma de valor y
decide preguntarle al mismo Ezequiel (ya que su valor no fue tan grande como
para preguntarle a su padre) y va a buscarlo a su apartamento. El protagonista
se encuentra en su apartamento, donde Ezequiel vive con su perro siberiano,
Sacha, un perro que nos revela los verdaderos sentimientos de Ezequiel, de su
soledad, de su tristeza y de lo que tiene que lidiar.

“La gente tiene miedo a lo que no entiende. Si la sociedad


margina a los que son diferentes, qué destino puede tener un
perro que tiene las orejas un poco más grandes.” (p.32)
Así como Ezequiel, aquél siberiano había sido apartado, discriminado; el
siberiano por ser el último de la camada y menos “puro”, y Ezequiel por tener
SIDA.

Parte II (capítulos del VII al XII)

Después de aquél baldazo de agua fría que recibió nuestro protagonista, y con
la espeluznante idea de volver a casa, pasa por una etapa que todos pasamos
cuando tenemos que asimilar algo que nos es totalmente desconocido. El
problema no se queda ahí, el SIDA no es sólo un tema descocido para aquél
niño de 10 años, sino, es tabú en la sociedad lleno de conceptos que un niño no
tendría que conocer o intentar entenderlo. La negativa de sus padres sobre lo
que sucedía, el no querer asimilarlo ni explicarle al el niño lo que sucedía, sólo
aumentó el conflicto interno que generó la noticia recibida por su hermano.
¿Por qué el “tenemos que”? Hay una gran diferencia entre lo que
decidimos aprender de manera autodidacta, cuando por nuestra
curiosidad y/o interés, nos sumergimos en un tema que desconocemos,
que nos es extraño, uno ingresa con la mente abierta, preparado a todo,
como bien podría decirse. Sin embargo, cuando uno se encuentra frente
a algo desconocido y que no puede evadirlo, TIENE que asimilarlo, ya no
se ingresa con la mente abierta, ya no se está preparado. Si bien es cierto
que nuestro protagonista buscó la razón de la discusión entre Ezequiel y
sus padres y pensó en posibles respuestas, no cruzó por su mente una
respuesta de tal magnitud, le toca asimilar la situación y entenderla. Aquí
es donde nace un conflicto interno donde puede hacerse de la vista gorda
como sus padres o apoyar a su hermano.

Se siente ajeno a todo, solo, como si todo lo que le rodeara de repente fuera una
mentira, así nuestro protagonista se enfrenta a esa realidad, así nuestro
protagonista tiene que entender que su hermano tiene SIDA. Por otro lado,
Ezequiel no lo hizo más sencillo, se había quedado con ese sabor amargo que
le dejó la discusión con sus padres, y al momento de preguntarle el motivo de la
discusión, Ezequiel se sintió atacado, sintió que aún no había salido de aquella
habitación y que su hermano menor era otro juez más, no le dio oportunidad de
explicarle que él sólo había ido a su apartamento para saber cómo estaba él,
aún con el riesgo que le atrapen y le castiguen, que estaba ahí como su hermano
menor, no como un espía de su padre. Sin embargo, Ezequiel sólo le dijo:

