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Instituto de Constelaciones Familiares

Brigitte Champetier de Ribes

El dinero y la abundancia con las Nuevas Constelaciones


y las Constelaciones Cuánticas

El dinero, la abundancia, el éxito. Las creencias como “no merezco”.


Los órdenes de la abundancia. Las deudas. Las herencias.
El dinero en la pareja.
El poder económico, sus perpetradores y víctimas: abrirnos a algo nuevo.

Evaluación: la abundancia.

Gandía, 5-6-7 de junio de 2015


Organiza :
Pura Aunión ; 670 350238
Mail : puraaunion@hotmail.com

Índice

Los órdenes de la abundancia y del éxito p. 2


Dar y recibir. Equilibrio entre tomar y dar. p. 7
El orden p. 9
Sobre diversos temas p. 11
Las creencias p. 13
Textos de Bert Hellinger p. 16
El dinero, 2008 p. 17
Las consecuencias de un movimiento hacia la madre interrumpido p. 21
El dinero 2011 p. 23
La ganancia, el producto p. 25
Lo que favorece y lo que obstaculiza el éxito p. 27
Meditación: La fuerza desde donde todo me es regalado p. 29

1
Brigitte Champetier de Ribes

Los órdenes de la abundancia y del éxito

El éxito nos alcanza cuando pasamos de la supervivencia a la vida. En la vida, y sólo en la vida,
nos llega el éxito, el triunfo: el reconocimiento del entorno a lo que estamos dando, en forma de
fama, de dinero o de poder.
El éxito nos viene por la madre, la realización profesional nos viene por el padre. Nos podemos dar
cuenta como éxito y realización profesional no van siempre de la mano…
Y si conseguimos tomar a padre y madre incondicionalmente, entonces ¡estamos en el éxito
profesional más completo!

La abundancia es el disponer de todo lo que necesitamos. No de lo que creemos que necesitamos,


sí de lo que realmente necesitamos.
Su imagen es el embarazo, mientras estuvimos en el vientre de nuestra madre, estuvimos
disfrutando de la abundancia de la vida. Hubo accidentes, porque todo en la vida es perfectible. Y
si estamos vivos, a pesar de los posibles accidentes intrauterinos, es porque esta experiencia de
abundancia fue plena.

ÓRDENES DEL ÉXITO

El éxito sistémico es pasar de sobrevivir a vivir.

 Sí a todo como es, a cada uno como es, y a mí como soy. Sí a la vida como es, sí a mi vida
como es.

 Tomar a la madre incondicionalmente.

Somos proyecto. Mientras vivimos somos proyecto.


Empezamos siendo proyecto para nuestro sistema familiar y a consecuencia para la humanidad, en
el periodo que rodea la concepción.

Luego, cuando los padres descubren el embarazo, ya somos su proyecto, la materialización de su


proyecto de pareja o de familia.

Y cuando crecemos y empezamos a ser conscientes de nosotros mismos, nos transformamos en


nuestro propio y mayor proyecto. Cuando aceptamos incondicionalmente la vida que nos toca,
sintonizamos con nuestro destino y nuestros proyectos son emanaciones de lo que nuestro sistema
familiar necesita realizar a través de nuestro destino. Y con ellos alcanzaremos el éxito que nos sea
permitido (porque también actúan otras grandes fuerzas, como las de compensación).
Mientras rechazamos nuestra vida como es, nuestros proyectos son ilusiones sin futuro.

No inventamos cualquier proyecto sino que nos viene dado por una necesidad del Sistema
Familiar. Los proyectos existen en función de lo que nuestros vínculos y nuestra compensación
arcaica, permiten y necesitan a través de nosotros.

2
Serán también el espejo de todos nuestros desordenes sistémicos. Los problemas en el trabajo son
llamadas del sistema familiar para que reordenemos algo en nuestra vida que a su vez reordenará
algo entre los ancestros.

Nuestros proyectos, nuestro proyecto de vida son nuestra continuación, son la materialización de
nuestra presencia en el mundo, son la expresión de nuestra sintonía con algo más grande y de
nuestro servicio a la vida.

El éxito en la vida entra de la mano de la madre. Tomar a la madre, imperfecta como todo ser
humano, como yo, es tomar la vida como es: imperfecta y por lo tanto perfectible y en movi-
miento.
La vida es vida y muerte, amor y energía asesina, algo y su opuesto. La fuerza del movimiento nos
viene a través de la reconciliación de los opuestos. Esto es lo que aceptamos al aceptar la vida
como es. El ser humano vive y crece a través de los conflictos, se realiza como ser humano gracias
a los conflictos, que los sufra o los provoque.

Cómo tratamos a nuestra madre, así tratamos a la vida y así nos responde ella.
Como tratamos a nuestra madre, así nos tratamos a nosotros mismos y a los demás, a veces desde
un comportamiento Niño, víctima, a veces desde un comportamiento Padre, perpetrador.

Cuando también tomamos a nuestro padre se nos abren las puertas del mundo, de la fuerza, de la
realización social, del éxito profesional y del compromiso para lograrlo.

Para agradecer la vida a nuestros padres, nos giramos hacia lo nuevo, hacia la vida, y nos ponemos
a su servicio. Servir a la vida, ¿cómo se hace? viviendo, amando, trabajando, teniendo familia,
ayudando a otros a vivir. Dar a la vida y dar a los demás es devolver lo que nuestros padres nos
dieron e hicieron por nosotros.

Tomar a la madre es contactar con el éxito, agradecerla ser como es nos abre al dinero.
Tomar al padre nos abre a la fuerza de la realización profesional
Tomar a ambos a la vez permite que el éxito profesional fluya en nuestras vidas. Y este éxito está
unido a la prosperidad económica.

Vivir es trabajar, es ponerse a disposición de la realidad para hacerla funcionar y mejorarla.

El éxito en el trabajo es el resultado de la reconciliación en nosotros de la madre con el padre,


reconciliación que se produce cuando miramos a los dos por igual, con el mismo sentimiento.

El éxito de nuestro proyecto profesional estará vinculado, en primera instancia, a la aceptación de


todo, agradecimiento a todo, y toma incondicional de los padres y en segundo lugar al campo de
los órdenes del éxito en la empresa.

Las crisis y los problemas son movimientos del espíritu dirigidos a hacernos cambiar hacia más
vida. Son pura energía, al servicio del amor y de la vida. En las crisis el movimiento del espíritu se
despliega, prodigando su fuerza y su amor al que quiere ver y cambiar.

3
ÓRDENES DE LA ABUNDANCIA

 CONEXIÓN CON ALGO MÁS GRANDE, CONEXIÓN CON LA VIDA


Gracias a todo como es, a cada uno como es y a mí como soy. Gracias a la vida como es,
gracias a mi vida como es, sin querer comprender.

 EQUILIBRAR DAR Y RECIBIR


Tomar a la madre y al padre incondicionalmente
Tomar a todos los excluidos, rechazados, perpetradores y despreciados, de las dos ramas.
Querer a la gente difícil de nuestra propia vida. Agradecerles ser como son.

 RESPETAR LA JERARQUIA NATURAL


Respetar a las personas anteriores

Nuestra abundancia está ligada a nuestra capacidad de amor incondicional y agradecimiento


incondicional también. Se traducirá en nuestras vidas, primero por nuestro amor y respeto a la
madre y a las mujeres de todo nuestro sistema familiar, y en segundo lugar por nuestro amor a los
dificiles, rechazados, prepotentes y otras personas moralmente « incorrectas ».

Ese amor tiene su reflejo en nuestra capacidad para decir « gracias por ser como eres » a cualquier
ser humano.

Es proporcional a mi capacidad de tomar de todos, de amar a todos, por lo tanto de amar a los
“malos”. El entorno me quiere y me paga tanto como mis antepasados rechazados me agradecen
ahora haberles mirado con amor.
La abundancia es una respuesta del Espíritu.

Podemos observar que la gente prospera puede serlo de un modo que crea un daño que alguien
tendrá que pagar, y puede serlo creando un campo de éxito que atrae la abundancia para los
demás.

EL DINERO

El dinero viene de la madre.


En la madre, durante los primeros nueve meses de nuestra vida, hemos conocido la abundancia de
la naturaleza. Al tomar conscientemente a nuestra madre, reanudamos el fluir de la abundancia en
nuestra vida.

