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De acuerdo al estudio que sobre la evaluacioó n de los aprendizajes en el aula realizoó el Instituto

Nacional para la Evaluacioó n Educativa (INEE) “...una de las principales funciones de la evaluacioó n,
explíócitamente identificada, es la conveniencia de usarla para tomar decisiones pedagoó gicas
oportunas” (Garcíóa Medina, et al, 2011, p. 101).

Pero, ¿A queó le llamamos decisiones pedagoó gicas?


Los resultados de la evaluacioó n diagnoó stica y la observacioó n cotidiana del trabajo en el aula, permiten
a los profesores identificar las fortalezas y debilidades de cada uno de los alumnos y del grupo en
general. A partir de ello, cada docente selecciona los aprendizajes esperados que involucra en su
planificacioó n didaó ctica; determina la forma de trabajo que considere conveniente utilizar; la
profundidad y complejidad con la que abordaraó n los contenidos; la cantidad de tiempo o sesiones que
dedicaraó a cada uno de los anteriores; y con base en ello, disenñ a las actividades de aprendizaje que
llevaraó a cabo. Todas estas son las decisiones pedagoó gicas que configuran la praó ctica docente.

Una vez que se desarrollan y se van evaluando las actividades de aprendizaje, el profesor obtiene
nuevos datos que revelan el curso de lo planeado: valora la forma en que sus alumnos van
apropiaó ndose de los contenidos; la pertinencia de las estrategias y recursos didaó cticos empleados; y
la necesidad –si la hubiere- de replantear su planificacioó n a fin de resolver los imprevistos (por
ejemplo, cuando la complejidad del tema de estudio demanda incorporar actividades adicionales
para favorecer el logro de los aprendizajes).

Díóa a díóa y semana a semana, las evidencias del trabajo en el aula aportan al docente elementos para
identificar los diferentes ritmos y estilos de desempenñ o de cada estudiante; especialmente en
aquellos casos en que de manera reiterada, se manifiestan dificultades para acceder a los
aprendizajes esperados. La deteccioó n temprana y atencioó n oportuna de estas situaciones, es una de
las finalidades de la evaluacioó n formativa.

Texto elaborado exprofeso para esta actividad.

LECTURA 1
LECTURA 2

¿De qué manera comunica el profesor los resultados del proceso de evaluación a los
alumnos y padres de familia?

Ocho de cada 10 profesores señalaron ofrecer explicaciones a los alumnos sobre sus
calificaciones y cerca de nueve de cada diez afirmaron presentar a los padres evidencias
para explicar la manera en cómo se obtuvo determinada calificación.

Estos resultados, sin embargo, no informan sobre la profundidad, claridad o utilidad de las
explicaciones que formulan los profesores a sus alumnos, ni sobre la calidad de la
evidencia que entregan a los padres para acompañar las calificaciones.
Esto acepta una variedad de posibilidades, desde frases cortas y estimulantes (¡muy
bien!, ¡sigue así!, ¡felicidades!, entre otros), invitaciones a esforzarse (puedes hacerlo
mejor, debes poner más de tu parte, entre otros) hasta proporcionar reflexiones sobre lo
que logró el alumno respecto de los objetivos de aprendizaje y, en caso de no haberlos
alcanzado como se esperaba, sugerencias específicas para hacerlo de manera eficiente.

García Medina, Adán, M.A. Aguilera, M.G. Pérez y G. Muñoz. Evaluación de los aprendizajes en el aula. Opiniones y
prácticas de docentes de primaria en México. INEE. México. 2011.

CONSIDERACIONES INICIALES.

Los que se expresan en el siguiente párrafo son algunos ejemplos del tipo de comentarios
que los profesores solían registrar en la boleta de calificaciones. No obstante, estas frases
resultan ambiguas y no siempre ofrecen a los padres -o a los propios alumnos- pistas
claras sobre lo que puede hacerse para apoyar la mejora en su desempeño.

“Debe estudiar en casa y practicar la resolución de operaciones”. “¡Muy bien!” “¡Sigue así!”
“Puedes hacerlo mejor”. “Debes poner más de tu parte”. “Debe mejorar la redacción y la
lectura”. “Repasar las lecciones de Historia”.