¿Acaso tiene importancia cómo me contagié?... ¿Qué estás


esperando que te diga? ¿Qué soy homosexual? ¿Qué soy
drogadicto? ¿Qué me contagió el dentista? ¿Eh? ¿Vos creés
que eso tiene importancia? Lo único que tiene importancia es
que me voy a morir, que no sé cuánto de vida tengo. Y que por
más que eternamente nunca voy a poder tener una vida
normal. (p.38)
A pesar de la indiferencia de sus padres, nuestro protagonista tenía que sumar
la indiferencia de Ezequiel; nadie confiaba en él, su hermano no lo veía como tal,
no quería confesarle sus problemas y si Ezequiel decidía ignorarlo, entonces él
también. Para mala fortuna de nuestro protagonista, su abuela llegó para
animarlo a seguir comunicándose con aquél que había sido, injustificadamente,
separado de la familia, porque a Ezequiel sólo le quedaba su hermano menor.
Recordándole que a pesar de las decisiones de sus padres, ella seguía siendo
su abuela y él su nieto y siempre lo iba a amar como tal, que ella no tenía por
qué tomar la misma actitud que los padres es ellos.
Vemos reflejado en ambos muchachos la falta de amor y contacto con
sus padres, ellos han vivido bajo una especie de microscopio, lejos de un
amor fraternal, han tenido una vida superficial donde se vive de las
presencias, del reconocimiento, del semblante. Ezequiel no conoce la
preocupación sincera, una preocupación que nace del amor y no de la
apariencia que aprendió de su padre, él no pudo entender qué tipo de
preocupación trajo a su hermano menor a la puerta de su vivienda. Y
nuestro protagonista, que aún sigue experimentando emociones que
tiene que esconder de sus padres, él pensó encontrar en Ezequiel un
panorama diferente al conocido de sus padres, y esa “decepción” que
tiene lo lleva a alejarse de Ezequiel, si es que se puede más.

Parte III (capítulos del XIII al XVIII)

Nuestro protagonista continúa con toda esa confusión que lo rodea, no decide si
seguir visitando a su hermano a escondidas, ¿realmente Ezequiel lo necesitaba?
O seguir siéndole indiferente, ¿qué debía hacer? Entre todo ese tumulto de
pensamientos buscando cada pequeña oportunidad para dejar de lado ese tema,
llegó su cumpleaños, la organización de esté ayudó a mantener el tema de su
hermano lejos, al menos por un tiempo. Su cumpleaños hubiera sido como otros
que tuvo si no hubiera aparecido Ezequiel, que llegó ante la mirada expectante
de los invitados y abriéndose camino hacia su hermano. Ezequiel le regaló un
disco de Dire Straits, “Hermanos abrazados”, y una invitación a ver un partido de
fútbol aquel domingo.
¿Qué cambió en Ezequiel para invitar a salir a quien antes había llamado
“espía de su padre”? Aquí encontramos un mediador que,
lamentablemente, en la vida real, en las relaciones reales, muy
escasamente encontramos. La abuela de los muchachos es quien les
aclara el panorama a ambos, ella nos confiesa que mantiene
comunicación con Ezequiel y, por su reacción, suponemos que ella es
quien le hace reflexionar sobre las intenciones que tenía su hermano
menor con esa visita y le explica a nuestro protagonista la soledad en la
que se encuentra Ezequiel. Asumimos también que fue ella quien le dio
semejante idea a Ezequiel (el partido) para reconciliarse con su hermano
menor. Como dije antes, en las relaciones interpersonales muy
escasamente se encuentra a quien nos aclare las ideas y nos toca a
nosotros mismo ser introspectivos con los acontecimientos que marcarán
estás relaciones, y esto es lo que muchas veces no logramos.

Ese partido aclaró las dudas de nuestro protagonista, pudo disfrutar de la


compañía de su hermano como no lo había hecho ¿nunca? Esa fue una
experiencia enriquecedora para dos almas que no habían conocido el amor
familiar. A pesar de haber despejado las dudas sobre serle indiferente o no,
aquella salida le trajo otras más; ¿qué hacía Ezequiel? ¿Trabajaba? ¿Se
quedaba todo el día en ese apartamento junto a Sacha? Y, ¿por qué Ezequiel
tiene que morir? Se dio cuenta de qué tan poco conocía a Ezequiel y cuánto le
importaba.
El fallecimiento de alguien que amamos es siempre desgarrador. Los
recuerdos, los sentimientos y el futuro sin esa persona son cosas que
puede romper hasta la más fuerte pared emocional y sumergirla en la
más profunda depresión. Es algo que nos toma desprevenidos, y nos
paraliza, pero, ¿y si es una muerte anunciada? ¿Cómo se reacciona a un
fallecimiento que aún no sucede? Podríamos pensar que los accidentes
pueden pasar en cualquier momento y que hay que estar preparados, sin
embarga, ¿es así? ¿Vivimos con ese temor a cada minuto? No. Pero
tener a nuestro ser amado con un pronóstico de muerte es una sensación
que, aunque no la he experimentado, nos transmite el protagonista.