Vida, madre y dinero son energías equivalentes.


Como tratamos a la madre, así nos trata la vida y el dinero. Así tratamos nosotros al dinero.
El dinero es una energía de agradecimiento, que permite mantenimiento de la vida y creatividad.
Recibimos dinero para compensar un producto, un algo que hemos realizado al servicio de los
demás. Este dinero es el que más fuerza tendrá, quiere decir que más servirá nuestra vida, para
vivir, para crear algo nuevo, para transformar nuestra vida.
Mientras que el dinero regalado u robado se escapa muy pronto.
El dinero es una energía en movimiento, circula, va de uno a otro. Nadie lo puede retener sin que
pierda su fuerza.

4
El dinero permite vivir, está al servicio de la supervivencia y de la transformación de lo
cotidiano, de la creatividad. Para florecer necesita ser agradecido y honrado como necesario,
como lo primero. Es el fruto del amor a todo y a todos.

Los órdenes de la abundancia son los siguientes:

Asentir a todo como es y a todos como son y agradecer todo como es y a todos como son, aunque
todavía no entendamos. La abundancia es la respuesta del universo, del sistema familiar y del
espíritu al que está al servicio de la vida, agradeciéndola como es, con la muerte y con el su-
frimiento también.

Nuestras vidas forman parte de grandes movimientos de compensación y de reconciliación,


inalcanzables para nuestra mente. Es a lo que tenemos que asentir.

El siguiente orden de la abundancia dice « tomar », tomar todo como es, tomar a todas las personas
como son, formar parte del movimiento de la compensación de la vida, equilibrando el dar y
tomar.

El dinero que recibimos es la compensación a nuestro buen dar.

El buen dar empieza con los padres: cuando « tomamos » a nuestros padres, o sea, cuando
aceptamos recibir incondicionalmente todo lo que nos dieron: la vida que nos toca, la familia que
nos toca y el destino que nos toca. Entonces necesitamos devolver, por agradecimiento.
Pero a los padres no les podemos devolver lo que nos han dado. ¿Cómo devolverles la vida? Por lo
que instintivamente nos giramos hacia los demás, pareja, trabajo, y a ellos damos lo que tomamos
de los padres. Indirectamente devolvemos a los padres cada vez que damos a los demás. Y es
cuando los padres se sienten colmados como padres, cuando sienten que han cumplido con su
función de padres.

Esto es el buen dar. Y el entorno nos lo compensa y agradece con la abundancia.

Tomar sólo un poco a la madre, “sí, pero…” tiene como consecuencia no ser capaz de dar mucho a
los demás, y por lo tanto la respuesta del universo será también pobre, mezquina, hacia nosotros.

Quejarse es aparentar ir de víctima, permitiéndose agredir a los demás, haciéndolos responsables


de nuestra suerte. La queja es un NO a todo y todos… Tiene las peores consecuencias. Hellinger
dice “el que se queja lo pierde todo”.

Tomar a todos como son significa tomar a todos los excluidos, rechazados, perpetradores y
despreciados, de nuestra familia o no, que los conozcamos o no. Significa renunciar a las lealtades
ideológicas, religiosas, morales o sociales que nos permiten juzgar y separar a la gente en dos
clanes, los míos, los buenos y los otros…
Tomar a todos como son significa también querer a la gente difícil de nuestra propia vida, a los
perpetradores económicos, a los prepotentes, a los tiburones y usureros, etc., reconocer que somos
como ellos, honrarles y agradecerles ser como son.

Y el último orden de la abundancia dice « respetar la jerarquía natural » que es distinta según se
trate de individuos o de sistemas.

5
A nivel individual, la abundancia fluye del respeto a los anteriores, y especialmente de las esposas
que respetaron a sus maridos.
A nivel de sistemas, el sistema de los anteriores hará sitio a los nuevos sistemas de sus hijos. Así
estos cobrarán mas fuerza

Resumiendo, nuestra abundancia está ligada a nuestra capacidad de amor incondicional y


agradecimiento incondicional también. Se traducirá en nuestras vidas, primero por nuestro amor y
respeto a la madre y a todas las mujeres de nuestro sistema familiar, y en segundo lugar por
nuestro amor a los difíciles, rechazados, prepotentes, violentos y otras personas moralmente
« incorrectas ».

6
Dar y recibir. Equilibrio entre tomar y dar.

Es necesario equilibrar el dar y recibir amor y equilibrar el hacer y recibir daño, nuestra pertenen-
cia al campo de la compensación, del equilibrio, no nos permite no equilibrarlo.

Equilibrar el dar y recibir amor: devolver el amor recibido, un poco más de lo que se ha recibido.
Dar amor sólo en la medida que el otro sea capaz de devolver.
Equilibrar el hacer daño: por parte de la víctima reconociendo sus ganas de venganza del daño
recibido, y diciendo « soy igual que tú », en vez de meterse en la buena consciencia de la venganza
y por parte del perpetrador, asumiendo y reparando el daño hecho, en vez de caer en la expiación
(que se hace para tener buena consciencia y no por amor al otro).

El hecho de dar o tomar de otra persona crea un desequilibrio que mantiene viva la relación, hasta
que el otro haya compensado. Si fuéramos perfectos, seríamos autosuficientes y no necesitaríamos
dar ni recibir, no necesitaríamos entrar en relación con los demás.
La persona que da se siente superior, inocente, libre – no debe nada a nadie -, y adquiere el
derecho de exigir su compensación.
La persona que toma o recibe se siente inferior, tiene mala conciencia por deber algo, se siente
dependiente de la persona que le ha dado, y se siente con la obligación de devolver, de compensar.
Cuando alguien no quiere cobrar lo que hace, por un lado es para que no le exijan responsabilida-
des de lo que ha hecho, y por otro es porque no sabe tomar, no ha tomado a la madre.
En la familia el hijo no puede dejar de recibir de sus padres; de sus padres sólo puede recibir,
incluso cuando le dicen “Tú por mi”.
Cuando toma con amor y respeto, y sin cuestionárselo, todo lo que sus padres le ofrecen, el hijo
siente plenitud (en oposición a la sensación de vacío del deprimido, por no tomar a uno de sus
padres), sabe dar y sabe recibir. La deuda adquirida entonces es la fuerza que le empuja para dar a
sus hijos sin esperar nada a cambio y para dar a sus iguales respetando su derecho a devolverle lo
justo.

En la pareja lo que crea amor es que cada uno tome activamente lo que el otro le da.

Las reglas del buen dar:


- sólo dar lo que tengo
- sólo dar lo que el otro puede recibir
- sólo dar lo proporcional a lo que el otro puede devolver
- dar desde el Adulto, al Adulto del otro, el Adulto puede estar en su Padre, su Adulto o su
Niño, el momento presente nos guiará.

Las reglas del buen tomar:


- valorar lo que el otro me da, sabiendo que siempre será distinto de lo que he dado o de lo
que espero.
- agradecer, dándole un poco más, para marcar mi reconocimiento, y un poco más cerca de sus
necesidades o expectativas.

La persona que recibe más de lo que puede dar se siente en una situación tan degradante y
culpabilizante que acaba explotando y rompiendo la relación que la ata de este modo. Verbigracia
las parejas con un inválido.

7
La persona que da demasiado, que lo da todo, pone la relación en peligro, porque en su fuero
interno quiere que el otro le de también TODO, o sea que se transforme en su madre, haciéndose
cargo de todas sus necesidades.
La prosperidad es la respuesta del Entorno a un buen dar. Un “buen dar” sólo es posible cuando
hay un “buen tomar” previo. La prosperidad es una respuesta de agradecimiento a una persona
agradecida, agradecida a todo y a todos, especialmente a la gente difícil.

8
El orden

El orden es lo primero. El respeto al que estaba antes nos lleva a la conexión con lo que siempre
estuvo, con ese algo más grande que lo piensa y lo mueve todo tal como es con el mismo amor
hacia cada uno.
El respeto del orden es más importante que el amor, que el amor infantil se entiende. Del respeto
del orden nace un amor adulto y humilde, muy fecundo.
El orden permite la paz y la democracia. Cada uno tiene un lugar específico, si lo ocupamos
desaparecen los enfrentamientos, todos nos respetamos. Cada uno tiene derecho a los distintos
rangos conforme va pasando el tiempo.

El desorden lleva al fracaso y a la muerte.

