Вы находитесь на странице: 1из 200

.

1,,1 tN I I lit,l,t( )'l"l'

f,sPAñtrA, ELIRoPA
YT.LMT]NDO DT, I.]LrM
(1500-1800)

Georg Wezeler, Atlr¿s sostiene Ia e.sfera ctrmilar, ca. 1530, a partir cle un cartón
atribuido a Bernard van Orley. Originariamente creado para el rev de Porttrgal,
este tapiz pasó a fornrar parte de- la colección cle los reyes de Esparla, qtrienes,
como soberanos de trn irnperio de ultramal hicieron su-va la irnagen de Atlas
soportando la carsa del rnundo. (Palacio Real, Madricl @ Patrimonio Nacional)

taurus historia
T
f 1

f
(
(
(
(
Título original: Spain, Europe and tht Witler Worltl. 150().1800, publicado por Yale ÍNDICE
University Pre5s
C> 200Qhn Elliott
f
C De esta edición: (.
Santillana Ediciones Gen~rales, S. L., 2010
Torrclaguna, 60. 28043 Madrid (
Teléfono 9174490 60
Telefax 91 744 92 24
(
www.taurus.santillana.es (
(
{
C.Oordinación de la versión española: Marta Balcells yjuan Carlos Bayo
{
Agradecin1ientos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 {
Lista de ilustraciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
(
(
PRIMERA PARTE: EUROPA (
{
I. Una Europa de monarquías compuestas ............ . 29
II. Aprendiendo del enemigo: Inglaterra y Espai1a (
Imagen de cubierra: Georg Weieler, Atlas sostiene la esfera armilar, Palacio Real, Madrid
C Patrimonio Nacional en la edad moderna ............................ . 55 (
ID. La crisis general en retrospectiva: un debate (
in tern1i11able .•................................. 87
IV. Una sociedad no revolucionaria: (
·' Castilla en la '.dé.cada de 1640 .................. .' ~ . ~ 113 (
~uropa después de la Paz de Westfalia .............. . 133 (
ISBN: 978-84-306-0780-8
Dep. Legal: M-53018-2009
Printed in Spain- Impreso en España SEGUNDA PARTE: UN MUNDO DE ULT~~\~ l
l
VI. La apropiación de territorios de ultramar l
por las potencias europeas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153
VII. Engailo y desengaño: España y las Indias. . . . . . . . . . . . . I 79
l
Queda prohibida, salvo excepción
prcvisia en la ley, CUlllquler fonna VIII. Inglaterra y España en América: colonizadores r-~
de reproducción, diltrlbudón,
comunicación pública y uansfonnación
de esta obra sin conw con la autorización
y colonizados. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201 l'
IX. Rey y patria en el mundo hispánico................. 231 (l )
de los titulares de la propiedad intelectual.
La infracción de los derechos. mencionados X. !\fondos parecidos, mundos distintos . . . . . . . . . . . . . . . 255
puede ser conslitutiva de delho contra
XI. ¿Empezando de nuevo? El ocaso ele los imperios l'
la propiedad Intelectual
(;;irtS. 270 y sgts. Código Penal). en las Américas británica y espaüola . . . . . . . . . . . . . . . . 277
"l) )

'~
)
)

~, '
)
)
TERCERA rARTE: EL MUNDO DEL ARTE
)
1
l XII. El Mediterráneo de El Greco: el encuentro
) de civilizaciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 303
l
) XIII. La sociedad cortesana en la Europa el siglo xvu:
Madrid, Bruselas, Londres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 327
)
XIV. Apariencia y realidad en la Espaiia de Velázquez . . . . . . 355
,)
) Índice analítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ~81

J
) Ajonathan Brown
)
)
)
)
)

)
)
)
)
)
)
)
)
)--Z:::

~j
J
) 4:z
)~
~~
~ J
~ \· )
'
' f

EsPAÑA, EUROPA Y l!L MUNDO DE ULTRAMAR P1u::FAC10


',,.'
.: f
a
literaria2• En el presente libro, una excepción los trabajos previamen- sobre la historia de Espaii.a en la primera mitad del siglo XVII (la Espa-
te publicados, unas veces en inglés y otras en castellano, es la primera
de las Conferencias Dacre, un ciclo anual dedicado a su memoria," que
ña del conde-duque de Olivares), tenía el campo prácticamente para
mí solo. Los problemas que implicaba la invesúgación eran de enver-
...
"f
'
pronuncié en Oxford en octubre de 2007•. He decidido mantenerla gadura, pero también lo eran las posibilidades.
en su forma original por estar estrechamente felacionada con algunas
de las principales preocupaciones de Trevor-Roper y haber sido inspi-
rada al menos en parte por su obra (véase capítulo II). Al responder
El medio siglo transcurrido desde entonces ha conocido una u-ans-
formación asombrosa. La transición española a la democracia a me-
diados ele la década de 1970 se vio acompañada por la aparición
(f
\. ,
su propia pregunta, argumentaba que ccensayos [ ... ]de tiempo, pro-
fundidad y tema tan diversos sólo pueden soportar la reimpresión si
lafilosofia del autor les confiere una unidad subyacente». En el pre-
de una nueva hornada ele historiadores que viajaban al extranjero
con una frecuencia impensable para la generación de la Guerra Civil
y se füaron como objetivo ponerse al día respecto a las tendencias do-
'' t
l'~·
sente caso, no sé ha8ta qué punto se puede decir que estos trabajos minantes en la historiografia internacional. La expansión de las uni-
expresan una filosofia subyacente, si es que la hay. La medida en que versidades, posible gracias a una economía renovada y floreciente, hizo
posean unidad.s~ debe a que se derivan de mi .ocupación con algunos que proliferaran las investigaciones. A consecuencia de esta. evolución,
temas que me ha~ atraído durante mucho tiempo y a que reflejan lo la historiografía española compite hoy en igualdad de condiciones i
f
que espero sea una yisión unificada de los modos en que esos temas se con la ele otros países y sus representantes comparten las actitudes, las '- f
relacionan entre síy con el proceso histórico como un todo. Aparte perspectivas y el lenguaje de una comunidad histórica internacional f
de _ell.o, todos lo~·ensay~s procuran presentar mis reflexiones y los re- donde se han integrado por completo.
sultados de mis investigaciones en forma que sea accesible a lectores
que quizá no. comp~ mis intereses especializados.
Aunque los estudios reunidos en este volumen van mucho más allá
La transformación ele la historiografia española ha implicado na-
turalmente la transfom1ación del papel que los estudiosos extranjeros
pueden esperar tener al escribir una historia que no es la propia.
''
de España, su historia, sobre todo durante la edad moderna, ha segui-
do ·siendo el foco de mis intereses. Como expliqué en España, y su
Muchos de éstos, conocidos en Espa11a como hispanistas en general,
han hecho en el transcurso de los ail.os contribuciones impresionan- \. '
mundo (1.500-1700), mi afición por el lugar y su civilizació1i nació como
fruto de un viaje de seis semanas en las vacaciones de verano de 1950,
durante el cual un grupo de estudiantes de licenciatura de Cambrid-
tes a la comprensión y el conocimiento de la lite1-atura, la historia y el
arte hispánicos, y sin duda seguirán haciéndolo en los mi.os venideros~
Sin embargo, el número de investigaciones emprendidas en la actua-
\ ' 4
ge recorrimos la península Ibérica'. Bajo las secuelas de la Guerra lidad por los estudiosos espa1i.oles y su voluntad de volver la espalda
Civil, a pesar de los esfuerzos de un puñado de excelentes historiado-
res que trabajaban aislados en condiciones muy difíciles, la historio-
a la preocupación tradicional de sus predecesores por lo que perci-
bían como cela diferencia» o ccel problema» de España han hecho que \.
' 4
grafia española estaba atrasada según criterios internacionales y los la era de los hispanistas haya tocado en verdad a su fin. Ya no hay ne- \. ~
ricos archi_vos ~el país se hall~ban relativamente sin t::xplotar. Fernand cesidad ele acudir a investigadores extranjeros para llenar lagunas de
Braudel, en su hito La lvléditerranée et le monde méditerranéen al'é/1oque
de Philifrpe JI [El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Fe-
lipe 11), p~blicado por primera vez en 1949, había revelado algo de los
conocimiento, ni de proponer interpretaciones generadas por los
últimos desarrollos en el ámbito internacional. Los esmdiosos espa-
ñoles son perfectamente capaces de hacerlo por sí mismos.
' ~

'"·'~
tesoros que esperaban a ser desenterrados, pero por aquel entonces ..... Ha siclo un placer y un privilegio presenciar, y vivir para contar, ese
había pocos investigadores sobre el terreno. Así pues, cuando a prin- .·.~.; proceso_ de transformación, un proceso que ha dejado su huella en la
cipios de la década de 1950 emprendí en los archivos mis pesquisas ·ri:
:;1·lf
.iíf '·
selección y tratamiento de los temas estudiados en este libro. Sin em-
bargo, sigo estando agradecido a la experiencia formativa de esos ' 4'
.)'3 h''
años tempranos en que vastas extensiones del pasado espa1iol aún (~
2 H. R 'Il-evor-Roper, HistoricalEssays, Londres, 1957, p. v. estaban relativamente por explorar. En aquel entonces, el ~·eto con- ( j
• Véase n~ta de los traductores al principio del cap. 2 de este libro. sistía en abrirse paso a través de las barreras de interpretaciones tra-
S J. H. Elhou, Spain and its World, p. ix [España y su mundo ( 1500-1700), p. 11]. t ~

'
(
'l
' ) .-J

,,
.), F.'il'AÑA, E11Ro1•A ,. t:1. Ml'Nno uE u1:rR.utAJl

dicionales y conseguir otras nuevas que alcanzaran eco tanto en la


PREFACIO

lipe 11 }'los Austrias que.le sucedieron fue la mayor monarquía com-


J, España cerrada de Franco como en un mundo exterior que tenía un puesta de Occidente, constituida por un complejo de reinos y provin-

,.,
J, conjunto distinto de intereses históricos, además de una visión a me-·
nudo distorsionada de España y su historia.
Esa distorsión provenía de un sentido largamente arraigado del
cias en la península Ibérica y el resto de Europa, además de los ·
dominios americanos, «el Imperio de las Indias» (capítulo IX). F...spa-
ti.a también formaba parte de una comunidad atlántica en desarrollo
)) excepcionalismo español. Aunque parte de él estaba inspirado en el que inicialmente ella misma había creado en gran parte, al tomada
romanticismo decimonónico, en gran medida era de cosecha propia, iniciativa en capturar, subyugar y colonizar extensas regiones de te-
J}
,,
:t"'
fmto en particular de ia desesperación del país ante lo que se percibía
como la constante incapacidad de España para llevar a cabo la transi-
ción a la modernidad lograda largo tiempo atrás por los demás estados
nacionales. Con una hábil inversión, el régimen del general Franco
rritorio al otro lado del océano (capítulo VI). El mundo europeo en
que España tenía un papel protagonista y el de ultramar que trataba ·
de incorporar a su esfera de influencia son dos de los explorados
desde distintas perspectivas en estos ensayos. España, Europa y las
)' reinterpretó el fracaso como si fuera un éxito. Sólo Espa11a había lo- Américas eran comunidades entrelazadas y sus historias no deberían ·
~ grado resistir la tentación de sucumbir a los cantos de sirena del libe- mantene1 se separadas.
ralismo y el ateísmo para mantenerse fiel a los valores eternos que La büsqueda de conexiones es parte esencial de la empresa histo-
)
tradicionalmente se había esforzado en defender. El régimen, pues, riográfica y también un modo de contrarrestar el e?'cepcionalismo
:. se enorgullecía de proclamar que ccEspa11a es diferente». De hecho,
todos los países se ven a sí mismos como excepcionales de algú11 modo,
que emponzrnia la escritura sobre historia nacional. Una red de rela-
ciones (diplomáticas, religiosas, comerciales y personales) enlazaba
t'
·• ',
pero el excepcionalismo español, utilizado como recurso para explicar territorió:; y gentes en la Europa de la edad moderna, trascendiendo
la desviación de Espaila, para bien o para mal, respecto al camino to- fronteras y salvando límites políticos e ideológicos. Tambien se exten-
) mado por otras sociedades occidentales, estaba firmemente au·inche- día a través del Atlántico a medida que las comunidades colonizadoras
rado en la época en que comencé por primera vez a investigar en los se establecían y maduraban en la~ Américas e intentaban definir su
) archivos peninsulares. Los resultados de esas indagaciones,jun to a mis lugar en el m1mdo (capítulo X). La cultura de la imprenta, ~n rápido
) amplias lecturas sobre historia británica y europea para mi docencia desarrollo, hizo a los europeos más conscientes los unos de los otros
) universitaria, me convencieron de que en reaJidad la España del si- y también de los países más allá de los confines de la cristiandad. Los
glo xvn guardaba muchas afinidades con otros estados del continente. príncipes y estadistas seguían cada vez más de cerca las actividades de
) Al examinar aspectos de su pasado, ya fuera en libros o en artículos, sus rivales y con temporáneos y no dudaban en copiarse mutuamente
J he tratado constantemente de situarlos, donde resultaba adecuado, métodos y pr;icticas cuando convenía a sus propios fines. En el mun-
dentro del contexto más amplio del mundo occidental. do altamente competitivo del sistema de estados europeo en desarro-
) Este emperi.o me ha hecho reflexionar sobre la naturaleza ele la llo, la imi1 ación resultaba natural, sobre todo entre aquellos que se
) historia nacional y la mejor manera de abordarla. A pesar de los es- sentían en situación de relativa desventaja. Así pues, aprender del
) fuerzos de muchos historiadores por tratarlas como tales, ninguna enemigo, como indica mi tratamiento de las relaciones anglo-espa-
nación es una isla•. La España de la edad moderna formaba parte de 1i.olas (capítulo II), se convirtió en un rasgo de la vida internacional.
:t. una comunidad europea que era un mosaico de entidades políticas La predisposición a imitar a los vecinos y rivales cobró aún mayor


}
que iban desde ciudades-estado y repúblicas hasta monarquías com-
puestas supranacionales, tema de uno de los ensayos de este libro
(capítulo 1). De hecho, la monarquía hispánica gobcrnadci por Fe-
vigor por el hecho de que la imprenta hizo posible que nuevas doc-
trinas e ideas, como la filosofia 1;eoestoica de justo Lipsio o las teorías
de Giovanni Botero sobre la naturaleza del poder y la conservación
) de los estados, encontraran público por toda Europa y moldearan las
) actitudes de toda una generación, independientemente de su afilia-
• Alusión a las palabras No man is cm i.tlmid, •Ninglin hombre es una isla .. , ele la ción nacional o religiosa. Las clases diligentes del continente, inspi-
l. Meditaciñn X\'11 del poeta y predicador inglésjohn Don ne ( l 5 72-1631), casi proverbia-
les en el mundo anglófono.
radac; por un mismo le~do clásico y cristiano y sujetas.a un conjunto
)
) 20 21
)
\ )
«
.. t
' f
"(
• EsPAÑA. EUROl'A Y EL MUNIJO DE ULTRAt.lA.R PkEFACIO
(
común de influencias, operaban dentro de un contexto intelectual
que compartían. En consecuencia, sus actitudes y reaccione~, así como
través del tiempo y el espacio y las limitadas a sociedades con un mar-
co geográfico y cronológico más o menos similar vie.ne dictada por el
'(
\
(
las políticas que adoptaban, tendían a seguir líneas en general simi- tipo de cuestiones planteadas. ·Los investigadores de las ciencias so-
lares. Aunqu~ la ~uropa posterior a la Paz de Westfalia, surgida ele los ciales pueden tender a favorecer las primeras y los historiadores las (
'-·

trastornos de mediados del siglo XVII, continu~ba siendo un continen- últimas, pero ambas elecciones poseen validez dentro de sus propios ( (
te dividido en muchos aspectos, también tenía muchos rasgos comu- términos de referencia.
nes (capítulo V). No sólo las élites, sin embargo, estaban expuestas al En cualquier caso, sea cual fuere la decisión, sobre toda tentativa ' (
impacto de información e ideas nuevas. ¿Hasta qué punto fueron esos de comparación se cierne el peligro de que la búsqueda de similintdes ,_ (
trastornos de mediada la centuria, hoy denominados en conjunto «la lleve a subestimar las discrepancias. En todo trabajo contrastivo, la
(
crisis general del siglo XVII» (capítulos III y IV), el resultado ele un identificación de diferencias es al menos tan imporcante como el
virus revolucionario que se propagaba por todo el continente y crea- descubrimiento de semejanzas. La constatación de que en muchos (
ba focos de infección a los que ningún grupo social era inmune? aspectos Espai1a no era tan diferente de otros estados europeos como ~ (
Si trazar conexiones puede contribuir a ac~bar con el excepciona- se suponía tradicionalmente ha contribuido a devolverla a la corrien-
lismo al que ian propensa a sucumbir es la escritura de historia nacio- te principal de la historia e historiografía occidentales, con claros ~(
nal, realizar comparaciones puede desempeñar una función pareci- beneficios para nuestra comprensión del pasado no sólo del país sino ~ (
da". En fecha tan lejana como 1928, Marc Bloch hizo un elocuente también del continente. Con todo, dejar borrosas las diferencias pue- '- (
llamamiento a favor de una historia comparada de las sociedades de llevar a tanta distorsión como exagerarlas con un énfasis excesivo
e,µropeas&. Desde e.nto.nces, los historiadores se han mostrado más en el carácter excepcional de la experiencia nacional. En aproxima- '(
irÍclinados a alabar las virtudes de la historia comparada que a culti- ciones recientes a la historia de España, se corre el riesgo de que el - (
varla. Su vacilación, aunque lamentable, no deja de ser comprensible. péndulo oscile demasiado lejos hacia el otro extremo. Después de 1..,
La escritura de historia co~parada presenta numerosos problemas, todo, Ja Espaüa del siglo XVI fue tínica entre los estados de la Europa {
·.,,.
tanto técnicos como conceptuales6 • Hay que dominar una bibliografia occidental en tener dentro de sus fronteras una numerosa minoría (
inmensa y en rápidQ crecimiento, no sólo de una sociedad o estado, étnica en su mayor parte sin asimilar, la cual, a pesar de su conversión
j
sino de dos o más. El material publicado es inevitablemente desigual nominal al cristianismo, continuaba aferrada a su fe y costumbres is- ~ (
1
en calidad y profundidad, lo que complica la tarea de realizar compa- lámicas tradicionales. También era única en la posesión de un ilnpe.;. (
raciones .que se hallen libres de prejuicios y distorsiones. Ta.mpoco lio de ultramar poblado por millones de habitantes indígenas con sus
(
resulta siempre daro qué unidades es mejor seleccionar para fines propios sist~mas de creencias y formas de organización social; un -~
comparativos, si bien es de suponer que la alternativa entre las com- imperio, además, donde se descubrieron el oro y la plata tan codicia- ~ (_
paraciones en términos generales que se extienden ampliamente a dos por los europeos en cantidades q.ue excedían sus sueños más
( (_
desmedidos, pero que demasiado a menudo se convirtió en escoria a

Véase mi National and Compamtive History: An Inaugural ú.ctun! Delivmd before tlie
ojo de los mismos espa11oles (capítulo VII). Estas diferencias por sí
solas tuvieron profundas consecuencias para el gobierno y la sociedad
" (.
4 (. {
University of Oxford on 1OMay 1991, Oxford, Clarendon Press, 1991. La cantidad de de España y contribuyeron decisivamente a que el país se adentrara
alusiones circunstanciales de esta lección inaugural la hace poco adecuada para su
reproducción en este volumen, pero he retomado algunos de sus argumentos al es-
en la edad moderna por una senda distinta al camino seguido por los e '-
estados vecinos.
cribir este prefacio. .
5 Marc Bloch •Pour une histoire comparée des sociétés européennes .. , RntUe de La identificación de diferencias no es suficiente por sí misma. Una ' l--
synthese historique.' 46 (1928). pp. 15-30 [•A favor de una histoaia comparada de las vez establec;idas, tanto las semejanzas como las disimilitudes han de
socied~des europeas .. , en Marc Bloch, Historia e historiadores, trad. Francisco Javier ' l
González García, Madrid Akal 1999]. Por un desafornmado lapsus, la fecha aparece ser explicadas. L'l perspectiva comparada, al llevar de la identificación t l
incorrectamente como 1Q25 e~ el texto publicado de mi lección inaugural. a la búsqueda de interpretaciones, es un valioso instrumento para
6 Véase George M~Frederickson, .. comparative History», en Michael I<ammen t~
·poner a prueba las hipótesis al uso, formular otras nuevas y derribar
(ed.), ThtPast Bejore Us, lthaca (Nueva York), 1980, cap. 19.

' '" l
~
,,
\)
,) .,·' ESPAÑA, Eul!Ol'A \' 1::1. MUNlln ui:: u1:ntAMA1t PRUAC"JO

·)"'~-l
• suposiciones tradicionales que pueden estar hondamente arrnigadas ta que me trasladé al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton

.,"
en la idea que una sociedad tiene de sí misma 7• Se trata de un enfoque en 1973. La pltjanza de la historia del arte e~ Princeton fue un acica-.
) J
que aparece en muchos de los ensayos de este libro. Inspiró mi tenta- te y me hizo c:úmprcnd~r la importancia de ace.rcaríne'al pasado a
')
tiva de estudiar en paralelo las carreras de los dos estadistas que diri- través de .ms imágenes así como, más convencionalmente, a través de

} )
} ' gieron las fortunas de Francia y España en las décadas de 1620y1630,
el cardenal Richclieu y el conde-duque de Olivares rcspectivamenteR,
la palabra esci'ita.
Tuve la fortuna de vivir en el vecindario del mayor· experto en Veláz-
·,) ., y en tiempos más recientes me llevó a emprender una comparnción
sistemática a gran escala ele Jos imperios español y británico en Amé-
quez de Estados Unidos,Jonathan Brown. Después de muchas gratas
conversaciones sobre distintos aspectos del arte y la histona del arte
.) ... rica, para el cual sinrió de prueba el artículo incluido en este volumen en ]a España del siglo XVII, ambos decidimos emprender un proyecto
sobre colonizadores y colonizados (capítulo VIIl) 9 • Me gustaría pen- en colaboraci<ln que nos permitiría aunar nuestras respectivas com-
J "\ sar que este trabajo estableció una relación más estrecha entre un petencias. Escogimos como tema el Buen Retiro, el palacio de recreo
t cuarteto de mundos (el europeo y el americano, el espaiiol y el britá- construido por el conde-duque de Olivares para el rey Felipe IV en
} nico) demasiado a menudo compartimentados, sin minimizar al mis- las afueras de Madrid en la década de 1630. El libro resultante, Un pa-.
mo tiempo las numerosas diferencias entre ellos. En el capítulo XI, lacio /Jara el Yf!)'.' el Buen Reti~o y la corte de Feli/Je IV'º, fue una. tentativa
) sobre el eclipse del imperio en las Américas espailola y británica, in- de producir una <<historia total», que abarcara tanto el palacio en sí

'
tento identificar algunas de estas divergencias y buscar explicaciones como el contexto, en su.sentido más amplio, en que fue edificado y
para eIJas. usado. Comprendía el estudio no sólo de la economía y la política de
')
· Si estos ensayos exploran aspectos de estos cuatro mundos, a la vez la construcción palaciega, sino también del mecenazgo y la cultura
• > parecidos y diferentes, también abordan otro que me ha interesado de la corte, así como de las relaciones de los artistas y hombres de
) ~. durante mucho tiempo: eJ del arte. Mi primera visita al Museo del letras con la corona, las clases dirigentes y la sociedad de la que for-
Prado en el verano de 1950 fue una revelación, sobre todo porque maban parte.
) abrió mis ojos a Ja grandeza de Vclázquez. Ya en una fase temprana Desde la publicación de ese libro, la historia del arte ha ampliado
) de mis investigaciones me di cuenta de que el arte y la cultura eran enormemente su territorio y la contextualización de las vidas y las
parte integral de la historia que quería contar, pues el periodo que ha obras de los artistas se ha hecho habitual. En consecuencia, se me ha
)
sido considerado tradicionalmente como el de la decadencia de Es- pedido que cont1ibuya a los catálogos de cierto número de importan-
) '" paña es también conocido como la edad de oro de sus artes creativas. tes exposiciones internacionales. En todas las ocasiones se me solici-
) ''\
'
No era fácil, sin embargo, ver cómo se podía alcanzar Ja integración taba una explicación accesible del entorno cultural, político y social
de est:'ls dos caras tan diferentes del siglo XVII hispánico. La naturale- en que el artisr.a vivía y trabajaba, una explicación que enriqueci~ra
') za exacta de la relación entre los logros culturales de una sociedad y

,, ' ·. ~
la compre·1sión y la apreciación por parte del público de las obras
) su ventura (o desventura) política y económica siempre ha sido escu- ~~ exhibidas. Tres de esas contribuciones a catálogos se reimprim~n en
'• rridiza y el problema no había ocupado seriamente mi atención has- t;
este volumen: dos para sendas exposiciones celebradas en la National
·.:.1
Gallery ele Londres (capítulos XII y XIV) y la otra para una en el Mu-
) ) ..::.· ·~

7 ... ·.. seo del Prado (capítulo XIII). Aunque ninguna tiene pretensiones
\ Sobre el método comparado como instnnnento para poner a prueba hipótesis,
) véase William H. Scwcll,Jr., .. ~(are Bloch and the Logic of Comparativc Hisro1-y ... flis· de origina!idad, todas ellas tratttn de reunir e integrar información
tory and 17ieory, 6 ( l 967), pp. 208-218. que se halla a menudo inconexa.
_} 8 J. H. Elliott, Rir.l1f'litm ,,nrl Olfoarcs, Cambridge, Cambridge Univcrsit}' Prcss,

.;r
1984, rcimpr. 1991 [ Rid,,/if'1t y Olivares, tr.icl. Rafael Sánchez Mantero, Barcelona,
) Crítica, 1984, reimpr. 2002). ·' .:~ .•·
9 J. H. Elliott, E111/1ires oftlie Atlmitir. World: Britai11 nud Spain in Amcrira, 1492·1830, 10
} jonathan Brown yJohn ·H. Elliolt, A Pal.tic,. Jora Kiug: The Bum Rttiro and the
New Haven (Connccticut) }'Londres, Yalc Univcrsity Press, 2006 [Imperios rkl mundo ·:~} Cortrt of Pliili1-· N, New Haven (Connecticut) )'Londres, Yale University Press, 1980;
·) atlántico: Espmia y Gmn Bl'f'lmia. en A mérim ( 1492-1830), trad. lldarta Balee lb, Madrid, ';~4,
. .'
~,.
cdn. rev. yam >liada 2003 [ Uu /mlaéiopari.ulrey. El Bur.nRr.timy la cortú!eFeüpeIV, trad.
Taurus, 2006). Vicenle Lleó ~,María Luisa Balseiro, Madrid, Taurus, 2003). '.
) ·1··~:'~~.
~:·.
(} '.~~:··.
24 25
'-ir"~:·~ •,
j
)
)
f
·. (
f
~(
Esl'AÑA, EUROl'A Y El. !>IUNOC> DE ULTRMWt
(
Si hay un motivo conductor en los ensayos de este yolumen, espe- (
ro que se eºncuentre en mi aspiración a relacionar y comparar. En lo:;
últimos años, la proliferación de investigaciones combinada con un '(
PRIMERA PARTE
grado excesivo de especialización ha conducido a menudo a una re- '(
ducción en los enfoques y a un nivel de concentración en las minucias
(
que hacen dificil apreciar las relaciones con el panorama más amplio.
Aún más recientemente, y al menos en parte como reacción, se nos (
han ofrecido estudios macrohistóricos que recorre1 t de forma emo-
cionante, aunque vertiginosa, continentes y pueblos a costa de algo
f
de esa nitidez que sólo se puede obtener con reconocimientos más (
cercanos al suel.o~ Espero haber c;onseguido en estos ensayos cieno (
equilibrio entre ambas aproximaciones al abordar problemas que:
creo de importancia e interés general y al mism~ tiempo anclarlos e~1 (
EUROPA
contextos históricos específicos conformados por el Liempo y el espa- ~ (
cio. El distfoguidó históriador francés Emmanuel Lé Roy Ladurie \..
qasificó una vezJos historiadores en paracaidistas y cazadores de uu- {
\.: {
fas~ 1. Me gustaría pensar en este volumen como en la obra de un pa-
ra~aidista con uriás cuan.tas trufas en su mochila. \.
¡ (

._ (
(
( {
'- (
(
(
..
' {
\. (
{
~ l
( (
( (_
( l-·
, 11 Cuando le pedí a Ladurie Ja referencia hace algunos años, no pudo recorclai'-
( l
la, pero me afirmó que podía citarle con segu1idad (e.arta al autor~ -l de mayo d: 1999) ..
Se trata del contraste entre Jos paracaidistas que realizan una banda en vastas areas de
territorio, como los sold~dos franceses en Argelia en torno a 1960, y los buscadores
' t
de trufas que sacan a la luz tesoros enterrados.
'l
( (
l
f
~

,,."
,,,,
)

CAPÍTULO 1

~" VNA EUROPA DE MONARQUÍAS COMPUESTAS


))
}~
)."
:t "'
J) "
) .,
)
E1 concepto de Europa implica unidad. La realidad de Europa, es-
pecialmente tal como se ha desarrollado en los últimos quinientos
i

~ años más o menos, revela un grado acusado de desu_nión, derivado


,._)

