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Trabajo presentado en la materia de “Cristología”

Profesor: Mgr. Javier Martínez

Reporte de Lectura

Por: Carlos Rodríguez Carrasco

Seminario Reformado Latinoamericano

12 de noviembre de 2017, Medellín – Colombia


INFORME DE LECTURA 1

1. Datos Bibliográficos

Título: CRISTO SU PERSONA Y SU OBRA

Capítulo: I - VIII

Páginas: 9 al 270

Autor: James Oliver Buswell

Si es un artículo, el nombre de la revista o del sitio del Internet:

Editorial: LOGOI y Unilit

Ciudad: Colombia

Año de publicación: 2003

2. Bosquejo del Contenido:

La persona de Cristo: su divinidad y su humanidad


La persona de Cristo: su divinidad y su humanidad
La persona de Cristo: su divinidad y su humanidad
La doctrina de la expiación
La doctrina de la expiación
La aplicación de la expiación
La aplicación de la expiación
La aplicación de la expiación
3. Resumen:

(Escriba un resumen breve de lo que dice el autor, sin comentarios propios.)

Jesucristo, la persona histórica que vivió en Palestina a principios de nuestra era, no


es otro que el Eterno Hijo de Dios, igual y consubstancial con Dios el Padre y Dios el Espíritu
Santo. Y en la encarnación llegó a ser tan verdaderamente hombre como lo somos nosotros
los hombres. En el Nuevo Testamento se le da el título de Dios, también se le dice Señor en
citas del Antiguo Testamento en las cuales la palabra que se emplea es Jehová. A Jesús se le
llama hijo de Dios, y en la cultura judía la frase “hijo de” no implicaba subordinación alguna,
sino más bien igualdad e identidad de naturaleza. La divina filiación de Cristo fue declarada
desde el cielo en su bautismo y transfiguración y ministerio.

El nacimiento virginal de Cristo fue un milagro obrado por la Tercera Persona de la


Trinidad, y en cuanto a que se le llama el primogénito es que fue el primero que resucitó de
entre los muertos en forma o cuerpo inmortal. El Salmo 2.7, como lo interpreta el Nuevo
Testamento, no es una generación literal de su Ser en ningún sentido de la palabra, sino una
referencia a la revelación declaratoria de Dios de la eterna filiación divina, en particular de
la resurrección de Cristo de entre los muertos. “Unigénito” aplicada a nuestro Señor
Jesucristo, se refiere a Él como aquel cuya gloria es como del unigénito del Padre, lleno de
gracia y de verdad» (Juan 1.14). La sustancia de Dios es lo que lo identifica como Dios. Así
se declara que nuestro Señor Jesucristo es la expresión exacta de la Deidad. Col 2:9.

Los relatos bíblicos nunca presentan la encarnación como siquiera aparentemente


contradictoria ni paradójica. Cristo conservó todos los atributos esenciales de la divinidad
cuando tomó para sí todos los de la humanidad. Los escritores del Nuevo Testamento
creyeron que el eterno Hijo de Dios tomó para sí mismo una naturaleza humana genuina y
vivió una vida auténtica aquí en esta tierra, sin dejar de ser Él mismo (el Hijo de Dios) en
ningún sentido y sin abandonar ninguno de sus atributos divinos esenciales.
La evidencia de que la afirmación de Jesús era cierta que Él era el que decía ser, la
constituye el hecho de que resucitó de los muertos tal como dijo que lo haría. El Nuevo
Testamento mismo es evidencia tangible de que Cristo resucitó de entre los muertos. Muchos
testificaron en la Iglesia primitiva de su resurrección y otra evidencia de esto hoy es la
experiencia que uno tiene al ir a Cristo y ser cambiado. Pero también los evangelios y escritos
de Pablo son centrados en que Cristo murió y resucito, de manera que la resurrección era el
fundamento de los creyentes.

En cuanto a su humanidad, el nacimiento virginal fue el medio por el cual tomó para
sí mismo una naturaleza puramente humana. Algunos sostienen que el nacimiento virginal
es necesario para que Cristo sea sin pecado, La humanidad que tomó en su nacimiento fue
una naturaleza sin pecado como la de Adán antes de su caída. Cristo está libre del pecado
adánico porque no fue en ninguna manera representado personalmente por Adán.