La noche de aquella resplandeciente salida se vio nublada con el regaño,


pronosticado, de su padre y la, nuevamente, injustificada prohibición de hablar
con su hermano fuera del ámbito “familiar”, de un inesperado interés en temas
sobre su cambio hormonal y otros temas “personales”. Esto vuelve a dejar a
nuestro protagonista en un limbo de sentimientos, seguí sin conocer muchas
cosas y mantenía ese interés en entenderlas, aún con todo esto, nuestro
protagonista no pretendía alejarse de su hermano y la prohibición sólo aumento
su interés.
Nos adentramos en el sensible mundo de la crianza ¿Cómo educar a un
hijo? ¿Gritarle es correcto? ¿Castigarlo es correcto? ¿Golpearle es
correcto? ¿Cómo educar a un hijo? Son demasiadas las preguntas que
surgen en la mente de los padres, quienes nunca aprendieron a criar a
un hijo, porque no hay una ciencia para educar a un hijo. Si lo
comparamos con la Química, cada humano es un elemento nuevo y no
alcanza una vida para terminar de entenderlo. Nuestro protagonista
siempre tuvo en claro que sus padres no sabían muy bien cómo educarlo,
el miedo de equivocarse de nuevo, del “paso que hay de la autoridad
a la confianza”, y sin embargo, nunca les faltó el respeto ni los dejó de
amar como los amó siempre. La madurez y la capacidad de
discernimiento que nos enseña es uno de los mensajes importantes que
debemos rescatar aquí.

Parte IV (capítulos XIX al XXIV)

Llega diciembre de ese año y reciben en su casa la visita de Ezequiel, el


almuerzo transcurre con normalidad, como si no existiera el problema que tanto
aqueja a sus padres. Ezequiel dice que tiene deseos de pasar Año Nuevo con
su familia, pero toda esta situación, para nuestro protagonista, está llena de
hipocresía. El que sus padres y Ezequiel tengan una conversación sobre qué
harán en el verano, sobre planificar salidas, sobre qué feliz sería al estar con
ello, le resulta hipócrita, por todo lo que el presencia, porque el nombre de
Ezequiel causa chispas en esa casa, porque Ezequiel tiene problemas con ellos
y no entiende como todo pueda ponerse bajo el tapete en un almuerzo. Ezequiel
le explica que aunque sus padres sean indiferentes con él, él los amas y en el
fondo ellos a él (esto se lo podría haber enseñado su abuela), y que siempre
estaría feliz de estar con ellos. Además, nuestro protagonista, está molesto con
su hermano porque, piensa él, Ezequiel no tuvo que haber esperado tanto tiempo
en ir a la casa a verlo, que tenía que sacarlo de ahí porque sabe que sus padres
(padre) no dejarían que lo viera más (este pensamiento no se lo confiesa).
Podemos percibir emociones que transcurren en la mente de cualquier
niño, e incluso en los más adultos. El que nuestro protagonista pensara
que Ezequiel estaba en la obligación de “rescatarlo” es sólo un deseo mal
conducido. Así como a nuestro protagonista, nosotros también
experimentamos deseos egoísta con las personas con las que tenemos
relaciones interpersonales, y muchas veces manejamos mal estos deseo
y lo conducimos hacia un sentimiento mal, hasta de posesión, se nos
nubla la visión y nuestra madurez se ausenta haciendo que olvidemos
que los deseos que uno tiene con respecto a otro deben ser compartidos,
comunicados. Es algo en lo que muchos pecamos, la falta de
comunicación. Y es esto de lo que se arrepiente principalmente nuestro
protagonista, de la falta de comunicación que tuvo con Ezequiel, niñerías,
según él, que fácilmente se hubieran arreglado si hubiera tenido el valor
de decirlas.