.
,
)'
)
'
·~
del establecimiento de lo que ha llegado a considerarse el rasgo ca-
racterístico dt· la organización política europea en contraste con la
de otras civilizaciones: un sistema competitivo de estados-nación te-
rritoriales y soberanos. «Hacia 1300 -escribió Joseph Strayer en un
libro pequeño pero muy perspicaz- resultaba evidente que laformá
política dominante en la Europa occidental iba a ser el estado sobe-
.. ·>
rano: el Imperio universal nunca había sido más que un sueño; la
Iglesia universal se veía forzada a admitir que la defensa del estado
)
individual tenía prioridad sobre las libertades eclesiásticas y las rei;.
) vindicaciones de la cristi'andad. La lealtad al estado era más fuerte
) que cualquier otra y estaba adoptando para algunas personas (en su
mayoría funcionarios gubernamentales) ciertas connotaciones de
) patriotismo» 1 •
t Aquí tenemos en fase embrionaria los temas que componen el
programa de Ja mayor parte de la escritura de la historia· en los si-
t glos XIX y xx sobre el dev¡enir político de la Europa moderna y con-
} temporánea: el derrumbamiento de cualquier perspectiva de unidad

'·:.
europea basada en el dominio de un ((Impetio universal» o una «Igle-
sia universal», seguido por el fr¡icaso predeterminado de todos los
intentos ulteriores de alcanzar tal unidad por medio de uno u otro de
J estos dos elementos, y el largo, lento y a menudo tortuoso proceso por
j)
) 1 Joseph S1rar1~r. Ori the MP-die11al Origins o/t/11: Modem Stat'-, Princeton (Nueva jer-
sey), Princctoo Univcrsity Prcss, 1970 [Sohrt1 los orígn1e.f medieunles del Estado moderno,
j
::t·:' trad. Horado \'á;:que7. Rial, Barcelona, Ariel, 1981]. p. 57.
J '¡

'\'"'
••:.•t.
·'

.:.:· .'.;'-
) 2f)

}
~
t
t
._ t
... f
EsPAÑA, EUROPA\' EL MUNDO l>E ULTRAMAR llNA EUROl'1\ IJt: MONARl.,!UÍAS CUMPUl::!>'l;\S
.. (
el cual algunos estados soberanos independientes lograron definir. desde un sector inesperado poco después de la Segunda Guerra Muri- ~ f
sus fronteras territotiales (1~ente a sus Vf!cinos e imponer una autoridad dial, cuando Fernand Braudel argumentó en 1949 que, con la reacti- lo. (
centralizada sob~e sus poblaciones súbditas, mientras que al mis1no \'adón económica de los siglos xv y XVI, la coyuntura pasó a ser «con-
tiempo proporcion~ban un foco de l.ealtad a través del establecimien- sistentemente favorable a los estados grandes o muy grandes, a los ·,. (
to de un consenso nacional que trascendía las lhltades locales. ''supercstac.lus" que hoy se vuelven a considerar como la pauta parad ,_ (
Como resultadp de este proceso, una Europa que en 1500 estaba futuro, del mismo modo que parecieron serlo brevemente a princi-
compuesta de ccunas quinientas unidades políticas más o menos it1Cle- pios del siglo XVIII, cuando Rusia se expandía bajo Pedro el Grande y (
pendientes» se había transformado hacia 1900 en una Europa de
~<aproximadamente veinticinco» 2 , entre las cuales se consideraban las
se proyectaba una unión dinástica como mínimo entre la Francia de
Luis XIV y la Espm1a de Felipe V»".
.:~. f
más fuertes aquellas que habían conseguido el mayor grado de in te-
'-- (
La idea de Braudel de que la historia es favorable o desfavorable
.gración como esta.dos~nacipnes con todas las de la ley. Todavía sobre- alternativamente a extensas formaciones políticas no parece haber ·~ (
vivían anomalías. (~o}?re todo la monarquía austro-húngara), pero su
condición de tal~s. quedó ampliamente confirmada por los aconteci-
estimulado muchas investigaciones entre los historiadores económi-
cos y políticos, acaso por la dificultad inherente de cakular el tamailo ""~ (
mientos del catacli~mo que fue la Primera Guerra Mundial. El subsi- óptimo ele una unidad territorial en un momento histórico dado. ,-· (
guiente triunfq. dei «principio de nacionalidad» en el Tratado de Ver- Tampoco las implicaciones de la recuperación de la idea imperial por ·'"" {
s~lles.de 19195 p~eció ratificar el estado-nación como la culminación parte de Carlos V, sobre cuya importancia insistió Frances Yates, pa-
lógica, y de hecho .nec~s~a, de mil años de historia europea. recen haber sido aceptadas del todo por los historiadores del pensa- ~ {
. ·tpocas diferen.tes. conllevan perspectivas diferentes. Lo que pare- miento político5 • Las ideas sobre el estado territorial soberano siguen ·- (
cía lógico, neces.ario y hasta deseable a finales del siglo XIX parece siendo el principal foco de atención en las visiones de conjunto sobre ~ (
menos lógico y necesario, y un tanto menos deseable, desde nuestra la teoría política de la edad moderna, a expensas de otras u·adiciones '-,. {
p~vilegiadaatalayadé principios del XXI. El desarrollo, por una parte, que se ocupaban de formas alternativas de organización política des-
de organizaciones económicas y políticas multinacionales y, por otra, \.
pués consideradas anacrónicas en una Europa que había vuelto las
el resurgimiento tanto de nacionalidades «Suprimidas» COlUO de iden- ( (
espaldas a la monarquía universa}ri y había subsumido sus particula-
.tidades locales y regionales medio sumergidas han ejercido presiones rismos locales en estados-nación unitarios. ( {
simultáneas sobre el estado-nación desde arriba y desde abajo. Estos Entre estas formas alternativas de organización política, una que ((
dos procesos, sin duda relacionados de formas que habrán de diJuci-
qar futuras generaciones de historiadores, han de acabar por poner
en tela de juicio las interpretaciones al uso de la historia europea,
ha suscitado especial interés en los últimos a11os ha sido el «estado
compuesto» 7• Este interés debe ciertamente algo a la preocupación '{
( (
concebida ~esde ,el punto de vista de un avance inexorable hacia un .
sistema de estados-nación soberanos. " Fernand Brauclel, la Médite1ra11ée et le monde méditcrranim al'époque de Pliilippe ll, ((
2 vols. París, A. Colin, 1949 [El iHediterráneo y el mundo mediterráneo m la época de Felipe

'"
Este proceso de reinterpr~tación histórica implica claramente una IJ, u-ad. Mario Monteforte Toledo y Wenceslao Roces, 2 vals., México, Fondo ele Cul-
nueva evaluación de intentos más tempranos de organizar entidades . tura Económica, 1980], p. 508. .
( (
5
políticas supranacionales. A decir verdad, uno de tales intentos, el Frances Yates, «Charles V and the Idea of Empire .. , en su Astraea: Tlle I111peti<1l
Tlleme iti tlie Si:-:temtli Ctmtury, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1975, p. 1.
imperio de Carlos V en el siglo XVI, obtuvo una aprobación a medias 6
Para un estudio ctcl tema de la monarquía universal, véase Fr.111z Bosbad1, Mr,. '{
11m"C:liia Universa/is. Ein politisclier Leitbeg,.iffderJrül11m New.eit, Cotinga, Vandenhoeck & ~~
Ruprecht, 1988.
·2 Charles Tilly, -Reflections on the History of European State-Making.. en Charles
7
•Estado compuesto" (composite state) fue el término usado por H. G. Koenigs- •l
Tilly (ed.), TheFonnation o/NationalStates in WesternEurope, Princeton (Nuevajersey)',

.,·~
berger en 1975 en su lección de inauguración de la cátedr-.i de historia en el King's
Princeton University Press, 1975, p. 15. · · · · · College de Londres: H. G. Koenigsberger, .. nominium regale or Dominium politicum et
5 Eric Hobsbawm, Nations and Nationalism since 1780, Cambridge, Cambridge regale», en su Politicians and Vfrtuosi: Essays on Early Modem History, Londres, Hamble-
University Press, 1990, p ..J.31 [Naciones y nacionalismo desde 1780, trad.Jordi Beltran,
Barcelona, Critica, 1992, p. 142].
don Press, 1986. Conrad Russell, al aplicar el concepto a la historia británica, prefiere
hablar de u reinos mlíltiples .. (mu/tiple kingdoms): véase, por ejemplo, Conr.td Russell,
•t l
(
~
\l, UNA EuRqr,\ OF. MONARQUIAs COMl'llf.sTA.<;

·, ~. F-<;l'AÑA, f.llROrA V F.I. MllNllO DE ULTRAMAM

era todavía esencialmente ~01npuesto se limitaba a agregar un com-


'.,) ~ actual eur<;>pea por la unión federal y confederal, a medida que na-
ponente más a aquellos que ya estaban puestos en su lugar.
J> , cionalidades enterradas vuelven a aflorar a la superficie para reclamar Si la Europa del siglo xvt era una Europa de estados compúestos,
su lugar al sol8 , pero también refleja ~n reconocimiento histórico.cada
en coexistencia con una mfríada de unidades territori~es yjurisdic-
'},
,) vez mayor de la verdad en que se basa la afirmación de Koenigsberger
de que cela mayoría de los estados del periodo moderno fueron esta-
dos compuestos, los cuales focluían más de un país bajo el dominio
cionales más pequefias que guardaban celosamente su estatus inde-
pendiente, resulta necesario evaluar su historia desde este punto de
vista más que desde la perspectiva de la agmpación de estados-nación
)7 de un solo soberano». Koenigsberger clasifica estos estados en dos
unitarios que llegaría a ser más tarde. Es bastante fácil suponer que
1)) categorías: en primer lugar, los estados compuestos separados entre
el estado compuesto de la edad moderna no fue más que una parada
sí por otros estados o por el mar, como la monarquía de los Habsbur-
:t :. go espa11oles, la monarquía de los Hohenzollern de Brandeburgo-
intermedia y obligada en elcmnino que llevaba a la estatalidad unita-
) ~) ria, pero no debería darse por sentado que a caballo entre los siglos XV
Prusia o la corona inglesa con su dominio sobre Irlanda; en segundo
y XVI éste era/ª el destino final del trayecto.
)> lugar, los estados compuestos contiguos, como Inglaterra y Gales,
La creación en la Europa occidental medieval de alguna8 unidades
Piamonte y Saboya o Polonia y Lituania9 •
~ En el periodo de la edad moderna sobre el que escribe Koenigs-
políticas amplias (Francia, Inglaterra, Castilla) que lograron construir
y mantener un aparato administrativo relativamente fuerte y que se
) berger, algunos estados compuestos, como Borgoña y la Unión de apoyaban en cierto sentido de la unidad colectiva, a la vez que lo fomen-

,
) Kalmar escandinava, ya se habían disuelto o estaban a punto de ha-
cerlo, mientras que otros, como el Sacro Imperio Romano, luchaban
por su supervivencia. Por otro lado, fueron los sucesores imperiales
taban, apuntaba ciertamente en una dirección unitaria con firmeza.
No obstante, la ambición dinástica, deiivada de un sentido de la familia
y el patrimonio hondamente arraigado en Europa, estaba por encima
••) de Carlos V, provenientes de la rama austriaca de Jos Habsburgo,
quienes iban a formar con sus propios reinos heredados y tierras pa-
de las tendencias unitarias y amenazaba constantemente~ por su conti-
nua búsqueda de nuevas adquisiciones territoriales, con disolver la
trimoniales un estado cuyo carácter compuesto perduraría hasta su
cohesi6u inte~·na que se estaba alcanza.ndo con tanto trabajó~
) final. Aunque algunos estados modernos eran claramente más com-
Para unos monarcas preocupados por el engrandecimiento, fa
puestos que otros, el mosaico de pays d 'élections y f1ays d 'étals en la
) creación de estarlos compuestos parecía ún camino fácil y natural
Francia de los Valois y de los Barbones es recordatorio de un proceso
) hacia adelante. Nuevas adquisiciones territoriales significaban un
histórico que se volvería a repetir cuando Luis XIII unió formalmen-
;¡, prestigio real;:adn y en potencia nuevas y valiosas fuentes de riquéza.
te el principado de Béarn a Francia en 1620 1º. Un estado cuyo carácter
)
)
'.:\,"
.~ :;,,. '
Todavía se preciaban más si poseían las ventajas adicionales de la
contigüidad y lo que se conocía como ccconformidad».jacobo VI (de

.. TM. Comes o/ the E11glitli Civil mir, Oxford, Oxford University Pre.u, 1990, p. 27. Más re-
cicntemente John Morrill, con el argumento rle que .. 1a noción de monarquía com-
Escocia) y 1 (de Inglaterra e Irlanda) usáría el argumento de la con-
tigüidad para fortalecer su razonamiento a favor de la union de las
) puesta tiene una connotación clcmasiado estable e institucional .. , se ha decantado por coronas de Inglaterra y Escocia 11 • También se consideraba más fácil
la poco elegante •aglomeración dinástica• ( dyna.tlic agglomerale), para comunicar mejor mantener la nueva unión donde había marcadas similitudes di lingua,
) la sensación de .. cuán inestable era el compuesto en evolución». Véasejohn Morrill,
... Uneasy lies the Hcad that Wears the Crown". Dyna.o;tic crises in Tndor and Stewart. di costumi e di ordini, cede lengua, de costumbres y de instituciones»,
} Britain 1504-1746•, The Stenton Lecture, University of Reading, 2005, pp. 10-11. como Maquiavelo observaba e~ El principe1 2• Francesco Guicdardíni
8 Véase, por ejemplo, la referencia a desarrollos europeos contemporáneos en el abundaba.en la misma opinión al referirse a la conformitaque hacía
j prefacio a Mark Greengrasi; (cd.), C.cmqut.St and Coalesr.r.nce: Tlu~Slio/1ingoftlleState in
) Early Mndr.rn E11m/1'-• Londres, Eclward Arnold, 1991, una colección de ensaros que
presenta estudios de fusión, o intentos de fusión, entre unidades políticai; mayores y 11 Véase Brian P. l .cvack, Tlie Forma( ion o/th8 Brilisli Stnte: England, Scotland, and th4
~ menores en la Europa moderna. Union, 1603-1707, Oxford, Clarendon Press, 1987, p. fi.
9 Koenigsbergcr, ccDnminitwi regale or Dnminirun politicum el wga/e.. , p. l 2. 12 Nicollo Machi:wclli, ll Principt', ed. Luigi Firpo, Turín, Einaudi, 1972, cap. 3
) 10 Para una explicación sucinta de los acontecimientos de 1620, véase Christian [existen diversas 1raclucciones españolas, entre ellas Nicolás Maquiavclo·, El prinape,
Desplat, oeLouis XIII and the Un ion oí Béarn to France•, en Greengrass (ecL), Con- trad. Helena Puigdnmencch, Madrid. Tecnos, 1988; también Cátedra, 1997].
i quest and Coolesr.enr.e.
t :J3
:J2

'
J
\
t
f
. f
e<
y liL MUNDO DE ui;rRAMAA UNA EUJlOl'A 1>1:: MONARl,,!Ulti CllMl'lJESTAS ..\.. (
EsPAÑA, EUROl'1\

del recién conquistado reino de Navarra una adquisición tan exce- se esperaba del rey, y de hecho se le imponía éomo obligación, que
,_.
lente pa~ Fernando.el Católico 1:1. Sin embargo, fa contigüidad y la mantuviese e] estatus e identidad distintivos ele cada tÚ10 de ellos. · ~ (
conformidad no llevaban necesariamente por sí mismas a la unión Es Le segundo método de unión poseía ciertas ventajas claras tanto
~ (
integral. La Navarra española siguió siendo en muchos aspectos un para gobernantes como para gobernados en las circunstancias de Ja
reino aparte y no. conoció transformaciones c1e envergadura en sus Europa moderna, por más que Francis Bacon abundara en sus insu- .;_:_ (
leyes, costumbres e instituciones tradicionales hasta ~841. . · ficiencias posteriormente en A BrieJDiscourse Touching the Flappy Union ·,!: (
. Según el jurista español del siglo xvujuan de Solorzano Pereua, o/the Kingdoms o/England and Scotland1 6 [«Breve discurso sobre la feliz
había dos maneras en que un territorio recién adquirido podía unir- unión de los reinos de Inglaterra y Escocia»]. De las dos recomenda- ·-- f
se a los otros dominios de un rey. Una de ellas era la unión ccacceso- ciones ofrecidas por Maquiavelo en sus lacónicos consejos sobre el ·, f
ria», por la cu'alun r~in.o o provincia al~untarse con otro pasaba a tratamiento que hay que dar a ]as repúblicas conquistadas, cca1n1inar-
( f
c9nsiderarsejutjclicamente como parte mtegral suya, de modo. que las)) o si no cdr allí a habitar personalmente», Ja primera resultaba
sús habitantes disfrutaban de los mismos derechos y quedaban stuetos desventajosa y la segunda impracticable. No obstante, también pro- (.(
a las mismas.leyes. El ejemplo más destacado.de este tipo de unión ponía d':jar a los estados conquistados «vivir con sus leyes, exigiéiido- ( {
dentro dela monarquía hispánica lo proporcionan las Indias españo- les un tributo e instaurando un régimen oligárquico que os los con-
:J~, qu~ fuero~i~corporadasjurídicamente a la c~rona de Castilla.
La incorporación de Gales a Inglaterra por med10 de las llamadas
Acw de Unión (.U~ion4cts) de 1536y1543 también podría conside-
serve amigos» 17 • Este método era la consecuencia Jógica de la unión
aeque principalitery fue empleado con considerable éxito por los Aus-
trias en el transcurso del siglo XVI para mantener unida su inmensa
' (
~ (

~- (
rarse una unión accesoria. monarquía hispánica. ;

. · Además había, según Solórzano, la forma de unión conocida como . \• La mayor ventaja de la unión aeque principaliterera que, al garanti- ~. (
asqueprincipaliter, bajo la cual los reinos constitu~entes c~n~nuaban zar la supervivencia de las instituciones y leyes tradicionales, hacía i... (
.. después de su unión siendo tratados como enudade.s .d1st~ntas, de más llevadera a los habitantes la clase de transferencia territorial que
· modo que conservaban sus propias leyes, fueros y pnv1leg1os. «Los era inherente al juego dinástico internacional. No hay dtida de que a
menudo se producía inicialmente un considerable resemimienco al
'(
reinos se han de regir, y gobernar-escribe Solórzano-,.como si el (
rey que los tienejuntos,·10 fuera solamente de cad~ u~o ~e.ellos,,1-1. eucontrarse subordinados a un soberano «extranjero ... Sin embargo,
La mayoría de los reinos y provincias d: la mon~rqma 111~p~~1ca }~\.ra­ la promesa del soberano de observar las leyes, usos)' costumbn~s tra- {
gón, Valencia, el principado de Cataluna, los re~nos de S1~1ha y Na_?o- dicionales podía mitigar las molestias de estas transacciones dinásLicas {
les y las diferentes provincias de los Países BaJOS) enca.iaban .ma~ o y ayudar a reconciliar a las élites con el cambio de se11ores. El respeto
menos dentro de esta segunda categoría 16• En todos estos terntonos de las costumbres y leyes tradicionales suponía en particular la per- .l
\,

petuación de asambleas e instituciones representativas. Dado que los ( l


soberanos del siglo XVI estaban habituados en general a crabajar con
---;;-Francesco Guicciardini, Legur.io11e diSpagna, Pisa, 1825,.pp. 61-62 (carta XVI, 17
tales organismos, no se trataba en sí de un obstáculo insuperable, ¿l
de septiembre de 1512). . . . ·,
14 Juan de Solórzano y Pereira, Obras posthumas, Madnd, 1776•. pp. 188-18_9:Juan aunque con el tiempo podía acarrear complicaciones, como sucedió { (
de Solórzano y Pereira, Poütica indiana, Madrid, 1647, reed. Madnd, C~~pama l~b~- {. (_
. · d p bl'icaciones 1930 libro IV, cap. 19, § 37. Véase tambaenj. H. Elh-
roamencana
The Revolt eo/ theu Catalans: A ' Study· ' in the Decline
· of Spaan· 15 98-1640, Ca~ b 11··d ge,
ott, 'd U . 'ty Press 1963 p. 8 [la rebelión de los catalanes. Un est11dw sobre !a
16 Francis Bacon, ·A Brief Discourse Touching the Happy Un ion of che King- ( l-
Cambn geJ . Es·h
mven1 • • • · M d 'd s· ¡ · doms of Eugland and Scotlancl», en Tlle Wcnks ofFrmu:is Bacon, ed.James Spedding, 14
_J_ •
dec~"ªª ut: rana ,.,
- (111:98-1640) trad. Rafael Sanchez Mantero, a n , 1g o XXI,
'
. FJ · d Ayal 'deaspulíticas de juan •
deSolónano, ~ '11 p bl' .·
JeVl a, u acanones vols., Londres, Longman, 1857-1874, X, p. 96. el
1977 ' P· 141 ' . aVJer e a, '' . 946 5 17 .. Qzwntlo quelli stati clie s 'acquistano, come edello, sono consueti a viven! con le loro
de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de SeV1lla, 1 • cap. · . • · . e~
. 1s El reino de Nápoles era en cierto 111 odo una anomalía, pues ~onsutma ~·u te de leggi: e in liberta, " voledi limere;· ci sono tre mocli: el primo, ruinar/e,- l 'altro, mularvi lld llbitare
la herencia aragonesa medieval, pero tarnbién había sido conqmstado en uen~pos pmotialmtmle; el terzo, lasciarle vivere con le s11a legge, tratmdone una pensione e crta1lduvi 't {
más recientes a Jos franceses. En la pr~ctica era clasificado dentro de la categuna de clre1Uu unu slato di poclii che le le conservi110 amicJie,., Machiavelli, //Príncipe [Maquiavelo,
El ¡11i11dpi:], cap. 5. t(
aeque principalittr.
l
,..,
'•
)' EsrA:Í:A, 1-:UKUI',\ \' t:I. MUNllO llE u1:rn,\MAK
UNA EUKOl'A DE MONAJU,¿UfAS CllMl'UESTA.'i

,,,'~',,
con la unión de las coronas de Castilla y Aragón. Las restricciones de ¿Qué instrumento¡ estaban al alcance para conseguirlo? La coacción
) las instituciones tradicionales sobre la realeza crai1 mucho más fuertes tuvo su papel en el establecimiento de ciertas uniones modernas,
en los territorios aragoneses que en la Castilla del siglo XVI, tanto que como la de Portugal con Castilla'en 1580, pero el mantenimiento de

,,t,
para una corona acostumbrada a una relativa libertad de acción en un ejército de ocupación era no sólo un asunto costoso, como descu- -
una parte de sus dominios llegó a hacerse difícil aceptar que sus po- brieron en Irlanda los ingleses, sino que además podía ir en contra
deres eran considerablemente limitados en otra. La disparidad entre de la misma política de integración que trataba de seguir la corona,~
los dos sistemas constitucionales también favorecía los roces entre las como se dieron cuenta los austriacos hacia finales del siglo XVII con
)) partes constituyentes de la.unión cuando la expresión llegó a ser una sus intentos de poner Hung1ia bajo el control real 20 :
creciente dispa1idad entre sus respectivas contribuciones fiscales. La Excluida una presencia militar más o menos permanente, las po-
'):t
J> '

~
dificultad para extraer subsidios de las cortes de la corona de Aragón
convenció lógicamente a los monarcas para dirigirse cada vez más a
menudo a las cortes de Castilla en busca de ayuda financiera, que
sibilidades se reducían a la creación de nuevos órganos institucionales
en el nivel superior de gobierno y al uso del patronazgo para conse-
guir y conservar la lealtad de las viejas élites políticas y administrativas.
) ·-. resultaban más dóciles a la dirección real. Los castellanos llegaron a Dado que el absentismo real era una característica in·evitable de las
sentirse molestos por la mayor carga fiscal que se les pedía soportar,
~ :. monarquías compuestas, era probable que el primer y más importan-
mientras que los aragoneses, catalanes y valencianos se quejaban de te cambio que había de experimentar un reino o provincia puesto en
t~ la frecuencia cada vez meno: con que se convocaban sus cortes y te- unión con otro más poderoso era la partida de la corte, Ja pérdida de
}" mían que sus constituciones estaban siendo subvertidas en silencio. la condición de capital de su ciudad principal y la sustitución del
A pesar de todo, la alternativa, que consistía en reducir los reinos monarca por un virrey o gobernador. Ningún virrey podía compensar
) ·~
recién unidos al estatus de provincias conquistadas, era demasiado del todo la ausencia del monarca en las sociedades altamente presen-
) arriesgada para ser contemplada por la mayoría de los soberanos del ciales de la Europa moderna. No obstante, la solución española de
) siglo XVI. Pocos diiigentes de la edad moderna estuvieron tan bien situa- nombrar un consejo de representantes nativos para asistir a:l rey con-
dos como Manuel Filiberto de Saboya, quien, tras recuperar sus tenito- tribuyó en ciei·ta medida a paliar el problema, al proporcionar un
) rios devastados por la guerra en 1559, se encontró en posición de co- canal a través de 1cual se podían expresar las opiniones y agravios lo-
)"' menzar la construcción de un estado saboyano casi desde cero y legó a cales en la corte y utilizar el conocimiento local en la deterrilil)acion

,.,
)~
sus sucesores una tradición burocrática centralizadora que haría ele
Saboya-Piamonte un estado excepcionalmente integrado, al menos para
lo habitual en la Europa moderna 18• En general parecía más seguro, a
de las directrices políticas. A un nivel superior, un consejo de estado
(compuesto mayoritariamente, pero no siempre exclusivamente~ por·
consejeros castellaúos) quedaba en reserva como 'un instrunien.to
la hora de tomar posesión de un nuevo reino o provincia que funciona- nominal al menns para las decisiones definitivas sobre la líµea gene-
)
ba razonablemente, aceptar el statu quoy mantener la maquinaria· en ral y para la coordinación a la luz de los intereses de la monarquía
) marcha. Algunas innovaciones institucionales podían ser factibles, como hispánica en su conjunto. En la monarquía británica del siglo XVÍI un
) la creación de un Consejo Colateral en el reino espailol de Nápoles 19 , consejo de estado era algo que brillaba por su ausencia. Los pri.vy
pero era primordial evitar la alienación de la élite de la provincia con la councils o cons~jos asesores de Escocia y de Irlanda operaban en
} introducción de demasiados cambios excesivamente pronto. Edimburgo y en Dublín, respectivamente, en lugar de en la corte, y
J Por otro lado, cierto grado inicial de integración era necesario si
l"i
nijacobo 1 ni Carlos 1 procuraro~ crear un consejo para toda Gran
} el monarca pretendía tomar control efectivo de su nuevo territorio. ...., Bretaiia21 •
·."'...
) : '.)'):
18 Para un breve resumen sobre el destino del Piamonte y sus instituciones repre-
) sentativa.'I, \'éasc H. G. KoenigsberJ<cr, .. The ltalian Parliaments from their 01igins to 20
.John P. Spielman, úopnld! o/Austria, New Bnanswick (Nuevajersey), Rutgers
the Enct of the Eighteenth Ccntury•, en su Politirinns m1d Virtuosi, pp. 54-59. University PreM 1977, pp. 67y132. ·
j 19 E.o;toy agradecido a Giovanni Muto de la Universidad de Milán por sus 01ienta- 21
Levack, /oonnation of tlr~ Britisli State, p. 61; Conrad Russell, TM Fallo/ the BritiJh ·,
ciones sobre los asuntos de Nápnles. Mnnarr:liw.s 1637-1642, Oxford, Oxford Univcrsity Press, 1991, p. 30. " ·,
' j)
)
36 37
j
\
~
f
'• \'•• 4!
\¡:

(. (

EsPAÑA.; EUROl'A Y El. MUNDO DE ULTfiAMAA


UNA f.UROl'A llt: MONARf.!lJIA.'i COMl'llF.S'li\S (. (
sentisca y habían aprendido a acomodarse a esta inevitable realidad, ,. (
En los .nivel~s inferiores de la administración la concepción patr>
monial de los cargos e~la Europa moderna hacía difícil sustituir a los no siempre desdichada, incluso antes de la unión de las coronas. · .¡ (
A cambio de un cierto abandono benévolo, las élites ]ocales disfru- !
funcionarios existentes por otros que pudieran ser considerados más
taban de un grado de aut.ogobierno que les dejába sin ninguna nece-
1
... f
leales al nuevo i;égimen. Además, bien podía haber ·estrictas reglas
constitucionales que gobernaban los nombralnientos, como ocurría sidad urgente de cuestionar el statu quo. En otras palabras, las monar- ((
en partes de la monarquía hispánica. En la corona de Aragón las leyes quías compuestas estaban construidas sobre un contrato mutuo entre
la corona y la clase diligente de sus diferentes provincias, que confería
{. <
y constituciones prohibían la designación de funcionarios no nativos ( f
y regulaban el tamaño de la burocracia. También en Sicilia los cargos incluso a las uniones más artificiales y arbitrarias una cierta estabilidad
seculares estaban reservados a los natura.les de la isla22 • En la I calia y resistencia. Si a partir de aquí el monarca fomentaba, especialmen- ~ {
continental la corona tenía más margen de maniobra y fue posible la il. te entre la alta nobleza de sus diferentes reinos, un sentimiento de
infiltración de funcionarios espafloles en la administración de 'Milán lealtad personal a la dinastía, que superase las fronteras provinciales, f
~ (
1
y Nápoles. Con todo, aquí, al igual que en todas partes, no había al- las probabilidades de estabilidad aumentaban todavía más. Esto era
ternativa a una fuerte dependencia de las élites provinciales, cuya algo que Carlos V procuró conseguir cuando abrió las puertas de la ¡'-' (

· lealtad sólo se podía conseguir y conservar median ce el patronazgo. orden borgoñona del Toisón de Oro a los aristócratas de los diversos 11
,, (
.Esto daba a su vez a las élites provinciales, como la de Nápoles23 , una -~~·~
reinos de su monarquía compuesta. Fue algo que también lograron 11
influencia sustancial, que podía utilizarse por un lado para ejercer ·:~l.'
los Habsburgo austiiacos del siglo XVII a una escala mucho más esplén- -(
presión sobre la coron~ y por otro para ampliar sil dominio social y dida y sistemática por medio del desarrollo de una espectacular cul-
tura conesana 25 • (
económico sobre sus propias comunidades.
Esto indica cierta fragilidad respecto a las monarqtúas compuestas, ·~t:: Era más fácil generar un sentimiento de lealtad a un monarca tras- :(
la cual obliga a plantear preguntas acerca de su viabilidad a largo pla-
..zo. No cabe la más niínima duda de que para todas ellas el absentismo
cendente que a una comunidad más amplia creada por la unión polí-
tica, aunque sin duda ayudaba que la entidad tuviera un nombre acep- : (
rearconstituía un grave problema estructural, que ni siquiera el vigor table. Los monarcas que unieron las coronas de Castilla y Aragón '..
~
(
trataron ele resucitar vagos recuerdos de una Hispania romana o visi-
itinerante de aquel viajero incansable que fue Carlos V pudo resolver .~ (
del todo. Ahora bien, las constantes quejas de los ca~alanes y aragone- gótica con el fin de proponer un foco de lealtad potencialmente más .......
amplio bajo la forma de una «España» históricamente restaurada. Pero (
s~s del siglo XVI de que se veían piivados de la luz del sol24 , aun siendo ·....
la Union in Name, o (<Unión de nombre», como la llamaba Bacon 20 , no
seguramente expresión de un sentimiento legítimo de agravio, pue-
era fácil de alcanzar. Para algunos escoceses del siglo XVII, la palabra
.. l
den también ser consideradas útiles estrategias pa:m obtener mC:is de
.· aquello que apetecían. A los catalanes, al fin y al cabo, como miembros Britain, ((Gran Bretaii.a», poseía todavía connotaciones negativas27 • ~ l
de uha confederación ·medieval, no les era desconocida la realeza ab- Una asociación más estrecha, especialmente si con11evaba benefi- / (
cios económicos o de otro tipo, podía contribuir a fomentar esta leal-
tad más amplia, como sucedió entre los escoceses en el siglo XVIII. Tam-
"" l
(
bién podía contar la magnética atracción ejercida sobre las noblezas ~· ( ..
H. G. Koenigsberger, Tht Govemment of Sicily unckr Philip ll o/ Spain: A St mly in
22
the Practice o/Empire, Londres, Staples Pr~ss, 1951 [existe versión española de la edn. '
el
rev., La práctica dtl imperio, trad. Graciela Soriano, Madrid, Alianza, 1989], pp. 4 7-48. 25 Véase Robertj. W. Evans, TheMakingoftlleHabsburgMonarclly, 15'0-1700, Ox-
2! Rosario Villari, La rivolta antispagtrola a Napoli: le origini ( 1585-1647), Bari, La~
terza, 1967 [La revuelta antit$pañola en NrJpoles. Los orígenes (1585-1647), trad. Fernan-
ford, Oxford University Press/Clarendon Press, 1979, esp. pp. 152-154 [l.<1 morum¡ufrz
delos Habl'but-gv, 1550-1700, Barcdona, Labor, 1989, esp. pp. 131-132). '~·
do Sánchez Dragó, Madrid, Alianza, 197g]. La medida en que la vieja nobleza conser-
. vó su dominio después de la revuelta napolilana de 1647-1tl48 c:s a(m tema de
-·discusión. Véase especialmente Pier Luigi Rovito, ocLa rivoluzione costituzionale a Na-
26 Bacon, .. BriefDiscourse .. , p. 96 .

