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DIFERENCIA ENTRE LIVIDECES Y LESIONES SIMILARES

Dra. Patricia Alvarez Maceda

1. INTRODUCCIÓN

Las livideces son manchas de coloración, distribución y localización típicos, presentes


en los cadáveres constituyéndose en un fenómeno abiótico, constante e inequívoco de
muerte.

Las livideces cadavéricas tienen una importante aplicación médico legal ya que
permiten el diagnóstico de muerte cierta, la determinación de la data de la muerte,
además de la determinación de la posición en la que ha permanecido el cadáver después
fallecer. Por lo cual la descripción detallada y precisa de este fenómeno determina un
pilar fundamental en la investigación criminal, forense, policial y otras áreas encargadas
de casos tanatológicos.

Cierta lesiones, ya sea por su coloración o localización, presentan características que


pueden denotar cierta semejanza con las livideces, creando duda en cuanto a su origen y
naturaleza si no se conoce con certeza los aspectos que permitan diferenciarlas. He ahí
donde radica la importancia de realizar un adecuado diagnóstico diferencial entre ellas,
facilitando así la labor investigativa, sin dar lugar a confusiones que puedan entorpecer
esta labor.

2. OBJETIVO GENERAL

Determinar las características que permitan realizar el diagnóstico diferencial entre el


fenómeno cadavérico conocido como lividez y lesiones similares a este.
3. DESARROLLO

Definición de Lividez

La lividez cadavérica o livor mortis es un fenómeno cadavérico abiótico caracterizado


por manchas rojo violáceas producidas por la congestión pasiva de los vasos sanguíneos
presionados por la gravedad, ubicadas en las zonas declives del cuerpo.

Mecanismo de formación

Tras el cese de la actividad cardiaca, ocurre una contracción vascular que progresa
desde el ventrículo izquierdo hasta la periferia, produciendo el vaciado de las arterias e
hiperrepleción venosa, siendo la fuerza de gravedad la única fuerza a la cual la sangre
se somete, lo cual explica el por qué este fenómeno se instaura en las zonas declives del
cuerpo.

Características de las livideces

La coloración de las livideces, tradicionalmente rojo violácea, puede sufrir discretas


variaciones, dependiendo de la coloración de la sangre al momento de la muerte, siendo
sonrosadas en la intoxicación oxicarbónica o la cianurada; achocolatada tras en el
envenenamiento con metahemoglobinizantes; rojo oscuras en las muertes por asfixia a
excepción en la sumersión, donde son rojo claras.

La intensidad de las livideces depende de la fluidez de la sangre siendo mayor en las


muertes por asfixia y menos marcadas en casos de hemorragias, anemia, neumonía
lobular y otras enfermedades que cursen con coagulación acelerada.
La distribución de las livideces depende de la posición del cadáver, en decúbito supino
las livideces se asientan en el dorso con excepción de las zonas sometidas a presión,
mientras que en decúbito prono se asientan en el plano anterior, la misma lógica sucede
para cualquier otra posición del cadáver.

La forma de las livideces varía de acuerdo a las características señaladas, presentando


contornos con límites bien definidos, siendo de forma y tamaño variables.

En cuanto a su evolución, las livideces aparecen poco después de la muerte con


pequeñas manchas que confluyen y se hacen más grandes. En la posición de decúbito
dorsal aparecen entre los 20 a 45 minutos de la muerte en la región posterior del cuello,
empezando a confluir a los 105 minutos, apareciendo en el resto del cadáver entre las 3
a 5 horas, alcanzando planos inferiores entre las 10 a 12 horas. Una vez establecidas,
las livideces no cambian de forma ni color hasta la instauración de la putrefacción,
punto desde el cual van adquiriendo una colación verde a negruzca, característica de ese
periodo.

La trasposición o desplazamiento de las manchas de livideces a un lugar distinto al que


correspondía a la posición original del cadáver, es posible tras cambiar la posición del
cuerpo antes de las 10 a 12 horas, tiempo en el que se efectúa la fijación de las
livideces. El proceso de fijación de las livideces supone un proceso de deshidratación y
lisis de los hematíes, con impregnación por la hemoglobina de los vasos y tejidos
circundantes, lo cual puede plantear problemas de diagnóstico con la hemólisis vital.