Es cierto que elaborar un reporte escrito sobre las necesidades de cada alumno, así como
el tipo de apoyo que requiere, implica una inversión de tiempo considerable. Ante ello, los
profesores deberán buscar formas concretas de expresar sus valoraciones y
recomendaciones. Sin embargo, la retroalimentación más productiva, es aquella que se
realiza en el momento del aprendizaje, cuando los estudiantes revisan sus producciones,
se autoevalúan y participan en acciones de coevaluación. Los padres pueden tener una
mejor idea de las dificultades de sus hijos y del tipo de actividades que pueden ayudarlos
a superarlas, si el profesor acompaña sus comentarios -verbales o escritos- con una
muestra del trabajo de los alumnos (algún ejercicio, tarea, o escrito).
Una estrategia para economizar tiempo, consiste en identificar los errores más comunes
de sus estudiantes, y explicar a varios padres en qué consisten y cómo se les puede
apoyar para que los superen.

Tomado de: Anexo 3 de la Tercera Sesión de Trabajo Académico de la Prueba en Aula de la Cartilla de Educación Básica.
DGDC, México, 2012.
Wiggins (1998, 46-53) va un poco más allá y realiza una interesante distinción
entre tres conceptos: valoración, orientación y devolución propiamente dicha.

La VALORACIÓN tiene lugar cuando entregamos a los alumnos juicios de valor


acerca de su trabajo, sea en la forma de calificaciones, sea a través de
expresiones tales como «te felicito», «debes esforzarte más», «insuficiente»,
etcétera.

La ORIENTACIÓN consiste en consejos o sugerencias acerca de cómo mejorar el


trabajo.

La DEVOLUCIÓN es información que le permite al alumno comparar lo que


intentó lograr con lo que efectivamente hizo. Cuanto más autoevidente sea la
devolución, mejor será, porque ayudará al estudiante a darse cuenta por sí
mismo de lo que ha logrado y lo que todavía no.

Muchos educadores parecen creer que la devolución significa brindar a los


estudiantes mucha aprobación y un poco de desaprobación y consejo [. . .] Es
importante elogiar a los estudiantes porque los satisface y los anima. Los
elogios te mantienen en el juego; pero sólo la devolución real te ayuda a
mejorar [. . .] La devolución es información sobre como una persona se
desempeñó, a la luz de lo que intentó hacer. Intento contra efecto [. . .].

Un error todavía más común es la visión de que devolución es lo mismo que


orientación. Devolución y orientación son cosas muy diferentes; representan
partes complementarias de un sistema de auto-corrección. La devolución te
dice lo que resultó de tu acción; la orientación te dice como mejorar la
situación [. . .] En general tendemos a dar demasiada orientación y poca
devolución. De hecho, muchas veces saltamos por encima de la devolución y
vamos directamente a dar consejos [. . .].

Ravela, Pedro. Consignas, devoluciones y calificaciones: los problemas de la evaluación en las aulas de
educación primaria en américa latina. Revista Páginas de Educación. Universidad Católica del Uruguay. 2009,
Año 2, Número 2, pp. 49-89. Consultado el 26/05/2012 en:
www.ucu.edu.uy/Portals/0/Publico/.../Paginas2_pedroravela.pdf

Después de analizar el contenido de los textos, revise los siguientes ejemplos de


comentarios hechos a un alumno de segundo grado, al término el primer bloque:
El (la) maestro (a) registrará, al concluir el segundo bloque, o en el momento del ciclo escolar en el que observe dificultades en el
desempeño del (de la) alumno (a), información acerca de las necesidades de apoyo que éste (a) requiere y las acciones que la
escuela y la familia deben realizar conjuntamente con el educando para favorecer que avance en los aprendizajes esperados,
establecidos en los Programas de Estudio. En caso de requerir más espacio, utilice hojas adicionales.
BLOQUE ASIGNATURA ESPECIFICAR LOS APOYOS REQUERIDOS
Alberto necesita apoyo para distinguir un número mayor de uno menor. Para
lograrlo debe realizar ejercicios en los que:

 Cuente grupos de objetos diferentes (por ejemplo: botones y


frijoles) y los compare para saber cuál tiene más y cuál menos.
 Escriba y lea en su cuaderno las cantidades de objetos que
contó y comparó.
Matemáticas Debe empezar con grupos de 20 objetos e ir aumentando hasta llegar a
100.
Estas actividades deberán llevarse a cabo en casa; se recomiendan tres
ejercicios semanales durante el mes de enero, que revisaré cada
viernes. Al final de este mes, valoraremos sus avances.