El orden entre sistemas: El sistema más reciente tiene preferencia sobre el sistema más antiguo.
Por lo tanto, la familia actual tiene preferencia sobre la familia de origen, la familia creada al tener
un hijo de una relación adúltera tiene preferencia sobre la familia “oficial”.

El sistema del hijo sólo puede tener éxito, si el de los padres se retira y les respeta su autonomía e
independencia económica.

El orden entre miembros de individuos: El anterior tiene preferencia sobre el posterior, el


miembro de introducción más antigua en el sistema tiene preferencia sobre el miembro de
introducción más reciente (el abuelo tiene preferencia sobre el padre, el hijo de un primer
matrimonio tiene preferencia sobre el cónyuge del segundo matrimonio, en una empresa la
antigüedad prima sobre la función o el estatus).

EL ORDEN JERÁRQUICO debe1 ser respetado; los primeros en aparecer deben ser respetados por
los que les siguen. Si un nieto toma el lugar de un abuelo, aunque sea por amor, transgrede el
orden y su vida estará marcada por el auto castigo.

Nadie tiene el derecho de llevar el destino de otro, aun cuando sea por amor a él, sería creer en la
prepotencia de nuestra voluntad (razonamiento mágico del niño). La arrogación o “arrogancia”
sistémica es la fuente de la mayoría de nuestros sufrimientos porqué desencadena siempre una
dinámica de auto castigo, en la persona o en sus descendientes.

Respetar el Orden sistémico permite vivir con paz, confianza, sentirse útil y querido.

Respetar el Orden sistémico permite que estemos en el amor, en el amor adulto, en nuestro
destino.
El Orden es, primero, agradecer todo, desde el origen, ver el flujo de amor creativo que fluye desde
el origen hasta nosotros y recrea el orden a su paso.

Estar en el adulto, ser autónomo, lúcido y humilde, es una decisión personal.

1
Aquí en sistémica, decir “debe” significa que la observación fenomenológica ha mostrado que cada vez que no
se respeta esta norma, el sistema busca una compensación dramática a este desequilibrio.

9
Podemos estar intrincados en un desorden sistémico que supera nuestra voluntad consciente.
¿Cómo salir entonces del desorden? El primer paso es estar en el adulto. Vivir con lucidez. Luego,
aceptar el crecimiento que supone la “noche oscura del alma” al estar atrapado en un vínculo que
nos supera.
“Sí, asiento a todo”.
“Me abro a los movimientos del espíritu”.
“Soy la realización de los movimientos del espíritu”.

Tenemos la libertad de estar en el adulto, o no, en cada momento. Y estar en el adulto, en la


lucidez, es la premisa para el Orden. Ese Adulto puede decir “Yo soy yo y sólo yo”, “Tú por ti y yo por
mi”, frases claves para reordenar.

10
Sobre las herencias

Las herencias son un fenómeno totalmente movido por lo sistémico. Responden a dos principios :
1.- La abundancia fluye a través de la madre. El regalo de la herencia se moverá hacia los
descendientes sólo cuando la esposa del que reunió la fortuna sea respetada y amada por esos
mismos descendientes.
2.- Sólo el que esté en su lugar de hijo recibirá su parte. Hasta que los hijos excluidos sean
reincluidos, la herencia no fluirá para nadie.

La herencia fue acumulada gracias al respeto de una mujer por su marido (abuelo, bisabuelo, etc).
La herencia puede estar bloqueada porque ningun descendiente ha mirado, honrado y agradecido
a esa mujer.

El orden entre padres e hijos dice: los padres dan y los hijos toman.
LO QUE DAN SIEMPRE ES UN REGALO. Deben ser honrados y agradecidos por lo que han
dado.

El que da da siempre lo único y lo mejor que puede dar en un momento dado. Siempre debe ser
agradecido. Entonces dará más y con más amor, si puede.

La culpa y los MÉRITOS pertenecen al que actuó y sólo a él.

Un padre no tiene ninguna obligación de dar algo a sus hijos. El hijo no tiene ningún derecho de
exigir algo de sus padres.

Los padres dan siempre a todos sus HIJOS por igual, a todos los que estén en su lugar de HIJOS, y
sólo dan a sus HIJOS.

En las herencias el orden sistémico se respeta inconscientemente de un modo contundente: el hijo


que reemplaza a un hermano muerto excluido o a un aborto olvidado recibirá dos partes de
herencia, la suya y la del excluido; el hijo que sustituye a un tío, padre, abuelo, no recibirá nada ya
que no vive como hijo....

Pareja y economía

Para que vaya bien la pareja y su economía, la mujer y su economía deben agradecer y honrar a la
economía del marido, aun cuando ésta sea más modesta que la economía de la mujer. La economía
de la mujer ocupa un lugar frente a los hijos y la pareja la considera como un hijo.

En la economía de la pareja se mantiene ese orden: el hombre gestiona la economía de la familia,


aunque aporte menos que su mujer. Cuando la mujer lo gestiona, se transforma en la madre del
marido.

El nuevo sistema tiene preferencia sobre los sistemas anteriores. Cuando no se respeta esta
preferencia las consecuencias son implacables. Por ejemplo todo yerno que se encarga de una
empresa familiar de la familia de la mujer arruina a esa empresa, porque su sistema tiene que ser
independiente, y debe tener prioridad sobre el sistema de sus padres y sobre todo del de sus
suegros.

11
Entre los cónyuges el dinero puede equilibrar un desequilibrio que se dé entre el dar y recibir, por
ejemplo si uno de los dos pide más que el otro, en el sentido de que ha tenido otras parejas antes, o
trae un hijo de una pareja anterior.

En los casos de divorcio, la pensión alimenticia crea una dependencia que impide la autonomía de
cada uno. Para que cada uno vuelva a tener su autonomía cada uno debe hacerse cargo de su vida
y de su economía.

En las separaciones, el sistema familiar del conyugue que tenga fidelidad a un campo perpetrador
utilizará al otro cónyuge para asumir o pagar las deudas que quedan pendientes y no vistas.

El que se separa, para compensar, deja al otro a los hijos y la casa.

Las deudas
Tener deudas o hipotecas es un modo de pagar un daño, de equilibrar una culpa no asumida.
Puede ser nuestra (como un aborto no asumido) o, más frecuentemente, pertenecer a un ancestro
con quien tenemos una fidelidad o una intrincación.

La crisis pertenece a un campo superior a los campos morfogenéticos de los humanos. La dirige
el movimiento del espíritu. Es pura energía, al servicio del amor y de la vida. En la crisis el
movimiento del espíritu se despliega, prodigando su fuerza y su amor al que quiere ver y cambiar,
para adaptarse a las nuevas condiciones de vida.

Adicción al juego

Lucha para no suicidarse: mejor perder el dinero antes que perder la vida.

Avaricia

Tengo muy poca energía para vivir, no la tengo que malgastar. El dinero es el equivalente de la
vida, siento que mi soplo de vida se apaga, tengo que ahorrar al máximo mi dinero-energía

12
Las creencias

La primera gran necesidad humana, la que asegura la supervivencia del clan y por ende de la
especie, es la necesidad de pertenencia. El sentimiento genuino que impulsa toda nuestra vida y
que se esconde detrás de todos los demás sentimientos, es el amor y su corolario: el miedo a ser
rechazado, a no pertenecer. Este amor garantiza nuestra pertenencia.
Y el cemento inconsciente de la “tribu”, de la sociedad, es la mala consciencia que se activa cada
vez que hacemos algo que pone en riesgo nuestra seguridad, nuestra pertenencia y desaparece
cuando volvemos al redil, a lo anterior.

Desde la concepción, el hijo pertenece a su sistema familiar para siempre. El amor que siente el hijo
por su familia es totalmente incondicional, es la forma más grande y más bella de amor, Hellinger
la llama amor primario o amor de los orígenes. El niño da a sus padres TODO LO QUE ES, desde
su concepción, para asegurar su PERTENENCIA por AMOR. Les promete fidelidad para siempre.
Y elaboramos CREENCIAS para justificar estas fidelidades. De modo que cuando este niño crece y
su desarrollo le impulsa a renunciar a algunas de esas promesas, se siente tan culpable que en
general prefiere abandonar sus nuevas comprensiones de la vida, para volver a ser un buen hijo
sumiso.

