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Colombia. Hacia una hoja de ruta.

Autor: Germán Palkowski.


Lic. en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Docente en carrera de Abogacía de la Universidad Nacional del Noroeste de la
Provincia de Buenos Aires (UNNOBA).
German.palkowski@gmail.com
Eje propuesto: El capitalismo neoliberal y sus críticxs: de la desposesión y el gobierno a
la construcción de alternativas.

“[…] Así pues, marxismo ortodoxo no significa reconocimiento acrítico de los


resultados de la investigación marxiana, ni “fe” en tal o cual tesis, ni la interpretación
de una escritura “sagrada”. En cuestiones de marxismo la ortodoxia se refiere
exclusivamente al método. Esa ortodoxia es la convicción científica de que en el
marxismo dialéctico se ha descubierto el método de investigación correcto, que ese
método no puede continuarse, ampliarse ni profundizarse más que en el sentido de sus
fundadores. Y que, en cambio, todos los intentos de “superarlo” o “corregirlo” han
conducido y conducen necesariamente a su deformación superficial, a la trivialidad, al
eclecticismo.”1
Con los acuerdos de paz entre las FARC-EP y el Estado y las conversaciones en curso
con el ELN como telón de fondo, el escenario post-electoral en Colombia se muestra
vibrante, convulso.
Se propone una aproximación a la coyuntura considerando que, en tal ejercicio, pueden
ser puestos en consideración algunos elementos que, operantes en la superficie,
alumbran fenómenos cuya profundidad y recurrencia dan cuenta de aspectos
estructurales de la formación económico-social colombiana.
De lo antedicho surgen una serie reflexiones que se orientan a la construcción de una
serie de hipótesis de trabajo. Tratándose de dispositivos que interrogan fenómenos de
significativa densidad, ameritan indagaciones particularizadas.
En este sentido, se propone una aproximación al escenario recurriendo a la utilización
de categorías pertenecientes al acervo teórico del materialismo histórico, toda vez que

1
Lukács, Georg. “Historia y conciencia de clase”. Capítulo I “¿Qué es marxismo ortodoxo?” Pág. 45. (Tomo I) Ed. Orbis S.A; 1985
(1923).
se considera pertinente a fin de dar con una adecuada caracterización teórica; por ende,
política.2
Se busca llamar la atención sobre la necesidad de una puesta en movimiento de nociones
teóricas corrientemente sacralizadas. Antes que novedosas reformulaciones, se trata de
asumir la necesidad de ejercitar el método de análisis y, en todo caso, sugerir o traer a
colación la pregunta sobre la pertinencia de la realización de tales reformulaciones.
Lejos de pretender reformulaciones epistemológicas, sí han de ser puestas en
consideración algunas novedades connotativas que se consideran útiles.
En consecuencia, se trabajará en torno a tres ejes conceptuales, buscando vertebrar de
este modo una serie de debates que se consideran tan expresivos como urgentes.
Si bien estos tópicos ramifican en múltiples sentidos, los cuales habilitan la mencionada
particularización, se pondera la construcción de una mirada totalizante sobre la densa
trama en que confluyen. Se insiste con la figura metafórica del nudo, propuesta en un
trabajo anterior.3

1. Páramos: sangre y lodo.

“Si el dinero (…) «nace con manchas naturales de sangre en un carrillo», el capital
viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la
cabeza.”4
En primer término, se postula que el drama colombiano se proyecta sobre un proceso de
acumulación originaria en constante re-edición que hace las veces de telón de fondo.
Revisando conceptualizaciones recientes pueden hallarse desarrollos teóricos que,
anclando en la noción marxiana clásica, plasmada en el capítulo XXIV de “El Capital”,
proponen enmiendas dignas de atención.
Tal el caso del geógrafo británico David Harvey, quien se ha abocado a caracterizar la
acumulación por desposesión en tanto novedad fenoménica en las formas que asume el
imperialismo –entendido como práctica extendida y tendencialmente des-centrada de
los actores estatales -.

2
Señalamiento que redunda en suscribir la célebre Tesis XI (“Tesis sobre Feuerbach”. Marx, Karl; 1845).
3
Palkowski, Germán. “Un nudo llamado Colombia”. Ponencia presentada en el marco de las XI Jornadas de Sociología. Facultad de
Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2015. Disponible en http://cdsa.aacademica.org/000-061/1074

4
Marx, Karl. “El Capital”. Capítulo XXIV. La llamada acumulación originaria. Pág. 183/184. C. Marx & F. Engels, Obras
Escogidas (en tres tomos), tomo II, Editorial Progreso, Moscú, 1974 (1867). Versión digital disponible en
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/eccx86s.htm#fnB104
El desarrollo propuesto en su recorrido resulta asimismo solidario con la sutil
modificación en torno a la cual trabajan tanto el economista colombiano Felipe Tascón
Recio como su colega ecuatoriano Pedro Páez, al sugerir la utilización del gerundio
originante en lugar del sufijo originaria para caracterizar la dinámica que apuntala la
producción y reproducción del capital, afincado en primera instancia en la renta de la
tierra.5
La potencia política contenida en esta variación categorial no resulta menor, toda vez
que historiza positivamente la utilización de la categoría en cuestión, concretizando el
objeto de estudio al llamar la atención sobre su prolongación temporal; su actualidad.
Mediante esta inflexión lingüística, el concepto es despojado de las rémoras míticas que
pudiera observar, conjurando la tentación de considerar la acumulación originaria como
pecado original –propio de un pasado remoto- del desarrollo del modo de producción
capitalista. Tentación que ha permeado en la literatura y la interpretación mucho más de
lo que generalmente se advierte, creando así cierto sentido común tanto en la academia
como en el activismo.
Se advierte que la actualización propuesta por Harvey al mentar la acumulación por
desposesión, resulta catalizadora de la condición originante anteriormente señalada.
Mediante la mercantilización y privatización creciente de esferas de la vida social que
hasta hace no demasiado tiempo gozaban de cierta autonomía con respecto al proceso
sociometabólico del capital, se suscitan prácticas que reeditan constantemente la
acumulación originaria/originante.
Si se considera a esta innovación teórico-conceptual en su extensión, se encuentra que la
misma se apoya sobre los denominados ajustes espacio-temporales, mediante los cuales
la funcionalidad del Estado en tanto garante estructural se evidencia como tal,
garantizando cuotas de sobrevida al modo de producción en unidades territoriales tan
diversas entre sí como hacia adentro de cada una de ellas.
De esta manera, las crisis de sobreacumulación de capital fugan hacia delante en una
periodicidad cada vez más espasmódica. Los márgenes se estrechan; la voracidad se
ensancha.
En palabras del autor:

