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CAPITULO 2

EL ESTUDIANTE SOLITARIO

Newton partió para Cambridge en los primeros días del mes de junio 1661. No había en su vida
nada que ambicionara más. Aunque regresaría a Woolsthorpe varias veces en el transcurso de los
dieciocho años siguientes, incluyendo dos largas visitas durante la epidemia, cuando abandonó
aquel lugar —la idiotez de la vida rural, como la llamó después un comentarista— lo hizo
espiritualmente de una vez y para siempre. Tres cortos años bastaron para hacer imposible la idea
de un regreso, aunque hicieron falta otros tres años, quizá algo más, para que su permanencia en
Cambridge estuviera garantizada.

Ser admitido en un college no equivalía a ser admitido en la universidad. Muchos retrasaban su


matriculación en la universidad, y un número considerable de ellos, no interesados en obtener un
título académico —único sentido de la matriculación— conseguían evitarlo. Newton sí quería
graduarse. El 8 de julio, junto a varios estudiantes que acababan de ser admitidos en el Trinity
College y en otros colleges, juró que preservaría las prerrogativas de la universidad con todas sus
fuerzas, que respetaría el rango, el honor y la dignidad de ésta hasta su muerte, y que los
defendería con su voto y su consejo; y para atestiguarlo, pagó su cuota y vio cómo su nombre se
inscribía en el registro de la universidad. Se había convertido en miembro absoluto de ésta.

No es extraño que Newton eligiera ingresar en el Trinity, «el college más famoso de la
universidad», según la opinión de John Strype, futuro historiador eclesiástico y, en aquel tiempo,
estudiante no graduado del Jesús College. Al parecer, además de la reputación del college, algunos
factores de índole personal pudieron influir en la elección de Newton.

En cualquier caso, el 5 de junio de 1661, el college más famoso de la universidad admitía, sin
saberlo, a quien habría de convertirse en su alumno más famoso. Newton ingresó en la
universidad como subsizar, estudiante pobre que pagaba su estancia con trabajos serviles para los
fellows, los fellow commoners —estudiantes muy ricos que tenían el privilegio de comer en la
mesa principal con los fellows del college— y los pensionistas, de familias acomodadas.

Una de las anécdotas que nos quedan sobre sus relaciones con otros estudiantes indica que el
aislamiento y el malestar de Grantham habían viajado con Newton hasta Cambridge,
intensificados quizá por su posición servil. Más de medio siglo después, Nicholas Wickins, el hijo
del compañero de habitación de Newton, John Wickins, repetía lo que su padre le había contado
sobre su encuentro.

La intimidad de mi padre con él se produjo por puro accidente. El primer compañero de cuarto de
mi padre era muy desagradable de trato. Un día, se fue a los paseos, donde se encontró con Mr.
Newton, solitario y abatido. Cuando empezaron a hablar, se dieron cuenta de que la razón del
malestar de ambos era la misma, y decidieron deshacerse de sus desordenados compañeros y
formar un equipo; lo cual hicieron tan pronto como tuvieron ocasión, manteniendo esta alianza
tanto tiempo como mi padre permaneció en el College.

En el verano de 1662, Newton sufrió una especie de crisis religiosa. Al menos, se sintió impelido a
examinar el estado de su conciencia el domingo de Pentecostés, a escribir una lista de sus pecados
anteriores a esa fecha y a empezar otra para los pecados que cometiera de ahí en adelante. Esta
formalidad no duró lo bastante como para llevar la segunda lista demasiado lejos. Para evitar que
cayera en manos extrañas, anotó sus pecados en clave, utilizando el sistema taquigráfico de
Shelton, el mismo que en aquel tiempo empleaba Samuel Pepys para escribir una crónica más
vivaz y reveladora.

Mientras tanto, junto con los problemas de la vida diaria, estaban los estudios. En 1661, el
programa de estudios de Cambridge —establecido casi un siglo antes por estatuto— se
encontraba en avanzado estado de descomposición. Los estudios, en Cambridge, no habían roto el
molde que había prevalecido durante siglos y cuyo modelo principal era Aristóteles. En su
formulación inicial, se había hecho eco de las posiciones más avanzadas de la filosofía europea. En
1661, la filosofía europea había avanzado y el academicismo aristotélico representaba un retraso
intelectual mantenido en parte por el mandato legal de un programa de estudios convertido en ley
y, en parte, por la presencia de hombres interesados en continuar un sistema al que habían ligado
sus vidas.

