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Argumento
Una ardiente historia de Los Señores del inframundo, de la exitosa autora del
New York Times Gena Showalter, en la que aparece un bestial príncipe y la esposa a
la que le hará la guerra para quedársela.

Él es hielo...
Puck el invicto, anfitrión del demonio de la Indiferencia, no puede experimentar
emociones sin castigo, por lo que no se permite sentir nada. Hasta ella. Según la antigua
profecía, ella es la clave para vengar su pasado, salvar su reino y gobernar como rey. ¿Todo
lo que debe hacer? Robarla del hombre que ama, y casarse con ella.

Ella es fuego...
Gillian Shaw ha sufrido muchas tragedias en su demasiado corta vida, pero nada
pudo haber preparado a la frágil humana para su transición a la inmortalidad. Para
sobrevivir, debe casarse con un monstruo con cuernos que la intriga y la asusta... y la
convierte en la reina guerrera para la que nació.

Juntos arden.
A medida que un creciente sentimiento de posesión y obsesión supera a Puck,
también lo hace la insaciable lujuria. Cuanto más conoce acerca de su ingeniosa y
habilidosa esposa, más la ansía. Y cuanto más tiempo pasa Gillian con su protector esposo,
más adolece por él. Pero la profecía también predice un para siempre sin felicidad. ¿Puede
Puck derrotar al destino en sí mismo para mantener a la mujer que trajode vuelta su corazón
muerto a la vida? ¿O sucumbirán al destino, se perderán el uno al otro... y todo por lo que
han estado luchando? 2
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Índice
Argumento .............................................................................. 2
Índice ...................................................................................... 3
Prologo .................................................................................... 4
Capítulo 1 ............................................................................... 5
Capítulo 2 ............................................................................. 16
Capítulo 3 ............................................................................. 22
Capítulo 4 ............................................................................. 32
Capítulo 5 ............................................................................. 40
Capítulo 6 ............................................................................. 48
Capítulo 7 ............................................................................. 54
Capítulo 8 ............................................................................. 62
Capítulo 9 ............................................................................. 69
Capítulo 10 ........................................................................... 77
Capítulo 11 ........................................................................... 83
Capítulo 12 ........................................................................... 91
Capítulo 13 ......................................................................... 103
Capítulo 14 ......................................................................... 115
Capítulo 15 ......................................................................... 128
Capítulo 16 ......................................................................... 138
Capítulo 17 ......................................................................... 149
Capítulo 18 ......................................................................... 159
Capítulo 19 ......................................................................... 164
Capítulo 20 ......................................................................... 171
Capítulo 21 ......................................................................... 179
Capítulo 22 ......................................................................... 191
Capítulo 23 ......................................................................... 201
Capítulo 24 ......................................................................... 214
Capítulo 25 ......................................................................... 226
Capítulo 26 ......................................................................... 235
Capítulo 27 ......................................................................... 242
Capítulo 28 ......................................................................... 254
Capítulo 29 ......................................................................... 262
Capítulo 30 ......................................................................... 270
Capítulo 31 ......................................................................... 282
Capítulo 32 ......................................................................... 289
Capítulo 33 ......................................................................... 295
Capítulo 34 ......................................................................... 305
Capítulo 35 ......................................................................... 312
Capítulo 36 ......................................................................... 324
Capítulo 37 ......................................................................... 330
Capítulo 38 ......................................................................... 336
Capítulo 39 ......................................................................... 343
Capítulo 40 ......................................................................... 349
Capítulo 41 ......................................................................... 357
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Capítulo 42 ......................................................................... 362


Página

Capítulo 43 ......................................................................... 373


Capítulo 44 ......................................................................... 381
Capítulo 45 ......................................................................... 389
Epílogo ................................................................................ 396
GLOSARIO DE TÉRMINOS Y PROTAGONISTAS ................... 399
Prologo

Érase una vez en el reino del desierto de Amaranthia, nacieron dos príncipes
inmortales. Púkinn “Puck” Neale Brion Connacht IV y Talie Sin “Sin” Anwell Kunsgnos
Connacht. Hermanos de sangre. Amigos por elección. Cambia formas de leyendas, capaces
de convertirse en cualquier persona en cualquier momento.
Puck, el mayor, creció hasta convertirse en un guerrero diferente a cualquier otro, la
fuerza bruta es su especialidad. No importaba la fuerza o la experiencia de su oponente, él
permanecía invicto, su habilidad en el campo de batalla rivalizaba solo con su destreza en el
dormitorio.
Sin, el más joven, prefería los libros a la batalla y el romance a la guerra, aunque sus
triunfos militares no eran menos conocidos. Podía tramar y elaborar estrategias mejor que
nadie.
Los príncipes se querían y cada uno prometió poner al otro primero en todas las
cosas. Pero hacía mucho tiempo, los Oráculos de Amaranthia profetizaron que un hermano
se casaría con una reina amorosa y mataría al otro hermano, y por fin uniría los clanes
guerreros del reino.
Los Oráculos nunca se equivocaban.
Al final, sin importar las esperanzas y planes de los príncipes, la profecía sería
cumplida...
Algunos cuentos de hadas no tienen un feliz por siempre.
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Capítulo 1

Matar a un hombre, adquirir su magia. Una historia tan antigua como el tiempo.
Con un rugido, Puck el Invicto lanzó un par de espadas cortas a su último oponente,
el rey del Clan Walsh. Una hoja empapada de sangre atravesó la coraza metálica del
hombre enviándolo sobre sus rodillas; la otra se deslizó cortando su garganta de adelante
hacia atrás.
No hay rival para un príncipe Connacht. ¿Quién es?
El rey jadeó de sorpresa y dolor, luego gorgoteó cuando una marea carmesí se
derramó por ambos lados de su boca. — ¿Po-por qué?
Con sólo un pensamiento, Puck volvió a su apariencia normal, dejando que el rey
moribundo viera el verdadero semblante de quien lo había vencido.
—Mi hermano envía sus saludos. —Puck retorció las cuchillas y dijo: —Que
descanses en pedazos.
El rey se quedó boquiabierto, resollando por última vez antes de quedarse en
silencio, con la cabeza colgando hacia adelante. Puck liberó las espadas, y el cuerpo se
desplomó en el suelo, lanzando arena.
En la guerra, solo había una regla: ganar, cueste lo que cueste.
Los soldados de Walsh se retiraron en una frenética carrera.
Una neblina oscura y brillante surgió del cadáver del rey y se dirigió hacia Puck.
Potente magia se adhirió a las runas marcadas en sus manos, símbolos curvos dorados que
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se extendían desde la punta de los dedos hasta la muñeca. Puro poder. Embriagador. Nada
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mejor.
Su cabeza zumbaba, la sangre de sus venas se calentaba y burbujeaba. Por la magia,
sí, pero también porque se sintió triunfante. Era un momento de -parpadea y te lo perderás-,
la última guerra en una larga cadena de guerras había terminado, y los Connachts habían
ganado.
Puck mantuvo su posición en el centro del campo de batalla empapado de sangre.
Las dunas de arena se extendían hasta donde alcanzaba la vista, interrumpidas por un oasis
ocasional con árboles imponentes y estanques de aguas cristalinas. Los soles gemelos del
reino hacía tiempo que habían desaparecido del horizonte. La noche reinaba, los cielos del
mismo color que las moras, creando un mar interminable de color rojo púrpura oscuro.
Ninguna estrella brillaba esta noche.
Sus ojos se cerraron mientras saboreaba la victoria. Las probabilidades habían
estado en su contra, con un ejército enemigo dos veces el tamaño del suyo. Así que, anoche,
su hermano, Sin, le sugirió a Puck que se infiltrara en el campamento enemigo, y matara a
un comandante de Walsh, incinerara el cuerpo... y ocupara su lugar. No era fácil de hacer,
pero se haría de todos modos.
Con su nuevo disfraz, Puck había instruido a los soldados que “emboscaran” a los
Connachts, y finalmente condujo a todo el ejército a una trampa. Desde allí, llegar al rey
había sido un juego de niños.
Sin podría mirar cualquier situación, cualquier hombre, y de alguna manera
discernir cada debilidad oculta.
Puck a veces se preguntaba qué debilidades percibía su hermano en él. No es que
importara. Sin solo buscaba protegerlo, haciendo cualquier cosa, todo para asegurarse de
que ganara todas las batallas.
Juntos, desafiarían la profecía que se les dijo cuando eran niños. ¿Un hermano
matando al otro? ¡Nunca! Puck y Sin gobernarían los cinco clanes juntos, y nada se
interpondría entre ellos.
Un vínculo tan fuerte como el de ellos nunca podría romperse.
Cuando un viento frío escupió arena, Puck abrió los ojos. A pesar de la gélida
temperatura, irradiaba calor, la adrenalina bombeaba por sus venas. El sudor mezclado con
la sangre de los vencidos salpicada en su torso, goteando por cada cresta de músculo.
En la distancia, alguien gritó: —¡La victoria es nuestra!
Otros gritos siguieron.
— ¡La magia de Walsh es nuestra!
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— ¡Hemos ganado, hemos ganado!


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Se alzaron gritos de júbilo, un coro familiar. Había entrenado, sufrido y sangrado


con y para estos hombres. Para Puck, la lealtad era mucho más valiosa que el oro, los
diamantes o incluso la magia.
—Regresen al campamento, —dijo. —Celebren.
Al unísono, los soldados corrieron hacia el campamento justo al otro lado de las
dunas, un sub-reino escondido dentro de un reino, oculto por la magia de Sin.
Puck envainó sus espadas y recogió la espada del rey, el trofeo perfecto. El orgullo
levantó su cabeza mientras seguía a sus hombres desde el campo de batalla. Más cadáveres
y un exceso de extremidades cortadas llenaban el camino, el aire estaba saturado con el olor
a cobre de la sangre y el hedor de los intestinos vaciados.
La carnicería nunca lo complació. Tampoco le molestaba.
Se negaba a evitar la violencia. Amenaza a su pueblo, sufre. El día que mostró
misericordia al enemigo fue el día en que condenó a su clan a la esclavitud o la muerte.
Permaneciendo en las sombras, Puck se deslizó a través de una puerta invisible sólo
accesible a las personas que habían sido marcadas con la magia de Connacht. Para
cualquier otra persona, la entrada permanecía cerrada; muchas veces pasaban hombres,
mujeres y niños sin saber que existía una subdimensión a un brazo de distancia.
De repente, le rodearon tiendas de campaña, hogueras ardientes, soldados y sus
hembras. El hedor a muerte se evaporó, reemplazado por el aroma de la carne asada, el
trabajo duro y el perfume dulce.
Una doncella vio a Puck y cerró la distancia, el interés brillando en sus ojos. —
Hola, alteza. Si necesitas una acompañante esta noche...
—Déjame detenerte allí. Nunca regreso por una segunda ronda. — Nunca olvidaba
una cara, tampoco, y recordó que había tenido a esta mujer el año pasado.
Antes de que se metiera en la cama con una mujer, se había asegurado de que ella
entendiera su política de una vez y listo.
La decepción ensombreció su expresión. —Pero…
Terminada la conversación, él la esquivó y se dirigió a los límites del campamento,
donde él y Sin habían levantado una tienda de campaña. Un movimiento frío de su parte, sí,
pero necesario.
Puck no era como otros miembros de la realeza. Mientras que la mayoría de los
príncipes mantenían un “establo” y viajaban con sus “potras”, incluso en tiempos de guerra,
Puck se negaba a acostarse con las mismas mujeres dos veces. No podía arriesgarse a
promover una relación romántica con nadie. Un lazo romántico despertaría la esperanza de
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casarse. No casarse significaba no amar a una reina. Ninguna reina amorosa significaba que
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la profecía no se cumpliría.
Aunque, la verdad sea dicha, Puck adoraba todo acerca de la “suavidad femenina” a
la que le habían negado la mayor parte de su vida. Le encantaban los besos, el tacto y la
anticipación. Los cuerpos sudorosos moliéndose juntos, creando fricción. Gemidos y
gruñidos y suspiros entrecortados en sus oídos. La dicha de hundirse finalmente en lo
profundo de su amante.
A veces, unas pocas horas en la cama de una extraña solo le abrían el apetito...
En el fondo, tenía un deseo secreto y vergonzoso de quedarse solo con una mujer,
aprender cada pequeño detalle sobre su pasado, todas sus esperanzas y sueños. Soñaba con
pasar semanas, meses, años mimándola a ella y a ella sola, marcándose a sí mismo dentro y
fuera de ella. Ser marcado por ella.
Anhelaba tener una “propia”.
Tal vez un día podría...
No. Nunca. Sin antes que las mujeres, siempre. Sin antes que todo.
Esta noche, los hermanos revisarían los éxitos y fracasos de la batalla. Beberían y
reirían, y planearían su próximo movimiento, y todo estaría bien en el mundo de Puck.
Una enredadera espinosa rodeaba y protegía su tienda, nadie podía entrar o salir sin
su permiso. Lanzando un zarcillo de magia, obligó a las enredaderas a separarse y entró.
Cuando su hermano apareció a la vista, el afecto golpeó a Puck en el centro del
pecho. Mientras que compartían la misma piel oscura, los ojos más oscuros y hasta el
cabello más oscuro, la misma nariz aguileña y los labios implacables, las facciones de Sin
se establecieron en un marco más suave. En numerosas ocasiones, le habían dicho a Puck
que su cara parecía “tallada en piedra”.
Sin se paseaba de un lado a otro, aparentemente ajeno al mundo.
— ¿Qué te preocupa? —Los dedos de Puck se apretaron alrededor de la
empuñadura de la espada.
Su hermano nunca se inquietaba... hasta hace poco. Hace un mes, asistió a
conversaciones de paz con un reino vecino y regresó... cambiado. De calmado a la
paranoia, de seguro a inseguro.
Le dijo a Puck que se había despertado la última mañana para encontrar a su ejército
masacrado. Yacía en medio de la carnicería, el único superviviente, sin ningún recuerdo de
lo que había sucedido. Ahora no podía dormir, se asustaba ante los movimientos repentinos
y los ruidos, y miraba hacia las sombras como si alguien se escondiera dentro. No había
visitado su establo y se negaba a quitarse la camisa durante el entrenamiento.
Puck sospechaba que nuevas cicatrices llenaban el pecho de su hermano. ¿Creería
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que otros lo considerarían débil si lo veían?


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Si alguien decía una sola palabra en contra de él, “cualquiera” moriría.


Cada vez que Puck expresaba su preocupación, Sin cambiaba de tema.
Sin se detuvo ante el crepitante pozo de fuego, su mirada buscó a Puck antes de
alejarse.
Poco a poco Sin se relajó, incluso sonrió con una sonrisa familiar que solo Puck
tenía el privilegio de ver. —Te tomó tu dulce tiempo regresar al campamento. ¿La vejez te
frena?
Él bufó. —Tienes solo dos años menos. Quizás deberíamos cambiar de lugar para la
próxima guerra. Yo planifico, tú peleas.
—Te olvidas que te conozco mejor de lo que te conoces a ti mismo. La
preocupación por mi seguridad te llevaría directamente a mi lado.
Sin no estaba equivocado.
Su hermano podría manejarse en una pelea, sea cual fuera el arma. No tenía igual,
excepto Puck. Pero si algo le sucediera a él...
Quemaría ese reino hasta sus cimientos.
Puck se dirigió al cuenco de agua que estaba en lo alto de su arsenal de viaje.
Después de apoyar la espada de Walsh contra el costado, se limpió la suciedad de la noche.
—Cuando éramos niños, te preocupabas por mí, —dijo, secándose la cara con una
toalla. — ¿Qué pasó?
—Aprendiste a usar una espada. —Sin se frotó las sienes, como si odiara los
pensamientos que se arremolinaban en su mente.
Él necesitaba una distracción. — ¿Comenzaremos nuestra revisión de la batalla?
—Aún no. Vengo con noticias. Pasaron unos segundos, cada uno crepitaba de
tensión.
Puck se puso rígido. —Dime.
Con los ojos muy abiertos, Sin dijo: —Padre anunció tu compromiso con la
princesa Alannah de Daingean.
La primera reacción de Puck: tendré una esposa. ¡Ella será mía!
Luego frunció el ceño. Debo proceder con cautela. Desde muy temprana edad, él
había visto el mundo a su alrededor a través de un filtro cegador: MI hermano, MI clan, MI
reino.
Había visto a Alannah solo una vez, y aunque a él le gustaba su aspecto, no se
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dignaba a acostarse con ella, y mucho menos a casarse con ella. La tentación no podía ser
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satisfecha, incluso en el más mínimo sentido.


Sin embargo, él comprendió la preocupación de Sin. El rey en vez de primogenitura
decidió un sucesor. A menos que el rey se negara a hacer una selección, por supuesto,
entonces el guerrero más fuerte tomaba la corona. Pero, con este anuncio, el rey Púkinn III
tomó su decisión.
—Padre habló de prisa—, dijo Puck. —No voy a casarme con nadie. Tienes mi
palabra.
—Este es un movimiento político destinado a solidificar la alianza entre nuestros
clanes, pero... la profecía...—La voz de Sin se deshizo en los bordes. —Uno se convertirá
en rey con una reina amorosa a su lado, y él matará al otro. Los Oráculos nunca se han
equivocado.
—Hay una primera vez para todo. —Cerró la distancia para enmarcar las mejillas de
su hermano con sus manos. —Confía en mí. Una boda nunca tendrá lugar. —Ninguno de
los dos se casaría, y la profecía no se cumpliría. —Te elijo a ti, hermano. Siempre té elegiré
a ti.
Sin se mantuvo tan inflexible como el acero. —Si la rechazas, insultarás a los
Daingeans. Otra guerra estallará.
—Siempre está estallando otra guerra. —Cada clan coleccionaba magia de los
hombres que mataban, desesperados por poseer más que los demás.
La magia era fuerza, y la fuerza era magia.
Sin se separó de Puck pasando dos dedos contra la barba incipiente de su
mandíbula. —Al casarte con Alannah, unirás a los clanes, como has soñado. Connacht,
Daingean, Fiáin, Eadrom y Walsh.
¿Cómo podría hacer que su hermano lo entendiera? Sí, soñaba con unir a los clanes.
La guerra terminaría por fin. Se salvarían vidas. La paz reinará. Amaranthia florecería, las
tierras ya no serían devastadas por batallas casi constantes.
Pero la concordia sin Sin significaba menos que nada.
—Nada importa más que tú, —dijo. Siglos atrás, había habido doce clanes. Ahora,
debido a reyes y ejércitos ávidos de magia, solo quedaban cinco. Si no se hacía algo, toda la
población se extinguirá. —No para mí.
—No estás escuchando, —Insistió Sin. —Daingean ahora se alía con Fiáin. Con tu
matrimonio con Alannah, Connacht se aliará con Daingean, por lo que Fiáin se verá
obligado a ponerse del lado de Connacht. Cuando eso suceda, Eadrom, que actualmente
está aliado con Fiáin, tendrá que romper su alianza con Walsh para mantener la paz con
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nosotros. Y lo harán. No tienen vínculos familiares con Walsh. Y ahora que el actual, o
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mejor dicho, el ex-rey de Walsh está muerto, el nuevo gobernante tiene un borrón y cuenta
nueva con nosotros.
—No me importa, —dijo sacudiendo la cabeza. —El costo es demasiado alto.
Silencioso, Sin lo estudió como solía estudiar sus mapas favoritos. La tristeza
oscureció sus ojos, hasta que fue extinguida por la determinación. Él asintió, como si
tomara una decisión monumental, y señaló a la mesa en la esquina. En el centro descansaba
lo que parecía ser una pequeña caja de abalorios.
—Llegó esta mañana, —dijo Sin. —Justo antes de la batalla.
— ¿Un regalo?
—Un arma.
¿Arma? —No te preocupes. Me ocuparé de eso. —Puck haría cualquier cosa,
mataría a cualquiera, para arreglar los problemas de su hermano. Lo justo era justo. Sin
siempre había arreglado los suyos.
Cruzó la tienda para pararse frente a la pequeña caja de nácar recubierta de algún
tipo de metal. Un racimo de diamantes brillaba en cada esquina. Cuando extendió la mano,
un pulso de malevolencia rozó su piel. No era magia, sino pura maldad sin adulterar. Su
sangre se congeló.
— ¿Quién lo envió? — ¿Y qué tipo de arma era esta, exactamente?
—Una mujer llamada Keeleycael, con el título de Reina Roja. Ella dijo que espera
que disfrutemos de nuestra caída.
Keeleycael. Él nunca había oído hablar de ella. — ¿Gobierna ella un reino vecino?
—Hasta donde sabia Puck, una mujer nunca había conducido... nada. No directamente, de
todos modos. Las hembras ayudaban a sus reyes.
—No estoy seguro, —dijo Sin.
La respuesta no importaba, supuso. Nadie amenazaba a su hermano y sobrevivía.
¿Caída? No mientras Puck viviera y respirara.
Sin no solo le había salvado la vida demasiadas veces como para contarlas; él había
salvado el alma de Puck.
Justo antes del séptimo cumpleaños de Puck, su primo murió en la batalla.
Necesitando un nuevo comandante de la línea real, el rey eligió a Puck. Es decir, un
pequeño príncipe fue arrancado de los brazos de su madre más temprano que tarde para que
la dulzura de una mujer ya no lo “influenciara”.
Si arruinas a un niño, arruinas al hombre en el que se convertirá.
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Las palabras que su padre le había gritado a su madre el día que se llevaron a Puck.
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—Yo también iré, —había dicho Sin, de cinco años. —A donde tú vas, yo voy.
Los detalles de ese fatídico día fueron marcados para siempre en la memoria de
Puck. Cómo se oían los sollozos de su madre por toda la fortaleza. Mis bebés. Por favor, no
te lleves a mis bebés. Cuantas lágrimas corrieron por la cara de Sin cuando tomó la mano de
Puck y se alejaba voluntariamente del único hogar que había conocido. Cuán consolado
había estado Puck por la resolución inquebrantable del joven de permanecer juntos.
Los dos chicos vivieron y se entrenaron con los soldados más duros del clan durante
años, las suaves emociones golpeadas, azotadas o cortadas por ellos.
A la edad de doce y diez años, ambos recibieron una espada y fueron abandonados
por su padre en medio de las dunas de arena más peligrosas con estas palabras de
despedida: regresen con el corazón de nuestro enemigo, o permanezcan fuera.
Si Puck pudiera retroceder el tiempo, él le exigiría a Sin que permaneciera mimado
con su madre, a salvo en sus amorosos brazos. Ahora, la culpa era su compañera constante.
Hasta que aprendió a luchar y luchar bien, no pudo proteger a Sin de los abusos diarios.
Peor aún, su madre murió antes de que pudieran visitarla.
Había dado a luz a un bebé muerto poco después de su partida y, en su dolor, se
quemó a propósito hasta las cenizas. Un guerrero podría haber sobrevivido a las llamas,
pero no una mujer sin runas y magia.
Masajeándose la nuca, Puck consideró la mejor manera de proceder. — ¿Has
abierto la caja?
—No. Te esperé, —dijo Sin, con un temblor de miedo.
¿Miedo? Imposible. Sin no le temía a nada mientras Puck guardara su espalda.
—No debí haber traído la maldita cosa a tu tienda. —Su hermano se dirigió hacia la
mesa. —La tomaré y…
—No. —Con el brazo extendido, Puck detuvo a Sin antes de que pudiera hacer
contacto con la caja. Sí, Sin ya la había manejado sin consecuencias. No importaba. No
había razón para un mayor riesgo. —Quiero saber qué hay dentro. —Quería saber qué
pensaba usar esta reina desconocida contra su familia.
—Iré a buscar a uno de los comandantes. Déjalo…
—No. Lo haré yo mismo. —Un buen rey no ponía su propia vida por delante de su
pueblo. —Déjame. Te dejaré saber lo que encuentro.
—Te quedas, yo me quedo.
Otro tronco cayó en la hoguera de su culpa. Él hizo estallar su mandíbula. —No te
quiero en peligro, hermano. —No ahora, ni nunca.
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Durante un solo latido de corazón, los ojos de Sin brillaron con lágrimas contenidas.
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Él rápidamente las parpadeó de vuelta. —Y, sin embargo, —dijo—, aun así planeo
quedarme.
¿Por qué esas casi lágrimas? De repente, Puck no pudo tolerar la idea de tener a su
hermano en otro lugar que no fuera cerca. —Muy bien. Retrocede.
Cuando Sin se movió al otro lado de la tienda, Puck palmeó una espada corta y se
preparó para lo peor. ¿La explosión de una bomba? ¿Una trampa mágica? Entonces, lo
hizo, abrió la tapa.
Al principio, no pasó nada. Pero entre un latido y el siguiente, un humo negro
surgió de la caja, el aroma a azufre saturo el aire, picando en sus fosas nasales. Unos ojos
rojos brillantes se abrieron, se concentraron en él y se entrecerraron.
Puck retrocedió incluso mientras empujaba la espada hacia adelante. El metal
simplemente fantasmeó en la oscuridad. Que demon…
Apareció una criatura con cuernos, el dueño de esos ojos. Con un chillido agudo, se
abalanzó. Objetivo: Puck. Trató de saltar fuera del camino. Demasiado tarde. La criatura…
El dolor lo abrasó, empujando un rugido más allá de sus labios. La criatura había
entrado en su cuerpo, y ahora rompía sus órganos. También mordió y arañó, y sin embargo
Puck no experimentó ningún signo externo de lesión.
Frenético, dejó caer la espada para rastrillar sus uñas sobre su pecho, cortando la
piel y los músculos, sin éxito. La criatura permaneció dentro de él, una presencia oscura,
aullando con una mezcla tóxica de odio y placer.
La sangre en las venas de Puck bien podría haber sido combustible; cada célula de
su cuerpo parecía prenderse fuego, derritiéndolo desde adentro hacia afuera mientras él...
¿cambiaba? Dos anillos de fuego estallaron en la coronilla de su cráneo, como si los
círculos hubieran sido quemados en el hueso. Alzó la mano y sintió... ¿cuernos?
El aliento resolló entre los dientes apretados mientras tiraba de madejas de pelo
marrón que brotaban de sus piernas. El pelaje permaneció. Luego, unos cascos duros
crecieron sobre sus pies, ¿pezuñas? mientras sus botas de cuero se desgarraban por las
costuras.
Cambiar de formas no era algo nuevo para él, pero esta transformación tenía el
control de Puck, y no al revés. Él no pudo detenerla.
Aparecieron líneas negras dentadas en su pecho, pequeños ríos de lava ardiendo
mientras se extendían. Formando una imagen. Una mariposa con alas tan afiladas como
cristales rotos. Diferentes colores brillaban en la luz del fuego, uno tras otro, alterándose a
medida que varias emociones lo inundaban.
La mayoría de las veces, el pánico agarró a Puck por el cuello y lo mantuvo firme,
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asfixiándolo. ¿Era esto una alucinación, causada por el humo?


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¿O se estaba convirtiendo en un monstruo para siempre?


Sus rodillas cedieron, incapaz de soportar su peso. Mientras yacía en el suelo,
jadeando, el pánico murió. Su mirada se posó en la espada de Walsh, y el orgullo que había
experimentado momentos antes se desvaneció antes de desaparecer por completo. La
devoción que tenía por su reino y su gente... se fue. Él no sintió nada. La espada era un
trozo de metal finamente pulido, el reino un lugar sin sentido, sus ciudadanos una nulidad.
Puck buscó emoción, cualquier emoción, escondida en cualquier lugar. ¡Ahí! Amor
por Sin, un faro brillante.
Protegería al hombre más joven de esto... lo que sea que fuera esto. Pero, mientras
intentaba alcanzar a su hermano, los músculos se bloquearon en el hueso, manteniéndole
inmóvil, y volvió el pánico.
— ¡Sin!
Sin no se encontró con su mirada.
Algo estaba mal...
Una terrible nada comenzó a arrastrarse a través de Puck por segunda vez, esta vez
dirigida a su hermano. El precioso Sin. El Sin atesorado. La razón de Puck para... todo.
Pero una daga invisible cortó en su corazón, el afecto, drenando... drenando...
Aun así él luchó. —Te quiero, —dijo con voz áspera. No puedo perder a Sin. No
puedo... Pero incluso mientras hablaba, su corazón se vació.
En un momento su amor ardió, una luz inextinguible por la guerra, la persecución o
la parodia, al siguiente no era más que una antorcha apagada.
Puck parpadeó hacia Sin y sintió... nada. No había olvidado su pasado, o las muchas
formas en que su hermano lo había ayudado a lo largo de los siglos, o todo lo que Sin había
abandonado en su nombre, pero no le importaba en absoluto.
Sin se agachó junto a él, la tristeza volvió a oscurecer sus ojos. —Lo siento, Puck.
Realmente lo hago. Sabía lo que había dentro de la caja... Keeleycael... ella sabía de
nuestra profecía, afirmó que ya estábamos en el camino de la destrucción, y que uno de
nosotros mataría al otro. De esta manera, podemos vivir. Es solo que... No podía matarte, y
no podía dejar que me mataras. Te hubieras odiado a ti mismo. Lo siento, —repitió. —Lo
siento mucho.
¿Su hermano lo había traicionado?
Imposible. Él nunca haría algo tan terrible.
—Hice un trato con una diablesa, —continuó Sin. —Nunca me lo perdonaré, pero
mejor yo que tú, ¿aye? ¿No lo ves? No te preocupes por la corona ni por los clanes. Ahora
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estás poseído por el demonio de la Indiferencia. —Tocó a Puck en el pecho, y su voz se


endureció. —Ustedes dos están unidos por el resto de la eternidad.
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El dolor, la determinación y la furia—tanta furia—repentinamente resplandecían


dentro de Puck. ¡Una explosión! Su hermano lo había traicionado. Había planeado
activamente su ruina. Pero al igual que todo lo demás, el dolor, la determinación y la furia
se desvanecieron, hasta que solo el frío desinterés permaneció.
Puck el Invicto acababa de convertirse en Puck el Jodido.
Él debería irse. Puede que no tuviera la aspiración de matar a su hermano, o
quedarse aquí, o incluso irse, pero el sentido común le decía: No te quedes con quien te hizo
daño.
Los músculos se desbloquearon de los huesos por fin, se levantó.
—Hice esto por nosotros. —Sin se enderezó, trató de alcanzarlo. —Dime que
entiendes. Dime que nos quedaremos juntos.
Silencioso, se apartó de su hermano. Saldría a caminar, para pensar en lo que había
pasado y en lo que debería hacer a continuación.
—Puck…
Salió de la tienda, sin mirar ni una sola vez atrás.

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Capítulo 2

Pasaron los siglos. El número exacto escapó de Puck. No le importaba contar.


No regresó con su hermano o su clan, incluso cuando escuchó rumores de la
brutalidad de Sin. Aparentemente su hermano se había transformado en el tirano más
sediento de sangre en la historia de Amaranthian. Destruyó la mitad de un bosque, uno de
solo dos, para construir una fortaleza. Hizo esclavos de los Connachts y de cualquier otro
miembro del clan que capturara, y mató a cualquiera que “planeara su caída”.
Él creía que miles de personas planeaban su caída.
En realidad, Puck sabía la verdad. El alma negra de Sin finalmente había salido a
jugar.
Sin ningún objetivo, Puck vagó de un extremo de Amaranthia al otro. Los que se
interpusieron en su camino murieron. Si encontraba algo necesario para su supervivencia,
lo tomaba. Comida. Armas. Una noche de alojamiento. A veces aceptaba una amante. Podía
endurecerse, y una mujer podía cabalgarlo hasta su propia satisfacción, pero a él no le
importaba nada su placer, y no podía alcanzar el suyo. Aunque sentía una necesidad
fisiológica de liberación, nadie tenía el poder para hacerlo correrse. Ni siquiera él mismo.
Recordó cómo una vez, en secreto, había soñado con estar con la misma mujer una
y otra vez. Cuando realmente lo hizo, descubrió que la experiencia era deficiente.
A medida que Puck se acostumbraba a Indiferencia, se dio cuenta de que el
demonio no podía robar o borrar sus emociones, solo sepultarlas y ocultarlas. Lo que el
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demonio ya no prefería hacer; había desarrollado un gusto por emitir castigo cada vez que
Puck sentía demasiado por demasiado tiempo.
Página

Eso nunca te ha dejado indiferente, ¿verdad, demonio?


Incluso ahora, la criatura merodeaba por su mente, cada paso como el golpe de un
mazo mientras esperaba a que Puck cometiera un error.
Tuvo que aprender a enterrar y esconder sus emociones por sí mismo, y cubrirlas
con gruesas capas de hielo místico, convocado por la magia que se aseguraba de que
siempre tuviera en el grifo. El tipo de magia que podía usar en cualquier lugar, en cualquier
momento. Con el hielo vino el entumecimiento, con el entumecimiento, paz.
Un proceso necesario. Un pozo de furia, odio, dolor, preocupación y esperanza
todavía ardía en su interior. Él era un barril de pólvora, y un día él explotaría.
Cuando eso sucediera...
¿Indiferencia lo mataría? ¿Le daría Puck la bienvenida a la muerte o lucharía?
Al menos el demonio le advertía cada vez que una emoción se le escapaba. Los
gruñidos equivalían a una palmada en la muñeca. Los rugidos significaban que Puck pisaba
terreno peligroso. Cuando lo escuchaba ronronear, había sentido demasiado durante
demasiado tiempo, y el infierno estaba a punto de desatarse: sobre él.
El demonio le agotaría las fuerzas, dejándolo inmóvil por días. Prácticamente
comatoso.
Para evitar el castigo, Puck creó reglas que seguía sin falta.
No confíes en nadie, jamás. Recuerda que todos mienten.
Matar a cualquiera que amenace mi supervivencia, y siempre tomar represalias por
el menor detalle.
Come tres comidas al día y adquiere ropa y armas siempre que sea posible.
Siempre sigue adelante.
En algún momento, Puck se encontró con la princesa Alannah de Daingean. Ella
gritó y se escapó de él, aterrorizada por el monstruo en el que se había convertido. Oh, qué
bien.
Aunque la magia todavía se arremolinaba dentro de Puck, había perdido su
capacidad de cambiar de forma. Los cuernos permanecían sobre su cabeza, dos torres de
marfil de la vergüenza. El pelaje en sus piernas y los cascos en sus pies se mantuvieron
también; no importaba cuántas veces los hubiera cortado, pensando que tal vez, solo tal
vez, podría liberar su mente de Indiferencia si liberaba a su cuerpo de sus atributos
bestiales.
Con el paso del tiempo, diferentes machos lo atacaron, decididos a matar al
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deshonrado príncipe Connacht. Puck fue apuñalado, estacado y colgado, tirado y


descuartizado, y prendido fuego. Siempre que fue posible, él luchó. Y si no podía
Página

defenderse a causa del demonio, esperaba hasta que su cuerpo sanara, y luego imponía una
retribución despiadada, sin piedad, vencido por una ira que no podía controlar.
Por supuesto, Indiferencia siempre lo castigaba después.
Una mañana, mientras Puck caminaba por las dunas de arena que una vez había
adorado, le palpitaban los pies. O mejor dicho, sus pezuñas. Una rápida mirada hacia abajo
demostró que había sufrido múltiples heridas, dejando un río de sangre a su paso.
Necesitaba robar y alterar mágicamente un par de zapatos. Y ropa. Él había olvidado
vestirse.
Dos dorados soles resaltaron un pequeño campamento en la distancia. Perfecto.
Diferentes prendas se balanceaban desde una cuerda anclada a la parte superior de dos
tiendas una al lado de la otra. El aroma de la carne flotaba en la brisa como un coinín1
asado sobre un pozo de fuego.
Nadie esperaba fuera, aunque las voces se filtraron desde una de las tiendas.
—…anunciado esta mañana. El príncipe Taliesin de Connacht mató a su padre
mientras dormía.
—Supongo que eso significa que Taliesin es el rey ahora, —fue la respuesta
gruñida. —El Príncipe Neale iba a ser el sucesor, pero está muerto, creo.
Puck se detuvo en seco. ¿Sin había matado a su padre?
Ambos habían despreciado al hombre, ¿pero el asesinato a sangre fría mientras el
Connacht dormía? Eso era bajo.
Puck esperó por un golpe de sorpresa... disgusto... ira... algo. Ni una pizca de
emoción se filtró más allá de su hielo. Mientras se ponía un par de pantalones de piel de
oveja demasiado ajustados, se preguntó qué debería sentir. ¿Todo lo anterior, tal vez? Una
necesidad de detener a su hermano, definitivamente.
—Si el príncipe Neale no está muerto, —dijo uno de los hombres—, sigue siendo
una bestia.
Neale-Puck.
— ¿Preferirías que Taliesin o una bestia gobernara a tu familia? —Preguntó el otro
hombre.
—Bestia, —ambos hombres dijeron al unísono.
El hecho de que alguien quisiera a Puck sobre Sin... los Connachts debían estar
desesperados.
¿Realmente puedo alejarme y dejar a mi clan en peligro?
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¿Y qué pasaría si Sin se casara con una mujer que lo amara, mataba a Puck y unía
Página

los clanes? Amaranthia seguramente colapsaría.


Sin tenía que morir.

1 Conejo en gaélico irlandés.


Siempre sigue adelante.
Bueno, está bien, entonces. Puck salvaría a los Connachts de un loco y a todo el
reino de la devastación y, finalmente, se vengaría de su hermano. Y en el fondo de su
corazón, Puck quería venganza. Por el brillante futuro que había perdido, y el amor que Sin
había destruido tan fríamente.
Puck merecía estar furioso contra el macho. Él se había ganado el derecho.
Indiferencia gruñó una advertencia. Puck invocó un zarcillo de magia para cubrir su
corazón y mente con más hielo.
A medida que regresaba la lógica glacial, la comprensión se desarrollaba: si el
demonio lograba drenarle la fuerza, Sin lo superaría.
Él ya conoce mis debilidades...
Las manos de Puck se convirtieron en puños. Necesitaba encontrar la debilidad de
Sin.
Nadie ofrecía una mejor dirección que los Oráculos.
Puck se comió cada bocado delcoinín—reglas eran reglas, que encontró, alterando
mágicamente se puso un par de botas, luego se dirigió hacia el este. Los Oráculos vivían en
la parte más peligrosa de Amaranthia, donde una poderosa magia espesaba el aire, creando
grietas que conducían a otros reinos, interminables pozos, el centro de un volcán e incluso
el fondo de un océano. Solo los ciudadanos más desesperados se atrevían a aventurarse
aquí. Aquellos que buscaban salvarse a sí mismos o a un ser querido, reyes que necesitaban
guía al elegir un heredero, o gente como Puck, sin nada que perder.
El viaje de tres días le pasó factura. No había sitios para acampar, ni comida ni
agua. Al menos logró evitar las grietas.
Finalmente, llegó a la torre de arena más alta del reino. Los Oráculos vivían arriba,
con una vista de... todo. Demasiado débil para escalar, Puck utilizó lo último de su magia
para crear una escalera de arena.
Necesitaba adquirir más magia, lo que significaba que tendría que matar a alguien, y
pronto.
¿Debería matar a una de los Oráculos? La historia afirmaba que el trío creó a
Amaranthia como un refugio seguro para cualquier persona con inclinaciones mágicas. Su
suministro de magia debía ser ilimitado, incluso interminable.
19

En un tiempo, la idea de dañar a una mujer le habría disgustado. ¿Ahora? Éntrale


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con ganas. Una fuente es una fuente.


Los negocios primero. Al subir al nivel superior sin barandillas o paredes, descubrió
a tres mujeres paradas juntas, cada una desde el pecho hasta el muslo con coloridas
bufandas. Una fina y oscura niebla oscurecía sus rostros.
En lugar de un saludo, dijo: —Saben por qué estoy aquí. —Debían hacerlo. —
¿Cómo recupero lo que es mío? Me libero del demonio. La corona de Connacht. La
unificación de los clanes. Protección para mi reino. El negro corazón de Sin en una bandeja
de oro. La Princesa Alannah.
Él la tomaría como su pago.
Cuando los vientos se volvieron más violentos, las mujeres preguntaron al unísono:
—¿Cuál es nuestro credo, Puck el Invicto?
Todo Amaranthia aprendía su credo desde la cuna. Nada dado, nada ganado.
Cuanto más personal fuera el regalo, más detallada sería la respuesta.
¿Qué era más personal que su corazón ennegrecido?
Sería incapaz de matar después.
Vale la pena.
Determinado, sacó una daga de una funda en su cintura y empujó la espada en su
caja torácica. La cálida sangre se derramó por su pecho. El dolor devoraba su fuerza con la
misma tenacidad que Indiferencia, quemando cada terminación nerviosa en su cuerpo.
Finalmente, le fallaron las rodillas. Pero incluso mientras caía, continuó saqueando
músculos y huesos. Finalmente, éxito.
Como inmortal, se recuperaría... pronto. Aquí y ahora, su mente permanecería
consciente por un minuto, tal vez dos. Mucho tiempo para obtener lo que necesitaba. Sin le
había enseñado bien: todo el curso de tu vida podría cambiar entre una respiración y otra.
Con un movimiento de su muñeca, el corazón todavía latiente rodó hacia los
Oráculos. Truenos de aceptación resonaron, seguidos por voces, un Oráculo hablando tras
otro.
—Amas nuestro hogar, a nuestra gente, a pesar de tus... limitaciones. Pero lo que se
ha dicho no se puede deshacer. Lo que va a suceder, sucederá.
—Una profecía puede funcionar junto a la otra y lo que fue se puede corregir.
—Para salvarnos a todos, cásate con la chica que pertenece a William El Oscuro...
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ella es la clave...
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—Trae a tu esposa a nuestras tierras y conduce al ser oscuro aquí después. Solo el
macho que vivirá o morirá por la chica tiene el poder de destronar a Sin el Demente.
¿Cuándo se ganó Sin el apodo de “Demente”?
—Solo entonces tendrás todo lo que deseas.
—Pero no olvides las tijeras de Ananke, porque son necesarias...
Juntas, los Oráculos susurraron: —No hay otro camino.
En el silencio que siguió, los pensamientos de Puckgiraron. William El Oscuro.
Nunca había oído hablar de él ni de la chica cuyo macho—viviría o moriría. Los dos debían
ser traídos a Amaranthia, uno después del otro. Muy bien.
Cuando una penumbra pesada jugó con los bordes de su mente, ordenó y estableció
sus tareas.
Encontrar a William El Oscuro. Casarse con la chica que él ama. Guerra contra
Sin.
Una profecía no reemplazaría a la otra. En cambio, las dos trabajarían
conjuntamente. Es decir, William no mataría a Sin, solo lo destronaría. El resto dependería
de Puck.
Nada lo detendría de completar cada tarea. William. Casarse. Guerra. Un día, Puck
usaría la corona de Connacht, salvaría a su gente y uniría los clanes.
Finalmente, la oscuridad dejó de jugar y comenzó a devorarlo, tragándolo por
completo. Él no supo nada más.

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Capítulo 3

Gillian Shaw, AP (antes de Puck)


Menos de 4 días y 32 segundos hasta el cumpleaños

Puedo hacer esto. Puedo hacerlo.


¿Lencería sexy? Lista.
¿Perfume embriagador? Listo.
¿Los dientes cepillados una vez, dos veces por si acaso? Listo y listo.
Gillian Shaw, también conocida como Gillian Bradshaw, Gilly Bradshaw y Jill
Brads, según la identificación que utilizara, caminaba de un lado al otro del dormitorio,
sintiéndose como si fuera una muñeca de porcelana agrietada a punto de romperse. Tengo
casi dieciocho. Puedo hacer esto.
Su estómago dijo: Piensa de nuevo, niña.
No queriendo profanar la alfombra persa, corrió al baño. Justo a tiempo. El
contenido de su estómago se arrojó al inodoro.
Su novio, ¿a quién estaba engañando? Él no era su novio. Todavía. Era un guerrero
inmortal de belleza y poder incomparables, con un bazillion2de años y uno de los nueve
reyes del infierno. O un ex rey. Los títulos inmortales podían cambiar a medida que los
reinos se ganaban o se perdían, y ella había perdido la pista. Lo que ella sabía sin lugar a
dudas: William El Oscuro era un asesino despiadado. Tanto enemigos como amigos lo
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temían y, sin embargo, cuando sonreía, las bragas caían.


Página

El tipo se acostaba con cualquiera. Con un montón. No tenía poder de ponerle pega
a nadie... excepto con Gillian, con quien se rehusaba a irse a la cama.

2 El término se refiere a que William tiene millones de años.


Es hora de enseñarle lo contrario.
Aunque nunca había hecho un movimiento con ella, siempre le había gustado estar
con ella. ¡Claramente! Él bromeaba y se reía con ella de una manera que nunca lo hizo con
nadie más. Esta mañana, había buscado su opinión sobre qué camiseta ponerse. La que
decía “Puedo hacer que la cerveza desaparezca” o “El mejor amigo del mundo”.
¿Comprendía él qué rareza era? ¿Qué riqueza de contradicciones? Era
intransigentemente valiente a la vez que inspiraba terror, feroz pero honorable, con una
brújula moral distorsionada. Dispuesto a cometer actos de maldad indecibles, y sin
embargo, había (pequeñas) líneas que se negaba a cruzar.
Para Gillian, él era la última esperanza.
Debo conquistarlo. ¿Había hecho una amplia investigación en internet? ¿Eligió el
atuendo correcto? ¿Se cepilló los dientes lo suficiente? Uff. Tal vez debería irse a casa,
antes de que él regresara y la encontrara medio vestida en su habitación, y alterara para
siempre el curso de su relación.
Demasiado tarde. Ya estaba alterado.
Hace un tiempo, había estado atado a la cama después de una batalla
particularmente espantosa. En su condición debilitada, no había confiado en nadie más que
en Gillian para estar cerca de él. Mientras ella atendía sus heridas, él admitió que sintió sus
sentimientos por él, y le dijo que solo podían ser amigos, que ella era demasiado joven para
estar con un hombre y entender lo que eso significaba.
Gracias a su padrastro, ella sabía lo que significaba durante años. Había hecho cosas
enfermas y retorcidas que ella no podía contemplar sin rezar por la muerte. También les
había enseñado a sus hijos a hacer cosas enfermas y retorcidas.
Pero día tras día, ella siguió luchando por vivir, de todos modos. Odiaba demasiado
a sus horribles horrorastros3 para dejarlos ganar.
Sintiéndose rechazada por William, ella había intentado evitarlo. La había buscado,
de todos modos, actuando como si nada hubiera pasado. En realidad, no. Eso no era cien
por ciento correcto. Ella había compartido lo peor de su pasado, y él había comenzado a
tratarla como un cristal hilado.
Ahora, había dos Gillians, dos lobos en guerra. Una Gillian que tenía miedo de sus
sentimientos por William, y la otra que solo quería sentir más. Una lo miraba y pensaba: es
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el hombre más aterrador de la Tierra. La otra lo miraba y pensaba: Es el hombre más sexy
de la Tierra.
Página

¡Hablando de un latigazo mental! ¿Qué importaba más, asustadiza o sexy?

3En el original la palabra es Stephorrors, juego de palabras que indica padrastro y hermanastros,
de ahí el término usado en español.
Umm ¿Qué tal ninguna de las dos? Él era agradable, la única cualidad que
importaba.
Últimamente, sin embargo, había estado pasando cada vez menos tiempo con ella.
¿Y si se cansó de ella? ¿Y si se deshizo de ella? ¿Qué si él la abandonaba?
Solo había una manera de mantener a un hombre interesado en una mujer...
Su estómago se retorció. Estás demostrando su punto. No estás lista. Esto no es
correcto.
No. ¡No! ¿Escucho miedo? No más. Esta noche tomaba el control de su destino y
demostraría que podía satisfacer todas las necesidades de Liam.
Gillian se roció la cara con agua y miró su reflejo en el espejo. Ojos oscuros y
embrujadores la miraron y ella frunció el ceño. Nadie, en este mundo ni en ningún otro,
había odiado sus ojos más de lo que ella los odiaba.
¿Quieres que deje de tocarte? Entonces di a esos bellos ojos que dejen de suplicar
por más.
Un sudor frío le caía sobre la frente, y su estómago amenazaba con rebelarse por
segunda vez.
De acuerdo. Entonces. Garantizado, iba a enloquecer esta noche.
—Mereces la molestia, —murmuró. —Y Liam también.
Con su amabilidad y gentileza, se había ganado su confianza, lealtad y amor. Y por
algún milagro de milagros, ella también se había ganado el suyo. Él debía confiar en ella y
amarla, a pesar de su rechazo hacia ella. ¿Por qué, sino le hizo una fiesta privada de pre-
cumpleaños ayer y la sorprendería con un auto nuevo? Un Mercedes-Benz S600 Guard,
para ser exactos.
Según sus envidiosos compañeros de clase, era el vehículo más seguro del mercado
porque podía resistir disparos de francotiradores, granadas propulsadas por cohetes y
proyectiles de alta velocidad. Ah, y había costado seiscientos mil dólares, una cantidad
absolutamente obscena de dinero. Pero William era un sabio hombre de negocios, además
de todo lo demás y tenía montones de dinero de sobra.
¿Pero la cosa que valía más para ella que el Mercedes? El folleto de cupones hecho
a mano que él le había dado. Dentro había entradas para desafíos de videojuegos nocturnos,
cenas en cualquier parte del mundo y una extravagancia de compras mientras él cargaba su
24

bolso.
Página

También había veinte cupones para “la cabeza o el corazón de un enemigo”.


¿Pero aún mejor que todo eso? Había captado la charla ociosa entre el grupo de
amigos que compartían. ¡William consideraba a Gillian su compañera destinada!
El problema era que seguía viendo a otras mujeres.
Tengo que ganarlo ahora, antes de que se enamore de otra persona.
Un poco temblorosa sobre sus pies, Gillian usó el cepillo de dientes de repuesto
para frotar su boca por tercera y cuarta vez. El me ama. Él siempre me amará.
Seguramente.
No hace mucho tiempo, había salido con algunos chicos de su escuela. Ella había
estado incómoda pero decidida a divertirse. Pero, cuando todos se emparejaron, dejándola
sola con uno de los muchachos, entró en pánico. ¿Qué pasaba si él hacía un movimiento
sobre ella? Justo cuando pensaba que podría romperse, William había aparecido.
—No la tocas. Jamás. —Él había dicho, su voz era pura amenaza. —Lo haces, te
mueres.
A diferencia de su padrastro, él la protegió. Era una luz brillante en una vida
rodeada por la oscuridad.
Con él, ella casi se sentía normal.
Gillian necesitaba sentirse normal. Muchas chicas de su edad estaban emocionadas
de descubrir los “placeres” del sexo. Pero ella ya despreciaba el acto. Los olores, sonidos y
sensaciones. El dolor, la humillación y la impotencia.
¿Qué pasaría si William pudiera presentarle esos placeres?
Su teléfono vibró. ¿Un mensaje de William? Esperanzada pero también llena de
terror, miró la pantalla. Keeley.
Pregunta rápida. No hay una respuesta incorrecta. Si fueras
una reina, como yo, y alguien hiciera algo para lastimarte y
salvarte, ¿lo perdonarías o lo matarías?
Keeley la Reina Roja era una Curator encargada de custodiaral mundo, sacando
fuerza de la naturaleza. Llamaba a su mente un tablero de corcho porque había vivido tanto
tiempo y tenía tantos recuerdos atascados en su cerebro. No solo del pasado, sino también
del futuro. O un futuro que una vez había visto pero que había olvidado. Ahora estaba
recordando, su matrimonio con Torin ayudándola a alcanzar la claridad mental.
Por alguna razón, había decidido tomar a Gillian bajo su protección y entrenarla
para que fuera de la realeza con lecciones que se presentaban como una “pregunta rápida”.
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Gillian respondió: ¿Esas son mis únicas opciones? ¿Matarlo o


perdonarlo? Bien. Te seguiré el juego. Pero antes de que pueda
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emitir un veredicto, necesitaré más información. ¿Qué hizo esta


persona para lastimarme?
Keeley: ¿Quién sabe? Yo no estaba allí.
Todavía necesito más información.
Keeley: Respuesta incorrecta. Debes perdonarme. Me refiero a
él. ÉL. De lo contrario, la amargura crecerá como una hierba y
ahogará toda alegría. Ahora, entonces. Espero que hayas disfrutado
esta lección sobre la supervivencia del maravilloso mundo de la
inmortalidad de la profesora Queen KeeKee.
¿¿¿TE perdono??? ¿Qué hiciste, K? ¿O qué vas a hacer? ¡Dime!
Keeley:☺☺☺¡Te amo, mi dulce y pequeña ser no humana!
¿No humana? A veces no había manera de comprender a la Reina Roja.
Con un bufido, Gillian guardó su teléfono en el bolsillo y vio su reflejo, esos ojos.
Recordaba por qué estaba en el departamento de William, y el miedo aniquiló su diversión.
Los contras de hacer esto esta noche: (1) podría seguir vomitando, (2) si fracasaba,
tal vez no reuniera el coraje para volver a intentarlo, y (3) no hacer nada podría significar
perder la amistad de William.
Los pros: (1) ella lo había elegido por su propia voluntad, (2) había planeado el
encuentro, y (3) ella controlaría todo lo que sucediera. Sin importa el qué, el sexo con él
sería diferente. Diferente significaba mejor.
¿Y qué pasaría si los recuerdos de William eclipsaran los recuerdos de su padrastro?
¿Qué pasaría si William la ayudara a deshacerse de toda la culpa, la vergüenza y el odio
hacia sí misma que se había enterrado en su corazón y enraizado?
Ella ya no sería un caparazón de sí misma. Ella recuperaría la confianza. El odio
dentro de ella se drenaría. Nunca más se sentiría aplastada por la vida.
Su teléfono sonó. Un rápido chequeo de pantalla la hizo gemir. Torin.
¿Dónde estás?
Torin, otro amigo inmortal, recientemente se había enganchado a Keeley. Era un
buen tipo, amante del sarcasmo.
Gillian envió un mensaje de texto: fuera. ¿Por qué?
Torin: ¿Por qué más? Porque me gusta asegurarme de que tu boca
sabelotodo esté salvo.
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Sus dedos volaron sobre el teclado. O le prometiste a William que me


controlarías mientras él está fuera.
Página

Torin: Eso, también. Ahora volvemos a los negocios. ¿Fuera


dónde?
De ninguna manera ella mentiría. “Mentir” era el único idioma que hablaban sus
horrorastros. Pero de ninguna manera Gillian le diría a Torin la verdad completa tampoco.
Ella escribió: Estoy en mi apartamento, papá. Gracias por
preguntar.
Tenía un departamento propio al lado del de William. Técnicamente, su
apartamento también le pertenecía a él, ya que pagaba por ambos, pero lo que le pertenecía
a él, le pertenecía a ella, ¡así lo había dicho! ¡Dos veces!
Torin: Como que no puedo rastrear tu ubicación exacta, cariño.
Vete a casa. Lo que sea que estés planeando, es una mala idea.
Horrible. Terrible. ¡La peor!
¡Qué! ¿Él sabía? Temblando peor que antes, ella apagó su teléfono. Esta era una
gran idea. Tal vez la mejor que haya tenido.
Respira. Sólo respira. Todo estaría bien. William tenía experiencia. Mucha
experiencia. Sus amigos no lo llamaban William El EternoCachondo y Libera a Willy por
nada. Él se aseguraría de que Gillian se divirtiera lo mejor posible. ¿Cierto?
Maldita sea. ¿Dónde estaba él? ¿Qué estaba haciendo?
Ella recordó la primera vez que se conocieron.
Desesperada por escapar de sus horrorastros, había robado dinero y comprado un
boleto de autobús desde Nueva York a Los Ángeles. Allí, había conseguido un trabajo en el
único lugar dispuesta a contratarla. Un restaurante de mala calidad donde los hombres
como sus horrorastros habían tratado regularmente de ordenar una “comida de final feliz”.
Entonces había llegado Danika Ford, una luchadora inteligente de la calle que tenía
la habilidad sobrenatural de ver el cielo y el infierno. Danika había estado huyendo de un
grupo de inmortales poseídos por demonios conocidos como los Señores del Inframundo,
cada uno más aterrador que el anterior. Allí estaban París, anfitrión del demonio de
Promiscuidad. Sabin, anfitrión de Duda. Amun, Secretos. Aeron, Ira. Reyes, Dolor. Cameo,
Miseria. Strider, Derrota. Kane, Desastre. Torin, Enfermedad. Maddox, Violencia. Lucien,
Muerte. Gideon, Mentiras.
Contra todo pronóstico, Danika se había enamorado del Sr. Dolor. La feliz pareja
invitó a Gillian a mudarse a Budapest con ellos, y debido a que había estado lidiando con
un super espeluznante miedo, pasando todas las noches presionada contra la puerta de su
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casa, con un bate de béisbol listo, pensó: ¿Por qué diablos no? Sus horrorastros nunca
podrían encontrarla en el extranjero.
Página

Excepto que, en el momento en que ella llegó, sintió como si hubiera ido de mal en
peor. Había tenido demasiado miedo de sus nuevos compañeros de cuarto como para
dormir, y había acampado en la sala de entretenimiento, una ubicación central con
múltiples salidas.
Un día, William se dejó caer en el sofá y dijo: —Dime que eres hábil en los
videojuegos. Todos los demás apestan y yo necesito un desafío.
Durante meses, habían jugado videojuegos a todas horas del día, y ella se había
sentido como una niña por primera vez en mucho tiempo. Pasó de odiar a todos los
hombres a amar a uno cuando una amistad improbable floreció. Rápidamente se convirtió
en lo más importante, atesorado y maravilloso de su vida. La persona con la que contaba
más que todos los demás.
Las bisagras chirriaron cuando la puerta de entrada se abrió y se cerró.
¡William había regresado!
Con el corazón latiendo fuertemente contra sus costillas, corrió al dormitorio. Los
pasos resonaron desde el vestíbulo. Aunque sus piernas se sentían como gelatina, el aire
silbaba entre sus dientes, y se balanceaba en los tacones altos, hiso una pose, colocando una
mano en un poste de la cama y la otra en la cadera.
William entró a zancadas en el dormitorio, sosteniendo la mano de otra mujer.
La humillación congeló la sangre de Gillian, los temblores casi la derribaron. La
mujer era tremendamente encantadora, tan oscura como Gillian era de pálida, y
probablemente inmortal.
Cuando William vio a Gillian, se detuvo en seco. Mientras su mirada la recorría y se
estrechaba, ella tuvo que luchar contra el impulso de mirar hacia abajo y ocultar sus ojos.
—No deberías estar aquí, —dijo él, su voz fría y dura y aterradoramente calmada.
El tipo de tono que sospechaba que usaban los asesinos. —Te di la llave de repuesto para
emergencias, muñeca. No…para esto.
—No acepté un trío, Will. —La otra mujer sonrió brillantemente. —Pero estoy
totalmente metida en ello. ¡Hagámoslo!
Alguien que me mate. Por favor.
William señaló a Gillian y le gritó: —No te atrevas a moverte. —Luego sacó a la
belleza de la habitación, a pesar de sus protestas.
Gillian presionó sus manos sobre su corazón galopante. ¿Debería correr?
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No. Absolutamente no. Las chicas escapaban y las mujeres luchaban por lo que
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querían.
Un fuerte golpe resonó. Los pasos sonaron de nuevo. Cuando William reapareció en
la entrada, solo, Gillian había dejado de intentar pararse y se dejó caer en el borde de la
cama.
Silencioso, se dirigió hacia su armario. Cuando salió, él le puso una bata de seda
rosa sobre los hombros y la obligó a pasar los brazos a través de los agujeros.
Definitivamente no era su bata. ¿Le pertenecía a una de sus muchas mujeres?
Vulnerable al máximo, Gillian lo observó a través del grueso escudo de sus
pestañas. Era tan hermoso, con cabello negro azabache, piel bronceada y ojos del color de
un cielo matutino. Era el hombre más alto que ella conocía, así como también el más fuerte.
— ¿De qué se trata, muñeca?—Él permaneció frente a ella, con sus musculosos
brazos cruzados. Al menos ya no parecía un asesino. — ¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora?
—Porque... ¡solo porque sí!
—No es suficiente.
—Porque...—Solo hazlo. Díselo—.Porque los hombres necesitan sexo, y no hay
mejor manera de mantenerlos interesados. Y también porque te deseo a ti. —Tal vez.
Seguramente. — ¿Tú también me deseas?
Él trazó su lengua sobre sus dientes. —No estás listas para la verdad.
—Estoy lista. —Ella saltó para agarrar el cuello de su camisa. —Por favor.
—Tu familia se llevó algo precioso de ti, —dijo, haciendo palanca para soltar sus
dedos, su agarre firme sin magullarla. —No haré lo mismo.
—No lo harás. Al estar conmigo, me ayudarás a olvidar. — ¿Mendigando ahora?
Una nueva mancha de humillación se extendió por sus mejillas. —Somos compañeros
destinados. ¿No es así?
La mirada que él le dio... tan gentil, tan tierna que la devastó. —No quiero una
compañera destinada. Estoy maldito, recuerdas.
Sí. En el momento en que se enamorara, un interruptor supuestamente se pondría
sobre su amante dama, y ella haría todo lo posible para asesinarlo.
Poseía un libro con una descripción detallada de la maldición, y posiblemente una
clave para romperlo. El problema era que esos detalles estaban escritos en algún tipo de
código, con símbolos extraños y acertijos extraños. Hasta el momento, nadie había sido
capaz de descifrar nada. Pero lo harían.
—Tienes el libro. Tienes esperanza. —Tenemos un futuro.
—No voy a correr ningún riesgo con mi corazón, ni emocional ni físicamente. —La
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mirada fija con la suya, jugueteó con un mechón de su cabello. —Un día, sin embargo,
Página

estaremos juntos. Un día pronto. Cuatro días, de hecho. Entonces me aseguraré de que estés
lista.
Comprensión: planeaba acostarse con ella, al igual que se había acostado con tantas
otras. Cuando su relación fracasara, y él claramente esperaba que se esfumara, ¿Qué
harían? ¿Volver a su amistad como si nada hubiera pasado?
Al menos lo tendré en mi vida.
Soy patética. —Yo... tú... no importa. Me voy a casa.
Sus grandes manos enmarcaron su rostro, manteniéndola inmóvil en su lugar. El
miedo se arrastró por su espina dorsal. El tipo con el que, había vivido 24 horas al día, 7
días a la semana en Nueva York.
Deja tus manos donde las puse, muchacha bonita, o te las romperé.
Sus pulmones se contrajeron, lo que hizo que fuera imposible respirar.
—Está bien, muñeca. Cálmate. —William se pasó los dedos por el pelo. —Toma
una respiración profunda para mí.
Abre tu boca para mí.
Gillian estalló, golpeando a William. —Déjame ir. Tienes que dejarme ir. —
Mientras sus puños ensangrentaban su nariz y le cortaban el labio, ella no tenía orgullo. Sin
más ambición que escapar. —¡No me toques! ¡Tienes que dejar de tocarme!
—Shh. Shh. Te tengo. —Él tiró de ella contra la línea dura de su cuerpo y envolvió
sus brazos alrededor de ella, manteniéndola cautiva. —No dejaré que te pase nada malo, lo
juro.
Aun así, ella luchó. Él solo la abrazó más fuerte.
Finalmente, sus fuerzas se debilitaron y ella se recostó contra él. Los sollozos la
atormentaron.
—Te ayudaré a superar esto, —dijo—, pero esta noche no. Con nosotros, el sexo no
será un vendaje para ocultar una herida.
Ella se puso rígida, abrió la boca y la cerró de golpe. ¿Por qué él no lo podía ver?
Ella necesitaba un vendaje. De su herida se filtraba el veneno. Un día pronto, la mataría.
Pero él tenía razón sobre una cosa. Ella no estaba lista para el sexo.
Tacha eso. Puede que ella nunca estuviera lista. Sus horrorastros la habían
arruinado. Porque, si no podía mantener la calma con William, el hombre en el que
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confiaba por encima de todos los demás, no podía mantener la calma con nadie.
Gillian hizo lo único que pudo, y puso el sexo en su lista de nunca jamás. Nunca lo
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aceptes, nunca lo consideres


No hay esperanza. Un sonido desgarrador y roto la dejó. Del tipo que los animales
heridos hacían justo antes de morir.
—Un día, mi tonta Gilly Gomita, recordaremos esta noche y nos reiremos, —dijo
William, aún tan amable, tan tierno. —Ya lo verás.
—Quizás tengas razón. —Rezó para que él tuviera razón.
—Soy el hombre más sabio que haya pisado la Tierra, —dijo con un guiño. —Lo sé
todo.
No, no todo. No sabía la clave para romper su maldición.
—Un día no es ahora, —graznó ella. Esta vez, mientras luchaba por liberarse de su
abrazo, la dejó ir. —Me gustaría ir a casa.
—No te avergüences, —dijo él. —No conmigo. Fingiremos que esto nunca sucedió.
De hecho, ya está borrado de mi memoria. Continuaremos como antes. —Él tomó su mano,
de la misma manera que había tomado la mano de la otra mujer, y otropedazo del corazón
de Gillian se marchitó. —Encendamos algunos videojuegos y hagamos una pequeña
matanza de zombies.
—No.—Ella negó con la cabeza, mechones de cabello golpeando sus mejillas. —No
te preocupes por mí, ¿de acuerdo? Somos amigos. Siempre seremos amigos. Yo solo...
necesito estar sola ahora mismo.
—Muñeca…
—Por favor, Liam.
La mirada que él le dio le rompió su corazón ya roto.
Mañana, volverían a los negocios como de costumbre, y ella seguiría viviendo
media vida, temerosa de los hombres y del sexo y tal vez incluso la felicidad. Esta noche
ella lloraría.

31
Página
Capítulo 4

Tres días después

Así que. Esta es la mujer por la que William El Oscuro viviría o moriría.
Puck se agachó en la barandilla de un balcón del siglo XVIII, al estilo de una
gárgola, y se asomó a un espacioso apartamento con solo dos ocupantes. William El Oscuro
y Gillian Shaw.
Pronto ella sería Gillian Connacht.
William. Casarse. Guerra.
Ahora que Puck había encontrado a William, su tarea cambió: Cásate con la chica,
llévala a Amaranthia, regresa por el hombre. Casarse. Llevar. Regresar.
¿Quizás debería dejar de mirar a la mujer primero?
Imposible.
Mientras el demonio gruñía con disgusto, Puck bebió de la oscura cascada que caía
en ondas de seda de su cabello y los ojos de color whisky de Gillian. Ojos seductores llenos
de yescas. Un día, un macho encendería su cerilla, y ella ardería por él, y solo él.
La impecable piel dorada y los labios rojos como la sangre no hicieron sino
aumentar su atractivo, convirtiéndola en la encarnación de una princesa de cuento de hadas.
Mi princesa.
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Puck se mordió la lengua, debería haber probado la sangre, pero debido a


Página

Indiferencia, no probó nada. No se podía negar la verdad. Estar cerca de la mujer con la que
planeaba casarse vino con una complicación inesperada. ¿Indiferente? Apenas. Ella
despertó sus instintos más posesivos.
Pronto ella le pertenecería. Ella sería su primera y única “mía”, sin ser realmente
suya.
Debo controlar mis pensamientos sobre ella, o lo arruinaré todo.
Sintió como si hubiera estado observando a Gillian durante días, incluso semanas,
como si la conociera, y sin embargo, se maravilló de cada nuevo detalle que aprendía. Ella
era sorprendentemente humana, con un espíritu amable y un aura de bondad. Su sonrisa
seductora era contagiosa, las raras veces que la revelaba.
Principalmente estudiaba a las personas y al mundo que la rodeaba, de alguna
manera presente y desapegada, mientras irradiaba hasta los huesos una profunda tristeza.
Habían pasado demasiados siglos desde que Puck había experimentado una
emoción tan sincera. Antes de su posesión, él podría haber simpatizado con ella, -
cualesquiera que hayan sido sus problemas-, y tratado de mejorar las cosas. ¿Ahora? Él la
usaría sin dudarlo. Él debía hacerlo.
La Guerra antes que una mujer.
—Me necesitan en otro lugar, —dijo William, y la besó en la mejilla.
Puck examinó su competencia por los afectos de la hembra: de metro noventa y
ocho, de complexión sólida, pelo negro, ojos azules, apuesto si te gustaba la perfección, y
pronto tendría una nariz rota si volvía a besar a la futura novia de Puck.
Bofetada interna. Para lograr sus objetivos, Puck necesitaba tanto la cooperación de
Gillian como la de William.
—Hades requiere mi experiencia para destruir el palacio más nuevo de Lucifer, —
continuó William.
Lucifer. El hermano mayor del hombre.
Gillian frunció el ceño. Pronto ella sonreiría. Alrededor de William, sus estados de
ánimo tendían a cambiar rápidamente como si ella quisiera sentirse de una manera, pero él
la hacía sentir de otra.
—No, tú te quedarás aquí. —Su voz, incluso entrelazada con un hilo de ira, tenía el
poder de seducir.
No era de extrañar que William se hubiera enamorado de ella, y no de otra.
Puck había encontrado al hombre hace cientos de años atrás, no mucho después de
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que los Oráculos hablaran su profecía. En aquel entonces, William no había amado a nadie
Página

más que a sí mismo, obligando a Puck a esforzarse para obtener las tijeras de Ananke.
Eran de la diosa de los lazos, y los rumores decían que sus tijeras podían cortar
cualquier vínculo espiritual, emocional o físico sin consecuencias. Por supuesto, los
rumores también afirmaban que el artefacto cortaba más de lo que el usuario esperaba.
¿Qué era verdad? ¿Qué era mentira?
Al principio, Puck había contemplado usar las tijeras para cortar su vínculo con el
demonio. La criatura se había convertido en parte de él, otro latido del corazón que
necesitaba para sobrevivir. Deshacerse de él sin penalización... ¿podría haber algo mejor?
¿Por qué si no los Oráculos le ordenarían que buscara las tijeras?
Pero, si usar las tijeras con Indiferencia había sido la respuesta al dilema de Puck,
¿por qué darle instrucciones de casarse con Gillian y reclutar a William?
¿Qué pasaría si las tijeras cortaban la conexión de Puck con Indiferencia, pero
también con sus emociones? Él estaría en peor forma que antes. ¿Qué pasaba si él usaba las
tijeras y moría? El artefacto podría considerar la muerte como una bendición en lugar de
una consecuencia.
Demasiados riesgos
Al final, Puck optó por seguir con su plan original y trabajar con William.
Ayúdame a derrotar a mi hermano. A cambio, me divorciaré de tu mujer y te la
devolveré.
Puck volvió su mirada hacia la Gillian de cabellos oscuros. Ella tenía pechos
exuberantes. Un estómago plano y caderas redondeadas. Las piernas largas estaban
destinadas a envolver la cintura de un hombre: mi cintura.
Su corazón latió con renovada determinación, como si el órgano hubiera vuelto a la
vida, a pesar de que nunca había muerto. Como si dijera, la he estado esperando.
Sus oídos sonaron cuando su sangre se convirtió en combustible. Él chisporroteaba,
anhelante y ansioso, y se disparaba tan duro como una roca, su erección se tensó contra su
cremallera.
Quieres tocar su piel. ¿Ella lo quemaría vivo? Qué manera de morir.
Quieres besar esos labios rojos y regordetes. ¿Sabría tan dulce como el azúcar,
como sospechaba? Debía saberlo.
¿Tenía ella el poder de hacerlo correrse? Realmente debo saberlo.
Él rechinó los dientes. Las respuestas no importaban. Necesitaba utilizar su famoso
control.
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Demasiado tarde. Indiferencia ya se arrastraba por su mente, haciéndolo sentir como


si estuviera sangrando internamente.
Página

Tiempo para el hielo. Puck vaciló... luego emitió la llamada.


Hoy en día, casi siempre dudaba en usar la magia para poner sus pensamientos y
sentimientos en un congelamiento literal. No porque usar la magia fuera de Amaranthia
requería un impulso extra de energía, sí, sino porque se convertía en un asesino salvaje sin
misericordia ni arrepentimiento.
¿Como si no hubieras sido un asesino salvaje antes?
No se ablandaría hasta que el hielo se rompiera o se descongelara, un proceso que
no podía controlar. En cambio, tenía que esperar que algo o alguien pinchara una emoción
lo suficientemente fuerte como para romperse, o lo suficientemente caliente como para
quemarse.
Si el hielo permanecía, podría perder interés en sus objetivos.
Vale la pena el riesgo. No podía cumplir sus objetivos si Indiferencia lo debilitaba.
La congelación profunda lo insensibilizó, como se esperaba, pero no tan rápido ni
tan densamente como de costumbre. Las capas eran demasiado delgadas, sus emociones
demasiado fervientes como para negárselas, todo por su cuenta.
Lo suficientemente ferviente como para experimentar una resaca emocional que lo
dejó con dolor de cabeza y agitación en el estómago.
Él invocó más hielo. Más, todavía.
Ahí. Mejor. Incluso la resaca desapareció.
Podía encontrar a la chica fascinante, pero ¿y qué? Ella era un medio para un fin,
nada más.
Una vez que Sin hubiera sido destronado, Puck se casaría con otra persona y, con su
amada reina a su lado, finalmente mataría a su hermano, cumpliendo así ambas profecías.
Gillian ancló sus manos en sus caderas, sus pechos se tensaron contra su camisa.
Con el hielo en su lugar, Puck no tuvo reacción. Excelente. —Sea cual sea la nueva y
brillante guerra que esperas comenzar, puede esperar, —le dijo a William.
El hombre le ofreció un gruñido falso. —Tú no eres mi jefe.
—Lamento diferir. —Con la cabeza en alto, ella sacó un pedazo de papel arrugado
del bolsillo de sus vaqueros. —Estoy canjeando uno de mis cupones. El derecho a... ¿qué?
Mandar sobre ti por veinticuatro horas consecutivas.
William se encogió de hombros y lanzó un suspiro de derrota. —Dale un libro de
cupones, dijeron. Es divertido y creativo, dijeron ellos.
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Ella rio con una risa encantadora, probando las sospechas de Puck y rompiendo su
hielo que tanto esfuerzo le costó lograr, así como así.
Página

Ella podría ser humana, pero también era una hechicera, y más peligrosa que
cualquier enemigo que haya enfrentado.
Por lo general, evitaba las distracciones, pero ahora necesitaba una y permitió que
su mente divagara...
¿Qué pensarían sus amigos de Gillian?
Durante su búsqueda de las tijeras, conoció a hermanos poseídos por demonios.
Cameron, guardián de Obsesión, y Winter, guardiana de Egoísmo. Habían entendido su
situación y se ofrecieron a ayudar. Es decir, Cameron se había obsesionado con la misión
de Puck, y Winter había decidido que podía resolver la situación a su favor.
Cada dificultad que habían soportado pronto daría sus frutos.
Sonó el timbre, devolviendo a Puck de vuelta al presente.
Con un aura embriagadora de inocencia y maldad, Gillian parpadeó sus largas
pestañas negras hacia William. —Sé un cordero y dales la bienvenida a nuestros invitados.
Murmurando en voz baja, El Eterno Cachondo se dirigió hacia la puerta, la abrió.
Diferentes inmortales entraron al apartamento. Entre ellos, Arpías, un Enviado, una diosa y
doce guerreros poseídos por demonios como Puck. Se intercambiaron abrazos y le dieron
regalos a Gillian.
¿Una celebración de cumpleaños?
—No, no, no, —dijo una pequeña rubia mientras entraba al vestíbulo. —Aún no.
Esto es solo una pre-celebración. ¿O es post-pre-celebración ya que William ya lanzó una
pre-celebración? ¡De todas formas! La verdadera fiesta es mañana. Tal vez. Pero
probablemente no.
—Keeleycael, —dijo William con un gesto de saludo. — ¿Puedes hacerme un
favor y guardar la locura hoy?
Ella le lanzó un beso. —Pero si estoy hablando con tu competencia. Alerta de
spoiler. ¡Él gana!
—Estaría enojado contigo por atreverte a mentirme, —respondió William con un
tono tranquilo—, como si yo tuviera competencia.
Puck frunció el ceño. ¿Keeleycael, la Reina Roja? Las sospechas bailaron dentro de
su cabeza, la tensión tensó cada uno de sus músculos, el hielo se resquebrajó una vez más.
Mientras Indiferencia gruñía, Puck ignoró su reticencia habitual y convocó otra capa
de frío desinterés. ¿Y qué si ella era la misma Keeleycael que le había dado la pequeña caja
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enjoyada a Sin? ¿Qué le importaba a Puck?


Página

Keeleycael mordió la oreja de un guerrero, Torin, el guardián de Enfermedad, antes


de susurrarle algo a William.
Puck recogió solo un puñado de palabras. —Peligro... esperando... plan para
eliminar...
William frunció el ceño, su cuerpo se puso rígido. — ¿Estás segura?
La rubia asintió, inflexible. —Tus enemigos planean matarla.
¿A-su-Gillian?
La furia latía de William mientras él se acercaba al lado de la chica y la conducía a
un rincón privado. —Algo terrible ha surgido. Necesito irme por una hora, quizás dos.
Déjame ir sin protestar o exigir detalles, a pesar del cupón, y te lo compensaré. Lo juro.
La decepción brilló en sus ojos oscuros, pero ella asintió. —Por supuesto. Haz lo
que necesites hacer.
—Gracias. —Pellizcó su nariz antes de destellar, moviéndose de un lugar a otro con
solo un pensamiento ¿Dónde se había ido?
Puck se quedó quieto, observando a Gillian. Pasaron las horas asignadas, pero
William nunca apareció. Finalmente, los demás se despidieron y salieron del apartamento,
hasta que solo Keeleycael se quedó.
¿Debería acercarse Puck? Tal vez no tuviera otra oportunidad de hablar con Gillian
sin William cerca. ¿Pero qué diría él?
Hace siglos, me dijeron que eres la clave para destronar a mi hermano. ¿Cásate
conmigo?
—Pregunta rápida, —le dijo Keeleycael a Gillian.
—Keeley, —la chica respondió con un gemido. — ¿Tenemos que hacer esto ahora?
Keeley. Un apodo.
—Debemos, —dijo la mujer de cabello pálido. — ¿Cuál es tu mayor deseo?
— ¿Además de una sociedad gobernada por mujeres donde los hombres son
mascotas?
—Obviamente. —Pensativa, la rubia golpeó una uña afilada como una navaja
contra su barbilla. —Voy a guardar ese deseo en particular para tu cumpleaños de ocho
siglos.
Gillian resopló. — ¿Ocho siglos? Por favor. ¿Pero sabes lo que realmente quiero?
Ser más como tú. Tan fuerte. Tan valiente. Tan... libre.
Puck almacenó cada “deseo” en un archivo mental etiquetado como Esposa.
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¿Formas de ganársela? Haz que se sienta fuerte, valiente y libre.


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—Ding, ding, ding. Respuesta absolutamente correcta, así que adelante y


considérame tu hada madrina. —Keeley sacó un pequeño frasco de líquido de un cordón de
cuero que colgaba de su cuello. —Aquí. Bebe esto y dame las gracias más tarde.
Las cejas de Gillian se unieron. — ¿Qué es?
—Menos hablar, más beber. Hasta el fondo. Y feliz dieciocho cumpleaños,
pequeña. Esto va a hacer que todos tus sueños se hagan realidad... sueños que ni siquiera
sabes que tienes. De nada. —Keeley instó a Gillian a que se llevara la mano a la boca,
incluso la ayudó a inclinar el frasco, vertiendo el contenido por la garganta de la chica. —
No te negaste a beber, así que no morirás, conduciendo a William hasta su muerte. ¿O ya
murió? Espera. Estoy confundida.
— ¿William va a morir? —Gillian graznó.
— ¿No estabas escuchando? Él no lo está. Ahora. Podría cambiar mi tonada en
otros quinientos años más o menos.
Puck olisqueó el aire y frunció el ceño. Olio el perfume de una poderosa poción
destinada a convertir a un humano en un inmortal. Una rara poción, que se creía que estaba
extinta.
Mientras Keeley continuaba balbuceando tonterías, Gillian se quedó quieta. El color
desapareció de sus mejillas. El sudor perlaba su frente, y ella se agarró el estómago. —
Keeley, ¿qué me diste…? —Sus ojos se abrieron cuando jadeó.
Gimiendo ahora, salió corriendo de la sala de estar. Puck saltó a la repisa de la
ventana siguiente, sin querer perderla de vista, ni siquiera por un segundo. Se detuvo en el
baño, donde vomitó.
Demasiado débil para pararse, ella colapsó en el suelo. Gimiendo, cerró los ojos y
se enroscó en sí misma.
Keeley la siguió, diciendo: —Estoy cien por ciento segura de que estoy un noventa
y tres por ciento segura de haberle dado la dosis correcta. Hmmm. Tus síntomas son...
bueno, no estoy satisfecha. ¿Quizás tengamos que ir con el Plan B?
El impulso de estrellarse contra la ventana bombardeó a Puck. Él recogería a la
chica en sus brazos y... ¿qué? ¿Qué podría hacer él para ayudar? ¿Cómo se podía cuidar a
un enfermo mortal, casi inmortal?
Los soldados en Amaranthia se veían obligados a atender sus propias dolencias y
heridas con magia. Si no eras lo suficientemente fuerte como para recuperarte sin ayuda, no
merecías vivir.
No importaba. No había necesidad de ayudarla. Keeley parpadeó justo cuando
William irrumpió en el baño.
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Al ver a Gillian, su preocupación fue palpable. — ¿Qué pasa?


Página

Puck se pasó la lengua por los dientes mientras su tatuaje de mariposa se movía,
como una serpiente que se desliza hacia un nuevo escondite. Desde su pecho, a su espalda,
a su muslo. Al igual que había vagado por Amaranthia, sin rumbo fijo, el demonio vagaba
por los contornos de su cuerpo cada vez que Puck experimentaba algún tipo de emoción
que cambiaba su vida.
¿Qué emoción transformadora experimentaba ahora?
Una rápida mirada debajo de la superficie del hielo reveló... ¿compasión y envidia?
No quiero nada, no necesito nada.
Además, William no estaba a la altura de Puck de ninguna manera. A pesar de la
desventaja de Puck, era más fuerte, más rápido y mucho más capaz.
La verdad era la verdad.
—E-enferma, —susurró Gillian con voz quebrada. —Duele.
—No te preocupes, —dijo William. —Yo Cuidaré de ti. Me encargaré de todo. —
Extendió una mano que de repente brillaba con poder.
Puck hizo una doble toma. William tenía runas. Pergaminos dorados que se
trenzaban desde las yemas de sus dedos hasta su muñeca, un conducto para cualquier magia
que poseyera.
Con un solo movimiento de su mano, cortó una grieta en el aire, abriendo una
puerta entre dos reinos diferentes. A través de la entrada, Puck vio... ¿una pared de piedra?
—Voy a arreglar esto, tienes mi palabra. —Suave, tan gentil, el guerrero tomó a la
belleza de cabello oscuro en sus brazos y la llevó a través de la puerta.
Justo antes de que se cerrara, Puck irrumpió por la ventana, rompiendo vidrios,
corrió por la habitación y se zambulló.

39
Página
Capítulo 5

Puck rodó hasta detenerse. Cuando se enderezó, estudió su nuevo entorno. Una
cueva fuertemente custodiada por guardas, un tipo de magia protectora derivada de
símbolos. Estas barreras particulares se configuraron para reaccionar a las intenciones de un
invasor. ¿Entras furtivamente en el reino? Perderás tus ojos. ¿Tienes una violación en
mente? Perderás tu polla. ¿Listo para cometer asesinato? Despídete de tu cabeza.
También había un conjunto de pupilos para alertar a William sobre la aparición de
un recién llegado. Por primera vez, Indiferencia, le sirvió a Puck; las salas lo trataban
como lo harían con un animal salvaje, ignorándolo.
Fuera de los confines de la cueva, descubrió un paraíso tropical. Palmeras amarillas,
cargadas con fruta. Un cielo blanco. Millas de agua rosa. Las olas lamían la reluciente arena
blanca y púrpura, el aroma de la sal y el coco cubrían una suave brisa.
Siguió a William hasta una casa extensa, donde grandes pájaros con pico de metal y
garras custodiaban el perímetro. Una vez más, Puck no fue considerado una amenaza y lo
ignoraron.
El inquieto William no tenía idea de que lo habían seguido.
¿Ves, Gillian? Soy el mejor guerrero.
Al encontrar una alcoba sombreada en un balcón, Puck observó a través de una
ventana cómo William colocaba a la morena sobre una enorme cama y le limpiaba
tiernamente la frente con un trapo.
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—No es así como pensé pasar tu semana de cumpleaños, muñeca. Necesitas ponerte
bien. —Había remordimientos en la voz del hombre. —Mañana se supone que es el
Página

comienzo... bueno, no importa ahora. —Rozó su mandíbula con los nudillos y dijo: —
Volveré.
Una protesta leve se le escapó antes de que él se fuera.
Pasó un minuto, dos. Devastada por la fiebre, Gillian se revolvió. Puck se quedó
atrás, inundado de anhelo... ¿simpatía?
Con una maldición, se enfocó hacia adentro para fortalecer el hielo alrededor de su
corazón. Había tenido suficiente emoción, suficiente indiferencia.
¿Cómo la chica lo afectaba tan fuerte y tan rápido, de todos modos? ¿Y por qué
estaba ella enferma? La poción debería haberla fortalecido al hacer la transición.
La respuesta lo golpeó en la cabeza, y sus pulmones se contrajeron. Morte ad
4
vitam . Ella no pudo hacer la transición. Su pequeño cuerpo quería evolucionar, y
continuaba intentándolo, pero no era lo suficientemente fuerte como para terminar el acto;
con cada hora que pasaba, ella se debilitaría aún más.
Se debilitaría hasta que muriera.
Una oleada de furia y miedo hizo que el hielo se agrietara. Cuando las garras de
Puck cortaron en las palmas de sus manos, un grito de negación se formó en la parte
posterior de su garganta, Indiferencia protestó con un gruñido.
Se cuidadoso. Más hielo ¡Ahora!
Puck se calmó, incluso cuando reconoció la inaceptabilidad de este desarrollo.
Gillian no podía morir. Debían casarse, y él tenía que usarla para ganarse la lealtad de
William.
Tendría que proceder como si ella fuese a vivir, ¡porque lo haría! Si William no
podía salvarla, Puck lo haría.
Consideró sus opciones. Acércate a ella ahora e inicia una conversación. ¿Pero
cómo comenzaría?
Ya sabes lo que dicen: una vez que te conviertes en bestia, siempre te das un festín.
No. Todo mal. Tenía que hacerla sentir fuerte, valiente y libre.
Sé mía, y nunca más conocerás la debilidad.
Ella podría echarle un vistazo y morir de miedo.
El resultado de un “bonito encuentro” nunca había sido tan importante. Necesitaba
dar un buen paso con el pie “pezuña” derecho hacia delante, lo necesitaba para encantar y
seducir.
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Pensó en sus días pre-demoniacos. Las mujeres le tenían miedo, el Invicto, otras
muchas lo habían alentado, de todos modos. Pero sin importar el carisma que tuviera, había
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perdido. Y su apariencia...