“La idea principal en que se basa el reajuste espacio-temporal es bastante sencilla. La


sobreacumulación en un territorio dado implica un excedente de mano de obra (paro
5
Tascón Recio, Felipe. “Tierra, paramilitarismo y acumulación”. Ponencia presentada en el marco del II Seminario El Capital 150
Años, Universidad Nacional de Colombia, 5 Noviembre 2015.
creciente) y excedentes de capital (que se manifiesta en un mercado inundado de bienes
de consumo a los que no se puede dar salida sin pérdidas, en una alta improductividad
y/o en excedentes de capital líquido carente de posibilidades de inversión productiva).
Dichos excedentes pueden ser absorbidos mediante: a) una reorientación temporal
hacia proyectos de inversión de capital a largo plazo o gasto social (como la educación
o la investigación), que aplazan la vuelta a la circulación del exceso de capital hasta un
futuro distante; b) reorientaciones espaciales, mediante la apertura de nuevos
mercados, nuevas capacidades de producción y nuevos posibilidades de recursos y
mano de obra en otro lugar; o bien c) una combinación de a) y b).”6

Se considera que esta caracterización es pertinente para abordar la contemporaneidad


colombiana –siendo b) y c) los patrones predominantes-.
La pervivencia del conflicto social armado durante más de cincuenta años debe
entenderse como cristalización resultante de un proceso de acumulación originaria que
está siendo, precisamente, originante de capital en aquel territorio.
Asimismo, la desposesión por la vía violenta, la compulsión a la que recurren las
diversas ramas del capital en connivencia estructural con la institucionalidad vigente,
resulta una constante en el decurso histórico7.
A diferencia de otras latitudes del continente, en Colombia no parece haberse
completado la fase mítica del proceso en cuestión, toda vez que fenómenos como los
desplazamientos de poblaciones tienen lugar de manera periódica y por oleadas en
ámbitos de la ruralidad.
La eliminación de formas de propiedad pre-capitalista, comunal, resulta desde los
albores del capitalismo una condición necesaria para su extensión como modo de
producción y, tal el señalamiento de Harvey, se vuelve compulsiva conforme la
periodicidad y virulencia de las crisis se estrecha en el decurso temporal.
De lo antedicho se deduce que el acontecer cotidiano en la ruralidad colombiana,
originante –valga la redundancia- de la expresión armada que asume el conflicto social

6 Harvey, David. “El nuevo imperialismo. Acumulación por desposesión”. Socialist Register 2004 (enero 2005). Buenos Aires:
CLACSO, 2005. Versión digital disponible en http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20130702120830/harvey.pdf

7
Se consideran partes integrantes del denominado conflicto social armado en Colombia a las fuerzas represivas del Estado, la
insurgencia (central pero no únicamente, FARC-EP y ELN; sin soslayar que han habido diferentes y variados agrupamientos que
optaron por la lucha armada en distintos momentos históricos) las bandas paramilitares y carteles del narcotráfico. Por supuesto, no
todos los actores son considerados en pie de igualdad y se enfatiza la connivencia recurrente y probada de los estamentos oficiales
del Estado con los grupos paramilitares general pero no únicamente ligados al narcotráfico. El objeto del trabajo es caracterizar la
realidad colombiana en tanto problemática-objeto de estudio; no ahondar en la descripción de fenómenos que, por lo demás, resultan
evidentes.
no debe ser entendido como anomalía sino, precisamente, como epifenómeno particular
en el cual precipitan tendencias que corrientemente operan en procesos históricos de
esta trascendencia.
La impresión que causan en el lector las cifras de 200.000 desparecidos, muertos que se
cuentan por millones, cientos de miles de desplazados; amén de secuestros, torturas y
diversos vejámenes -ni que decir sobre las respectivas imágenes audiovisuales-
deberían, entendemos, llamar la atención sobre la singularidad histórica del fenómeno
colombiano.
Constatar la contemporaneidad de la acumulación originaria en el territorio colombiano
resulta, así, un primer tramo para aproximarse a la comprensión de tan complejo y
abigarrado panorama.
Con respecto a la temporalidad del proceso, sobre todo en años recientes, consigna
Tascón Recio:
“Ante la ausencia de datos oficiales consolidados trabajábamos con las cifras del
profesor Rigoberto Quintero, quien calculaba un índice de Gini de concentración de la
propiedad rural del 0,84. Años después el PNUD llegó a la misma cifra, que devino la
oficial. Sin embargo cuando hace tres meses se divulgaron los resultados del primer
censo nacional agropecuario en medio siglo, este indicador apareció bordeando el
0,90, mostrando a la Colombia rural en el podio de la desigualdad mundial.” 8
Un preliminar cruce de datos permite ilustrar la ligazón entre el festín latifundista y el
asesinato sistemático. En concreto: el salto cuantitativo en los niveles de concentración
de la tierra discurre en paralelo con la irrupción de los falsos positivos durante la
primera década del siglo XXI. Modalidad típica; cualitativamente novedosa. Acaso sea
el falso positivo una singularidad jurídica tan resonante como la figura del
desaparecido, macabro legado de la última dictadura argentina (1976-1983).
Investigaciones recientes, avaladas por Human Rights Watch, han concluido que la
proliferación de los falsos positivos sería, además de una herramienta de apuntalamiento
estatal y para-estatal del latifundio, la manera que encontraron las fuerzas de seguridad
para inflar las estadísticas de insurgentes abatidos en combate y, de esta manera,
reforzar el pedido de colaboración a los EE.UU en el marco del Plan Colombia. Cabe