, 27 Véase Roger A. Mason, .. scotching the Brut: Poli tics, History and National
e '"
G{
Myth in Sixtcenth-Ce111ury Britain,,, en Roger A. Mason (ed.), Swtumtl ami Et1glmul,
poli (1647-1648)•, Rivistti Storica Jtalian<I• 98 (1986), pp. 367-462. No obstante, las éli-
·~
1286-1815, Eclimburgo,John Donald, 1987. Estoy agradecido ajohn Robertson por
tes provinciales, que incluían un nutricio número de togati, también dispusieron de
esta referencia y también por sus útilc:s comentarios a un primer borrador de este
amplias oportunidades para ejercer ¡11 f1uencia política.
24 ElJiott, Revoll oftlle Catalmis, pp. 12-14 [La rebelión de los catalanes, pp. 17-18].
ensayo. tt
~
(
,,, 1 ,.

l J UNA EUROl'A llE MONAAQUWi COMrUE.\TAS


E.o;l'i\ÑA, J::IJROl'A \' t:I. MUNOO O~ ULTRAMAR
i, Los cambios religiosos del siglo XVI sumaron un nuevo componen-
'}) locales por la cultura y la lengua de una corte dominante: en fecha tan
Le, extremadamente delicado, a aquel conjunto de elementos (geo-
temprana como 1495 un aristócrata aragonés que traducía un libro
) ) gráficos, históricos, institucionales y, eri algunos casos, lingüísticos)
del catalán al castellano se r~fería a este último como el idioma de
que contribuyó a constituir el sentido colectivo de la identidad de
) ~ «nuestra Hyspa1fa,,2s. Con todo, «España», aun siendo capaz ele des- . :•1 ..
una provincia con relación a la comunidad más amplia del estado.
), pertar lealtad en determinados contextos, continuó lejana en compa-
compuesto y al territorio dominante dentro de él. El protestantismo
ración con lac; realidades más inmediatas ele Castilla y de Arngón.
}· Ahora bien, el sentido de identidad que una comunidad tiene ele
agudizó el sentido de identidad distintiva de unos Países Bajos siem-
pre conscientes de las diferencias que los separaban de España, del
} '. sí misma no es ni estático ni uniforme29 • La fuerte lealtad a la comu-
mismo modo que lo hizo el catolicismo entre una población irlande-
nidad natal (la pal1iadel siglo XVI)~ no era incompatible de por sí con
) sa sometida al rlominio inglés protestante. Así pues, las presiones
la ampliación de la lealtad a una comunidad mayor, con tal de que las
desde el centro para conseguir la conformidad religiosa tendían a
~ ventajas de la unión política pudieran ser consideradas, al menos por
provocar reacciones explosivas en comunidades que, por una razón
) grupos influyentes de la sociedad, de más peso que las desventajas.
u otra, sufrían Y" la sensación de que sus identidades corrían peligro ..
Aun así, la estabilidad y las perspectivas de supervivencia de las mo-
) Cuando se producía el estallido, los rebeldes podían albergar la
narquías compuestas del. siglo XVI, basadas en una aceptación mutua
esperanza de aprovechar la nueva red internacional de.alianzas con-
t y tácita de las partes contratantes, serían puestas en peligro por el
rumbo tomado por algunos acontecimientos en el transcurso de la
fesionales para obtener ayuda exterior. En esto los gobernantes de
t estados compuestos muy extendidos eran extremadamente vulnera-

,.
centuria. En potencia, el más alarmante fue la división religiosa de
bles, pues las provincias alejadas bajo control imperfecto (como los
t Europa, que enfrentó a los súbditos tanto contra el monarca como
Países Bajos e Irlanda) ofrecían oportunidades tentadoras para la
entre sí. Si bien los grandes cambios religiosos del siglo constituyeron
intervención extranjera. ' · · ·
una amenaza para todos los tipos de entidad política, los estados com-
Las consecuencias de la nueva dinámica religiosa del siglo XVI no se·

"
)
)
puestos más extensos estuvieron especialmente expuestos, aun cuan-
do la comunidad polaco-lituana, fortalecida por la Unión de Lublin
en 1569 y fundamentada en un alto grado de consenso entre la aris-
tocracia, capeó con éxito el temporal. La conciencia de este peligro
limitaban a las provincias periféricas ansiosas por conservar sus identi-
d~des distintivas frente a las presiones del centro. Castilla e Inglaterra,
estados ambos que constituían el núcleo de monarquías comp4estas,
avivaron sus propias identidades distintivas durante los trastornos reli-
) alentó a los Habsburgo austriacos de finales del siglo XVI en su bí1s~
giosos del siglo XVI y desarrollaron un sentido agudo y combativo de su
) queda cada vez más desesperada de una solución ecuménica a los
lugar excepciona 1en los designios providenciales de Dios. Al contribuir
problemas de la división religiosa, un remedio que no sólo reuniera
) a definir su propia posición en el mundo, su agresivo nacionalismo
a una cristiandad escindida, sino que también salvara su propio patri-
religioso tuvo un impacto inevitable sobre las relaciones en el interior
) monio de una desintegración irreversible.
de las monarquías compuest;as de las que formaban parte. LaS resp~n­
) sabilidades extraordinarias conllevaban privilegios extraordinarios. Los
28 Citado en Alain Milhnn, C'.olón .v su mentalidad mesiánica m el ambienlf'Jrmici.u:a!
castellanos, escribía un catalán en 1557, "valen ser tan absoluts, i tenen
) nisla ,..spmio~ Valladolid. Casa-Museo de Colón, 1983, p. 14.
29 Para una esLimulante discusión sobre el carácter polifacético ele un sentido de
les coses propies en tan, i les estranyes en tan poc que sembla que són
} identidad en el proceso ele construcción de estado en Europa, ''éasc Petcr Sahlins, clls sois vinguts del cel i que la resta, deis homes és lo que és eixit ~e la
Bormdmícs: Thc 1\.fal1ing ofFra11r~ nnd Spain in ti~ P)•rmir.cs, Berkeley (California), Uni· terra» («quieren ser tan absolutos, y tienen sus propias cosas en tanto,
) versity of C..alifornia Press, 1959 [Fnmteres i identilnts. Lafor111aciód"Es/mn.va iFrrmfa a la
Cmltmya, sf'gk.t xm-x1x, trad. carnlanajordi Argenté, Vic, Eumo, 1993]. esp. pp. 110. y las ajenas en tan poco, que parece que ellos han venido del cielo y que
J 113. el resto de los hombres es lo que ha salido de la tierra» )!1 1•
j 30 Véase J. H. Ellioll, .. Rcvolution ami Continuity in Early Modcrn Europe•, en
Past a11dP,"tSenl, 42 ( 1969), pp. 35-56, rcimpr. en Spnin and its World, 150().1700, Nc\v ·
) Haven (Connecticut) y Londres, 1989 [ ·Revolnc!ón y continuidad en la ~uropa mo- 31 Cristofol Desp11ig, citado en Elliott, Reuoú ofthe Cnlalaus, p. 13 [La 1?/Jelión de los
~erna•, en España y srt mundt1 ( 1500.1700), trnd. Angel Rivero Rodrí~cz y Xavicr Gil: catalanes, p. 16] .
) Pujol, Madrid, Taurus, 2007}. cap. 5.
)
. 41
} 40
~
(
\
~
1

J f

EsPAÑA, EUROPA Y EL MUNUO DE ULTRAMAR UN..\ EUl(OPA llE MONARQUÍAS t:tlMPUt:S"li\S


"f ;...
..
......
(
(
¡.
El sentido de autoimportancia creció, tanto en Castilla como en menoscabo de sus libertades escudriliaban cada movimiento de los '- ('
Inglaterra, con la adquisición de un imperio de ultramai; una indica- funcionarios reales que pudiera interpretarse como una violación de (
ción adicional de favor divino. Los castellanos, al conquistar las Indias sus leyes y reforzaban sus defensas constitucionales dondequiera que
y reservarse los beneficios para sí mismos, aumentaron enormemen• les fuera posible. No es casualidad que el famoso júramento de lealtad
·~
- (
·;,
te su propia riqueza y poder con relación a los'otros reinos y provin- aragonés .. medieval», con su rotunda fórmula ccSi no; no», fuera en (
cias de la monarquía hispánica. También los ingleses, al hacerse con realidad una invención de mediados del siglo XVI :1-1. Los juristas de
(
sus colonias americanas, ensancharon la distancia que les separaba
de los escoceses y los irlandeses. Los reyes de Escocia habían intenta-
Aragón, como los ele otras partes de Europa'5 , estaban muy ocupados
con el redescubrimiento o invención de constituciones yleyes tradi- :I \. {
do anteriormente oponerse a las demandas inglesas de una corona
;
'1:'
(" cionales. Las alteraciones de Zaragoza en 1591 fueron la revuelta de :/ I· ~
(
imp~rial con la.adopción de una propia52 ; en el siglo xvu, a medida ·} .. una élite dirigente, o una sección de ella, que buscó y encontró la ¡1
que la idea de «imperio» llegó a incluir la posesión de dominios de
.'
justificación para su resistencia a la corona en la defensa de sus justas :~ , f
ultramar, los proyectos de colonización escoceses en el Nuevo Mundo (pero no siempre jusramente interpretadas) libertades aragonesas. i
'.\ ... (
podían servir para reforzar la demanda del «imperio» en su nuevo y La respuesta de Felipe II ante este levantamiento se enmarcó en
más moderno sen.tido. En general, el imperialismo y la monarquía un comedimiento que sin duda debía algo a su prudencia natural, ~ \.
(
(
:~
compuesta no hacían buenas migas. La posesión de un imperio de reafirmada por la experiencia de la rebelión de los Países Bajos en la ;j {
;~
\lltramar por una parte de una unión animaba a pensar en ténninos década de 1560, pero que también parece expresar las actitudes mo- (
1<
de· dominación y subord~nación de un modo que iba contra la entera rales y din<isricas que gobernaban la visión del mundo tradicional en
cól)cepción de una monarquía compt testa unida aeque principaliter''. los Habsburgo. A pesar de las suposiciones contemporáneas y posee- {
·Allí donde uria parte componente de una monarquía compuesta riores en sentido contrario, el reino de Aragón, aun despojado de 11 -
e
no sólo es evidentemente superior a las otras en poder y recursos, sino algunos de sus privilegios y acuerdos institucionales, retuvo su carác- \,
además se comporta como que lo es, las otras partes tendrán la sen- ter esencialmente contractual y constitucionalista51i. Unos pocos años !l ~
(
sación natural de que sus identidades se hallan bajo una amenaza anees una predisposición similar a aceptar los arreglos institucionales !f (
~
,
1 e;,,_
cada vez mayor. Es lo que sucedió en la monarquía hispánica en el y constitucionales existentes había sido el fundamento de la política
(
.siglo XVI y principios del XVII, cuando con relación a Castilla se vieron
eri una creciente desventaja los demás reinos y provincias. La preocu-
de Felipe 11 para la unión entre Castilla y Portugal. Según el tradicio-
nal estilo de los Habsburgo, esta unión de coronas en 1580 fue otra
¡'
;t
"
(
pación aumentó por los comentarios amenazantes o despectivos de unión dinástica, aeque principaliter, cuidadosamente concebida para i1,

castellanos en altas instancias y por el reforzado control castellano garantizar la supervivencia de la identidad diferente de Portugal, así ·=
"-
l
· sobre la administración después de que en 15_61 la c:orte se establecie- como la de su impeiio. La única medida específicamente integradora rl ~. l
fue la abolición de puestos aduaneros entre los dos reinos, un intento !1
ra definitivamente en Madrid. Las necesidades financieras de un rey ;¡ l
que tendía a ser visto cada vez más como exclusivamente castellano de unión arancelaria que fue abandonado en 159237 • I¡
eran también fuente de creciente inqui~tud. Incluso donde, como en .J (_
:~
la corona de Aragón, la existenfia de asambleas e instituciones repre- !J

\.
(
sentativas actuaba como un freno eficaz sobre las nuevas iniciativas "' Véase Ralph A. Giesey, lf not, tiot: The Oath o/ tlie Aragonese 1md tlie Le~ndary i ,.
Laws o/Sobmt'be, Princeton (Nuevajersey), Princeton University Press, 1968. \. l
fiscales, había una desconfianza generalizada y comprensible sobre 55 Vé~e Donald R. Kelley, Foundations o/ Modeni Historical Sc/10/m-sliip: Language,
.f l,
las intenciones de Madrid a largo plazo. Los reinos que temían el Law anti Hist~ry in tite Frencli Renaissmice, Nueva York, Columbia University Press, :i {
1970.
!IG Sob1:e la supe1vivencia del constitucionalismo aragonés, véase Xavier Gil Pttiol, ,.!I ( l
ccL1S cortes de Aragón en la edad moderna: comparación y reevaluación .. , Revista de
l
s2 Estoy agradecido a David Stevenson por sus orientaciones sobre este punto.
ss Compárese con la equipar&\ción c:ntre italianos e indios realizada por un mi nis- ·
tro de Felipe 11, citado en Koenigsberger, Government ofSicily [La práctica del i111p1:1io],
p.48.
· las Cortes Generales, 22 (1991), pp. 79-119.
37 Para una breve visión de conjunto sobre la unión durante seseuta años entre

Castilla y Portugal, véase J. H. Elliott, .. The Spanish Monarchy aud the Kingdom of
Portugal, 1580-1640 .. , en Greenb'Tass (ecl.), Co11quesl anti coa/esce11ce.

:I
'
\.

( ~
{

{
r
.
')

~
UNA EUROl'A UE MONAAQUIAS OOMPUE.STAS
) EsrAÑA, EUKOl'A ,. E.L MllNUO DE. ULTRAMAR

)t
)

)
.' r)

)
Es significativo que sir Henry Savile, al considerar en 1604 en su
análisis de los proyectos dejacobo 1 para la unión angloescocesa una
serie de ejemplos históricos (Lituania y Polonia, Noruega y Suecia,
Aragón y Castilla, Bretafia y Francia, y España y la Inglaterra de María
y separación de corazones» 43 , en sus grandes proyectos reformistas de
la década de 1620, que incluían una unión más estrecha por medio
de la defensa mutua. La unión de corazones (la «unión de amor» de
Jacobo I)"" sería el resultado ~.atura! de la Unión de A.rnlas45 •.

}~ '
,
)

1
Tudor), seleccionara Ja unión entre Castilla y Portugal como «en mi
opinión la más parecida a la nuestra» 38 • Aunque a duras penas fuera
Imbuidos de la doctrina de justo Lipsio sobre el estado ordenado y
disciplinado (donde la unidad de religión se consideraba indispensable
para el mantenimiento de la cohesión política y social), los gobernantes
el tipo de unión perfecta al que aspirabajacobo I, una unión dinás-
del siglo xvu utilizaban el discurso de la unión en todas partes"6 • No
~ )
tica, aeque principaliter, que conservaba las identidades distintas de los
obstante, Lipsio también había advertido contra un excesivo celo en la
t .! 1 reinos juntados, seguía siendo la forma de unión más fácil de conse-
in traducción de cam bios47 • A pesar de ello, hacia la década de 1620 se
guir, y su medida integracionista de mayor alcance (la abolición de
) ) aprecian entre estos gobernantes indicios de una creciente impaciencia
barreras aduaneras) resultó ser tan imposible de mantener en el caso
) con el sistema de unión aequefmndpalitery su corolario de unificación
escocés como en el portugués'9 • 1• ·..
por métodos lentos y pragmáticos. Había llegado al poder una nuew
) La prueba de la realeza a partir de entonces, yJacoho 1 fue lo bas- ·..~~
......... " ·. generación de estadistas con un alto concepto de la prerrogativa real y
tante sabio para comprenderlo, era buscar cualquier oportunidad para ·~

) ) _.,. r:· una menor tolerancia que la de sus predecesores respecto~ una diver-
inducir a los dos reinos en unión hacia una mayor uniformidad (en .•: sidad vista como un obstáculo a un gobierno eficaz. Las actividades de ·
) ) legislación, religión y gobierno), mientras que se trabajaba, por enci-
los estados mayorita1iamente protestantes en las tierras patrimoniales

,.:.
}
ma de todo, para suprimir la hostilidad mutua que acompañaba a toda
unión de estados independientes. Esta misma política pragmática sería
seguida por Luis XIII en la unión de Béarn con Francia en 1620 º y
concordaba en gran medida con el pensamiento contemporáneo ela-
4
austriacas, que culminaron en 1618-1620 con la revuelta de Bohemia,
reafirmaron a ojos de Fernando II y sus consejeros la importancia fun-
damental de la unidad religiosa para la supervivencia de su propio es- ·
tado compuesto. Aunque una vez aplastada la revuelta se permitió a
borado dentro, y acerca, de la monarquía hispánica. Teóricos como
} Bohemia conservar cierto grado de su anterior autonomía48 ,·la búsque:.
Giovanni Botero, Tommaso Campanella y Baltasar Álamos de Barrien-
da de uniformidad en las creencias y prácticas religiosas parecía una
} tos dedicaron muchos esfuerzos al problema de cómo conservar una
concomitancia natural del ejercicio apropiado del poder del príncipe
monarquía compuesta y prepararon abundantes propuestas, tales
} como los matrimonios mixtos entre las noblezas y una distribución
(según pensaba también Carlos I Estuardo respecto a Escocia).
_) equitativa de los cargos, que conducirían a una '~usta correspondencia
} y amistad» entre los pueblos de España y les haría posible «familiari- H ,\ltmnrin/eJ y,wrl<u dt!l ComleDur¡tte ele Olivares: ed.J. H. Elliott y José F. de la

zarse los unos con los otros»" 1• Esta idea de «familiarizar>)"2 a los pue- Peiia, 2 vols., Madri.d, Alfaguara, 197R-l 981, I, p. l 87. .
"" ·lntroduct·on·• ajacobean U11ion, ed. Gallowdy y Levack, p. xli (•union of
) blos de la monarquía hispánica entre sí sería retomada por el conde- love .. ). . . .· .
) )
duque de Olivares, con el fin de acabar con lo que llamaba la «sequedad 45 Sobre la Unic>n ele Armas, véase J. H. Elliott, Tlv Count-Duke o/ Olivares: The
Statesrnan in an Ag-! o/ Dt!cli7zt, New Haven (Connecticut) y Londres, Yate University
j Prcss, 1986 [El cnndP-d 1tque de Olivares. El /1olitico en una época de decadencia, trad. Te6filo
de Lozoya, Barcelona. Crítica, 1990], cap. 7. ·
,) ss Sir Henry Savile, .. Historicall Collections .. , rcimpr. en 711t Jacobean Uni<m: Six " 6 .. Por lo tanto, ésta es mi opinión inalterable: que en un reino se ha de 9bservar
Tracts o/ 1604, ed. Bruce R. Galloway y Brian P. Lev-dck, Eclimburgo, Scottish History una sola religión"• lusti Li/1si politir.oru m .fi11e r.ipi/Lt doctri11ae libri sex, Leiden, 1589, IV, 3.
} Society, 1985, p. 229 . Citado en Mark M<1rfnrd, ·Stoics and Nl'O.doics: Rubens mzd tlu~ Cirr.k o/Lipsius, Princeton
.s9 Levack, Fonnotion o/ t/il! JJritish Statl!, p. 148. La reciprocidad comercial entre (Nucvajersey), Princeton University Pressi 1991, p. 108.
J ) Inglaterra y Escocia, introducida en 1604, tuvo que ser abandonada en 1611. ' 47 Gerhard Ocstrcich, Ntostoicis111 mld tlze Early Mndern Stali', trad. inglesa David
40 Desplat, «Louis XIII and the Un ion of Béam to France•. McLintock, Cambridge, Camb1idge llniversity Prcss, 1982, p. 182.
~) 4l Tommaso Canipanella, A Discourst! 1our.hing tlie S/mnisll M011nrcliy, Lonrlres, 48 Véanse Evans, Habsbttrg Monardiy [La monarquía de los Hn/lsburgo], cap. 6, y R.J.
1654, p. 125 [existe versión española comparativamente reciente de /JI! mnnnrr.hia
,J )
hi.sfmuicn <liJctmm: Tommaso Campanella, La mnnarquia hispánico, trad. Primitivo Ma-
W. Evans, ..The Habsburg Monarchyand Bohemia, 1526-1848•, en Grcengrass (ed.),
Conqrust a11d Cnnk!Jr.1mre, cap .. 7. Esto.y agradecido al Prof. Evans pot sus comentarios a
riño, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1982) ~
J )
·
-12 Elliott, Revnlt "fflv. (',atalm1s, p. ~04, n. 2. [/A TPbelión cklo.t catnlnnts, p.183, ·n. 48]. ·
.. este y otros argumc·ntos expuestos el) este ensayo .

. } ..',
)

} 45
) 44 •.

J )
)
~
f

~ 1:
"· f
\. ,.,
EsPAÑA, EUROl'A Y EL MUNOO DE ULTRAMAR ÜNA EUROl'A UE MONARUUÍAS COMl'UESTAS ·,•. {
.

Por e1~cima de todo, la guerra y la depresión económica parecían


~·!

':.lt
.. :..
Las monarquías compuestas basadas en una dúctil unión dinástica, \ (
reforzar los argumentos a favor de la concentración del poder. Había aeque print:ipaliter, sólo podían tener esperanzas de sobrevivir si los
que movilizar recursos, dirigir la actividad económica y aumentar los sistemas de patronazgo se mantenían en funcionamiento meticulosa-
.. f
']í'
ingresos de la corona para pagar los gastos de defensa. Todo ello mente y si ambas partes se atenían a las reglas básicas establecidas en ' f
convertía un supe1ior grado de unión en la ord'en del día. Para Michel el acuerdo original de unión. En ambos aspectos los gobiernos de \'• ( .'

de Marillac, canciller de Francia bajo ~uis XIII, y probablemente Felipe IV y Carlos l habían fracasado desastrosamente. Habían trazado,
también para el cardenal Richelieu (al menos hasta que le parecieron :···~ por razones buenas o malas, programas políticos dictados por una
(f
entrar dudas en la década de 1630) 49 , hacía falta ampliar el sistema de serie de prioridades que tenía más sentido en Madrid y Londres que (
..
·.:;.¡.·· 111
\'-

los pays d'élections a los pays d'états. Para Olivares, siempre listo con su .:, :: en Lisboa y Edimburgo, respectivamente. Luego, al no mantener ~ (
~orism'o Multa:regna, sed una lex, «Muchos reinos, pero una ley» 50 , la abiertas líneas adecuadas de comunicación y patronazgo, se habían
diversidad legal e institucional de los reinos de la monarquía hispá- visto privados del conocimiento local necesario para evitar errores de '- {
nica representaba un impedimento intolerable para sus planes de ejecución desastrosos. Una vez cometidos esos errores, el número de t, (
potenciar al máximo los recursos y conseguir la cooperación militar op~iones quedó reducido a dos: o bien la retirada, o bien una unión t.

entre aquellos que era esencial para la supervivencia. de conquista e integración al estilo de Bohemia, en la que se imponía ~ (
Las medidas en dirección a una estructura estatal más unitaria, con la fuerza de las armas un grado mayor o menor de uniformidad . ~ (
.e:on la unión concebida primordialmente en términos de uniformi- En sus relaciones con Escocia, Carlos 1se vio obligado a una humi- i,_ (
dad. de religión, leyes e impuestos,justificaban la advertencia profe- llante retirada, mientras que el posterior intento de Cromwell de una
rii)a por Bacon de que «el apresuramiento forzado perturba el tra- unión integracionista por Ja fuerza, concebida para producir la con- (
bajo y no lo despacha» 61 • Al dar la impresión de desafiar a los reinos formidad legal y religiosa entre los reinos británicos, no logró sobre-
~ (
y provincias periféricos en su punto más sensible, su sentido de iden- vivir a su propio régimen. Es más: destruyó cualquier futura perspec- '
tidad distintiva, tales pasos desencadenaban movimientos contrarre- tiva de una clase de unión tan completa al reforzar precisamente el " (
volucionarios, sobre todo en las monarquías británica e hispánica.
El conde de Bedford, por ejemplo, se mostró consciente.de los para-
sentido ele identidades separadas de escoceses e irlandeses que
Cromwell se había afanado en erradicar a toda costa53 • En la penínsu-
'e
•,_
lelos entre las revueltas de Escocia y Pormgal 52 • Éstos, naturalmente, la Ibérica, Castilla, el estado núcleo, también resultó ser igualmente ('
no eran del todo exactos. La religión, aunque desempeiló su parte incapaz ele imponer una solución integradora permanente por la {
en la rebelión de Portugal (así como en la contemporánea de Cata- fuerza de las armas y los resultados fueron semejantes. Cataluña, des-
luña contra el gobierno de Olivares), no estaba en disputa como en pués de doce ai1os de separación, reanudó su lealcad, pero con los f
Escocia. No obstante, la revuelta de los escoceses contra el gobierno mismos derechos constitucionales que antes del conflicto. Portugal,

f
de Carlos 1 fue algo más que un mero conflicto religioso. Fue en con la ayuda en distintos momentos ele franceses, holandeses e ingle- {
esencia un levantamiento para defender la integiidad de una comu- ses, resistió veintiocho afias de guerra hasta alcanzar su independen-
nidad histórica, hasta cierto punto idealizada, que se sentía en peli- cia definitiva respecto de Castilla. En ambos casos, el sentido colecti- ~- (
gro de muerte por las acciones de un socio más poderoso, con el que vo de una identidad distinta se había reforzado por las experiencias
~ t
había estado unida con cierta molestia en tiempos recientes. En este
aspecto fundamental guardaba un estrecho parecido con la rebelión ~(
portuguesa. 55
H. R. Trevor-Roper, .. The Uni9n of Britain in the Sevemeemh Century.. , en su ((
Rtligion, tite &fonllation a11d Social Clumge, and Othe1· Essays, Londres, Macmillan, 1967
[ uLa Unión de Gran Bretaña en el siglo XVII», en Religión, reforma y cambio social y olros ((
49 Véase R.J. K.necht, fflchelieu, Londres, Longman, 1991, pp. 139-141, para un

panorama breve y equilib~do del debate sobre las intenciones ele Richelieu.
50 Elliott, Count-Duke o/ Olivares, p. 197 [El conth-duque de Oliuares, p. 232].
SI Bacon, ·BriefiDiscourse•, p. 98.
ensayos, trad. Estrella Oliv.in yJoaquín Vidal, Barcelona,Argos-VergarJ, 1985], p. 464.
Por otra parte, como me ha indicado John Robertson, la •Conquista .. cromwelliana
facilitó en algunos aspectos la posterior unión de las coronas, sobre todo al eliminar
lasjuiisdicciones hereditarias independientes de la alta nobleza y alentar un ambien-
'(
((
&2 Russell, Fallo/ the British Monarthies, p. 240. te donde los escoceses podrían reevaluar los argumentos pare\ la unión. ((
(
~
. ( ~

