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5.

LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS DE 1966

5.1 Las contradicciones de la oposición

La unión de la oposición no se concretó. La llamada alianza entre el MRL-


Línea Blanda, el lauroalzatismo y la ANAPO para escoger de común acuerdo
el nombre de un candidato a la presidencia de la República, no pasó de ser un
anuncio; en el mejor de los casos una posibilidad; un mecanismo de conve-
niencia electoral. Más claramente, un truco para López y Gómez Hurtado. No
fue suficiente el común antillerismo como catalizador de la unidad1. En octu
bre de 1965 por ejemplo. Rojas Pinilla le confesó al redactor político de Ei
Nacional que no había hablado con López ni con Gómez y que tampoco per.
saba hacerlo. «Tenemos tanta fuerza, dijo, que no necesitamos pedirle cacao a
nadie. Además, no tenemos ningún interés en hacer pacto con esos caballeros
aunque si podemos conversar después de las elecciones de marzo cuando se
sabrá quien es quien»2. A finales del mismo mes, el Comando Nacional de la
ANAPO expidió una tajante Declaración cuyo numeral segundo rezaba: «Re-
chazamos cualquier posibilidad de entendimiento o acuerdo, o pacto con las
fuerzas políticas que tienen acciones en el Frente Nacional, que defienden el
sistema, lo utilizan y hacen parte del actual gobierno»3. Se descartaba de esta
manera la alianza con el lauroalzatismo. No le quedó más remedio a Alvaro
Gómez que manifestar: «Me alio con Rojas si soy jefe de ese grupo». El jefe
del lauroalzatismo señalando no estar de acuerdo con la dialéctica de las pisto-
las y de los puñales, descartó en enero de 1966 cualquier pacto o alianza con
los anapistas4. Más allá de lo electoral había razones de peso para que no
cuajara esta inflada y explotada propuesta de unidad.

También la izquierda radical tanteó la posibilidad de atraer incluso la oposi-


ción conciliadora. Antes de su desaparición de la lucha política civil, Camilo
sostuvo conversaciones con Rojas y con López. Sin embargo, todos los grupos
de la oposición, radical o conciliadora, buscaban su propio fortalecimiento a
costa de sus posibles aliados, nadie trabajaba por la unidad de la oposición con
transparencia. En una carta al jefe del ELN, Camilo Torres escribió: «...tuve
una charla muy larga con Rojas que tiene como resultado que actualmente no
radicalice tanto su oposición...debemos, naturalmente, probarlo...los conoce
casi a todos personalmente, lo que es también muy importante para después»5.

1
Hubo sin embargo un acto político significativo. En enero de 1966 el Centro de Esludios Conser-
vadores invitó a disertar a Alfonso López Michelsen. Allí, junto con los emerrelistas estuvieron jefes
lauroalzatistas como Aurelio Caicedo Ayerbe y anapistas como Jaime Piedrahita Cardona.
2
El Nadonal, octubre 20 de 1965, p. 1 y 2.
3
Véase el texto completo de la Declaradón en El Nadonal, octubre 27 de 1965 p 1.
4
El Tiempo, enero 7 de 1966, p.7.
3
Véase Torres Camilo. Cristianismo y revoludón... Op. cit. p. 566.

171
Fue precisamente Rojas, quien meses después, en octubre, a través de una
cadena radial de Pereira revelara el paradero del prelado: «Ni los grupos
políticos, ni el gobierno son autores de la desaparición del Padre Torres. El
mismo se ha enterrado y creo que se enterró en el monte ya que él estaba
convencido de que su movimiento se hacía a base de entreguismo al comunis-
mo o por otros sistemas ajenos al nacionalismo que es lo que tenemos que
defender. Se sobrentiende que el nacionalismo no es entregarse por unas mo-
nedas a Rusia, a los Estados Unidos o a cualquier otro país para que nos go-
bierne. Allí está precisamente el fracaso del Movimiento de Camilo Torres,
quien debe saber mucho de la cosa interna de la Iglesia, pero nunca de la
política»6.

Los dos bloques de la oposición, el Frente Unido que reunía a la izquierda


radical y la supuesta alianza ANAPO-Lauroalzatismo-MRL, parecían no te-
ner chance. En ambos casos eran más las distancias que las cercanías. Las
posturas de Camilo, contradictorias unas, extremadas otras; sus inclinaciones
a favor de unos socios en desmedro de otros fueron diezmando aceleradamente
el Frente Unido. Lo que de veras hubiera podido ser la auténtica contracoalición
de la que hablaba López Michelsen fue desaprovechada históricamente. El 7
de enero de 1966 los periódicos del país difundieron el texto de una proclama
que desde «las montañas colombianas» Camilo enviaba a los colombianos.
Junto al texto aparecía una fotografía suya en compañía de Fabio Vásquez
Castaño y Víctor Medina Morón, comandantes máximos del ELN. «Me he
incorporado al Ejército de Liberación Nacional porque en él encontré los mis-
mos ideales del Frente Unido. Encontré el deseo y la realización de una unidad
por la base, de base campesina, sin diferencias religiosas ni de partidos tradi-
cionales. Sin ningún ánimo de combatir a los elementos revolucionarios de
cualquier sector, movimiento o partido. Sin caudillismos. Que busca liberar al
pueblo de la explotación de las oligarquías y del imperialismo. Que no depon-
drá las armas mientras el poder no esté totalmente en manos del pueblo. Que
en sus objetivos acepta la plataforma del Frente Unido»7. Resolución que el
mismo sacerdote había tomado sin consultar siquiera con los otros represen-
tantes de los grupos vinculados a su agrupación. Identificar al ELN con el FUP
era su elección pero de ninguna manera la de toda la gente que conformaba el
Frente Unido.

Desmoronado el Frente Unido, López continuó firme en sus posiciones: «Se


trata de una alianza para sustituir al grupo gobernante, -declaró en enero a una
emisora de radio- al equipo gastado del Frente Nacional que hace dos meses a
esta parte desembozadamente se ha constituido en un nuevo partido político
con carnetización, con tesorería, con directorios disfrazados bajo el ropaje de

6
Véase El Tiempo, noviembre 6 de 1965, p. 1 y 30.
Ver el texto completo de la Proclama en: Torres Camilo. Cristianismo y Revoludón ...Op. dt. p.
571-572.

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comités bipartidistas, es lógico que se forme una contra-coalición de otros
grupos. En ese sentido, como oposición al partido único del Frente Nacional,
es que nos hemos ido aglutinando los grupos de la oposición»8.

5.2 El avivamiento de la campaña electoral, en tierra derecha

5.2.1 El Anapismo o el Sistema Rojista de llegar al pueblo

Los anapistas no desaprovechaban ninguna oportunidad para llegar al pueblo.


Mientras la mayor parte de las fuerzas electorales del país hacían sus compo-
nendas en los recintos cerrados. Lleras conversando con los gremios económi-
cos, López convenciendo a las capas medias de las bondades de su propuesta,
la gente de La Nueva Prensa delineando su proyecto nacionalista, los comu-
nistas perfeccionando su nuevo método de combinación de todas las formas de
lucha y Camilo dirimiendo los conflictos internos del ambiguo Frente Unido,
el dirigente máximo de la ANAPO llamaba a sus correrías por el país «diálo-
gos con el pueblo»: «Es realmente emocionante -decía- el espectáculo de las
masas populares dialogando en las plazas públicas»9. El General no perdió el
tiempo en conversaciones con dirigentes políticos. A su manera, le llevaba la
idea a López pero a la vez impartía órdenes de no pactar alianzas para las
elecciones de marzo de 1966 con ningún tipo de organización política. Rojas
exigió de la militancia anapista de todo el país, oponerse a toda clase de au-
mentos en las tarifas de los servicios públicos y víveres en general y recomen-
dó apoyar todos los movimientos huelguísticos de los trabajadores oficiales y
particulares10. Lo más importante del anapismo érala mística política. O como
denominó al fenómeno el periódico El Nacional «el sistema rojista de llegar
al pueblo». Rojas tuvo la suerte de contar en todos los rincones del país con un
número amplio de dirigentes políticos decididos, por iniciativa propia, a
jugárselas todas por el Movimiento. No era tan necesaria la presencia física
del General para que marchara el anapismo de la provincia, salvo en el caso de
dirimir los conflictos internos.

Con el nombre de «la caravana de la libertad», los anapistas del departamento


del Atlántico bautizaron la movilización de masas para sus concentraciones
populares. Consistía este rito en trasladarse en toda clase de vehículos, ca-
rruajes de tiro, decorados con banderas y demás simbología del movimiento,
de día o de noche, a los municipios del departamento o barrios de Barranquilla,
recogiendo simpatizantes por calles y caminos, repartiendo hojas volantes de
casa en casa, colocando carteles y vivando a Rojas Pinilla.

Véase E) Tiempo, enero 18 de 1966,p.l y 14.


Ibid.
El Nadonal, octubre 20 de 1965,p. 5A

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En 1966 la campaña entró con todo. Los movimientos se lanzaron a la con-
quista de los votos. El establecimiento y los anapistas decidieron empezar la
recta final de la campaña electoral por la costa atlántica. Aqui tendrían lugar
las concentraciones humanas más saturadas de símbolos políticos. El primero
en llegar a la Costa caribe fue el candidato oficial. Para comenzar eligió la
ciudad de Cartagena. Junto con Lleras viajó una numerosa comitiva integrada
por los miembros del Comité Bipartidista y de los Directorios Nacionales del
ospinismo y oficialismo liberal. Tanto en los preparativos como en la gira
misma por la Costa, Lleras contó con las primeras páginas de la «gran prensa»
nacional y de provincia, contó, con excepción de Barranquilla, Chocó y Cór-
doba donde los gobernadores eran lauro-alzatistas, con la maquinaria oficial
para la movilización de las masas.

Fue apoteósica la manifestación de Lleras en Barranquilla. La concentración


se llevó a cabo en el histórico Paseo Bolívar de la ciudad. El periódico El
Nacional que no tenía simpatía ninguna con el Frente Nacional comentaba al
respecto: «El certamen resultó exitoso por su ejemplar organización: 500 buses
y camiones fueron contratados para trasladar a gente de los barrios y pueblos
al centro de Barranquilla y regresarlos al final del acto político. Tres emisoras
transmitían los discursos. Centenares de miles de carteles litografiados cubrie-
ron los muros de Barranquilla. 500 banderas rojas y otras tantas azules. Las 16
emisoras de la ciudad y los dos periódicos de los grupos de presión económica
del Atlántico llenaron sus páginas de avisos y cuñas radiales durante un mes.
El Tiempo, El Espectador, La República. Todo el andamiaje periodístico
nacional se volcó en propaganda sobre el acto; 200 mil pesos invirtió el Comité
local bipartidista en la manifestación que congregó un buen número: 20 mil,
30 mil, 40 mil personas ante Lleras...»11.

Los anapistas barranquilleros decidieron sabotear la manifestación. Aposta-


dos en sitios estratégicos impidieron el desarrollo normal del evento. Días
antes de la llegada de Lleras a Barranquilla, por disposición del Comando
Departamental de la ANAPO, los militantes llevaron avispas a la sede del
Movimiento y las encerraron en cajas especiales. En el momento preciso de la
intervención de Lleras, los perturbadores liberaron las avispas, que furiosas
produjeron la estampida de la gente. Mientras en medio de la plaza, los
saboteadores de la ANAPO utilizaron «pedos químicos» para dispersar las
masas, en otro de los costados de la concentración, otro grupo de anapistas
roció «pica pica» sobre la multitud. La rasquiña que produjo la pelusa entre la
gente causó su retiro momentáneo de la manifestación12. No faltaron los pitos.

" Véase El Nadonal, enero 21 del 966, p. 1.


12
Interrogado sobre ese tipo de comportamiento, el señor Tito Meló, uno de los fundadores del
anapismo en el Atlántico deda: «Era para darle lecdones al sistema que no nos dejaban hacer las
manifestadones. Como rebeldía tampoco les dejábamos hacer las suyas». Conversadones del autor
con Tito Meló. Barranquilla, noviembre de 1990.

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ni los garrotes, ni los enfrentamientos entre anapistas y lleristas, entre aque-
llos y la fuerza pública. Cuando por fin pudo hablar. Lleras trató a los anapistas
de «hampones» y a Rojas de «tirano barato». «El hombre de la yuca -dijo- se
ha servido de ese argumento infantil para sostener que la vida era más barata
bajo su dictadura. Yo habría podido traer mi yuca en el bolsillo y demostrar
que cuando yo era ministro de hacienda hace 25 años la vida valía muchísimo
menos que bajo el régimen dictatorial de Rojas Pinilla. Ese argumento es pue-
ril, ridículo y constituye una falta de respeto al pueblo colombiano que es
inteligente»13.

Lleras continuó su gira. Rumbo a Santa Marta se detuvo en Ciénaga, uno de


los tuertes emerrelistas de la costa norte. Aquí también hubo saboteo por parte
de la militancia anapista. Lleras respondió de nuevo tratándolos de hampones.
«Se equivocan si creen que el país va a entregar su destino a cuatro matones de
mala condición». Acusó a Rojas de haber «despilfarrado los cuantiosos ingre-
sos provenientes de las exportaciones cafeteras, cuando ese producto básico
alcanzó un precio récord de noventa centavos de dólar». Agregó que Rojas
debía explicar «por qué no realizó con esos fondos el mejoramiento social que
viene exigiendo ahora»14. Aunque en su discurso electoral. Lleras tuvo en cuenta
el liberalismo rojista, el destinatario político era preferencialmente la gente
que había acompañado en la región al MRL en los años anteriores. Por eso no
ahorró esfuerzos en desacreditar a López Michelsen. Enrostrándole la división
del liberalismo, señaló: «El señor López celebra desayunos semanales con el
mejor representante de la reacción, el señor Alvaro Gómez para conspirar
contra el partido liberal. El que se dice liberal de tiempo completo anda de
socio minoritario en una coalición de reaccionarios contra las grandes mayo-
rías nacionales»15. Desde el baluarte emerrelista de Valledupar, le pidió aLópez
que se marginara y no le hiciera más daño a la República y al liberalismo. En
Riohacha Lleras contó con el respaldo del antiguo emerrelista José Ignacio
Vives Echeverría, quien explicó su retiro de aquel movimiento debido «a que
los ataques del conservatismo sectario que antes se dirigían a López Michelsen,
ahora están concentrados en el doctor Carlos Lleras Restrepo, porque Alfonso
López se volvió al lado de aquellas fracciones. Dime contra quién disparan los
conservadores sectarios y te diré quién tiene las auténticas banderas libera-
les»16.

La correría de Lleras por el litoral caribe fue sin duda un éxito. Ha debido
quedar la sensación en el oficialismo liberal de haberle ganado una partida al
emerrelismo. Sin embargo no podía cantar victoria todavía. Por esta región
andaba también Rojas Pinilla que, si bien no era candidato, en él se concentra-

Véase El Espectador, enero 15 de 1966, p. 1 y 10,


Véase El Espectador, enero 17 de 1965,p. 15A
Véase El Espectador, enero 17 de 1966,p. 15A
Véase El Espectador, enero 18 de 1965, p. HA

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ba, mejor que en el resto de personalidades de la oposición, toda la simbología
de la protesta contra el Frente Nacional17.

Ambas manifestaciones fueron anunciadas con profusión como si se tratara de


un round de boxeo. En El Nacional se anunció la concentración de Rojas de la
siguiente manera: «...Barranquilla y el país entero van a poder apreciar con
sólo cinco días de diferencia el espectáculo de las gentes que siguen a las
oligarquías y las que respaldan al Movimiento Popular de ANAPO»18. En efecto,
cinco días después de haber estado Lleras en la ciudad, llegó Rojas. A diferen-
cia de la manifestación liberal que se realizó un sábado, los anapistas la lleva-
rían a cabo un jueves. Desde la noche anterior camperos con altoparlante reco-
rrieron los barrios pobres de la ciudad informando que ANAPO no tenía dine-
ro para contratar buses y pidiéndole al pueblo que marcharan a pie al Paseo de
Bolívar. Como Lleras había hecho cargos contra el expresidente, los anapistas
invitaron a la gente con el gancho de que Rojas respondería a las acusaciones
del candidato del Frente Nacional.

Relata El Nacional que sólo tres de las 16 emisoras de la ciudad aceptaron


cuñas pagadas. Ninguna quiso transmitir los discursos. Los grandes rotativos
locales no registraron la llegada del general y menos aún anunciaron la mani-
festación. A las tres de la tarde del día señalado, empezó a ocurrir algo inaudi-
to. Caravanas de gentes a pie, cantando el himno nacional, se dirigían al Paseo
de Bolívar. Venían de los barrios más apartados de la ciudad. El ejército montó
guardia en los diarios matinales y se alistó en sitios estratégicos. A las 4 de la
tarde la Plaza de Bolívar estaba colmada. Rojas entró por la Avenida de los
Estudiantes, seguido de una multitud superior a la que lo esperaba en la Plaza
de Bolívar. Le acompañaba Moisés Tarad, primer jefe rojista del Atlántico.
Como era natural nadie había previsto tal concurrencia. Los altoparlantes no
alcanzaron a cubrir todo el espacio. Cuando Rojas apareció, pañuelos blancos
se agitaron al grito de «Lleras no. Rojas si».

Después de las intervenciones de Josefina Valencia de Hubach, Claudio


Urruchurtu y Rafael Camerano, le correpondió el turno al general. Como lo
habían anunciado los anapistas. Rojas se dedicó a defenderse de las acusacio-
nes que le había hecho el candidato del oficialismo. Por tratarse de una pieza
completa, que nos permite conocer mejor la estructura del discurso electoral
del personaje, la transcribimos tal como lo reportó el periódico El Nacional:

«Hombres y Mujeres de Barranquilla -comenzó diciendo- hace pocos días Lleras


Restrepo hizo graves cargos contra el General Gustavo Rojas Pinilla y contra Alianza

17
Curiosamente el General Rojas había amaneddo en Barranquilla en casa del dirigente Moisés
Musa Tarad, el día de la manifestadón de Lleras. Su estadía en la dudad se debió a un daño técnico de
la lancha que estaba utilizando en su gira por el sur del Magdalena.
18
Véase El Nadonal, enero 8 de 1966, p. 5.