4Viene del latín y significa “muerta en vida “


Bueno, no siempre había sido el obstáculo que había esperado. A cierto tipo de
mujer les gustaba su forma bestial. Los cuernos estaban y eran increíblemente populares en
las novelas románticas.
Él lo sabía, porque a veces leía libros para Winter, a petición suya. Aparentemente
frases como “sus pezones suculentos” y “deseo tembloroso” sonaban divertidos en su voz
monótona. Lo que sea. En cada historia, Puck se había identificado más con el villano, pero
ciertamente podía interpretar el rol de héroe. Podía actuar como un caballero de brillante
armadura, al menos por un momento, y ofrecerse a rescatar a su damisela en apuros.
Ella no sabría la verdad hasta que fuera demasiado tarde.
Con un plan en mente, dio un paso adelante.
William se materializó en la habitación con otro inmortal a su lado, y Puck se quedó
quieto.
—Este hombre es médico, —dijo William. —Él te va a examinar.
Su única respuesta fue un gemido de dolor.
El doctor pasó la mayor parte de una hora examinando a Gillian. Cuando le susurró
el diagnóstico a William y proclamó que no había nada que él pudiera hacer, William lo
golpeó con tanta fuerza que voló hacia la pared más alejada.
— ¿Q-qué dijo él? —Preguntó Gillian.
—No importa. Es un charlatán, —anunció el guerrero. —Te buscaré otro médico.
Uno mejor.
Desapareció, pero aun así Puck se quedó atrás, esperando que el hombre volviera o
cualquier otra cosa.
William apareció con un segundo doctor... luego un tercero y un cuarto. Cada uno
verificó los signos vitales de la chica mientras ella entraba y salía de la conciencia,
temblando cuando William ladraba órdenes y emitía amenazas. Se tomó sangre, se
realizaron pruebas, pero el diagnóstico fue el mismo.
Ella moriría más temprano que tarde.
—Vayan a la sala de estar, —ordenó William a la plétora de médicos. —Organicen
un laboratorio. Hagan más pruebas. Encuentren una manera de salvarla o morirán ustedes
mismo. Y si piensan escabullirse, sé que los encontraré y los lastimaré. Rezarán para que
42

los mate.
Página

Mientras se apresuraban a obedecer, él se sentó al lado de la cama de Gillian, con


una expresión amable.
—Ahí, aquí, muñeca. —Una vez más, él le secó la frente con un trapo. —Te
curarás. Es una orden.
— ¿Qué pasa conmigo? —Logró decir. — ¿Qué me dio Keeley?
—Algo sobrenatural, pero no te preocupes, tengo los mejores doctores inmortales
buscando una cura.
Puck frunció los labios. ¿Por qué mantener la verdad ajena a ella?
Cuando Gillian cayó en una somnolienta siesta, el otro hombre le tomó la mano, tal
vez tratando de hacer que su fuerza se introdujera en su frágil cuerpo.
Puck quería odiar al hombre. Estaba listo para salir del banquillo y saltar al juego.
En algún momento, apareció el padre de William. Hades, uno de los nueve reyes del
inframundo. Era amable pero incivilizado. Un hombre alto y musculoso como William, con
piel bronceada, cabello negro azabache y ojos tan negros que no tenían principio ni fin.
Tenía un aro plateado en la nariz y estrellas tatuadas en cada uno de sus nudillos.
¿Cuántos otros tatuajes se ocultarían debajo de su traje a rayas?
— ¿Qué tiene ella de especial? —Preguntó Hades.
—No voy a hablar de ella contigo, —espetó William.
—Hablaré yo entonces. No puedes estar con ella. No puedes estar con nadie. Sabes
tan bien como yo que tu felicidad camina de la mano de tu perdición.
—Estoy buscando una manera de romper mi maldición y…
—Has estado buscando, —interrumpió Hades. —Por siglos.
—Mi libro…
—Es una tontería. Un truco para hacerte esperar lo que nunca podrá ser, para que tu
muerte sea más dulce para tus enemigos. Si el libro pudiera decodificarse, ya habría sido
decodificado.
Puck no estaba de acuerdo con Hades. En toda su investigación, había escuchado
mucho sobre el libro de códigos destinado a salvar a William de la muerte en manos de una
amante. Múltiples fuentes habían confirmado la validez del libro.
— ¿Viniste aquí para fastidiarme? —Se quejó William.
—Fastidiarte es una ventaja, —dijo Hades. —Vine a advertirte.
—Bueno, has hecho las dos cosas.
43

—No, hijo, no lo he hecho. —La voz del rey se endureció, lo suficientemente aguda
como para cortar acero. —La advertencia es esta: si creo que te estás enamorando de esta
Página

chica, la mataré yo mismo.


William se puso rígido.
En un congelamiento profundo en un segundo e hirviendo de furia al siguiente,
Puck se inclinó.
¿Matar a Gillian, mi llave? Pruébalo y mira qué pasa.
Con un grito de guerra, William se lanzó por Hades. Se produjo una batalla
sangrienta y feroz, nada se contuvo. Puñetazos en la nariz y los dientes. Codos hacia el
pecho y el intestino. Rodillas a la ingle Y, sin embargo, ningún oponente nunca intentó
matar al otro.
Deben tener afecto el uno por el otro, igual que Puck y Sin
No. No igual que Sin. No importa la provocación, un hermano que adora al otro no
lo maldice a una eternidad infernal, forzándolo a existir en lugar de vivir.
Hubiera preferido morir antes que herirlo. Ahora estoy dispuesto a morir para
lastimarlo.
Mientras Puck esperaba que la pelea terminara, hizo todo lo posible para calmarse.
Pero un zumbido extraño pronto comenzó a vibrar en el fondo de su mente, y si no fuera
por Indiferencia, habría culpado a la sensación de impaciencia.
Finalmente, Hades se fue. William acarició la parte superior de la cabeza de Gillian,
murmurando algo acerca de encontrar un mejor médico y se desmaterializó.
Tiempo de la función.
Puck entró a la habitación, en silencio, y avanzó lentamente. Espera. ¿Se había
acordado de vestirse hoy? Una rápida mirada hacia abajo reveló que sus pantalones de piel
de oveja habían sido rasgados tanto que parecían un taparrabos.
No importaba. La elegancia bárbara realmente hacía destacar sus cuernos, y se
ajustaba a toda la mística romance-novela-héroe que había esperado transmitir. Incluso
podría pasar por el Príncipe Encantador, un príncipe que necesitaba un beso de amor
verdadero.
Las pulsaciones de Puck pasaron a un ritmo salvaje cuando llegó al lado de la cama
y vio a su futura novia. Él no era el único personaje de cuento de hadas en la habitación. La
bella durmiente yace frente a mí.
Oscuras cintas de pelo se derramaron sobre el rosa pálido de la almohada. Tenía los
ojos cerrados, largas pestañas negras arrojando sombras sobre sus mejillas. Un rubor rosado
se extendía por sus delicadas facciones cuando ella separó los labios.
44

Prácticamente rogando por mi beso.


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¡Atención! Hazlo corto y dulce. No se sabe cuándo volverá William.


—Gillian, —dijo con voz ronca, sorprendido por el tono ronco de su voz.
Una dulce fragancia salió de ella. Respirando, detectó una nota de bayas de
amapolas, y se le nubló la mente. Su sangre se calentó. El tatuaje de mariposa chisporroteó
en su torso, seguramente derritiendo su piel.
Indiferencia gruñó con más fuerza y le cortó la mente. Problemas elaborados.
Fortifica el hielo. Recupera el control.
Gillian giró su cabeza y parpadeó rápidamente antes de enfocarse en él. El pánico
llenó sus ojos de color whisky antes de mirar hacia otro lado, a cualquier lugar menos a
Puck. Su boca se abrió de par en par, como si estuviera tratando de gritar. Solo un chillido
escapó.
—No habrá nada de eso ahora. —Para probarse a sí mismo inofensivo, él colocó las
mantas a su alrededor, como le había visto hacer a William. —No estoy aquí para
lastimarte. —Verdad.
El movimiento hizo que las cuchillas tejidas en su cabello chocaran entre sí,
llamando su atención. Su mirada se lanzó hacia él, y se oscureció con sorpresa y
consternación. Él tragó una maldición. Los héroes de novelas románticas no suelen
contrabandear armas en el pelo.
Debes proceder de todos modos. Puck no se separaría de sus cuchillas; ellas eran su
gracia salvadora. Cada vez que era desafiado, y no tenía espada ni daga, arrancaba una
cuchilla y comenzaba a cortar.
Las lágrimas llovieron por las mejillas de Gillian, y su mentón tembló. Tan
vulnerable. Tan rota. Una punzada de... algo golpeó su pecho.
Con la mayor suavidad posible, él le secó las lágrimas. Su piel tan suave como la
seda y más caliente que el sol.
La acción ayudó a relajarla, incluso cuando endureció los músculos después. Su
pánico comenzó a desvanecerse, hasta que su mirada se enganchó en el taparrabos. O más
bien, la erección debajo del taparrabos. Con un gemido, comenzó a golpear la cama en un
intento desesperado de escapar.
¿Pensó que tomaría lo que no le había ofrecido? Nunca.
—Ojos aquí, muchacha.
Su mirada se alzó, hacia arriba... ella jadeó, como si hubiera notado su rostro por
primera vez. La confusión contrajo sus rasgos antes de que una sombra más profunda de
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rosa se derramara sobre sus mejillas.


Página

¿Le gustó lo que vio?


—Me dijeron que podía ayudarte. —Nuevamente la verdad, se había dicho a sí
mismo. —Que podemos ayudarnos ambos.
Frunció el ceño, su confusión se intensificó.
—No me dijeron que pertenecías a William El Oscuro. —Una mentira necesaria, y
algo por lo que el viejo Puck habría protestado. Puck poseído por demonios tenía pocos
escrúpulos. Como todo lo demás, los medios habían dejado de importar. Solo el resultado
final. —Tampoco me dijeron que estabas enferma. O que eras humana, —agregó. Mírame,
mujer. Tan inocente. No sé nada de ti, pero mi curiosidad es enorme. Siéntete halagada en
lugar de asustada.— ¿Qué estás haciendo con un hombre de la reputación de William...?
—Ahí. Sembrando cizaña. Una táctica que había aprendido de Sin.
— ¿Q-quién eres tú? —Le preguntó, correspondiendo a su curiosidad.
Una buena señal, ¿aye? Él tomó un mechón de su cabello entre sus dedos,
saboreando la elegante textura.
¿Saboreando? ¿Puck?
¿Qué está haciéndome esta mujer?
Indiferencia gruñó.
Él deliberadamente se obsesionó con su pregunta, y lo mejor era responder, hasta
que ella se encogió, como disgustada por su toque. Otra punzada, esta vez más aguda,
cuando dejó caer el brazo a su lado.
Él no estaba molesto por su reacción.
—Soy Púkinn. Puedes llamarme Puck. Soy el guardián de Indiferencia. —Se obligó
a detenerse, como si necesitara tiempo para considerar sus siguientes palabras. —No estoy
seguro de que puedas ayudarme, pero creo que te permitiré intentarlo. —Otra mentira. Tú
me ayudarás, mujer. De una manera u otra.
¿Estaba intrigada?
Ella permaneció en silencio, simplemente mirándolo fijamente, como si él fuera un
acertijo que no pudiera resolver.
Aye. Intrigada
Otra punzada le arrasó el pecho, creando fracturas en su hielo, permitiendo que las
emociones que había enterrado subieran a la superficie de su mente. Excitación. Hambre.
Impaciencia. Anhelo. Furia. Más excitación… Su cuerpo parecía expandirse para acomodar
la afluencia, el tatuaje de la mariposa se movía de nuevo. Los músculos se hincharon y
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anudaron. La piel estirada tensa. Gotas de sudor aparecieron en su frente y entre sus
omóplatos.
Página

Indiferencia se preparó para producir un ataque letal.


No, no, no. No aquí, no ahora.
Concentrándose en su respiración, Puck pasó de una bota a otra, sin permitir que su
cuerpo asumiera la postura de un guerrero... aunque los guerreros tomaban lo que deseaban,
cuando lo deseaban.
Alcanza. Tócala. Sacia tu hambre...
¡No! Él no debería tener hambre en absoluto.
Vete. Déjala queriendo más. —Volveré después de que te hayas acostumbrado a la
idea. —Y después de que me haya calmado.
Abrió la boca para decirle que encontraría la manera de salvarla, plantar semillas
sobre la posibilidad, pero los ojos de Gillian ya se habían cerrado. Se había quedado
dormida. Debía sentirse segura con él, al menos en cierto nivel. De lo contrario, la
adrenalina la habría mantenido consciente.
La Victoria, a mi alcance...
Aunque cada paso que daba hacia ella demostraba ser una clase especial de infierno,
considerando su ansia por ella, regresó al balcón, con la intención de cuidarla durante el
resto de la noche.
—Bueno, bueno, bueno, —dijo una voz familiar detrás de él. — ¿A quién tenemos
aquí?

47
Página
Capítulo 6

Antes de que Puck pudiera darse la vuelta, unos dedos duros se enredaron en su
cabello y se lo arrancaron, arrojándolo desde el balcón. Una de sus navajas de afeitar le
cortó la mejilla cuando se estrelló contra un banco de árboles. Corteza y arena rociadas en
todas direcciones.
Por un momento, mientras yacía en el suelo, un recuerdo flotó en su mente.
Después de un día particularmente espantoso de entrenamiento, él y Sin se habían
acurrucado juntos, comiendo los roedores que habían logrado atrapar, porque los soldados
eran responsables de su propia comida. Si no cazaste, no comías.
Ojalá te hubieras quedado con mamá, Sin, pero estoy tan feliz de que estés
conmigo.
Eres mi persona favorita en todos los reinos, Puck. Me quedaré contigo siempre.
Pero “siempre” no había durado mucho, ¿o sí?
Puck se tragó el nudo amargo en la garganta y se quitó el pasado de su mente.
Luchando por respirar, se puso en pie de un brinco.
En un torbellino de humo negro, Hades apareció directamente frente a él.
—Así que tú eres el poseído por Indiferencia. Me he preguntado sobre el imbécil
desafortunado al que ella se lo había dado, hace siglos.
Puck desenvainó una daga, el metal brillaba a la luz del sol.
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—Si te refieres a Keeleycael-Keeley, ella le dio a Indiferencia a mi hermano, y él


Página

me dio el demonio.
Dar. Una palabra tan bonita para una traición tan terrible.
Entonces la realización golpeó. Hades sabía la verdad de la posesión de Puck. Otros
supusieron que le dieron a Indiferencia mientras estaba encerrado en el Tartarus, una
prisión para inmortales. Lo cual era un error comprensible.
Hace mucho tiempo, cuando Zeus gobernaba el Monte Olimpo, doce miembros de
su ejército de élite robaron y abrieron la caja de Pandora, un contenedor muy parecido al
que contenía a Indiferencia. Solo que este desató innumerables demonios en un mundo
desprevenido, el peor de los peores. Los soldados fueron castigados por su acto sin sentido,
y obligados a ser los guardianes de un demonio, al igual que Puck. Con más demonios que
soldados, sin embargo, las sobras necesitaban un guardián. Seleccionar prisioneros fue la
elección.
Hades sonrió fríamente. —Keeley no hace nada sin entender el gran final.
Keeleycael... Keeley... La amiga de Gillian era la infame Reina Roja.
— ¿Por qué iba a entrometerse en mi vida? ¿Por qué querría ella que me poseyera?
—Puck no había hecho nada para lastimarla. Ni siquiera había sabido de su existencia hasta
que ella lo golpeó.
—Para salvar a mi hijo. Keeley y yo estábamos comprometidos en ese momento, y
ella sabía que haría cualquier cosa, y quiero decir cualquier cosa, para garantizar su
seguridad.
Obligar a Puck a ser anfitrión de Indiferencia de alguna manera le había salvado la
vida a William. ¡Ridículo! Sospechaba que Hades veía el pasado a través de la lente de su
orgullo.
Pero de cualquier forma, Hades había dejado en claro que planeaba destruir a
aquellos que se ponían en el camino de su hijo.
Matar a cualquiera que amenace mi supervivencia, y siempre tomar represalias por
un desaire.
Indiferencia gruñó cuando la furia se disparó.
Inhala, exhala. Puck convocó al hielo... en vano, como si el rey hubiera negado su
única defensa. O sus emociones ya habían desaparecido por demasiado tiempo.
— ¿Te gustaría tu libertad? —Preguntó Hades. —Una vez, yo goberné a los
demonios. Podría eliminar a Indiferencia, no hay problema... pero te dañaría en el proceso.
Una ventaja para mí, ya que disfruto de dañar a los demás.
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La furia, se iba intensificando. —Pasaré.


Página

—Entonces escucha, principito, porque es hora de contar historias. —Hades acechó


a su alrededor, amenazándolo con cada paso. —La Reina Roja también me dijo que mi
vida cambiaría el día en que destellara sobre un guerrero de una fuerza y ferocidad
inigualables, que me ayudaría a solucionar el problema de mi hijo amado. Si fuera un buen
chico y me detuviera de matarlo. Ahora, aquí estás, husmeando al mismo hijo y al problema
en cuestión.
Fuerza y ferocidad inigualables: suena como yo. — ¿Este problema tiene un
nombre?
—Ella lo tiene.
Ella. Gillian, entonces. —Ella podría ser un problema para William, pero es una
solución para mí. No dejaré este reino sin ella.
— ¿No lo harás, entonces? —Hades arqueó una ceja oscura. —Ya posesivo con
ella, a pesar de apenas conocerla. A pesar de Indiferencia. Bueno, considera mi curiosidad
ligeramente molesta. En realidad, una muesca por debajo de leve. Ligeramente.
Si Hades pensaba mantener a Puck lejos de su futura esposa, de su futuro, había un
punto, Hades moriría.
— ¿Es tu fuerza y tu ferocidad mayor que la mía? —Preguntó Hades.
No hay necesidad de reflexionar. —Sí.
—Vamos a averiguarlo con certeza, ¿de acuerdo?
Un segundo Hades se mantuvo a una distancia sorprendente, al siguiente su aliento
abanicó la cara de Puck.
En rápida sucesión, Puck bloqueó el primer, segundo y tercer golpe, evitando que su
nariz se rompiese. Pero Hades era considerado como un maestro de la estrategia por una
razón, y claramente esperaba la resistencia; al forzar a Puck a jugar a la defensiva, pudo
usar su mano libre para robar la otra daga envainada en la cintura de Puck. Jab, jab, jab.
Hades apuñaló su riñón, hígado e intestinos.
Cualquiera de esos golpes podría haber matado a un humano. ¿Los tres? Muerte
segura. Aunque dolores agonizantes se dispararon a través de Puck y la sangre caliente fluía
en ríos carmesí por sus piernas, debilitándolo, permaneció inmóvil.
Sin verse obstaculizado por la necesidad de luchar limpio, golpeó su rodilla entre las
piernas de Hades. Testículos, disfruten de conocer y saludar la garganta de su amo.
Mientras el rey se encorvaba, jadeando, no podría atraparlo, Puck le golpeó con fuerza en la
mandíbula.
Hades se tambaleó hacia atrás, su bramido enfurecido hizo eco a través del reino.
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Cuando se enderezó, su mirada se posó en Puck y se estrechó.


Página

Cuando las heridas de puñalada de Puck se curaron, se miró las cutículas. Huh.
Podrían necesitar un recorte.
Ahora Hades se rio con un sonido de genuina diversión. — ¿Crees que me tienes
vencido, verdad? Odio decírtelo, ¿a quién estoy engañando? Me encanta decírtelo, así como
me encantará romperte. Estaba ganando batallas cuando te meabas en los pañales. No
puedes derrotarme. Especialmente cuando conozco a Indiferencia mejor de lo que tú alguna
vez lo harás.
¿Una burla para despertar el miedo y sacar a Puck de su juego? Muy mal.
Utilizando la velocidad sobrenatural con la que había nacido, cerró la distancia y
golpeó a Hades en el estómago. El rey tropezó, y Puck se lanzó hacia él, derribándolo.
Cayendo ambos. En el aire, Hades intentó reclamar la posición superior y falló.
¡Boom! Impacto. El aire brotaba de los pulmones del otro hombre, momentáneamente
dejándolo inmóvil.
Puck no sufrió tal impedimento y lo aprovechó al máximo, quitándose una cuchilla
de afeitar del pelo y cortando los ojos de su oponente, cegándolo temporalmente.
Con un rugido, Hades le propinó un barrido a Puck, destrozándole el pómulo, la
mandíbula y la tráquea. Había experimentado una experiencia mil veces peor y luchado a
través de nuevas olas de dolor punzante, golpeando repetidamente la cara del rey. La sangre
se derramaba por múltiples laceraciones.
Al mismo tiempo, Puck usó su mano libre para recuperar la daga que Hades había
robado. Pero el rey también esperaba esa acción, y giró la espada para atravesar la palma de
Puck. La carne y el músculo se rompieron. Huesos rotos
Hades le propinó un puñetazo en la mandíbula. Las lesiones recién curadas
dislocadas de nuevo. Las estrellas parpadearon a través de su visión y más olas de dolor
abrasador se unieron a la fiesta. Pero no por palabra o hecho Puck lo reveló. Simplemente
se puso de pie y golpeó a Hades con la bota, destrozándole el cartílago. Un respiro. Él forzó
su mandíbula a su lugar. Mejor.
Cuando levantó el pie para lanzar un segundo golpe, Hades le agarró el tobillo y lo
volteó. Al aterrizar, Puck volteó hacia atrás y se puso de pie a una buena distancia.
—Puedo hacer esto todo el día—, dijo él. —Ven. Dame lo peor. —Él hizo una
mueca exagerada, una burla. — ¿O ya me diste lo peor?
De pie con mucha más gracia de la que nadie debería exhibir después de llevarse
una patada en la cara, Hades le ofreció otra risa divertida.
—Quieres a la chica, bien, ella es tuya. Porque, no importa lo que piense mi hijo,
ella no es la adecuada para él. Según Keeleycael, morirá si se casa con Gillian. Así que
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mañana lo mantendré ocupado, lo que te permitirá despegar un poco de romance. O muchos


Página

romances. ¿Te has mirado en el espejo últimamente? Vas a tener que trabajar mucho para
un poco de cola. Vincúlate a ella, es la única forma de salvarla, y llévatela lejos de aquí.
¿El matrimonio con Gillian causaría la muerte de William? Interesante. Tal vez era
por eso que Puck tenía que casarse con la que el príncipe del inframundo viviría o moriría,
de modo que William sobreviviese lo suficiente como para destronar a Sin.
Tal vez Gillian causaría la muerte de William después de que Puck la devolviera.
No es mi problema. Una vez que William haya cumplido la profecía, a Puck no le
importaba lo que le sucediera. Pero mantuvo los labios apretados. De ninguna manera
admitiría que planeaba alejar a Gillian de William solo temporalmente.
Deja que Hades piense lo que quiera pensar.
Vincúlate a ella, había dicho. No casarse. La única forma de salvarla.
La comprensión y el impacto golpearon a Puck con la fuerza suficiente para derribar
un elefante. La vinculación uniría sus almas, permitiendo a Gillian aprovechar su fuerza y
terminar su transición a la inmortalidad. Ella sería más que su esposa. Ella se convertiría en
su otra mitad.
¡Mía!
Había un pequeño problema. Ella estaba tan débil que podría actuar como un sifón
y drenarlo por completo, matándolos a los dos. Un resultado que William debía temer. De
lo contrario, ya se habría unido a su amante, ¿aye?
Vale la pena el riesgo.
Él se propondría, y ella estaría de acuerdo, aunque solo fuera para salvar a William,
del corazón roto y la culpa, o para evitar que corriera el mismo riesgo. No querría poner en
peligro la vida de su preciosidad.
Ventaja para Puck.
Su implacable lealtad al hombre debería haber complacido a Puck, eso garantizaría
su victoria. Entonces, ¿por qué estaba rechinando los dientes y apretando los puños con
tanta fuerza que sus nudillos intentaron rasgarle la piel?
No importaba el posible dilema: el divorcio ya no sería posible. La separación
significaría la muerte.
William nunca aceptaría...
Puck contuvo el aliento. Las tijeras. Por supuesto. Podía usar las tijeras de Ananke
para liberar a Gillian de su vínculo, permitiéndole regresar con vida a William, libre de la
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reclamación de su marido.
Página

Cada acción dictada por los Oráculos tenía una razón, y finalmente esas razones
tenían sentido.
Puck reajustó sus tareas. Vincularse a Gillian. Escoltarla a Amaranthia. Regresar
por William.
Vinculo. Escolta. Regreso.
Con una fría sonrisa en su lugar, Hades lo saludó.
—Excelente. Veo las ruedas girando en tu cabeza. Te dejaré con tus esquemas.
Buena suerte, Pucker5. La vas a necesitar. —Después de tirarle un beso, el rey del
inframundo desapareció.
Solo, Puck miró hacia el balcón de Gillian, oleadas de determinación derramándose
sobre él, Indiferencia hostigándolo una vez más.
Inhala, exhala. Hades había prometido distraer a William mañana. Puck no confiaba
en él. Ni en nadie. Sin se lo había enseñado muy bien Pero la duda y la preocupación
estaban más allá de él. Continuaría, como estaba planeado, y pasase lo que pasase,
sucedería. Él trataría de que fuera así.
¿Qué no haría? Rendirse.
Muchacha, eres buena para mí.

53
Página

5 Pucker en inglés significa Pucheros.


Capítulo 7

Puck pasó la noche apaciguando a Indiferencia al re fortificar cada capa de hielo


alrededor de su corazón y mente. No sientes nada, no quieres nada. Guerra antes que
mujeres, siempre.
La próxima vez que se enfrentara a Gillian, él estaría listo. Su belleza no lo
afectaría, ni los instintos posesivos lo manejarían.
Entonces él decidió, que así sería.
Cuando salió el sol, Puck se colocó en un banco de sombras, observando cómo
Hades intentaba —y fracasaba—, en convencer a William de abandonar el reino. Pasaron
horas, la sensación de impaciencia regresó.
El tiempo no era su amigo. El tiempo no era el amigo de Gillian.
Finalmente, Hades le dijo a William que tenía un avance sobre la cura de Gillian, y
William abandonó felizmente el barco, otorgándole a Puck la oportunidad de reunirse con
Gillian sin trabas. ¿A menos que el rey del inframundo intentara emboscarlo?
No importa. Estaré listo.
Puck merodeó por un oasis de palmeras, su mirada fija en su objetivo. Ella
descansaba en la playa en una silla acolchada, un dosel blanco y tenue que le proporcionaba
sombra. Ya había perdido peso que no podía permitirse perder. El brillo en su pelo se había
apagado, y el hermoso tinte rosa en sus mejillas había disminuido.
¿Cuánto tiempo le quedaba?
54

Sus instintos protectores se dispararon. El hielo crujió cuando su mariposa viajó


Página

desde su hombro hasta su muslo.


Respirando profundamente, él busco la calma, acercándose a Gillian. Un sol dorado
en el horizonte, pintando el cielo con un arco iris de diferentes colores y reflejándose en el
agua... y en sus ojos. Un entorno tan hermoso y tranquilo, perfecto para la seducción. Él
casi sonrió. William había preparado el escenario para su propia caída.
A su alrededor, ocho guardias armados.
¿Solo ocho?
Mi futura esposa—en otras palabras. La chica merece algo mejor. Debes enseñarle
a William el error en sus maneras.
— ¿Necesita algo, señorita Bradshaw? —Dijo uno de los guardias.
Bradshaw, uno de sus alias. ¿William no quería que nadie supiera su verdadera
identidad?
—No, gracias, —dijo Gillian con voz áspera, su voz era poco más que un susurro.
Tan débil. Muy cerca del final. Crujido, crujido. Si el demonio dejaba fuera de
combate a Puck antes de haber asegurado un vínculo con ella... Debes actuar más rápido.
Moviéndose a una velocidad que ni los mortales ni los inmortales podían rastrear,
derribó a los primeros cuatro guardias. Cuando los otros se dieron cuenta de que un
enemigo acechaba cerca, las armas estaban arriba. Demasiado tarde. Puck los derrotó con la
misma facilidad y rapidez.
Sacudiéndose las manos por un trabajo bien hecho, se acercó al lado de Gillian. El
aroma de bayas de amapola llenó su nariz, deliciosamente embriagador y tan mágico como
el hogar, instándolo más cerca, más cerca aún, y…
Gruñido.
Puck casi pierde el paso. ¿Y me consideré preparado? La chica ejercía algún tipo de
encanto sobre él, capaz de hacer en segundos lo que la mayoría de la gente no podía hacer
en meses: afectarlo.
Al verlo, ella jadeó. Luego miró hacia abajo, como si no pudiera soportar verlo. El
pánico irradiaba de ella, la misma emoción que él no había querido que ella sintiera— ¡y él
todavía no había dicho una palabra!
¿Por qué tendría miedo de su presencia cuando él no la había lastimado la última
vez? Por qué…
Su mirada volvió hacia él, deteniéndose en su taparrabos, antes de que ella volviera
a mirar hacia otro lado.
55

El material estaba dañado, deshilachado y revelaba más de lo que ocultaba. Fácil de


Página

remediar.
¿Debería él remediar la situación, sin embargo? Tal vez temía la reacción a su
cuerpo. Tal vez le gustaba demasiado verlo.
Un hombre podría soñar.
En un abrir y cerrar de ojos, Puck regresó con un soldado caído, robó una camisa y
colocó sus brazos a través de los agujeros. Los pantalones del hombre eran demasiado
pequeños. Cada par de pantalones resultaba demasiado pequeño. Muy bien. Al menos la
camisa era lo suficientemente larga como para cubrir su eje a medida que crecía... y crecía.
Cuando regresó con Gillian, se abotonó las solapas, sin darse cuenta hasta muy
tarde de que había alineado los dos lados incorrectamente.
— ¿Mejor? —Preguntó.
— ¿Los mataste? —Ella exigió con su voz quebrada, haciendo caso omiso de su
pregunta.
Él se instaló al lado de su silla y miró hacia el agua, dándole un momento para que
se adaptara a su presencia, haciendo todo lo posible por convencerla a ella y a Indiferencia
de que él no estaba al tanto de cada uno de sus movimientos. —Simplemente los puse a
dormir una siesta. Pero puedo cortarles la garganta, no hay problema. Solo di la palabra.
Su deseo, su orden.
—N-no. Por favor. No. —Ella sacudió casi imperceptiblemente su cabeza.
¿Molesta por la idea de algunos asesinatos? Adorable. —Muy bien, entonces. —Ves
cuán complaciente puedo ser, mujer? Soy perfecto para ti.
Mientras lo estudiaba con más atención, tomando su medida, su pánico se redujo.
Excelente. Le echó una rápida mirada a la cara para juzgar cuánto tiempo le tomaría calmar
la intriga, tal como él la había dejado durante su última visita y frunció el ceño.
Ella no solo estaba calmada. Ella estaba agradecida. Pobre muchacha. ¿Qué tan
bajos eran sus estándares para la decencia masculina?
No es que a Puck le importara. Por supuesto que no le importaba.
— ¿Por qué estás aquí? ¿Verdaderamente? —Ella preguntó, frunciendo el ceño.
Ella necesitaba una excusa, algo creíble pero interesante, tal vez empapado de
verdad en vez de mentiras. —Te dije que soy el guardián de Indiferencia, y que puedes
ayudarme. Puedes ayudarme a sentir. —O más bien, sentir sin consecuencias. Una vez que
Puck reclamara la corona de Connacht, matara a Sin y uniera los reinos, él se arriesgaría a
utilizar las tijeras en Indiferencia.
56

—Te lo prometo, —dijo ella, completamente seria—, Yo no puedo hacerte sentir


Página

nada.
Ya lo haces. Más que cualquier otra persona alguna vez lo hizo.
Tan necesaria para mis objetivos como lo es de peligrosa... Algún día, él podría
estar mejor servido para matarla.
¡Este! Este era el peligro del hielo.
Sin darse cuenta de sus pensamientos, ella se movió para estar más cerca de él,
recordándole a un gatito que buscaba más calor. Cómo anhelaba extender la mano, pasarle
los dedos por el cabello, trazar los nudillos a lo largo de su mandíbula y disfrutar de su
suavidad.
¿Disfrutar? ¿Yo? Resiste a su encanto. —Tú puedes. Lo harás, —él dijo,
consternado por la ronquera de su tono. No debería tener problemas para permanecer
separado.
Hora de mentir, —Me dijeron que tu situación es muy triste, me importa. Y yo
también quiero importarte...
Al sexo débil le gustaban los chicos malos, o mejor dicho, proyectos quienes se
derretían por una sola mujer especial. ¿No lo ves, muchacha? Eres la única con el poder de
salvarme...
— ¿Quién te dijo eso? —Preguntó ella. Su mirada tomó un tono lejano, como si su
mente hubiera vagado incluso mientras hablaba. — ¿Y por qué querrías que te importara?
Tómalo de mí. El cuidado de otra persona está muy sobrevalorado. —Ella se frotó el labio
inferior. — ¿A ti te importa... algo?
Fingió reflexionar sobre sus pensamientos, y suspiró. —Ni siquiera un poco. —
Aunque parecía estar perdida en sus pensamientos otra vez, agregó—, los Oráculos en mi
reino son los que me hablaron de ti. Y quiero preocuparme porque es mi derecho. —Más
verdad, en un tono más duro, las palabras escaparon espontáneamente. El cuidado sin
castigo era un derecho para todos, humanos e inmortales por igual.
Si ella escuchó la última parte de su discurso, no dio ningún aviso. — ¿Alguna vez
sientes? —Preguntó ella, algo así como envidia palpitaba en ella y lo confundió.
—Solo muy raramente, y luego... —él frunció los labios. No había una buena razón
para contarle sobre la debilidad que el demonio le infligía, y tenía todas las razones para
mantener la información en secreto. El conocimiento era poder, y Puck nunca le otorgaría
voluntariamente el poder a otra persona sobre él.
—Suertudo, —ella murmuró. Ella estaba envidiosa de él. Qué extraña criatura
Pero entonces, ella no sabía el precio de una existencia apática. Cómo perdería a sus
seres queridos y amigos, su hogar y su casa. Cómo sus comidas favoritas se volverían
57

insípidas. Cómo vivir igualaría a sobrevivir. Cómo los pasatiempos favoritos ya no


generarían alegría. Cómo el sexo la dejaría vacía y hueca.
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— ¿Suertudo? Muchacha, podría prenderte fuego. Mientras gritas en agonía, podría


verte arder, solo interesado en el calor de las llamas en una noche fría.
—Está bien, —dijo ella, su aceptación tranquila de su admisión involuntaria
sorprendiéndole—, tal vez suerte fue una palabra demasiado fuerte. —Una vez, dos veces,
ella le echó un vistazo a través del abanico de sus pestañas. — ¿Me vas a prender fuego?
—No. —En un esfuerzo por provocarla como los héroes que a menudo bromeaban
con sus heroínas, él agregó—, Dejé mis fósforos en casa.
¡Éxito! La insinuación de una sonrisa rizó las esquinas de su boca como un arco de
Cupido, como si ella lo encontrase adorable a él.
El deseo calentaba su sangre y endurecía cada músculo de su cuerpo, ganándose un
gruñido de Indiferencia. Las manos de Puck se convirtieron en puños.
Para que su plan funcionara, él tenía que dejar de responder a cada palabra y cada
acción, y rápido.
Una brisa fresca y salada cayó sobre la arena, y Gillian se estremeció. ¿Todavía
febril?
No quieres nada, necesitas…
Que se joda todo. Entonces. En ese momento exacto. Puck se volvió indiferente al
demonio, al castigo, a cualquier consecuencia que pudiera enfrentar. Temblando con la
necesidad de cuidar a su futura esposa, se quitó la camisa y cubrió con el material sus
delicados hombros. Mientras ella se acurrucaba en el calor de la prenda, una sacudida
impactante de satisfacción casi lo dejo acojonado. Lo saboreó, su mente le quitó cualquier
defensa.
Satisfacción... cómo se lo había perdido. No solo sexualmente, sino en un trabajo
bien hecho. Una guerra bien combatida. Dame más. Necesito más.
GRUÑIDO.
Puck se puso rígido. Tal vez debería irse, tomarse un tiempo para reagruparse y
regresar cuando haya reorganizado con éxito sus prioridades. Sí, sí. Eso era exactamente lo
que debería hacer. Sin embargo, mientras se ponía de pie, la mirada de Gillian se posó en su
pecho y se demoró, y Puck quiso rugir de placer. Sin pensarlo conscientemente, se encontró
a sí mismo cambiando de marcha... y estableciéndose más firmemente en su lugar. Quizás
se quedaría un poco más.
—Gracias, —murmuró ella.
¿Por la camisa? —De nada. —Cualquier cosa para ti, muchacha. Créeme...
58

La culpa lo pinchó—quiero su confianza, pero no me lo merezco. Aun así,


Página

despiadadamente cortó la emoción en cintas.


—Entonces, ¿cómo te hiciste invisible? —Le preguntó ella. —Cuando luchaste
contra los guardias, quiero decir.
—No lo hice. Me moví demasiado rápido para que tú, o ellos, me rastrearan.
—Eso es agradable.
¿Meramente agradable? —Mis habilidades son legendarias. — ¿Alardeando
ahora? ¿Con la esperanza de impresionarla?
Ella se lamió los labios, como preparándose para una discusión. —Para adquirir tal
habilidad, debes haber vivido mucho tiempo. Probablemente conoces todo tipo de hechos,
por ejemplo, una enfermedad sobrenatural... como morte ad vitam.
Ah Había escuchado el término y ahora buscaba las respuestas. ¿Contar o no
contar?
— ¿Qué es morte ad vitam? —preguntó ella cuando él permaneció en silencio.
Se acarició la mandíbula, con una barba incipiente saludándolo. — ¿Eso es lo que te
pasa, entonces?
—Sí. Todos los médicos están de acuerdo. —Ella tragó saliva. — ¿Qué significa
eso?
Dile, él se decidió. —Te dieron una poción. Tu cuerpo está tratando de evolucionar,
tratando de volverse inmortal, pero no es lo suficientemente fuerte. Ahora solo hay una
posibilidad de supervivencia. —Él hizo una pausa para obtener un efecto dramático. —
Debes casarte... vincularte con un inmortal y unir tu alma a la suya.
Esperanza iluminó sus ojos. Parpadeo. La esperanza se había ido.
—Pero incluso eso no es una garantía, —continuó. —Podrías drenar su fuerza y
matarlo. O peor, hacerlo humano.
Primero ella mostró conmoción. Entonces horror, aceptación y miedo. Finalmente
disgusto. Su confusión regresó, redoblada. ¿Por qué disgusto? ¿Acaso las mujeres no
soñaban con casarse con un hombre fuerte que ofreciera seguridad de por vida?
El miedo que él entendía y esperaba, incluso cuando una parte de él estaba
resentida. Ella retrocedió ante la idea de poner en peligro la vida de William.
Suertudo William, por tener a una mujer tan preocupada por su bienestar que haría
cualquier cosa, incluso morir, para salvarlo.
Morir... para salvar a otro hombre... Por un momento, Puck vio rojo. Literalmente.
¡Mi esposa me será fiel y no a otro!
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Indiferencia rugió con desagrado.


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Inhala, exhala. Procede con precaución. Tan cerca de cruzar la línea de meta.
Inhala. Bien, eso estuvo bien. Exhala. La neblina carmesí se desvaneció de la mirada de
Puck.
—Bueno, eso apesta, —Gillian murmuró, ajena a la confusión que ella había
causado. Su mirada lejana otra vez, ella comenzó a balbucear. —No tenía idea... pensé que
los inmortales fueron creados completamente formados o nacidos de otros inmortales.
—Los inmortales nacen en más de un sentido.
Ella parpadeó rápidamente, la atención volviendo a él. —Cuánto tiempo tengo antes
de...
—Considerando tu estado actual, diría otra semana, tal vez dos. A lo sumo.
—Demonios. —Su nariz se arrugó, creando pequeñas arrugas adorables en los
lados. —Nunca podré hacer las cosas de mi lista de deseos. Si tuviera una lista de deseos,
quiero decir.
—Tal vez deberías hacer una. Puedo ayudarte. —Su primera sugerencia: vincularse
a una bestia.
Su cabeza se inclinó hacia un lado, sus ojos color whisky una vez más admirados.
— ¿Por qué querrías ayudarme con eso, de todas las cosas?
De alguna manera, su escrutinio lo hizo sentir menos como un monstruo y más
como un hombre, como si ella no viera lo que era, sino lo que podría ser.
Una ilusión, nada más. —Podrías usar una distracción, y podría usar una nueva
meta. —Un núcleo de verdad destinado a obtener compasión. Otros podrían desdeñar un
golpe a su orgullo, pero no a Puck. Ya no más. —La mujer que yo quería no me quería de
vuelta, así que nos separamos. —Verdad. Nadie me quiere, boohoohoo. Pobre de mí. —
Ahora... —Se encogió de hombros. ¿Consuélame?
La mujer en cuestión—Winter. Él la ansiaba tanto como podía; nunca había
conocido a una mujer como ella. Lo suficientemente fuerte como para derribar un ejército
por su cuenta. Pero, cuando ella lo rechazó, no le había importado lo suficiente como para
intentar hacerla cambiar de opinión.
Lo siento, chico bestia, pero estoy enamorada de alguien más. ¡Yo! Tú entiendes,
¿verdad? Sin resentimientos. Aparte de los resentimientos en tus pantalones.
Él se había alejado sin una sola punzada de remordimiento.
— ¿Las mujeres son metas para ti? —Preguntó Gillian, sonando un poco ofendida
pero muy curiosa por la perspectiva.
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La curiosidad continua era una muy buena señal. — ¿Por qué no? Mis objetivos,
así como mis reglas, me impiden sentarme en un sofá, ver telenovelas todo el día, todos los
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días, mientras ceno una pizza vieja.


Vínculo. Escolta. Regreso.
Vacilante, ella dijo, —Pero, si no puedes sentir, ¿cómo quieres a una mujer?
—Raramente siento emoción, pero a menudo siento deseo. —En particular, deseo
una cierta belleza pequeña de cabello oscuro. —Los dos no son mutuamente excluyentes,
muchacha.
Si Gillian lo quisiera, él la tendría. Las cosas que ella le hacía desear...
Una vez más, se preguntó si ella tendría el poder para hacerlo correrse, y cómo
reaccionaría Indiferencia.
Solo había una forma de averiguarlo...
Si tuviera que mentir y decirle a William que nunca la tocaría, lo haría. Cualquier
cosa para lograr sus objetivos. O tal vez sería mejor si se negaba a mantener sus manos para
sí mismo. Los hombres celosos hacían cosas tontas, como aceptar ayudar a un completo
extraño para asesinar a otro completo extraño.
Por supuesto, todo dependía de la habilidad de Puck para salvar a Gillian de una
muerte segura.
—Supongo que tienes un buen punto. —Ella le ofreció una pequeña sonrisa y, sin
embargo, nunca una mujer se había visto más triste. —Siento todo tipo de emociones, pero
nunca deseo.
Entonces, ¿no anhelaba acostarse con su precioso William? Una mentira, sin duda.
— ¿Nunca has deseado un hombre? —Dime la verdad. Dímelo ahora. Por alguna razón,
Puck tenía que saberlo.
Indiferencia clavó sus garras en lo más profundo mientras emitía otro rugido de
advertencia.
Gillian se alejó de él, su pequeño cuerpo aún más tenso que antes, sus ojos oscuros
atormentados. Ahogada por el sol poniente, ella irradiaba más dolor del que cualquier
persona podría soportar. O sobrevivir especialmente un humano frágil al borde de la
muerte.
Cualquier hielo que hubiera logrado mantener, se tostó.
—No quiero hablar de eso. —Recordando a un animal herido acorralado por un
depredador hambriento, ella arremetió, diciendo… —Cambia de tema o vete. 61
Página
Capítulo 8

Puck no cambió el tema, y él no se fue. Tomaré la puerta número tres, muchacha.


—Ah. Lo entiendo, —dijo él. —Alguien te lastimó. —Pronunció las palabras con
total naturalidad, pero en el fondo, muy en el fondo, él bullía. ¿Quién se había atrevido a
brutalizar a su esposa?
¿Pensando en ella como esposa ahora, en lugar de futura esposa?
El tatuaje de mariposa chisporroteó al regresar a su hombro.
Debido a los castigos impuestos por su demonio, Puck estaba íntimamente
familiarizado con la impotencia que acompañaba a la incapacidad de detener un ataque.
Mientras estaba incapacitado e incapaz de defenderse, él también había sido brutalizado de
la peor manera. Solo que, cuando su fuerza había regresado, había sido fácil pagar la
violencia con peor violencia. Dudaba que esta frágil flor alguna vez hubiera reunido el
poder para hacer lo mismo.
—Mataré al hombre responsable, quienquiera que sea. —Con gusto.
Sangrientamente. —Sólo dime su nombre.
—Nombres. Plural, —ella chasqueó, luego presionó sus labios juntos.
—Un hombre o cien, no me importa. —Los mataría a todos. La sangre fluiría en
ríos grandes.
—Gracias por la oferta, —ella murmuró, desinflada—, pero creo que ya están
muertos.
62

¿Ella lo pensaba, o lo sabía?


Página

Teniendo en cuenta su relación con el oscuro... —William debe haberlos castigado.


— ¿Y mantuvo los detalles de ella?
De todo lo que Puck había observado sobre el hombre reservado, sí, absolutamente.
Uno de sus delicados hombros se encogió, su única respuesta a su pregunta. —
¿Estás en términos amistosos con William?
—Se sobre él y estoy seguro de que él sabe de mí, — ¿quién no? —pero nunca nos
hemos visto oficialmente. —Verdad.
—Si quieres ser su amigo, husmear en su propiedad no es...
—Oh, no quiero ser su amigo. —Otra verdad surgió espontáneamente. —Él puede
odiarme. —El odio era una garantía. —No me importa de ninguna manera.
—Eso es imprudente. Si no eres su amigo, eres su enemigo. Sus enemigos mueren
dolorosamente.
— ¿Te importa?—Si podía aceptar el lado oscuro de William, podría aceptar el de
Puck. Un punto a su favor. —Mis enemigos mueren agradecidos, contentos de finalmente
escapar de mí.
Ahora ella puso los ojos en blanco. —Ustedes inmortales y sus enemistades
sangrientas.
— ¿No te refieres a nosotros los inmortales?—Mejor que ella aceptara su destino lo
antes posible. Una eternidad la esperaba, lista o no.
El anhelo palpitó de ella. —No, yo no. Me voy a morir, ¿recuerdas? Antes de que la
transformación se complete. Lo que significa que una lista de deseos es estúpida.
¿Porque se vería obligada a elegir cosas que podría hacer desde su lecho de muerte?
Qué… triste.
—Morirás, sí. —Encontró un guijarro, lo tiró al agua, dándole a sus palabras un
momento para asimilarlas. Había llegado el momento de interpretar al héroe. —O podría
vincularme contigo. — ¿Demasiado ansioso? —Supongo, —él agregó. No es suficiente.
Necesitaba deletrear su papel. —Podría salvarte vinculando nuestras almas.
Ella lo miró boquiabierta... ¿con interés? —Um, ¿la única forma de salvarme es
vincularme? Entonces, ¿en verdad me lo estás proponiendo?

—Sí. — ¿Volviéndote demasiado ansioso otra vez? —No, —él dijo entonces.
¿Demasiado desinteresado? Un sonido frustrado se formó en su pecho, y frunció los labios.
—No quiero vincularme contigo, pero no quiero vincularme contigo. —Si él pudiera
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haberse pateado el culo, lo habría hecho. Estás jodiendo esto a lo grande. —Es solo algo
que hacer. Algo mutuamente beneficioso. —Mejor.
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Sus manos se aplastaron contra su estómago, como para protegerse de un terrible


dolor. — ¿No te preocupa que te haga mortal?
Ya no. Ni siquiera un poco. —Yo soy el dominante entre nosotros. Mi fuerza de
vida superará a la tuya, estoy seguro de eso. —Entonces serás mía, y solo mía... por un
tiempo.
Ella abrió la boca, la cerró de golpe. La abrió, la cerró de golpe.
Dentro de Puck, la anticipación y el nerviosismo competían por la supremacía,
incitando a Indiferencia a atacar y amotinarse.
Vamos, muchacha. ¡De prisa! Dime lo que necesito escuchar.
Finalmente, Gillian suspiró y dijo, —Gracias por la amable oferta / no oferta, pero
creo que voy a pasar.
Una nueva oleada de frustración se unió al diluvio, causando que la rabieta del
demonio se intensificara en otro grado. Se cuidadoso.
¡No! No cuidadoso. No aquí, no ahora. Puck necesitaba saber dónde se había
equivocado.
Intentando obtener un tono razonable, él dijo — ¿Es por mis cuernos? — ¿El
pelaje? ¿Pezuñas? Si tan solo pudiera cambiar de forma, como lo había hecho antes de su
posesión.
Pareciendo pérdida de nuevo, cruzó los brazos sobre su cintura. Conmovedora
simpatía...
—Puedo cortarlos, —él dijo, procediendo. —Se mantendrán fuera por un tiempo.
Ninguna respuesta.
—No siempre me he visto de esta manera.
—No, —ella respondió, y él tuvo que dar marcha atrás para descubrir que ella
negaba.
Sus cuernos, él se dio cuenta.
—La apariencia no tiene nada que ver con esto. —Cuando ella lo miró de nuevo, su
respiración era trabajosa, su piel salpicada por el sudor. —Te gustaría tener... ya sabes.
¿Ya sabes? — ¿Sexo?
Un rubor glorioso apareció en sus mejillas, dando momentáneamente la ilusión de
salud, ella asintió.
64

A menudo y completamente, muchacha.


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Si él pudiera correrse sin castigo. Demonios, si pudiera correrse en absoluto.


Aunque la chica lo había hecho sentir más en las últimas veinticuatro horas de lo que nadie
más había logrado... no podía recordar en cuánto tiempo... podría no ser capaz de superar su
constante necesidad de atender a Indiferencia.
—Correcto, —él dijo, su voz más dura de lo que había pretendido, toda fuerza y
nada de seducción. Teniendo en cuenta la tragedia de su pasado, ella requeriría gentileza.
Una habilidad que Puck no estaba seguro de haber empleado. Antes de su posesión, había
llevado a sus mujeres a dar un paseo duro. —Lo haría, sí.
—Bueno, yo no lo haría. Nunca.
—Piensas eso ahora, pero cambiarías de opinión. —O él moriría en el intento.
No, absolutamente no. Guerra antes que mujeres
Si él tuviera que quitar el sexo de la mesa, él lo haría. Y le diría que sí... que la
tranquilizaría... en cualquier momento...
Él presionó la lengua contra su paladar y permaneció en silencio. De ninguna
manera se limitaría a sí mismo a tal grado. Porque, cuando se trataba de sexo, él no mentía.
En esto, él siempre sería sincero con ella.
Mientras consideraba cuidadosamente su siguiente declaración, encontró y arrojó
otra piedra. —Yo nunca te forzaría, —le dijo. —Esperaría que lo quisieras... me quisieras.
—Te lo digo, no importa cuán hábil pienses que eres, tendrías que esperar por
siempre.
—Te tendría en la cama dentro de un mes, garantizado.
Ella se ablandó, lamento irradiaba de ella, como si temiera haber herido sus
sentimientos. Al mismo tiempo, la piel de gallina adornaba su carne, como si le gustara la
idea.
Tan expresiva... tan hermosa.
Más hielo resquebrajado, calor ardiendo en el centro de su pecho. Se puso mucho
más duro y dolorido, su cuerpo desesperado por ser liberado.
Oh sí. Con ella, él podría correrse.
La excitación ardió en su interior. En silencio, él le dijo, Confía en mí, mujer.
Déjame liberarte de tus miedos.
RUGIDO.
Puck se sacudió, el calor se enfrió.
A lo lejos, una rama se partió. Con las orejas crispadas, se puso rígido y buscó en el
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oasis... pronto captó el aroma… del asesinato y el caos de William en la brisa.


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—William ha regresado. —Pésimo momento. —Él estará aquí en cinco... cuatro...


tres...
—Deberías irte. —Gillian hizo un movimiento de asentimiento con sus manos. —
Por favor.
¿Se preocupaba por el bienestar de Puck? Qué dulce y adorable. Y completamente
inesperado.
—Uno, —él dijo, terminando la cuenta regresiva. Él se lanzó a una palmera a unos
cien metros de distancia, con el tronco grueso escondiéndolo al mismo tiempo que le
permitía mantener una vigilia sobre Gillian.
William salió de la casa, sus piernas lo llevaron directamente a la chica. Cuando
notó a los guardias inconscientes, la malicia brilló en sus ojos, convirtiendo
momentáneamente el iris cristalino en rojo neón. — ¿Estás bien, muñeca? Los guardias…
—Estoy bien, —ella dijo, escaneando el área. Al no encontrar ningún signo de
Puck, ella suspiró... ¿de alivio? ¿Felicidad por que él había escapado con seguridad? ¿O la
felicidad de que Puck no luchara y lastimara a su precioso William?
Él curvó sus manos en duros puños.
— ¿Qué pasó con mis soldados? —William exigió mientras se agachaba a su lado.
¿Ella le diría la verdad? ¿Ella trataría de proteger a Puck? ¿Quería él que lo
intentara que le importara?
—Alguien fue lo que les pasó a ellos, —dijo ella, luego vaciló. —Un hombre. Puck.
Un destello de desilusión. ¿Ella mencionaría su propuesta? Si William lograba
bloquearlo, se perderían todas las esperanzas.
—Él vino aquí y se movió tan rápido que no pude rastrearlo, —ella agregó. —Los
guardias no podían competir con su velocidad y fuerza.
Ella me alaba. Un hormigueo de orgullo envió otra fisura a través del hielo.
Indiferencia se apoderó de la mente de Puck, enviando zarcillos de debilidad a sus
huesos. Maldijo, porque lo sabía. Esto fue, la advertencia final.
Luego, el demonio ronronearía, y Puck estaría jodido, incapaz de moverse o
protegerse. Incapaz de ayudar a Gillian ya que la enfermedad la consumiría.
Él empapó el orgullo con una pizca de dura y fría verdad: si no lograba sus
objetivos, Sin permanecería en el trono de Connacht. Los ciudadanos sufrirían. Amaranthia
sufriría.
La ira cobró vida y emitió otra maldición. No hay ayuda para eso. Él tuvo que
invocar más hielo. Ahí. Mejor.
66

—Puck. Guardián de Indiferencia. —William se puso de pie, con una daga apretada
Página

en ambas manos. Parecía que la reputación de Puck lo había precedido. —Ha jurado
venganza contra Torin por atraparlo en otro reino.
Incorrecto. Cameron y Winter habían jurado vengarse de Torin. Puck no se había
preocupado lo suficiente.
—Pero, ¿cómo escapó Puck? —preguntó William, como si pensara en voz alta.
Fácilmente. Cameron, siendo Cameron, había estado obsesionado con encontrar una
salida.
Gillian frunció el ceño. — ¿Cómo sabes lo que ha jurado si nunca lo has conocido?
—Mis espías están en todas partes, muñequita. —El rojo neón volvió a los ojos de
William. — ¿Puck te dijo algo? ¿El bastardo te hizo algo? Hades lo mencionó, dijo que
podría estar cerca y que debería dejarlo en paz, pero eso me hace querer lastimarlo aún
más.
Ella resopló y resopló como el lobo feroz que ella en realidad no era, y las
comisuras de la boca de Puck se crisparon. —Me dijo qué es el morte ad vitam. —Mientras
William lamentaba las lenguas sueltas y los visitantes no deseados, ella agregaba—, No lo
lastimarás por eso. Y no lo matarás. O pagarás a alguien más para matarlo. Debería haber
escuchado la verdad de ti, pero no lo hice, por lo que amablemente se ofreció a ayudarme.
Ella estaba tratando de proteger a Puck.
Hielo, crujiendo de nuevo. Cuerpo, yendo a fundido.
—Te. Ofreció. Ayuda. ¿Cómo? —Preguntó William.
—Prométemelo primero, —insistió ella, y si ella no se hubiera visto como la
muerte, podría haberse vuelto feroz. —Por favor.
Silencioso ahora, el guerrero extendió la mano para rasgar la camisa que Puck le
había dado. Ella jadeó, sobresaltada. Entonces ella gimió. William no mostró piedad,
tirando el material de sus hombros. Una vez que la prenda estuvo libre, él la arrojó al agua.
Interesante y revelador, en más de un sentido. Aunque William no sabía nada sobre
la propuesta, ya estaba comido por los celos.
La reacción exacta que Puck quería, necesitaba. Entonces, ¿por qué estaba él
mirando el pecho del otro hombre, imaginando hundir una espada en su corazón?
El segundo quejido de Gillian hizo que Puck avanzara, ansioso por hacer realidad la
fantasía, sin pensar ni preocuparse por Indiferencia, el hielo se derritió por completo.
William sufriría.
Otro zarcillo de debilidad se instaló en sus huesos, y él se tropezó. Puck se detuvo
en un árbol, agachándose detrás del tronco.
67

Murmurando una disculpa, William agarró a Gillian en sus brazos, infinitamente


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tierno ahora, y la llevó dentro de la casa. Aunque Puck sabía que debería irse y buscar
refugio, él se acercó... más cerca todavía. Las paredes de vidrio del piso al techo dieron la
bienvenida a la naturaleza en el interior, así como a su mirada. No había ningún lugar en la
casa que él no pudiera ver.
—Sólo para que lo sepas, —Gillian estaba diciendo mientras William la llevaba al
piso de arriba—, No voy a vincularme contigo.
El corazón de Puck casi se detuvo. ¿El otro hombre había hecho su propia
propuesta, entonces?
William la colocó sobre la cama, se sentó a su lado y le ofreció una sonrisa rígida.
—No recuerdo haber preguntado, muñequita.
Un gran suspiro de alivio escapó a Puck. No, no se ha emitido ninguna propuesta.
—Sé que no me lo has preguntado, así como sé que no preguntarás, —dijo ella. —
De esta manera, cuando me haya ido, no perderás el tiempo sintiéndote culpable,
preguntándote si deberías haber preguntado.
—No vas a morir. —A pesar del tono suave de William, la inequívoca malicia se
adueñó de cada palabra. —No te dejaré.
Incorrecto. No la dejaré yo.
Temblando, ella extendió la mano para tomar la mano de William. —Te amo, Liam.
Cuando no tenía nada, ni nadie, me diste amistad y alegría, y te estaré por siempre
agradecida.
Puck contuvo el aliento. Ella estaba diciendo adiós, preparándose para la muerte,
¿no?
Pelea, Gillian. Lucha para vivir.
Agresión latía de William. —Deja de hablar como si fuera el final para ti.
Ella le ofreció la misma sonrisa triste que le había ofrecido a Puck. —Tienes fallas.
Muchas fallas. Pero eres un hombre maravilloso.
—Este hombre maravilloso encontrará una manera de salvarte, —dijo William, su
tono duro como el de granito. —Estoy trabajando todos los días, cada hora, cada minuto
para asegurarme de que el vínculo no sea necesario. Ahora descansa un poco. —Con la
cabeza en alto, él se levantó y salió pitando de la habitación. La puerta se cerró de golpe
detrás de él.
En lugar de mirar esa puerta por el regreso de William, Gillian miró hacia el balcón
con expresión indescifrable. ¿Estaba ella esperando a Puck? Su pecho se hinchó, y no había
forma de detenerlo.
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Cuando cerró sus ojos, Puck se coló en la habitación y se acercó a ella, como atraído
Página

por una ráfaga de magia. Él respiró su olor a bayas de amapola.


—Duerme, muchacha. Me aseguraré de que estés a salvo. —Otra mentira. Porque,
mientras él hablaba, Indiferencia comenzó a ronronear.
Capítulo 9

Como si alguien hubiera tirado de un tapón dentro de una bañera, la fuerza y el


poder habían agotado a Puck, hasta que sus rodillas apenas pudieron soportar su peso.
Hora de irse.
Él no pudo salir de la habitación tan silenciosamente como había entrado, pero
Gillian nunca se despertó. Él iría a un lugar seguro, soportaría el castigo de Indiferencia,
luego reconstruiría su fuerza y regresaría. Si la chica moría mientras tanto...
Será mejor que ella no muera.
Puck tropezó a través de los árboles, la injusticia de su situación bullía dentro de él.
La experiencia le dijo que pronto estaría demasiado débil para moverse. A veces, él
ignoraba por completo su entorno. En otras, él sabría lo que sucedía a su alrededor, pero no
podría actuar.
Durante días, cualquiera podía tropezar con él, atacarlo, hacer cualquier cosa que
desearan. Secuestro. Prisión. Violación. Incluso córtalo en pedacitos.
Pero él no estaba preocupado por sí mismo. Teniendo en cuenta el rápido deterioro
de la condición de Gillian, el tiempo era su mayor enemigo y el de él.
Debo asegurar mi supervivencia. No podría ayudarla si moría.
Primera orden del día: asegurar una guarida.
Nunca te acerques a un enemigo hasta que hayas explorado tu ubicación y te hayas
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asegurado un refugio seguro.


Página

La voz de Sin surgió del atolladero de la memoria de Puck, tan bienvenida como
despreciada. Él había estado tan concentrado en Gillian, y las cosas extrañas que le hacía
sentir, no había pensado en su entorno ni un segundo. Probablemente no le habría
importado, de todos modos. Y no solo por Indiferencia. Sin solía hacer todas las
exploraciones y asegurarlas, dejando a Puck para luchar. Ahora, en su punto más débil,
tenía que encontrar refugio y crear una defensa indestructible.
A menos que Hades interviniera, William vendría a buscarlo.
En momentos como este, Puck echaba de menos a Cameron y a Winter. En su
propia manera especial, lo amaron cuando nadie más lo haría, o podría. Cada vez que
Indiferencia lo invadía, ellos lo protegían. Durante siglos, ellos se habían asegurado de que
sus habilidades de combate permanecieran bien afinadas, lo que lo obligó a practicar. Y
cuando él había perdido de vista sus objetivos, ellos se lo recordaban.
La relación no había sido unilateral, tampoco. Cada vez que Obsesión había
superado a Cameron, el guerrero había pasado días, semanas encerrado en una habitación,
hablando solo con el demonio, negándose a comer o dormir. Él necesitaba un campeón
dispuesto a luchar, y luchar duro, para distraerlo con una nueva obsesión. Winter nunca
había sido la mejor candidata. Para ella, un solo acto desinteresado tenía consecuencias
devastadoras.
Los demonios siempre venían con un precio.
Cada vez que Winter desafiaba a Egoísmo y actuaba altruistamente, ella descendía a
una odisea de locura de una semana. El tiempo suficiente para desgarrar un reino entero,
dejando cero supervivientes... y a Winter con recuerdos violentos que ella nunca podría
sacudir.
Puck había ayudado a los hermanos de maneras que nadie más podía, y compartió
su hielo.
¿Los hermanos habrían sufrido sin él?
Tal vez, probablemente, pero al menos se tenían el uno al otro, de la forma en que
Puck tuvo una vez a Sin.
¡Puck! ¡Puck! Otro recuerdo apareció, Sin, de once años, sollozando al lado de la
cama de Puck. Es mejor que sanes de esta herida, o me veré obligado a matar... a todos.
No puedo vivir sin ti.
Oh, cómo Puck echaba de menos al chico que había sido Sin. El amigo en el que él
se convertiría.
Indiferencia ronroneó mientras se deslizaba por su cuerpo y desviaba más y más su
fuerza. Los temblores cayeron en cascada por sus extremidades. Uno por uno, sus huesos se
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transformaron en fideos y sus músculos en sopa. Cada paso adelante se convirtió en una
Página

lección de angustia.
Cuando su pie se encontró con una roca, él se adelantó. Aunque intentó calmarse,
sus rodillas se rindieron. Él se derrumbó, granos de arena se aferraron a su piel sudada. La
oscuridad se metió en el borde de su mente, ganando terreno rápidamente.
¡No pelea! Al descubierto como ahora, él era un objetivo. Un objetivo fácil. Pero
incluso mientras él luchaba por ponerse de pie, el demonio agotó el resto de su energía,
convirtiendo la respiración en una tarea ardua.
—Ahí estás. ¡Finalmente! —La risa femenina se filtró en su conciencia. —Estaba
empezando a pensar que había tenido los días mezclados, pero luego recordé que la única
vez que me he equivocado fue cuando pensé que estaba equivocada.
Él reconoció su voz. Keeley, la Reina Roja. La amiga de Gillian y de William. El
ser que le había dado Indiferencia a Sin, con instrucciones de poseer a Puck, le encomendó
a Hades que le ofreciera ayuda.
¿Qué nuevo horror le tenía guardado hoy?
—Torin, un empujón, por favor, —dijo ella.
Torin, guardián de Enfermedad. El único que Puck esperaba que lo atacara a la
primera oportunidad.
Él estaba demasiado débil para protestar cuando unos brazos sólidos como roca lo
envolvieron y lo levantaron, hacia arriba, contra un pecho musculoso. Sin embargo, dentro,
luchaba como la bestia en la que él se había convertido, en vano.
— ¿Dónde lo quieres? —PreguntóTorin. —Y no te atrevas a decir en mis
pantalones. No otra vez.
— ¿De quién es el pantalón? ¿Tuyo o mío?
—De cualquiera de los dos, —respondió el guardián de Enfermedad.
Keeley jodida. —Me gusta justo donde lo tienes. Mírate, cariño. ¡Tus bíceps están
abultados!
Un suave soplo salió de Torin, como si luchara contra un poderoso impulso de reír y
maldecir al mismo tiempo. —Concéntrate, princesa, y dime adónde vamos.
—Para nuestra choza secreta de amor, por supuesto.
El repiqueteo de los pasos se mezcló con el chasquido de las ramas, creando un
ominoso coro. Puck aborrecía esto con cada fibra de su ser. La impotencia. La
incertidumbre. La forma en que la oscuridad en torno a su mente se burlaba de él,
amenazando con hacerlo perder el conocimiento en cualquier momento.
—Mi bestia sexy es magnífica, ¿no? —ddijo Keeley. Cálidos, suaves dedos trazaron
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su frente.
Página

Un gruñido reverberó en el pecho de Torin, sin ningún atisbo de diversión. —Oír


que te vuelves poética sobre otro hombre tiende a ponerme en un estado de ánimo asesino.
¿Sexy, Puck? ¿Su bestia? ¿Sabía la pareja sobre su plan de vincularse con Gillian,
chantajear a William y matar a Sin? ¿Sabía Keeley realmente qué pasaría todos esos siglos
atrás cuando le había dado la caja a Sin? Hades parecía pensar eso.
—Aw, la autoestima de mi bebé pica. —Su voz era baja, áspera. —Aquí, permíteme
ayudarla a mejorar.
Whoosh. El sonido de una palma de la mano golpeando su piel.
—Ow. —El cuerpo entero de Torin se sacudió. —Eso duele.
—Y hay más de donde vino eso, —dijo Keeley y Puck imaginó que movía un dedo
hacia su marido. —Eres el hombre más increíble en la historia de la historia, y yo soy la
mujer más fiel. Actúa como tal.
—Sí, señora. —Torin se rio, solo para ponerse serio. —William se molestará si se
entera de que estamos ayudando al futuro esposo de Gilly.
Ayudando al futuro esposo de la chica — ¿a mí? ¿La Reina Roja había predicho
incluso esto?
¡Por supuesto! Yo tengo esto en la bolsa.
Ella suspiró pesadamente. —Trataré con William cuando llegue el momento. Ya
sabes, cuando se dé cuenta de que salvé la vida de Gillian, y su eternidad, y su verdadera
pareja, y me rogará que lo perdone. ¡Oh! Entonces, Mira. Esta mañana he hablado con el
espejo mágico de Hades.
— ¿El que contiene a la diosa de los Muchos Futuros?
—Exactamente. Ahora tengo una muy buena ventaja en la mejor ruta de Willy y oh,
wow, es que ese chico es un mundo de dolor. Su compañera lo conducirá a una feliz
persecución. Lo cual me recuerda. Se supone que debo contarles a Gedeón y a Scarlet sobre
su bebé.
— ¿Pasa algo? —preguntó Torin, su preocupación evidente. — ¿O intentas
decirme que Gideon y Scarlet darán a luz a la compañera de William?
—No nada de eso. Pero ellos necesitan saber que la ilusión no es solo ilusión sino
también visión, y William necesita saber... ¿qué? Lo he olvidado. Algo sobre un interruptor
de código... una ilusión...
—No tengo idea de lo que estás hablando, princesa.
72

Tampoco lo hacía Puck, y no le importaba lo suficiente como para gastar energía


Página

para unir las piezas del rompecabezas.


Torin saltó sobre una roca, el movimiento brusco golpeando el cerebro de Puck en
su cráneo. La oscuridad dejó de jugar y comenzó a enmascarar su mente. Se deslizó dentro
y fuera de la consciencia, llegando solo cuando su rescatador lo colocó sobre una superficie
dura y plana, rocas frías cavando en su espalda.
— ¿…Haciendo esto? —estaba diciendo Torin.
—Él casi fue mi hijastro, —respondió Keeley. —Quiero verlo feliz, lo que significa
que debe ser empujado por el camino correcto. Pero amo a Gillian, también, y quiero
hacerla feliz. También quiero a Puck, y lo quiero feliz. O me encantará Puck, un día. Esta
es la única forma de lograr el final perfecto para los tres jugadores, un plan que puse en
marcha hace mucho tiempo.
Ella quería a Puck, o lo querría, ¿aunque no lo conociera? ¿Había ella pensado que
obligarlo a ser anfitrión de Indiferencia lo ayudaría a lograr el final perfecto?
Mujer loca Ella lo había arruinado todo.
—Estabas equivocada antes, sabes. No nos lo agradecerá, —murmuró Torin. —
Nunca.
— ¿No te he enseñado nada? —Dijo Keeley. —Tenemos que hacer lo correcto, sin
importar la reacción que recibamos de los demás. Además, la gente puede sorprenderte.
—Tienes razón. La gente puede sorprenderte, con un cuchillo en la espalda.
La oscuridad se cerró una vez más...
Cuando Torin soltó una sarta de lenguaje profano, Puck abrió los párpados. A través
de una neblina, pensó que divisó paredes rocosas, la sombra de un guerrero y el perfil de
una rubia tetona.
—Ella tampoco va a agradecerte por esto, —dijo Torin.
—Lo hará, —respondió Keeley, luego suspiró. —Bueno, tal vez no al principio,
pero un día. Si el pago no vale la pena... —dedos suaves golpeteando, golpeteando,
golpeando contra la mejilla de Puck. —Será mejor que valga la pena, Plucky6. El tiempo se
acaba. Ella está muriendo. Tú llegaste casi demasiado tarde. O tal vez ya es demasiado
tarde. La vida y la muerte son tan confusas para los psíquicamente inclinados.
Aunque él luchó para levantarse —¡debo llegar a Gillian!—la oscuridad descendió
una vez más. 73
Página

6 Plucky en inglés significa Valeroso.


Gillian cayó dentro y fuera de la conciencia. En su aturdimiento febril, pensó que tal
vez—tal vez no, probablemente era—probablemente no estaba teniendo una conversación
con Keeley.
Ella no podía decidir qué era real y qué no lo era porque, por una vez, no tenía idea
de si estaba soñando o estaba despierta, o si ella estaba confundiendo el presente con el
pasado y el pasado con el futuro, al igual que la Reina Roja, que había vivido durante miles
de años, de recuerdos y predicciones apiladas una encima de otra, los detalles se pierden en
el fango.
¿Era esto una prueba de la inmortalidad? ¿Podría Gillian vivir de esta manera para
siempre?
¿Recordaría siquiera esta extraña interacción, o lo olvidaría, como solía hacer la
Reina Roja?
—Me perdonas, ¿verdad? —preguntó su amiga, sonando nerviosa e insegura. —No
soy solo una extraña, recuerdas. Soy tu mejor amiga. Y yo salvé tu vida.
—Perdonar... — ¿Por qué? Oh espera. Keeley la había engañado para que bebiera
una maldición eterna. —Deberías haber... dejar morir... — ¿Ser cargada con sus miedos y
fobias para siempre? No, gracias.
—¡Disparates! Ahora sé una buena chica y di sí a Puck, ¿de acuerdo? Serás una
novia tan encantadora.
Bueno. Esto tenía que ser una alucinación. Ninguno de los Señores o sus
compañeros la animarían a casarse con Puck.
—Tienes que crecer, por supuesto, —continuó su amiga. —Reconozcámoslo, nena,
eres inmadura e imprudente. Haces cosas tontas. Estas confundida. Cambias de opinión en
un instante. Ve si esto te suena. —En un falsete, ella dijo—, Oh, William Eres tan perfecto
para mí No, no, William, estoy decidida a permanecer sola todos los días de mi vida.
William, te quiero a ti. William, no estoy interesada en ningún tipo de relación romántica
contigo.
El fuego se extendió por las mejillas de Gillian, y ella dudaba que tuviera algo que
ver con su enfermedad.
—No sabes lo que quieres o lo que necesitas, —continuó Keeley. —Solo sabes que
necesitas un cambio, ¿verdad? Bueno, ¡ta…da! Hoy es tu maldito día de suerte. Solo tienes
74

que luchar por algo mejor. Pelea, Gillian. ¡Lucha!


Página

Sus pensamientos fragmentados lucharon por mantenerse. Pucky suertudo... Puck.


El hombre más hermoso que ella haya visto. Sí, eclipsó a William, recordándole a un
príncipe egipcio que una vez había visto en un libro de historia, pero con mucho más
volumen. En serio, parecía que le había enseñado a Jason Momoa a hacer ejercicio. Y
cuando habló... adiós cordura. Tenía un leve acento irlandés que le hizo estremecer la
columna vertebral.
Sus ojos eran del color del carbón helado y estaban bordeados por las pestañas más
largas y gruesas de todos los tiempos. A primera vista, ella pensó que llevaba delineador de
ojos y mil capas de máscara negra azabache. Nop. En él, el aspecto ahumado era
completamente natural.
Él tenía los pómulos tan afilados como el cristal, una nariz imperial, y unos labios
tan suaves y húmedos como una rosa rosada, el inferior más regordete que el superior.
También a primera vista, la vista de sus cuernos la había asustado. Ella se
estremeció, el impulso de luchar o correr se alzó fuerte. ¿Luchar? ¿Yo? ¡Por favor! Si
hubiera sido lo suficientemente fuerte, habría corrido como si sus pies estuvieran en llamas.
A segunda vista, esos cuernos la habían intrigado. Ella no estaba segura por qué.
El hombre nunca sonrió. En realidad, su expresión nunca traicionó una pizca de
emoción. Parecía separado del mundo que lo rodeaba, no afectado por... absolutamente
todo. Excepto tal vez... yo. Una o dos veces parecía arder por ella.
¿Un error de su parte?
Sin embargo, a pesar de sus atributos bestiales y su comportamiento frío, no había
sido más que honorable. Él había pedido su ayuda y, a cambio, había querido que lo
ayudara a sentir algún tipo de emoción. ¿Podría ella?
¿No debería ella intentarlo? Por un lado, Puck era su última esperanza. Su única
esperanza. Posiblemente su salvación. Por otro lado, si ella muriera, no habría más miseria
o miedo. No más debilidad. El pasado sería borrado.
Lucha hasta el final, Gillian. Por favor. ¡Lucha!
¿Luchar para vivir? ¿Luchar contra el mal? ¿Podría ella? ella se preguntó de nuevo.
Esta vez, la respuesta se estrelló en su mente con la fuerza de un camión Mack. Sí!
Ella podría luchar contra el mal. Necesitaba vivir para luchar contra el mal. Había
demasiadas niñas y niños abusados por personas en puestos de poder, y ellos se merecían
un campeón.
Quiero ser una campeona.
Hola, lista de deseos.
75

Por mucho tiempo, ella no tenía ningún propósito. El miedo la había poseído, le
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había robado la alegría, la esperanza y el placer. ¡Pero ya no! Hoy era un nuevo día. La
chica que solía ser se había ido, una nueva se levantaba en su lugar.
Por primera vez en su vida, ella tenía una razón para vivir. Entonces, sí, ella
pelearía.
—Así es, —dijo Keeley, como si leyera sus pensamientos. —Este es tu destino. La
razón por la que naciste. El primer paso es siempre el más difícil, pero no te preocupes,
pronto estarás corriendo. —Ella limpió a Gillian de arriba a abajo con un trapo mojado,
luego la peinó y cepilló sus dientes. —Bonus: William no caerá en espiral y se culpará por
tu muerte, ayer, hoy o mañana.
William, dulce William. —Tal vez algún día alguien haga una película sobre tu
vida, —dijo Keeley. —Dieciocho años y casada con un Inmortal ¡y un Demonio! Pero la
verdad es más extraña que la ficción, ¿eh? ¿Quién lo creería?
Gillian estaba viviendo y ella apenas podía creerlo. Puck había dicho que un vínculo
con él haría el truco. Ella podría haber estado de acuerdo, si él no hubiera querido tener
sexo con ella.
El sexo permanecería en su lista de nunca jamás.
—Llegará un momento en el que ansiosamente, felizmente pondrás el sexo en tu
lista de siempre y para siempre, —susurró Keeley, otra vez pareciendo leer los
pensamientos de Gillian y demostrando que era una alucinación—.Admítelo. Adoleces por
Puck.
¿Ella? ¿Adolecer? Cuando el hermoso guerrero con los músculos abundantes la
había mirado con ojos helados, los ojos de un depredador. Ojos que decían que cazaría a su
presa durante horas, días, esperando el momento perfecto para atacar. No. Pero cuando él
quizás, tal vez no la miraba con calor ardiente, su cuerpo parecía despertar de un sueño
profundo, su ritmo cardíaco acelerándose, diferentes partes palpitaban, desesperadas por
aprender el significado de la dicha.
¿Podría él enseñarle?
Por supuesto, un miedo demasiado familiar la había envuelto cada vez. Casi tanto
como la culpa, también. ¿Cómo se atrevía su cuerpo a traicionar a William?
Un pensamiento tan tonto. William era un amigo, nada más.
¿Ella todavía quería más? Si no, bien. Ella podría vincularse con Puck y salvarle la
vida. En caso afirmativo, tenía que proceder con precaución. Si se vinculaba a Puck, ella
tendría cero posibilidades de estar con William, nunca.
Keeley presionó sus labios contra la frente de Gillian. —Cásate con Puck te dará un
borrón y cuenta nueva. Lo restablecerás, tendrás un nuevo comienzo. Solo... sobrevive
76

ahora, y averigua el resto más tarde, ¿de acuerdo?


Página

Borrar la pizarra. Nuevo comienzo. Del ratón asustado a la campeona intrépida.


Mientras el sueño le hacía señas, Gillian quedó atrapada en un solo pensamiento:
¿William o Puck?
Capítulo 10

Con los ojos abiertos, Puck se sobresaltó. Jadeando, él escaneó su entorno. Una
vacía, cueva de caverna, con una entrada a otro reino en el rincón más alejado. Pero... no
era la misma entrada que había usado para entrar en el reino. ¿A dónde llevaría esto?
En la pared del fondo, vio un mensaje escrito en sangre. Algunas de las letras
habían goteado juntas.
Pregunta de nuevo. Ella está lista para Decir Sí al Vestido.
¿El vestido? ¿Qué vestido?
Los hechos pasaron por su mente, una avalancha recogiendo las ruinas a lo largo de
un deslizamiento. Torin y Keeley, llevándolo a un lugar seguro... Gillian, muriendo...
demasiado tarde.
¿Demasiado tarde? ¡No!
Una marea de urgencia desconocida empujó a Puck sobre sus pies. Su fuerza había
regresado, y él necesitaba conservarla. No permitas emoción. No reacciones a nada.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que él había estado con Gillian?
¿Unos pocos días? ¿Una semana?
Él hizo una revisión rápida de su atuendo. Camiseta limpia, nuevo taparrabos. Él
pensó que recordaba a Keeley diciendo, Lo bárbaro trabaja para ti. Mantengamos el
aspecto.
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Mientras él salía precipitadamente de la cueva, el instinto le exigía que agarrara la


bolsa de nylon en su camino. Sin aminorar el ritmo, revisó el contenido. Cepillo de dientes,
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pasta de dientes, enjuague bucal, cepillo para el cabello. ¿Cortesía de Torin y Keeley?
¿Esperaban que se viera y oliera mejor para Gillian?
Puck usó cada elemento, negándose a estar agradecido.
Cuanto más se acercaba a la casa de la playa, más gemidos de dolor de Gillian
asaltaban sus oídos. Él combatió una punzada de simpatía y convocó una nueva capa de
hielo, más que nunca antes, hasta que solo importaban sus objetivos.
Él bombeó sus brazos y piernas más rápido. —Será mejor que esperes, muchacha.
Estoy casi allí.
¡Finalmente! Él llegó a su destino. Mientras él escalaba el segundo piso, una cálida
marea de alivio lo atravesó solo para congelarse cuando se encontró con el hielo. Excelente.
Las puertas del balcón ya estaban abiertas, haciendo las cosas más fáciles para él. Él
saltó la barandilla y voló hacia el dormitorio, donde encontró a Gillian en la cama, inmóvil
como una estatua.
Cuando ella inhaló una respiración, la muerte resonó en sus pulmones. Azul teñía
sus labios. Ella no estaba recibiendo suficiente oxígeno. Ella no era más que piel y huesos,
consumiéndose.
No reaccionarás.
William sabía qué le pasaba, sabía que había una sola forma de salvarla; el bastardo
podría haberse vinculado a ella y salvarla de esto. En vez de eso, él la dejó sufrir mientras
él buscaba formas inexistentes, caminos no probados para tal vez quizás con suerte
mantenerla un poco más de tiempo.
Él no la merecía. Pero él aprendería mejor. A veces tú tenías que perder un tesoro
para comprender su valor. Hoy, Puck comenzaría las lecciones de William.
Determinado, él deslizó sus brazos debajo del cuerpo de Gillian. Temiendo romper
sus huesos frágiles, la levantó contra su pecho lo más suavemente posible. Ella era
demasiado liviana, espantosamente.
Buscando calor, ella se acurrucó contra él. NO REACCIONARÁS.
Cuando sus hermosos labios formaron el nombre de William, Puck se puso rígido.
Entonces. Ella pensaba que el otro hombre la cargaba. No importaba, el error funcionaba a
favor de Puck. Él no tenía ningún deseo de aterrorizarla.
—¡Gillian! —La voz de William resonó por toda la casa. Su tono era forzado, como
si hablara mientras luchaba contra un oponente.
¿Habían venido Torin, Keeley o Hades para ofrecerle a Puck más ayuda?
78

Puck esperaba que Gillian se pusiera rígida cuando se diera cuenta de que su amado
no era el que se estaba escapando con ella, pero se ablandó aún más, y el alivio pareció
Página

apoderarse de ella. ¿Ella había querido que Puck viniera por ella?
Pregunta de nuevo. Ella está lista para Decir Sí al Vestido.
Por si acaso él había leído mal el lenguaje de su cuerpo, él se apresuró a
tranquilizarla sobre sus buenas intenciones. —No voy a dejarte morir. La última vez que
estuve contigo, yo sentí…sentí. —Cierto, en todos los sentidos, y una razón para evitarla,
pero también la razón por la que ella creía que continuaba buscándola. Él no podía olvidar
que tenía un papel que jugar. —Lamenté dejarte, —lamenté mi retraso con Indiferencia—,
y no voy a volver a hacerlo.
Le salieron palabras incoherentes, y él intentó descifrarlas. ¿Algo sobre hacerlo
sentir, después de todo?
Porque él admitió que lo lamentaba, ella pensó que su trabajo había terminado.
Piensa otra vez, muchacha.
Con paso largo y seguro, él se dirigió al balcón, trepó la barandilla y saltó. Cuando
él aterrizó, él se las arregló para mantenerse en pie a través de la arena pura. Sin embargo,
el impacto resultó ser discordante, y Gillian gimió.
—Lo siento, —él murmuró, y se preguntó si lo decía en serio, a pesar del hielo.
Mientras él corría hacia adelante, con ramitas y rocas cortando sus pies, decidió regresar a
la cueva de Torin y Keeley y usar su entrada. A donde fuera que condujera, él trataría con
eso. —Quiero vincularme contigo, Gillian. No digas que no.
—No lo haré. Sí, —susurró ella. —Voy... a vincularme. ¿Qué... necesito... hacer?
¿Ella había estado de acuerdo? Una explosión momentánea de shock lo hizo
tropezar, pero él dijo, —Solo repítemelo. —Él corrió por el reino, cada vez más rápido, en
dirección a la salida, poniendo la mayor distancia posible entre Gillian y William. — ¿Sí?
Un murmullo de acuerdo.
Suficientemente bueno. —Te doy mi corazón, alma y cuerpo. —Él esperó hasta que
ella hizo eco de sus palabras. Cada vez que hacía una pausa para recuperar el aliento, sus
terminaciones nerviosas zumbaban. —Ato mi vida a la tuya, y cuando mueras, yo muero
contigo. Esto digo, esto hago.
La importancia del momento no se perdió en él. Estaban atando sus almas juntas.
Hasta que él utilizara las tijeras, serían dos mitades de un todo.
Si su vida se hubiera desarrollado de acuerdo con su plan original, él nunca habría
considerado la posibilidad de vincularse. Él se habría quedado solo, nunca durmiendo con
la misma mujer dos veces, sin conocer la verdadera satisfacción en la cama.
79

Después de Gillian, después de Indiferencia, su vida sería suya una vez más. No
Página

compartiré con nadie, nunca.


Él no confiaría en nadie, ni siquiera en la próxima esposa que él tomara. La reina
amorosa.
—Repite el resto, —él ordenó.
Las lágrimas brotaron en los ojos de Gillian, haciendo que todo ese oro de color
whisky pareciera líquido. ¿Ya lamentaba ella su decisión? Demasiado mal. Ella se había
quedado sin tiempo, y no tenía otras opciones. Su vida se estaba desvaneciendo justo ante
los ojos de Puck.
Si tuviera que obligarla a terminar, él lo haría.
Entonces, sucedió un milagro. Ella se hizo eco de su declaración, aceptando de
buena gana su reclamo. —Esto digo, esto hago.
¡Tan cerca de la victoria!
Indiferencia gruñó, y Puck rechinó los dientes.
—No creo... que eso funcionara. —Las cejas de Gillian se juntaron. — ¿Estás
seguro... el vínculo es lo que... me salvará? Me siento... igual. Débil como siempre.
—No te preocupes, muchacha. No hemos terminado todavía.
Finalmente llegaron a la salida. Puck pasó por la puerta mística y entró en un nuevo
reino. Uno que nunca antes había visto. No había playa, ni gente, sino una extensión
interminable de jungla.
Posibles amenazas: follaje venenoso, vida silvestre, trampas hechas por el hombre y
los machos que las construyeron.
En un raro acto de protección, él presionó la cara de Gillian en el hueco de su cuello
antes de asomar por un mar de ramas y hojas. Él reclamaría el primer refugio que
encontrara, de buena o mala manera, y terminaría la ceremonia.
Ahí. Una casa en el árbol apareció a la vista, grande y lujosa.
Puck colocó a Gillian sobre su hombro lo más suavemente posible y subió. En la
parte superior, encontró una hermosa habitación amueblada en blanco. ¿Quién vivía aquí?
Poco importaba. Él puso a Gillian en el centro de la cama y sacó una daga. Después
de cortar su muñeca, colocó la herida directamente sobre sus labios. La sangre goteaba en
su boca, y ella se atragantó.
—Traga. —Él ladró la orden, sin mostrar piedad.
Febril y frenética, ella sacudió la cabeza y gotas preciosas cayeron por su mejilla.
80

—Harás esto. —Ella debía. Su vida—y su vínculo—dependían de eso.


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Él colocó el talón de su mano ilesa contra su frente para mantenerla en su lugar y


pellizcó su nariz cerrándola. Cruel por su parte, pero también necesario. Ella morirá de otra
manera.
Ella lo perdonaría. O no. Él colocó su herida sobre su boca por segunda vez. Debido
a que ella tuvo que abrirla para respirar, su sangre goteó por su garganta.
Ella se atragantó de nuevo, pero finalmente tragó, y él exhaló con alivio. Ahí. Está
hecho.
Él levantó su brazo y recogió la daga. Sabía lo que tenía que hacer, cortarle la
hermosa piel, pero él todavía dudaba. ¿Tomar sangre que ella no podía darse el lujo de dar?
¿Cómo podría él atreverse?
No hay otra manera. Su dolor sería fugaz. Una vez que lo hiciera, ella podría
desviar su fuerza y, finalmente, completar su transición a la inmortalidad. Todo estaría
bien. Ella incluso podría agradecerle.
Puck inhaló bruscamente, y cortó la muñeca de Gillian. Ella se encogió mientras
colocaba la herida en su boca y bebía.
—Sangre de mi sangre, aliento de mi aliento, —él dijo con voz ronca, su corazón
latía fuertemente contra sus costillas. —Hasta el fin de los tiempos. —O hasta que usara las
tijeras. —Repite las palabras, muchacha.
Sus ojos se agrandaron, y los dientes blancos y rectos mordieron su labio inferior
todavía cubierto con la sangre de Puck. —No, —dijo ella, y se estremeció. —Necesito
pensar. Ya no estoy segura...
¿Se rehusaba? ¿Ahora? Se está quedando sin tiempo. —Si no haces esto, morirás, y
guerrearé con William por nada. —Sin una moneda de cambio, William no tendría motivos
para convertirse en el aliado de Puck y en todos los motivos para convertirse en su
enemigo.
Mil emociones diferentes nadaron en sus ojos, desesperación en primer plano.
Puck pensó que él lo entendía. Un vínculo le salvaba la vida, pero también destruía
cualquier posibilidad de estar con William. En su mente, al menos. No tenía idea de que
Puck planeara usar las tijeras, y no iba a decírselo. Todavía. Por lo que sabía, William la
había etiquetado con alguna especie de guarda después de descubrir que Puck había venido
husmeando, permitiendo que el otro macho escuchara a través de sus oídos. El guerrero
sabría la verdad cuando Puck decidiera compartir, y no antes.
— ¿Comprendes que William te habría dejado morir? —Le dijo él, con las palabras
arremolinándose. —Estoy aquí. Estoy dispuesto a arriesgar todo… por ti.
81

Un gemido abrió las compuertas, anunciando un sollozo. ¿Ella incluso lo había


Página

escuchado?
La frustración y la rabia golpearon su hielo. Gruñidos resonaron dentro de su
cabeza.
Inhala, exhala. —Gillian. —Él ahuecó su mandíbula, manteniendo su agarre lo más
suave posible. —Dame una oportunidad. Déjame salvarte.
Nuevamente, él no estaba seguro de si lo había escuchado o no, pero ella cerró los
ojos y se apoyó en su toque. Pasó un segundo, dos, una agonía aparentemente interminable.
Cuando finalmente sus párpados se separaron, él se encontró con una mirada dorada más
embrujadora que nunca—ventanas a las heridas que se enconaban en su interior.
Las lágrimas corrían por sus mejillas y los temblores sacudían su delicado cuerpo,
pero finalmente, ella repitió las palabras. —Sangre de mi sangre, aliento de mi aliento.
Hasta el fin de los tiempos.