\'
\~ m11 ig

(~
EsrAÑA, EUROl'A V f.I. MUNDO OE Ul.TRAMAR UNA EuRorA m: MONARQUIAs COMPllFSli\S
1 :'eg
'.!111
¡g
og
y recuerdos compartidos de la opresión castellana y la lucha por la memorias, tuvo mejores res~tltados en algunas provincias ·que en otras. eunuomd
l 't supervivencia. : · En el Flandes b<tjo dominio francés parece haber sido contraprodu- ~~A 6t

~) El desastroso fracaso del experimento de Oliva~es para una integra- cente hasta que la ocupación anglo-holandesa de 1708-1713 demostró
(j
ción más estrecha de los reinos y provincias de la península Ibérica
parecía justificar la sabiduría del planteamiento tradicional de los
a los habitantes que las alternativas eran peores57 • En la región pire-
naica de la Cerdañ·a, adquirida con el tratado de paz de 1659, se
1 n.8n1.1od
Ol:>~d~
tl Habsburgo sobre los derechos y privilegios provinciales. Res.ulta sig- impuso la uniformidad política y administrativa, pero las medidas de J Sd l?Jq"eq
f••·
() nificativo que una generación más joven formada en la escuela de asimilación cultural y lingüística (aplicadas, como mucho, tímida- Udp0~
Olivares (figuras como el obispo juan de Palafox y el diplomático y mente) serían abandonadas tras la Guerra de Sucesión espaji.ola q p-ep!U
() hombre de letras Diego Saavedra Fajardo) insistiera ahora en el reco- de 1701-1713!1ª, 1 "E!:'.>U;JS~

(} nocimiento de la diversidad como condición necesaria del buen go-


bierno. Si Dios _:_según argumentaban- había creado provincias que
El relativo grado de unidad nacional alcanzado por la Francia de
Luis XIV ofrecía un acusado contraste con el carácter marcadamente
t
!
•IJl?:J ;ip
·-epO:>Sfil:
) ¡
eran naturalmente diferentes las unas de las otras, era importante compuesto de sus rivales, Gfa~ Bretaña, las Provincias Unidas cielos lOll?llnl
) que las leyes por las que eran gobernadas se ajustaran a su carácter Países Bajos y las monarquías española y austriaca. Lás presiones para [;:J.l l?I U;J
distintivoM. Ac;í pues, el argumento basado en la naturaleza, que había ..... ::, la unificación, pues, volvían otra vez a aumentar, como en la década UlU;J OU
)
sido utilizado en pro de la unión por Bacon a principios del siglo XVII, de 1620. El primer soberano en reaccionar, aunque con todas las 1 U;:J SO{dl
;·.·_,.>
J era ahora empleado a mediados de la centuria a favor de la aceptación ambigüedades "inculadas tanto a su tradición de Habsburgo como a 1i
i puo:>ra
de la diversidad por parte de los teóricos españoles. las exigenciac; bélicas opuestas de Francia por un lado y el imperio j
') :opn¡oA
f
Con todo, la continua diversidad comenzaba a parecer un costoso
. :~:
otoma!lo por.otrn, fue el emperador Leopoldo I de Austria59 • ~uando ~ !P p-epp
') lujo en un sistema de estados competitivo donde el más poderoso de Hungría fue reconquistada a los turcos entre 1684y1689, un grupo
¡;

i LI!AO.IdÁ
de presión ejerció influencia para que fuera tratada, al igual que '30- .
) ellos, Francia, era también el más unido. La Francia del siglo XVII
_compartía en la práctica muchos de los problemas de las monarquías hernia en la década de 1620, como un reino conquistado. Sin embar- l
i u Áof-eq
·od-ei?µ
) f.
más evidentemente compuestas. Sin embargo, una vez se hubo res- go, los magnates y la pequeña nobleza terrateniente eran.demasiado dp·p~
:1
) taurado la unidad religiosa y la corona hubo superado los trastornos fuertes, y la administración irq.perial demasiado débil, para poderse t~
~i
1 -e1 uaD.
1) de mediados de siglo, estaba bien situada para atar más corto al centro suprimir fácilmente lac; libertaqes magiares tradicionales; la rebelión ( s-e1
~
a las provincias perifélicas. Gran parte de este proceso de unificación de Rákóczi en 1703-1711, en defensa de esas libertades, re·calcó el >'e ;J.llUd
) nacional fue alcanzado mediante el hábil uso del patronazgo, como mensaje de que a los húnga~os había que tratarlos con cuidado .. ·
f pu;J1qd
'}
) en Languedoc"5 , pero Luis XIV adoptó en su tratamiento de las pro- Ni el gobierno de Carlos 11 de Inglaterra ni el de Carlos 11 de Espa- [;:,_¡ 'e:>JU
vincias recién adquiridas una línea consdente de afrancesamiento ña, ambos perseguidos por recuerdos de la década de 1640, estaban l'
t l!Sl~A~
) político, administrativo y cultural. «Con el fin de afianzar mis conquis- en posición de tomar medidas más que indirectas para una uiilón n:tás cnsµo~
'} tas con una unión más estrecha a mis territorios ya existentes», escri- estrecha de suc; desunidos reinos, si bien la revuelta de Sicilia eri 1674- r'v4 so¡
_) bió en sus memorias, «intenté establecer en ellas las costumbres 1678 ofreció a la corona española una oportunidad para .re~~cir)os >.re.QU:)
francesas» 56 • Esta política, nunca tan sistemática como sugieren sus privilegios de Mesina60 • Haría falta el ascenso al trono español de la C;>!qWtn
J 1-ew dP
lJ;JAUO:>
J 5'I Diego Saavcclra F~jarclo, Emprr.sns /mlílirtlJ. ldeti de 1m J11'i11ri/1f! /10/ítir.o-r.ri.ftiano, I
ed. Quintín Aldea Vaquero, 2 vols., Madrid, Editora Nacional, 1976, 11, p. 614 (em- 57
·Alaiú Lotth, •Louis XIVand Flanders•, en Greengras.4¡ (ed.), ConquatamlCoa- )S;JJ~U!
) presa 61 );Juan ele Palafox y Mf.'ndo1.a, ~Juicio interior y secreto de la monarquía para lescence, cap. 5. . . )W;Jnb
) mí solo•, apéndice a José María.Jover, .. sobre los conceptos de Monarquía y nación .
58
Sahlins, Bouwfaric.~ [Fl'DntmsJ. pp. qS-123. l?ZJOj;JJ
511
en el pensamiento político espailol del siglo xvn .. , Ctuzdemos de Historia de fa/Jaiin, 1'3 Véase Spielman, úopoldl, cap. 6; Evans, HahsburgMonardiy [La monarquía de/os
HabsburgoJ, cap. 7. · .10d
b (1950), pp. 138-150. . .
55 Véase William Beik, A/Jsoluti.ott and Sncict_v in Sevcnte.n1th-Cmt11ry Fn;znr.e: Stat,.Prmlt!Í'
r
60
.Sobre el trasfondo de estos disturbios sicilianos, véase Luis Antonio Ribot Gar- ~
;

¡
-~ mulProvi11rialA1it1«.rar.y in /.nngul'ánc, Cambriclge, Cambridge University Prcss. 1985 ... _¡ cía, Ln revrie/ta a111;.,.,¡m1iola tm Mesi11a: cmuru y antecedmtes ( 1591-1674), Valladolid,
56 Citado en Sahlins, Bomrdmir.s [Fronlerr.t), p. 117. · Publicaciones de la l'nil'ersidad de Valladolid, 1982.
J
1 48 4D
~
r

) J'~

))
{
(
t
f'1
[Sp,\ÑA, [URUl'A ,. ll. MUNOO Dt: Ul:l'KMIAR UNA EUROl'A VE MON.o\RQUIAs WMl'UE.STAS
@:'
('
dinastía borbónica en 1700 y el subsiguiente rechazo de los catalanes, vincias de la corona de Aragón. No obs~~nte, incluso aquí las medidas
aragoneses y valencianos a aceptar su legitimidad para crear una si- de unificación, que incluían la eliminación de viejas instituciones y la ('
tuación en la que la abolición de los arreglos constitucionales tradi- abolición de barreras aduaneras, no lo abarcaban todo. Los catalanes, @'
cionales de la corona de Aragón pudi.era volver a ser conte~1plada . !~· pese a su destacado papel en la rebelión, conservaron su legislación
("'
-.;:·: ~ civil y la mayor parte de la penal, mientras que el uso obligatorio de
seriamente por Madrid. .1 ·.

En Escocia Carlos II recurrió a las bien probadas técnicas de patro- ·l·; la lengua casteJJana se limitó al mundo de los actos administrativos y la f'
nazgo, tan ·efi~azm.ente empleadas por su abuelo Jacobo VI y 1, pero correspondencia oficial62.
(
no podía ava~~r más lejos6 '. Como en España, el C<?.nflicto dimístico A pesar de talc~s supervivencias, y en parte a causa de ellas, durante
iba a propo.rcionar e'n Gran Bretaña el catalizador para nuevos pasos los dos siglos siguientes habría una tendencia acelerada en Europa a f'
hacia la unific_ación. La necesidad de proteger la R~volución Glorio- la creación de estados-nación unitarios. La monarquía compuesta, en ('
sa y el acuerd~ protestante de 1688-1689, y la conti.nua preocu~~ción cambio, parecía débil y anodina. Sus debilidades eran obvias y de
por la segurid~d nacional en tiempo de guerra, mientras la umon d~ hecho se han enfatizado mucho en estudios recientes: los inevitables \, f'
las coronas segwa incompleta, se combinar~n para crear las condi- resentimientos por el absentismo real, el reparto de cargos y la exclu- f
ciones en qué podía volver a debatirse en serio una base más sólida sión de los mercados inte1iores y coloniales, las dificultades que aca-
" (
para la unión'aílglo-escocesa. Irlanda, en su condición de reino re- rreaba asegurar una distribución equitativa de los costes de la guerra
conquistado asarigreyfuego, se quedó como un asunto diferente. y la defensa, el problema de la diversidad religiosa en reinos que de- (
. Dadas las enormes diferencias en su equilibrio de fuerzas interno bían lealtad a un solo monarca, y el peligro de intervención extranje- (
y su situación: lnternadonal, no es sorprend_ente que las tres m.onar- ra cuando se acumulaban los agraviosª"·
quí~ compuestas ~e Europa (la austriaca, la espruiola yla b1fainica) Aun con todas estas debilidades, las monarquías compuestas de los f
se reorganízaran de formas muy difer.entes. Aun así, esta reordena- siglos XVI y XVII mostraron una notable capacidad de resistencia y su- (
ción ,general, que ocunió entre 1707 y 1716, sirvió en todos los ca.sos pervivencia. Llama la atención que, durante el periodo que transcu-
{
para vincular más
estrechamente entre sí a las p~rtes componentes. rrió entre la disolución de la Unión de Ka.lmar escandinava en 1523
La solución ·austriaca de 1711 fue realizar un pacto con los húngaros, y el establecimiento de la unión anglo-escocesa de 1707, sólo tuvieran (
la Paz de Szaunár, i>or la cual se garantizaban la continuación de la éxito tres secesiones de monarquías compuestas: la de las provincias
septentrionales de los Países Bajos respecto de España, la de Suecia
{
diversidad rel.igiosa y la supervivencia de la constitución magiar a
cambio de que reconocieran la sucesión hereditaria por la línea mas- respecto de Polonia, con la renuncia de la lealtad a Segismundo III (
ctilina de los Habsburgo. Quedaba así abierto el camino pa1'a la Mo- en 1599, y la de Portugal respecto de España en 1640. {
.narquía Dual de 1867. En 1707 también Íos ingleses había~ llegado a . ¿Cómo se mantuvieron durante tanto tiempo uniones tan artificia-
·un· acuerdo por el éual los ·escoceses, como los magiares, conservaban les en su origen y tan poco trabadas en su articulación? La contigüi- l
sus propias leyes e identidad religiosa~ S~n emb~go, con e~ ins~lito, dad, como afirmaban los contemporáneos, era evidentemente de {
establecimiento de una unión parlamentaria y con sus medidas para ayuda, pero resultó insuficiente para mantener a Portugal dentro de la
fomentar la unificación económica, la unión anglo-escocesa iba mu1 /. monarquía hispánica. La «Conformidad», sin duda, también contri- l
cho más lejos que la Paz de Szatmár en la creación de ~n estado c?~e- ,:J! buía, pero se trata de un término vago y ambiguo: ¿acaso tenía Escocia l.
,!.•
sivo y unitario. . · · . · : ·· ·K li { (.
La solución más integracionista de las tres fue fa adopta.da p9r \·' r. "'T.--.
~.· • 62 Sobre los decretos de Nueva Planta en Aragón y Valencia, véase Henry Kamen, ·

.
.
Madrid. Su victoria sobre los rebeldes de Aragón, Valencia y Ca.caluña:. \'- '. t T,~u Waro/Succasion in Spai11, 1700-1715, Londres, Weidenfeld & Nicolson, 1969 [La 'l
le había dado carta bÍanca, y los decretos de Nueva Planta de 170~- -> ;¿ guma de Sucesión en España (1700-1715), trad. Enrique de Obregón, Barcelona, Grijal- ~
1716 suprimieron para siempre los regímenes distintivos de las pr<t ~ -:.':. bo; 1974], caps. 12-13; sobre los de Cataluña, véasejoan Mercader i Riba, Felip Vi
. .
,,¡ I
¡ ~\· r¡;ptalunya, Barcelona, Edicions 62, 1985 (2! edn) .
~· ~.,; 65. Véase Conrad Russell, ·The British problem and che English Civil War.. , His-
'-
Trevor-Roper, :union of Britain .. [ .. 1...a Unión de Gran Bretaña•]. P· 466. ; tory, 72 (1986), pp. 395-415 . 4~
61 1u•i'
.:.. t
(
F-'iPAÑt\, EurmPA " EL MUNflO llE Ul.TRAMAK UNA EUROrA l>E MONAAQUIAs C'.OMl'UFSTAS

.... ··
· r';'
(otro miembro de una unión contigua) más conformidad con Ingla- emergencia. Las fuerzas de 4n reino podían utilizarse para sofocar
terra que Portugal con Espat'la? ¿Era inevitable la permanencia de la disturbios en otro: las reservas militares y financieras de Castilla: ayu-
unión de Escocia con Inglaterra de un modo que la de Portugal con· daron a Felipe II a mantener·el control sobre Nápoles y Aragón, las
España no lo era? Se diría que cuesta trabajo creerlo. de Inglaterra permitieron a l<;>s Tudor persistir en sus costosos inten-
Si consideramos el carácter general de la Europa moderna, con su tos de. reforzar su dominio en Irlanda y los Habsburgo austriacos
profundo respeto por las estmctu1!1s corporat,ivas Y.Pºr los derechos, pudieron hacer uso de sus tierras patrimoniales para continuar ejer- ·
ciendo presión sobre los magi~res~ Las monarquías múltiples ofrecían
1
privilegios y costumbres tradicionales, la unión de provincias entre sí 1
j
'

aeque jnincipaliterparece encajar bien con las necesidades de los tiem- múltiples oportunidades además de múltiples limitaciones.
pos. La misma falta de rigidez de la asociación era en cierto sentido La prueba de la calidad ~e los estadistas entre los gobernantes de
su mayor fuerza. Permitía un alto grado de autogobierne local conti- la edad moderna se cifraba. eq si eran capaces de darse cuenta de las
nuado en un periodo en que los monarcas simplemente no se halla- oportunidades al tiempo que seguían siendo conscientes de las limi-
ban en posición de someter reinos y provincias periféricos a un estric- taciones. Formas de unión que en el siglo XVI parecían ba5tante ade-
to control real. Al mismo tiempo, garantizaba a las élites provinciales cuadas comenzaban a parecer inadecuadas a principios del XVII. No
el disfmte prolongado ele sus privilegios existentes, combinado con obstante, las presiones ejercidas por el aparato del estado para lograr
los beneficios potenciales que se derivaran de su participación en una una unión más perfecta (concebida de manera convencional en tér-
asociación más amplia. minos de conformidad legal, institucional y cultural con el modelo
El punto hasta el que tales beneficios se materializaron en realidad proporcionado por el miembro dominante de la asociación) tan sóló
varió de una unión a otra y de un periodo a otro. En cuanto a seguri- se1vían para reforzar el sentido de identidad distinta entre los pueblos
dad militar y provecho económico, lasventajas para Portugal de su amenazados con la absorción. Esto a su vez planteaba la posibilidad
unión con Castilla parecían mucho mayores a la generación de 1580 de recurrir a medidas más drásticas, incluida la conquista abierta y el
que a la de 1640. Las esperanzas depositadas por las élites provinciales traslado masivo de poblaciones. Sir William Petty, inspector gen~ral
en un aumento de las oportunidades económicas y un continuo fhtjo de Irlanda, propuso un intercambio de habitantes a gran ·escal~·entre
de cargos y honores se vieron defraudadas demasiado a 1nenudo, pero Inglaterra e Irlanda, y los comisionados de Leopoldo 1 en el gobierno
los atractivos de la corte y de una cultura rival dominante las podían de Hungría recomendaron un trato preferencial para los alemanes
convertir en cómplices vol untados en Ja perpetuación de una unión en la repoblación de tierras tomadas a los turcos, con el fin de templar
de la que todavía esperaban cosas mejores. Las presiones para Ja per- la rebelde sangre húngara con la leal raza germánicaM. ·
petuación, de hecho, podían proceder en igual o mayor medida de El estado fiscal-militar dieciochesco, con más poder a su disposi-
las élites provinciales que del gobierno central. Incluso si llegara el ción que su predecesor del siglo XVII, tenía también más que ofrecer
desengaño, como a menudo s~cedía, ¿a qué otra parte iban a ac.udir?. en términos de empleo y oportunidades económicas. Con todo, las
Como las provincias septentrionales de los Países Bajos descubrieron• m~narquías «ilustradas» del siglo XVIII siguieron siendo esencialmen-
durante los primeros aiios de su lucha contra España, los movimient~s te compuestas; allí donde se buscó mayor integración, continuó sien-
secesionista5 que terminaban en alguna forma de.república eran mi-t do dificil de alcanzar, como descubrió el emperadorJosé 11 a su propia
radas con recelo en el mundo monárquico de la Europa moderna.! costa. El súbito surgimiento del nacionalismo a caballo entre lo.s si-
Una de las razones del éxho de la revuelta lusitana fue que Portugal, glos XVIII y XIX daría un mayor impuJso a la creación del estado-nación
en la persona del duque de Braganza, tenía un rey potencialmente unitario que el sumado por· los decretos reales y las acciones de los
legítimo a la espera. . . .·; burócratas a lo largo de muchas décadas. En ese mismo momento,
En la medida en que la perpetuación de estas union~s depen~f~ irónicamente, los inicios del movimiento roniántico dotaban a la di-
·i
también del demento disuasivo.de la coacción, los soberanos de los

reinos múltiple~ poseían una ventaja sobre los de reinos simples por 64
~. Perceval-MaxweJI, .. 1rela11d and the Monarchy in the Early Stuart Multiple
los recursos adicionales cielos. que se podían senrir en los casos q;~· Kingdom•, Hiftoricnl.foumnl. 34 (19!11), p. 295; Spielman, ún/Jo/.dl, pp.139-140.

'53 •.
'J
.. - ·- -- ·-----w-.........__._ .< nceett~
1 ~ -
J
!11'I~ }
}
· EsPAÑA. EUllOl'A Y EL MUNDO DI:: ULTRAMAR
i¡;¡t ~
. versidad étnica y.nacl.<:>nal de una nueva aura de legitimidad al propor-
cionarle fundamentos his.tpricos, lin.güísticos y literarios más firmes.
Por consiguiente, en el es~do unitario, igual que en su predecesor, las
CAPÍTULO II
¡;¡
q
1,
:~
'
}

relaciones de las r.egiones y provincias componentes tanto entre sí


!!; ' }
APRENDIENDO DEL ENEMIGO:
como con el ntjsmo es.tad,o implicarían oscila~iones complejas e ince- INGLATERRA Y ESPAÑA EN LA EDAD MODERNA
)
santes en la balan~ de las lealtades, unas oscilaciones basadas en ir': )
cálculos políti~os, realidades económicas y actitudes culturales cam- '.•,.
)
biantes. ·!'f:
Ahora que las insuficiencias de esa creación del siglo XLX, el estado- }
nación.integrado, están quedand.o a su vez penosamente al descubier- )
to y la unióri aeque prindpalitervuelve a ser la orden del día, la monarquía i 1111
compuesta de los siglos XVI y XVII puede comenzar a comprenderse )
como lo que· fue.: ~o simplemente como un insatisfactorio preludio a El 29 ele diciembre de 1956 Hugh Trevor-Roper me escribió para )
la construcción de una forma más eficaz y permanente de asociación decirme que había cancelado su prevista visita a España: «Tenía la ;:! r
f _. }
política, sino como uno de los varios intentos de reconciliar, desde el in tendón de ir -escribía- en relación con el tema que había esco- .;: '

punto de vista de las necesidades y posibilidades contemporáneas, las gido para las Conferencias Ford, las cuales había supuesto confiada- !·, '. )
aspiraciones op~es.tas d.e unidad y diversidad que han seguido siendo mente que me iban a pedir que diera». Sin embargo, el consejo rector, ;..~r! '
,:¡e
1 }
unaconstante de la histo1ia europea. Como tal, la monarquía compues- que procedía de manera misteriosa (como sin duda lo hace todavía),
ta conoció éxitos y fracasos. Es probab1e que hasta la unión más perfec- tomó otra decisión. «Así pues, ahora -me escribía Trevor-Roper-, lil•l.
'1.
\
(.
)
ta, después de todo, tenga sus imperfecciones en un mundo donde en vez de proseguir con mis frustradas investigaciones, estoy maqui- '1

-por citar el razonamiénto del obispo Palafox tras la catástrofe ele los nando mi venganza». Aunque su nombramiento como Regius Pmfessor
::
( }
planes de Oli~es para la unión de España- en Valencia crecen na- de Historia Moderna en Oxford seis meses después le proporcionó . )
'-
ranjas pero no castañas, mientras que en Vizcaya crecen castañas pero su desquite contra los medievalistas que impidieron su elección para
J
no naranjas, y aSÍ es como creó las tierras Dios65 • las Conferencias Ford, es de lamentar que las dejara sin escribir ni
pronunciar. El mundo se vio privado de lo que habría siclo un brillan- :
J
te panorama de las relaciones anglo-españolas entre 1604 y 1660. ( J
Cuando fui honrado por el consejo rector de la Funda~ión Dacre con '
la invitación a inaugurar el ciclo anual de Conferencias Dacre, me \ }
pareció apropiado escoger un tema relacionado con el de esas otras }
jamás dictadas por Trevor-Roper, por más que no se pueda subsanar
su ausencia. Con ello, rindo homenaje no sólo al mayor autor de en-
' )
sayos históricos de mi época, sino también a un hombre al que siem- J
pre estaré agradecido por la amabiJidad y generosidad que mostró a }
., ~· un joven historiador en los inicios de su carrera académica• .
.1
.1 ,. • Hugh Trevor-Roper (1914-2003) escribió ensayos históricos sobre una gran
variedad d.e temas. Su investigación de la muerte de Hitler le ganó fama mundial,
4Cl 'j
'1i1
pero también realizó destacadas contribuciones al estudio de la edad moderna britá- ( }
nica. En 1979 se le concedió el titulo de lord Dacre o barón Oacre de Glanton. Las
'.f Conferencias Ford (Ford Lectures) son un prestigioso ciclo de conferencias sobre his- ( J
,, toria británica, instituido en honor de james Ford (1779-1851), que es pronunciado
65 Palafox y Mehdoza, •Juicio inte1ior .. , pp. 145-146. '··~· 'cada año en la Universidad de Oxford por un dist.inguido especialisra en la materia. ( }
j
~
~
,)
) f..'il'AÑA, EllKI ll'A ,. l'.l. MUNDO OE u1:rKAt.tAJl MRENl•IENllU DEI. t:NUflC«): INGU.TEAAA V WAÑA EN LA EllAP MODERNA

.) Hugh Trevor-Roperviajó por primera vez a Espa1ia en 1951 (cinco Este ensayo dice menos sobre Gondomar de. lo que Trevor-Roper
) años antes de la carta que me enviaría) y escribió a Bemard Berenson hubiera dicho y elude en gran parte la actividad diplomática entre la

)
que el país visitado había llegado a tomar en sus sentimientos cccasi, . España de los Austrias y la Inglaterra de Jos Estuardos, que es de supo- i ·v
aunque no del todo», el lugar hasta entonces ocupado por Italia. Quedó ner habría sido el foco de atención de sus conferencias. Todavía care;,
) profundamente impresionado por «el vacío dorado, infinito, elevado y cemos de una desciipción completa de esas turbulentas relaciones, sólo
maravilloso de la meseta castellana» y por «la gra11itasclásica de hasta el comprensibles si se tiene.en cuenta el anterior contexto de enfrenta-
) más mísero labrador espailol» 1, El país, según escribió, le fascinaba y, miento entre la Espa1ia de Felipe JI y la Inglaterra de Isabel I durante
) como historiador, también lo hacía su pasado. Mienúas se preparaba Jas últimas décadas del siglo XVI 3 • Gondomar, en una de sus cartas,
para visitar el monumental Archivo General de Simancas en la provincia recordaba que Carlos V solía decir: «Guerra con toda la tierra y paz '··
}
de Valladolid en verano de 1953, escribió a Berenson: «¡Qué maravillo- con Inglaterra»". En los años inmediatamente posteriores a la muerte
J sos temas históricos hay en E.'ipaila! Ojalá hubiera historiadores para de María Tudor en 1558, la tradicional amistad anglo-española se des-
explotarlos» 2 • Siempre atento a las similitudes y diferencias entre Espa- moronaba a ojos vistas y, por los años de 1580, a pesar de la natural

'
j
)
ña y otras sociedades contemporáneas, estaba persuadido de que el
conocimiento de la historia hispánica era esencial para comprender
desarrollos en la Europa de la edad moderna como un todo, una con-
prudencia de los dos monarcas, la grieta entre ambos.países se estaba
convirtiendo en un abismo. El fracaso de Felipe II en cela Empresa- de
Inglaterra» en 1588 fue seguido por 16 años de guerra abierta, la cual =¡·
vicción reforzada por su admiración hacia Femand Braudel y su obra sólo terminaría en 1604, después de su muerte y la de Isabel I. ·
)
El Mediletráneo y el mundo mediterráneo en. la época de Feli/1e IL No es extraiio, Los acontecimientos de los reinados de María Tudor e Isabel I iban
} pues, que impartiera regularmente un curso de licenciatura sobre Es- a enturbiar todo lo que sucedió más tarde. Iban a crear imágenes
) paña y Europa en el siglo XVI; sus Conferencias Ford, dedicadas al si- recíprocas que persistirían hasta el siglo xx y que quizá todavía no sé : .1:

glo XVII, hubieran sido un desarrollo lógico de algunos de los temas hayan desvanecido del todo incluso hoy en día. En ambos páíses, el
) tratados en esas clases. Si hubieran llegado a ser pronunciadas, sospecho conflicto religioso agudizó el sentimiento de identidad nacional y ... ,
) que habría hecho hincapié en las actividades del famoso embajador contribuyó a formar ideas del otro que cobraron la rigidez de estereo- ' ~t·
¡~;
español en la corte dejacobo I, el conde de Gondomar.·una vez me tipos. Inglaterra se identificaba ahora con orgullo con la causa pro-
t pidió que intentara hallarle una rara publicación relacionada con el testante. Al mismo tiempo, entraba en la conciencia española como
·"!i
)
I;i
influyente diplomático, y leyó los cuatro volúmenes publicados de su una nación de herejes. Esta i~agen negativa de los ingleses se vio ;¡~
) correspondencia con tanto detenimiento como para redactar una lista alimentada por las noticias de persecuciones difundidas por los exi- :'j~-
mecanografiada de correcciones. En ella identificaba persom~jes de la liados católicos refugiados en España5 • En 1588 eljesuita Pedro de fl!
) corte dejacobo I que recibían pensiones de los españoles y aparecíari Ribadeneyra, quien había estado en Londres en la época de la muer-
t sólo bajo seudónimo; al mismo tiempo, se1ialaba que julio César no era te de María Tudor, ofreció a los lectores españoles en su Historia ecle-

J
un alias (según suponía, no ilógicamente, el editor español), sino que
se trataba nada menos que de sirjulius Caesar, el JHa.sterofthe RoU.s, un
'li
~
j~
puesto clave en la cancillería y la magistratura de Inglaten-a. 3
He proporcionado un resumen de esas relaciones bajo el título •A Troubled
Relationship: Spain and Great Britain,.1604-1655 .. , enjonathan Brown yjohn Elliott
) ·r (eds.), The Sale o/ the Century: A rtistic Relations betwten Spriin rmd Great Britain, 1604-
; '1
J Algunas de las universidades británicas Uadicionales cuentan con c<iledra.o; creadas por .:·
1655, New Haven (Connecticut) y Londre1, Yale University Press, 2002, pp. 17-38
[•Una relación ag:.tacla: Espaiia y Gran Bretaña, 1604-1655•, trad. MaríaLuisaBalsei- ;·~.
} la corona. El puesto de Rtgius Proft.ssor o/ Modem History en Oxford al que se alude en , .:··:·. '. ro, en La almnnedr. del s;gto. Relaciotlt'.s artísticas ent~ Espmia y Gran Bretaña, 16()4-1655,
este párrnfo data de 1724 y puede ser ocupado, y a menudo lo ha siclo, por medievalis- " :; · ,Madrid, Museo N~cional del Prado, 2002, pp. 17-38].
) tas (Historia Moderna se utiliza aquí simplemente como ténnino opuesto a Hisloria ~-~ ·. t\ .. 4 Cornspondn1cia njir:ial de Don Diego Sannimto de Acuña, Conde de Gondomar, ed.
Antigua). Sobre las Conferencias Dacrc (Dnr.re letturt.f}, véao;e el Prefacio de este libr<>'. ' Duque de Alba et C'.l., en Doetmumtos inéditos para la historia de E.fpmia, 4 vols., Madrid,
) 1 i..l'ttr.rsfrom Oxfrml: Huglt 1rcvnr-R.o/Jer to Benuml Bcnmson, ecl. Richard Davenport:. · '· J'ipograffa de Archh•os, J 936-1945, IJ, pp. 102-103.
5
Hines, Londres, Weidenfeld ancl Nicolson, 2006, pp. 72-73 (25 de septic1~1bre ele 1951):_' ';-; · ,.. , Véase Albert J. Loomie, T/1t S/itmish Elizabtthans: Tl1t Englisli .Exiks al lhe Court o/
J 2 /bid., p. 122 (9 de agoslo de 1953). : " ~· ~:;. ·Pliilipll, Nueva York, Fordham University Prcss, 1963. ,i,

.q
j
J GG 57
j
'")
f"•
, .. t

· EsPAÑA, EUROPA Y EL MUNDO lJE Ul:l"RAMAR. :


·;.'

