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1. PARUSIA/VENIDA.

Este es uno de los pasajes que toca temas de suma


importancia para la fe del creyente, y que en muchas
ocasiones se crea confusiones que perturban el corazón y
que el gran temor del fin del mundo nos hace tomar
decisiones que muchas veces nos llevan a hacer cosas y
creer en falsas doctrinas y en falsos salvadores, pues la
salvación ya se ha dado en Cristo. Las guerras,
revoluciones, terremotos, hambre, peste, espantos y
grandes signos en el cielo.... Todo esto pertenece al antes,
y los cristianos se han de preparar para vivir el largo
tiempo de la historia. Así lo entendió Santa Isabel de
Hungría, cuando supo identificar desde muy temprana
edad la figura de Cristo en los más pobres y necesitados.
Su fuerza radicará en la paciencia mientras se espera la
nueva vida que viene de la resurrección.

A) Jesús amonesta a sus discípulos acerca de su retorno.


Todo lo humano, aun los frutos del fervor religioso, como
el templo, es caduco. Todo perecerá. Las guerras, las
catástrofes son herencia de la condición humana. No
deben tomarse nunca como presagios de que el fin está
inmediato. Aunque recuerden constantemente al hombre
la condición caduca en que se encuentra, le recuerden la
urgencia de la conversión, y le inspiren el anhelo de
transformación de esta triste condición en la cual se
desenvuelve su existencia. No debe seguirse a los falsos
profetas que en todo ello ven señales del fin del mundo.
Santa Isabel reconoció lo que Dios quería hacer con ella,
darse a los demás como un signo de su tiempo
olvidándose de quien era.

El discípulo de Jesús tiene como herencia, en el tiempo


inmediato, la persecución. No debe extrañarse de ello. Ni
debe extrañarse aunque la traición le rodee, aun la
traición de los de su misma casa. Isabel fue víctima de
esta persecución cuando fue acusada de malgastar los
ingresos del estado para ayudar a los pobres, fue
traicionada por los suyos y desterrada de su reino, sin
nada, ella que a tantas personas ayudó un día se marchó
sin nada pobre entre los pobres. Criticada por los suyos
porque se negaba ir a la iglesia luciendo sus joyas, pues
ella decía ”Jesús en la cruz despojado de todo y coronado
de espinas, y yo con corona de oro y vestidos lujosos” La
opción por Jesús es tan radical que rompe aun los lazos
más íntimos entre los hombres (cf. 14. 25-27; 12. 51-53).
Pero el cristiano perseguido está en manos de Dios. Él le
salvará. A su estilo. Por sus caminos. Hará incluso que la
persecución sea ocasión de un testimonio más glorioso,
irresistible, en favor de Jesús, el primer perseguido, el
perseguido en sus discípulos. La sangre de los mártires es
semilla de cristianos. Y esta persecución es siempre signo
de las realidades futuras y últimas.

Por eso, los discípulos preguntan: ¿Cuándo? En vez de


responder directamente, Jesús dirige nuestros ojos hacia
el destino universal del cosmos y la historia. Con eso
entramos en ambiente apocalíptico.

Ante todo este problema, la pregunta que formula la


inquietud humana sigue siendo: ¿Cuándo? Quisiéramos
saber cómo adivinar el sentido del futuro, las fechas del
final, la forma de vencer su angustia. En el fondo, esa
actitud responde al miedo; es miedo ante la vida y falta de
confianza ante el destino que, para nosotros, viene a
recibir los rasgos de Dios Padre. Frente a todo esa
pregunta el Evangelio no presenta soluciones hechas; lo
que importa es arriesgarse en la verdad del Cristo.
Aunque vivamos apoyados en el Cristo, escucharemos
voces que nos dicen "yo soy" y "el momento está
cercano". Sentiremos la dureza de la guerra, el odio en la
familia y la dureza de una vida que parece convertirse en
sin-sentido. Todo eso implica que estamos sosteniendo la
batalla decisiva, la agonía de los tiempos que se acaban.
Pues bien, Jesús nos dice: "estad tranquilos"; por muy
terrible que parezca el rumbo de las cosas de la tierra,
nunca puede convertirse en destrucción o ruina decisiva.
Decisivo sólo es Cristo (21.8-9). Sobre el fondo de la
inseguridad cósmica, sobre el riesgo de la inquietud
política que enloquece decisivamente por momentos, los
discípulos de Cristo pueden mantenerse siempre firmes.
Su firmeza está basada en la asistencia de Jesús, el
Cristo; por eso pueden conservarla en medio de las
persecuciones de la historia, en el centro de unas
condiciones que parecen plenamente adversas (21. 10-
19).