8
Tascón Recio; Óp. Cit. Pág. 3.
recordar que entonces presidia el país Álvaro Uribe y fungía como ministro de Defensa
Juan Manuel Santos.9
Bajo este prisma, la emergencia del conflicto armado en las diversas regiones rurales del
país deviene síntoma. El carácter armado del conflicto social en Colombia excede, en
todo caso, la proliferación por todo el subcontinente de grupos armados insurgentes
inspirados en el “modelo cubano”a partir de la década del ´60.
Antes bien, su origen puede rastrearse hasta el alumbramiento mismo de la Colombia
moderna, con la insurrección de los Comuneros de 178110, prolongando su continuidad
a través de los siglos; obviamente, con vaivenes y adaptaciones de acuerdo a la etapa
histórica que se considere.
Cabe destacar que, en lo formal, la institucionalidad republicana discurrió sin mayores
sobresaltos durante casi todo el siglo XX, siendo el interregno 1953-1958 el único en
que conservadores y liberales pactaron, al elegir a Gustavo Rojas Pinilla como su
primus inter pares dictatorial, poner fin al período conocido como “la violencia”,
originada en 1948 tras el asesinato de Jorge Elicer Gaitán.
Poco dicen estas referencias históricas si se obvia que es entonces donde comienza a
reorientarse, precisamente, la violencia: tregua entre las élites; guerra contra los
trabajadores del campo y la ciudad.
No es lícito realizar este señalamiento sin llamar la atención sobre el contexto global: el
recrudecimiento de la Guerra Fría y la alineación automática de Colombia con la
hegemonía norteamericana siguiendo la doctrina réspice polum, que se origina en el
seno de la diplomacia local a fines de la década del ´10, una vez asimilada la secesión
de Panamá en 1903.11

9
En recientes revisiones se ha conocido que el número de falsos positivos ronda los 10.000:
https://amp.theguardian.com/world/2018/may/08/colombia-false-positives-scandal-casualties-higher-thought-
study?__twitter_impression=true
Con respecto al modus operandi y la implicación de las jerarquías civiles y militares en la expansión del fenómeno, resulta
asimismo novedosa la construcción del alegato: el respaldo político resulta evidente en tanto la carga se invierte. De esta manera, no
son los subordinados quienes alegan obediencia debida a la generalidad, sino que son los jerarcas militares, los funcionarios
judiciales y los políticos de carrera quienes descargan la responsabilidad de las atrocidades en una tropa corrompida e indisciplinada
Argumento validado en sede judicial y reiterado hasta el hartazgo por el entramado mediático de las elites políticas y empresariales:
https://www.theguardian.com/world/2015/jun/24/colombian-army-killed-thousands-civilians-human-rights-watch
De esta manera, se advierte nuevamente el recurso a la anomalía como factor explicativo propio de la clase dominante, blandido
siempre que se precise justificar y relegitimar el orden de las cosas (Vid. Lukács, G. 1923; “Historia y Conciencia de clase”).

10
Un somero recorrido por aquellos acontecimientos puede encontrarse en el trabajo monográfico de Vicente Pérez Silva,
disponible en
http://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-240/revolucion-de-los-comuneros
11
Réspice Polum: mirar hacia el norte/ mirar hacia el Polo. En clara alusión a la preeminencia conquistada ya entonces por los
Estados Unidos. Existe un consenso extendido en atribuir su formulación al presidente Marco Fidel Suáres (1918-1921).
Una genealogía crítica del término puede hallarse en el trabajo de Carlos Camacho Arango; 2010. “Respice polum: las relaciones
entre Colombia y Estados Unidos en el siglo XX y los usos (y abusos) de una locución latina”. Historia y Sociedad No. 19,
Medellín, Colombia, julio-diciembre de 2010, pp. 175-201. Versión digital disponible en
file:///C:/Users/CX/Downloads/Dialnet-RespicePolum-3418128.pdf
En aquél momento, el país aportó flota naval y más de mil hombres a la aventura
estadounidense en la guerra de Corea (1951-1954) siendo el único estado
latinoamericano en contribuir al esfuerzo bélico. A la par que recrudecía fronteras
adentro la lucha contra el comunismo, los desplazamientos campesinos atraían sobre sí
la novedad del aparato militar estatal bombardeando su diáspora.
Tal el origen de las FARC-EP, generalmente fechado en junio de 1964. Detractores y
simpatizantes de esta organización coinciden en señalar el carácter aglutinador que tal
fundación formal (basada en una fecha, un nombre, simbología, etc) tuvo en sus inicios:
sintetiza una vasta experiencia de resistencia armada campesina; de raigambre
ideológica diversa, finalmente hegemonizada política y militarmente por el Partido
Comunista Colombiano.
Escindir la densa trama política y social colombiana de su raíz económica y,
consecuentemente, del epifenómeno que constituye la forma armada que el conflicto
asume, sólo puede ser útil en términos analíticos. Perdiendo de vista el apuntalamiento
de aquél horizonte totalizante, se repetirían involuntariamente los esquemas de
“esferas” típicos del sentido común liberal.
La puesta en movimiento de la familia conceptual tributaria de la noción marxiana de
acumulación originaria constituye, en este sentido, un primer puntal para la
construcción de una hoja de ruta que abra camino hacia el horizonte mencionado.
A este respecto, es necesario destacar que el proceso de paz entre el Estado y las FARC-
EP (2012-2016) y, sobre todo, la miríada de problemáticas que condensan en el
denominado post-conflicto (justicia transicional, sustitución de cultivos ilegales, zonas
de reserva campesina, reinserción de la insurgencia en la vida civil facilitando
actividades económicas para su sustento, etc.) han atraído la atención de investigadores
ligados a ONGs y universidades, generando una masa de información consolidada que
podría contribuir a la contrastación empírica.12