-· APKJ::NIJlt:NOu Ot:I. •:NJ::f.llC:O: INGLAJ'J::RR.'\ V E.'if'AÑA EN IA •:tlAIJ MOln.l<NA


... '
(
(
siástica del Cisma del mno de Inglaterra un gráfico relato de los orígenes súbditos y suscitó una nueva oleada de sen.timi~nto·ai~tlespañoJ que (
y el desa:rrollo C:Ie la reforma protestante: «Un reino noble, rico, pode-· impulsó a Inglaterra a cinco años de guerra contra España en 1625H.
roso [... ] que solía ser un paraíso de deleites[ ... ]'hecho una cueva de Durante la década de l630, Jos intentos de Carlos I de Inglaterra de
'
1
~
<
bestias fieras, un refugio de traidores, un puerto de corsarios, una reforzar los lazos entre ambos países contribuyeron a acentuar el dis- •J (
espelunca de ~~drones, una madriguera de s'erpien tes» 6• tanciamiento entre él y sus súbditos. Veinte años d~spués, ~uando •1;;
~ (
Los ingleses, por su parte, pagaron con la misma moneda. Fue en Cromwell lanzó en 1655, al estilo isabelino, su Western Design ....:...un J (
la segunda mitad del siglo.XVI cuando la Leyenda Negra del fanatismo
y la crueldad españoles quedó grabada en la conciencia nacional in-
plan para la política exterior occidental con una expedición contra
el Caribe español-, se sirvió de un profundo caudal de hostilidad
n (
glesa. Esta tenebrosa imagen de España se vio exacerbada por ciertos hacia un país sobre el que todavía se consideraba que aspiraba a Ja H
't (
elementos adicionales: los recuerdos desgraciados del reinado de monarquía universal 9 • «Pues, en verdad -decía CromweJJ en su fa- '11
~-
María Tudor, las noticias de las atrocidades perpetradas por el duque moso discurso e.le apertura del Parlámento en septiembre de 1656- ·j:
:1 ~.
(
de Alba y sus.tropas en los Países Bajos, las historias sobre la Inquisi- vuestro gran enemigo es el Español... Es un enemigo natural, t~l por ~ l
(
ción española que no paraban de circular por la Europa protestante, naturaleza» to. ...r
los relatos del exterminio de los pueblos indígenas de América (a los Sin embargo, hay otra cara, aunque menos conocida, de la historia (
que añadió credibilidad la publicación en 1583 de la primera versión de las relaciones anglo-españolas en la edad moderna. Como poder {
t
inglesa de la Brevísima relaci.ón de la destruición de las Indias de fray Bar- dominante de Europa, Espat1a era una fuente de fascinación hipno-
tolomé delas.Casas), y los rumores espeluznantes sobre Felipe II y su tizadora para otros estados del continente. Aunque su hegemonía ,¡j (
corte atribuid?S al ex secretario del rey Antonio Pérez, quien en 1593 política no se veía acompañada por la cultural, firmemente basada en ·¡.·, (
encontró refugio en Inglaterra por algún tiempo7 • Italia, su influencia en este plano (expresada en la lengua, la moda,
Las iniágenes negativas de Inglaterra y de España crearon un clima la literatura, el teatro y los tratados devotos) estaba muy extendida y 'll
:!!
" (
\
.';f
en la opinión.pública en ambos países que complicó y obstaculizó a veces era profunda. Isabel I, lord Burghley y sir Robert Cecil domi- (
1:.·
cada tentativa oficial de acercamiento durante las décadas que siguie- naban el español; es posible que el segundo, fascinado por el país y (
¡.:i:
ron al tratado de paz anglo-español de 1604. El conde de Gondomar, su literatura, poseyera la mayor colección privada de libros españoles ~.: ~·
'que desplegaba todo su extraordinario talento diplomático para pro-. en la Inglaterra isabelina: 56 títulos 11 • A partir del decenio de 1590 se . 1¡ (
mover una alianza dinástica, fue el hombre más· odiado de Londres
:·1
!;i: (
.· d1:1fante el reinado dejacobo 1, como nos recuerd~ el espectacular ,,j
..
¡)Í; {
éxito teatral de A Game at Chess [«Una partida de ajedrez»] de Thomas 8 \.

t'I
Sobre el fracasado enlace y sus consecuencias, véanse: Thomas Cogswell, Tlie
Middleton en 1624. La perspectiva de un matrimonio entre Carlos:, (
BlessedRevolution: English Politics and the Comingof War, 1621·1624, Cambridge, Cam- ~
· el príncipe de Gales, y la hermana de Felipe IV, la infanta María, era bridge Univcrsity Press, 1989; Brown y Elliott, La almoneda del siglu. Glyn Redworth, (_
. contemplada C<?n pro~nda desconfianza en España; cuando Carlos The Prit1ce and the Infanta: The Cultural Politics o/ the Spanish Matcll, New Ha ven (Con· (
necticut), Yale University Press, 2003 [El Príncipe y la Infanta. Una /1oda real.frustrada,
regresó de su desastroso viaje a Madrid sin una novia en otoño de trad. Óscar Recio, Madrid, Taurus, 2004]; Alexander Samson (ed.), The Spatiish { l
1623 su retorno fue motivo de locas celebraciones entre sus futuros Match: Princ:e Charles'sjfJumey to Mad1id, 1623, Aldershot, Ashgate, 2006. I'. (
, . . . 1:1 9 \
Véase a modo de ejemplo Benjamin Worsley, The Advocate [ .. EJ abogado .. ], de
.
-;-;edro de Ribadancyra. S.I., Historias de la ContrarTtfonna, Madrid, Biblioleca ,d~ :.¿
. .• ¡ 1652, citado en Steven C. A. Pincus, P1Vtestatitism and Patriotism: ltleologies mzd the Ma·
Mng o/ E11glish Foreign Policy, 16.5()..1668, Cambridge, Cambridge University Press,

¡;
( l
,.
·
Autores Cristianos, 1945, p. 1196. . . ..
7 Véase William S. Maltby, The Black Legend in England: The Development o/ Ant~· , ~·
··. . .~·. 1996, p. 48: ~El plan de Espafüt es alcanzar la monarquía universal de Ja cristian·
dad». ¡! '
t-
Spanish Sentiment 1558·1660, Ourham (Carolina del Norte)', Ouke Universil)' Press, i:l. ·. ~o T/ie ·~"1iti1zgs ami Speec/1es of Oliver Cro_mwell. ed. Wilbur Cortez Abbott, 4 vols., I·
r, ~
" ·1971 [La Leyenda.Negra m Jnglatm'a· Desarrollo del sentimiento anti·hispánicó, l 5.58·1660, ·:: ·~ l937-1947, Cambridge (Massachuseus), Prentice Hall, 1937-1947; reimpr. Oxford,
1!
' {
· _trad. Juan José U trilla, ~éxico, Fondo de Cultura Económica, 1982). Para un es~di~ }
de conjunto sobre la imagen de España en la edad moderna entre los extrnnJero~. -;
· véase J. N. Hillgarth,.The Mirror o/ Spain, 1500.1700: The Fo11nation o/ a Myth, ~n ·~ .
· Arbor (Michigan), University ofMichigan Press, 2000. · · .:\ .~
.Oxford University Press, 1988, IV, p. 261.
11
Gustav Ungerer, «The Print.ing ofSpanish Books in Elizabethan England•, Tite
Library, Serie V, 20 (1965), pp. l 77-229. Véase el Apéndice 11 para la lista de los títulos
españoles de la colección de Burghley.
/.
¡1·
11

J
'
t l
( {
~
f
F.'irAÑA, EUROl'A Y EL MUNDO DE lllXRAMAR ArRY.NlllENl>O Uf.L ENEMllOO: INGl.An:KRA y F.srAÑA EN l.A El>Al> MOl>EKNA

.(,
puso de moda aprender la lengua 12 y se comenzaron a publicar útiles reanudación e.e las relaciones c;:omerciales hizo volver a los niércade- 1

guías, como A Dictionarie in Spanish and English [«Un diccionario de · res ingleses a la Península. Con 'todo, España, con sus dificiles·condi- ~
español e inglés»] dejohn Minsheu en 1599, su A. Spanish Grammar ciones para viajar, sus horribles posadas y, sobre todo, sus riesgos reli-
[«Una gramática española»] y los Pleasant and Delightful Dialogues giosos nunca llegó a formar parte del grand. tour, el itinei"atjo etiropeo·
[ «Agradabl~s y deliciosos diálogos»] en español e inglésts. que se consideraba esencial ·en Inglaterra para completar la educa-
Para aquellos que carecían de la inclinación o la capacidad de leer ción de los jóvenes de las cl~es pudientes 16• ·
obras en el idioma original, un aluvión de traducciones del español Sin embargo, la llegada inesperada a Madrid de Carlos, el príncipe
aparecieron en las décadas iniciales del siglo XVII, encabezado por la de Gales, en la pdmavera de 1623 añadió toda una nueva dimensión
versión de la primerá parte de Don Quijote a cargo de Thomas Shelton a las relaciones no sólo políticas·sino también culturales entre España
en 1612, siete años después de la publicación del libro en Madrid. e Inglaterra. Sus casi seis Jl?.eses en Madrid iniciaron al príncjpe en ·
A pesar de las diferencias religiosas, la literatura devota hispana encon- una corte, y en una cultura cortesana, muy diferentes al d~or«;ien ·pa-
tró lectores ingleses, yJohn Don ne y Richard Crashaw figuraron entre laciego de su padrejacobo I. Asu acceso al trono en 1625;los inten- - •'
,¡.

quienes buscaron in~piración en los místicos españoles. Donne escri- tos de Carlos I de introducir una mayor gravedad y decoro ·en ehi~ ... ¡ ··'
~ 1

bió sobre su biblioteca que encontraba allí «más autores de esa nación y etiqueta de la corte inglesa parec~n reflejar la fuerte imp~e~~~n qüe . ~ .'!.

que de cualquier otra» 14• En cuanto a la indumentaria, el negro espa- le causó su contacto con los complicados protocolos dela cdri:e·:de · .. ·"
ñol llegó a ser considerado el colmo de la elegancia. «He oído -es- Felipe IV, meticulosamente concebidos para mantener al rey a dis-
cribía Francis Bacon en 1616--que en España (una nación solemne; tancia17. Además, su descubrimiento de la extraordinaria colección
a la que desearía que pudiéramos imitar en esto) se permite a actores real española de pinturas, con sus magníficos Tizianos y otros gran-
y cortesanos la vanidad de ricos y costosos ropajes, pero que se le veda eles maestros venecianos, agudizó su propia afición por el árte·y con-
a hombres discretos y matronas bajo pena de infamia» 15 • Dado que tribuyó a convertirle en uno de los mayores coleccionistas eri,tre ~os ·l'.
sus palabras estaban dirigidas al futuro duque de Buckingham, caye- príncipes del siglo xvn 18 . También pudo ver con sus propios ojos El
ron sin duda en saco roto. Escorial, que visitó con Felipe·IV en la primera etapa de ·su viaje de
Este interés por Espafia no se veía reforzado en general por un regreso. El Escorial había ejercicio fascinación durante largo ~empo en _
conocimiento de primera mano del país. Pocos ingleses, aparte de los las capitales de Europa. Lord Bürghley poseía un notable dibujo del
exiliados católicos, viajaron a la Península durante los años de guerra edificio en proceso de construc;:ción durante la década de 1570, aiio't:ado'
abierta bajo Isabel 1, pero con la vuelta a la paz en 1604 la situación. con sq propia mano como «La casa del rey de España» (.fig. 1) 19, Cuan-
cambió. Un buen número de cortesanos tuvieron su primer contacto
directo, no siempre bienvenido, con el país en 1605, cuando el conde
16
de Nottingham viajó con un séquito de quinientos acompañantes a Véasejohn Stoyc, Engl.isli Tra11e/lers Abroad, 1604-1667: Their Injluena.0:.Engl.isli
Valladolid para ratificar el tratado de paz, y en los años posteriores la Sor.iety and Politics, Londrcs,J onathan Cape, 1952, edn. rev. New H.aven (Cónnccticut)
y Londres, Yale Unin!rsity Pres.o;, 1989, caps. 10 y 11. La visita de la delegación de Not-
tingham se describe en pp. 233-240.
.. . 17 Kevin Sharpe, Thc Personal Rule o/ Charles l, New Haven (Connecticut) y
12 Gmtav Ungerer, Anglo-Spanish Relalions in Tttdor Literalw-e, Berna, Francke, Londres, Vale University Press, 1992. pp. 216-219. Sobre la cultura cortesana españo-
1956, pp. 168-171. . la, véase J. H. Elliott, S/min mrd its Wt1rld, 1500-1700, New Havcn (Connecticut) y Lon-
· 15 Hillgarth, Mirroro/Spni1i, pp. 449-451. Una edición facsímil dejohn Minsheu, dres, 1989 [Espmia )'su mundo (1500-1700), ttad. Ángel Rivero Rodríguez y Xavier Gil 1··

A Dictionarie in S/Ja11ish and Etiglis/i, füe publicada con Ün breve estudió preliminar Pujol, Madrid, Taurus, 2007], cap. 7 .
. " ~ Véase Brown y Elliott (eds.) .. la almoneda del siglo;Jonathan Brown, K.ings and
1
por Ja Universidad de Málaga en 2000.
14
Citado por Ungerer, •The Printing ofSpanish Books•, p. 182, n. 2; véase tam- . Connoisseurs: Colú.r.tiug Arl in Seventcr.nt/1-Century Europe, New Havcn (Connecticut) y
bién Peter Russell, •English Seve~teenth-Century lnterprctations ofSpanish Litera- Londres, 1995 [El triunfo tk la /Jintum. S(Jbre el coleccionismo corle.fano m el siglo XVII, trad.
ture•, Atlante. 1 (1953), pp. 65-77; R. V. Voung, /Ucliard Cráshaw and lhtSpanish Goldeñ María Luisa Balseiro. Madrid, Nerea, 1995], cap. l. .
A~, New Haven (Connectkut) y Londres~ Vale Uriiversity ~ress, 1982.. . .. · 19 George Kubler', Buildingtliefücoria~ Princcton (Nucvajen;ey), Princeton Uni-
15 Tlie Works o/ Francis Bnr.on, ed. James Spedding, 14 vols.•. I..ond~es, Longman,: versity Press, 1982, p. 21 [la obm del Efcoria~ trad. Femando Villaverde, Madrid,
1857-1874, XIII, p. 23 (car:ta dr: Georgc Villiers). · Alia01.a, 1983], p. 21. Para una discusión del dibujo y su autoría, véase ~edro Navas-

f>O
t
f
t
f
Esl'AÑA, EUROPA\' EL MUNOO DE u1:rRAMAR
.-\l'RENIJIENIJll 111::1. t::Nt:t.llGO: IN(;l.ATEIU<A \" ESl't\Nt\ EN l.A 1::0.\U M<JllEkNA. (
{
{
(
(
(
'(
(
f
\ (
(
(
(
Ftgura 1. An6nimo,.ElEscor4zl en construcción (Hatfield House, Herúordshire). (
{
do Carlos 1 pensó en reconstruir el palacio de Whitehall, parece haber (
tenido en mente ~J. Escorial en gran medida. En sus días de cautiverio.
en el castillo de Calisbrook se le podía ver absorto en los tres volúme- (
nes de comentarios deJuan Bautista Villalpando sobre el profeta Eze- (
quiel, con sus ilustraciones para la reconstrucción del Templo de
(
Salomón enjerusalén, considerado entonces el modelo para el mo-
nasterio-palacio de Felipe 11 (fig. 2)2º. {
La influencia española en el compor~mien_to y .las actitudes de
tl
Carlos 1 es un ejemplo, a un nivel muy elevaqo, de unos víncu.los cul-
tuíales entre Inglaterra y España cuya diversidad y riqueza todavía l
·están por explorar del todo. Además, la historia de las relaciones, l
tanto culturales como políticas, merece ser situada en el contexto más
am¡:>lio, tan relevante hoy como lo era en los siglos XVI y XVII, de las t
l
cués Palacio, .cLa obra como espectáculo: el dibltjo Hatfield .. , en Las Casas Reales. El ' t:-
Palacio, IV Centenario del Monasterio de El Escorial, Madrid, Comunidad de Madrid,
1986, pp. 55-67. .
't
20 Véase Roy Strong, Britannia Triumphans: lnigo]ones, Rubms and WliitehallPalace; ( (.
Londres, Thames and Hudson, 1980, pp. 56-63. Aunque la idea de un palacio según
el modelo salomónico podría haberse sugerido durante el reinado de Jacobo I y (t
habér sido adoptada por lpigojones, parece lógico suponer que la ~mpresión que la
visita a El Escorial causó en Carlos diera un nuevo impulso al proyecto.
Figura 2. Alzado del Te111plo de Salomón.
'l (

~
,_...,
l,)
APRE.NDIENllO l>f.1.1'.NF.MIC.O: INc:~~\fP:tRA \' EsrAÑA EN IJ\ El>Al> MOLl&RNA
1,) EsrAÑA, EUROl'A \" t:l. MUNllO llf. Ul.TRAMAR

¡) lanzó su gran plan para una vinculación más estrecha entre los.diver-
reacciones inevitablemente ambivalentes de los estados menores ant~
.trm=" sos reinos y provincias de la monarquía hispánica con una llamada a
) el poder hegemónico. Entre las décadas de 1550y1650, Espatia, con
sus enormes recursos militares y financieros, ejercía la hegemonía, ..•,... la Unión -de Armas, concebida para asegurar que todas las partes
,) aunque a veces precariamente, sobre el mundo occidental. La res- ... ;~ .•
acudieran en ayuda de cualquier otra que fuera atacada. Dos años
t
después, el secretario Cake siguió el ejemplo espafiol. Tras observar 1
) puesta de quienes se sienten bajo la amenaza, o la presión, de un es-
desarrollos similares en el Sacro Imperio Romano y Francia, notaba
tado que posee un poder aplastante y se supone motivado por una
) que cccon su reciente unipn o asociación los españoles han vinculado
ambición de dominio global va con facilidad de la desconfianza y la ... r .
·1·
.,; '
,) ~. todas sus distantes provincias para la defensa mutua y son capaces así
sospecha a Ja abierta hostilidad. Al mismo tiempo, es probable que el ..
'

..-.~,·
de reclutar grandes fuerzas para extender su monarquía tanto por
,) antagonismo se vea acompai1ado por cierta admiración, tefüda de
mar como por tierra. Mi propuesta, por tanto, es aprender sabiamen-
envidia. ¿Qué se puede aprender del enemigo, si es que tiene algo que
J ensefiar?
te de nuestros enemigos». Después de comentar la conveniencia de
una asociación más estrecha entre las potencias protestantes de Eu- .
) Inglaterra, al igual que Espafia, era una de fas monarquías com-
puestas de Europa, y todavía lo sería más con la unión dinástica con ropa, proseguía: ccCon todo, nuestra unión interna es la que más nos
j Escocia en 160321 • Era lógico que, en el debate sobre la forma que Ja importa y, ao;í pues, Su Majestad teng-a el gusto de considerar si·no es
necesario, por las mismas razones de estado tomadas en cu~nta por
t unión debería adoptar después del ascenso al trono dejacobo VI de
los españoles.juntar sus tres reinos en una unión y obligación estric-
) Escocia y I de Inglaterra, los participantes recurrieran al ejemplo
ta entre sí para su defensa mutua cuando cualquiera de ellos fuere


espafiol. En A B1iefDi.5coursc Tou.ching the Happy Union ofthe Kingdoms .1,¡
atacado, cada uno aportando tal proporción de caballería, infantería
o/England and Sr.otland [«Breve discurso sobre la feliz unión de los
y flota como se juzgue proporcionalmente adecuada» 25.
) reinos de Inglaterra y Escocia»], sir Francis Bacon observaba: «El
destino de España fue que se unieran diversos reinos peninsulares En la monarquía hispánica los planes para una Unión de Armas
) (con la excepcióri'de Portugal) en una época no muy distante, y en
condujeron a la formación de una fuerza expedicionaria conjunta
) nuestros propios tiempos incorporarse al resto también el de Portu- castellano-portuguesa para recobrar Brasil de los holandeses, y en
Gran Bretaiia, a la creación del regimiento escocés del conde de Mor- . ._!
) gal, el último en oponerse» 22 • Consideraba que las formaS de unión
ton. También llevaron a negociar infructuosamente con los terrate- ·

• incluían cela unión de nombre», lengua, leyes, costumbres y cargos, y


notaba, bajo «la unión de nombre» que «el nombre común de Espa-
ña ha sido sin duda un medio específico para la mejor unión y agluti-
nientes ingleses católicos de Irlanda concesiones reales a cambio de
contribuciones, y a los igualmente fallidos intentos de Olivares para

' )
nación de los diversos reinos de Castilla, Aragón, Granada, Navarra.,
Valencia, Catalufia yel resto, que últimamente comprende Portugal» 3,
2
asegurarse la cooperación militar de la corona de Aragón. En ambas
monarquías, los esfuerzos de la corona por avanzar hacia una unión
más perfecta resultarían al final peligrosamente contraproducentes.·

'
Sir Henry Savile, por su parte, seilalabá la unión entre Castilla y Por-
tugal de 1580 en particular como cela más parecida a la nuestra en mi Ni Carlos 1 ni Olivares tomaron bastante en serio la sagaz advertencia
) ele Bacon de que «un apresuramie~lto forzado perturba la labor en
opinión» 24 •
) Llegado el momento, tanto la unión anglo-escocesa como la de vez de despacharla,.21;.
Portt1gal con Castilla estuvieron lejos de ser perfe~tas, según se con- La preocupación por la solidez de los lazos que ataban los dispares
J reinos y° provincias era una caracterís,tica propia de la vida de las
sideraba en Londres y Madrid. En 1625 el conde-duque de Olivares
} monarquías compuestas en la Europa de la edad moderna. Tal in-

,
J

)
21
22
Véase más arriba, cap. 1.
Spedding (ed.), Works ofFrnnr.is Baron, X, pp. 90-99, en p. 92.
23 /bid., p. 97.
. 1.
25 Sobre la Unión de Armas, véase J.~· Elliott, Tlie Couut-Duke o/Olivares: The

Statcsma11 iu an Agf. o/ Drclinr., New Havcn (Connecticut) y Londres, Yale University


Prc!is, J 986 [El condc-dttr¡uc de OüvarP.s. El político en_ una ;por.a df. dumlencia, trad. Teófilo
24 •Historical Collections•, rcinipr. en 11iejar.obr.nu U11io11: Six 1i"rzcts o/ 1604, ed.
de Lozora. Barcelona, Crítica, 1990), cap. 7.. ,
Bnace R. Gallowar y Briém P. Lcvack, Eclimburgu, Scottish History Suciety, 1985, p.
) 2r. Spedding (ccl.), H'orks n/Fra11cif B(!ron, X, p. 98.

}
229. Ci1aclo más arriba, cap. 1. n. :Ht ·

65
1.
!I.1
j ()4 •,. 1

}
{
·' (
f
f
A1•1u::N111•:N110 llf.1.1:'.NEMlt;o: INCl.ATEltltt\ V Esl'AÑA EN u EllAIJ MODIHtNA (
EsPAÑA, EUROl'A ,. El. ~IUNlJO DE ULTRAMAR

(
quietud, que se iba a intensificar durante la primera mitad del si- conflicto abierto, empezó a encontrar su público ·~1 mensctie de Eden
glo XVII, ha de ser relacionada con otro debate más amplio que tenía sobre la convenienéia de ia expansión en ultramar. Durante esa déca-· (
lugar en aquella misma época: el de la grandeza y durabilidad de los da, mientras las actividades corsarias en el Caribe eran seguidas por (
estados y las fuentes de su poder. Los términos de este debate, aso- empresas colonizadoras en Terranova y cerca de la costa de Carolina,
ciado en particular a dos pensadores a caballo elitre los siglos XVI y :-..V'II, Richard l-fakluyt el joven retomó el asunto donde Eden lo había de- f
Giovanni Botero y Tommaso Campan ella, habían sido confonnados jado, y se embarcó de por vida en una campaña de pe~suasión p~ra (
y hasta cierto punto fijados por la ascensión de España a su posición que Inglaterra imitara el ejemplo español y tomara en sus manos el
descino imperial que le correspondfa2!1, · · (
de dominio y sus supuestas ambiciones de monarquía universal.
¿Cómo había alcanzado España tal posición de preeminencia abru- A consecuencia de los esfuerzos de Hakluyt y otros, hacia 1607, año {
llladóra·? ¿Cómo se podía poner freno a sus ambiciones globales? de Ja fundación enjamestown del primer asentamiento permanente {
¿Qué podíé:ln aprender otros de los logros, rde los fracasos, españo- britcí.nico en e] continente norteamericano, una considerable canti-
dad de información estaba disponible para los lectores ingleses inte- '(
les? Se trataba de preguntas que, a medida que Inglaterra avanzaba
hacia su enfrentamiento con la España de Felipe JI en la segunda resados en las empresas españolas de conquista y colonización del (
mitad del siglo XVI, iban preocupando cada vez más a la clase dh;gen- Nuevo fylundo. Es significativo que, cuando la Brevísima relación de la
destruición de las Indias de fray Bartolomé de las Casas apareció en in-
(
~ ~~ . .
gl~s en 1583, el título fuera cambiado a Tlie Spanisli Colonie [«La colo- (
. La posesión de un imperio de ultramar, rico en ~e~ales preciosos,
a
hho España distinta de.sus rivales europeos. Ya en}.a década de 1550 nia espatiola»]. Aquel mismo año, sir George Peckham, uniqestacado
promotor de los viajes de sir Humph1~ey Gilbert, podía listar las Déca-
(
elmatrimonio de Maria Tudor había vuelto a despertar el interés por
España y había ·animado a uno o dos súbditos de .F~lipe y María a das de Pedro Mártir de Anglería, así como las respectivas historias de (
observar con más detalle la empresa transatlántica h~~pánica. En 1558, Gómara y Zárate sobre las conquistas de México y de Pérú, como (
aprovechando las"estrechas relaciones anglo-esp~ñqlas en ese mo- «existentes en lengua inglesa». «Por C7llo deseo de corazó.n -prose-
guía- q'ue al verlo Dios todopoderoso, con su misericordia infinita, (
mento, el piloto. principal de la Compañía de Mosco'?a, Stephen Bo-
rough, obtuvo permiso para visitar la Casa de Contratación en SeYilla se com1'.>lazca por fin en despertar a algunos de nuestrqs eminentes (
y quedó muy impresionado por la instmcción sistem~~i~a que recibían compatriotas de la pesada modord en la que durante tanto tiempo
han estado sumidos, de modo que ahora no tengamos que sufrir el
{
los marinos españoles en las técnicas de navegac~ó_n. q.uiso que una
enseñanza similar fuera impartida a los navegant:~s :de su país (un temblar· por falta de mantenimiento» 30 • La perseverancia y la dete1mi- {
~ecto que sería retomado más tarde por Richard ~akluyt) y en 15.61 nación ~ran necesarias si Inglaterra. h.abía de emular a Espail.a en la
fundación de un imperio colonial. · \ l
Richard Eden, a instancias de Borough, tradttjo para los lectores in-
Fue sobre codo en el círculo de sir Walter-Raleigh dond~ se abra- (_
gleses el Breve compendio de la esfera)' del arte de navegar, el manual pu-
zó con mayor fervor el sueño de un imperio inglés según el modeio
blicado por Martín Cortés en Sevilla diez años atrás~ ~
7

hispánico. El mismo Raleigh podría haber fracasado en su büsque-
l
Por medio de estas y otras traducciones Eden tr~.to de proporc10 ·
nar información para sus compatdotas sobre las ac.tividades en ultra-
da ele El Dorado, pero sus desgracias personales no em·pmiaban su l
28
mar de los.españoles y animarles a seguir sus pasos • Aun así,. sólo l
2!l Para una visión ele conjumo reciente de los escritos y la carrera de Hakluyt,
en la década de 1580, cuando España e Inglaterra avanzaban hacia un l--
véase Pe ter C. Mancall, H<lkluyt's Promise: An Eliz.abethan s Obsessiou for an E11glisli A111e-
rica, New Ha\'.en (Connecticut) y Londres, Yafo University Press, 2007.Jonathan Hart,
Representing tl1e Neiu Worltl: the Englisli a11d Fmich Use o/the Example o/Spain, Nueva York
l
. 27 David Waters, The Arlo/ Navigalio" in E11gland in Elir.a~eth~n and Early Stuai:t
1lmu, Londres, Hollis and Carter, 1958, pp. 103-106; véase Apenchce 16 sobr~ los es~
y Basingstoke, Palgrave y St. Martín 's Press, 2001, es un l'uil compendio de las referen- ~
cias inglesas y francesas al ejemplo español en la colonización de ultramar.
fuerzos de Hakluyt para establecer ,m puesto de profesor d~ navegación e~ · 90 Richard Hakluyt, The Principall Navigations Voiages and Discoveries o/ tite English
\
Londres. · ¡ H' ifE gl' ., Nation (facsímil de la edición de 1589), 2 vols., Cambridge, Cambtidge University
. 28 Véasejohn ParkC!', Book.s 10 Build an Empirt: A Bibliographrr.a astory o •n l.Sfl
Ovme~ ]nterests to 1620, Ámsterdam, N. Israel, 1965, cap. 4.
Press / Hakluyt Society, 1965, 11, p. 704. i1 \
l
,--,
\_)
l) E.'il'AÑA, EUROPA Y EJ. MUNDO DE Ul.TR.\MAR ArRF.Nlllf.NllO OY.L ENF-"llGO: INGl.An:RRA V Esl'AÑA EN l..A EO.\n MODERNA