Esta firmeza de la iglesia (los discípulos) en medio de la


inseguridad de un mundo que vacila, en el interior de una
sociedad que se rebela contra todos los valores de lo justo
y de lo santo, es testimonio y consecuencia de la verdad
de Jesucristo. Nos acecha la tentación de prescindir de la
exigencia de Jesús y convertirnos simplemente a los
valores de este mundo (violencia, compromiso con el
poder, riqueza, propaganda...).

Pues bien, en medio de la duda, el evangelio nos promete


que sólo en JC encontraremos la firmeza sólida (y la
victoria) de la vida.

VICTORIA/FRACASO Lc/21/18: Esa victoria de Jesús no se


confunde con el fin feliz de una novela. Desde una
perspectiva de la tierra, el fin será un fracaso; supondrá
probablemente soledad respecto a los antiguos amigos y a
los miembros del grupo familiar que busca el éxito o
progreso en esta vida; supondrá dificultades con respecto
a los poderes de este mundo, que siempre desconfían del
que anuncia otras verdades y exigencias; parecerá que las
leyes de la naturaleza y de la historia se ríen de la ilusión
y de la utopía del cristiano. Pues bien, cuando todo se
haya unido para señalar la vanidad de la vida del cristiano,
Jesús se ha permitido añadir una palabra: "No se perderá
un cabello de vuestra cabeza" (21.18). Nada de Jesús está
perdido con la Pascua; nada del cristiano puede perderse
en el camino de su cruz y su fracaso, pues la vida de la
Pascua lo devuelve todo victorioso y transformado.

Hemos llegado a la última etapa de la predicación de


Jesús, que tiene lugar en Jerusalén y especialmente en el
templo. Jesús anuncia la destrucción del templo porque
Israel, como pueblo, ha rechazado al enviado de Dios.

La gente que le está escuchando le pregunta cuándo


sucederá y cuáles serán los signos que permitan adivinar
que la destrucción ya es inminente. La respuesta va
mucho más allá que la pregunta: habla no sólo de la
destrucción del templo, sino de la segunda venida del Hijo
del Hombre, pero sin confundir ni poner en relación directa
lo primero con lo segundo, insistiendo en que los
discípulos no se dejen engañar por quienes se presentan
como mesías atribuyéndose la autoridad de Jesús y
diciendo que han llegado ya los últimos tiempos. El
evangelista tiene claro que el final no vendrá en seguida.

Las luchas entre los pueblos, las epidemias, el hambre y


las catástrofes cósmicas pueden verse como presagios del
fin de los tiempos, pero este fin no tiene por qué venir
inmediatamente después de estos hechos. Más bien se
subraya y se prepara a los oyentes de Jesús para los
tiempos de "antes de todo eso", es decir, para los tiempos
en que los cristianos deben dar testimonio. Seguramente
es Lucas quien más subraya este testimonio que los
cristianos deben dar y que consiste, en definitiva, en
seguir el mismo camino de Jesús: también ellos serán
perseguidos de diversos modos por el hecho de pertenecer
al grupo de sus discípulos ("os echarán mano, os
perseguirán... os harán comparecer ante reyes... os
traicionarán"), aunque aquí no se insiste demasiado en la
muerte violenta como coronación del testimonio ("matarán
a algunos de vosotros"), puesto que no es éste el
testimonio normal para la mayoría de creyentes.
El optimismo y la confianza empapan las palabras de
Jesús: "yo os daré palabras y sabiduría...", "ni un cabello
de vuestra cabeza perecerá", "salvaréis vuestras almas".
Al tiempo que Lc escribe su evangelio es testigo de que
esta Buena Nueva está llegando "a los confines de la
tierra" (Hch 1.9) entre odios y cárceles, pero sobre todo,
con la fuerza de la presencia del Señor, que hace
mantener constantes a los discípulos.

Testimonio, fe en la asistencia del Señor a sus testigos y


perseverancia en la lucha y los sufrimientos son algunos
de los puntos a subrayar en estas últimas palabras que
Jesús dirige a todo el pueblo.

Llegamos ya al término de la vida pública de JC, cuando


ya todo está centrado en los acontecimientos centrales
que se aproximan.