Hubo varios grupos quienes negaron tato la divinidad y la humanidad de Cristo. Entre
ellos los dscetistas sostenían que Jesús solamente parecía ser un hombre, que en realidad no
vino en la carne. Los Ebionitas niegan de su naturaleza divina. Algunos de ellos negaban el
nacimiento virginal de Cristo. Los arrianos afirmaban que la naturaleza divina de Cristo era
similar (homoiousian) a Dios, pero no lo mismo (homoousian). Por otro lado, el apolinarismo
se oponía tanto al arrianismo que cayó al otro extremo y redujo la humanidad de Cristo.
Cristo tuvo un cuerpo, pero que él mismo fue tan sublimado que apenas podía considerarse
humano. El eutiquianismo se considera el fundador principal de la herejía monofisita. Los
Monofisitas declararon que había solamente una naturaleza en Cristo. Tenía un espíritu
humano en el sentido de que su espíritu se hizo humano. Podemos insistir en esta declaración
sin sugerir que su espíritu en sentido alguno o en grado alguno cesó de ser divino. Sin
embargo, nuestro Señor Jesucristo, el Eterno Hijo de Dios, reteniendo todos sus atributos
divinos, tomó para sí mismo un modelo volitivo humano de conducta cuando asumió todos
los atributos esenciales de la naturaleza humana.

En cuanto a sus dos naturalezas, Su naturaleza divina fue un complejo perfecto y


coherente con los atributos que son esenciales a la deidad. Su naturaleza humana fue un
complejo perfecto y consecuente de atributos humanos.
Las Escrituras declaran unánimemente la absoluta impecabilidad de Cristo bajo todas
las circunstancias. Su vida perfecta fue necesaria para que ofreciera un sacrificio perfecto.
Jesús en las tentaciones, el Eterno Hijo de Dios estaba sufriendo pruebas que son comunes a
cualquier hombre y, además, estaba empleando fuerzas espirituales que están al alcance de
los hombres guiados por el Espíritu. La prueba más severa soportada por nuestro Señor
Jesucristo durante su vida en esta tierra fue, sin duda, la de la cruz. El grito en la cruz indica
lo máximo de la prueba de Cristo en la cruz. Dios el Padre es el Autor del sacrificio de la
expiación y está tan verdaderamente lleno del principio de gracia como el Hijo. En verdad
fue el Hijo, y no el Padre ni el Espíritu, quien murió en la cruz, pero el pecado. Fue pecado
contra el Trino Dios. La motivación del sacrificio y de todo el acto de la expiación es tan
verdaderamente la misma que tuvieron el Padre y el Espíritu como la que tuvo el Hijo. Y
decimos que Cristo permanece para siempre, Dios y hombre en dos naturalezas distintas y
una sola persona.

Varios catecismos y artículos hablan en cuanto la expiación de Cristo. El término


significa sencillamente que la expiación de Cristo, que Él ofreció por el derramamiento de
su sangre en la cruz, satisface las demandas de la santa ley de Dios. La cruz Cristo llevó la
pena debida justamente por nosotros a causa de nuestros pecados. La Epístola a los Hebreos
en conjunto presenta a Cristo como sumo sacerdote, ofreciéndose en la cruz como altar. Su
sacerdocio no es el de Aarón sino el de Melquisedec, tanto rey como sacerdote, un sacerdocio
que antecede y supera al aarónico. Por otro parte, la palabra “salvador y el sustantivo
abstracto correspondiente, salvación así como el verbo salvar, aparecen frecuentemente a
través de la Escritura. Es salvación por el sufrimiento sustitutivo de Cristo en la cruz. La
teoría extra-bíblica más temprana de la expiación de la cual tenemos algún informe se
encuentra en los escritos de los padres de la Iglesia primitiva, algunos formularon el
pensamiento de que Cristo en su muerte pagó un rescate a Satanás.

Anselmo observó la falacia en la idea de que Cristo pagó un rescate a Satanás. Él


afirma: «Dios no le debía nada al diablo sino castigo... Todo lo que se demandó del hombre,
lo debió a Dios y no al diablo». Anselmo basa la razón ontológica de la encarnación y la
expiación en el propio carácter de Dios.
El argumento de Anselmo continúa en el sentido de que como el hombre mismo no
podía proveer una expiación infinita ni una ofrenda de valor infinito, fue por eso necesario el
Dios-Hombre. Jesucristo tenía que ser no solamente Dios sino que también debía ser hombre,
para tomar el lugar del hombre y representarlo ofreciendo la expiación. Pero se ha
demostrado que la expiación fue absolutamente infinita en su valor, en que el Eterno Hijo de
Dios, muriendo físicamente sobre la cruz, sufrió toda la ignominia, todas las indignidades de
todo el pecado del universo completo, no solo en su cuerpo, sino también en la agonía infinita
de su alma. Es característico de los defensores de la teoría «moral» que aunque niegan el
principio del sacrificio sustitutivo, generalmente sostienen la idea de una ley moral
inexorable.