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Nacional Popular en esta plaza pública de Barranquilla, es decir, al pueblo, y en esta
tarde memorable le vamos a contestar punto por punto. Vamos, a decirle por qué el
pueblo liberal es rojista. ¿Dónde estaban los grandes oligarcas Carlos Lleras Restrepo,
Eduardo Santos y Alberto Lleras Camargo el 13 de junio?. El pueblo liberal, había
sido empujado por Lleras Restrepo a la matanza y luego cobardemente lo abandonó
porque su vida vaha más que la de millares de liberales por él traicionados. Así lo
atestiguó posteriormente el exjefe guerrillero de los Llanos Orientales y hoy brillante
Diputado a la Asamblea de Boyacá, señor Fonseca. El señor Fonseca le ha dicho a
Lleras Restrepo, sin que hasta hoy haya sido rectificado que él los obligó a irse al
monte para organizar la resistencia contra el gobierno y luego cuando nos faltaban
medicinas y drogas, cuando no temamos comida, cuando faltaban armas, cuando dé-
bil la lucha, cuando nos estaban aniquilando, huyó cobardemente del país, nos aban-
donó diciéndonos que su vida valía más que la del pueblo liberal de Colombia.»E1
dictador» le dijo al señor Lleras Restrepo que regresara a la Patria bajo la protección
del nuevo gobierno, y «el dictador» lo nombró luego miembro de la Comisión Asesora
del Ministerio de Hacienda y allí trabajó con «la dictadura». Después el señor Lleras
perdió una casa durante los extravíos sectarios y luego «el dictador» dictó el respecti-
vo Decreto pagándole 670 mil pesos por la casa y la biblioteca.¿Y saben ustedes qué
hizo Lleras Restrepo?. En el Senado con los mismos señores que le habían quemado la
casa pagada por «ia dictadura» pidió que le quitaran los derechos ciudadanos al dicta-
dor. Ese es el señor Lleras Restrepo. ¿Dónde estaba Alberto Lleras Camargo? Arrodi-
llado ante el gobierno de los Estados Unidos donde tiene una participación del 40% en
la poderosa revista Visión y donde devenga más de 100 mil pesos colombianos men-
sualmente, y tiene la desfachatez de decir que es pobre. ¿Dónde estaba el director de
El Tiempo Eduardo Santos, esa fábrica de calumnias contra el pueblo colombiano y
sus verdaderos dirigentes?. Estaba en París dándose la vida del gran oligarca mientras
el pueblo liberal luchaba ardorosamente por defender sus derechos y este mismo San-
tos es el acusado de vender la soberanía nacional en oscuros negocios pero no ha
tenido hasta hoy el valor de defenderse, de volver por su honra. Y yo estoy aquí,
regresé al país a enfrentarme a la oligarquía, a la justicia vendida, al parlamento co-
rrompido. En la Costa, frente al mar Caribe, en esta maravillosa tarde democrática, he
recordado la infamia de los Lleras cuando me metieron en una fragata y quisieron
destruirme. Pero Dios está por encima de los Lleras y aquí estoy al frente del pueblo
luchando por alcanzar para él un destino mejor. Es verdad que estuve en la cárcel
porque la justicia estaba al servicio de la oligarquía, pero ahora tenemos a esa oligar-
quía contra la pared y vamos a exigirle que nos entregue el poder, el poder para el
pueblo. Y el poder lo ganaremos por la fuerza de las armas, pues aceptamos el reto en
el campo que lo quieran situar. Ahora saben los Lleras por qué el pueblo liberal es
rojista. Y creo que no habrán olvidado que cuando llegué al poder mis palabras de no
más sangre, no más depredaciones a nombre de ningún partido político fueron cumpli-
das y los liberales perseguidos pudieron regresar a sus casas protegidos por las Fuer-
zas Armadas». Un mar de pañuelos blancos se agitaba en la plaza y un sólo grito se
escuchaba: ¡Rojas sí! ¡Lleras no!; ¡Lleras no! Rojas sí!. El General Rojas Pinilla dijo
entonces: «Hay conciencia formada en el pueblo liberal y conservador de reconquis-
tar el poder. No hay que dar cuartel a las oligarquías. ¿Rechazamos a Lleras Restrepo?
Si... Si. Respondieron unánimemente los manifestantes. «Yo pregunto: se necesitó
siquiera que se le pagara el pasaje del bus a alguno de los 200 mil manifestantes aquí
congregados? No. No. respondía la multitud. «¡Qué diferencia entre esta manifesta-
ción y la que presidió Lleras Restrepo. El candidato frentenacionalista estaba rodeado
de tropa para que el pueblo no se acercara porque sabían los oligarcas que el pueblo le

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iba a escupir la cara para demostrarle así su desprecio. Y esta tarde el pueblo liberal y
conservador paseó en hombros al general Rojas Pinilla, al «dictador». Ahora vamos a
responder a otro cargo, a otra calumnia de la oligarquía de los Lleras: Se dice que
Rojas Pinilla dilapidó los dineros públicos, pero ocurre que no hay una sola población
colombiana que no exhiba una obra construida durante «la dictadura», es decir, duran-
te mi gobierno. ¿Que no tenemos programas que ofrecer?, la plataforma de Alianza
Nacional Popular es todo un programa para hacer una Colombia nueva en la cual no
haya hambre y miseria, en la cual haya igualdad de oportunidades para todos, en la
cual el poder del Estado se ponga al servicio del pueblo. Por ejemplo, nosotros frente
al parlamento inútil, el parlamento de holgazanes, proponemos una gran Asamblea
Nacional Constituyente integrada por dos representantes de cada departamento con
sus respectivos suplentes uno liberal y otro conservador, pero no políticos porque
necesitamos gente que vaya a trabajar en estas Corporaciones en beneficio del pue-
blo». Es un crimen contra la Patria el hecho de que los oligarcas liberales y conserva-
dores tengan más de 300 millones de dólares en los bancos extranjeros. Ese es dinero
robado al pueblo, estos oligarcas no se cansan de negociar con el hambre y miseria del
pueblo colombiano. Gaitán que decía «a la carga» para acabar con el país político.
(Cuando Rojas trajo a su discurso el recuerdo de Jorge Eliécer Gaitán, hubo explosión
de vítores y batir de pañuelos blancos). Y Ahora tiene Lleras Restrepo el cinismo de
decir que él recogió las banderas de Gaitán cuando todos sabemos que Gaitán siempre
lo despreció. Este chiquito quiere profanar su tumba pero el pueblo libera] y el pueblo
conservador no se lo van a permitir. El pueblo debe empuñar el látigo de la justicia
patria para azotar este bandido. Las tesis de Gaitán eran: «defensa del pueblo», «el
poder para el pueblo», «todo para el pueblo» y eso es lo que está haciendo el General
Rojas Pinilla. Con que Lleras Restrepo es el defensor del pueblo ¡FARISEO!; con que
Lleras es defensor del pueblo ¡MENTIRA!; es él uno de los principales responsables
de la devaluación del trabajo colombiano y el alza del costo de la vida, él impuso su
Ministro de Hacienda, que no tiene mas lenguaje que el de los impuestos y la vida
cara. Y trata de mofarse del General cuando habla de la yaca. Se burla de la «dialéc-
tica de la yuca» y anuncia que cuando él era Ministro de Hacienda la yuca era más
barata que cuando el gobierno de «la dictadura». Pero olvida que lo importante es que
los padres de familia tengan el dinero para comprar esa yuca. Y trata de hampones a
los trabajadores colombianos, los trata de «micos». Los hampones son ellos, los
oligarcas; los «micos» son ellos, los oligarcas. Hasta cuándo la prensa va a seguir
desfigurando la verdad. Por ejemplo, habla la prensa oligárquica del éxito rotundo de
su candidato por la Costa y la verdad es que el pueblo le ha vuelto la espalda a ese
«chiquito» devaluador. Vamos a votar contra las Oligarquías. Yo, General Rojas Pinilla,
pido al pueblo unión y disciplina para poder derrotar al poderoso enemigo que tiene el
poder ejecutivo, el legislativo y judicial y sobre todo el del dinero corruptor. Llegare-
mos al poder o por la fuerza de las urnas o por la fuerza de las armas». Para finalizar su
intervención. Rojas hizo poner de rodillas a los presentes y les tomó el siguiente jura-
mento: «Pueblo: Juráis a Dios y prometéis a vuestros hijos votar contra el Frente
Nacional». Sí... respondió la multitud. «Si así lo hicieres el porvenir os espera, en caso
contrario vuestros hijos os reclamarán por la falta de valor para defender vuestra liber-
tad y vuestros derechos»19.

" Tomado de El Nadonal, enero 21 de 1966,p. 1.

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Irritó a la dirigencia anapista del Atlántico que la prensa local y nacional
callara el acontecimiento. En calidad de «publicidad política pagada» publica-
ron en toda una página de El Nacional el siguiente aviso acompañado de una
foto inmensa de Rojas; «Derramando millones de pesos en propaganda la re-
acción trata de llevar al pueblo a las urnas a votar contra el pueblo/ Asi como
los diarios matinales de Barranquilla ayer en forma desconcertante negaron la
estruendosa manifestación de antier al general Gustavo Rojas Pinilla, los dia-
rios bogotanos de todo el país esconden o adulteran la verdad de los hechos
políticos/ La prensa y la radio están oprimidas y actúan bajo amenaza de reti-
rarle avisos y de cerrarlas/ No crean sus informaciones mientras se logra
regresarle al país su libertad de prensa. La hora de la libertad se aproxima»20.
La Nueva Prensa siempre presta a ilustrar lo que callaba la gran prensa, hizo
comentarios favorables a la manifestación. Concluyó que «de la visita de Ro-
jas a ciudades de la Costa Atlántica y particularmente a Barranquilla, donde
siempre ha habido gran mayoría liberal, se saca en claro que las tesis naciona-
listas, las tesis sociales, las tesis contra el bipartidismo oficializado se abren
cada vez más amplia vía en la conciencia del pueblo colombiano21.

En el fondo, aunque no lo expresaran en un principio, la manifestación de


Barranquilla preocupó a los dirigentes del Frente Nacional. Primero, porque
se trataba de una plaza liberal por excelencia. Carlos Lleras creyó haber hecho
mucho neutralizando al menos la militancia emerrelista. Pero lo de Barranquilla
mostraba que el peligro no estaba en los seguidores de López Michelsen, sino
en los anapistas. Segundo, porque de nada valía el esfuerzo que hacía el candi-
dato oficial por presentar ante los colombianos un discurso cesudo, racional,
pragmático y futurista, que en nada cambiaba la esencia del discurso frentena-
cionalista de sus comienzos. Los pobres de Colombia prestaban mejores oídos
al discurso contestatario y panfletario de Rojas y de sus seguidores, que al
meticuloso discurso del establecimiento. El nivel de la cultura política, las
condiciones en que vivían los colombianos de abajo, la incapacidad de secto-
res pequeños de la economía de salir de sus crisis económicas, estuvieron a
tono con la forma de discursear de los anapistas. De todas maneras, por el
volumen de gente que salió a escuchar a ambos personajes, se puede afirmar
que la contienda electoral de 1966 se polarizaba entre Lleras y Rojas como si
el último fuera también candidato. Así se pusieron las cosas cuando supo Lleras
que el líder anapista vallecaucano Hernando Olano Cruz, seguía insistiendo
en la postulación del nombre de Rojas para la Presidencia de la República.
«Nuestra política -había declarado Olano- tiene como bandera el nombre de
Rojas Pinilla y con él iremos al debate presidencial. Nuestro propósito es rom-
per el orden constitucional y crear un sistema que reemplace al Frente Nacio-
nal oligárquico. Esa es la tesis que tiene la aceptación de los dirigentes nacio-

EI Nadonal, enero 22 de 1966, p. 5.


La Nueva Prensa, N° 141. febrero 12 de 1966,p.l4.

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nales de la ANAPO»22. Posteriormente a la afirmación del ideólogo anapista,
desde Villa de Leyva, replicó Lleras: «La lucha está casada. Entre los liberales
y conservadores que quieren la paz y la ordenada transformación de las insti-
tuciones nacionales y las falanges del antiguo dictador que convoca a la vio-
lencia y a la muerte»23. Lleras calificó de «un atentado contra la constitución,
contra el liberalismo y contra la dignidad de la nación» la posibilidad divulga-
da por Rojas Pinilla en el sentido de que él puede ser elegido en los próximos
comicios»24.

Mientras Lleras había recorrido la Costa de occidente a oriente, visitando los


grandes centros urbanos. Rojas lo hizo en sentido contrario, deteniéndose en
las pequeñas poblaciones. Utilizando desde el avión y la avioneta, hasta lan-
chas y canoas, la comitiva rojista visitó la Guajira, el sur del Magdalena y los
pueblos del oriente del departamento del Atlántico; Ponedera, Puerto Giraldo,
Sabana Larga y Campo de la Cruz. En medio de recibimientos que incluían
especies de veladas folclóricas. Rojas recibió la adhesión de liberales campesi-
nos que le confiaron en particular la realización de una verdadera reforma
agraria y en general la revolución colombiana. Finalmente, en cada uno de los
pueblos de la Costa que visitó. Rojas invitó a votar el 20 de marzo por las listas
de la ANAPO para liquidar «el maldito gobierno del Frente Nacional que sólo
miseria y corrupción administrativa le ha traído al país»25.

El candidato del oficialismo no cambió en nada la estrategia de su campaña.


Siguió visitando los fuertes emerrelistas, denunciando y enjuiciando «la esen-
cia reaccionaria» de la oposición. Se desplazó por los pueblos del actual De-
partamento de Sucre. De López dijo en Magangué que como no había podido
convencer al liberalismo se aliaba con Rojas y con Alvaro Gómez; «El no
puede comprometer al partido en esa alianza. A lo sumo se puede comprome-
ter él solo, porque las masas que lo siguieron no se dejan engañar más y están
regresando a los cauces del partido». En Sincelejo declaró que López se había
convertido en un «modesto oficial de enlace del exdictador Rojas Pinilla. El
hijo del mayor combatiente contra la dictadura rojista, resulta hablando ahora
de cómo nos vuelve a montar a Rojas, de quien es, forzosamente un socio
minoritario. Esa es una afrenta contra el partido liberal». En esta misma plaza
tildó a los anapistas de «corte de marihuaneros». «Con esa gente, dijo, se
unirá López...¿Qué tal el equipito que el doctor López respalda en lugar de
volver a los viejos principios liberales?. El ha tenido y tiene abiertas las puer-
tas del partido, porque nació en el mismo seno del liberalismo, pero él no nos
quiere. Se alió primero con los comunistas y ahora con la reacción...»26. Pero

22
Declaradones de Hernando Olano Cruz al radionotidero «Periscopio Mundial». El Espectador,
enero 23 de 1966, p. 14A
23
Véase discurso de Carlos Lleras en Villa de Leyva. El Espectador, enero 30 de 1966, p. 5A.
24
Ibid.
25
Véanse las edidones de El Nadonal, finales de enero de 1966.
26
Véanse las edidones de la «gran prensa» del 18 al 25 de enero de 1966.

180
Lleras no sólo daba garrote. En medio de sus planteamientos y propuestas se
colaban las que habían identificado al MRL y demás agrupaciones de la oposi-
ción, tales como las del «Estado fuerte», «incorporación a la economía de los
sectores marginales y a las clases desamparadas», «asistencia técnica y crediticia
para los campesinos», «lucha contra la burocracia», «la economía de la abun-
dancia» como salida al problema de la vida cara; «gobierno de las clases más
pobres», etc. Por eso mientras Lleras andaba por el noroccidente colombiano
proponiendo en otro estilo ideas del MRL, López interviniendo en Bogotá ante
dirigentes del Lauroalzatismo, del anapismo y del mismo establecimiento de-
cía: «Tantas banderas nos ha robado el Frente Nacional que muchas veces me
he sentido tentado a no sacar más programas para que no nos los roben y
desfiguren»27, A su manera lo expresó Lleras en una plaza pública: «...Y lo
saben los demagogos de la revolución y los reaccionarios. Saben que haré el
cambio social y que les voy a quitar las banderas de la demagogia izquierdis-
ta»28.

No hizo ningún esfuerzo el candidato oficial por reconocer elementos positi-


vos en las propuestas de la oposición. Ni siquiera reconocía los hechos. No se
vislumbraba en su discurso electoral un ápice de comprensión de los otros. Si
en la Plataforma algún espacio ocupó el derecho a la oposición, en la plaza
pública fue implacable. Lleras ni se ruborizaba al decirlo, no quería, en la
eventualidad de triunfar, oposición. En la práctica del proselitismo político, lo
que resultaba era la explotación del odio. Le criticaba a Rojas el deseo que
había tenido de perpetuarse en el poder, como si cosa distinta estuviera hacien-
do el Frente Nacional.

En Chocó y Córdoba Lleras encontró algunos impedimentos de orden técnico


atribuidos a los gobernadores lauroalzatistas de estos departamentos. Si en los
baluartes emerrelistas Lleras, condenando la disidencia, se portaba con «sec-
tarismo liberal», en los lauroalzatistas, atrayendo su respaldo, hablaba de de-
poner el odio y el sectarismo. Con los suyos su comportamiento era como el de
un león enfurecido y con los laureanistas como el de una mansa paloma. Para
nada tuvo en cuenta Lleras el discurso político de la izquierda radical. Poco
del enmontado Camilo, nada de los comunistas.

La campaña del Frente Nacional tenía otra ventaja considerable. El socio ma-
yor de Lleras, Ospina Pérez, que contaba ya 73 años, recorría por aparte el
país, visitando precisamente poblados conservadores que no habían sido cu-
biertos por las giras del candidato oficial, o que no habían sido visitados por
Rojas ni por los lauroalzatistas o bien preparaba las masas para una próxima
visita de Lleras. El anticomunismo de la campaña frentenacionalista corría

27
Véase intervendón de Alfonso López Michelsen en el Centro de Estudios Colombianos. En: El
Espectador, enero 21 de 1966,p. 9Ay 12A
28
Discurso de Carlos Lleras en Duitama. El Espectador, enero 31 de 1966, p. 1OA

181
por su cuenta y riesgo. En las poblaciones de Antioquia, Ospina advirtió a sus
copartidarios, que Colombia estaba librando la segunda batalla contra el co-
munismo al luchar contra la oposición de Rojas, López y Alvaro Gómez.

La campaña del candidato del Frente Nacional no varió mucho en el mes de


febrero. En su visita a los municipios de Boyacá se dedicó a convencer a la
población conservadora de las inconveniencias de votar por Rojas Pinilla. Dijo
que éste no podía ser candidato por estar desprovisto de derechos políticos y
por tocarle esta vez el turno a los liberales. En Tunja, los anapistas repartieron
volantes con consignas de su movimiento torpedeándole a Lleras, el curso de
su intervención. En Puerto Berrío por donde había pasado López con marcado
éxito a finales de 1965, el candidato oficial dedicó gran parte de su discurso a
deslegitimar al emerrelismo. Finalizó aquí diciendo: «No tiene el MRL mejor
plataforma que la nuestra, ni conoce mejor que nosotros los problemas nacio-
nales»29. En el pueblo liberal de Fusagasuga el candidato del Frente de Trans-
formación Nacional retó al jefe del MRL: «Yo desafío a López a que demuestre
que tiene la mayoría del partido liberal, le lanzo un reto político para que
ambos afrontemos sus consecuencias. Si López pone más votos que yo en las
próximas elecciones, yo retiro mi candidatura, porque no podría ir con una
minoría a representar al partido liberal en el Frente Nacional»30. En Chaparral
reiteró el reto y peroró «el que saque la mayoría en las elecciones parlamenta-
rias de marzo se queda con el partido liberal»31.

5.2.2 El Rojismo Liberal

Al término de su gira por el departamento de Antioquia, Lleras trazó las pau-


tas que deberían seguir sus copartidarios en la provincia colombiana: I o Lucha
contra la abstención en las elecciones para el Congreso y 2° Una gran ofensiva
para conjurar la penetración rojista en las filas liberales. «Denme un buen
Congreso y les daré un buen gobierno», pedía sin cesar el candidato liberal. En
ninguna otra parte como en las grandes ciudades liberales. Lleras se
desmadejaba desvirtuando a Rojas. No tenía en cuenta al conjunto de hombres
que acompañaban al general, ni se molestaba en criticar con profundidad los
programas del anapismo. Todo el peso de sus ataques recaía sobre la persona
del «dictador» y sobre la composición social de su Movimiento. Aunque con
dolor. Lleras terminó aceptando la realidad del liberalismo rojista y pensó que
el fenómeno era reversible. «El rojismo es incompatible con el liberalismo -
decía en Medellín- el liberal que se sienta rojista que se vaya del todo, porque

29
Grandioso Redbimiento en Puerto Berrío a Lleras Restrepo. En: El Espectador, febrero 5 de
1966,p. 10A
30
Reto de Lleras a López Michelsen. En: El Espectador, febrero 19 de 1966, p. 7A
31
Véase El Espectador, febrero 23 de 1966, p. 1 IA

182
va a tener cerradas para siempre las puertas del partido»32. El Tiempo había
advertido con anterioridad el desplazamiento de las bases liberales hacia la
ANAPO, pero entonces no era tan severo con los nuevos «lentejos», por el
contrario, escribía un editorialista del periódico que las puertas estaban abier-
tas para su regreso al partido33. Curiosamente, los liberales oficialistas del
citado Diario argumentaban que liberalismo y rojismo eran corrientes que es-
piritual, doctrinaria, y moralmente se excluían, como si la alianza Lleras-Ospina
Pérez fuera asimilable para los liberales que identificaban al expresidente con-
servador como su verdugo en los infaustos años de 1948 y 1949. Si en la
práctica existía el ospinismo liberal, por qué no podía existir el liberalismo
rojista?. Calculando así las cosas. Lleras declaró que Rojas tampoco era con-
servador, sino «simplemente rojista».

Siguiendo las directrices de su candidato, el matutino liberal desató una furi-


bunda arremetida contra los liberales que veían con buenos ojos la actividad
proselitista del general Rojas. «Ni liberales rojistas, ni rojistas liberales» fue el
título de uno de sus últimos editoriales preelectorales34. Todo porque los
anapistas consideraron llegado el momento de presentarse masivamente a las
elecciones como anapistas liberales en los departamentos y localidades donde
sus pobladores fueran en su mayoría de esa filiación política. Cosa que venían
haciendo, pero que sólo ahora, cuando era débil la disidencia liberal emerrelista,
constituía una verdadera amenaza para el oficialismo. Los periódicos del libe-
ralismo llerista tocaron a rebato. En un despliegue de editoriales, no les faltó
argumentos para presentar el gobierno de Rojas como la antítesis del liberalis-
mo. Alianza Popular contratacó. Tampoco le faltaron argumentos para indi-
car las bondades del gobierno militar para con las masas liberales.

En el fondo, las partes en disputa no fueron muy convincentes. Eran más com-
plejas las cosas. Acudir a lo malo del gobierno de Rojas para neutralizar a los
liberales, o a lo bueno que produjo a favor de los liberales para ganárselos, era
apenas un elemento de juicio. En cambio, Alberto Lleras Camargo mostraba
mejor tino. Aunque se refería a Rojas como «el culebrero de la protesta so-
cial», contribuía con olfato sociológico a la comprensión del fenómeno anapista.
Por fuera de la plaza pública y de sus alocuciones proselitistas, el expresidente
comentaba que el respaldo popular a Rojas se debía a la presencia en las ciuda-
des grandes del país de gente que vivía al margen de la vida social, política y
económica sin servicios públicos y «sin la esperanza de que la nación se de
cuenta de sus deberes para con ella». Apuntaba que este tipo de población no
entendía más lenguaje «que el primitivo y grosero de una persona o grupo de
personas que están fuera de la ley o bordeando la delincuencia, y mientras más
primitivas sean las formas de aproximación, tanto más claras para quienes no

Lleras pide grande esfuerzo electoral. En: El Espectador, febrero 8 de 1966,p. 1 y 10A
Liberales rojistas? Imposible !. En: El Tiempo, didembre 13 de 1965 ,p. 4
Ni Liberales rojistas, ni Rojistas Liberales. Editorial de El Tiempo, marzo 4 de 1966, p. 4

183
se sienten perteneciendo a Colombia, a sus sistemas, a su orden social, a su
vida material»35. Lleras Camargo consideró el auge rojista como un fenómeno
de tránsito producido por el exceso de población, del crecimiento demográfico
vertiginoso, de la violencia, del desarrollo industrial y de la desocupación cam-
pesina.