El precio de la autonomía es la soledad y la culpabilidad, la culpabilidad de no ser fiel.

La culpabilidad impide estar presente, su función es hacernos renunciar a la decisión que la ha


producido.
A menudo podemos pensar que si nos sentimos culpables es porque estamos franqueando una
etapa importante. Es importante entonces valorar a qué estamos renunciando y asumirlo, la
culpabilidad entonces se transforma en fuerza y coherencia.

Solemos asociar Bien y Mal con bienestar y malestar. Pero “si miramos de más cerca, nos damos cuenta
que la fuerza que permite que el mundo progrese se fundamenta en lo que calificamos como difícil, malo o
grave. Sin embargo el desafío de la novedad nace de lo que preferiríamos eliminar.

Es pues cuando huimos de lo difícil, culpabilizante o beligerante cuando precisamente perdemos lo que
queremos proteger: nuestra vida, dignidad, libertad, grandeza. Sólo la persona que hace frente a las fuerzas
obscuras y las acepta, está unida a sus raíces y a la fuente de su fuerza. Esta persona está más allá del bien o
del mal, está en unión con algo más grande, con su profundidad y su fuerza.

Tenemos buena consciencia cuando lo que hacemos mejora la relación con alguien (o con un grupo) que nos
importa. Tenemos mala consciencia cuando hacemos algo que perjudica esa relación, de modo que nos
sentimos empujados a corregir el rumbo hasta que la relación esté mejor de nuevo.”2
Solemos confundir esta sensación de bienestar-malestar con la noción de Bien y de Mal y las
creencias que hemos asociado al Bien y el Mal. Pero el Bien significa a menudo acercarse a un
nuevo sistema, pertenecer a un nuevo sistema más amplio que el de origen, romper ataduras.
Tener una moral del Bien y del Mal, es tener una moral y unas creencia de exclusión, desprovista
de amor. El Amor, el amor adulto, lo acepta todo, lo comprende todo, se une a todo.

2
ver El centro se distingue por su ligereza, Bert HELLINGER, Ed. Herder.

13
Como nacen las creencias
Cada sistema familiar, cada religión, transmite toda una serie de creencias. Son órdenes o
mandatos que fueron transmitidos en un momento dado por un ancestro poderoso para que nadie
pudiese sospechar de él, porque en ese preciso momento ese ancestro estaba haciendo un gran
daño a alguien.
Lo que nos muestra que este pensamiento es una creencia, es que produce exclusión, juicio y nos
sentimos muy culpables si no la acatamos. Mientras que cuando una familia transmite una actitud
generosa y honesta es siempre desde el respeto de la libertad total de sus descendientes.
Voy a dar un ejemplo.
Una persona se sentía muy mal cada vez que quería relajarse un poco, o que estaba con personas
que disfrutaban más de sus tiempos libres que de su trabajo. En la rama materna el lema era “la
pereza es el peor vicio”. Al constelar esa prohibición para relajarse, descubrimos que esa creencia
sobre la pereza la había forjado un ancestro lejano, para tapar el hecho de que se había transfor-
mado en perpetrador con sus trabajadores, exigiéndoles trabajar hasta matarles de extenuación. Lo
había hecho desde su buena conciencia, y así no asumió su crimen, justificándose con “la pereza es
el peor vicio.”
Las víctimas fueron totalmente excluidas, olvidadas por esta familia. La culpa del ancestro también
fue excluida. Por lo que los descendientes van a vivir intrincados con ese hecho. Unos viviendo la
justificación del ancestro, como un mandato. Otros pagando por él o sufriendo como las víctimas.
En ese caso, en cuanto la persona hubo terminado la constelación se sintió libre de relajarse cuando
le apeteciese, y disfrutar tanto del trabajo como de su tiempo libre.
La fidelidad a una creencia nos viene de varias maneras:
Una es por intrincación, por un vínculo especial con el perpetrador o con la víctima.
Otra es por lealtad a los mandatos de los padres.
Otra manera es la resonancia de un campo mórfico que nos atrapa. Ese campo representa la
vivencia de miles de personas que vivieron una creencia determinada, y su resonancia nos
domina.
Cuando los campos sienten nuestro respeto y agradecimiento por ellos, empiezan a vernos con
amor y nos permiten ser distintos de ellos.

Nosotros también nos creamos creencias, cada vez que tenemos un conflicto y nuestro pensamien-
to mágico lo quiere resolver sin hacer sitio al “presente” ni al “adulto”: entonces se explica lo
inexplicable a su manera para poder seguir como estaba, con la conciencia tranquila. Mientras que,
al revés, cada vez que damos un salto de crecimiento, soltamos alguna creencia.

Las creencias más frecuentes son:

El dinero es sucio, o los ricos son despreciables, seguro que han quitado el dinero a alguien, o
simplemente son unos egoistas

Esta creencia permite no sentirme responsable de mi pobreza. En vez de asumir que el dinero es el
resultado de un trabajo productivo, de un dar y del respeto a la madre, esta creencia me permite
despreciar a los que cumplen con lo anterior y me ciega en cuanto a mi responsabilidad con mi
vida y mi prosperidad.
Me permite estar en la queja. Y la queja es lo que más va a alejar la abundancia. De un modo tan
automático como el agradecimiento atrae riqueza, la queja aleja el éxito y la abundancia.

14
En efecto en la queja, aparento ser una víctima para poder vivir el odio, el rencor y la agresividad
del perpetrador sin asumirlo.
Conflictos “anales” sin resolver. Mucha agresividad no asumida.
Culpa a los demás de lo que le ocurre. No actúa. No quiere estar en el adulto.

Sólo los pobres entrarán en el cielo

Entonces ningún poderoso de la Iglesia podría entrar en el cielo…


“Es bueno sufrir, cuanto peor lo paso, más cielo voy a tener”. Estoy en la expiación, en el rechazo de la
alegría de vivir, en el rechazo de la vida.
Esta creencia convierte a Dios en un gran perpetrador que exige pobreza y sufrimiento.
La expiación desaparece cuando decidimos reparar el daño que hemos hecho, o cuando elegimos
la alegría de vivir en lugar del perfeccionismo culpabilizante.

No me lo merezco

El concepto de merecer es un concepto infantil, que nos viene de la infancia y de la escuela, donde
nos castigaban cuando éramos “malos”. Y ahora una vez adultos, transformamos al Universo, o a
Algo más Grande en un gran mercader que nos hace chantaje, o a quien hacemos chantaje con
nuestra buena conducta…
Cuando vemos las constelaciones descubrimos, entendemos, que lo que tenemos, lo que vivimos,
es porque nos toca, no porque lo merezcamos o no…
Todos merecemos por igual, todos somos queridos por igual. TODOS. No hay preferidos, ni
existen algunos que merecen más y otros que merecen menos.
Todos somos queridos por igual. Cada vida es distinta y cada uno agradecemos la vida que nos ha
tocado. Esta actitud es la fuente de la abundancia. Mientras que la queja o la culpabilidad son
fuentes de pobreza.

15
Bert Hellinger

“¡Id hacia más!


Sólo existen dos movimientos: un ir con la vida y un ir hacia la muerte. Lo que no es más es menos.
Más va con la vida, menos va hacia la muerte. Lo nuevo, el cambio va con la vida, la rutina va
hacia la muerte.
El trabajo crea vida. El trabajo es más.

¿Alguien nos puede hacer daño?


No. Nadie nos puede hacer daño.
No hay cambio ni crecimiento sin una crisis anterior.”

El trabajo es la vida en acción. Vivir es trabajar.

“Donde la relación con la madre no se logra, no se logra la empresa. Este hombre esperaba algo de
su madre y cuando tuvo la empresa, esperaba de los clientes que le dieran lo que esperaba de su
madre. Él quiere recibir en vez de dar. Pero la madre no tiene que dar nada ya lo ha dado todo. La
conexión se hace a través del Gracias. Él lo tiene todo y ahora se pone al servicio. Y la madre va
detrás de él, lo apoya todo. Sin madre no hay éxito.”

“Ejercicio
Cerrad los ojos.
Nos acercamos a nuestra profesión o a nuestra empresa.
Junto a nosotros está el éxito.
Sentimos a dónde quiere ir.
O quizá, a dónde se va. O de quién se aleja.
Le seguimos.
¿De qué manera? Con determinación.

