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DE LA FRANQUICIA DE LA EDUCACION A LA UTOPIA DEL APRENDIZAJE

José Ríos Claros

Algunas consideraciones, sobre el bien y el mal, sin duda esto dos conceptos fueron muy
bien establecidos por los modelos sociales a través del axina básico de la “educación”
imponer y someter , para mí, esta aparente disyuntiva no deja de ser eso “aparente”, si una
trata de establecer el referente tangible del bien y del mal, seguramente llevara su explicación
al recurso más fácil que tiene el hombre cuando debe enfrentar situaciones que lo
comprometan para esto recurre a lo sobrenatural, en coloquio silvestre el “bien el mal”
estarían encarnados en “Dios y el Diablo”, al primero se le atribuyen cualidades supremas
inalcanzables por su condición de deidad, sin embrago una mirada más profunda hace saltar
la duda puesto que cuando se pretende meter miedo se hace referencia al “mal” el diablo,
esta dicotomía es resulta por la cualidad mayor que como valor encarna el “bien” es decir
Dios, sin embargo esta falsa dicotomía la aclara muy bien Facundo Cabral teólogo aquel que
en sus poemas establece con meridiana claridad que “el Diablo es el seudónimo que usa el
Señor (Dios) para hacer cosas de dudosa moral”. Entonces la pregunta genera conflicto
cognitivo y en algunos casos disonancia cognitiva que provoca mal estar; a nuestro precario
entender el bien el mal son herramientas de la función nefasta de la educación el de imponer
y someter, culturalmente estos dos conceptos son generados desde la función “social” y en
su caso desde la acción “religiosa” instrumentalizadas por los “agentes educativos”, son
asumidos como los representantes de lo bueno, sin embrago si vemos más puntualmente,
estos conceptos tienen diferentes funciones en diferentes contextos, lo que indica que no es
posible encontrar una solo forma de bien ni de mal, porque lo que está bien para una cultura
está mal para otra y así en todo el mundo es posible encontrar muchas variaciones para
estos aparentes “valores universales”, en las sociedades estos “valores” son establecidos
por grupos de poder lo que supone que es para una parte y no para la totalidad, función que
deberá ser asumida como siempre por la “educación” utilizando sus dos mecanismos
nefastos imponer y someter. Pero bien como debemos asumir estos “valores”, primero creo
que estos deben ser valores personales y no sociales, me explico el bien y el mal sin duda
son dos manifestaciones de una misma acción la de permitirle al ser humano crecer, por lo
tanto sus manifestaciones deben estar circunscritas al sujeto en tanto puede asumir que
“algo está bien mientras le guste y algo está mal cuando no le guste”, por lo tanto deja de ser
una obligación que es la resultante del axioma nefasto de la educación y pasa a ser una
responsabilidad, entendida como la capacidad del ser humano en asumir lo que hace y dejar
de lado la farsa de apegarse a seudo valores construidos desde la necesidad de los otros;
esta sin duda se convierte en necesidad de autorrealización toda vez que le permite al ser
humano reconocerse y reconocer al otro a partir de sus propias vivencias.

Creo yo más halla de concebir o construir un proyecto “ético” de vida está el estilo de vida
que uno asume acorde a sus formas de pensar y sentir el mundo el mismo y a los otros, está
claro que no es posible constituir un decálogo ético común, este debe ser un permanente
sentido de pertenencia e identidad asumiendo la dimensión particular de uno mismo y del
otro que no es diferente a uno mismo, sino otro igual y simétrico, en apariencia es un libre
albedrio en cierto sentido diremos que si pero está vinculada a una condición sine qua non y
es que la libertad de uno termina cuando el derecho del otro es afectado, en otras palabras
lo que me gusta puede salir de mi hacia otro si este está de acuerdo y además le gusta, de
tal forma que se respete la condición de la libertad.

Finalmente, el valor de autorrealización no está ni en la formación ni en la educación, está


en el aprendizaje, entendiendo este como proceso de uno mismo, sin duda es un desafío
fuerte toda vez que el aprendizaje permite la aparición del sujeto de aprendizaje como una
categoría mayor a la del alumno o el estudiante, este sujeto de aprendizaje que se constituye
a partir de la necesidad propia se relación con el otro a partir de ser igual compartiendo el
escenario no como exclusivo sino como inclusivo y como tal se constituye en sujeto
subversivo, porque a diferencia del alumno o el estudiante que son producto de la educación,
el sujeto de aprendizaje es producto de su vida y es sujeto en permanente busca de cambio
y diversidad, esta condición es solo posible entenderla desde la complejidad la bioética y la
transdiciplinariedad.