JC pasa estos últimos días enseñando en el Templo, centro


de la vida religiosa de Israel, indicando así la seguridad
con que lleva a cabo su misión y la autoridad de la que se
siente investido. Leemos hoy la mitad del discurso sobre la
caída de Jerusalén.

Lucas dirige el discurso (modificando cuando le parece


oportuno el texto original de Mc) a señalar que los
cristianos deben disponerse a una larga etapa de espera y
de persecución. Los discípulos no han de esperar que se
les dé una fecha próxima y definitiva de la parusía: pese a
la caída de Jerusalén y a la destrucción del Templo en el
año 70, pese a las persecuciones contemporáneas, deben
seguir esperando y habituarse a mantener su firmeza en la
espera.

Por tanto, hay que tener muy en cuenta que nuestro texto
no es ninguna descripción del fin del mundo. El centro del
relato se encuentra en una frase a mitad del texto: "Pero
antes de todo eso..." Lucas quiere explicar que no se sabe
cuando ocurrirá el fin del mundo, y al preguntar los
discípulos a JC cuando vendrá el día, la respuesta consiste
en decir que deben suceder muchas cosas que parecerán
el fin sin serlo. Lo que importa, pues, no es conocer la
fecha de la parusía, sino tener claro que "antes de todo
eso" los discípulos serán perseguidos. No serán unas
persecuciones reservadas al tiempo final, sino que la
persecución se convertirá en característica fundamental de
la vida del cristiano mientras dure la historia del mundo.

"Cuidado con dejarse extraviar... porque muchos dirán:


'Ha llegado el momento'. No los sigáis..." Todas las
doctrinas de tipo "adventistas" fundadas sobre una
susodicha profecía precisa del retorno de Cristo, quedan
destruidas por esa palabra de Jesús. Hay que vivir, día
tras día, sin saber la fecha... sin dejarse seducir por los
falsos-mesías, sin dejarse amedrentar por los hechos
aterradores de la historia.

Lucas hace una lectura de la historia desde el futuro,


desde el fin. Es sabido que los griegos hacían una lectura
cíclica de la historia bajo la categoría del eterno retorno.
Todo es igual, todo vuelve a empezar, todo retorna. Para
Lucas, en cambio, hay un punto final al que converge la
historia y todas las cosas bajo la providencia de Dios. "Ni
un cabello de vuestra cabeza perecerá". La historia es una
representación bajo la atenta mirada de Dios. La ciudad de
Dios camina mezclada, y con frecuencia confundida, con la
ciudad terrena en el escenario de la historia. Hay que leer
la historia con los ojos de Dios y saber esperar.

Texto. En su línea habitual Lucas no se detiene en


mayores detalles para enmarcar el punto de vista de Jesús
sobre el futuro del Templo de Jerusalén. A su vez, este
futuro le sirve sólo de ocasión para hablar sobre el futuro
de los creyentes en Jesús. A ellos se refiere la expresión
"por causa de mi nombre" que resuena dos veces en el
texto, vs. 12 y 17.

El texto trata, pues, del futuro de los creyentes y no del


fin del mundo. Así se afirma expresamente en el v. 9: el
final no vendrá en seguida. Es cierto que, dado el
significado y valor absolutos que tenía el Templo de
Jerusalén para cualquier judío, hablar de su destrucción
podía interpretarse en sentido de fin de mundo, como de
hecho así habría de hacerse. Pero el texto de Lucas es
tajante al respecto: "Cuidado con que nadie os engañe...,
no vayáis tras ellos".

A partir del v. 10 emerge en toda su fuerza la perspectiva


de futuro para el creyente de Jesús. Es una perspectiva
histórica y realista. El escenario es el mundo, este mundo
nuestro, con sus leyes naturales dolorosas y, lo que es
peor, con sus enfrentamientos y odios mortales, incluso
entre personas por cuyas venas corre una misma sangre.
Es, sin embargo, aquí, en medio de este escenario y
panorama, cuando resuenan con fuerza las dos frases
rituales: "Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.
Vuestra perseverancia os salvará" (prefiero esta
traducción a la formulada por la traducción litúrgica).
Estas frases constituyen el culmen y el dato central de
todo el texto. Ambas tienen algo de proverbial y mucho de
paradójico. Son de las frases chocantes, en las que Jesús
era un consumado maestro. El sentido de las mismas está
en su capacidad de generar certeza y confianza. En
cualquier caso, ambas frases abren al creyente a la
perspectiva que tiene su origen en la realidad de Dios.