82
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Capítulo 11

Entre un latido y el siguiente, la vida de Gillian cambió para siempre.


Mientras la fuerza y la calidez pasaban velozmente por su cuerpo, la oscuridad y el
hielo atravesaron velozmente su alma. Las sensaciones duales lucharon por la supremacía,
dejándola tambaleándose. Tan mal que quería gritar por William. Él haría todo mejor.
Pero él no estaba aquí, y lo que podría haber sido nunca sería.
Un sollozo se alojó contra un nudo en su garganta, y se escapó un sonido de asfixia.
Ella había alineado su vida con alguien más. Un extraño.
Y eso era algo bueno, ¿verdad? Ella se restablecería. Hoy marcaba el Primer Día de
su nuevo comienzo. Ella tenía un nuevo camino por caminar—sin William. ¿Y si él decidía
apartarla de su vida por completo, porque ya no era Gillian, sino Gillian más uno?
¿Cómo podía decir adiós al hombre más magnífico que ella había conocido? Las
lágrimas distorsionaron su visión.
William te hubiera dejado morir. Estoy aquí Estoy dispuesto a arriesgar todo.
La vieja Gillian se habría lamentado. La nueva Gillian se regocijaría. Por primera
vez, ella tenía un plan para su vida. El rescate de niños abusados. Cada vez que lo lograra,
ella estaría pateando el mal en las bolas.
Finalmente, la niebla oscura que la había atormentado desde que había caído
enferma se había levantado — ¿los últimos días, semanas?—se habían vuelto borrosas a
medida que se aclaraba el presente.
83

Una habitación abierta y aireada la saludó, puro glamour rústico. La luz del sol fluía
Página

a través de grietas en las paredes de madera. Ella llenó sus pulmones al máximo, el aroma a
lavanda y humo de turba se burlaba de ella, rico y decadente, incluso calmante, el aroma de
Puck. Delicioso.
Gillian yacía en una cama grande con un colchón suave. Su esposo estaba sentado a
su lado, mirándola con expresión tensa. ¿Porque él había compartido gran parte de su
fuerza con ella?
Cuando su mirada chocó con la de ella, una neblina sensual nubló sus pensamientos.
Puck era... él era...
Más hermoso de lo que yo jamás me había dado cuenta.
Los cuernos de marfil le dieron una mística de otro mundo. El cabello negro y
sedoso hacía señas a sus dedos... ojos bordeados de kohl ardían de posesividad, derritiendo
la escarcha de sus iris de color carbón. Hoy, sus iris le recordaban a un cielo de medianoche
salpicado de estrellas. Sus labios tenían un tono más oscuro de rosa que antes y le rogaban
que los besara, exigía que su boca se presionara contra la de él.
Ningún hombre había lucido tan duro y gentil al mismo tiempo, como si pudiera
matarte o seducirte tan pronto como se decidiera.
Una extraña sensación picaba las crestas de los senos de Gillian y entre sus piernas.
No importa. Ignóralo ¿Qué importaba? ¡Ella estaba viva! Gracias a Puck, ella tenía
esperanza y un futuro.
Riendo, ella lo abrazó. Ella le debía mucho. ¿Pero todo lo que él quería a cambio?
Sentir una emoción, cualquier emoción.
Sonaba bastante fácil. En teoría, al menos.
¿Cómo se suponía que iba a hacer reír al guardián de Indiferencia? ¿Decirle chistes?
¿Cómo se suponía que ella iba a hacerlo llorar? ¿Compartiendo historias sobre su infancia?
¿Y a dónde iban a ir, eh? ¿Volver a Budapest con los Señores? Dudaba que Puck
fuera bienvenido, y sabía que él no se mezclaría con la sociedad moderna.
En realidad, él no tenía que mezclarse. La gente supondría que vestía un disfraz, y
probablemente publicaran críticas en línea.
¿Viste el “monstruo” en el distrito del castillo? ¡Tan falso!
Su maquillador debería ser despedido.
Él no engañaría a mi tío ciego. Calificación: D-
Gillian lo soltó, ansiosa por hablar de sus pensamientos, planes y esperanzas, pero él
la abrazó y la sostuvo firmemente en su lugar. Su corazón dio un puntapié en un ritmo de
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staccato, y se le heló la sangre.


Página

El pánico se disparó, y ella se echó hacia atrás, ganando su libertad. El alivio


floreció... hasta que ella oyó un rugido silencioso y siniestro en el fondo de su mente.
Puck luchó contra la erección más feroz de su vida. El aroma de bayas de amapola -
de Gillian- llenó su nariz. Excepto, su dulce fragancia ahora tenía más profundidad, porque
se mezclaba con su aroma, convirtiéndose en el aroma de ellos.
Ellos estaban bien y verdaderamente unidos.
Su frágil cuerpo había exigido su pago, tomando lo que necesitaba de su cuerpo.
Acababa de recuperarse del castigo de Indiferencia; ahora, una buena parte de su nueva
fuerza ya lo había abandonado. Pero... él estaba contento. O casi contento.
Un precio tan pequeño que pagar por la impresionante transformación de Gillian.
El color había vuelto a su piel, los hermosos tonos dorados ahora sonrojados con
rosa. El peso que había perdido reapareció en un abrir y cerrar de ojos, sus ojos ya no
estaban hundidos, sus mejillas se redondearon una vez más. El cabello opaco y sin vida
tenía un nuevo brillo y relucía como polvo de diamante.
Puramente femenina. Deliciosamente carnal.
Más radiante que nunca. Debido a él. Por Púkinn Neale Brion Connacht IV. Porque
su poder fluía a través de ella, asegurando que su corazón continuara latiendo.
El orgullo hinchó su pecho. Ningún hombre tenía una esposa más adorable.
Ningún hombre tenía una esposa más asustada, él se dio cuenta, apretando su
pecho. Su mirada se desvió hacia la izquierda, luego hacia la derecha. ¿Buscando una
salida? En ese momento, ella le recordó a una presa herida acorralada por un depredador
hambriento.
—Tranquilízate, muchacha, —dijo él con voz áspera. Él pensó... no, seguramente
no. ¿Pero tal vez? La emoción parecía fluir entre su vínculo. Miedo, tristeza. Esperanza,
felicidad. Rabia, preocupación.
Tenía que ser un error. Y sin embargo, Indiferencia permaneció en silencio.
Gillian respiró profundamente por la boca y cerró sus ojos. Durante varios
segundos, ella permaneció sentada como una estatua. Cuando ella exhaló, se concentró en
85

Puck, lo salvaje se desvaneció de sus ojos. Ojos que se movieron hacia abajo para evitar su
mirada.
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—Lo siento, —ella dijo, y se frotó sus sienes.


Él presionó dos dedos debajo de su mandíbula y levantó su barbilla. Su mirada se
elevó, también, y se mantuvo firme, inquebrantable.
—Mejor, —dijo él. —Me gustan tus ojos, quiero verlos.
Ella parpadeó, como sorprendida.
Cuando él alisó un mechón de pelo detrás de la oreja, las puntas de los dedos le
hormigueaban, y un deseo candente lo atravesó. Y, sin embargo, todavía Indiferencia se
mantuvo en silencio. Aún más impactante, Gillian se ablandó y se inclinó sobre su toque.
—Eres exquisita, —él dijo, y nunca se habían pronunciado palabras más verdaderas.
Círculos rosas más oscuros se extendieron por sus mejillas, otorgando un aire de
inocencia a su sensualidad carnal. —Gracias. Y tú…
—No lo soy. Lo sé.
—Oye. No pongas palabras…
—¡Gillian! —La voz dura de William resonó en las paredes, sacudiendo los
tablones.
Termina tu frase, Puck quería rugir. ¿Qué pensaba ella que él era?
—William, —dijo ella. La emoción iluminó sus ojos, dibujando un gruñido poco
suave de Puck.
¿Gruñido poco suave? La estoy usando. Sus sentimientos por otro hombre no me
afectan.
Daga en mano, él se levantó de un salto. Momento perfecto. William irrumpió a
través de una pared, fragmentos de madera volando en todas direcciones. La rabia crepitaba
en sus ojos azul eléctrico, no, sus ojos rojos neón. Arcos de rayos pasaron por debajo de la
superficie de su piel, mientras el humo y las sombras se extendían sobre sus hombros, como
alas. Sus cabellos de color negro cuervo ondeaban alrededor de su rostro, levantado por un
viento que Puck no podía sentir.
¿Qué clase de inmortal eraeste hombre?
Él era el hijo de Hades a través de una especie de adopción inmortal; los dos no
compartían lazos de sangre.
Fuera lo que fuera, William había perdido la oportunidad de moverse contra Puck.
Ahora, lo que le sucedía al esposo también le sucedía a la esposa. Corta a Puck, y Gillian
sangraría. Rompe sus huesos, y los de ella se romperían.
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Esos ojos rojos neón se entrecerraron sobre él, crujiendo con el tipo de ira que Puck
ansiaba sentir. —Vas a morir, pero no hasta que hayas pedido una misericordia que nunca
Página

recibirás. Ella es mía y yo protejo lo que es mío.


Y así comienza.
La primera regla de negociación: establecer una base sólida sobre la cual apoyarse.
La segunda: destrozar a tu oponente de todas las maneras posibles. Cuanto más fuera de
equilibrio se sintiera William, menos confianza tendría. Mientras menos confianza él
tuviera, más fácil sería para Puck resolver la situación a su favor.
—No, —croó Gillian, levantándose de la cama para moverse al lado de Puck. —No
lo matarás.
¿Piensa proteger al hombre que podría haber salvado sus días de agonía?
Olvídate de una base sólida. Puck fue directamente a rasgar. — ¿Ella es tuya? —Él
se burló. —Yo hice lo que temías hacer. Luché por el premio, y gané.
Una bomba detonó en los ojos de William, chispas literales chisporrotearon en las
esquinas. —Has sellado tu destino, demonio.
Si Gillian escuchó el intercambio, no lo notó, su mirada suplicando a William.
¿Esperando que él la salvara de Puck?
La rabia que él había anhelado sentir hace unos momentos ahora lo llenaba, su
tatuaje de mariposa ardía y bailaba sobre su piel. Sus músculos se hincharon y sus huesos
vibraron. Sus garras se afilaron.
Su mente, permaneció en silencio. Aun así, él convocó hielo. Él nunca había
necesitado más su fuerza, no podía arriesgarse a un castigo.
Frío y calculador, se acercó a Gillian y le dijo a William, —Ella es mía. Yo nunca
haría daño a mi mujer.
William levantó una daga, listo para atacar.
—No, William. Lo digo en serio. —Ella se puso delante de Puck y estiró los brazos,
como si... ¿lo protegiera? —No puedes lastimarlo.
Oh sí. Ella pensaba en protegerlo. Algo que su hermano no había hecho, allí al final.
Una parte de Puck ansiaba investigar la fuente de su deseo de protección. Algo que
él podría hacer. Solo por un día. Quizás dos. Quizás una semana. Sin embargo, tardaría
mucho en llegar a Amaranthia. Según los Oráculos, él tenía que esconder a Gillian antes de
tratar con la otra llave.
Además, cuanto más tiempo pasara entre la ceremonia de vinculación y las
negociaciones de Puck con William, más comprendería el guerrero la brevedad de sus
87

circunstancias.
Página

Mi lógica es sensata
—Oh, muñeca. —William dirigió una sonrisa llena de malevolencia hacia la chica.
—Te aseguro que puedo lastimarlo.
—No entiendes. Él me salvó. Él es... él es mi esposo ahora. Nos unimos. —Ella se
lamió los labios mientras cambiaba de un pie descalzo al otro. —Lo lastimas a él me
lastimas a mí. Creo. —Mirando por encima del hombro, se encontró con la mirada de Puck.
— ¿Tengo razón?
El asintió.
Una mezcla de conmoción y furia jugó sobre las facciones de William. —El
vínculo. Tú estuviste de acuerdo. Realizaste la ceremonia.
Las lágrimas volvieron a llenar sus ojos. —No quería morir.
—No tienes idea de lo que has hecho. —El otro hombre se tambaleó hacia atrás,
como si lo hubieran pateado. —Te está utilizando para algo.
—Lo sé, —ella respondió, y sonó un poco triste, muy preocupada.
No, ella solo conocía las mentiras que Puck le había dado.
— ¿Lo sabes? —La amenaza latía en William. — ¿Sabes también que le
perteneces a él, espíritu, alma y cuerpo? ¿Que los lazos nunca se pueden romper?
—Me pertenezco a mí misma, —ella dijo. Entonces su valentía se evaporó. —Lo
siento. Yo solo... hay tanto que quiero hacer. Tanto que quiero lograr.
Puck le puso una mano en el hombro, con cuidado de no arañarla con las garras
listas para hacer pedazos a William. Al igual que antes, ella se apoyó en su toque; solo por
un momento, un hermoso momento robado, antes de darse cuenta de lo que había hecho y
enderezarse.
Un momento fue suficiente.
William se dio cuenta.
Con una daga aplastada contra su corazón, dio otro paso hacia atrás. La furia y la
cortesía le habían sido arrebatadas, revelando la desesperanza y el deseo descarado. Una
vez, Gillian había sido un salvavidas para él. ¿El macho ahora la consideraba un ancla?
—Puedo encerrarlo. Puedo mantenerlo a salvo y mantenerlo alejado de ti, —dijo
William. —Es un ganar, ganar.
Un gemido la dejó.
—Adelante. Prueba, —dijo Puck, antes de que ella tuviera la oportunidad de estar
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de acuerdo. Si ella se volvía contra él...


¿Podría ella?
Página

—Gillian. —William usó la daga para señalar a Puck. — ¿Quieres que lo encierre?
Sus ojos se llenaron de lágrimas una vez más, las gotas caían por sus mejillas. —
No, —dijo ella. —Lo siento. No lo hago.
Puck soltó un aliento que no sabía que había estado conteniendo.
—Muy bien. Haremos esto a tu manera. —Con una expresión pedregosa, William
dio media vuelta y salió de la casa del árbol.
Otro gemido dejó a Gillian, todo su cuerpo temblaba. — ¿Qué he hecho? —Con un
sollozo desgarrador, ella se tiró en la cama.
El hielo se partió por la mitad, pero se aferró a ambos lados. Él había encontrado la
primera parte de su objetivo, salvar y vincularse con Gillian; el estado de su mente debería
ser la menor de sus preocupaciones.
Entonces, ¿por qué él se sentó a su lado y peinó con sus dedos la suavidad de su
cabello?
Cuando finalmente ella se calmó, se encontró preguntando, — ¿Amas a William?
—Sí, —ella admitió con un resoplido. —Él es mi mejor amigo. O lo era. ¿Qué pasa
si él nunca me perdona?
Él lo hará. La forma en que William la había mirado... probaba que el macho le
perdonaría cualquier cosa. Solo requeriría tiempo. Pero un lado oscuro de Puck no quería
que Gillian fijara sus esperanzas en una reconciliación.
Me necesita. Me quiere. —Seré tu mejor amigo ahora, —le dijo él.
—Si eso es una orden...
¡Sí! —Simplemente una sugerencia.
Su cuerpo se relajó, la tensión escapando de ella por fin. ¿Porque Puck la había
calmado... o porque Indiferencia tenía acceso a ella a través del vínculo?
La idea lo sacudió. ¿Podría el demonio afectarla ahora?
— ¿Soy inmortal? —Preguntó, frotándose las sienes de nuevo, como para evitar un
dolor. — ¿O te hice humano?
—Inmortal. Te lo dije, soy el dominante.
Él continuó peinándole con los dedos su cabello, pronto quedó hipnotizado por la
sensación de seda contra su carne. El contraste de trenzas oscuras contra el bronce de su
piel. La forma en que los mechones revoloteaban sobre la elegante línea de su espalda.
Mi esposa está tumbada en una cama...
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El deseo pasó por su mente, una bola de demolición a lo que quedaba de su frígida
Página

resolución. El hambre lo arañó. Entre sus piernas, su erección palpitaba.


Su mente gritó, Debo marcar a mi mujer. Muéstrale, muestra a William. Ella me
pertenece, y solo a mí.
Sí. Sí. Puck le daría un gran placer. Él le enseñaría a amar su toque. Pronto, ella lo
anhelaría.
¿Y cuándo deba devolverla al otro macho?
William le agradecería por preparar el camino.
William morirá si se atreve a tocar lo que…
Un pequeño estruendo escapó de Puck. Cuando llegara el momento, él haría lo que
necesitaba hacer. —Consolidaremos nuestro vínculo ahora, —él dijo, con un tono denso,
casi drogado. Y voy a correrme. ¡Finalmente!
Gillian se giró, sus ojos se abrieron de miedo. —No. Sin sexo. Jamás. Te doy
permiso para dormir con otras. Todas las que quieras, pero nunca yo.
Un cuchillo invisible se retorció dentro de su estómago. —Somos marido y mujer.
Déjame aliviar tus miedos.
—Sé que somos marido y mujer, está bien, —ella dijo—, pero te dije que nunca
había experimentado el deseo, que nunca quise experimentar el deseo, y lo dije en serio.
Su disposición a compartirlo... lo irritaba.
—Muy bien. Será como lo desees.
Ella sollozó, así que él continuó, incluso si ella había dejado de escuchar. —Hay
cosas que debo hacer antes de irnos. Te quedarás aquí, y yo me aseguraré de tu seguridad.
—Él se apartó de ella entonces, sin mirar atrás, y saltó del árbol.
Él se tomaría un poco de tiempo, se congelaría, recuperaría las riendas del control y
descubriría qué le había sucedido a Indiferencia.
Después, él se encontraría con su próximo objetivo. Todo estaría bien, o lo haría así.

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Página
Capítulo 12

¿Qué diablos está mal conmigo?


En el momento en que Puck se había ido, ¿Gillian había estallado en lágrimas?
Ahora diferentes emociones continuaron bombardeándola, haciéndola sentir como si
estuviera tropezando con un diluvio de estrógeno, adrenalina y ácido. Básicamente, la
histeria jugaba la ruleta rusa con la manía, mientras que la tristeza y la felicidad se
involucraron en un juego de la gallina. Ella estaba arriba, estaba abajo, estaba dando
vueltas, vueltas, vueltas, y mientras tanto todo tipo de extraños gruñidos y rugidos sonaban
dentro de su cabeza.
El vínculo tenía que ser responsable. Pero, ¿cómo funcionaban los vínculos,
exactamente? Puck no sentía nada, por lo que no era como si hubiera heredado su pena,
rabia, culpa, pena y... deseo. ¿Ella lo había hecho? El extraño picor había regresado, sus
pezones se endurecían y el ápice de sus muslos dolía, más fuerte que antes, y esta vez no
había duda de la razón.
Una parte de ella estaba hambrienta de una manera que ella nunca antes había
conocido, ni siquiera con William.
Cuando Puck se levantó, listo para ponerse manos a la obra, una pequeña parte de
ella le dio la bienvenida a la idea de estar con él. Pero, por supuesto, el miedo había
eclipsado rápidamente todo lo demás.
Si él hubiera tratado de forzar el asunto...
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Pero él no lo hizo. Él le había salvado la vida y se había alejado. Ahora, ella se lo


debía.
Página

Él afirmó que quería sentir algo,cualquier cosa. Cuando Gillian pensó en sus
interacciones, su mente ya no se nubló por la enfermedad, ella comenzó a sospechar que él
tal vez, posiblemente... le había mentido, que él realmente no quería sentir. Porque, cada
vez que él se ablandaba un poquito, se retiraba rápidamente detrás de un exterior frío.
¿Por qué mentiría él? Él no tenía otra razón para casarse con ella. Además, como
adolescente fugitiva, ella había recibido un curso acelerado de decepciones; su engaña-
radar hubiera sonado.
¿Pero ella pensó que podría recordarlo sentir que se arrepentía en algún momento?
Sí, quizás. Sin embargo si él lo hubiera sentido antes de vincularse con ella, ¿por qué seguir
con la ceremonia y arriesgar su vida? ¿A menos que él solo quisiera sentir más?
Y, está bien, tal vez él no tenía la culpa de su situación actual. Tal vez todos los
nuevos inmortales pasaban por esto, o su recién roto corazón estaba desatando años de
confusión.
Roto, porque William le exigió que eligiera entre él y el hombre que la había
salvado. ¿Pero cómo podía traicionar a Puck, después de todo lo que él había hecho?
¿Cómo podría ella lastimar a William así? ¿Volvería ella a verlo alguna vez?
¿Qué clase de vida podrían tener ella y Puck en realidad?

Cuando Puck regresó a la casa del árbol, encontró a Gillian en la cama, exactamente
donde la había dejado.
— ¿Sigues llorando? —Le preguntó mientras metía sus pies en un par de botas que
él había confiscado para ella.
—No estoy llorando. Tú estás llorando, —ella respondió, petulante. Manchas rojas
cubrían su cara, y sus ojos estaban hinchados.
Ella lloraba la pérdida de su precioso William.
Puck esperó una punzada de indignación. No sintió nada más que un ligero apretón
en el pecho. Bien. El hielo rodeaba su corazón en capas impenetrables.
Sin duda eran impenetrables.
—Vamos. —Él tiró de ella para levantarla.
— ¿A dónde vamos?
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Ignorando su pregunta, él la condujo fuera de la casa del árbol. Luego, usando sus
dagas, luchó a través del espeso follaje que abarrotaba su camino. Ya había explorado el
Página

reino, pero solo había encontrado dos puertas. Una conducía a un reino ardiente donde
ciertamente los esperaba la muerte mientras que el otro conducía directamente al paraíso
tropical de William, ninguno de los cuales llevaba a Puck en dirección a Amaranthia.
Ellos regresaron al paraíso tropical. Aunque él esperaba una emboscada, William
nunca apareció.
— ¿A dónde vamos? —Gillian preguntó de nuevo. —Porque me gustaría presentar
una solicitud para Budapest. Yo tengo amigos allí.
—No.
—William mencionó que estás teniendo problemas con Torin. Yo podría interferir
y…
—No estoy teniendo problemas con Torin.
—Bien, excelente. Nosotros podemos…
—No.
—Espera. —Con un bufido, ella ancló sus manos en sus caderas. —Vamos a aclarar
algunas cosas antes de continuar.
—Sí. Hagámoslo. —Él se giró para mirarla a los ojos, y fue golpeado por una súbita
e intensa tempestad de deseo.
¿Cómo? ¿Cómo ella le hacía esto?
—Bueno, —sugirió, como si él fuera el cabecilla de esta conversación. Ella
mantuvo la cabeza en alto, incluso cuando un rubor se apoderó de sus mejillas.
Un rubor tan sexy... ¿Qué tan lejos viajó?
¡Contrólate! No hay necesidad de ser amable, él decidió. Él la había cortejado, y él
había ganado. Ahora él podría ser él mismo.
—Nuestra relación no es una democracia, sino una Puckocracia. Te salvé la vida,
muchacha. A partir de ahora, hablo y tú escuchas. Yo mando, y tú obedeces. ¿Entiendes?
Ella comenzó a retroceder, solo para pararse y cuadrar los hombros. —Por tu lógica,
debes escuchar cuando yo hablo y obedecer cuando yo ordeno. Yo también te salvé la vida.
¿Oh en serio? —Explica.
—En su ira, William te habría encarcelado.
—Incorrecto. En el peor de los casos, él me habría gritado. —El leve brillo de
orgullo lo obligó a agregar—, Además, he derrotado a oponentes más fuertes que William
El Oscuro.
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Ella pasó su lengua por sus dientes, la imagen de la terquedad femenina, y hermosa
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más allá de lo imaginable. —Nadie es más fuerte que William.


El pecho apretándose nuevamente. — ¿Qué ha hecho el hombre para ganar tu
lealtad?
—Para empezar, nunca me mintió, nunca se aprovechó de mí, incluso cuando
intenté forzar el asunto, —ella dijo.
Interesante. — ¿Cómo trataste de forzar el asunto?
El rubor se intensificó. —Olvida eso. Él pasó tiempo conmigo, sin hacer demandas,
simplemente disfrutando de mi compañía. Él me protegió cuando yo no podía protegerme.
Él…
— ¡Suficiente! Él es perfecto. Lo entiendo. —El apretón disminuyó, reemplazado
por dolor; algo oscuro y con púas arrasó todo lo que conocía como hielo impenetrable.
Sin embargo Indiferencia se mantuvo en silencio.
El vínculo con Gillian había afectado al demonio. No había otra explicación. Pero,
sin importar cómo Puck había rebanado y cortado la situación, la respuesta se mantuvo a
raya.
¿Qué significaba esto para él? ¿Qué significaba esto para su esposa?
—Si estuvieras unida a William, —él se encontró a sí mismo diciendo—, ¿estarías
ahora en su cama?
Un estremecimiento la atormentó, el color desapareció de sus mejillas. —No.
Eso era algo, al menos.
Ellos reanudaron su viaje y llegaron a la caverna. La siguiente puerta reluciente se
alzaba al frente.
—Yo iré primero. Quédate justo detrás de mí. ¿Y esposa? Si estalla una pelea,
correrás a un lugar seguro. Te encontraré.
—Yo… está bien. Sí.
Puck apretó con más fuerza sus dagas antes de pasar por...
Vientos amargos lo azotaron, como cuchillos contra su piel desnuda. Escudriñó,
descubriendo montañas de hielo tachonadas de árboles, un cielo gris salpicado de nubes
negras cargadas de lluvia. Prácticamente una metáfora de su corazón.
Entonces. La puerta de William era móvil. Es decir, se abría a un nuevo reino cada
vez que alguien que no fuera su dueño pasaba.
Gillian jadeó, su pequeño cuerpo instantáneamente golpeado por escalofríos.
94

Mientras su sangre se espesaba, convirtiéndose en lodo en sus venas, la envolvió con un


brazo, ofreciéndole calor.
Página

A lo lejos, un animal aullaba. Otros animales respondieron en consonancia con su


especie. Fauna silvestre. Excelente. Puck podría alimentar a su, Gillian.
Es hora de dejar de referirse a ella como esposa. Pronto, la dejaría ir. Nada
cambiaría su opinión.
Sus dientes castañeteaban cuando ella dijo, —Oh, Dios mío, infierno helado.
Como inmortal, ella sobreviviría a la temperatura fría. Pero... la urgencia lo asedió.
Debo ponerla caliente.
—Este camino. —Él la condujo a una arboleda cercana, bloqueando lo peor del
viento, luego se movió hacia una pila de pieles…
Bien. Las pieles venían con cuerpos. En algún punto, los humanos habían tropezado
a través de la puerta y muerto. Estaban perfectamente conservados, y a primera vista, ilesos.
Sin manchas de sangre
Puck liberó el abrigo más pequeño y cubrió el material alrededor de los hombros de
Gillian. —Esto debería ayudar.
Agarrando las solapas con fuerza, ella lo miró fijamente, la gratitud brillando en
esos ojos embriagadores. —Gracias.
No te ablandarás. Él ofreció un rígido asentimiento en reconocimiento.
Entre respiraciones, cada vez que la niebla frente a su cara se evaporaba, escaneaba
el área para encontrar la boca de una cueva, oculta por las hojas de nieve que caía. ¿Los
depredadores anidaban dentro?
Después de recoger leña y encender un fuego, instó a Gillian a sentarse ante las
llamas y le dijo, —No te muevas de este lugar.
—Espera. ¿Me estás dejando?
—Si grito, corres.
—Pero…
Con el arma preparada, entró en la cueva y terminó la conversación. Una entrada
espaciosa conducía a un pasillo estrecho con giros y vueltas, un pasillo que salía a una
habitación grande con una fuente termal burbujeante. Vapor se enroscaba en el aire,
llevando el aroma de… él olfateó. Limpieza, sin rastro de sangre o podredumbre.
Una pila de huesos cubría una esquina, cada uno con marcas de colmillos y garras.
Un animal depredador se había establecido aquí, pero no había regresado en años. Sin
sangre fresca.
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Puck marchó afuera pero evitó acercarse a Gillian. Si percibiera su olorcillo a bayas
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de amapola, quizás no reuniera la voluntad de dejarla, y él tenía que dejarla para atender sus
deseos y necesidades.
—De vuelta con treinta y tres segundos de sobra, —ella le dijo con una sonrisa de
alivio.
Esa sonrisa...
Su eje palpitó de deseo e Indiferencia... ¡allí! El demonio revoloteó por su mente,
arañando y cortando, pero con mucha menos fuerza que de costumbre.
¿Dónde has estado, demonio?
Por supuesto, no hubo respuesta, solo un gruñido apagado.
—Quédate aquí afuera, —le dijo Puck a Gillian. —No vayas dentro de la cueva sin
mí, solo en caso de que su dueño regrese. —Si ella estuviera arrinconada... Si las paredes
rocosas le impidieran oírla gritar pidiendo ayuda... —Voy a atrapar nuestra comida. —Él
terminó un poco demasiado duro.
— ¿Qué? No. —Ella se enderezó, el frío la volvía torpe, y trató de alcanzarlo. Justo
antes del contacto, ella frunció el ceño a su mano, como si la cosa maldita se hubiera
atrevido a actuar en contra de su voluntad. Bajando los brazos a su lado, ella dijo, —No
quiero estar sola. Por favor. Quédate aquí conmigo.
Permanece despreocupado. —Solo será a un grito.
Mientras ella lo miraba con los ojos abiertos, regalándolo con la visión de todas las
llamas que aún esperaban dentro de ella, lista para prender fuego y quemarse, comenzó a
comprender el dilema de William. Cómo el guerrero la había dejado atrás en un intento de
proporcionarle algo mejor.
—A un grito de distancia, —ella se hizo eco. —Guau. Esto es taaan reconfortante.
Muchas gracias.
—No te preocupes. Si te atacan y te lastiman, sanarás. Eres inmortal ahora,
¿recuerdas? Y estamos unidos, tu vida está ligada a la mía. Si mueres, muero. ¿Sabes lo que
eso significa?
—No, —ella susurró.
—Que no te dejaría si pensara que algo catastrófico podría sucederte.
Sus palabras, destinadas a consolarla, solo la irritaban. Toda amarga y vinagrosa,
ella dijo, — ¿Hay algo más que deba saber? Como, ¿va a crecerme un pene ahora que
estamos compartiendo una vida?
Él no quería admirar su espíritu ni disfrutar cómo ella podía ser suave y enérgica.
No, él no lo hacía. —El único pene con el que tendrás que lidiar es el mío. —Y la
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conversación actual lo tenía agonizante, arrasando aún más al demonio. —No estoy seguro
de qué otras ramificaciones enfrentaremos.
Página

Sus mejillas se sonrojaron y ella abrió la boca para responder.


Poco dispuesto a escuchar otros argumentos sobre el tema, él la dejó entonces,
dirigiéndose a la parte más espesa del bosque.
Sus maldiciones lo siguieron, instigando a instintos que él nunca antes había visto, y
él casi se dio vuelta. Algo dentro de él exigía que mimara a su nueva espo… Gillian.
Demandaba que él hiciera todo lo que estuviera a su alcance para hacerla feliz cada minuto
de cada día.
¡Tonto! — ¿Por qué no estás más enojado? —Él le espetó a Indiferencia. — ¿Dónde
está mi nuevo castigo?
Gruñir, gruñir.
¿El vínculo debilitaba al demonio? ¿Tal vez incluso sometía su capacidad para
afectar a Puck? Posiblemente. ¿Cómo? Él no estaba seguro. ¿Podía Indiferencia aún
debilitarlo? Tal vez.
La verdad es que Puck no quería sentir ahora. Por primera vez desde su posesión,
realmente anhelaba la nada fría ofrecida por el hielo. Sin deseo por Gillian. Sin anhelo de
aliviar sus miedos. Sin problema para dejarla ir.
Él se lanzó a la caza, recorriendo la tierra en busca de huellas. ¡Ahí! Mientras seguía
un camino apartado, se embolsó pétalos de cada orquídea de invierno que encontró, con la
intención de usarlos en las aguas termales porque… simplemente porque.
Finalmente él llegó a la fuente del camino. Una manada salvaje... algo. Algún tipo
de híbrido de conejo-cerdo de gran tamaño, con piel gruesa y hocico.
En el momento en que ellos lo olieron, estallaron en un coro de chillidos y corrieron
hacia él, tan rápido como jaguares, sus dientes largos y afilados brillando a la luz de la luna.
No había tiempo para prepararse. Puck esquivó la primera ola de ataques, se giró y
comenzó a atacar. Sus dagas atravesaron gargantas y vientres, rociaron sangre, las vísceras
cayeron al suelo. La segunda ola lo derribó, pero nunca tuvieron la oportunidad de morder.
Él luchó demasiado diligentemente.
Sus heridas se convertirían en las heridas de Gillian, y la idea de su corte y
sangrado...
Con un rugido que rivaliza con el que Indiferencia utilizaba para dar rienda suelta,
Puck cortó con más fuerza. Su velocidad sobrenatural impidió que las criaturas se cerraran
sobre él. Uno por uno, sucumbieron a sus cuchillas.
Cuando terminó la batalla, estaba empapado de sangre y jadeante, con cadáveres
amontonados a su alrededor. La oscuridad había caído, ¿cuánto tiempo había dejado sola a
97

Gillian?
Página

Eligió dos criaturas antes de regresar corriendo al campamento, siguiendo la


fragancia de bayas de amapola. Sin duda él podría vendarse los ojos y caer en medio de la
nada, y aun así encontrar a Gillian sin dificultad.
Ella se sentaba frente al fuego, viva y bien, y el alivio se deslizó a través de él.
Alivio y conciencia, ambos antagonizando al demonio. La luz de la luna le rendía glorioso
tributo a su piel, provocando que su rica melena marrón reluciera como la seda.
—Almuerzo y cena. —Después de dejar caer la recompensa frente a ella, él dijo, —
Límpialos y cocínalos mientras me baño.
La cólera contorsionó sus exquisitas facciones. —Te fuiste para siempre. Y oh, sí,
no estoy limpiando y cocinando eso.
— ¿No tienes hambre? —No importaba. Ella comería. Eso, él la forzaría. La
debilidad física no estaría permitida.
—Estoy muerta de hambre, pero…
Él la interrumpió y le dijo, —Entonces limpia, cocina y come. Problema resuelto.
—No quiero tocar un animal muerto, y ciertamente no quiero comer un animal. Soy
vegetariana.
En Amaranthia, las hembras rara vez decían negativas a sus machos. Aunque Puck
no mantendría a Gillian, tampoco toleraría la desobediencia.
—Harás lo que yo ordene, —dijo él, su tono de pura amenaza. —Nada más es
aceptable.
Irse le había servido bien la última vez, así que lo hizo de nuevo. En la cueva, el aire
cálido y húmedo lo envolvió. Agua goteando, goteando, goteando de las paredes, cada vez
más fuerte cuanto más profundo él viajaba.
Cuando él llegó al manantial, arrojó los pétalos de orquídeas al agua. Su nuevo
instinto de marido le exigía que saliera, apretara a Gillian contra él y la preparara, la
mantuviera a salvo. En lugar de eso, se desnudó y se metió en el líquido. Podría usar
algunos minutos de su tormento.
Él se sumergió una, dos veces, enjuagando la sangre. Los pasos sonaron detrás de
él, seguidos por un suave gemido femenino, y cada músculo de su cuerpo se tensó.
Ella había venido a él.
Ignorando un nuevo coro de Indiferencia, Puck le daba la espalda, inseguro de lo
que vería en sus facciones. ¿Asco? ¿Aprobación? ¿Qué es lo que él quería que viera?
¡Nada!
98

Ella pisó fuerte, diciendo, —Tú eres mi... mi esposo. Me alimentarás con frutas y
Página

verduras. Es tu deber.
Enfréntala. Termina con esto. Mira.
Lentamente él se volvió. Cuando su mirada encontró a Gillian, el aire en sus
pulmones se evaporó y su tatuaje de mariposa trepó a su espalda baja. Indignación había
enrojecido sus mejillas, y los ojos llenos de alma le suplicaban, sálvame de mis problemas.
¡No! No habría salvación. A partir de ahora, él la mantendría a distancia. —No me
importa mucho, muchacha, pero vivo según ciertas reglas. Tengo que. Las reglas me
mantienen vivo a pesar de mi aflicción. Mantengo vivas a las personas que me rodean.
Ella se pasó la lengua por los labios, y aunque se ordenó a él mismo apartar la
mirada—mirar a otro lado—él siguió el movimiento de su lengua, ganando más protestas
de Indiferencia.
¡Suficiente! — ¿La regla que necesitas memorizar? —él continuó, su tono más
severo. —Come tres comidas al día. —Para que ella no pensara que él atendería a todos sus
caprichos, agregó—, Además, trabajarás o te morirás de hambre. —Declaraciones
contradictorias. O tal vez no. Tres comidas al día, tres comidas para las que trabajaría.
—Te lo dije, soy vegetariana. No me importa trabajar por mi comida, siempre y
cuando sea comida que pueda comer.
Él entrecerró sus ojos. —Tú puedes comer la comida que yo proporciono,
simplemente, tú prefieres no hacerlo. Lo que tú no entiendes es esto. No tiene que gustarte
las tareas que te doy, pero igual tienes que hacerlas. No tiene que gustarte la comida que te
doy, pero igual tienes que comerla.
Subió su barbilla. —Preferiría morirme de hambre.
Él ofreció su sonrisa más cruel, un simple giro de sus labios. —Eso ya no es una
opción para ti.
—Pero…
—Harás lo que te digan, o sufrirás.
El miedo latió de ella, y sus dientes comenzaron a castañetear. — ¿Me lastimarías?
—Sí. —Siempre haría lo que debía para obtener lo que necesitaba.
Ella se tambaleó hacia atrás, como si ella hubiera sido empujada. —Yo te odiare.
Cuando Indiferencia se hizo más fuerte, el cuchillo invisible regresó, retorciéndose
en las entrañas de Puck una vez más. —Como probablemente ya hayas descubierto, no me
molestará en lo más mínimo.
99

Diferentes emociones jugaban en sus ojos, miedo dando paso a la ira, ira dando paso
Página

a la incredulidad. Ella levantó su barbilla en otra muesca. —Está bien, hemos terminado.
Quiero ir a casa.
La negación gritó dentro de su cabeza. —Yo soy tu hogar. —Por ahora.
—Quiero ir a mi antiguo hogar.
—No. Vivirás en mi reino.
Tan blanca como la niebla de la mañana, ella grazno, —Bien. Esta noche juntaré
ramitas y buscaré bayas...
—Las ramitas son para fuego, y no hay bayas en este reino.
— ¿Qué comen los conejos, entonces?
—No son conejos, muchacha.
Después de absorber sus palabras, ella presionó sus manos contra su torso, como si
temiera perder su última comida, fuera lo que fuese. —Tu situación ha cambiado. ¿No
deberías cambiar tus reglas también?
Su punto... tenía mérito. Además, obligarla a comer carne—y ganarse su odio—
podría retrasar su viaje a casa. Ella podría luchar contra él en cada paso del camino. Pero la
falta de alimento también podría ralentizarlos.
Un compromiso podría salvarlo de un montón de problemas.
Muy bien. Puck agitó sus dedos, haciéndole señas. Aunque arrastró los pies,
obedeció al llamado sin protestar. Y, cuando palmeó la repisa de piedra, se sentó sin vacilar
y cruzó las piernas.
Silencioso, con movimientos lentos y cuidadosos, le quitó las botas y los calcetines.
La visión de sus dedos delicados, con sus uñas pintadas de azul bebé, envió a su corazón
latiendo con fuerza contra sus costillas. La tentación hizo señas... y se derrumbó, trazando
con la yema del dedo los dulces y pequeños dedos. Indiferencia rugió.
Al primer roce de piel contra piel, Gillian se estremeció.
Maldiciendo a los machos que la habían traído hasta este punto, sumergió sus pies
descalzos en el agua caliente y burbujeante, y ella jadeó, ¿Tal vez nosotros podríamos
negociar? Si me encuentras algo de comer... además de animales... Haré todo lo posible
para hacerte sentir una emoción, como la felicidad o incluso la tristeza. Es por eso que te
uniste a mí, después de todo. Así que yo te ayudaría a sentir algo, cualquier cosa.
Sus mentiras volvían a atormentarlo. Él quería ser un proyecto para ella, por lo que
tendría una razón para pasar tiempo con él. Si ella constantemente trataba de hacerlo feliz...
Él se debilitaría. Tal vez. Tal vez no.
100

¿Por qué no te siento tan fuerte, demonio?


No había necesidad de continuar el engaño. Además, ella ya lo había hecho sentir
Página

mucho. Fingir que él no había sentido nada, por lo que ella continuaría intentando, lo haría
un mentiroso.
¿Así que? Él había sido mucho peor.
Él debería decirle la verdad y prometer castigarla si ella intentaba hacerle sentir
algo. Excepto...
A pesar del peligro, le gustaba la idea de que Gillian hiciera todo lo que estuviera a
su alcance para hacerlo sentir... satisfecho. Sí. Eso.
Daría cualquier cosa—excepto su misión—para ser “seducido” por su esposa.
Primero, tendría que inclinarla en esa dirección.
—Harás lo mejor que puedas para hacerme sentir, de todos modos, —él dijo. Este
villano-pretendiendo-ser-un héroe-de una-novela-de romance, haría que su heroína
trabaje para ello. —Negociación o no.
Presumiendo ahora, ella le arrojó gotas de agua. — ¿Es eso algo que me puedes
obligar a hacer?
—No, —él dijo, e hizo un ceño fruncido con la intención de intimidarla. Ella pensó
que lo tenía por las pelotas.
Pronto, pequeña esposa. Pronto.
—Entonces, un trato es la única forma de garantizar mi cooperación. Entonces, si
quieres que te haga sentir algo, me alimentarás con algo que no sea carne. ¡Oh! Y aceptarás
llevarme a casa después de que tengas éxito. Y no lastimarás a William. O Torin. Nunca.
Casi chasqueó, No digas los nombres de otros hombres.
Tieso ahora, él separó las piernas de ella y se interpuso entre ellas. Rápido como un
rayo, ella colocó sus manos sobre su pecho para alejarlo. Simplemente aplanó la suya
encima de ella y se quedó quieto.
Anhelaba aliviar sus temores de intimidad, pronto, él se recordó a sí mismo.
— ¿Cómo me harás sentir una emoción? —Le preguntó. Una emoción que nunca
admitiría sentir, obligándola a seguir intentándolo.
—Y-yo... te contaré chistes, —dijo. —O historias tristes.
Con una mirada caliente sobre ella, él dijo, —Otros han tratado de divertirme o
hacerme sentir triste y fracasaron. —Verdad. Una vez, Cameron había estado determinado
a forzar algún tipo de reacción de él. El intento no terminó bien para el guardián de
Obsesión, que sufrió el castigo cada vez que no completaba una “misión”.
101

— ¿Los otros pudieron hacerte sentir algo previamente? ¿Nada en absoluto?


—No.
Página

Presumiendo de nuevo, ella dijo, —Entonces tengo una ventaja.


—Pero quiero sentir algo más que diversión o tristeza.
Ella tragó saliva. —No... no puedo...
— ¿De qué otra manera lo harás? —le preguntó. —Tratar de hacerme sentir, quiero
decir.
Su respiración se volvió irregular, cada inhalación trabajosa. —Tendrás que esperar
y ver, supongo.
—Si no me diviertes o me entristeces cuando lleguemos a mi tierra natal, ¿vas a
intentar lo que sugiero?
Mientras ella se movía debajo de sus manos, debatiendo su respuesta, la
anticipación lo mantuvo en una salvaje presión. Ella sabía lo que él pediría—deseo.
—Sí, lo haré. —Un graznido. —Si me das de comer frutas y vegetales mientras
estamos juntos y me regresas a Budapest una vez que te haya hecho sentir... algo.
Una brillante pero breve llamarada de triunfo lo provocó, y casi sonrió. Aunque
quería quedarse cerca de Gillian, se obligó a soltarla y se mudó al otro lado de la fuente.
—Muy bien, muchacha. Tú tienes un trato.

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Página
Capítulo 13

3° día de matrimonio

—Es una verdad universalmente reconocida que una chica casada en posesión de
una daga eventualmente apuñalaría a su marido, —murmuró Gillian, apresurándose para
mantenerse al ritmo de Puck.
No hace mucho tiempo, habían entrado en un nuevo reino. Una selva húmeda de
rocío con pantanos anegados y una espesa maleza de vegetación, todo unido por un espeso
dosel de follaje sobre su cabeza. Aunque bonito, el terreno resultó hostil. El fuego estallaba
a lo largo de cada masa de agua, picos salían de los troncos de los árboles cada vez que se
acercaba y las hojas se cerraban con colmillos reales.
Cada criatura que encontraba resultaba ser una mezcla de dos tipos de vida silvestre:
un gorila con la mitad inferior de una araña; una serpiente con patas traseras; moscas del
tamaño de una palma con aguijones de escorpión.
Ni una sola vez Gillian había gritado con sorpresa o miedo. Un verdadero milagro.
Incluso había logrado mantenerse al ritmo de Puck sin quejarse, jadeando y resoplando. ¿La
única ventaja? El olor a humo de turba y lavanda permaneció fuerte en su nariz.
Ah, y ella ya no tenía hambre. En algún momento, él le había dado una deliciosa
comida de bayas y plantas. Buen hombre… mal hombre… El jurado todavía estaba
deliberando.
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Cada vez que pensaba en William, ella los empujaba atrás con una fría
determinación que nunca antes había poseído. La tristeza solo la retrasaría. Y si alguna vez
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la tristeza resultaba ser más fuerte que su determinación, se centraba en Puck; cautela
mezclada con fascinación, eclipsando todo lo demás.
Él no llevaba camisa, su fuerza en una exhibición espectacular. Un tatuaje de
mariposa aparecería en su espalda solo para desaparecer, luego reaparecía en otro lugar.
Una vez, cuando giró para evitar una rama en el rostro, vio la mariposa en su pecho. A
veces, incluso cambiaba de color.
Cada Señor del Inframundo llevaba una marca similar. O más bien, todos los
inmortales poseídos por demonios lo hacían. Gillian nunca lo había encontrado sexy.
Todavía no lo hago. De ninguna manera, imposible. Excepto...
No puedo dejar de mirar, mi boca haciéndose agua.
Al menos ese extraño rugido había dejado de estallar por su cabeza.
Otra imagen adornaba el pecho de Puck: un racimo de flores entrelazadas alrededor
de un pavo real azul con un pico largo y dos círculos por pies. Uno de esos círculos
serpenteaba alrededor de su pezón mientras que el otro descansaba en el centro de su
esternón. Los exquisitos detalles hacían que el pájaro pareciera listo para volar fuera de su
piel.
Había reemplazado su andrajoso taparrabos con un par de pantalones que había
hecho usando el forro interior de los abrigos que habían encontrado en el infierno de hielo.
Bastante ingenioso, su Puck. Y de alguna manera más hermoso con cada hora que pasaba.
¿Qué tan duros eran esos cuernos? ¿Era su piel oscura tan fría como su actitud, o tan
caliente como el fuego? ¿Qué tan suave era la piel en sus piernas?
¿Cómo se vería si alguna vez le importara algo, cualquier cosa? ¿Si alguna vez se
preocupara por ella?
Ella se estremeció y tembló al mismo tiempo, simultáneamente intrigada y
consternada.
De acuerdo. Suficiente de andar por la luna. Era hora de hacerlo reír. Tan pronto
como tuviera éxito, tendría que llevarla a su casa. Ellos tenían un trato. Y ella tenía, ¿qué?
¿Unos días para hacer esto? ¿Tal vez una semana? Si llegaban a su reino de origen primero,
ella fracasaría. Si ella fallaba…
Esperaba que Gillian “intentara” seducirlo.
La humedad en su boca se secó. ¿Podría intentarlo? El sexo todavía encabezaba su
lista de nunca jamás. Nunca lo reconozcas, nunca lo consideres Afróntalo, ella llevaba un
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cinturón de castidad imaginario sin llave.


Entonces, ¿por qué había soñado con Puck anoche? Soñó con sus labios sobre los de
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ella, sus manos vagando por las curvas de su cuerpo. ¿Por qué le había gustado?
Al despertar, había encontrado sus pezones duros, y su núcleo caliente, húmedo y
dolorido.
El enlace debía ser responsable. Y está bien, está bien, tal vez incluso el mismo
Puck. Él había dormido detrás de ella, su fuerte brazo envolviéndola, ofreciéndole calor. La
piel de sus piernas había sido suave, muy suave; no se había quejado cuando ella se frotó
contra él. Mejor aún, no había hecho ningún pase hacia ella.
¡Pero vamos! Una extraña noche no podía superar una vida de miedo. Tenía que
hacer reír o llorar al hombre. ¡Alguna cosa!
— ¿Están estos otros reinos que estamos visitando conectados a la Tierra o, son
como parte, de otra galaxia? —Preguntó.
—Ambos. —No ofreció nada más.
El silencio que siguió raspó sus nervios en carne viva. ¿Cómo podría ser tan frío
ahora? Durante su baño, él había ardido, dándole una mirada que decía te haré cosas
perversas y pedirás más.
En ese momento, ella no había estado preparada y se había asustado. Ahora, ella
quería ver esa mirada de nuevo. Él solo… había estado tan distante con ella.
Él apartó una rama de su camino. Cuando una hoja intentó morder su muñeca, el
follaje crujió con su poderoso puño.
Gillian observó, su fascinación por Puck se hizo más profunda. Él era más seguro y
dominante que… cualquier persona. Nada lo asustaba. Ningún desafío resultaba ser
demasiado difícil.
Durante demasiado tiempo, había tenido nula autoestima e igual habilidades. Había
sobrevivido a las mezquinas calles de Los Ángeles y Nueva York con solo su ingenio y
valentía.
Creo que se está convirtiendo en mi modelo a seguir.
En muchos sentidos, él le recordaba a William. Él era intrépido, testarudo y feroz.
En otras formas, los dos eran tan diferentes como la noche y el día. William bromeaba.
Puck aún no dominaba la habilidad. William amaba a mujeres de todos los tamaños, formas
y colores. Puck parecía no notar a nadie más que a Gillian. William la trataba como si fuera
cristal. Puck la amenazaba tan fácilmente como respiraba.
Esta mañana había dicho: —Nueva regla. Harás lo que yo diga, cuando te diga, sin
dudarlo, o te pondré las manos encima y te obligaré a hacerlo.
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Había querido huir, pero se había obligado a quedarse y decir: —¿Mi nueva regla?
Te apuñalo en el estómago cada vez que me pongas las manos encima. —Palabras
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valientes. Advertencia sin sentido.


Perdida en sus pensamientos, no pudo ver la roca en su camino. Su bota se
enganchó en la protuberancia, y tropezó. Puck nunca intentó ayudar a estabilizarla.
—Muy bien. Es hora de reducir la velocidad, —refunfuñó mientras se ponía de pie.
—Estoy empezando a retrasarme.
— ¿Empezando a? Tu percepción del tiempo es adorable.
Imbécil. Él podía viajar durante horas sin tomarse un descanso. Nunca parecía
necesitar comida y agua, ni un cuarto de baño, ni descanso. —A este ritmo, mi corazón va a
explotar.
Finalmente desaceleró, murmurando: —Las esposas requieren más cuidados y
alimentación de lo que yo pensaba.
Auch. — ¿Todas las esposas o solo yo? —Murmuró.
—Considerando que eres mi primera esposa, solo puedo hacer referencia de ti,
¿verdad?
¡Mira! No tenía idea de cómo burlarse o ser objeto de burla. El hombre tomaba
todo lo que le decía como evangelio. ¿Y a qué se refería, primera esposa? Estaban unidos.
El divorcio no se podía agregar al menú, pero ¿quizás la separación? De cualquier manera,
nunca tendría una segunda esposa, ¿verdad?
Bueno. Era hora de llevar esta conversación por buen camino. — ¿Qué te hacía reír
antes de tu posesión demoníaca? —Preguntó ella.
—Sin.
—Sin7. ¿Cómo de… maldad?
—Como de mi hermano menor.
¿Él tenía un hermano? —Háblame de él.
—No.
Oookay. Las respuestas cortas y no dulces eran la especialidad de Puck. Lo tengo.
Tal vez ella no iría con diversión, felicidad o incluso tristeza. Tal vez iría con enojo.
Sí. La ira funcionaria.
—Examen de gravedad aleatorio—, dijo, justo antes de enganchar su pie alrededor
de su tobillo.
Él tropezó, pero logró evitar estampar el rostro sobre una gran planta. Además de
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fruncir el ceño sobre su hombro, no dio ninguna reacción externa. — ¿Qué estás haciendo,
muchacha?
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—Poniéndote furioso. Obviamente.


— ¿Por qué?

7El nombre del hermano de Puck es Sin y en español significa Pecado, es por ello que Gilly le hace
esa pregunta.
— ¿Quieres sentir, recuerdas? Y, según el profesor Puck antes de intentar cambiar
el tono, una emoción es tan buena como cualquier otra.
Otra mirada sobre su hombro reveló un ceño fruncido.
Nota mental: el sujeto no responde a bufonadas o subtexto.
De regreso a la tristeza. —Esta no es la vida que imaginaba para mí, ¿sabes? —Ella
fingió sorber. —Mi mejor amigo me desprecia… —De acuerdo, no tuvo que forzar el
siguiente sorbo. ¿William todavía estaba enojado con ella? ¿O había vuelto a sus sentidos?
—…y estoy siendo llevada a un nuevo hogar. ¡Un nuevo mundo del que no sé nada! La
única persona con la que estoy familiarizado es un hombre del que no sé nada.
—Esta vida es mejor. Piénsalo. Ahora eres Gillian Shaw, aventurera.
Sí. Sí, lo era. Y ella…
Espera. Retrocede solo un poco. Cuando los Señores del Inframundo se casaron con
sus novias, dichas novias inmediatamente adquirieron un nuevo apellido: Lord. Entonces,
habiendo dicho “Sí, quiero”, o lo que sea que Gillian había repetido durante su improvisada
ceremonia, ahora ella era… ¿Gillian Lord? Puck estaba poseído, entonces, en teoría, él
también era un Señor del Inframundo.
¡Mierda! ¿Quién era ella?
—No te ofendas, pero…. ¿a quién estoy engañando? Nunca te ofendes ¿Cuál es tu
nombre completo? —Preguntó ella.
—Púkinn Neale Brion Connacht el Cuarto. —Su acento, aunque leve, hacía que
cada sílaba pareciera una canción lírica.
—Supongo que eso me convierte en Gillian Elizabeth Shaw-Connacht. Primera de
su casa. Hija sin padres. Inmortal. Esposa de Puck. Amiga de los Señores del Inframundo.
Pronto defensora de los inocentes. Portadora de sonrisas. Ex campeona del mundo
angustiado.
De nuevo, ninguna reacción de él.
—Mi chispeante ingenio se desperdicia en ti. —Maravilloso.
—Púkinn es un nombre familiar, —continuó, como si ella no hubiera hablado. —El
nombre de cada primogénito desde la coronación del primer rey de Connacht.
107

Bien, bien. Él había ofrecido información sin preguntar. Dulce progreso.


Y él no había terminado. —Mi hermano me llamaba Puck. Significa espíritu
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travieso. Mi gente me llamaba Neale, lo que significa campeón. Mi ejército me llamaba


Brion, lo que significa él que asciende. Mis amigos me llaman irlandés, por el Púca. Bueno,
el Púca y miles de otras razones. El nombre de Connacht es, al parecer, una provincia en
Irlanda.
— ¿Púca? —Entonces, ¿en tu tierra natal cada nombre significaba algo?
—Los Púca son cambia-formas en la tradición irlandesa. Usualmente las criaturas
toman la apariencia de un animal, y son consideradas portadoras de buena y mala fortuna.
—Estás como una cabra, tienes que estar bromeando, —dijo, moviendo las cejas.
— ¿Ajá? ¡Venga! ¡Eso es gracioso!
—No, —dijo. —No estoy bromeando. Y no, no es gracioso. ¿Lo estás intentando,
muchacha? Quizás quieras fracasar, así que te verás obligada a hacer lo que ambos sabemos
que pediré.
Ella tragó saliva. ¿Tenía razón? Incluso ahora, él trabo su mirada fija como un imán.
Ella bebió toda esa piel oscura e impecable, esos músculos, la amplitud de los hombros que
conducían a los brazos fuertes y las manos con punta de garra.
¿Encendida por esas cualidades monstruosas? ¡No! El vínculo, solo el vínculo.
—Entonces, ¿tu familia recibió el nombre por los irlandeses? —Preguntó.
Él lanzó una mirada por encima de su hombro, su expresión en blanco. —Los
irlandeses fueron nombrados después de nosotros, un grupo de Amaranthians que se
trasladaron al mundo de los mortales. Pero no soy un Púca. Soy más como un sátiro o un
fauno, supongo.
— ¿Qué significa Gillian?
—Vigorosa.
—Ugh.
Cuando él le lanzó una segunda mirada, como si ella fuera un imán para él, su ritmo
cardíaco se aceleró y un cálido hormigueo se encendió en su vientre. Sus piernas se
debilitaron, temblores de deseo la recorrieron.
Ella se tambaleó. ¿Cómo había provocado él una respuesta, cuando incluso William
no?
—Respondí tus preguntas, —dijo Puck. —Ahora responderás la mía.
A pesar de un pico de premonición, ella asintió. —De acuerdo.
—En el reino del hielo, te frotaste contra mí mientras dormías.
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Gemido. Voy a ir allí, ¿verdad? —No escucho una pregunta.


— ¿Que soñaste?
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Un sonido seseante sonó. Un segundo después, una cosa reptil se lanzó desde los
árboles. Objetivo: la cara de Gillian. Puck extendió la mano sin dificultad a su paso,
atrapando al pequeño cabrón y lo tiró como una pelota de béisbol.
Después de tragar un grito de sorpresa, ella luchó por unir sus pensamientos. Le
debía una respuesta a Puck. Mentir no era una opción. Despreciaba las mentiras—el
lenguaje de sus estereotipados horrorastros. Pero tampoco había forma de que admitiera la
verdad. Él podría considerarlo una invitación.
—Soñé con… una imposibilidad, —dijo. Antes de que él tuviera la oportunidad de
responder, ella centró su atención en él. —Utilizaste el tiempo pasado con tu familia,
personas y ejército. ¿Qué pasó?
—Hace tiempo que no estoy en casa. —Los músculos de sus hombros se juntaron
mientras señalaba la distancia. —Otra puerta está adelante. Este lleva a Amaranthia, el
reino de todos los reinos, y el hogar más grande en la historia de los hogares. O lo será,
pronto.
—Espera. ¿Ya estamos al final de nuestro viaje? —Su mirada pasó junto a él,
buscando, buscando pero sin encontrar una sola entrada. —Pero… pensé que nos tomaría
días o semanas. —Tan pronto como pasaron la puerta, los términos de su trato cambiaron.
Y no, ella no estaba emocionada.
—Hay algunas cosas que debes saber, —dijo. —Amaranthia tiene largos tramos de
arena del desierto, oasis ocasionales, solo tres grandes cuerpos de agua, magia y guerras
interminables.
— ¿Magia? —Como, ¿Abracadabra?
—El tiempo utiliza un reloj diferente allí, —continuó, ignorando su pregunta. —
Cien años en Amaranthia pueden ser minutos, horas, días o semanas en el reino de los
mortales. El reloj acelera o desacelera según la temporada.
¿Estaba bromeando? Tenía que estar bromeando.
La tensión crepitó sobre cada pulgada de su cuerpo. — ¿Cuándo cumpla ciento
dieciocho años, mis amigos podrían haber vivido solo un par de horas o días?
—Exactamente, —dijo asintiendo. —He vivido miles de años moviéndome entre
reinos. No sabrás la diferencia.
—Pero ellos lo harán. —Ella clavó sus talones, diciendo: —No iré a tu reino.
Llévame a Budapest. O a cualquier lugar, mientras permanezca en la Tierra.
Él la arrastró, aumentando su ritmo. —Sé agradecida. Amaranthia no es un reino
109

donde el tiempo fluye hacia atrás. Y ya accediste a ir. No habrá retrasos.


—No, yo…
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—Mis amigos están allí. Cameron, guardián de Obsesión y Winter, guardiana de


Egoísmo. —Inclinó la cabeza hacia un lado y frunció los labios. —Ella podría
inadvertidamente aprender la verdad, quizás causar problemas.
¿Estaba hablando consigo mismo—sobre Gillian? — ¿Qué verdad? —Exigió. —
¿Causar problemas? ¿Por qué?
—Muy bien, lo haré, —dijo, sin dejar de hablar solo. Entonces—, Tengo que hacer
una confesión, muchacha. Y cuando sepas la verdad, no me causarás problemas.
¿Entiendes?
— ¿Qué verdad? —Repitió. —Dime.
—Antes de casarnos, te dije que no sabía que pertenecías a William El Oscuro, pero
mentí.
—Espera. ¿Qué? — ¿Mintió? ¡Pero su engaña-radar nunca había sonado! Y a pesar
de sus sospechas anteriores de esto mismo, el shock logró golpearla en el estómago,
robando su aliento. —Las mentiras son el lenguaje de mis Horrorastros.
—No soy como esos hombres. Nunca te hice daño. Me aseguré de que te sanaras…
mientras me ponía en el camino correcto para lograr mis objetivos. —Como si estuviera
leyendo un guion, dijo: —Vincular. Escoltar. Regresar. El enlace está hecho, la escolta
cerca de un final. Entonces regresaré. William. Guerra.
— ¿Guerra? —Las orejas de Gillian comenzaron a sonar. —Actuaste como si me
estuvieras haciendo un favor, pedazo de basura podrida, ¡pero solo estabas ayudando a tus
objetivos! Uno de los cuales incluye la guerra.
Tan tranquilo como siempre, su insulto no tuvo importancia, dijo, —Te engañé por
tres razones. Primero, necesitaba convencerte para que vinieras conmigo. Dos, te hubieras
resistido a nuestros viajes. Y tres, necesito la ayuda de William, y tú eres mi moneda de
cambio.
¡Peor aún! La había usado contra William, un hombre que solo la había protegido.
Maldita sea, ella debería haberlo protegido de vuelta.
—Nuestro trato está terminado, Puck! ¡Terminado! ¿Lo entiendes?
—Entiendo que estés siendo irracional.
¿Irracional? —No voy a hacerte reír o llorar, pedazo de mierda miserable. Voy a
matarte.
Una bomba de furia se disparó dentro de ella, dejando un rastro de devastación a su
paso. Su corazón se derritió contra sus costillas, deformando el ritmo, y los lados de sus
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pulmones se fusionaron.
Puntos rojos parpadearon a través de su línea de visión, dándole una visión de túnel.
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¡Debo destruir a Puck!


Lanzándose sobre su espalda, clavó sus puños en su pecho. Con cada golpe, los
dolores agudos consumían su pecho. ¿A quién le importaba? ¿Qué era el dolor?
—¡Cobarde! ¡Mentiroso! —El peor insulto de todos. —Me das asco. —No fue lo
suficientemente bueno. —Me repugnas. —Mejor.
—Estás viva debido a mí.
—¡Soy miserable por tu culpa!
El arrepentimiento parecía latir de él, allí y desapareció en un instante.
¿Una ilusión? Demasiado tarde para decirlo. Con un chillido, ella cambió su
objetivo a su cara, y golpeó su nariz. Más dolor, sangre derramándose por su boca y
barbilla. Aun así, no le importó.
Puck tomó sus muñecas en un agarre contundente, terminando su diatriba con
eficacia. —Mis noticias deberían emocionarte. Después de dejarte con mis amigos,
regresaré al reino de los mortales para reclutar a William. Él me ayudará a recuperar mi
corona, y cortaré mi vínculo contigo.
Respira profundamente, exhala profundamente. Reprime tu furia. Actúa como si
todo estuviera bien. Cuando llegue el momento, golpea.
Primero, tenía que reunir información. — ¿Qué quieres decir con que cortarás
nuestro vínculo? —Preguntó con los dientes apretados. — ¿Podemos divorciarnos
oficialmente sin morir?
—Ese es el plan, sí. —No ofreció más, solo reanudó la marcha hacia adelante.
Um, ¿no se daba cuenta de que los planes podrían descarrilarse? —Explícame, —
insistió ella, tratando de saltar de su espalda.
Silencioso, él reajustó su posición y apretó su agarre, asegurándose de que cada
paso frotara sus pechos contra él. Lanza tras lanza de placer la atravesó, y ella siseó.
—Bájame. Ahora. Ya no pelearé contra ti. —Todavía no, de todos modos.
Quizás el miedo en su voz lo estimuló. Él envolvió un brazo alrededor de su cintura
y la hizo girar. Por una fracción de segundo, ella colgó boca abajo. Luego la enderezó y la
puso de pie, directamente frente a él.
—Haré lo que sea para ganar mi corona, —le dijo. —Ninguna acción es demasiado
oscura. Ninguna tarea demasiado espantosa.
El fuego en sus venas se enfrió. — ¿Por qué?
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—Hace mucho tiempo, mi hermano me traicionó. Convirtió a un campeón en un


monstruo y luego mató a nuestro padre, todo para quedarse con la corona de Connacht. Está
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destruyendo mi hogar, lastimando a mi gente, y debe ser detenido. Salvaré las tierras y los
clanes, y me vengaré del daño que me hicieron. Según los Oráculos, mi única esperanza de
éxito era encontrar a William El Oscuro y casarme con su mujer.
¿Oráculos? Y ah, qué casualidad él hablaba de la fatalidad de Gillian.
—Merezco llevar la corona—, agregó él. —Merezco venganza. Y seré bueno con
mi gente. Solo necesito la ayuda de William.
—Eres despreciable, —escupió.
—Lo sé. Pero al menos todavía estás viva. Te salvé de una muerte segura, algo que
tu precioso William no estaba dispuesto a hacer.
—Gracias por el recordatorio, hombre cabra. Pero, ¿con qué fin? —Espetó ella. —A
veces la muerte es preferible a la vida. —Sus horrorastros le habían enseñado esa lección
muy bien. —William es inteligente. Él sabrá mejor que confiar en ti.
Puck alzó sus anchos hombros en un encogimiento— ¡un encogimiento de
hombros!—y no ofreció ninguna garantía de lo contrario.
Ella tenía que escapar de él, tenía que advertir a William.
Gillian simuló a la izquierda y se lanzó a la derecha, pero solo hizo cuatro pasos
antes de que Puck la atrapara.
—Prepárate, —dijo. —Entramos a Amaranthia en cinco, cuatro, tres, dos…
Intentó liberarse, pero él apretó su agarre.
Entre un parpadeo y el siguiente, todo cambió. El calor húmedo del bosque lluvioso
se transformó en los fríos vientos del desierto, granos de arena cayendo sobre su piel. La
caída en la temperatura sorprendió a su sistema y momentáneamente la dejó inmóvil.
Dos dorados soles brillaban desde un cielo rojo púrpura. No había casas que ella
pudiera ver. Ningún animal, cuerpo de agua o personas.
¡Escapa. Ahora! Ella giró, empujó a Puck fuera del camino y se disparó por la
puerta invisible por la que acababan de salir…
Nop. Ella comió arena.
— ¿Dónde está la puerta? —Ella gritó. ¿Dónde se había ido?
Puck miró hacia el cielo de colores extraños, con los brazos extendidos y las piernas
separadas. Ante sus ojos, él se transformó, los cuernos desaparecieron, y la piel de sus
piernas rápidamente lo siguió. Sus pómulos, una vez lo suficientemente afilados como para
cortar vidrio, se ablandaron un poco. Sus garras se retrajeron, y las botas y las pesuñas se
convirtieron en niebla, revelando pies humanos.
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No solo bello. Absolutamente exquisito… Pero también un extraño para ella.


Preferiría tratar con el demonio que ella conocía.
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Él cerró los ojos, inhaló… exhaló… como saboreando el momento. Otro engaño,
sin duda. Este horrible macho no saboreaba nada.
— ¿Cómo es esto posible? —Exigió ella.
—Un derecho de nacimiento y magia. Pero no ha sucedido en tanto tiempo… pensé
que la habilidad se había ido para siempre.
De ninguna manera, no había forma que la magia controlara su apariencia.
¡Absolutamente imposible! Excepto que acababa de pasar de la bestia a la elegancia en
menos de un parpadeo. La negación era una tontería. La magia realmente existía y no solo
la variedad de Abracadabra.
Un día, demasiadas cosas fantásticas pasarían y su mente se rompería.
Un derecho de nacimiento, había dicho. — ¿Entonces no tenías cuernos y pezuñas
cuando eras niño? —preguntó ella.
—No hasta mi posesión.
— ¿Puedes usar la magia para transformarte en otras formas también? —Preguntó
ella, queriendo—necesitando—conocer las profundidades de su poder.
—Una vez, pero no más. —Tan rápido como Puck se había transformado en un
hombre normal, regresó a su forma bestial.
— ¿Por qué no te mantienes normal, entonces?
Un músculo saltó debajo de su ojo. — ¿Crees que no quiero? —Él tomó su mano
y…
Ella jadeó. Su piel—callosa y cálida—brillaba. Hermosos y arrolladores símbolos
se extendían desde la punta de sus dedos hasta sus muñecas. Recordándole a las marcas de
henna, excepto que joyas reales parecían brillar bajo la superficie de su piel.
Mientras pisoteaba hacia adelante, arrastrándola, le preguntó: —¿Cómo se iluminan
tus manos como un árbol de Navidad?
— ¿De qué otra forma? Magia, —repitió.
¿Magia que podría usar contra ella?
Gillian consideró sus opciones. Podría tratar de correr—otra vez—pero ¿cómo
podría esperar evadirlo? No tenía idea de dónde estaba o qué peligros la aguardaban. O
cuántos otros guerreros usaban magia. Podía quedarse con Puck y esperar su momento,
pero el reloj oficialmente había comenzado. Horas o días para William ahora equivalían a
cien años para ella.
113

Su amigo estaba perdido para siempre, ¿no era así, a pesar de lo que Puck había
dicho?
Página

Las lágrimas se derramaron de sus ojos, dejando pistas calientes mientras corrían
por sus mejillas. —Si te vas por unos días, pasarán cientos de años para mí. Cambiaré, pero
tú no lo harás. William no lo hará, —croó ella. El tiempo siempre dejaba algún tipo de
marca. —Él podría ya no quererme. — ¿A quién estaba engañando? Él no la quería ahora.
Él se había lavado las manos de ella.
Los músculos en la mano de Puck se apretaron y aflojaron. —Cambiada o no, él te
querrá. Ningún hombre puede mirarte y no desearte.
—Tú no lo haces. Planeas felizmente, ansiosamente dejarme ir. — ¿Me estoy
quejando?
—Te dejaré ir, sí. Un día, incluso volveré a casarme. Mi padre anunció mi
compromiso con la princesa Alannah de Daingean el mismo día en que mi hermano me
traicionó. La reclamaré y abriré un establo.
Su respiración silbo por su nariz. — ¿Y si ella ya está casada para entonces? ¿Y
qué es un establo?
—Mataré a su marido. —Su tono se mantuvo casual, despreocupado. —Tu
llamarías a un establo, un harén.
No, ella lo llamaría una pesadilla. ¿Este es el hombre al que le prometí mi
eternidad? —Estoy segura de que ustedes dos y su harén vivirán felices para siempre, —
espetó ella.
Dos hombres surgieron de sus escondites en la arena, y Gillian retrocedió,
sorprendida. Puck no tuvo reacción alguna. Por supuesto.
Mientras las dagas brillaban en las manos de cada asaltante, el miedo subió por su
espina dorsal. —¡Corre!
En silencio, Puck tiró de ella a su lado.
Con un grito de guerra, los hombres se precipitaron hacia adelante. Para crédito de
Puck, él no la puso en su camino para frenarlos. En vez de eso, la empujó al suelo y se giró,
su largo cabello cayendo hacia afuera, las navajas cortaron los ojos de sus posibles
atacantes. Mientras la pareja gritaba, desenvainó una daga y cortó sus gargantas.
Ambos hombres colapsaron frente a ella, la sangre manaba de heridas abiertas. Una
extraña niebla negra se levantó de los cuerpos y envolvió a Puck. Cerró los ojos, inhalando
bruscamente, y la niebla desapareció, dentro de él.
Horrorizada, Gillian observó mientras limpiaba casualmente sus navajas en la
camisa de un hombre muerto.
114

¿Qué he hecho?
Página
Capítulo 14

Otro objetivo cumplido. Puck había encontrado a William, se vinculó a Gillian, y


ahora la había metido dentro de Amaranthia.
¿Siguiente? Negociar con William, pelear con Sin. William. Guerra. Divorcio. Tan
cerca.
Entonces sus objetivos cambiarían de nuevo. Volver a casarse. Asesinato. Unirse.
Puck debería celebrar, pero estaba demasiado ocupado luchando contra el atractivo
magnético de Gillian, recurriendo a siglos de desconexión emocional para evitar
abalanzarse. ¿Por qué había insistido en que siguiera intentando hacerlo sentir? ¡Tonto!
Indiferencia armó un alboroto, solo para callarse entre un latido y otro.
Gillian gimió y se frotó las sienes. —¡Uf! El rugido ha vuelto.
Él se sacudió. — ¿Rugido?
—Después de que nos vinculamos, escuché un rugido parecido a un animal en el
fondo de mi mente. Luego se detuvo, pero ahora está de vuelta. No sé por qué.
—Yo lo sé, —dijo él. Entonces eso es lo que sucedió. Indiferencia ahora se movía
entre ellos. Como un niño no deseado mezclado entre padres divorciados. Me llevaré a Diff
en Navidad, si te lo llevas en Año Nuevo.
Sin embargo, el demonio debía estar debilitado porque había tenido muchas
oportunidades para perjudicar tanto a Puck como a Gillian, pero no lo había hecho. Entre
115

ellos, habían experimentado culpa, envidia, tristeza, esperanza. Deseo. Tanto deseo. Furia.
Página

Oh, si Gillian se hubiera entregado con furia. Ella volvería a la vida. Una guerrera
lista para ser entrenada para la batalla. Salvajemente valiente.
Puck había visto potencial… y solo había querido más.
Cada vez que olía las bayas de amapolas—una fragancia innata en ella—él quería
probarla. Cada vez que ella hablaba, él había deseado quedársela para siempre.
No puedes quedártela. Debes dejarla ir.
Pero ahora, ella es mía.
No, no. Suficiente de eso. Era mejor mantener tanta distancia como fuera posible,
antes de que ella cavara más profundo debajo de su piel. Y ella había cavado bajo su piel.
Pero a pesar de todo, había permanecido fuerte y feroz, sin debilitarse nunca.
Se preguntó si también había compartido sus emociones ocultas con Gillian. Se
sentía más en control de todo excepto del deseo, y su estado de ánimo seguía cambiando…
Tal vez, tal vez no. Pero de cualquier manera, su aversión hacia él era
completamente suya.
Él podría conquistarla. ¿Y si pudiera quedarse con ella? ¿Qué habían dicho los
Oráculos sobre William, exactamente?
Cásate con la chica que pertenece a William El Oscuro… ella es la clave…
Trae a tu esposa a nuestras tierras y guía al Oscuro aquí después. Solo el hombre
que vivirá o morirá por la chica tiene el poder de destronar a Sin el Demente.
Solo entonces tendrás todo lo que desees.
Pero no te olvides de las tijeras de Ananke, porque son necesarias…
No hay otra forma.
Puck no viviría ni moriría por ella. ¿Mi reino por mi esposa? ¡No! Pero William
tampoco viviría ni moriría por ella; él habría dejado que el morte ad vitam la matara. Y al
final, la había dejado ir sin luchar. Pero las acciones de Puck probablemente causaron un
cambio… ¿verdad? Por ahora, William tenía que entender el tesoro que había perdido. Él
viviría o moriría por Gillian. Él pelearía por ella.
Las manos de Puck se convirtieron en puños. Si William resultara muerto
inmediatamente después de que Sin perdiera la corona de Connacht, Puck podría tener su
clan, su reino, y mantener a la mujer… y lanzar a toda Amaranthia a una guerra con Hades.
Y la Reina Roja. Y los Señores del Inframundo. Y a la misma Gillian. Ella nunca lo
perdonaría.
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— ¿Y bien? —Preguntó ella, y se dio cuenta de que se había perdido en su cabeza.


— ¿Por qué escucho rugidos?
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La verdad la asustaría. ¿Pero no debería advertirla?


—Indiferencia ha invadido tu mente, —dijo.
—Indiferencia… ¿el demonio?
Él asintió en confirmación, y ella se puso rígida.
— ¿Hay un demonio dentro de mí? —Jadeó.
—Todavía está atado a mí, pero está usando nuestro vínculo para esconderse dentro
de ti.
—¡Sácalo de aquí! Sácalo ahora mismo.
Intentó, lo hizo, deseando que el demonio volviera pero… no pasó nada.
Gillian tiró de su cabello. —¡Él no se va!
—No creo que te debilites con la emoción, como yo. O lo hacía, —dijo Puck. —
Creo que nuestro vínculo lo debilitó.
Palideciendo, ella envolvió sus brazos alrededor de su cintura. —Antes de nuestro
vínculo, ¿te debilitabas cuando sentías emoción?
—Sí. —Algo que nunca le había confesado a otra persona, ni siquiera a sus amigos,
después de haber sido testigo de un episodio. La información podría haber sido utilizada en
su contra. —Es por eso que me mantuve alejado de ti tantos días después de nuestra
primera reunión. No tuve fuerzas para volver.
El pánico escapó de ella, dejándola relajada. —Eso es horrible. Lo siento mucho,
Puck.
¿Simpatía? ¿Por él? —Basta de hablar. —Lo hecho, hecho estaba, y no se sentiría
culpable. No, él no lo haría. —Ven. —Decidido, él la levantó y, manteniendo su mano, se
puso en movimiento. —Cuanto más tiempo estés aquí, más tiempo estarás separada de
William. —Las palabras lo azotaron, más vehemente que un látigo.
—Has puesto demasiada importancia en mi relación con él. Él tiene cientos de
amantes. Tal vez miles. Solo soy una amiga. O mejor dicho, lo era.
—Las amigas son mejores que las amantes. Su desesperación por salvarte de mis
garras siniestras solo aumentará. Él felizmente negociará por tu libertad.
—Bueno. Digamos que tienes razón, y soy especial, —dijo. — ¿De verdad crees
que él te ayudará después de todo lo que has hecho?
—Sí. Porque para él… — ¿para mí? —…tu seguridad significa más que su
orgullo.
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—Solo… déjame ir. —Ahora sonaba abatida. —Esto no va a terminar bien para ti.
Puck se detuvo, se volvió y la miró fijamente, solo para que sus pensamientos se
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descarrilaran.
Asombrosa. Maravillosa. Exquisita.
Tentadora. Excitante.
Mía.
Nunca mía.
Ella usaba su inmortalidad bien.
Más temprano, él había robado ropa limpia para ella. Mientras el viento soplaba, el
vestido blanco vaporoso se adhirió a un lado de su curvilíneo cuerpo. Alrededor de su
delicado rostro bailaban largos mechones de cabello; mientras los rayos del sol la
acariciaban, los mechones brillaban con diferentes tonos de marrón: arce, ámbar y canela.
Un toque, y él…
Debes enfocarte. —William podría ser capaz de superar a Sin, pero tu hombre
nunca me superará. Soy insuperable. —Puck se inclinó, dejando que la punta de su nariz
rozara la de ella. —Tal vez pienses un poco en lo peor de mí porque, hasta ahora, sólo has
visto lo mejor de mí. ¿Te gustaría probar las cosas terribles que puedo hacer?
Ella palideció pero encontró la fuerza para mantenerse firme. —Adelante.
Muéstrame lo peor de ti, entonces. Haz que te odie.
Él arqueó una ceja. — ¿No lo haces ya?
—Todavía no, pero estoy cerca.
Si lo odiaba, separarse de ella sería más fácil.
Muy bien. Puck titubeó una fracción de segundo antes de invocar una nueva capa de
hielo, diferentes emociones desaparecieron de su conciencia. Primero esperanza, luego
cualquier apariencia de ternura. Finalmente, deseo.
Despiadado, él levantó su brazo y extendió su dedo índice. Mejor que Gillian
aprendiera cómo serían las cosas entre ellos. Amenaza su victoria de cualquier manera y
sufre las consecuencias.
—Oh no. No el dedo, —dijo ella, su tono tan seco como las dunas de arena.
Con su mano libre, él hizo un puño alrededor de su dedo y rompió el hueso como
una ramita.
Gillian gritó y se llevó la mano herida al pecho. Sus rodillas se doblaron, y cayó, la
agonía retorciendo sus facciones, cada aliento ahora trabajoso.
Sin embargo, después de algunos minutos de dolor, la herida se curó, gracias a la
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edad y experiencia de Puck.


Ella lo fulminó con la mirada. —Felicitaciones, —dijo, su tono plano una vez más.
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—Excediste mis expectativas. Tienes mi odio y como bonificación, tienes mi desconfianza.


Eres un sociópata dispuesto a romper el hueso de una chica para hacer un punto.
—Tienes razón. Soy un sociópata No siento nada, no quiero nada.
—Hielo, bebé, hielo, —murmuró.
¿Podría sentir el hielo a través del vínculo? —Veo que nos entendemos, —dijo.
— ¿Quieres saber qué hace que todo esto sea aún más horrible? A veces realmente
eres un poco cálido.
¿Él? ¿Cálido?
Sorprendentemente, sí. En el fondo, un zarcillo de calidez se agitó, un instinto para
protegerla, jamás lastimarla.
Pero aun así, él dijo: —Si me demoras, romperé otro hueso. Si huyes de mí, cortaré
uno de mis órganos cada minuto hasta que regreses. Debido a nuestro vínculo, también
perderás los órganos. Y para que lo sepas, nunca hago amenazas. Hago promesas Siempre
las llevo a cabo.
Ella farfulló por respuesta.
Perdiendo el tiempo. Cuando él avanzó, ella tenía una opción: perseguirlo o
retrasarlo y sufrir las consecuencias.
Aunque reacia, lo persiguió.
La calidez continuó moviéndose, hasta que el alivio y la culpa se filtraron a través
del hielo. Se encontró diciendo: —Estarás muy ocupada mientras yo no esté. Cocinarás,
limpiarás y coserás, como todas las demás hembras de Amaranthia.
— ¿Somos ricos? —Exigió ella.
—Mucho. ¿Por qué?
—Entonces le pagaré a alguien para que cocine, limpie y haga cosas para mí. Y
cuando tengamos ese divorcio, porque lo haremos, me llevaré la mitad de tus pertenencias
conmigo.
¿Ahora quería sonreír con verdadera diversión? Imposible. —En Amaranthia, las
puertas entre los reinos se mueven constantemente. Les dije a mis hombres que esperaran
con nuestro transporte en un lugar fijo, todos los días, hasta mi regreso, sin importar cuánto
tiempo pasara.
—Qué maravilloso para ti.
—Deberías regocijarte. —Tan pronto como lleguemos al campamento, te librarás de
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mí. Por un rato, por lo menos.


La más leve señal de impaciencia vibró a lo largo de su vínculo, y él se estremeció.
Página

¿Su entusiasmo? ¿Su impaciencia?


La irritación chispeó. Durante siglos, no tuvo problemas para ignorar, enterrar y
borrar emociones. Ahora tenía que luchar contra los suyos ¿y los de ella?
—Bien. ¿Qué estás esperando? —Gillian alzó la barbilla. —Pon un poco de energía
en tus pasos, Pucky, y trata de mantener el ritmo.

Andando alrededor de Puck, haciendo todo lo posible para ignorar los gruñidos
demoníacos en el fondo de su mente, Gillian luchó por mantener la compostura. Dentro de
una hora, su marido—¡aborrecía esa palabra!—abandonaría el reino y la dejaría atrás.
Encontraría a William y haría algún tipo de negociación. Tal vez. Si William sentía ganas
de negociar.
Si no, Puck intentaría hacer que William sintiera ganas de negociar. ¡Hombre
despiadado!
Él esperaba que William fuera a la guerra con su hermano, Sin. Si Puck no podía
derrotarlo, ¿cómo podría William? Su amigo saldría herido.
De alguna manera, ella tenía que seguir a Puck fuera de Amaranthia, sin ser
atrapada, y advertirle a William.
—Cuéntame más sobre el reino, —dijo. Cuanto más ella supiera, mejor. —Y sobre
la magia.
Para su sorpresa, Puck obedeció. —Nuestros antepasados afirman que tres Oráculos
crearon Amaranthia como un refugio seguro para los poseedores de magia.
—Incluso los refugios seguros pueden convertirse en una zona de guerra, ¿eh?
Él se encogió de hombros. —Mata a un hombre, adquiere su magia. Durante siglos,
los clanes han sido asesinados, solo para que su magia pueda ser robada. La codicia
gobierna demasiados corazones.
Para adquirir magia propia, ¿tendría que cometer un asesinato? Ugh.
Llegaron a otra duna de arena, aparecieron dos hombres y tres camellos. ¡Tenía que
ser su viaje al campamento! Ella aceleró el ritmo. Excepto, cuando se detuvo frente a los
animales, jadeó.
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Los animales eran una especie de cruce entre camello, rinoceronte y algo más allá
de horrible y completamente aterrador, con una hilera de cuernos que iban desde la frente, a
lo largo de la parte posterior de su cráneo, hasta la nuca. También tenía una bocanada de
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dientes de sable y una mezcla de piel y escamas, en capas de tonos de blanco y negro, como
una cebra.
A una de las criaturas le desagrado a la vista, la que se suponía que debía montar.
La rechazó la primera vez que Puck la sentó. Escupiendo arena, Gillian se puso de pie.
—Deja de jugar, —ordenó él. Toda gracia líquida y seguridad masculina, se instaló
sobre la espalda de la criatura y le tendió la mano.
¿Muy cerca de Puck el Mentiroso mientras se acomodaba en una cosa monstruo-
dinosaurio? Bienvenida a mi pesadilla. Pero a pesar de que ella prefería huir gritando,
aceptó su ayuda sin protestar. ¿Por qué luchar contra lo inevitable?
Él la levantó con facilidad, su bíceps apenas se flexionó, y ella se negó, se negó
rotundamente, a quedar impresionada. Esperaba montar detrás de él. Las mujeres de Un-
hombre-que-corrían-por-su-vida, que cocinaban, limpiaban y cosían claramente tenían su
lugar, después de todo. Pero Puck la colocó frente a él, sorprendiéndola.
— ¿Qué es esto? —Refunfuñó.
—Una quimera. —Un brazo musculoso y bronceado envolvió su cintura para evitar
otra caída, ella se tensó. Si él pillaba una sensación…
Ella podría derretirse. Su cuerpo ya estaba hormigueando, calentándose. ¡Pero
entonces ella estallaría en furia! Absolutamente. Probablemente.
Ella no podía, no desearía a este hombre. De ninguna manera, no había cómo.
Mientras su otro brazo se estiraba hacia adelante, se preparó para la batalla… pero
sus dedos la rodearon completamente para enredarse en la crin de la criatura, enviando a la
quimera al galope.
Un chillido de sorpresa abrió sus labios cuando su entorno se volvió borroso. Se
aferró al brazo de Puck, bastante segura de que sus uñas estaban cortando piel y músculos.
Una necesidad así como un placer sádico, a pesar del aguijón en su propio brazo.
Viajaron a gran velocidad y llegaron al campamento solo unos minutos después.
Puck saltó hacia abajo, la levantó y la puso de pie. La náusea se revolvió en su estómago.
Mareada, ella se balanceó… cayendo.
El imbécil de su marido temporal observó, una vez más, ni siquiera tratando de
ayudarla.
Anímate. Él se está yendo, y tú lo estarás siguiendo. Lo vencerás en su propio
juego.
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La quimera se alejó al trote, pisoteando deliberadamente la mano de Gillian.


Cuando los huesos se rompieron, ella gritó. Los dolores agudos se dispararon sobre su
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brazo y se acumularon en su hombro.