Histológicamente las livideces se manifiestan por congestión y dilatación de los vasos


sanguíneos. En ocasiones pueden crear imágenes que recuerdan áreas de cambios
inflamatorios, pero no hay edema en el tejido, no hay exudados, no hay fibrina, es decir
que se trata meramente de la aglomeración de hematíes. En ocasiones la aposición de
sangre puede simular pequeñas hemorragias llamadas víbices, las cuales no muestran
ningún cambio reactivo ni precipitación de fibrina.

Hipostasias viscerales

Hipostasia visceral es la acumulación de sangre en las partes declives de las vísceras.


Podría decirse de otro modo que son livideces presentes en los órganos internos ya que
sucede el mismo fenómeno que el que se describió en la superficie cutánea, por lo cual
aparecen acumulaciones sanguíneas en las partes declives del hígado, bazo, riñones,
pulmones, corazón y cerebro. En el tubo digestivo, las asas intestinales más bajas con
relación al plano de sustentación del cadáver, presentan una lividez intensa que
contrasta con la palidez de las que ocupan planos superiores.

Tiene interés su correcta diferenciación para no confundirlas con estados patológicos,


especialmente los que se traducen por congestiones vitales. Observando su localización
en las partes declives, la falta de exudado y el aspecto normal de las porciones altas del
órgano que se considera, se evitará este error. Mirando al trasluz las asas intestinales, se
advierte una sucesión alternada de partes lívidas y pálidas cuando se trata de un cuadro
de hipostasis. De la misma manera, en el mesenterio y otras membranas serosas se
aprecia enseguida la ingurgitación de cada uno de los vasos, que aparecen dilatados por
sangre de color muy oscuro, sobre el fondo de serosa normal, lo que no ocurre es los
estados patológicos. A nivel de los pulmones se ven placas congestivas en la cara
posterior e inferior que no se deben confundir con las congestiones pulmonares hechas
en vida. También la sangre de las vísceras, por un fenómeno de trasudación, pasa a las
cavidades y así post mortem, siempre se encuentra líquido tenido de sangre en las
cavidades pleuríticas y dentro del pericardio, en pequeña cantidad, que no debe
confundirse con el derrame producido en una hemorragia proveniente de estos órganos.
Diagnóstico diferencial

Equimosis. La principal lesión de la que deben diferenciarse las livideces. Puede


definirse como la extravasación o infiltración de sangre en los tejidos debido a la rotura
de vasos sanguíneos. Es una reacción vital por excelencia cuya formación requiere:

 Rupturas de venas, vénulas o pequeñas arterias

 Circulación sanguínea

 Presión arterial o venosa adecuadas

 Coagulación sanguínea.

 Extravasación de glóbulos rojos y blancos en la vecindad.

La equimosis en el individuo vivo experimenta cambios de color por degradación de la


hemoglobina que permite establecer la data. Es así que se tiene:

COLOR DATA CAUSANTE

Rojo Horas

Negro o violáceo 2 a 3 días Desprendimiento de


la hemoglobina
Azul 4 a 6 días Hemosiderina

Verde 7 a 12 días Hematoidina

Amarillo >a 13 días Hematina


La superficie que ocupa la equimosis depende la sangre extravasada, su forma es
generalmente redondeada o adquiere la forma del objeto contuso a lo que se llama
“equimosis figurada”, a medida que evoluciona se aplana y ensancha- Empieza a
desaparecer a mediados de la tercera semana.

Si las características externas son confusas, la diferenciación suele ser sencilla en


cadáveres recientes con una simple técnica: se realiza una incisión en la región afectada.
Si se trata de una equimosis se observará sangre extravasada, coagulada y firmemente
adherida a las mallas de tejido. Por el contrario si se tratan de livideces, la sangre no
estará extravasada, la sangre fluye al realizar el corte. De persistir la duda, se procede a
lavar la herida con un fino chorro de agua destilada o agua con cloro sobre sus labios lo
cual arrastra la sangre dejando la herida limpia de tratarse de livideces, cosa que no
ocurre con las equimosis donde esta acción no tiene efecto alguno al tratarse de sangre
extravasada y firmemente adherida a los tejidos. Además, las equimosis suelen presentar
algún relieve y abrasión de la epidermis, la coloración suele ser diferente dependiendo
de la data de la equimosis y su localización no coincide necesariamente con los planos
declives. Otro dato que permite hacer la disquisición entre livideces y equimosis es que
en la lividez cadavérica, la epidermis es incolora, la dermis y el cuerpo papilar están
blancos, el tejido reticular o mucoso lleno de sangre, figurando una línea rojiza de la que
puede exprimirse dicho líquido. En la lividez de la contusión o en la equimosis, en el
que hay aflujo vital de la sangre, el tejido de la dermis está inyectado, y presenta varios
puntos encarnados. Algunos autores mencionan la posibilidad de producir
pseudoequimosis en el cadáver, sin embargo es necesario que ciertos factores concurran:
que los vasos sanguíneos estén distendidos, que exista gran fluidez en la sangre y alguna
presión en ellos. La siguiente tabla resume todas las características que diferencian las
livideces de las equimosis.
EQUIMOSIS LIVIDEZ