Comentario. En la vida de los individuos y de los grupos


existen a veces desastres con los que el mundo parece
acabarse. Esto es lo que los judíos experimentaron a raíz
de la destrucción de su Templo en el 70 d.C. Este Templo
era su referencia y su razón de ser, algo demasiado
importante y entrañable como para no afectar y trastocar
sus vidas en caso de desaparición.

En la perspectiva de Lucas, sin embargo, el desastre del


Templo queda relativizado y enmarcado dentro del devenir
de la historia humana de los territorios del Imperio
Romano durante el siglo I de nuestra era.

La perspectiva de Lucas es conscientemente histórica, una


conciencia que puede parecer pesimista y negativa y que,
sin embargo, no lo es. El cuadro histórico del texto refleja
las condiciones reales que se daban en el siglo I d. C. No
hay en ello una valoración pesimista de la historia, sino la
constatación realista de lo que sucedía y que,
lamentablemente, seguiría sucediendo. El mundo era y es
así.

En un mundo así es donde vive el creyente en Jesús. El


texto de hoy es una invitación a tomar conciencia de las
dificultades y de los riesgos. La historia es inevitablemente
compleja, hoy más que nunca, tal vez, porque los hilos de
la historia contemporánea son probablemente más
numerosos y más complejos que nunca. El creyente en
Jesús no es un iluso al respecto. Pero el creyente es
alguien con una paz y una confianza especiales, derivadas
de su trato y familiaridad con Dios. Le pase lo que le pase,
el creyente no se vive a sí mismo desde el desamparo y la
indefensión. El texto de hoy es, en primera instancia, una
invitación a la paz interior y a la confianza. Jesús lo
formula mucho mejor y más gráficamente: "Ni un cabello
de vuestra cabeza perecerá".

Texto. Lucas lo sitúa en el templo y van a ser


precisamente unos comentarios anónimos sobre la belleza
y riquezas del templo los que van a motivar el tajante
comentario de Jesús sobre su destrucción en un futuro que
no precisa (vs. 5-6). Es el detonante para la pregunta
sobre el cuándo preciso y las señales premonitorias de esa
destrucción (v. 7). Lo que sigue pone de manifiesto que
Jesús no entra en la dinámica de la pregunta. A lo largo de
los domingos de este año hemos tenido ocasión de
constatar cómo en sus respuestas el Jesús de Lucas
corrige a menudo los planteamientos de sus
interlocutores. Hoy nos hallamos ante un nuevo caso.
Jesús comienza haciendo unas recomendaciones: "Cuidado
con que nadie os engañe" a propósito del cuándo o de las
señales; "no vayáis tras ellos; no tengáis pánico". Cierra
estas recomendaciones una afirmación rotunda: "El final
no vendrá en seguida". En otras palabras: Jesús
desautoriza toda especulación sobre el cuándo y las
señales. Más aún: guerras y desórdenes no son señal
alguna de fin de mundo. Los que hablan en este sentido
son simples embaucadores. Guerras y desórdenes son,
desgraciada y lamentablemente, una necesidad. ¡Es
impresionante el realismo de Jesús! Lo mismo pasa con los
terremotos, epidemias y fenómenos cósmicos. Nada de
esto es señal de fin de mundo. Esto supuesto a partir del
v. 12 y ya hasta el final, Jesús aborda lo que sí tiene
importancia según él. Y aquí sí que prevé un tiempo no
lejano: "Antes de todo eso os echarán mano, os
perseguirán... por causa de mi nombre". Aunque no lo
diga explícitamente, Lucas presupone que son los
discípulos (léase cristianos) los interlocutores-destinatarios
de las palabras de Jesús. De nuevo el acoso, la acusación,
la comparecencia ante los tribunales. Las mismas
situaciones con que nos encontrábamos hace cuatro
domingos. Y aún prevé otra: la muerte. ¡La muerte a
manos de quien menos se podía esperar! El odio total por
causa del estilo de vida de Jesús, que no es otro sino el
compromiso con los valores del Reino. Este es el cuadro
que Jesús pinta ante los suyos, el futuro que les espera.
Este es el futuro que interesa y no el de las especulaciones
sobre el fin del mundo. Y de cara a ese futuro dos nuevas
recomendaciones: espontaneidad y tesón. El versículo final
tiene dos posibles acepciones; con vuestra perseverancia
ganaréis vuestra vida o ganad vuestra vida con vuestra
perseverancia.