La mano de Puck también se rompió, pero su expresión sin emociones nunca
flaqueó.
Cuando lo peor del dolor disminuyó, gimió y agarró la nueva herida contra su
pecho. Pero no lloró. No derramaría más lágrimas por su trato aquí.
Puedes romper mis huesos, pero no romperás mi espíritu.
—Ya te estás curando. Sacude el dolor y ponte de pie. Verte en el suelo me hace…
—Sus ojos se entrecerraron, y él descubrió sus dientes. —De pie. Ahora.
Verla así le hacía… ¿qué? ¿Sentirse culpable por su maltrato hacia ella?
No tan helado después de todo, ¿eh? —Estoy bien, gracias. Y oh sí. Que te jodan,
—murmuró, permaneciendo en su lugar mientras miraba alrededor de un pueblo próspero.
Abundaban las tiendas de campaña, entremezcladas con chozas de barro. Múltiples
pozos de fuego agregaban una ráfaga de calor al viento, las llamas lamían a los animales
desollados anclados recientemente a los asadores. Los niños jugaban en todas las
direcciones. Los hombres no llevaban camisa, solo llevaban pantalones de piel de oveja.
Las mujeres usaban pañuelos monótonos de la cabeza a la rodilla.
Todos tenían algo en común. La estaban mirando fijamente.
—Este clan está hecho de marginados, —explicó Puck, sin ofrecer más reproches
por su desobediencia. Una pequeña misericordia. —Valoran la fuerza por encima de todo y
desprecian la debilidad.
Entonces, básicamente, ¿Gillian ya era la chica más despreciada del pueblo? Vamos.
—¡Irlandés! —Anunció una voz femenina. —Ya era hora de que volvieras. Empecé
a pensar que habías muerto.
La creciente multitud se separó, revelando a un hombre y una mujer de veintitantos.
Y bueno, eran maravillosos. Ambos tenían los ojos lavanda más increíbles, bordeados con
plata, el pelo del color de los centavos derretidos y la piel algunos tonos más claros. Debían
ser hermanos.
A diferencia de los otros hombres en el campamento, este llevaba una camiseta
negra que decía “Winter Is Coming”8 y un par de vaqueros. A diferencia de las otras
mujeres, esta llevaba una blusa de cuero conectada por malla metálica a una minifalda a
juego con pliegues. El atuendo era sexy y protector.
Tanto el hombre como la mujer tenían espadas cortas atadas a la espalda, las
empuñaduras sobresalían de sus hombros.
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Son magníficos, y estoy encogida en el suelo.


Página

Tan rápido como pudo, Gillian se puso en pie.

8'Winter is coming' es el lema de los Stark en la serie Juego de Tronos de novelas Canción de hielo
y fuego del escritor George R. R. Martin y hace alusión a su hermana Winter la guardiana de
Egoísmo.
—Este es Cameron, guardián de Obsesión, y su hermana, Winter, guardiana de
Egoísmo, —dijo Puck. —Los amigos de los que te hablé. Mis únicos amigos Cameron,
Winter, esta es mi… esposa.
Gillian tragó saliva. Obsesión y Egoísmo además de Indiferencia, que ahora
expresaba su disgusto con gruñidos. Simplemente color de rosa.
—Hola, —dijo, empujando la palabra más allá del nudo de púas en su garganta.
Conocer gente nueva siempre había sido difícil para ella, y su asociación con Puck no había
ayudado. Ahora ella siempre se preguntaría quién planeaba formas de aprovecharse de ella.
Cameron la miró de arriba abajo y sonrió maliciosamente. —Hola hermosa.
Winter también la miró de arriba abajo, y de inmediato decidió que no era digna de
un saludo. Su mirada volvió a Puck. —Las palabras no pueden describir cuánto te extrañé.
Pero los números pueden. Tres de diez. Me prometiste oro y joyas. Quiero mi oro y joyas.
Y magia. Sí, me gustaría un poco de magia. O mucha Definitivamente mucha.
Ignorándola, Puck le dio a Gillian un suave empujón en dirección a Cameron. Al
menos no soy la única que recibe el tratamiento silencioso.
—Me voy a reclutar a William, —le dijo al otro hombre. — ¿Confío en que estés
obsesionado con la protección de Gillian, ahora que la has conocido? Ella es débil y frágil,
sí, pero también es la clave de mi victoria, y el oro y las joyas de tu hermana.
—Obsesionado e impresionado, —dijo Cameron, su sonrisa se extendió.
Puck se puso rígido y se pasó la lengua por los dientes. —Gillian no debe ser
tocada. Por nadie. Nunca.
Bien, bien. El hombre tenía algunos escrúpulos. Otra pequeña misericordia.
Muy poco, demasiado tarde.
¿Y a qué se refería, con débil y frágil? Desde que lo conoció, hizo todo lo posible
por adaptarse, adaptarse y prosperar, a pesar de los muchos obstáculos.
—Si, en cualquier momento, ella desea un macho, —añadió Puck, su tono se
agudizó—, mátalo. No lo dudes.
—No puedes hablar en serio, —dijo, mirándolo boquiabierta.
Cameron se frotó las manos, como si estuviera emocionado por la perspectiva. —
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Considérelo hecho.
— ¿Qué hay de mí? ¿Nadie quiere matar a los machos que deseo? Además, —
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Winter agregó, dignándose a enfocarse en Gillian—, ahora eres inmortal, lo que significa
que tu tiempo aquí es tu historia de origen. Cada historia necesita un villano. —Ella levantó
la mano. —Soy voluntaria.
—Acepto, —respondió ella, porque no estaría aquí por mucho tiempo. Estaría sobre
los talones de Puck. —Alerta de spoiler. Los villanos siempre mueren al final.
Puck la tomó por los hombros, asegurándose de que lo enfrentaba, y la miró con
expresión inexpresiva. Cuando ella se negó a apartar la mirada primero, él le puso la mano
en el pelo y la agarró por los mechones de la nuca.
Así. La respiración se enganchó en sus pulmones y se calentó. Ella culpó a su
vínculo matrimonial. ¡Oh, cómo lo detestaba!
—Voy a decirte algo que mi padre me dijo cuando era joven, —dijo, apretando con
más fuerza. —Si alguien te hace daño, mata primero y haz preguntas más tarde.
—Me lastimaste.
—Eres una extensión de mí, lo que significa que simplemente me hice daño. —
Inclinándose, él rozó la punta de su nariz contra la de ella. —Trata de no extrañarme,
muchacha. Solo me iré cien años, tal vez dos. Apenas un bache.
Imbécil. —Sí, pero solo pasarán unos minutos, días o semanas para ti.
—Puedes usar el tiempo para fortalecerte. Entrena, aprende a pelear.
¿Esperaba que pasara cientos de años sin amigos o familiares, viviendo en un
terreno desconocido, entrenando? Él no era solo indiferente; él también estaba loco.
— ¿Qué pasa si me matan mientras estás fuera?—Las palabras salieron de ella. —
Morirás también. Solo… llévame contigo y supervisa mi protección tú mismo. —De esa
manera, no tendría que arriesgarse a seguirlo sola.
—No te matarán, lo prometo. Y estaré… molesto si te lastiman.
Aunque su voz permaneció monótona, de alguna manera hizo que la palabra
molesto sonara como una amenaza para destruir todo el reino. — ¿Molesto? Qué terrible
para ti.
—Estarás bien protegida aquí, —continuó, inclinando la cabeza hacia un lado. —Lo
prometo.
—Antes que nada, tus promesas no significan nada para mí.
Él se encogió de hombros. —Eso no suena como mi problema.
No ataques. No te atrevas a arremeter. —En segundo lugar, —continuó—, las
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cosas bien protegidas se impulsan todo el tiempo y…


—Suficiente. —Las luces en su iris se iluminaron mientras él ahuecaba su
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mandíbula y trazaba sus pulgares sobre sus mejillas. —Voy a besarte de despedida, esposa.
La degustación más escueta.
¡Qué! Los latidos de su corazón tartamudearon contra sus costillas, su sangre
destellando al rojo vivo en un instante. Un hormigueo atormentó sus pechos, y el ahora
dolorido lugar entre sus piernas. Después de todo lo que había hecho, ¿esperaba una sesión
de besos frente a otras personas?
— ¿Por qué? — ¿En serio? ¿Le preguntaba por qué? ¿No le dijo que se
inclinara?
Indiferencia bailó en su mente, afiladas garras cortando la materia gris. Ella se
encogió, incluso lloriqueó.
—Enfócate en mí, no en el demonio, —dijo Puck, tal vez reconociendo los signos
de la interferencia del demonio.
Obedeció, mirándolo fijamente, este hombre que se había convertido en su marido,
que en ocasiones había sido innecesariamente cruel y en otras sorprendentemente amable.
¿Cómo podría siquiera considerar besarlo? No lo conocía, no realmente, y definitivamente
no confiaba en él.
A pesar de esos momentos de bondad, era un mentiroso. Él tenía hielo por corazón.
O tal vez por eso debería besarlo. Él no se emocionaría demasiado. Es posible que ni
siquiera se excitara. Que era lo que ella quería, más o menos. Pero un poco… no.
¡Estupendo! Había dos Gillians otra vez.
—Me recordarás—piensa en mí—mientras me voy, —dijo, y no estaba haciendo
una pregunta, sino emitiendo una orden.
Protesta. Ahora. Antes de que comiences a entrar en pánico, y el demonio
reaccione peor. Pero… la parte de ella que quería encenderlo también quería que él pensara
en ella mientras él no estaba. Quería que supiera lo que había perdido en el momento en
que la usó.
¿Oh en serio? ¿Qué perdió? Dime.
Cállate.
La rencorosa Gillian ganó. Se puso de puntillas y dijo: —Bésame, entonces. Te reto.
La encontró a mitad de camino e inclinó los labios sobre los de ella. Los
movimientos eróticos de su lengua provocaron más hormigueos en la superficie y avivaron
las llamas del deseo. Caliente, tan maravillosamente caliente. Los dolores se magnificaron
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mientras empujaba con más fuerza, su gusto divino y su ritmo frenético cada vez mayor
arrastrando un gemido de rendición desde lo más profundo. Un sonido que él devoró por
Página

completo, como si nunca hubiera estado tan muerto de hambre o disfrutara de una comida
más sabrosa.
Su habilidad, experto. Su crueldad, en plena exhibición.
Puck no se molestó en conocerla o explorar sus matices; él tomó, dio y exigió…
todo, su lengua dominando la suya con una promesa de riquezas incalculables. Ella era
incapaz de resistirse.
El demonio se calmó, su mente repentinamente la suya, diferentes pensamientos
fluyendo en su conciencia, uno tras otro. Este beso fue una idea horrible. Este beso fue una
idea maravillosa. Ella ya había tenido suficiente. Ella nunca tendría suficiente. Esto podría
ayudarla. Esto probablemente la lastimaría. Esclavizarla. Liberarla por fin. Esto no era nada
y todo.
Esto era… delicioso.
Entonces sus pensamientos se calmaron también, su cuerpo se hizo cargo. Sus
pezones se fruncieron contra su vestido, como buscando la atención de Puck, y su vientre se
estremeció. El calor líquido empapaba sus bragas, y sus miembros temblaban, el hambre la
roía. Hambre que solo se intensificó cuando registró su sabor: el champán más potente.
¡Más!
Justo cuando ella se apoyaba en él, suavizándose, aplastando sus manos en sus
pectorales, él le agarró las muñecas, impidiéndole hacer contacto, y levantó la cabeza.
—No toques mi tatuaje de pavo real, muchacha. —La aspereza de su tono la
emocionó. —Ni ahora, ni nunca. Está fuera de los límites.
Gillian parpadeó para concentrarse, su mente obligada a ponerse al corriente. ¿Fuera
de los límites? ¿Por qué?
¿A quién le importa? Respira. Ella acababa de experimentar su primer beso. No,
justo acababa de experimentar su primer beso, y no había entrado en pánico. Incluso mejor,
ella había querido—y dado—placer.
Besé a un monstruo, y me gustó.
Debería estar más que indignada consigo misma. Y Puck… debería estar
indiferente. ¿Lo era?
¿Ella quería que lo estuviera?
— ¿El demonio regresó a ti? —Preguntó, avergonzada por la ronquera de su voz.
Él asintió, su mirada ardiente sobre ella, sus pupilas agrandadas. —Tuviste razón
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antes. Nuestro trato está terminado. Pero haremos uno nuevo. Cuando regrese, haré que me
quieras.
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Antes de que ella pudiera responder, la tiró de la barbilla, se giró y se alejó.


¿Qué estás haciendo, simplemente aquí fantaseando? ¡Síguelo! Correcto. Sacudida
en movimiento, Gillian dio un paso adelante, pero Winter y Cameron se trasladaron en su
camino, deteniéndola. Oh mierda. Iba a estar atrapada aquí, ¿no?
Mientras sus planes se estrellaban a su alrededor, Puck continuó hacia adelante
como un prisionero finalmente liberado de la prisión, sin mirar atrás ni una sola vez.
Winter hizo girar una daga. — ¿Estás lista para divertirte, pequeñita? Porque yo lo
estoy.

127
Página
Capítulo 15

Una punzada de urgencia acosó a Puck. Para sacudírsela, tendría que invocar una
nueva capa de hielo, algo que no estaba dispuesto a hacer en ese momento. No había
necesidad. Excepto por un puñado de silencios de una hora, Indiferencia permanecía en su
cabeza, emitiendo un flujo constante de ruido, pero nunca debilitándolo—y considerando
todas las otras cosas que sentía, debería haberse debilitado. El demonio había perdido la
capacidad de actuar en su contra.
Entonces, ¿por qué no estaba muy contento?
Porque… ¡solo porque! Después de semanas de viajar fuera de Amaranthia—
semanas lejos de Gillian y días en Budapest—no había hecho ningún progreso en descubrir
la ubicación de William.
¿Cuánto tiempo pasó para Gillian, Cameron y Winter? ¿Y Sin, que continuaba
gobernando a los Connachts sin ser cuestionado? Cerca de trescientos años sería su
suposición.
¿Gillian había perdonado a Puck por romperse el dedo?
El recuerdo de sus acciones lo enfermó. ¿Cómo pudo haber hecho tal cosa?
A pesar de las pocas semanas—para él—su vínculo se había fortalecido como si
hubieran estado juntos durante siglos. Los cuales tenía ella, de acuerdo a su horario. Sintió
como si la hubiera conocido por siempre. Como si la hubiera extrañado por siempre. Como
si la hubiese deseado por siempre.
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Él la quería de vuelta. Ahora.


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¿Cómo había cambiado Gillian? ¿Cómo era ella? ¿Todavía dulce… o endurecida?
¿A qué pruebas se había enfrentado sin su ayuda y protección?
El instinto crudo ardió dentro de él, naciendo en él la necesidad de cometer
violencia contra cualquiera que la hubiera lastimado.
Durante las primeras horas fuera de Amaranthia, pasaron muchos años para Gillian.
Durante ese tiempo, ella había sufrido heridas terribles. Lo sabía, porque había sufrido las
heridas con ella. Un segundo estaba bien, al siguiente múltiples huesos se habían roto sin
razón aparente. Los moretones se habían formado y desaparecido. Dos veces sus manos se
habían caído de sus muñecas. Hablando de incomodidad. Una vez, había perdido un pie.
Sin embargo, entre un latido del corazón y el siguiente, su cuerpo había desarrollado
nuevos apéndices.
¿Qué le había pasado? ¿Por qué Cameron o Winter no la habían salvado del dolor?
Junto con las grandes, también estaba preocupado por las cosas pequeñas. ¿Gillian
había descansado lo suficiente? ¿Había comido bien? ¿Se reía más? ¿Se le había borrado el
fuego de los ojos? ¿O acaso ella finalmente había prendido fuego y se había quemado?
La rabia se alzó fuerte, un ariete para su calma. ¿Por qué no había hecho una ruptura
limpia con ella, sin promesas entre ellos? ¿Por qué había insistido en un nuevo trato? ¿Por
qué la había besado?
La mujer lo había retorcido, ese beso sonando constantemente en su cabeza. El
sabor de ella era tan decadente como su aroma, toda baya de amapolas y seducción. La
sensación de ella, toda suavidad y calor.
¿Lo odiaba todavía, o el beso la había conquistado?
La culpa lo pinchó. Por supuesto, ella todavía lo odiaba. Él la había engañado,
torturado, abandonado y le había mentido.
Un lado de él dijo: se lo compensarás tan pronto como regreses.
El otro respondió: Oh, ¿en serio? Me encargaré de ella, ¿con William a mi lado?
Todos los músculos en el cuerpo de Puck se anudaron, la ira ganando terreno. La
idea de Gillian y William juntos otra vez…
Creo que preferiría perdonar a Sin por su crimen en mi contra.
El sentido común se resistió. ¿Lo harías? Porque esa es tu única otra opción.
Permitir que tu hermano traicionero destruya tu clan y tu reino.
GRUÑIDO.
Inhala, exhala. Puck se pasó una mano por la cara. No eres más que una molestia,
129
demonio.
Y Puck tenía mejores cosas que hacer que escuchar una rabieta. O debatir la
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sabiduría de su plan. Hace poco, descubrió una pista sobre el paradero de William.
Los rumores decían que el hombre había estado pasando tiempo de calidad en el
centro de Oklahoma City. Chisme significaba enviar a Puck directamente a una emboscada.
Posiblemente. ¿Vas a detenerlo? No.
Robó un teléfono móvil y, tal como Cameron y Winter le habían enseñado, publicó
un anuncio en Inmortal Wanted, un sitio en la oscura, oscura web.
Se necesita: un destello de Budapest a Oklahoma City.
Pago: oro de Amaranthian.
Añadió sus coordenadas exactas y esperó.
Publicar el anuncio costaba tanto como el viaje en sí, pero los beneficios superaban
con creces el gasto. Si alguien aceptaba un trabajo y perjudicaba a la persona que lo había
contratado, ese alguien sería perseguido y ejecutado por el propietario del sitio—Rathbone
el Único, uno de los nueve reyes del inframundo.
Puck nunca había conocido a Rathbone, solo había escuchado a otros hablar de él en
voz baja.
En el extremo opuesto del espectro, si alguien publicaba un trabajo y dañaba a la
persona que había contratado, o incluso si no pagaba, ese alguien sería perseguido y
ejecutado.
Unos minutos más tarde, apareció su paseo. Un hombre alto y musculoso con largo
cabello negro, ojos como diamantes y piel tan oscura y roja como la sangre. Poder
irradiando de él. Iba sin camisa, su mitad inferior cubierta por pantalones de cuero negro.
Desde el cuello hacia abajo, tenía cientos de tatuajes, cada imagen era la misma. Un ojo
cerrado.
— ¿Tú eres el que está buscando un aventón? —Preguntó el recién llegado. Él tenía
una voz profunda y áspera.
—Lo soy.
Esos ojos de diamantes brillaban con perversa diversión mientras tendía una mano.
—No soy nada si no cooperativo… cuando no estoy matando a sangre fría.
¿Una amenaza? Buena suerte con eso.
Puck colocó una moneda de oro en el centro de la palma del macho, esperando que
el macho lo envolviera con un brazo; la mayoría de los inmortales necesitaban tocar al que
transportaban. Este no. Budapest desapareció, un callejón abandonado, con múltiples
contenedores de basura, tomo su lugar.
130
El otro hombre se había ido.
Un pequeño gato con piel enmarañada y cicatrices se acercó a Puck y se retorció
Página

entre sus pies, frotándose contra sus piernas.


—Es bueno hacer negocios contigo, —murmuró.
El intenso calor lo envolvió, el aire húmedo, opresivo. El sudor perlo su piel
mientras revisaba sus armas, en caso de que su escolta hubiera decidido desaparecer con
ellas. Dos dagas, dos semiautomáticas. Excelente.
Permaneciendo en las sombras, Puck estudió el entorno. Edificios antiguos de
ladrillo rojo intercalados con piedra rojiza ocasional. Múltiples callejones que se bifurcaban
desde el que había sido transportado. Algunos peatones serpenteaban a lo largo de las
aceras.
Sin otro recurso, Puck se adelantó, revelando su presencia a los humanos. Algo que
nunca había hecho en el pasado, sin matar a todos los que lo habían visto. Hoy, no había
ninguna razón para ocultar su identidad y todas las razones para revelarla.
La gente lo miraba. Algunos incluso sacaron sus teléfonos para tomar su fotografía.
Nadie gritó o escapó. Interesante. ¿Tal vez asumieron que jugaba a disfrazarse?
Que se corra la voz de su presencia. Deja que William venga a él.
Un repentino crujido de energía cargó el aire, deteniéndolo. Una fracción de
segundo más tarde, todo el cielo se oscureció, como si el sol se hubiera desvanecido en otro
reino. Los humanos jadearon y gritaron pidiendo ayuda, solo para ser ahogado mientras
gritos de angustia se derramaban del cielo: gemidos de dolor y pena.
¿Qué demonios?
Antes de que tuviera la oportunidad de razonar sobre lo sucedido, el sol volvió a
brillar en un cielo azul. El coro se aquietó, incluso cuando humanos temerosos se
apresuraron a salir de la zona.
La respuesta llegó a Puck en un instante, ya que había sido testigo de este tipo de
evento antes. Enviados—alados asesinos de demonios—vivían en el tercer nivel de los
cielos, el nivel más cercano al reino humano. Uno de sus líderes había muerto.
No es mi problema.
Enfócate. Puck entró en el primer hotel que se encontró, dejando al gato-sombra en
el exterior. Se escondería en una habitación y esperaría la llegada de William.
¿Aparecería el macho?
Los empleados miraron a Puck dos veces, y los huéspedes le echaron un vistazo,
pero nadie hizo preguntas. Después de adquirir una llave, despidió al botones y tomó las
131

escaleras, deteniéndose en cada piso para asegurarse de que ninguna salida estuviera
bloqueada.
Página

En su habitación, encontró una cama tamaño King con un edredón blanco, un


escritorio, una cómoda, una televisión y una mesa de café. Movió todo a una esquina y…
¡Boom!
Las bisagras en la puerta principal se hicieron añicos. Madera dividida. En el centro
del caos estaba William El Oscuro. A sus pies, el gato, el gato sonriente. ¿El felino había
llevado a William a Puck? Posiblemente. Incluso probablemente. ¿De qué otro modo
llegaría William tan rápido?
Puck hizo una encuesta visual rápida. William sostenía un pequeño torque de oro
pero no tenía armas discernibles. Por supuesto, si él era algo parecido a Puck, su cuerpo era
suficiente arma.
El silencio se extendió entre ellos mientras tomaban la medida del otro. Durante su
última reunión, William había lucido ojos rojos. Hoy no era así. El azul había regresado.
¿Le importaba el color de los ojos a Gillian? ¿Ella prefería…?
¡Tonto! Sus preferencias no tienen relación con la situación.
—Puedes irte, —dijo William.
— ¿Irme? —Puck sacó los nudillos. —Por qué habría…
—No tú.
El gato comenzó a crecer y crecer. Cambia-forma, se dio cuenta Puck. El pelaje
desapareció, reemplazado por una piel roja, revelando al inmortal que lo había enviado a
Oklahoma.
Rojo hizo una reverencia. —Es un placer hacer negocios contigo, Puck. Y contigo
también, William. Aunque me encantaría quedarme y ser testigo de la carnicería que viene
a continuación, me necesitan en el cielo. Donde hay confusión, allí estoy yo. —Inclinó un
sombrero invisible antes de destellar.
Agitación en los cielos. Lo sabía. —Los Enviados, —dijo Puck. —Algo pasó.
—No deberías preocuparte por ellos. Sólo por ti mismo. —William habló en un
volumen normal, pero la amenaza ataba cada palabra. —Dime dónde está Gillian, o
convertiré tus testículos en pequeñas bolas de discoteca.
El resentimiento se encendió, alentando a Indiferencia a un ritmo frenético en su
mente. De acá para allá, de acá para allá. —Ella está a salvo. En este momento, eso es todo
lo que necesitas saber.
Ding, ding, ding. Con un grito de guerra enloquecido, William se lanzó a Puck.
132

Mientras caían al suelo, el otro macho agarró su muñeca y ancló la banda de oro
alrededor de ella. Una acción inesperada y un desarrollo extraño. El metal latió con magia.
Página

Impacto. El aire salió volando de sus pulmones, el piso debajo de él, su oponente
encima de él. William se puso de rodillas y lo golpeó, sus puños lloviendo con furiosos
golpes. El cerebro de Puck se estremeció contra el cráneo. Dolor. Mareo.
La furia se agudizó, Indiferencia clavándose en su mente con más fuerza, con más
rapidez. Estabilízate. No cedas. Aunque el demonio ya no tenía el poder de debilitarlo, la
emoción lo llevaría a matar al hombre que necesitaba.
Puck bloqueó el siguiente golpe aplastante. Por supuesto, no dispuesto a darse por
vencido, William lanzó un puñetazo con la mano libre.
Bloqueándolo, también, Puck dijo: —Piensa. No puedes lastimarme sin lastimar a
Gillian.
—Incorrecto. —El hombre sonrió con una fría y calculadora sonrisa, toda blanca
perlada y maliciosa. — ¿Pensaste que movería mis pulgares después de que te unieras a mi
mujer? Aprendí todo lo que pude sobre ti, así como de los vínculos matrimoniales. Fuiste
traicionado por tu hermano, tu reino fue robado. ¿Te suenan las campanas? Oh, y te hice un
regalo. —Hizo un gesto hacia la muñequera de oro con una inclinación de su barbilla.
Símbolos habían sido tallados en el metal. — ¿Qué tipo de magia es? —Preguntó
Puck.
—A lo que tú llamas magia, yo lo llamo poder. Como hijo de Hades, tengo poder en
el poder. Ahora, tu dolor seguirá siendo tuyo. Y sé lo que estás pensando. Guau, ese Willy
seguro es el paquete completo. Belleza, fuerza y cerebro. Tienes razón, pero también eres
un hombre caminante muerto. —Golpe, puñetazo. —No puedo ser vencido.
Puck atrapó sus puños una vez más y ofreció una fría sonrisa propia. —A pesar de
tu poder, no puedes cortar mi vínculo con Gillian. Está viva y bien, atando mi vida a la de
ella, y no hay nada que puedas hacer al respecto.
La furia brillaba en esos ojos azules como agua de océano. —No te preocupes. No
voy a matarte, Pucker. Oh no. Vas a sufrir durante siglos. —Puntuó cada palabra con un
nuevo golpe.
Puck soportó la más nueva ronda de puñetazos contundentes sin contraatacar,
mientras trabajaba sus piernas entre sus cuerpos. Éxito. Agarró al macho por los brazos y lo
lanzó, al mismo tiempo que lo pateaba levantándolo. William se elevó por la habitación y
se estrelló contra la pared, rompiendo el yeso del techo al piso.
El polvo bañó el aire. Los músculos se ondularon con fuerza bruta cuando Puck se
puso de pie, y la sangre caliente goteó de su boca. Desenvainaría una daga y atravesaría a
William…
133

¡No! No debes matar.


—Esto es lo que va a suceder, —dijo, su voz áspera apenas reconocible. —Vas a
Página

levantar un ejército para ayudarme a destronar a mi hermano y reclamar mi reino. Después,


usaré las tijeras de Ananke para cortar mi vínculo con Gillian. Ella estará libre de mí, de
una vez por todas.
Y no la voy a extrañar, ni por un segundo.
—No necesito un ejército. Soy un ejército. —Con los dientes al descubierto,
William se enderezó y rotó los huesos en su cuello. — ¿Dónde está? ¿Te acostaste con ella?
—No lo hice. —Se dijo a sí mismo que se callara. Pero sus labios se separaron,
permitiendo que una sola palabra escapara. —Todavía.
Gruñendo, William dio un paso adelante.
—Solo después de que hayamos destronado a mi hermano, —continuó Puck—,
usaré las tijeras. —La promesa tenía mal sabor, pero se negó a negarla. —De acuerdo con
mis términos. Actuales.
—En cambio, creo que voy a robar las tijeras y cortar el vínculo yo mismo.
Entonces cortaré tu ramita y bayas, y te meteré el pequeño trío pequeño por la garganta.
Como aperitivo. Después de todos esos siglos de sufrimiento que mencioné, podría
enfermarme y cansarme de oírte pedir misericordia, así que finalmente consideraré matarte.
Entonces conquistaré tu reino, solo por sonreír y reír.
Bostezo. —Confía en mí cuando te digo que no encontrarás las tijeras sin mí. —
Había tomado precauciones extremas para esconderlas. —Así que. O acuerdas ayudarme
dentro de los próximos cinco segundos o vuelvo con Gillian y me acuesto con ella por
primera vez. Y segunda… tercera. —La anticipación lo consumió, poniéndolo nervioso. —
¿Te gusta la idea de ella extendida sobre mi cama, desnuda, su cabello oscuro
derramándose sobre mi almohada, sus piernas abiertas para mí, y solo para mí? —Porque
yo lo hago.
Esperaba otra explosión de William.
En cambio, el hombre arqueó una ceja oscura y miró a Puck. — ¿Estás seguro de
que ella te recibirá? Bonitas piernas. ¿Te afeitas mucho?
— ¿Por qué afeitarme, cuando a mi esposa le gusta frotarse contra mí y usarme para
calentarse? Cuatro segundos.
Las fosas nasales se encendieron, William lo rodeó. — ¿Tienes pedigrí? Nah. Eres
un perro callejero, garantizado. ¿Mantienes tus cascos lejos de la cama o no te importa
ensuciar las sábanas?
Cabeza en alto. Hombros hacia atrás. —Las sábanas se pueden limpiar. Mi mente
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no puede. Oh, las cosas que anhelo hacerle a mi esposa… Tres.


Rígido, William dijo: —¿Debo dar la vuelta y dejarte oler mi trasero? —Él
Página

chasqueó la lengua. —Si la cama está temblando, no te corras, porque probablemente estás
debajo de ella, mordiendo un zapato, cierto.
—O darle a mi esposa su próxima docena de orgasmos. Dos.
Las fosas nasales se encendieron. —Se honesto. ¿Es eso un peluche en tus
pantalones, o simplemente estás feliz de verme?
—Eso es todo yo, y no puedo esperar para regalarle cada palpitante pulgada a mi
esposa. Uno.
William resopló y resopló, pero no ofreció ningún acuerdo.
—Muy bien. Señalaré que el plan A no fue exitoso. —Regresaría a Amaranthia y
procedería sin su otra llave. ¿Qué más podría hacer?
Cameron y Winter lo ayudarían. Habían matado a algunos de los mayores malvados
en “mitología”.
Primer problema: Cameron se distraía muy fácilmente con obsesiones triviales.
Segundo: Winter traicionaría a cualquiera para apaciguar su naturaleza egoísta.
Resultado: los hermanos pueden causar más daño que bien.
¿Y estos son los que dejaste a cargo de la atención de Gillian?
Presionando su lengua contra el paladar, Puck ignoró la nueva ronda de rugidos del
demonio y se dirigió hacia la puerta.
— ¿Qué? ¿No hay un adiós? —William se interpuso en su camino. —Tal vez
ayude a tu hermano a derrotarte.
Un segundo Puck tenía la intención de irse, al siguiente tenía al otro hombre
presionado contra la pared, con los dedos alrededor de su cuello. El yeso restante se
derrumbó.
—Quizás te mate, —afirmó. Gillian lloraría, pero las lágrimas podrían secarse.
Corazones rotos podrían ser reparados.
William pateó su pierna exterior hacia arriba, y enganchó su tobillo sobre la muñeca
de Puck. Luego bajó su pierna, con fuerza. Sucedió en menos de un parpadeo, pero los
pensamientos de Puck fueron más rápidos. Él sabía que tenía una opción. Liberar a su
oponente y salir ileso, o agarrarse y lidiar con un brazo roto.
Finalmente, una decisión fácil de tomar. Tomaré la opción B.
El hueso de su antebrazo se quebró, el dolor lo abrasó. Lo acogió con satisfacción y
mantuvo su férreo control. Al mismo tiempo, se agachó, forzando a William a hacer lo
135

mismo, y usó su mano libre para presionar varias navajas contra la garganta del inmortal.
William se rio, el sonido medio salvaje, medio loco. —La quieres por tu cuenta,
Página

¿verdad? ¿Y crees que ella quiere que regreses? Bueno, qué mal. Nunca la tendrás. Los
vínculos hacen que las parejas piensen que se desean mutuamente, lo que significa que
cualquier deseo que ella tenga por ti es falso. Después de todo, ¿qué mujer en su sano juicio
alguna vez elegiría voluntariamente a alguien como tú? Esos cuernos… —Se estremeció.
—A tu madre le encantaron mis cuernos anoche. Los pulimos muy bien.
Otra salvaje y loca risa de William antes de ponerse serio. —Durante mi búsqueda
de información, aprendí que de alguna manera soy la clave de tu éxito. No puedes destronar
a Sin, sin mí. Entonces, si quieres que tu hermano se aparte, harás un juramento de sangre
irrompible para cortar el vínculo con Gillian en el momento en que te presente la corona de
Connacht.
Él… ¿había ganado? Esto era todo. El momento por el que Puck había planeado y
luchado. Abrió la boca para ponerse de acuerdo pero, con una sorprendente cantidad de
chasquidos, dijo: —Aceptaré tus términos si aceptas los míos. Mientras estemos en mi
reino, no tocarás a Gillian.
La declaración se registró en su mente, y se sacudió. ¿Qué no hizo él? Negarlo.
—La tocaré cuando y donde yo quiera, —espetó William.
Puck reveló otra sonrisa fría, una promesa de dolor. —Entonces no tenemos un
trato.
—No te alejarás de la venganza contra Sin. No abandonarás a tu gente a una vida de
miedo y tormento.
—Puedo. Lo haré. Olvidas quién soy. —Giró sobre sus talones con la intención de
saltar por la ventana. A veces despreciaba a Indiferencia por conformarlo de esta manera;
otras veces, se deleitaba con su capacidad de compartimentar.
Hoy, se deleitaba. Hielo, bebé, hielo.
—Bien, —gruñó William. —He esperado tanto, puedo esperar un poco más. No
intentaré seducirla. Sin embargo, si ella intenta seducirme…
Dientes, moliéndose. Manos, empuñándose. Puck se volvió y se enfrentó a su
segunda llave.
No sientes nada, no quieres nada.
Las sirenas sonaron en la distancia. Alguien había escuchado la conmoción y llamó
a la policía.
Si se quedara por mucho más tiempo, enfrentaría el arresto.
Él levantó la barbilla. —Acepto tus términos.
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—Pronunciaré tu juramento de sangre sobre las tijeras. —William extendió la


mano, tiró de una cuchilla del cabello de Puck e hizo una incisión en su propia muñeca.
Página

Tan pronto como sus sangres se mezclaran, tan pronto como el juramento saliera de
su boca, Puck estaría por siempre atado, físicamente incapaz de renegar nada.
No hay otra forma.
Usando la misma navaja, Puck imitó al guerrero. La sangre manó dentro de la
herida mientras tomaba la mano del otro macho. —El día en que derrotemos a Sin… el día
que me entregues la corona de Connacht y abandones mi hogar, para nunca regresar, y
nunca atacarme, ni a mi reino, ni a mi gente en represalia por las acciones que cometí… ese
día usaré las tijeras de Ananke para cortar mi vínculo con Gillian Connacht. Esto lo juro.
Ahí. Estaba hecho. Su rumbo había sido establecido, su futuro decidido.
Cualquier otro hombre hubiera experimentado el triunfo. Puck asintió, confundido
por la sensación hueca en su pecho.
William lo miró, en silencio, antes de devolver el gesto. —Ahora destronemos a Sin
y recuperemos tu reino. Vamos.

137
Página
Capítulo 16

Día 41, DV (Después del Vínculo)

Gillian voló sobre la arena y aterrizó con un gruñido. Mientras se ponía de pie,
sabiendo que la patearían en la cara si se quedaba abajo, trató de recuperar el aliento. Una
tarea casi imposible. Escupió un bocado de sangre y tal vez incluso un diente.
Pasó su lengua por sus encías doloridas. Sí. Definitivamente un diente. Gracias a su
inmortalidad, crecería uno nuevo por la mañana. Sabía esto sin lugar a dudas, porque ya
habían tenido que volver a crecer otros cuatro.
—Atácame otra vez, —dijo Winter. —Y se más rápida, más fuerte y trescientos por
ciento mejor en esto esta vez.
Seguro, déjame entrar en eso.
—Dame un segundo. —Gillian traqueó los huesos en su cuello y giró sus hombros,
rezando para que el mareo en su cabeza se aclarara.
—En la batalla, no hay segundos.
¡No lo sabía ella!
Después de un intento fallido de seguir a Puck fuera de Amaranthia, Gillian había
aceptado entrenar para el combate. ¿Por qué no utilizar bien su odio hacia su marido
ausente? Y realmente, no podía vivir su sueño y cumplir su propósito—ayudar a mujeres y
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niños maltratados—si se mantenía débil.


Página

Winter le enseñaría a usar todas las armas disponibles en este primitivo infierno de
arena después de que aprendiera a luchar mano-a-mano. Solo un problema La Coronel
Winter creía que el dolor era el mejor motivador.
Todas las noches, Gillian se acostaba con cortes y moretones frescos. Al menos ella
había dejado de llorar para dormir.
Un día ella sería lo suficientemente fuerte y hábil para devolver el favor.
Era bueno tener objetivos.
— ¿Y bien? —Preguntó Winter.
Intentando no transmitir sus intenciones, Gillian se adelantó y echó hacia atrás el
codo. Antes de que pudiera dar un puñetazo, Winter se abalanzó sobre ella y la pateó con
tanta fuerza que temió que le hubieran roto la columna vertebral. Ella cayó sobre sus manos
y rodillas. Sin tiempo para levantarse. Winter se sentó a horcajadas sobre ella, la agarró por
el pelo y le levantó la barbilla.
Frío metal presionaba contra el pulso acelerado en la base de su cuello.
— ¿Cómo puedes protegerte si no puedes, ya sabes, protegerte? —Exigió Winter.
—Quiero a Puck. Bueno, no como amor. Él no es yo. Me gusta. Él me calma. Si mueres, él
muere. Entonces no puedes morir ¿Estás comenzando a comprender eso tu débil cerebro?
A Gillian no le gustaba oír que a otra mujer le gustaba su marido. Porque Puck no
merecía tal devoción, por supuesto, y ninguna otra razón.
—Haz algo. —Winter empujó la hoja más profunda, extrayendo sangre. —No solo
aceptes pasivamente mí…
Gillian estalló, echando la cabeza hacia atrás para clavársela a la otra mujer en el
mentón. Un gruñido de dolor sonó. Sin pausa, ella giró y golpeó. Su puño hizo contacto con
la nariz de Winter por primera vez. El cartílago se rompió, y la sangre brotó de sus fosas
nasales.
Una gloriosa ola de satisfacción hizo que todos los sufrimientos y dolores de Gillian
se desvanecieran.
Ella esperaba que Winter explotara en un ataque de ira, pero finalmente,
sorprendentemente, su entrenadora la miró con algo parecido al orgullo. —Muy bien.
Ahora estamos llegando a algún lugar.
—Dámelo, —dijo Gillian entre respiraciones jadeantes. Su esternón ardía con cada
inhalación, y se preguntó distraídamente si se había roto otra costilla.
139
Y oh, guau, ellas estaban llegando a algún lado. La idea de una costilla rota no la
estaba enviando a una espiral de pánico. La idea de más dolor no era su maravillosa
respuesta de lucha o huida.
Página

—Mmm no. Hoy no, —dijo Winter. —Te ves ridícula con tu diente perdido. Nos
volveremos a reunir mañana cuando verte no haga que quiera llorar por toda la humanidad.
—Ella se alejó a grandes zancadas sin responder, dejando a Gillian sola en la cresta de la
duna de arena.
El campamento estaba abajo, al menos cincuenta ojos sobre ella, todos brillaban de
alegría. El clan de forajidos de Puck encontraba su determinación de desarrollar habilidades
de combate divertidísimas.
—Chúpalo, —gritó. Algo que ella había aprendido: los hombres de Amaranthia
trataban a las mujeres deplorablemente.
Lo siento, muchachos, pero un día pronto su mundo va a cambiar.
Los abusadores serían castigados. Los establos serían abolidos.
Durante la mayor parte de la vida de Gillian, ella había vivido en una jaula,
prisionera del miedo y la miseria. Mientras que las paredes reales y las puertas cerradas
mantenían a las mujeres atrapadas en los establos, ella imaginaba que las “potras” sentían
una impotencia similar y soñaban con la libertad.
Debo entrenar más rápido. —Winter, —gritó. —Trae tu dulce trasero aquí. —A
partir de ahora, Gillian lo daría todo por esto y ella. No retendría nada.
Cuando Puck regresara, encontraría una esposa muy diferente, y un reino muy
diferente.

22 años DV (Después del Vinculo)

Querido Puck,
Cameron dejó pasar que tú le encargaste que mantenga un historial detallado de
todo lo que sucede durante tu ausencia. Decidí ayudarlo porque (al parecer) necesito una
salida para mi ira. Empecé a sacar mi Hulk interior.
Mira, un segundo estoy tranquila. Al siguiente siento que estoy experimentando la
furia de miles de hombres combinados. Soy capaz de arrojar perdedores de 250 libras como
si fueran guijarros.
¿Débil y frágil, Pucky? ¡No lo creo! Ya no.
Te culpo a ti y a tu demonio. ¿Qué es lo que ustedes chicos me hicieron?
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Durante una salida de Hulk, solo dos cosas pueden detenerme. Que eventualmente
me cansé y me desmayé, o que me fuercen a comer jarabe de un árbol cuisle mo chroidhe9.
Página

9 Traducido del Gaélico Irla 1|||ndés que quiere decir el árbol Pulso de mi corazón.
Como probablemente sepas, cosechar el jarabe requiere grandes cantidades de
tiempo y energía. Los árboles son difíciles de encontrar, y su corteza venenosa es un
fastidio importante.
Estoy lista para tu regreso. Si estás pensando que ella quiere mostrarme uno de esos
ataques cercanos y personales, tienes razón. Te lo mereces. Sabes que sí.
Si piensas que ella es la misma chica que dejé atrás, y puedo intimidarla
fácilmente, estás equivocado. A lo largo de los años he recibido puñetazos, patadas,
estocadas, apuñalamientos y machetazos. Y no olvidemos las pocas veces que Indiferencia
ha vuelto a volverme loca. ¿Ahora? Soy dura como las uñas, cariño.
De todas formas. Estarás feliz de saberlo, espera. Reformulo. No te importará saber
que me gusta Winter. Sí, ella es egoísta al máximo. Sí, ella busca ser la #1, siempre y para
siempre. Pero a los que ella considera su “propiedad personal”, ella los protege con su vida.
A través del hambre, la peste y la guerra con otros clanes, su espíritu feroz nos ayudó a
seguir adelante.
Para combatir a su demonio, convierte todo en un juego. Su forma de invitar a
alguien a su mundo, supongo, dado que dar abiertamente algo a alguien causa que Egoísmo
haga que mi chica pierda la cabeza.
¿Qué te hace Indiferencia?
Por cierto, no he pensado en nuestro beso en absoluto. Nop. Ni una sola vez. No te
echo de menos, y nunca me pregunto dónde estás y qué estás haciendo. Pensé que querrías
saber.
Gillian Connacht
PD: Puck es una mierda

106 años DV

Querido Puck,
Estoy muy emocionada y tengo que compartir con alguien, incluso contigo. Pilla
esto. ¡Adquirí magia!
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Espera. Tal vez debería retroceder un poco, ya que eres tan grande en la historia y
todo eso. Hace unos sesenta años, Cameron me puso runas en las manos a petición mía.
Página

Avance rápido algunas semanas. Un hombre me tendió una emboscada, pensando en tomar
algo que yo no estaba ofreciendo. (PTI10, tu pequeña novia aún no ha tenido un amante, y
no porque esté entregada a ti. Ella está esperando a William. Boom. El micrófono se cae.)
De todas formas. Cameron notó la conmoción y corrió, pero ya era demasiado tarde.
Yo ya había comenzado a cortarlo.
Después de que mi víctima-atacante expulsara su último aliento, una neblina oscura
se levantó de su cuerpo inmóvil. La misma niebla que vi mi primer día en Amaranthia,
después de que mataste a nuestros emboscadores. ¿Recuerdas? Solo que esta vez, la neblina
se absorbió dentro de MÍ. ¡Oh, la calidez! ¡El hormigueo!
Borracha de poder, decidí dejar Amaranthia, visitar a los Señores y sus Damas en
Budapest, hacer toda la reunión con William, y averiguar si él te había encerrado en alguna
parte, solo como él lo prometió. Quiero decir, no era como si alguien pudiera detenerme. La
estudiante ya había superado a sus maestros.
Y no, no deseaba que te hubieran encerrado. Ya no te odio, ¿de acuerdo? Solo me
disgustas levemente ahora. El tiempo me ha suavizado, supongo. Además, finalmente
entiendo por qué hiciste lo que hiciste.
Tuve un momento de luz después de que uno de mis reclutas me dio mala
información para llevarme a una trampa. Movimiento de mierda, ¿verdad? Ella planeó
presentarme a un amo de establo como un regalo. Como si fuera una potra que necesita ser
rota y montada. Apenas la conocía, y sin embargo su engaño dolió. ¡En más de un sentido!
¿Cuánto peor fue para ti, cuando tu propio hermano te traicionó?
Más que eso, crees que los Connachts prosperarán bajo tu regla. Si lo harán o no, yo
creo que perecerán sin ti. Así que, sí. Lo entiendo, realmente lo hago. Quiero un futuro
mejor para mi escuadrón también y para los niños que nosotros salvamos. Haría lo que
fuera por garantizar su bienestar, incluso destriparte donde sea que estés. Pero aquí está la
cosa. Si alguna vez me lastimas intencionalmente de nuevo, o si me mientes, haré una
brocheta con tus partes favoritas de hombre y haré un asado de carne picada.
No será mi primera, ni mi última.
Ahora, ¿qué estaba diciendo? Oh sí. Mi salida. Tan pronto como llegué a otro reino,
mi magia desapareció. ¿Tal vez porque no soy nacida en Amaranthian? Tal vez porque aún
no soy lo suficientemente fuerte. Cualquiera que sea la razón (es), retrocedí a toda prisa.
Yo mantengo lo que es mío
142

Ahora dedico mi tiempo a señalar a los chicos malos: violadores, acosadores y


abusadores de cualquier tipo. Cualquiera que lastime a mujeres y niños, realmente. Soy una
Página

máquina de matar, y estoy viviendo mi sueño. De hecho, saboreo la matanza casi tanto
como la magia.

10 Para tu información
¿Es eso tan malo? Eso es probablemente malo. ¿Qué tiene dos pulgares y no le
importa una mierda? Esta chica. (Quiero decir, ¿quién tendrá dos pulgares después de que
vuelva a crecer el que acaba de perder? ¡Esta chica!) Si alguien puede apreciar mi
sentimiento sobre las tendencias de tipo villano, eres tú, ¿verdad?
Nosotros estamos cambiando a Amaranthia poco a poco. Nosotros hemos
construido un orfanato, así como un refugio para mujeres. Aunque muchos hombres han
intentado detenernos, nadie ha logrado detenernos.
Una vez, yo quería ser normal. ¡Tonta! ¿Por qué conformarse con lo normal cuando
puedes ser extraordinario? ¡Pucky, esta chica ama su vida! Excepto por… bueno, no es
asunto tuyo.
Oh, ¿y el escuadrón que mencioné? Empezamos un clan propio de estrellas. Somos
los Shawazons, y rockeamos la casa. Cameron es nuestra mascota semental, y está
obsesionado con hacernos el mejor clan de la historia. Winter es mi segunda al mando. La
querida chica solo ha intentado derrocarme seis veces, pero la superé en todas, y luego nos
reímos mucho de ella. Sé que Egoísmo es responsable. ¡Los demonios son los peores!
Los Shawazons están formados por miembros estables liberados, ex prostitutas,
sobrevivientes de abusos, básicamente cualquier persona que otros clanes hayan
considerado “indignas”. Estas personas son mi familia.
Recientemente promoví a dos de mis mejores soldados a general. Espera a que te
encuentres con ellas. Johanna y Rosaleen nos cubren las espaldas, y nosotros cubrimos las
de ellas. ¡Poder femenino!
Uh-oh. Mejor me voy. Winter me está gritando, y eso solo sucede cuando el
desastre está por atacar. O ella quiere que limpie su tienda. O cepille su cabello. O
encuentre sus zapatos.
Comandante Gillian Connacht
PD: Te cambié el nombre a Pucky el Suertudo porque estás casado conmigo.
Enfréntalo. ¡Soy ASOMBROSA!

201 años DV
143

Querido Puck,
Maldita sea, ¿dónde estás? Dijiste que ya estarías de vuelta. No te echo de menos ni
Página

nada—definitivamente no sueño con nuestro beso todas las noches—así que no se te vaya a
tú gran cabeza. ¡Pero vamos! Estoy lista para divorciarme y empezar a salir nuevamente. O
por primera vez. ¡Lo que sea! Tengo que tener experiencia antes de que William llegue
aquí, ¿verdad?
Aquí está el trato. Nunca he confiado en los hombres. Siempre me asusté cuando las
cosas se hicieron íntimas, excepto por… no importa. Finalmente estoy en un lugar donde
quiero... quiero.
Winter dice que ella me ayudará a elegir a un hombre porque es egoísta y
egoístamente me quiere feliz. (Sí, ella me ama más de lo que te ama.) Incluso escribió el
anuncio de una canción: guerrera mágica en el campo de batalla en busca de Magic Mike11
en el dormitorio. ¡Una pesca total! Propensa a ataques asesinos de ira. Preciosa, a veces
juega bien. Entrenada en casa. Viene con una mejor amiga aún mejor.
¡Si solo Amaranthia tuviera un periódico!
Bien, bien. No soy una infiel, así que no voy a tener citas hasta que tengamos el
divorcio. Realmente, realmente quiero el divorcio, Puck. Por favor, apúrate a llegar a casa.
No eres tú, lo prometo; me doy cuenta de que estoy mejor sin ti. Estoy segura de
que hay muchas solteras por ahí, esperando ver tus ojos en blanco y nunca recibir un
cumplido o ningún tipo de apoyo. Y está bien, sí, sé que han pasado solo unas pocas horas,
días o semanas para ti, pero han pasado dos siglos para mí. Mis Hulk-interiores están
empeorando, y podría usar una salida para el exceso de energía.
Además, tú estás mejor sin mí. Recientemente aprendí lo desagradable de tu
profecía, cómo se supone que tu amada reina te ayude a unir a los clanes y todo eso. ¿Reina
cariñosa? Nop. Yo no. Y he logrado provocar una fricción irreparable entre cada clan.
Hoy en día lo único que tienen en común es su aborrecimiento por mí. He matado a
sus hombres, les he robado su magia y he ayudado a sus mujeres a escapar de las jaulas
doradas. Las Shawazons incluso han enseñado a otras mujeres de clanes a exigir respeto de
sus hombres o sino.
De nada, genitales de hombres.
Por cierto. Todos me llaman Gillian la Invasora de Dunas ahora. ¡Qué maravilloso
es eso!
Gillian Connacht Shaw, Invasora de Dunas.
PD: Puck está siendo descartado.

300 años DV
144
Página

Querido Puck,
¿¿¿Dónde estás??? Dijiste que ya estarías de vuelta.

11 Hace referencia a la película Magic Mike


Lo que sea. No importa. Tú demora te costará independientemente. Considérate
oficialmente separado. PTI yo gané a tus amigos y todas tus pertenencias en el acuerdo.
Pero maldición, yo todavía no puedo salir con otros hombres. ¡Estúpido vínculo!
Quizás te desprecie de nuevo. Estoy más que lista para alejar al sexo de mi lista de nunca-
jamás, pero debido a ti, no puedo. No puedo seguir con mi vida de ninguna manera.
Entonces preguntaré de nuevo. ¿Dónde estás? ¿Qué te ha pasado? Sé que te
lastimaste antes, porque el dolor explotó en mi cabeza sin razón aparente, y una sensación
de frío envolvió mi muñeca. Entonces… nada.
Mira, estoy preocupada por ti, está bien, y no me gusta preocuparme. La
preocupación distrae y drena.
Nota para mí misma: encuentra la manera de romper el vínculo sin las tijeras de
Puck.
Espera un segundo. Las tijeras. Planeas usarlas después de que William te ayude a
asesinar a Sin... lo que significa que ya debes haber encontrado las tijeras... lo que significa
que las has escondido en algún lugar de Amaranthia.
Bueno, bueno. Si tienes 1 par de tijeras y tu esposa tiene 0 pares de tijeras, tu esposa
ahora tiene 1 par de tijeras y tú tienes 0.
Nuevo objetivo: encontrar las tijeras, incluso si tengo que destellar hacia un volcán
para recuperarlas.
Oh, ¿olvidé mencionar que puedo destellar? Sucedió accidentalmente la primera,
oh, billonésima vez, y vomité cada vez que llegué a mi destino, pero desde entonces he
dominado la habilidad.
Winter me dice que no me apegue demasiado a la habilidad porque la magia viene y
se va tan rápido —y ella planea robar la mía —pero estoy disfrutando el viaje.
Gillian la Invasora de Dunas.
PD: A Puck le van a quitar sus tijeras.

343 años DV
145

Querido Puck,
Winter estaba en lo cierto. Perdí mi habilidad de destellar cuando mi suministro de
Página

magia bajó.
Visité a los Oráculos, esperando descubrir la magia eterna. Antes de que las tres
incluso se dignaran a hablar conmigo, tuve que ofrecer una muestra de mi agradecimiento.
(Podrías haber notado que me corté la mano con el dedo medio extendido. Soy así de dulce.
¿Qué hacen con todas las partes del cuerpo que la gente les da? De todos modos, me estoy
imaginando humeantes calderos con ojos de tritón o alguna cosa.)
Los Oráculos me dijeron tres cosas, y ninguna sobre magia.
(1) El hombre que amo tiene un sueño, y lo mataré.
(2) Debo elegir entre lo que podría ser y lo que será.
(3) Un final feliz no está en mi futuro.
No voy a preocuparme por el #1, porque nunca volverás con William, y él es el
único que podría tentarme a enamcccccccccccccccccccccccorarme. (Eso es correcto. Fui
allí.) En cuanto al #2, no tengo idea de lo que significa, así que he decidido considerarlo
como un absoluto alboroto. Y ¿#3? Que se jodan los Oráculos. Voy a demostrar que ellas
están equivocadas.
Y cuando lo haga, tú sabrás que pude demostrar que están equivocadas acerca de TI.
No necesitas la ayuda de William para derrocar a Taliesin Connacht. Puedes hacerlo por tu
cuenta. O puedo hacerlo por ti, si el precio es correcto. Así que ven a casa y libérame ya.
Gillian la Invasora de Dunas.
PD: Puck apesta <— los clásicos nunca envejecen.

405 años DV

Querido Puck,
Tú TODAVÍA no has regresado, y todavía no he encontrado las tijeras, lo que me
hace preguntarme si los Oráculos tenían razón, y estoy destinada a tener un final infeliz
después de todo. ¿Qué pasa si estoy siempre atrapada con un esposo ausente, un demonio
visitante, Hulk-Furiosa, y sin vida amorosa?
Me están cortejando, Puck. ¡Yujuuu! Por soldados, príncipes, incluso reyes. Sí, has
leído bien. La temporada de apareamiento ha afectado a Amaranthia, y yo soy la novedad
en la parte superior de todos en la lista de Hits.
Al principio, todos querían capturarme o matarme. Incluso recibí regalos tipo,
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Caballo de Troya: flores venenosas, notas con hechizos malignos y asesinos. Ya sabes, lo
de siempre. Cuando toda la cosa de capturar y matar fracasó, los muchachos comenzaron a
Página

enviarme todo tipo de basura romántica. Oro, joyas, frutas de sus huertos privados, carpas,
ganado y magia. Bueno, no es magia, exactamente, pero hombres para que los mate para
poder aprovechar su magia como un barril de cerveza. En ese sentido, siempre estoy feliz
de ayudar.
El único líder que no ha mostrado ningún interés en mí es tu hermano.
No he evitado deliberadamente a Sin ni nada, pero solo me he encontrado con él dos
veces. Él construyó un recinto enorme en la tierra de Connacht y creó una especie de
laberinto a su alrededor. Su gente tiene prohibido irse. Otros clanes deben sobrevivir al
laberinto para entrar. He escuchado historias de horror sobre monstruos, pruebas de fuerza
y resistencia, rompecabezas y mentes totalmente jodidas.
La primera vez que vi a Sin, supe que era tu hermano sin que me lo dijeran. Se
parece mucho a ti. El mismo pelo largo y oscuro -sin navajas- con los mismos ojos oscuros.
Estoy segura de que la mayoría de las mujeres lo consideran la belleza de la familia,
porque Winter lo ha mencionado unas mil veces. Para mí, él no es tan llamativo. (Digo la
verdad. Mi cumplido te hizo sacudir los pantalones.) Además, él no tiene cuernos. O patas
peludas. O pezuñas No es que esté investigando eso o nada. Es solo que llegó el invierno -
el clima- no la mujer, y recuerdo cuán calentito eres.
No es que quiera abrazarme contigo ni nada.
Aunque admito que he pensado mucho en nuestras interacciones. La mayoría de las
veces, eras el Hombre de Hielo. Otras veces fuiste agradable, a pesar del demonio. ¿Qué
das?
De todas formas. Estoy tentada de colarme en el complejo de Connacht y espiar un
poco. Quiero decir, ¿cómo te sentirías si regresaras, y ya me hubiera ocupado de tu
hermano? ¿Me agradecerías con un pequeño corte del vínculo? ¿O me resentirías?
Gillian la Invasora de Dunas.
PD: ¿Sabías que Sin está comprometido con tu antigua prometida?

422 años DV

Querido Puck,
He decidido que nunca volverás, de hecho te odio de nuevo y estoy destinada a
morir sin tener un orgasmo. Al menos, he hecho un nuevo amigo. ¿Recuerdas a la quimera
—PDM12 que me rompió la mano el día que me abandonaste en Amaranthia? (¿Poco
147
después de que TU rompieras mi dedo?) Bueno, hace dos años y medio, su tatara-tatara-
nieta dio a luz a un bebé varón. Un pequeño enano que ha estado a punto de morir más
veces de las que me gustaría admitir. Mamá no quería tener nada que ver con el bebé,
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supongo que el gen de esa PDM es fuerte en este linaje, así que me hice cargo de su
cuidado.

12 Pedazo De Mierda.
Su nombre es Peanut, y él me mira como si yo fuera la versión Amaranthian de
Santa Claus, y todos los días es Navidad. Está celoso de Winter, Cameron, Johanna y
Rosaleen, y de cualquier otra quimera que intento montar.
Mañana, comienza su entrenamiento. Él va a ser mi caballo de guerra.
Supongo que te debo una deuda de gratitud, Puck. Si no me hubieras traído aquí, no
lo hubiera conocido. No me habría entrenado, y fortalecido, y crecido. No sería tan feliz, o
tendría una familia propia.
Bien, bien. En realidad, no te odio. Y sé que las quimeras solo viven unos
doscientos años, y perderé a mi Peanut en algún momento, a menos que encuentre una
manera de hacerlo inmortal por supuesto.
¿¿¿DÓNDE ESTÁS??? ¿Dónde está William? De algún modo los extraño a los dos.
Lamento cómo terminaron las cosas. Quiero hablar con ustedes. Por favor, Puck. Corre a
casa.
Gillian la Invasora de Dunas.
PD: Mantenme esperando mucho más tiempo, y Pucky se pondrá raro… con una
espada.

148
Página
Capítulo 17

501 años DV

Puck cruzó la última puerta y entró en Amaranthia. Justo como antes, la magia rozó
su piel y llenó sus venas, emocionándolo. A diferencia de antes, él no usó la magia para
transformarse en su forma natural; él no deseaba impresionar a William.
Regodeándose en su querida patria, Puck respiró hondo. Tímidos rayos de sol
brillaban sobre el mar de arena. Él levantó la vista. Se formó una tormenta, el cielo estaba
más rojo de lo normal. Como Gillian debe haber aprendido, las tormentas Amaranthian
eran extremadamente peligrosas.
Gillian...
Él no pensaría en ella... ni en cómo la vería, la respiraría, la tocaría. Esos
pensamientos lo harían endurecer -bueno, duramente- e Indiferencia haría... ¿qué? Puck
esperó, sus orejas se crisparon, pero el demonio se había quedado en silencio.
La ira lo atravesó al pensar que Gillian estuviera molesta por la presencia oscura. Ira
que ignoró mientras forzaba su mente sobre el clima. En el invierno, las escarchas cubrían
todo, convirtiéndose en una metáfora de su vida. La primavera traía días cálidos y lluvias
rampantes que producían granizo como una daga. En verano, los lagos y estanques se
secaban gradualmente y ocasionalmente se vertía ácido desde el cielo. Durante el otoño, los
días fluctuaban entre demasiado caliente, demasiado frío y perfecto.
149

Él había regresado a mediados de la primavera.


Página

No había ningún campamento a la vista, ni cuerpos de agua cerca. Nadie esperaba


cerca con el transporte, tampoco.
No importa. Él podría correr.
— ¿Trajiste a mi pequeña Gilly Gomitas a un basurero como este? —Exigió
William.
¡Mi Gilly Gomitas! ¡Mía!
Nadie había probado su legendaria paciencia como este hombre. ¿Cómo podía
Gillian soportarlo? El bastardo irreverente se quejaba de todo, no tomaba nada en serio y,
bajo ninguna circunstancia, perdía la oportunidad de burlarse de Puck.
—No hay un reino mejor. Y en cuanto a Gillian ya no es mía, puedes llevarla a
donde quieras. —A él, tampoco le molestaría eso. No en el más mínimo grado. —Si ella
decide ir contigo, por supuesto. ¿Olvidé decírtelo? El tiempo pasa de manera diferente aquí.
Supongo que quinientos años han pasado para mi esposa. Ella podría haber olvidado todo
sobre ti.
Con un siseo, William palmeó una daga y presionó la punta en el pulso en la base de
la garganta de Puck. —No acabas de decir quinientos-años.
—Lo hice. —Parpadeó al hombre, sin inmutarse por el arma. —Gillian tiene ahora
medio milenio.
Parpadeos de rojo en esos azules, azules ojos, como ríos de lava que resquebrajaban
la superficie de un volcán. —La chica que dejé será la chica que encuentre. Ella era
perfecta, tal como era. Si los siglos la han cambiado...
— ¿Quieres decir que quieres que ella sea la chica que me eligió por encima de ti?
—Dos podrían burlarse. —En ese sentido, estoy seguro de que ella es la misma. —Una
mentira. Él no estaba seguro de nada.
Otro siseo, la cuchilla cavando más profundo. Una gota de sangre goteó por su
torso.
—O golpeas o retrocedes, —dijo Puck. —Gillian espera.
Una pausa tensa. Luego, con una gran muestra de renuencia, William levantó la
daga.
—Por este camino. —Ansioso, Puck se lanzó hacia adelante.
El otro hombre se mantuvo cerca de sus talones. Tener un vengativo inmortal a sus
espaldas era tonto, letal, pero por el momento no le importaba exactamente. Tan cerca de
ver a mi esposa...
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Esta vez, él no pudo apartar sus pensamientos de su mente. ¿Cómo reaccionaría ella
cuando lo viera? ¿Cómo reaccionaría ella cuando viera a William?
Página

Un dolor repentino y profundo en el alma amenazó con desgarrar el pecho de Puck


en dos.
—Estás equivocado, lo sabes, —dijo él. —Ella no era perfecta en ese entonces. Ella
tenía miedo de los hombres y la intimidad. —Aunque, al final, ella lo había besado como si
quisiera -necesitará- más.
La besaré de nuevo. Será…
William gruñó, recordándole a Indiferencia. — ¿Cómo sabes que ella le tenía miedo
a la intimidad?
Él enojado se encogió de hombros. —El tema surgió.
—Siempre y cuando eso fuera lo único que surgiera, —espetó William.
No, William El Oscuro. Me endurecí por ella todos los días que estuvimos juntos.
Ahora me endurezco por ella incluso cuando estamos separados.
—El abuso que ella sufrió de niña... fue peor de lo que puedas imaginar, —dijo
William. —¡Y sufrió durante años! Sin nadie que la ayudara, ella escapó y vivió en las
calles, porque las calles eran más seguras. Esa es la chica que usas en mi contra.
El tatuaje de mariposa de Puck chamuscó su piel al deslizarse hacia abajo sobre su
pierna mientras lidiaba con el remordimiento, con auto-desprecio tan fuerte que no estaba
seguro de estar libre alguna vez de eso.
—Suficiente charla, —él graznó. Él aumentó su velocidad, sus brazos bombearon y
sus piernas devoraron la distancia.
William nunca se rezagó, una hazaña que pocos lograban cuando se enfrentaba a
Puck.
Cuando ellos llegaron a su campamento, tuvo que hacer una doble toma. Las tiendas
habían sido reemplazadas por casas hechas de piedra y madera.
Los hombres vagabundeaban, cada uno vestido con una túnica y pantalones de piel
de oveja. La moda no había cambiado, al menos. No había mujeres a la vista. No había
señales de Gillian, o incluso de Winter. Las hembras debían estar dentro de las casas,
cocinando y limpiando.
—Que pintoresco. Una fiesta de salchichas. Mi menos favorito de todos los
festivales, —dijo William con un tono seco. —Si alguno de estos bastardos tocó a mi
chica…
—Mi chica. —Puck cerró los ojos por un momento y respiró, haciendo todo lo que
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estaba a su alcance para detener la erosión de su control. No mía. Nunca mía. Él había
elegido la venganza. Guerra sobre una mujer. Él no se apartaría de su camino.
Página

Mejor solo. Sin familia, sin posibilidad de traición.


Él escaneó todas las caras, pero tampoco encontró señales de Cameron.
— ¿Dónde está ella? —Exigió William.
—Lo descubriré. —Puck se acercó a un hombre que estaba sentado frente a un
tostado coinín. ¿Cocinando? Un deber generalmente realizado por mujeres. Excepto cuando
esas mujeres eran vegetarianas y hacían tratos con sus maridos, por supuesto. —Tú.
El hombre lo miró y se puso de pie, con los ojos muy abiertos. —Mi señor. Estás de
vuelta.
— ¿Dónde está mi esposa? Para el caso, ¿dónde están Cameron y Winter? —Él no
estaba -impaciente- pero cerca; él estaba listo para leer la historia detallada que Cameron
había escrito, y descubrir todo lo que había sucedido en su ausencia.
El color se escurrió de las mejillas del otro hombre. —Ella... ellas... todas se
movieron, mi señor. Llevaron a todas nuestras mujeres con ellas.
Una nueva oleada de furia irradió de William mientras se deslizaba junto a Puck. —
Él no te preguntó qué habían hecho. Él te preguntó dónde estaban. ¡Responde!
—No intimides a mis súbditos, —espetó Puck. Al hombre, él le dijo—, No te
pregunté qué habían hecho. Te pregunté dónde estaban.
El hombre tragó saliva y tiró del cuello de su túnica. —Hacia el este, mi señor. Son
parte de un nuevo clan. Uno que asalta otros campos, mata soldados y roba magia. Han
causado una guerra entre... todos.
Las cosas habían empeorado desde su partida, ¿no mejorado?
—Mi buen humor se está deteriorando a un ritmo acelerado, —dijo William, su
tono no era más que una amenaza. —O alguien trae a Gillian, o yo…
—Harás una rabieta, —interrumpió Puck. —Sí, lo sé. En cambio, ¿por qué no haces
lo que haces mejor y jodes a todos con un pulso? Buscaré a mi esposa y descubriré qué está
pasando.

— ¿Te he dicho lo mucho que apestas? —Preguntó Winter con genuina alegría.
—Muchas veces. —Gillian le lanzó un beso a su amiga, con su dedo medio. —
152
Deberías intentar agradecerme. Estoy arreglando tu error, ¿verdad?
—No, estás salvando a Johanna. Hay una diferencia. Solo desearía poder ir con
Página

ardientes armas.
—Yo también. —Desafortunadamente, las armas no funcionaban en Amaranthia.
Algo acerca de que la magia es incompatible, bla, bla.
Hace dos días, el Clan Walsh había capturado a una de las generales de Gillian.
Considerando que los Walshes eran hombres-idiotas que creían que las mujeres eran menos
importantes que el ganado- esta noche ella haría que las arenas se enrojecieran con su
sangre.
Róbame y sufre.
Cuando los rugidos y los gruñidos de repente sonaron en su mente, ella gruñó.
Indiferencia había regresado. Le gustaba aparecer cada dos décadas, volverla loca e irse.
Ignóralo o vuélvete loca. No había otras opciones
—Para que lo sepas, —dijo Winter—, nunca cometí errores antes de conocerte.
Bufido. —Los hiciste, está bien. La gente tenía demasiado miedo de decírtelo.
Gillian presionó su cuerpo más profundamente en la cresta de la duna de arena, y
apretó el pañuelo de camuflaje envuelto alrededor de la mitad inferior de su rostro. El
material delgado la protegía de los fuertes vientos y los chorros de arena. Desde que se
había despertado esta mañana, había sido inundada de impaciencia. Por la situación de
Johanna, por supuesto, ¿pero podría haber más?
Aquí estaba ella, a punto de salvar a su amiga. Pero en lugar de anticipación, ella
sintió miedo, sus terminaciones nerviosas destrozadas.
Indiferencia solo empeoraba las cosas.
— ¿Por qué tú no tienes tanto miedo de señalar mis defectos? No es que tenga
defectos. ¿Es porque me has visto en mi Ropa de la Mujer Maravilla? Eso es, ¿no es así? —
La adorable guardiana de Egoísmo estaba tendida junto a ella. — ¿Y por qué estamos
haciendo esto, de todos modos? Tenemos una política de no rescatar por una razón.
Recuerdo todas esas molestas trampas, trucos y emboscadas. ¿Tú sí?
Ella esperó, sabiendo que su amiga estaba lejos de haber terminado.
—Si otros clanes descubren que estamos dispuestas a ir a la guerra para salvar a una
general tan amada o poderosa como la segunda al mando de la Invasora de Dunas -yo-, —
agregó Winter, como si ella necesitara una aclaración—, es muy probable que secuestren a
nuestros clanes.
Gillian suspiró. ¿El quid de la cuestión? Egoísmo se sintió desairado, porque nadie
había intentado capturarla. —Por otro lado, otros clanes serán más propensos a secuestrar a
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nuestras mujeres si no hacemos nada. Necesitan saber que hay consecuencias si se meten
con nosotras. —Graves consecuencias.
Página

— ¿Y si estamos entrando en una emboscada hoy?


—No es una emboscada si sabemos que es una emboscada. Es una oportunidad. —
Resistir una oportunidad no era parte del conjunto de habilidades de Winter.
Bingo. La belleza ahora bullía de entusiasmo.
Walshes morirían sangrientamente.
Aunque ambas Shawazons estaban cargadas con armas, el más mortal latía en sus
manos. Gillian extendió un brazo, la luz de la luna brillaba en las runas marcadas desde la
yema del dedo hasta la muñeca. Tan bonito. Las retorcidas, zigzagueantes líneas se habían
convertido en un portal, permitiendo que la magia entrara en su cuerpo cada vez que ella
mataba.
La magia era poder, y el poder lo era todo.
Nunca más sería una niña indefensa, pretendiendo dormir mientras la escoria de la
tierra la violaba de la peor manera, o, cuando ella no podía fingir, haciendo todo lo que se
le ordenaba, esperando que su abusador terminara rápidamente.
Nunca más tendría miedo de contraatacar.
—Entonces, ¿cuál es el plan? —Preguntó Winter.
—Básicamente vamos a liberar a Johanna y causar estragos.
—Agradable. Estragos es mi especialidad.
Decidiendo entrar y salir del campo enemigo en lugar de cargar con toda su fuerza,
ellas vendrían sin respaldo. Gillian incluso había dejado su querida y fiel quimera de
guerra, Peanut, en casa. Garantizado, él estaba haciendo un mohín, comiendo sus muebles y
mordiendo a cualquiera que se atreviera a acercársele.
Ella suspiró y estudió el campamento. Ciento cincuenta y cuatro tiendas colocadas
en filas, permitiendo a los vecinos vigilarse el uno al otro. También se colocaron
estratégicamente fogatas colmadas, cada una de ellas suministrando luz para cuatro tiendas.
Este era un puesto de avanzada móvil. Es decir, los ocupantes podrían empacar y
desaparecer en minutos.
Los soldados patrullaban el perímetro exterior, listos para tocar un gong a la primera
señal de problemas. Otros soldados patrullaban entre las tiendas.
Al atacar el sitio, los Shawazons declararían la guerra a todo el clan Walsh.
En realidad, al encarcelar a Johanna, una general Shawazon, los Walshes ya habían
declarado la guerra. Claro, Johanna había invadido su territorio mientras jugaba a verdad o
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consecuencia con Winter, pero ella no lo había hecho para causar problemas. Solo para
robar un beso de un guapo desconocido.
Página

Por eso, ¿los Walshes pensaron en torturar a Johanna? Piensa otra vez.
Ninguna mujer queda atrás. Incluso si Gillian tuviera que arriesgarlo todo.
Así que otros (antiguos) Shawazons la habían traicionado en el pasado y le
tendieron trampas. ¿Y qué? Johanna, era de confianza. Compartían un fondo similar y
hablaron sobre sus experiencias, ayudándose mutuamente.
Una de las primeras cosas que le había dicho Johanna, después de que Gillian había
compartido lo peor de su abuso -te creo.
Su propia madre no la había creído.
Entonces Johanna agregó, Lo que pasó no fue tu culpa. Tú lo sabes. Ellos lo saben.
Y ahora tú cuerpo es un arma. Nunca más alguien podrá usar tu arma contra ti.
Ese día, algo dentro de Gillian había cambiado, la verdad había encajado en su
lugar. El abuso nunca había sido su culpa. Ella había sido una niña inocente puesta bajo el
cuidado de un hombre indiferente. Ninguna mirada en sus ojos le había dado la bienvenida
al abuso. Solo él cargaba con la culpa de sus acciones, ahora y siempre, y ella nunca más
aceptaría una carga tan terrible.
Cuando el peso pesado se había desprendido de sus hombros, ella había querido
llorar. Tan desesperadamente había querido llorar de alivio y furia y otras mil emociones
que no había podido nombrar. Pero sus lágrimas se habían mantenido a raya. Tal vez ella
había derramado demasiadas sobre su vida mortal y no tenía más para dar. Aun así, la falta
no había evitado que una oleada de anhelo saltara a la vida. Ella había querido que los
fuertes brazos de Puck la envolvieran, abrazándola. Quería que su cálido aliento fuera una
caricia en su piel mientras susurraba palabras de consuelo. Quería la suavidad de su pelaje,
tan diferente de cualquier contacto que hubiera conocido antes, para calentarla.
Con la esperanza de deshacerse de deseos tan imprudentes, ella había ido en busca
de una maldita información sobre su pasado. Fechorías juveniles. Traiciones ¡Cualquier
cosa! Excepto, cuando se enteró de las guerras que había ganado, de los guerreros con los
que había luchado, de los hombres que querían ser él y de las mujeres que habían esperado
domesticarlo, ella lo había admirado y solo lo había echado de menos.
Por supuesto, ella también descubrió que él una vez se había enamorado de Winter,
y ella dejó salir su Hulk interior. ¡Lo cual no tenía sentido! ¿Qué importaba un
enamoramiento pasado? ¿A menos que él todavía quisiera a la guardiana de Egoísmo?
Uh-oh. Picaduras familiares en la parte posterior de su cuello, calentando la piel.
Inhala, exhala. Bien, eso estaba bien. No había razón para sacar a su Hulk interior aquí, de
155

todos los lugares. Ella se había quedado sin jarabe de cuislemo chroidhe y no había tenido
la oportunidad de cosechar más.
Página

—Um, ¿necesito correr por mi vida? —Preguntó Winter.


—No. Estaré bien. —Tal vez. Ojalá.
Mientras Indiferencia rugió con más fuerza, ella levantó la mirada hacia arriba. Tres
lunas brillaban en el cielo rojo púrpura que ella había llegado a adorar, parcialmente
protegido por una serie de nubes de tormenta. En cualquier momento, las dagas de hielo
comenzarían a caer.
—Casi a tiempo. — ¿Y si ella llegaba demasiado tarde? Y si…
¡No! Proceso de pensamiento inaceptable. Todo estaría bien.
Winter besó el mango de su daga favorita. Una que le había robado al hermano de
Puck, cuando se había atrevido a aventurarse desde su fortaleza de la soledad. —Quien
mata a la mayoría de los soldados gana. El perdedor tiene que admitir que el ganador es
superior.
—Trato, —ella dijo con una nota de afecto.
Su amistad con Winter no se había formado de la noche a la mañana, o incluso en
más de una década, pero se había formado. Ahora no había nadie que Gillian quisiera tener
a su lado.
Ella se preguntó, sin embargo. Cuándo -si- Puck alguna vez regresaba, ¿cambiaría
la lealtad de Winter?
— ¿Pensando en tú querido esposo otra vez? —Preguntó su amiga.
—Mi-ex querido esposo. Hay un plazo de prescripción para un divorcio extraoficial
no oficial, ¿verdad? —Y, sin embargo, ella todavía evitaba salir con otros hombres.
Aunque ella quería un novio y cenas románticas, intercambios de regalos. Bailando y
riendo. Miradas largas y persistentes. Tierna sonrisa. Todas las cosas que las chicas
soñaban recibir de un admirador. Todas las cosas que le habían negado durante toda su
vida. Primero, por miedo, luego un matrimonio no deseado.
Pero, si se ponía cómoda con otra persona después de cazar y matar a los hombres
que habían traicionado a sus esposas, sería una hipócrita.
Ella también mataba hipócritas.
Winter golpeó su hombro. —Siempre te tensas como si estuvieras a punto de ser
golpeada por mis puños de furia. No te preocupes. Él volverá. Indiferencia hace que pierda
el enfoque a veces, o deje de preocuparse por su objetivo, pero él siempre encuentra el
camino tarde o temprano.
156

— ¿No debería su reino ser una excepción?


—Nada es una excepción con Indiferencia. Excepto tal vez... —La voz de Winter se
Página

apagó.
— ¿Qué?
Su amiga se encogió de hombros y dijo, —Excepto tal vez tú. La forma en que él te
miró antes de irse... pensé que iba a combustionar. Nunca antes había visto tanta intensidad
en él.
Un zarcillo de placer se desplego en ella. ¡Lo cual era ridículo!
Su cuerpo podría arder por Puck algunas noches -la mayoría de las noches... bueno,
todas las noches de hoy en día- y él podría estar más tranquilo que sus sueños, pero ella no
iba a meterse con él cuando regresara. Ella lo había conocido, ¿qué? ¿Por cinco minutos? Y
demasiado bien recordó la facilidad con la que se había movido de Hombre de Hielo a
fuego lento, de vuelta a Hombre de Hielo. Sin duda él se calentaría si la metía en la cama,
solo para congelarla después. No, gracias. Gillian esperaba, y merecía, sentirse respetada
después.
¿Tal vez él la sorprendería?
Arg. Las ilusiones solo llevarían a la desilusión.
¿Puck incluso la querría?
¡Por supuesto! El vínculo hacía que ella anhelará a Puck, a pesar de todo lo que
había sucedido entre ellos, por lo tanto el vínculo le hacía a ella anhelarlo a él. Era ciencia.
¿Eran ellos nada más que títeres en una cuerda?
¿Realmente importaba? Querer era querer.
Espera ¿Estoy tratando de convencerme de que estoy en una escapada sexual con
él, o fuera de eso? Estoy confundida.
Él no era exactamente material de novio. Cenas románticas, intercambios de
regalos, bailes, risas y largas miradas persistentes o tiernas sonrisas, aquello no estaba
exactamente en su timonera.
La tentación dijo: ¿Por qué no usarlo, solo por un momento? La satisfacción
espera...
La idea no fue repelente. Ella podría experimentar la belleza del sexo sin miedo.
Tantas veces como había fantaseado con Puck, los viejos recuerdos nunca habían salido a la
superficie. Y no era como si ella pudiera escapar de su soledad. Gemido. Cada vez que lo
intentaba, su cuerpo se había apagado, gracias al vínculo. O tal vez Indiferencia. ¡O ambos!
En el fondo, ella sospechaba que necesitaba a Puck para terminar el trabajo, su presencia de
157

alguna manera hacía que su deseo fuera demasiado fuerte para ser negado.
Y maldita sea, ella estaba cansada de retorcerse sobre sus sábanas, desesperada y
Página

dolorida, incapaz de saciar la necesidad que su esposo había despertado con un simple beso.
Una necesidad que no había disminuido en su tiempo separados pero si crecido. Una
necesidad de Puck y solo Puck.
Parte de su mente lloró ¿Por qué no William? Ella lo había conocido por más años y
lo había venerado como un héroe.
Sí cuerpo. ¿Por qué? Aunque pensaba en él de vez en cuando, preguntándose si él
podría ser tan hermoso como ella recordaba -y aunque siempre se divertía burlándose de
Puck por el otro hombre en sus cartas- nunca había fantaseado con él.
Un estallido de truenos devolvió sus pensamientos al asunto en cuestión. —Si me
atrapan... —Gillian comenzó.
—Lo sé, lo sé. Masacra a todos, arriesgar mi vida más, y salvarte.
—No. ¿Estás bromeando? Retírate, roba más armas, adquiere más magia y regresa.
Otro estallido de truenos, seguido por un rayo de luz que iluminó a los soldados
mientras ellos corrían para cubrirse; ellos sabían que nadie en su sano juicio atacaría
durante una tormenta de hielo.
Ellos no estaban equivocados. Gillian no había tenido una buena idea durante siglos.
Se levantaron escudos sobre las tiendas, ofreciendo protección para las personas que
estaban dentro.
—Después de esto, —dijo Winter, indiferente a la próxima lluvia de muerte como
Gillian—, el recién coronado rey de Walsh probablemente dejará de cortejarte.
—Eso es solo una ventaja, —dijo ella.
Gillian había matado a los dos últimos soberanos. El primero se había deleitado con
el dolor que él les había infligido a las mujeres, recordándole a sus horrorastros. El
siguiente había matado a una querida miembro de los Shawazons, no durante la batalla sino
como un espectáculo de compras. Él la había apuñalado por detrás.
Después de un tercer estallido de truenos, la primera daga de hielo cayó del cielo y
atravesó el suelo a unos centímetros de la cara de Gillian. Indiferencia aulló de sorpresa
antes de desaparecer de su mente.
Bien, bien. Las experiencias cercanas a la muerte no eran lo suyo. Bueno saberlo.
—Ahora, —dijo ella. Levantando un escudo propio, se puso de pie y corrió por la
duna de arena.
158
Página
Capítulo 18

Más y más dagas de hielo descendieron, inundando la tierra. Gillian tuvo que saltar,
esquivar y zambullirse para evitar chocar contra cada nuevo obstáculo, incluso mientras
otras dagas de hielo chocaban contra su escudo y se rompían en un millón de pedacitos.
Afortunadamente, el mismo pum, pum y clink, clink resonaba desde los escudos que
cubrían los techos de las tiendas de campaña.
Winter permanecía unos pasos detrás de ella, cuidando su espalda.
No era de extrañar que los Señores del Inframundo disfrutaran de sus escaramuzas.
Proteger a la gente que amabas era lo más importante. ¿Lo segundo más grande? Saber que
el guerrero a tu lado, o a tus seis, moriría por ti si fuera necesario.
Familia. Aceptación. Apoyo. Todo lo que Gillian siempre quiso, entregado en un
paquete que nunca había esperado.
La adrenalina corría por sus venas, sobrecargándola. La magia se agitó, sus runas
brillando, pronto convirtiéndose en faros en la noche. Eso no sería suficiente. Soltando un
latigazo de poder, hizo que los granos de arena se elevaran y formaran un tornado alrededor
de ella y de Winter.
Cuando descubrió por primera vez la magia, pensó que los diferentes tipos
producían resultados específicos. Como la supervelocidad, o la habilidad de
teletransportación. Fuerza sobrehumana. Resistencia no natural. Respirar bajo el agua.
Visión nocturna. Telepatía. Atmoquinesis. Omnilingüismo. Ecolocalización. Control
159

mental. Intangibilidad. Auto-camuflaje. Generación de veneno. Telequinesia. Piroquinesis.


Psicoquinesis. La habilidad de volar. Pero no había tardado mucho en darse cuenta de que
Página

la magia era simplemente poder, y cuanto más tenías, más podías hacer.
Se necesitaba cierta cantidad de magia para realizar ciertas habilidades. Cuanta más
magia usaras en esas habilidades, menos podrías hacer, tu poder se agotaría cada vez más
rápido. Era un círculo vicioso.
Sin Connacht parecía ser la única excepción. Según se decía en las dunas, desde que
nació poseía tres habilidades: súpervelocidad, cambio de forma y visión nocturna. Puck
también tenía súpervelocidad, y había cambiado de forma el día que la trajo a Amaranthia.
¿Podría él también ver en la oscuridad, como su hermano? ¿Qué más podía hacer?
A ella le hubiera gustado…
¡Concéntrate, chica!
Soltó un segundo latigazo de magia, aumentando la velocidad del tornado para crear
una especie de campo de fuerza. En el ojo de la tormenta, ella y Winter no se vieron
afectadas.
Desafortunadamente, su medidor mágico ya estaba vacío. Encontrar a los objetivos
correctos se había vuelto cada vez más difícil a medida que los hombres se enteraban de su
odio por cualquiera dispuesto a cometer crímenes contra mujeres y niños. Ya no hablaban
tanto de sus crímenes, ya no alardeaban ni castigaban públicamente a la gente bajo su
“cuidado”.
Un día, Gillian esperaba encontrar el camino hacia el autoabastecimiento, para que
su magia se reconstruyera y nunca se agotara, permitiéndole aprovechar todas las
habilidades sobrenaturales.
Era bueno tener sueños.
Mientras corría hacia delante, se escuchaban voces desde las tiendas de campaña.
—…diciéndote, lo vi con mis propios ojos. —El pánico infundido en su tono.
— ¿Qué es lo que él quiere?
¿Quién era ese él?
Rescate primero. Recaudar información en segundo lugar.
La información podría ser tan valiosa como la magia.
Debido a que el tornado limitaba su visión, tuvo que usar más magia para ver más
allá de la pared de viento y arena, e incluso más allá de las solapas de las tiendas de
campaña para ver dentro de las viviendas. Guerreros limpiando armas. Mujeres cocinando.
Parejas teniendo sexo. Discutiendo. Riendo.
Cuando su mirada se deslizó sobre Johanna, Gillian se detuvo y dio marcha atrás.
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Con el corazón golpeando contra sus costillas, hizo señales con la mano para enviar a
Winter corriendo al otro lado de la tienda de campaña más lujosa de todo el campamento,
Página

donde esperaría exactamente dos minutos.


Comenzó una cuenta atrás en la cabeza de Gillian. Dos minutos, o ciento veinte
segundos. Hizo un balance. Una jaula oxidada ocupaba el centro, y Johanna estaba
agazapada dentro. El barro cubría sus rizos de sacacorchos y la suciedad manchaba su
oscura piel. Su ropa -un top de cuero con delgados eslabones de metal sobre sus órganos
vitales y una falda plisada- estaba hecha jirones. Se agarraba a las barras de la jaula, sus
ojos marrones estaban entrecerrados, sus labios apretados en una estrecha línea.
Queda un minuto.
La furia ardió en el pecho de Gillian. Recordaba el día que conoció a Johanna, hace
cientos de años. Había oído rumores sobre un hombre que golpeaba y abusaba de sus hijas,
así que se coló en su casa, con la intención de matarlo y robarle su magia.
Él había tenido a la dulce y pequeña Johanna agarrada por el cuello, estrangulándola
para arrebatarle la vida.
Gillian había entrado en erupción y lo había estrangulado hasta sacarle la vida a él,
como por casualidad. Al principio, Johanna le había tenido miedo. Con el tiempo, como
Gillian la entrenó para pelear de la misma manera que ella misma había sido entrenada por
Winter, se convirtieron en amigas. En familia.
Nadie lastima a mi familia.
Treinta segundos.
El captor de Johanna -el comandante del puesto de avanzada- estaba postrado sobre
un montón de cojines, afilando una espada. —Parece que vamos a pasar otra noche juntos.
—Se rio. —Tal vez la Invasora de Dunas aparezca mañana. O tal vez no. Tal vez me tenga
miedo y se haya lavado las manos con respecto a ti.
Quince.
Las burlas de un hombre cruel, nada más. Se merece lo que se le viene encima.
Diez.
Lo más silenciosa y rápidamente posible, Gillian cortó una abertura en el costado de
la tienda.
Cinco.
Antes de que él se diera cuenta de la repentina brisa helada, ella entró. ¡Ahora!
Centrando su mente en un solo pensamiento -haré lo que debo hacer, siempre- arrojó su
escudo, clavándoselo en la sien, y a tientas buscó una segunda daga.
Con un bramido, él se puso en pie, preparado para castigarla con su espada.
161

¿Qué es lo que no sabía él? Winter había entrado en la tienda desde el otro lado, con
un arco en alto, con una flecha amartillada. Whoosh. La flecha le atravesó la muñeca. Su
Página

mano sufrió un espasmo, y dejó caer el arma.