Una de las primeras compras de Newton en Cambridge fue un cuaderno, y probablemente fue en
éste donde anotó los frutos de sus lecturas basadas en el programa establecido. En realidad, no
terminó ninguno de los libros que empezó a leer. Había encontrado otras lecturas. Quizá la lectura
de la historia no debería considerarse como una actividad alternativa, figurando con frecuencia en
algunos de los programas de estudio que los preceptores prescribían. En cualquier caso, entre sus
primeras adquisiciones en Cambridge se encuentran dos libros de historia: Chronicles (Crónicas),
de Hall y Four Monarchies (Cuatro monarquías), de Sleidan.

Newton escribió cuarenta y cinco encabezamientos para organizar el fruto de sus lecturas,
empezando por temas generales como la materia, el espacio, el tiempo y el movimiento, siguiendo
con el orden cósmico, después, con una serie numerosa de propiedades táctiles (tales como la
raridad, la fluidez, la suavidad), seguida por cuestiones sobre el movimiento violento, propiedades
ocultas, luz, colores, visión, sensación en general, y concluyendo con una miscelánea de temas que
no parecen en absoluto haber estado en la lista inicial. Bajo algunos de los encabezamientos,
nunca llegó a escribir nada; bajo otros, era tanto lo que encontraba que debía continuar sus
anotaciones en otro lugar. El título «Quaestiones» describe con precisión el tono siempre
interrogador de su trabajo. Las cuestiones, sin embargo, se formulaban en el marco de ciertas
limitaciones. Indagaban sobre detalles de la filosofía mecánica; no cuestionaban el conjunto de la
filosofía. Newton había abandonado el mundo de Aristóteles para siempre.

Según el memorándum de Conduitt, todo empezó con la lectura de unos libros sobre astrología
judicial (un hecho que DeMoivre sitúa en la Feria de Sturbridge, en 1993. Siendo incapaz de
estimar una cifra, compró una copia de Euclides y utilizó el índice para localizar los dos o tres
teoremas que necesitaba. Al parecerle obvios, «despreció un libro tan insignificante…». El relato
de DeMoivre coincide con el de Conduitt, excepto en el hecho de que, según él, Newton siguió
avanzando en Euclides hacia proposiciones más difíciles, tales como el teorema de Pitágoras, el
cual le hizo cambiar de opinión y leer todo Euclides dos veces.

En la universidad, se impartían aún menos matemáticas que filosofía natural; no es de extrañar


que no subsistan relatos de estudiantes excitados por la Geometría de Descartes. Sin embargo,
existe una curiosa coincidencia en el tiempo que ha sido generalmente ignorada. La cátedra
lucasiana de matemáticas —que Newton ocuparía pronto— se creó en 1663, y el primer
catedrático que tuvo este caigo, Isaac Barrow, pronunció sus conferencias inaugurales en 1664, a
partir del 14 de marzo.

Las propias notas de Newton coinciden con los relatos de Conduitt y de DeMoivre, en los cuales se
advierte cómo éste se introduce directamente en el análisis moderno sin un aprendizaje solvente
en geometría clásica. Asimismo, coinciden en la importancia concedida a Descartes. La segunda
edición latina de Franz van Schooten de la Geometría, rica en comentarios adicionales, fue su
texto básico, complementado con las Miscellanies de Schooten, los trabajos de Viéte, el álgebra de
Oughtred (el Clavis mencionado por Newton) y la Arithmetica infinitorum de Wallis. En apenas un
año, sin ayuda de nadie, asimiló todo el conocimiento sobre análisis del siglo XVII y comenzó a
explorar nuevos territorios.

Durante sus primeros tres años de universidad, Newton no se había distinguido en ningún campo.
El Trinity otorgaba veintiuna becas, de unas 4 libras anuales, cada una. El libro de registros del
college no indica qué criterios de selección se seguían. Es difícil imaginar que la promesa de un
futuro académico brillante no figurara entre éstos, aunque la necesidad económica debía
constituir un factor decisivo. Baste decir que Newton no aparecía entre los diez —prácticamente la
totalidad de los alumnos de Pulleyn— que recibieron becas en 1662 y 1663.