También requiere apoyo para reconocer que las cosas cambian con el tiempo.
II Para lograrlo, realicen con él actividades como las siguientes:

 Mirar fotografías personales y/o familiares que sean de


diferentes fechas (pasadas y recientes).
 Platicar sobre fiestas, paseos u otros acontecimientos
importantes para el niño y preguntarle qué recuerda de ellos.
Exploración de  Comparar objetos viejos y nuevos: sus juguetes, aparatos
la Naturaleza y domésticos, ropa, y describir las diferencias que observa.
la Sociedad  De ser posible, visiten el museo de la localidad o algún lugar en el que
encuentre objetos o ilustraciones que le permitan

comparar sucesos del pasado con el presente.

Pídanle que haga dibujos o escriba sobre ellos. Conviene hacer estos
ejercicios de una a dos veces por semana.
Al término del siguiente bimestre se valorarán los resultados.
OBSERVACIONES GENERALES
Si es necesario, el (la) maestro (a) registrará las situaciones que interfieren o pueden favorecer el desempeño del (de la) alumno (a).

Alberto se desempeña muy bien de manera individual, pero se le dificulta convivir con sus compañeros en
las actividades por equipo. Compartir el trabajo con los compañeros favorece su aprendizaje, por lo que se
recomienda que en casa le propongan actividades que deba realizar en colaboración con sus hermanos.

Lectura 3

Milenio/ Cecilia Méndez.


30 de septiembre de 2012
En octubre, las nuevas cartillas de evaluación.
México

A partir de octubre, fecha en que las escuelas de nivel básico entregan la primera evaluación del ciclo escolar 2012-
2013, serán utilizadas las nuevas Cartillas de Evaluación implementadas por la Secretaría de Educación Pública.
(SEP), como parte de la Reforma Integral de la Educación Básica.

Por otro lado, por disposición oficial de la SEP, a partir de este ciclo escolar ya no habrá reprobados, ya que los
alumnos que no logren adquirir los conocimientos correspondientes a su nivel educativo lo podrán hacer en el
siguiente grado, advirtiendo a los padres de familia.

En la Cartilla de Evaluación esto se ve reflejado en una sección, donde los padres o tutores deben firmar para
garantizar su responsabilidad y mejorar el desempeño de sus hijos en el siguiente grado.
Blanca Alcántara madre de familia explicó que el nuevo proceso de evaluación, si bien es más completo, no garantiza
que los alumnos mejoren, ya que “se sentirán más confiados y no competirán por una calificación elevada”.
Consideró que “cada vez les otorgan más facilidades a los menores, quienes ya no estarán compitiendo por una
calificación y por tanto dejarán de esforzarse. Además existen muchas dudas entre los profesores y nadie sabe si este
sistema vaya a funcionar”.

Martínez Rizo, Felipe8 (2004) ¿Aprobar o reprobar? El sentido de la evaluación en educación básica, Revista mexicana de
investigación educativa, octubre-diciembre, año/vol. IX, número 023, pp. 817-839.

¿Promoción automática o repetición?

Las ideas educativas generalmente aceptadas tanto por los maestros como por los padres
de familia mexicanos incluyen que la evaluación del aprendizaje de los alumnos, en
especial la que se hace al final de un curso, es para decidir quién debe ser promovido al
grado o nivel siguiente y quién debe ser retenido un ciclo escolar más en el mismo grado.
Se entiende que, si al final de cierto grado un alumno no alcanza los objetivos
curriculares, no está en condiciones de iniciar el siguiente con posibilidades de éxito, por
lo que por su propio bien conviene que curse el mismo grado por segunda ocasión, con lo
que podrá alcanzar los objetivos correspondientes y, entonces sí, pasar al grado siguiente
para continuar sus estudios.

Esta idea está tan arraigada que si un maestro no reprueba a ningún alumno se le tiende
a considerar sin más como negligente y laxo. Lo mismo suele ocurrir con las escuelas: no
es raro que las más reconocidas como de alta calidad alcancen ese prestigio por el hecho
de que reprueban a una proporción considerable de los alumnos.