Lo cierto es que los lleristas estaban asustados. Podían silenciar en sus periódi-
cos las manifestaciones de Rojas, como en efecto lo hicieron con relativo éxito
en las anteriores elecciones. Pero en 1966 no podían seguir con los ojos venda-
dos ante la realidad. Rojas había movilizado Cali, Medellín, Barranquilla,
Bucaramanga y sobre todo a Bogotá. Amén de las pequeñas localidades a don-
de no iban sus adversarios, de las ciudades intermedias, etc. Por eso cuando se
acercaban las elecciones, los lleristas fueron hablando menos del peligro
emerrelista. Ahora los titulares de la gran prensa rezaban: «Paz con Lleras o
Violencia con Rojas».

5.2.3 La conquista de los votos bogotanos

En su campaña de Bogotá, Lleras repitió las condenas a la oposición que hicie-


ra en sus giras por el país. El Frente Nacional le puso especial atención a la
capital debido al triunfo electoral obtenido aquí por los anapistas en las elec-
ciones de 1964. Por ello en una manifestación realizada en el barrio Quiroga,
que reunió la gente que habitaba los barrios del sur de Bogotá, Rojas ocupó
destacado lugar.

Los anapistas no descuidaron un momento la capital. Conscientes del respaldo


que tenían aquí, desde temprano organizaron su campaña. La ciudad estaba
empapelada con carteles que promovían la candidatura de María Eugenia Ro-
jas al Congreso. En uno de ellos una mujer con expresión de felicidad, cargaba
en sus brazos a su pequeño niño. Al fondo, un letrero grande decía: «Reviva-
mos a SENDAS», seguido por avisos que rezaban: «restaurantes populares»,
«aguinaldos para pobres», «salas cunas», «jardines infantiles». En otros car-
teles aparecía la fotografía de María Eugenia rodeada de las siguientes leyen-
das: «Gracias María Eugenia. Triunfaremos»; «PUEBLO Si/votando por Ma-
ría Eugenia/el 20 de marzo/OLIGARQUIAS NO/; «El Pueblo sufre/La Oli-
garquía brinda/ Vote por María Eugenia el 20 de marzo/; María Eugenia/ con
el pueblo/ Derrotará la oligarquía/. Como su padre que recorría los poblados
perdidos del país, María Eugenia sola o con él, se desplazó por los barrios más
pobres de Bogotá. También se difundieron afiches relacionados con Rojas. En
todos, en el extremo superior aparecía el estribillo de la campaña anapista:
«ROJAS SI» acompañado de diversos mensajes y de una fotografía suya. Ro-

35
Véanse declaradones de Lleras Camargo. En: El Tiempo, marzo 14 de 1966, p. 11

184
jas aparecía señalando el horizonte o con su atuendo de militar. Los mensajes
de los carteles eran los siguientes: «Alegría Liberal con Rojas»; «A la carga
con Rojas es el grito en los barrios»; «El pueblo Liberal y Conservador con
Rojas Pinilla/Vote por las listas de Alianza Nacional Popular el 20 de marzo»;
«El Pueblo trabajador con Rojas»; «A la victoria el 20 de marzo»; «Rojas en
los barrios/desbordante entusiasmo popular/triunfal recibimiento le tributa-
rán»; «Rojas Si !/El pueblo con su caudillo a la victoria»/.

Para neutralizar la propaganda del Frente Nacional contra el movimiento, los


anapistas respondieron con carteles que desvirtuaban los progresos de los que
se ufanaban los pregoneros de la candidatura de Lleras y con programas radia-
les. Todos los días y en cadena con numerosas emisoras de la provincia, los
anapistas transmitían un dramatizado del juicio de Rojas ante el Senado36. En
los carteles contra el establecimiento, con material fotográfico, los publicistas
del anapismo mostraban el hambre, la falta de vivienda, el desamparo, la de-
solación y el frío de los niños y demás necesidades por las que estaban pasando
los colombianos pobres.

Al tiempo que la hija del jefe de la ANAPO hablaba dos veces por día por una
emisora popular, en Alianza Popular comenzó a aparecer una pequeña co-
lumna suya. En ella, María Eugenia se manifestó en contra de la abstención y
declaró «enemigos del pueblo» a los seguidores de dicha política. Se dirigió a
la mujer, mas no de la manera totalizadora de los Lleras. Su llamado era para
las mujeres de abajo: «Me dirijo a las mujeres campesinas, que vienen a las
aldeas, en los días de fiesta, con el último niño al hombro, cargadas como
bestias de labor con los productos de la labranza; y a las mujeres de las aldeas,
encogidas en una pobreza tímida; y a las mujeres de las ciudades que trabajan
y conocen la angustia de los salarios escasos. A las madres de hijos descalzos;
a las esposas de escasos salarios; a las mujeres de éste país que creen en Dios y
esperan en su misericordia...»37. María Eugenia legitimaba su llamado en su
desempeño como directora de SENDAS en los tiempos del gobierno de su
padre. Hablaba de una «compensación con el pasado» y se lamentaba que ese
gobierno no hubiera tenido más tiempo para completar una «obra grande».
Escribió ampliamente sobre las condiciones de vida de los niños colombianos;
«no puede pensarse en el futuro de la patria si él se sostiene, como en el caso
nacional, en las manos mugrientas del gamín urbano, que tiene la mendicidad

36
El aviso de la propaganda rezaba así: «Rojas ante el Senado/ Se transmitirá todos los días de/
LUNES a VIERNES, de 8 y 30 a 9:00 p.m./Una producdón de Jaime Zubieta, con la Direcdón de
Marco Fidel Várela y Julio Enrique Vúlate A./Actuadón espedal del Grupo Escénico de Radio Mode-
lo/ Dirigidopor Julio Molma Vergara/ Con la actuadcn de JOSÉ Dulfo Rojas. ARTURO BAZZANI.
LUIS MUNEVAR y ALFONSO GONZÁLEZ/ Este programa se transmitirá en cadena con las/si-
guientes emisoras: Emisora Ecos del Combeima en Ibagué/Emisora La Voz del Rio Suárez de Barbosa/
Emisora Norte-Vallecaucana, de Calarcá; Emisora Ondas del Huila en Ndva/ Origina RADIO MO-
DELO -CANAL 125/La Emisora del Pueblo -/.
37
Véase Habla María Eugenia Fai; Alianza Popular, febrero 12 de 1966, p. 4

185
y el robo como fuente de una precoz subsistencia; ni cuando avanza en los pies
descalzos del niño campesino, ni cuando mira con los ojos tristes de los niños
con hambre»38. Por igual, en sus intervenciones de radio y por su columna,
María Eugenia se apersonó de los problemas de la baja oficialidad, de los
suboficiales, de la policía y de los maestros. Prometió presentar Proyectos de
Ley que revisara los salarios y dotara de vivienda propia estos sectores de la
población colombiana39.

5.2.4 La mística religiosa del Anapismo y la reacción de las


jerarquías eclesiásticas

Como en los tiempos del gobierno militar, no obstante la persecución de la


Iglesia hacia Rojas Pinilla, los anapistas no dejaron de presentarse ante los
colombianos como modelos de católicos. Si algo los hería, era que dudaran de
su fervor religioso. Aunque la ANAPO identificaba sus tesis en todos sus do-
cumentos programáticos con las promulgadas por la Doctrina Social de la
Iglesia, recibía de parte de la jerarquía eclesiástica los embates de una especie
de «macartismo religioso». La iglesia no toleraba que de las comitivas de
Rojas hicieran parte clérigos como en verdad venía sucediendo. La intensa
actividad de Camilo Torres hizo que la Iglesia se concentrara en él y Rojas
pudo descansar de las presiones de la jerarquía eclesiástica. Ausente Camilo
de la vida política civil, cayeron de nuevo sobre los anapistas los dardos de la
Iglesia.

A finales de enero de 1966, cuando el expresidente Mariano Ospina Pérez


andaba haciendo política en la población antioqueña de Santa Rosa de Osos,
tuvo como compañero de balcón al obispo de esa localidad, Miguel Ángel
Builes. El alto prelado dedicó su intervención a lanzar diatribas contra la opo-
sición. Proclamó su adhesión a Lleras Restrepo y manifestó que «el espíritu
satánico» se había apoderado de Rojas Pinilla40. Días después. Monseñor Bulles,
en pastoral a los párrocos y fieles de su Diócesis, llamando a votar por el
Frente Nacional, acusó a todos los grupos de la oposición de «comunizantes».
«Los millones de católicos colombianos -decía el documento- con su jerarquía
religiosa y el Frente Nacional están en el sacrosanto Concilio Ecuménico. Los
emerrelistas con su fundador, los anapistas con Rojas, los lauro-alzatistas con
su jefe, la Democracia Cristiana comumstoide con sus corifeos, y el ejército
dizque de liberación nacional están con el Congreso Tricontinental Comunis-
ta»41.

38
Véase «Habla María Eugenia» En: Alianza Popular, febrero 21 de 1966, p. 4.
39
Véase «Habla María Eugenia». En: Alianza Popular, marzo 9 de 1966, p. 4.
40
Véase El Tiempo, febrero 1 de 1966 p. 13 y La República, febrero 1 de 1966, p. 8.
41
Véase texto de lapastoral en: La República, miércoles 9 de febrero de 1966p.3. Terminaba así el
documento: «Léase esta circular en todas las iglesias y capillas de nuestra diócesis en los últimos

186
De todo lo que se había dicho en contra de la ANAPO hasta ese momento, fue
la declaración de Monseñor Builes lo que más le dolió a los seguidores del
general Rojas. El editorialista de Alianza Popular se vio obligado a escribir:
«Nosotros, los rojistas, somos realmente el único antemural que resiste la pre-
sión del comunismo. Prohibimos el ejercicio de la antipatria en el régimen de
las Fuerzas Armadas. Y ha sido constante nuestra afirmación anticomunista.
Pero nuestra acción frente al marxismo no puede amparar una situación social
y económica como la que padece el pueblo colombiano, ni continuar en el
servicio de unas castas explotadoras y viciosas, engolosinadas por las granje-
rias y ventajas que a la economía da el mandato político. El comunismo no
está en el poder ni aspira a él, por lo menos a través de las vías electorales, ya
que carece de fuerza decisoria. Citarlo como nuestro aliado es una paradoja sin
sentido. Y afirmar que los rojistas representamos la disolución del país y de
sus tradiciones religiosas y morales, cuando ellas son base de nuestra tarea y
oxigeno de nuestros pulmones, es injusticia, tanto más injusta cuanto que vie-
ne de quien tiene la obligación de la verdad, la necesidad de la prudencia y el
deber de la caridad cristiana»42. La salida de Monseñor Builes sirvió para que
César Garrido, el otrora dirigente nacional del Movimiento de Unión y Recon-
quista de Álzate Avendaño, encontrara equivalentes las posiciones de élite de
la Iglesia con las de los ideólogos del Frente Nacional. Para Garrido no existía
ninguna diferencia entre quienes afirmaban que por la ANAPO votarían «los
atracadores, los marihuaneros, los ladrones, los pordioseros, los hampones,
los hombres sin Dios y sin Ley» y una iglesia como la colombiana que despre-
ciaba a los pobres. «Exabruptos como los del obispo antioqueño -escribía Ga-
rrido- son los que vienen preocupando hondamente a la iglesia moderna, la de
Pió XII, Juan XXIII y Paulo VI, cuyo espíritu evangélico se refleja en el último
Concilio Ecuménico. Cristo fue pobre, nació, vivió y murió con evidente sim-
patía por los pobres»43.

Empero, los anapistas no tuvieron que hacer demasiado esfuerzo para defen-
derse. Afrontaron la contrapropaganda de una manera sutil. Se reprodujo en la
portada de Alianza Popular una fotografía que mostraba a María Eugenia y
Rojas Pinilla de rodillas orando en la catedral de Chiquinquirá en diciembre
último, después de una manifestación política en dicha localidad. La fotogra-
fía se reprodujo días después en grandes carteles, cuando los anapistas recibie-
ron respuesta a una solicitud que hiciera al Papa de «Bendición Apostólica».
En el afiche se exhibía al lado derecho un recuadro de Pavlo VI con un texto
en letra gótica que decía: «BEATÍSIMO PADRE/ANAPO y Gustavo Rojas
Pinilla/humildemente postrados a los pies de Vuestra Santidad, suplican una
especial/BENDICION APOSTOLICA/prenda de Gracias celestiales/. Al lado

domingos de este mes de febrero y de abril en todas las misas que se celebren y aun en otros días de
ambos meses, si se juzga necesario».
42
Véase editorial de Alianza Popular, febrero 11 de 1966 $A.
43
Garrido César. Trucos del pasado. En: Alianza Popular, febrero 11 de 1966, p.4.

187
izquierdo aparecía la citada fotografía de María Eugenia y su padre en la Ca-
tedral de Chiquinquirá, acompañada del siguiente texto: «SU SANTIDAD
PAULO VI/ENVIO SU BENDICIÓN APOSTÓLICA AL General Gustavo
Rojas Pinilla y al Movimiento de Alianza Nacional Popular/». Así, en las
últimas de la campaña electoral, las circunstancias hicieron que los anapistas
le dieran un tono religioso a su prédica. Con el cartel descrito, continuaron
recorriendo el país. Es interesante en este sentido, el relato que hizo pocos
años después el ahora recién vinculado al movimiento, Roberto Harker
Valdivieso: «Nuestro pueblo venera a sus mártires. Por ello en los días de
mercado, a la salida de la misa mayor, levantábamos el estrado para exhibir
nuestro mártir y semejando luego a los vendedores de específicos empezábamos
a ofrecer nuestra revolución. Las gentes con los ojos bien abiertos, casi fuera
de esas órbitas tristes que nos indicaban el hambre campesina, nos miraban y
nos aplaudían tímidamente. Venía entonces el reparto religioso de la esfinge
erguida de un exgeneral cubierto con la bandera de la patria y revestido de
medallas, charreteras y escudos. Y después, los grandes cartelones, cuidado-
samente colocados en sitios estratégicos, en donde aparecía Su Santidad el
Papa, enviando su bendición al ex Presidente mártir y a su hija. Todo esto
llegaba a lo más íntimo del alma del pueblo campesino y lo aglutinaba en
torno a su figura»44. La defensa de los ataques provenientes del alto clero hizo
que los anapistas sin pensarlo descubrieran un efectivo mecanismo para llegar
a los colombianos de los años sesentas, al contrario de lo que El Tiempo afir-
maba en un editorial titulado «Escandalosa Explotación Religiosa Hace la
ANAPO»45.

El 16 de febrero los medios de información comunicaron al país la muerte en


combate del padre Camilo Torres. Alianza Popular dedicó dos portadas de
sus ediciones al cura guerrillero: «Recrudece la violencia. Muerto Camilo
Torres en San Vicente de Chucurí», «Camilo Torres Asesinado por las Oligar-
quías». El periódico reprodujo textos y frases del legado de Camilo que com-
partía, tales como su concepción del pueblo, la violencia oficial, la avaricia de
los ricos. En uno de los editoriales dedicado a su memoria, los ideólogos de la
ANAPO aprovecharon la oportunidad para deslegitimar el régimen: «El Fren-
te Nacional ha asesinado obreros y campesinos y estudiantes. Tan sólo faltaba
que asesinara sacerdotes y Ministros de Dios. ¿En qué quedan la caída de los
estudiantes en el gobierno militar y la masacre del circo de toros en que no
hubo sino una muerte accidental, ante el crimen que ahora acaba de cometer el
sistema en la persona de un convencido de la revolución, de un apóstol de la
caridad, de un personero de la justicia, que cayó porque deseaba un cambio
inmediato en los estamentos del Estado y porque defendía el derecho de los
pobres a tener trabajo, casa propia, educación?. Esta mancha será indeleble»46.

44
Harker Valdivieso Roberto. La Rebelión de las Cumies. Boceto en negro para d ex-general
Rojas Pínula. s.e.l968,p.21-22.
45
El Tiempo, febrero 22 de 1966,p.4.
46
Véase «Jomada de Combatiente». Editorial de Alianza Popular, febrero 19 de 1966, p. 4.

188
Desde los comienzos de la vida política de Camilo, la ANAPO, por obvias
razones, miró su actividad con recelo y no dudó en referirse a él de manera
peyorativa. Para algunos de los columnistas de Alianza Popular, Camilo era
un idiota útil que le hacía el juego a la oligarquía del Frente Nacional. Para
ellos, Ruiz Novoa primero y Camilo después, no habían hecho otra cosa que
contrarrestarle crecimiento al anapismo. Para otros, Camilo era simplemente
una vedette. En una de las páginas editoriales del órgano anapista, un colum-
nista se atrevió a vaticinar en octubre de 1965: «...Ruiz y Camilo, como las
furtivas golondrinas de Becker, no volverán. Ya cumplieron su función de
fuegos de artificio. Ahora van hacia la anécdota. Atrás quedaron colgados de
un ropero un uniforme, una sotana y también unos sueños decapitados, unos
sueños de unos hombres que tuvieron, como en el viejo tango su cuarto de
hora»41. Menos aún simpatizó a la dirección anapista las posturas de Camilo
Torres frente a las elecciones. Si aprovechó la oportunidad para capitalizar el
espíritu del inmolado sacerdote: «Sobre la tumba del padre Camilo Torres y
entre las brumas augúrales de su recuerdo ejemplar, las muchachadas, las tur-
bas hambrientas, los tristes, los explotados, tienen que prometer hacer el últi-
mo esfuerzo el 20 de marzo para acabar con el Frente Nacional, que es un
frente de miseria, de ruina, de estafa, de angustia, de desolación, de iniquidad
y de muerte»48.

Varios días después de la muerte de Camilo, la alta jerarquía de la Iglesia


colombiana se pronunció oficialmente en contra de la abstención. Tratando de
evitar el escándalo que produjo la pastoral de Monseñor Builes, los arzobispos
fueron prudentes al convocar a los católicos a participar en las elecciones. Su
animadversión hacia el comunismo y hacia los movimientos de izquierda ra-
dical fue expresa, mientras que su posición frente a los anapistas fue tácita;
«...sería más grave aún que la abstención, el depositar el sufragio por personas
que profesan doctrinas materialistas y ateas condenadas por la Iglesia, tales
como el comunismo. Igualmente sería reprobable y, desde el punto de vista
democrático inaceptable, el dar el voto por quienes preconizan la violencia o
amenazan con destruir el orden social»49. Los anapistas no se llamaron a enga-
ño. Entendieron que el episcopado colombiano se refería a ellos. Por eso en el
editorial de Alianza Popular posterior a la promulgación del documento
episcopal se lee: «Nos vemos, en la necesidad de aclarar ciertos conceptos
cuya vigencia hemos reiterado, de tiempo atrás, con más terquedad que buen

47
Ver en edidones de Alianza Popular de octubre 11 de 1965 p.7 «Don Camilo o El Idiota útil»;
octubre 25, p.2 «Los Fuegos de Artifido».
48
Véase Editorial «Jomada de combatiente» En: Alianza Popular, febrero 19 de 1966 p.4 El
presbítero Ignado Yepes Yepes, párroco de Carolina Antioquia y reconoddo rojaspinillista de la re-
gión, ofidó misas por el alma de Camilo y pronundó panegíricos a favor de su lucha. Culpando de su
asesinato al Frente Nadonal, el padre Yepes declaró a Camilo inocente y mártir. Véase ampliamente
El Siglo, mayo 3 de 1966, p.8.
49
Abstenerse de votar es falta grave. Declara el Episcopado. En: El Espectador, 19 de febrero de
1966,p.ly9A

189
éxito»50. El editorialista hizo esfuerzos, como si fuera la última vez, por mos-
trar la correspondencia que existía entre la actividad política del movimiento
anapista y los postulados de la Doctrina social de la Iglesia. Por supuesto, no
se trataba de un problema religioso.