Un paso, dos, luego ella estaba corriendo. Winter lanzó un escudo en su dirección.
En el momento en que éste golpeó la arena, directamente frente a ella, se dejó caer sobre el
escudo, arrodillándose sobre el metal. Su impulso la hizo deslizarse por la arena, a través de
las piernas del comandante.
Ella deslizó sus espadas por la cara interna de sus muslos. No es suficiente daño. En
el momento en que estuvo detrás de él, saltó fuera del escudo, se giró y apuñaló la parte
posterior de sus rodillas.
Él se derrumbó, y soltó otro alarido.
Winter ya había liberado a Johanna y ahora necesitaba hacer la matanza final. O al
menos un intento; ella no querría hacerlo, querría que su amiga tomara la magia que
necesitaba para curarse pero sería castigada por Egoísmo si no lo intentaba.
Con sus reflejos bien afinados, Gillian le lanzó un cuchillo a Johanna. La general
Shawazon con un empujón de su hombro quitó de en medio a una agradecida Winter,
agarró el arma y se agachó frente al comandante -a quien luego ella apuñaló en el corazón.
Una niebla oscura se elevó de su cuerpo, rápidamente envolviendo a Johanna.
Saboreando la afluencia de poder, cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás. Las runas
en sus manos brillaban, casi más brillantes que el sol.
—Gracias. —Un color saludable floreció en las mejillas de Johanna. —Muchas
gracias.
—Cuando quieras, —le contestó Gillian, y lo decía en serio.
Desde su posición en el suelo, Winter refunfuñó: —Haznos un favor y no te dejes
capturar la próxima vez.
—Ojalá me hubieras dado un consejo tan sabio antes de que entrara al campamento
y tratara de robarle un beso a un extraño apuesto, —dijo Johanna con un saludo. —Me
habría ahorrado una pequeña tortura.
Con su impaciencia intensificándose, Gillian se puso de pie y agarró el escudo que
había descartado. — ¿Están listas para luchar para lograr salir de aquí?
Johanna reclamó la daga que el comandante había afilado y le lanzó un beso. —
¿Te importa si tomo prestado esto? ¿No? Un millón de gracias.
—Hey. Yo quería su daga, —dijo Winter con una mueca.
— ¿Qué tal si tomamos las dagas y las espadas de sus amigos? —Gillian sugirió.
La belleza del compromiso. —¡Y no olvidemos la magia!
162

Abundaron las sonrisas mientras salían corriendo de la tienda de campaña y


Página

entraban en la todavía furiosa tormenta. Los soldados ahora se precipitaban en el exterior,


con los escudos levantados. En medio del caos y la confusión causada por la tormenta,
Gillian y compañía se mezclaron con la creciente multitud... y realizaron el ataque sorpresa
perfecto.
Chicas contra chicos. Las chicas mataron a todos.
Para cuando el último soldado murió, las dagas de hielo habían dejado de caer. El
olor acre de los viejos centavos y los vientres vacíos enturbiaban el aire. La sangre había
convertido el suelo en un mar carmesí de destrucción.
La magia se elevó de entre los cadáveres y se dirigió a los legítimos receptores.
Zarcillos de fuerza inundaron a Gillian... pero no la curaron. Ugh. A pesar de sus
muchos asesinatos, los hombres andaban cortos de magia.
— ¿A cuántos Walshes mataste? —Preguntó Winter.
Respirando con dificultad, inhalando y exhalando, Gillian cortó una tira de tela de
una tienda de campaña, envolvió su herida y contestó: —Perdí la cuenta. Lo siento.
—No importaría de todos modos, —dijo Johanna. —Apuesto a que os gané a las
dos. ¿Cuántos años tienen, abuelas?
—Ja, ja, —dijo Winter.
—Vamos. Volvamos a casa.
Winter y Johanna hablaban soezmente mientras corrían por las dunas. Gillian se
habría sumado, pero estaba demasiado ocupada ignorando los dolores y molestias que
pedían alivio.
Para cuando cruzaron la frontera de Shawazon, los soles estaban a punto de salir,
hermosos rayos dorados brillaban en el cielo rojo púrpura y resaltando... no, seguramente
no. Gillian parpadeó rápidamente, segura de que no estaba observando una figura alta y
musculosa con piel bronceada, y cuchillas plateadas en su cabello oscuro.
¿O tal vez... lo estaba haciendo? Él estaba hablando con Rosaleen, de espaldas a
Gillian. Su espalda desnuda. Con un tatuaje de mariposa del color de los tréboles.
La tensión le atravesó el cuerpo, pero también lo hizo una corriente de calor que le
resultaba familiar. Gillian se detuvo bruscamente. Aun no recibiendo el memorándum, su
corazón seguía latiendo, cada vez más y más rápido.
— ¿Puck? 163
Página
Capítulo 19

Una voz con el poder de hacerlo ponerse más duro que el acero. La de ella. Puck se
giró tan rápido que casi le da un esguince cervical. Frenético, buscó… ¡allí! Gillian
Connacht estaba en la cima de una duna de arena, Winter y una mujer que nunca había
conocido estaban a su lado. Notó la presencia de las otras distraídamente, notó la sangre
seca y otras cosas pegadas a las tres hembras, también. Sabía que debía preguntarse sobre la
causa, y lo haría, tan pronto como superase su ataque de lujuria propia de un muchacho con
su primer establo.
Gillian había experimentado cambios significativos. La inmortalidad no la había
congelado a la edad de dieciocho años, sino que le había permitido envejecer hasta alcanzar
su perfecta versión de ella misma. Su pelo era más largo, un tono más oscuro y ondulado.
Sus mejillas eran más delgadas, sus pechos más grandes y deliciosos. Las caderas
redondeadas quedaban magníficamente expuestas en lo que debió haberse convertido en el
uniforme de la mujer Amaranthian: una top sin mangas de cuero negro y una falda corta
plisada, unidas entre sí por eslabones metálicos para proteger los órganos vitales. El resto
de ella estaba asombrosamente tonificada. Las runas ahora marcaban sus manos, los
brillantes remolinos un impresionante realce, como joyas de carne permanentes.
Él también debió haber cambiado, porque lo que había sentido por ella antes
palideció en comparación con lo que sentía por ella ahora. El deseo lo dominaba.
Quizás su vínculo se había profundizado a lo largo de los siglos que ella había
vivido. Quizás su magia llamaba a la suya. El impulso de acortar la distancia, tirar de ella
164

hacia sus brazos, tocarla y saborearla, marcarla, lo bombardeó, siendo casi irresistible.
Tomaré lo que es mío. La quiero a ella. Desesperadamente. Debo protegerla. Debo
Página

quedármela.
Ambición protestó. Debes devolvérsela a William.
Ella hizo una mueca de dolor y se agarró su costado mientras se movía de un pie a
otro. Una tela empapada de carmesí estaba envuelta alrededor de su torso desde la costilla
hasta el hueso de la cadera.
Alguien la había lastimado.
Alguien moriría.
Apenas controlando su ira, corrió a través de la distancia. Gillian se encontró con él
a mitad de camino. Se detuvieron al unísono, sólo un susurro separando sus cuerpos -el
cuerpo de Puck palpitaba con una tensión nueva, el de ella exudaba calor femenino.
Ella mantuvo su mirada fija en la de él, tan diferente a la chica que él conocía. La
que habría apartado la mirada a la primera oportunidad.
Cuando Puck inhaló el dulce aroma de las bayas de amapolas, no pudo contener su
gemido. Ni tampoco los hombres de su clan, hombres que habían detenido lo que
estuvieran haciendo para verla con palpable anhelo.
Puck se inclinó, listo para la batalla. Si no se alejaban, morirían con la misma
seguridad que ese “alguien”.
Ellos lo vieron y se alejaron.
Mejor. Cuando Puck volvió a concentrarse en su esposa, la fascinación y la
conciencia saturaron el aire y el resto del mundo se desvaneció. Errático y salvaje, sus
puntos de pulso golpeaban contra su piel caliente. Cada latido hablaba: Tómala. Tómala.
Indiferencia estalló en un coro de disgusto, pero ni siquiera el demonio pudo
distraer a Puck de la visión que tenía ante él. —Gillian…
Ella le dio un puñetazo, aporreando su cerebro contra su cráneo.
—Bueno. Hola a ti también, —dijo Puck, frotándose la mejilla palpitante.
Alzó su barbilla. —Eso es por mentirme.
—Yo lo...
Ella lo golpeó de nuevo, partiéndole el labio.
—…siento, —terminó, sus oídos zumbando.
—Eso es por romperme el dedo. —Puñetazo. —Eso es por abandonarme en una
165

tierra extraña. —Puñetazo. —Eso es por regresar trescientos años después de lo prometido.
Él esperó el siguiente golpe, pero ella respiró hondo, exhaló y asintió, como si
Página

estuviera satisfecha con un trabajo bien hecho.


Levantando una ceja, él dijo: —¿Terminaste?
—Sí. Por ahora. —Frunció el ceño. —Oye, ¿por qué no estoy herida yo también?
Puck dio un golpecito al brazalete de oro aún anclado a su muñeca. —Excelente
forma y técnica impecable, por cierto. Winter y Cameron te entrenaron bien. Hasta que tú
comenzaste a entrenarlos a ellos, por supuesto.
El orgullo iluminaba sus rasgos, se ahuecó el pelo. —Gracias. —Entonces sus
mejillas florecieron en un hermoso tono de rosa, lo que le hizo querer alzar la mano y
tocarla. ¿Cómo de caliente estaba ardiendo? —Ya has leído mis cartas.
—Lo he hecho. —Él había usado la magia para absorber cada palabra escrita por
Gillian y Cameron. Pero ninguna cantidad de magia podría haber frenado su sorpresa
mientras los detalles habían sido revelados.
Gillian había construido un orfanato para niños necesitados y un refugio para
mujeres maltratadas. Había sido cortejada por reyes y príncipes, quienes serían ejecutados
cuando Puck uniera los clanes. Ella había aprendido a hacer magia, e incluso había matado
por ésta.
Con cada nueva carta, Puck la había sentido crecer y endurecerse. ¿Y cuando había
mencionado su felicidad? Su corazón había revoloteado, algo que nunca había hecho.
Ella mencionó que tenía un “Hulk-Interno”, y él casi sonrió. ¿Su pequeña esposa
tuvo una rabieta o dos?
El impulso de sonreír se había desvanecido cuando se encontró con la profecía de
los Oráculos. Sin final feliz.
Incluso ahora, la culpa brotaba. Al traer a Gillian a Amaranthia, Puck la había
puesto en cierto camino. En esencia, la había condenado, una inocente que había
experimentado una infancia trágica. Porque, incluso si cortara su vínculo aquí y ahora, no le
serviría de nada. La profecía había sido sentenciada; se cumpliría, no importaba cuánto
trataran de eludirla.
¿No lo había demostrado Sin?
— ¿Y? ¿Dónde está William? —preguntó Gillian.
¡Ese nombre en sus labios! ¡Lo odio! Puck quería agarrarla por los hombros y
presionarla contra la línea dura de su cuerpo. La besaría tan profundamente que borraría los
recuerdos del macho de su mente.
¿Dónde está William, cariño? Estará muerto, si preguntas por él una vez más.
166

Pensamiento ridículo. Sólo un sueño imposible.


—El tonto se puso en marcha por su cuenta, esperando encontrarte, —dijo—,
Página

aunque no sabe nada de este reino ni de sus habitantes.


— ¿Y tú lo dejaste ir? —Su tono reprendedor le puso los nervios de punta.
— ¿Debería haberlo atado? —Puck, en cambio, había buscado en el campamento
de Shawazon pensando que Gillian podría estar escondida dentro de una de las casas. No
había encontrado ninguna señal de ella, pero sí innumerables mujeres afilando espadas,
reparando diferentes viviendas y ejecutando movimientos de combate.
Algunos de los residentes varones habían recogido y desechado los escombros al
entrar en el campamento. Otros habían cocinado. Otros se habían sentado en las rocas y
cosido. Todo el mundo había parecido... contento.
Gillian no había creado un clan; había creado un milagro. Su gente la amaba. La
seguían por elección más que por miedo, tan leales que se habían negado a responder a sus
preguntas sobre ella.
Ahora, ella dio un paso atrás y se volvió sobre sus talones.
— ¿Adónde vas? —preguntó Puck, agarrándola del brazo para mantenerla en su
sitio. La acababa de encontrar. De ninguna manera la perdería de vista.
— ¿Dónde si no? A buscar a William.
Apretó los dientes hasta que le dolieron las encías. —Cameron lo va a buscar.
—Eres un bastardo con suerte, —dijo Cameron antes de irse. —Claro, Gillian ha
destruido cualquier oportunidad de unir a los clanes y lograr la paz, pero ha tomado la vida
por las pelotas y ha vivido cada segundo con pasión. ¿Cuántos más pueden decir lo mismo?
—Volverán muy pronto, —dijo Puck.
Gillian se liberó de sus garras, pero no intentó volver a salir corriendo por segunda
vez. Soltó una respiración que no sabía que había estado aguantando.
—Me gusta nuestra tierra, —dijo él, esperando distraerla.
— ¿Nuestra tierra? —Dijo con un jadeo.
—A pesar de tu conversación sobre el divorcio, somos marido y mujer. Lo que es
tuyo también es mío.
—Por tu razonamiento, las tijeras también son mías. Dámelas.
Mujer inteligente. — ¿Qué tal si te doy una disculpa en su lugar? Siento haberte
mentido, siento haberte hecho daño a propósito. Tienes mi palabra de que no volveré a
hacer ninguna de esas dos cosas.
167

Encógete de hombros. Una acción casual y, sin embargo, dijo: —Más vale que
digas en serio a esas palabras. El príncipe de Fiáin me mintió hace unos meses y ahora está
Página

aprendiendo a caminar de nuevo.


¿Su pequeña esposa había inmovilizado a un guerrero que se había entrenado para
la batalla durante eones? Puck casi se rio. — ¿Estoy perdonado?
—Estabas perdonado antes de los puñetazos. No significa que seamos los mejores
amigos ni nada parecido. O que yo confíe en ti.
Suficiente. Por ahora. —También siento haberme tomado más tiempo del previsto...
cuando estabas tan ansiosa por empezar a salir con otros hombres. —Con un tono gutural,
ya no enmascarando el salvajismo que hervía en su interior, preguntó: —¿Lo hiciste?
Ella simplemente parpadeó hacia él como si fuera un niño recalcitrante.
¿Pensaba negarle una respuesta? Había matado gente por menos.
¿A cuántos hombres tendría que matar por atreverse a codiciar lo que le pertenecía,
o peor aún, por tocarla? Un guerrero defendía su territorio. Siempre. Nadie tenía derecho a
mirar a Gillian sin el permiso de Puck.
Él nunca les daría permiso.
Sin prestar atención a la nueva diatriba del demonio, Puck dijo: —Dímelo.
— ¿Qué te parece? Quiero decir, mírame. —Ella señaló con una mano hacia su
curvilíneo cuerpecito que él imaginó perdido en la agonía de la pasión. —Tengo unos
impresionantes quinientos diecinueve. ¿O son dieciocho? ¿Veinte? Lo olvidé.
Su mirada chocó con la de él, tan oscura, tan encantadora, sus iris color whisky
destellando tan brillantemente como las runas, desafiándole a que la contradijera. Las
heridas tan profundas como su alma que una vez había notado ya no eran tan notorias, pero
la leña aún no se había encendido.
Nadie la había hecho arder.
Su tensión se evaporó. —Eres impresionante, sí, no importa tu edad actual.
Se volvió a peinar. —A pesar de mi chochez, no necesito un bastón a menos que me
rompa o pierda una pierna, y no tiemblo cuando uso mis agujas de coser… para coser a mis
amigos.
—Pero no has empezado a tener citas, —señaló.
Y ella le dijo: —¿Cómo lo sabes? ¿Y por qué te importa?
— ¿Quién dijo que me importa? Puedes hacer lo que quieras, con quien quieras.
Su mirada se posó sobre él y... ¿se calentó? — ¿Estás seguro de eso, Pucky? Tus
labios dicen que haga lo que quiera, pero el resto de ti dice fóllame ahora. Y por el resto de
168

ti me refiero al cohete de bolsillo que estás contrabandeando en tus pantalones.


Se dio cuenta, ¿verdad? Enderezó su columna vertebral, y cuadró sus hombros…
Página

con orgullo. Mira, esposa. Mira lo que me haces tan fácilmente. —Dije que podías hacer lo
que quisieras, con quién quisieras. No dije que permitiría que los hombres vivieran.
Su tono razonable mientras hablaba de asesinar hizo que las comisuras de la boca de
Gillian se curvaran hacia arriba, sorprendiéndole.
Ella corrigió su expresión, decepcionándolo, y cruzó los brazos sobre su pecho. —
Eres el mismo que antes, en apariencia y comportamiento. Caliente un momento, frío al
siguiente. Tu talante “fóllame” no durará.
—Entonces, será mejor que nos apresuremos a ir a nuestra casa, así puedo follarte
mientras dure. —Estoy bromeando.
Puede que no esté bromeando.
—Ya estás otra vez. ¿Nuestra casa? Y, de ninguna manera. No habrá nada de
folleteo. —Balbuceó un momento, y luego se apresuró a cambiar de tema. — ¿Qué piensas
de mi campamento?
Dando crédito a quien se lo merecía, dijo: —Has creado algo especial aquí.
Aunque los Shawazons a lo que había entrevistado se habían negado rotundamente
a responder preguntas personales sobre su líder, estaban más que felices de presumir de las
conquistas de Gillian. Era conocida como la Invasora de Dunas, una guerrera sin igual, y un
arma de buena fe. Invadía campamentos rivales, liberaba a las mujeres de los establos y de
los abusos, cuidaba a los niños, especialmente a los huérfanos, robaba lo que quería, cuando
quería, y castigaba a los soldados por sus crímenes. También entrenaba a ex cautivas para
que hicieran lo mismo.
¿Qué era exageración y qué era verdad? Cualquiera que fuera la respuesta, deseaba
haber sido testigo de su transformación de asustadiza a valiente.
Antes le había dicho a Cameron: —¿A qué dificultades se enfrentó? Cuéntamelo
todo.
—Bueno, veamos. Sólo a todas, —había respondido su amigo. —Pero antes de que
me mires con tus fríos y duros ojos -sí, justo así- ella se ofreció como voluntaria para
muchas de ellas para ser una mejor guerrera y comandante.
—Gracias, —dijo Gillian ahora, acicalándose.
—Pero, —añadió él frunciendo el ceño. —Las tensiones son más altas que nunca.
Las batallas brutales entre clanes se libran semanalmente. Emboscadas salvajes y ataques
estratégicos son una ocurrencia diaria. Lo único en lo que los ciudadanos están de acuerdo
169

es en su odio hacia ti.


— ¿Y? No me arrepiento de nada.
Página

Él debería estar enfadado con ella. En cambio, estaba... aún más encantado. Qué
espíritu.
Puck extendió la mano y trazó sus nudillos a lo largo de la línea de la mandíbula de
Gillian. Al igual que ella había hecho el día de su boda, se inclinó hacia su toque. Sólo que
esta vez, ella pronunció el sonido más sexy que había oído.
—Mmmm.
Mi esposa necesita desesperadamente que la acaricien. ¿Cómo podría él
arrepentirse de nada ahora?
Aunque Gillian parecía más dura que antes, incluso severa, se sentía como seda
caliente.
Cuanto más la tocaba, más espeso se hacía el aire, respirando con más dificultad.
Temblores se extendieron a través de él, el deseo chisporroteando profundamente en su
médula.
Anhelaba abrazarla y llevársela a la cama más cercana. Lo que no haría en absoluto.
Lo que probablemente no debería hacer.
Lo que justamente podría hacer...
No, no. Su siguiente objetivo le esperaba. No podía permitir que Gillian lo
distrajera. La lujuria no tenía importancia, o mejor dicho, no debería tenerla.
Puck invocó más y más hielo, hasta que finalmente el calor del deseo se enfrió, una
capa de escarcha formándose sobre su corazón y sobre su mente, seguida por otra y otra,
hasta que su frígida armadura estaba en su lugar, sus pensamientos y su cuerpo en calma.

170
Página
Capítulo 20

—Mejor, —dijo Puck.


Gillian se sobresaltó, alejándose de él, tambaleándose. —Y él ha vuelto, —
murmuró ella, el disgusto goteando de sus palabras.
¿Tambaleándose? Su herida la había debilitado, se dio cuenta. ¿Cómo pudo haberlo
pasado por alto? —Estás herida, —dijo, la calidad sin emoción de su voz de algún modo le
sonó algo obscena a él. — ¿Quién se atrevió a lastimar a mi esposa? ¿Por qué no estabas
protegida?
Frunciendo el ceño, dio otro paso hacia atrás, aumentando la distancia entre ellos.
—Qué pregunta tan tonta, —dijo Winter mientras se acercaba.
Dirigió su sesgada mirada hacia su… ¿antigua?... amiga. —Tenías instrucciones de
velar por su bienestar, pero permitiste que le hicieran daño.
Winter hizo un gesto con la mano para desdeñar la observación y ancló sus manos
en sus caderas. —Siempre me he mantenido al margen, esperando una invitación para
unirme a la reunión. Ya que ustedes fueron tan groseros como para ignorarme, yo seré tan
grosera como para entrometerme. Por cierto, esto apesta.
—Estoy de acuerdo, —dijo Puck. —Tú permitiste...
—Tenía un plan, —continuó la guardiana de Egoísmo con una mueca. —Puck
regresaría, y yo le presentaría a Gillian.
171

—Ya la conozco, —soltó. —Ahora dime por qué permitiste...


—Adelante, —dijo Gillian, interrumpiéndolo. —Preséntame. No sabe que mis
Página

nombres han cambiado.


¿Nombres, en plural?
Winter se aclaró la garganta. —Puck Connacht, te presento a Gillian Connacht,
Primera de su nombre, Reina de los Shawazons, la Invasora de Duna, Defensora de los
Débiles, Destructora de Establos, Madre de la Peor Quimera del Mundo, Azote de las
Arenas, Soberana de Todas las Casas, Amiga de Winter.
Una Gillian resplandeciente le ofreció un pulgar hacia arriba, y Puck se encontró
impotente para hacer otra cosa que no fuera mirar fijamente, totalmente fascinado, como si
nunca hubiera puesto sus emociones en un congelador. ¿En qué mundo loco he entrado?
Winter besó la mejilla de Gillian. —Te daré un minuto, tal vez dos, pero
probablemente sólo treinta segundos, antes de regresar con suministros. Termina tus
asuntos. O tú placer. Y no olvides decirle a tu ex cómo dividiste sus bienes comunes
cuando se divorciaron, quedándote tú con todo. Es una historia fascinante, y estoy segura
de que quedará cautivado.
—Umm, estás tratando de apoderarte de la conversación, cariño, —dijo Gillian con
una sonrisa adorable.
La envidia cortó en tiras lo que quedaba de su impasibilidad. Su afecto pertenecía a
Puck, y sólo a…
Abrió la mandíbula y se obligó a dejar en blanco sus pensamientos.
—Correcto. Culpa mía. —Winter hizo la mímica de echar el cerrojo a sus labios y
tirar la llave. Luego se volvió hacia Puck y le dijo: —No trates de culparme por tu pérdida.
Deberías haberlo visto venir. Todo el mundo sabe que una unión de amor versus una unión
de conveniencia es como el suicidio versus el asesinato. Además, Gillian nunca me creyó
cuando le conté que el secreto de un matrimonio inmortal exitoso es mantener la armería de
tu esposo llena y sus bolas vacías. Probablemente estés en mejor condición porque...
—Sólo para probar mi punto de vista, —murmuró Gillian.
—Correcto otra vez. —Con un guiño y una gesticulación con su dedo, Winter se
dirigió a recoger esos suministros.
Sin perder un momento de tiempo, Puck dijo entre dientes: —No estamos
divorciados, y no nos vamos a divorciar. Aún.
—Quiero mi libertad de ti y de tu demonio.
—Lo sé. —Levantó las cejas. —Estás lista para el romance.
172

—Y pareces realmente destrozado por ello. —Se pellizcó el puente de la nariz. —


Mira. Tal vez no lo sabías, pero el matrimonio es la causa número uno de divorcio en todos
Página

los reinos. Estas cosas pasan. Nadie tiene la culpa, bla, bla, bla, bla. Excepto tú. Tú tienes la
culpa. ¿Qué pensaste que pasaría cuando te quedaste fuera trescientos años más de lo
planeado? ¿Olvidaste cómo contar? Por cierto, no necesito que Winter me proteja. Puedo
protegerme a mí misma.
—Obviamente, —dijo con una mueca de desprecio, e hizo un gesto hacia su herida.
—Como si nunca te hubieran herido a ti en batalla.
—Sólo muy raramente. Y no pensé en lo que pasaría durante mi ausencia. No cada
segundo de cada día.
—Déjame adivinar. Simplemente no te importaba, —dijo. —Apatía en Todo podría
ser el lema de nuestra familia.
Aye. Apatía en todo. Entonces, ¿por qué dio un paso hacia ella, necesitando tener
contacto? ¿Y por qué las palabras “nuestra familia” en esos labios rojos, rojos, causaron un
escalofrío de anhelo?
Los ojos de color whisky se abrieron de par en par, y el pulso en la base de su cuello
se aceleró. La belleza que avergonzaba a los soles de Amaranthia comenzó a jadear cuando
un rubor rosado oscureció sus mejillas y se extendió.
Él recordó lo mucho que había anhelado investigar sus rubores antes de su partida.
Cómo se preguntaba cuán caliente se sentiría su piel, y cuán lejos se propagaba ese calor.
Ahora, su curiosidad se profundizó.
— ¿Parezco apático? —Dijo con voz ronca.
Ella le repasó con la mirada y en realidad se lamió los labios, sorprendiéndolo.
Luego aplanó las palmas de sus manos contra sus pectorales y lo empujó.
¿Pensaba que necesitaba espacio?
Puck se acercó más, tan cerca que su tórax rozó las crestas turgentes de sus pechos
cuando inhaló. Un jadeante gemido se le escapó en el momento del contacto. No era culpa
suya. Las curvas de esta mujer. Ella encajaba con él perfectamente, suave donde él era
duro.
Quería frotarse contra ella, quería frotarse contra ella ahora.
En vez de eso, retrocedió. Con cuidado. Procede con precaución.
Ella golpeó la punta de su lengua contra un incisivo mientras lo estudiaba más
intensamente. ¿Qué pensamientos pasaban por su mente?
—Volviendo a las muchas veces que te han herido a lo largo de tu vida, y no sólo en
la guerra sino en el romance, —dijo ella finalmente. —Sé que una vez deseaste a Winter.
173

Ella lo sabía, y estaba... ¿celosa? Ahora él tenía ganas de sonreír. Manteniendo su


tono suave, dijo: —Una vez. Sí.
Página

— ¿Y ahora?
— ¿Por qué? ¿Aún estás dispuesta a compartirme? —No había olvidado lo
fácilmente que ella le había dado permiso para acostarse con otras mujeres.
—¡Ja! —Ella le dio una palmadita en la mejilla. —Sigue soñando, amante. Ojo por
ojo. Planeas matar a mis amantes. Es justo que yo mate a las tuyas, lentamente. Así que, —
dijo ella. — ¿Te sientes atraído aun, o no todavía por Winter?
No te inclines hacia su contacto. — ¿Matarías a tu amiga?
Sus ojos se entrecerraron. —Contéstame.
—Yo... no. —La miró a la cara. Un rayo de alivio. Ella había estado celosa. Mi
mujer me desea, como debería. Y le dijo: —Ya hablaremos de tus celos más tarde. Por
ahora, vamos a curarte.
Sus ojos se entrecerraron pronunciadamente.
—Ya oíste a Winter, —dijo ella. —Va a volver con suministros. Además, soy
inmortal. Una inmortal no celosa. Me curaré.
—No todos los inmortales se curan de todas las heridas. —Y el color de sus mejillas
comenzaba a opacarse, gotas de sudor apareciendo a lo largo de su frente y sobre su labio
superior. — ¿Contra quién peleaste?
—Contra los Walshes. Si quieres nombres, no puedo complacerte. No me detuve
para presentarme a los tipos que morían bajo mi espada.
—Ahora que he vuelto, puedo luchar en tu nombre.
Ella resopló. —No es necesario. Puedo luchar por mí misma.
—Soy fuerte. —Le gustaba la idea de protegerla y defenderla.
Ella puso los ojos en blanco, sin inmutarse. —Yo también.
—No eres más fuerte que yo. Ahora mismo, no eres más fuerte que el viento.
Se encogió de hombros. —Todavía puedo derribarte.
— ¿Puedes? —preguntó con un tono áspero. Su altura y anchura le daban una
ventaja injusta y destacaban su delicadeza femenina.
—Puedo. Y para tu información, no puedes intimidarme, grandote. Ya no más.
¿Para mi información? — ¿Puedo no hacerlo?
—No, pero apuesto a que yo puedo intimidarte a ti, —dijo. Esta vez ella se acercó a
él y le rodeó el cuello con sus brazos.
174

Su mirada lo desafió a quedarse quieto, mientras ella lenta y lánguidamente, se


levantaba de puntillas para acercar sus labios a los de él...
Página

¿Planeaba besarlo? ¿Aquí, frente a testigos?


Quiero esto... tendré esto. La tendré. Voy a reclamar mi derecho.
¡El peligro! La lujuria ya amenazaba con dominarlo y arruinarlo… todo.
Puck se inclinó hacia atrás.
Ella se rio, burlándose de él, y dijo: —Tú pierdes.
Una mujer magnífica. Ella ya había descubierto sus debilidades, ¿verdad?
— ¿Por qué protestas por el divorcio, de todas formas? —preguntó ella. —
Planeabas librarte de mí desde el principio. ¿Por qué aplazar lo inevitable? ¿Y dónde están
las tijeras?
—Las tijeras están en un lugar seguro, —dijo. —Y te divorciarás después de que
William destrone a mi hermano. No antes.
—Bueno. ¿Eso es todo lo que tiene que pasar antes de que pueda deshacerme de ti?
De acuerdo, entonces. Encontremos a William y destronemos a tu hermano.
Nunca te librarás de mí.
¡Suficiente! Se esforzó por reforzar su determinación. Nadie tenía una voluntad más
fuerte que él; él podía hacerlo, lo haría...
—Hola, chicos. —Como prometió, Winter regresó con una bolsa de suministros.
— ¿Estamos llegando a lo de hacer al bebé parte en la reunión de hoy, o tienen un
momento para jugar al Dr. Amor y Paciente Cero?
El rubor se expandió sobre las mejillas de Gillian.
—Suministros, —dijo Puck. Apenas.
Winter le entregó la bolsa. —Ahora no pienses que estoy haciendo esto por la
bondad de mi corazón o algo así. Si mi chica muere de una infección, tendré que llorar.
Apesto en el duelo, y a nadie le gusta hacer las cosas que apestan.
Se pavoneó por segunda vez y Gillian le arrebató la bolsa a Puck. Otra mujer corrió
para poner una silla de madera en la arena. Gillian murmuró su agradecimiento, se sentó y
cortó el vendaje.
En el momento en que vio su herida: carne rasgada, músculo roto, hueso fisurado,
un alambre de espino pareció brotar y apretar alrededor del corazón de Puck.
Ella puso una mueca de dolor mientras se limpiaba la herida. Luego, con una mano
sorprendentemente firme, pasó una aguja e hilo por ambos lados de la laceración.
—Tengo una idea, —dijo ella, tan tranquila como si estuviera trabajando en el
175

jardín. — ¿Qué tal si usas las tijeras como un gesto de buena fe? Te ayudaré a matar a Sin,
sin estar unida a ti. Ambos salimos ganando.
Página

Todavía no puedes esperar para deshacerte de mí. —Que tal... no.


Gillian le frunció el ceño, pero dejó el tema mientras envolvía un vendaje limpio
alrededor de su propio torso y se ponía de pie. —Tenías razón en una cosa. Hice un montón
de costura mientras tú no estabas, sobre mí misma.
¿Quién era esta mujer? ¿Y por qué estaba palpitando de deseo otra vez?
— ¿Muñeca? —La voz de William sonó fuerte y clara, y rezumando asombro.
—¡William! Nos encontraste. —Gillian se rio con un sonido mágico, y Puck
rechinó los dientes mientras ella corría esquivándolo para lanzarse a los brazos del otro
hombre. Otra risa se le escapó cuando William le dio vueltas y más vueltas alrededor.
Dentro de Puck, los instintos posesivos se propagaron y gritaron. Arráncala del
abrazo del bastardo. Mátalo con tus propias manos. Reclama a tu mujer. Ahora.
¿Y alimentar la vanidad de William? ¡Nunca!
En esto, el orgullo de Puck era demasiado grande.
Mientras Indiferencia gruñía y rugía, golpeando su cráneo, él no ofreció resistencia.
Pero se preguntaba, ¿era esta la razón por la que los Oráculos sugirieron que se casara
temporalmente con Gillian? ¿Para entorpecer al demonio, permitiendo que Puck sienta y se
mantuviera fuerte?
Recordó lo mucho que una vez quiso experimentar sus emociones sin sufrir
consecuencias. Ahora podía, y sin embargo... ¡Odio mis emociones!
—No puedo creer que de verdad estés aquí, —dijo Gillian, lágrimas de alegría
corriendo por sus mejillas.
¿Dónde estaban sus lágrimas de alegría por Puck?
—Como si pudiera alejarme. Mírate. —William la posó en el suelo y tomó su rostro
entre sus manos temblorosas. —Has cambiado. Un hecho que no esperaba que me gustara.
Pero la inmortalidad te sienta bien.
—Y tú... —Ella lo abrazó una vez, dos veces, y luego una tercera, como si no
pudiera parar. —Estás tan impecable como te recuerdo.
—Te extrañé tanto. —De nuevo, William la hizo girar una y otra vez.
— ¿Lo hiciste? ¿De verdad? Quiero decir, cuando me uní a Puck, te desentendiste
de mí. —Frunció el ceño, el cual era un tono más oscuro que su pelo. —De hecho, ¿por qué
176

accediste a ayudar a Puck?


William la puso de pie. —No a Puck. A ti. Y me equivoqué, cuando supe de tu
Página

vínculo. Estaba enfadado conmigo mismo, no contigo. Debía haber sido yo quien te
salvase. Yo debería haber sido más hombre, pero no lo fui. En vez de eso, te ataqué,
culpando a todos los demás. La verdad es que mis decisiones nos condujeron a ese fatídico
día, no las tuyas, y quiero compensártelo. Te lo compensaré.
Ella escuchaba, embelesada y llena de adoración.
Puck echaba humo rebosante de hostilidad.
— ¿Cómo están los Señores y sus Damas? —le preguntó ella a William.
—Vivos y en buen estado.
Un destello de felicidad en los ojos de Gillian... junto con un destello de tristeza.
Echaba de menos a sus amigos. A causa de Puck.
No importa. ¡A mí no me importa! Hice lo que tenía que hacer.
—Ahora, quiero escuchar cada detalle sobre tu vida, —dijo William. —Comienza
por el principio, cuando nos separamos, y termina con tu mirada encontrándome en este
agujero infernal. No dejes nada fuera.
¿Agujero infernal? —Preferiría escuchar tus aventuras, William. —Puck ofreció a la
pareja una fría sonrisa. — ¿Por qué no nos hablas de tus muchas conquistas en el
dormitorio desde que Gillian se casó conmigo?
Si las miradas pudieran matar a un inmortal, Puck estaría ensangrentado y muerto.
William suavizó su expresión y dijo: —Todo olvidable, mi amor. No hay
absolutamente nada que contar.
Gillian apoyó su cabeza en el hombro de él y se aferró a su brazo, todo mientras
observaba a Puck con una mirada enmascarada. — ¿Qué tal si te doy los más destacable?
Comencé mi propio clan, rescaté a mujeres y niños de malos hogares, y me convertí en la
guerrera más temida de la tierra. Oh, y recientemente decidí empezar a salir con alguien.
¡Porque estoy divorciada!
—¡Basta! —La orden emanó de Puck antes de que pudiera morderse la lengua. —
¿Tanto deseas el divorcio? Gánatelo.
—Ooh, la, la. Otra demostración de calor. —Ella exudaba excitación, incluso
mientras se preparaba para la decepción. —Regreso del Hombre de Hielo en tres, dos...
Entierra las emociones. Congelación profunda. Ahí. Mejor.
—Y ha vuelto, —dijo ella suspirando.
William proyectó hacia afuera su labio inferior, fingiendo hacer pucheros, y usó su
mano libre para girar un puño bajo su ojo. —Boohoo. Pobre Pucky. ¿Está nuestro bebé
177

peludo haciendo pucheros por su reino perdido?


Puck apoyó su mano en la empuñadura de una daga y contempló la posibilidad de
Página

arrancarle la lengua al macho. Necesitaba su llave viva, no con la capacidad del habla.
—Sé amable, —dijo Gillian, mirando a Puck. Por alguna razón, su tensión se drenó
en el momento en que ella soltó a William. —He pasado mucho tiempo estudiando a tu
hermano. Es tan paranoico que construyó una fortaleza del tamaño de Texas y creó un
laberinto a su alrededor. Nadie puede llegar hasta él, porque yo nunca lo he intentado. Si
me dejo capturar y llevar adentro, como un caballo de Troya, podría matar a los guardias y
colarlos a ambos dentro.
Puck dijo: —No, —al mismo tiempo que William agitó la cabeza y gritó: —Eso no
va a suceder.
Los labios de Gillian se fruncieron por la irritación. — ¿Seré herida? Sí. No fingiré
lo contrario. ¿Tengo miedo del dolor? No. ¿La niña pequeña obedecerá a los hombres
grandes y fuertes? ¡Váyanse a la mierda!
Más espíritu. Más terquedad. — ¿Permitiré que te dirijas directamente a tu final
infeliz? —Dijo Puck. —No. Podrían matarte al verte. O peor. —Especialmente si, Sin
descubría lo que ella significaba para él. No es que ella significara algo para él.
Reconstruye la frase. Especialmente si, Sin descubría que Puck se había vinculado a ella.
Mejor.
—Estar de acuerdo con el Sr. Marioneta me apena, pero en esto, debo hacerlo. —
William asentó un puño sobre su corazón, una postura de falso abatimiento que de ninguna
manera contradecía su inconmensurable fuerza. —Vamos juntos o no vamos. ¿Y qué quiere
decir él con “final infeliz”?
Gillian hizo a un lado la pregunta como si no fuera importante.
—Nos iremos al amanecer. —Puck señaló su vendaje. —Esta noche, te curarás.
—Señor, sí señor. También nos daremos un festín. —Ella le ofreció un saludo
militar, su expresión ilegible. —Mañana, saldremos para echar a Sin el Demente del trono
de Connacht y conseguir mi divorcio.

178
Página
Capítulo 21

Él había vuelto. Puck había regresado, como le había prometido, haciendo sentir a
Gillian como si los unicornios estuvieran saltando a través de su pecho, y las hadas
estuvieran bailando dentro de su estómago. Él era aún más hermoso de lo que recordaba.
Con una belleza de otro mundo, con sus rasgos cincelados tallados en hielo y piedra. Su
pelo largo y oscuro. Esos cuernos. Su aroma absolutamente divino, más potente que la
magia, más embriagador que el vino.
Ella temblaba. Todo sobre el guerrero le atraía. Su altura imponente y sus hombros
anchos... todos esos tramos de glorioso tendón y fuerza latente... sus tatuajes... sus caderas
delgadas y piernas musculosas...
Su erección masiva.
Sí, ¿se había puesto duro por ella? ¿Por alguien más? Y ella se había dado cuenta en
el momento en que sucedió, a pesar de querer mirarle a la cara para siempre. Su verga era
un imán para su mirada. Aparentemente, la Invasora de Dunas quería ir a hacer una
incursión en los pantalones de Puck.
Finalmente tuvo la prueba: los viejos temores no se alzarían y se apoderarían de
ella.
¡Maldito sea! En el momento en que lo vio, una chisporroteante descarga de lujuria
la golpeó, encendiendo un fuego salvaje en sus venas y una necesidad dolorosa entre sus
piernas, burlándose de todo lo que había sentido en el pasado. Incluso ahora, la conciencia
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hormigueaba bajo la superficie de su piel. Piel que quemada por un constante rubor
candente. Respirar era ahora un lujo, jadear era la norma. Su corazón aún no se había
Página

ralentizado.
Su cuerpo ansiaba alivio y lo quería de él -sólo de él. Su marido.
¿Ya extraoficialmente divorciados? ¿A quién estaba engañando?
Habiendo sido forzada a enterrar sus deseos físicos durante siglos, se había
convertido en una maestra en esconder sus necesidades. Esas habilidades le sirvieron bien
hoy, permitiéndole engañar tanto a Puck como a William. ¿Anhelar la boca y las manos a
Puck? ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Yo?
Una o dos veces, ella temió que Puck la hubiera descubierto, temió que él pudiera
ver debajo de su tranquila fachada, cómo sus rodillas amenazaban con derretirse cada vez
que él revelaba emoción, o calor. En una ocasión, pensó que él la había mirado con
palpable anhelo.
Pero, no importaba lo desesperada que ella estuviera, o cuánto pudiera él desearla o
no, las razones para evitar el sexo con él no habían cambiado. Él se volvería gélido y
mostraría indiferencia hacia ella después, haciéndola sentir usada y maltratada. Lo mataría,
y como contrapartida, inadvertidamente se mataría a sí misma. No, gracias.
¿A menos que ella se volviera gélida y mostrase indiferencia hacia él después?
Alimento para el pensamiento.
O simplemente podría esperar el divorcio. Tan pronto como el vínculo fuese
cortado, ella desearía a otros hombres. ¡Claro que sí! Además, ¿qué eran unos días o
semanas más de abstinencia después de medio milenio?
Pero estaba cansada, muy cansada de oír hablar de la increíble vida sexual de sus
amigas. “El sexo es hermoso”, dijo Rosaleen una vez. “Una comunión de cuerpos y almas.
Y el placer...” Ella había lucido una sonrisa de gato comiéndose al canario. “Estaba tan lista
para un orgasmo, que no me importaba si el mundo que me rodeaba era reducido a cenizas.
No hasta que terminara con mi hombre”.
Eso. Eso era lo que Gillian anhelaba.
— ¿Quieren un recorrido por el campamento? —preguntó ella.
Puck asintió, su mirada nunca desviándose de su cara, como si no pudiera apartar la
vista. Como si hubiera encontrado un premio por el que valiera la pena luchar.
Una espiral de calor se desplegó en su vientre, mientras se regañaba a sí misma por
albergar más pensamientos ilusos.
—Me encantaría un tour personal y privado, —dijo William.
William, dulce William. Estaba tan emocionada de verlo, más emocionada de lo que
180

pensaba, considerando que él se había desvanecido en un recuerdo afectuoso pero distante


en el fondo de su mente y de su corazón.
Página

Su cara de cuento de hadas y sus fantásticos ojos azul eléctrico se habían vuelto más
duros en el tiempo que habían permanecido separados. Y también tenía un talante más
mordaz. Si tan sólo su cuerpo respondiera a él. William nunca fue frío con ella.
Mientras guiaba a sus invitados a través del campamento, Puck se interpuso entre
ella y William, el calor de su cuerpo arrasando sus ya sensibilizadas terminaciones
nerviosas. Mantener su fachada casual saltó de lo posible a lo improbable.
Ninguno de los machos se dio cuenta. En ese momento, estaban demasiado
ocupados fulminándose con la mirada el uno al otro.
William rompió el contacto primero, lanzando una sonrisa despreocupada hacia
Gillian. —Dime la verdad, cielo. En una escala del uno al diez -uno, significando que casi
pereciste por la angustia de tu corazón roto cada minuto de cada día, y diez significando
que, de hecho, pereciste porque ya no podías vivir sin mí, pero la esperanza de un
reencuentro te devolvió a la vida- ¿cuánto me extrañaste?
Resoplido. — ¿Estuvimos separados? —preguntó ella, fingiendo confusión.
—Oh, cómo me hieres. —Pasó junto a Puck para detenerse frente a ella y apartarle
un mechón de cabello de la cara. — ¿Te fue bien aquí?
—Sí. —No cambiaría su tiempo en Amaranthia por nada.
De nuevo, Puck se interpuso entre ellos. Aunque usaba su expresión favorita de
Hombre de Hielo, transmitiendo nula emoción, envolvió su mano alrededor de la tráquea de
William, apretando mientras levantaba al amigo de Gillian en el aire. —Sólo te daré una
advertencia, Eterno Cachondo. Esta es mi tierra.
—Mía, —lo corrigió Gillian.
Todavía mirando a William, dijo: —Ella es mía. Hasta que estemos desvinculados,
nadie se interpondrá entre ella y yo. ¿Entiendes?
Un rayo crujió bajo la piel de William mientras golpeaba un codo contra el
antebrazo de Puck, logrando su liberación. —No tienes derecho...
— ¿No lo tengo? —Puck alzó obstinadamente su barbilla. — ¿O tengo que
recordarte nuestro trato? Debes mantener tus manos quietas.
Siempre tan frío, y aun así tan hostil, ahora intenso y posesivo. ¿Por qué, por qué,
por qué quería lanzarse a los brazos musculosos de su marido?
— ¿Qué trato? —preguntó ella.
— ¿Qué trato crees? —Contestó Puck. —El trato con el que William me ayuda a
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reclamar mi corona...
—Esa parte no, —dijo ella, y puso los ojos en blanco. —La parte de mantener sus
Página

manos quietas.
Él fulminó con la mirada a William, pero permaneció mudo.
—Los celos no lucen bien en ti, Pucky, —soltó William, aunque apagó su poder, el
relámpago bajo su piel desvaneciéndose. —Pero claro, ¿qué es? ¿O es esto una actuación
para mantenerme a raya? —Abrió ampliamente sus brazos. —Bueno, no hay necesidad.
Considérame re alineado.
—Protejo mi inversión, —respondió Puck.
Uf. Una vez ella se refirió a sí misma como una inversión, ¿no? Niña tonta.
—La perderás muy pronto, —dijo William.
El color en la cara de su marido se acentuó. Él lo agarró del cabello con su puño, las
cuchillas cortándole las palmas de las manos, la sangre brotando. Con los ojos fuertemente
cerrados, dijo entre dientes, —Lo que está pasando... instintos... amenaza de muerte... no
puedo, no puedo.
¿Matar a William? ¿Porque amenazaba el matrimonio de Puck?
Suavizándose, Gillian agarró a Puck, con la intención de distraerlo con su contacto.
Pero no tenía que haberse molestado. El Hombre de Hielo regresó. Por supuesto. Se
enderezó, sus brazos cayendo a ambos lados, su expresión desprovista de cualquier
emoción.
La decepción golpeó, pero ella la ignoró. ¿Qué había esperado?
—¡Gillian! —gritó una voz familiar.
Un patrón de pasos resonó... una estampida de ellos, en realidad, acercándose cada
vez más. Tanto Puck como William se prepararon para el ataque una fracción de segundo
antes de que un grupo de niños la rodeara, empujando a los tipos fuera del camino.
El corazón de Gillian casi estalló de amor al recibir sonrisas, abrazos y besos. Estos
niños rescatados la adoraban, y el sentimiento era mutuo.
Uno de sus maestros gritó: —Muy bien, niños. Suficiente. Tienen un trabajo que
escribir, y nuestra reina tiene deberes que supervisar.
En medio de gemidos de decepción, Gillian prometió visitar la escuela más tarde.
Así de fácil, los gemidos fueron reemplazados por vítores. Los niños se fueron corriendo.
William la miró con expresión inquisidora. — ¿Reina?
Se encogió de hombros. —La tradición es fuerte en Amaranthia, ¿aye? Aunque he
creado una democracia, la mayoría de los Shawazons prefieren las viejas costumbres, con
una clase gobernante.
182

—Después de tu... no me atrevo a decir la palabra con “V”. —Se estremeció. —


Investigué a Puck y aprendí algunas cosas sobre su tierra natal. Las hembras a menudo se
Página

ven obligadas a convertirse en potrancas en un establo con cientos de otras. Son expulsadas
del campo de batalla y castigadas si se atreven a aprender a leer o escribir. —Escupió las
palabras hacia Puck, como si su marido tuviera toda la culpa.
—Eso está cambiando, —dijo ella, hinchando el pecho. —Algunas de mis mujeres
tienen sus propios establos, donde los hombres son conservados como sementales. Nosotras
hacemos la guerra, y aprendemos lo que queremos sin reservas.
Ahora frunciendo el ceño, William se masajeó la nuca. —Debí haberte entrenado
para pelear cuando nos conocimos.
—No estaba lista, —admitió. En aquel entonces, cualquier indicio de violencia la
habría hecho entrar en pánico.
Con sus brazos cruzados sobre su pecho, sus bíceps más grandes que sus esperanzas
y sueños, Puck la miró fijamente. — ¿Tú tienes un establo de sementales?
—Amigo. ¡Ojalá! —Ella sospechaba que tener un establo no era lo mismo que tener
citas en su mente.
William se la quedó mirando boquiabierto, como si acabara de admitir que estaba
embarazada de demonios trillizos. — ¿Deseas un establo?
—Como si tú fueras quien para juzgarme, —dijo ella, y rezongó. —Has estado con
el noventa y nueve por ciento de la población femenina. Chico, eres el menos indicado.
Volvió a alzar su mano para agarrarla, solo para detenerse, cerrar su mano en un
puño, y dejar caer su brazo a un lado. Una llamarada de irritación en sus ojos antes de decir,
con voz baja y ronca, —Sólo estaba preparándome para ti.
Oh, por favor. — ¿Cuántas veces has usado esa frase en particular?
—Cuando se compara con el tamaño de mi número de revolcones, prácticamente
cero, —contestó, sólo ligeramente avergonzado.
¿A cuántos equivalía “prácticamente”? Hizo señas a los chicos para que se
adelantaran, sin atreverse a mirar hacia Puck. Se había quedado en silencio, lo cual no era
una buena señal. Los mejores depredadores observaban y esperaban...
—Vamos, —dijo ella. —Terminemos el tour. —Cuanto antes llegara a Peanut,
mejor.
En la siguiente media hora, cada mujer que vio a Puck y a William tuvo una de tres
reacciones. Un ataque de risitas, un rubor o un saludo seductor con la mano. William
devolvió los saludos con la mano, incluso guiñó el ojo una o doce veces, pero Puck fingió
no darse cuenta, o tal vez no se dio cuenta. Él permaneció enfocado en Gillian mientras ella
183

hablaba de las casas que había ayudado a construir. Cómo, después de pagarle a un
ingeniero de arquitectura y descubrir lo que necesitaba, ella y las mujeres de su clan habían
Página

pasado décadas cavando con herramientas y magia hasta llegar a una capa de tierra
compacta bajo la arena. También habían arrastrado, llevado, transportado o fabricado con
magia piedras y metales de diferentes tamaños que habían depositado en el campamento
para crear pilotes y grava para hormigón y todo lo demás que habían necesitado.
Mucho trabajo duro, mucho tiempo y energía, y mucho ensayo y error, pero había
valido la pena totalmente. Habían creado hogares seguros con todo lo esencial: cocina,
despensa, arsenal y espacio para una cama.
Debido a que los Shawazons vivían cerca de un hermoso y prístino lago, otros
clanes constantemente atacaban, esperando tomar el control.
Todo el reconocimiento para cualquiera que se las arreglase para hacer lo imposible.
—Estoy asombrado, —dijo William. —Mi delicada chica tiene...
— ¿Delicada? —Oh, pero él le había puesto los pelos de punta con esa pequeña
joya. ¿Se negaba a verla de otra manera, a pesar de todo lo que ella le había enseñado?
Bueno, tendría que enseñarle mejor. —Sostén mis dagas, —le dijo a Puck.
William se apresuró a tranquilizarla. —Sólo te felicité. Has cambiado, te has
fortalecido. Las historias de tus hazañas seguirán contándose mucho después de que te
hayas ido.
Su estómago se desplomó al darse cuenta. Él esperaba que ella abandonara
Amaranthia. Sin duda Puck también, después de que hubiera ganado la corona Connacht.
Tan arcaico como era, podría separar a los Shawazons de una alianza entre todos los clanes.
Hormigueo en la nuca. El calor corriendo por su columna vertebral. Se clavó las
uñas en las palmas de las manos, extrayendo sangre. Inhala, exhala. Tener un ataque al
estilo Hulk no le hará ningún bien a nadie. Buscando la calma... allí. Un pozo de confianza.
¡Nadie excluía a los Shawazons de una alianza!
— ¿Esperas que deje Amaranthia cuando te conviertas en rey? —preguntó.
Le frunció el ceño. —Por supuesto.
¡Lo sabía! —Qué pena. A diferencia de ti, yo termino lo que empiezo. —Ella se
quedaría, y seguiría siendo reina. Su gente estaría protegida, siempre.
No tendrás un final feliz...
Desconectó la predicción de los Oráculos, mientras su estómago le daba otro
vuelco.
Profundizando el ceño, Puck inclinó la cabeza, su estudio sobre ella
intensificándose. — ¿Qué estás intentando decirme?
184

¿Necesitaba claridad? Bien. Ella se lo deletrearía. —Si intentas disolver a los


Shawazons cuando unas los clanes, yo encontraré la forma de destronarte. —Gillian estaba
Página

tentada a usar lo último de su magia, sólo para probar su fuerza. Algo que habría hecho sin
dudarlo cuando era una valiente mujer de doscientos años. Pero ahora era mayor, más
sabia, y se negaba a desperdiciar el regalo que tanto le había costado conseguir. Usaba la
magia para la protección, la defensa y la supervivencia, no para jactarse de sus derechos.
Ella esperaba resistencia. Lo había amenazado, después de todo. Pero se ablandó. —
Tu clan siempre tendrá un lugar aquí, muchacha.
¿En serio? —De acuerdo. Sí. Gracias. —Adiós, indignación.
No, no adiós. No del todo. Como un parásito, la indignación encontró su camino
para adentrarse en William. Golpeó la punta de su lengua contra un incisivo, como si
pudiera saborear la sangre de su enemigo, y le gustara.
Para distraerlo, ella le dijo: —Yo te he enseñado lo mío, ahora enséñame tú lo tuyo.
¿Qué más hiciste durante mi ausencia? Y no te atrevas a decirme que un caballero nunca es
indiscreto.
—Oh, no lo haré, muñeca. —Su voz poseía un tono formal que nunca antes había
usado con ella. —Hasta los caballeros son indiscretos con el incentivo adecuado.
Su significado se cristalizó, y ella se sonrojó como una doncella de 216.
Puck inhaló con un jadeo, como si... ¿qué? ¿Cómo si le gustara su rubor? ¿O tal vez
sólo quería matar a William por coquetear? De cualquier manera, miau. No miraré.
Cualquier calor se desvanecería de sus oscuros ojos con brillantes explosiones estelares, y
la miraría con frío desinterés.
— ¿Además de beber hasta quedar estupefacto y pelear al lado de mi padre en el
inframundo? —William suspiró. —Tuve berrinches de hombre, te busqué y consideré
todos los modos posibles para castigar a Puck.
¡Ja! Berrinches de hombre. De la peor clase. ¡Y los de William eran aún peores que
los de la mayoría!
— ¿Cuál es tu método favorito? —preguntó Puck. No parecía curioso, ni molesto,
ni siquiera particularmente intrigado.
—Eso es fácil. —William se frotó las manos, en plan señor malvado. —Desollarte
vivo para hacer un abrigo de piel, y luego usarlo mientras te corto en pedazos. Lentamente.
Te convertirás en un cuento con moraleja. ¿La moraleja? Cuando alguien espera
experimentar los horrores del infierno en la Tierra, que se meta con mi mujer.
Puck se puso tenso, su lenguaje corporal diciendo más que palabras. Básicamente:
Ella es toda mía, quítale las manos de encima o vete al diablo.
Al menos, eso era lo que Gillian escuchó. Y, maldición, la posesividad en cierto
185

modo la deleitó. No es que fuese a durar. —No soy tuya, ni de nadie, —le dijo a William.
—Eres mi amigo, pero...
Página

William se tomó su rechazo con calma, diciendo: —Hoy no eres mía... pero lo
serás. Me aseguraré de ello.
Ella casi preguntó: ¿Qué hay de tu maldición?
Y, ¿crees que yo soy la predestinada a matarte?
Una vez, había sido demasiado débil. ¿Ahora? Una amenaza al máximo.
Por alguna razón, eso la hizo mirar a Puck y… ella jadeó. Él la observaba, su
mirada penetrante e intensa. Agresivo, incluso, como si ya la hubiera desnudado
mentalmente.
Los escalofríos bailaron descendiendo por su columna vertebral. ¿Sus bragas?
Ahora empapadas. — ¿C-cómo puedes estar tan seguro? —preguntó, forzándose a
concentrarse en William. ¿Tartamudeando? ¿Ella?
Con una mirada airada hacia Puck, él dijo: —Soy el paquete completo, querida.
Belleza, cerebro, fuerza. Y predestinado.
Predestinado. Alias “destinado a ser”. Alias “todo pasa por una razón”. Alias sus
modismos más vilipendiados.
Sí, una vez estuvo encantada con la idea de pertenecer a William. ¿Ahora? —No
existe el destino. —A lo largo de los siglos, había visto a las parejas interactuar, fascinada
por sus matices, cómo algunas se desmoronaban a la primera señal de problemas y otras
florecían. —Hay atracción y luego, si quieres mantener la relación, hay trabajo duro.
— ¿Pero qué causa la primera atracción, hmmm? —preguntó William.
—Si me dices que la primera atracción está predestinada, entonces tendrás que
decirme por qué la atracción a veces se desvanece.
Él la miró con el ceño fruncido. Porque no tenía una respuesta.
—Los oráculos pueden predecir quién terminará con quién, —dijo Puck, con un
tono algo cortante.
—La predicción es diferente de la predestinación, señaló.
—La predestinación es lo que nos mueve, —dijo William.
Ugh. Él era uno de esos. Gente que asignaba una razón sobrenatural a cada
calamidad, o culpaba a un poder superior. Y había un poder superior. Absolutamente. La
amiga de Gillian, Olivia -antigua amiga, suponía, ya que no habían hablado en más de
quinientos años- era una Enviada casada con Aeron, ex guardián de Ira. Olivia había
hablado a menudo sobre la creación del Altísimo de los humanos y de otros seres. Pero que
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el Altísimo no causaba tragedias. Él era la esencia del Amor. Las cosas malas pasaban
porque la gente estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Las cosas malas
sucedían porque el mal existía. Porque la gente buena tomaba malas decisiones. Porque la
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gente mala hacía cosas malas.


La única razón por la que un adulto violaba a un niño -sus propios deseos enfermos.
¿Toda esa mierda de “no pude evitarlo”? Una mentira. Sus horrorastros deberían haber
resistido la tentación. No es que la joven Gillian haya sido una tentación. Ellos tomaron sus
decisiones. Ellos. Nadie más.
Y, vale, digamos que una hembra engañaba a su macho. Ella arruinaba la unión por
amor, no el destino. Digamos que un macho se aventuraba a un lugar donde no debía ir y
moría Sus acciones causaban su muerte, no el destino.
— ¿Keeley o alguien más ha predicho nuestra unión? —le preguntó a William.
Volvió a mirarla con el ceño fruncido. —No. Pero estoy seguro de esto. —Se
golpeó el centro del pecho.
Un sonido áspero surgió de Puck.
Continúa caminando. No le prestes atención marido. —Confía en mí cuando digo
que no quieres ser mío, —le dijo a William. —Según los Oráculos, mataré los sueños de mi
hombre, tendrá que elegir entre lo que podría ser y lo que será, y nunca experimentaré un
final feliz.
—Los Oráculos están equivocados, —contestó él. —Probablemente ni siquiera
estén certificadas como Especialistas en Precognición.
Uh, no había tal cosa. ¿Verdad?
Puck creyó a los Oráculos, de eso no había duda. Ella también lo hacía, a veces,
cuando estaba en sus momentos de bajón. Pero aun así, seguía decidida. Su vida sería lo
que ella hiciera de ésta. Tendría un final feliz, porque no aceptaría nada menos. Lucharía, y
lucharía duro, para alcanzar sus metas. Nada la detendría.
Mira lo lejos que había llegado ya.
— ¿Gillian? —Unos dedos cálidos y callosos le acariciaron la mandíbula. Seguidos
de unos hormigueos con el mismo efecto que una droga. —Te detuviste. ¿Por qué?
Parpadeó rápidamente, recobrando la concentración justo a tiempo de ver a William
golpear la mano de Puck. Incluso cuando su mente no se había dado cuenta, su marido
había hecho reaccionar su cuerpo.
Los dos hombres se gruñeron el uno al otro.
Misericordia. ¿Por quién se suponía que iba a votar? ¿La Bella o la Bestia?
Ya sabes quién...
187

Decidiendo que retirarse era su mejor opción, dijo, —Correré la voz de que ustedes
no deben ser lastimados. Siéntanse libres de caminar por la zona, echar un vistazo por los
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alrededores, lo que quieran, pero no lastimen a nadie. ¿Entendido? Y no te acuestes con mis
soldados. —Si Puck la engañaba...
Con los dientes apretados, añadió, —Les veré en el festín de esta noche. —Con la
cabeza en alto, se marchó antes de que alguien pudiera protestar.
No mirarás atrás. Por supuesto que no. Dobló una esquina, poniendo una casa entre
ella y los tipos, invalidando la tentación. Fuera de la vista, fuera de la mente.
Pegando una sonrisa falsa en su cara, se dirigió en línea recta hacia Rosaleen, una
pequeña belleza con una hermosa piel marrón, cabello oscuro y ojos más oscuros. Se la
consideraría impecable, si no fuera por la X marcada en su frente. La marca de su antiguo
“amo”. El cruel bruto se había asegurado de que sus “potrancas” pudieran ser identificadas
con una sola mirada, si es que alguna vez lograban escapar.
—Dobla la guardia alrededor del perímetro, —dijo Gillian. Los Walsh sabrían que
los Shawazon diezmaron el puesto de avanzada, porque ella había dejado su tarjeta de visita
favorita: ningún sobreviviente. Ellos atacarían, y pronto. —Y pide a nuestros mejores
cocineros que preparen un banquete digno de una reina. Esta noche celebramos el regreso
de mi marido y de mi amigo.
— ¿Vamos a añadir veneno para acelerar el final de tu matrimonio? Y si es así,
¿quieres que muera lento o rápido? —preguntó Rosaleen, totalmente en serio.
—Preguntas válidas. —Fingió pensar en su respuesta. —Nada de veneno. Mañana
escoltaré a los hombres a la fortaleza de los Connacht. Winter y Cameron vendrán con
nosotros, seguro, lo que significa que tú y Johanna estarán a cargo.
Rosaleen asintió. —Ten cuidado. Me encontré con Sin Connacht sólo una vez, pero
me asustó de por vida. Hay algo muy raro en él.
—Lo derrotaremos. —El fracaso no era una opción.
Evitando a todos los demás, Gillian regresó a casa. Una pequeña casa de piedra que
había ayudado a construir. Nunca se había interesado en la decoración, así que las paredes
permanecían sin pintar. Los únicos toques personales: las armas que había colgado aquí,
allá y en todas partes, y el estante que contenía los frascos que había llenado de trofeos que
había tomado de las más despiadadas de sus víctimas.
¿Qué pensarían Puck y William de sus habitaciones?
Fuera de la vista, fuera de la mente, ¿recuerdas?
A través de la puerta, el caos absoluto la saludó. Peanut se había puesto furioso. Él
había destrozado el sofá, desmantelado la mesa de la cocina y arrancado una pata de una
silla reservada para invitados especiales.
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Lo único que su mascota no había arruinado era su cama, y sólo porque ella dormía
en un altillo en el piso de arriba, y él no podía subir la escalera.
Página

No había señales de él dentro. Con un suspiro, se dirigió al patio trasero. Una cerca
separaba su huerto y sus árboles frutales plantados en macetas del granero de Peanut.
—Sal, sal, dondequiera que estés, —llamó.
Aunque Gillian seguía siendo vegetariana, Peanut requería carne. Por su bien, había
aprendido a cazar, desollar y preparar comidas que lo mantuvieran fuerte. De hecho, tenía
un ritual. Una vez a la semana, viajaba sola al bosque más cercano, cazaba y lloraba por sus
presas, porque sí, siempre ponía nombre a los animales y veía un futuro como mejores
amigos.
Los animales eran increíbles; matarlos la afectaba de una manera que no la afectaba
matar a personas. Tal vez porque la mayoría de la gente apestaba.
Peanut salió al trote del granero como si no tuviese ninguna preocupación y se dejó
caer a la sombra que le ofrecía el manzano, cultivado con magia, donde comía una fruta
caída.
Bueno, no todos los animales eran increíbles.
Se negó a mirarla a los ojos, incluso apartó la cabeza.
Peor que un niño pequeño, pensó, y se echó a su lado.
Le echó una mirada que le dijo: Permitiré que me acaricies. Excepto que, cuando
ella extendió la mano para acariciar el suave pelaje detrás de su oreja, su mirada dijo, Pero
sólo con tu mirada.
—Te extrañé, Nutty Buddy13.
Él le gruñó.
—Tengo que ir a otro viaje mañana, y no sé cuánto tiempo estaré fuera, —admitió.
La manzana cayó de su boca y rodó más allá de su muslo.
—Qué bueno que vengas conmigo, huh, —agregó, antes de que pudiera estallar en
otro ataque. —Sólo tienes que ser amable para...
Estaba de pie y lamiéndole la cara antes de que ella pudiera terminar la frase.
Riéndose, acarició su mejilla contra su cuello y le abrazó con sus brazos. —Esta noche, te
presentaré a mi esposo y a mi amigo. Vendrán con nosotros. Estoy bastante segura de que
no te gustará ninguno de los dos.
Fuera de la vista, pero no de la mente. Acéptalo, enfréntate a ello.
—Puck es magnífico pero terrible, dulce pero cruel, amable pero despreocupado,
inteligente pero inexpresivo. Puede que me quiera, puede que no. Con él es difícil de decir.
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—De cualquier manera, su cuerpo seguía queriendo el de él, y ella quería....


Ella simplemente quería.
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Su plan de esperar un divorcio oficial podría haber sido un poco precipitado. ¿Qué
daño podría causar el usar a Puck y quitarle el placer que se merecía?

13 Galleta de mantequilla de maní bañada de chocolate.


Después de todo lo que él le hizo pasar, se lo debía.
Y lo admitiera o no, él también la quería a ella, y no sólo por el vínculo. Debía
hacerlo. La forma en que saltó entre ella y William... la forma en que la acarició... La forma
en que la miraba... ¡Ella había tenido su primera mirada persistente!
Si se atreviera a animar a Puck —a alentarlo de verdad— ¿se atrevería él a hacer un
movimiento para tenerla?
Bueno. Sólo había una manera de averiguarlo…

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Página
Capítulo 22

Puck se quedó en las sombras, observando a Gillian en su hábitat natural, con su


mascota.
Puede que me desee, puede que no.
No te hagas más esa pregunta, esposa. Él te desea.
Una vez que su mascota se durmió, se fue a ver a su gente. Puck la siguió y la
estudió, sin querer pasar ni un momento lejos de ella.
¿La deje durante varias semanas sin problemas, ahora no puedo dejarla ni unos
minutos?
Dos veces se puso tensa, como si supiera que alguien la miraba, pero nunca lo
llamó.
Ella había cambiado mucho más de lo que él se había dado cuenta. Ahora caminaba
con confianza, con la cabeza bien alta. Cualquier habitación en la que entraba, era suya. Su
gente la adoraba, sí, pero ella también adoraba a su gente en respuesta.
Tenía un gran corazón. Amaba apasionadamente y vivía la vida según sus propias
reglas.
La gatita se había convertido en una tigresa.
Cuando una de sus soldados la detuvo para pedirle consejo sobre relaciones, Gillian
dijo: —No tengo mucha experiencia en este campo, ni en ningún otro, pero estoy bastante
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segura de que siempre hay que dejarle con ganas de más. A menos que él diga algo cruel. O
mentiras. O golpee. Entonces lo dejas muerto.
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Aunque claramente tenía un montón de trabajo que hacer en la aldea, siempre se


detenía a charlar con cualquiera que se le acercara. Tuvo abrazos y elogios para los niños, y
se aseguró de que el ganado y las quimeras estuvieran bien cuidados.
Puck se encontró extrañamente fascinado y todavía duro. Demasiadas veces para
contarlas, miró a su boca y se preguntó cuán profundo ella podría tomar su longitud.
Necesitaba... no sabía lo que necesitaba. ¿Su esposa fuera de escena? ¿Su esposa
debajo de él? ¿Sobre él? ¿Delante de él, de rodillas y a cuatro patas? Sí, sí. Todo eso.
Necesitaba que su esposa gimiera su nombre y clavara sus uñas en su espalda y rogara por
su...
¿Qué estás haciendo? ¡Resístete a su encanto!
Odiaba todo este deseo. Odiaba temer el final de su matrimonio cuando debería
estar ansioso por éste.
Ella era suya, pero no.
Sin el vínculo con Puck, ella desearía a William una vez más. A menos que Puck la
volviera adicta a su toque. ¿Podría?
Sí. Absolutamente. Podía hacer cualquier cosa, era conocido como el Invicto por
una razón. Pero él no la volvería adicta. Sería mejor para él mantener la distancia. No había
ninguna buena razón para dejar que sus sentimientos se intensificaran y complicaran una
situación ya de por sí complicada. Apenas podía manejar lo que sentía ahora.
Un viejo refrán que necesitaba recordar: ¿Por qué caminar voluntariamente hacia
una espada cuando puedes moverte a su alrededor?

Gillian se metió una uva en la boca y esperó a que Puck honrara el festín con su
exaltada presencia. Estaba sentada ante una hoguera crepitante, William a su lado. Los
shawazon formaban un círculo alrededor de ellos, compartiendo fuentes de comida, jarras
de cerveza y copas de agua. La risa resonó a lo largo de la noche, mezclándose con miles de
conversaciones diferentes y el suave fragor de la música mientras las mujeres de los clanes
tocaban tambores, flautas y arpas hechos a mano. En el centro del círculo, un grupo de
bailarines balanceaban sus caderas mientras hacían girar pañuelos con salvaje abandono.
Cameron bailaba entre ellas, tentando a una mujer en particular.
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Fiel a su naturaleza, a menudo se obsesionaba por una sola mujer durante semanas,
a veces meses, y hacía todo lo que estaba a su alcance para seducirla y atraerla. Pero en el
Página

momento en que se ganaba su corazón, y la persecución terminaba, lo mismo sucedía con


su obsesión. Él pasaría a alguna otra.
Esta mujer en particular había resistido más tiempo que la mayoría, pero cedería.
Siempre cedían.
Gillian se había bañado, se había puesto sus mejores cueros y se había trenzado el
pelo. No es que alguien pudiera ver su pelo. Llevaba un audaz y colorido pañuelo en la
cabeza. Uno de sus favoritos, aunque el material era demasiado parecido a la gasa como
para protegerla de la arena y del viento. Simplemente le gustaba su aspecto. Cuentas de
cristal colgaban del dobladillo superior, ofreciéndole un flequillo enjoyado.
William se había dejado caer de rodillas en el momento en que la vio, como si lo
hubiera golpeado un rayo. Aunque se había reído, encantada con sus payasadas, se había
estremecido de emoción queriendo descubrir la reacción de Puck.
¿Dónde estaba él?
Incluso Peanut se había unido al festín. Como había previsto, éste detestó a William
nada más verlo y ya se había meado en sus botas, lo había mordido en el culo y le había
escupido en la cara. Para dar crédito a William, éste no había tomado represalias. Había
maldecido la tormenta, sí, pero nada más. Eso era algo bueno. Si hubiera atacado
físicamente, habría sacado sus apestosas botas del campamento, la misión de Puck estaría
condenada.
Si te metes con lo que es mío, paga el precio.
Maldición, ¿por qué no había aparecido Puck?
—Lo estás haciendo de nuevo, —refunfuñó William.
— ¿Haciendo qué? —preguntó confundida.
—Buscando a Puck, perdiéndote mis mejores movimientos. —No sólo refunfuñó
esta vez, sino que gruñó. —No lo quieres, muñeca. Confía en mí. Por favor. El vínculo está
jodiendo con tu mente, nada más.
— ¿Esos fueron tus mejores movimientos? Guau. Lo siento por ti. — ¿Y cómo
sabía que ella deseaba a Puck? ¿Cómo sabía jugar con sus temores sobre el vínculo? —Lo
siento, Liam, pero has perdido tu toque dorado.
Con los párpados pesados, se inclinó hacia ella, la seducción personificada. —
Nunca has conocido mi toque. —Su voz se hizo más grave, y desarrolló una ronca tesitura.
—Tengo el presentimiento de que te gustará mucho...
Excepto que ella seguía impasible ante él. —Recuerdo una vez que no me querías.
No hace mucho, de hecho. Sólo han pasado un puñado de semanas para ti. ¿Qué ha
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cambiado?
—Tú, —dijo simplemente.
Página

—He cambiado, sí. Y tenías razón, deseo a Puck. —Admitió.


Rígido como el acero, abrió la boca para decir algo, lo pensó mejor, y él rechinó los
dientes. —Nunca te dará lo que tú necesitas.
— ¿Y qué necesito, hmm?
—Devoción.
—En realidad, necesito orgasmos. —Una afirmación sin rodeos, y perfectamente
cierta. Excepto que, una marea de anhelo se elevó dentro de ella. La devoción sonaba
increíble. Confiar en su amante. Saber que él nunca la lastimaría ni la traicionaría
voluntariamente.
Una conmoción a la derecha. Por costumbre, Gillian buscó una daga, sólo para
quedarse quieta. Puck había llegado por fin.
El resto del mundo desapareció cuando su mirada colisionó con la de él. En un
instante, su sangre se derritió y su corazón decidió hacer un solo de batería de rock duro.
Tenía tantas ganas de alzar su mano y acariciarlo.
Bajo la luz del fuego, sus cuernos parecían más largos, más gruesos. No se había
afeitado, así que una sombra de oscura barba corta cubría su mandíbula. Sin embargo, se
había bañado. Su húmedo pelo goteaba desde las puntas, enviando gotas de agua que caían
por las crestas de su pecho desnudo. Esas gotas desaparecían bajo la cintura de sus
pantalones de piel de oveja.
Era un guerrero, un hombre y un depredador animal a la vez, lo que solo empeoraba
su fascinación por él.
¿Qué pensaba de ella?
Él la miró fijamente a la boca mientras se frotaba el pulgar sobre su labio inferior,
como si se imaginara besándola. Sí, por favor. Entonces su mirada repasó su cuerpo,
demorándose en todas partes donde ella se dolía, como si supiera lo desesperadamente que
Gillian quería que a esa mirada le siguieran sus manos y sus labios.
¿Él lo sabía? Desprovisto de toda expresión de emoción, cerró la distancia. Sus
manos... ella inhaló con un jadeo. Sus manos estaban cerradas en puños. Vaya, vaya. No era
tan estoico como quería que ella creyera.
Yo le afecto.
Silencioso, se sentó a su lado. Su bíceps se hinchó al agarrar bruscamente de una
fuente cercana dos medallones de calabaza asada al fuego, arrojó uno a Peanut y se llevó el
otro a la boca. Su marido masticaba, tragaba y se concentraba en las bailarinas.
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Le gustaba cómo se movía su mandíbula, cada movimiento carnal.


Página

Sorpresa: Peanut lo olfateó, y luego suavemente le dio un cabezazo en la mano,


exigiendo que lo acariciara. Su quimera nunca había aceptado a nadie tan rápidamente.
—Tu engendro endemoniado te huele en Puck, —murmuró William. —No es nada
más que eso.
Lo intentó, lo intentó con todas sus fuerzas, pero no pudo apartar su concentración
de Puck. —Te das cuenta de que te comiste un pedazo de calabaza, ¿verdad? —Imitando a
un hombre de las cavernas, añadió: —Carne buena. Vegetales malos. ¿Recuerdas?
—Yo como para estar fuerte, siempre, aunque me ofrezcan comida basura. —Su
atención permaneció en los bailarines, incluso cuando su voz profunda y ronca rozó la piel
de Gillian como una caricia. ¿Encontraba atractiva a alguna de las mujeres de su clan? —
Además, todo lo que como es insípido para mí.
Aunque no había heredado esa desventaja en particular, la compasión superó su
impulso de despedir a las bailarinas. — ¿Cortesía de Indiferencia?
Ofreció un simple y brusco asentimiento con la cabeza.
— ¿Tus amantes también son insípidas? —William se inclinó, agarró el último
medallón de calabaza y se lo metió en la boca. Sus ojos se cerraron y gimió, como si se
hubiera quedado atrapado en la agonía de un clímax. Cuando terminó, se relamió los labios
y sonrió con suficiencia. —Apuesto a que haces todo lo que puedes para darle a una mujer
una experiencia mediocre. Bueno, yo no me preocuparía más. Adelante, considéralo
misionero cumplido.
—No he tomado a una amante fuera de mi matrimonio. Tal vez necesite más
práctica para alcanzar tu nivel experto de seducción, —dijo Puck. —Dime, Derrite Bragas.
¿Cuántas miles de mujeres se necesitan... después de haber conocido a la que crees que es
tu compañera predestinada?
Oh, nena, las garras salieron esta noche. ¿Dónde estaban las palomitas de maíz
cuando ella las necesitaba?
Y, vale, la excitación era probablemente la reacción equivocada respecto a otra
posible reyerta de hombres. Pero, ¡vamos! Puck acababa de admitir que no se había
acostado con nadie mientras estuvieron separados.
Tan tirante como la cuerda de un arco, William dijo, —Nunca he querido matar a un
hombre más de lo que quiero matarte a ti, Pucky.
—El sentimiento es mutuo, Cachondo.
Queriendo "necesitando"saber si la tensión sexual atormentaba a Puck tan
fervientemente como la atormentaba a ella, si algo que ella hubiera dicho o hecho le había
tocado a un nivel primitivo, Gillian resiguió con sus dedos la línea a lo largo de la elevación
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de sus nudillos. Tan suave, tan caliente. ¡Tan perfecto!


Página

Se giró para mirarla, sus ojos entrecerrados y brillantes, sus respiraciones exhaladas
en grandes jadeos; el abultamiento detrás de su bragueta era enorme. —Tócame de nuevo, y
te presionaré contra la arena y me meteré dentro de ti.
Su primer pensamiento: ¡Sí! ¡Por fin!
Su segundo: Me desea tanto.
Mientras su mente giraba y su cuerpo lloraba de alivio, los iris de William brillaron
con un tono rojo cargados de amenaza. —Espero que te gusten los tríos, Pucky, porque me
voy a meter en el embrollo.
—Puedes intentarlo, —dijo Puck, con la mandíbula apretada.
—Uh, ¿chicos? Necesito que... — ¿Qué? ¿Besarnos los unos a los otros y hacer las
paces?
Mmm. ¿No sería eso estupendo?
Para su sorpresa, Puck se levantó y se alejó sin decir una palabra más. Fiel a sus
formas, nunca miró atrás.
Peanut, el traidor, saltó para seguirlo.
Ella quería hacer lo mismo, pero se consoló con la opción de la medalla de plata y
fulminó con la mirada a William.
— ¿Qué? —preguntó. — ¿Qué hice mal?
—Deja de coquetear conmigo delante de Puck. Y deja de enemistarte con él. No
voy a acostarme contigo, William. No voy a engañar a mi marido. —Sus sueños de salir
con otros tipos habían ardido en llamas desde el momento en que se le ocurrió la idea, tanto
si lo supiera como si no.
—Es tu marido temporal. Hay una diferencia. Y no te estoy pidiendo que lo
engañes.
— ¿Qué me estás pidiendo que haga, entonces?
— ¿Qué si no? —Abrió bien los brazos. —Dale a un pretendiente un beso de
verdad. ¿Qué? ¿Qué es esa mirada? Besar no es engañar. Es una amiga ayudando a otro
amigo a rellenar sus pulmones. Besar es sobrevivir.
—Si crees eso, siento pena por tu verdadera enamorada. —Sólo para ser mezquina,
porque sí, Gillian había desarrollado una vena un poco cruel, añadió—, Quienquiera que
sea.
Mientras estudiaba su rostro, tal vez en busca de alguna debilidad en su resolución,
él parecía atónito, como si nunca hubiera conocido el rechazo -de ningún tipo- y no tenía ni
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idea de lo que acababa de ocurrir. Abrió la boca, la cerró. La abrió, la cerró.


Finalmente se puso a pensar: —Tu fuerte código moral me excita.
Página

—Por favor. Un viento suave te excita.


—Te deseo, —dijo William, y esta vez su tono de voz tenía un poco de mordacidad.
—Vale, digamos que te quiero de vuelta. ¿Cómo pasaríamos nuestra vida juntos?
—Yo lucharía con Lucifer, tú curarías mis heridas. Como antes.
Ugh. — ¿Crees que eso sería suficiente para mí?
Con sus cristalinos ojos brillantes, él dijo roncamente, —Cada momento
entremedias, lo pasaríamos en la cama.
Aún. No. Suficiente. — ¿Y si quisiera luchar a tu lado?
—Lo… negociaríamos.
Lo que significa que intentaría convencerla para que se quedara en casa. La vieja
Gillian se habría emocionado. La nueva Gillian quería tener arcadas.
—Explícame por qué me quieres, específicamente, —dijo. —Por qué vendrías aquí
por mí. Por qué ayudarías a Puck, sólo para liberarme del vínculo. Tengo un vago recuerdo
de haber oído por casualidad a algunos de los Señores hablar de cómo estabas esperando a
que cumpliera dieciocho años para reclamarme. Más vívidamente recuerdo que me dijiste
que nunca te enamorarías ni te casarías.
Él tiró del extremo de su trenza más gruesa, una juguetona acción que ocultaba la
creciente tensión en su expresión. —Desde el principio, supe que había algo diferente en ti.
Luché contra ello. Me dije a mí mismo que no haría nada contigo, sin importar la edad que
tuvieras o no. Pero en el fondo sabía que en el momento en que estuvieras lista, me
abalanzaría. Entonces Puck te llevó lejos, y me sentí como si hubiera perdido...
— ¿Qué? ¿Tu juguete favorito?
—Todo.
La sola palabra la golpeó como un puñetazo en el esternón. Sus costillas parecían
agrietarse, el ácido rezumando. Por un momento, no dijo nada. Ella no podía. Gillian
esperaba que la intensidad del momento disminuyera y que él hiciera una broma. No lo
hizo.
Si realmente la deseara, si hubiera considerado a Gillian su compañera
predestinada, ¿por qué no había evitado a otras mujeres y esperado por ella?
Debería haberla esperado.
—William…
—No. No digas nada. No hasta que se rompa el vínculo.
197

¿Estaba en lo cierto? ¿Su deseo por Puck realmente se desvanecería? Si es así,


¿querría a William en su cama, en su cuerpo? Ahora mismo, no podía imaginarse queriendo
Página

a nadie excepto a su marido.


Un músculo palpitó bajo su ojo una vez, dos veces. —Si sientes que debes estar con
él, ve, yace con él. Echa una cana al aire. Sácalo de tu organismo. —Mirando al cielo, dijo
en un tono más bajo: —Me merezco esto, de verdad que sí.
—No estoy haciendo esto para castigarte, —dijo y frunció el ceño. Gillian no le
debía explicaciones, ni excusas. —Echaré mi cana al aire, y no porque tú me lo permitas.
Si las circunstancias fuesen al revés, Puck no le diría que sacara a otro hombre de su
organismo. No, mantendría su promesa de matar a cualquiera con el que ella pensara salir.
Porque quería toda su pasión para él. ¡Claramente!
Tócame de nuevo y te presionaré contra la arena y me meteré dentro de ti.
Escalofríos decadentes, calor irresistible.
¡Contrólate!
—Sólo... date una ducha con agua fría esta noche, —dijo. —Entonces besa y haz las
paces con Puck, ¿vale? —¡Oh, por Dios, esa imagen otra vez! Hubba, hubba. —Y
asegúrate de que estoy ahí para servir como testigo. —Juntó sus manos para formar un
campanario. —Por favor, por favor, mil veces por favor.
William chasqueó la lengua, su intensidad disminuyendo un poquito. —Las duchas
frías son un mito. Ningún hombre ha tomado una. Sentimos más inclinación a tomar duchas
calientes y a ejercitar un bíceps con un movimiento repetitivo hacia arriba y hacia abajo. Si
no podemos encontrar un reemplazo adecuado para quien nos dejó hinchados y necesitados.
—Entonces hazlo, —dijo ella, y agitó su mano con un movimiento para echarlo.
— ¿Hacer qué? ¿La ducha o el sustituto?
—Cualquiera. Ambas.
—Que duro, mujer. Que duro. —Aplanó su mano contra su tórax, justo encima de
su corazón. —Un día me querrás para ti, por siempre jamás.
Ahí se fue su diversión. —Lo siento, William, pero…
—No, no digas nada de lo que te arrepentirás.
Mientras la parte de atrás de su cuello le hormigueaba con reconocimiento, tal vez
con expectación, miró a la multitud y se emocionó. Puck no se había ido de la fiesta,
después de todo. O si lo hizo, había regresado. Estaba en la periferia, rodeado de sombras.
¿La vigilaba?
Con el corazón revoloteando, se puso de pie antes de darse cuenta de que se había
movido. —Quédate aquí y diviértete, Liam. Puede que vuelva o no.
198

—Podría o no estar contando los segundos. —William le lanzó un beso antes de


mostrarle el dedo corazón a Puck.
Página

También lo había visto, ¿verdad?


Gillian se apresuró hacia él. Justo antes de llegar hasta Puck, éste se giró sobre sus
talones y se alejó. Esta vez, ella lo siguió.
Rosaleen se interpuso en su camino, deteniéndola. —Tu amigo. El que tiene ojos
azul pálido. No me dijiste que era el hombre más hermoso de la creación. ¿Está soltero?
—Mucho. —Gillian miró a su alrededor. No había señales de Puck. ¡Maldita sea!
La general se abanicó sus mejillas sonrojadas. — ¿Te importa si intento seducirlo?
—Ni siquiera un poco. —En todo caso, Rosaleen le estaría haciendo un favor,
manteniendo a William ocupado.
Johanna se acercó y puso un brazo sobre los hombros de Rosaleen. — ¿Preguntaste
por el diablo de ojos azules?
—Soltero, —contestó la otra mujer con una amplia sonrisa.
Las dos chocaron las cinco.
— ¿Qué hay del tipo con cuernos? —Johanna movió las cejas. —Has terminado
con él, ¿verdad?
Gillian se tensó, feliz un instante, lista para cometer un asesinato al siguiente. —
Sigue casado. Conmigo.
Ambas mujeres palidecieron mientras levantaban las manos, las palmas hacia fuera,
la inocencia personificada, y retrocedieron.
—Espera, espera, —dijo Rosaleen. —No hay razón para que dejes salir a tu Hulk.
—No voy a tocarlo, honestamente, —dijo Johanna.
Inspira profundamente, exhala. —Lo siento, —murmuró Gillian. —Mira, tengo que
irme. —Se precipitó rodeando a sus amigas, buscando, buscando... si no podía encontrar a
Puck por medios naturales, tendría que usar la magia.
Con el viaje que se avecinaba, preferiría atesorar la magia. ¡Espera! Allí. Unas
huellas extrañas, la superficie de la pisada desigualmente distribuida, como si un peso en
forma de pezuña hubiera desgastado el centro de la suela. ¡Un medio natural para ganar!
Lo siguió hasta... su casa. La excitación le debilitó las extremidades, cerró la puerta
y echó la llave.
Puck ocupaba la sala de estar, de espaldas hacia ella mientras caminaba por el lugar,
examinando las muchas armas que colgaban de las paredes. ¿Entendía que las había tomado
como trofeos, o dudaba de ella como William?
199

— ¿Dónde está Peanut? —preguntó Gillian.


Página

—En el granero, descansando.


