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CUANDO LOS PADRES

SE VAN…

NADIE REEMPLAZA EL AMOR QUE DAN LOS PADRES.


ESTE AMOR NO SE PUEDE NEGAR.
NO SE PUEDE PROGRAMAR COMO RECETA.

Muchos padres sienten gran amor por sus hijos.


Pero una cosa es sentir. Otra es saber dar.
RECONOCIENDO Y RESPETANDO LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS(AS)

CUANDO LOS PADRES SE VAN…

Todos los seres humanos hemos pasado por la etapa de la niñez. Hemos olvidado gran parte de ella.
Sobre todo los primeros dos años. Pero tenemos ya, desde el vientre, memorias genéticas de lo que
nuestros padres vivieron, como experiencias fuertes o traumáticas o apegos profundos.

Toda esta vida de pequeños ha sido orientada por nuestros padres o los adultos que se encargaron
de nuestra crianza. Muchas veces recordamos pasajes vividos con nostalgia, tristeza o alegría. Otras
veces no queremos recordar o nuestro subconsciente lo tapa, como una forma protegernos.
Recordemos que el amor de los verdaderos padres es alimento indispensable para los hijos. Los
llena de confianza, los hace crecer en armonía, les fortalece su salud, y lo que es más importante,
les muestra la experiencia de amar a los seres humanos, a la naturaleza y a integrarse
adecuadamente a la sociedad.

Físicamente, estamos aquí por nuestros padres biológicos. Estamos conectados con ellos, y esta
conexión es muy fuerte y muy necesaria durante la etapa de la niñez. Hemos necesitado de ellos
muy profundamente. Los niños necesitan de sus padres porque son su propia naturaleza, de la cual
se irán desprendiendo poco a poco. Pero, ¿qué sucede cuando los padres biológicos no están con
los hijos durante esta etapa tan vital?

Hay tres maneras muy notorias en que los padres no están con los hijos o se van. Veamos cuáles
son y las heridas y consecuencias que esto causa.

CUANDO MUEREN. La muerte no es procesada por los niños. No la entienden como los adultos.
Simplemente sienten que el ser al cual ellos ven como protector, ya no está. Se sienten
desamparados, abandonados. Comienzan a tener rencores, desconfianza o buscarán ser atendidos
con lástima. Poco a poco irán entendiendo que nunca más verá ni sentirán a su ser querido. Y si los
sentimientos o emociones que tuvieron cuando sucedió la separación, no son orientados o tratados
adecuadamente, tendrán dificultad para respetar su propia vida, renegarán sobre los asuntos
espirituales, o se someterán a ellos buscando el amparo del ser amado. Tendrán dificultad en aplicar
modelos adecuados cuando se conviertan en padres o madres de familia. No tuvieron experiencia
vivida en su niñez. El dolor se mantendrá siempre, o con rencor o con lástima. Tendrá conflictos con
la vida, a la cual la considerarán injusta. Estas emociones o sentimientos guardados en el
subconsciente, aflorarán constantemente cuando se enfrenten a situaciones de existencia o de
filosofías de vida, y serán parte de sus personalidades.

CUANDO ABANDONAN EL HOGAR. Cuanto más temprano es el abandono, causa vacíos más
profundos. Los niños en esta situación, tendrán recuerdos mínimos o no los tendrán, lo que los pone
en desventaja por no tener modelos vivenciales de afecto de los verdaderos padres. Cuando el niño
o la niña ya han convivido con sus padres y uno de ellos se marcha, el dolor emocional es
desgarrador. Se sentirán despreciados, que no tienen valor. También, se sentirán culpables y
rencorosos consigo mismos. En otros casos, si el padre que queda con ellos contribuye a que los
hijos se formen una idea de crueldad del padre que los abandonó, por las continuas quejas y críticas
que lanza, entonces, estos niños irán cogiendo odio contra el padre que se fue. Si crecen con este
rencor, buscarán inconscientemente vengarse con la persona que ellos figuren como una especie
de representante del padre que los abandonó. Si es la mamá la que se fue, se desquitarán, por
ejemplo, con las mujeres, con la esposa o con las hijas. Si es el padre el que abandonó, lo harán con
los hombres, con el esposo, los hijos. O, en otras condiciones, no tendrán modelos afectivos
agradables para aplicar en sus futuras familias. Les costará mucho esfuerzo reconstruir su
autoestima, porque sienten que su padre se fue por algo o alguien que es más valioso que ellos.

CUANDO ESTANDO SIEMPRE CON ELLOS NO EXPRESAN AMOR. En esta situación, los niños crecen
fríos también, y tendrán mucha dificultad para transmitir amor, puesto que no lo recibieron. Los
hijos crecen deseando siempre que sus padres los amen, fundamentalmente, quieren, necesitan
sentir ese amor que siempre esperan pero que nunca llega. Si crecen con estas desventajas,
guardarán rencor o indiferencia con sus progenitores, les será muy fácil apartarse de ellos y no los
atenderán debidamente cuando sean ancianos. En la etapa adolescente, serán desconfiados cuando
les muestren cariño. Pero si crecieron deseando sentirse amados, y este vacío es muy grande, pueda
que a la menor propuesta de cariño, sea de quien sea, se sometan o se rindan. Otra desventaja
sustancial que mostrarán, es que no podrán cumplir con el rol de ser un padre cariñoso, afectivo,
amoroso; puesto que no tienen modelos que hayan experimentado. El riesgo que corren, es que
confundan la sobre protección o la tolerancia extrema cuando les toque la ocasión de criar a sus
hijos.

Los padres dejan huellas imborrables en los hijos, huellas que guiarán el camino que ellos seguirán.
El amor de los padres biológicos es único, no puede ser alcanzado o igualado, mucho menos
superado por el amor de otras personas adultas que los reemplacen en la crianza de los hijos, por
más buena intención que tengan. Es que el amor de los padres deviene de la misma naturaleza.

En la actualidad podemos ver con bastante facilidad las consecuencias de los desaciertos que los
padres cometen con sus hijos. Una explicación muy sencilla es reconocer que los padres no se
prepararon para asumir semejante responsabilidad. Los niveles de violencia, los constantes
conflictos y agresiones, como también, la cantidad alarmante de separaciones conyugales, son
muestras claras de que las familias no están guiadas por personas idóneas. No existen centros de
enseñanza para padres de familia, por lo que tenemos que reconocer que la mejor escuela para
aprender a construir una familia feliz, es haber crecido en una familia feliz.