Así, todo estaba listo para las elecciones del 20 de marzo. Se recogerían los
frutos de un extenuante trabajo proselitista. La prensa oficial redobló esfuer-
zos para desacreditar la oposición, especialmente el sector del general Rojas.
Las ciudades grandes fueron empapeladas con carteles que reproducían las
fotografías de los hechos sangrientos acaecidos en el gobierno de las Fuerzas
Armadas, lo que provocó grescas entre los anapistas y quienes pegaban la
contrapropaganda51. Ante las numerosas disidencias que se produjeron a raíz
de la confección o ratificación por parte de la cúpula del Frente Nacional de
las listas para los cuerpos legislativos, la gran prensa llamó a la unanimidad
de los partidos. El extremo del dramatismo quedó consignado así: «Las disi-
dencias, en esta ocasión, son movimientos inadmisibles, porque las jornadas
que se avecinan tienen un carácter decisorio para la república»52.

Cuando ya no se pudo salir a la plaza pública, el debate político continuó por


las cadenas radiales. Así cerraron sus campañas Ospina Pérez, los líderes del
oficialismo liberal y Alfonso López Michelsen. Ospina ratificó sus posiciones
anticomunistas fundamentándose en los pilares filosóficos del conservatismo
colombiano. Llamando a los jóvenes conservadores a no abandonar el «viejo
solar godo» y a no entusiasmarse con la idea de un nuevo partido cristiano,
Ospina demostró que el partido conservador era precisamente la versión co-
lombiana de la «democracia social católica» y de la «democracia cristiana»
europeas53. Por su parte Carlos Lleras, utilizando el señuelo de la amenaza
rojista, llamó a los emerrelistas a regresar al partido oficial: «Estos son los
momentos de la unión, dijo, antes de que el rojismo se pueda sentir estimulado
por las divisiones liberales...no pongan en peligro la alternación al reforzar
con su actitud disidente las pretensiones de Rojas Pinilla»54.

Alberto Zalamea, el líder del MDN y director de la revista La Nueva Prensa,


invitó a votar por la oposición. Sostuvo que no había puesto para el
«abstencionismo consciente». Señaló que las tres alternativas: la extrema de-
recha de Alvaro Gómez, la izquierda reformista de Alfonso López y el juicio
final de los partidos que inspiraba inconscientemente Rojas Pinilla aunque

50
Véase «El Documento Episcopal» EN: Alianza Popular, febrero 21 de 1966, p.4.
51
Uno de los carteles recordaba con gráficas impresionantes la matanza de estudiantes el 8 y 9 de
jumo de 1954. Véase El Tiempo, marzo 10 de 1966, p. 7.
52
El Tiempo, marzo 7 de 1966, p.4.
53
Alocudón radial de Mariano Ospina Pérez al cerrar la campaña conservadora. Véase: El Tiem-
po, marzo 15 de 1966,p.l9.
54
Abriremos un Nuevo Período en la vida de Colombia. Alocudón de Carlos Lleras Restrepo para
cerrar la campaña para Cuerpos Colegiados. En: El Tiempo, marzo 15 de 1966, p. 21.

190
podían no satisfacer las aspiraciones del pueblo y los anhelos del nacionalis-
mo, son «el ariete con el cual los colombianos podemos derribar las primeras
murallas de la fortaleza enemiga, cipaya y vergonzosa que hoy domina a la
República»55.

Ruiz Novoa sin los frutos que esperaba consechar después de renunciar a su
candidatura nacionalista en mayo de 1965, aconsejó votar por los candidatos
de los grupos oposicionistas. «La cuestión de fondo que se disputa en las próxi-
mas elecciones, manifestó, es el triunfo sobre la política de continuismo y la
política del cambio, entre la opresión política, social y económica de unos
pocos y la libertad para todos los colombianos. El Frente de Transformación
Nacional propicia la opresión y la oposición es partidaria de la libertad»56.

Alvaro Uribe Rueda, el jefe la Línea Dura del MRL anunció públicamente el
28 de febrero su retiro del debate electoral, no obstante que su nombre había
sido postulado para Senador por Santander y Caldas. Este paso significó la
disolución de la Línea Dura. Había fracasado Uribe en su intento de unificar la
oposición alrededor de la agrupación que dirigía. Agotado del esfuerzo, decla-
ró: «Si se hubiera dado la imagen de esa nueva formación política, de una
organización que constituyera el futuro partido nacional del desarrollo y de la
independencia, como esqueleto integrador y omnímodo del pueblo y la Na-
ción, la gente no comprometida pero descontenta habría tenido el estímulo de
saber que existía un acuerdo nuevo que no sería, como el de ahora de los
opositores, una coalición para oponerse al nombre de Lleras, sino una unión
popular para ejercer el gobierno»57. En el Valle del Cauca, en una Convención
Departamental de la Línea Dura, realizada en la segunda semana de marzo de
1966, se logró la unidad del MRL. El duro Ramiro Andrade encabezó la lista
del Movimiento para la Cámara de Representantes. También encabezó lista
para la Cámara el duro santandereano Ciro Ríos.

A última hora, Darío Echandía involucró a López Michelsen en una polémica


doctrinaria en la que sin duda salió mal librado el jefe emerrelista, viéndose
éste obligado a declarar que el MRL no tenía pactos privados ni públicos con
el alvarismo ni con el anapismo. «Tenemos la esperanza de sustituir al ospinismo
y al llerismo en el poder que han usurpado». Agregó luego López «Nosotros
no estamos contra el Frente Nacional como sistema de concordia»58

El lauroalzatismo llegó debilitado a las elecciones. Dos de sus principales fi-


guras, Jorge Leyva y Rafael Azula Barrera conformaron el Movimiento Popu-
lar Conservador y lanzaron listas por aparte en algunos departamentos. Alva-

La Nueva Prensa, febrero 12 de 1966, p. 18.


Véase «Rechazo Militar a pretensión de Ruiz». En: El Tiempo, marzo 19 de 1966, p.9.
La Nueva Prensa,febrero 12 de 1966,p.l8.
El Tiempo.marzo 17 de 1966,p.6.

191
ro Gómez Hurtado negó su alianza con Rojas y con López y pidió el voto como
medida de salvación del partido conservador. Alvaro Rivera Concha dirigente
del PSDC declaró que ese partido requería «un caudal mayor de votos para
acabar con la politiquería en el país». En ese sentido prometió lanzar listas en
los departamentos de Huila, Valle, Tolima, Cundinamarca, Meta, los dos
Santanderes, Nariño y Antioquia. Por Cundinamarca encabezaría Senado Al-
varo Rivera Concha y por Antioquia Francisco de Paula Jaramillo59.

Al Partido Comunista, que venía apoyando al MRL desde sus comienzos, se le


complicaron un poco las cosas cuando el jefe máximo del MRL empezó a
buscar entendimientos con Alvaro Gómez y Rojas. Pasos que entendió el par-
tido como la búsqueda que hacía López de un respaldo amplio para su candi-
datura. El comunismo estuvo entretenido un buen tiempo con el Frente Unido
de Camilo. Luego se reunió en su X Congreso que aprobó la combinación de
todas las formas de lucha para llegar al poder y la conformación de un gran
movimiento popular, el Frente Democrático de Liberación Nacional. Para este
último objetivo llamó a trabajar con las pequeñas burguesías de las ciudades,
propósito que lo colocaba también en la necesidad de entablar conversaciones
con los anapistas. Escribía uno de sus ideólogos, que cuando había surgido la
ANAPO «sosteníamos tesis según las cuales este movimiento se componía de
elementos desclazados. Lo cierto es que esa posición se ha modificado. En su
seno existen sectores populares e inclusive gentes del MRL se han pasado a
este movimiento. Por otro lado sectores anapistas realizan acciones conjuntas
con el partido y el MRL en muchas regiones del país. Hay que señalar una
tarea muy clara: entenderse por la base con elementos de ANAPO, pues están
levantando consignas antioligárquicas, antiimperialistas y antifeudales, para
ser consecuentes con nuestra política de formación del frente democrático de
liberación nacional»60.

En realidad, hubo intentos de alianzas entre el PCC y las bases de la ANAPO.


En Viotá, durante un mitin que contó con la asistencia de representantes
anapistas y emerrelistas, Gilberto Vieira recalcó sobre «la necesidad de alian-
zas de clase con los sectores populares del MRL y la ANAPO con vistas a la
integración de los concejos en una serie de municipios»61. Finalmente, aunque
los comunistas eran conscientes del abandono que había hecho López de con-
signas revolucionarias como la lucha por la reforma agraria, la nacionaliza-
ción del petróleo, apoyo a la revolución cubana, entre otras, declararon que
apoyarían las listas del MRL que incluyeran en sus plataformas locales: el
levantamiento del estado de sitio; la liquidación del frente nacional como base

39
rbidyEITiempo,marzo2del966,p. 21.
60
Hurtado Hernando. Sobre Política de Alianzas. En: Documentos Políticos, N° 57, febrero de
1966, p.39.
61
Voz Proletaria, febrero 24 de 1966,p.3.

192
podían no satisfacer las aspiraciones del pueblo y los anhelos del nacionalis-
mo, son «el ariete con el cual los colombianos podemos derribar las primeras
murallas de la fortaleza enemiga, cipaya y vergonzosa que hoy domina a la
República»55.

Ruiz Novoa sin los frutos que esperaba consechar después de renunciar a su
candidatura nacionalista en mayo de 1965, aconsejó votar por los candidatos
de los grupos oposicionistas. «La cuestión de fondo que se disputa en las próxi-
mas elecciones, manifestó, es el triunfo sobre la política de continuismo y la
política del cambio, entre la opresión política, social y económica de unos
pocos y la libertad para todos los colombianos. El Frente de Transformación
Nacional propicia la opresión y la oposición es partidaria de la libertad»56.

Alvaro Uribe Rueda, el jefe la Línea Dura del MRL anunció públicamente el
28 de febrero su retiro del debate electoral, no obstante que su nombre había
sido postulado para Senador por Santander y Caldas. Este paso significó la
disolución de la Línea Dura. Había fracasado Uribe en su intento de unificar la
oposición alrededor de la agrupación que dirigía. Agotado del esfuerzo, decla-
ró: «Si se hubiera dado la imagen de esa nueva formación política, de una
organización que constituyera el futuro partido nacional del desarrollo y de la
independencia, como esqueleto integrador y omnímodo del pueblo y la Na-
ción, la gente no comprometida pero descontenta habría tenido el estímulo de
saber que existía un acuerdo nuevo que no sería, como el de ahora de los
opositores, una coalición para oponerse al nombre de Lleras, sino una unión
popular para ejercer el gobierno»57. En el Valle del Cauca, en una Convención
Departamental de la Línea Dura, realizada en la segunda semana de marzo de
1966, se logró la unidad del MRL. El duro Ramiro Andrade encabezó la lista
del Movimiento para la Cámara de Representantes. También encabezó lista
para la Cámara el duro santandereano Ciro Ríos.

A última hora, Darío Echandía involucró a López Michelsen en una polémica


doctrinaria en la que sin duda salió mal librado el jefe emerrelista, viéndose
éste obligado a declarar que el MRL no tenía pactos privados ni públicos con
el alvarismo ni con el anapismo. «Tenemos la esperanza de sustituir al ospinismo
y al llerismo en el poder que han usurpado». Agregó luego López «Nosotros
no estamos contra el Frente Nacional como sistema de concordia»58

El lauroalzatismo llegó debilitado a las elecciones. Dos de sus principales fi-


guras, Jorge Leyva y Rafael Azula Barrera conformaron el Movimiento Popu-
lar Conservador y lanzaron listas por aparte en algunos departamentos. Alva-

La Nueva Prensa, febrero 12 de 1966, p. 18.


Véase «Rechazo Militar a pretensión de Ruiz». En: El Tiempo, marzo 19 de 1966, p. 9.
La Nueva Prensa, febrero 12 de 1966,p.l8.
El Tiempo, marzo 17 de 1966,p.6.

191
ro Gómez Hurtado negó su alianza con Rojas y con López y pidió el voto como
medida de salvación del partido conservador. Alvaro Rivera Concha dirigente
del PSDC declaró que ese partido requería «un caudal mayor de votos para
acabar con la politiquería en el país». En ese sentido prometió lanzar listas en
los departamentos de Huila, Valle, Tolima, Cundinamarca, Meta, los dos
Santanderes, Nariño y Antioquia. Por Cundinamarca encabezaría Senado Al-
varo Rivera Concha y por Antioquia Francisco de Paula Jaramillo59.

Al Partido Comunista, que venía apoyando al MRL desde sus comienzos, se le


complicaron un poco las cosas cuando el jefe máximo del MRL empezó a
buscar entendimientos con Alvaro Gómez y Rojas. Pasos que entendió el par-
tido como la búsqueda que hacía López de un respaldo amplio para su candi-
datura. El comunismo estuvo entretenido un buen tiempo con el Frente Unido
de Camilo. Luego se reunió en su X Congreso que aprobó la combinación de
todas las formas de lucha para llegar al poder y la conformación de un gran
movimiento popular, el Frente Democrático de Liberación Nacional. Para este
último objetivo llamó a trabajar con las pequeñas burguesías de las ciudades,
propósito que lo colocaba también en la necesidad de entablar conversaciones
con los anapistas. Escribía uno de sus ideólogos, que cuando había surgido la
ANAPO «sosteníamos tesis según las cuales este movimiento se componía de
elementos desclazados. Lo cierto es que esa posición se ha modificado. En su
seno existen sectores populares e inclusive gentes del MRL se han pasado a
este movimiento. Por otro lado sectores anapistas realizan acciones conjuntas
con el partido y el MRL en muchas regiones del país. Hay que señalar una
tarea muy clara: entenderse por la base con elementos de ANAPO, pues están
levantando consignas antioligárquicas, antiimperialistas y antifeudales, para
ser consecuentes con nuestra política de formación del frente democrático de
liberación nacional»60.

En realidad, hubo intentos de alianzas entre el PCC y las bases de la ANAPO.


En Viotá, durante un mitin que contó con la asistencia de representantes
anapistas y emerrelistas, Gilberto Vieira recalcó sobre «la necesidad de alian-
zas de clase con los sectores populares del MRL y la ANAPO con vistas a la
integración de los concejos en una serie de municipios»61. Finalmente, aunque
los comunistas eran conscientes del abandono que había hecho López de con-
signas revolucionarias como la lucha por la reforma agraria, la nacionaliza-
ción del petróleo, apoyo a la revolución cubana, entre otras, declararon que
apoyarían las listas del MRL que incluyeran en sus plataformas locales: el
levantamiento del estado de sitio; la liquidación del frente nacional como base

59
Ibid y El Tiempo, marzo 2 de 1966, p. 21.
60
Hurtado Hernando. Sobre Política de Alianzas. En: Documentos Políticos, N° 57. febrero de
1966, p.39.
61
Voz Proletaria, febrero 24 de 1966, p.3.

192
para la formación de un gobierno de amplia coalición democrática y el retiro
de las tropas de las regiones campesinas agredidas62.

La ANAPO fue sola a las elecciones. En el departamento del Magdalena se


habló de una alianza con el lauro-alzatista Hugo Escobar Sierra, desautoriza-
da después por Rojas. Esta vez Rojas no tuvo necesidad de romper en las
narices de los portadores las órdenes de los gobiernos locales que le prohibían
hablar en público; tampoco tuvo necesidad de esconderse para evitar ser en-
carcelado. Prevenidos, dispuestos a hacerse escuchar, resueltos a la revancha,
los militantes de la ANAPO sabotearon cuanta manifestación oficial pudie-
ron. Al punto que los líderes de las agrupaciones del bipartidismo oficial, se
vieron en la obligación de pedir protección para continuar sus giras políticas63
María Eugenia se consolidó, durante la campaña electoral de 1966, como líder
nacional. Así se lo reconocieron sus copartidarios: Encabezó la lista de Anapc
conservadora para Senado por Cundinamarca, para Concejo por Bogotá, Cali,
Barranquilla, Guasca, Fusagasugá y Zipaquirá y para Asamblea por el Qui ndío,
Huila y Atlántico.

5.3 Los resultados de las elecciones legislativas de 1966

El domingo 20 de marzo de 1966 se llevaron a cabo las elecciones legislativas.


Los resultados favorecieron a la ANAPO. De hecho se convirtió en el movi-
miento de oposición más importante del país. Su ala conservadora se incrementó
del 26.8% al 32.5%. Aumentó el porcentaje de la votación de su ala liberal: del
1.4% en 1964 pasó a 6.2% en 1966. El porcentaje general del anapismo subió
de 13.6% a 17.8% de la votación total. La ANAPO conservadora eligió 18
Senadores y 33 Representantes a la Cámara. El número de Diputados a las
Asambleas por esta ala se incrementó de 42 en 1964 a 62 en 1966. El liberalis-
mo anapista no logró elegir senadores. Su éxito estuvo en la Cámara donde
logró 4 Representantes. De 7 Diputados liberales elegidos en 1964 se pasó a
10 en 1966.

Los 2.939.222 votos depositados para la Cámara de Representantes significa-


ron el 44% del potencial de sufragantes64. En comparación con las últimas
elecciones, la abstención disminuyó. El liberalismo oficialista obtuvo 1' 120.824
votos, mientras que las listas unionistas y en general las de los representantes
del conservatismo frentenacionalista, lograron 474.397. Del volumen total de
votos el 17.8% pertenecían a la ANAPO; superando los porcentajes electora-

62
Declaradón del PCC de enero 31 de 1966. En: Voz Proletaria, febrero 3 de 1966, p. 1.
63
Fue el caso particular del Movimiento de Revitalizadón Liberal que dirigía Carlos Holmes Truj illo
y en general del Directorio Liberal del Valle. Véase: El Tiempo, marzo 4 de 1966, p.8.
64
Organizadón y Estadísticas Electorales. Marzo 20 y mayo 1 de 1966. Bogotá, Sccdón de Publi-
cadones de Registraduría Nadonal del Estado Civil, 1967.

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194
les del MRL (12.6 %), del lauro-alzatismo (11.8 %), e inclusive el de otros
grupos, liberales y conservadores, que se presentaron como independientes.
La suma de votos del anapismo (523.102), del emerrelismo (369.956), del
lauro-alzatismo (346.664) y del leyvismo (7.485) representó el 42.4 % de vo-
tos en contra de las listas del Frente Nacional. En la cámara de representantes,
de un total de 190 parlamentarios, la Alianza Nacional Popular eligió 33, el
movimiento liderado por Alvaro Gómez Hurtado 24 y los seguidores de Alfon-
so López Michelsen 21.

El anapismo presentó listas conservadoras y liberales en 12 de los 20 departa-


mentos: Antioquia, Boyacá, Cundinamarca, Huila, Norte de Santander,
Santander, Tolima, Atlántico, Bolívar, Caldas, Meta, y Valle. Con excepción
de los cinco últimos, en los demás el anapismo ya había presentado listas
bipartidistas en 1964. Sin embargo, a nivel departamental no fue fácil para la
Alianza Nacional Popular superar las listas del Frente Nacional en conjunto.
En Cundinamarca logró su cifra más alta como movimiento bipartidista:
133.756, es decir el 25.3% del total general departamental, pero fue en Boyacá
donde el movimiento tuvo resultados más importantes en comparación con
todas las listas que se presentaron al debate. Allí los votos anapistas (54.802)
representaron el 34.2% del total departamental. En Antioquia la suma de los
votos liberales y conservadores por la ANAPO significó el 18% del volumen
electoral departamental; en Atlántico el 12.4%; en Bolívar el 7.8%; en Caldas
el 15.6%; en Huila el 14.6%; en Meta el 25%; en Norte de Santander el 22.2%;
en Santander el 18.3%; en Tolima el 16.9% y en el departamento del Valle el
bipartidismo anapista representó el 21.9%.

5.3.1 La votación conservadora por la ANAPO, un punto de llegada.


El recorrido del voto conservador

Como lo demuestra el cuadro N° 1, en 1966 el conservatismo anapista se con-


solidó a nivel nacional. Salvo en el departamento del Atlántico, se puede ha-
blar también de una consolidación regional. Si en el primer debate electoral en
que participó, el anapismo encontró respaldo conservador en 11 de los 19
departamentos del país; en 1964, sobre el mismo total, el número aumentó a
17; y en 1966 no hubo una circunscripción electoral en donde sus listas conser-
vadoras no encontraran adherentes. La ANAPO se convirtió en la primera
fuerza conservadora de Cundinamarca, Valle, Boyacá Santander, Tolima, Meta
y Caquetá. En esta ocasión, el ala conservadora se enfrentó a los lauroalza-
tistas y unionistas en todo el país; a leyvistas en Boyacá, Cundinamarca y
Tolima; y a la Democracia Cristiana en Cundinamarca.