Esa tarde conoció a su hermano, hablaron de banalidades, de cosas triviales,


pudo conocer a ese hermano que no había tenido en seis años, al menos un
poco más. Aquél mismo día tuvo la visita de mi mejor amigo, Mariano, que se iba
por las vacaciones y quería despedirse, y teniendo una profunda amistad con
este, decide revelarle el “nuevo problema” de Ezequiel. El protagonista le cuenta
que tiene SIDA. “Supongo que ya no lo vas ver más…No lo veas más, ¿no te
das cuenta de que te puede contagiar?”
La intolerancia. Hay un muro muy delgado que oculta la intolerancia,
detrás de este muro se encuentra el odio. El miedo y la repulsión que
rodea como buitres la vida de las personas que tienen SIDA (y de todas
aquellas que la sociedad marca como “malo”). Como dijo Ezequiel, la
sociedad teme a lo que desconoce, a lo que es diferente, pero ¿Qué es
diferente? Los parámetros y estereotipos creados por la sociedad
corresponden a una moral colectiva específica, que se da por el
desarrollo cultural de la sociedad específica: no comparten la misma
moral en Seúl que en Buenos Aires. En este sentido volvemos a la
pregunta, ¿qué es diferente? Nos hemos formado por conceptos relativos
que nos han enseñado a defender férreamente y nos ha hecho pensar
que todo lo que vaya en contra es algo que se debe tachar porque no es
correcto. Dejamos la empatía y cerramos nuestras mentes olvidándonos
que la ética y la moral no es colectiva es individual, que lo diferente se
debe respetar.

Esas fueron las palabras de su mejor amigo. El protagonista pasa unos días con
Ezequiel en las fiestas de Año Nuevo, esto fortalece la comunicación entre
ambos, pueden disfrutar de su compañía, sin embargo, llegó un momento en el
que le volvió a la memoria las palabras de Mariano. Ezequiel y su hermano se
encontraban en la cocina charlando cuando a Ezequiel se le cae una taza que
corta su mano, el protagonista se queda estupefacto, al igual que Ezequiel, y con
miedo al pensar que tal vez su amigo tenía razón, en ese momento él tiene con
Ezequiel la actitud que posteriormente experimentaría. Pasa el verano sin saber
de su amigo y se sentía extrañado. Al volver a la escuela se da cuenta de que
ya no tenía un amigo, desde momento nuestro protagonista prueba la
indiferencia, la intolerancia y la marginación con la que tenía que lidiar su
hermano. Lidió con la indiferencia y el rechazo físico de su, ahora, compañero
durante unos meses y decidió cambiarse de escuela para el siguiente año porque
no quería seguir soportando el rechazo. Esta nueva escuela quedaría más lejos
de su casa y podría visitar a Ezequiel más seguido, así que comenzó a
prepararse para el examen de ingreso.
En julio Ezequiel enferma de neumonía, pasó más de una semana internado y
muy delicado, cuando se recupera se entera que en el trabajo lo habían echado
por “falta de presupuesto”, una clara excusa que utilizaron al enterarse de su
enfermedad. Su abuela le pide a su padre que lo emplee, que ayude a su hijo y
se niega, “porque hay que pensar en los demás trabajadores”, pero aún piensa
en él y le ofrece volver a la casa y los cuidados respectivos, que no había
resentimiento, pero ya había dejado en claro sus verdaderos sentimientos.
Ya hablamos de la intolerancia, pero ¿Cómo vive con eso una persona
con SIDA? ¿Cómo es la intolerancia hacia las personas con SIDA? Nos
damos cuenta del rechazo que genera en las personas que rodean a una
persona con esa enfermedad, mientras menos relación tenga con ella, es
más el rechazo; mientras más relación tenga con ella, es más doloroso el
rechazo. Aún si no se ignoraban los métodos de transmisión de la
enfermedad, se ve claramente el apartamiento de la persona (en incluso
de los que lo rodean, como el protagonista) como si la enfermedad fuera
un aura que rodea a la persona y se te pega si estás cerca. Sobre cómo
reacción a estas actitudes las personas con SIDA es una respuesta que
deben dar ellos, y deben ser conocidos esos sentimientos generados
para lograr empatizar y entender mejor el tema, no quedarnos con el
miedo de tocarlos, de su sangre (como sucedió con el protagonista), no
parecer ignorantes e intolerantes.