Localización de la sangre Extravasada Contenida en los vasos

Prominencia Si No

Laceración de los vasos Si No

Reacción inflamatoria Si No

Desaparición al lavar No Si

Mascarilla equimótica de Morestin. Llamada también cianosis en esclavina. El


aspecto del cadáver en estos casos es muy característico: En cara, cuello y parte
superior del pecho aparece un tinte violáceo uniforme, sobre cuyo fondo resaltan
multitud de equimosis puntiformes de color rojo oscuro, casi negro. Las conjuntivas y
párpados están igualmente sembrados de tales equimosis. En resumen se dice que el
síndrome de Morestin curso con una triada típica: cianosis cérvico facial, hemorragia
subconjuntival y petequias. Un aspecto que las diferencia de las livideces es que
aparecen en regiones no declives, es decir no sometidas a la acción de la gravedad. Esto
es frecuente en causas de muerte que cursan hipertensión del territorio de la cava
superior como las asfixias generalmente por sofocación o muertes cardiovasculares.

Equimosis de Tardieu. Son equimosis asfícticas patognomónicas de ciertas formas de


sofocación. Aparecen bajo dos formas, equimosis punteadas, especie de manchas
redondeadas, de color rojo oscuro, de tamaño variable entre una cabeza de alfiler y una
lenteja, bien circunscritas; y sufusiones hemorrágicas, irregulares, en líneas o estrellas,
de tamaño más grande. Unas y otras son verdaderas equimosis, es decir, están
constituidas por un derrame de sangre coagulada e íntimamente adherida al tejido. Se
observan sobretodo debajo de la pleura pulmonar, localizándose preferentemente en la
base, borde cortante del lóbulo inferior y en el hilio, pero pueden verse por toda la
superficie pulmonar. Equimosis de la misma morfología se observan en la superficie del
timo, debajo de la hoja visceral del pericardio, en el origen de los grandes vasos, en el
tejido celular mediastínico, en el pericráneo y, con más rareza, en las superficies de
otras vísceras: hígado, bazo, intestino, vejiga.

Manchas de Paltauf. Son mayores que las equimosis de Tardieu y de color más claro.
Aparecen de forma exclusiva en el pulmón en los casos de asfixia por sumersión. Se
trata en realidad de manchas asfícticas que se han hemolizado por el agua de sumersión

Machas de putrefacción. Las modificaciones de color debidas a los procesos de


putrefacción incipiente, pueden confundirse con las livideces en un examen superficial.
Se trata de la hemólisis postmortal de la sangre que pone en libertad la hemoglobina,
difundiéndose en los líquidos hísticos y dando lugar a la imbibición cadavérica de los
tejidos por tales líquidos, rojos o rojizos. Son embargo, mientras avanza el proceso de
putrefacción, las áreas de livideces sufrirán también los cambios propios con el viraje
de coloración de rojo violáceo a verde característico de esta fase, siendo casi imposible
el poder diferenciarlas.

Procesos patológicos que cursan con equimosis espontaneas.

Púrpuras: Extravasación de hematíes en la piel, caracterizado por hemorragia,


petequias, equimosis, hematomas, víbices que no desaparecen a la vitropresión.
Pueden ser de tipo vascular, plaquetarias o trombóticas, teneiendo cada una de ellas
una vasta sub clasificación y características propias. Para diferenciarla de las
livideces será necesario contar con antecedentes patológicos, tratamientos recibidos,
síntomas y signos que presentaba el individuo en cuestión, que puedan ayudar a
hacer la diferencia, y si se amerita pruebas complementarias.