En Cundinamarca, los votos sufragados a favor del anapismo en las elecciones


de 1964, no pudieron superar al conservatismo unido en todo el departamento.
Los avances electorales de esa contienda fueron en Bogotá, en particular por la

195
actividad política de María Eugenia Rojas de Moreno. En cambio, en 1966 la
votación por la ANAPO ocupó el primer lugar tanto en la capital como en el
departamento: 85.742 votos, es decir, el 45.4% del total conservador. La ANAPO
supera con amplio margen 46.058 votos lauroalzatistas, 44.911 del oficialismo
unionista, 3.247 del reducido leyvismo, 2.686 del demócrata cristiano Jesús
Montoya y 5.950 votos de otros conservadores independientes. De 110 muni-
cipios cundinamarqueses, el ala conservadora recibió votos en 104 y alcanzó
la más alta votación en 31 de ellos. Al igual que en 1964, el anapismo triunfó
en Arbeláez, Villeta, Facatativa y Nilo, antiguos fortines laureanistas. Tam-
bién fue la primera fuerza conservadora en municipios densamente poblados
como Zipaquirá, Soacha y Girardot. Sin embargo, en Chia, pueblo en donde la
ANAPO había sido opción electoral ante la unión del conservatismo dos años
antes, el movimiento no obtuvo ningún voto en 1966. Otros municipios en los
cuales el anapismo ocupó el primer lugar entre las listas conservadoras fueron
Tabio, Quebradanegra, Puli, La Peña, Paime, Guayabal de Siquima, Cota,
Guasca y Fosca. El comportamiento electoral de estos dos últimos pueblos
resulta interesante. En Fosca, el unionismo había triunfado sin dificultad cua-
tro años antes y la ANAPO no obtuvo ningún voto ni en 1962 ni en 1964; pero
en 1966,400 electores conservadores favorecen las listas anapistas. En Guasca,
la lista de Maria Eugenia recibió en 1962 el apoyo de 45 sufragios únicamente,
mientras que el unionismo logró 1497 votos y los doctrinarios 282; dos años
más tarde aumenta la cifra de ANAPO a 348 votos frente a 364 del conserva-
tismo unido y en 1966 gran parte del electorado conservador se decide por la
ANAPO: 647 votos.

En los departamentos de Boyacá y Valle del Cauca también el anapismo fue la


primera fuerza electoral conservadora en 1966. En el segundo, las listas de
Elias Salazar García y Floro Cardozo alcanzaron 61.625 votos65, cifra que le
significó al movimiento anapista del Valle representar el 49% del total de
sufragantes conservadores del departamento. El segundo lugar a nivel departa-
mental fue para el unionismo que reunió 30.730 votos; el lauro-alzatismo con
27.680 votos, fue la tercera fuerza seguido de aquellos conservadores que se
presentaron como independientes y lograron 5.378 votos. En los municipios
de Anserma, El Águila, La Victoria, Versalles y Restrepo, donde había ganado
el Movimiento de Unión y Reconquista en 1958, el anapismo conserva su
primer lugar como en 1964. De igual manera, los anapistas continúan logran-
do la más alta votación en Caicedonia, Candelaria, Darién, Florida, Yotoco y
Yumbo. En la capital del departamento, el movimiento se robusteció al obte-
ner el 52.1% del total conservador de la ciudad, o sea 18.676 votos, ante 10.898
votos del lauroalzatismo y 6.232 del unionismo. La ANAPO se convierte en
primera fuerza, en municipios donde había triunfado el unionismo en 1962:
Argelia, Bolívar, El Dovio, Obando, Riofrio, San Pedro, Toro, Tulua, Ulloa y

65
La lista encabezada por Salazar Garda reunió 60.693 votos.

196
Palmira. Y en otros municipios que, al contrario, eran mayoría los conserva-
dores doctrinarios en 1962: El Cairo, El Cerrito, Guacarí y Pradera. La ANAPO
gana en total en 26 municipios del departamento del Valle. Sin embargo, es
necesario mencionar otros pueblos donde había logrado importantes resulta-
dos cuatro años antes y que disminuyeron sus votos en 1964 y 1966. Son los
casos de Buga y Trujillo, En el primero el anapismo, liderado por Hernando
Olano Cruz, ganó en 1962 con 2.634 votos a las otras listas conservadoras,
para 1964 la cifra decreció a 1.365. En Trujillo Olano obtuvo en 1962, 2.783
votos, derrotando a sus rivales conservadores y en 1964 sus votos se redujeron
a 1.568. En 1966 la lista anapista gana con dificultad en Buga al obtener 1.319
sufragios frente a 1.097 del lauroalzatismo y 1.028 del unionismo y en Trujillo
el movimiento ocupa el segundo lugar con 1.142 votos por debajo del unionis-
mo que logra 2.205 y superando los escasos 228 votos del lauroalzatismo.

En Boyacá, Gloria Alvarez Ayala concentró a favor de la ANAPO más de la


mitad del volumen total conservador. Los 51.283 votos que logró sobrepasa-
ron sin dificultad los 20.784 votos del unionismo, los 19.043 del lauroalzatismo
y los 740 votos de la lista leyvista. De un total de 131 pueblos boyacenses la
lista de Alvarez Ayala ganó en 66 a sus contrincantes conservadores. En Tunja,
ciudad en donde fue reñido el resultado electoral entre los laureanistas (3.280)
y los «reconquistadores» (3.069) en 1958, la ANAPO ocupó el primer lugar
entre las fuerzas conservadoras como lo venía haciendo desde 1962. Sus votos
en esta ciudad (3.519) en 1966, representaron el 69.2 % del total conservador
capitalino. En Boavita, Chiquinquirá, Duitama, Güicán, La Uvita, Saboyá,
San Mateo, Soata y Umbita las cifras por la ANAPO superaron los mil votos,
ganando sin mayor dificultad a sus adversarios conservadores. Con excepción
de Duitama, Guicán y Soatá, en todos también había triunfado con comodidad
el movimiento que lideró Gilberto Álzate Avendaño en 1958. En 1962, de los
anteriores pueblos, la ANAPO sólo ganó en La Uvita y Umbita. Y en 1964, sin
contar a Guicán, Boavita y Umbita, los demás municipios permitieron el triunfo
del anapismo. Las votaciones por ANAPO en Duitama y Chiquinquirá (dos
pueblos con alto índice de crecimiento demográfico para la fecha) en 1966,
resultan interesantes por su sostenido incremento desde 1962. En este año, en
Duitama, la lista anapista recibió el apoyo de 881 electores, frente a 614 votos
de los unionistas y 1922 de los doctrinarios. Dos años más tarde Duitama
conservadora respalda a la ANAPO con 1.552 votos ante los 1.116 del
conservatismo unido. Y en 1966 la lista de Gloria Alvarez obtiene allí 2,080
sufragios que representaron el 64% del total conservador del pueblo. El caso
de Chiquinquirá es similar. En 1962, 213 votos para la ANAPO, siendo amplia-
mente superada por los doctrinarios (3.056) y los unionistas (896); en 1964 los
votos del anapismo aumentan considerablemente a 1.628 a diferencia de los
resultados del conservatismo oficialista que disminuyen a 400 sufragios; y en
1966 el anapismo robustece su fuerza electoral en Chiquinquirá al obtener el
67.4% del total municipal conservador, es decir 2.049 votos. Además de estos

197
dos pueblos en 56 de los 116 municipios donde el anapismo obtuvo votos en
1966, la votación aumentó paulatinamente desde 1962.

En Santander, donde había triunfado el Movimiento de Unión y Reconquista


en 1958, ganaron los doctrinarios en 1962 y en 1964 el anapismo fue derrota-
do por la unión de las listas conservadoras. En 1966, el electorado conservador
del departamento favorece a la ANAPO. Roberto Harker Valdivieso y Reinaldo
Hernández, encabezando cada uno una lista para la Cámara, protagonizaron
el éxito de ANAPO en el departamento66. Sin embargo, fue reñido el triunfo
anapista. A pesar de que los 25.810 votos que lograron aumentaron el porcentaje
conservador del anapismo del 27.2 % en 1964 al 30.2 % en 1966, con relación
al total conservador departamental, el lauroalzatismo estuvo muy cerca de su
resultado al conseguir 25.145 votos. Los conservadores que se presentaron
como independientes en Santander alcanzaron 21.763 votos, mientras que el
unionismo fue respaldado por 12.475 sufragantes. De un total de 75 munici-
pios, únicamente en 7 no encontró el anapismo ningún respaldo. En Bucara-
manga, la ANAPO se impuso, al igual que en 1964, como la primera fuerza
conservadora concentrando 5.511 votos a su favor ante 1.884 del lauro-
alzatismo, 2.211 del unionismo y 1.136 de la lista conservadora independien-
te. Asi mismo fueron importantes para el anapismo santandereano los resulta-
dos obtenidos en Rionegro, Málaga, Bolívar, Jesús María y Barrancabermeja,
pueblos en donde se consolidaba como opción distinta al bipartidismo. En
Rionegro, a diferencia de los otros municipios, el anapismo ganaba desde su
primera participación en un debate electoral. Málaga y Jesús María, en 1962
optaron por el unionismo, mientras que, Bolívar y Barrancabermeja lo hicie-
ron por los doctrinarios. Y en 1964 con excepción de la capital de la antigua
provincia de García Rovira, en todos triunfó el anapismo.

En el Tolima, la ANAPO participaba por tercera vez en elecciones. Los votos


recibidos allí por Alfonso Ospina M. y Pedro Pablo Cardoso representaron el
39.6% del total conservador. Contrario a lo que podría pensarse, la presencia
de dos listas por el ala conservadora no fue obstáculo para que la ANAPO
ocupara el primer lugar entre cinco listas conservadoras presentadas al debate.
No es difícil advertir que el avance anapista se logró por la división conservado-
ra, ya que dos años antes la ANAPO había sido derrotada por la lista del
conservatismo unido. Pero en esta ocasión los 21.113 sufragios de la ANAPO
(11.482 por Ospina M. y 9.631 por Cardoso) superaron sin dificultad 13,486
votos del lauro-alzatismo tolimense, 12.475 votos del unionismo, 3.498 del
leyvismo y 2.736 de una lista independiente. Es importante anotar que los
conservadores tolimenses se habían caracterizado desde 1958 por su preferen-
cia por el laureanismo; comportamiento que cambia en 1966 a favor de la

66
El diario Alianza Popular informa sobre la expulsión de R. Hernández de la ANAPO, pero aquí
consideramos sus votos como anapistas ya que la registraduria contó los votos de Hernández y Harker
como tales.

198
ANAPO. Los votos conservadores anapistas provinieron de 40 municipios,
dentro de los cuales fueron sobresalientes los votos de Ibagué (3.511), Guamo
(2.775), Espinal(2.551), Purificación (1.311), Cunday (1258) y Anzoátegui
(1.037); pueblos en donde se convirtió el anapismo en primera fuerza conser-
vadora. Con excepción de Cunday, de preferencia conservadora unionista en
1962, todos estos municipios fueron doctrinarios; y en 1964, a diferencia de la
capital, en ellos ya había triunfado el anapismo.

También en el departamento del Meta la votación conservadora se inclinaba


por el laureanismo antes de la primera participación de la ANAPO en las
elecciones departamentales de 1964. En esta fecha, la lista del General Luis
Carlos Turriago fue duplicada en votos por la unión conservadora; pero dos
años más tarde, el militar logra la mayor votación y llega al senado, y su
reemplazo en la lista para Cámara de Representantes, Alfonso García V. supe-
ra con facilidad los 1.902 sufragios unionistas y los 4.102 lauro-alzatistas, al
obtener 7.573 votos. Cifra que significó el 55.8% del total conservador
departamental. De la misma manera que en el departamento del Tolima, aquí
también el anapismo fue un espacio político para que los electores inconfor-
mes del laureanismo se expresaran en el ala conservadora del movimiento. En
Villavicencio (2.895v), Acacias (1.721v) y Guamal (1.320v) el anapismo se
convirtió en la primera fuerza conservadora. Los resultados de estos tres luga-
res representaron el 78.4% del total anapista. Y en todos superó a lauro-alzatistas
y unionistas. Los resultados por la ANAPO en el Tolima y en el Meta permiten
adelantar una conclusión sobre el origen electoral del ala conservadora de la
ANAPO. Como ya se dijo, estos dos departamentos eran conocidos por su
tradición laureanista y en ellos fue derrotada la ANAPO conservadora por la
unión de doctrinarios y unionistas en 1964. De allí que sea significativo que en
1966, cuando de nuevo los conservadores divididos se enfrentan al anapismo,
el triunfo departamental sea para este último y no para quienes en principio
tenían una tradición política en aquellas regiones, es decir, los laureanistas.
Estos votos demostraban que la ANAPO no era solamente una alternativa
coyuntura! que mediaba las disputas entre laureanistas y ospinistas, sino que
también aumentaba su caudal electoral. En 1966 del anapismo no se podía
decir simplemente que era otra casa conservadora, más bien su crecimiento
electoral comprobaba que era «otra cosa» al interior del bipartidismo colom-
biano. En el ¿aqueta, circunscripción electoral laureanista en 1962, el movi-
miento anapista superó con 2.860 votos, originados en su mayoría en Florencia
(1.277v) y en Belén de los Andaquies (856v), pueblos donde también ganó, los
resultados del lauroalzatismo (2.020v) y del unionismo (1.578). Allí también
había sido derrotado por la unión conservadora en 1964, cuya desintegración,
sobra mencionarlo, favorece la lista del anapista y ex-militar Hernando Forero
Gómez en 1966.

En Antioquia, departamento que había permitido el triunfo de los laureanistas


en 1958 y del unionismo en 1960 y 1962, la ANAPO fue superada ampliamen-

199
te por la unión de estos dos sectores en 1964. De allí que sus avances electora-
les desde 1962 fueran significativos, no obstante ocupar el segundo lugar con
50.632 votos por debajo del unionismo y sus 132.633 votos y superando los
14.711 sufragios lauro-alzatistas. En 1962 la agrupación obtuvo el 8,9% del
total conservador departamental, dos años más tarde alcanzó el 22.6% y en
1966 representa el 25.2%. En esta ocasión le correspondió al político regional
Mario Montoya encabezar la lista para cámara por la ANAPO, mientras que
Jaime Piedrahita encabezó lista para senado. En Medellín avanzó el anapismo,
sin embargo, el orden para unionistas (33.791v), anapistas (16.462v) y lauro-
alzatistas (3.694v) fue el mismo que a nivel departamental. De 106 munici-
pios antioqueños, Mario Montoya fue respaldado en 104, seis más que en 1964
y veintiséis más en comparación con 1962. Otros municipios que presentaron
avances para la agrupación fueron Bello, Itagüi, Envigado, Andes y San Car-
los, pueblos de mayoría conservadora doctrinaria en 1962. En 1964 la ANAPO
ganó en Bello, donde dos años atrás había ocupado el segundo lugar, en Itagüi.
Pese a estos avances hubo municipios en donde disminuyeron los votos anapis-
tas. Los más significativos en este sentido fueron Cocorná, San Luis y Támesis.
En 1958 San Luis y Támesis facilitaron el triunfo del valencismo, mientras
que en Cocorná ganaron los laureanistas. En las siguientes elecciones parlamen-
tarias estos tres pueblos se inclinaron por el unionismo. En 1962 en Cocorná y
San Luis la disputa por el favor popular conservador se dio entre anapistas y
doctrinarios, saliendo vencedores estos últimos al igual que en Támesis. En
1964 la ANAPO liderada por Piedrahita Cardona reúne en Cocorná 3.935
votos frente a 1.405 de doctrinarios y ospinistas unidos, en San Luis 1.641 en
contra de 784 y en Támesis pierde con 1,502 votos ante 1.568. Y en las elec-
ciones de 1966 los resultados son: Cocorná 1.420 sufragios de ANAPO frente
a 3.677 votos unionistas; en San Luis gana el anapismo con 1.505 votos ante
1.156 del unionismo y 3 votos del lauro-alzatismo; y en Támesis 1.474 para la
ANAPO, 1.529 para el oficialismo unionista y 186 para el lauro-alzatismo. De
la misma manera en estos 3 pueblos se presenta un interesante comportamien-
to electoral similar al de otros municipios del país y que permite corroborar los
orígenes electorales del anapismo. Veamos: En 1962 cuando triunfaron los
doctrinarios, el conservador ospinista respaldó a la ANAPO; y cuando resultó
vencedor el unionismo, como en 1966, algunos doctrinarios se dirigieron a las
toldas anapistas.

En el departamento de Norte de Santander, durante las pasadas elecciones a


corporaciones públicas, el anapismo había sido triplicado en votos por el
conservatismo oficialista. En 1966, la ANAPO obtiene 19.051 votos que la
colocan en el segundo lugar departamental, por debajo del unionismo que
alcanza 25.137 y superando al lauro-alzatismo y sus 11.409 sufragios. La cam-
paña proselitista a la Cámara la lideró Pablo Arias mientras que el militar en
retiro Manuel F. Lemus Garviras, antiguo representante nortesantandereano a
la Cámara por el movimiento, encabezó la lista para senado. Los votos de
Arias, que representaron el 34.2% del conservatismo regional, fueron coopta-

200
dos en 33 de los 35 municipios del departamento. En Cúcuta, en donde el
anapismo ganó por primera vez en 1964, el movimiento consolida y aumenta
sus votos al derrotar con un amplio margen de diferencia a sus adversarios
conservadores. En esta ciudad, de mayoría conservadora doctrinaria en 1958 y
ospinista en 1960 y 1962, los resultados fueron en 1966; 5,984 votos para la
ANAPO, 1.845 para el unionismo y 999 para el lauroalzatismo. Pablo Arias
también aumentó los resultados de ANAPO y ganó en Ábrego, Cachira, Conven-
ción y Pamplona. Con excepción del último, en todos, los resultados fueron
muy reñidos con la lista unionista. Pero en Convención, por ejemplo, el fenó-
meno no era nuevo para la ANAPO; en 1962 con quienes disputó estrechamente
el triunfo fue con los doctrinarios. En ese momento la agrupación anapista,
dirigida por Sixto T. Reyes P. ganó por 24 votos al doctrinario Jacinto Villami-
zar (1.799 v de ANAPO contra 1.775 v doctrinarios). En 1964 la votación
conservadora de Convención decreció por la unión de doctrinarios y ospinistas
que lograron derrotar sin dificultad al anapismo (806 v. por ANAPO frente a
2.062 de sus adversarios). Y en 1966 los anapistas alcanzaron 1.677 sufragios,
tres más que el unionismo; el lauro-alzatismo de su parte escasamente reunió
6 votos. En Pamplona, al contrario, ANAPO disputó estrechamente el triunfo
con el laureanismo. Antes de 1966 la tradición conservadora de este pueblo
presentaba el siguiente comportamiento: en 1958 favoreció el triunfo del Mo-
vimiento de Unión y Reconquista, en 1960 el de la lista ospino-alzatista, en
1962 ganó allí el unionismo y en 1964 la unión conservadora. Pero dos años
más tarde ganó la ANAPO con 1.439 votos, seguida por el lauro-alzatismo
que obtuvo 1.106 votos y duplicando los 639 votos del unionismo. En otros
municipios con altos niveles de población en donde, por la tendencia de su
comportamiento electoral, era de esperarse el éxito de la ANAPO la agrupa-
ción aunque aumenta sus cifras no alcanza a derrotar a sus adversarios. Es el
caso de Ocaña, pueblo que había respaldado las tesis alzatistas en 1958, las
doctrinarias en 1960, al unionismo en 1962, al compacto conservatismo en
1964, y que en 1966 permite el éxito del oficialismo conservador con 2.249
votos frente a 1.380 de la ANAPO y 265 del lauroalzatismo.

Como en 1964, la ANAPO logró en 1966 elegir dos Representantes en Caldas.


Disminuyendo su votación, pero aumentando su porcentaje electoral con rela-
ción a las otras listas conservadoras (véase cuadro N° 1), el anapismo caldense
continuó ocupando el segundo lugar entre las fuerzas conservadoras del de-
partamento y de la capital. Los 27.043 votos reunidos por Horacio Mendoza
(18.650) y Roberto Saín M. (8.393) derrotaron la lista lauro-alzatista (20.709v)
pero no fueron suficientes para disputar el primer lugar de los unionistas
(44.701). En este departamento hubo mayoría doctrinaria en 1958, pero desde
1962, cuando encabezó la lista Gilberto Álzate Avendaño, se inclinó por el
unionismo. En todos los municipios caldenses encontró el ala conservadora
del movimiento respaldo. Ganó en 10 de ellos, cuatro más que en 1964. El
mayor número de votos se consiguió en: Belén de Umbría, Balboa, Chinchiná,
Santuario, Victoria, La Dorada, La Virginia, Marmato, Marquetalia, La Celia

201
y Manzanares. No pudo conservar el primer lugar en Filadelfía, Pijao ni
Quimbaya en donde había derrotado al conservatismo en 1964. De otro lado,
fueron interesantes los resultados en Riosucio y Santa Rosa de Cabal. En el
primero la ANAPO conservadora aumenta sus votos y obtiene 1.758, ocupan-
do así el segundo lugar por debajo de los unionistas que alcanzan 1.872 sufra-
gios y superando al lauro-alzatismo que reúne 1.561 votos. En Santa Rosa de
Cabal también es la segunda fuerza conservadora con 2.219 votos frente a
2.808 de la lista unionista y 1.155 del lauroalzatismo. En Pereira los resulta-
dos conservadores aumentan y la agrupación mantiene sus simpatizantes. Allí
había reunido dos años antes 3.206 votos frente a 5.005 del unido conservatis-
mo. En 1966 la ANAPO obtiene 3.168 mientras que los unionistas alcanzan
5.208 votos y los lauro-alzatistas 2.266 votos. Los resultados de esta pequeña
ciudad corroboran la anterior afirmación de que la ANAPO no era simple-
mente la mediación entre las corrientes del conservatismo sino que era un
movimiento consolidado y con una identidad conservadora propia.