,) entusias~o por la causa. En su History of the World [«Historia del y concentrar a los colonos en ciudades y villas. En una carta al goberna- ¡.
) mundo»], escrita cuando se cernían sobre él las tinieblas, este ene- dor y el consejo de la colonia. la Compañía insistía en que los poblad(>. · 1;
migo declarado de España escribió un mensaje para sus compatrio- res. en lugar de dispersarse a lo largo de las orillas del Chesapeake,
) '.\'
• 1
tas que se puede leer en retrospectiva como su legado final: «No deberían permanecer juntos con el fin de 1defenderse mejor de los
} puedo abstenerme de alabar la paciente virtud de los espafioles: ataques indios: ''Tal es la manera más adecuada y eficaz de·proceder
') raramente o nunca se encuentra que ninguna nación haya sopor- con las nuevas colonizaciones; aparte de los antiguos, el ejeniplo de
tado tantas desventuras y miserias como ellos en sus descubrimien- los espafioles en las Indias Occidentales es buena ilustración de elló»".
' "t tos de las Indias; sin embargo, per~everando. en sus empresas con Aunque la Ieee {mera evident.e.P.ara l9s oficiales de la Compañía, no
.) una constancia invencible, han anexionado ctsu reino tantas buenas lo resultaba tanto para los com-nizadores de Virginia. Según ellos ha-
provincias como para enterrar los recuerdos de todos los peligros bía mejores maneras, aunque m;ás brutales, de ocuparse de la amena-
1
1
) pasados» 31 •
1
za india: «Nuestra primera tarea-escribía el gobernador sir Francis
··.¡·f
'
)
Raleigh escribió estas palabras hacia 1610, cuando el reciente asen-
tamiento dejamestown se tambaleaba y estaba a punto de seguir el
desastrado camino de la empresa de la isla Roanoke. La constancia y
-

....
::¡
'.°·

~··
Wyatt- es expulsar a los salvaje·s,,s...
La expulsión (hoy conocida como limpieza étnica) era un mecanis-
moque ya se había aplicado en la .Plantación del Ulster. Fue también
:t Ja perseverancia hispánica~ como modelo para los pioneros ingleses un recurso adoptado a escala masiva en la península Ibérica, de donde
) iban a ser de hecho un continuo estribillo en la temprana empresa unos 300.000 moriscos fueron deportados entre 1609y1614~ Sirjohn
de colonización británica. Aunque Hakluyt y otros habían introduci- Davies, al propt~gnar la expulsión de los c<antiguos» terratenientes ir- i.~)
) do un fuerte componente comercial en sus propuestas de expansión landeses en una carta a sir Robert Cecil en noviembre de 1610, se refe-
) en ultramar, los primeros colonizadores de Virginia, y del modo más ría expresamente no sólo a lac; prácticas de antaño en el imperio r9ma-
) evidente el cnpitánjohn Smith, se veían a sí mismos en el p~pel de no y en la misma lrlanda, sino también a los acontecimientos reden tes

,
conquistadores espalioles. Se trataba de un papel que exigía coraje y o en curso en Espafüi: «Los españoles han expulsado últimamente á
) resolución frente a la adversidad. Después de la Gran Masacre de 1622, todos los moriscos de Granada a la costa de Berberia, sin proporcionar-
en la que unos 400 de los 1.240 pobladores ingleses murieron a manos les nuevos asentamientos allí» 35 • Sin embargo, al principio parecía ha-
de los indios, Edward Waterhouse, un oficial de la Compañía de Vir- ber otras maneras, menos dráSticas, de ocuparse de las poblacio~es
) ginia, publicó un tratado en el que recurría al ejemplo español para indígenas, incluido{' los nativos irlandeses. Sir Henry Sidney, LordDf!JiU- ·
) reagrupar a colonos e inversores en un momento de desánimo: ccDado ty de Irlanda· en la década ele 1560, había pasado en España tres años
que el Español (segtín vemos) ha pasado por muchos más peligros en como legado de María Tudor y bien pudiera haber tenido en tD:ente el
) sus colonias, y por muchas más dificultades de las que jamás hemos Nuevo Mundo cuando trazó sus planes para la colonización del .Ulster.
t tenido nosotros, del mismo modo y con mayor razón no debemos de- Si los españole~ podían domar y civilizar a los bárbaros aztecás~· ¿no
) sistir, pues, al considerar lo que ha ocurrido, sino más bien prestarnos
a proceder con valor y constancia» 32 •
) A ojos de los oficiales de la Compaiiía en Londres, la masacre de l. 1
3
Virginia de 1622 subrayaba la necesidad de seguir el ejemplo español Citado en J. H. Elliott, Em/1i1'l'.\ nf t/11' Atlnnlic World: Britain and Spain in America,
) 3
1492-18)0, New Haven (Conncctic11t) y Londres, Yale University Press, 2006, p. 42
¡:
} [lmj1erios d.e~ mrmdo o.//dntico: Esj1aña J Gran Brettzña en América ( 1492-1830), trad. Marta ,i:l
Balcells. Madrid, Ta11rus, 2006, p. 81 ]. :·!.
J SI Sir Walter Ralcigh, Hi.dnry• of tlie World, en 'file Wotlu o/Sir Walter Rnlegh, Kt., ed. , 4
3 Citado illid. p. 85 [p. 143].
3 Hirtorical 1'rn«fJ by Sirjo/in Dtmies, Atlnrn~ General, DubJín, William Portcr, 1787!
Willi:un Oldys y Thomas Birch, Oxforcl, Clarenclon Prcss, 1829, VI, pp. 113-11 1!. .:· · 5
} 32 Edward Waterh.ouse, ¡\ Dr.dnration oftl1tSlaltoftlie Colon.Y midAJfain'.s in l'iiWnla
pp. 283-284. Véa'ie.J:me H. Ohlmeyer. -;uCivilizing ofthose Rude Partes": C.Olonization
( 1622). cdn. facsímil, Amsterchlm y Nueva York, Theatrum Orbis Terrnrum y Da Capo within Btitain ancl Irclancl, 1580s-16 IOs .. , en Tlie Oxford HiJtory o/tlie BrilisliEmpitt, ed.
1

} Pres.o;, 1970, p. 31. Véao;(' también sir William Alexandcr, Au E11co11ragr.meni to OJ/onit.s, Wm. Roger Louis et el., 5 vols., Oxfon 1,= Okford University Press, 1998, 1, pp. 135-137.
Londres, 1624 [ccln. facsímil, Ámsterclam y Nueva York, Theatnun Orhis Terrarum y • Representan!<' del rey yjefe del poder ejecutivo irlandés, cargo homólogo del .
} Da Capo Pres.o;, 19ll8l. p. 8, para palabras con un propósito simihtr. · "! virrey en la Espa11a e',. la misma época.
}
) flH fü)
•.
)
·.
.--
f
E'
Esi'AÑA, EUROl'A Y El. MUNDO DE ULTÍv.MAR
(
Af'IU'.NIJIENl111 llEL ENF.J\llGU; INliLATEKKA \' Est•AÑA l:'.N LA EUAD MOUl.;t(NA
,:

podrían hacer lo mismo los ingleses con ios bárbarós i~landeses?~ü Re-
sultó, sin embargo, que los irlandeses se avenían menos que los aztecas
a que les imp~ieran las bendiciones de la civilizaciqiv
~1
~~·
~·i
1 ·~
..;'
:;.
.. ":
~
'"'.
Los ingleses, a pesar de su optimismo inicial.sobre la docilidad de los
nativos norteamericanos; encontraron más fácil expulsar o marginar·
a los indios que incorporarlos (como habían in ten cado hacer los es-
'
(
(
Enfrentados primero a los irlandeses y despu~s a los indígenas ...~ pañoles) dentro del marco social y religioso de las sociedades colo- (
americanos, los ingleses no podían por menos' que expresar su admi- ... niales en proceso de construcción .
ración, a regañadientes, ante al logro espru1ol de «reducir» a sus súbdi- Los espai1oles, a diferencia de los ingleses, consiguieron convertir a '(
tos indios a la civilidad y el cristianismo37 , incluso si era bajo una forma los indios en una mano de obra sumisa. La prueba ele su éxito podía
de cristianismó llena de supersticiones papistas. Al mismo tiempo, las
historias de atrocidades que denunciaban Las Casas y otros les hacían
ser conscientes de la brutalidad de los métodos empleados. «El espa- !W!
verse en la continua corriente de plata que afluía a Sevilla desde las
minas de México y Pe1ú, la cual se consideraba ele manera convencional
como la füente del poder impelial hispánico. Sir Benjarnin Rudyard se {
'(

l
.,...
ñol-escribía Richard Eburne en su A Plain Pathway to Plantations unió a una larga cola de comentaristas cuando observó en la Cámara •(
[«Un camino llano a las plantaciones»]- ha civilizado razonablemen- de los Comunes en 1624: «Son sus minas en las Indias Occidentales las
te, y quizá hµbiera podido hacerlo mejor ele no haber tiranizado canto, •, (
que suministran combustible a su inmenso y ambicioso deseo de mo- :¡
~ l
a gentes mucho ~ás salvajes y bestiales» que cualquiera de aquéllas en :e! narquí~ universal>1 40 • La conciencia de la dependencia hispana de la ~ (
las colonias biitánicas38 • placa americana había inspirado en el reinado de Isabel varios proyec-
Los defensores tempranos de la colonización británica del Nuevo tes ele ataque contra las Indias Occidentales y las tlotas de plata, pero f f(
Mundo esperaban evi~ la b1:malidad al estilo espa11ol, a la cual atri- también planteaba interrogantes sobre la extensión y profundidad del (
b:uían·el desru;f!e,demográfico que afectaba a los pueblos indígenas
de l~América hispánica. Robertjohnston observaba que «el honor de
poder de Madrid si alguna vez se viera privado de tales tesoros. Hakluyt,
aun siendo un temprano defensor de la colonización comercial, en la
:illlll (
un rey consisie~c:n la muchedumbre de sus súbditos» y exhortaba en que los ingleses se volcarían por defecto al no lograr encontrar metales {
NovaBritanniaa·sw compatriotas para que convirtieran «no como preciosos en Nórteamérica" 1, también era partida1io de un asalto a las
(
·en las IIldias Occi4entales.a punta de espada y disparo de mosquete, posesiones espailolas en el Nuevo Muncio. En su Discourse o/ Western
asesinando tantos millones ele indios desnudos, como cuentan sus Planting[ «Discurso sobre la colonización occidental»] de 1584 afirma- (
historias, sino por me4iosj~stos y caritativos, apropiados a nuestro ba que «Cualquier hombre razonable que conociera la esterilidad, de- (
carácter inglés,.s9, Por desgracia, el carácter inglés no estuvo a la altura solación y falta de hombres en España [... ] debe reconocer por necesi-
dela tarea. En una fase temprana, tanto en Virginia como en Nueva dad que tienen fuerzas muy escasas allí. Las provincias qu~ posee son {
Inglaterra, las relaciones con la población indígena se deterioraron. de hecho muchas, pero más desnudas que nunca lo estuvo ningún (
imperio desde la creación del mundo[ ... ] Su poder y grandeza no es
tal como podría parecer a primera vista»":l. . (_
S6 Véas~ Nicholas Canny, The Eliz.abetha11 Conquest ofirela.~d: A Pattei11 Estal>lished, En realidad, el poder militar de España seguía siendo formidable, {
156'-1576, Hassocks (Sussex), Harvester Press, 1976, pp. 66, 12~ y: 133-134 sobre lapo-
sible influencia de la colonización española en Sidney y otros ~n ~us planes Pª"' el so- como podían confümar los soldados ingleses que prestaban servicio
metimiento y la colonización de Irlanda. También David Beers Quinn, 1'ht Elizabetha11s
l
and tlit Irish, lthaca (Nueva York), Comell U niversity Press, 1966, pp. 106-107.
97 Véase.Elliott. Empim. pp. 11 y 66 [Imperios, pp. 39 y 116] sobre «reducir al pue-
.
40
Leo Francis Stock, Proceedings and Debates of the Britisli Parliaments Respecting
l
blo salvaje a la cñsrlandad y la civilidad». Véase tam~ién p. 72 [p. 124] sobre la incó- North America ( JS42-l 7.54 ), 5 vols., Washington (DC), Camegie Institution of Wash-
ington, 1924-1941, 1, p. 62 (19 de mayo de 1624).
l
moda pregunta de William Strachey de si .. acaso tenemos nosótros menos medios, ,
espfritus más débiles o una caridad más f1ia, o una religión má~ vergonzosa .. c1ue les _\
41
Sobre la comercialización de la colonización inglesa, véase Carole Shammas, l-
impedía emular tos logros españoles en la conversión de indjos. . · · •English Commercial Development and American Colonization, 1560-1620.. , en Tlie
ss Richard Ebume, A Plain Patl1way to Plantations (1624), ed. Louis B. Wright, Westward Entetprise: Englisll 1lctivities i-n Ireland, tlie Atlantic and A merica 148(). J650, ed. K. R. l
lthaca (Nueva Yol'.\t), Cornell University Press; 1962, p. 56. '· · · .• , Andrews, N. P. Canny y P. E. Hair, Liverpool, Liverpool University Press, 1978, cap. 8.
S9 Robertjohnston, Nova Sritamiia (1609), en Peter Force, Tracts and Other Pa-
42
Tlle Origintll Writings and Correspondence ofth11Wo Richard Hakluyts, ed. E. G. R. \
pen, Relating Principall1 to the Origin, Settlement, and Progrtss ofilie Colonies in North Amn'· Taylor, 2ª serie, 2 vols. (76-77), Londres, Hakluyt Society, 1935, vol. 77, p. 251 (•The
ica, 1vols., Washington (DC), Peter Force, 1836-1846, 1, mím.' 6, p. 14. Discourse ofWestem Planting», cap. 8). l
t
l
f
:-l

.),
\).

\;)
EsrAÑA, EUROPA y EL MUNDO 1>1:: lll:J'RAMAR APRt:NllllNDO DEL l!NU.llGO: INGU.TEKllA \' E.•WAÑA EN IA F.OAU MODERNA
.i
:i
en los Países Bajos. Con retraso, en la última década del siglo XVI, los nadonales. Los holandeses, al retar con éxito el aplastante poderío
) tratados militares españoles, en su lengua original o traducidos, em- español, también habían desafiado la opinión imperante. Sin recursos :1
}
pezaron a causar un vivo interés en Inglaterra. Sir George Carey lega- natürales evidentes más allá de la iniciativa y el trabajo duro de sus
:j
. ]) ~
ría cuatro de esos manuales, todos en espatiol, a la Biblioteca Bodleia- habitantes, un pequeño estado, según parecía, podía no s9lo defen- l¡
'~
},
na de Oxford·13 • Al mismo tiempo, por otra parte, el optimismo
generado por la derrota de la Armada Invencible en 1588 y los reveses
derse contra la mayor potencia del planeta, sino que además había
encontrado las llaves que abrirían nuevas e insospechadas fuentes de
sufridos por España en los últimos afios del reinado de Felipe II con- riqueza.
'~ \
tribuyeron a reforzar la sensación de su vulnerabilidad y a inspirar la ·El éxito de los holandeses contribuyó a un debate cada vez más
')' esperanza de que los días de hegemonía hispánica estaban tocando amplio sobre los metales preciosos y el equilibrio entre comercio,
·,
}, a su fin. Sir Henry Wotton, en su Tlze Estate of Christendom [«El estado imperio de ultramar y tamaño de la población. Giovanni Botero, en •/

de la cristiandad,,], daba razones para pensar que ((no hay que temer en su muy influyen te Della mgfon di stato [ce De la razón de estado»] de 1589, ¡'
i.,

'
t
)
gran medida su poder, ni excede su riqueza en mucho a la hacienda
de Su Majestad y otros príncipes» 44 . Los que, como sir Walter Raleigh,
se oponían a cualquier negociación de paz con Espaiia, tendían na-
turalmente a resaltar, y de hecho exagerar, la debilidad del adversario
había ayude- do a divulgar la qoción de que la baja densidad demográ- ·
fica era una fuente de debilidad para España. No obstante, también
argumentaba, de forma no demasiado convincente, que un imperio
disperso era tan seguro y duradero como uno compacto, y que el es-
:¡.

p
,.
e
't
)
en la esperanza de poder librar un golpe decisivo contra una potencia
descrita por Wotton como «nuestro enemigo declarado y morta1>, 4s,
«El imperio español -escribía Raleigh en los primeros afios del rei-
pañol, ccque podría parecer por lo demás desperdigado inmaneja.:
ble», debería ser considerado «unido y compacto» porque así era
man tenido por su poder marítimo48 • La potencia naval estaba llegan-
'I•
·¡.,,1
;!J'
nado dejacobo 1-ha quedado enormemente sacudido y ha empe- do a ser considerada como la clave de la supervivencia y el éxito.
)
)
)
zado en los últimos ai1os a declinar[ ... ]. Y por lo común, un~1 vez que
las grandes monarquías empiezan a declinar en lo más mínimo, poco
después se sigue su disipación,,46. ·
Francis Bacon, al examinar los argumentos a favor de la guerra, man-
tenía, al contrario que Botero, que el carácter disperso del imperio
español lo hacía vulnerable y que la opinión general era que la8 flotas
!
Hablando de <<declinación» (una palabra que los mis1úos comen- combinadas de Inglaterra y ia~ Provincias Unidas podían vencerlo en
) taristas españoles estaban comenzando a utilizar en este preciso mo:. el mar. ce Si es así --escribía-, los eslabones de la cadena con la que
mento al analizar los problemas a los que se enfrentaba su patria)-1 7, sostienen su grandeza se desvanecen»-t9,
)
Raleigh, estimulado por las lecdones de la historia, situaba a España El humillante fracaso británico en la guerra anglo.:espáñola
} en el discurso acostumbrado de trayec.tona imperial. Los imperios se de 1625-1630 dejó claro qu.e Bacon, como otros antes que él, había
) levantaban y caían; así pues, ¿qué iba a impedir a la nación inglesa, si
actuaba con resolución, tomar el relevo que ahora soltaba la desfalle- ,,1
) ciente mano española y lanzarse con ánimo a la carrera que llevaba a •
18
Giovanni Botero, 17ie &aso11 ofSta te, trnd. inglesa de P.J. y D. P. Walcy, Londres, ::
Routledgc & Kegan Pí\ul, 1956, pp. 143-146y 11-12 [La obrade GiovanniBotero Della i
} un imperio mundial? 'ragion di Stnto, libri dil'ri. Con trt libri blle cause della grnndazn de/le citta (Venecia, 1589)
Aunque los términos de tal discurso habían sido definidos con fue tr.tducida por Antonio de Herrera al castellano por mandato <Je Feiipe 11 con el i
) !'.
referencia al destino de la Roma imperial, la debilidad de España título Diez. libros de la rm.ón de estado. Con tres libros ch las camas de la grandeza, y f!WK"ift- ¡

J también llegaría a analizarse con relación a las ideas internacional~s


ciencia de la.s ci:1dades, de luan Botero (Madrid, 1593). Se ha publicado un facsímil de la
reedición de 1613 de esta traducción a carso del Servicio de Publicaciones del Sena-
¡'

:.
J en desarrollo sobre las verdaderas fuentes del poder y la prosperidad do, Madrid,"2001. Existe además una traducción moderna parcial: Giownni Botero,
¡·
T..a razón de r.stado y otms escritos, e.d. Manuel García Pelayo y trad. Luciana de,Stefano,
} Caracas, Inslituto de Estudios Políticos/ Universidad Central de Venezuela¡ 1962).
43 Ungerer, Anglo-SpnniJh Relatiori.s, pp. 60-67. -1 9 Spedding (ed.), Works o/Franris Bacon, ·Considera1ions Touching ·a .1/far With
} -14 Sir Henry Wuuon, The State o/ Clnistendom., Londres, l 657, p. 110. Spain» ( 1624). XIV, pp. 498-499. Sobre ~l contexto político en que ~acon ·se volvió
r.
} 45 /bid., p. 2. partidario de la guerra contra E.<ipaila, véas~ Noel Malcc?Jm, Reason of~talt, Propagan-
"" .. A Discoursc Touching a War with Spain», en Ralcigh, Wo11ts, Vlll, 8, p. 309. ·¡ da, ·a11d thr. Thirl_l' }'Í!m:J · Wa,r: A 11 Unk~o111,n 1Tamlation lry 'J'liomas Hobbes, OXford, Cl~rcn­
) .¡; Véase ElliotL, S/min mid iLf World, p. 248 [fü/mñn .Y srt mundo, p. 308]. : don Press, 2007, pp. R2-83.
¡
) ¡
'7") 7'1 11
j
r
f
f
(
Esl'AÑI\, EUKOl'A V t:I. MUNDO IJJ:: u1:rKAt.IAJ( r\l'Kf.NOIL:Nno Uf.I. f.Nt;t.11i;u: INta.\Tf.KIV\ \' Es1•AÑA f.N '·' 1m,\ll Mulll'.KN:\ (
d~ Indias para la administración ele las colun:ias de la A1üérica britá- · (
subestimado Ja c~pacidad de recuperación española y sobrestimado
la potencia naval ~nglesa y la posibilidad de una acción conjunta con uica, aunque pensó necesario explicar y defender su eleccit>n del (
los holandeses. A pesar de las rebeliones de 1640, que parecían ame- modelo que se debía copiar: «Aquí se podría objetar -escribía-
(
nazara la mona~·quía hispánica con un dcsmoronamielllo inminente, qut~ los espaüoles no constituyen muy buenas paulas a seguir en
en las discusiones en Londres sobre la polítka que debía seguirse con- ninguna forma o plan de gobierno; a lo cual se podría contcscar que (
cualquiera que considere las leyes e instituciones políticas ele Espa-
tinuaba rondando el fantasma de las ambiciones de Madrid a lamo-
narquía universal: es significativo que el tratado De mon~rc:hia hispanica i1a, las encontrará tan bien ideadas y ordenadas con tallla destreza y <
[«De la monarquía· española»] de Tommaso Campanella, escri.to en pruclc::ncia como probablemente en cualquier país del mundo, de (
la creencia de que España era el instmmento elegido por Dios para el modo que los errores que se observa cometer a h.\ gente de vez en. (
imperio universal, apareciera por primera vez en _trad ncción ingle~'~ en i' cuando no proceden de planes malos y equivocados, sino de una eje-
i: {
1653 50 • En realidad, el decepcionant~ resultado del WestentDesign de cución poco firme, rehtjada y negligente de las disposiciones de sus
Cromwell de .1655. mosu·ó que Espaüa todavía conse1vc1.ba la capacidad consejos>> 53 • (
de defender sidmperio de las Indias, pero ~n el transcurso de la déca- En general, sin embargo, la imagen inglesa de Espm1a a partir de
(
da de 1660 se hizo cada vez más evidente que los días de su hegemonía .J finales ele siglo XVII fue profundamente negativa. Para Slingsby Bethel,
europea habían acabado. Los temores ingleses a proyectos de monar- que escribía en 1680, «Espai1a [ ... ]es una clara muestra de que el mal (
quía universal se transferirían ahora de la España de Felipe IV a la gobierno, al tolerar todo tipo de fraudes y descuidar el interés de la (
Francia de Luis XIV y en 1663, al embarcarse en su 1nisión a Lisboa y uación, puede abatir los reinos más poderosos y echar por tierra su
honor» 5-1. En su condición de entonces, España pasó a ser una terrible (
Madrid, sir Richard Fanshaw recibió instrucciones de dejar claro a Jos
ministros espai1oles que «la monarquía española ha caído en una gran advertencia)' prnporcionó un útil contraejemplo para quienes tenían (
declinación, sobre todo en su potencia marítima,.!>•, Para Algernon sus propios planes. El recurso a casos extranjeros constituía, después
de todo, un procedimiento útil para criticar los dt!ft::ctos reales o ima- (
Sidney, que escribía aproximadamente por aquel mismo momento,
«el vasto poder de España, que en estos últimos treinta a11os ha hecho ginados de la propia sociedad. Para Algernon Sidney, Espaiia propor- (.
temblar al mundo, es ahora como el cadáver de una res sin sangre ni cionaba la prueba de las nefastas consecuencias del gobierno monár-
(
aliento, de modo que todos esperan su descomposición>•l'>2 • quico sin controles. Inglaterra, seg(m argumentaba, también podía
A partir de entonces, la imagen de Espai1a como una nación en quedar abatida por «príncipes débiles y tiránicos y sus malvados (_
decadencia irreversible comenzó a fijarse tan firmemente en la ima- ministros,,!o 5 • Para William Petyt, el autor de Britannia Lcmguens, un (
ginación inglesa como la anterior, ya caduca, de gnrn potencia en discurso sobre d comercio publicado en 1680, el caso espailol confir-
maba la importancia de la tolerancia religiosa para alcanzar la pros- (
camino a la monarquía universal. Con el cambio de imagen, \·ino
un cambio de actitud sobre las lecciones por aprender. Durante un peridad nacional: «Tenemos el ejemplo de Espmi.a, cuyas crueldades {
siglo, los logros de España habían sido tan impresionantes y supo- execrables e inexorables hacia los disidentes han contribuido princi-
palmente a la actual pobreza y debilidad de la mlción,,:. ;.
1 {
der tan imponente que proporcionaron un modelo como mínim9
para la imitación selectiva, sobre todo respecto a In <.·onstrucción del Como indican las palabras de Petyt, el caso espailol proporcionaba (_
imperio de ultramar inglés. Todavía al final del siglo XVII, cuando la una batería de ejemplos particulannente útil para quienes participaban
l
Espai1á de Carlos 11 se había convertido en sinónimo de desgobie~-
110, Charles Davenant proponía un órgano equivalente al Consejo l--
53 .. 011 lhc Planlaliun Tdtde», en 1'l1t: Pulilical aml l;ommerdal H'11rks uf Ch.arles

Pincus, Protestanlism tindPatrioti.sm, pp. 184-185.


!>O
!>lOriginal Letters of his Ext;ellenty Sir Rit:hard Famlmw tl111i11g ltis Emba.ssies in .\~min
and Porluga~ Londres, 1701, p. 5. ,. · · · · · .
D'Avm<ml, ed. sir Charles Whilworlh, 5 vols., Londres, 1771, 11, clisrnrso 3, pp. 30-31.
5-1
5r.