Escorbuto: Es el déficit de la vitamina C. Las características de la enfermedad


consisten en pápulas perifoliculares hiperqueratósicas en las que los pelos se
fragmentan y caen; hemorragias perifoliculares; púrpura que se inicia en la parte
posterior de las extremidades inferiores y acaba confluyendo y formando equimosis;
hemorragias en los músculos de los brazos y las piernas con flebotrombosis
secundarias; hemorragias intraarticulares; hemorragias en astilla en los lechos
ungueales; afectación de las encías, sobre todo en personas con dientes que
comprenden hinchazón, friabilidad, hemorragias, infecciones secundarias y
aflojamiento de los dientes; mala cicatrización de las heridas y reapertura de las
recientemente cicatrizadas; hemorragias petequiales en las vísceras. Para hacer la
diferenciación con las livideces, en este caso también amerita contar con los
antecedentes patológicos del individuo además de las características externas
sugerentes de que podía tratarse de lesiones producidas por la carencia de vitamina
C.

Eritema nudoso: Afección dermatológica d origen desconocido asociada a cuadros


previos de enfermedades infecciosas, como la tuberculosis, faringitis estreptocócica,
mononucleosis, enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico o
terapias prolongadas con fármacos como la penicilina, sulfamidas entre otros. Se
evidencia un tipo característico de lesión de la piel que consiste en la presencia de
nódulos dolorosos que presentan signos inflamatorios y se localizan
predominantemente a la zona pretibial, aunque puede tener otras localizaciones. Las
lesiones suelen desaparecer en un plazo de entre 1 y 3 semanas. Pueden existir
diferentes síntomas asociados, los más frecuentes son dolores articulares, malestar
general, fiebre, cansancio y dolor de cabeza. Además de observar todo lo descrito,
es necesario contar con antecedentes que sugieran que el individuo aqeujaba de esta
enfermedad.

Intoxicación fosforada: El fósforo amarillo o blanco es un veneno celular altamente


tóxico se utiliza como rodenticida, fertilizante y en pirotecnia; Después de un
período de tiempo variable desde su ingestión, aparecen cefalea, constricción
faríngea y vómitos, en ocasiones hemorragia, diarreas y tenesmo. Si el enfermo no
fallece, aparece una falsa mejoría que dura unos días y va seguida de ictericia,
hepatomegalia dolorosa, hemorragias cutáneas y mucosas, oliguria y albuminuria,
arritmias cardíaca y respiratoria, tras lo cual de manera progresiva cae en coma
hasta la muerte. Existe una forma nerviosa, rápidamente mortal en unas 12 h,
caracterizada por atonía de los miembros, calambres dolorosos, somnolencia
seguida de excitación extrema, delirio, gritos y convulsiones, hasta terminar todo en
un cuadro de coma, y una forma hemorrágica, en la que predominan la
hematemesis, melena, epixtasis, hematuria, metrorragia, púrpura y equimosis
subcutáneas. El dato clave es el antecedente de ingestión de este elemento que nos
permitirá distinguir las lesiones encontradas de las livideces

Otras enfermedades. Que cursan con lesiones similares a las livideces son aquellas
resultantes de: Enfermedad de Barlow, meningitis agudas, ictus en parálisis general
progresiva, procesos convulsivantes, etc.

4. CONCLUSIONES

Ante la vasta variedad de lesiones que puedan ser motivo de confusión a la hora de
evaluar la presencia de livideces, es necesario en primera instancia analizar
minuciosamente las características de estas lesiones, su coloración, su localización, sus
dimensiones. De igual importancia es contar con los antecedentes tanto de ocurrencia
de los hechos que desencadenaron la muerte como de los antecedentes patológicos del
individuo para determinar si las lesiones observadas son fruto del mecanismo de
muerte, de procesos patológicos y no así un fenómeno cadavérico.

En vista de que las livideces aportan datos de alta trascendencia en la investigación


tanatológica tales como la data de la muerte, la posición original del cadáver a la hora
de la muerte y la determinación de si se trata de una lesión vital, postmortem o es un
fenómeno cadavérico, realizar un diagnóstico exacto es vital, pues de no hacerlo, la
investigación aportará datos no verídicos entorpeciendo la labor forense.

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