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Cerebro y aprendizaje

Por: CARLISLE GONZÁLEZ TAPIA

Si se aprende con el cerebro, únicamente con el cerebro, como afirman Battro-Cardinalli


(2002) y Blackemore-Frith (2007), es muy importante que educadoras y educadores
conozcamos cómo aprende el cerebro, de modo que podamos orientar al estudiantado hacia
un aprendizaje mayor y más eficaz en menor tiempo.

Cierto. El dispositivo natural para el aprendizaje es el cerebro y éste aprende de muy diversas
maneras y, por ello, Salas Silva (2008) nos habla de los estilos de aprendizaje. Pero además, las
Neurociencias han establecido que existe una serie de condiciones para que se dé el
aprendizaje natural y efectivo, con mayor rendimiento.

Beber agua para aprender, dice Jensen (2004). Fisiológicamente, el aprendizaje se produce a
nivel interneuronal, en la sinapsis. El cerebro es 78% agua. No debemos dejar que se
deshidrate. Qué ocurre en el cerebro si se deshidrata? Por qué sentimos sed? Porque cuando
disminuye el contenido de agua en sangre, al bajar su porcentaje normal, aumenta la
concentración sanguínea de sal y esto acarrea un incremento de la liberación de fluidos desde
las células a la corriente sanguínea: la consecuencia inmediata es el aumento de la presión
sanguínea y el estrés.

La deshidratación merma la capacidad física e intelectual. La forma y el tiempo de ingesta de


agua mejoran las funciones motoras y cognitivas. El organismo humano necesita beber
alrededor de dos litros de agua diariamente, directamente o a través de refrescos naturales,
infusiones u otro tipo de bebida o alimentos muy ricos en agua como las frutas. Un consumo
habitual de gelatina ayuda a mantener un buen equilibrio hídrico porque está compuesta casi
en su totalidad por proteínas y agua, es baja en calorías, libre de colesterol y no contiene
materia grasa. (Ortiz Alonso, 2009).

Para los escolares es de sumo interés que tomen agua antes de comenzar cada hora de clase
porque este solo hecho mejora ostensiblemente el proceso de aprendizaje. La eficacia del agua
en el cuerpo es tan evidente que a los cinco minutos de haber ingerido agua, hay una notable
disminución de corticoides y acetilcolina, dos hormonas relacionadas con el aumento del
estrés, estado que afecta el aprendizaje. (Jensen, 2004; Ortiz Alonso, 2009).

Alimentación que exige el cerebro. Debido a que la nutrición tiene una gran relevancia en la
etapa infantil porque en ella se desarrollan las membranas de las células y de la mielina de las
neuronas, niñas y niños deben ingerir sistemáticamente alimentos ricos en proteínas: carnes
magras, pescados, mariscos, legumbres, lácteos con poca grasa.

También, el cerebro demanda un nivel de glucosa elevado y sucede que el cerebro no tiene
capacidad de reserva de carbohidratos, de modo que el suministro debe ser continuo a través
de azúcares, miel, pan integrado, legumbres, cereales, frutas, verduras, lactosa.

Los aminoácidos y las proteínas, sostenedores de la vida y catalizadores de la atención, la


memoria y el aprendizaje, tienen muy diversas fuentes alimenticias, algunas de las cuales son:
maní, huevo, papa, granos, germinados de semillas, habichuela, soja, hígado, harinas, carnes,
remolacha, habichuelas, almendras, plátano, leche, yogur, queso, pescados, cerdo, melón,
pollo, hígado. (Ortiz Alonso, 2009).
El sueño es esencial para fijar el aprendizaje en la MLP. Cuando dormimos, los conocimientos
que cada día retenemos en la MCP pasan a la MLP durante los varios episodios del sueño REM.
El sueño consolida la memoria y favorece la neuroplasticidad. En ésta, el sueño mantiene
determinadas sinapsis, elimina otras y refuerza ciertas conexiones entre áreas corticales y
procesos cognitivos, de los cuales la memoria es uno de los más importantes.

Finalmente, por ahora, el ejercicio corporal es un componente fundamental para el desarrollo


adecuado del cerebro y para el aprendizaje. Existe una estrecha relación entre la participación
del cerebelo en la organización, precisión y adaptación de los movimientos, por un lado, y el
aprendizaje, la memoria, la percepción, la atención y la toma de decisiones, por otro. El
ejercicio aumenta el trabajo del hipocampo, favorece la neuroplasticidad, oxigena el cerebro,
aumenta las conexiones de las dendritas, básicas en el aprendizaje escolar. La danza estimula
el aprendizaje, el desarrollo de la habilidad lingüística, la lectura y la atención. (Jensen, 2004;
Ortiz Alonso, 2009).