Reinaldo López C encabezó la lista anapista para la Cámara por el departa-


mento del Magdalena. Aquí el movimiento alcanzó su mayor crecimiento como
fuerza conservadora. Hecho que cobra mayor significado si recordamos que
dos años antes los votos no fueron suficientes para que este dirigente llegara al
Congreso. En 1964 el anapismo magdalenense alcanzó 3.400 votos que
representaron el 9.0% del conservatismo departamental. En 1966, cuando los
conservadores se han dividido de nuevo, obtiene 11.093 votos, es decir, el
21.5% del total conservador. En este departamento de tradición conservadora
laureanista, al contrario de lo ocurrido en otros ya analizados, quienes ocupan
el primer lugar son los lauro-alzatistas con 20.049 votos mientras que los
unionistas son la segunda fuerza conservadora con 16.845 sufragios. A dife-
rencia de los dos anteriores debates electorales, en este año todos los munici-
pios del Magdalena presentaron votos anapistas. En Santa Marta, la ANAPO
fue la segunda lista entre las conservadoras al obtener 2.408 votos frente a
1.967 de los unionistas, 122 de una lista conservadora independiente y por
debajo de 3.399 sugragios lauro-alzatistas. Además de la capital las cifras del
movimiento aumentaron en Chiriguaná, Plato, Fundación y Pailitas. En
Valledupar, fortín laureanista entre 1958 y 1962 y en donde el anapismo no
obtuvo ningún voto en 1964, Reinaldo López triunfa sin dificultad con 2.038
votos ante 968 lauroalzatistas, 896 unionistas y un voto independiente. Tam-
bién aumentó sus votos y ganó en Aguachica, Agustín Codazzi, Curumaní,
Gamarra, Robles y Río de Oro. En este último pueblo el éxito anapista fue
arrollador. Ya había triunfado allí en 1964 con 924 votos ante 756 de sus
adversarios conservadores. Pero en 1966 coopta 1.505 sugragios frente a 272
de la lista independiente, 262 de los unionistas y 194 del lauro-alzatismo. Por
lo anterior podemos afirmar que el comportamiento electoral del ala conserva-
dora, si bien es cierto no tiene la misma dinámica que en otras regiones
laureanistas del interior, si presenta avances en cuanto a la expansión de sus
simpatizantes por la región, y en torno a sus adelantos en la capital y su éxito

202
demoledor un municipios tan importante, por su número de habitantes, como
Valledupar.

En el Departamento de Córdoba la ANAPO conservadora participó por terce-


ra vez en el debate electoral y al igual que en el Magdalena no le fue posible
desplazar al lauro-alzatismo del primer lugar, pero si ocupó el segundo derro-
tando las listas unionistas. Como sucedió con otros representantes de la ANAPO
de 1964, Benjamín Burgos P. que había encabezado la lista a la Cámara ese
año pasó al senado mientras que en su reemplazo el anapismo designó a Car-
los Rojas Correa, hijo del General Rojas. Los 11.547 votos que éste obtuvo
significaron el 29.7% del total conservador, es decir, 7.7 puntos más que las
anteriores elecciones (cuadro N° 1). En Montería, la capital, ganó la ANAPO
con 3.715 votos ante 2.901 del lauro-alzatismo y 1.578 de la lista unionista.
También alcanzó el triunfo, aumentando sus votos, en Cereté, Lorica, Purísima
y San Bernardo del Viento. En Lorica, municipio que había sido clave en el
proselitismo y los resultados del Movimiento de Unión y Reconquista en 1958,
triunfa el anapismo con 1.666 v frente a 1.499 lauro-alzatistas y 929 del unio-
nismo. De su parte Cereté, Purísima y San Bernardo del Viento, de mayorías
laureanistas en 1958 y 1960 y unionista en 1962, presentan los siguientes
resultados en 1966: Cereté, 1.502 votos por la ANAPO, 1.059 por el lauro-
alzatismo y 422 por la lista unionista; Purísima, 422 v. anapistas, 195 v.
unionistas y 50 v. lauro-alzatistas; y en San Bernardo del Viento, la ANAPO
obtuvo 320 votos, el lauroalzatismo 295, y los conservadores oficialistas 128.
Aunque no es fácil para el ala conservadora afectar la votación laureanista a
nivel departamental, no ocurre lo mismo en el interior de Córdoba. Es decir,
los resultados de ANAPO conservadora en Montería, Cereté y Lorica, en par-
ticular, no solo son importantes por la derrota al lauroalzatismo en una de sus
más tradicionales regiones, sino que confirman la tendencia del anapismo de
sobresalir en los grandes centros urbanos de cada departamento.

La ANAPO avanzó significativamente en el Departamento del Huila. En 1964


la agrupación había reunido 7.383 votos y en 1966, liderada por Marco T.
Sterling, alcanzó 9.840 votos, equivalentes al 23.7% del total conservador
departamental. Pero estas cifras no permitieron ganarle a ninguno de sus ad-
versarios conservadores. En esta región, de tradición laureanista, ganó el lau-
ro-alzatismo con 20.110 votos y los unionistas ocuparon el segundo lugar con
11.592. Pero en Neiva, como en otras capitales de tradición laureanista, triun-
fó la lista de Sterling con 2.406 sufragios ante 1.487 de la lista unionista y
1.224 del lauro-alzatismo. Con excepción de Hobo, en todos los municipios se
presentaron cifras por la ANAPO. Las mayores votaciones fueron recibidas
en: Acevedo, La Argentina, Palermo, Rivera, Villavieja y Yaguara. Con ex-
cepción de Villavieja donde el unionismo ganó en 1962 y el anapismo en 1964,
en todos había triunfado el laureanismo en 1962 y el conservatismo unido en
1964, Revisten interés los éxitos de ANAPO en Acevedo, La Argentina y
Palermo, porque allí el movimiento había logrado avances significativos en

203
1964. Por ejemplo, durante aquel debate electoral, en Palermo alcanzó 1.018
votos frente a 1.805 del conservatismo frentenacionalista; o en Acevedo, pue-
blo que presentó 535 votos a su favor ante 793 de sus adversarios.

En Nariño, otro de los antiguos fortines laureanistas entre 1958 y 1962, la lista
de ANAPO encabezada por Alfredo Caviedes duplicó el anterior resultado de
la agrupación. En 1964 la cifra fue 4.620, ante 42.943 votos de los unidos
conservadores y en 1966 fue de 10.619ante27.072dellauro-alzatismoy25.130
de los unionistas. Un caso más donde la división política y electoral del
conservatismo robustecía a la ANAPO. En Pasto, la capital, contrario a lo
esperado, el lauro-alzatismo ocupó el tercer lugar con 2.985 votos por debajo
de los unionistas, que ganaron con 3.852, y los anapistas, quienes reunieron
3.728 votos. De los 57 municipios que cubría esta circunscripción electoral,
Caviedes fue respaldado en 54, diez más que en 1964. En 43 de ellos aumentó
las cifras por el anapismo y ganó, además de la capital, en Cumbal con 568
sufragios ante 208 de la lista unionista y 107 del lauro-alzatismo.

En el departamento del Cauca, de mayoría valencista en 1958, ospino-alzatista


en 1960 y unionista en 1962, la ANAPO triplicó su cifra electoral de 2.037
votos en 1964 a 6,498 en 1966. Es decir que pasó del 5.7% del electorado
conservador departamental al 15.6%. Pero estos resultados no fueron suficien-
tes para que el político Ricardo Vejarano, quien dirigió la campaña en esta
ocasión, llegara a la Cámara. El triunfo departamental, y el de la capital, le
correspondió al conservatismo frentenacionalista, que con 26.481 votos dejó
al lauroalzatismo en segundo lugar (8.662) y a los anapistas en tercero. Pero
en la capital la ANAPO obtuvo el segundo lugar con 1.904 sufragios superan-
do al lauro-alzatismo que logró 1.247 y frente a 2.729 del unionismo. Única-
mente en 3, de los 33 municipios, no se presentaron votos anapistas, sin em-
bargo, el movimiento aumentó sus votos en los 21 municipios que en 1964 lo
respaldaron. El éxito total lo encontró la ANAPO en Miranda y Puerto Tejada.
En el primero fueron 159 votos por la ANAPO frente a 124 del unionismo y 39
por el lauroalzatismo, mientras que en Puerto Tejada obtuvo 168 ante 108
unionistas y 99 lauroalzatistas.

En el Chocó, la ANAPO aumentó su representación departamental. Pasó del


7.5% en 1964 al 11.4% en 1966. El dirigente anapista Jesús Ramírez reunió
969 votos ante 3.367 del lauro-alzatismo y 4.134 del unionismo. La mayor
votación no provino de los 118 electores que votaron en Quibdó por la ANAPO,
sino de San José del Palmar donde los 683 votos conservadores anapistas pre-
sentaban un comportamiento político-electoral homogéneo desde los inicios
del Frente Nacional. En este pueblo habían ganado el Movimiento de Unión y
Reconquista en 1958 con 711 votos, el ospino-alzatismo en 1960 con 383, el
unionismo en 1962 con 531 y la ANAPO en 1964 con 477 sufragios.

204
El único departamento en donde el conservatismo anapista perdió respaldo
electoral fue Atlántico. En 1964 esta región presentó 7.111 votos por el movi-
miento, cifra que significaba un avance en comparación con los 1.245 votos de
1962. Pero en 1966 la lista del líder popular barranquillero Claudio Urruchurtu
reunió 5.336 votos, que no le fueron suficientes para llegar a la Cámara ante
21.860 votos lauro-alzatistas y 17.074 unionistas. La mayor parte de los elec-
tores de Urruchurtu en 1966 estaban concentrados en la capital, donde se ha-
bía desempeñado como concejal entre 1964 y 1966, pero también aquí dismi-
nuyó su cifra electoral. No ganó la ANAPO en ninguno de los 11 municipios,
de un total de 23, en donde encontró votos67.

En 1966 en Bolívar y La Guajira, además del novel departamento del Quindío,


el anapismo conservador participa por primera vez en un debate electoral. En
Bolívar la tradición conservadora había favorecido al sector laureanista del
partido en 1958,1960 y 1962. En 1966 sigue siendo este sector, representado
por el lauro-alzatismo, la primera tuerza conservadora del departamento al
concentrar 32,545 electores. La ANAPO, liderada por Benjamín Bermúdez,
representa el 13% del conservatismo regional con 8.430 votos; cifra que es
superada por los 23.277 sufragios unionistas. El 70.6% del resultado anapista
se originó en la capital Cartagena (2.985v), Corozal, Sincelejo y Simiti. Los
resultados de los dos primeros eran significativos por ser dos municipios den-
samente poblados. Sin embargo, de ellos llama la atención la disputa por el
favor electoral entre anapistas y laureanistas en Sincelejo. Allí Benjamín
Bermúdez obtuvo 1.322 votos, al tiempo que el lauroalzatismo reunió 1.345 y
el unionismo 623. En el pueblo de Simiti, que al contrario de Cereté y Sincelejo
no era muy grande pero si muy conservador, ganó el anapismo al obtener
1.135 votos ante 467 lauroalzatistas y 347 unionistas. Los resultados en estas
tres poblaciones demuestran como la ANAPO conservadora a pesar de no de-
rrotar al lauroalzatismo de la región si lo enfrenta con importantes resultados
en los municipios más grandes o bien en los más doctrinarios. En el recién
creado departamento del Quindío los electores anapistas ocuparon el tercer
lugar. El político Reinel Arias concentró a 3.496 votantes ante los 4.094 del
unionismo y los 5.285 lauro-alzatistas. No obstante su incipiente experiencia
en la región, la ANAPO derrotó, a nivel departamental, una lista independien-
te representada por Rosembert Zuluaga H. que reunió 1.668 votos. A nivel
municipal ganó en Pijao, de mayoría laureanista en 1958, alzatista en 1960 y
de nuevo laureanista en 1962. Allí el éxito anapista se debió a los 574 votos
que superaron los 491 lauro-alzatistas y los 369 unionistas. También fueron
importantes para la ANAPO del Quindío los resultados de Calarca (526v) y
Quimbaya (590), municipios que entre 1958 y 1962 se debatieron entre los
extremos del conservatismo. En la Guajira, otra circunscripción electoral que

67
Aunque es difícil establecer la verdad, la prensa anapista, la adversa a ese Movimiento y la histo-
ria oral, coindden en afirmar que Claudio Urruchurtu redbió dinero por ayudar por «debajo de cuer-
da» a la lista para la Cámara del lauro-alzatismo.

205
favoreció al laureanismo de 1958 a 1962, después de la unión conservadora de
1964 las mayorías azules se deciden por el unionismo permitiendo su triunfo
con 8.318 votos. Los lauro-alzatistas de su parte son apoyados por 5.948 elec-
tores mientras que la ANAPO obtiene el respaldo de 2.004 electores que si-
guen a Luis E. Aponte. Fueron importantes para Aponte, aunque no llegó a la
Cámara, los resultados de Maicao (62 Iv), Villanueva (523) y San Juan del
César (452).

En resumen, el anapismo conservador se presentó al debate electoral de 1966


en todos los departamentos. Fue la primera fuerza electoral conservadora en el
35% de ellos. Además de Bogotá, sus listas triunfaron en nueve capitales. Pasó
a representar las mayorías conservadoras de las principales ciudades del oriente
colombiano: Cúcuta, Bucaramanga y Tunja; del suroriente: Neiva, Ibagué,
Florencia y Villavicencio; del occidente y centro del país: Cali y Bogotá. En la
costa norte, el anapismo logra avances significavos sin nutrirse del electorado
laureanista. Ganó en una capital. Montería. Debutó en Cartagena y Riohacha
y avanzó considerablemente en Sincelejo y Valledupar, dos grandes centros
urbanos del norte colombiano.

El voto conservador anapista provino de las bases laureanistas y alzatistas. El


electorado ospinista, salvo eventuales cooptaciones del anapismo en algunas
municipalidades, mantuvo sus efectivos. Aunque La República en su edito-
rial siguiente a las elecciones manifestó que los votos recogidos por Rojas no
eran «índices de nada» para el conservatismo ya que sólo «en mínima parte»
le pertenecían, lo cierto es que los avances de la ANAPO tenían una proceden-
cia conservadora. Sus masas, en particular las que venían enfrentándose entre
sí desde 1958: alzatistas y laureanistas conformaron con el pasar de 5 eleccio-
nes entre ese año y 1966, la base electoral mayoritaria del anapismo conserva-
dor. No obstante los intentos que hizo la casa Gómez por unir los imaginarios
de Laureano Gómez y de Gilberto Álzate Avendaño en una síntesis personifi-
cada por Alvaro Gómez, éste poco se asemejaba a los dos caudillos.

5.3.2 La votación liberal por el Anapismo, un punto de partida.


Origen del voto liberal anapista

En 1966, 100.898 liberales votaron por la ANAPO. En las anteriores eleccio-


nes el anapismo había contado con el respaldo de 16.495 electores. Del 1.4%
en 1964, pasó a representar el 6.2% en 1966. Mientras que el MRL pasó de
381.847 en 1964, a 369.956 votos en 1966, Esta vez los seguidores liberales
del General Rojas volvieron a presentar listas en Antioquia, Boyacá, Cundina-
marca, Huila, Norte de Santander, Santander y Tolima. Por primera vez se
decidieron a probar suerte en Atlántico, Bolívar, Caldas, Meta y Valle. Los
resultados no fueron malos: cuatro Representantes liberales, tres más que en
1964. Los «liberales rojistas» como se les denominaba, compitieron por el

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208
electorado liberal con el oficialismo, con el Movimiento Revolucionario Libe-
ral y, en algunas regiones se enfrentaron a sectores liberales independientes.

No obstante la campaña de deslegitimación hacia el «liberalismo rojista» em-


prendida por los grandes voceros del oficialismo liberal, el anapismo no des-
cansó en su propósito de engrosar y consolidar su ala liberal. Con excepción
de los santanderes, en Boyacá, Antioquia, Huila, Cundinamarca y Tolima, los
votos y la representación porcentual del anapismo liberal aumentaron. La agru-
pación obtuvo el 76.5% de sus votos liberales en Antioquia, Cundinamarca y
Atlántico. En éste último, al contrario de lo ocurrido con sus listas conserva-
doras, fue exitosa la participación de la ANAPO liberal. Aquí ocupó el segun-
do lugar como fuerza política superando al MRL. Igual fenómeno ocurrió en
el departamento de Cundinamarca, donde los avances electorales fueron muy
significativos. El anapismo pasó de representar el 0.45% al 14.1% del libera-
lismo cundinamarqués. En el Atlántico representó en 1964 el 3.5% del total
liberal regional y en 1966 el 10.3%. Estos triunfos cobran mayor significado,
si se tiene en cuenta que desde las elecciones de 1958, Cundinamarca y Atlán-
tico eran departamentos de mayorías liberales. En Antioquia, departamento
conservador electoralmente, en los dos debates anteriores, el anapismo liberal
pasó de 4.360 votos en 1964 a favor de Alfredo Tobon W. a 18.907 en 1966
cooptados por las listas de Arturo Villegas y Julio C. Obando. En el cuadro N°
3 se observa la votación por el ala liberal en comparación con los resultados de
sus adversarios de 1966.

5.3.3 El Anapismo liberal en Cundinamarca, Atlántico y Antioquia

En Cundinamarca la ANAPO obtuvo su mayor votación liberal. Dos años


atrás, la lista del anapismo liberal que encabezó el historiador Milton Puentes
no había corrido con suerte, ahora en 1966 la lista de Fernando Pardo Quinta-
na recibió votos en 72 municipios; mientras que en la contienda anterior Puen-
tes había sido respaldado sólo en 7. Aunque es necesario tener en cuenta que la
intensa agitación política movilizó un número mayor de electores68, el comporta-
miento de la oposición liberal al Frente Nacional desde 1960 terminó crecien-
do a favor de la ANAPO en detrimento de corrientes liberales como el MRL.
En 1966, emerrelistas, anapistas y liberales frentenacionalistas aumentaron
sus resultados en Cundinamarca. Sin embargo el MRL, a pesar de su crecimien-
to, con relación a 1964, se encuentra lejos de la cifra que alcanzara en 1962 e
inclusive de la de 1960; a diferencia del anapismo que se robustece amplia-
mente. En 1966 el anapista Fernando Pardo concentró 48.014 votos superan-
do 46.798 del MRL, 12.546 del antiguo emerrelista Guillermo Hernández
Rodríguez que se presentó como liberal independiente, y 1.967 de otras listas

68
La votación en el departamento aumentó para todas las agrupaciones liberales, (véase cuadro 4)
De 160.372 sufragantes liberales en 1964, se pasó a 338.878 en 1966.

209
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210
liberales, claro, por debajo de los 229.553 votos del frentenacionalista Germán
Zea Hernández.

De otra parte, en Bogotá, donde obtuvo el 92% de sus votos, el anapismo


superó sin dificultad 24.341 votos del MRL y a otras listas liberales, convir-
tiéndose así en la segunda fuerza liberal de la ciudad con 44.186 votos por
debajo también de 155.065 sufragios de Zea Hernández. El aumento del total
liberal en la capital fue asombroso para la oposición y para el frentena-
cionalismo. Sin embargo, el logro de la ANAPO es significativo si se tiene en
cuenta que la cifra más alta de votación a favor de la oposición liberal en la
capital estaba en 38.425 sufragios alcanzados por el MRL en 1962.

El anapismo avanzó en los municipios cundinamarqueses de gran concentra-


ción humana: Girardot, Soacha, Fusagasugá, Madrid, Facatativá, Zipaquirá,
Funza y Chía. Allí los emerrelistas y anapistas aumentaron sus votos, pero en
Madrid, Facatativá y Funza la ANAPO superó al MRL y ocupó el segundo
lugar por debajo de los resultados del oficialismo. En Madrid, en 1962, se
redujeron a 96 los 127 votos que el MRL alcanzara en 1960; mientras que el
oficialismo mantuvo sus electores en 1960 y en 1962. Para 1964, la abstención
liberal afecta por igual al MRL y al oficialismo liberal, y no se advierten avan-
ces del anapismo. Empero en 1966, al restablecerse el liberalismo oficial, cre-
ce vertiginosamente el voto liberal anapista, ocupando el vacío del inconforme
liberalismo emerrelista.