¿A dónde quedarían los empresarios si se comportaran como terapeutas? ¿Qué sucedería con
nosotros en la tierra? Yo me acabo de comportar como un empresario: ¡un empresario exige! Y con
eso logra el éxito.

El hombre adquiere importancia si la mujer le respeta. Entonces tiene importancia. Hay muy
pocas mujeres que realmente respeten al hombre: porque ellas se creen mejores. Entonces, le
quitan al hombre los hijos y dicen: yo lo puedo hacer sola. Eso tiene consecuencias graves para los
hijos y la mujer. ¿Qué sucede con la mujer? Queda solamente como mujer. Lo que el hombre ofrece
como fuerza y el modo como él introduce los hijos al mundo, eso se pierde.

Aquí, en empresas, si la mujer respeta al hombre, él recibe una fuerza especial para la empresa y la
dirige realmente. Pero si la mujer se va, ¡cuánta fuerza le resta! Es decir que la mujer le brinda el
apoyo. Entonces, los dos se hacen uno y la empresa es el hijo común. El hombre tiene fuerza y la
mujer aunque a veces queda en el segundo plano, sostiene el conjunto. Eso lo pudimos ver. El
hombre va al primer plano y lo puede hacer si la mujer está atrás. Es diferente cuando la mujer
tiene la empresa. El hombre crea su propia empresa. Tiene que esforzarse para ser igual a la mujer.
Y si lo logra, ¿cómo le va a la pareja? Ambos independientes y a la vez uno. Es un modelo bonito.”

Bert Hellinger, Barcelona, septiembre 2009

16
El dinero

El dinero es algo espiritual. En él está guardada la energía de un trabajo, un trabajo meritorio.

Cuanto más alto es el servicio que se ha prestado (el trabajo) por una suma determinada de dinero,
mayor es la energía que ese dinero guarda.
El dinero guardado arduamente, con mucho esfuerzo, posee la máxima energía. Es usado de la
forma más ahorrativa y es valorado al máximo.
El dinero fácil, o sea, el dinero logrado sin el trabajo equivalente, posee poca energía, por no hablar
del dinero obtenido con injusticia o engaño. Por eso no se queda. Quiere ir a otro sitio. Y por eso se
puede decir que el dinero tiene un lado espiritual, incluso un alma.
El dinero se siente mejor – así es mi imagen – en la alcancía. Aguarda y espera a ser usado.

En general, el dinero se siente bien al ser usado, al ser usado cuidadosamente por un valor
correspondiente y un trabajo correspondiente. Ésta es la mejor manera y la más bella en que
desarrolla su energía, y, por qué no decirlo, su espíritu.
El que tiene un dinero en la mano, también tienen en la mano el trabajo de una persona. A menudo
su sudor, su sangre y sus lágrimas. De ahí que deba manejarlo más cuidadosamente. Ese cuidado
lo une con quienes lo han ganado, con respeto y amor.

Así es como comprendemos lo espiritual que es el dinero. Con el movimiento del Espíritu estamos
asintiendo a quienes a través de su trabajo nos posibilitan usarlo y también a quienes pagamos por
su trabajo correspondiente.
Espiritualmente comprendemos el dinero cuando lo vemos en movimiento, y, cuando en sintonía
con este movimiento, lo exigimos, lo tomamos y lo pasamos a otra persona. El dinero está al
servicio del amor, al servicio del amor del Espíritu. Es amor que fluye.

Con esto, ¿hice justicia realmente al espíritu del dinero? También es poder y arma, bendición y
maldición. Donde aparece con poder en exceso, ¿qué se evidencia como fuerza real que lo mueve?
¿Son quienes lo poseen, o es el dinero el que los mueve a ellos?
La pregunta es: si el dinero mueve a quienes lo tienen, ¿quién mueve entonces al dinero? También
en esto se demuestra que el dinero es algo espiritual.

También el pobre tiene que respetar el dinero. Tiene que respetarlo como algo espiritual, en
sintonía con un movimiento del Espíritu. ¿Cómo? También con amor.

Bert Hellinger (2008),


Mística cotidiana, caminos de experiencias espirituales,
pp. 107-108.

17
Si miramos hacia delante, nos liberamos de nuestras pérdida pasadas, para conseguir algo nuevo,
a menudo mucho por encima de lo perdido. A la vez nos liberamos del destino de aquellos que
ganaron. Les dejamos a ellos su ventaja sin reproche o pesar. Ellos manejan su destino a su manera
y nosotros estamos y nos mantenemos en plena fuerza. ¿Cómo? Con éxito.

¿Qué hay detrás de esta actitud? ¿Qué funciona y se convierte en una bendición para muchos? En
todo vemos que está obrando una fuerza distinta, más allá del beneficio y la pérdida, más allá de la
culpa y la inocencia, más allá de los perpetradores y las víctimas. Nos sometemos a esta fuerza, sea
el que sea el resultado para nosotros y para otros.
Nadie puede sobrevivir sin que sea a costa de otro, tanto en lo pequeño como en lo grande.
Pagamos nuestra parte voluntariamente y estamos de acuerdo con la parte que les cueste a otros.
Nosotros y ellos participamos en un juego de intercambio al mismo servicio, al servicio de la vida
con amor.

Bert Hellinger (2009),


La práctica del asesoramiento empresarial. p. 45.

El generoso desborda. Da más de lo que los otros esperan de él, sin esperar nada de ellos.
Generosidad es asentimiento, asentimiento puro.
Cuando somos generosos, dejamos de lado muchas cosas. ¿Para qué la estrechez y la mezquindad?
Al generoso eso no le incumbe. Se mantiene a distancia, consigo mismo.
El generoso ha dejado mucho tras de sí, especialmente las grandes pretensiones. Se adapta a las
circunstancias, sin darle mayor importancia a las limitaciones.
Generoso es, sobre todo, el Espíritu. Vivimos su asentimiento y afecto hacia nosotros como algo
generoso. El Espíritu no necesita llevar la cuenta. Su movimiento es siempre continuo, pasa
inmediatamente a lo próximo. Es extenso y amplio. Tiene en su mirada la grandeza y lo esencial.
Así lo sentimos cuando nos toma y estamos en sintonía con su movimiento.

El generoso deja al pasado ser pasado, sin detenerse en él. La grandeza mira hacia adelante con
coraje, porque para nosotros todo lo grande está adelante.

La generosidad nace en la comprensión de que sólo lo grande importa, sobre todo el Gran Amor.
Ser generoso significa también ser grande de corazón. El amor de corazón grande deja que el
pasado pase. Ama hacia adelante, hacia el futuro, generosamente.

El generoso se mantiene en recogimiento hacia lo mucho y lo amplio. Al ir al unísono con el


movimiento hacia adelante, se somete a él en todo momento. Es sostenido por él y por él es
llevado.
El corazón del generoso late sereno, generosamente sereno.

Bert Hellinger (2008),


Mística cotidiana. Caminos de experiencias espirituales.
pp. 108-109.

18
El dinero es fuerza. Produce algo. De él surge algo, por ejemplo una prestación que será retribuida.
Cuanta más alta la prestación, más potente el dinero resultante, que se corresponde con ella. Sin
embargo, si el dinero es menos que la prestación que retribuye, conservará su valor pero tendrá
poca fuerza. Si es más que la prestación producida por él, igualmente pierde su fuerza. Con eso,
quiere indicar que desea marcharse. El dinero no quiere ni puede quedarse.

Lo mismo es válido cuando atesoramos el dinero en lugar de producir algo o de financiar una
prestación con ello. Del dinero desvinculado de cualquier rendimiento que pudiera servir nuestra
vida o la de otros, se quedan las cifras sin valor real. Recuperan su valía cuando vuelven a
producir más que sólo cifras, a producir una prestación que a su propietario le exige un esfuerzo
personal, y cuando no es sustraído a otros sino que es gastado y ofrecido con la meta de alcanzar
algo que sirva al grupo. Eso generalmente, y vale aquí también, a cambio de alguna compensa-
ción. El dinero prestado, que remplaza un esfuerzo, se echa a perder. Se pierde, sin fuerzas.

El dinero circula en un circuito de prestación y remuneración, de nuevas prestaciones y nuevas


remuneraciones. En este circuito, ambas crecen, la prestación y la remuneración.
A la inversa, sin prestación y su remuneración correspondiente, o cuando el dinero es prestado o
regalado, sin corresponderse con una prestación de valor equivalente, se desarrolla un circuito
semejante, sin embargo en este caso, de pérdida en pérdida, hasta que el excedente desaparezca.
Del cielo, regresa a la tierra.