Maestros, autoridades y padres de familia suelen pensar que la política extraoficial de


reprobar a menos del 10% de los alumnos es una de las causas de los bajos niveles de
rendimiento de los estudiantes en las escuelas. Se tiende a pensar que si se reprobara a
más alumnos se conseguiría una elevación de los niveles promedio de aprendizaje.
La investigación educativa, sin embargo, no respalda las opiniones tradicionales. Desde
fines de la década de 1970 un importante trabajo mexicano mostró que repetir un grado
era frecuentemente el primer paso de un camino que terminaba más temprano que tarde
en la deserción: el repetidor, lejos de beneficiarse con la posibilidad de volver a cursar
cierto grado, es etiquetado como no apto para el aprendizaje por sus maestros, sus
compañeros y sus padres, además del lógico deterioro de su propia autoestima. En
consecuencia, el rezago se acentúa en lugar de reducirse y la motivación para continuar
en la escuela es pronto insuficiente para contrarrestar la inclinación para dedicar al niño o
niña a actividades productivas o a las tareas del hogar (Muñoz Izquierdo, 1979).

Las investigaciones hechas en distintos países, así como la experiencia de diversos


sistemas educativos apuntan en la misma dirección.

El sentido de la evaluación en la educación básica.

La educación básica debe formar a todos los niños y jóvenes de un país para la vida, para
que puedan desempeñar, de la mejor manera posible, los futuros papeles que su
condición de adultos les impondrá: productores y consumidores; padres de familia;
ciudadanos que deberán votar y ser votados; médicos o pacientes; lectores,
teleespectadores, productores y consumidores de cultura, ministros de culto o feligreses,
etcétera. Todo futuro adulto necesita prepararse para desempeñar esos diversos roles; si
no lo hace, sufrirá la calidad de su vida futura, pero también la de la sociedad en conjunto.
Por ello todas las naciones modernas han establecido la obligatoriedad de la educación
básica y la han definido como un servicio público que deberá proporcionarse de manera
gratuita a quien lo solicite.

Por ello la evaluación debe tener un sentido distinto en educación básica, en comparación
con la enseñanza superior: habrá que evaluar para saber en qué nivel se encuentra un
alumno, de manera que se le pueda ayudar para que avance más, pero no para impedirle
que siga estudiando. Es mejor, sin duda, que un chico termine la secundaria, aunque ello
ocurra sin que haya alcanzado todos los objetivos que el currículo establezca, a que
deserte después de reprobar dos o tres veces algún grado de la primaria, como ocurre
todavía con demasiados jóvenes mexicanos.

Si México ha establecido que la educación es obligatoria hasta el final de la secundaria, y


si se tiene presente la importancia de una buena educación básica para la vida futura de
los niños y jóvenes del país, se podrá estar de acuerdo en que cada maestro que recibe
un grupo de alumnos –al inicio del trayecto escolar y en los sucesivos momentos del
mismo- tiene la responsabilidad de que ninguno de esos estudiantes deserte, sino que
todos continúen el camino, hasta que terminen el tercer grado de secundaria cuando
estén llegando a los quince años.

En educación básica, la evaluación debe servir no para detener en el camino a los más
débiles, sino para detectar el grado de avance de cada uno, de manera que se apoye a
todos, teniendo en cuenta su situación individual, para que todos lleguen hasta el final,
alcanzando el mayor nivel posible de competencia en los conocimientos y habilidades que
establecen los planes y programas.

8
Felipe Martínez Rizo es un reconocido investigador mexicano quien actualmente trabaja en el tema del uso formativo de la
evaluación para mejorar el aprendizaje. Fue Director General del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación
de2002 a 2008.
La lectura de estos dos textos permite observar que la visión de la periodista de Milenio
da una idea errónea y contraria de lo que Martínez Rizo reporta y analiza como resultado
de la investigación, pues lejos de sugerir que los maestros aprueben a todos sus alumnos
sin cortapisas; o los “pasen” de año, sin importar si lograron o no alcanzar todos los
aprendizajes esperados, los invita a la reflexión e intercambio de ideas acerca de las
siguientes cuestiones que pueden orientar el establecimiento de acuerdos sobre cómo van
9
a evaluar en sus planteles