Las influencias y los contactos eran características esenciales del sistema de patronazgo, lo cual
perjudicaba a aquellos que carecían de patronos en puestos relevantes, siendo los sizars los más
afectados por esta política. Las posibilidades de Newton decrecieron aún más debido al privilegio
que ostentaba el grupo de estudiantes de Westminster, el cual recibía automáticamente, y año
tras año, al menos una tercera parte de las scholarships, y con éstas, los puestos más altos en la
escala de antigüedad.

Quizá, la proximidad de las elecciones —que tendrían lugar en el mes de abril— y sus
correspondientes exámenes, explican el de otra forma anómalo resultado de las notas de Newton
sobre el programa establecido. Volvió a tomar el peripatético Physics de Magirus, que había
abandonado, y consiguió abrirse camino a través de dos capítulos más. De la misma forma,
empezó la Rhetoric de Vossius y la Ethics (Ética) de Eustaquio de San Pablo, y, de la misma forma,
no pudo terminar ninguno de los dos libros. En los tres casos, las notas hacen pensar en alguien
que prepara un examen en el último minuto.

El resultado final es cierto: el 28 de abril de 1664, Newton fue favorecido con una scholarship. Es
inevitable hacerse una pregunta: ¿Cómo se explica esta decisión? La explicación quizá sea la más
obvia. El genio de Newton brillaba por encima de la mediocridad que le rodeaba, incluso en los
estudios que había abandonado. Esta explicación, sin embargo, no se corresponde con el relato
que Newton hace de la opinión que Barrow —el líder intelectual del college— se había formado de
él. La realidad de Cambridge en 1664 sugiere otra explicación más plausible, y ésta es que Newton
contaba con un defensor poderoso en el college.

Con su elección, Newton dejó de ser un sizar. Ahora recibía los gastos de manutención del college,
una pensión de 13 chelines y 4 peniques al año, y un salario de la misma cantidad. Y, lo que es más
importante, se aseguraba al menos cuatro años de estudios sin interferencias, hasta 1668, cuando
obtendría su título de Magister en Artes, con la posibilidad de prolongar indefinidamente este
plazo y obtener una fellowship. La amenaza había sido salvada, y podía entregarse por completo a
los estudios que había iniciado. La capacidad para el éxtasis y la total entrega a un interés
dominante que Newton había demostrado como estudiante de primer grado, encontró en ese
momento en su temprana madurez, su completa manifestación intelectual. El carácter
experimental que sugieren sus primeras notas inacabadas desapareció y fue sustituido por el
estudio apasionado de un hombre poseído.

Se olvidaba de dormir. A la mañana siguiente, Wickins le encontraba satisfecho por haber


descubierto alguna proposición y completamente despreocupado por haber perdido una noche de
sueño. «En el año 1664, se sentaba con frecuencia a observar la aparición de un cometa, durante
largo tiempo.» Newton contó a Conduitt «que empezó a sentirse trastornado y que aprendió a irse
a la cama a buena hora». Parte de esta historia es cierta: registró sus observaciones sobre el
cometa en las «Quaestiones». El resto es completamente falso, como Conduitt sabía por
experiencia personal.

Newton nunca aprendió a irse a la cama temprano una vez que un problema se había apoderado
de él. Incluso cuando era un anciano, los sirvientes tenían que llamarle media hora antes de que la
cena estuviera lista, y cuando bajaba, si acertaba a ver un libro o un papel, podía dejar que la cena
esperara durante horas. Tomaba las gachas o la leche del desayuno con los huevos fríos que
habían sido cocinados para la cena. Conduitt observó a Newton mucho después de sus años de
creatividad. La tensión de la búsqueda, que le consumía en 1664 y en los años que siguieron,
aumentaron al límite todas las posibles neurosis que arrastraba desde Woolsthorpe. Se sintió
«trastornado» más de una vez, y no sólo por la observación de cometas. Su descubrimiento del
nuevo análisis y la filosofía natural, en 1664, marcaron el comienzo de la carrera científica de
Newton. Consideró las «Quaestiones» lo suficientemente importantes como para confeccionar
más tarde un índice temático, que complementaba su organización inicial. Newton abandonó el
viejo mundo del aristotelismo académico y zarpó hacia el nuevo. La travesía fue rápida.