2. De normas y excepciones.

En lo que hace al examen de su implementación en el marco de la diplomacia colombiana, vid. César Augusto Bermúdez Torres;
2010. “La doctrina réspice polum ("Mirar hacia el norte") en la práctica de las relaciones internacionales de Colombia durante el
siglo XX”. Memorias N° 12; enero-julio de 2010. Versión digital disponible en
http://rcientificas.uninorte.edu.co/index.php/memorias/article/viewArticle/721/5142/

12
Un ejemplo de esto lo constituye el portal de la Fundación Ideas para la Paz (FIP) en cuyo acápite Publicaciones pueden
encontrarse artículos que realizan un seguimiento diario de los diversos aspectos que condensan en el denominado post-conflicto:
http://www.ideaspaz.org/publications
El segundo aporte conceptual que se propone como mojón en este recorrido abreva en la
consideración de la llamada ley de desarrollo desigual y combinado.
Si bien esta noción puede hallarse dispersa en diversos pasajes de la obra de Marx, se
considera que ha sido León Trotsky quien ha contribuido a su sistematización. Principal
pero no únicamente, en su “Historia de la Revolución Rusa” (1932).
Ubicando el proceso de acumulación originaria como directamente ligado a la
expansión colonial nacida de las conquistas de ultramar que comienza a gestarse hacia
fines del siglo XV, el aporte del revolucionario ruso postula como irrepetible el
esquema llamado clásico de acumulación, expansión y consecuentes reproducción
simple y ampliada del capital. Vale decir, se trata de un aporte teórico orientado a la
caracterización de los capitalismos periféricos.
El caso ruso resulta, entonces, paradigmático; no excepcional. Consecuentemente, es
necesario insistir en la precaución epistemológica con respecto a la figura de anomalía:
lejos de constituirse como tal, el fenómeno del desarrollo desigual y combinado
constituye la norma, toda vez que se comprende que la forma clásica (o pura) se habría
suscitado, principal pero no únicamente, en Inglaterra a partir del siglo XVI.
Para reforzar la ligazón que se advierte entre acumulación originaria/originante y
desarrollo desigual y combinado, cabe remitirse nuevamente al canónico capítulo
XXIV de El Capital, considerando especialmente los pasajes que relatan la conquista de
las highlands escocesas, suscitada desde principios del siglo XIX.
Ora para el pastoreo, ora para la constitución de cotos de caza, tal acontecer suponía el
despojo brutal de las poblaciones nativas –los famosos clanes escoceses- al amparo de
la connivencia activa entre las noblezas decadentes y la pujante burguesía. No resulta un
dato menor el hecho de que para entonces las posesiones de ultramar británicas
reputaban ingentes recursos –esclavos incluidos- y mercados donde colocar los
productos del desarrollo industrial local.
Concluida la etapa de reproducción simple, la expansión colonial-imperialista
proporciona al capital la posibilidad de colocación de excedentes cada vez más vastos,
relanzando así una dinámica vertiginosa en lo tocante al desarrollo de las fuerzas
productivas.
Habiendo agotado, entonces, su forma clásica, el desarrollo de las fuerzas productivas
merced al “descubrimiento” de cada vez más diversas y ricas fuentes de materias primas
alrededor del globo, las instalaciones productivas desplegadas durante la etapa
imperialista del capital arrecian sobre latitudes vírgenes en su forma última; más
acabada.13
De esta manera, desarrollos industriales y tecnológicos de avanzada aterrizan en
territorio salvaje, inculto, transformando abruptamente -con o sin el acompasamiento de
las formas institucionales- la completa realidad de las comunidades receptoras.
Se generan de este modo, por un lado, enclaves de avanzada concentración capitalista
circundados por vastas extensiones de formas de propiedad –sociabilidad, instituciones-
de tipo tradicional que devienen de más en más heterónomas con respecto al modo de
producción netamente capitalista que va ganando preeminencia.
Consecuentemente, esto sedimenta una serie de fenómenos que son propios de los
capitalismos periféricos y pone a la orden del día, cual olla a presión, la necesidad de
actualizar las formas institucionales perimidas con la nueva realidad, resultando de ello
la posibilidad latente de la revolución social.
La combinación de un proletariado pauperizado en las ciudades con la proletarización
creciente de la población campesina; la emergencia de una pequeño-burguesía ilustrada
–intelligentsia- y la pregnancia de los idearios liberales y/o socialistas constituyen, en
el planteo de Trotsky, la línea de avanzada de lo que a posteriori cuajará como caldo de
cultivo de procesos revolucionarios que por su contenido se ven constreñidos a avanzar
en sentido socialista, incluso cuando por su forma se presenten, prima facie, como
revoluciones típicamente burguesas-nacionales.
Obviamente, esta caracterización constituye un afluente significativo de las tesis de la
revolución permanente que el revolucionario ruso propugnó en diversas latitudes con
posterioridad al triunfo de Octubre de 1917.
Expuesta entonces la implicancia teórica de la ley de desarrollo desigual y combinado,
corresponde ponerla a interrogar la historia moderna de Colombia.
La línea de continuidad que se puede trazar desde principios del siglo XX hasta años
recientes, con el boom cafetalero y bananero; la continuidad extractivista en la
explotación hidrocarburífera –carbón, gas, petróleo-; la industrialización del cultivo de
coca para la producción y tráfico de estupefacientes; la tradicional ganadería;