La historia de la teología presenta numerosos puntos de vista de la expiación


sostenidos por algunos que creían verdaderamente en Cristo como su Salvador personal,
creían completamente en lo sobrenatural, y aun así rechazaban la doctrina sustitutiva de que
Cristo en su muerte tomó nuestro lugar y llevó nuestro castigo de modo que satisfizo la
justicia de la santa ley de Dios.

Dios pudo haber hecho un mundo en el que cuando un pecador eligiera pecar, las
consecuencias directas de su pecado cayeran inmediatamente sobre él y no sobre otra
persona. En el caso de la justicia, sin misericordia, habría sido perfectamente justo si Dios
hubiese permitido que esta maldición cayera sobre la especie humana cuando dimos muerte
a Jesús. Totalmente contraria a la opinión de una expiación perpetua o inconclusa, y
enteramente en pro de la doctrina de una transacción completada en forma perfecta, yace el
testimonio unánime de la Escritura. Esa justicia se representa comúnmente como incluyendo
su obediencia activa y pasiva. Sin embargo, la obediencia de Cristo, tanto la activa como la
pasiva son solo diferentes fases o aspectos de la misma. Cristo tuvo una vida perfecta como
Dios manifestado en la carne. Ofreció esa vida como un sacrificio perfecto en la cruz, como
en el altar del tabernáculo celestial.

El hombre es pecador en su condición de miembro de la especie caída, y está


representado en el pecado original de Adán y en la crucifixión del Hijo de Dios. Concediendo
que la mayoría de los detalles afirmados acerca del hombre miserable podrían aplicarse a
cualquier persona en cualquier tipo de lucha espiritual, sea regenerada o no.
La doctrina bíblica de la expiación, la cual expone que Cristo murió por mis pecados,
en mi lugar, sustituyéndome, se basa lógicamente en el principio representativo. Tal como
Adán me representó en su pecado, y por su acción fui constituido pecador, así Cristo en la
cruz representó a sus elegidos como su cabeza federal o del pacto. La propia sustancia del
pacto, como uno entre el Padre y el Hijo respecto a los elegidos de Dios, es que Cristo será
el Mediador por el cual los elegidos serán salvados.

El concepto del pacto es de una importancia suprema para nuestro entendimiento del
evangelio y nuestro programa misionero de evangelización. La expiación de Jesucristo yace
como un hecho basado en el pacto y las promesas de Dios, uno que el pueblo de Dios
experimenta a través de las edades. Si Cristo murió por nuestros pecados y llevó nuestra pena
en el propio acto en que nos perdonó nuestras faltas contra Él, una de las primeras inferencias
es que debemos vivir perdonando los demás. Debemos entender claramente que la doctrina
bíblica del perdón basada en la expiación de Cristo, por la que hemos sido perdonados, es
puramente práctica. Y es para una vida santa.

Habiendo Dios, de su propia y soberana voluntad, elegido desde el principio a los que
han de gozar de la vida eterna, entró en una alianza de gracia para libertarles de su estado de
pecado y de miseria, e introducirlos a un estado de salud por medio de un Redentor .La
doctrina supralapsariana coloca el decreto de elección a la vida eterna anterior al que permite
la caída del hombre. Mientras que según la doctrina infralapsariana, el decreto de elección a
la vida eterna viene lógicamente después del decreto de permitir la caída del hombre.

Luego de la muerte de Arminio, sus seguidores presentaron una refutación como


sigue: el decreto de la elección es condicional, la expiación es universal en su intención, el
hombre no puede ejercer por sí mismo una fe salvadora, no todos los elegidos de Dios a la
vida eterna serán realmente salvos. Los pecadores pueden ser salvos y luego perderse. Pero
en respuesta a esto, los calvinistas presentan: la incapacidad total. Elección incondicional.
Expiación limitada. Gracia irresistible. Perseverancia de los santos.
La palabra “elección” indica simplemente un escogimiento, una selección y una
asignación. El uso particular de palabras, en ninguna manera puede borrar el hecho de que
frecuentemente en las Escrituras la elección se refiere al decreto eterno de Dios por el cual
escogió un pueblo de entre la masa de la humanidad pecaminosa, y lo eligió para obtener la
vida eterna por nuestro Señor Jesucristo.

El hecho de que no todos los hombres van a ser salvados por la expiación de Cristo,
sino de que algunos están eternamente perdidos, de los que son perdidos eternamente está
dentro de los decretos de Él. La doble predestinación, parece indicar la idea de que la
salvación y la reprobación son solo dos lados de un modelo perfectamente simétrico, y que
Dios es la causa imputable de la reprobación de los perdidos tanto como es la causa meritoria
de la salvación de los salvados.