Aquel que desprecia el dinero, éste lo mantiene alejado. Sin el dinero, se vuelve débil y permanece
pobre. A aquel que es frugal y con poco se las arregla, el dinero se le vuelca, y llega cuando se lo
necesita. Representa una fuerza.

Aquel que valora el dinero puede dejarle la rienda suelta. Lo tiene atado con una cuerda larga,
igual que un perro. Tanto más a gusto regresa hacia él, cuando lo necesita y lo llama.
A veces, el dinero se retira. Por ejemplo, las veces que desconsideramos un servicio producido
para nosotros y ofrecido, a menudo con mucho amor, sobre todo por parte de nuestros padres. Si
logramos apreciar su servicio, nos llega, así como a ellos, la recompensa que con este servicio se
corresponde.

Esto es válido por todo lo demás. Cuando respetamos la prestación que otros producen para
nosotros, a menudo sin retribución, llega para ellos y nosotros una recompensa. Ellos nos pagan
nuestro respeto con más de su prestación, sin contar el esfuerzo. Sin nuestro aprecio, su prestación
se demora.
Todo el dinero viene y se queda en este mundo. En el otro, más allá del nuestro, rige otra moneda.
Sin embargo, el dinero tiene un efecto en aquel otro mundo, cuando lo podemos tomar y luego
dejar de buena manera. Tiene permiso, al acabar nuestro tiempo aquí, para quedarse. Ha cumplido
con su servicio.

La pregunta surge ¿para qué o para quién se queda? ¿Aquel que después de nosotros lo recibe
tendrá la fuerza de conservarlo? ¿Se transformará en salario para una prestación o se volverá una
carga que aplasta en lugar de brindar algo?

¿Qué resulta de estas reflexiones? El dinero se comporta como un mensajero mandado desde otra
parte. Quiere que lo adquiramos para producir algo con él y luego que lo dejemos, cuando nos
toque. Oímos el mensaje transmitido por este recadero y respetamos cuidadosamente lo que,

19
estando al servicio de su señor, él nos exige, sea lo que sea. No podemos y no tenemos permiso
para escoger.

El dinero representa a la madre

El dinero representa a la madre, el que está unido con la madre está unido al dinero y el dinero con
él.

Ahora ya no hay obstáculo en el camino a la riqueza. Aquel que desprecia el dinero, desprecia a su
madre, por eso no lo tiene. Muchos pobres son pobres porque desprecian a su madre, también el
pobre debe amar el dinero, como a su madre, entonces también le llega.

Tener trabajo es una Gracia.

Ayuda a la vida, Enero 2011, www.hellinger.com

20
Las consecuencias de un movimiento hacia la madre interrumpido

El movimiento hacia la madre interrumpido tempranamente tiene consecuencias de pesa para la


vida posterior y para el éxito. ¿Cómo se ve esto en detalle?

Cuando tales niños más tarde quieren ir hacia alguien, por ejemplo hacia una pareja, sus cuerpos
recuerdan el trauma de una separación precoz. Entonces se detienen en su movimiento hacia ella.
En lugar de ir hacia la pareja, esperan que sea ella quien vaya hacia ellos. Cuando ésta realmente se
acerca, a menudo les cuesta soportar su cercanía. La rechazan de una u otra manera en lugar de
darle la feliz bienvenida y tomar. Sufren por ello, pero, no obstante, sólo se pueden abrir a ella
dubitativamente, y, si lo hacen, a menudo sólo por un corto periodo de tiempo.

Algo parecido les ocurre con un hijo propio. A menudo también les cuesta soportar su proximidad.

¿Cuál sería la solución? Este trauma se supera allí donde se originó. De hecho, casi detrás de todo
trauma se halla una situación en la que no fue posible un movimiento que habría sido necesario,
de modo que quedamos inmóviles en tal situación, como enraizados o paralizados.

¿Cómo se resuelve un trauma así? Se resuelve en nuestro sentimiento y en nuestro recuerdo,


cuando, a pesar de todo el miedo, regresamos a esa situación y recuperamos internamente el
movimiento impedido o interrumpido en la primera ocasión.

¿Qué significa esto para la interrupción temprana del movimiento hacia la madre?
Significa que volvemos otra vez a la situación de aquel entonces, a ser el niño de entonces, a mirar
a nuestra madre de entonces, y, a pesar del dolor, la decepción y la ira nacientes, damos un
pequeño paso hacia ella, con amor.

Nos detenemos, la miramos a los ojos y esperamos hasta sentir en nosotros la fuerza y el valor para
el pasito siguiente. Volvemos a detenernos hasta lograr dar el otro pasito siguiente y los pasitos
que le siguen, hasta caer al fin en brazos de nuestra madre, abrazados y retenidos por ella, por fin
nuevamente unidos a ella con amor.

Más tarde probamos en este caso también primero internamente, si conseguimos hacer ese
movimiento hacia una pareja amada. La miramos a los ojos, y, en lugar de esperar que se ella se
mueva hacia nosotros, damos le primer pasito hacia ella. Al cabo de un rato, cuando hemos
reunido las fuerzas suficientes, damos un segundo pasito. Así seguimos hacia ella, lentamente,
pasito a pasito, hasta tomarla en los brazos, y ella a nosotros, hasta que la retenemos y somos
retenidos, felizmente y por largo tiempo.

El movimiento hacia el éxito

¿Por qué lo he descrito tan extensamente?


Un movimiento hacia la madre interrumpido tempranamente resulta más tarde un obstáculo
decisivo para el éxito en nuestro trabajo, en nuestra profesión y en nuestras empresas. También en
este caso se trata de que nos dirijamos al éxito en lugar de esperar que él venga hacia nosotros. Por
ejemplo, si esperamos el salario sin entregar previamente el rendimiento correspondiente, si nos
escudamos tras otros en lugar de hacer el trabajo nosotros mismos, si nos retiramos antes de
acercarnos a los demás y al trabajo con alegría.

21
Todo éxito tiene el rostro de la madre.

Es decir, que también en este caso vamos primero internamente hacia nuestro éxito y hacia otras
personas, con la voluntad de hacer algo por ellos, dispuestos en lugar de dudar y quedarnos
parados esperando que sean ellos quienes se muevan.

Es decir, que vamos hacia ellos y hacia nuestro éxito, paso a paso, y a cada paso sentimos a nuestra
madre amorosa detrás de nosotros. Vinculados a ella, estamos bien preparados para el éxito y
llegamos a él del mismo modo en que hemos llegado hasta ella.

Primero hacia nuestra madre y ahora hacia el éxito.”


Bert Hellinger (2009),
La práctica del asesoramiento empresarial, pp. 16-18.

“Dejamos nuestros sentimientos de culpa atrás, nuestros sentimientos de culpa, que nos damos a
nosotros y a otros. Con cada sentimiento de culpa, sobre todo con cada intento de expiación de una
culpa, mediante el cual queremos quitarnos el sentimiento de encima, pagando por ello, intenta-
mos tomar nuestro destino en nuestras manos y manipularlo de alguna manera que quita vida en
lugar de darla. La culpa y la expiación se oponen a la vida en lugar de servirla, en lugar de servir a
nuestra vida exitosamente y, junto con ella, a la vida de otro.”
Bert Hellinger (2009),
La práctica del asesoramiento empresarial, p. 32.

“Si miramos hacia delante, nos liberamos de nuestras pérdidas pasadas, para conseguir algo
nuevo, a menudo mucho por encima de lo perdido. A la vez nos liberamos del destino de aquellos
que ganaron. Les dejamos a ellos su ventaja sin reproche o pesar. Ellos manejan su destino a su
manera y nosotros estamos y nos mantenemos en plena fuerza. ¿Cómo? Con éxito.

¿Qué hay detrás de esta actitud? ¿Qué funciona y se convierte en una bendición para muchos? En
todo vemos que está obrando una fuerza distinta, más allá del beneficio y la pérdida, más allá de la
culpa y la inocencia, más allá de los perpetradores y las víctimas. Nos sometemos a esta fuerza, sea
el que sea el resultado para nosotros y para otros.