13
Existe amplio acuerdo en la literatura especializada en señalar que el esplendor de esta etapa despunta en la segunda mitad del
siglo XIX y alcanza su punto de saturación al generar el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914). Sin ir más lejos, los
trabajos de Hilferding, Rosa Luxemburgo y Lenin en torno a la cuestión son contemporáneos de la hipertrofia de la expansión
imperialista que derivaría en aquella conflagración internacional.
actividades ligadas a la elaboración de biodiesel –la palma de la muerte14- pero también
a la especulación financiera e inmobiliaria, concomitante con el desarrollo del turismo y
la expansión del denominado sector servicios, dan cuenta de aristas salientes de la
matriz productiva colombiana.
Si se repara en el hecho de que esta diversidad de actividades afinca en la explotación
compulsiva de la biodiversidad originaria del territorio nacional, cobra mayor volumen
impresionista el cuadro que intentamos bocetar.
Investigaciones recientes sobre las estructuras económicas de regiones típicamente
atravesadas por el conflicto social y armado, dan cuenta de la asfixiante desigualdad con
que se distribuyen recursos, sobrepasando por mucho los parámetros considerados
normales en los marcos de explotación capitalista en el subcontinente. A la sazón, el
más desigual del mundo.15
Nuevamente, debe comprenderse la violencia epifenoménica como elemento
concomitante de estas oleadas modernizantes antes que como meros acontecimientos
perturbadores del normal discurrir histórico.
La cadena de transformaciones productivas eslabonadas ad-hoc sobre aquella
extensión territorial da como resultado un caso típico de desarrollo desigual y
combinado que se amalgama con métodos también típicos del proceso de
acumulación originaria/originante.
Masacres insignes como las de los trabajadores bananeros en la década del 20,
patrocinadas por la United Fruit Company ; los brotes de autodefensas campesinas
devenidas formaciones guerrilleras; andando en el tiempo, la respuesta de autodefensas
pergeñadas por terratenientes, originando así el paramilitarismo; la mediación estatal,
anteponiendo siempre la hiperactividad militar al gesto reparador; la mencionada
connivencia estructural del aparato estatal y su personal constantemente constreñido a la
corrupción por mor de la extensión de la pretendida normalización capitalista dan por
resultado la alternancia entre períodos de ataque abierto y desembozado con los también

14
La expresión “palma de la muerte” refiere, precisamente, a la materia prima de tal refinado; la palma africana. Se considera que la
nota de Tom Kucharz, fechada en 2007, guarda vigencia, por cuanto advierte las tendencias que encerraba entonces – y se vieron
desplegadas posteriormente- la extensión de este cultivo y su industrialización:
“Palma de muerte: un arrasamiento de tierras a sangre y fuego” (15/01/2017):
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=44717
15
Entre otros trabajos específicos que han sido consultados, se considera como suficientemente expresivo el trabajo de Jorge
Gamarra Vergara sobre la región del Cauca.
Jorge R. Gamarra Vergara; “La economía del departamento del Cauca: concentración de tierras y pobreza” (2007).
Disponible en formato digital en:
http://www.banrep.gov.co/docum/Lectura_finanzas/pdf/DTSER-95.pdf
En un nivel más ramplón y agregado, es digno de consulta el análisis de la revista Dinero (29/09/2015):
https://www.dinero.com/economia/articulo/composicion-economia-colombiana-2015/214054
periódicos intentos de pacificar la ruralidad, en los que se inscriben los actuales
procesos de paz.
Palmaria demostración de esto es la proliferación de asesinatos selectivos de líderes
sociales y sindicales –fundamental pero no únicamente, campesinos- desde la firma de
los acuerdos de paz en noviembre de 2016. Acaso una re-edición en potencia de la
cacería desatada contra la Unión Patriótica, experiencia político-social de tipo frentista
nacida al calor de los acuerdos de paz suscritos por las FARC-EP y el Estado
colombiano durante la década del ochenta.16
Estos eventos abrevan en la deficiente acción estatal en lo que refiere al puñado de
acuerdos suscriptos en cuanto a sustitución de cultivos ilícitos, protección de pequeñas
economías agrícolas y reinserción con trabajo para insurgentes desmovilizados.
Lo antedicho ratifica las sospechas en cuanto a la intencionalidad que en esto cabe
atribuir al Estado en tanto actor dentro de la conflictividad –excediendo, por ende, al
gobierno de Santos como tal- a la vez que echa luz sobre su ya mencionado rol de
garante-cómplice estructural en la orientación general del perfil productivo, político e
institucional.

2. a. De tal palo, tal astilla.

Cabe pensar, asimismo, si no pudiera añadirse a esta combinación de factores la


consideración del juego de las élites y sus reacomodos y disputas tácticas en torno a las
diversas agendas como un esquema que responde parcialmente a la conceptualización
también propuesta por Trotsky con respecto a los bonapartismos sui generis como casos
típicos de la conformación de bloques de poder en el marco latinoamericano.
Si bien no se advierten en el caso colombiano todos los elementos presentes en aquella
caracterización, sí puede plantearse su pertinencia al considerar el aspecto funcional del
discurrir institucional: la alternancia entre diversas fracciones del capital en apoyo y
sustento de tal o cual constructo político tiene lugar en el marco de la mencionada
institucionalidad, colonizada por los diversos lobbys que cada rama de la producción
apuntala – siempre ligadas a la acumulación por desposesión y sus métodos genocidas-.
Por supuesto, los sectores subalternos tienen también su rol en este entramado que
proponemos denominar bonapartismo funcional. La población vulnerable de la ciudad y