Un pensamiento repentino la golpeó. ¿Cómo encontró Puck su casa? Ella no se la
había mostrado, y ninguno de sus soldados compartía su ubicación sin permiso.
¿Me siguió, como yo lo seguí a él, sus deseos demasiado fuertes para ser negados?
Ella se estremeció y dijo: —¿Por qué estás aquí?
—Estamos casados. Creo que ya te he informado respecto a nuestros activos
compartidos. Lo que es tuyo es mío, y quería ver el interior de mi nuevo hogar. —Su tono
era tan carente de emoción como siempre, pero cuando se volvió hacia ella, su mirada era
abrasadora.
¿Lo que es más? —Sigues estando duro. —Las palabras le salieron a toda
velocidad, tan imparables como un tren de mercancía.
Levantó la barbilla, como si estuviera orgulloso. —A medio camino, al menos.
— ¿Quieres decir que se hace más grande? —preguntó ella, de repente sin aliento.
Él podría haber sonreído con aires de suficiencia. —Mucho más grande.
Definitivamente sonrió con aires de suficiencia. — ¿Es... por mí? —Por favor, por
favor, que sea por mí. — ¿O por todas las bellezas del festejo?
—No quiero que esas otras mujeres... —Puso su mirada sobre sus pechos—sus
pechos adoloridos -y entre sus piernas, donde ahora palpitaba. Luego agregó: —…mueran
cuando tengas otro ataque de celos.
¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Yo? —¡Como si fueras el más indicado para hablar!
Estabas listo para asesinar a William, al hombre que necesitas para ganar tu corona.
Sus fosas nasales se dilataron. —Eso es verdad.
Espera. ¿Simplemente acababa de reconocer de buen grado sus celos?
—Me dije a mí mismo que me mantendría alejado, —continuó—, que evitaría el
filo de la espada, pero aquí estoy, pocas horas después, dispuesto a lidiar con las
complicaciones y las consecuencias. ¿Qué crees que dice eso de mí, muchacha? No,
quédate en silencio. No respondas. Te diré lo que dice.
Mientras todo su mundo parecía cambiar su eje de rotación, él se ahuecó su paquete
y dijo con voz ronca: —Sí, esto es para ti. Sólo te deseo a ti.
200
Página
Capítulo 23

Las palabras de Puck resonaron en la mente de Gillian. Evitar el filo de una espada,
¿así es como la veía? ¿Una espada? Permanece en silencio ¡Cómo se atreve a dar una orden
así! Sólo a ti, sus rodillas se le aflojaron.
Entonces él se puso rígido, y ella quiso chillar, porque sabía lo que pasaría después.
Se enfriaría.
—Si te conviertes en Hombre de Hielo justo ahora, envenenaré tu próxima comida,
—dijo.
Pareciendo la viva imagen de la definición de la indiferencia, levantó una ceja. —
Sigue actuando como una arpía, y me la comeré de buena gana.
¿Arpía? ¡¿Cómo se atreve?!
Gillian se acercó más, segura de ser una bomba, con una cuenta atrás rápida. Pero,
mientras sus miradas permanecían entrelazadas, ningún contrincante dispuesto a apartar la
mirada, las inhalaciones de ella se convirtieron en las exhalaciones de él, y ella se dio
cuenta de que estaban respirando uno el aliento del otro. La ira se transformó en excitación.
Los temblores arruinaron el intento de Gillian de parecer inmutable. Los temblores,
y sus pezones que no dejaban de endurecerse. Probablemente también la fiebre de la pasión
que le enrojecía la piel.
Ha pasado tanto tiempo sin su toque. Lo necesito.
201

Como si le hubiera leído la mente—y estuviera más que feliz de complacerla—se


puso en acción. Moviéndose demasiado rápido para seguirlo con la vista, la agarró por las
Página

caderas, la apoyó contra la pared, y plantó sus palmas junto a sus sienes. Mientras su gran
cuerpo la enjaulaba, el aroma de la carnalidad masculina la envolvió, y sintió que sus
párpados se volvían pesados.
Su musculoso cuerpo parecía hincharse ante sus ojos. De repente era más grande,
más fuerte. Las venas se abultaban como si apenas pudiera mantenerse en su lugar, como si
la agresión lo llenara hasta el borde. La mirada que le dirigió era... voraz.
— ¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó Gillian, y sonaba ansiosa. Ya
demasiado excitada como para importarle.
—Te estoy poniendo donde te quiero.
Bueno, gracias a Dios por eso. A ella le gustaba donde él la quería. — ¿Así que, de
hecho, me deseas? ¿No te has vuelto el Hombre de Hielo?
—Creo que la bestia entre mis piernas responde a ambas preguntas, muchacha.
Su boca se curvó en las comisuras. — ¿El rey de la apatía acaba de contar un
chiste?
—Sólo dijo la verdad. —Mientras jugaba con las puntas de su cabello, le hacía
cosquillas en el cuero cabelludo. —Solía invocar el hielo para evitar el castigo del demonio.
Ahora lo hago para protegernos a todos. Deberías estar agradecida por ello. Si hiciera
incluso la mitad de las cosas que imagino...
Invocar el hielo, había dicho. ¿Realmente congelaba sus emociones? ¿Cómo?
¿Magia?
— ¿Qué clase de castigo? — ¿La debilidad que mencionó una vez? — ¿Y
protegernos de qué? —preguntó ella, luego el resto de sus palabras se registraron y tembló.
¿Qué se imaginaba haciéndole?
Los ojos de Puck se entrecerraron, y se puso rígido.
De acuerdo. Podía guardar sus secretos. Por ahora. —Sin embargo, a veces te
descongelas. Lo he visto.
Una inclinación de cabeza. —El hielo no se derrite por sí solo. Necesito una fuente
externa que me haga sentir algo caliente. Como rabia.
—O deseo. —Desesperada por contactar con él, necesitando medir su grado de
excitación, ella puso su mano justo sobre su corazón. Piel caliente, como oro fundido
derramado sobre granito. Los latidos desbocándose.
Su desesperación coincide con la mía. Ese conocimiento envió poder femenino
202
corriendo a través de ella.
La agarró de la muñeca y le levantó la mano, inmovilizando su brazo por encima de
Página

la cabeza. —Tocar el tatuaje del ave está...


—Prohibido. —Sí, lo recordó. — ¿Por qué?
—Porque yo lo digo.
Me parece bien. De nuevo, por ahora. Más tarde... — ¿Y si un día dejas de sentirte
por completo y te quedas permanentemente como el Hombre de Hielo?
—A menudo me he preguntado lo mismo, pero ahora mismo no puedo imaginarme
estar en un congelador nunca más. —Él rozó la punta de su nariz contra la de ella. —Ya no
le temes a la intimidad.
—No.
—La fuerza que necesitabas para superar tus traumas pasados. La fuerza que
necesitas. Estoy asombrado contigo, muchacha.
Esas palabras... Gimiendo, ella se onduló para frotar su núcleo contra su masiva
erección. —Así que me tienes donde quieres, guerrero, y estás totalmente asombrado
conmigo. ¿Qué me vas a hacer? —No estaba segura de cómo había encontrado el ingenio
para hablar. Quiero más. Lo necesito.
Inhaló entre dientes, su agarre flexionando su muñeca. —Voy a tenerte. También
voy a dejar que te marches un día de estos.
¿Fueron esas palabras una promesa o una advertencia? ¿Esperaba asustarla o
seducirla? Como, Hey nena, no tienes que preocuparte de que me convierta en un
acosador pegajoso porque me voy a largar lo antes posible.
—Incorrecto. Yo te voy a tener a ti, —dijo ella—, y te dejaré marchar un día de
estos, pronto. —No seré usada y abusada. Voy a follarte y tirarte.
Algo oscuro y primitivo brilló en su expresión. —Eres mía. Dilo.
¿Podría él ponerla sobre su plato, pero no comerla? —Yo soy... —titubeó, dándole a
la expectación la oportunidad de crecer dentro de él—, mía.
¿Era ese tono espeso y ebrio realmente de ella?
Bueno, ¿por qué no? Había deseado a este hombre durante siglos. Y ahora, aquí
estaba, suyo para poseerlo. Estaban tan cerca que compartían el espacio. Tan cerca que
Gillian podía sentir la corriente de pasión corriendo por la piel de Puck.
Cada vez que ella inhalaba, sus pezones rozaban su tórax, provocando calor y
fricción. Cada vez que exhalaba, sus caderas se arqueaban por sí solas, buscando más
contacto, más fricción.
203
Puck tomó su cara en su mano, su pulgar a un lado de su barbilla, sus dedos en el
otro. Una sujeción agresiva, y aun así, no tenía miedo. —Si no me dices que eres mía, me
lo demostrarás.
Página

No esperó a que ella respondiera, pero soltó el brazo que le había inmovilizado
sobre la cabeza para apretarle el culo con los dedos bien abiertos—cubriendo tanto terreno
como le fue posible—al mismo tiempo que se lanzaba para reclamar su boca. Esta no fue
una exploración tranquila, sino una demanda feroz. Un sello de propiedad diferente a todo
lo que ella había experimentado. Entre las incursiones sensuales de su lengua, él masajeó el
pulso revoloteando en la base de su garganta.
Esperé tanto tiempo por esto. La dulzura de su sabor la enfureció. Era una droga. Su
droga. Todo calor y dureza masculina, devastando sus sentidos. Pequeños maullidos se le
escaparon mientras ella envolvía sus brazos alrededor de él y mecía su núcleo contra él, una
y otra vez, incapaz de detener el movimiento. Cada nueva colisión contra su erección la
ponía más caliente, más húmeda.
Más. Necesito más. Quinientos años de frustración la habían vuelto lasciva. ¿O tal
vez Puck había hecho los honores? —Tócame. Tócame ahora, —exigió Gillian.
—Dime dónde.
—Adentro. Ve por el oro ahora, ya me saborearás más tarde.
—Para mí, toda tú eres oro.
—Adentro, —insistió.
—Y si quiero jugar con tus pechos primero, ¿hmm? —Metió la mano debajo de su
top de cuero para masajear un pecho y jugar con un pezón.
—Por favor, Puck. Por favor.
—La guerrera me suplica ahora. Ella está necesitada. —Con su mano libre, escarbó
bajo el dobladillo de su falda de cuero. —Muy bien. Tendrás lo que estás suplicando.
Mientras sus dedos rozaban la cara interna de su muslo, ella le arañó la espalda,
probablemente provocándole sangre. ¡Tan bueno!
—Entre tus piernas... ¿así? —Uno de esos dedos exploradores se acercó más a su
núcleo, solo para alejarse justo antes del contacto.
¿Él la estaba provocando? ¿Ahora? Diferentes impulsos la golpearon, uno tras otro.
Liberar su erección, y mecerse contra ella. Alejarse, dejándolo dolorido por todos los siglos
que había pasado lejos de ella. ¡Por esto! Tirarlo al suelo y violarlo.
—Hazlo, —ordenó ella. —Dame tus dedos.
Obedeció, con esos dedos traviesos apartando a un lado sus bragas, separándola y
metiéndolos en su dolorido núcleo.
204

Con una voz como de grava espolvoreada de humo, dijo: —Estás empapada por mí.
Las rodillas de Gillian cedieron por completo; si no fuera por la mano presionada
Página

entre sus piernas, el talón de la palma de la mano de Puck frotando contra su pequeño
manojo de nervios mientras sus dedos la sondeaban, ella se habría caído y... y.... —¡No te
detengas! Por favor, no pares.
Metió un segundo dedo en su interior, y ella se corrió como un cohete. Así de fácil.
Sólo boom, terminado. ¡Por fin! —¡Sí, sí, sí, sí! —El placer más sublime explotó dentro de
Gillian, sin dejar ninguna parte de ella indiferente. ¡Y él no había terminado! Mientras ella
se apartaba, él continuó empujando esos dedos, abriéndolos a modo de tijeras para estirarla
antes de alimentarla con un tercero, prolongando su clímax…enriqueciéndolo.
Un grito se le escapó entre los labios, pero se tragó el sonido y profundizó el beso.
Algo bueno. Él poseía el oxígeno que ella necesitaba.
William tenía razón. Los besos eran la supervivencia.
Las paredes interiores se cerraban y se abrían. Su mente se empañó, haciendo
descarrilar sus pensamientos. Un calor lánguido la atravesó, una ladrona en la noche,
robando toda razón, dejándola flácida y gloriosamente satisfecha.
Pero la satisfacción no duró mucho. Gillian sólo quería más. Más Puck. Más pasión.
Más satisfacción. Nada podía comparársele. Un orgasmo no era suficiente. Necesitaba
desesperadamente otro. Necesitaba sexo. Ahora. Ahora mismo. No más esperas.
Excepto que cuando ella agarró la cintura de sus pantalones, él levantó la cabeza
para mirarla a los ojos, sus iris brillantes y salvajes, inyectados en fuego, y ella se quedó
inmóvil. Con su pelo negro enredado, parecía tan demencial como ella se sentía.
Demencial, y pasmosamente bello. Impecable de constitución y de rostro. La perfección
masculina absoluta: un hombre cautivado por una mujer. Necesitado de ella, y sólo de ella.
Ninguna otra lo lograría.
—Tus ojos, —dijo Puck, sonando asombrado. —Arden por mí.
No estoy sola en esto. Puede que no vuelva a estar sola nunca más. Una ola de
vulnerabilidad se estrelló contra ella.
Entonces pasó lo peor.
En un momento estaba cachonda, lista para otra ronda, y al siguiente estaba
sollozando como si una amiga muy querida acabara de ser asesinada.
Las lágrimas se derramaban por sus mejillas, todo su cuerpo temblando.
Gillian no había derramado una sola lágrima en siglos. Ahora no podía hacer nada
para detener la marea.
Puck la abrazó, la sostuvo mientras sollozaba. Incluso le peinó el cabello con sus
205

dedos, murmurando cosas como, —Lo entiendo. Una vez experimentaste la traición, y
esto... esto es la libertad. —Y. —No soporto ver llorar a mi guerrera. —Seguido de: —
Página

Dime qué hacer y lo haré.


Él lo entendía. Él también había sufrido la traición.
La había llamado guerrera.
Le había regalado un orgasmo. Su primer orgasmo. Y sólo tuvo que esperar
quinientos y pico de años. El miedo que había sufrido durante tanto tiempo... las
pesadillas... el placer que sus abusadores le habían robado... ¡Estuvo mal! ¡Fue un crimen!
Había sido engañada, herida, destruida, arruinada…
¡No! Destruida no. Ni arruinada. Su cuerpo había sido usado por otros, sí, y su
autoestima había sido pateada, golpeada, aporreada y apuñalada, pero se había levantado
del suelo, se había puesto de pie, había cuadrado los hombros y levantado la barbilla, y
había vivido. Había aprendido a defenderse. Había ayudado a otros necesitados. Y ahora
tenía esto. Una experiencia sexual nacida del deseo mutuo. Un beso digno de ir a la guerra,
aunque sólo fuera para tener otro. Un preciado recuerdo para ensombrecer a aquellos que
ella esperaba borrar algún día.
—Siento haber arruinado el ambiente, —dijo cuándo recobró el aliento. La crisis
nerviosa probablemente debería haberla dejado hueca y débil, pero se sentía vigorizada,
como si un hueso roto finalmente se hubiera restablecido y sanado más fuerte.
—No lo sientas. —Con suaves roces de sus pulgares, enjugó las lágrimas de sus
mejillas. Tan tierno. Tan sorprendente.
— ¿Crees que soy débil ahora? —preguntó tras sorber por la nariz.
—Creo que eres más fuerte. Las cosas que has tenido que superar... eres una
inspiración para mí.
¿Yo inspirando a un gran guerrero como él? Tuvo que parpadear una nueva ronda
de lágrimas.
— ¿Es la primera vez que llegas al clímax? —preguntó, aún tan tierno.
No había suficiencia en su voz, solo curiosidad, y quizás un poco de orgullo. La
única razón por la que ella respondió. —Sí. Fue la primera vez que elegí a mi pareja
también. —La ternura, la gratitud y el afecto reemplazaron su vulnerabilidad, todos
dirigidos a Puck. — ¿Deberíamos... encargarnos de ti ahora?
Una pausa. Luego, —No. —La soltó y se echó hacia atrás. —Debería irme.
¿Irse? ¡No! Ella no quería distanciarse de él justo ahora, quería comunión. —
Quédate. —Por favor.
Sacudió bruscamente la cabeza. Entonces, ante sus ojos, dejó de ser una fuente de
206

consuelo a un tormento, de estar necesitado a ser distante.


El Hombre de Hielo había regresado con una venganza.
Página

Se dijo a sí misma, estoy demasiado estresada para estar molesta por esto. Pero
ella no era una fan de las perogrulladas y no mentiría, ni siquiera a sí misma. Estaba
molesta. La decepción casi la parte en dos.
Sabía que saldría corriendo. ¡Lo sabía! Y le dolió tanto como sospechaba que lo
haría.
Aunque, él no se había corrido, ¿verdad? Y aun así había encontrado la fuerza para
abandonarla. Ouch.
¿Qué había causado el cambio en él? ¿Por qué no permitió que ella lo llevara al
orgasmo? ¿Por qué le negaría ese privilegio?
Con esta versión de Puck, exigir respuestas no la conduciría a ninguna parte
rápidamente. —Ojalá dejaras de hacer Dr. Jekyll y Mr. Hyde con el Hombre de Hielo. Es
un verdadero fastidio. Y sí, acabo de convertir lo de esos nombres en un verbo.
—Vamos a hablar, —dijo Puck, ignorándola, su voz ya no estaba llena de humo y
grava, sino de escarcha.
Oh-oh. Esto no puede ser bueno.
La inquietud la inundó. Sin embargo, forzó una sonrisa y cruzó los brazos sobre su
pecho para ocultar sus pezones erectos, en plan no tengo nada mejor que hacer.
¡Error! Ella recordaba cuán desesperadamente él había querido atender a esos
adoloridos pezones, pero protestó, con la esperanza de correrse rápidamente. ¡Chica tonta!
La próxima vez ella... ¿qué? ¿Le daría la bienvenida a una próxima vez? Lo que
habían hecho había sacudido todo su mundo, cierto, pero esto... esto no lo podía tolerar.
Actuando como si nada hubiera pasado, mirando fijamente a aquellos ojos indiferentes,
incapaz de responder como le gustaría sin consecuencias posibles.
¡Guau! Si había algún problema, Gillian lo arreglaba. Que se condenen las
consecuencias. ¡De ahora en adelante, ella respondería como demonios le placiera!
—Tienes razón. Vamos a hablar. —Aunque sus piernas eran como gelatina, se las
arregló para caminar hasta el sofá que Peanut había atacado hasta tranquilizarse. —Una vez
me dijiste que la princesa Alannah de Daingean es tu hembra. Matrimonio arreglado, bla,
bla. ¿Me rechazaste porque te estás reservando para ella? ¡Noticias de última hora! Dudo
que ella se esté reservando para ti. Está comprometida con tu hermano. Lo ha estado por un
tiempo, aunque nunca han apretado el gatillo.
Puck no ofreció indicios externos de cuáles eran sus pensamientos, el idiota.
Gillian había interactuado con la princesa sólo una vez, pero la había observado,
207

con curiosidad, cada vez que visitaban el mismo mercado del pueblo al mismo tiempo.
Alannah era bonita de una manera discreta, de voz suave y tímida. Mi opuesto.
Página

Su conversación había sido corta y dulce.


Gillian: Escuché que una vez estuviste comprometida con Puck Connacht.
Alannah: S-sí. Pero ahora tiene cuernos y…
Gillian: Soy su esposa, y disfruto matando a cualquiera que le falte el respeto.
Alannah: Por favor, discúlpame.
— ¿Por qué importa eso? —preguntó finalmente Puck. Éste se sentó en la silla
diezmada frente a ella.
—Sólo buscando conversación, como tú querías. Si lo prefieres, puedo volver a la
fiesta... y a William.
Aún sin ninguna reacción por parte de él. Oh-oh. ¿Quizás no debería haber tocado
ese tema? Puck no era un colegial con su primer enamoramiento. Era un príncipe y futuro
rey, un guerrero hasta la médula y el guardián de Indiferencia. Aunque deseaba a Gillian, a
su manera, podría marcharse sin dudarlo, en cualquier momento y en cualquier lugar. Como
había demostrado.
—Me gustaba la idea de tenerla, —contestó, y el alivio se deslizó a través de ella.
Movió una mano sobre uno de sus cuernos, como si se sintiera cohibido… imposible. —Me
encontré con ella después de mi posesión, después de que mi apariencia había sido alterada.
Ella huyó.
Ouch. El rechazo debe haber dolido, aunque él no hubiera sentido la emoción en ese
momento.
Espera. ¿Se guardaba las emociones dentro de él, y estallaban más tarde? Si
necesitaba hielo para controlar sus reacciones… ella apostaría que sí.
Se inclinó hacia él y le dijo en un susurro escénico: —¿Quieres saber un secreto?
Él negó con la cabeza. Luego frunció el ceño. Luego asintió. —Dime. Dímelo
ahora.
¿Detecto impaciencia? No sonreirás. —Siempre te he considerado hermoso.
Él le dirigió una mirada -una de esperanza y anhelo- sólo para esconderla tras una
máscara indiferente un segundo después.
El corazón de Gillian se apretó cuando dijo: —¿Qué te gustó de la princesa?
—Su aspecto, y que iba a ser mía. En realidad no la conocía.
—Tú tampoco me conoces, —señaló Gillian. — ¿Querías tocarme sólo por mi
aspecto? ¿O porque ya soy tuya? —Un hecho que insististe en que dijera en voz alta.
208

—Sé mucho sobre ti.


— ¿Oh? Cuéntamelo.
Página

—Tú...
— ¿Qué? —insistió Gillian.
—Te gusta ayudar a la gente. No te gustan los mentirosos.
—Hechos que yo te he contado. Apenas noticias de última hora. Sé que te gusta la
idea de lastimar a tu hermano y que William te desagrada.
—Tu pasatiempo favorito es coleccionar trofeos de los hombres que has derrotado.
—Algo que captaste de dichos trofeos colgados en mi pared. —Las comisuras de su
boca se elevaron. —Creo que coleccionar orgasmos de tu esposa se volvió tu pasatiempo
favorito.
Su pecho se levantó y se hundió en rápida sucesión, pero aun así su expresión
permaneció en blanco. —Quieres quedarte en Amaranthia, incluso después de divorciarnos.
No sólo para mantener a tu clan unido, sino para continuar gobernando tu clan. Crees que
nadie más puede velar por su bienestar tan completamente como tú.
De acuerdo. Tal vez sí la conocía. —Correcto otra vez.
—Pero no puedes quedarte aquí.
Furia instantánea. — ¿Vas a intentar echarme de Amaranthia una vez que seas rey?
Y fíjate que he dicho “intentar”.
—No lo intentaré. Lo haré.
—Así que me mentiste. Otra vez, —dijo con los dientes apretados. —Después de
prometerme que siempre me dirías la verdad.
Ni siquiera se estremeció. —No mentí. Cambié de opinión.
— ¿Por qué cambiaste de opinión? —preguntó ella.
—Porque puedo. —Su mirada era tan fría y distante como el día en que le rompió el
dedo, sólo para demostrar que tenía razón. —Este es mi reino.
De acuerdo, ella estaba un poco jodida de la cabeza en este momento para lidiar con
esto. Con él. —Me cansé de charlar contigo. No me gustas cuando te pones así, así que voy
a volver a la fiesta.
No dijo nada mientras ella se ponía de pie y se marchaba con pasos enérgicos,
entrando pronto en el fresco de la noche. Un segundo después, sin embargo, la puerta se
cerró de golpe. Los pasos resonaron. Puck la había seguido.
Sus puntos de pulso se desbocaron, su piel y sangre se calentaron, su cuerpo listo
209

para la segunda ronda.


Ignóralo. Al acercarse al festín, un zumbido familiar recorrió sus terminaciones
Página

nerviosas. Se detuvo abruptamente, respirando profundamente para evitar un arrebato de su


Hulk interno.
— ¿Qué te pasa? —Puck se le acercó por detrás, su aliento cálido acariciándole la
nuca, añadiendo leña a su sangre, enviándole escalofríos descendiendo por su columna
vertebral, y ella rechinó los dientes. — ¿No vas a discutir conmigo?
— ¿Es eso lo que quieres? —Ella se puso en movimiento, y él mantuvo su paso.
— ¿Qué yo discuta contigo?
—No. Sí. No lo sé.
—Hasta que lo averigües, retrocede.
La risa resonó, ahora a un volumen más alto que la música. —¡Gillian! —Johanna
la llamó. —Corre. Únete a nosotros.
—Ella no sabe que ya te has corrido, —comentó Puck con tono casual.
Más escalofríos, más calor. Pero no tenía derecho a mencionar su coqueteo después
de amenazarla con echarla de Amaranthia.
¿Qué fue lo que le atrajo de él? Además de lo obvio, por supuesto, su belleza
sobrenatural, sus besos malvados y su toque glorioso. ¿Por qué responder sexualmente sólo
a Puck? ¿Sólo era a causa del vínculo? Seguramente no. Su mente lo deseaba tanto como su
cuerpo.
Tenía que ser la forma en que a veces la miraba, como si fuera una revelación. La
forma en que a veces enfocaba toda su intensidad en ella, como si nada más tuviera
importancia.
Adicta...
Johanna y Rosaleen estaban sentadas al lado de un William sonriente. Sonriente,
hasta que vio a Puck.
Puck debe haberlo notado, también, porque se puso rígido. —Quiero que te quedes
en mi reino, —dijo, con voz suave—, pero no con William. Estoy tentado a destriparlo cada
vez que los veo juntos.
¡¿Qué coño?! ¿Todo este sinsentido de que tienes que marcharte es por celos?
¿Qué voy a hacer con este hombre?
Antes de que se le ocurriera una respuesta, Puck caminó a su alrededor para volver a
la fiesta. Sin saber qué más hacer, ella lo siguió.
210
Página

¿Cuándo empecé a amar el castigo y a buscarlo?


Puck siguió cada movimiento de Gillian mientras ésta elegía un lugar junto a sus
generales, y William se situó… enfrente de mí.
¿Ella quiere que la vea interactuar con el macho?
Encantado de complacerte, esposa. Pero ella no podría culpar a nadie más que a sí
misma por la respuesta de él, sea cual fuera.
Los minutos pasaban, y ella evitó mirar hacia Puck, despertando una llama de ira.
Los ojos de Gillian eran ventanas a su alma -y ella piensa negarme un vistazo a su alma.
Después de que hiciera que la deseara más de lo que él nunca deseó nada.
En sus brazos, ella había tomado lo que quería, cuando lo quiso. Ella había cobrado
vida, besando, arañando y jadeando por él, sólo por él. Y cuando ella lloró, rompió algo
dentro de él.
Gillian había revelado un potente ingenio y descaro, así como una sensualidad
terrenal que él había encontrado encantadora.
¿El guardián de Indiferencia? ¿Encantado?
Demonios, el guardián de Indiferencia estaba encantado.
A Puck le encantaría culpar al vínculo por su fascinación -y por su creciente
obsesión- ¿pero podría? Había anhelado a Gillian antes de la ceremonia.
La mirada de Puck se deslizó hacia William. El macho se estaba riendo de algo que
alguien había dicho, aunque su cuerpo permanecía tenso. Sabía que algo había pasado entre
marido y mujer. Debía saberlo. Los ojos de Gillian aún ardían, la leña estaba prendida.
Y yo soy responsable. Yo encendí el fósforo.
Ver esas llamas le había hecho algo a Puck. Lo había cambiado. Nunca se había
sentido tan nervioso, o febril. El demonio había sido ruidoso, era ruidoso, pero entonces y
ahora había ignorado fácilmente al demonio.
La pasión se había convertido en un fuego en sus venas. Cada centímetro de él había
estado necesitado.
¿Cuándo terminaría?
Antes, cuando había visto a Gillian por primera vez en el festín, casi había golpeado
la arena, como había hecho William. Sólo que Puck no habría estado fingiendo. Había sido
211

golpeado por un tsunami de devastadora excitación, sus rodillas se debilitaron.


Entonces había aumentado el deseo de matar. ¿Su esposa se vistió para el Eterno
Página

Cachondo?
Puck hincó un puño en el suelo. Un colorido pañuelo cubría su pelo, excepto las
puntas de múltiples trenzas. El material era demasiado fino para disuadir al viento, lo que lo
hacía puramente decorativo. Hermosamente decorativo. Cadenas de cristales colgaban
sobre su frente. Ella había reemplazado su ropa hecha jirones por otro top ajustado de cuero
para aprisionar sus pechos -pechos que él había tenido en sus manos- dejando su abdomen
parcialmente cubierto por eslabones de metal. Una falda con forma de kilt que llegaba a
media altura de su muslo, sus largas piernas en perfecta exhibición.
He tenido mi mano bajo esa falda. La quiero ahí otra vez.
Ella también la quería ahí. Había rogado. Ella lo deseaba.
¡Cogeré lo que es mío!
No, no. ¡Detén esto!
¿Podría parar? Quería aullar al cielo nocturno. Quería zarandear a Gillian y matar a
William. Tal vez mataría a William, una vez que tuviera la corona.
Pero Puck también quería besar a Gillian hasta quedar sin aliento. Quería tocarla
hasta que gimiera y se retorciera y rogara un poco más... quería reclamarla, hundirse en su
interior una y otra vez, sin contenerse en absoluto.
¡Idiota! Debió tomarla cuando tuvo la oportunidad. Pero no lo había hecho. Porque,
mientras sus estrechas paredes internas le habían apretado los dedos, y su placer le había
empapado la mano, casi se había corrido. Se habría corrido, si no se hubiera forzado a sí
mismo a retirarse del borde del abismo. Y cuando ella lloró, aferrándose a él, y le ofreció
consuelo por primera vez, había experimentado una cierta satisfacción, a pesar de su
demencial necesidad de alcanzar su liberación.
Ya se sentía posesivo con Gillian. Si consumaban su matrimonio, si la marcaba,
nunca la dejaría ir. Su sentido de posesión no lo permitiría, a pesar de Indiferencia.
Para mantenerla, tendría que enviar a William lejos, antes de que se cumplieran los
términos de su juramento de sangre. Eso significaba renunciar a la corona de los Connacht,
condenando a su reino a la destrucción de Sin y a su gente a la miseria.
Puck sólo había conocido a Gillian pocas semanas, y había pasado aún menos
tiempo en su presencia. No podía, no quería, olvidar sus metas simplemente por
experimentar una dicha momentánea.
Dicha que anhelaba desde hace siglos.
Él la miraba detenidamente ahora, esta mujer que a la vez le calmaba y le incitaba.
Cintas de luz de fuego brillaban sobre su dorada piel, y pensó, Quizás puedo olvidar mis
212

metas.
¡No! La locura tenía que detenerse. Él continuaría como estaba planeado.
Página

Una vez que usara las tijeras, el deseo de Gillian por Puck disminuiría de todos
modos, y sus sentimientos por William resurgirían. Elegiría al otro hombre. Dejándome con
nada más que un recuerdo desagradable.
Por lo tanto, no la volvería a tocar. Demasiado arriesgado. De ahora en adelante,
seguiría siendo el Hombre de Hielo. Se resistiría a su esposa, sin importar cuán potente
fuese su encanto.
Un estridente sonido de cuerno atravesó repentinamente todo el campamento, y las
bailarinas se detuvieron. La música cesó. Todos se pusieron tensos.
—Vamos, vamos. Prepárense para la batalla, —dijo Gillian, poniéndose de pie.
La multitud de mujeres salió corriendo, recogiendo armas por el camino.
William palmeó dos puñales mientras se ponía de pie. — ¿Qué está pasando?
—Represalias, —contestó ella, esa única palabra rezumaba entusiasmo. —Estamos
a punto de conseguir una recarga mágica.
Las orejas le hormiguearon al detectar el patrón de una marcha familiar, Puck se
acercó a su esposa. —Se acerca un ejército de Walsh.
—Sí. —Sin embargo, Gillian evitó mirar en su dirección, tentándolo a forzar el
asunto. —Tenemos trampas instaladas en el perímetro exterior. Las puse a prueba yo
misma, y sé que los soldados tardarán unos tres minutos y veinte segundos -si son buenos-
en llegar a nuestras paredes. Y a mí espada.

213
Página
Capítulo 24

Mientras William lanzaba a una diatriba sobre cómo mantener a Gillian a salvo
oculta, Puck notó la furia que emanaba en ondas pulsantes de su esposa y aprovechó la
oportunidad para demostrar que era un hombre mejor. Al menos para ella.
—Lucharé a tu lado, —dijo. Ella no necesitaba habilidad para la batalla que se
avecinaba, porque él la protegería con su vida. Se aseguraría de que nada ni nadie, pasara
sobre él. Los soldados que se centraran en ella morirían primero.
— ¿En serio? —finalmente, ella miró a Puck.
Él vio fuego en esos ojos color whisky… y gratitud. Un extraño apretón dentro de
su pecho llevó a Indiferencia a otra diatriba.
Lo entiendo, demonio. Prefieres el frío. Boohoo. Ahora cierra tu estúpida boca.
— ¿Confías en mí para ganar? —preguntó.
Mientras Puck le sostenía la mirada, comprendió lo mucho que quería ser valorada
por sus habilidades de combate. Para probarse a sí misma que era fuerte, valiente y libre,
las características que en su día anheló poseer.
Puck confiaba en ella para que estuviera a la altura. Había sido entrenada por
Cameron y Winter. Había empezado, terminado y reiniciado guerras. Había sobrevivido
quinientos años sin su ayuda, podría sobrevivir otra batalla, otro día.
— ¿Puede terminar ahora el concurso de miradas fijas? —William se interpuso
214

entre ellos, venciéndole una transformación que ahora le resultaba familiar. Los ojos
parpadeando de rojo. Los relámpagos brillando bajo su piel. Humo y sombras elevándose
Página

desde sus hombros.


Sus habilidades continuaban desconcertando a Puck.
¿Qué era él? ¿Qué tenía que no tuviera Puck? ¿Cómo iba a derribar a Sin, cuando
Puck no podía? ¿Cómo se había ganado la adoración de Gillian?
¿Cómo puedo hacerlo yo?
¡Eso no tiene importancia! Mantén tu cabeza en el juego.
—¡Pucker! —Soltó William. — ¿Me estás escuchando? Si Gilly muere a causa de
este ataque, tú mueres, y yo dejo a tu pueblo en manos de su demente rey.
—Nadie va a morir, —dijo Gillian.
Una mujer pasó volando, chocando accidentalmente con ella. Las disculpas fueron
hechas mientras Gillian se tambaleaba hacia adelante. Puck agarró a su esposa, pero
William le ganó, teletransportándose para atraparla y bloquear a Puck.
El fuego ardió dentro de él. ¿Interponerse entre ella y yo? —Te lo advertí, Willy.
—Puck había decidido mantenerse alejado de Gillian, sí, pero eso no significaba de
ninguna manera que el otro macho pudiera entrar a saco.
—Cálmense, los dos, o usaré lo que queda de mi magia para hacer que se enamoren
el uno del otro. —Sus runas brillaban con el más sublime tono dorado. —Ahora. William,
cariño, no conoces este mundo ni a estos clanes. Yo sí. Tú te escondes. Yo me encargaré de
mis asuntos.
Las runas de Puck respondieron de la misma manera, zumbando y chisporroteando.
—Gilly... —William comenzó a intentarlo de nuevo.
—Lo siento, Liam, pero no tengo tiempo para complacerte.
— ¿Complacerme? —El macho balbuceó mientras ella salía corriendo.
Puck la observaba mientras daba órdenes, sus mujeres del clan obedeciendo sin
protestar. Un verdadero testamento de su habilidad para liderar.
—Tú, al parapeto, —dijo ella. —Tú, a la pared exterior. Tú, pon nuestra primera
línea frente a la puerta.
La chica que Puck dejó atrás carecía de confianza. La mujer a la que había vuelto
tenía confianza en abundancia.
Y la deseo más por ello.
215

—Tú le hiciste esto, —gruñó William.


Ignorándolo, Puck consideró las defensas que había visto al llegar al campamento.
Página

Un inmenso muro de piedra delimitaba el perímetro, un muro que habría tenido que escalar,
si no hubiera sido por la interferencia de Cameron.
—Baja la puerta y déjalo entrar, —había dicho su amigo. —Preferiblemente sin
matarlo.
Los soldados se habían alineado a lo largo de todo el camino. A cada lado—norte,
este, sur y oeste—había visto una torre de vigilancia. Conectando esas torres, un segundo
parapeto donde las arqueras esperaban listas.
—Si resulta herida... —Literalmente el vapor salía de la nariz de William.
—Ha demostrado que puede salir herida y recuperarse. —Esta noche, Puck haría su
parte, demostrarle su fuerza a ella.
Terminando de hablar, Puck corrió hacia la torre norte. Confiscó un arco, una cesta
de flechas, tres dagas y dos espadas cortas, ya sea de las mesas cargadas con armas, o
directamente de un Shawazon. Las vibraciones en sus cuernos se intensificaron; los
soldados Walsh marchaban cada vez más cerca.
Mientras Puck recurría a siglos de concentración inquebrantable—haría lo que
fuese necesario hacer, sin vacilación—el demonio se calmó.
Subiendo las escaleras. Abordando el parapeto. A cada lado de él, las arqueras
formaban una línea, las mujeres estaban hombro con hombro, sus arcos cargados y listos.
—Traten de no alcanzarme, —dijo mientras escaneaba las dunas. —Mi muerte
sentencia la de vuestra reina. Corran la voz. —Las sombras nocturnas eran espesas, árboles
escondidos, un lago cercano... pero ningún soldados. Ahí.
Debatió sobre sus opciones: quedarse aquí y matar a los soldados que escalaran el
muro, o abrirse paso en medio del ejército e impedir que escalaran del todo, pero también
poniéndose en el punto de mira de las arqueras?
En momentos así, extrañaba a su hermano.
William se materializó a su lado, las dagas reemplazadas por espadas curvas.
Escaneó a las masas. —Oh, bien, otra fiesta de salchichas.
Ignóralo. ¿Opción A u opción B?
La lógica levantó la mano y dijo, B, por favor. Mantén alejados del muro a tantos
soldados como sea posible. Cuantos menos Walshes sean capaces de invadir el
campamento, más seguro permanecerá el clan de Gillian. Si Puck era alcanzado por las
flechas, que así fuera. Las heridas se curaban.
Ahora, ¿cómo proceder con la opción B? El parapeto era del ancho de una carretera
humana. En el otro lado, una especie de sistema de poleas. Bingo. Puck ancló un extremo
216

de la cuerda a una polea, ató el otro extremo de la cuerda alrededor de su cintura y se


abalanzó hacia adelante, cargando su arco con tres flechas a la vez. Mientras caía, soltó las
Página

flechas. El metal silbó en el aire, mezclándose con el ulular del viento. Sonaron gruñidos y
gemidos.
El aterrizaje lo sacudió, los huesos traqueteando, quizás incluso rompiéndose.
Negándose a disminuir la velocidad, colocó tres flechas más, y las disparó. Cargar,
disparar.
La magia flotaba desde los cuerpos y fluía sobre él, siendo absorbida por sus runas.
Poder, un poder tan delicioso. Echaba en falta esto.
Un nuevo coro de silbidos atravesó el aire mientras las arqueras que estaban sobre la
muralla disparaban sus flechas. Los soldados siguieron corriendo, simplemente levantando
sus escudos. Las flechas golpearon el acero, y caían al suelo, inútiles.
Una vez más, William apareció junto a Puck. —No te vas a llevar toda la gloria.
Trata de seguirme el ritmo. —Entró en acción, corriendo hacia delante para encontrarse
cara con cara con la formación.
Puck permaneció en su lugar, continuando matando a distancia, reconstruyendo su
suministro de magia. Cada vez que disparaba el arco, caían más cuerpos, más poder era
absorbido por sus runas. Llenándolo. Pronto desbordándolo
Listo. Con una fría sonrisa, levantó los brazos y empujó una violenta ola de magia a
través de sus dedos. Montículo tras montículo de arena, se agrupó a ambos lados de él,
creando una nueva pared, escudando el parapeto.
Dejó caer el arco y sacó sus espadas. Corriendo hacia adelante. Cargando.
Blandiendo y asestando golpes con sus espadas. Cabezas y miembros seccionados. Sangre
rociada. Cada gota de magia que ganaba la usaba para mantener la pared de arena en su
sitio.
Derribando un Walsh tras otro, William regresó al lado de Puck. Para su sorpresa,
trabajaron juntos en armonía, eliminando soldados mientras esquivaban flechas, mientras
los cuerpos se apilaban a su alrededor.
Las runas brillaban en las manos de William, apareciendo nuevos símbolos.
Símbolos que Puck nunca había visto antes.
—Muy bien. Ya he tenido suficiente de esto. —El Eterno Cachondo pateó a un
oponente, golpeó a otro, y luego dejó caer una espada para golpear su mano contra la de
Puck.
¡Boom!
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El poder absoluto detonó entre ellos, aplastando a todo el ejército, nadie era capaz
de huir de él. Todos los hombres cayeron, incluyendo a Puck y a William. Ni siquiera la
Página

pared de arena fue inmune; se derrumbó.


Gillian, Winter, Cameron y un puñado de otros se apresuraron a avanzar, sus armas
dispuestas.
— ¿Qué pasó? —preguntó Cameron.
Puck estaba jadeando, sus extremidades temblando. —No estoy seguro.
William dijo: —Te usé como una batería, desaté mi poder. Supongo que eso me
convierte en el jugador más valioso de la noche.
Viendo el mar carmesí y los cuerpos sin movimiento, Gillian frunció el ceño. —
Acaparaste nuestras presas, y nuestra magia. La magia que necesitábamos. —La hostilidad
salió disparada de ella, cargando el aire. —Actuaste en contra de mis órdenes y le robaste a
mi gente.
—Cálmate, Gillian, —le suplicó Winter. —Los chicos no querían cobrarse a
nuestras presas, estoy segura. O algo segura. Probablemente se disculparán. ¿Verdad, Puck?
La confusión lo mantuvo callado. Los ojos oscuros de Gillian brillaban como ónix
pulido, sus pupilas dilatadas. Gruñidos similares a los de un animal retumbaban en su
garganta mientras ella cerraba sus manos en puños y separaba sus piernas.
Acababa de adoptar una postura de batalla.
—No dejes salir a tu Hulk. —Cameron agarró un par de hachas y ahuyentó al resto
de su audiencia. —No quiero amputarte las manos otra vez.
Los Shawazons huyeron como si sus vidas dependieran de ello.
Su Hulk interno. Entonces, la rabia amenazaba con dominarla. Pero esto no era una
pequeña rabieta como él había supuesto. En las cartas, ella afirmaba que había perdido el
control de sus acciones e hizo cosas de las que luego se arrepintió.
Entonces, el resto de las palabras de Cameron se registraron. — ¿Le amputaste las
manos? —preguntó, su tono tranquilo pero letal.
— ¿Gilly? —William dijo frunciendo el ceño. — ¿Qué...?
Con un chillido, levantó dos cadáveres como si no pesasen nada y los arrojó contra
el macho.
Puck se puso en pie con la intención de correr hacia su mujer, pero Winter se le
acercó y lo detuvo. —No lo hagas. Perderás un brazo. O más. No puedes detenerla. Nadie
puede. Todo lo que podemos hacer es dejar que la rabia se apague.
William no prestó atención a la advertencia y corrió hacia ella, alcanzando a Gillian.
Yyyyy, sí, le arrancó el brazo.
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Gritó de dolor mientras la sangre brotaba de la herida abierta.


De acuerdo. De ahora en adelante, Puck no tendría que fingir que admiraba su
Página

habilidad en la batalla. La mujer podía defenderse, contra cualquiera.


En sólo unos segundos, a William le volvió a crecer otro brazo. La regeneración
más rápida que Puck jamás había visto. Pero el macho no se acercó a Gillian de nuevo. Con
los ojos exorbitados, se alejó de ella.
¿Qué había reducido a la pequeña a tal estado? La rabia, tan fuera de control como
estaba, no podía originarse dentro de ella.
El día que Puck y Gillian se unieron, pensó que había sentido fluir cierta emoción
entre ellos. ¿Le habría dado, de alguna manera, la rabia que había mantenido enterrada a lo
largo de los siglos?
La culpa cortó sus entrañas en confeti, e Indiferencia se dio un festín con los restos.
No había forma de que Puck se mantuviera alejado. Tenía que ayudarla.
Al acercarse, un cuerpo planeó sobre su cabeza, luego otro y otro. —No voy a
hacerte daño, esposa.
Por mucho que Puck disfrutara viendo al otro hombre hecho jirones, prefería ver a
su mujer sonreír mañana. La violencia no era su opción predeterminada, y seguramente se
castigaría a sí misma por hacerle daño al bastardo.
Más cuerpos. Uno golpeó contra su pecho, empujándolo unos pasos hacia atrás. De
acuerdo, entonces. Lento y fácil había fallado. Tendría que entrar con fuerza y rápido.
Tomó velocidad y se zambulló, tirándola al suelo. En vez de girarse para recibir la
mayor parte del impacto él mismo, la obligó a golpear el suelo primero, y permitió que su
peso cayera sobre ella. Cruel pero necesario. El aire fue expulsado de sus pulmones y su
cráneo rebotó en la arena, debilitándola. ¿Dejándola inconsciente?
No habría tal suerte. Como un gato salvaje, le arañó en la espalda y le rompió la
camisa. Gillian incluso hundió sus dientes en su garganta en un claro intento de arrancarle
la tráquea. El dolor lo abrasó. Lo que sea. Con magia, hizo que brotaran espinosas
enredaderas de la arena, que le envolvieron el cuello a Gillian, las muñecas y los tobillos, y
la sostuvieron en su lugar.
Él levantó la cabeza, gruñó. Los dientes de ella se aferraron a su carne tanto como
pudieron.
—Basta, —ordenó.
Gillian siguió luchando, una de las espinas le atravesó la muñeca y salió por el otro
219

lado. Mientras ríos carmesí serpenteaban por su antebrazo, el estómago de Puck se retorcía.
Lucharía hasta desangrarse, ¿verdad?
Página

Mi valiente y hermosa chica. —Gillian, —dijo con voz ronca. Sangre caliente brotó
de la herida de su cuello y goteó sobre la cara de ella.
Esa visión rompió algo en él. ¿Un corazón que él pensaba que Sin había destruido
hace mucho tiempo?
¿Cómo podría ayudarla? No quería usar el hielo, como había hecho a menudo con
Cameron y Winter las veces que sus demonios se habían apoderado de ellos. ¿Y si Gillian
nunca se derretía?
¿Ver cómo muere el fuego en sus ojos? ¡Nunca!
Cuando ella intentó corcovear, indiferente mientras las espinas cortaban su
vulnerable cuello, él se estremeció. Bueno. No había otra opción. Debía hacer algo antes
de que se decapitara a sí misma.
Serás tan cuidadoso. Se puso a horcajadas sobre su cintura, acunó su cara con sus
grandes y ensangrentadas manos y se concentró interiormente en el demonio, y luego en su
vínculo, el lugar de la ira de Gillian. Oh, sí. Él tenía la culpa.
Con el más mínimo indicio de magia, Puck invocó el hielo mientras golpeaba con
dedos mentales su vínculo, como si estuviera tocando un arpa. Donde tocaba, el fuego
moría y el hielo se extendía
Debajo de él, los movimientos de Gillian se ralentizaron, y luego cesaron por
completo. Medio temeroso de lo que encontraría, abrió los ojos para mirarla. Ella yacía
sobre la arena, jadeando, estudiándolo también. Sus ojos estaban apagados, sin ningún
indicio de llamas.
Se tragó un grito de negación, uno para rivalizar con Indiferencia.
— ¿Qué me has hecho? —preguntó ella, y la monotonía de su tono le hizo
estremecerse.
Descartó las espinas, liberándola. Ella no hizo ningún movimiento para levantarse.
—He convocado al hielo, —respondió. —Para ti.
—Soy la Mujer de Hielo, entonces.
Aye. — ¿Estás bien, muchacha?
— ¿Esto es lo que sientes cuando te enfrías? ¿Esta, nada? —Como si no le
importara lo suficiente como para esperar su respuesta, cerró los párpados y se permitió
quedarse dormida.
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Con el pecho hecho un laberinto de minas terrestres, Puck cogió en sus brazos a su
esposa dormida y se puso de pie. —Voy a atender sus heridas. Si alguien trata de
detenerme, muere.
Página
Gillian flotaba dentro y fuera de la conciencia. Más de una vez notó la caliente
manta de pieles apretada contra su costado y se frotó contra ésta. ¡Tan suave!
En diferentes momentos, voces familiares penetraron su conciencia.
Puck: Tenías miedo de ella.
William: Soy de todos los reinos, de todas las edades. Yo soy la oscuridad y la luz.
Soy un poder como nunca has conocido. No le temo a nada ni a nadie.
Puck: Afróntalo, Willy. Todavía tienes miedo.
William: ¡Estoy enojado! Si quieres tu corona, mantendrás tus manos lejos de ella
de ahora en adelante. ¿Me entiendes? Oh, y una cosa más. Si ella es indiferente cuando
despierte... ¡Más vale que no sea indiferente!
Puck: Mantener mis manos quietas nunca fue parte de nuestro trato.
La conversación se desvaneció debido a su conciencia, otra pronto tomando su
lugar.
Winter: De alguna manera hiciste lo que sólo el jarabe de cuisle mo chroidhe
puede hacer y la calmaste. Nada más ha funcionado.
Cameron: El problema es que hemos esquilmado todos los árboles.
Puck: Hay muchos-en el territorio de los Connacht.
William: Quizás, cuando llegue el momento, me casaré con ella en el territorio de
los Connacht. Puedes servir como testigo, Pucker.
¿Había pasado de acostarse juntos a casarse? Suspiro.
Gillian no tenía ni idea de cuánto tiempo pasó antes de abrir los ojos, los recuerdos
de la batalla la inundaban. Oh... mierda. Le había hecho daño a William, luego a Puck, y
luego se enredó con el hielo de Puck.
Su ira había desaparecido. Cada emoción había desaparecido. No le había
importado nada ni nadie. Incluso la idea de morir era bah. También lo era la idea de vivir.
221

¿Herir a la gente que ella amaba? Ve a por ello.


Página

La fuerza que Puck ejerció para proteger sin causar daños colaterales
generalizados... ¡increíbles! Su admiración por él se disparó. Era un guerrero de guerreros.
Y sí, ella quería abrazarlo, besarlo y lamerlo por todas partes, lo que significaba que el
hielo dentro de ella ya se había derretido.
Diferentes emociones la inundaron. ¿Al frente? Consternación. Ésta hacía rebotar su
corazón contra sus costillas. ¿Qué tipo de daño colateral había causado?
Sentándose, hizo un balance. Estaba en su loft, en su propia cama, sola e ilesa,
vistiendo ropa limpia. Sin pañuelo en la cabeza. Voces apagadas se escuchaban desde
abajo...
Se dirigió al primer piso. Puck estaba parado al lado de Peanut, dando de comer a su
mascota una manzana. Mi familia...
Rebote, rebote. Y no a causa de la consternación esta vez.
Puck se había bañado, cambiado y recogido su cabello húmedo en una cola de
caballo al estilo de un guerrero, con menos cuchillas de afeitar de lo normal colgando de las
puntas. Se veía impecable y de otro mundo, tan masculino que le prendió fuego a cada uno
de sus instintos femeninos.
Se veía como un hogar.
¡Uau! ¿Un hogar? Ella no acababa de pensar eso. Habían hecho el tonto una vez, y
con suerte pronto irían a por una segunda ronda. Porque sí, ella anhelaba otro orgasmo y
anhelaba ser testigo—y causar—el de él. Pero no podía olvidar su tendencia a enfriarse y
dejarla de lado después. O que planeaba dejarla.
¿Pensaría en ella de nuevo alguna vez? Tal vez no. Hasta ahora, ella no había
comprendido del todo la amplitud de su apatía. Al estar hueca, completamente desprovista
de emociones, no se había sentido como un ser vivo, sino más inferior que un animal.
No hay final feliz para ti, Gillian Connacht.
Se mordió la lengua hasta que probó el fuerte sabor a cobre de su sangre. ¡Oráculos
estúpidos! Claro, los finales felices no se regalaban, pero ella lucharía con uñas y dientes
por los suyos. Ayudaría a Puck y a William a hacer lo suyo, incluso aceptaría el divorcio.
Mientras aprendía cómo se sentía vivir sin un vínculo, gobernaría a los Shawazon y
empezaría a tener citas, tal como ella esperaba.
La idea no era repugnante. O excitante.
¿Por qué me siento como si me dirigiera a mi ejecución?
William estaba tumbado sobre el sofá, un hombre de ocio. —Noté que Gillian no
usa tu anillo, Pucker. Pero claro, ya le diste uno, ¿no? Quinientos años de sufrimiento.
222

Puck se puso rígido. —Es curioso, cuando la tuve en mis brazos, no fue tu nombre
el que gritó.
Página

Ahora William se puso rígido.


Querido Señor. —Pensé que ustedes dos se iban a besar y hacer las paces.
Al mismo tiempo, los tres machos se concentraron en ella. William se calmó, en
silencio, mirándola con algo parecido a sospecha. Peanut trotó para golpearla con su
hocico, como para decirle, No puedes hacer nada malo, mamá.
Puck.... Oh, Dios. Sus oscuros ojos la devoraban.
¡No reacciones! —Dejé salir a Hulk, —dijo, moviéndose de un pie al otro para
aliviar el repentino dolor entre sus piernas. —Lo siento mucho, William. Y sé que eso no es
suficiente. ¿Pero cómo se supone que voy a expiar el que te haya arrancado el brazo? ¿Una
canasta de frutas? ¿Un abrazo? ¿Ofrecerme a pagarte cien años de terapia? Di que me
perdonas. ¡Por favor! Porque, cuando digo que lo siento, soy cien por ciento sincera. Lo
digo en serio.
—Muñeca, no puedo...
— ¿No puedes perdonarla? —Puck lo interrumpió, y ella pensó que había
vislumbrado un brillo burlón en sus ojos. —No estás siendo razonable, Hombre Cachondo.
Dijo que lo sentía y era sincera.
William se puso tenso lleno de agresividad, listo para atacar. — ¿Es así como va a
ser? Si quieres jugar, Pucker, jugaremos.
—¡No! —Gillian apretó las manos, a modo de súplica. —Nada de jugar, o de
pelear. William, tu regalo para mí -tu pago para permitirme perdonarme- es besarte y hacer
las paces con Puck. ¿No? ¿Demasiado pronto? Vale, bueno, quizás deberían mantenerse
alejados de mí. ¿Y si te arranco la cabeza la próxima vez? ¿Y si te mato?
Su amigo le ofreció una sonrisa a modo de regañina. —No puedo estar enfadado
contigo. Estás perdonada, y simplemente te daré las gracias porque me lo permitas. Pero tus
preocupaciones son infundadas. Soy demasiado fuerte, demasiado rápido.
¡Argh! ¿Tomaría alguna vez en serio sus habilidades? —Sí, ¿pero y si no lo eres?
No fuiste lo suficientemente fuerte o rápido para evitar la amputación de tu brazo.
Abrió dos brazos perfectos, en plan soy el último hombre cuerdo del universo. —
Me pillaste... por sorpresa. La próxima vez estaré preparado.
—Qué tal esto, —dijo Puck, como si su pregunta fuera totalmente lógica y ella fuera
inteligente al preguntar. —Le arrancaré las extremidades a William en cualquier momento
al azar. De esa manera, no serás la única en causarle dolor. Compartiremos la
responsabilidad por igual.
223

—Esa es una oferta muy dulce, —contestó ella, su mano revoloteando sobre su
corazón. —Gracias.
Página

— ¿Dulce? —Gritó William.


—Pero, —añadió ella, — ¿qué pasa si te arranco los brazos a ti? Tal vez debería...
— ¿Quedarse atrás? Excelente idea. —William asintió.
—…cumplir la misión yo sola, —terminó frunciendo el ceño. ¿Quería dejarla atrás?
—Si me arrancas los brazos, —dijo Puck—, tienes que alimentarme a mano hasta
que vuelvan a crecer.
¿Por qué, por qué, por qué le gustó mucho más su respuesta que la de William? —
Trato hecho.
— ¿Con qué frecuencia ocurren los Hulk-arrebatos?
—Una o dos veces al mes.
—Entonces yo soy el que te debe una disculpa, —dijo, mirando hacia otro lado. —
Yo tengo la culpa de tu ira. Las emociones que entierro viajan a través de nuestro vínculo, y
tú eres la única forzada a lidiar con ellas.
¡Amigo! ¿En serio? ¿La rabia pertenecía a Puck? Bueno, eso no tenía sentido.
El tipo, o bien sentía demasiado o nada en absoluto. Qué existencia tan terrible.
—Muy bien. Basta de charla. —William cogió un montón de camisetas dobladas y
se puso de pie. —Tenemos una misión que cumplir. Te alegrará saber que me tomé la
libertad de hacer uniformes de equipo. —Sonriendo, se dirigió hacia ella.
Peanut le siseó, una clara advertencia de que se mantuviera alejado.
William puso los ojos en blanco y le arrojó una camiseta a Gillian. En el frente,
había impreso extraordinariamente la cara de Puck dentro de un círculo. La leyenda decía:
“No Temo a Ninguna Cabra”.
Luego, le tiró una camisa a Puck. —No hace falta que me lo agradezcas. Sé que te
encanta.
Puck le ofreció su patentada sonrisa fría. — ¿Mi imagen anidada contra los pechos
de Gillian? Te lo agradezco, Willy.
Con las fosas nasales ensanchadas, William dijo apretando los dientes, —Yo. Te.
Mataré.
—Tú. Puedes. Inténtalo.
Gillian suspiró. —Nos vamos en una hora, y tengo cosas que hacer. Váyanse, los
224

dos. Prepárense.
—Cualquier cosa por ti. —William le lanzó un beso y salió a grandes zancadas.
Página

Puck se detuvo. Con los ojos encendidos, dijo: —Prepárate, porque te tendré. Me
dije a mí mismo que no te volvería a tocar porque, pase lo que pase, te dejaré ir. Le hice un
juramento a William, asegurándome de ello.
Sus palabras no deberían dolerle. Pero... ouch.
—Pero, —continuó—, fallé en mi empeño de mantenerme alejado ayer y hoy. Te
tengo por poco tiempo, y voy a disfrutar de ti mientras pueda. Felicidades, muchacha. Me
has derrotado.

225
Página
Capítulo 25

Debes prepararte, porque te tendré.


Voy a disfrutar de ti mientras pueda.
Las palabras de Puck resonaban dentro de la cabeza de Gillian, a veces en
repetición, a veces entremezcladas mientras cabalgaba a Peanut por la arena. Sus piernas
más cortas le hacían más lento que otras quimeras, sus pasos más agitados. Para
consternación de William, ella usó la camiseta de cabra como amortiguación para su trasero
cada vez más dolorido.
En un momento ella se emocionó con el anuncio de Puck, tan caliente y adolorida
que pensó que podría morirse sin su toque. Al siguiente se tambaleaba, tan confundida que
pensó que podría sollozar.
¿Debería resistirse a él? ¿O simplemente rendirse?
Felicitaciones, muchacha. Me has derrotado.
No había sonado muy contento. Pero claro, ¿cuándo había sonado feliz? Por otro
lado, o tal vez simultáneamente, había sonado resentido.
Gillian se había casado con él con una sola tarea en mente: hacerle sentir algún tipo
de emoción. No sabía que llegaría a anhelar su toque más que cualquier otra cosa. Ahora,
ella deseaba poder hacerle sentir deseo, deseo mezclado con afecto.
La tolerancia a regañadientes no sería, bueno, tolerada.
226

Se preparó para un plan de acción mientras su grupo de cinco viajaba, jugando al


tira y afloja mental. Qué hacer, qué hacer. ¿Dejarlo ir? ¿Luchar por él? ¿Tomar lo que ella
Página

pudiera tomar, mientras pudiera, como él esperaba hacer?


—Odio el comienzo de un viaje, —dijo Winter, sacándola de sus pensamientos. —
Y el final. Y todo lo que sucede en medio.
—Pero te encanta quejarte de los viajes, —bromeó Cameron—, por lo que el resto
de nosotros tenemos eso que esperar.
—Eso es verdad. —Winter suspiró, de mala gana. —¡Genial! Hay una ventaja para
todos menos para mí.
Al igual que Winter, William también mantuvo un flujo constante de quejas:
Los soles me odian.
Muñeca, ¿puedes hacerme un favor y animar un poco el paso de tu perro sarnoso?
Y no, no estoy hablando de Peanut.
Olvidé traer un tratamiento de acondicionamiento profundo para mi cabello. Si
desarrollo puntas abiertas, alguien va a ser castrado; no voy a mencionar ningún nombre,
pero comienza con P, o tal vez con J, y termina con oder.
Poco después, llegaron a un pequeño campamento. Los ocupantes vieron a Gillian y
gritaron: —¡No, la Invasora de Dunas!
Reconoció sus caras en un instante. Dos hombres en su lista de los más buscados.
Abusadores conocidos.
Antes de que tuvieran tiempo de correr, antes de que alguien del grupo tuviera
tiempo de reaccionar, Gillian estaba de pie, espada en mano, haciendo justicia.
Las cabezas rodaron, y la magia la llenó.
William le frunció el ceño. —Mi muñequita necesita ser más cuidadosa. ¿Y si se
hubieran defendido?
¿Muñequita? Él siempre la vería de esa manera, ¿no?
—Buena caza. —Puck asintió con la cabeza, pero evitó mirarla fijamente, como si
supiera que la tensión entre ellos finalmente llegaría a un punto de ebullición.
En un esfuerzo por distraer a todo el mundo con una conversación, volvió a montar
a Peanut y trotó hacia adelante, diciendo: —¿Cómo llaman a sus quimeras?
—Los animales mueren antes que los inmortales, —dijo William. —Mejor no hacer
amistad con ellos.
Winter le frunció el ceño. — ¿Por qué le pondría nombre a una humilde quimera?
227

Cameron miró al cielo. — ¿Cuántas nubes? ¡Debo saberlo!


—No importa, —dijo Puck encogiéndose de hombros.
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¡Inaceptable! —No importa es un nombre horrible. Puck, tú llamarás a la tuya


Walnut . William, la tuya es Pistachio. Cameron, la tuya es Almond15. Winter, la tuya es
14

14Nuez, en inglés.
Pecan16. —Gillian se acercó para acariciar a Peanut detrás de la oreja. —Serán nuestras
pequeñas nueces trabajadoras.
No hubo respuesta. Bien. Sin respuesta no había objeción.
Finalmente, justo antes del anochecer, llegaron a su destino: la entrada al laberinto
de Sin. Una niebla oscura se agitaba donde terminaba la arena y empezaba un bosque
espeluznante. En lugar de entrar, acamparon en un pequeño oasis fluvial cercano. Entrarían
al amanecer.
— ¿Crees que Sin tiene hombres esperando dentro? —Preguntó Winter. —Podrían
salir e intentar matarnos antes de que podamos entrar.
—O advertir a Sin de nuestra llegada, —dijo Cameron. — ¡Deberíamos... oh, mira,
otra nube!
—Me sentirá en cuanto llegue al territorio Connacht, —contestó Puck. —Si tiene
hombres cerca... —Se encogió de hombros. —Que vengan.
William desmontó, su mirada caliente sobre Gillian. — ¿Cómo está tu nivel de
rabia?
—Bien, —murmuró. ¿No debería Puck preguntar por sus niveles de excitación?
Siempre un caballero, William se ofreció para establecer un campamento para ella
mientras ésta se ocupaba de cualquier necesidad personal.
Gillian aceptó, agradecida, y llevó a Peanut a una buena distancia, hasta la orilla del
agua, donde lo alimentó y cepilló. Cuando él estaba descansando cómodamente sobre una
cama de pieles, ella agarró una pastilla de jabón de su mochila, se dirigió detrás de un
matorral de árboles, se desnudó y entró en el estanque.
Una vez limpia, se puso un cómodo vestido hecho de pañuelos. Un regalo de una de
las mujeres que había salvado. Mientras escurría el agua de su pelo, un ligero golpeteo de
pasos captó su atención.
Alguien se acercaba, y llevaba consigo un leve olor a bosque. En sus venas, el
reconocimiento burbujeó como el champán.
—Traje la cena. —El barítono ronco de Puck le acarició los oídos.
No había pasado suficiente tiempo para ningún tipo de cacería, lo que significaba
228
que Puck lo había planeado con antelación. ¿Cuidando de mí, a pesar de que dice que no le
importó?
Página

Aunque su corazón se aceleró, Gillian se volvió lentamente... y se encontró cara a


cara con el objeto de su fascinación. La luz de la luna acentuaba la trágica belleza de un

15Almendra, en inglés.
16Nuez pecán o pacana.
rostro esculpido por la crueldad, sin ningún indicio de calidez o suavidad. No esta noche, al
menos. Al igual que ella, se había dado un baño, dejando su pelo mojado. Dónde se había
bañado, no lo sabía, ya que no había otro depósito de agua cerca—que supiera. No llevaba
camisa, el cuerpo de su guerrero era una revelación de fuerza y tendones. Esta noche, el
tatuaje de la mariposa corría desde un lado de la caja torácica hasta el otro, extendiéndose
sobre su ombligo y a lo largo de su goloso rastro de vello abdominal, desapareciendo bajo
la cintura de sus pieles de oveja. Se le hizo la boca agua por saborearlo.
Incluso el tatuaje del ave fuera de los límites le atraía. El que no se le permitía tocar.
¿Tendría alguna objeción a que se lo lamiera?
¿De verdad había pasado el día sin saber si debía rechazarlo o no? La respuesta era
tan clara ahora.
Lo tendré mientras pueda.
¿Pero qué podrían hacer esta noche? Pronto, los otros se dirigían al río, esperando
bañarse. No era como si Gillian pudiera colgar un calcetín en la rama de un árbol como
señal para mantenerse alejados. ¿Cómo reaccionaría William ante eso? ¿Y qué hay de
cualquier amenaza que pueda acechar por los alrededores?
Espera. Puck todavía la miraba, expectante. Había hecho un comentario sobre... oh,
sí. —Cena. Gracias, —dijo ella.
Le entregó una pequeña bolsa de bayas y nueces. —Vamos. Comeremos juntos. —
¡Como en una cita! Gillian lo llevó al lecho que había preparado para Peanut. Su mascota
estaba demasiado cansada para moverse, y mucho menos para abrir los ojos.
Puck se relajó a su lado, observando cómo se metía una baya roja en la boca. Sus
pupilas se extendieron sobre su iris como una especie de eclipse solar erótico mientras ella
gemía con deleite y saboreaba el dulce jugo mojando su garganta reseca.
—Lo hiciste bien hoy, —graznó él.
—Gracias. —Arqueó una ceja. —Estamos hablando de la matanza que cometí,
¿verdad?
Las comisuras de su boca se crisparon, haciendo que su corazón revolotease. —
Hablo de la forma en que montaste tu quimera sin quejarte.
Ella resopló. — ¿Me van a dar un trofeo?
229

—Sí. Así es. Tengo tu trofeo... en mis pantalones.


Página

Puck, haciendo bromas e insinuaciones.... No abaniques tus mejillas


sobrecalentadas. Sólo los alentaría a ambos en un momento en que no debería alentar a
ninguno de los dos.
Aunque, ella realmente quería su trofeo.
¡Todavía no! —Hoy no ganas ningún premio. Si no estabas lanzándole pullas a
William, estabas echando humo guardando silencio en desaprobación.
—Lo odio. Es tan malo como Sin ¿Qué ves en él?
Fácil. —Afecto. Diversión. Apoyo. —Para ser justos, preferiría ver esas cosas en
ti.
—Tengo algo para ti. —Metió la mano en su bolsillo y sacó... un anillo.
¡Un intercambio de regalos! Sólo que… ella no tenía nada para él.
—Este es tu anillo de bodas.
Su corazón se estremeció al aceptar la brillante alianza. O al intentarlo. Él agarró su
mano y deslizó el metal sobre su dedo. Un ajuste perfecto.
—Oro puro de Amaranthia, —le dijo.
Traducción: invaluable. Fragmentos de arco iris brillaban dentro de tonos ámbar
pálido. —Gracias. —Ella sabía que el comentario de William sobre el “sufrimiento” había
alentado este regalo, pero lo apreciaba de todos modos. Una marca de la posesión de Puck,
para advertir a otros machos.
—Pero yo no tengo nada para ti, —dijo.
—No necesito nada, no quiero nada.
Qué triste, pero también inexacto. —Quieres tanto la corona de tu hermano que te
uniste a una extraña e hiciste tratos con un diablo.
—Mi corona, —la interrumpió. —Sólo mía.
—Correcto. —Ella le ofreció una baya. Después de que él la rechazó, Gillian le
dijo: —Entonces, ¿qué hizo él exactamente para ganar su inminente condena? Sé que te
traicionó, te dio el demonio, bla, bla, bla, bla, pero tiene que haber más. Y tienes que
decírmelo, puesto que has tenido los dedos dentro de mí y todo eso.
Con la mirada repentinamente resplandeciente, se frotó una mano por su hinchada
longitud. Ella lo miraba, fascinada. Luego se dio cuenta de que prácticamente se estaba
masturbando ante sus ojos—sí, sí, continúa—Puck se detuvo y agarró en su puño el lecho
que tenía debajo.
Ella se tragó un gemido de decepción.
230

—No te preocupes. Tendré mis dedos dentro de ti otra vez, muchacha. Pronto. Junto
con otras partes de mí. Pero no aquí, no ahora. Tu placer es mío para disfrutar. Sólo mío.
Página

Especialmente nuestra primera vez. Especialmente tu primera vez.


Sus instintos femeninos coreaban. Era tan carnalmente masculino. —Pero he
estado...
—No, no lo has hecho, —dijo negando con la cabeza.
Querido hombre. Hermosa bestia.
—En cuanto a la profecía, los Oráculos predijeron que un hermano mataría al otro y
uniría a los clanes con una reina amorosa a su lado. Tanto Sin como yo juramos que nunca
nos casaríamos. En cambio, gobernaríamos codo con codo con idéntico control. No sé
cuándo empezó a conspirar contra mí, sólo sé que tu amiga Keeleycael le dio un joyero que
contenía a Indiferencia.
— ¿Pero por qué?
—Según Hades, ella tomó medidas para asegurar la supervivencia de William.
Las piezas del rompecabezas encajaron en su sitio, una tras otra, dejando a Gillian
mareada por la sospechas. Si Puck no hubiera sido poseído, nunca habría necesitado a
William. O a Gillian. Lo más probable es que Keeley nunca le hubiera dado a Gillian una
poción para hacerla inmortal, y su matrimonio habría sido un fracaso. Ella nunca se habría
aventurado en Amaranthia o habría aprendido a usar magia. O nunca se habría enfrentado a
sus miedos y vivido su sueño.
Me habría perdido todas las cosas buenas de la vida.
Pero, oh, Puck podría no entender eso si se lo dijera, —Supongo que le debo a tu
hermano una deuda de gratitud. —Se comió otra baya, usando el tiempo para pensar en sus
próximas palabras. —Antes de la traición de Sin, ¿lo amabas?
—Más de lo que jamás he amado a nadie. Incluyéndome a mí mismo, —dijo él. Y
fue extraño, escuchar palabras tan sinceras sin una pizca de emoción. —Ahora, por mucho
que quiera proteger a mi pueblo y a mi reino de él, quiero verlo sufrir.
Pensativa, se golpeó el mentón con un dedo. —Si casarse con una mujer amorosa es
todo lo que Sin necesita hacer para iniciar la profecía y asegurarse de que tú seas el
hermano que muere, ¿por qué no se ha casado con la princesa todavía? ¿A menos que ella
no lo ame? —Ese era ciertamente el problema en el caso de Puck y Gillian, ¿no? —Uno
pensaría que tendría motivación extra ya que tú ya te has casado.
—Tengo una esposa, pero no una que me ame, —dijo, poniendo voz al pensamiento
de Gillian. —Y nosotros no iniciamos una profecía. Ella nos pone en marcha a nosotros.
— ¿Estás seguro de eso? Nunca habrías actuado contra Sin si él no hubiera actuado
231

primero contra ti.


—Nunca habría actuado en mi contra si no hubiera sabido el destino que nos
Página

esperaba.
Tal vez sí, tal vez no. —Si no lo has adivinado, no soy la mayor partidaria de las
cosas predestinadas.
—No creo que el destino juegue un papel en todo, sólo en ciertas cosas.
—Ciertas cosas... ¿cómo el matrimonio y la muerte?
—No. Porque los errores en las relaciones se cometen todo el tiempo. Algunas
muertes son prematuras. —Puck frunció el ceño. —Dime. ¿Qué consideras más poderoso,
el amor o el odio?
—El amor, absolutamente. ¿Pero qué tiene que ver eso con nada de esto?
—Creo que el destino nos conduce al amor, siempre, pero la gente no siempre
coopera. Libre albedrío. Odio. Maldad. Cualquiera que sea la razón. Pero estoy dispuesto a
luchar por el fin deseado, razón por la cual creo que el destino se saldrá con la suya en
Amaranthia. William destronará a Sin a mi orden, y te liberará. Yo encontraré a mi amada
reina, mataré a mi hermano y uniré a los clanes, salvando todo lo que una vez amé.
Buen punto. Quizás Gillian necesitaba seguir casada con Puck para salvar a los
Shawazon. —Podrías divorciarte de mí para cumplir los requisitos de tu voto a William... y
luego volver a casarte conmigo. Podría ayudarte con tus metas.
—No reúnes el único requisito, ¿recuerdas? —Frunció el ceño, enseñó sus rectos
dientes blancos y se agarró las rodillas, sus garras clavándose lo suficientemente hondo
como para hacerse sangre. ¿Para detenerse a sí mismo de alcanzarla? —Tú no me amas.
Podrías incluso despreciarme una vez que nuestro vínculo sea disuelto.
Pero, ¿y si ella se enamoraba de él? No era imposible.
Giró la alianza sobre su dedo, aún no acostumbrada a su peso. ¿Podría Puck amarla
alguna vez? ¿La despreciaría en el momento en que se disolviera el vínculo? ¿Podría ella
realmente ayudarlo a unir los clanes después de haber causado tanta confusión?
¿Y si la profecía sobre su vida se hiciera realidad, desarrollándose exactamente
como se predijo? Gillian se vería forzada a mirar más de cerca su profecía. Matar los
sueños de su hombre...sin un final feliz....
¿Era ese el destino que ella quería para Puck?
— ¿Quieres que me enamore de ti? —preguntó Gillian finalmente, su tono suave,
casi suplicando.
—Quiero... no, —dijo. Gruñó, en realidad. Negó con la cabeza, inflexible. —No
quiero que me ames.
232

Lo decía en serio. En sus oscuros ojos, los puntitos de luz brillaban con una
resolución inextricable. Y no estaba molesta. Nop. Ni siquiera un poco. El amor sólo
Página

complicaría su acuerdo.
Correrse, y correrse… usar y tirar.
—Bien, —dijo ella, toda una bravuconada. —Porque esta reina no quiere cargar con
un rey mandón e insensible.
No reaccionó.
¡Aún mejor! Se aclaró la garganta y volvió a su tema original. —Así que, ¿por qué
Sin, no te mató cuando tuvo la oportunidad? ¿Por qué tomarse la molestia de infectarte con
Indiferencia y dejarte ir? A menos que te amara también, y esperara encontrar una forma de
vencer la profecía y mantenerlos a ambos vivos.
—Eligió el camino equivocado.
Cierto.
Apoyado contra el árbol que tenía detrás, Puck cruzó los brazos sobre su pecho. —
Ayer dijiste que... que me encontrabas atractivo. Hermoso, incluso. ¿No te importan los
cuernos y las pezuñas?
Si él no quería su amor — ¿por qué no quiere mi amor? — ¿por qué importaba su
opinión?
Si ella se lo preguntaba, él podría irse enfadado. Así que decidió tomar un camino
diferente, e hizo un gesto hacia los cuernos con una inclinación de la barbilla. — ¿Puedo?
Sus ojos se abrieron de par en par, se puso de rodillas e inclinó la cabeza.
Pequeños temblores pasaron a través de sus miembros mientras ella se acercaba a él,
también se puso de rodillas, y pasó la punta de un dedo desde la punta hasta la base, a lo
largo de uno de los cuernos. Cálido y duro como el titanio. Capas de marfil superpuestas,
formando múltiples anillos. Marfil, o de lo que fuera que estuviera hecha la protuberancia.
Al primer contacto, él se puso rígido. Entonces gimió.
Gillian se quedó inmóvil como una estatua. — ¿Te he hecho daño?
—¡No! No te detengas. Por favor.
¿Por esto, suplica? Su desesperación convocó a la de ella, y ésta envolvió una mano
alrededor de la base de cada cuerno y apretó.
Él inhaló, como si ella acabara de apretar un apéndice diferente. —Nunca me han
gustado estos cuernos. Ahora mismo, no estoy seguro de poder separarme de ellos.
Sangre, calentándose. — ¿Nunca nadie te los ha tocado?
233

—No estoy seguro. Nunca me importó decir sí o no, o recordar.


Página

Hirviendo a fuego lento. Su vientre tembló, y un dolor se encendió en sus pechos,


acabando por fruncirle los pezones... pezones actualmente a la altura de los ojos de Puck.
El dolor se extendió rápidamente al ápice entre sus muslos.
Hirviendo ahora, a punto de alcanzar un punto sin retorno.
Gillian lo soltó y regresó a su pose anterior. Él levantó lentamente la cabeza, sus
ojos de medianoche brillaban con todas esas estrellas, casi como si las runas corrieran por
sus iris además de por sus manos. El aire entre ellos crepitaba de conciencia, calor y
agresividad.
No puedo tenerlo. Ni aquí ni ahora. ¡Distracción! — ¿Cómo eras antes de tu
posesión? —se las arregló para decir con voz grave.
— ¿Por qué importa? —Se sentó. —Ya no soy ese hombre.
—Compláceme, entonces.
Se encogió de hombros y dijo: —Yo era conocido como el Invicto. Si entraba en
una guerra, la ganaba. Siempre. —Una pizca de orgullo se superponía a sus palabras. —Sin
planeaba las batallas, y yo las combatía.
La victoria le importaba, incluso ahora. El hecho de que Sin lo hubiera
traicionado—lo hubiera derrotado—debía hacer que su odio por el hombre fuese mucho
peor.
Felicitaciones, muchacha. Me has derrotado.
¿También estaría resentido con Gillian?
—Nací con la capacidad de transformarme en cualquier persona en cualquier
momento, sin necesidad de magia, —continuó. —No tenía un establo, pero me aseguré de
que la mujer que tuviera en mi cama estuviera satisfecha.
— ¿Presumiendo ahora? No es necesario. Cariño, tengo experiencia de primera
mano acerca de tu destreza sensual, ¿recuerdas?

234
Página
Capítulo 26

Puck se tambaleó, casi sin hacer nada. Gillian había manejado sus cuernos. Por
segunda vez en dos días, casi se había corrido en sus pantalones como un niño pequeño.
Ahora ella habló de su “destreza sensual” como si fuera a morirse sin saber más.
La anticipación se apoderó de él y pensó: haré cualquier cosa, incluso me alejaré
de Amaranthia para siempre, para sentir de nuevo la sensación de sus suaves manos en
mis cuernos, escuchar su voz llena de placer gritando mí nombre cuando se corre.
¡Tonto! Deseó no haber conocido nunca el arrebato de tener sus manos sobre él. Del
tipo que nunca pensó posible. La pasión lo había gobernado. Una mujer lo había poseído.
Pero Puck no era su dueño. Había sido tan arrogante al pensar que podía adicionar a
Gillian a su toque, hacer que lo anhelara para siempre. Las garras de William estaban
incrustadas demasiado profundamente en su corazón. William, quien le dio cariño y se
divirtió con ella, quien de alguna manera la hizo sentir apoyada.
Al menos, solía hacerlo. ¿Tal vez sus sentimientos por el macho provenían del
pasado?
De cualquier manera, la envidia bullía dentro de Puck, un monstruo más poderoso
que Indiferencia. Cada célula de su cuerpo gritaba junto a los gemidos constantes del
demonio: gánala del otro macho.
Él no le había dado una sola consideración a sus reglas, solo había pensado en ella.
Él se estaba enamorando de ella, duro y rápido. ¿Y qué pasaba cuando te enamorabas? Te
235

estrellabas, y te herías. No te alejes, ni te arrastres.


¿Quieres que te ame? Su pregunta aún lo atormentaba. Él había dicho que no, y lo
Página

había dicho en serio. En el momento en que usara las tijeras, sus sentimientos por William
regresarían. Puck sabía esto más allá de cualquier duda. Si él tuviera su corazón, solo para
perderlo...
Él jugó su juego: ¿y si?
¿Y si ella le entregaba su corazón a Puck y luego se lo llevaba? ¿Qué pasaría si le
entregaba su corazón a Puck, pero lo dejaba en sus manos? ¿Qué haría él entonces?
¿A qué renunciaría por esta mujer?
¿Debería caminar hacia la espada o continuar caminando alrededor de ella?
Él escupió una maldición. ¿Por qué estaba siquiera contemplando esto? La respuesta
era simple. Caminar alrededor de ella. Siempre alrededor. Él se conformaría con su cuerpo,
como estaba planeado, y experimentaría la satisfacción que pudiera ofrecerle. Nada más.
—Me contaste sobre el Puck adulto, —dijo, ajena a su confusión—, pero no sobre
el bebé Puck.
Despiadadamente, desvió sus pensamientos de amor, sexo y los diferentes futuros
posibles. —Yo era como cualquier otra persona, supongo. Comía, me meaba y lloraba. No
estoy seguro de qué más te gustaría saber.
—Solo todo. —Jugueteó con una brizna de hierba. —Mientras estabas fuera
cazando a William, noté una gran cantidad de niños soldados en el campo de batalla. ¿Qué
edad tenías cuando comenzaste a entrenar?
—Siete.
—¡Siete! —Ella farfulló por un momento. —Tan joven.
—No lo suficientemente joven, de acuerdo con mi padre. —Pero mi madre estuvo
de acuerdo contigo.
—Bien por ella, —dijo Gillian asintiendo. —Ningún hijo mío irá jamás a la batalla.
Cuán diferente habría sido su vida si hubiera tenido una campeona como Gillian.
Entonces sus palabras se registraron y dejó de respirar. Ningún hijo mío. Un niño.
Un niño de ella. Un niño de ellos.
En su mente surgió una imagen de Gillian, embarazada de su bebé. Una imagen que
no podía sacudirse.
¿Qué tipo de padre sería Puck?
Papá no está orgulloso de ti, hijo. Papá no te ama, o le importa si vives o mueres.
236

Deja de llorar antes de darte una razón para llorar.


Además, la familia te hacía vulnerable a la traición, como Sin había probado.
Página

¿Algún día Gillian se casaría con William y daría a luz a su engendro?


Mientras los celos ardían dentro de Puck, Indiferencia reaccionó como si su corazón
hubiera sido golpeado con paletas eléctricas, sacudiéndose en movimiento, merodeando a
través de su mente y aullando con... ¿dolor?
Ahora sabes cómo he sufrido, impotente para actuar, todo a tu favor, amigo.
¡Brindemos!
El tatuaje de mariposa en su pecho se deslizó sobre su piel, terminando en su
espalda.
Gillian se dio cuenta y jadeó. — ¿Está el demonio intentando debilitarte?
—Probablemente, pero está fallando. —Volviendo al tema entre manos. —Sin
comenzó a entrenar a los cinco. Aunque pudo haberse quedado con nuestra madre, eligió
acompañarme a los barracones.
—Parece un hermano genial.
Un movimiento de cabeza. —Lo era. —Lo que había empeorado su traición más
que... cualquier cosa.
— ¿Cuál es tu recuerdo favorito de él?
—Hay demasiados para nombrar.
—Elige uno, de todos modos.
Pensó por un momento, suspiró. —Unos días después de que nos llevaron a las
barracas, hice una pataleta por cómo nos trataban. No había almohadas suaves en nuestras
camas. No había bandejas de carnes alimentadas por mujeres adorables. Sin ropa limpia.
Me golpearon por mi insubordinación. A Sin, también.
—Uh, esto no suena como un recuerdo feliz.
—Estoy llegando allí, —dijo. —Paciencia, saltamontes.
— ¿Saltamontes?—Ella sonrió, y su mirada se concentró en su boca.
El hambre lo arañó, pero se obligó a seguir como si nada pasara. —Esperaba que se
quejara, que se odiara por unirse a mí. Que me odiaría más por no insistir en que se quedara
atrás. Pero me miró con asombro y dijo que yo era la persona más fuerte del mundo, que no
importaba cuántas veces me golpearan, no importaba cuántas veces cayera, volvía a
levantarme.
237

Con los ojos luminosos a la luz de la luna, ella aplanó una mano en el centro de su
pecho. —Tienes razón. Un hermoso recuerdo. Puedes odiar a tu hermano por lo que hizo,
Página

pero amas lo que solía ser.


Él se encogió de hombros.
—Qué fácil descartas lo que muchos de nosotros soñamos encontrar, —dijo ella en
voz baja. —Desearía poder decirte que la venganza es o no es dulce, y que te sentirás mejor
cuando tu hermano esté muerto. Pero los males del pasado no se borran porque la persona
responsable se haya ido.
— ¿No te sientes mejor sospechando que tus abusadores están muertos?
Una sacudida de su cabeza, oscuras trenzas bailando sobre sus pechos. —Si están
muertos, y estoy casi segura de que lo están, mi culpa y vergüenza aún no se han aliviado.
— ¿Culpa? ¿Vergüenza? No te atrevas a culparte por lo que pasó hace tantos años.
Un hombre, cualquier hombre, incluso un niño, lo sabe mejor, siempre. Ellos simplemente
eligen su placer sobre el dolor de otro.
— ¿Qué voy a sentir, entonces? Odiarlos no sirve de nada. Ciertamente no los
lastima. Peor aún, les da a mis abusadores poder sobre mis emociones, mi vida.
—Pero mírate ahora. Prosperando Una reina de fuerza y valentía. El pasado podría
haberte arrastrado por un tiempo, pero has luchado por levantarte. Y tal vez no siempre te
mantuviste de pie, tal vez te caíste una o dos veces, pero seguiste luchando. Hoy te elevas
como la espuma.
Parecía florecer con cada palabra, y alivió algo de la tensión dentro de él. —
Gracias, Puck.
Él asintió en reconocimiento.
—Háblame de tu madre, —dijo ella.
Una constatación: estaba hablando con una mujer, compartiendo su pasado,
aprendiendo más sobre ella, lo que había soñado una vez. Su deseo secreto, y era mejor de
lo que había esperado.
—Era una mujer gentil, amable con todos los que se encontraba. — Extendió la
mano para pasar las trenzas de Gillian entre sus dedos. Seda Pura. —Ella me cantaba para
dormir mientras me acariciaba la cara.
—Dijiste que era. —Ella colocó su mano sobre la suya y le ofreció un apretón
reconfortante. — ¿Ella murió?
Mal recuerdo... compañía seductora. Debería haber mantenido sus manos para sí
mismo. Ahora, él solo quería más.
238

¿Ahora?
Página

—Ella se suicidó después del nacimiento de mi única hermana, —dijo.


—Oh, Puck. Lo siento mucho.
Una punzada en su pecho, nuevos aullidos en su cabeza. —Dime más sobre ti.
¿Cualquier hermano?
Ella se estremeció, pero dijo: —Siempre quise una hermana.
—Ahora tienes una en Winter.
—Y William. Incluso Cameron.
¿Consideraba a William una hermana? Me parece feo —Estoy seguro de que a los
dos hombres les encantaría oírse comparados con una hermana.
—¡Por favor! Ambos recibirían felicitaciones por su lado femenino.
Puck cerró sus manos en puños. —No quiero hablar de ellos. —Especialmente de
William. Cómo odiaba escuchar el nombre del hombre en los labios de Gillian.
Un día, el bastardo tendría lo que Puck más quería.