Nadie puede sobrevivir sin que sea a costa de otro, tanto en lo pequeño como en lo grande.
Pagamos nuestra parte voluntariamente y estamos de acuerdo con la parte que les cueste a otros.
Nosotros y ellos participamos en un juego de intercambio al mismo servicio, al servicio de la vida
con amor.”

Bert Hellinger (2009),


La práctica del asesoramiento empresarial, p. 45.

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El dinero
Ayuda a la vida, Enero 2011
www.hellinger.com

El dinero es fuerza. Produce algo. De él surge algo, por ejemplo una prestación que será retribuida.
Cuanta más alta la prestación, más potente el dinero resultante, que se corresponde con ella. Sin
embargo, si el dinero es menos que la prestación que retribuye, conservará su valor pero tendrá
poca fuerza. Si es más que la prestación producida por él, igualmente pierde su fuerza. Con eso,
quiere indicar que desea marcharse. El dinero no quiere ni puede quedarse.
Lo mismo es válido cuando atesoramos el dinero en lugar de producir algo o de financiar una
prestación con ello. Del dinero desvinculado de cualquier rendimiento que pudiera servir nuestra
vida o la de otros, se quedan las cifras sin valor real. Recuperan su valía cuando vuelven a
producir más que sólo cifras, a producir una prestación que a su propietario le exige un esfuerzo
personal, y cuando no es sustraído a otros sino que es gastado y ofrecido con la meta de alcanzar
algo que sirva al grupo. Eso generalmente, y vale aquí también, a cambio de alguna compensa-
ción. El dinero prestado, que remplaza un esfuerzo, se echa a perder. Se pierde, sin fuerzas.

El dinero circula en un circuito de prestación y remuneración, de nuevas prestaciones y nuevas


remuneraciones. En este circuito, ambas crecen, la prestación y la remuneración.

A la inversa, sin prestación y su remuneración correspondiente, o cuando el dinero es prestado o


regalado, sin corresponderse con una prestación de valor equivalente, se desarrolla un circuito
semejante, sin embargo en este caso, de pérdida en pérdida, hasta que el excedente desaparezca.
Del cielo, regresa a la tierra.

Aquel que desprecia el dinero, éste lo mantiene alejado. Sin el dinero, se vuelve débil y permanece
pobre. A aquel que es frugal y con poco se las arregla, el dinero se le vuelca, y llega cuando se lo
necesita. Representa una fuerza.
Aquel que valora el dinero puede dejarle la rienda suelta. Lo tiene atado con una cuerda larga,
igual que un perro. Tanto más a gusto regresa hacia él, cuando lo necesita y lo llama.

A veces, el dinero se retira. Por ejemplo, las veces que desconsideramos un servicio producido
para nosotros y ofrecido, a menudo con mucho amor, sobre todo por parte de nuestros padres. Si
logramos apreciar su servicio, nos llega, así como a ellos, la recompensa que con este servicio se
corresponde.
Esto es válido por todo lo demás. Cuando respetamos la prestación que otros producen para
nosotros, a menudo sin retribución, llega para ellos y nosotros una recompensa. Ellos nos pagan
nuestro respeto con más de su prestación, sin contar el esfuerzo. Sin nuestro aprecio, su prestación
se demora.

Todo el dinero viene y se queda en este mundo. En el otro, más allá del nuestro, rige otra moneda.
Sin embargo, el dinero tiene un efecto en aquel otro mundo, cuando lo podemos tomar y luego
dejar de buena manera. Tiene permiso, al acabar nuestro tiempo aquí, para quedarse. Ha cumplido
con su servicio.
La pregunta surge ¿para qué o para quién se queda? ¿Aquel que después de nosotros lo recibe
tendrá la fuerza de conservarlo? ¿Se transformará en salario para una prestación o se volverá una
carga que aplasta en lugar de brindar algo?

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¿Qué resulta de estas reflexiones? El dinero se comporta como un mensajero mandado desde otra
parte. Quiere que lo adquiramos para producir algo con él y luego que lo dejemos, cuando nos
toque. Oímos el mensaje transmitido por este recadero y respetamos cuidadosamente lo que,
estando al servicio de su señor, él nos exige, sea lo que sea. No podemos y no tenemos permiso
para escoger.

Despedir

Despedimos a un colaborador cuando su rendimiento flaquea. Y a la vez, lo aliviamos de una


preocupación, la de ponerle en situación de deuda, lo cual va más allá de la relación de trabajo. Si
no, los papeles se ven invertidos. Él exige en vez de dar, y nosotros damos en lugar de exigir.
Aquí se trata de fijar los límites, para él y para nosotros. Aquel que demanda, tiene que dar
también. Aquel que da, puede y debe demandar lo conveniente.
¿Cuál es el proceso interno al que se llega? Desde un principio, ambas partes tienen que saber que
se trata de una relación de igual a igual, de dos partes autónomas entre sí, en la que no se instalan
expectativas secretas ni se producen prestaciones que van más allá de esta relación. Si el colabora-
dor se comporta como si tuviera derecho a recibir más de lo que produce, como por ejemplo a ser
cuidado por nosotros como un niño en su familia, y si nosotros entramos en ello, los papeles se ven
invertidos.

A la inversa, no puedo esperar más de él que lo que el designio, al servicio del que me encuentro,
exige. Yo me encuentro tomado al servicio de un designio, aquí también de igual a igual. Sirvo el
designio y el colaborador me sirve, en la medida de la prestación realizada. Si mengua mi
prestación, mengua el designio. Si se evidencia el desinterés del colaborador por mí y los demás,
mi interés y esfuerzo por él también se reducen. Entonces, lo despido y lo reemplazo por otro.

En ambos casos, se trata de la prestación que sirve un propósito que sobrepasa el nivel de lo
personal. Al fin y al cabo, la prestación sirve el avance y es medida por él. Cuando dejamos de
servirlo, él nos deja. El resultado es lo determinante, aquí también.
Nos despedimos a nosotros también, cuando nuestro servicio no se corresponde más con la meta.
Nos retiramos y dejamos el sitio a otros.

Nos podemos preguntar si estamos implicados con amor en la meta, y si nos alegramos cuando
resulta. ¿Conserva ella la prioridad o se ve retrocedida a un rango secundario, reduciéndose en
lugar de crecer? Cuando la meta es amenazada de abandono por nosotros, el orden se restablece en
cuanto vuelve a encontrar su sitio de prioridad. La servimos, y ella nos sirve mientras la seguimos
sirviendo.
Entonces, podemos quedarnos, tal como otros. ¿De qué manera? Provisionalmente, mientras
tengamos cuidado y nuestra prestación crezca en vez de disminuir. Así se mantiene también la
vida, hasta que su prestación flaquee y que al final nos despida.

24
La ganancia
Septiembre 2011
www.hellinger.com

El trabajo que resulta nos trae ganancias. Nosotros la llamamos la recompensa por nuestro trabajo.
Nosotros nos alegramos de esa ganancia. Es la merecida recompensa a nuestro trabajo. Para que
ella nos alegre debe corresponderse con el trabajo realizado.

Esa ganancia es un aumento de la vida y de las posibilidades de vida. Ella favorece a nuestra vida
y también a la vida de muchos otros a quienes nosotros servimos con nuestro trabajo. Esa ganancia
es en primera línea una ganancia de vida.

Por eso exigimos por nuestro trabajo su correspondiente recompensa. Si esa recompensa nos es
negada, nuestra alegría por el trabajo y nuestra eficiencia decaen y con ella nuestra alegría de vida
y la productividad en nuestra vida.

Siempre que trabajamos lo hacemos, dentro de lo posible, buscando obtener una ganancia. Esa
ganancia es para nosotros parte de su éxito, una parte importante.

Por el contrario evitamos lo que nos trae pérdidas. Nosotros dejamos aquello que le aporta poco a
nuestra vida. Nos ponemos en búsqueda de un trabajo lucrativo y una tarea provechosa.

La mayor ganancia viene de la mano de lo que está al servicio de la vida futura. ¿Existe una
ganancia mayor que los propios hijos? ¿Qué trabajo vale más la pena que el que está al servicio de
ellos?

Cada ganancia sirve finalmente a la vida que viene después de nosotros. En esa vida se mide la
ganancia. Sólo ella continúa.