16
Al respecto puede consultarse un conteo minuto a minuto en el sitio “La Paz en el terreno”; a la fecha (30/09/2018), ya se cuentan
128líderes sociales asesinados:
http://lapazenelterreno.com/lideres-sociales
Para más información:
http://www.pares.com.co/nosestanmatando-el-perfil-de-los-lideres-asesinados/
el campo se ve mayoritariamente compelida a integrarse en vastas redes de informalidad
ligadas a la mera subsistencia, en las cuales la prebenda es prerrogativa de las
autoridades –desde la policía hasta las diversas instancias de gobierno y judicatura-,
motivo por el cual han de trabarse en relaciones económicas emparentadas con hábitos
delincuenciales de diversa rentabilidad. El funcionamiento de esta maquinaria clientelar,
montada como apéndice del Estado, se advierte en la cotidianeidad y recrudece, como
ha podido verse recientemente, en época electoral.
Siendo la regla en los ámbitos citadinos y más “cosmopolitas” de la nación, esta
informalidad “gris” ennegrece en las zonas más postergadas del campo colombiano.
Como se dijo, en estos ámbitos rurales la mediación estatal se revela insuficiente para
responder a las demandas de la población, deficiencia que se ve agravada por la
privatización de la que son objeto los servicios y asistencia al caer en manos de sus
personeros territoriales, potenciando la eficacia de la maquinaria clientelar.
A la componenda entre elites políticas y capitales vernáculos y extranjeros hay que
añadir a las Fuerzas Armadas como institución fundamental, toda vez que constituye la
última ratio del poder en cualquier entidad estatal.
Si bien paradójico, no resulta extraño el hecho de que una entidad estatal que no puede
garantizar el monopolio de la fuerza fronteras adentro no sea propagandizado por el
Departamento de Estado como “estado fallido”. Por el contrario, y como se graficara en
el tratamiento de los falsos positivos, refuerza la batería argumental sobre la que se
asientan la alianza estratégica entre EE. UU y Colombia: la estatalidad colombiana
precisa del constante apuntalamiento del gigante del norte; EE. UU precisa ratificar su
presencia fáctica en Sudamérica. La preeminencia de los grandes lobbys
armamentísticos en el seno del aparato estatal norteamericano hace el resto (que no es
poco).
Nueve bases militares, convenios de cooperación y asistencia permanentemente
refrendados, a lo que se añade el ingreso de Colombia a la OTAN en calidad de socio
global el 31 de mayo pasado dan cuenta del peso estratégico que el país reporta en lo
tocante a los intereses imperialistas en la región.
De esta manera, y pese a que el statu quo colombiano observa cierto recambio de
personal en la disputa por la preeminencia en el manejo del Estado, estas fracciones en
que se dispersa el bloque dominante se hallan en una suerte de empate técnico acaso
asimilable con el puntofijismo venezolano, hegemónico en Venezuela entre 1958 y
1999.17
Es en esta distribución periódica de cuotas de poder hacia adentro del bloque
dominante, en el marco formal de una democracia representativa liberal, que se propone
considerar la pertinencia de poner a prueba la eficacia de la noción de bonapartismo
funcional.

3. Nuevamente: sobre la contradicción.

Por último, es pertinente aproximarse a los mencionados fenómenos de superficie,


fácilmente identificables en el análisis de la implementación de los acuerdos de paz y
cristalizados en la contienda electoral, como fenómenos sobredeterminados.
Recuperando la propuesta althuseriana, que abreva en primer término en el tratamiento
de la contradicción propuesto por Mao Tse-Tung, la interrogación teórica halla un
reaseguro frente a la tentación economicista. 18
Las contradicciones a nivel estructura condensan y cristalizan de manera no-lineal en lo
que hace a los ya mentados fenómenos de superficie -superestructurales.
Consecuentemente, la dinámica del conflicto no aparece directamente determinada por
la constricción económica que sí condiciona…en última instancia. De esta manera, se
reconoce que aquellos son relativamente autónomos con respecto a los aspectos
estructurales; se está en presencia de una causalidad compleja, no lineal.
La persistencia de la lucha violenta en todo lo atinente a conquistas de posiciones
económicas, políticas y sociales imprime marcas indelebles en el quehacer general.
Cierta cultura de la guerra permea inevitablemente en todos los fenómenos en los que
se desenvuelve la vida en sociedad.19
En este rasero es que deben comprenderse los continuados y recurrentes cismas dentro
de la élite política. A partir de la matriz originaria, forjada por liberales y
conservadores, se observa una diáspora – la última de muchas que han tenido lugar en
distintas etapas- de diferentes grupos cuyas denominaciones cambian constantemente.

17
El esquema de poder concertado entre Acción Democrática y COPEI se firmó en agosto de 1958 y constituyó una férrea defensa
de los privilegios de clase y la institucionalidad burguesa formal, acorazada por el fenómeno rentístico petrolero. Al menos en su
forma política, este esquema de reparto pactado del manejo del aparato estatal fue sepultado por la emergencia del chavismo.
18
Nos referimos, principal pero no únicamente, a las tesis esbozadas por Althusser en “La filosofía como arma para la revolución”
(1968). Con respecto a Mao Tse-Tung, se hace referencia al texto que nombra el acápite, originalmente publicado en 1937.
19
Se sugiere considerar la pertinencia de incorporar, en todo o en parte, los aportes de la autora mexicana Sayak Valencia, cuyo
principal trabajo versa sobre la emergencia del capitalismo gore y, concomitantemente, la figura del sujeto endriago que, acaso,
permita dar contribuir a una caracterización sobre, precisamente, las subjetividades forjadas en el decurso histórico en torno al
conflicto social-armado, siendo en este punto las actividades ligadas al narcotráfico un coadyuvante ineludible.
El desempeño de Santos en sus dos periodos de gobierno también se ubica como
ejemplo notable de los mentados cismas; separándose, en su caso, del tronco uribista.
Yendo a aspectos programáticos, no se advierten mayores divergencias. Matices apenas
en los debates con respecto al modelo de desarrollo; diferencias más considerables con
respecto al tratamiento del conflicto social armado.20
Ahora bien, la propuesta es considerar como precisamente sobredeterminada la
irrupción de la candidatura de Gustavo Petro, en tanto expresión de una serie de debates
urgentes que atraviesan la vida pública colombiana y tienden a rebasar de los marcos
impuestos por la institucionalidad forjada por el binomio liberal-conservador. Cabe
asimismo ponderar el hecho de que haya sido tal plataforma la que estuvo muy cerca de
propinar una derrota necesaria al sector uribista representado por Iván Duque.
No es procedente, en este punto, redundar en valoraciones con respecto a la catadura del
proyecto uribista. El arribo de Duque a la Casa de Nariño no sólo se trata de un
apuntalamiento regresivo, sino que galvaniza aquellas soldaduras que impiden el
desarrollo de Colombia en cualquier sentido que se quiera considerar, siquiera,
progresivo para su población postergada. No es descabellado aventurar un regreso sin
ambages a la guerra abierta, siendo que, con la desmovilización de gran parte de la
estructura bélica de las FARC-EP han ido ganando extensión territorial y operativa
diversos grupos paramilitares, acaso continuadores de las andanzas de los grupos afines
al uribismo.21
Es así que el ascenso del ex-guerrillero representa la alternativa progresista en un
escenario donde priman las variantes conservadoras. No es la primera vez que el
desempeño de un candidato cuya trayectoria pretenda poner, aun tímidamente, en
entredicho al statu quo, suscita la demonización, persecución y sospecha de todo tipo.
El vocablo de moda en el marco de la campaña electoral colombiana ha sido, a todas
luces, castrochavismo. Acuñado y repetido como un mantra por Uribe y sus emisarios
mediáticos y políticos, fue utilizado para suscitar el terror entre los votantes, ligando al
candidato de Colombia Humana con el malogrado proyecto chavista. En contrapartida,
el repertorio de clásicos métodos de amedrentamiento fue lanzado contra la militancia
20
Al respecto, resulta ilustrativo el hecho de que la plataforma que impulsara a Germán Vargas Lleras, vice-presidente de Santos, se
denomina precisamente Movimiento Mejor Vargas Lleras. Tanto él como Humberto de la Calle han formado, en diversas ocasiones,
parte de las estructuras centrales de gobierno y judicatura de aquel país. Tanto con Uribe como con Santos. La candidatura del
pastor Trujillo no merece ser analizada aquí. Simplemente debe fungir como advertencia con respecto a la gravitación creciente que
van ganando los agrupamientos evangélicos en la política latinoamericana en general.