—Todo bien. Cuéntame más sobre Sin. ¿Por qué no puedes tomar su corona? —
Preguntó Gillian, sintiendo un oscuro cambio en el estado de ánimo de Puck. —
Ciertamente eres lo suficientemente fuerte. Y te he visto en acción. A pesar del demonio,
eres increíblemente feroz.
Su pecho se hinchó con orgullo, y ella casi se rio. De muchas maneras, él era un
hombre típico. Orgulloso al máximo. De otras maneras, no tanto. —Soy feroz. No hay
nadie más feroz. Debería poder tomar la corona sin problemas, pero por alguna razón, no
puedo. El hombre del que ya no quiero discutir es el único capaz de la hazaña.
— ¿Los Oráculos nombraron a William, específicamente?
—Lo hicieron. Dijeron que viviría o moriría por ti.
Vive o muere. Por ella. —Lo siento, Pucky, pero nadie está muriendo por mí. —
Aunque, si William muriera en su nombre, ella conseguía ese no tan-feliz-para-siempre,
¿no? ¡Su amigo habría muerto por nada!
¿Una profecía se alimentaba de la otra?
El presentimiento la golpeó. Si alguien tuviera que morir... Ponme en el juego,
entrenador. Gillian literalmente saltaría sobre una granada por William. Su vida por la
239

suya. Por la de Puck, Winter y Cameron también. Incluso por la de Peanut. Johanna y
Rosaleen. Cualquiera de su gente, realmente.
Página

— ¿Acaso el que no debe ser nombrado preguntó por más detalles sobre tu
profecía? —Inquirió Puck.
Ella podría haber dicho: —Pensé que no querías hablar de él. —En cambio, se
abrió, como Puck había hecho con ella, y dijo la verdad. —No. Y tampoco lo he ofrecido.
—Prefieres discutir estos asuntos con tu marido, y no con otro. —Moviéndose a una
velocidad que no podía seguir, la tomó por la cintura, la levantó y la reclinó contra el árbol
una vez más, asegurándose de que se sentara a horcajadas sobre su regazo, cuerpo
presionado al ras contra el suyo. —Soy un excelente multitarea. Mientras te escucho hablar,
puedo mostrarte afecto.
—Creo que me estás mostrando lujuria, —dijo, apretando su núcleo contra su
erección. —Creo que te la estoy mostrando de vuelta.
Siseo. —Afecto y lujuria, entonces.
Corrientes eléctricas corrieron desde cada punto de contacto, solo para agruparse
entre sus muslos. Los dolores se encendieron en sus pechos, entre sus piernas, más fuertes
que nunca. El calor de su piel la atormentaba mientras los callos en sus palmas la excitaban,
una combinación letal para su resistencia.
Como si ella tuviera algún tipo de resistencia contra él.
Sus ojos se encontraron, se sostuvieron, la máscara indiferente de Puck se alejó. Él
no estaba tranquilo, ni afectado por su proximidad. Él estaba agonizante.
—Por favor escúchame cuando diga estas próximas palabras, —entonó él. —Los
Oráculos nunca han estado equivocadas.
—Te escucho. Pero hay una primera vez para todo. ¿Y qué si estamos mirando la
predicción equivocada, eh?
Él trazó la punta de un dedo a lo largo de su mandíbula, como si no pudiera tocarla.
—Preguntas qué pasa si tan a menudo. ¿Por qué encuentro este rasgo adorable en ti, e
irritante en mí?
¿La Invasora de Dunas, adorable? ¿Por qué quiero pavonearme? —Voy a adivinar
salvajemente aquí. ¿Tal vez sea porque soy adorable y tú eres irritante?
Su mirada se elevó. Ella parpadeó inocentemente, y la alegría brilló en los ojos de
él. Solo un destello, pero uno de todos modos.
—Tienes razón, —dijo. —Existe la posibilidad de que estemos mirando todo mal.
Quizás los Oráculos quisieron decir que no tendrías un final feliz con... William. —Él cerró
240

su puño alrededor de un mechón de su cabello, sin detenerse hasta que llegó a su nuca. La
presión... casi agresiva. De acuerdo, definitivamente agresiva, pero a ella le gustaba,
Página

decidió creer que temía perderla, y se agarraba con fuerza. —Quizás estás destinada a tener
un final feliz con alguien más.
Quizás Puck, el guardián de Indiferencia, se había hecho ilusiones. Ella se
emocionó. — ¿Te refieres a un final feliz con el hombre que no quiere mi amor?
—Quizás solo tenía la intención de protegerse a sí mismo cuando pronunció esas
palabras.
Ella se emocionó más. ¿Qué pasaría si pudieran hacer que esto funcionara?
Luego llegaron otras preguntas. ¿Qué si ella hiciera planes para quedarse con Puck
y pusiera en marcha su propia profecía, como lo hizo Sin? ¿Ella algún día destruiría los
sueños de Puck?
—Mira más allá del vínculo, —dijo Puck, ¿oyó anhelo en su tono? —Dime cómo te
sientes acerca de mí.
No puedo destruir sus sueños. Simplemente no puedo.
Encuentra placer, huye. Pasó sus dedos sobre la barba de su mandíbula y susurró:
—Olvidémonos de los sentimientos y el futuro y centrémonos en el placer en este
momento... —Puntuó cada palabra con un balanceo de sus caderas.
Otro siseo de él, como si estuviera contento, luego frunció el ceño, como si
estuviera molesto. —William no es digno de ti. ¿Sabes eso, sí?
—Sé que te quiero.
— ¿Me quieres ahora... pero no más tarde?
En lugar de una respuesta, ella balanceó sus caderas de nuevo. Más placer Una
inundación de calor.
Con otro siseo y una maldición, la hizo a un lado y se levantó. —Regresaré al
campamento. Tú deberías, también.
Espera. ¿Qué?
Silencio ahora, se alejó, dejándola jadeando, dolorida, llorando la pérdida de su
contacto.
¿Qué diablos acaba de suceder?

241
Página
Capítulo 27

Gillian esperó cinco... diez... quince minutos antes de seguir a Puck al campamento,
esperando que su lujuria y enojo se calmaran. Exteriormente, ella parecía tranquila.
Probablemente. Interiormente, ella se lamentaba y cuestionaba.
Puck se había cerrado cuando ella... ¿qué? ¿Se negó a prometerle su futuro? ¿Se
negó a rechazar a William?
Su marido la deseaba, eso es lo que más sabía ella. Había estado duro como el
acero. ¿Quería más que su cuerpo, tal vez? ¿Esperaba protegerse así mismo de la profecía
de ella, no queriendo que le quitara su sueño? ¿Indiferencia aún luchaba contra él?
Los Señores del Inframundo habían sufrido de una u otra forma cada vez que se
enfrentaban cara a cara con sus demonios. Puck solía debilitarse, pero ahora... ¿qué pasaba?
¿Podía permitirse sentir, o el demonio le proporcionaba el hielo y apagaba sus emociones?
—Por aquí, muñeca, —la llamó William desde un saco de dormir que había
preparado mientras ella se bañaba y charlaba con Puck. Palmeó la bolsa vacía a su lado.
Ante él, un pequeño fuego ardía, decorando su piel de bronce en tonos dorados. Era
un hermoso dios del sexo... pero ella no tenía ningún deseo de probarlo.
A unos pocos metros de distancia, Winter y Cameron habían erigido mini tiendas de
campaña. Era fácil de decir qué tienda pertenecía a qué hermano. Winter había colgado una
piel inmortal sobre la puerta. Hace unos años, ella había matado a un hombre por ofrecerle
montar su regazo. Ahora la piel servía como un signo de Mantente Alejado a cualquier
242

persona que pudiera tener una solicitud similar.


Cuando se estiró junto a William, no vio señales de Puck. — ¿Por qué Winter y
Página

Cameron están en sus tiendas?—Egoísmo y Obsesión nunca dejaban pasar la oportunidad


de interactuar con los demás. En pocas palabras entretenerse a ellos mismos.
William se acercó, intentando tomar su mano, solo para gruñir de irritación cuando
ella no tomó la suya y dejó caer su brazo a su lado. —Los puse en un tiempo de espera de
seis horas por irritarme.
Uh, ¿y ahora qué? — ¿Los lastimaste?
—Casi nada. Están bien, promesa. O estarán bien, si los dejas descansar.
Muy bien. —Solo... sé amable con ellos, ¿de acuerdo? Ellos son mi familia.
—Soy tu familia, —dijo, su tono agudo.
Ella giró para mirarlo, suspiró. —Todavía no te entiendo. Quiero decir, entiendo por
qué estás aquí. Te has convencido erróneamente de que estamos predestinados, bla, bla, bla.
¿Pero por qué te hiciste amigo mío, todos esos años atrás? Sé que no me echaste un solo
vistazo y creíste… ella es la indicada. Te acostaste con, como miles de otras. Y
enfrentemos los hechos. Estaba insegura, necesitada y confundida.
—No estoy oyendo un problema, —dijo William.
Ella resopló y bufó antes de que él admitiera, —Fueron tus ojos. La primera vez que
se encontraron con los míos, me sentí como si estuviera mirando una herida en carne viva y
abierta que se había inflamado durante años. Cuando era niño, había visto la misma mirada
en mis propios ojos cada vez que veía mi reflejo. Yo quería ayudarte.
Con el corazón apretado por la compasión, ella le preguntó en voz baja: —¿Fuiste
maltratado de niño? — ¿Cómo no lo había sabido?
—Crecí en el inframundo, y no siempre tuve a Hades como protector.
Entonces sí. Él lo fue. Ella debería haberlo adivinado, al menos. —Lo siento mucho,
William.
No ofreció ninguna respuesta, y en el silencio, los insectos nocturnos les dieron una
serenata. En la distancia, el trueno retumbó. Una tormenta se acercaba.
—No te preocupes, —dijo. —He creado una cúpula sobre nuestro campamento. Las
dagas de hielo nunca nos alcanzarán.
¿Llegarían a Puck, donde sea que estuviese? ¿Y qué había pensado Puck de ella
durante su primer encuentro? Oh espera. Ella podría adivinar. Finalmente, he encontrado
mi peón.
243

William suspiró. —Lo estás haciendo otra vez.


— ¿Haciendo qué?
Página
—Pensando en él. Te lo prometo, el vínculo y solo el vínculo es responsable. Yo
nunca te miento. Una vez que se corte el vínculo, Puke-in17 no será más que una pesadilla
que anhelas olvidar.
Ella ni siquiera podía comprenderlo. — ¿Qué si él... no lo es?
—Él lo será.
El deseo por él se había convertido en una parte intrincada de ella, una función
corporal tan necesaria como respirar. Un fuego en su sangre. Una droga que ella anhelaba.
Aunque estaba furiosa por su actitud fría y caliente y confundida acerca de su futuro,
anhelaba acurrucarse contra él.
— ¿Dónde está él?—preguntó ella.
—Manteniendo la guardia. —Un músculo se movió bajo el ojo de William, pero
sonrió con una sonrisa encantadora. — ¿Recuerdas la vez que me pediste que te enseñara a
disfrutar del sexo?
—Um, dijiste que olvidarías esa noche, —murmuró. —Así que olvídalo.
—No puedo. —Se tocó la sien. —Cúlpala a ella.
— ¿Tu cerebro es femenino?
—Todas las mejores cosas lo son. ¿Y adivina qué? Después de tu divorcio, mi
respuesta será sí. Comenzaré con…
—No, —dijo ella, sacudiendo la cabeza.
— ¿No?—preguntó, y levantó una ceja.
Susurrando, hablando solo para sus oídos, dijo: —No estoy interesada en ti
románticamente, Liam. Ya no. —Quizás nunca. Cuando era adolescente, quería algún tipo
de normalidad. Con su amor por los juegos, su afecto familiar y su feroz protección, se lo
había proporcionado. —No quiero hacerte daño, pero no quiero que haya malentendidos
entre nosotros. Desearía que las cosas fueran diferentes. Ojalá me sintiera...
—No hay necesidad de disculparse. Eres perfecta y tus sentimientos son
comprensibles. Tengo que trabajar para ganarte, eso es todo. Mi misión se ha establecido y
saldré victorioso.
Hombre obstinado. —No soy perfecta. Ni siquiera cerca.
244

—Nombra un defecto único, —desafió.


—Bueno, para empezar, he matado a mucha gente.
Página

17Esta es la forma despectiva en la que William llama a Puck, pues PUKE en inglés significa vómito,
pero al no haber una traducción que mantenga más o menos el nombre lo dejaremos en inglés
—Yo también. ¿Sabes por qué? Porque los hombres somos bastardos y los
bastardos merecen morir. Le hicimos un favor al mundo. Hacerle un favor al mundo es
bueno. Siguiente.
Una risa estalló de ella, pero rápidamente se puso seria. —No considero que este
próximo sea un defecto, pero tú sí. William, tengo una gran lujuria por otro hombre.
Pasó su lengua por sus dientes blancos y rectos. — ¿Qué es lo que te gusta de él,
exactamente? Nombra algo específico. Algo que él puede hacer por ti y que nadie más
puede hacer.
Con la misma facilidad con la que enumeró los atributos de William a Puck,
enumeró los atributos de Puck para William. —La vida es una revelación para él. Soy una
revelación. Se ilumina cuando experimenta cosas nuevas conmigo. Él aprecia lo duro que
he luchado para llegar a donde estoy ahora. Aunque está poseído por Indiferencia, cuida a
su gente. Él quiere lo mejor para ellos, y para este reino, y está dispuesto a...
—Está bien. Suficiente, —dijo William.
—Lo siento. —Herirlo no era su intención. —Ve a dormir. Mañana es un gran día.
Entraremos en el laberinto, enfrentaremos monstruos y acertijos y todo lo demás que Sin
haya cocinado.
—Y oficialmente comenzamos tu proceso de divorcio.
Ella casi protestó. Casi.
No te retendré, muchacha.
—Sí, —dijo ella, su tono vacío. —Lo haremos.

Puck acechaba el perímetro del campamento, el fragmento de conversación que


había sobrevolado entre Gillian y William sonando en sus oídos, ahogando a Indiferencia.
La vida es una revelación para él. Soy una revelación Se ilumina cuando experimenta
cosas nuevas conmigo. Aunque está poseído por Indiferencia, se preocupa por su gente. Él
quiere lo mejor para ellos.
245

Entonces ella estuvo de acuerdo sobre comenzar el proceso de divorcio.


Página

¿Me muero por ella, y secretamente quiere deshacerse de mí? A pesar de las cosas
que le gustan de mí. ¿O ella trata de protegerse, como yo?
Cualquiera que sea la razón, ella se negó a responder su pregunta sobre sus
sentimientos, que era una respuesta en sí misma. Mientras estuvieran juntos, ella lo usaría
por placer, nada más.
Mientras acechaba alrededor del estanque, Puck esperaba, contra esperanza, que
algún depredador saltara de las sombras y atacara. Una pelea a muerte podría mejorar su
estado de ánimo.
Extraños ruidos escapaban del laberinto: aullidos, gemidos, gruñidos, chillidos y
gritos. Cada uno servía como advertencia: permanece afuera, o muere. El mal creó una
cortina oscura sobre la entrada del laberinto, permitiendo solo una mínima visión de lo que
parecía ser un bosque tropical. El mal nacido de Sin, teniendo en cuenta que su hermano
menor había conjurado todos los árboles y trampas.
¿Sabía Sin que Puck vendría por él en algún momento, a pesar del demonio?
Probablemente. Sin era muchas cosas, pero tonto no era una de ellas.
Mañana por la mañana, nada impediría que Puck entrara en el laberinto. Cuanto
antes derrotara a Sin, antes se desharía de William... y Gillian. Puck necesitaba deshacerse
de ella. Antes de que él hiciera algo imprudente, como abandonar a su gente y reino por
ella, una mujer que lo abandonaría cuando todo estuviera dicho y hecho.
¡Maldita sea! ¿Cómo lo había puesto en este estado con una sola conversación? ¿Y
por qué iba a elegir a Puck sobre William después del divorcio, de todos modos? ¿Por qué
renunciar al afecto, diversión y familiaridad?
¿Por qué Puck incluso quería mantenerla, a pesar de los obstáculos? La mujer lo
retorcía por dentro, por fuera, y lo ponía nervioso.
Ella también lo excitaba y lo dejaba febril. La fiebre significaba enfermedad. La
enfermedad significaba que necesitaba una cura.
Golpeó con el puño el tronco de un árbol, la corteza le cortó la piel y la fuerza le
fracturó los nudillos. El dolor le recorrió todo el brazo, pero no le alivió la presión y la
tensión que había en su interior.
El trueno retumbó, sacudiendo los árboles. La tercera vez en los últimos cinco
minutos. La tormenta se acercaba mucho más.
William había creado una especie de capa mágica sobre el campamento, pero Puck
se había aventurado fuera del recinto. Preferiría ser ensartado por dagas de hielo que
246

aceptar más ayuda de ese hombre. Además, el grueso dosel de hojas encima debería
mantenerlo a salvo.
Página

—No exactamente apático ahora, ¿eh?


Se giró, con una daga levantada por reflejo. Cuando Gillian se adentró en un rayo de
luz de la luna, una visión de sus más profundas fantasías, envainó el arma con mano
temblorosa.
—Ve a dormir, —dijo, su voz ronca, su pecho constrictivo y ardiente, como si lo
hubieran raspado por dentro. —Necesitas descansar. —Necesito paz. —No quieres estar
cerca de mí en este momento. No soy afectuoso ni divertido.
—Estoy sintiendo un tema, —dijo, quedándose quieta. — ¿Eres capaz de sentir
emoción si no convocas hielo, sin sufrir algún tipo de castigo? ¿O el demonio apaga todo?
Él le dio la espalda. Una mirada más, y él perdería el control. Él la tomaría, los
obstáculos y las consecuencias serían condenados.
—Respóndeme, —exigió. —No me iré hasta que lo hagas.
—La respuesta no importa.
—A mí me importa. Tú importas. Entonces dime la verdad. ¿Puedes sentir por
períodos prolongados si te lo permites? ¿O estabas fingiendo las veces que pensé que te
calentabas?
—Sí, puedo sentir por períodos prolongados, —espetó en voz baja. Más trueno.
Más fuertes, más cerca. A continuación sonó el repiqueteo de la lluvia, seguido por el
zumbido de las dagas de hielo que caían. Sopló una brisa fresca, húmeda de rocío.
— ¿Qué pasa cuando lo haces? Sé que Indiferencia ya no te debilita. ¿Él te castiga
de otras maneras? Dijiste que necesitabas protegerte. ¿Protegerte de qué?
Él necesitaba que ella se fuera ahora. Si necesitaba respuestas para irse, él le daría
respuestas. —Sí, soy castigado, pero no en el sentido en que piensas. Soy castigado porque
estoy distraído. Porque me olvido de lo que es importante y pongo en peligro mis objetivos.
Porque me duele de una forma que no sabía que fuera posible.
Ella se estremeció, como si él la hubiera golpeado. — ¿Qué si no te dejo olvidar tus
objetivos? ¿Estarías conmigo mientras podamos? Dijiste que lo harías y nunca me mientes.
Él quería esto. Él quería esto demasiado. Todavía él se resistió.
—Sin mí, ¿Indiferencia volverá a tener poder sobre ti?—preguntó ella.
Ofreció un asentimiento único y seco. —Por un tiempo. Pero una vez que nos
separemos, me libraré del demonio de la misma manera en que me libraré de ti. —Y él
247

rezaba para que el demonio tomara sus emociones. Todo este sentimiento... Puck lo
detestaba más que nunca y ansiaba su existencia helada y sin emociones.
Página

Nuevamente se estremeció, pero se negó a albergar ningún tipo de culpa.


— ¿Por qué estás aquí, haciendo estas preguntas, Gillian?
—Intento entender cómo puedes hacerme arder un minuto, pero luego me alejas al
siguiente.
—Bueno, no te preocupes más. Quiero mantenerte pero no puedo, así que estoy en
guerra con las cosas que me haces sentir. Ellos son mis enemigos, y lucho con mis
enemigos con cada onza de mi fuerza, —gruñó, y algo dentro de él se rompió. Él se giró, de
frente a ella, su pecho se expandió con furioso deseo y furia.
Ella dio un paso atrás, lo que solo lo incitó más.
La sangre se precipitó en cada uno de sus músculos, haciendo que se abultaran. —
¿Nada más que decir?—La regañó.
Ella levantó la barbilla. —Claramente no has terminado.
No, no lo había hecho. —Para estar contigo, debo condenar mi reino a la
destrucción y mi pueblo al dolor. Pero, ¿qué clase de hombre abandona a su pueblo? Por
otro lado, ¿qué clase de hombre abandona a su esposa? Una esposa que anhela con cada
fibra de su ser. Una esposa que no querrá volver a él una vez que sea liberada.
Sus ojos ardían. —Te quiero mientras estemos juntos. ¿Por qué no es suficiente?
—¡Porque… solo porque!
—Deja de pensar en el mañana. ¿Qué quieres ahora mismo, en este momento?
¿En este momento? A ella. No podía ver más allá de la necesidad, no podía pensar
más allá de la necesidad. Las dos latían en sus sienes, su garganta, y apretaban su pecho,
vibraban en el resto de su cuerpo.
Él la deseaba y la quería a ella. Ahora mismo. ¿Caminas alrededor de la espada? No
más. Algunas veces había heridas que tenías que soportar, porque cualquier cosa menor era
peor.
—Si me quieres mientras estemos juntos, me tendrás, —juró él—, pero también
tendrás las consecuencias. Apenas puedo lidiar con mis emociones ahora. ¿Qué crees que
voy a sentir después de esto?
—Lidiaré con ello, —dijo, levantando la barbilla otra muesca.
Entonces, ¿cómo podría él hacer menos? —Que así sea.
Puck acechó hacia su esposa, su presa. Mientras sus largas piernas devoraban la
248

distancia, la tensión vivía y respiraba dentro de él. Buena cosa. Porque él no podía respirar
en absoluto. Pero entonces, no era necesario; pronto, Gillian lo haría por él.
Página

Cuando la alcanzó, él envolvió su brazo alrededor de su cintura, la levantó de sus


pies y siguió caminando hasta que la presionó contra un árbol. Sus cuerpos se estrellaron
juntos, pecho contra pecho, erección acunada, mientras bajaba la cabeza y tomaba posesión
de su boca.
Su lengua se enredó con la de ella en un loco frenesí. Se volcó en el beso,
alimentándola con cada gota de su ferocidad, nada retenido. Era demasiado agresivo, y lo
sabía, pero no había desaceleración. Su control había sido empujado demasiado lejos, más
allá de él.
Y tal vez a ella le gustó. Ella le pasó los dedos por el pelo y le hizo un puño en la
nuca. Su otra mano migró a su pecho…
—No el ave, —dijo él con dientes apretados.
Sin una palabra de queja, ella llevó su mano a su hombro y hundió sus uñas en lo
profundo. Ambas acciones fueron una demanda silenciosa: Puck no debía alejarse de ella.
Como si él pudiera.
—Fuera. —Él dejó de besarla solo el tiempo suficiente para levantar sus brazos y
luego su bonito vestido sobre su cabeza, liberando sus senos del encierro. Esos pequeños
puñados perfectos, con puntas rosas oscuras. Su nueva vista favorita en todos los reinos.
En el momento en que su boca se cerró sobre la suya, sus manos regresaron a su
nuca y hombro. Las manos de Puck adoraban esos exuberantes montículos, disfrutando de
los pezones duros como perlas.
—Tócame, —dijo él con voz ronca en su boca.
—Sí, sí. —La mano en su hombro se deslizó por su pecho, se hundió bajo la
cinturilla de sus pantalones. Dedos de seda se envolvieron alrededor de su longitud,
acrecentando su necesidad cada vez más.
El rugido de Puck se mezcló con el siguiente estallido de trueno y la lluvia cada vez
más desenfrenada.
—Eres tan grande, —dijo entre respiraciones jadeantes.
—Más, —ordenó. —Aprieta más.
Cuando su buena, buena muchacha lo acarició arriba, abajo, arriba, se volvió más
frenético y se metió en su boca con renovado vigor. Empujando su lengua. Chupando la de
ella. Exigiendo una respuesta. Le mordió el labio inferior antes de correr la carne regordeta
entre sus dientes.
Solo cuando ella se retorció contra él, metió una mano entre sus piernas, rasgó sus
bragas y golpeó con dos dedos dentro de ella.
249

Su grito de placer... música para sus oídos. Su cabeza cayó hacia atrás mientras
arqueaba sus caderas, permitiéndole conducir sus dedos a lo más profundo.
Página

—Tan mojada, muchacha. Mucho calor. Te gusta tener una parte de mí dentro de ti.
—¡Sí! Lo hago, lo hago, lo hago. ¡Más!
Empujó un tercero, y sus paredes interiores se tensaron, enguantándolo mientras se
corría, y corría y corría.
—No te detengas, —jadeó ella, su agarre en su rígida longitud contrayéndose. —
Por favor, no te detengas.
No esta vez. —Preferiría morir. —Él le dio otro mordisco al labio antes de sacar la
mano de su eje. ¡Pura tortura! Sin la presión que ella proporcionaba, el placer-dolor se
transformó en dolor-dolor.
Va a valer la pena. Puck cayó de rodillas.
Los dedos continuaron deslizándose dentro y fuera de su resbaladizo calor, él
colocó su boca entre sus piernas... y lamió. La dulce miel en su lengua. Él la probó, se dio
cuenta con asombro. No había probado nada durante miles de años, pero la probó y no
podía obtener suficiente.
Los pequeños maullidos que ella hacía, ¡cielo! Más presión sobre su eje. Tan bueno,
pero mucho peor. Él necesitaba desesperadamente correrse. ¿Podría él?
—Esto es... esto... ¡Puck! —Con sus dedos alrededor de sus cuernos, guiándolo, ella
giró sus caderas hacia adelante.
Esto valió cualquier cosa.
Presionó, frotó y chasqueó la lengua contra su pequeño manojo de nervios, hasta
que sus paredes internas se aferraron a sus dedos, y Gillian soltó otro grito roto.
El clímax más reciente convirtió su miel en vino, embriagándolo.
Se quedó allí, lamiéndola, acariciándola, hasta que ella se calmó... hasta que su
último estremecimiento se desvaneció. Cuando se levantó, sus ojos se encontraron, y el
infierno que vio en esas profundidades ricas de color whisky envió a su tatuaje de mariposa
a moverse sobre su pecho.
Indiferencia se calló y se escondió, como si no pudiera soportar el diluvio de
emociones.
Buen chico. Puck envolvió un brazo alrededor de la cintura de Gillian y tiró de ella
más cerca. Girando, cayó de rodillas y la abrió sobre un lecho de musgo y flores silvestres.
—Puck... mi Puck.
250

Suya, siempre.
No, no. Ahora. Solo ahora. Cuando sus piernas se separaron, dándole la bienvenida,
Página

él desgarró la cintura de sus pantalones para liberar su eje palpitante. Él no la penetraría


esta noche, solo le enseñaría a manejar su longitud. Y él se correría. Él lo haría. Tan cerca
ya.
Tendrían más noches como esta, porque tenía un nuevo objetivo: darle todo el
placer que se había perdido.
Cuando él bajó su cuerpo sobre el de ella, Gillian golpeó su pie contra su pecho para
detenerlo. A pesar de que quería chasquear y gruñir en respuesta, nada me aleja de lo que
es mío, simplemente arqueó una ceja en pregunta.
Ella no se dio cuenta, su mirada hambrienta permaneció pegada a su longitud. —
¿Control de natalidad?
—No es necesario. —Se acarició una vez, dos veces, antes de agarrarle el tobillo
para besarla en la pantorrilla.
— ¿No hay necesidad?
Se inclinó hacia abajo, sobre ella, y dijo con voz áspera: —Mantén tu mano mojada,
muchacha.
Un surco de confusión entre sus ojos. Una vez más, ella lo repitió. — ¿Mojada?
—Mojada, —confirmó.

Solo unos segundos atrás, Gillian creía que su cuerpo había sido exprimido e
incapaz de experimentar otro orgasmo. En el momento en que Puck le abrió los pantalones,
él le había enseñado mejor. El placer casi la había quemado viva.
El placer aún la quemaba.
Puck guio las manos de ella entre sus piernas y empujó dos de sus dedos dentro de
su núcleo, junto con uno de los suyos. Por siglos, su propio toque no le había traído más
que frustración e ira. Aquí, ahora, con Puck, el simple golpe casi la envió a otro clímax.
Gimiendo, arqueando su espalda, abrió las piernas más. Ofreciendo más. Ofreciendo
todo.
—Ahora envuelve tus dedos alrededor de mi eje, —ordenó.
Ansiosa, ella obedeció. Oh. ¡Oh! La esencia de su excitación proporcionaba un
251

deslizamiento fácil, permitiéndole apretarlo más. Se sacudió en su primer golpe, luego en el


segundo, su gran cuerpo se agitó sobre el de ella.
Página

Su expresión...
¿Algún hombre alguna vez había sido tan hermoso? Atrapado en la agonía, ¡por mí!
Tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos. Su piel estaba enrojecida y cubierta de
sudor.
—Las cosas que me haces sentir, —dijo, ahora mirándola. Sus inhalaciones se
hicieron más agudas y superficiales. Los sonidos que hizo... tan carnales, tan sexy. —
Quiero que esto nunca termine. Pero necesito que aprietes más fuerte, muchacha.
Una vez más, ella obedeció. —Entra dentro de mí, Puck. Por favor. —Ella lo
necesitaba. ¿Qué había querido decir, sin necesidad de anticonceptivos? ¿No podría dejarla
embarazada? ¿Tal vez planeaba usar magia? ¿O no quería entrar en ella porque temía que
tuviera algún tipo de enfermedad? —Me hicieron la prueba después... justo después. No he
estado con nadie desde entonces. Estoy limpia, lo juro.
Se detuvo, solo se detuvo, y ella sospechó que la acción—no acción—tenía que
estar matándolo. Si la situación hubiera sido revertida, no habría encontrado la fuerza para
detenerse. Con su mirada fija en la de ella, trazó dos dedos a lo largo de su mandíbula. Una
tierna caricia. Una gota de sudor se derramó sobre ella. No, no sudor. Las frescas gotas de
lluvia se abrían paso entre las copas de los árboles. Varias atrapadas en las pestañas negras
puntiagudas de Puck.
—Nunca quise nada más de lo que te quiero, estar dentro de ti, —entonó—, pero no
te tomaré. No esta noche.
Ella se tragó una gran decepción. — ¿Porque los otros están tan cerca?
—Porque vamos a experimentarlo todo. —Él le dio un suave beso en los labios,
burlándose de ella con la lengua, y luego se puso de rodillas.
¿Iba a dejarla? ¡No! —Esto es mío, —dijo, trepando para reclamar su agarre en su
eje. Mientras ella lo acariciaba más fuerte, más rápido, sus caderas se sacudieron. —Quiero
tu placer. Dámelo.
Todas las cosas que había querido hacer con un hombre, Puck se lo estaba dando en
una sola noche. Él había tenido algo para comer. Lo que estaban haciendo ahora, un baile
erótico y un verdadero intercambio de regalos. Él la había hecho correrse; ahora ella haría
lo mismo por él.
—Sí. Tuyo, todo tuyo. Él enredó una mano en su pelo y le tomó el trasero con la
otra, tirándola más cerca, inclinando sus labios sobre los de ella y besando el aire de sus
252

pulmones.
Entonces... ¡oh! Él puso la mano en su culo para alcanzar y deslizar la punta de sus
Página

dedos contra el palpitante núcleo de ella. Gillian comenzó a mecerse de un lado a otro,
persiguiendo esos dedos mientras acariciaba la enorme erección de Puck. Pronto, se
retorcieron uno contra el otro, imitando los movimientos del sexo.
Todavía persiguiendo. Todavía acariciando. Desesperado.
— ¿Cómo estás... cómo puedo...? —Ella gritó cuando el placer estalló dentro de
ella una vez más. Más fuerte que antes, tierra que se desmorona, cambio de vida. Por un
feliz momento en el tiempo, la satisfacción absoluta la llenó. Ella tenía todo lo que siempre
había deseado, todo lo que necesitaría.
—Muchacha. Mi muchacha. Lo estás haciendo. Me estás haciendo... ¡Me estoy
corriendo! Echó la cabeza hacia atrás y rugió hacia los árboles mientras sus caderas se
sacudían una y otra vez y la semilla caliente se derramaba sobre su mano.
Una vez que se calmaron, se lavaron en el estanque. Él se quitó los pantalones en el
camino, presentándose con su forma desnuda. Tan hermoso. Tan perfecto. Cuando
terminaron, volvieron a su lugar en las flores, donde Gillian se acurrucó contra él, y apoyó
la cabeza en su hombro. La tensión había desaparecido de él, de los dos.
— ¿Puck?—Preguntó ella.
—Sí.
—Eso fue divertido. —E increíble y maravilloso.
—Aye, —repitió.
—No me alejes, —susurró. —No esta noche.
Él presionó otro suave beso en su sien. —No esta noche, —estuvo de acuerdo.

253
Página
Capítulo 28

Gillian pasó la noche acurrucada en el costado de Puck, su calor y su aroma se


envolvieron alrededor de ella, justo como sus brazos. Sus piernas suaves actuaban como la
manta más cálida de todos los tiempos.
Lo que habían hecho... mejor que sus fantasías. ¡Y él ni siquiera la había penetrado!
¿Cómo la trataría mañana? ¿Volvería el Hombre de Hielo?
¿Qué haría ella si alguna vez el Hombre de Hielo regresara para siempre?
Ella dormitaba ligeramente, de vez en cuando, demasiado asustada para caer en un
sueño profundo. Dudaba que Puck durmiera en absoluto. Permaneció tenso y en alerta, listo
para matar a cualquiera que se acercara a su oasis.
Justo antes de que los soles se levantaran, su cuerpo se relajó. Gillian se liberó de su
abrazo, se puso su vestido. Una rápida mirada a su marido, cualquier cosa más, y era
posible que no pudiera marcharse. Él maniobró a su lado, con los ojos cerrados, su
expresión suave, casi juvenil. Casi, porque con su masa muscular, nunca podría pasar por
otra cosa que no fuera un hombre.
El arrepentimiento la persiguió implacablemente mientras regresaba al
campamento, alimentó y le dio de beber a Peanut, y luego se deslizó en su saco de dormir.
— ¿Todo lo que esperabas y más? —Preguntó William. Por primera vez, sonó
poseído por Indiferencia, su voz carente de emoción.
254

Exhaló un suspiro de cuerpo entero y ofreció la verdad, toda la verdad y nada más
que la verdad. —Sí. —Y ella no se sentiría culpable. —Me gusta, Liam.
Página

—Te lo dije. El vínculo es lo que te gusta de él. Tú no lo conoces.


Él había culpado al vínculo antes. Ella también. Lo mismo hizo Puck. No cambiaba
cómo se sentía.
No pasó mucho tiempo antes de que los soles aparecieran en lo alto, y Puck entró al
campamento, iluminado por brillantes rayos dorados. Su corazón revoloteó, y su vientre se
apretó al recordar las cosas que habían hecho... las cosas que aún quería hacer. Él le había
prometido todo.
Se había bañado, con el cabello húmedo una vez más, pero no se había puesto una
camisa, sus músculos y tatuajes en una espectacular exhibición. Llevaba un par de
pantalones limpios.
Él nunca miró en su dirección. ¿Se arrepentía de lo que habían hecho? Ella estudió
la expresión inexpresiva de su expresión, esperando captar algún tipo de micro-reacción
cuanto más cerca estaba, pero el Hombre de Hielo había regresado con una venganza.
¿Por qué? ¿Por qué no quería sentir mientras Indiferencia no podía castigarlo?
¿Era esto parte de las consecuencias que él había mencionado?
—Me tomé la libertad de conjurar nuevos uniformes. —Aun negándose a mirar en
su dirección, le arrojó una camiseta.
Confundida, se sentó erguida y estudió la prenda que debía haber usado magia para
crear. Con una inscripción en el pecho: Me gusta Puck.
Gillian bufó riendo. Qué adorable. Y sorprendente.
—Oh, Dios mío. —Una tela limpiadora para mi ingle. William se dirigió al lado de
Puck y se apropió de una camisa. —Volveré, —dijo antes de desaparecer de vista.
Cuando Gillian se puso su nueva camiseta y un par de pantalones de cuero, Puck se
alejó. ¿Miedo de lo que sentirá si me mira o desinteresado?
— ¿Vas a fingir que lo de anoche nunca sucedió? —Preguntó cuando terminó de
cepillarse el pelo y los dientes.
—Sería lo mejor para los dos, pero no puedo fingir. —Él se enfrentó a ella,
dejándola vislumbrar el fuego ardiendo en sus ojos.
Zumbando de anticipación y necesidad, dio un paso hacia él. Dio un paso hacia
ella…
Winter y Cameron salieron de sus tiendas.
—Uniformes, —refunfuñó Puck, y arrojó a los hermanos una camiseta. —Vamos
255

equipo de Puckillian.
Siempre gruñones por las mañanas, Winter y Cameron murmuraron tonterías
Página

mientras se dirigían al río. Gillian dio otro paso hacia Puck, solo para detenerse cuando
William reapareció. ¡Argh! El tiempo conspiraba contra ellos.
William lucía el cabello mojado y una camiseta negra limpia que abrazaba sus
bíceps, así como un par de pantalones de camuflaje con múltiples bolsillos. Silencioso,
empacó su equipo.
Gillian odiaba lastimarlo. Odiaba verlo tan molesto y distante. Pero ella no podía
darle lo que él quería.
Cuando los hermanos regresaron poco después, William dijo: —Ahora que la banda
está de vuelta, deberíamos irnos. Cuanto antes empecemos, antes terminaremos.
Y cuanto antes, Puck me dejará ir.
Con el estómago hecho girones, se acercó a Peanut. Una oleada de calor perfumado
con humo de turba y lavanda rozó su nuca cuando Puck apareció detrás de ella. La tomó
por la cintura y la levantó sobre la quimera. Él no dijo nada, solo siguió caminando hacia...
bien, ella ya había olvidado qué nombre de nuez le había dado a su monta. ¿Walnut?
¿Pecan? Lo que sea. Llamaría a la cosa Pequeño Saco de Nueces.
Los otros montaron. Con William a la cabeza, Cameron y Gillian en el medio, y
Winter y Puck en la parte trasera, trotaron hacia la entrada del laberinto.
—Dejen que los juegos comiencen...—William desapareció dentro de la niebla
oscura.
A medida que desaparecían las dunas de arena, el mal picaba la piel de Gillian,
enfriándola hasta los huesos. Un bosque reemplazó las arenas circundantes. ¿Un bosque
espeluznante, con árboles retorcidos, nudosos, insectos y huesos humanos esparcidos por el
suelo, restos de aquellos que habían entrado en el laberinto y caído presas de sus horrores?
Gillian golpeó con fuerza una mosca molesta del tamaño de un pomelo mientras
examinaba cada árbol, esperando encontrar un cuisle mo chroidhe... no, no hubo suerte.
¿Lo que ella vio? Cedros, pinos y árboles de hoja perenne repletos de serpientes y arañas.
Ella se estremeció y buscó una daga, frunció el ceño. Vaina vacía.
Una mirada sobre su hombro reveló un destello plateado justo afuera de la niebla.
—Espera. —Se bajó de Peanut y corrió, ¡negando! Su cerebro golpeó contra su
cráneo cuando se estrelló contra una pared invisible y rebotó hacia atrás.
Aunque mareada, se adelantó y se estrelló contra la pared invisible una vez más.
Puck y William también desmontaron y empujaron contra la pared.
256

—Estamos atrapados, —dijo Puck, y frunció el ceño. —La magia nos detiene aquí,
sin nuestras armas. Las mías también faltan.
Página

—Las mías también, —Winter y Cameron dijeron al unísono.


—Logré mantener las mías. —Con los labios fruncidos, William destelló, a ninguna
parte. Reapareció en el mismo lugar y frunció el ceño. —No puedo destellarme fuera del
laberinto.
¡Estupendo! ¡Maravilloso! —Todo lo que podemos hacer es seguir adelante,
entonces. Y tomar prestadas tus armas, por supuesto.
—Por prestado, ella quiere decir quedárselas para siempre, —anunció Winter. —
Un regalo dado a esta chica es un regalo que nunca se devolverá.
Caminaron hacia sus quimeras, donde William repartió un sorprendente número de
dagas y espadas que sacó de la nada excepto el aire.
Montados una vez más, avanzaron lentamente, permaneciendo cerca del río,
cuidadosos con cada paso. Los olores de la podredumbre y la descomposición parecían
marinarse en el aire a medida que la temperatura bajaba.
—Hay minas terrestres, —dijo Puck, aliviando a Pequeño Saco de Nueces en torno
a un terreno llano. —Ahí, allí y allá. Debemos proceder a pie. Despacio.
De acuerdo. Pero cuanto más profundo caminaban, más trampas descubrían.
Enredaderas trepadoras, redes caídas y hoyos cubiertos. Básicamente, todo el laberinto fue
diseñado para enviar a los intrusos a huir aterrorizados.
Lástima, tan triste, Sin. Ya nada asustaba a Gillian. Excepto tal vez sus crecientes
sentimientos por Puck.

La concentración nunca había sido más importante. El peligro acechaba en cada


esquina, Indiferencia no se callaba, y sin embargo, Puck no podía dejar de pensar en
Gillian.
Él se había corrido en su mano mientras experimentaba un diluvio de puro placer.
Después, la sostuvo en sus brazos mientras ella dormía, protegiéndola del mundo, y
disfrutó de tanto placer. Sin embargo, ¿despertarse para encontrarla desaparecida?
Exasperante.
257

Necesitándola de nuevo, y sabiendo que tenían una fecha de caducidad,


desgarradora.
Página

Pero la tenía ahora, y el instinto le exigía que permaneciera a su lado, protegiéndola.


Por eso trotó su quimera entre Cameron y Gillian, sin ninguna otra razón.
Debo ignorar la dulzura de su aroma. El hambre araña mi intestino.
Después de hacerle un gesto a Cameron para que no siguiera, Puck dijo, —Tu turno,
muchacha. Te he contado sobre mi pasado, ahora debes contarme sobre el tuyo.
La mirada que ella le lanzó, una de divertido afecto, lo prendió fuego. O más en
llamas.
— ¿Qué quieres saber? —Preguntó ella.
—Solo todo. —Cada parte de ella intrigaba cada parte de él.
—Bueno, comí, mee y lloré, —dijo, burlándose de él.
—Está bien. Admito que soy el segundo ser más molesto en Amaranthia.
Ahora ella se rio, el sonido lo deleitaba y lo cautivaba. Yo lo hice. La hice reír, la
hice divertirse, como William.
—Por un tiempo, fui una chica femenina por excelencia, —dijo Gillian. —Me
encantaban los cuentos de hadas, los unicornios y el color rosa. A los doce años, decidí que
quería tener un salón de belleza. Mi padre, mi verdadero padre, me dejaba rizarle su cabello
y pintar sus uñas. Sonrió, radiante, solo para fruncir el ceño y estremecerse. —Murió poco
después. Accidente de motocicleta. Mi madre se volvió a casar un año después y mi
padrastro... él...
—Él fue quien abusó de ti. —Puck temblaba de rabia sin explotar, ansioso por
cometer un asesinato. Necesitándolo.
Un movimiento de cabeza. Ella respiró hondo, cuadró sus hombros. —Él y sus dos
hijos. Los había criado para que fueran monstruos, y se destacaron.
Calma. Tranquilo. — ¿Tu madre nunca te ayudó?
—Un día, reuní mi coraje y le conté lo que estaba sucediendo. —Gillian respondió
con voz cada vez más fuerte: —Estaba enojada conmigo, me dijo que no entendía las
muestras de afecto perfectamente aceptables.
Mi pobre, dulce cariño. Desesperado por ayuda, no encontrando ninguna. —No hay
violación por malentendido. —Como un joven soldado, tenía un asiento de primera fila
cuando los ejércitos de su padre saqueaban aldeas enemigas. Las cosas que hombres adultos
habían hecho a mujeres y niños indefensos...
Cuando Puck y Sin crecieron lo suficiente, se aseguraron de que los hombres
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pagaran por sus crímenes.
—No, —dijo Gillian, su tono plano. —No la hay.
Página

—Lo siento, muchacha. Perdón por cada horror que soportaste. Y estoy orgulloso
de la mujer en la que te has convertido. Valiente y audaz. Una campeona para los
necesitados. Siempre avanzando, nunca deteniéndose. No solo hablas de lo que se necesita
cambiar, sales y haces los cambios. —Para Amaranthia... para Puck.
Ella parpadeó con sorpresa, tragó saliva. —Te lo agradezco.
—Una vez, mencionaste que creías que William mató a tus abusadores, —dijo
Puck.
—Ella tenía razón. Lo hice. —William trotó su quimera al otro lado de Gillian y
mostró una parodia de una sonrisa. —Incluso tu madre, muñeca. Corté en pedazos al
truculento cuarteto y disfruté cada segundo.
—¡Finalmente lo admites! —Exclamó, frunciendo el ceño. — ¿Por qué te negabas
a confirmar o negarlo antes de hoy? ¿Y por qué matar a mi madre? Sé que ella cometió un
error. No me gustaba, pero también la amaba.
—Eso. Es por eso que me quedé callado. Amabas a quien ella había sido para ti
años atrás, no queriendo admitir que odiabas en quién se había convertido. Sabía que me
pedirías que la perdonara, y te molestaría que me negara. El viento sopló, los negros
mechones de William bailaban alrededor de su rostro. —Para ser sincero, no estaba seguro
de que fueras lo suficientemente fuerte como para hacer frente a la verdad. Hasta ahora.
Puck realmente admiraba al hombre por sus actos, y envidiaba las muertes, deseaba
que los mortales pudieran morir más de una vez. Aunque dudaba de que mil muertes serían
suficientes para estos mortales en particular. ¿Pero la emoción prevaleciente? Familiares. A
Gillian, también, le había destrozado el alma un ser querido. Ella entendía la angustia de la
traición de una familia de una manera que muchos otros no pudieron, no podían.
Ella entendía a Puck.
—No estoy molesta contigo, —le dijo a William. —Estoy decepcionada.
Y ahí se va mi admiración. ¡Lo odio!
—Pero, —agregó—, a partir de ahora, no cometerás un asesinato a sangre fría en mi
nombre sin haberme hablado primero.
Winter jadeó. —Mira, mira, mira. ¡Un árbol cuisle mo chroidhesin arañas ni
serpientes!
Como si le diese la bienvenida a la distracción, Gillian saltó de Peanut. —Winter,
eres un salva vidas. —Corrió hacia el árbol bajo y gordo.
—Acomódense, muchachos, —anunció Cameron. —Vamos a estar aquí por un
tiempo.
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Puck desmontó y gritó: —Cuidado. Podría ser una trampa.


Página

Utilizando la magia como un par de gafas invisibles, buscó cualquier señal de


problemas. Sin cables de disparo o bombas. Sin armas mágicas. Pero entonces, el árbol se
protegió, derramando veneno cada vez que algo perforaba una capa de su corteza venenosa
que podía paralizar a una persona por días.
—Todo parece estar bien, —dijo.
William destelló al lado de Gillian, una sierra en la mano. —Si quieres jarabe, te
conseguiré jarabe.
—Eso es muy amable de tu parte. —Ella le ofreció una sonrisa, y Puck rechinó los
dientes. Realmente lo odio. —Pero no te dejaré arriesgar…
—Voy a conseguir el jarabe para Gillian. —Puck enganchó la sierra y, sosteniendo
un extremo, colocó la hoja en el centro del tronco del árbol. —Este es mi hogar. Sé los
pormenores. Tu no.
—Sé todo sobre todo. —William se aferró al otro extremo. —Y estoy haciendo
esto.
Pelearon por la sierra, una tirando a la izquierda, el otro tirando a la derecha, hasta
que estuvieron trabajando juntos.
—Bueno, está bien, entonces. —Gillian se sacudió las manos. —Simplemente me
quedaré atrás y disfrutaré el espectáculo.
Puck y William trabajaron durante horas. Cada vez que cortaban una capa de
corteza, otra se formaba, reproduciéndose. Puck nunca dejó de serrar, incluso cuando sus
manos se llenaron de ampollas y sangraron.
Cuando comenzó a sobrecalentarse, descartó su camisa. O tal vez solo quería que
Gillian viera la forma en que sus músculos se hinchaban por la tensión y los tendones
latían.
Ella abanicó sus mejillas, como si ella estuviera sobrecalentada. Winter vitoreando.
Cuando William se quitó su camisa, Cameron dijo: —No soy gay, pero podría
cambiar de opinión, Willy. Solo di la palabra.
— ¿Qué hay de mí? —Demandó Puck.
El brazo de Winter salió disparado al aire. —¡Yo! ¡Yo! Me volvería gay por ti.
Él le lanzó una mirada asesina.
— ¿Qué? —Dijo ella. —Los cuernos no son lo mío.
Sus ojos de color whisky brillando de alegría, Gillian cubrió su boca en un esfuerzo
fallido por reprimir una risa.
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Su corazón saltó, el tatuaje de mariposa moviéndose sobre su cuerpo. Pensó que


sintió las comisuras de su boca levantarse... aún más alto...
Página

Su esposa lo miró con algo parecido al sobrecogimiento, una mirada que pensó que
le gustaría ver todos los días durante el resto de su vida.
El resto de su vida...
Durante demasiado tiempo, Puck había sido un hombre muerto que caminaba,
luchando contra todo lo que sentía, cada vez más íntimamente familiarizado con la miseria.
¿Quieres cambio? Haz algo diferente.
Debería tomar una página del libro de Gillian y luchar por algo mejor. Para
mantener a su esposa, no tenía que olvidar sus objetivos, se dio cuenta. Solo tenía que
modificarlos.

261
Página
Capítulo 29

Taliesin Anwell Kunsgnos Connacht recorrió los confines de su suite. Él había


enviado a su trío de amantes y guardias lejos. ¡No confíes en nadie! ¡Ni siquiera de ti
mismo! ¿Él había verificado a su prometida...? ¿Aye? ¿O la había dejado ir?
No puedo recordar. Después, él había...
Él tomó aliento. ¿Realmente había hecho lo que pensaba que había hecho?
Su mente giraba con sospechas, tantas sospechas. Él debió de haberlo hecho. Él solo
tenía los medios.
Por siglos, Sin había coleccionado magia. Había almacenado todos los poderes,
potencia y habilidades en cajas, de la misma manera que la Reina Roja había almacenado a
Indiferencia. Las cajas se habían convertido en baterías, para él.
Él solo había usado las baterías dos veces. La primera vez, para crear y potenciar el
laberinto alrededor de las tierras de Connacht, protegiendo a su gente.
Soy un líder sin igual. ¿Por qué me desprecian?
La segunda... para crear y encender una bomba.
¡Eso era correcto! Había usado la bomba contra los Enviados durante una de sus
ceremonias, destruyendo su templo favorito y matando a muchos de sus soldados de élite.
¿Por qué, por qué? Oh, sí. Para salvarse a sí mismo, y a su gente. Por supuesto, su
gente. Este era su hogar, y los Enviados habían planeado invadir, aniquilar a todos y cada
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cosa en Amaranthia. Los Oráculos lo habían advertido.


Página

¿O quizás le habían dicho a Sin que los Enviados aniquilarían a Amaranthia si él


armaba la bomba? El orden de los eventos lo confundía. Pero no importaba. Lo que era
hecho estaba hecho.
Necesitaba hablar nuevamente con los Oráculos y decidir su próximo movimiento.
Si los Enviados pensaban tomar represalias...
Él se aseguraría de que no pudieran entrar a Amaranthia.
Ahora, ¿qué hacer con Puck? El hermano de Sin se acercaba a la fortaleza de
Connacht cada segundo que pasaba. Podía sentir la presencia del macho.
Lo quiero... no quiero lastimarlo...
Pero Puck quería lastimar a Sin, matarlo. Y ahora, Puck tenía una esposa vinculada.
La Invasora de Dunas. ¿Ella amaba a Puck? Tal vez, tal vez no. Pero probablemente. La
profecía...
No puedo vencerlo. Debo derrotarlo.
Sin debería haber matado a la chica tan pronto como se enteró de ella... hace
muchos siglos. Pero matarla significaba matar a Puck. Él no estaba listo para terminar con
la vida de su hermano. Puede que nunca estuviera listo.
Uno o el otro. Yo o él.
Sin golpeó con sus puños sus sienes, y luego arrojó viles maldiciones al techo.
Durante demasiado tiempo había sido la cuerda en un terrible juego de tira y afloja. Hacer
esto. No eso. No esto. Hasta el momento, nada de lo que él había hecho lo había ayudado a
él, a su hermano o a su gente. Sin solo había causado destrucción.
Entonces, ¿por qué él continuaba la guerra consigo mismo? ¿Por qué no rendirse y
morir?
¡Porque! No puedo darme por vencido. Puck lo necesitaba, siempre lo necesitaría.
Su hermano tenía enemigos, y Sin tenía que ayudarlo. Tenía que matar a todos. Si asesinaba
a los ciudadanos de Amaranthia, no quedaría nadie para herir a Puck. Bonificación
adicional: no quedaría nadie para traicionar a Sin.
Y los ciudadanos merecían su rencor. ¡Lo hacían! Todos los días intentaban robarle
todo, desde dinero, magia, hasta niños. Ya nada era seguro.
¿Cuántas veces las mujeres en su establo intentaron robarle su semilla? ¿Cuántos
guardias habían planeado su caída? ¿Cuántos enemigos se habían escondido en las
sombras, mirándolo, esperando el momento perfecto para atacar? Demasiados para contar.
Sin había escuchado los susurros de su gente. Demente. Paranoico. Suspicaz.
263

Caminando, ida y vuelta, ida y vuelta. En esta misma habitación, a menudo había
cuidado las heridas de Puck después de la batalla. Puck el Invicto, una vez determinado a
Página

gobernar todo el reino con Sin a su lado. Pero un día, Puck habría sucumbido a la tentación.
Él habría asesinado a Sin. Probablemente en su sueño. El amor de un hermano no puede
superar el hambre de gobernar.
Mejor traicionar que convertirse en traicionado.
¿Era eso?
Necesitaba hablar con Puck. Pero primero, el Oráculo.
Después de cargarse con espadas, dagas y venenos, Sin usó la magia para excluir a
otros de su dormitorio y atravesó los pasadizos secretos que había creado, bajando, bajando,
bajando para llegar a la mazmorra debajo de la fortaleza.
—Regresas por fin. —La familiar voz femenina hizo eco en las paredes manchadas
de sangre.
Sin se detuvo frente a la jaula de la hablante y agarró los barrotes.
—Hola, Oráculo.
Ella se acurrucó en el rincón más alejado, cubierta de polvo, su capa de niebla
desaparecida. Con su impecable piel oscura, cabello azul como un río que corría y ojos tan
verdes como un oasis, era una belleza como ninguna otra.
Hermosa, pero no tan omnisciente. Nunca me vio venir...
Nadie lo había hecho. Había capturado a la Oráculo con facilidad.
Ahora una sospecha bailaba en su mente: ¿y si ella había querido ser capturada?
Su sangre se enfrió. Él debería matarla. Antes de que ella pudiera predecir un
destino peor para él.
¡No! Necesitaba saber el futuro, para poder protegerse mejor de ello.
— ¿Ha cambiado la profecía original? —preguntó Sin. Había oído que Puck había
visitado a los Oráculos siglos atrás, y le ofreció su corazón. ¿Qué le habían dicho? No
importaba cómo había torturado a esta chica hasta el momento, ella se había negado a
decírselo. — ¿Me veré obligado a matar a mi hermano?
—Sabes el precio de mis visiones, Rey Sin.
Moza codiciosa. No importaba. Él vendría preparado.
—Por supuesto. —Palmeó una daga y se metió la punta en la cuenca del ojo.
Ignorando el dolor abrasador, Cavó hasta que su globo ocular se soltó.
El Oráculo lo miró, como estupefacta.
—Quizás puedas usarlo para ver el mundo a través de mi ojo, —dijo él. Con los
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dientes apretados y la sangre caliente cayendo por su cara, arrojó la ofrenda macabra a los
pies de la chica.
Página

A pesar de semanas de inanición, ella poseía la gracia de una serpiente mientras se


deslizaba para hundir el ligero peso del ojo en su palma. —Esto hará un buen pendiente.
Puedo verlo ahora, una declaración para cada mujer de cada reino. Nunca pasa de moda. —
Ella se rio, como si supiera un secreto que él ignoraba. —Uno pensaría que era gracioso si
supiera que el terror se dirige hacia ti.
—¡Suficiente! Dime lo que deseo saber.
Ella sonrió con una sonrisa blanca y dentuda, tal vez la más cruel que jamás hubiera
visto. —Tonto Sin. Quizás nuestras predicciones siempre se hagan realidad porque la
percepción es realidad. Tal vez no. ¿Los Enviados planearon atacarte antes de atacarlos?
Nunca lo sabrás. ¿Habría hecho tu hermano una jugada en tu contra si no hubieras jugado
contra él? Nuevamente, nunca lo sabrás. Pero deseas saber si la profecía original ha
cambiado o no debido a tus acciones. Muy bien. Te diré. No. Uno de ustedes morirá de la
mano del otro. Pero ahora, hay una enmienda.
Él no dijo nada, simplemente la miró.
El viento barrió la mazmorra, silbando a través de las barras de metal y crepitando
en la longitud de su pelo azul mientras se acercaba a él. —Llegará el día, el día llegará
pronto, montado en las alas de la furia. La venganza contra ti será presentada. Finalmente
encontrarás a tu amada dama, pero no podrás reclamarla, porque estarás sin tu cabeza.

Ser uno de los nueve reyes del inframundo implicaba demasiadas responsabilidades,
pero el paquete de beneficios de atención de salud era inmejorable. Si Hades quería que
vivieras, vivías.
Caminó a través de los pasillos del Gran Templo, un lugar de reunión de respaldo
para los Enviados. Su mano descansaba en el bolsillo de su pantalón, una pose informal,
sus dedos envueltos alrededor de una pequeña astilla de vidrio. Hoy en día, nunca se iba de
casa sin eso. Una parte de ella. Un enemigo, pero también un aliado codiciado. Un día, él la
conquistaría. Tenía que hacerlo, o todo por lo que había luchado estaría perdido.
Pero él no iba a pensar en ella.
Como cualquier buen camaleón, cambió su “apariencia” dependiendo de a quién se
enfrentaba. Hoy había elegido una camiseta negra ajustada, pantalones de cuero negro y
botas de combate cubiertas de barro. Exactamente lo que se esperaba de él. Deja que los
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Enviados asuman que lo conocían.


Página

Mejor emboscarlos más tarde.


Rara vez visitaba el tercer nivel de los cielos, a pesar de su reputación de
depravación carnal, y nunca visitaba este segundo nivel, donde los Enviados tendían a
congregarse.
Nunca, hasta hoy. Tiempos desesperados, medidas desesperadas.
A los alados asesinos de demonios no les gustaba, y el sentimiento era muy mutuo.
Él no estaría aquí si la vida de su hijo no estuviera en peligro.
William El Oscuro no tenía idea del peligro que se dirigía hacia él.
Al menos la vista de Hades era agradable. El templo tenía las vidrieras de colores
más grandes jamás construidas, los rayos de luz de colores se filtraban en el edificio,
iluminando su camino.
Detrás de él marchaba un ejército. Otros ochos reyes del inframundo, además del
hijo y la hija de Hades, Baden el Terrible, y Pandora la Deliciosa. Un apodo que ella
despreciaba, razón por la cual todos lo usaban generosamente.
Entre los ocho: Rathbone el Único, la mano derecha de Hades, y un cambia-formas
diferente a cualquier otro. Aquiles el Primero, un terror del que la mayoría de las leyendas
no sabían nada. Nero, que no prefería ningún título, convirtiéndolo en el Cher o Madonna
del inframundo. Baron, el Hacedor de Viudas. Gabriel el Enloquecido. Falon el Olvidado.
Hunter el Azote y Bastian el No Querido, que eran hermanos.
Cada macho llevaba la marca de Hades: dos dagas flanqueando una espada mucho
más larga en el centro.
Juntos luchaban contra otro hombre que se hacía llamar Rey de todos los Reyes:
Lucifer el Destructor. El Ser Taimado. Soberano de los Muertos. El Gran Impostor. Tenía
muchos nombres, ninguno de ellos era bueno. Solía ser el hijo mayor de Hades, adoptado
como William.
Ya no reconoce la conexión.
Una vez que se rompían, algunos lazos no podían repararse.
Hades llegó a un par de puertas dobles, las abrió con una sola patada y se metió
dentro de una gran sala enorme. Un sin número de Enviados estaban parados en filas, listos
para la batalla. Desde lo mejor de los mejores, Lysander y Zacharel, recién elegido como
Elite de los Siete con sus alas doradas, a los generales con sus alas blancas y doradas, a los
guerreros con sus alas blancas y puras. No había Mensajeros o Sanadores en el grupo, hoy
no. ¿También ausente? Su líder, el Altísimo, también conocido como La Única Deidad
Verdadera, al menos, Hades no podía verlo.
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Alzando la barbilla, Hades anunció: —He oído hablar de tu plan para atacar el reino
de Amaranthia.
Página

Uno de los Elite de los Siete se adelantó, diciendo: —¿Sabes quién soy?
Un movimiento de cabeza. —Axel el algo u otro, recientemente promovido a Elite.
—Hades ofreció una sonrisa fría. —Lo sé todo. Excepto por los detalles que no son
importantes para recordar. —Incluso sabía la razón por la que Axel tenía el mismo cabello
oscuro, rasgos simétricos y ojos cristalinos que William.
Axel fue encontrado como un bebé, abandonado y criado por una amorosa familia
de Enviados.
Hades había encontrado a William cuando era un niño abandonado, y lo había
acogido.
Los dos nunca se conocieron.
—Tengo que decir. Tú y tu banda de hombres alegres son... —Axel se tomó un
momento para guiñarle el ojo a Pandora. —…Calientes. Si no nos matamos, me gustaría
tener la oportunidad de conocerte mejor. —Ella lo miró y él le lanzó un beso. —Hemos
estado viendo Abracadabra o lo que sea durante mucho tiempo. Serio mojo maligno allí.
Como lo demostró la bomba, uno de los reyes partió en nuestro templo. —Su tono se
endureció allí al final.
También tenía la irreverencia de William.
Un Enviado alto y musculoso con cabello blanco, piel de alabastro marcada y ojos
rojos de neón se acercó a él. Su nombre era Xerxes, y los secretos hervían dentro de esos
ojos. Horrores que había ocultado a sus camaradas.
—Hemos mantenido el bombardeo en silencio, no le hemos dicho a nadie, —dijo
Xerxes, su voz profunda y ronca. En algún momento antes de haber alcanzado la
inmortalidad en toda regla, había dañado sus cuerdas vocales. —La mitad de nuestra Elite
fue asesinada. Otros fueron promovidos, con la tarea de un solo objetivo. La eliminación de
Taliesin Anwell Kunsgnos Connacht. Él solo es responsable de nuestra trágica pérdida.
Quizás él sabía que vimos su casa y pensó en disuadirnos. Hay mucha actividad demoníaca
allí. Pero sea cual sea su razón, debe pagar.
Taliesin. El hermano menor de Puck.
A través de comunicaciones secretas, William había informado a Hades de todo lo
sucedido en Amaranthia y de cómo estaban atrapados en un laberinto. Si los Enviados
atacaban ahora, William sería lesionado, o algo peor. Puck y la chica, también.
Si algo le sucedía a la chica, William culparía a Hades.
Además, Hades quería que Puck y todo Amaranthia estuvieran de su lado en la
267

guerra contra Lucifer. Pronto, el Gran Impostor no tendría aliados.


—No se puede destruir un reino completo basado en las acciones de un hombre, —
Página

anunció Hades... a pesar de que él mismo, de hecho, había destruido reinos enteros basados
en las acciones de un hombre. Dos veces.
Por el amor de William, él felizmente cambió su canción. Su hijo merecía la
felicidad. Lo que significaba que Amaranthia tenía que prosperar, Puck tenía que
permanecer casado con Gillian, y William tenía que darle la bendición a la pareja.
Trabajando en ello.
—Podemos hacerlo, —dijo Xerxes, con las manos en puños. —Lo haremos. No
hemos podido llegar a Taliesin de otra manera. Él debe ser detenido antes de que
bombardee otro templo, o incluso otra especie.
Un rubio dio un paso adelante. Thane de los Tres. —Hay campos de fuerza
impenetrables alrededor de Sin. Si destruimos el reino, lo destruimos. Fin de la historia.
—Sí. El final de una historia, —dijo Hades—, pero el comienzo de otra. Una de
guerra, dolor, muerte y pérdida, porque no me detendré ante nada para castigar a todos los
que decidieron actuar en mi contra de esta manera. Y no nos olvidemos de los inocentes
que matarás. ¿Muy hipócrita?
Sonó un siseo de desaprobación. Gruñidos de agresión.
—No necesitas enfrentarte a Taliesin, —agregó Hades. —William El Oscuro ha
prometido castigar al guerrero. Está dentro del campo de fuerza, dirigiéndose a Taliesin
ahora, y su palabra es tan buena como el oro. Solo necesita más tiempo.
—El tiempo no es algo que estamos dispuestos a otorgar. —El comentario dicho
entre dientes provino de otro Elite llamado Bjorn, un hombre de pelo oscuro, piel
bronceada y ojos de color del arco iris. —Nuestra venganza debe ser rápida, y ya han
pasado días ya que hemos hecho todo lo posible para recuperarnos.
Mientras otros Enviados cantaban —¡Mátenlo! —Rathbone se convirtió en una
pantera negra, su forma favorita.
La multitud guardó silencio mientras los otros reyes del inframundo se preparaban
para la batalla. La armadura de plata reemplazó la piel de Aquiles. Un garrote con poderes
más allá de lo imaginable apareció en la mano de Nero. Baron mostró sus dientes: el
veneno goteaba de sus incisivos. Un hacha de doble filo apareció en cada uno de los puños
de Gabriel: un golpe podía romper todos los huesos del cuerpo de una persona. Los tatuajes
en el pecho de Falon cobraron vida, nublándose de su piel, rodeándolo en las sombras.
Hunter y Bastian desaparecieron, de repente invisibles a simple vista.
Hades sonrió. —Le darás a mi hijo dos semanas, o guerra ahora. Decide. —Omitió
deliberadamente si se refería a tiempo mortal o de Amaranthia. Después de que acordaran,
les informaría sobre la zona horaria.
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—Ya estás en guerra con Lucifer, —dijo Xerxes, apretando los dientes. — ¿De
verdad quieres meternos en ella también?
Página

—Lo que quiero y lo que haré rara vez son lo mismo. —Él hacía lo que debía,
cuando debía, siempre. No importa cuán desagradable. No había línea que no cruzaría.
Los dos lados se enfrentaron, tomando la medida del otro. Los Enviados
descubrirían que los luchadores del inframundo nunca retrocedían. Preferirían morir por lo
que creían que vivir con arrepentimiento.
El silencio reinó... pero solo en el exterior.
Como los Enviados, su gente tenía la capacidad de comunicarse dentro de sus
mentes.
Nero: Cuanto más esperemos, más débiles creen que somos. Demostremos nuestra
fortaleza.
Pandora: siempre tan desesperado por actuar, Nero. Pero luego, te gusta sobre
compensar.
Rathbone: ¿Qué tienes en contra de la acción, Deliciosa? ¿No estás recibiendo
suficiente últimamente?
Pandora: Jodete.
Rathbone: ¿Aquí o cuando volvamos a casa? Soy un juego de cualquier manera.
Baden: Niños, por favor.
Aquiles: ¿Cuál de ustedes bebió mi café con leche esta mañana? Dime antes de
empezar a dividir vientres abiertos para verificar.
Bastian: Los Enviados tienen sesenta segundos para decidirse, o estoy matando a
todos y volviendo a casa. Dejé a una mujer atada a mi cama y su marido clavado en mi
pared.
Hunter: ¿No es su marido nuestro padre y la mujer nuestra madrastra? ¿Y no has
estado haciendo esto por casi cien años?
Bastian: Algunos juegos son siempre divertidos.
Gabriel: Recuérdame que responda infiernos, no, a su próxima reunión familiar.
Falon: Recuérdame que responda infiernos, sí, a su próxima reunión familiar.
Barón: ¿Alguien quiere tomar una hamburguesa después de esto?
Baden: Mi mujer me espera. Si alguien no actúa pronto…
—Muy bien, —finalmente anunció Xerxes. —William tiene dos semanas para
269

matar a Taliesin el Demente.


—Dos semanas de tiempo de Amaranthia, —agregó Thane, y Hades exhaló un
Página

suspiro: su omisión había sido notada. —Si tiene éxito, Amaranthia sigue viviendo. Si él
falla, destruiremos el reino y a todos sus ciudadanos.
Capítulo 30

Gillian observó cómo un Puck y William, cansados hasta los huesos, golpeaban el
jarabe de la cuisle mo chroidhe. Finalmente, su arduo trabajo dio sus frutos. Y, sin
embargo, ella no estaba tan entusiasmada con su regalo favorito como antes. O mejor
dicho, su segundo regalo favorito. Ella había encontrado algo más dulce y aún más raro. La
sonrisa de Puck.
Y yo que pensaba que los orgasmos cambiaban la vida.
El premio para el hombre más hermoso es para...
Toda su cara se había iluminado. Ojos encendidos, con pequeñas arrugas en las
esquinas. Características duras en una expresión suave. Boca curva como una media luna.
Dientes blancos perfectos en exhibición.
¿Cuándo puedo verla de nuevo?
Sonriendo, ella saltó. —Ustedes chicos son mí…
Un rugido vil resonó en la distancia, silenciándola.
Al unísono, todos buscaron un arma. Con el siguiente rugido, Puck maldijo.
—Sandman18, —escupió.
Gillian gimió. Nunca se había encontrado con un Sandman, pero había escuchado
las historias de terror que los padres les contaban a sus hijos, cuentos de advertencia para
asegurarse de que niños inocentes no corrieran por las dunas de noche.
270

A diferencia de las leyendas terrenales, un Sandman de Amaranthian no andaba


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alentando buenos sueños. Hecho completamente de arena y magia, un Sandman te

18Traducido sería Hombre de Arena, hay diferentes historias que hacen referencia a este personaje,
una es sobre un Ser hecho de arena que soplando arena en los ojos de los niños o personas los
hace dormir y otra referencia que dice que es un ser terrorífico que produce pesadillas a las
personas.
enterraba hasta que te asfixiabas. Y, debido a que no tenía órganos para dañar, no podrías
hacerle daño o incluso contraatacarlo.
—Cavaremos un pozo. —William sacó una pala del aire. —El agua lo reducirá.
—No hay tiempo. —Puck corrió hacia Pequeño Saco de Nueces para desenganchar
su mochila. —Cameron y yo alejaremos a la criatura del resto de ustedes.
Espera. Aguanta. —Tengo una idea, —dijo Gillian. —Podemos…
—Protegerás a Gillian, Derretidor de Bragas. —Señalando una daga en dirección a
William, Puck gruñó—, Quédate con ella. Cuídala con tu vida.
Con un gruñido de frustración, Winter levantó los brazos. — ¿Ya nadie se preocupa
por mi seguridad?
—De ninguna manera puedes llegar a ser el héroe, —le dijo William a Puck. —
Quédate tú aquí y cuida a Gillian. Mataré a la criatura, y seguiremos adelante. Me lo puedes
agradecer después.
—¡Tonto! No solo matas a un Sandman, —Puck dijo entre dientes.
—No solo dejas que un enemigo se escape, tampoco, —espetó William.
—Chicos, —dijo Gillian, luchando más allá de su enojo. —Todo lo que tenemos
que hacer es volarlo por los aires y...
—Él solo volverá a formarse, —interrumpió Puck.
—No preocupes a tu pequeña cabeza, por esto, muñeca. —William golpeó la tierra
con la pala. —Nos haremos cargo de esto.
Otro bramido, más fuerte esta vez. Mientras los chicos continuaban discutiendo,
Gillian besó el hocico de Peanut. —No dejes el lado de Puck, ¿de acuerdo? —Los dos eran
amigos, más o menos. Puck lo protegería.
Nadie se dio cuenta cuando ella salió corriendo. Unos cien metros más adelante,
insectos, pájaros y reptiles se apresuraron a ir cayendo árbol tras árbol... revelando una
enorme bestia de al menos tres metro de alto y metro y medio de ancho, y hecha
completamente de arena.
Con las runas encendidas, Gillian separó sus piernas y estiró sus brazos. Él hizo una
pausa para oler, oler el aire antes de zambullirse en ella.
271

¡Boom! Una ráfaga de viento golpeó al Sandman directamente en el pecho,


deteniendo cualquier avance. Incluso cuando los granos se dispersaron y se redujo,
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continuó luchando, recogiendo tierra del suelo. Y sí, Puck tenía razón. En el momento en
que el viento dejara de soplar, el Sandman podría volver a formarse. Esa era la razón de la
etapa dos.
Desatando otra explosión de magia, Gillian hizo que el cielo arrojara un maremoto
sobre la bestia. ¡Whoosh, splash! El agua y la arena colisionaron, arrastrando al Sandman
hacia abajo, hacia abajo, hasta que no era más que una pila de barro, su cuerpo demasiado
pesado para levantarse.
El viento se calmó. Los brazos de Gillian se sentían como si pesaran mil libras
mientras sus runas se oscurecían. La pérdida de tanta magia, tan rápidamente, la había
agotado, y cayó de rodillas. Esperó un segundo, dos, sin atreverse a respirar, pero el
Sandman permaneció inmóvil.
Ella lo había hecho, entonces. ¡Ella había derrotado al Sandman, todo por su cuenta!
¡Porque ella gobernaba!
Tan pronto como reunió la fuerza suficiente para ponerse de pie, agarró dos puñados
de barro y regresó con sus amigos, que ahora discutían sobre quién haría el cebo más
sabroso.
—Eres joven, carne tierna, —le decía William a Puck mientras continuaba cavando.
—Soy viejo y duro, masticable como el cuero. —Puck apiló las ramas caídas en un
ángulo. ¿Para crear una cubierta para los que se quedaron? —Apuesto a que estás añejado a
la perfección. Y sazonado.
Winter estaba construyendo un refugio sobre las quimeras, murmurando acerca de
cómo los animales comprendían mejor que planeaba salvarlos para su comodidad y no por
otra razón. Cameron estaba trepando un árbol buscando obsesivamente una fruta.
Nadie había notado la ausencia de Gillian.
—¡Ustedes chicos son los peores! —Ella arrojó a Puck, luego a William, con los
dos puñados de barro. —No tú, —le dijo a Winter. —Eres maravillosa. Sigue siendo tú.
Winter se acicaló y William farfulló. Puck parpadeó hacia ella.
—El problema está solucionado. —Gillian se limpió las manos en los pantalones.
—Ahora, si ustedes han terminado de actuar como tontos, deberíamos terminar de recoger
el jarabe y ponernos en marcha.
272

Puck tomó la delantera mientras su grupo navegaba por traicioneros giros, claros
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cargados de más minas terrestres y un campo de flores silvestres con esporas tóxicas. De
alguna manera, emergieron exitosamente todas las veces a pesar de su incapacidad para
apartar sus ojos de Gillian.
Las pocas veces que tuvo éxito y miró hacia otro lado, notó que William sufría de la
misma aflicción, mirándola con tanta atención, como si tratara de armar un rompecabezas
difícil.
Ella había impresionado a Puck hoy, enfrentando con valentía al Sandman. Ahora...
Ella todavía lo impresionaba.
Mientras montaba a Peanut, guiándolo expertamente con la presión de sus rodillas,
levantó la barbilla para recibir los rayos dorados de la luz del sol que se filtraban a través
del dosel superior. Su espina dorsal permanecía erguida como una vara, sus hombros hacia
atrás, la posición de una guerrera lista para enfrentar cualquier desafío.
Mi esposa. Absolutamente magnífica.
Incluso con la ropa arrugada y el cabello oscuro enredado, era la mujer más
exquisita en todos los reinos. Fuerte. Capaz. Sabia.
Estás mirando de nuevo.
No me importa.
Después de todo lo que Puck había sufrido en la vida, ¿no merecía él estar
satisfecho? ¿Disfrutarla?
¿Quedármela?
Sí. Su decisión de cambiar sus objetivos era sólida. William eliminaría a Sin del
poder, salvando a los Connachts e incluso al reino mismo, pero Puck no aceptaría la corona.
Él la dejaría pasar a otro. Un guerrero que mereciera su poder. Puck y Gillian gobernarían
los Shawazons juntos, y vivirían para siempre como marido y mujer.
En cuanto a la profecía de los Oráculos sobre Gillian... Puck decidió creer que
tendría un final infeliz con William.
Cuales fueran los obstáculos que encontrara en el camino, él los destruiría.
—En una escala de diez a diez, ¿qué tan delicioso es el jarabe que coseché para ti?
—Preguntó William a Gillian.
Pequeños gruñidos retumbaron en el pecho de Puck, armonizando con los gruñidos
suaves de Indiferencia. —Hemos cosechado. Pero sobre todo yo. Hice la mayor parte del
trabajo.
273

—Ambos son héroes, —dijo ella, su tono apaciguador. — ¿Pero sabes qué sería
aún más delicioso que el jarabe? Si ustedes dos finalmente se besaran y se reconciliaran.
Página

—Whoo-hoo. Sí, bebé. —Winter sacudió un puño al cielo. —Beso, beso, beso.
—Paso totalmente. La cabra no es lo mío. Prefiero mujeres guerreras. William
extendió la mano, como para alisarle un mechón de pelo de la mejilla de ella.
Puck se tensó, listo para lanzarse sobre las quimeras y atacar al macho hasta el
suelo. Peanut lo golpeó como un puñete, girando la cabeza para cortar la muñeca de
William.
—¡Ay! —Exclamó William.
Ese es mi chico.
—Peanut. —Una sonriente Gillian dio unas palmaditas en la parte superior de la
cabeza de la quimera. —Recuerda tus modales. Le preguntamos a mamá antes de morder,
¿verdad?
El animal le sacó la lengua a William.
Frotando la herida sangrante, el hombre dijo: —Necesitas un baño, muñeca.
Pasaremos la noche junto al estanque. —Señaló hacia la izquierda, y los sonidos de agua
corriendo se desplazaron a sus oídos. —Cuando hayas terminado, mis dedos mágicos
estarán listos para calmar tus molestias y dolores. Un masaje totalmente platónico, por
supuesto. A menos que supliques. O preguntes amablemente. O lo sugieras.
Si ponía sus manos sobre Gillian, Puck desataría el infierno.
—No, gracias, —dijo ella sacudiendo la cabeza. —Tenemos algunas horas hasta el
anochecer. Cuanto más terreno cubramos...
—Déjame detenerte allí, muchacha. Descansaremos aquí, montaremos campamento
y daremos descanso a los animales. —Por mucho que Puck odiara admitirlo, estuvo de
acuerdo con William. Gillian necesitaba descansar. La había sorprendido haciendo una
mueca de dolor una o dos veces. Y realmente, él podría aprovechar un poco de descanso,
también, para solidificar su vínculo y explicar cómo iban a ser las cosas a partir de ahora.
—Si te exiges hasta el cansancio, yo me atrasaré.
Ella resopló y bufó, pero finalmente asintió y dijo: —Está bien, está bien.
Descansemos.
William desmontó sin decir palabra y se acercó para ayudar a Gillian a levantarse.
Un grito de furia se formó en la parte posterior de la garganta de Puck, un grito al que
Gillian dio voz, rugiendo hacia el cielo.
Sabía que estaban conectados, pero esto parecía... diferente, como si estuvieran aún
más en sintonía con todos sus estados de ánimo. Como si se convirtieran en un solo ser, con
274

un solo corazón.
No, nunca la podré dejar ir.
Página

—Ve. Bebe tu jarabe. Báñate. —William la empujó suavemente hacia una larga
hilera de árboles que protegían el estanque. —Voy a hacer guardia, y prometo no echar un
vistazo... más de dos veces.
—Te quedarás aquí, —le dijo ella. Luego se volvió hacia Puck. Con su mirada de
pura hambre no adulterada dijo: Te unirás a mí.
Ofreció un brusco asentimiento con la cabeza, instintos surgiendo. Voy a tomarla
esta vez. Suavemente, hábilmente, magistralmente. Despacio. Rápidamente, febrilmente.
Darle todo el placer que se le ha negado a lo largo de su vida y compensar todos los
dolores que ha sufrido.
Si ella acepta mis términos.
Peanut la siguió mientras se alejaba. En el momento en que estuvo fuera del
alcance, William se acercó a la cara de Puck, el aire cargado con desafío.
—Um, voy a instalar mi tienda, —dijo Winter. —En algún otro lugar.
—Aquí, déjame ayudarte. —Cameron se unió a su hermana, y los dos salieron
corriendo.
—No te unirás a Gillian, —espetó William.
—No me vas a detener, —contestó Puck.
Un segundo, William no tenía armas en la mano; al siguiente, clavó una daga en las
entrañas de Puck. El dolor agudo se deslizó a través de él, pero aparte de un suave gruñido,
no reaccionó.
No era necesario desperdiciar magia. La velocidad de deformación le serviría bien.
En un abrir y cerrar de ojos, se movió detrás de William, metió una cuchilla en el tronco de
su cerebro y la sostuvo allí. Un golpe que habría matado a un humano solo paralizó
temporalmente al otro macho.
—Afirmas que quieres que ella sea feliz, —dijo Puck. — ¿Mientes? Porque ella
odia a los mentirosos.
William gorgoteó un sonido de puro odio.
—La hago feliz. —Solo en caso de que Puck no hubiera hecho su punto, empujó la
hoja más profundamente y agregó—, Tuviste tu oportunidad. No la tomaste. Acepta las
consecuencias.
Aunque sabía que la parálisis desaparecería tan pronto como retirara el arma, tiró
bruscamente. La sangre roció su mano antes de que William girara, frente a él.
275

—Vete, entonces. —La orden escapó de él con los dientes apretados. —Pero sé que
tu tiempo es limitado, Pucker19. Tic Tac. Tic Tac.
Página

19Puckeren español es Pucheros, pero lo dejamos en inglés para no perder el sentido del nombre de
Puck con el sobrenombre despectivo.
Puck una vez había escuchado la misma cuenta regresiva en su cabeza. Una cuenta
atrás a la que se negó a prestar atención por más tiempo. Me la quedaré para siempre.
Nunca aceptaré la corona de Connacht y nunca cumpliré los términos de nuestro acuerdo.
¡No digas nada! ¡Permanece mudo! Su competencia no sabría la verdad antes de
haber reclamado su premio.
Poseído por una necesidad desigual, Puck maniobró a través de un follaje espeso y
se acercó al estanque. Vio a Gillian. Su cuerpo se endureció, preparándose para darle a esta
mujer—su mujer—placer. El hambre lo arañó. Nadaba, solo su cabeza y hombros visibles,
una hermosa rosa en la naturaleza salvaje.
Buscó en el perímetro cualquier amenaza que acechara cerca, no encontró ninguna.
En el otro lado del estanque se extendía una pared de piedra. Una cascada se derramaba
desde la parte superior, cayendo sobre la boca de una caverna.
Queriendo sorprender a su esposa, se protegió con magia antes de zambullirse en el
agua y trepar por las rocas, donde encontró un spéir maduro y raro que crecía en una
enredadera.
Arrancó la fruta, caminó por debajo de la cascada y esperó...

¿Dónde está él?


Hace solo unos minutos, Gillian pensó que había sentido la esencia de humo de
turba y lavanda. La anticipación se había esfumado, pero Puck nunca había aparecido.
Ahora, el agua fría calmaba sus doloridos músculos, pero no lograba apagar su
furiosa lujuria. Le dolían los pechos, las cimas como pequeñas lanzas. El calor se
desenrolló en su vientre para juntarse entre sus piernas.
Espera. Huele, huele. El olor de Puck se había vuelto más fuerte. Nadó más cerca de
la cascada, aún más fuerte. La anticipación volvió a encenderse. ¿Estaba escondido más allá
de la cascada?
Temblores invadieron sus extremidades mientras ascendía por la plataforma rocosa.
276

Usaba un sostén y un par de bragas porque también necesitaban limpieza, y tenía un


pequeño frasco de jarabe colgando de un cordón de cuero en su cuello. Sus caderas se
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balancearon por propia voluntad, una llamada de apareamiento, mientras se abría paso bajo
el chorro de agua...
Una sacudida de placer la atravesó cuando se detuvo bruscamente. Puck estaba aquí.
Estaba parado al otro lado de una espaciosa caverna, apoyado contra la pared, con
los brazos a los lados, los tobillos cruzados. Una pose informal. O eso parecía. La agresión
y el poder irradiaban de él.
Este hombre no tenía igual.
Una sombra de barba brillaba con gotas de agua. El cabello mojado le colgaba sobre
los anchos hombros, los extremos caían sobre su pecho desnudo, deslizándose por las
crestas de sus abdominales y atrapándose en la cintura de sus pantalones. Una costra de una
herida reciente decoraba su torso, y no tenía que preguntarse dónde lo había conseguido.
¡William!
La irritación no era rival para su excitación, sin embargo. O de Puck. Él permaneció
tan duro como una roca. Tan lejos de indiferente como fuera posible.
El aire fresco besó su piel sobrecalentada, y sus párpados se volvieron pesados. El
latido de su corazón se aceleró más y más rápido. Mientras luchaba por respirar, sus
pezones se pusieron aún más rígidos, frotándose contra la tela de su sujetador. Mmm. Más.
Un hormigueo se extendió a través de ella, sensibilizando cada terminación nerviosa.
Puck la miró de arriba abajo, lentamente, como saboreando una abundancia de
riquezas, y luego le ofreció una pequeña, algo violeta... ¿una ciruela? —Para ti.
¿Alguna vez la tentación se había visto tan dulce? — ¿Qué es? — ¿Otro regalo?
—Spéir.
¿En serio? Había oído hablar de la fruta que se encontraba solo en la tierra de
Connacht, y solo en la primavera... a veces.
Gillian se acercó más, los ojos de Puck rastrearon cada uno de sus movimientos.
Aceptó la golosina, mordió la tierna carne y gimió de placer, saboreando una mezcla de
piña, coco y ron especiado. Le recordaba a una piña colada que Cameron una vez le había
hecho, utilizando un alijo secreto de ingredientes que había traído del mundo de los
mortales.
Puck tomó el spéir y mordió en el mismo lugar, un beso por poder... y una
invitación carnal. Los escalofríos llovieron sobre ella, y la fiebre de la pasión se encendió
cada vez más.
En un silencio empapado de tensión, terminaron la fruta, pasándola de un lado a
277

otro, siempre mirándose. La conciencia hizo que el aire húmedo fuera eléctrico.
—Todavía tengo hambre, —susurró, la necesidad consumiéndola.
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Sus pupilas se encendieron cuando, con pasos medidos, la rodeó. — ¿Quieres todo
de mí? ¿Quieres que tu primera vez sea conmigo?
—Sí. —Por favor. —Muchísimo.
—Entonces me tendrás... después de que aceptes mis términos.
Ella tragó saliva. — ¿Términos? —Cuán ominosamente había pronunciado la
palabra.
—William destronará a Sin. Rechazaré la corona de Connacht. Tú y yo
gobernaremos a los Shawazons juntos, como marido y mujer.
¡Qué! —Pero anhelas gobernar mucho a los Connachts... para gobernar todos los
clanes.
—Te quiero más.
La comprensión floreció... y la devastó. He matado su sueño, tal como lo
predijeron. Podía co-gobernar a los Shawazons con ella, no había problema. Si él ponía
manos a la obra, incluso podía unir a todos los clanes con otro hombre que actuara como
rey de Connacht, pero nunca podría gobernar a los Connachts, lo que significaba que solo
podría gobernar cinco de los seis. Cinco clanes nunca serían suficientes.
Puck se detuvo frente a ella, solo a un susurro, tan cerca que sus pezones rozaron su
pecho cada vez que inhalaba. —Estás de acuerdo.
—No. —De ninguna manera, no era posible. —Te dije que no te dejaré olvidar tus
objetivos, y lo dije en serio. No mataré tu sueño.
—Tengo nuevos objetivos. Un nuevo sueño. De acuerdo, muchacha. —Le enmarcó
la cara con sus manos grandes y callosas. Sus pulgares rozaron el ascenso de sus pómulos,
suave, casi reverente. —La vida es interminable y demasiado corta, y no quiero pasar un
minuto más sin llenar tu hermoso cuerpo con todo lo que soy.
¡Misericordia! Con los pensamientos confusos, el corazón como una bala en el
pecho, se inclinó hacia él. —Yo... —Ella tragó saliva. —Nunca estaré de acuerdo,
Él entrecerró los ojos, pero asintió con lenta, calculada seguridad. —Muy bien. Sin
acuerdo, sin sexo.
— ¿Me estás chantajeando? —Jadeó ella.
—Lo estoy. —Bajó la cabeza... solo para dejar que sus labios se posaran sobre los
de ella, un segundo marcando otro, la calidez de su aliento abanicando sus labios. —Haría
peores cosas por ganarte.
278
Por una eternidad interminable, permaneció inquebrantable. Al principio, la
expectación la emocionó. Su cuerpo dolía... dolía mucho. El calor derritió su resistencia y
sus huesos. Ella se combó contra él, cada punto de contacto desencadenando una nueva
Página

bomba de sensaciones, despertando necesidades primarias. La ansiedad apropiándose de


Gillian.
Ella tenía que tener más. Pero el entusiasmo pronto se convirtió en tormento. Ella
se estaba muriendo.
—¡Haz algo! —Exigió.
Él rozó la punta de su nariz contra la de ella. Ella gimió. Él gimió, como si acabara
de recibir un golpe de su droga favorita.
Pero no fue suficiente.
—Dame lo que quiero. —El calor se derramó a través de ella una vez más. —Lo
que ambos necesitamos.
—Te besaré, —dijo con voz áspera. —Te tocaré. Pero no te tomaré hasta que tenga
tu consentimiento.
—Puck...
—Gillian. —Finalmente, benditamente, la besó. Sus labios presionaron contra los
de ella, su lengua convenciéndola en lugar de exigir.
Suave. Tentador. Ella gimió y se preguntó dónde pondría sus manos...
Una se colocó a través de su cabello para inclinarle la cabeza. La otra se deslizó
bajo sus bragas para ahuecar su trasero y atraerla más cerca, poniéndoles la piel caliente.
Sus pechos se estrellaron contra su pecho, y sus pezones latieron.
—Más, —graznó ella. Delicioso...
Con un gruñido, Puck empujó su lengua más allá de sus labios, separándolos. Él se
sacudió, levantó la cabeza por una fracción de segundo. —Me encanta tu sabor. —Otro
gruñido. Su lengua se batió en duelo con la de ella.
El sabor de él la drogó. Era miel fundida perseguida por champaña con infusión de
piña. Más dulce que el spéir, y la contradicción perfecta para su perversa exploración.
Él era más necesario que el aire.
Para anclar su cuerpo contra el suyo, ella envolvió sus brazos alrededor de su
cintura. El placer la bombardeó en olas, una tras otra, pero aun así ella necesitaba más. Ella
necesitaba... todo. Arriba, arriba, sus dedos viajaron sobre las crestas de su espina dorsal,
sus músculos se sacudieron bajo su caricia.
Tanta fuerza aprovechada por un hombre. Mi hombre.
279

La besó más profundo, como hambriento por ella. Ella le devolvió el beso, igual de
profundo, igual de hambrienta. ¿Control? Ella no tenía ninguno. Desesperada, una
Página

ocurrencia común en su presencia, ella persiguió cada sensación que él le provocaba, sus
uñas se clavaron en sus omóplatos, nuevos gemidos escaparon de ella.
Su mundo giró, el beso nunca se ralentizó. Luego las rocas frías la helaron, y un
hombre caliente le calentó el frente; ella jadeó. Y él no había terminado. Él amasó uno de
sus pechos. Su otra mano se deslizó por su estómago, pasó por debajo de sus bragas y jugó
con ella hasta que se retorció, gritó y suplicó.
—Estás de acuerdo, —dijo él. Una gota de sudor goteó de su sien.
—N-no. —Su futuro significaba más para ella que el placer. Apenas. —Por favor,
Puck. Por favor. Si te niegas a darme un orgasmo, me voy a quemar espontáneamente.
—Simplemente voy a quemarme contigo. Dudo que haya una mejor manera de
hacerlo. —Dejó de moverse, se detuvo, y ella gritó por una razón completamente diferente,
la frustración de su propio demonio personal.
Ella golpeó su pecho. — ¿Qué estás haciendo?
—Lo imposible. Estoy... caminando... fuera. —Él soltó su pecho... levantó la mano
de sus bragas, ¡no! —Lo más difícil que nunca he hecho. Pero voy a hacerlo. Un futuro
contigo significa demasiado.
—Puck. —Ella le agarró las muñecas y lo miró a los ojos. La tensión apretó sus
características. Claramente necesitaba correrse tan desesperadamente como Gillian. —
Quédate.
—Sabes cómo mantenerme aquí.
Ella abrió la boca y la cerró. Él le dio un rápido beso y se levantó, cortando el
contacto.
Pero... pero... —Dijiste que podríamos besarnos y tocar.
—Y eso es exactamente lo que hicimos. Nunca dije que dejaría que te corrieras.
—¡Eres una rata sucia! —Con los pulmones agitados, ella se puso de pie para
enfrentarlo. —Termina lo que comenzaste o... o... —Nada sonaba lo suficientemente
violento. —O me ocuparé de mí misma.
—No creo que lo hagas. Debido al vínculo, no creo que puedas. —Inclinándose,
poniéndose nariz a nariz, dijo: —Pero de cualquier forma, tu orgasmo me pertenece a mí, y
a mí solo. No te harás correrte a ti misma, Gillian. ¿Lo entiendes?
Siempre tan posesivo. —¡No!
280

Él la apretó contra la pared rocosa. Con sus manos sobre la superficie áspera al lado
de sus sienes, enjaulándola, y su erección frotándose entre sus piernas, se pasó el labio
Página

inferior entre los dientes. —En el momento en que aceptes mis términos, estaré en ti tan
profundamente que me sentirás por el resto de la eternidad.
Temblores. En ondas...
Nuevamente, ella abrió y cerró la boca. Entonces sus defensas se recuperaron. Esto
es por su propio bien.
Debió de percibir su debilidad momentánea, porque la miró tan satisfecho que quiso
golpearlo y arrojarse en sus brazos. La arrogancia se veía bien con él.
—Escúchame. Escúchame bien. Si te haces correr ahora, —dijo él—, no haré que
te corras más tarde.
Su frustración aumentó. ¿Por “más tarde” quiso decir “alguna vez”?
—Vas a regresar al campamento, dolorida por mí, —continuó con un tono sedoso.
—Sí, —dijo ella, mirándolo a los ojos. Dos podrían jugar este juego. Mientras la
miraba, se lamió los labios. —Pero tú también lo estarás.

