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Evolucionismo

La antropología evolucionista
La teoría evolucionista nace junto con la Antropología hacia finales del siglo XIX. Con ésta teoría se
constituye un nuevo campo de conocimiento y una nueva comunidad científica.
Uno de los principales exponentes de ésta teoría es Lewis Morgan (1818-1881), abogado, antropólogo y
escritor estadounidense, quien descubrió que las relaciones de parentesco estructuraban al grupo y servían
para establecer lazos y líneas que unían a los individuos en un sistema de obligaciones recíprocas.
El otro gran representante de esta corriente es Edward Tylor (1832-1917), antropólogo de origen británico,
cuyos principios comparativitas sentaron las bases ideológicas y metodológicas de lo que fue la
antropología evolucionista y culturalista. Ambos son considerados los fundadores de la Antropología.
Ellos se propusieron responder científicamente a varios interrogantes: ¿Por qué las sociedades humanas
difieren entre sí? ¿Por qué algunos pueblos se encuentran más atrasados que otros? ¿Cómo se producen
los cambios? Todas estas preguntas surgen al observar la diversidad cultural y las distintas formas de vida.

El concepto de cultura y la teoría de la unidad de la especie humana


El evolucionismo fue la primera teoría científica que respondió acerca de las semejanzas y diferencias de los
hombres a través del concepto de progreso, explicando la historia natural como un proceso natural.
El pensamiento evolucionista unilineal del siglo XIX vio en las Ciencias Naturales el modelo de ciencia por
excelencia. Las Ciencias Naturales elaboraban explicaciones fundamentadas en hechos (datos), a partir de la
idea de que el mundo natural está sujeto a la uniformidad y regularidad. Esta idea se traslada al ámbito
humano. De esta manera el mundo social, según esta concepción, se encuentra sujeto a leyes similares a las
del mundo natural, y pueden ser explicitadas.
Siguiendo las leyes del mundo natural, para el pensamiento evolucionista el hombre está sujeto a, y es el
resultado de un principio de causalidad universal; por lo tanto, natural.
Así, el hombre, que avanzaría desde formas que ellos veían como elementales a las denominadas
complejas, es concebido como la consecuencia de la acción uniforme de causas uniformes que actúan
sobre un principio uniforme.
Hasta ese momento el estudio del Hombre se abordaba en dos aspectos: cuerpo y espíritu. El primero era
objeto de estudio de la Anatomía; el espíritu pertenecía al campo de la Filosofía y la Religión.
La concepción evolucionista del hombre va a tener dos supuestos básicos:
1. La universalidad de la especie humana está dada por la unidad psicobiológica: la especie se
caracteriza por una misma anatomía, un mismo cerebro y, por lo tanto, un mismo principio de
inteligencia. Este argumento se apoya en la idea de que el hombre es una especie más de la
naturaleza (lo cual se oponía a las explicaciones teológicas vigentes), pero se trata de una especie
que se diferencia de todas las demás por su capacidad de generar cultura.
2. La condición humana es particular, posee una dualidad: el hombre es un ser biológico y al mismo
tiempo un ser cultural. El hombre como especie es el resultado de una evolución natural, un eslabón
más en una cadena de organismos, pero dotada de un complemento, un atributo: la cultura.
Con la teoría evolucionista el Hombre va a ser visto como una totalidad, donde cada una de sus partes podía
entenderse según el siguiente criterio:
El hombre como especie es el resultado de la evolución biológica, como el resto de los seres vivos; pero a
diferencia de éstos posee un eslabón más: la cultura, que se iba desarrollando a lo largo del tiempo en
diferentes grados de evolución o progreso.
Ambos aspectos de la dualidad humana, naturaleza y cultura, eran entendidos por los evolucionistas como
una continuidad.
La cultura es el producto de las transformaciones de la naturaleza en el tiempo. Se entiende por lo tanto, la
cultura como producto “superior”, como un efecto posterior de la naturaleza.
Es un principio de uniformidad de lo humano puesto que se trata de una dimensión constitutiva de la
condición humana. Este principio uniforme sujeto a la acción de causas uniformes (la evolución o progreso)
provoca que la experiencia humana sea esencialmente la misma, dados los mismos principios de
inteligencia y la identidad de la mente y de origen del hombre (la naturaleza).
Pero al mismo tiempo la cultura es un principio de diferenciación del hombre: la unidad psicobiológica de la
especie se corresponde con una sola cultura. Si la cultura es una sola, ¿cómo se explican las diferencias? Las
diferencias socio-culturales son explicadas como expresión de los distintos grados de evolución de la
cultura. Las diferencias entre los hombres, según estos principios, estaban dadas por el grado de progreso
alcanzado por cada sociedad en relación a causas y/o procesos uniformes a toda la humanidad.