Slingsby Bc:thel, Tl1e /tlÚresl ofP1i111xs """ Stales, Londres, Hi80, p. 75.
Siclncy, Cmirt IHflxims, p. 79.'
\\'illiam PcL)'t, Brilun'nia Languens üra Discours"'ifTdule, Londres; 1680, en A S1:lt't"l
C:ulle1:tiun of Ear(y fü1glislt Tmcts ml Cummeru, ccl. John Ramsay McC11lluch; Lo11clrcs,
'"'-
52 Algemon Sid_ney, Court Maxims, ed. Hans W. Blom, Eco Hai1sma Muliery Ron-
aldJansen, Cambridge, Cambridgt· llnin·rsiiy Press, 1996, p. 78. Political Economy Club, 1856. l
l
(
,,
-~

.'t)
1 "'
1-:..1•,\ÑA t.N l..\ t'.IMU l\IOllF.RNA
f;;_'il'l\NA, El•RCJrA \' t:I. MUNIJO ut: Ul:TRAMAR Al'Rf.l"lllt:NIHl lll'.I. t.:NUlf(;ll! INt:IATERRA \'

\))
la humildad a corto plazo como base de orgullo a largo plazo. Después minamos los tres siglos de historia europea que van de 1500 a 1800,
<I\' de instar a que Inglaterra observara el ejemplo español de coloniza- podemos decir que fne en general un periodo de progreso>>, El pro-

.,,
)> , ción de ultramar para «espoleamos», proseguía con qúe «los ingleses
son los mejores imitadores y pronto superan a sus maestros» 8;.
Una buena disposición para iniitar p'resupone lógicamente la exis-
greso, argumentaba, no fú'e suave ni uniforme, pero en este ensayo
su principal preocupación era buscar una explicación de las razones
por las cuales el liderazgo económico e intelectual de los países me-
}\
tencia de algo digno de imilai~se. Respecto a este punto, había varias diterráneos en el Renacimiento pasó a las naciones septentrionales ·
()) posibilidadés al alcance de los europeos de la edad n1oderna. Una de en la Ilustración. ccAsí como en el primer periodo las naciones septen-
\
ellas era volver la mirada al pasado: al cristianismo primitivo para la trionales buscaban ideas en el Mediterráneo, en el segundo las medi-
) : refonna de la Iglesia y a la antigua Grecia y Roma para modelos tanto terráneas volvían sus miradas al norte», escribía90 • La historia de las
~~ de organización social y política como de esplendor cultural. Así, el relaciones anglo-espaiiolas proporciona un buen ejemplo de este pro-
\
republicanismo clásico proporcionaría un modelo para los filósofos de ceso: en el siglo XVI, Inglaterra buscaba ideas en España; hacia finales
)t .
la política clel"siglo xv11, la organización de los ejérd tos romanos del XVIII, Espai"la las buscaba en Inglaterra.
t daría la pauta para los tratadistas militares y comandantes, y la Roma Creo que esta voluntad de volver la mirada hacia otras partes pro-
1}J imperial serviría de ejemplo para los conquistadores y oficiales espa1io- porciona 11na clave del progreso que Trevor-Roper consideraba una
les que se cmb;arcaron en la construcción de un imperio en Américallll. de las características generales de la Europa de la edad .moderna. En
J Otra posibilidad era dirigir la mirada en busca de modelos no al el contexto internacional altamente competitivo de esos siglos críti-
) pasado sino al presente. Estambul ofrecía un punto de referencia cos, ningún estado podía permitirse por mucho tiempo el lttjo de
obvio, pero la transposición de algunos de los rasgos más admirados ignorar los logros de sus rivales con mayor éxito. A medida que se
t del imperio otomano, como su disciplina milita.r, a un entorno cris- clcsarrolla°Jan criterios nuevos y más sofisticados para evaluar el poder
t tiano planteaba prohlcmas evidéntes. Los príncipes europeos habrían y la riqueza nacional, se hacía más importante examinar la conducta y
} encontrado difícil llevar al campo de batalla ~jércitos de soldados los recursos de otros estados y sociedades con el fin de evitar quedar-
abstemios según el modelo musulmán. La propia Europa contempo- se atrás. En consecuencia, sociedades todavía imbuidas congénita-
t. ránea tenía mucho que ofrecer, sobre todo por su prociigiosa varie-


mente de una prnfunda desconfianza hacia lo nuevo se vieron forza-
dad. Bajo la unidad superficial de la cristiandad había un continente das a considerar la necesidad de cambios.
dividido, fragmentado en entidades políticas rivales, desgarrado por La con°:iencia de los otros (abrumadoramente ((otros» del Viejo
t confesiones opuestas y atomizado por la diversidad étnica, nacional Mundo ha;ta que la expansión de Europa hizo entrar en juego «otros»
~ y social. Tal variedad abría perspectivas para la comparación y, por de un mundo 1rnís extenso) fue, por tanto, un elemento esencial en
) tanto, para la imitación. el proceso por el cual la civilización europea cambió y evolucionó
Una de las preocupaciones de Hugh Trevor-Roper era la cuestión en lugar de mantenerse estática. Como muestra la historia de la agi-
~ de cómo y por qué las sociedades se hacen dinámicas en ciertos mo- tada relación enlre Espa1ia e Inglaterra en la edad moderna, la con-
) mentos de su historia. Es un tema que aborrló directamente en uno ciencia del otro podía verse afectada por altas dosis de ignorancia y
t de sus ensayos más brillantes, «Religion, the Reformation and Social
Change» [ << Religi<)n, reforma y cambio social»], publicado por pri-
distorsionada por ilnc:lgenes negativas y los m<is burdos estereotipos.
Aun así, el e::jemplo de cómo hacer las cosa~ y cómo no hacerlas estaba
)
mera vc7. en 19fi3R!l. Este escrito comienza con la afirmaci<Jn «Si exa- a la vista ele quien tuviera ojos y qpisiera usarlos. Otro asunto, natu-
} ralmente, es pas<lr de la observación a la acción. No obstante, la expe-
j riencia del pasado hace pensar que incluso una superpotencia puede
H
7
Rohert.fohnston, Th11Nn11l.~f"<~/ Vfrgillt'fl (l()J~). en forcl·, 'fr<lcls, 1, p. HI.
Dm•ici A. L11pher, llcmums ;,, n Nmu IVnrld: C/11.uiral Modr.l~;,, Si:dr1•11th-Cr.11t1try
aprender algo de sus enemigos.
j AA
S/m11iJh Amnir.u, Ann Arhnr (l\fü:higa11), Univcrsity of Michigan Prcss, 200:t
J R!l Reimpn•so en H. R. Trc\'or-Ropcr, Religion. thr U~{mwatinu <md Sorinl Clumgf.,
mu/ Otltn· fast1)'S, Lo11ctrcs. :\facmilhm, l 9Cl7 [ IMip;i<fo, rr¡;,n11a y mmbio S(ldrtl y otros 1m-

'
)
snyos, lrad. Estrt'll:t Olh"<in y.Joaquín Vicia), flarcclo11a, Ar~os-Vcrgara, HlR5]. cap. l. !lO /bid., I'· 2.

V• c.• 1 QI"':
,..
1,11. t
(
(
.1¡ (

;~
1 (
CAPÍTULO 111
(
LA CRISIS GENERAL EN RETROSPECTIVA: ·~
• 1 (
UN DEBATE INTERMINABLE
i;
:¡: (
i
,¡I' (
:/1 (
;;t
, ..
i'.!··: {
f
'\ (
::'\~
Hace unos cincuenta af1os, Eric Hobsb~wm publicó e~ la ~-evista (
Past aml Present ( 1954) un artículo que iba a desencadenar una de las ~1
{
grandes controversias historiográficas de la segunda mitad del si- 't.;,! (
glo xx: el debate sobre. «la crisis general del siglo XVII». Fue una dis-
cusión que determinó la perspectiva de toda una generación de his- if {
toriadores sobre la Europa del siglo XVII y, en realidad, sobre el
desarrollo de Europa durante la edad moderna en general. Fue ob-
jeto de una revisión crítica en fecha tan lejana como 1975 por parte
!¡.1 (
{
de:: Theodore K. Rabb en el capítulo inicial de The Strnggle for Stability
in Earl)' Alodem Europe [«La lucha por la estabilidad en la Europa mo-
1¡ (
derna»] y 1m\s recientemente por Francesco Benigno en su esmdio ¡ (
de conjnn to Esptjos de la rez1olución, de 1999. Ha sido incluido en varias
1f (
selecciones de artículos, en particular en Crisis en Eurupa ( 1560-1660),
preparada por Trevor As ton ( 1965), y más tarde en Tlw General Crisis
!: (
oftheSl~11mteenth Century [«La crisis general del siglo XVII»], a cargo de {
Geoffrey Parker y Leslie Smith, publicada por primera vez en 1978 y
de la que salió una nueva edición, con contribuciones adicionales, en
fecha tan reciente como 1997.
ilf (
{
El mundo ha cambiado mucho desde aquellos dramáticos días de
(
.. 1l las décadas de 1950 y 1960 en que historiadores de la talla de Hobs-
bawm, Hugh Trevor-Roper, Lawrence Stone y Roland Mousnier ver-
1
{
tían su tinta, y a veces su sangre, en una serie de encuentros que no 111
desmerecían, en pasión y duración, de la propia Guerra de los Trein-
l
,, ta Ailos. Tal vez se le permita a un superviviente de aquellas batallas t
hoy lc;:janas ·una obse1vación preliminar sobre su carácter, que puede l
sorprender algo a las posteriores generaciones de historiadores que /JI
las sometan a un serio análisis retrospectivo: el debate, aunque dura-
mente disputado, era muy agradable.
l .fllf '
l

8~ '
,.t.1/
~
f t:tJ
f ~
(
f ,
, E.'il'AÑA, EUROPA\' 1::1. MUNl>O m: u1:r1tAMAR

diferentes», comenzaba, con una afirmación que se queda corta, la


recensión 12•
;11
l_.\ C:Rl~t>; rn-:Nf.R.\I. t:N RF.TR• ISPt:f:TIVA: UN l>F.llATt: lNTf.RMINABl.E

argumentó con garra que la crisis general fue «una crisis no de una
constitución ni de un sistema de producción, sino del Estado o, más
(f ~ Recayó sobre mí abrir la sesión de la tarde del simposio londinen- bien, de su relación con la sociedad» 16• Un aspecto fundamental de
(f , se de Past and Present de 1957 exponiendo brevemente lac; conclusio- esta crisis era el crecimiento desmesurado y difícilmente sostenible
nes generales de mi investigación sobre las causas de la revuelta de :;: de las cortes principescas. ·
(f ) Catalui1a de 1640, que aparecería en forma ele libro sólo en 1963. Mi Una de las debilidades de la tesis de Hobsbawm aplicada a las re-

{
(
'' intervención fue seguida por una ponencia de Brian Manning sobre
el estallido de la Guerra Civil inglesa, que enfatizaba «el papel de los
movimientos de masas campesina'i y urbanas en la cristalización de la
..,,-~.. ·
voluciones de mediados de siglo era que, incluso si se aceptaba la
existencia de una crisis económica generalizada, no había una expli-
cación sobre el mecanismo que la convertía en actividades revolucio-
(f ., situación política y la precipitación de acontecimientos críticos» 1 ~: narias. Al de~plazar la atención a la estructi.tra del estado y su relación
([ .,.\ Aunque la inclusión de la comunicación de Manning por parte de los con la sociedad, Trevor-Roper ofrecía de hecho tal explicación de
organizadores del simposio representaba un claro intento por su par- manera que conservaba elementos importantes de la teoría de una
( -.
te de incorporar el pasado británico al marco europeo comparativo crisis económica general. «La depresión de la década de 1620-ar-
{ que Hobsbawm proponía, es evidente que todos los comentarios re- gumentaba-·-es qui1.di no menos importante, como momento crucial,
cogidos sobre elJa se limitaron exclusivamente a desa1Tollos internos que la depresión ele 1929: aunque fue una quiebra económica tem-
{
ingleses, con un ((consenso general desfavorable a la opinión de Tre- poral, marcó un cambio político duradero» 17 • Enfrentados· a los costes
(f ) vor-Roper de que [la pequeila nobleza terrateniente] formaba una en aumento del aparato del estado, los gobiernos respondieron en-
{ ,._ clase en decadencia» 14 • Inglaterra, según los indicios, era todavía tregándose, con mayor fortuna unos que otros, a las reformas. En
una isla historiográfica. Hoy, unos cuarenta afias después,Jonathan Inglaterra, la incompetencia de los Estuardos significó que no hubo
( Scott insiste en sus ~ngl.1md's Trouhles [«Los problemas de Inglaterra»] ((ninguna revolución previa como tal, ninguna reforma parcial como
( en recuperar el contexto europeo para los desarrollos políticos ingle- tah•. En consecuencia, el «país», definido como todos aquellos que se
( ses del siglo xv11 15• Clío, por lo que parece, es una musa flemática. · oponían a un ((aparato de burocracia parac;itaria abmmador, opresivo·
Había un historiador, pese a todo, que era muy consciente de la y expansionista», se levantó exasperado contra ((la corte más intran- '•

( ) necesidad de situar los traslornos británicos de mediados del siglo XVII sigente de todas y la derribó violentamente» 18•
(( ~ dentro de un contexto europeo más amplio de agitación revolucio- La cosa se ponía emocionante. Trevor-Roper había elaboradcruna ·
( .,,\ naria: se trataba de Trevor-Roper, el gran ausente del simposio. Fue tesis extremadamente ingeniosa, argumentada con su típico brío y
dos ailos más tarde cuando Past andPresent (en cuyo comité editorial¡ con gran riqueza de detalles ilustrativos. Pero ¿era su tesis correcta?
( una vez abandonada la pretensión de ser una «revista de historia cien:· Media docena de historiadores (británicos, europeos y un norteame-
( tífica», habíamos entrado Lawrence Stone, Trevor Astan y yo mismo) ricano,Jack Hexter) fueron invitados por Past andPresenta emitir un
publicó el brillante artículo de Trevor-Roper que, al presentar una juicio crítico sobre ella; sus comentarios, publicados en 1960, contri-
( ) tesis alternativa, iba a dar un nuevo impulso al debate. En este ensayó', buyeron en gran medida a ampliar e internacionalizar el debate 19 •
( ) Recuerdo que Trevor-Roper me comentó luego que le habíamos de-
( ; 12
Maurice Ashley, Tlie Goldm r.tml"ry: /foro/'': J5 98-1715, Londres, Wcidcnfe} J'
1

and Nicolsnn, Hl<i9; Henry l<anH'n, TJi,. fmn C'.1mt11ry: Sor.ifll <:Jumge ili l~1tm/1r J550- 16 H. R. Trevor-Ropcr, ·Th(' General ~risis of the Scventeenth Century•, etl
<{ ' 1660, Londres, Wcidenfcld ancl Nicolson, 1971 [ElsiglodeMmn. Cmnbinsorialm'Ell- Aston (ed.), C1isi.s iu E11m/Jr [ Clifi.s tll fütro/m], p. 9!l.
ropn 1550-1660, trad. María Luisa Balseiro, Madrid; Alianza, 1977]; Theodore K:
l Rabb, «EarJy Modern Europe from Above and Bel<w; .. ,joumal of Modern History, 4~
17 !bid.
' 18 Jbid., pp. 94-95. . . ·
t - (1973), pp. 456--162.
13
. 19 Roland Mousnier,J. H. Elliott, Lawrencc Stonc, H. R. Trevor-Roper, E. H.
•Seventecnth-Ccntury Revolutions .. , pp. 69-70. Kossumnn, F. .. ;. Hobsbawm y.J. H. Hexter, •Discussion o(H. R. Trevor-Roper, "The
t. ) 14
15
lhirl., p. 71.
General Crisis of the Sevenlc.!cnth Ccntury",., Pa.ft nnd Present, 18 (1960), PP· ~12.
.Jonathan Scott. E11gla11d's Trouble.s: Sevtmt.eentli-rnztury Enl{lith Political bi.stability Desafortunada y, creo. equivocadamente, sólo mis comentarios y los de Mousnier fue-
~ ~.
in Emv/11~nn Cnnttxt, Cambridge, Cambridge Univen;ity Pres.o¡, 2000. ron incluidos en C,ifi\ in Eum/J'- [ Cri.si.f en Europa], a cargo <le Aston.
l '\
r,,.,.
'-
,/
O'l

..,.,,
l
t
}
1
ESPAÑA, EUKt>rA \' ~:L MUNDO D~ Ul.TRMW{

jado escapar sin-apenas castigarlo. Mi opiriión; en cambio, era que


L\ cm:;1s Gl::Nl::KAI. EN 1t~:-rttos1'1::cnv.\: l'N nEli.·HE

importancia de examinar los objetivos y:las aspiraciones ele los gobier-


mrnK~llNAlli.t:

'f
: '
''
}
abrimos una brecha en su barco por debajo de la línea de flotación.
Lo que había hecho en realidad era transponer a la Europa continen- ·
nos ccnrrales, que bien pudieran resultar más .. revolucionarios" que
las fuerzas de la revolución producidas por las presiones económicas ·I.
¡I
i;
j:
~
tal una explicación basada en el enfrentamiento emre corte y país que y sociales originach1s desde abajo. ¡: )
había propuesto originalmente para dar ~uenta de la Guerra Civil Llegué a tal conclusión tras haber estudiado la política del conde-
inglesa. E. H. Kossmann, Roland Mousnier y yo mismo pe1mibamos duque e.le Olivares en las décadas de 1620-16:\0 y la reacción explosiva
11 )
que, incluso si la explicación fuera correcta para Inglaterra, la •malo- que provocó en Catalmia. En La rebelión de los catalanes intenté mostrar f' }
gía no funcionaría en nuestras regiones europeas, respectivamente cómo las presiones y los costes de la guerra obligaron a Olivares y su ¡J: }
los Países Bajos, Francia y Espa11a. La definición de Trevor-Roper ele gobierno en Ma<lric.l a idear medidas que movilizaran los recursos de
corte planteaba, por ejemplo, graves dificultades. Si los cargos oficia:- una monarquía hispánica y un imperio integrado por territorios muy
)
les eran parte de la corte, ¿cómo se explicaba su participación en la dispersos, cada uno con sus propias leyes, instituciones y arreglos
;ll )
Fronda? Tampoco estábamos convencidos de que los gastos de la corte c.:onsticudonales clisúntivos, es decir~ lo que después comenzaríamos
ascendiesen a nada comparable a la carga impuesta sobre las socieda-
)
a denominar «monarquía compuesta». Cataluña, y lo mismo Portugal,
des del siglo XVII por los costes de la guerra. estaba le::jos de cargar con una corte desmesurada y, en comparación )
Creo que demostramos estar en lo cierto. También creo, y creía con Castilla, era una sociedad gravada con pocos impuestos y con una }
entonces, que Trevor-Roper, incluso si discrep~ba con Hobsbawm, burocracia muy reducida de oficiales reales. A pesar de ello, fue en
· argumentaba de hecho dentro de los mismos términos de referencia. Cataluña, no en Castilla, donde estalló la revuelta. Al buscar posibles }
Para ambos dos, a su propia manera, los trastornos de mediados de explicaciones, quedé impresionado por el importante papel que en )
siglo eran fundamentalmente revueltas «Sociales», ele algún modo el modo de pensar ele los catalanes del siglo xvu desempeñaba la idea
más profundas que otros tipos de desorden, y había que buscar sus de la /1iitria como comunidad fundada en elementos compartidos:
}
causas y su explicación en el fondo de la estructura de la sociedad. Mi espacio, recuerdos, experiencias históricas, leyes e instituciones, y }
propia opinión, tal como expuse en el libro La rebelión de los catalanes, pautas clt:: vida y conducta.
publicado en 1963, y después en una conferencia inaugural leída en
)
En retrospectiva, pienso que esta idea de la importancia tanto de
el King's College de Londres en 1968, titulada «Revolucion ancl Con- la plttlia (la cual explicaría con mayor detalle en mi conferencia de 1968) )
1
tinuity in Early Modern Europe», era que tales supQsiciones no debe- como del modo en que se cpnvirtió en el punto de encuentro para la ;.
)
!
rían darse p'or sentadas y que podría haber razones para comenzar resistencia contra las demandas del gobierno central, empeñado en !
no con la sociedad, sino con el estado 20 • Esto no excluye, como es introducir cambios fiscales, administrativos y constitucionales, fue mi
1.
)
natural, la necesidad de análisis de las sociedades en rebelión, del tipo contribución 1m1s úcil al debate sobre la crisis general. Apuntaba la f )
que intenté realizar en mi estudio sobre las relaciones entre el prin- necesidad de observar con más detenimiento no sólo el estado del .I:
}
cipado de Cataluña y Madrid. Sin embargo, hay que pensar en la siglo XVII como entidad política transformadora, sino también la re- l
sistencia a las innovaciones del estado por parte de las comunidades }
.· ~ bajo presión. Esta oposición, que se remontaba a un pasado distante
2u J. H. Elliou, TM Reuult of lile Gatalans: A Slwly iu lile Decline of Sptli11 1598-1640, }
en busca ele argumentos, tendía a expresarse con fórmulas conserva-
Cambridge, Cambridge University Pn:ss, 1963, reimpr. 1984 [Lll rebelión de los cata~ )
/mies. U11 estudio sobre la decadencia de Es¡uuia (1598-1640), tmd. Rafad Sánchez Mante- doras, aunque las conu-arrevoluciones en nombre de leyes y libertades
8'
ro, Madrid, Siglo XXI, 1977; Lfl revolta catalana, 1598-1640. U111•studisoúre la demde1lcia históricas puedan tener Ciertamente consecuencias innovadoras y I''
~ '
~ )
d'Espcmya, trad. catalana.Josep V<1llvt:rdl1, Barcelona, Vkens-Vin:s, 1966); .. Rt·volution revolucionarias,.como de hecho ilustra claramente la rebelión de los
and Continuily in Early Modern Emope•., P<ist and Presenl, '42 (l 9ti9), pp. 35-56, re~ l )
impr. en J. H. Elliott, spaiu anti its \\'orltl, 1500-1700, New Haven (Connec1icut) y
Países fütjos en el siglo XVI. 1
Londres, 1989 ( ·llevoluC~ón y continuidad en la Europa moderna .. , en A"spaña y su Pienso que esta formulación contribuyó a concentrar la atención ~
i t 1
mu11tlo ( 1500-1700), trad. Angel Riwro Rodríguez y Xavier Gil 1'1~jol, Madti<l, 1~iurus; en el punto neces&t'rio en esta fase de la discusión: en las intenciones
2007], cap. 5, Yeq Geotfrey Parker y Lesley M. Smith (eds.), TJ1e (;e11r.ral Cliúf oftke ~ Q J
del estado y la resistencia a él. A su vez, esto indicaba la necesidad de
Sevmtmith Ce11lrt'), 2• edil., Londres, Routlcdge, 1997, cap. 2.
l t ~
f" 1

f
{ ,,
4)

f_o;rAÑA, EuROl'A Y t:I. l\IUNllO 111:: u1:r1CAMAR l..A CRISIS GENERAi. f.N ltl-;J'ROSl'l::CflVA: UN Of.BATE INTERMINABLE

{ ~
(f
,,,,,
, estudios. monográficos sobre rebeliones específicas y sus orígenes, del
tipo intentado por mí en La rebelión de /.os catalanes o por Rosario Villari
tuló, con cierto optimismo, «The Crisis of the Scventeenth C~ntury:
A FarewelJ?,,25 [«¿Adiós a la clisis del siglo xvn?»]. Los modelos estáticos

{
{ )
' en su libro sobre los orígenes de la revuelta napolitana de 1647-1648,
publicado cuatro años más tarde en 196721 . El ambiente era propicio
presuponen sociedades cuyo estado nom1al es de equilibrio, el cual de
vez en cuando puede verse fatalmente perturbado bajo la presión

{ ., a tal empresa. La década de 1960, marcada ella misma por la protesta


y la revuelta, fue un periodo en que, sobre todo en el mundo anglo-
sajón, los estudiosos de Jas ciencias sociales como Chalmersjohnso~
de las circunstancias. Como nota Koenigsberger, este enfoque no tiene
en cuenta el carácter inherentemente inestable de las sociedades eu-
ropeas de la edad moderna, siempre propensas a alborotos y revueltas.
( ~
prestaron gran atención a la tipología de las revoluciones, y los histo- Esta mala interpretación, como indiqué en mi conferencia de 1968
{ ) riadores no tardaron en adoptar sus intereses22 . En 1967-1968 Robert «Revolución y continuidad», forma parte de un enfoque de los procesos
Forster yJack P. Grcene organizaron en la Universidadjohns Hopkins revolucionarios que toma la Revolución Francesa, o más bien una in-
( "' un ciclo de conferencias titulado Revoluciones y rebeliones de la Europa terpretación determinada de ella, como paradigma para los movimien"'.
{ -. moderna 23 • Las rebeliones escogidas no se limitaban a la década de tos de siglos anteriores. Sin embargo; las sociedades de la edad moder-
{ 1640 (incluían la revuelta de los Países Bajos y la sublevación ele Pu- na estaban c!structuradas no tanto horizontal como verticalmente.
( gachov), pero tres de los cinco conferenciantes (Mousnier, Stone yyo Como yo mbmo escribí, «no se puede esperar que una sociedad agru;.
mismo) éramos también participantes en el debate sobre la crisis pada en corporaciones, dividida en órdenes y vinculada verticalmente
( .\
general. En su contribución sobre la Revolución Inglesa, Lawrence por fuertes lazos de parentesco y clientelaje se comporte de la misma
( Stonc intentó introducir a Chalmersjohnson en su amílisis de los manera que una sociedad dividida en clases» 26 •
{ orígenes identificando por su parte condiciones previas a largo plazo; En vista de la inherente inestabilidad de las sociedades de la edad
precipitantes a medio plazo y desencadenantes a corto plazo para la moderna, apenas pueden considerarse motivo de sorpresa las re-
( - revuelta2 -1. vueltas frecuentes. A causa de ello, se debe cuestionar el presunto
( En el volumen resultante Jos editores lucharon vivamente para ela- carácter (mico de la aglomeración de revoluciones de 1640 y, con
borar un sistema de clasificación para nuestras diversas revueltas y re- él, todo el concepto de crisis general del siglo XVII. Por las fech~s en
(
·voluciones, pero el intento, me temo, estaba condenado al fracaso. Se que leí mi conferencia inaugural de 1968 había acabado precisa-
( ..... hicieron muchos esfuerzos para llegar a un marco general, pero lo qué mente de escribir un libro sobre la historia europea en la segünda
sobre todo impresionaba era la variación más que la similitud de las mitad del siglo XVI, La Europa. dividida ( 1559-1598), y me llamó la
( ' diferentes rebeliones. Los modelos tenían, y tienen, una forma aburri .. atención cuando lo escribía el elevado número de revueltas ocurri-
( ~ da de derrumbarse ante una mirada analítica. ¿Es realmente posible; das en la década i nidal de ese periodo. Llegué a contar siete en to-
{ por ejemplo, trazar una distinción nítida entre condiciones previas y tal. Esto me llevó a añadir una ir~nica nota a pie de página ~n la que
precipitantes? Además, los modelos eran en esencia estáticos, como decía que parecíamos enfrentarnos a «una crisis general de la déca-
(
observaiía después H. G. Koenigsberger en una de las má5 agudas e~á­ da de 1560» 27 y en mi conferencia llevé la broma algo más·lejoi;.
{ ~ luaciones del debate sobre la crisis general, un ensayo de 1986 que ti.;. Nadie, lame.nto decir, ha aceptado mi desafío de estudiar las revuel- .,
( ) . ,i :;r! tas de 1560 como grupo, pero, al insistir en las continuidades sub-
( ...
-- . . :fl\
21
Rosario Villari, / ..11 rivolta rmtis/mg11oui n NajJOli: /P. origi11i (1585-16./ 7), Bari,, L;l-
ter1.a, 1967 [ tn rr.uur.ltn m1tirs/m1ioú1 tm Nrí/mle.t. l .nrnrigrm.l'.f (1585-1647), trnd. Fcmail~
( do Sánchez Drngó, Madrid, Aliam.a, 1979]. : .. , rl 25 H. G. Kocnigshr:rgcr, ,;fhe Crisis of the ' Sr.ventcenth Century: A Farewell?•, ell
22
Chalmcrs.Jnhnson, R1molutiutz aud tlU!SocialS)•sl.e111., Stanford (California);Stan- . su Politirimu n11d Virtuosi: füsa_y.f 011 Early M.odcm Histnry, Londres, Hambledon Pres5.
( forrl University Pre~. 19ll':I. · '"l,"T :; 1986, cap. 7.
''3 R b F ,.,,. ' 26 J. H. Elliott, ,.(RC'volution and Continuity in Early Moclern Europe•, en Elliott,
( •· o ert •orstcr y.Jack P. Green e, l'rr.co11ditimu of /let1olutio11. in /~'nrl_v MofÜ!n!. Eu·. · :~
m/1r., BflltimorC' (Marylancl),.Johns Hopkins Uni\'ersity Prcss, 1970 [/ltr(lolur.ione.f y·rr.be- S/Jain and its World, p. !19 [«Revolución.y continuidad en la Europa moderna•, en Es~
( ) lione.t de In Euro/m modtmin, trad. Blanca Paredes I..arrucea, Madrid, Alianza, 1978}.w·r /mña y su mundo, p. 13:\ J.
24
Lawrcncc Stone, .. The English Re\'olution», en Forster y GreellC (eds.). Plr(.on~ ·:·.•
27
john H. J;:lliott, EuropeDivided,1559-1598, Lo.1drcs, Collins, 1968 [La Euro/Ja di- ¡.

t ) ditinus o.fRcv,,/utirm [ Rn1,,furir111es .v ,.,J11dim1t'.r], p. 65. vidida (1559-1598), lrad. RafaelSánchez Mantero, Bar<:clona, Crítica, 2002], p. 107.

i. "\
'- \
q7

f
l
}
l
)
L~ c~i~1~ l;t-:Nt:KAJ. t:N IU.'I KllSl'~Grl\';\~ UN 111::11.~n-:
EsPAÑA, EUKOl'A \' t:l. MUÑllu m: u1:1R.V.L.\R INTf.R.\llN.\Hl.t:
l
yacentes en la Europa de la edad moderna, espero haber pi.anteado )'en difr~reme medida,,:n. Creo que todavía hoy, creinca ailos más tarde, }
algunas dudas sobre el significado, y quizá incluso la existencia, de sería ampliamente aceptada l"al formulación. Incluso la República Ho-
una crisis general en el siglo XVII. landesa atravesó sus dificultades econ6micas, comoJonathan Israel nos
-l
No era el único en pensar así. Precisamente por aquellas fechas ha recordado en su monumental estudio sobre ella: «El comercio de }
un potente ataque contra toda la iniciativa ftte lanzado desde Lenin- ultramar holandés había caído en recesión (1621-1632). [... ]En térmi- )
grado por Alexandra Lublinskaya. En los capítulos iniciales ele su nos generales, el periodo 1621-1647 fue de crecimiento vacilante; los
libro French Absolutism: The Crucial Phase, 1620-1629 [<<El absolutismo
francés: la fase crucial, 1620-1629»], al cual Cambridge University
reveses en el comercio europeo fueron compensados, por una parte,
por la demanda en Alemania y los Países Bajos meridionales de provi- ·
m }
)
Press me pidió contribuir con un prólogq, Lublinskaya abrió fuego siones de todo tipo suministradas por los holandeses y, por otra parte,
)
sobre cada uno de nosotros por turnos. El impacto iba a producir por las ganancias del comercio colonial» 32 • :11:
estragos generalizados. «lncl uir bajo la denominación genérica de Después de examinar )as pruebas, Steensgaard desarrolló una nue- }
"revolución" -escribía-fenómenos en esencia tan distintos como va etapa de su argumento al indicar que, visto el aumento ele los costes )
la revolución burguesa inglesa, la restauración de la independencia de protección provocado por Ja Guerra de los Treinta A11os, la crisis
portuguesa, las revueltas de Nápoles contra el góbierno espai1ol y, del siglo XVII fue •cuna crisis de distribución, no de producción». )
finalmente, la compleja red de diferentes movimientos llamada la .cCualquier intento-escribía-de comprender la crisis económica }
Fronda es testimonio, ante todo y sobre todo, de que el mismo con- del siglo XVII sin tomar en consideración la distribución de ingresos
cepto de "revolución,, está siendo utilizado sin rigor científico» 28 • que tuvo lugar a lo largo del sector público está condenada al )
En cuanto a la crisis económica, «las dificultades encontradas eran fracaso,,:i:i. Una de las grandes virtudes de su argumento, al menos i-111 }
de un tipo especial y no proporcionan base para la discusión de una para los historiadores de las revoluciones de mediados de siglo, es que
}
"crisis del capitalismo" en el siglo XVII» 29 • Eso iba por Hobsbawm: la situaba al estado en el centro de atención y con ello seilaló el meca-
inapr~nsible crisis que tanto buscaba se había desvanecido en el nismo que relacionaba las crisis económicas con las políticas. Lo que )
aire. encontramos durante este periodo es, según la formulación de Steens- }
Pero ¿de verdad se había esfumado? Es cierto que el ca.so de la gaard, un «absolutismo dinámico» (una expresión quizá menos acep-
República Holandesa en particular ha sido siempre difícil de encajar table hoy que hace treinta años), el cual cc\folaba con su polílica fiscal )
en el panorama de una crisis general, ya sea económica o política~ las leyes consuetudinarias}' amenazaba con perturbar el equilibrio }
Kossmann había señalado los proble'inas en su contribución al debate social o con pdvar a partes de la población de sus medios de sustelllo».
sobre Trevor-Roper (omiúdá a mi parecer equivocaclamen te de la an- Su conclusión era lo que yo había querido exponer desde el principio
)
tología de Trevor Astan) y, en techa tan temprana como 1964, Ivo SchOf~ del debate, aunque quizá no lo hubiera expresado tan.contundeiue- )
fer había planteado la pregunta cc¿Coincidió la edad de oro holandesa mente: ccl.as seis revoluciones contemporáneas tan sólo pueden con-
}
con un periodo de crisis?» 5º. En un artículo publicado en 1970, que me siderarse como unidad si las rebautizamos "las seis reacciones
sigue pareciendo uno de los tratamientos más inteligentes sobre los contemporáneas"»s~. }
tesúmonios de presunta crisis económica en el siglo xvu, Niels Steens- Fueran las revuelcas específicas de 1640 reacciones, revoluciones

gaard argumentó que cela crisis del siglo XVII no fue un retroceso uni- o algo intermedio, a principios de la década de 1970 estaba bastante
versal, sino que [... ] afectó a diversos sectores en diferentes momt'ntos claro que era necesario un estudio más detenido si se había de avan- }
\ j

Brian Pearce, Cambridge. Cambridge University Press, 1997, p. 101.