En Facatativá, el emerrelismo logró 388 votos frente a 2.694 del oficialismo


en 1960 y 490 sufragios ante 3.253 liberales oficialistas en 1966. En 1964 el
liberalismo de Facatativá respaldó con 216 votos a la Línea Dura, con 5 a la
Linea Blanda, al candidato liberal oficial con 1.299 y con 215 al MIL. Los
anapistas liberales no tuvieron representación. En 1966 las cosas cambian para
la ANAPO que se convierte en segunda fuerza liberal con 385 votos por debajo
de 2.533 sufragios oficiales. Mientras que la otra votación liberal se distribuyó
así: 288 por las listas de Hernández Rodríguez y 82 por Antonio Izquierdo,
quien representó al MRL.

En Funza ocurrió lo siguiente: en 1960 el MRL enfrentó con 13 votos los


1.252 del oficialismo liberal; dos años después los emerrelistas incrementan
su votación en 100 electores mientras que el oficialismo obtiene 1.329 sufra-
gios. La división del emerrelismo provocó la abstención liberal en el munici-
pio en 1964 pero no favoreció al anapismo, en aquel año ganó el liberalismo
frentenacionalista con 551 votos ante 66 de la Línea Dura, 16 de la Línea
Blanda, 3 del Movimiento Independiente Liberal y cero por el anapismo. Em-
pero en 1966 aumentan los liberales oficialistas a 953 y los anapistas alcanzan
258 votos, mientras que el MRL vuelve a sus 100 sufragantes.

211
En los tres pueblos anteriores, el MRL cedió su puesto al anapismo el cual
ocupó en 1964 el tercer lugar y el segundo en 1966,

En otros municipios la lucha electoral entre MRL y ANAPO liberal fue reñi-
da. Es el caso de Zipaquirá, en donde el MRL había pasado de 130 votos en
1960 a 199 en 1962. En 1964 la división del movimiento generó el desplaza-
miento de algunos de sus simpatizantes al MIL. Los resultados en este año
fueron: 1.773 sufragios por el Frente Nacional, 152 por el Movimiento Inde-
pendiente Liberal, 42 por la Línea Blanda, 9 por la Línea Dura y cero por el
anapismo. Sin embargo, en 1966, desaparecidos el MIL y la Línea Dura, los
votos de la oposición liberal de Zipaquirá se dividieron entre el MRL y la
ANAPO, al tiempo que el liberalismo frentenacionalista aumentó su volumen
electoral. En este debate los resultados fueron: 2.765 por el Frente Nacional,
344 votos por el MRL, 333 por el anapismo liberal y 23 sufragios por la lista
de Hernández Rodríguez.

No ocurrió lo mismo en Fusagasugá, allí los votos liberales adversos al Frente


Nacional se repartieron entre MRL, ANAPO y la lista de Guillermo Hernández
Rodríguez. Fusagasugá era desde 1960, cuando reunió 2.707 votos frente a
2.432 del oficialismo y no obstante perder con 2.244 ante 3.620 en 1962, un
fortín electoral del MRL. En 1964 la oposición liberal se distribuyó de la si-
guiente manera: 804 por la Línea Dura, 236 por el MIL, 186 por la Línea
Blanda y 2 votos por la ANAPO. Y en 1966 los resultados son: 661 votos para
el emerrelista Antonio Izquierdo, con los cuales se coloca como la segunda
fuerza liberal, 591 para Hernández Rodríguez y 661 para la ANAPO, frente al
crecimiento del oficialismo que reúne 2.765 electores.

Pero en otros municipios, importantes por su tamaño y por su tradición liberal


beligerante, como Girardot y Soacha el ala liberal aumentó en 1966 el número
de simpatizantes sin lograr superar al MRL. En el primero, por ejemplo, la
oposición liberal al Frente Nacional era significativa desde 1960 cuando el
MRL obtuvo 2,581 sufragios ante 859 del Frente Nacional. La votación
emerrelista se duplicó en 1962 al lograr 4.347 votos frente a la disminución
del oficialismo y sus 7.199 votos; y dos años más tarde, en 1964 dividido el
MRL disminuye su cifra a 3.369 (2.589 por la Línea Blanda) ante 299 de la
ANAPO, 248 del MIL y 3.335 del Frente Nacional. En 1966 aunque la incon-
formidad liberal disminuye su participación electoral, continúa favoreciendo
al emerrelismo. El sector oficialista aumenta sus votos, pero no como hubiera
esperado Carlos Lleras después de su sonada visita al municipio en febrero
último. Los resultados en 1966 se distribuyeron de la siguiente manera: 7.498
sufragios por el Frente Nacional, 4.024 por el MRL, 814 por Hernández
Rodríguez y 384 por la ANAPO.

El segundo departamento de significativa votación liberal por el anapismo fue


Antioquia. Allí las listas de Arturo Villegas y Julio C. Obando se enfrentaron

212
al emerrelismo y al Frente Nacional, logrando 18.907 votos ante 51.079 del
MRL y 182.581 del Frente Nacional. La participación electoral de la ANAPO
estimuló el aumento de la votación liberal antioqueña en la oposición y en el
oficialismo. Pero no fue en el MRL, que mantiene en 1966 los votos de sus dos
corrientes de 1964 (véase cuadro N°4), sino en el anapismo liberal en donde se
expresaron liberales desengañados con el régimen. Los resultados departa-
mentales muestran la polarización del electorado antioqueño entre ANAPO y
Frente Nacional. En Medellín, por ejemplo la ANAPO y el liberalismo oficialista
ocuparon el segundo y el primer lugar respectivamente, al tiempo que el
emerrelismo aumentó sus resultados con base en la suma de los votos por sus
dos Lineas en 1964. En 1960 el MRL había alcanzado 15.676 votos, ante
87.717 del oficialismo liberal; en 1962 los votos emerrelistas disminuyeron a
11.439 al igual que los del liberalismo del Frente Nacional, 39.538; en 1964 la
ANAPO ocupa el tercer lugar con 3.374 sufragios por debajo de 5.125 de la
Línea Blanda y 25.101 de liberalismo oficial pero superando los 1.761 votos
de la Línea Dura. De su parte la agrupación dirigida por el General Rojas
desplazó en 1966 las cifras emerrelistas de Virgilio Vargas y Jaime Velásquez
Toro a un tercer lugar al obtener 13.278 sufragios, mientras que aquellos lo-
graron 7.416 y el Frente Nacional, representado por el primer Ministro de
Hacienda del Frente Nacional Hernando Agudelo Villa, reunió 49.799 votos.

El total liberal de la ANAPO en este departamento provino del 79.2% (84) de


los municipios antioqueños. Fueron notables los resultados anapistas en Bello,
Caldas, Envigado, Itagüi, Retiro y Santa Bárbara. Si en la capital estaba el
70.2% de votos por ANAPO, en estos seis municipios se encontraba el 18.8%.
De ellos son interesantes los casos de Bello y Retiro. En el primero, el MRL
alcanzó 664 votos en las elecciones de 1960, ante 2.606 del liberalismo
frentenacionalista; dos años más tarde obtuvo importantes resultados al reunir
1.297 votos ante 1.557 del oficialismo, en 1964 la Línea Blanda ganó con 762
votos frente a 723 del oficialismo, 247 de ANAPO y 81 de la Linea Dura. En
1966 aumenta el volumen total liberal del municipio y las listas del MRL
disputan estrechamente el segundo lugar con las anapistas ante el oficialismo
liberal que obtuvo 1.720. En 1966 el MRL logró 1.032 sufragios mientras que
la ANAPO llegó a 1.030. Es decir, algunos de los electores liberales de la
oposición en este municipio, que se abstuvieron en 1964, ahora en 1966, se
deciden por la ANAPO. Por su parte en Retiro también disminuyó la absten-
ción liberal y como en Bello y en todo el departamento, el anapismo fue el
grupo beneficiado por este fenómeno. Pero en este poblado, al contrario de lo
ocurrido en Bello, la ANAPO cooptó el favor popular de nuevos sectores libe-
rales, mientras que el MRL mantuvo su votación, lo cual es posible compro-
barlo con la descripción de su comportamiento electoral. Si en 1960 el MRL
obtuvo 43 votos ante 730 frentenacionalistas, en 1962 los liberales de Retiro
no cambian su militancia política y respaldan al Frente Nacional con 743
votos y al MRL con 41 votos. Dos años después el oficialismo ganó de nuevo
con 794 votos frente a 43 de la Línea Blanda y el nulo apoyo para la Línea

213
Dura y por la lista de ANAPO. Y en 1966, liberales que no habían participado
en los tres últimos debates electorales se deciden por el anapismo y lo convier-
ten en la primera fuerza al obtener 1.011 votos que superaron los 40 que alcan-
zó el MRL y los 965 del Frente Nacional.

En los municipios de Caldas y Envigado el ala liberal de la ANAPO vence al


MRL ocupando el segundo lugar, mientras que en Itagüi y Santa Bárbara pier-
de con el emerrelismo y ocupa el tercer lugar. En 1960 el municipio de Caldas
no presentó ningún sufragio por el MRL pero en 1962 este movimiento liberal
logra cooptar 194 votos al liberalismo oficialista cuya cifra electoral es de
1.069. Dos años después, es considerable la abstención liberal y la lucha en la
oposición es entre la Línea Dura que alcanza 150 votos y la ANAPO que gana
con dificultad al obtener 151, cifra que la ubica en el segundo lugar frente a un
voto de la Línea Blanda y 458 del oficialismo. En 1966 el Frente Nacional
coopta de nuevo a los liberales desilusionados de 1964 y obtiene un resultado
superior al de cuatro años antes, 1.344 sufragios. La ANAPO de su parte ro-
bustece su electorado en el municipio y derrota al MRL con 241 votos ante
215. En Envigado, el otro pueblo donde triunfa el ala liberal, los resultados de
1960 fueron escasos para el MRL, 18 votos ante 2.317 del liberalismo oficial;
en 1962 la cifra crece a 634 votos pero en 1964, esta cifra de la oposición
liberal disminuye y se divide entre la Línea Blanda con 247 votos, la ANAPO
con 102 y la Línea Dura con 247 frente a 887 del Frente Nacional liberal. Y en
1966, al igual que en otras regiones del país, la votación liberal aumenta y el
anapismo pasa a ser la segunda tuerza liberal de Envigado al reunir 743 votos,
frente a 2.061 de la lista frentenacionalista y 519 de sus adversarios del MRL.
Del crecimiento del volumen liberal de estos dos poblados, como vemos, es el
anapismo el que avanza a diferencia del MRL que retrocede como fuerza libe-
ral representativa de la oposición. Al contrario de lo que ocurre en Itagüi y
Santa Barbara en donde el Movimiento Revolucionario Liberal aumenta los
votos que sus dos Líneas lograron en 1964 y recupera su votación de 1962.

El éxito de las manifestaciones de todos los movimientos políticos en el depar-


tamento del Atlántico creó expectativas por los resultados electorales. En este
departamento, al igual que en años anteriores, fueron numerosas las listas por
el liberalismo oficial y emerrelista, a diferencia del anapismo que presentó
únicamente la lista del dirigente Moisés Tarud. Esta lista ocupó el segundo
lugar con 10.273 votos, representando el 10.3% del total liberal departamental,
ante 9.294 de la suma de tres listas emerrelistas y 59.789 votos reunidos por
cinco listas del Frente Nacional (véase cuadro N° 3). El MRL había sacado
3.803 votos en 1960, dos años después avanzó a 9.900 votos ante 68.058 de
sus adversarios oficialistas; en 1964 la abstención liberal afectó a unos y otros.
En esta fecha, sólo se presentaron votos por la Línea Blanda y por el oficia-
lismo, 5.349 para los primeros y 60.320 para el Frente Nacional. Como se
observa en los cuadros 3 y 4, en 1966 aumenta toda la votación liberal, el MRL
recupera su cifra de 1962 al tiempo que el oficialismo liberal aumenta sus

214
resultados en comparación con la cifra lograda dos años antes. El 83.8% de los
votos anapistas de 1966 provino de Barranquilla. Moisés Tarud tuvo un res-
paldo de 8.611 votos con los cuales ocupó el segundo lugar entre las listas
liberales por debajo de 35.033 sufragios por el Frente Nacional. La historia
electoral reciente de la oposición liberal al Frente Nacional en esta ciudad
presentaba el siguiente comportamiento. El Movimiento Revolucionario Libe-
ral logró 2.406 votos en 1960, 7.429 en 1962 y la Línea Blanda en 1964 hizo
lo propio al reunir 3.052 sufragios. Al observar los votos por el MRL en
Barranquilla de 1966, advertimos que la agrupación, aunque se acerca, no
alcanza a recuperar sus votos de 1962, al contrario, su cifra de 7.429 en aquel
año disminuye a 6.646 cuatro años después. De allí que la diferencia de estos
pocos emerrelistas podría encontrarse en el crecimiento de la votación liberal
por el anapismo. Los otros electores anapistas, como quizás también ocurrió
en todo el departamento, eran el resultado de la disminución de la abstención
y del convencimiento que logró el anapismo en el liberalismo de los sectores
populares de Barranquilla. Otras poblaciones en donde el ala liberal encontró
respaldo fueron Campo de la Cruz, Ponedera, Puerto Colombia, Sabanagrande,
Santo Tomas, Soledad, Tubara y Usiari. De ellos las cifras más altas fueron las
de Soledad con 443 votos y Ponedera con 218. En Soledad, al contrario de
Ponedera donde no existe información entre 1960 y 1964, el MRL obtuvo 170
votos en 1960, en contra de 2.090 del Frente Nacional; en 1962 llegó a 212
ante 3.711 del liberalismo oficialista; en 1964 la Línea Blanda alcanzó 141
votos mientras que al parecer los emerrelistas duros del municipio se abstuvie-
ron de participar. Pero en 1966 el MRL recupera su votación de 1962 al tiem-
po que permite el triunfo de la ANAPO liberal. Los resultados de todo el departa-
mento, asi como los de la capital y del municipio de Soledad nos permiten
concluir que en el Atlántico, como en Cundinamarca, Antioquia y sus capita-
les, aunque la tendencia de la antes solitaria oposición liberal es recuperar sus
antiguos electores, el hecho sobresaliente son los avances del ala liberal de la
ANAPO como segunda fuerza del liberalismo.

5.3.4 La ANAPO en los departamentos de tradición liberal

En los departamentos de Tolima, Bolívar, Caldas y Meta los liberales venían


superando desde 195 8 la votación conservadora. Algo parecido ocurría en Valle
y Santander, salvo en el debate de 1964. El 9.75% del respaldo liberal anapista
provino de aquellos cuatro departamentos. A diferencia de lo ocurrido en las
anteriores elecciones, en estas regiones el MRL logró mantener su segundo
lugar como fuerza liberal. La suma de los votos por ese movimiento le significa-
ron el 33.3% de su total nacional. Sin embargo, como lo veremos más adelante
en varias poblaciones muchos liberales adversos al régimen respaldan al
anapismo, en tanto que antiguos emerrelistas de la Línea Dura se acercan
tímidamente al movimiento. De ellos la más alta votación por la ANAPO
estuvo en Santander, 6.034 sufragios, frente a 9.275 de una lista independien-

215
te, 25.670 provenientes de dos listas emerrelistas69 y 47.169 del liberalismo
frentenacionalista. En 1966 la ANAPO presentó los nombres de Edmundo
Morales y Guillermo García G. Este último, no obstante haber sido elegido
Representante a la Cámara por el anapismo liberal de Santander en 1964, sólo
obtiene 848 votos, la mayoría de la capital Bucaramanga. En esta ciudad, ob-
tuvo el 61.5% de su total liberal departamental, porcentaje que lo colocó en el
tercer lugar de las listas liberales. Bucaramanga tuvo el siguiente comporta-
miento electora] durante 1960 y 1964: 18.748 votos del Frente Nacional con-
tra 4.139 del MRL en la primera participación electoral de este movimiento;
en 1962, 16.870 votos por el liberalismo oficial y 14.184 por el emerrelismo;
dos años después, la votación liberal se distribuye así, 9.615 por el Frente
Nacional, 4.467 por la ANAPO favorecida de la división del MRL, 2.840 por
la Línea Dura y 2.582 por la Blanda. En 1966 el debate político y electoral de
Bucaramanga, que fue muy agitado por la diversidad de listas y por las prome-
sas de Carlos Lleras de educación, empleo y salud en su visita a la ciudad™,
presentó 3.714 votos para la ANAPO. Cifra que estaba por debajo de los 6.223
súfranos por MRL y los 16.559 a favor del Frente Nacional, pero que superaba
los 3.037 de la lista independiente.

La disminución de la votación anapista de 1966, en relación con la de 1964, se


explica por la intensa agitación de idearios y listas liberales. Sin embargo, es
importante resaltar que el electorado liberal de ANAPO en Bucaramanga es
relativamente constante.

Otros resultados importantes para E. Morales y G. García fueron los de


Barrancabermeja, Floridablanca, Girón y Piedecuesta, en estos municipios la
ANAPO aumenta sus votos de 1964. Pero de ellos es Barrancabermeja el pue-
blo más importante porque allí el anapismo liberal santandereano alcanzó su
segunda cifra más alta, después de la capital. Desde 1960, este puerto fluvial
se distinguía por su beligerante oposición al régimen del Frente Nacional. En
ese año los resultados fueron: 2.922 por el liberalismo oficial y 5.049 por el
emerrelismo. Dos años más tarde, mientras la votación oficial liberal es constan-
te la oposición liberal aumenta considerablemente: 2.797 para aquella y 9.096
para ésta. Pero en 1964, gran parte de los liberales del puerto prefieren no
participar en el debate electoral. Los resultados de ese año colocaron a laLínea
Blanda del MRL en primer lugar con 1.849 sufragios ante 1.558 del oficia-
lismo, 570 de la ANAPO y 137 de la Línea Dura. En 1966, el volumen total
liberal aumenta y la lista liberal del Frente Nacional gana con 3.486 votos
frente a 2.717 del MRL y 849 votos de la ANAPO, cuya cifra de 1964 posible-
mente es reforzada en 1966 con los Duros de aquel entonces.

" Estas listas fueron encabezadas por Ciro Rios Nieto, y por José M. Arias C; el primero era
integrante de la Linea Dura y el segundo de la Linea Blanda, en el pasado debate electoral.
70
Véase «Santander en pie con la Transformación Nacional» en El Tiempo febrero 13 de 1966.

216
En Bolívar, el candidato de la ANAPO obtuvo 4.756 votos. Con esta cifra, la
lista que encabezaba Carlos A. Pareja representó el 4.57% del liberalismo
departamental. La suma de los resultados de 3 listas emerrelistas convirtieron
a esta organización en la segunda fuerza liberal: 23.558 votos frente a 75.636
del oficialismo liberal. En Cartagena, ciudad escogida por Carlos Lleras
Restrepo para iniciar su campaña, el fenómeno fue similar. Tercer lugar para
la ANAPO con 2.203 votos, antecedida por 3.138 del MRL y 12.762 del libe-
ralismo frentenacionalista. Si bien el MRL disminuyó sus votos en 1966 en
esta ciudad con relación a los 3.962 de sus dos Líneas en 1964 y a los 4.008
alcanzados en 1962, es necesario reconocer que el respaldo de sus simpatizan-
tes era homogéneo durante estos años. En Cartagena, a diferencia del departa-
mento, donde si disminuyó en 1964, la votación liberal aumentó desde 1960
hasta 1966, lo cual indicaría que si el MRL mantiene sus simpatizantes el
anapismo seduce a algunos liberales del oficialismo que desde los inicios del
Frente Nacional no habían tenido una corriente política que fuera de su
agrado.

Otros municipios del departamento de Bolívar donde sus habitantes optaron


por el ala liberal anapista fueron: Sincelejo, El Carmen de Bolívar, Corozal,
Magangué, San Jacinto y Sucre, además de la isla de San Andrés. El factor
común de estas localidades es que compartían desde 1960 amplia simpatía por
el emerrelismo, en ellas el MRL, dividido o unido, había logrado resultados
electorales significativos.

