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Resumen sobre el caso Pinochet

Augusto José Pinochet Ugarte accede al gobierno de Chile tras el


Golpe de Estado de 11 de septiembre de 1973 por el que se derroca
al Presidente democráticamente elegido Salvador Allende, abriendo
un periodo de represión y dictadura militar con numerosas violaciones
de los derechos humanos y miles de ejecutados y desaparecidos.

Augusto Pinochet resulta posteriormente procesado en España, en


1998, por delitos de genocidio, terrorismo y tortura, declarándose la
competencia de la jurisdicción española en virtud del principio de
justicia universal.

Como consecuencia de su procesamiento, es detenido en Londres y


solo logra evitar su extradición por motivos médicos. De esta forma,
y aunque finalmente se libra de ser juzgado, pesa sobre Pinochet el
reproche de la comunidad internacional y si se libra de ser juzgado,
es por motivos médicos y no por ser considerado inocente de los
graves delitos por los que fue procesado.

FIN A UNA DESCARADA NEGACIÓN

Autor: Prudencio García Martínez de Murguía.

Miembro del Consejo Consultivo de la Fundación Acción Pro Derechos


Humanos

Artículo publicado en El País, el día 22 de mayo de 2008.

Tres décadas y media de desvergonzada negación e impenetrable


impunidad de la Armada de Chile llegan a su fin. Por primera vez, la
justicia de aquel país ha procesado a cinco altos jefes de su Marina de
Guerra, declarándolos imputados por su responsabilidad en la tortura
y muerte del sacerdote anglochileno Miguel Woodward, de 42 años,
crimen perpetrado por los marinos pinochetistas en las fechas
inmediatamente posteriores al golpe militar de 1973.

¿Cómo ha sido posible este extraordinario procesamiento? Cuestión de


mujeres. De dos mujeres muy concretas. La primera, Patricia
Woodward, hermana de la víctima, que años atrás presentó la denuncia
correspondiente, y que persigue infatigablemente el pleno
esclarecimiento de aquel crimen y el juicio y castigo a sus culpables.
Sus largos esfuerzos se ven ahora recompensados por esta
esperanzadora decisión judicial.

La otra mujer decisiva es la admirable jueza Eliana Quezada. Una de


esas personas capaces de chocar contra instituciones intocables
venciendo barreras y amenazas de muerte, en busca de una justicia
difícil de alcanzar en todas partes, pero prácticamente imposible frente
a cierto tipo de personas y estamentos, que en ciertas sociedades
gozan de un estatus prácticamente inexpugnable.

Finalmente, culminando su dificultosa tarea de años de investigación,


Quezada ha emitido su histórico auto de procesamiento, que ha
conmocionado a la opinión pública chilena, pues declara ‘reos’
(imputados) a los siguientes personajes: almirante Sergio Barra Von
Kretschmann, almirante Guillermo Aldoney Hansen, vicealmirante
Adolfo Walbaum Weber, vicealmirante Juan Mackay, y capitán de navío
Ricardo Riesco Cornejo, todos ellos retirados. A éstos se añade un
personaje secundario: el teniente médico de la Marina Carlos Costa
Canessa, igualmente retirado.

Los seis son acusados de graves responsabilidades criminales en la


sangrienta represión ejercida al principio de la dictadura por las fuerzas
de la Marina en el área costera de Valparaíso, a 120 kilómetros de
Santiago. Las detenciones de los imputados se efectuaron de forma
inmediata, tras la orden expedida por la jueza. Aldoney, Mackay y
Riesco han sido recluidos en el acuartelamiento de Infantería de Marina
en Viña del Mar. A su vez, Barra y Walbaum permanecen bajo arresto
domiciliario por razón de su edad, superior a 80 años. El doctor Costa
se encuentra hospitalizado bajo vigilancia policial.

Las responsabilidades de estos marinos en el trágico caso que nos


ocupa (y en otros similares) resultan abrumadoras. Para empezar,
Walbaum y Aldoney eran en aquellas fechas, respectivamente, jefe de
la I Zona Naval y jefe del Estado Mayor de la misma Zona Naval. Por
su parte, consta que Mackay asistía a las sesiones de tortura
practicadas en las diversas instalaciones navales de Valparaíso. Barra
Von Kretchmann era Jefe de Inteligencia Naval en 1973 y ascendió más
tarde a segundo jefe de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional),
entidad cuyos atropellos a los derechos humanos fueron permanentes.
Riesco actuaba a sus órdenes en aquella criminal organización.

A todo ello se añade el gran peso social de estas personalidades, por


la gran notoriedad publica de los cargos que ejercen o ejercieron al
margen de su actividad militar. El vicealmirante Walbaum, además de
su cargo naval, fue intendente de Valparaíso (alcalde de la ciudad). El
almirante Aldoney Jansen, después de su retiro, emprendió una
ambiciosa carrera empresarial, alcanzando la presidencia del gran
consorcio siderúrgico CAP (Compañía de Aceros del Pacífico), y
actualmente es miembro del Directorio de la poderosa Mutual de
Seguros de Chile. Aldoney, conocido por su gran predicamento en los
ámbitos eclesiásticos, fue designado responsable de la seguridad del
Papa durante su visita a Chile en 1986. A su vez, el vicealmirante
Mackay es vicepresidente del Consejo de Almirantes y Generales en
Retiro. Este es el perfil de los sujetos recién procesados.
El padre Woodward era miembro del movimiento Cristianos por el
Socialismo y ejercía su trabajo social en los barrios más deprimidos de
la zona, dentro de un programa solidario de la Universidad Católica de
Valparaíso. Fue detenido por una patrulla naval el 16 de septiembre de
1973, cinco días después del golpe. Conducido a la Academia de Guerra
Naval, fue allí sometido a atroces torturas. Posteriormente fue
trasladado al buque escuela Esmeralda, vergonzosamente utilizado en
aquellos días para torturar a gran número de hombres y mujeres,
supuestos subversivos izquierdistas. Allí Woodward fue nuevamente
torturado. Ya moribundo, fue trasladado al Hospital Naval, donde
falleció. Su cadáver no ha sido hallado aún.

Durante décadas, la Armada negó tenazmente estos hechos y


obstaculizó toda investigación. Comportamientos bien conocidos en
estos casos: corporativismo, negacionismo, obstrucción a la ley. Hasta
que, en 2006, la infatigable jueza logró finalmente forzar la entrega
por la Armada de la bitácora del Esmeralda, documento en el que
aparecía registrada la entrada en el buque del padre Woodward, junto
con otros prisioneros. Esto, además de desmentir la contumaz
negación institucional, permitió a la magistrada (amenazada de muerte
desde el pasado noviembre) profundizar en su investigación, hasta
desembocar en esta notable resolución, sin precedentes en ese
hermético ámbito estamental.

Tal como afirma Patricia Woodward: “Espero que esto signifique que
estamos llegando a la verdad y la justicia para Miguel, pero también
para las demás víctimas de la Armada.”

Que así sea.