El producto
El producto es el fruto de una maduración lograda. Viene con el tiempo a su tiempo. Más allá de
nuestro trabajo el producto depende de las condiciones favorables. Por eso, para obtener el
producto deseado debemos crear las condiciones favorables para su logro. Por ejemplo, un entorno
propicio que se ajuste al producto de nuestro trabajo y le permita crecer. Nuestra ganancia
depende ampliamente de una situación de rentabilidad.

El producto en sentido original es algo que ha evolucionado. Él se basa en algo que lo transporta.
Muchas cosas deben actuar conjuntamente de un modo coordinado para que algo lo transporte y
nos lo obsequie.

Un producto de este tipo beneficia a muchos. Él se mide por el modo en que presta servicio, a
nosotros y a los demás. Tiene su propio valor intrínseco, un valor de vida.

También la ganancia es un producto. Nuestro producto es medido con frecuencia por la ganancia.
Sin embargo, existe entre ambos una jerarquía. Primero viene el producto, luego la ganancia.

La pregunta es: ¿a qué miramos primero en nuestros éxitos? ¿Miramos primero al producto y
solamente en sintonía con él a la ganancia? ¿Miramos primero a la ganancia? ¿Por el deseo de

25
ganar ponemos a veces el producto en juego? Si la ganancia es el objetivo principal ¿cuánto tiempo
permanece ella sin el producto que la transporta?

Si rastreamos lo que sucede dentro nuestro cuando nuestra atención está orientada en primer lugar
a la ganancia sentiremos la diferencia. Sobre todo cuando nos damos cuenta lo que cambia en
nuestros colaboradores cuando su trabajo está menos al servicio del producto que de la ganancia.

A ellos y también a nosotros nos producen satisfacción primero el producto y luego la ganancia.
Cuando nosotros miramos primero a la ganancia ¿qué nos queda hacer -a nosotros y ellos - por el
producto?

Aquí queda en evidencia un orden del éxito. El éxito sigue a un producto cuyo éxito y su producto
beneficia a muchos. Ellos serán respetados y bienvenidos.

Allí donde la ganancia está en primer plano después de un tiempo podemos observar: así como se
ganó, así se perdió.

Sólo el producto resulta ser para nosotros y los demás la verdadera ganancia – una ganancia que
permanece.

26
Lo que favorece y lo que obstaculiza al éxito
Roma, 1 de febrero de 2010

Observa tu movimiento interior con los ojos cerrados.


Tu movimiento con el trabajo y la profesión que tienes en la actualidad.
Lleva este movimiento interior hacia algo más grande,
hacia más éxito, más resultado, más salud y más felicidad.
Haz este movimiento también en movimiento contrario:
menos éxito, menos resultado, menos salud y menos felicidad…

Entonces, ¿hay un movimiento que renuncia a algo sin que pueda darse algo nuevo?
En este sentido, cuando se va hacia menos, ¿cómo lo percibe el cuerpo a nivel energético?
¿Se llena de energía el cuerpo, o la pierde y se descarga?
¿Encuentra claridad? ¿Fuerza? ¿Gozo?
¿Se llena de más coraje y empeño?

En el fondo se trata tan sólo de dos movimientos,


uno hacia más vida, una vida más grande y plena,
y, más bien, otro hacia menos vida, como cuando renunciamos a algo y vamos contracorriente de
la vida más que a su favor y en el sentido de la misma.

Preguntándonos interiormente obtendremos la respuesta:


¿Soñamos el éxito que deseamos?
¿O nos enfrentamos al éxito mediante nuestra acción y nuestro llevar a cabo?

¿Permanecemos inmóviles o avanzamos?

Hemos aprendido que podemos observar una profesión o una empresa como algo indisoluble de
lo que ha pasado en ella misma y con lo que ha pasado en nuestra familia.
Con todo lo irresuelto que quedó pendiente en nuestra familia.
Lo mismo con la empresa, porque, como nuestro trabajo, es algo vivo.
Ambos se comportan como una persona, como una persona que pertenece a nuestra familia.
Y hemos percibido las consecuencias…
Cuando en nuestra familia quedó algo pendiente de ponerse en orden, y,
a esto detenido lo damos continuidad con nuestro trabajo y con nuestros negocios y empresas,
se restituye el orden transgredido en nuestra familia.

Al mismo tiempo, podemos ver qué se puede hacer para conseguir el éxito de una empresa y de
una profesión.
Porque los órdenes del éxito son los mismos que los órdenes de la vida.
O, para ser más precisos, son análogos a los órdenes en el seno de la familia.

También hemos visto que estos órdenes no dependen de la voluntad del individuo,
como si con nuestra buena voluntad pudiéramos actuar y superar las dificultades.

Aquí actúa una voluntad diferente, una voluntad más grande.

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La cuestión es cómo conseguir entrar en sintonía con esta voluntad superior.
Ello sucede por medio de una constelación, una constelación que sea sin voluntad ni intención,
independiente de las imágenes que tengamos de nosotros, dejándonos conducir por el movimiento
que reconcilia lo escindido, porque las cosas decisivas se revelan con la actuación de los repre-
sentantes.

Para volverse a unir lo que estaba separado, separado de nuestro amor y de nuestra alma, para
recuperar unión que surge de la fuerza de entregarnos.
Cuando esta unión se restablece, la unión con nuestra madre y con nuestro padre, la fuerza vuelve
a nosotros, para constatarse en nuestra profesión y en nuestro trabajo.

28
Meditación: La fuerza desde donde todo me es regalado
Scuola Hellinger (Bolzano, Italia), 23 de marzo de 2006.

¿Cuán a menudo decimos “mi padre”, “mi madre”, “mis padres”, “mi pareja”, “mis hijos”,
“mi enfermedad”, “mi salud”, o, “mi culpa”?
Pero, ¿me pertenece mi padre?
¿Me pertenece mi madre?
¿Me pertenece mi pareja?
¿Me pertenecen mis hijos?
¿Me pertenece mi enfermedad?
¿Me pertenece mi salud?
¿Me pertenece mi culpa?
¿Me pertenece mi destino?
¿O más bien proceden de otro lugar?

¿Me son regalados?


¿O me toman a su servicio?

Ahora nos disponemos a introducirnos en otro movimiento…


Presento a mi madre a la fuerza que me la trajo.
A la fuerza con la que me trajo también mi madre a la vida.
Y la presento a esta fuerza.
Y la libero de mis necesidades, de mis peticiones.
Tomo de ella lo que me da, y la dejo libre.
Así puede ir hacia esa fuerza, la fuerza de donde procede, y de donde me ha sido dada.

Lo mismo hago con mi padre.


Se lo presento a esta fuerza, tomando todo lo que me ha sido regalado de él, todo lo que me
llegó a través de él.
Y le devuelvo todo lo que le demando, liberándole de todos mis requerimientos.
Le devuelvo a esta fuerza más grande.
Y siento el efecto.
En mí y en él.

¿Qué le ha sucedido al amor después de ello?


¿Cuán diferente es ahora?

Llevo a cabo lo mismo con mi pareja.


Y con todas las parejas que he tenido.

Se las presento. Las presento a esta fuerza.


Me fueron regaladas.
De otro lugar.
Y las tomo como un regalo.
A ellas y a todo lo que me fue dado con ellas.
Y se las presento.

29
También con mis hijos.
Me fueron regalados desde otro lugar.
Ahora los tomo como un regalo.
Y asiento a todo lo que me llegó con ellos, a través de ellos.

Y me entrego a una fuerza que puede más que yo, que quiere más que yo.

¿Cuán diferente es ahora el amor?¿Cómo es ahora?


Desde mí hacia él, y desde él hacia mí…

Lo mismo hago con mi enfermedad y con mi destino,


que me llegaron quizás como un regalo...

Y me presento ante ellos, ante mi enfermedad y mi destino. Vienen de otro lugar.


Y les presento a la fuerza que lo guía todo, con amor.

Y hago lo mismo con mi salud.


No es mi salud.
Me ha sido regalada.
La presento de nuevo a la fuerza de donde proviene, sin solicitarle nada.
De modo que siento cómo mi salud se libera de mí, y yo me libero de ella.
Y algo más grande se manifiesta ahora, de repente:
algo diferente a la salud y a la enfermedad.

Y ahora me presento a mí mismo, tal y como soy,


ahora en conexión con algo más grande.

Desde esa conexión, incluida en algo más grande,


espero la señal que me permita regresar a mí mismo de nuevo.

30

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