Parte V (capítulos del XXV al XXIX)

Ezequiel comienza a tomar medicamentos para fortalecer su sistema


inmunológico, y por eso él debe tener una dieta específica y hacer ejercicios.
Ezequiel aprovecha eso para salir a caminar con Sacha al instituto donde su
hermano se preparaba para el examen de ingreso, iba tres veces por semana.
Las primeras caminatas eran silenciosas, nuestro protagonista tenía temor tocar
el tema de su enfermedad o algo relacionado a eso y tomó a Sacha como tema
de conversación. Se da cuenta de la importancia que tiene el perro para
Ezequiel, del cuidado y el amor que le da. Y siente un gran cargo de consciencia
cuando sus padre manda a Sacha a la casa en el campo donde vive su abuela
cuando Ezequiel le había pedido a él que lo cuidara.

“Uno de los motivos porque quiero tanto a este perro es por


sus ojos. Desde que estoy enfermo la gente me mira de
distintas maneras. En los ojos de algunos veo temor, en los de
otros intolerancia. En los de la abuela veo lástima. En los de
papá enojo y vergüenza. En los de mamá miedo y reproche.
En tus ojos curiosidad y misterio, a menos que creas que mi
enfermedad no tiene nada que ver con que estemos juntos en
este momento. Los únicos ojos que me miran igual, en los
únicos ojos que me veo como soy, no importa si estoy sano o
enfermo, es en los ojos de mi perro. En los ojos de Sacha.”
(p.95)
Con el paso del tiempo las caminatas se volvían más lentas, la conversación fluía
más, el protagonista iba perdiendo el miedo y la timidez con su hermano mayor.
Empezó a quedarse, unos minutos antes de volver a casa, en el departamento
de su hermano, se dio cuenta de que su hermano amaba la literatura, la
fotografía y tocaba el chelo, le confesó que se negaba a morir sin aprender a
tocar la Suite N°1 en Sol mayor de Bach. Ezequiel puso a su disposición sus
libros y nuestro protagonista busca en cada libro que le prestaba rastros de él,
estaba tan feliz de compartir cosas con él, tenía muy en claro lo mucho que
disfrutaba esta con su hermano y soportaría cualquier regaño de su padre por
sus tardanzas para seguir con él.
La última vez que lo recogió del instituto mientras caminaban hablando de los
libros leídos, recomendándose otros, Ezequiel diciéndole que mirara Blade
Runner, llegó una tormenta de manera muy rápida y con mucha fuerza. El
protagonista le comentó que, de un momento a otro, las calles llenas de gente
se encontraban vacías y las casa con ventanas cerradas, Ezequiel después de
pensarlo le dijo: El SIDA es como una tormenta, nadie quiere sacar la cabeza
para ver qué hay afuera.
Nos acercamos, aunque sea un poco, a los sentimientos de Ezequiel.
Recordemos que Ezequiel es un joven inteligente y que siempre ha tenido
una buena vida económica, con lo que podríamos suponer que el ego de
Ezequiel debe ser como el de esa clase social. Además de ser inteligente,
suponemos que también es orgulloso y no muestra sus sentimientos a la
ligera (gracias a la crianza de sus padres). Ver como a un joven fuerte
como Ezequiel le afecte tanto anímicamente, la soledad que lo rodea, el
rechazo que sufre (incluso de sus seres amados), como se va
desconociendo poco a poco; es sólo la superficie de lo que él está
pasando. Tal vez no quiere que sepamos su dolor, no quiere
aprovecharse de eso, sólo busca respeto, no compasión, no un trato
especial, porque él sigue siendo el mismo Ezequiel que antes.