Comentario. Lo que hace cuatro domingos era sólo un


presupuesto, hoy es un dato explícito: Lucas no espera un
final inminente de esta historia nuestra. Perspectiva de
futuro y perspectiva final no se mezclan ni se confunden,
como puede ser el caso, por ejemplo, en Marcos. La
destrucción del templo no es el final; las guerras y
cataclismos no son el final. Son otra cosa, pertenecen a
otra dinámica, misteriosa, realística, pero no premonitoria
de fin de mundo. Lucas da un mentís a los profetas de fin
del mundo. Son agoreros embaucadores. "No vayáis tras
ellos". Lo que hay que hacer a cambio es asumir esta
historia en toda su crudeza.

Apostar en ella desde los valores del Reino y caminar. Sin


discursos retóricos de autodefensa. Con la espontaneidad
y el frescor del espíritu de Jesús. Dando cabida a su
lenguaje, a su sabiduría, a lo imprevisible divino, en la
sencilla e imponderable certeza de que, a pesar de perder
la vida en el empeño, ésta se gana. Porque todo es gracia
con el Dios de Jesús.

Texto. La admiración de la belleza del templo por parte de


algunos (v. 5) provoca la llamada de atención de Jesús
acerca del futuro de ese templo (v. 6). Pregunta por el
cuándo y las señales admonitorias de ese futuro (v. 7).
Jesús comienza su respuesta invitando a los oyentes a
ponerse en guardia ante determinadas personas y
determinados acontecimientos (vs. 8-9). Continúa luego
hablando de cataclismos y convulsiones (vs. 10-11), para
centrarse en las dificultades y riesgos mortales que los
oyentes tendrán que afrontar previamente (vs. 12-13).
Jesús concluye su respuesta con una invitación a la
confianza y a la esperanza (vs. 14-19).

Pre-texto. Lenguaje profético y apocalíptico, consistente


en expresar un juicio de valor negativo sirviéndose del
vehículo simbólico de imágenes y situaciones dantescas y
truculentas. Este lenguaje enjuicia negativamente la
realidad social tal y como ésta es construida en la práctica.
No tiene valor de crónica futurista de sucesos.

El templo como centro neurálgico del universo (cfr. Is. 60;


Ageo 2, 6-9). Tocar el templo era tocar la tierra toda.

FUTURO/ALIENACION: Sentido del texto. "Llegará un día"


es expresión típicamente profética para desplazar la
atención de los oyentes hacia el futuro, despertando en
ellos el ansia de un tiempo mejor del que ahora están
viviendo. Para este desplazamiento fue surgiendo toda una
literatura tremendista, morbosa en ocasiones y tras de la
que en muchos casos se escondían personalidades
frustradas e incapaces de vivir el presente (agoreros,
predicadores de desastres, etc.). Son estas personalidades
y esta literatura lo que Jesús descalifica en los vs. 8-9.
Para Jesús, el futuro no puede ser una válvula de escape a
las frustraciones y a la incapacidad de vivir el presente.
Y, sin embargo, tampoco Jesús renuncia al futuro como
tiempo cualitativamente nuevo respecto al presente. Lo
que pasa es que Jesús entiende ese futuro como un
espacio abierto desde el compromiso en la realidad
cotidiana presente. De ahí que sus palabras se centren
fundamentalmente en esa realidad cotidiana, tejida de
dificultades y riesgos, los cuales tienen su origen en los
círculos mismos de relaciones del discípulo. Por eso es
importante que el discípulo mantega su ilusión y su
esperanza contra toda esperanza. A esto es invitado por
Jesús. De esta manera Lucas entiende el discurso sobre el
fin del mundo como una invitación a comprometerse
esperanzadoramente en el presente.

Este texto pertenece al llamado "apocalipsis sinóptico",


que en Lucas se prolonga hasta el v. 36. Respecto a dicho
"apocalipsis" es preciso notar lo siguiente: a) los tres
textos reúnen a su modo diferentes frases de Jesús sobre
el mismo tema, pero la redacción se ha hecho bajo el
influjo de la vida de la primitiva comunidad y su
catequesis; b) especialmente en Marcos y en Mateo se
adivina la persuasión de que la venida del Señor es
inminente; c) sin embargo, el motivo dominante es en los
tres una llamada a la vigilancia y a la oración ante un
acontecimiento que, a pesar de todas las señales,
acaecerá repentinamente y cuando menos se espere.

