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Los chinos consideraban que la estructura del universo era como una fruta que colgaba de lo

que se conoce en occidente como la Estrella Polar y describieron


284 constelaciones distribuidas en 28 "casas", templos o cuadrículas que ocupaban todo el
firmamento. En el 2357 AC habían desarrollado uno de los primeros calendarios solares de los
que se tiene noticia. Del 2137 AC data el primer registro de un eclipse solar. Desde el 1766
AC utilizaban un calendario lunar con un ciclo de 19 años, coincidente con el de Metón de
Atenas del 432 AC En el -1200 constataron la existencia de manchas solares. En el -350 Shi
Shen catalogó 800 estrellas. En el -100 descubrieron la brújula, comparando su
direccionamiento, aún incierto, con las posiciones solares y estelares.

Los Mayas, hicieron cálculos exactos, de los periodos sinódicos


de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Calcularon con exactitud, los períodos de
la Luna , el Sol y de estrellas como las Pléyades, a las que llamaban Tzab-ek (estrella cascabel)
y marcaba los inicios de festividades rituales. El Tzol'kin de 260 días es uno de los calendarios
más enigmáticos en cuanto su origen, algunos postulan que se basa en una aproximación a la
gestación humana.2 y otros autores lo relacionan con ciclos de astros visibles desde la tierra.
También hay una hipótesis formulada por el geógrafo Vincent Malmstrom en la que su origen
estuvo determinado por los ciclos del Sol por el cenit de la región sur del Estado Mexicano de
Chiapas (Izapa) y de la nación de Guatemala a unos 15º norte, en donde los mismos días que
ocurren (29 de abril el primero y 13 de agosto el segundo) tienen un intervalo de 260 días entre
uno y otro.
Babilonicos

Entre el siglo VIII y VII a. C., los caldeos desarrollaron un acercamiento empírico a la
astronomía, elaborando una cosmología que detalla una versión ideal del universo. También
desarrollan la astrología, ligada a la posición de los planetas, se basa sobre un razonamiento
lógico, contribución decisiva a la astronomía y a la Filosofía de la ciencia. Para algunos
pensadores e investigadores esta podría ser la primera revolución científica.2 Las técnicas y
métodos desarrollados por la astronomía babilónica serían retomados en gran medida por la
astronomía clásica y helenística.

Incas

La astronomía fue uno de los estudios de mayor importancia para la civilización Inca, y claro
que lo desarrollaron muy bien. Pudieron definir constelaciones, estrellas, el paso del tiempo,
el cambio de estaciones, etc. La ciudad inca de Machu Picchu está construida por completo
en función al sol; lo mismo ocurre con las antiguas edificaciones de la ciudad del Cusco,
cuyas calles fueron diseñadas para imitar las constelaciones sobre ellas. Esto ya es
asombroso, pero recientemente se acaba de descubrir que los incas tuvieron más
conocimiento del que se creía. La ciudad de Machu Picchu y otras antiguas ciudades incas
como Pisac u Ollantaytambo, están alineadas geodésicamente. Esta característica se
puede encontrar en algunos otros lugares considerados sagrados. Los templos de Angkor
Wat en Camboya, las ciudades mayas, las pirámides de Egipto y muchos otros lugares
considerados sagrados para sus propias civilizaciones, tienen sus propios alineamientos.
Así que hablamos de altos conocimientos en astronomía, “perdidos en algún momento de
la historia”.
Azteca

La astronomía ejercía tal influencia en la cultura azteca que la mayor parte de sus tradiciones
estaban basadas en el comportamiento de las estrellas y planetas.

La representación del cielo (masculino) y Tierra (femenino) estaban determinados por Ometecuhtli
y Omecíhuatl, respectivamente. Las eras en la cosmología azteca están definidas por soles, cuyo
final estaba marcado por cataclismos.

El primer Sol, Nahui-Oceloti (Jaguar) era un mundo poblado por gigantes, que fue destruido por
jaguares. El segundo Sol, Nahui-Ehécati (Viento) fue destruido por un huracán. El tercer Sol,
Nahuiquiahuitl, por una lluvia de fuego. El cuarto Sol, Nahui-Ati (agua) fue destruido por un
diluvio. Y el quinto, Nahui-Ollin (movimiento) está destinado a desaparecer por movimientos de la
Tierra.

Celtas.

Discuten además muchas cosas acerca de los astros y sus movimientos, del tamaño del
mundo y el de las tierras.» En el sexto libro de los Comentarios sobre la guerra de las
Galias, su informe para el senado romano, Cayo Julio César no solo habló de cuestiones
bélicas y del temible arrojo de los guerreros galos; describió también otros aspectos de
la cultura celta tardía, propia de la región que los romanos llamaron Galia. El interés de
Julio César por la astronomía celta obedecía también a motivos profesionales: en aquella
época desempeñaba el cargo de pontifex maximus y, como tal, era el responsable del
calendario romano. Desde un punto de vista moderno, sus observaciones sobre la
actividad astronómica de los druidas celtas ratifican los apuntes de otros autores
romanos y griegos de la Antigüedad.
Grecia
1. Pitágoras de Samos (582 a.C. - 507 a. C.): Atribuía el cielo como números y armonía, que le
sirvió para crear la tabla de multiplicar y su propio teorema.
2. Arquímides de Siracusa (287-212 a.C.): Notable físico, ingeniero, inventor, matemático y
astrónomo, presentaba un pensamiento de contraste con Pitágoras contribuyendo con el
estudio de palancas y demás aportes para la matemática y geometría.
3. Erastóstenes (284 a.C.): mide la circunferencia de la Tierra utilizando la diferencia en la altura
del Sol de mediodía, entre Siena y Alejandría, diferencia que alcanza 7º,5 en el solsticio de
verano.
4. Aristarco de Samos (310-230 a.C.): Aplicó por primera vez la geometría a la astronomía
determinando la distancia del sol a la Luna, y de la Luna a la Tierra y calculó que el diámetro
lunar es 0.36 veces el de la tierra (ahora sabemos que es 0.27).

Tornillo de Arquímides