Durante un año la salud de Ezequiel se ha deteriorado bastante, su pérdida de


peso es muy evidente, y en la noche de Año Nuevo el protagonista no encontraba
un motivo para brindar, para decirle a alguien que tal vez no viva lo suficiente
“Feliz Año”, sólo lo abraza y le dice que lo ama.

Parte VI (capítulos del XXXI al XLIII)

No vuelve a ver a Ezequiel hasta marzo, cuando inicia las clases en su nuevo
colegio, elige actividades extras en el colegio para pasar más tiempo con
Ezequiel. Lo va a visitar cada cuanto que puede y siempre es bienvenido con un
obsequio de parte de Ezequiel, su hermano está muy feliz de pasar tiempo con
él. Unos días antes de que nuestro protagonista cumpliera sus trece años,
Ezequiel le pide que vaya a su casa que le tenía una sorpresa y que no importaba
si faltaba a la escuela, al llegar a su apartamento, y después de un poco de
charla, Ezequiel saca su chelo y entona la Suite N°1 en Sol mayor de Bach, a
pesar de no tener la experiencia necesaria para tocar esa pieza y de estar mal
físicamente, a nuestro protagonista le fascina su versión, siente en cada nota el
empeño y el sentimiento de su hermano, tanto, que no puede resistir el llanto y
ambos hermanos se abrazan y terminan llorando por su logro. Una semana
después de ese evento lo internan por última vez.
El último día en el hospital, Ezequiel, quien había estado pasando por etapas de
lucidez y delirio, se despierta al sentir la caricia de su hermano menor en su
mano le dice lo paradójico que es que él, que le enseñó a caminar, lo haya
acompañado en sus primero pasos, y ahora su hermano le acompañe en los
últimos. Volvió a dormir y, después de un rato, al despertar le dijo sonriendo: “He
visto cosas que ustedes no creerían. Naves de ataque ardiendo sobre el hombro
de Orión…” El protagonista pensó que estaba delirando otra vez y más al ver
que le sonreía, le apretó la mano, volvió a cerrar los ojos y no los volvió a abrir.
Durante mucho tiempo el protagonista y sus padres no se hablaron, parecían
fantasmas en su casa, él nunca les perdonaría lo mal que trataron a su hermano,
o haberles dicho a sus amigos que Ezequiel tenía leucemia ya que no podían
evitar su muerte, o que ninguno hubiera estado el día de su muerte (sólo él y su
abuela). Él siempre recordaría a su hermano con la fortaleza y el entusiasmo que
tuvo durante la enfermedad, para su hermano, él nunca se entregó a la
enfermedad. Le enseñó a asomar la cabeza, para ver qué pasa afuera, aunque
haya una tormenta.
Después del mes de entierro llega su abuela a visitarlo, y le entrega un video
casete de Blade Runner:

“-He visto cosas que ustedes no creerían. Naves de ataque


ardiendo sobre el hombro de Orión. Rayos ‘C’ brillando en la
oscuridad cerca de Tannhauser. Todos esos momentos se
perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de
morir.
-No sé por qué me salvó la vida. Quizás en los últimos
momentos amó la vida más que nunca. No sólo la suya, la de
cualquiera… la mía. Buscaba las mismas respuestas que
buscamos todos ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuánto
tiempo tengo? Y sólo pude verlo morir.” (Blade Runner 1982)