La idea de progreso. El eje naturaleza y cultura y la distinción con la animalidad


La evolución (o progreso) fue entendida por los evolucionistas como una ley natural y necesaria (universal)
que, en tanto proceso de cambio, supone una determinada dinámica, al mismo tiempo que consideraban la
existencia de una única cultura, común a toda la humanidad. Por tal razón, entienden, el progreso es:
• Unilineal
• Unidireccional
• Gradual Continuo Ascendente.
A partir del progreso, el hombre pasa de formas socio-culturales poco complejas (o más simples) a formas
socio-culturales más complejas.
Este proceso, entienden los evolucionistas, se produjo a partir del momento en que la especie logró
completarse desde el punto de vista biológico. Así, dio pie al desarrollo evolutivo de las aptitudes
intelectuales y morales (cultura).
De este modo, el punto o momento cero en la evolución humana propiamente dicha (cultural) tiene como
origen y límite la naturaleza, la animalidad (porque la naturaleza es anterior a la cultura).
La idea de progreso del siglo XVIII fue el motor de la transformación de la razón humana. Un siglo más tarde,
en el marco del desarrollo científico, estas ideas se afirmaron y se profundizaron, por lo que el progreso se
transformó en una ley de la naturaleza.
Así, la diversidad humana desplegada en el espacio y en el tiempo, representó el avance de la humanidad
hacia una mayor complejidad. Esto llevo a describir el avance cultural en etapas y dio origen a una visión
coherente de los diferentes estadios por los que pasó la cultura de la humanidad en un derrotero que la
llevó del salvajismo a la barbarie, y de la barbarie a la civilización.
El progreso, que los evolucionistas definían como natural e inevitable, ponía en evidencia que entre el
hombre occidental y el primitivo no existía nada que impidiera que éstos últimos evolucionaran hasta llegar,
tarde o temprano, a estadios superiores. En esta teoría, las diferencias culturales eran sólo cuestión de
tiempo.
Estos preceptos sentaron el principio de que la cultura se trasmite por aprendizaje, por lo tanto el contacto
entre pueblos con distintos grados de evolución podía acelerar el proceso de evolución cultural. En
consecuencia, propiciaría que aquellos que están por debajo en la escala de desarrollo, accedieran a niveles
superiores más rápidamente. De esta manera, la incipiente Antropología parece justificar científicamente la
expansión colonial europea que imponía sus patrones a las sociedades dominadas.

Las lógicas evolutivas


La reconstrucción histórica que propuso el evolucionismo abarcaba a la humanidad toda: históricamente,
desde su origen hasta la actualidad y espacialmente, desde el norte al sur y del este al oeste del planeta. Sin
embargo, se operaron algunas reducciones: no estudiaron todas las sociedades, sino solamente las no-
occidentales -a las que conocieron a partir de los escritos de viajeros, misioneros, comerciantes y
funcionarios coloniales que relataron aquello que veían. Asimismo, no se ocuparon de todos los aspectos de
la cultura sino que dieron prioridad a algunos de ellos: las creencias, en Tylor y las instituciones, en Morgan.
El progreso o evolución, como movimiento ascendente de desarrollo hacia formas socio-culturales cada vez
más complejas, supone el paso necesario por tres períodos:
• Salvajismo,
• Barbarie
• Civilización.
Además, implica la existencia de dos aspectos o procesos como movimiento propio pero entrelazado, con
lógicas evolutivas distintas pero paralelas y simultáneas (correlacionadas):

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