21
Una breve muestra de esto puede encontrarse en el trabajo de la FIP publicado el 13 de marzo de 2017: “Siete regiones sin las
FARC, ¿siete problemas más?” (Eduardo Álvarez Vanegas Andrés Cajiao Vélez Irina Cuesta Astroz). Disponible en
http://cdn.ideaspaz.org/media/website/document/58c9535e2fb09.pdf
de base del proyecto petrista, e incluso hubo episodios que coquetearon con la idea del
magnicidio…otra tradición de las élites colombianas iniciada con el asesinato Jorge
Eliécer Gaitán en 1948.22
Ahora bien, al revisar y analizar los aspectos programáticos que Petro enarbolara como
plataforma electoral, se advierten no pocas vaguedades e inconsistencias. Gratuidad y
calidad educativas, superación de la matriz extractivista/agroexportadora con especial
atención al cambio climático, relanzamiento de la actividad agrícola e industrial…
Ciertamente, una agenda reformista. Las dudas aparecen a la hora de ponderar sus
condiciones de posibilidad a través de la componenda institucional vigente.
Sin ir más lejos, las reservas expuestas por “los verdes” –aliados de Fajardo- a la hora
de comprometer su apoyo a Petro en la segunda vuelta equivalían a un cheque en blanco
al statu quo, toda vez que se exigió en términos explícitos el compromiso por
salvaguardar los puntales fundamentales del “estado de derecho”: no-convocatoria a
asambleas constituyentes, respeto irrestricto de la propiedad privada, y así de seguido. A
resultas de esto, Petro firmó públicamente ese cheque en blanco…eternizándolo en
mármol en un acto junto a Antanas Mockus. Acaso un arrebato de proselitismo.23
En tanto, los personeros “de centro” impulsaron el “voto en blanco”. Esto constituye,
según el punto de vista, un acto de irresponsabilidad histórica…o bien un saludo a la
bandera por parte de actores políticos que en última instancia guardan compromiso con
la pervivencia del despojo.
Por sobre todas las cosas, cabe señalar que en un escenario de post-conflicto en el cual,
precisamente, el conflicto se difumina y derrama, resulta difícil imaginar la
implementación de medidas de índole siquiera reformista sin contar con una capacidad
de movilización y coordinación de luchas que apuntale la iniciativa de un candidato que,
bueno es repetirlo, se cuidó demasiado de agitar el fantasma de un proceso instituyente
que se adivina necesario.
No se pretende aquí poner en duda cierta intención o tendencia a unir y hacer confluir
las más diversas experiencias tendencialmente emancipadoras. Antes bien, se pretende
llamar la atención sobre las propias capacidades en un terreno en el cual se aceptan las

22
Un recuento breve pero ilustrativo puede hallarse en “La oligarquía colombiana tiene el record en candidatos presidenciales
asesinados” (07/03/2018). Versión digital disponible en http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/03/07/la-oligarquia-
colombiana-tiene-el-record-en-candidatos-presidenciales-asesinados/
23
El Tiempo, Bogotá. 08/06/2018.” Estos son los doce compromisos de Petro con Mockus y Claudia López”
Disponible en
http://www.eltiempo.com/elecciones-colombia-2018/presidenciales/compromisos-de-gustavo-petro-con-mockus-y-claudia-lopez-
228178
condiciones dadas dentro de un juego democrático-institucional que resulta
estructuralmente solidario con diversas criminalidades operantes en todos los niveles.
Cabe aquí una breve digresión con respecto al sustento popular de que gozan, en la
normalidad colombiana, las diversas variantes conservadoras. En este punto, las
diversas líneas de avanzada para la propagación constante de la ideología de la clase
dominante se revelan harto eficaces, en un entramado cultural en el cual los
destacamentos mediáticos operan de consuno con la propagación de ciertos “valores”
caros a la conservación de un orden completamente refractario a las apuestas al cambio
social, ya sea que estas se canalicen por la vía institucional –reformismo- o contra esta –
variantes revolucionarias-.
Es entonces que no deja de ser llamativo que una propuesta de este talante se perfile
como principal contendiente de las diversas expresiones del establishment, sobre todo
considerando el ocaso el denominado “ciclo progresista” en Latinoamérica.24
A este respecto, una movilización electoral sin precedentes (53 % del electorado
habilitado, en un país donde históricamente ha primado la abstención) y un destacable
número de denuncias de prácticas fraudulentas configuran un llamado de atención.
Las elites conservadoras en sus diversas variantes parecen haber acusado recibo de esto
con más precisión que el propio Petro. Su llamado al orden a Fajardo, De la Calle y
otros grupos intermedios de la progresía citadina surtió el efecto deseado.
Es así que el juego de Petro y su apego a la institucionalidad resultan un reaseguro
electoral a la vez que una trampa táctica para la efectiva canalización de un proyecto
que se proponga trascender las condiciones en las cuales discurre la explotación
capitalista en aquél país.
Se considera entonces que el emergente Petro expresa mucho más de lo que su
plataforma política dice. Aquí es donde cobra pertinencia el considerar este fenómeno
como sobredeterminado, toda vez que no solamente es la paz, sino la reconversión
productiva del país, con toda la serie de transformaciones que esto acarrearía, lo que se
encolumna y condensa –tal vez, incluso, contra su voluntad- detrás de este emergente.