281
Página
Capítulo 31

Mientras los demás dormían a salvo y cómodamente en sus sacos de dormir, todos
menos Gillian, que se revolvía y giraba, Puck marchaba por el perímetro de su
campamento, con las armas en la mano y un demonio aullando en su cabeza.
La única razón por la que no se estaba volviendo loco ahora mismo, considerando el
horrible ruido en su cabeza: mi mujer me necesita.
Gillian no se había hecho correrse a sí misma. Ella lo había esperado. A propósito o
inadvertidamente, él no lo sabía, y no le importaba. ¿Todo lo que importaba? Ella adolecía
por él. Y ella trató de vengarlo.
Cuando ella había regresado al campamento, se puso en la cara de William y le dijo:
—Sé que apuñalaste a Puck. No lo vuelvas a hacer.
— ¿Qué? —Había respondido el guerrero. —Se metió en mi cuchillo.
—Si lo vuelves a hacer, entrarás en mi cuchillo, repetidamente.
Mil veces, Puck casi se había rendido y corrido hacia ella, frenético por hacerla
correrse, listo para seguirla hasta el borde.
Demasiado en juego. ¡Resiste!
Tómalo todo o no aceptes nada.
Sabiendo que estaría demasiado excitado para dormir, pidió la primera guardia
nocturna. Una hora se desangró en otra y otra hasta que apareció Cameron,
282

sorprendiéndolo. Cogió un arma.


—Mi turno de guardia, —dijo su amigo, sonriendo de oreja a oreja. —Estamos un
Página

poco agitados, ¿no? ¿Y distraídos? ¡Sorpresa! He sido tu sombra durante las dos últimas
vueltas. Consideré apuñalarte para probar un punto, pero pensé que ya tenías suficiente
dolor. —Hizo un gesto a la protuberancia entre las piernas de Puck. —Yo guardaría esa
cosa.
—Ese es el plan, —murmuró Puck. Envainó su daga y se restregó una mano por la
cara. El hecho de que no hubiera escuchado el acercamiento del guerrero... merecía una
flagelación.
Volvió al campamento, dejando que sus botas se estrellaran contra el suelo, sin
siquiera intentar callarse. Mientras se deslizaba dentro de su saco de dormir—que colocó
justo al lado del de Gillian—ella se volvió hacia él con un gemido bajo y necesitado.
Mi mujer está agonizando. Debo darle…
¡No! No hasta que ella cediera.
La luz de la luna acarició su exquisito rostro mientras abría los ojos y le miraba. —
Puck, —susurró.
—Acepta, —dijo él suavemente entre dientes. William y Winter dormían a pocos
metros de distancia, pero no tenía fuerzas para terminar la conversación.
—Acepta mis términos, sexo sin compromiso, —dijo Gillian, con un tono igual de
suave—, y haré cualquier cosa con la que hayas fantaseado alguna vez. Lo haré todo.
Sí. Más duro que nunca. Necesitándola. — ¿Me quieres, muchacha?
—Muchísimo. —Una confesión precaria que sólo lo hizo ponerse más duro.
—Pruébalo, entonces. Acepta mis condiciones. Danos a los dos un felices-por-
siempre.
Ella aspiró aire, como si él hubiera raspado una herida con su garra. —No peleas
limpio, esposo.
—Nunca lo he hecho, nunca lo haré. —No con un premio de premios esperándole.
—Acepta.
—Yo... no puedo.
—Puedes, pero no lo harás. Así que esperamos, y descubramos quién puede durar
más que quién... 283
Página

Puck nunca logró dormirse, el demonio muy ruidoso, y su necesidad de Gillian


demasiado grande. Esperó, esperando contra toda esperanza que ella fuera la primera en
ceder. Pero, mientras la luz de la mañana amaneció en el horizonte, ella permaneció quieta
y tranquila.
¿Descansando pacíficamente? Él…
El suelo bajo él empezó a temblar, y frunció el ceño.
¿Amenaza? Listo para la batalla, con las dagas en la mano, Puck se levantó a toda
prisa. William, Gillian y Cameron se le unieron. Una Winter de ojos muy abiertos estaba en
el perímetro del campamento, agarrándose a una rama de un árbol para mantener el
equilibrio.
Entre ellos, pequeños círculos de tierra se desmoronaron, implosionando desde lo
profundo del núcleo del reino.
—Ven aquí. Ahora, —le ordenó Cameron, haciendo un gesto a su hermana. —
¿Qué demonios está pasando?
—No lo sé. —Winter pasó, retorciéndose y saltando para evitar caer en una de las
fosas. —El temblor no ha alcanzado a las quimeras. Vamos a recoger nuestro equipo y
arrastrar el culo.
Buen plan.
—Yo me encargo del equipo, —dijo William. Las bolsas y las armas
desaparecieron.
¿Pero llegar a las quimeras? Imposible. El viento soplaba a través del campamento.
Viento mágico. La magia de Sin. En un instante, todos fueron llevados a un nuevo lugar,
separados unos de otros, cada uno de pie directamente frente a un hoyo.
Algunos de los pozos no tenían fondo, otros no. En el agujero que bostezaba ante
los pies de Puck, las lanzas se anclaban en el suelo y se inclinaban hacia arriba. Una caída
dentro era un empalamiento garantizado.
Winter se tambaleó, y Cameron se lanzó para atraparla. Al mismo tiempo, William
agarró una rama caída para que se extendiera hacia Gillian, pero Puck ya había seguido el
ejemplo de Cameron y se lanzó hacia ella. Se puso detrás de ella, con un brazo alrededor de
su cintura para mantenerla firme.
—Esto es obra de Sin, —dijo.
—Tú lo conoces mejor. —Gillian miró a su alrededor, su mente claramente girando.
284

— ¿Crearía una forma de detener esto?


Página

Más temblores.
— ¿Nos movemos? ¿Nos quedamos aquí? —preguntó Winter.
Demasiado tarde. Se formaron nuevas fosas.
—Necesito pensar. —Los pensamientos dispersos de Puck comenzaron a alinearse.
A Sin siempre le había gustado jugar con sus enemigos, así que sí, crearía una salida,
asegurándose de que el juego continuase.
Los primeros pozos se habían formado cuando Winter estaba en el perímetro, y el
resto de ellos estaban cerca del fuego. El segundo grupo de pozos se formó después de que
el viento había soplado, y la magia había llevado a todos a nuevos lugares.
La magia de Sin los había separado a propósito, entonces. La proximidad
importaba... lo que le recordaba a Puck un juego en el que los niños amaranthians jugaban a
menudo, en el que dos equipos se alineaban uno frente al otro, con un solo objetivo en
mente: permanecer juntos mientras forzaban al otro a separarse.
Eso era todo. Con suerte. —Vengan a nosotros, —ordenó a los demás. —Alinéense
uno al lado del otro. Ahora.
William y sus hermanos llegaron sin protestar, y los temblores cesaron. Sin nuevos
pozos.
Puck expulsó un fuerte suspiro de alivio. —Muy bien. Avancemos juntos,
permaneciendo lado a lado, y…
Otra ráfaga de viento, otro destello. Un segundo, Puck estaba en la fila, y al
siguiente estaba a una buena distancia. El temblor se intensificó, nuevas secciones de tierra
se desmoronaron.
—Muévanse al lado derecho del fuego, —gritó William.
Todos obedecían, haciendo lo que había que hacer. En un juego de supervivencia,
no había tiempo para un concurso de meadas. Al presionar hombro con hombro, el temblor
disminuyó, y sí, la tierra dejó de desmoronarse.
—Agárrense las manos, —dijo Gillian.
Demasiado tarde. Como antes, sopló el viento. Se dispersaron una vez más, la línea
rota. Temblores. Más pozos se crearon. Pronto, no quedaría tierra.
— ¿Qué hacemos? —gritó Cameron.
Los cimientos a los pies de William... se disolvieron. En un abrir y cerrar de ojos, el
guerrero desapareció. Con un grito de negación, Gillian corrió tras él.
285
¡Magia! Puck obligó a una enredadera espinosa a brotar del suelo y enrollarse
alrededor de su tobillo, atrapándola antes de que muriera. Se apresuró a acercarse, con
cuidado de no caer, y la tiró hacia arriba, odiando el dolor que le estaban infligiendo las
Página

espinas.
—¡Suéltame! —Ella luchó contra su poder, decidida a alcanzar al otro macho.
—Para. Ahora. —Indiferencia subió el volumen al comprender el dilema. Mi esposa
me besó un día, y casi se sacrificó a sí misma -y a mí- por otro hombre al día siguiente.
William se materializó al lado de Puck, comprendió el intento de Gillian de salvarlo
y la ayudó a recuperarse.
Cameron y Winter saltaron de sus pequeñas parcelas de tierra. Otra línea. Sin pausa,
todos se inclinaron, se contorsionaron y giraron para unirse de manos. Aun así, Puck se
preparó, esperando otro destello. Pero pasó un segundo. Dos, tres. No pasó nada.
Ignorando un pinchazo de resentimiento, se centró en William. —Lleva a Gillian a
las quimeras a mi cuenta. —Puck no tenía suficiente magia para ponerla a ella o a alguien
más a salvo. Lo suficiente para sus enredaderas, su hielo, tal vez un puñado de otros trucos.
La furia oscureció los ojos azul eléctrico del macho, todo auto-dirigido. —Sólo
puedo destellarme solo.
Cierto. En el caos, Puck lo había olvidado.
—Destéllate a ti mismo para ponerte a salvo idiota, —gritó Gillian. —
Encontraremos una salida sin ti.
—O toda la zona se derrumbará en cuanto me vaya, —respondió William.
No estaba equivocado. Sin castigaría a cualquiera que tratara de salvarse a sí mismo
matando a todos los demás. La culpa podría ser un arma más afilada que cualquier espada.
—Uh, chicos. Tengo un pequeño problema, —dijo Winter.
Puck gimió, sabiendo lo que iba a decir. — ¿Cuánto tiempo tienes?
El odio oscurecía sus ojos de borde plateados. —No mucho tiempo. Egoísmo está
gritando. Si no abandono el barco, la locura me arrastrará. Ya puedo sentirlo... no tengo ni
idea de lo que voy a hacer.
—No eres la única con un demonio difícil. —Cameron se frotó la barbilla contra el
hombro, limpiándose una nueva gota de sangre. —Obsesión tiene preguntas sobre esos
pozos sin fondo, y quiere respuestas.
—Aguanten, chicos. —La mirada de Gillian se lanzó sobre el bosque. —Podemos
hacer esto. Haremos esto. Sólo tenemos que permanecer juntos y avanzar hacia las
quimeras.
286

Puck usó el más mínimo indicio de magia para estudiar la tierra, buscando,
buscando. ¡Allí! Un contorno brillante marcaba el perímetro del “juego”.
Página

Aproximadamente a quinientos metros cuadrados de distancia.


—No tenemos que ir tan lejos hasta las quimeras, —dijo.
Si pudieran cruzar el umbral juntos, podrían “esperemos” escapar ilesos. Entonces,
¿cómo podían cruzar el umbral juntos?
¡Piensa! Lo intentó, lo hizo, pero su mente se había vuelto demasiado confusa por
la emoción. Temor por la seguridad de Gillian. Lamento porque no la hubiera reclamado
cuando tuvo la oportunidad. Enojo por su muerte, su tiempo con su esposa acortado, su
reino y la gente condenada. Dolor porque hubiera llevado a buena gente a una situación
desesperada. Bueno, buena gente y William. Furia y celos por la devoción de Gillian hacia
el macho. Encima de todo eso, el demonio era simplemente demasiado ruidoso.
—Lo siento, Gillian, pero debo... pensar con claridad... —comenzó.
—¡No! —dijo ella. —Resolveremos esto. No...
—Demasiado tarde. —Puck llamó a hielo. No era el momento de dudar.
Una fría tormenta mató brutal y salvajemente todas y cada una de las emociones.
Indiferencia se calmó, los pensamientos de Puck se asentaron y se alinearon una vez más.
No había manera de que el grupo pudiera caminar hacia adelante mientras se tomaban de
las manos. Demasiadas fosas se desangraban en otras, ensanchando los huecos. Si dos
personas caían en un momento dado, arrastraban a un tercero, luego al cuarto y al quinto.
Así que. Sigamos adelante.
Si no podían cruzar, al lado o debajo, tendrían que pasar. ¿La única forma de llegar?
Magia. Por supuesto. La magia era el problema, la magia era la solución. Escudriñó los
árboles que rodeaban el claro, encontró uno con un grueso tronco y ramas. Robusto. ¿Lo
suficientemente fuerte para sostener una de sus enredaderas, más el peso de todo el grupo?
Lo descubrirían.
Los insectos se arrastraban por toda la corteza, y esos insectos trataban de masticar
la enredadera. El tiempo no estaría de su lado.
¿Alguna otra forma?
La lógica dijo: no.
La enredadera será.
—Necesito una mano libre, lo que significa que debemos reordenar nuestras
posiciones. —En este momento, Gillian y William lo rodeaban. En medio de las protestas,
agregó: —Una vez que mi mano esté libre, usaré el árbol para producir otra enredadera
espinosa, y nos balancearemos sobre los hoyos. En teoría.
Cameron y Winter irradiaban terror. William se puso una máscara tan fría como el
287

hielo. Puck se encontró con la mirada de Gillian, notó que estaba cenicienta, supo que debía
estar molesto pero no sintió nada.
Página

—A mi cuenta, —dijo. —Uno. Dos. Tres.


Manos desenredadas. Se formaron nuevas fosas. Puck cambió de lugar con William,
arrastrando a Gillian con él cuando ella se negó a soltarle la mano. Cameron se tambaleó
sobre una cornisa.
Winter le agarró de la mano, salvándole. Un acto desinteresado. Su cabeza inclinada
hacia atrás, un grito de dolor surgiendo de ella. Los hermanos se tambalearon juntos.
William demostró su fuerza, golpeando a Cameron con una patada y sosteniendo a
Winter con una mano y a Gillian con la otra. Al mismo tiempo, Puck extendió un brazo.
Una enredadera disparada desde el árbol y envuelta alrededor de su muñeca, espinas
perforando su piel y músculo.
La sangre goteaba.
Cuando el peso muerto de Winter amenazó con arrastrarlos a todos hacia abajo,
saltó y se llevó a todos con él. Zambulléndose. El peso añadido hizo que las espinas
excavaran más profundamente, golpeando el hueso, pero aun así aguantó.
Tan pronto como la enredadera se niveló, gritó: —¡Suéltense!
Juntos se elevaron por los aires, chocaron contra la línea de árboles y cayeron al
suelo.

288
Página
Capítulo 32

Gillian estaba en la cúspide de un gran ataque de pánico. Las horas habían pasado
desde que el grupo había sobrevivido a un juego del escondite con trozos de tierra.
Cameron estaba catatónico, apenas respiraba. No había investigado los pozos sin fondo, y
estaba siendo castigado. Winter también sufría un castigo, meciéndose hacia adelante y
hacia atrás, mascullando cosas sin sentido.
—El reloj se rebobina al infierno, —decía ella. —Lluvia carmesí, hermosa
destrucción. La campana exige un peaje. La luz más oscura. Él viene. Ayúdame a morir.
Gillian se sentó entre los hermanos, peinando con sus dedos el cabello de Winter un
minuto, acariciando al siguiente la cara de Cameron. Nada de lo que ella había hecho había
ayudado.
Nada de lo que Puck había hecho había ayudado tampoco. Ella le había pedido que
compartiera su hielo con la pareja, pero él había dicho: —Si lo hago, voy a empeorar las
cosas. En este momento, les importan los estragos que causarán si dejan de luchar. Si dejan
de preocuparse...
Afirmando que necesitaba erigir una pared de enredaderas espinosas a lo largo del
(nuevo) perímetro del campamento, había partido poco después. William lo había
perseguido, irradiando amenaza.
¿Sería el PE—PuckEmocional—el que volvería? ¿O tendría que lidiar con el
Hombre de Hielo?
289

Finalmente, ¡respuestas! Puck se paseó entre los árboles, acercándose. Tenía un ojo
morado, su ropa sucia, manchada de sangre y desgarrada.
Página

¿Lo que ella no vio? Amabilidad. Parecía más aterrador que cualquier enemigo con
el que jamás se había enfrentado.
Sus esperanzas se desplomaron.
Él y William debían haber luchado, a pesar del estado frío de Puck. Pero Puck tenía
reglas. Él nunca se las había contado todas a Gillian, pero se imaginó que una tenía que ser:
Contra atacar siempre.
—No podemos quedarnos aquí, y no podemos llevarnos a los hermanos, —dijo con
voz fría y dura. —Solo nos retrasarán.
Ella pensaría en algo para ayudar a sus amigos. Pero primero, tenía que ayudar a su
marido. Él una vez le había dicho que una fuente externa tenía que hacerle sentir algo lo
suficientemente fuerte como para romper el hielo. Muy bien.
Se puso de pie, cerró la distancia. Al mirar hacia él, exigió: —Bésame.
Ignorándola, él dijo, —Coge tu bolsa. Nos vamos.
—No, —dijo ella sacudiendo la cabeza. —Aún no nos vamos.
—Nos vamos, —insistió. —Si te resistes te hare daño.
—Hazlo entonces. Lastímame.
Él… no lo hizo. Ni siquiera lo intentó. Porque no podía
Ella colocó sus manos sobre sus hombros. —Si fueras mi Puck, querrías besarme, y
querrías quedarte aquí.
—Yo no soy tu Puck.
—¡Lo sé! Ese es el problema.
El dio un paso atrás, tan fuerte y competente, tan maravillosamente masculino que
ella se derritió. —Coge tu bolsa, —repitió
—No. —En los años que Gillian había pasado con los Señores del Inframundo,
había visto a un macho alfa tras otro enamorarse y cambiar, queriendo ser mejor para su
Dama.
Puck no quiere mi amor, ¿recuerdas? No, no. Él lo hacía. Él debía. Sus términos...
¿Ella lo amaba?
No estaba segura. Entonces, sigue adelante. Los Señores del Inframundo siempre
tuvieron un efecto potente. Los guerreros endurecidos por la batalla se volvieron masilla en
las manos correctas
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La poderosa Sienna, actual reina de los dioses griegos, fascinó a Paris, simplemente
contoneándose en una habitación, a pesar de que él había vivido durante miles de milenios
Página

y que ya había experimentado cada vicio, truco y trato.


La delicada Ashlyn calmó a Maddox con solo una mirada, un toque o una palabra.
La combativa Kaia despertó a Strider con las cosas perversas que le dijo.
¿Qué dirían otros acerca de Gillian y Puck algún día? El caliente desastre de Gillian
derritió a Puck con... ¿qué?
—Por una vez, estoy de acuerdo con Puck, —dijo William, materializándose junto a
su marido. Su tono era tan sin emociones como el de Puck, igual de frío, duro e indiferente.
Él también tenía un ojo morado y ropa ensangrentada. —No deberíamos quedarnos aquí.
—En esta condición, —dijo Gillian—, Winter y Cameron están indefensos.
—No es mi problema, —contestó Puck.
¿Cómo de profundo corría su frialdad, que pronunciaba un comentario tan
insensible?
William se puso rígido, con ira brillando en sus ojos. —Hay asuntos que debo
atender. Vuelvo enseguida. —El destelló lejos.
Aliviada por tener un momento privado con Puck, Gillian dijo: —No podemos irnos
mientras él no esté. Lo necesitas, ¿recuerdas? Así que por ahora, estás atrapado aquí.
Podemos usar el tiempo para derretir tu hielo. —Por favor.
—El hielo no es mi problema, —dijo Puck. —Lo eres tú.
— ¿Quién? ¿Yo? —Ella se señaló a sí misma, por si acaso necesitaba una
aclaración.
—Habrías muerto por William. Me habrías matado para salvarlo.
¿Ese era el problema? Alzando la barbilla, dijo: —Lo haría de nuevo, si fuera
necesario. —Conoce la verdad, lidia con eso, porque no había forma de cambiarlo.
Dio un paso atrás, como si ella lo hubiera golpeado.
Luego ella añadió: —Pero yo habría ido después por ti también. Probablemente más
rápido. De acuerdo, definitivamente más rápido. Y si fuera necesario, hubiera convencido a
William para que lo hiciera.
Su mirada se clavó en la de ella, buscando, sus pupilas dilatándose. Su respiración
se volvió desigual, y sus manos se cerraron en puños. ¡El hielo se estaba derritiendo al fin!
El triunfo mezclado con el poder femenino, el tipo de poder que solo él podía
despertar, y era más embriagador que la magia. Un día, la gente diría que la astuta Gillian
derritió a Puck con la verdad.
291

—Ven, muchacha, vamos a charlar. —Él camino hacia ella y, sin una pausa en su
camino, La levantó por encima del hombro y la llevó a la manta en la que Peanut
Página

descansaba. —Y no te preocupes por los demás. La enredadera espinosa que establecí


mantendrá a raya a los depredadores.
Se sentó, luego la arrastro sobre su regazo, su cuerpo de lado con su hombro
presionado contra su pecho.
—Me quieres más que a él, —dijo, y sonrió con satisfacción. —Quieres estar casada
conmigo para siempre.
Una cosa era cierta, su sonrisa satisfecha aún se veía bien en él. —No estoy segura
de cómo fue, me gustas más que William y quiero estar casada contigo para siempre. —
Susurrando, ella dijo: —Pero creo que tienes razón.
Su agarre sobre ella se tensó. —Haré de tu felicidad mi misión, muchacha.
— ¿Aunque me niegue a aceptar sus términos? Porque no destruiré tu sueño, Puck.
No lo haré. Si vamos a estar juntos, te convertirás en rey de los Connachts. ¿Tal vez
podamos convencer a William para que te libere de tu promesa?
¿Estaría su amigo dispuesto?
No. No, ella no creía que él lo hiciera. Por lo tanto, tenía que ser de otra manera.
Sin final feliz... lo que podría ser contra lo que sería...Un presentimiento se apoderó
de sus hombros.
—Te advierto ahora, —dijo Puck. —No quiero que haya malentendidos entre
nosotros. No te dejaré ir. Haré lo que sea necesario para mantenerte, y te elegiré por sobre
cualquier cosa. La vida ya no será sobre lo que es mejor para otros o para mí. La vida será
sobre lo que es mejor para Gillian y Puck. Somos un equipo. Una familia. Confiaré en ti, y
tú confiarás en mí.
Nunca, en todos sus días, había escuchado una promesa más bella o sincera. Las
lágrimas le escocían en los ojos, la necesidad de abrazarlo y aferrarse era demasiado fuerte
como para negarlo. Pero incluso ahora, ella no podía aceptar sus términos. Los últimos días,
él le había dado más de lo que ella había imaginado posible. Entonces, de ahora en
adelante, ella le daría; ella haría cualquier cosa para asegurarse de que viviera su sueño.
Necesitando una distracción... otra cita para cenar... Gillian buscó en su bolsa, sacó
el paquete de bayas y nueces que había traído de casa, y colocó la fruta más madura en sus
labios. —Nos perdimos el desayuno y el almuerzo, y sé que a mi guerrero le gusta
mantener su fuerza. Abre.
—Estoy hambriento. —Sus ojos ardían, toda oscuridad y luz. —Pero no por
comida.
—Muy malo. —Por lo general, él comía según un horario, pero se había estado
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olvidando últimamente. —Necesitas sustento si vas a estar a mi altura, viejo. Soy joven y
tengo resistencia.
Página

Las comisuras de su boca se crisparon antes de aceptar la baya. Mientras masticaba,


sus cejas se juntaron con sorpresa. —Puedo saborear la exquisitez de los sabores. —Abrió
el paquete y se metió varias bayas en la boca, masticó y frunció el ceño. —Ahora es
insípido
Ella tomó dos bayas, colocó una en la lengua de él y otra en la suya.
El placer se apoderó de su expresión. —Puedo saborear los sabores otra vez, igual
que una vez te probé a ti. Tan dulce. Deliciosa.
¿Él saboreaba las cosas... porque ella lo había alimentado? ¿Y porque se había dado
un festín con ella? Qué exquisito tormento.
—Dame más. —Con su mano alrededor de su muñeca, él guío sus dedos a su boca
abierta para cortar otra baya. —Asombroso. Cuando me alimentas, saboreo los sabores.
Cuando me alimento solo, no.
Sorprendente de hecho. Y había muchas posibilidades de que ella estuviera
sonriendo con satisfacción ahora. —Podría hacerte vegetariano ahora, —bromeó.
—Sí. —Como un niño en Navidad, hizo un gesto hacia el paquete. —Dame más
comida. No te detengas hasta que nos lo acabemos.
Su ansiedad fue contagiosa. Sonriendo, colocó una nuez dentro de su boca,
paralizada mientras masticaba. Sus ojos se cerraron, emitiendo un gemido irregular. Su
garganta se movió sensualmente mientras tragaba, enviando una lanza de felicidad
directamente a su corazón.
—Tan delicioso. —Murmuro sensualmente, miró a Gillian como si fuera un
milagro. —Salado.
Ella se retorció en su regazo, su necesidad de él solo se intensificó. Cuando su
cadera rozó su erección, se quedó quieta. Él se detuvo. Ninguno de los dos se atrevió a
respirar. Luego, con un gruñido, Puck se levantó y la giró, para que ella se sentara a
horcajadas sobre él.
Un gemido se escapó de su boca. —William podría regresar en cualquier momento.
—Incluso mientras hablaba, ella entrelazó sus dedos por su pelo y se balanceó contra él.
Otra lanza de felicidad. Un jadeo. —No podemos. —Pero quiero... —Y debemos
mantenernos alerta para un ataque mágico de Sin.
—Podemos hacer esto mientras permanezcamos alerta. —Sus manos se flexionaron
sobre sus caderas. —Mi mujer necesita correrse, así que me aseguraré de que se corra. La
dejé necesitada y dolorida.
Correrse... sí. Con él, solo él. Aquí y ahora. Mañana y siempre. Su respiración se
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volvió irregular, raspando su garganta. La excitación latía entre sus piernas. —Sí, nos
mantendremos alerta.
Página

Imposible.
Cállate
Cuando presionó su frente contra la de Puck, su cabello creó una cortina alrededor
de sus caras. En ese momento, eran las únicas dos personas con vida, y quedarse quieto no
era una opción.
Impotente, Gillian se meció contra él, tomando, dando. ¡Sí! Con sus pechos al ras
contra su pecho, sus pezones se frotaban, se frotaban. Más placer. El éxtasis atravesándola.
—Nunca voy a tener suficiente de ti.
—Nunca, —estuvo él de acuerdo. —Te querré siempre.
—Te necesito.
—Estoy perdido sin ti.
No pierdas la pista de... ¡Oh! Eso se sintió bien. Él ancló sus manos en su culo, sus
dedos extendidos, y se movió contra ella con más fuerza.
Una ramita se quebró. Las hojas se agitaron.
¡Noooo! Ahora no. Puck se puso rígido y se levantó, su cuerpo temblaba de rabia.
Gillian contuvo un gemido y se levantó, con una daga en la palma.
William entró en el claro, les echó un vistazo y frunció el ceño. —Hablé con Hades.
Tenemos dos semanas para derrocar a Sin, o los Enviados destruirán este reino entero.
¿El reino entero? — ¿Pero por qué?
William miró a Puck. —Aparentemente, el imbécil de tu hermano bombardeó un
templo sagrado, matando a cientos de Enviados, y toda la raza está buscando su sangre.
Pero no te preocupes Hades está enviando refuerzos.
Dos semanas para descubrir una forma de estar con Puck y mantener vivo su sueño.
Dos semanas como máximo. Si encontraran a Sin antes...
El estómago de Gillian se revolvió, la excitación y el buen humor desaparecieron.
Una cuenta atrás había sido puesta en su felicidad, y ella no podía pensar en ninguna forma
de detenerla.

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Página
Capítulo 33

Con Gillian ya no envuelta en sus brazos, Puck luchó por mantener la calma. Sus
emociones se vieron atrapadas en una especie de crisis, haciendo que el demonio protestara
más fuerte que nunca. Piensa, piensa. ¿Ayuda de Hades? ¿Los Enviados decididos a atacar?
¿La próxima destrucción de Amaranthia? ¿Sin, marcado de muerte por una especie entera?
¿Todo parte de la profecía?
La furia lo asedió, golpeando su cráneo. La urgencia se unió a la refriega. Una
lujuria cruda y una frustración aplastante del alma, también. La desesperanza sin fin.
Soledad y traición. Odio. Amor. Orgullo. Dolor. Pena.
Había odiado a Sin por lo que había hecho. Lamentaba la pérdida de su hermano.
Era necesario para ayudar... ¿a quién? ¿A quién necesitaba ayudar?
Para resolver esto, tenía que encontrar paz y tranquilidad. Y, sin embargo, no se
atrevía a invocar más hielo y decepcionar a Gillian.
Se arrancó el cabello, su respiración se agitó con creciente agresión. De alguna
manera había sido despojado de sus defensas, todo lo que había sentido antes era un mero
bache en comparación con esto.
Lo que Gillian haría…
Su nombre provocó un nuevo diluvio de cruda lujuria. Ondas de ella. Estaba duro y
temblando. Si William no hubiera regresado, Puck estaría dentro de ella.
295

Furia, mucha furia.


Indiferencia se arrastró por el vínculo, dejando la cabeza de Puck misteriosamente
Página

en silencio.
Gillian notó la intrusión y jadeó.
Quería ir con ella, ofrecerle consuelo, pero se sentía atado por sus cadenas
emocionales. ¿Cómo se suponía que debía lidiar con esto?
En el fondo, sabía que este día llegaría. Sabía que las cosas que había enterrado
resurgirían; aunque Gillian había filtrado una buena parte de ellas, lo que quedaba, hacía
picadillo su control legendario.
¿Cómo se suponía que iba a sobrevivir a esto?
Con los brazos extendidos, Puck echó la cabeza hacia atrás y rugió hacia el cielo.
Sin alivio.
Él quería a su mujer, y la tendría. Si era necesario, movería las montañas para
alcanzarla. Mataría a cualquiera que se atreviera a interponerse entre ellos.
Necesitaba asegurar el final infeliz de ella con William, y establecer su final feliz
con Puck. Quería que sus amigos estuvieran sanos y salvos. Quería a Sin derrotado y
muerto bajo su mano, la corona de Connacht en la cabeza de otro. Pero Puck también
quería a Sin... vivo. ¿Cómo podría dañar al hombre que solía ser su querido hermano
pequeño? Más ira. No puedo contenerla...
Impotente Puck iba a tener que dejar a Cameron y a Winter atrás. Sus amigos,
abandonados cuando más lo necesitaban. En las próximas horas, los dos empeorarían.
Winter dejaría sus divagaciones y atacaría a cualquier persona cercana. Cameron saldría de
su estado comatoso y se atacaría a sí mismo. La sangre fluiría. Se podrían perder vidas.
Todavía Puck no podía quedarse atrás. Si no mataba a Sin en los siguientes catorce
días, apenas trescientas treinta y seis horas, todos en Amaranthia morirían.
Demasiado, demasiado. Con un rugido, Puck cargó hacia adelante y se estrelló
contra el tronco de un árbol, clavando los cuernos. El impacto lo sacudió, trozos de corteza
e insectos volando. Una vez que hubo liberado los cuernos, retrocedió y embistió de nuevo.
Y otra vez, hasta que el árbol se derrumbó.
Respiraciones cortas y entrecortadas arrasaron su esternón. El rojo salpicó su línea
de visión cuando embistió otro árbol, luego otro. ¡Caería todo el bosque! Nada lo detendría.
—Suficiente. —La voz de Gillian cortó sus pensamientos. Su voz temblorosa.
¿Mi mujer me tiene miedo?
Puck se giró, mirándola. Tenía los ojos muy abiertos, los brazos cruzados sobre el
296

torso, creando un escudo en forma de X, con los dedos anclados en las caderas.
William estaba a su lado, un pilar de protección.
Página

Él piensa en alejarla de mí.


Barbilla abajo, cuernos hacia adelante, Puck corrió más cerca. Más y más rápido.
William se paró frente a Gillian. Un error. El último. Más rápido todavía. El bastardo se
preparó para una colisión brutal, solo para volar fuera del camino cuando Gillian lo empujó
por detrás. Ella estaba lista, con la intención de encontrarse con Puck de frente.
Se detuvo frente a ella, jadeando, incapaz de recuperar el aliento. Ella no vaciló en
alzar la mano y tomar su rostro, luego pasó los pulgares por la parte superior de las
mejillas.
—Nunca pensé que tendría que decirte esto, Pucky, pero necesito que te calmes.
En el interior, el filo de sus emociones se atenuaba, su contacto, su cercanía, lo
calmaban como ningún otro.
—No... me temas. —Las palabras salieron rotas, raídas.
—Nunca.
—Eres mía, —dijo.
—Soy toda tuya.
Más tranquilo aún...
Ella deslizó su mirada sobre su hombro, y frunció el ceño. —Alguien viene.
Él se dio la vuelta, notó las ramas de los árboles golpeándose a lo lejos mientras una
enorme sombra se movía sobre la tierra.
Debo proteger. Puck decidió lidiar con la amenaza en el cielo primero. Un hombre
rubio con enormes alas blancas voló al campamento y aterrizó a solo unos metros de
distancia.
La identidad del recién llegado hizo clic. Galen, guardián de Celos y Falsas
Esperanzas, así como ayudante de Hades. Él era el inmortal más despreciado del mundo.
Durante siglos, dirigió un ejército humano con el único propósito de matar a los de su
propia especie. Había traicionado a amigos y enemigos por igual y no se podía confiar en
él.
Puck había aprendido sobre él mientras investigaba a William. Galen deseaba a una
mujer llamada Legión... o Honey o como se llame a sí misma hoy en día. Su pasado estaba
tan lleno de dolor y violencia como el de Gillian. Actualmente, Legión estaba siendo
mantenida lejos de él. Galen pasaba su tiempo buscándola, guerreando en el inframundo e
intentando recuperar las amistades perdidas con los Señores del Inframundo, hombres que
297
una vez torturó.
Otros dos salieron de la línea de árboles y llegaron a pie. Pandora, la única hija de
Página

Hades, tenía el pelo negro hasta los hombros que enmarcaba una cara deslumbrante con
dramáticos ojos color avellana.
A su lado había un hombre sin camisa, musculoso, con la piel del color de la sangre
y ojos tatuados del cuello a los pies. “Rojo”, el que le mostró a Puck el callejón en
Oklahoma City. Su verdadera identidad cristalizada: Rathbone El Único, otro de los aliados
de Hades, y un rey del inframundo en sí mismo. Múltiples perforaciones brillaban a la luz
del sol y…
¿Alguno de esos ojos tatuados había parpadeado?
—Han llegado los refuerzos, —dijo William.
Puck debería haberse regocijado. La motivación del Eterno Cachondo acababa de
cambiar; ya no estaba involucrado en el éxito de Puck en nombre de la libertad de Gillian.
Ahora él luchaba por su vida.
Si Amaranthia moría, Puck moriría. Su magia, su propia fuerza vital, estaba ligada
al reino majestuoso. Con la fuerza vital de Gillian atada a él, ella perecería con él.
Indiferencia volvió a la mente de Puck y se rio con alegría, como si saboreara la
idea de todas esas muertes. Especialmente la de Gillian. ¿Y por qué no? Ella era la fuente
de la debilidad del demonio y la mayor fortaleza de Puck.
Ella es la fuente de mi todo. Solo unos momentos antes, él había pensado que su
vida juntos sería sobre Puck y Gillian. Ahora veía la verdad. Era todo sobre ella, su vida
giraba en torno a Gillian. Él haría lo mejor para ella, siempre.
Si Puck no derrotaba a Sin en trece días, utilizaría las tijeras para liberar a Gillian de
su matrimonio. Ella ya no tendría un vínculo con Puck, lo que significaba que ya no tendría
un vínculo con Amaranthia. Por supuesto, ella se negaría a dejar atrás a su clan, por lo que
tendría que forzar la situación.
¿Dejarla ir? Un rugido de negación golpeó sus labios, pero él lo retuvo. Para salvar
la vida de Gillian, la dejaría ir. Sin importar cuánto sufriría después.
Derrotaría a Sin a tiempo, y todo saldría según lo que Puck esperaba. William
destronaría al Demente. Puck entonces mataría a Sin, a pesar de su pasado. Puck se
aseguraría de que un soldado de Connacht llevara la corona y mantendría a Gillian a su
lado.
Tenía sus objetivos: Matar. Seleccionar. Tenía su marco de tiempo. Treinta días. No
fallaría.
¿Matar a Sin, no solo destronarlo? ¿De verdad?
No te preocupes por los detalles ahora. Mientras tanto, le mostraría a Gillian lo
298

bueno que podría ser entre ellos. No más espera. No más términos No más interrupciones A
partir de ahora, tomaría lo que quería, cuando lo quisiera.
Página

— ¿Cómo nos has encontrado? —Exigió.


—Encontrarlos fue el menor de nuestros problemas. —Las formas de Rathbone
cambiaron a la forma de Sin, luego regresaron a las suyas. —Hay un escudo alrededor de
todo el reino, que impide que cualquier persona que no sea Sin o los que están en su
compañía se vayan o regresen. Tenía que ser tu hermano para poder entrar.
Sin debe haber erigido el escudo poco después de que Puck llegara con William. O
bien, Puck y su compañía eran una excepción.
—Te ves bien, Gillian. —Galen le dio un entusiasta pulgar hacia arriba. —Ya eres
mayor. Lo apruebo.
—Bueno, gracias a Dios por eso, —respondió, su tono seco. —La vida finalmente
vale la pena vivirla.
¡Boom! Peanut golpeó con la cabeza a Galen en el estómago sin advertencia,
derribando al hombre alado. Entonces la quimera mordió la mano de Rathbone, ganándose
un aullido de dolor.
Una risa burbujeó en la parte posterior de la garganta de Puck cuando Rathbone
maldijo, la estoica Pandora se escapó de su alcance y Galen gruñendo se puso en pie.
¿Diversión? ¿En un momento como este?
El hecho de que Indiferencia no pudiera hacer otra cosa que deslizarse por su mente
en un bufido hizo que el momento fuera mucho más dulce.
— ¿Cómo sabemos que eres quien dices que eres? —Gillian dio un paso adelante,
con la intención de acercarse a los recién llegados, pero Puck le tendió la mano,
bloqueándola. —Podría ser un truco, —murmuró. —Otro desafío, incluso.
— ¿Quién te gustaría que fuera, alguien adorable? —La imagen de Rathbone
cambió de un cachorrito lindo, a Puck, a William, a un jaguar, a Rick de The Walking Dead
y finalmente a él mismo. —Spoiler, realmente no importa. Soy un asesino a sangre fría sin
importar cómo me vea.
—Yo respondo por ellos, —dijo William.
Puck enroscó un dedo debajo de la barbilla de Gillian y le levantó suavemente la
cara, listo para manejar la situación como ella quisiera.
—Necesitamos cazar a Sin, lo que significa que tenemos que dejar atrás a Cameron
y a Winter. Pero… —agregó antes de que ella pudiera protestar—, una de las personas de
Hades se quedará aquí y hará guardia. —Una orden que esperaba que fuera obedecida. —
¿Lo apruebas?
299

Cerró los ojos por un momento, respiró hondo y asintió.


Página

—Entonces está arreglado, —dijo William. —Rathbone, te quedarás con los


hermanos del infierno. Galen, volarás por encima y nos advertirás de cualquier peligro
inminente. Pandora, viajarás junto a nosotros, tu única tarea es proteger a la chica, y morir
en su lugar si es necesario.
—Oh, ¿eso es todo? —Pandora le ofreció un saludo mostrándole los dos dedos
corazón de sus manos.
—Estoy de acuerdo con Macho Man, —le dijo Puck. —Muere si tienes que hacerlo.
—Nadie muere por mí, —espetó Gillian.
William saludó a las quimeras.
— ¿Nadie me oyó? Todo está resuelto, mi palabra es ley. Vámonos.
Puck, nacido príncipe y una vez un futuro rey, anhelaba atacar a este usurpador que
pensaba hacerse cargo. ¡Nadie ordenaba a sus tropas sino a él!
¿Celoso? ¿Ahora? ¿Sobre este tema?
—Pandora es realmente atractiva, —dijo Gillian, su tono lo suficientemente fuerte
como para cortar el acero. — ¿La quieres a ella?
¿Ella luchaba contra los celos, también?
Lo vio claro. Puck señaló con un dedo a Galen. —Controla a tu demonio.
El hombre subió un hombro, sin preocuparse. —Contraoferta. Yo lo hago. Tú lo
haces. Los dos lo hacemos por las chicas.
Puck estaba en su cara un segundo después, golpeándolo, rompiéndole la nariz.
Gillian y Pandora vitorearon.
Galen sonrió mientras la sangre le corría por la cara.
— ¿Qué? ¿Fue algo que dije?
William dio el siguiente golpe, simplemente ganándose una risa de Galen mientras
volvía a colocar su mandíbula en su lugar.
¡Macho loco! Puck hizo pasar a Gillian a las quimeras, la ayudó a montar y luego
montó en Walnut.
Cuando William trotó más allá de Puck para tomar la iniciativa, murmuró: —
Recuerda lo que te dije.
Su grupo caminó a través del bosque, dejando atrás a Rathbone, Winter y Cameron.
Para eludir una oleada de culpa, Puck repitió la conversación que él y William tuvieron
antes, cuando Puck estableció un límite espinoso alrededor del campamento.
300

—Hecho divertido, —había dicho William. —Recojo cráneos. Bonitos, feos.


Masculinos y femeninos. Joven, viejo. Inmortal, humano. Los de mis enemigos y amigos
Página

por igual, e incluso una persona que conocí en un ascensor.


— ¿Es la hora del cuento? —Puck había estado en un profundo congelamiento en
ese momento, y antagonizar al hombre había parecido una idea maravillosa. —Vaya genio,
Willy. Ojalá me hubieras advertido. Me hubiera vestido con mi pijama y me hubiera
acurrucado debajo de mi manta favorita.
El amado hijo de Hades había continuado, imperturbable. —Tengo miles de
calaveras. ¿Lo único que tienen en común? Asesiné a la persona a la que pertenecieron.
—Bostezo. Eres grande y malo, y haces cosas espeluznantes. Célebre. ¿Tu punto?
—Él había extendido sus brazos. —Espera. Déjame adivinar. Si no tengo cuidado,
terminaré como exhibición en tu colección.
William se había pasado la lengua por los dientes. —Odio esos cráneos. Todos...
cada... uno. Me recuerdan las peores acciones que he cometido. Una vez, consideré
deshacerme de ellos. Sin embargo, antes de tomar una decisión, un amigo me robó el que
menos me gustaba del grupo. ¿Sabes lo que hice?
— ¿Lo aburriste hasta la muerte con esta historia?
—Lo rastreé, le corté la cabeza y convertí su cráneo en un urinario. Mi punto, como
tan elocuentemente me pides, es este: no me robes.
Un hedor fétido impregnaba el aire, cortando el indulto de Puck. Hizo una mueca
mientras recogía notas de muerte, descomposición y azufre.
—Galen, —bramó Pandora. —Te dije que no comieras esos burritos.
— ¿Me estás culpando por esto? —Alas de plumas blancas que se deslizaban en un
movimiento de ida y vuelta para mantener el ritmo de las quimeras, dijo—, pensé que eras
la culpable. Iba a ser un caballero por una vez, y no haría ningún comentario sobre tu
enfurecida flatulencia. Mi error.
Puck escaneó la zona y descubrió cuatro cuerpos podridos parcialmente ocultos por
montones de hojas a unos cien metros de distancia. Usando magia para una inspección de
cerca, se dio cuenta de que las víctimas habían sido destrozadas.
Aminoró el paso y se acercó a Gillian. — ¿Ves los cuerpos? Tuvieron una mala
muerte. Lo que sea que los mató podría estar todavía aquí.
—No te preocupes, —dijo ella. —Yo te protegeré.
Él la miró, y ella curvó sus exuberantes labios rojos en una sonrisa, incendiando a
Puck con lujuria.
301
Debo tenerla. Pronto.
Pandora, que cabalgaba al otro lado de Gillian, sacó una espada de una vaina
Página

cruzada en la espalda. — ¿Con qué clase de bestia podríamos estar tratando aquí,
Indiferencia?
—Puedes llamarme Su Majestad. —Él no era el demonio. Nunca sería el demonio
otra vez.
Forzó la devastación para reclamar el centro del escenario en su mente. Las
extremidades no habían sido cortadas de los cuerpos, sino rasgadas. Había marcas de
mordiscos en cada parche de piel visible, pero no marcas de colmillos. Rasguños hechos
por uñas desafiladas en lugar de garras.
Considerando que cada mano tenía sangre y tejido apelmazado recubriendo las
uñas... casi parecía que la gente se había atacado entre sí.
Seguramente no. —La bestia... no sé.
—Estoy más preocupada por el laberinto. —Gillian señaló a la derecha. —Siento
que ya he visto ese árbol tres veces.
Laberinto... laberinto. La palabra asomó y presionó a Puck. Gillian había llamado a
la creación de Sin un laberinto más de una vez, pero nunca había tratado el bosque como
algo más que, bueno, un bosque.
¿Se había equivocado? —Vuela, Galen, y cuéntanos lo que ves.
Galen obedeció, y cuanto más subía, más grandes se volvían sus ojos.
—Deberían ver…
Se estrelló contra un techo invisible, golpeando una de sus alas. Como una estrella
fugaz, descendió, descendió, antes de aterrizar a unos metros de William, derrapando por el
suelo y chocando contra un árbol.
Sus dos alas ahora estaban rizadas y retorcidas en un ángulo extraño. Su hombro
estaba claramente fuera de su órbita, y su tobillo roto; hueso cortando a través de la carne.
Lo que tenían que ser miles de insectos se arremolinaron en el tronco del árbol para
aferrarse a él.
Al unísono, todos desmontaron y se apresuraron a ayudar. Con un grito, Galen rodó
lejos, golpeando a Gillian, quien cayó.
Cacareo, cacareo. Indiferencia disfrutó del espectáculo.
Tensándose, Puck se apresuró al lado de su esposa, pero William destelló,
alcanzándola primero. Él esperaba ira. El bastardo toca lo que es mío. En cambio,
experimentó... gratitud. El bastardo la ayudó cuando ella lo necesitaba.
—Estoy bien, —dijo ella, y sonrió. —De verdad.
302

De acuerdo, ahora experimentó ira. Esa es mi sonrisa.


Galen apretó su puño contra su hombro dislocado, haciendo que la articulación
Página

volviera a su lugar. A pesar de que su tobillo se desplomó inútilmente, se levantó y cojeó


hacia Puck. —¡Capullo! ¿Sabías que yo...?
Penaut lo golpeó con la cabeza en el esternón. Una vez más, Galen se estrelló contra
un árbol.
— ¿Y bien? —Preguntó Puck. — ¿Qué viste?
Galen se quedó abajo. Deslumbrado, dijo: —Vi nuestra condena.

Gillian escuchó, enferma del estómago cuando Galen describió una pesadilla de
proporciones bíblicas. Secciones del laberinto eran lugares de comercio. Es decir, sin
importar lo lejos que hubiese viajado el grupo, o lo nuevo que pareciera el paisaje, es
posible que nunca llegasen a la fortaleza de Sin.
— ¿Sabes cómo sé que vamos a escapar de este laberinto? —Anunció Pandora. —
Porque estoy aquí.
¡Oye! Esa es mi línea.
Gillian se frotó la parte posterior de su cuello, solo entonces notó la caída de la
temperatura. De algo genial para dar la bienvenida al Ártico, tan frío que le castañeteaban
los dientes.
Los otros también lo notaron, frunciendo el ceño mientras los copos de nieve
giraban desde el cielo, aterrizaban sobre la piel expuesta y eran absorbidos por los poros.
Dentro de ella, el calor floreciente ahuyentaba el frío. Floreciendo... ampollas. Sus
runas parpadearon intermitentemente cuando su sangre se convertía en lava y sus órganos
se convertían en ceniza.
¿Magia?
—Puck. —Trató de decir más, pero la agonía abrasadora de repente la consumió de
manera inequívoca. Ella gimió... y luego gritó.
—Ayuda... —Los huesos en su cara, pecho y extremidades se alargaron, engrosaron
y giraron. La piel oscura brotó, cubriendo cada centímetro de su piel. Sus encías
desarrollaron un latido propio cuando los colmillos se extendieron hacia arriba, más allá del
labio superior. Las garras crecieron de sus dedos de manos y pies.
Con el horrible cambio, ella perdió su centro de gravedad y se derrumbó.
303

Penaut giró, chilló y se alejó de ella.


¿Dónde estaba Puck? Ella lo necesitaba. Neblina visual… ¿Dónde, dónde? Su
Página

mirada se posó en... ¡no! Sus compañeros de equipo se habían ido. En su lugar había
monstruos con cuernos y colmillos.
Los pensamientos se disolvieron, los instintos salvajes tomaron el control. No son
mis amigos, sino mis enemigos. Comida. Tan hambrienta.
Gillian retrocedió, preparándose... y luego atacó.

304
Página
Capítulo 34

Con la mente en una zona de guerra, las protestas de Indiferencia repiqueteaban,


Puck luchó para dar sentido a lo que sucedía a su alrededor. Gillian, William, Galen y
Pandora se habían puesto a cuatro patas y ahora merodeaban entre sí, cortando y gruñendo.
El presentimiento lo inundó. Esto no terminará bien.
Adecuadamente como pensó. William se lanzó hacia Galen, enseñando los dientes.
Encerrados en una batalla a muerte, los dos machos se lanzaron sobre ramitas y rocas.
Gillian soltó un grito de guerra y lanzó su cuerpo hacia Pandora, quien la encontró a
mitad de camino. Mordiendo, cortando. Rociando sangre.
Esto no era un ordinario Hulk-interior. Una extraña locura había vencido a todos
excepto a Puck. ¿Por qué no a él también? ¿Indiferencia? Pero Gillian también tenía una
conexión con el demonio.
¿La magia de Puck, tal vez? Todavía un defecto en su lógica. Gillian y William
tenían magia propia.
¿La magia innata de Puck, entonces? ¿Magia de Connacht? Algo que los otros dos
no tenían.
Exactamente. Solo había una forma de detener esto, entonces.
La solución lo inquietó. Tan drástica. Tal vez podría razonar con Gillian y los
demás en su lugar.
305

Merecía un intento. Puck saltó sobre las hembras, derribando a las dos. Ambas se
abalanzaron sobre él, clavando las uñas en su carne, los dientes mordiéndole el cuello. A
Página

pesar de la afluencia de dolor, hizo poco por defenderse.


Cuidado. Debes proteger a Gillian a toda costa. Pero no a Pandora. Él agarró a la
otra mujer por el pelo y la arrojó a un banco de árboles antes de atrapar a su esposa debajo
de él.
Ella se resistió, una cosa salvaje, y trató de arrancarle la garganta. En sus ojos, no
vio ningún indicio de reconocimiento.
—Cálmate, muchacha. Respira por mí. Dentro. Fuera. Sólo…
Las uñas le arañaban la cara, el cuello y el dolor lo quemaba de nuevo.
Un peso pesado le golpeó la espalda, pero no logró moverlo. Pandora había
regresado. Ella arañó, golpeó y pateó las partes más vulnerables de él. Rabia debajo de él,
furia encima de él. Tiempos divertidos. Él llegó por encima, agarró a la hija de Hades por el
pelo y la arrojó por segunda vez a… William.
Una distracción. Error. Gillian le metió la palma de la mano en la nariz y el
cartílago se rompió. Él gruñó, luchando contra un breve ataque de mareo. La sangre
caliente le corría por su cara.
Después de patearlo y empujarlo, ella se puso en cuclillas. Sus miradas se dirigieron
a William, quien sacudía la cabeza y aullaba hacia el cielo, desafiándola a cerrar la
distancia; él no sería tranquilo con ella.
—Te estás quedando aquí. —Puck agarró sus tobillos y tiró de ella, haciéndola
estrellarse contra el suelo de cara. Ella hizo una mueca. Hizo una mueca, odiando que
hubiera causado dolor a esta preciosa mujer.
Cuando la atrapó, él dijo, —Gillian. Sé que estás allí. —Ella tenía que estarlo. —
Concéntrate en mí. Piensa en…
Ella le golpeó la barbilla en la frente, dislocando su mandíbula. Más dolor, estrellas
parpadeando ante sus ojos. ¡Y ella no había terminado! Con las manos libres, le dio un
golpe en la cara mientras se sacudía y pataleaba con más fuerza, desesperada por la
libertad.
A pesar de sus heridas, él dijo con voz ronca, —Gillian, soy tu marido. Recuerda mi
beso, mi toque. Nosotros estamos…
Levantando su cabeza, presionó su boca contra la suya, chupó su lengua en su boca
y mordió la punta. En segundos, la sangre llenó su boca, casi asfixiándolo.
306

Escupe. Usó la magia para agilizar el proceso de curación, su mandíbula se re-


alineó, las cortaduras se juntaron, la lengua se regeneró.
Página

—¡Basta, muchacha!
Nuevamente ella lo pateó, logrando liberarse. Un estado sin sentido podría
mantenerla prisionera, pero no había borrado siglos de entrenamiento. Entonces ella echó
hacia atrás su pierna, transmitiendo su intención. Ella no lo haría. Seguramente ella no…
Ella le dio un golpe en la cara.
De acuerdo entonces. No habría ningún razonamiento con ella.
Usando súper velocidad, Puck la agarró del tobillo cuando hizo otra jugada hacia su
cara, y la levantó de un tirón. Él la inmovilizó debajo de él, envolvió sus dedos alrededor de
su garganta y apretó lo suficientemente fuerte como para inmovilizarla. Como lo había
hecho durante su Hulk-transformación, él volvió su atención hacia adentro, hacia su
vínculo. Esta vez, le regaló un zarcillo de magia de Connacht.
No tenía que morir para ceder magia a otros. Ni siquiera magia innata. Tú podrías
ofrecerlo voluntariamente. Aunque él nunca había conocido a nadie interesado en hacerlo.
¿Qué perdería Puck al hacer esto? ¿Su habilidad para cambiar de forma? ¿Correr a
la velocidad de la luz? De cualquier manera, él nunca recuperaría la magia, a menos que
matara a los que la compartían, o la devolvieran voluntariamente. Pero Galen y Pandora, a
quienes debería marcar con runas, no sabrían cómo devolverla durante siglos, y William no
lo haría por despecho. Apenas importa. Debo ayudar a Gillian.
Sus movimientos se redujeron, se detuvieron. Ella lo miró, sus ojos se oscurecieron
con horror mientras su mente se aclaraba. —Te ataqué. Oh, Puck. Lo siento mucho.
Alivio. Orgullo. Él había tenido éxito. — ¿Aún no te has dado cuenta de que
soportaría cualquier cosa para llevarte a esta posición?
— ¿Cómo pasó esto?
—Ilusión mágica. Una trampa establecida por Sin, programada para comenzar cada
vez que rompemos un cierto punto. Creíste que eras un animal, ¿verdad? —Ante su
asentimiento, él dijo—, Los otros todavía lo hacen. —Él se levantó, la ayudó a ponerse en
pie. —Si podemos sujetarlos, puedo alimentarlos con la magia de Connacht. —No era
necesario un vínculo para un regalo de magia, solo era más fácil darlo.
Sus ojos se abrieron con horror cuando vio a William, Galen y Pandora enredados
juntos, cada uno cubierto de heridas y empapados en sangre.
Cualquier otra persona podría haber corrido gritando, pero no Gillian. Ella mantuvo
307

el ritmo al lado de Puck y se acercó a los combatientes.


—Me llevaré a William, —dijo ella. —Toma los otros dos.
Página

—Él no te reconocerá. Podría lastimarte. —Entonces me veré obligado a tomar


represalias.
Ella le lanzó una sonrisa rápida, haciendo que su corazón se descontrolara. —Ten
más fe en tu esposa. —Después de retirar cuatro dagas, dos en cada mano, ella le dio un
puñetazo a Pandora en la cara y le dio un codazo en la mandíbula a Galen.
Cuando los combatientes cayeron, Puck golpeó, clavando a Galen en el suelo con
dagas.
Movimiento en la esquina de su ojo. Se detuvo para mirar mientras Gillian
manejaba con maestría a William a su espalda, y clavaba sus muñecas y tobillos en el suelo.
Solo boom, boom, boom, boom, y el chico estaba inmovilizado.
Mi mujer es habilidosa
Considerando la fortaleza de William, Puck no estaba seguro de cuánto duraría la
espera. Puck abandonó a Galen—por ahora—colocó una mano sobre la frente de William y
soltó el más leve zarcillo de la magia de Connacht. Sólo lo suficiente. El hombre dejó de
luchar y frunció el ceño. No había tiempo para explicar.
Puck saltó a Pandora. Con ella, no tuvo reparos en usar la fuerza necesaria. Después
de haberla estacado, tomó una daga, se dio cuenta de que había dejado caer la suya en algún
lugar en el camino. Muy bien. Él palmeó la suya, rápidamente talló una runa en su mano y
le dio el más mínimo indicio de magia de Connacht.
Finalmente, volvió su mirada hacia Galen. Runa. Magia de Connacht.
Hecho.
—Pensé que me había transformado en una bestia, —dijo Pandora, entre
respiraciones jadeantes. — ¿Por qué?
Gillian explicó la situación mientras arrancaba las dagas de las muñecas de William.
Silencioso, se sentó, liberó sus tobillos, luego frotó heridas que ya estaban en proceso de
curación.
— ¿Qué pasa si esto es solo el comienzo? —dijo ella. —Lo que viene a
continuación podría ser peor. Lo cual apesta, porque nos estamos quedando sin todo.
Sus miedos no estaban fuera de lugar. Cada desafío resultaba ser más difícil que el
anterior.
—Nos ocuparemos, —dijo Puck. Ellos deberían. Ellos no tenían otra opción.
308
Página

Ellos viajaron el resto del día.


Gillian no podía dejar de mirar a Puck. Él la había salvado, los había salvado a
todos, al compartir su magia. Podía haberse convertido en el Hombre de Hielo en cualquier
momento, pero había decidido quedarse con ella y, a juzgar por la mirada acalorada que le
había estado arrojando, sentía todo. Nunca un hombre parecía más tempestuoso. Una
tormenta se formó en sus ojos y oscureció cada una de sus características.
El tiempo se acaba. No sé lo que depara el futuro.
Lo necesito. Lo necesito a él ahora.
Nunca había estado más preparada para la posesión de un hombre. Incluso ahora, su
corazón asaltó sus costillas, acelerándose cada vez más rápido. Sus pezones le dolían más
que nunca, su vientre se estremecía y el centro de sus muslos latía.
No puedo tenerlo. Todavía. Pronto...
Ellos llegaron a un estanque aproximadamente una hora antes del atardecer.
Después de establecer el campamento, todos se turnaron para bañarse y limpiar la sangre de
batalla. Puck primero, ella quería unirse a él, pero no había tiempo, luego William, luego
Pandora y Galen. Finalmente, Gillian se desnudó y se metió en el agua fría que no pudo
enfriar su piel caliente.
Ella esperó... pero Puck nunca apareció. Decepcionada, ella se secó y se vistió con
una camisa y una falda corta de cuero de fácil acceso y para el tormento de Puck.
En el borde, en alerta y sexualmente frustrada, regresó al campamento. William se
sentaba frente a un fuego, afilando sus dagas con una concentración casi obsesiva. Pandora
y Galen holgazaneaban al lado de Puck, acribillándolo con un millón de preguntas sobre
Sin, Amaranthia y la magia, pero él no estaba de humor para charlar, o incluso ser sociable.
Sus respuestas fueron “sí”, “no” y “cállate antes de que te corte la lengua”.
Cuando vio a Gillian, le dio una mirada de tan evidente hambre, un deseo tan
palpable, que se mareó de lujuria y perdió un paso, casi cayendo de bruces. El éxtasis hizo
señas, su cuerpo ya estaba excesivamente sensibilizado por horas, días, de anticipación.
William se puso de pie y murmuró, —Padre llama. —Sin más explicación que eso,
se fue.
Galen y Pandora compartieron un momento de irritación antes de levantarse.
—A dónde va él, uno de nosotros debería ir, —dijo la mujer de pelo oscuro.
309

—Afortunadamente, Hades nos equipó con un SNW. —Galen se tocó la sien. —


Sistema de Navegación William.
Página

—William se irá por horas, —dijo Pandora, y movió sus cejas. —Me aseguraré de
eso.
—Es bueno saberlo, —dijo Puck. —Asegúrate de que todos se mantengan alejados
del estanque, entonces.
Un rubor quemó las mejillas de Gillian.
— ¿No estás deseoso de un poco de espionaje, eh? —Preguntó Galen. —Bien. Iré
tras William y me aseguraré de que se mantenga alejado. Pandy pastelito, guardas el
perímetro. Tengo la sensación de que nuestros pequeños tortolitos están a punto de perder
la pista de todo.
Pandora chasqueó los dientes ante Pandy pastelito. —Venga. Antes de que pierdas
tu apéndice favorito. —Ella arrastró al hombre alado.
¡Finalmente!
Puck se puso de pie, su mirada bordeada de kohl trazando sobre las curvas del
cuerpo de Gillian. Como si ya no pudiera soportar su separación, avanzó hacia ella, todo
oscuro, adorable, ardiente y agresivo. Él la levantó sobre su hombro al estilo bombero, y la
llevó lejos del campamento.
Su pulso se aceleró cuando su olor la envolvió y la embriagó. — ¿Puck?
—Esto está sucediendo, mujer. Mejor acostúmbrate a la idea.
—Um, ¿oíste una protesta mía?
—No, pero voy a escuchar tú acuerdo.
— ¿Quieres decir que te conseguiré a ti, no importa qué? —preguntó ella, sin
aliento.
—Cada centímetro. —En el borde del estanque, él la puso de pie.
La excitación la llenó de ampollas mientras lo miraba fijamente. Era pura
indulgencia perversa, un bufé de delicias sensuales. Sin camisa, su tatuaje del ave en una
espectacular exhibición. El que él no la dejaba tocar, aún. Pronto tocaré cada centímetro de
él...
—Me deseas, —él dijo, enmarcando su rostro con sus manos. —Dilo.
—Te deseo. —Desesperadamente. Locamente. La luz de la luna se abría camino a
través del dosel de los árboles, acariciándolo con amorosos dedos. —Tendremos que ser
rápidos. El peligro...
310

— ¿Rápido? —Un aliento cálido acarició su frente mientras se reía. —Imposible,


esposa. Esta es nuestra primera vez. Tu primera vez, punto. Vamos a saborear cada
Página

segundo. Si Sin intenta algo, voy a sentir su magia. Estoy preparado ahora.
—Está bien. Bien. — ¿Cómo podría ella resistirse? —Mi respuesta es sí. —Mil
veces sí.
Gimiendo, él empuñó los pelos de su nuca y la apretó contra él. —Dame lo que me
he perdido.
—Siempre. —Sus labios se encontraron en un acalorado choque, sus lenguas se
entrelazaron, en duelo. Un beso profundo Reverente. Salvaje y aun así dulce.
La besó como si su supervivencia dependiera de ello, exigiendo una total rendición.
Rindiéndose, ella cedió felizmente. Un deseo abrasador la arrastraba hacia arriba, hacia
abajo, hacia adentro, hacia afuera y hacia todos lados. Hambrientos, se devoraron el uno al
otro. Esto no era un aperitivo, sino una comida en toda regla.
Gillian nunca había conocido el hambre de esta manera. Cada célula, cada órgano,
cada centímetro de ella anhelaba su posesión.
Puck la bajó a una cama de musgo y maniobró a su lado. Con una mano, él ahuecó
su culo, ¿una posición favorita? Con la otra, él palmeó su pecho y rozó su pulgar contra la
cresta distendida. ¡El paraíso!
— ¿Me has echado de menos, muchacha? —La ronquera de su tono, porno audible.
—Cada centímetro de ti. —Los escalofríos y el calor invadieron sus huesos y
cuando él le amasó la carne, ella juraría que consideraba su cuerpo como un templo, juraría
que adoraba cada centímetro de ella.
A los dieciocho años, ella no había estado lista para él. Con cien... doscientos... tal
vez incluso cuatrocientos, sus problemas podrían haberla superado. Después de múltiples
guerras e innumerables pruebas, batallas, amistades y traiciones, heridas y dolores, creando
un clan y un hogar, finalmente supo lo que quería y lo que necesitaba. Para ella, todo giraba
en torno a Puck Connacht. Príncipe guerrero, futuro Rey. Esposo adorado. El hombre que
sentía todo… por ella.
Él profundizó el beso, y ella separó sus piernas, dejando que su muslo descansara
entre las suyas. ¡Ataque instantáneo! El calor líquido empapó sus bragas. Incapaz de
permanecer quieta, ella arqueó su espalda, apretando su núcleo contra él.
Un gemido escapó. ¡La prisa y el placer!
—Puck, —ella gritó.
— ¿Paro? —él preguntó, con un tono desigual.
—No te detengas. Nunca.
311
Página
Capítulo 35

Gillian deslizó una mano sobre el pecho de Puck... sobre el tatuaje del ave. La
magia la pinchó, corriendo por su brazo, haciéndola temblar. Bueno, bueno. No era de
extrañar que él no quisiera que ella lo tocara. El tatuaje significaba algo. ¿Pero qué?
La mente también se empaña para desentrañar un misterio.
— ¿Quieres que me detenga? —preguntó ella, trazando sus dedos sobre las alas de
gran detalle.
—Nunca te detengas.
Los latidos de su corazón tronaron contra su palma, corriendo sincronizados con los
de ella. La seda y el calor de su piel... el corte glorioso de músculo sólido... el almizcle de
su aroma combinado con la dulzura de su sabor... haciéndome enloquecer.
Desde su regreso, él había sentido como si estuviera ardiendo, a veces a fuego lento,
la mayoría de las veces a punto de ebullición. Devastada por esta nueva fiebre de pasión—o
más bien, esta extensión de la última—ella arqueó la espalda para girar contra su muslo.
—Eso es bueno muchacha, —él la elogió. Él amasó su culo más fuerte, ayudándola
a girar con más fuerza. —Vamos a ponerte agradable y preparada.
Ya estoy preparada, guerrero. Ella nunca había estado tan empapada.
Cuando él movió su pierna, su muslo la rozó donde más le dolía. Ella gimió. Él
gimió. Cada punto de contacto se electrificó, las corrientes sobrealimentaban su excitación.
312

¿Cuánto tiempo este hermoso hombre había sido privado de afecto y adoración?
¿Desde antes de su posesión? Tomado de los brazos de su madre como un niño, obligado a
Página

luchar en los ejércitos de su padre, castigado por algo percibido como una “suavidad de
mujer”.
Por mucho que Gillian quisiera tomar, ella quería dar.
—Puck, —ella jadeó, cada vez más desesperada. —Necesito tocarte también.
—Tócame, entonces. Por favor.
Rebosante de impaciencia, levantó la cabeza para mirar su rostro mientras clavaba
su mano debajo de la cintura de sus pantalones. Aunque tenía poca experiencia, fingía
confianza y envolvió sus dedos alrededor de su erección.
—Dime si hago algo mal, —dijo.
—Lo haces... todo bien. —La tensión apretó sus rasgos, su respiración se volvió
irregular. La lujuria brillaba en sus ojos oscuros, el macho brillando eran tan hermosos. Él
tenía un sistema solar completo en esos iris, y ella se sentía como si fuera el sol.
Arriba y abajo, ella lo acarició. Arriba, abajo. Sus caderas se arquearon con cada
movimiento hacia arriba.
—Las cosas que me haces, muchacha. —Con una mano sobre su nuca, la atrajo
hacia abajo para otro beso. Uno frenético, con dientes y lengua y un intercambio de aire. De
vida.
Él deslizó su mano libre bajo sus bragas, presionó la palma de su mano contra su
núcleo. La presión creció, empeorado por lanzas tras lanzas de sensación incomparable.
—Puck... por favor. —¡Tan lista!
Él hundió dos dedos en su profundidad. ¡Sí! Ella gritó, liberando su longitud para
agarrar sus hombros, sus uñas hundiéndose en su piel. Su piel se tensó sobre el músculo, su
mente reducida a su estado más animal. Toma mi placer, asegúrate de él.
Ella sacudió sus caderas, forzando sus dedos más profundo. Calor más caliente. Más
presión. Pequeños sonidos de maullidos surgieron de ella mientras su pulgar presionaba
contra su clítoris.
—Estoy tan cerca, —dijo, su voz irregular.
—Esa es la forma, esposa. Te voy a hacer correr duro y rápido. Un clímax rápido y
brutal, pero no será suficiente. No es suficiente.
No, no, nunca suficiente. Ella no podía recuperar el aliento. Ella… ella...
—Vas a necesitar más... y más... —Su voz la drogó, atrayéndola a obedecer...
Gillian ¡Estalló! Un grito estalló de ella, placer abrumándola. Músculos contraídos.
313

Huesos licuados. Su corazón se detuvo, o corrió tan rápido que ya no podía discernir un
solo latido. Su mente se disparó hacia las estrellas, maravillada dejándola aturdida.
Página

Pero tan “duro y rápido” como ella se había corrido, se estrelló. Vacío, su cuerpo
estaba tan vacío, sus dedos se habían ido. Ella necesitaba ser llenada.
Jadeando, ella dijo, —Hombre diabólico. Tú tenías razón. Eso no fue suficiente. Yo
solo quiero más.
Sus párpados encapuchados, su respiración entrecortada. —Entonces tómalo.
Oh, ella lo haría, felizmente. Pero no hasta que ella le devolviera el favor...
—Vamos a prepararte primero, —ella susurró. Temblando, sabiendo que ella jugaba
con fuego, Gillian pasó sus dedos por sus labios, el pómulo, alrededor de los ojos, por el
pelo... y por encima de sus cuernos. Cada contacto era una revelación de su poder innato...
y agonizaba por ella
¿Peligro por despertarlo? Ella se excitó, también.
Cuando él rasgó la cintura de sus pantalones, lo suficiente para liberar su longitud—
tan larga, gruesa y dura—sus paredes internas se apretaron, como si estuviera desesperada
por tenerlo.
Él pasó su mano arriba y abajo, absolutamente magnífico. —Esto es lo que me
haces a mí. Esto es lo mucho que te anhelo.
Él la ansiaba mucho.
—Quieres probarlo. —Los temblores se intensificaron, ella se arrastró por su cuerpo
y colocó sus labios alrededor de su erección, lo tomó abajo... abajo.
La ferocidad de su reacción la deleitó. Agarró madejas de musgo, clavó los talones
de sus pies en la tierra y siseó hacia el cielo. —¡Sí!
Ella se movió hacia arriba, hacia abajo. Repitió eso, una y otra vez. Temblaba con
cada deslizamiento ascendente, y gemía cada vez que descendía. Su fuerza... calor...
sedosidad... ¡increíble!
Era un deseo hecho carne, carnal y deliciosamente malvado.
Ella lo chupó, más y más rápido, hasta que se puso tenso, la agarró por debajo de los
brazos y la levantó. Su boca reclamó la de ella, y él le dio un beso feroz, frenético y salvaje.
Con un hábil giro de su muñeca, él le quitó la camisa, ahuecó y amasó sus pechos
desnudos. Él pellizcó sus pezones, y ella jadeó. Cada célula de su cuerpo tarareaba de
éxtasis.
—Más. —Ella tenía que tener más.
314

Él le quitó las bragas. —Móntame. Usa magia... control de natalidad.


¿Finalmente lo llevaría adentro? ¡Sí! —Me quedo sin magia.
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—Sacrificio que vale la pena.


¡Tan cierto! Tan rápido como inmortalmente posible, ella se subió a su regazo. Los
pliegues en su falda no ofrecieron resistencia cuando extendió sus piernas, recibiendo su
erección contra su centro.
—Todavía no, —él graznó. Con las manos en las caderas, la obligó a ponerse de pie
y colocó la boca sobre su dolorida feminidad. —Necesito probarte primero.
Él sacó su lengua, arrancándole un agónico gemido. El placer... ella dejó caer la
cabeza hacia atrás. Él lamió y devoró mientras la preparaba con sus dedos, moviendo uno
dentro y fuera de ella. Luego dos. Cortando como tijeras, estirándola. Y estuvo bien, muy
bien. Todo lo que ella podía hacer era aferrarse a sus cuernos y disfrutar del viaje,
meciéndose, meciéndose, yendo y viniendo. De ida y vuelta. Pronto, palabras incoherentes
la abandonaron. Sus músculos se tensaban, preparándose para el clímax…
Pero él no la dejó tenerlo. Se detuvo antes del momento de no retorno, arrancándole
un grito de frustración. Luego la llevó a sus rodillas una vez más, colocando la punta de su
erección donde más la necesitaba y dándole otro beso, dejándole probar el placer que había
despertado en ella.
Gillian presionó... lentamente... más lento, dándole tiempo a su cuerpo para
ajustarse. Sus dedos la habían preparado, pero su eje... era tan grande que incluso la punta
pareció llenarla.
El sudor brillaba en su frente. —Me tomas tan perfectamente, esposa.
El tono áspero le provocó que una marea de excitación empapara su longitud,
permitiendo que su cuerpo se deslizara más. Cuando Gillian percibió una quemadura
candente, ella se detuvo. Siglos habían pasado desde que ella había tenido… ¡no! Ella
nunca había tenido un hombre dentro de ella. Lo que sucedió en su infancia no contaba.
Puck tenía razón. Esta era su primera vez.
Su agarre sobre ella se flexionó, como si quisiera tirar de ella hacia abajo, pero él
resistió el impulso. —Mátame, muchacha. Nunca me sentí... tan bien. Pero necesito...
necesito...
Cuando él necesitaba, ella daba, siempre.
Gillian presionó una vez más... la quemadura se intensificó... más. Finalmente, ella
lo había tomado todo. Puck expulsó un suspiro.
Pasó un minuto y… ¡sí! El dolor se desvaneció, y sus músculos se relajaron.
315

Rugiendo, Puck empujó sus caderas, y... ¡oh! ¡Oh! Ella había recibido otros
Página

centímetros, y se sintió increíble. Una corriente de éxtasis se deslizó a través de ella.


Ahora él la empaló. El sudor resbalaba por sus pechos, la fricción chispeaba cada
vez que inhalaba.
— ¿Estás bien, muchacha? Dime que es bueno.
—Mmm. Muy bueno. —Ella se movió. Tenía que moverse. Balanceándose sobre
sus rodillas, se levantó, luego se deslizó hacia abajo. Increíble. Así que lo hizo de nuevo, y
de nuevo, tentativamente al principio, pero pronto ganó confianza y velocidad.
—Ese es la forma. —Él apretó su agarre, guiándola hacia arriba y hacia abajo con
más fuerza, incluso hacia delante y hacia atrás. Le faltaban las manos en los pechos, los
ahuecó y le pellizcó los pezones. —La vista de ti... La sensación de ti.
Las terminaciones nerviosas crepitaban, la presión se acumulaba en su interior...
más profundo aún. —Puck, —ella gritó. —Por favor.

Mi mujer me necesita para terminar.


El deseo consumió a Puck, tan intenso que no tenía percepción de Indiferencia,
había perdido de vista el mundo que lo rodeaba. Él solo podía concentrarse en Gillian, su
esposa, un cable vivo de energía pura y pasión cruda, tan caliente, apretada y húmeda
mientras ella lo montaba.
La luz de la luna la bañaba, la piel dorada se sonrojaba, las runas en sus manos
brillaban. Esos ojos color whisky estaban vivos, el fuego era un infierno imparable.
El orgullo hinchó su pecho. Hice esto. Yo.
Con su cabeza echada hacia atrás, su cabello oscuro como una corriente
enmarcando su rostro, ella era una visión. Una diosa sin igual. La encarnación de la
carnalidad.
—Déjame, —dijo él. Con su mejilla, él empujó sus manos y movió su lengua sobre
un pezón, luego el otro.
Con respiraciones agitadas, ella montó su eje más rápido, más rápido. La tensión se
apoderó de él, recogiendo en cada uno de sus músculos, amenazando con explotar, o
matarlo. Él sería feliz de cualquier manera, moriría con una sonrisa.
—Eres mía. —Su voz era gruesa y baja, tanto como un gruñido. —Dilo.
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—Soy tuya. Tuya. Toda tuya.


Esa es mi mujer. —Voy a hacer que te corras tan duro, muchacha. —Él empujó
Página

incluso mientras la empujaba hacia abajo, hacia abajo, al mismo tiempo le daba un pequeño
soplo a su pezón.
—¡Puck!
Debo probar mi nombre en esos labios. Boca en su boca. Lenguas bailando juntas.
Buscó entre sus cuerpos y rasgueó donde más adolecía.
—¡Sí, sí! —Todo su ser se estremeció, sus paredes internas se apretaron alrededor
de su eje mientras ella llegaba al clímax.
Puck se puso frenético, golpeando dentro y fuera de ella... golpeando... se sentía tan
bien, muy bien. Nada se había sentido mejor o más perfecto. El placer fue irresistible.
¿Podría él explotar?
Calor en la base de su espina dorsal, irradiando alrededor de sus caderas,
acumulándose en sus testículos. Su cuerpo preparado. Pronto él lo haría... él lo haría...
Puck rugió hasta que su garganta se quebró, su voz se volvió ronca. Él se corrió y
corrió y dentro de ella, todo su cuerpo se sacudió bajo el embate de aquella dicha. Y aun así
él no dejó de empujar, no dejó de lanzarse hacia su esposa mientras ella lo ordeñaba, como
si ansiara más—todo de él.
Él había esperado tanto tiempo para que una mujer fuera suya y solo suya, había
anhelado tener a la misma mujer en su cama una y otra vez. Y sin embargo, cuando había
experimentado varias noches con otras, había descubierto que faltaba todo. ¿Esto? ¿Con
Gillian? No era suficiente. Él quería todas las noches. Cada mañana. En todos los
momentos intermedios.
Él no lo había sabido en el momento, pero él había esperado por ella, la había
deseado. Solo a ella. Una mujer lo suficientemente fuerte como para sentir cuando él no
podía. Una mujer poco dispuesta a dejarlo apagar sus propias emociones, que conocía la
rareza de la alegría, que no se conformaría con nada menos.
Finalmente, cuando ella lo había exprimido, se desplomó y Gillian permaneció
sobre su pecho.

Eso fue... tan... tan... ¡increíble! Una revelación.


Gillian se maravilló. Ella acababa de tener relaciones sexuales. Malvado, alucinante,
317

delicioso sexo. El tipo de las novelas y películas. Del tipo que ella siempre había deseado,
pero temía que nunca lo hubiera hecho, y a ella le había encantado cada segundo.
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El hombre correcto había hecho toda la diferencia, tal como ella había sospechado.
Con Puck, el placer la había poseído, llevándola a nuevas alturas. Y eso—esto—
había forjado un vínculo tan fuerte como sus votos. Debía tenerlo. Gillian nunca se había
sentido más cerca de su esposo.
Ella levantó la cabeza y vio a Puck sonriendo. La sonrisa más sexy que ella alguna
vez hubiera visto. También la más bella. Toda su cara se iluminó, calentándola por dentro y
por fuera. Y... y... y...
Una lágrima se deslizó de repente por el rabillo del ojo, sorprendiéndola. Ugh.
¿Lloraría cada vez que tuviera un orgasmo?
Era justo, esta era otra primera vez. Este hermoso acto había sido una vez una
pesadilla viviente debido a los malos, malos hombres. Finalmente, ¡ella era libre!
Puck la había poseído. No sus recuerdos. No su pasado. Puck. Él la había poseído a
toda ella.
Cuando era adolescente, recordaba haber pensado que necesitaba tener relaciones
sexuales normales con un hombre normal para sentirse normal. Puck era todo menos
normal. Él era extraordinario y exactamente lo que ella necesitaba.
Y él es mío. Por ahora.
¿Cómo puedo dejarlo ir?
Suave, tan gentil, él limpió sus lágrimas. — ¿Qué es esto, mi dulce esposa?
Fingiendo que no se sentía vulnerable, ella dijo, —Solo estoy... estoy feliz. No está
mal para mi primera vez, ¿eh?
Él peinó sus dedos en su cabello, su necesidad de tocarla tan fuerte como su
necesidad de tocarlo. —Mujer, me has rehecho. —Una pausa, luego—, Voy a escuchar tus
alabanzas ahora. Dime que volverás a repetir este encuentro. Dime que recordarás tus
sentimientos más suaves hacia mí, sin importar lo que pase entre nosotros.
Recordar... ¿porque él había abandonado sus términos y planeaba divorciarse de
ella, después de todo?
Tiene que ser de esta manera. Tú lo sabes.
Solo... no vayas allí. Todavía no. Con el pecho contraído, ella levantó la cabeza,
ahuecó sus mejillas con un rastrojo de barba en su mano. —Como si alguna vez pudiera
olvidar mis suaves sentimientos, o a ti. Eres mi... — ¿Qué? Esposo, sí. ¿Vida? Tal vez.
¿Familia? ¿Amor?
Creo... Creo que quiero su amor. Creo que quiero amarlo de vuelta.
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Un grito de guerra cortó la noche, el grito de guerra de William.


En un abrir y cerrar de ojos, Puck se había apartado de ella y maniobrado para
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ponerse de pie. Ella gimió, lamentando la abrupta pérdida de él. En realidad, lamentando la
pérdida de su tiempo.
No había tiempo que perder. Mientras se paraba con las piernas temblorosas y se
enderezaba la falda, luego se puso el resto de la ropa, Puck se ató los pantalones y se armó.
Tiempo perfecto.
Un borrón de oscuridad se estrelló contra él, impulsándolo hacia un árbol.
Puck y William cayeron al suelo en un enfrentamiento violento, uno sobre el otro.
De alguna manera lograron lesionarse y desarmarse mutuamente.
No es que la pelea fuera menos brutal sin armas. Comenzaron a usar garras y
dientes para infligir el máximo daño.
—Deténganse, —ordenó ella. — ¡Ahora!
—Pensé que podría lidiar con esto. —Con sus ojos brillando en rojo, William
parecía la encarnación de la ira. —Por primera vez en mi vida, estaba equivocado.
—Ella es mi esposa. —Puck podría no tener ojos rojos, pero el salvajismo se grabó
en cada centímetro de su rostro.
—No por mucho tiempo.
Puck cargó, golpeando con la cabeza a William y recordándole a Peanut; solo que
Peanut no tenía cuernos. Las protuberancias arrancaron el torso a William. Sin piedad, su
amigo agarró a su esposo por la base del cuello y se retorció, rompiéndole la columna
vertebral.
Por un minuto terrible, Puck estaba inmóvil. Justo el tiempo suficiente para que
William se liberara y golpeara al otro hombre en la cara.
Su estómago protestó. —¡Dije que es suficiente!
Ellos la ignoraron, demasiado ocupados rodando por el suelo una vez más,
golpeándose el uno al otro. Sus gruñidos se mezclaron. Sangre rociada.
El ritmo cardíaco de Gillian se aceleró, su respiración se volvió agitada. —Lo digo
en serio. ¡Deténganse!
Ignorada de nuevo.
William agarró una daga por la hoja, el metal le cortó la mano mientras golpeaba la
sien de Puck para acentuar sus siguientes palabras. —Te aprovechaste de ella.
Puck desvió el siguiente golpe y lanzó un gancho brutal a la parte inferior de la
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barbilla de William.
—Él no se aprovechó de mí. Le supliqué que lo hiciera. —Ella saltó entre ellos y
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tendió sus brazos. —Por favor, detengan esto.


Si algo le sucedía a uno de estos dos hombres...
William se lanzó a su alrededor para golpear a Puck. Su esposo lo bloqueó antes de
dar un puñetazo suyo, uno cargado de magia que él no podía desperdiciar. William voló
hacia atrás, estrellándose contra un árbol, partiendo el tronco por la mitad.
Cuando William regresó en tromba, listo para chocar contra Puck una vez más,
Gillian saltó entre ellos por segunda vez. Pero William no pudo parar, su velocidad era
demasiado grande. Al darse cuenta de ella, sin embargo, pasó junto a ella, evitándola con
éxito y golpeando a Puck. Otro enfrentamiento violento se produjo.
¡Argh! Si ella se insertaba en la refriega, uno de ellos podría lastimarla, y los dos
culparían al otro. La pelea definitivamente terminaría en la muerte, entonces.
Habiendo escuchado la conmoción, Galen y Pandora irrumpieron más allá de la
línea de árboles. Cuando vieron la batalla en curso, se detuvieron y sonrieron.
¿Diversión? ¿De Verdad? La ira de Gillian estalló.
—Veinte dólares dicen que William se lleva el oro a casa, —dijo Galen. —Y las
joyas de la familia de Puck.
—Estás en ello, —respondió Pandora. —Puck no dejará que Willy gane a su chica.
He visto la forma en que él la mira.
Veinte dólares. Sin ofertas de ayuda. La ira se convirtió en furia. Hormigueando a lo
largo de su nuca. Pensamientos descarrilándose. Oh, no, no, no.
Ella agarró el frasco de jarabe que colgaba de su cuello. Demasiado tarde. ¡Debes...
matar... a todos!
Gillian agarró a Galen, lo levantó sobre su cabeza y lo estrelló contra Pandora. Rojo
bañó su visión mientras seguía a la pareja al suelo. Golpe, golpe, golpe. Patada, patada. El
abuso que ella infligió a uno, luego lo infligió al otro.
Ellos intentaron defenderse, escapar, pero no podían competir con su fuerza o
velocidad superior. La sangre roció su rostro, y sonrió. El pop y el estallido de huesos rotos
resonaron en sus oídos, y ella rio con maníaco júbilo.
—Gillian. Muchacha. —La voz de Puck pareció llamarla desde un túnel largo y
oscuro.
Él estaba cerca. Su marido. ¿Ella quería matarlo? No, no. La idea la repelió.
—Esa es mi dulce muchacha. —Suaves dedos acariciaron las crestas de su espina
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dorsal. —Cálmate, un chuisle20. Por mí.