Aunque Lucas sigue fundamentalmente a Marcos, en este


caso se aparta de él más de lo común. A diferencia de
Marcos, Lucas distingue entre lo que se refiere a la ruina
de Jerusalén (que es el tipo o la imagen profética del fin
del mundo, con las catástrofes y tribulaciones que le han
de preceder) y lo que tiene un sentido escatológico
directo. Parece indudable que el discurso de Lucas tiene
un carácter más histórico, debido a que escribió su
evangelio después de la destrucción de Jerusalén y pudo
referirse a este suceso con mayor riqueza de detalles (vv.
20 y 21).

Jesús no responde exactamente a la pregunta que le han


hecho sus discípulos. Se refiere ciertamente al futuro, pero
no para descubrirlo en todos sus detalles, sino únicamente
para indicar los peligros que se avecinan y advertir a sus
discípulos que estén preparados. Les dice, en primer lugar,
que no hagan caso de los falsos mesías. Pues estos
hombres se levantarán para proclamar el advenimiento de
los tiempos mesiánicos, pero no anunciarán el reinado de
Dios tal y como Jesús lo entiende (10, 9), sino como una
reivindicación política de Israel.

En segundo lugar, dice que estas revoluciones que han de


venir no son aún la señal del fin, pero no dice de qué fin
se trata. Posiblemente se refiere al último fin, al fin del
mundo. Antes del fin, los discípulos de Jesús serán
perseguidos por judíos y gentiles. Y sus padecimientos
durante el tiempo de persecución serán un buen
"testimonio" en su favor cuando llegue el juicio final. La
traducción que aparece en el texto no es correcta, pues no
se trata aquí del testimonio de los apóstoles ante los
tribunales humanos.

Jesús quiere ahora inspirar confianza y dar ánimo a sus


discípulos. Si ellos han de ser llevados ante los tribunales
por su causa es lógico que Jesús no los abandone en esta
ocasión. Por eso les promete ser él mismo su abogado y
darles aquella sabiduría que van a necesitar (según Mt 10,
20: "el Espíritu de vuestro Padre", y según Mc 13, 11 y Lc
12, 12: "el Espíritu Santo"). Esto no quiere decir que
saldrán ilesos de los tribunales humanos; pero sí que su
causa, que es la misma causa de Jesús, reportará una
victoria moral y el Evangelio se propagará por el mundo.
También Jesús fue llevado ante los tribunales y padeció y
murió bajo Poncio Pilato, pero resucitó y sus apóstoles
predicaron el Evangelio por la fuerza de la Resurrección.

De nuevo se afirma que la persecución y el odio se


cebarán en sus personas. Incluso que serán traicionados
por parientes y amigos. Se dice también que algunos de
ellos morirán en estas persecuciones, aunque la mayoría
escapará con vida. Los pocos que pierdan la vida terrena
morirán con la esperanza de alcanzar así la verdadera
vida. Todos se salvarán si perseveran hasta el fin: "Salvar
el alma" significa lo mismo que "salvar la vida", toda la
vida, incluyendo la del cuerpo: "ni un cabello de vuestra
cabeza perecerá".

- "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?..": Aunque Lucas se


inspira en el evangelio de Marcos, no obstante pone el
acento en algunos elementos que presentan su concepción
de los acontecimientos finales. Cuando se escribe este
evangelio, Jerusalén ya ha sido destruida y el interrogante
que planea sobre la primera comunidad es el de descifrar
si estos signos manifiestan ya la proximidad del fin.

- "Cuidado con que nadie os engañe...": La expectación de


una Parusía cercana puede estar teñida de engaño. No
existe una fecha fijada en el curso de la historia. El
"tiempo" (en la traducción se habla de "momento") se
sitúa más allá de todas las crisis y los conflictos humanos
(guerras, revoluciones, terremotos, hambre, peste,
espantos y grandes signos en el cielo...). Todo eso
pertenece al antes, y los cristianos se han de preparar
para vivir el largo tiempo de la historia.

- "Pero antes de todo eso os echarán mano, os


perseguirán, entregándoos a los tribunales...": En ese
"antes" largo y conflictivo, los cristianos vivirán una etapa
llena de persecuciones. Se trata de rehacer ahora en su
historia el mismo camino de Jesús hacia la cruz ("os harán
comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi
nombre"): serán acusados de herejía por la sinagoga y de
traición por los tribunales del Estado. Su fuerza radicará
en la paciencia mientras se espera la nueva vida que viene
de la resurrección. Pero fijémonos como Lucas acentúa la
lejanía del fin poniendo de relieve la duración de los
sufrimientos de los creyentes en medio de la historia.