La ANAPO superó los resultados del MRL y ocupó el segundo lugar entre las
listas liberales de San Andrés y Carmen de Bolívar. En San Andrés la votación
liberal sorprendió a propios y extraños. En este lugar el MRL había logrado 14
y 26 votos en 1960 y 1962 respectivamente ante la mayoría absoluta del Frente
Nacional. Pero en 1964 algunos de los únicos 26 emerrelistas de la isla prefie-
ren acompañar la lista oficial, que obtiene 1.911, ante la nula votación por las
Líneas del MRL. Y en 1966 el oficialismo pierde simpatizantes y obtiene 886
votos ante 730 del anapismo y 327 del MRL. La explicación de este comporta-
miento electoral quizás esté en el remoto pasado, cuando Rojas aprobó que la
isla fuese puerto libre, y en el enfático contenido de la plataforma anapista en
pro de los territorios olvidados y abandonados por las políticas del Frente Na-
cional. En la otra población triunfadora del anapismo, Carmen de Bolívar, el
MRL obtuvo 1.155 votos ante 4.986 del liberalismo oficial en 1960, en 1962
incrementa sus votos a 1993 votos frente a 2.852 de sus adversarios
frentenacionalistas y en 1964 éstos aumentan a 3.097 mientras que en el MRL
gana la Línea Blanda con 604 votos a la Línea Dura que obtuvo 378. Al com-
parar los datos liberales de Carmen de Bolívar en 1964 con los de 1966: 3.583
por el liberalismo oficial, 240 por la ANAPO y 205 por el emerrelismo, encon-
tramos que sus totales en cada año son muy similares. De allí que no sea
equivocado afirmar que, por su disminución en 1966, la votación del MRL
contribuyó a aumentar los sufragios del liberalismo frentenacionalista a 3.583,

217
por el regreso de algunos de sus militantes al oficialismo; al tiempo que aque-
llos que continuaron en la oposición se dividieron entre el MRL y la ANAPO
liberal. Un comportamiento parecido al de este municipio encontramos en
Corozal, Magangué, San Jacinto y Sucre; a diferencia de Sincelejo, en donde
la Línea Dura gana a la Línea Blanda. En 1960, cuando Ramiro de la Espriella
encabezó la lista del movimiento, en este pueblo el MRL obtiene la más alta
votación en Bolívar; sus 2.272 superaron 1.670 votos del Frente Nacional. Dos
años después los emerrelistas repitieron el éxito, pero esta vez protagonizado
por las listas de De la Espriella y José J. García, al reunir 3.931 votos frente a
2.265 del oficialismo liberal. En el debate de 1964 los liberales de Sincelejo,
que aumentan considerablemente su participación electoral, se distribuyeron
así: 3.344 votos por el sector oficialista, 1.096 por la Línea Dura y 903 por la
Blanda. Y en 1966, cuando el volumen de votos liberales crece aún más, los
resultados son 5.221 electores afavor del liberalismo frentenacionalista, 1.430
por el MRL y 662 por la ANAPO; votación que tendría su explicación en el
convencimiento de liberales amigos y enemigos del Frente Nacional de parti-
cipar en la contienda electoral.

La lista liberal anapista para la Cámara por el Tolima, fue liderada por el
exofícial del ejército y exgobernador del régimen de las Fuerzas Armadas Cé-
sar Augusto Cuellar Velandia, quien recibió el respaldo de 2.286 electores
ante 29.033 del emerrelismo y 53.641 del oficialismo, dos años antes el
anapismo había logrado solo 572 votos (véase cuadro N° 4). De un total de 43
municipios ANAPO encontró respaldo en el 53.4% de ellos, siendo Ibagué la
que más apoyó al anapismo. Ibagué, representó el 61.2% de sus votos, es decir,
1.399 sufragios ante 5.437 del MRL y 11.501 del Frente Nacional. Seis años
antes, los resultados de esta capital se habían distribuido así: 11.144 por el
Frente Nacional y 8.575 por el MRL; en 1962, unos y otros robustecen su
votación, 12.541 para los primeros y 9.569 para los segundos. Con la división
del emerrelismo, los liberales de Ibagué no encuentran muy interesante el de-
bate político y prefieren abstenerse, así en 1964 encontramos que el oficialismo
liberal decreció a 5.237, al igual que el MRL, que reúne con sus dos Líneas
3,724 votos (de ellos 2.177 por la Blanda) y a diferencia de la ANAPO que
coopta 378 votos (para el comportamiento del MRL y la ANAPO véase cudro
N° 10). La votación liberal frentenacionalista de 1966 fue relativamente cons-
tante en comparación con la de 1960 y 1962 mientras que la conservadora fue
derrotada por la ANAPO como se anotó más arriba. Adicionalmente observa-
mos que la oposición liberal cooptó algunos votos oficiales en comparación
con los resultados del debate anterior. De otra parte, los municipios de Honda,
Líbano, Espinal, Cajamarca, Guamo, Purificación, Mariquita aportaron el 31%
del volumen departamental liberal de ANAPO. De ellos los resultados más
atractivos para el anapismo fueron los de Melgar y Honda, En el primero
César A. Cuellar, le ganó a la lista emerrelista y ocupó el segundo lugar por
debajo de los resultados del oficialismo. En 1960 los votos liberales de Melgar
estuvieron divididos entre el MRL con 295 y el Frente Nacional con 342; más

218
tarde en 1962, al parecer algunos emerrelistas regresaron al liberalismo oficial
ya que el movimiento disminuyó a 271 electores mientras que el frentenaciona-
lismo liberal aumentó a 368. En 1964 unos militantes del MRL volvieron al
oficialismo, otros votaron por la Línea Dura. En ese año los resultados fueron:
540 votos para el Frente Nacional, 1 para la Linea Blanda y 77 por la Linea
Dura. Se podría afirmar, con base en los anteriores resultados, que los votos de
la ANAPO liberal en 1966 fueron básicamente los de algunos liberales que
antes no se habían manifestado en las urnas; ya que la mayoría de los simpatizan-
tes de la Línea Dura parecen decidirse en esta ocasión por el MRL, veamos:
654 por el liberalismo oficial, 182 por la ANAPO y 71 por el emerrelismo. No
ocurre lo mismo en Honda. Allí el MRL superó al liberalismo oficial en 1960
con 1.801 sufragios ante 1.580 del sector oficialista liberal y en 1962 algunos
emerrelistas vuelven al liberalismo oficial y le permiten el triunfo con 2,051
votos ante 1.769 de la oposición. En 1964 la votación liberal de Honda es:
1.201 por el Frente Nacional, 630 por la Línea Dura, 98 por la ANAPO y 42
por el MRL. Y en 1966 la lista liberal frentenacionalista recupera sus votos de
1962 al obtener 2.042 votos; al mismo tiempo que la cifra electoral del MRL
con 1.204 votos, también se acerca a la que alcanzara en esa fecha, mientras
que la ANAPO avanza a 224. Según estos resultados, los 224 votos anapistas
de 1966, pudieron provenir del electorado que favoreció a la Línea Dura de
1964.

De 37 municipios de Caldas, la ANAPO encontró respaldo en el 37.8% de


ellos. El movimiento compitió con una lista, encabezada por Dario Saint A.,
contra tres del MRL, tres del liberalismo frentenacionalista y dos indepen-
dientes. Los votos de Saint fueron 1.546, los del MRL 19.094 y los del Frente
Nacional, 67.066. En Manizales se originó la mayor votación anapista del
departamento, 636 votos. También fue importante para el movimiento el apo-
yo electoral de Pereira, La Dorada, Santa Rosa de Cabal y Pacora. Incluyendo
la capital, la suma de los votos anapistas en todos estos pueblos representó el
90% de su total departamental.

Al analizar con atención los resultados de los cuatro últimos debates electora-
les en Manizales, encontramos que la votación liberal anapista de 1966 proba-
blemente vino de los sufragantes por la Línea Dura del MRL en la contienda
anterior. En 1960 se contaron en esta ciudad 1.753 emerrelistas y 15.216
frentenacionalistas. Durante el siguiente debate electoral aquellos ascendieron
a 4.016 y el liberalismo oficial a 16.013. En 1964 los liberales dividieron sus
preferencias así: 8.421 por el Frente Nacional, 2.033 por la Línea Blanda y
484 por la Dura. En 1966 el Frente Nacional recupera su credibilidad ante sus
seguidores liberales y obtiene casi el doble de los votos de 1964: 15.41571,

7
' Carlos Lleras visitó la región haciendo promesas en tomo al tema más sensible p ara los manizalitas
y caldenses en general, el café. Véase «Lleras esboza en Caldas futura política cafetera» en El Tiempo
febrero 26 de 1966, pp. 1 y 31.

219
mientras que el MRL avanza, con base en los votos de la Linea Blanda, y llega
a 2.354. De su parte el anapista Darío Saint, al parecer convence a los antiguos
«duros» de 1964 y a otros novatos electores, que suman 636 votos por la
ANAPO. La lista de la ANAPO liberal, a diferencia de las otras poblaciones
mencionadas, ganó al MRL únicamente en Pacora, un municipio esquivo al
discurso de la oposición liberal desde 1960. Su comportamiento político fue el
siguiente; en 1960 el emerrelista Ivan López Botero, quien cinco años después
regresó a las filas oficiales del partido liberal, encontró sólo un elector ante los
1.154 del Frente Nacional; en 1962 Liborio Chica y Humberto Ariza tampoco
tuvieron mucha suerte representando al MRL, 22 votos contra 1.591 del
oficialismo liberal; por supuesto, en 1964, con la división del movimiento no
mejora la situación, 1.219 sufragios por el liberalismo del Frente Nacional, 9
por la Línea Dura y 7 por la Blanda. Pero en 1964, y aunque los resultados del
Frente Nacional aumentan, la ANAPO logra una importante cifra para la opo-
sición al liberalismo frentenacionalista: 142 votos ante 1.340 del oficialismo y
8 del emerrelismo. Aquí la explicación es la misma de otras regiones, las
propuestas de la ANAPO en 1966 seducen a algunos liberales adversos al
régimen que antes no participaban en elecciones por no identificarse con la
oposición adelantada por el MRL.

En la circunscripción electoral del Meta, que incluía la intendencia de Arauca


y las comisarías del Vaupés, Vichada y Guainía, el pregón del anapista Gusta-
vo León Vega fue escuchado y respaldado en 12 de los 33 municipios de la
región. El 93% de los votos por Vega provino de Villavicencio, Castilla la
Nueva, Cumaral y Puerto López, De ellos el más sobresaliente, por supuesto,
fue el volumen electoral de la capital. Antes, en 1960, los 1.008 votos de la
oposición liberal, representada por el MRL, enfrentaron los 3.412 del libera-
lismo frentenacionalista. Dos años después, algunos electores liberales que
simpatizaban con el Frente Nacional se deciden por el emerrelismo que
incrementa su votación: 1.907 al tiempo que la liberal oficial disminuye a
3.150. Pero la abstención del liberalismo en 1964 también permea a
Villavicencio y reduce los votos del sector liberal frentenacionalista a 2.033 y
los del MRL a 650 -de los cuales 376 son por la Linea Dura-. En 1966 el
frentenacionalismo liberal logra 2.573 votos mientras que el MRL, recuperan-
do antiguos electores obtiene, 1.012. De su parte el ala liberal anapista reúne
832 votos, que como en otros municipios es probable que provengan de la
Línea Dura.

Finalmente, de todos los departamentos con tradición liberal, fue en el Valle


donde los esfuerzos del ala liberal de ANAPO, por ganarse el favor del libera-
lismo popular, no fueron fructíferos: solamente 216 votos, provenientes de
Cali (58v), Buenaventura (156v) y Caicedonia (2v). Aunque no es posible
distinguir con claridad el origen real de esta cifra es importante resaltar que
Buenaventura, donde fue mayor la votación por ANAPO, era desde 1960 una
población con marcada tendencia a manifestarse electoralmente en contra del
Frente Nacional.

220
5.3.5 La votación liberal anapista en las regiones
de tradición conservadora

Durante el tiempo que llevaba establecido el Frente Nacional, los departamen-


tos de Boyacá y Norte de Santander se distinguieron por la permanencia de sus
mayorías conservadoras. En el Huila, a partir de 1962, la votación conserva-
dora empezó a superar la liberal. La votación liberal en estas regiones conser-
vadoras trajo algunas sorpresas. En Boyacá, por ejemplo, el anapismo liberal
duplicó en 1966 los votos que consiguió en 1964. Aunque 3.519 anapistas,
fueron suficientes para superar 11.019 votos del MRL y 49.805 del oficialismo
liberal, si le permitió al movimiento renovar la curul, que el líder popular
Parmenio Zapata había logrado en 1964, en la Cámara de Representantes.

Los votos de Zapata no se concentraron en pocos pueblos, sino que estaban


dispersos en el 61.8% de los 131 municipios boyacenses. Sin embargo, el 63%
de su total departamental provino de Tunja, Duitama, Sogamoso y Santana.
De otra parte, el ala liberal ganó al MRL en 29 municipios boyacenses sin
lograr más de 110 votos en ninguno de ellos, entre otros, cabe mencionar a
Nobsa (109 votos por ANAPO), La Uvita ( 6 v anapistas), Viracacha (54 v
anapistas), Otanche (3 v. por ANAPO) e Iza con un voto por ANAPO liberal.

En Tunja, la oposición emerrelista de 1960, había reunido 173 votos contra


3.674 del liberalismo oficialista. En 1962 avanzó con las banderas de ese mis-
mo movimiento a 591 votos ante 3.634 del Frente Nacional. En 1964 la divi-
sión emerrelista es derrotada en conjunto por la lista anapista: 150 votos por
los Blandos, 208 por los Duros y 442 por ANAPO; al tiempo que el Frente
Nacional disminuye sus sufragios a 1.976. En 1966 algunos liberales de la
capital boyacense vuelven a favorecer al anapismo colocándolo en segundo
lugar. Como el MRL de ese año, obtiene los mismos votos de sus dos Líneas en
1964, 360 ; y por lo que el Frente Nacional recupera en parte el volumen
electoral de 1962: 3.296 votos, se puede afirmar que los 693 votos de la ANAPO
provienen tanto de sus antiguos electores de 1964 como de algunos liberales
oficialistas que deciden apoyar al movimiento. En 1966 el anapismo también
superó al MRL en Duitama y fue la primera fuerza liberal en Santana. En esta
última población el MRL solamente tuvo 25 votos en 1960 contra 1.782 del
oficialismo liberal; en 1962 la mayoría de los liberales simpatizantes con el
régimen no votaron y aquellos que lo hicieron, 406 en total, fueron derrotados
por los 465 emerrelistas que participaron en las elecciones. Dos años más
tarde la votación liberal continúa disminuyendo, la Línea Dura gana con 229
votos a sus adversarios frentenacionalistas, que obtienen 163 votos y a los
únicos tres electores que respaldaron a la ANAPO, Observando con atención,
podemos concluir que en este municipio los 440 liberales que apoyan el ala
liberal anapista provienen del MRL, en particular de la Línea Dura, y quizás
del propio oficialismo; ya que, de acuerdo con los resultados entre 1960 y
1966, el liberalismo oficialista disminuye aceleradamente su capacidad de con-

221
vencimiento en Santana, al tiempo que los nuevos emerrelistas de 1966 no
logran acercarse ni a su cifra de 1964 ni a la de 1966. El único movimiento
que crece en Santana es la ANAPO.

En Norte de Santander, el anapismo liberal fue representado por José del Car-
men Leal. Sus 2.213 votos, significaron una disminución en comparación con
los 2.255 de 1964 por José María Bautista (véase cuadro N°4). La mayoría de
los votos por Leal provino de la capital. En Cúcuta el apoyo liberal le significó
el 83% de su total departamental. Fueron importantes también las votaciones
de Pamplona y Ocaña. Al analizar el comportamiento de la votación liberal de
Cucuta se concluye que en 1966 todas las agrupaciones con excepción de la
ANAPO tienden a mantener sus anteriores resultados. En 1960 el emerrelismo
de Cucuta contó con 3.538 votos y el oficialismo liberal con 13.073, votación
que se mantiene en 1962, al tiempo que la oposición del MRL aumenta a
6.290. En 1964 ambos sectores del liberalismo cucuteño disminuyen sus ci-
fras: el Frente Nacional a 7.542, el MRL obtiene 4.609 votos provenientes de
sus dos Líneas (de los cuales 2.570 son por la Blanda); y la ANAPO logra
1.906 sufragios. Dos años después, el oficialismo recupera la totalidad de sus
simpatizantes, e inclusive coopta algunos liberales de la oposición, alcanzan-
do 13.986 votos. El emerrelismo, aumentando los votos que las dos Líneas
lograran en 1964, recibe el respaldo de 4.594 liberales. La ANAPO de su
parte, decrece a 1.838 sufragios. La explicación a este aumento del MRL y del
Frente Nacional y a la disminución de los votos anapistas, podría encontrarse
en la no participación del líder popular Rodolfo García García. En Pamplona
los anapistas liberales de 1966 se acercan al total de emerrelistas, a diferencia
de Ocaña en donde estos últimos son mayoría.

En 1960, el MRL obtuvo tan sólo 9 votos en Pamplona, ante 2.002 del libera-
lismo frentenacionalista. En el siguiente debate electoral llegó a 430 votos
frente a 1.793 del oficialismo liberal. En 1964 los emerrelistas pamploneses
deciden apoyar a la Línea Dura con 421 sufragios, mientras que la Blanda
recibe el respaldo de 12 electores y la ANAPO el de 199, al mismo tiempo que
la lista liberal frentenacionalista reduce sus votos a 1.173. En 1966, quizás por
el regreso de algunos emerrelistas al oficialismo o tal vez por la disminución
de la abstención liberal, el Frente Nacional aumenta sus votos de 1964 a 1.177;
de su parte el MRL reduce sus votos a 292 y la ANAPO aumenta su cifra a
225, posiblemente por votos venidos del emerrelismo de la Línea Dura. Los
anapistas son segunda fuerza en Santiago, Mutiscua, San Calixto y La Playa.

En el Huila, el ala liberal obtuvo 2,132 votos en las elecciones de 1966. Aun-
que el avance es considerable, no le permiten alterar las posiciones de las
fuerzas liberales, ya que el MRL fue respaldado por 15.908 huilenses y el
Frente Nacional por 22.013. Gregorio Duarte, el anapista que encabezó su
lista liberal, fue respaldado en el 77% del total de municipios del Huila. Los
votos de Neiva, representaron el 75% del total departamental anapista. Aquí

222
el MRL había logrado en 1960 3.705 sufragios frente a 5.209 del liberalismo
oficial; en el siguiente debate electoral, la oposición emerrelista robustece su
electorado al obtener 5.665 votos ante 6,746 por el Frente Nacional. Curiosa-
mente, a diferencia del resto de departamentos, aquí ni la división ni la absten-
ción provocaron en 1964 una perdida importante en el volumen de votos
emerrelistas. El éxito en ese año fue para la Línea Blanda que superó con
4.593 votos, 3.910 del liberalismo oficialista, 962 del anapismo y 333 de la
Línea Dura. En 1966 todas las listas liberales aumentan sus votos: el Frente
Nacional recupera a los votos abstencionistas de 1964, el MRL y la ANAPO,
atraen votación liberal, obteniendo 5.965 el primero y 1.607 la segunda. Al
igual que en otros municipios del país, la gente de la Línea Dura encuentra en
el ala liberal de la ANAPO el espacio propicio para el ejercicio de su belige-
rancia contra el Frente Nacional. Otro caso interesante en el Huila, es el caso
de Garzón, municipio conservador donde el MRL reunió sólo siete votos a su
favor en 1960 ante 690 del liberalismo frentenacionalista. En 1962 el
emerrelismo aumentó su votación a 103 al tiempo con el Frente Nacional que
tuvo el apoyo de 909 electores; dos años después, en 1964, disminuye los votos
liberales para el liberalismo oficial, 489 votos, para el emerrelismo aumentan,
154 por la Línea Blanda, y 6 por la Dura, y la ANAPO de su parte recibe el
apoyo de 59 electores. En 1966 el volumen total liberal de emerrelistas,
frentenacionalistas y anapistas liberales de Garzón crece y se distribuye así:
631 por el oficialismo, 187 por el MRL y 147 por el ala liberal, por lo cual
podemos afirmar que algunos emerrelistas vuelven al Partido Liberal oficialista
mientras que otros van a la ANAPO. De otra parte, en la población conserva-
dora de Acevedo, en 1966, el MRL no obtuvo ningún voto, mientras que 32
anapistas se enfrentaron en las elecciones a 35 liberales frentenacionalistas, y
en Santa María y Tesalia, municipios también conservadores, con cuatro votos
en la primera y dos en la segunda el anapismo fue «la segunda lista liberal».

En general, el fenómeno más sobresaliente de la votación liberal de 1966 fue


la disminución del abstencionismo. A nivel regional, no obstante lo atomizado
de los éxitos anapistas en el país sobre el MRL, el ala liberal también fue
protagonista de la oposición al oficialismo liberal. La mayor parte de sus votos
provinieron de las doce capitales de los departamentos en donde se presentó, o
de algunos de sus principales municipios. Los éxitos del anapismo liberal so-
bre el MRL en cuatro ciudades capitales: Bogotá, Medellín, Barranquilla y
Tunja fueron el inicio de su conversión en la segunda fuerza liberal del país y
en la primera como Movimimiento de oposición. En otras ciudades, como
Villavicencio, Manizales y Neiva el ala liberal recibió apoyo de antiguos
emerrelistas de los «duros». Y en las demás, Bucaramanga, Cartagena, e Ibagué,
la nota predominante fue el estímulo que significó para la participación de
liberales que nunca habían manifestado su opinión en unas elecciones
frentenacionalistas. En Cali y Cucuta, por el contrario, no fue fácil el comien-
zo para el ala liberal; en la primera su votación de 1966 es mínima, mientras
que en la segunda disminuyen un poco sus resultados de 1964.

223
Con el avance del anapismo en 1966 en fortines del liberalismo emerrelista y
oficialista, se consolida el electorado del ala liberal del movimiento. En un
futuro cercano podrá representar la oposición liberal al Frente de Transforma-
ción Nacional (FTN).

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