En el caso de los que son salvados, la Escritura indica claramente un elemento en la


obra convencedora del Espíritu Santo que es totalmente inescrutable. Esta gracia especial,
por la cual los elegidos son salvados, se diferencia de la obra general del Espíritu Santo de
convencer de pecado, en que se incluye en la obra del Espíritu Santo llamada la gracia
común. Cristo es la eterna Palabra de Dios. Cristo trae la convicción y prepara el corazón de
sus elegidos y, además, dirige los pasos de los misioneros en busca de los perdidos, y los
junta a ambos. La enseñanza bíblica sobre una revelación primitiva tiene que ser considerada
como un factor en la obra convencedora del Espíritu. Quiero indicar por la suficiencia de la
obra convincente del Espíritu Santo que esta acción es suficiente para convencer nuestras
mentes finitas de lo concreto de la ira eterna de Dios contra los que rechazan su gracia en
Jesucristo. Cual convenciéndonos de nuestro pecado y de nuestra miseria nos persuade a
abrazar a Cristo, que nos ha sido ofrecido gratuitamente en el evangelio, y nos pone en
capacidad de hacerlo. Este acto del llamamiento eficaz proviene totalmente de la gracia de
Dios, y su eficacia no se debe ni en el menor grado a la persona salvada.

La regeneración es la obra del Espíritu Santo, quien aplica a nosotros los beneficios
de la expiación, es enseñanza uniforme de la Biblia. Puesto que el Espíritu Santo usa la
Palabra de Dios en su obra de regeneración tanto como en su obra de convicción, no es
contradictorio hablar de la Palabra misma como la causa eficiente de la regeneración.
La fe en el uso bíblico no siempre designa el hecho de creer, es más, se refiere con
frecuencia a lo que es creído. Habla de lo que creemos y no meramente del acto de creer.

La justificación es el aspecto forense de nuestra salvación. Se puede pensar en ella


como un acto declarativo de Dios por el cual nos asigna nuestro estado de justicia con relación
a su ley santa. Es el resultado o un aspecto de la expiación efectuada por nuestro Señor
Jesucristo en beneficio de nosotros. La enseñanza más concentrada acerca de la doctrina de
la justificación por la fe se halla en la Epístola a los Romanos. Los que son justificados
también están en proceso de ser santificados. Si Santiago no se escribió para contradecir la
Epístola a los Romanos, tampoco esta es contraria a la primera. En verdad, el apóstol Pablo
habla tan fuertemente como Santiago contra la idea de una fe que no produce obras. La
justificación no es meramente el acto judicial por el cual Dios nos declara libres del castigo
decretado por la ley.

El acto judicial de Dios por el cual somos justificados también involucra la


imputación a nuestra cuenta de la justicia positiva de Cristo. Mientras que la santificación es
aquella obra de la libre gracia de Dios por la cual somos completamente restablecidos a la
imagen de Dios y puestos en capacidad de morir más y más al pecado y de vivir píamente.
Es muy importante que entendamos que después de la obra del Espíritu Santo en la
convicción, en el llamamiento eficaz y en la regeneración, está la obra del Espíritu Santo en
la santificación del hijo de Dios. Si es cierto que las personas regeneradas crecerán en la vida
santa por la obra continua del Espíritu Santo y por los medios usados por el Espíritu, lo será
también que mientras vivamos en esta vida terrenal no alcanzaremos la perfección absoluta
(sin pecado).

El bautismo del Espíritu Santo es una frase acuñada en el Nuevo Testamento para la
obra de gracia por la cual los elegidos de Dios son señalados, la presencia manifiesta del
Espíritu Santo es el gozo anticipado y la garantía de la plenitud de nuestra herencia que
recibiremos en la vida futura. Esta obra, en su totalidad, ha de ser aceptada por fe. Para
nosotros en este tiempo, esto es, para todos los que han aceptado a Cristo como su Salvador
personal, es importante entender que la plenitud del Espíritu Santo requiere un constante y
continuo acto de fe.
4. Evaluación

(Exprese su propia opinión acerca de lo que dice el autor. ¿Es claro y preciso? ¿Está bien
documentado? ¿Es demasiado complicado y técnico? ¿Es bíblico? ¿Está de acuerdo? ¿Le
gustó? Defienda su opinión.)

El presente libro que leí está bien documentado y las enseñanzas que presenta se hacen con
base Bíblica.

5. Aplicación Personal

(¿Cómo afecta su propia vida? ¿Le ayuda en algo? ¿Cómo?)

Leer este libro fue de ayuda para tener una comprensión clara de lo que es la doctrina de
Cristología.