24
Se toma como válida la expresión “ciclo progresista”, extendida en ámbitos académicos para denominar la proliferación de
gobiernos afines a un ideario de ese perfil, que tuviera un importante predominio en el marco de la institucionalidad democrática
latinoamericana durante la primera década del siglo XXI.
A modo de ejemplo, puede consultarse la siguiente nota de opinión, perteneciente a Marco Aurelio García, publicada en Le Monde
Diplomatique - Edición Cono Sur, en junio de 2017:
http://www.eldiplo.org/notas-web/retomar-el-ciclo-progresista?token=&nID=1
En tanto, las reflexiones vertidas por Álvaro García Linera resultan por demás expresivas de un principio de balance de esta
corriente, publicadas en Resumen Latinoamericano el 27 de junio de 2017:
http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/06/29/opinion-fin-de-ciclo-progresista-o-proceso-por-oleadas-revolucionarias-por-
garcia-linera/
En tanto significante, acaso la paz pudiera aglutinar las esperanzas y demandas de
diversos sectores sociales históricamente relegados a posiciones de sometimiento.
Mediatamente, podría suscitar la ligazón de las luchas de los trabajadores de la ciudad y
el campo, pero también las causas de los pueblos originarios, de las poblaciones afro y
movimientos netamente urbanos como el feminismo y el activismo LGTBI; amen de la
agenda ambientalista sobre la cual el candidato se ha recostado muy especialmente.
Todo lo cual constituye un quantum político que rebasa tanto a su propio armado
político-electoral como a la temporalidad prescrita por el calendario electoral.

Considerado estratégicamente, el proyecto político de grandes y variados destacamentos


progresistas y revolucionarios podría confluir en torno a la grieta que abre la
candidatura de Petro, en tren de sintetizar un programa mínimo. Posibilidad que el
espacio petrista no propició más allá de lo declamativo.25

4. ¿Adiós a las armas?

Realizando un racconto de lo expuesto surge, a modo de interrogante, si no es


precisamente Colombia aquel estado-nación en el cual se anudan, de manera
abigarrada, las tensiones y contradicciones que cruzan toda la geografía
latinoamericana.
Consideramos que estaríamos próximos a una respuesta positiva a tal interrogante. Las
coordenadas territoriales en las cuales se inscribe esa demorada transición entre modos
de producción constituyen un verdadero laboratorio histórico en el cual se plasman las
diversas expresiones que asume la lucha de clases en Latinoamérica.
En cualquier caso, atendiendo a la historia de la formación económica-social
colombiana en particular, y habiendo pasado revista de tres puntos que se consideran
expresivos de aquella totalidad, es dable señalar que la paz como tal no parece tener
visos de prevalecer por más acuerdos institucionales que vayan a urdirse.
La condición de extensión de tierra presta a procesos de acumulación originaria re-
editada periódicamente no parece preanunciar que la solución de los problemas para la
instauración siquiera de una economía capitalista normal pueda aparecer, en el corto y

25
En este punto, se considera pertinente recomendar la lectura de las dos entregas de las reflexiones propuestas por Felipe Polania,
publicadas en el portal argentino Marcha:
http://www.marcha.org.ar/bombas-de-humo-en-izquierda-colombiana-mucha-ambicion-de-gobierno-poca-vocacion-de-pueblo/
mediano plazo, de manera tal que no estuviera mediada por los episodios de violencia
que tales procesos acarrean.
De manera complementaria, no parece haber en lo mediato un horizonte de verdadera
transformación progresiva de las condiciones de supervivencia para los sectores
subalternos colombianos que no sea aquél que plantee la necesidad de trascender la
forma actual del Estado y, fundamentalmente, de la estructura económico-social en toda
su extensión.
Creemos que es, este, el caso en el cual se muestra de manera más palmaria la
vigencia de la clásica fórmula Socialismo o Barbarie en el contexto
latinoamericano.
Retomando a Lenin, se entiende que la apuesta a esa institucionalidad como vector y/o
salvaguarda de la conquista de derechos que tendencialmente canalicen la consecución
de la emancipación de los sectores subalternos no puede ni debe ser entendida como un
fin en sí misma sino, en todo caso, un medio para un fin.
La conquista de posiciones dentro de los márgenes de la institucionalidad democrático-
burguesa supone siempre una sumatoria de disposiciones tácticas puestas en orden a la
consecución de un fin estratégico. Máxime cuando las tendencias y contradicciones
operantes en una determinada formación económico-social se ofrecen a la vista.
El carácter instrumental del aparato estatal democrático-burgués se evidencia en
Colombia de manera grotesca. Sí, en Colombia la democracia funciona. La
institucionalidad vigente favorece y alienta el desarrollo del despojo.
El carácter irresuelto de esta transición demorada de un modo de producción a otro, en
el que conviven episodios de acumulación originaria/originante en amalgama con
formas institucionales liberales-burguesas y rasgos evidentes de desarrollo desigual y
combinado, dan cuenta de que la historia en Colombia se escribe a diario, y aún está en
disputa.

Bibliografía y webgrafía:
El material bibliográfico se ordena por orden de aparición en el marco del texto. Las
fuentes periodísticas, de análisis y/o de opinión rebasan por mucho las indicadas en las
notas al pie.

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