29 !bici., p. 329.
.l~

28 A. D. Lublinskaya, Frencl11\bsolp.tism: The Crucial Plmse, 1620-1629, t1<1d. i11glesá

( .1/,
31 Niels St~ensgaarcl, "The Seventeenth-Cenrnry Crisis .. , en Parker y Smith (c:cls.),
General C1isis, p. 44. · ·
52 Jonathan Israel, The Dutcli Re/mhlic: lts Rise, Greatness and Fal/, U77-llJ06, Ox-
~
t J
'
so Mousnier et al., .. Discussion of H. R. Trevor-Roper,,, pp. 8-l l; Ivo Schoffer-1
.. Oid Holland's Golden Age Coincide with a Period of Crisis?.;, c::n Pa1'ker y Smith
ford, Clarendon Press,-1995, p. 610. ·
3:1 Steensgaard, "Sewmeent.h-Cenmry Crisis», pp. 44-45 . • J
(eds.), General Crisis1 pp. 87-107. :14 !bid., p. 47.
• j
)
'\
,,
f
( ',.·"'
.,.. 1-:..1•,\ÑA, EuRorA \'Et. MUNl>U 111'. 111:mAMAR l.A e IUSIS e:t:Nt:RAI. F.N RI 'l'J(OSPEGnVA: UN llf.l\ATf. IN"ll::RMINABLF.

f ~
zar, y que lo ideal sería que tuviera lugar dentro de un marco compa- . Su perspectiva histórica más larga era la perspectiva de un antesy
( ) rativo. Se trata de una observación hecha por Lloyd Moote en un va- un después, con especial énfasis en este último. El gran antes fue la edad
{ lioso juicio crítico sobre el debate, publicado en 1973; donde además de la reforma, en particular las tres primera~ décadas del siglo Xvi,·
{ '' inLentaba relacionarlo con las recientes teorías de la revolución y si-
tuar los trastornos de la década de 1640 en el contexto más amplio de
una fase de trastornos sísmicos que transformaron para siempre la faz
de Europa. El desf1ués se localiza en los años posteriores a 1660, un
~
t( ,"
... los levantamientos europeos desde la revuelta de los Países Bajos has-
ta la Revolución Francesa 35 • Perez Zagorin realizó un intento en esta
dirección en su Remteltas y revoluciones en la Edad Moderna de 1982,
periodo quej. H. Plumb había caracterizado recientemente como
señalado por la consecución gradual de la estabilidad política en In-
glaterra!l8. De una manera más bien poco diferenciada, Roland Mous-
f ~ donde trató valientemente de clasificar los diversos trastornos de los nier había descrito el conjunto del siglo XVII como una edad de crisis,
t( .... siglos xv1 y xvn segt·m categorías generales tales como revoluciones, paralelamente a la cual corría la «lutte contra la crise>», también sin
rebeliones y guerras civiles revolucionarias, pero la escala era quizá determinar temporalmente, aunque acabada co·n una especie de
( "'.
demasiado general y las explicaciones sobre las revueltas demasiado equilibrio alcanzado en ¡ 715s9 • La cronología de Rabb es más precisa,
{ - esquemáticas para permitir la comparación detallada que habían pe- con tensiones que crecen hasta puntos críticos en el segundo terci~
( dido Lloyd Moote y otros3i;. del siglo XVII y crisis resueltas con éxito en las siguientes décadas. Esto
Supongo que es demasiado cierto que todo debate tiende a ago- me parece un marco cronológico más útil y satisfactori9 que el pro-
( ·~
tarse con voces de queja que piden más trabajos, y a este respecto la porcionado por Mousnier; además, llama debidamente la atención
{ discusión sobre la crisis general no fue ninguna excepción. A princi- sobre la necesidad de examinar de cerca no sólo las cau~as sino tam-
( "
"" ¡
pios de la década de 1970 un debate que había comenzado en la de 1950
estaba perdiendo impulso, lo que no es de sorprender. No obstante;
bién las consecuencias de los trastornos de la década de 1640. Parece
haber algo en los historiadores que les hace más propensos al estudio
( - es justo se11alar que, además de exponer algunas significativas bolsas de las causas que de las consecuencias, por lo cual resulta saludable
{ de ignorancia en nuestro conocimiento de la historia económica y el llamamiento de Rabb.
política del siglo XVII, centró la atención en problemas históricos de Rabb no sólo ~larga la perspectiva sobre las revoluciones de me-
(
gran importancia que después se han negado a abandonar la escena. diados de siglo, sino que también la amplía, de forma que recuerda
( "\ Éstos fueron definidos y explorados con elegancia por T. K. Rabb en otra vez a!\'. ousnier, al insistir en las características y manifestacion~s
The Struggle Jor Stability en 1975. Después de resumir el debate sobre culturales de la crisis y su resolución. Se trata de un avance arriesgado
l ~.

la crisis general, comentaba que «uno no puede escapar a la impre- y valiente, e inevitablemente algunos resultados iban a ser dudosos.
( sión de que algo de gran importancia tuvo lugar realmente hacia el «La búsqueda de autoridad y certidumbre», que considera fundamen-
( segundo tercio del siglo XVU» 37 , una afirmación con la que me encuen- tal en la empresa del siglo XVII, era en sí misma ambigua y vacilante y
tro de acuerdo a pesar de cualquier observación que haya realizado los testimonios proporcionados por las artes pueden apuntar en mu- .
(
sobre las continuidades subyacentes del periodo. El valor específico chas direcciones, como era consciente el propio Rabb40• Su interpre-
~ ~
.. de la contribución de Rabb está, en mi opinión, en su empeilo de si- tación de determinadas pinturas es· discutible, pero no se puede dejar
( tuar ese «algo de gran importancia)> en una perspectiva histórica más de admirar su resolución de relacionar los argumentos sobre la crisis
{
'
~
larga y amplia. · · .., económica y política con las inquietudes estéticas e intelectuales de
•.'·, la Europa barroca. Nunca acabar~mos de comprender del todo los
l -:
3
~ A. Lloyd Moote, • The Preconclitions of Revolution in Early l\fodcrn Europc;
{ Did They Really Exist?», Canadian]ournal o/ History, 8 ( 1973), pp. 207-234. ·•
38
J. H. Plumb, The Growth o/ Political Stability in En.gland, 1675-1725, LÓndres,
36 Perez Zagorin, Rc/Jl'lf and Ruler.f, 1500-1660, 2 vols., Cambridge, Cambridge Mácmillan, J967. ·
( '
39 Roland Mousn ier, ú.s Xl'le et X17/e Siicles, 2ª edn. rev., París, Presses Universitai-

t· .
University Pres.e;, 1982 [Revur.llas y reunlru:im~~ en la Edad Modenzn, trad. Alfredo Alvar
Ezquerra, 2vols., Madrid, Cátedra, 1985).. . ·' :"'.'\ rcs de France, 1967 [tos siglos Xl'l.y XVII, trad. y rev.Juan Reglá, Barcelona, Destino,
37 Theodore K. Rabb, The Struggk for Stability in Ea.rly Modern Europc, Oxford·y 1981], pp. 208y276. . ;
<i l "'\ Nueva York, Oxíord University Prcss, 1975, pp. 27-28. ·
40
Rabb, 'lllt!Stru¡;gleforStability, pp. 107y 123.

l '\
f(){) 1fl1
l'I
( )
J
)

EliPAÑ,\, EUKUI',\ y 1::1. MUNllO l>F. u1:rRAMAJ<


'
)
~
trastornos de mediados de siglo sin hacer un sedo intento de penetrar Civil inglesa. Su punto de vista enfocaba el problema planteado por · l
en el modo de pensar tanto de quienes defendían la autoridad esta- los diversos reinos e.le Inglaterra, Irlanda y Escocia, todos los cuales
blecida como de quienes se oponían a ella. debían lealtad a Carlos l. En The Causes of the füiglish Civil War [«Las ~
Al mismo tiempo, The Struggle for Stability puede ser vista como el pre- causas de la guerra civil inglesa».], Russell escribe: ((La hipótesis de }
sagio de un alejamiento respecto del u-atamierlto relativamente preciso que el problema de los reinos múltiples fue una de las causas princi- l.
)
de la crisis de mediados del siglo XVII que había caracterizado la mayor pales de inestabilidad británica encaja perfectamente si se la conside- '
parte del debate. Esto podría reflejar en parte una sensación de que la ra en un contexto europeo»-1:l. }
discusión, tal como había sido fommlada hasta entonces, era más bien Aunque .TlzeFall of the B1ilish Monarchies, 1637-1642 [((La caída de )
lenta y no estaba llevando a ninguna parte, pero también con-espondía las monarquías británicas, 1637".'1642»] de Russell se halle relaciona-
..al clima historiográfico cambiante de la década de 1970: la reacción do s61o débilmente con los acontecimientos contemporáneos en el !
)
contra Femand Braudel estaba cobrando fuerza, la con'elación de fuer- conrinente europeo, situar la rebelión inglesa en el comexto británi- :·
1 )
.:. . !
zas de los Annal&rse estaba desplazando de la historia social y económica co imis amplio formado por los tres reinos contribuyó, en mi opinión,
)
a la historia de las mentalités, el detenninismo histótico se batía en retira- a mamener una conciencia tal vez precaria en el ámbito ele los histo-
da a medida que avanzaba la recuperación de lo contingente y lo indivi- riadores e.le habla inglesa de que el problema de la simulcaneidad, )
dual, la historia política se reinventaba, el arte narrativo renacía (para planteado tanto por l'vlerriman en su Six ContemjJuraneous Revolutions )
asombro de Lawrence Stone) >'los revisionistas empezaron con la de- [«Seis revoluciones contemponineas»] como por el debate sobre la
construcción sistemática de todo lo que pensábamos que sabíamos y crisis general, no podía ser igno1-ado del todo o rechazado sumaria- }
comprendíamos antes de que aparecieran sus brigadas de demolición. mente como la idea sin base real de algunos historiadores <.1ue tendían }
Tal ambiente era poco propicio para la teoría de la crisis general, a ver crisis por todas partes como refü:;jo ele las preocupaciones de su
o de hecho para cualquier otra teoría. Los vínculos, u presuntos \'Íncu- propia épuca-1:1. Tales preocupaciones influyeron ciertamente en Me- }
los, entre economía y política se habían roto y lo ·que antes se consi- rriman cuando publicó su libro en 1938. Como él mismo explica, al )
deraban grandes revoluciones quedó reducido con harta facilidad a escribirlo tenía en mente no sólo las revoluciones simullfü1eas de 1848,
)
la contingencia de acontecimientos cotidianos. Aun así, no todo se sino también la revolución bolchevique y su impacto contemporfü1eo.
perdió en este periodo de desolación. En particular, tuve la felicidad Esto ayuda a comprender tanto su elección de tema como su enfoque )
de comprobar que, a fin de cuentas, no había escrito en vano La rebe- general. Merriman dedica mucho espacio a lo que llama ((corrientes }
lión de los catalanes. Conrad Russell, en su estudio sobre la Guerra Civil cruzadas», las conexiones transnacionales entre rebeldes y los int.ei1-
inglesa, había retomado de mi obra la idea de moi1arquía compuesta, tos de imervención de un estado en los trastornos internos de otro )
aunque la expresión sólo aparecería más tarde (fue inventada, creo, (algo que parece haber sido inspirado en particular por la interven- )
por Koenigsberger, aunque él parezca pensar que la inventé yo) 11 • Mi ción de potencias extranjeras en la Guerra Civil espa1iola)-1". Por otra
libro había tratado de demostrar el impacto sobre la sociedad catala- parte, este libro puso de manifiesto que los misnios contemporáüeos }
na del absentismo real, que había surgido necesariamente de la sobe- de los acontecimic::ntos eran muy conscit:ntes de vivir en un pedodo de )
ranía del rey de España sobre tantos reinos y provincias diferentes, conmociones y trastornos fuera de lo común. En otras palabras, el
)
todos ellos con sus propias leyes e instituciones. Esta idea demostró problema de las revoluciones contemporáneas lo fue para los coetá- '
ser cmci~l para el tratamiento de Russell de los orígenes de la Guerra neos mucho antes de serlo pai·a los historiadores. ~. j
f
41 Véase la \lersión publicada de la con_ferencia inaugura~ <~e cátedra di! Ko~n~gs­ -12 Conrnd Russdl, T/ie Catms of tlie Euglish Civil War, Oxford, Oxfor<l UnivcrsiLy
berger en el Ki11g's CoJlege de Londres, leida en 1975, uDomm1um n:gale or Doumumn
politicum et regale-, en Po/ilicians and Virtuos~ p. 12, donde explica que ula mayoría de
los estados de la edad modema fueron estados compüestos»; tambiénJ. H. Elliott, •A
Euro pe of Compo~ite.Monarchies .. , Past and Presmt, 137 ( 1992). pp. 48-71, induido
Press, l H90, p. 29.
43
Conracl Russdl, 'J'/u:Fallufllir.Britisli Mmum:liies 1637-16./2, Oxford, Oxforcl
Universil}' Prcss, 1~>91.
-1-1 Véase la conclusión de R. B. M1!1Timan, Si.-: Co11tempormieous Revo/utions, Ox-
'
J
}
en el presente volumen ,;orno cap. 1. forcl, Ch1rcndon Pn·ss, 1938, esp. pp. 215-216.
j
i
(';
(1 .J
f:' ESPAÑA, J::UROl'A Y El. MtJNllO IJE lll:l'KAMAR
l..A CRISIS GENt:KAJ. EN RY.TROSl'l!GrJVA: UN llt:llATE INTl'.RMINAlll.E

( ; La conciencia contemporánea ya había sido observada desde las vecinos, como ilustra la reacción de Richelieu a las revueltas de 1640

,,,
@")) etapas más tempranas del debate sobre la crisis general. Trcvor-Roper .
mencionó las palabras de un predicador inglés en 1643, «estos días
en Cataluila y Portugal. Según yo mismo indiqué en mi conferencia
«~evolución y continuicla~» y Koenigsberger repitió en su. «Farewell»
a la crisis del siglo xvu, las revoluciones de mediada la centuria no

,,,
son días de temblores», y yo mismo cité en el simposio londinense
f,') de 1957 la observación de Olivares, transmitida por el embajador en pueden tratarse simplemente como fenómenos independientes, en
Madrid, de que «Si los reyes no miran por sí mismos, no van a quedar particular por lo que hace a su desarrollo y resultados49 • Al llegar a
este punto, el amllisis social.guarda silencio y un conocimiento de la
~
f )
' más que algunos reyes en pocos años» 45. Desde la década de 1950
hemos aprendido mucho tanto sobre la recopilación de noticias y las
publicaciones periódicas en la Europa moderna como sobre las redes
política interior d~ja de ser suficiente. Del mismo modo que el estudio
de las relaciones internacionales es fundamental para entender el
por medio de las cuales se difundía la información-1 6 , La sed de saber impulso recibido por la nueva fiscalidad real de las décadas de 1620
( "' qué estaba ocurriendo en otras partes era enorme.Jonathan Scott y 1630, también lo es para comprender el desenlace de las revolucio-
{ escribe sobre Inglaterra que tan sólo en la década de 1622 a 1632 nes que esa política de impuestos desencadenó.
( llegaron a circular 600.000 corantosº 47 • Debe de haber ya disponible De loan terior se deduce que la discusión sobre Ja crisis general es,
bastante información sobre corantosy boleLines como para hacer po- o al menos debería ser, un reproche constante al tratamiento aislacio-
(
sible un estudio general y sistemático que trate tanto la difusión por n ista de las historias nacionales. Es un debate que apunta, aunque sea
( ) toda Europa de información relativa a las revueltas como la rapidez imperfectamente, el potencial enriquecedor de un enfoque paneu-
{ ""i con que llegaban las últimas noticias, ya fueran comunicadas con ropeo que exige llevar a cabo conexiones y comparaciones. Estas se
impresos o enviadas con la correspondencia p1ivada, como las cartas deberían efectuar, a mi parecer, no sólo entre las propias sociedades
( de René Augier desde París a Giles Greene, un miembro del comité revolucionarias, sino también entre ellas y las sociedades donde no
( parlamentario inglés de asuntos exteriores, informándole de Ja evo- ocurrieron revoluciones. En fecha tan lejana como 1957, en el sim-
lución de los acontecimientos en Nápoles en 1647"8 • posio de Pn.st ami Present, Lawrence Stone planteó el problema de la
(
La difusión por toda Europa de infonnación sobre la insurrección inexistencia de revoluciones en aquellas sociedades donde par~cían
( ) catalana, el ascenso y caída meteó1icos de Mac;aniello en Nápoles en 1647 darse todas las condiciones previas necesarias50 • Su llainamiento ape-
( '\ y la ejecución de Carlos 1 en Inglaterra nos devuelve otra vez a las nas ha encontrado eco, que yo sepa, aunque por mi parte haya llevado
preguntas de Merriman sobre la propagación del virus revolucionario a.cabo un intento de analizar las razo~es para la ausencia de revolu-
( "\
y el impacto de las noticias de las revueltas sobre las decisiones de los ción en uno de los casos más notables de sociedad no revolucionaria,
{ gobiernos. Los informes de disturbios internos eran una invitación la Castilla de la década de 1640, en un ensayo, in~luido en el presente
permanente para que Jos estadistas pescaran en el río revuelto de sus libro como capítulo IV, que apareció originalmente en un volumen
ti de homenaje a René Pillorget, uno de los principales estud~osos de la
{ tipología de las revueltas del sigl9 XVIl 51 •
5
H. R. Tre\'or-Roper, .. Gcnt'ral Crisis .. , p. !l9; .. scv<·1itccnth-Ce111urr Rcvol~~~·
¿Dónd~ estamos, pues, y adónde hemos de ir? Como he indicado,
-1
{ tions .. , Pa.st rrnd Prrsmt, 13 ( 1958), p. 65.
6
" Véa.o;e por ejemplo Paul Arbla.<1ter, .. current-Affairs Publishing in the l-labsburg muchos de los retos planteados por el debate, como la comparación
{ ~
Nctherlancls, 1620-1660, in Cnmparative European Pcrspectivc•, lesis dncloml, Uni~ entre las sociedades revolucionarias y las que no lo fueron, esperan
{ "\ vc111idad de Oxíord, 1999¡ Brcndnn Dooler y Sabrina Baron (ecls.), 11it PolilirJ nf !11/or¡
mation inEar~.,·ModrmErm¡pr, Londres, Routledge, 2001.
( • Los r.orrmloJ eran hojas sueltas que recopilaban noticia.<; extraídas de periódi-
49 Elliott, Spain mul ils Worúl [&paña y .su mundo], cap. 11; Kocnigsberger, Politi-
cos extranjeros. Fueron 1011 holandeses quienes des<urollaron la práctica gn1cias a su
(' venl<!josa posición geográfica y comercial. El Courantc rtyl ltalim, DuyLsip7Ult, &c., pio- cians and llirtuosi, 1()7.
50 Lawrence SLone, .. scventecnlh-Century Revolutions•, Past and Present, 13
nero ele tales publicaciones, comen1.ó a ap;.trecer semanalmente en Amsterdam en'
( J(jJ 8. (1958), p. 65.
7 51 J. H. El.ljolt, .. ¡\ Non-Revolulionary Soc,iety: Castile in the 1640s•, enJean de
<l \ ) -1 Scott, Engúmd'.s 1lnub/es, p. 100.
48
, ;.1
Rosario Villari, Elogio della d;simulm.ionr.. La lotta j11Jlitir.a nr.l Scir.culo, Rorpa y. Vigcrie (ed.) l~ludes d'/iic;tnire euro/Jime. /vftlangts offt'rls ti René elS!fUZnne Pil/,orgel, An~
l ) Bari, Laterza, 1987. · •I gcrs, Prcsscs JnivcrsitaiJ:es f:l'Angers, 1990, pp. 253-267.
'i

l " Hl<.t tOñ


~'
f
)

'~
l
L~ CIWilS 1:1:'.Nt:ltAI. t:;N IU:TKOSl'ECl'IVA: UN !lt:li..\:l"E INTf.llMINAm.E
EsrAÑA, EllkOl'A y El. MUNDO 1n: Ul.TKAMAll
l
todavía a quieµ lo~ acepte; además, las historias de. casos específicos opuesto. Los historiadores de la meteorología hao estado explicm~clo }
merecen.estudios n:i~.detenidos. Sin embargo, lo que se l)a convertido a quien quisiera escucharles que hubo un deterioro ge~eral del chma
---)
en un viejo probl~ma histórico no puede, o deberla, tratarse con viejos en el siglo xvn, con una caída de las temperaturas que relacionan con
métodos. Las mentalités de los historiadores han cambiado desde las fluctuaciones de las manchas solares y un dranuhico incremento de )
décadas de 1950y196Q, para bien y para mal,'f las perspectivas y datos la actividad voldnica5·1• Así pues, se asoma ante nosotros la posibilidad )
nuevos que han swgido desde aquellos estimulantes decenios tienen de otro debate, esta vez sobre la crisis global del siglo xv11. Esperamos
1
que incorporarse ~e algún modo en los términos d~ la discusión.
Por lo que J:lac~ a la crisis económica de Hobsbawm, seguramente
ya ha pasaqo el ~empo en que los historiadores podían referirse a una
con impaciencia los hallazgos de Gcoffrey Parker a medida que con-
tinúa con sus infatigables pesquisas ~obre los disturbiqs sociales y po-
líticos en el lejano oriente, aunque tengo la incómoda sensación ele 1
'
}

economía «europea». Desde las primeras etapas del debate se hizo que, si el clima y la revolución se sit1fan en próxima conjunción, pue- l
evidente.que había enonnes cliferenci':iS e~ el ritmo y el alcance de la de producirse un gran acaloramiento sin un corresp.ondiente aumen- 1 )
recesión, incl~.so donde ésta podía demostrarse, y que la depresipn
de una región,podía ~mplicar el crecimient~ de otra. El caso mejor
to en la recogida ele resultados.
De:;jemos por el momento el destino del mundo a otros y volvamos
i )
documentado y más C<?nvincente de crisis económica a escala europea
sigue siendo el de los añc;>s 1619-1622 estudiado por el tristemente
a Europa, en particular a los años de 1640 y los desafios a los que, me
parece, nos enfrentamos al relacionar los trastornos de esa década
l )
}
desaparecido Ruggiero Romano, pero dos décadas lo separan de las con los intereses y preocupaciones de la hisLOriografia actual. A modo
i;evoluciones de.1640 y, de cualquier modo, la naturaleza del vínculo de conclusión, intentaré esbozar brevemente dos o tres éireas donde )
-~~qe depresión ec;onómica y trastornos sociales y políticos sigue es-
'.tarido tan poco clara como siempre52 • Romano, a pesar de mantener
los desarrollos de los últimos años me hacen pensar que es necesaria
la reexaminación y profundización de los temas en los que tradicio- ·
. )
nalmente se ha centrado el debate. t )
la tesis de un descenso en la actividad productiva en la Europa del
. t,
.si~~o XVII (con.las excepciones cualitativa y cuantitativa de Inglaterra En primer lugar, hemos aprendido mucho más sobre la realeza y )
· ·· y c.uaiititativa de los Países füüos), cambió de opinión sobre el desa- su proyección en la Europa de la edad moderna de lo que sabíamos t-
t )
·'rrollo económico de la América hispánica, cuyos metales preciosos cuando se emprendió la discusión en la década de 1950. Los estudio- ¡
. estaban tan estrechamente relacionados con las vicisitudes fiscales y sos de la historia política se hallan probablemente más inclinados en )
:económicas d.e los estados europeos. La tesis del libro de Romano la actualidad que hace media centuria a prestar atención al carácter ·Í:
1 )
·Coyunturas opuestas~ publicado originalmente en 1992, es que el si~ sagrado de la realeza en el siglo XVII. Ciertamente, la corte principes- ",.
. f¡ )
glo XVII, si bien de crisis económica para Europa, fue un periodo de ca, tal como es descrita por los contribuidores a un volumen reciente
·~
crecimiento para la América ibérica-como tienden ahora a sostener sobre las cortes europeas, presenta todos los rasgos de una institución )
. los.especialistas en historia colonial-, a pesar de los indicios de tras- cuasi-religiosa, donde las liturgias de la capilla real y la etiqueta de la
corte son complementarias y se refuerzan mutuamente55 • La exalta- • 1 }
tornos y reveses temporales53 •
En una época en que la tónica dominante ha sido hacia la decons-
.. }
trucción de las crisis económicas y políticas del siglo xvu, resulta iró- :.
s-t Vé;.lse Ceoffrey Parker y Leslcy M. Smith, .. Jmrocluction• en Parker y Smith )
nico que al menos en un área la tendencia haya sido en el sentido (éds.), Gem:rnl Crisis, pp. 1-31; William S. Atwell, ..A Seventeenth-Century "General .
11 ( )
Crisis" in East Asia?•., en Parkcr y Smith (eds.), General Crisis, pp. 253-254;John A.
Eddy, ,. The "Maunder Minimum": Sunspots and Climate in the Reign of Louis XIV», is j
52 Ruggiero Romano, .. Between the Sixteenth and Sevenceenth Centuries:
The Economic Crisis of 1619-22» (1962), en Parker y Smith (eds.), General Crisis,
pp. 153-205.
59 Ruggiero Romano, Conjonctw.,,s oppusées. La .. crise» du XVI/e siecle en Ewv¡1e et en
en Parker y Smith (eds.), Geneml C1isis, pp. 264-298. ·
. 55 Paul Kléber Monod, Tlie Pmuer of Kings: Monarchy and Religion in Europe, 1589-
1715 New Haven (Connecticut) y Londres, Yale University Press, 1999 [El poder de
los ,.,;es: uumarqttÍll y religión en Europa, 1589-.1715, ~rad. Jest!s Izquierdo M~rtín, Ma~
1
'
¡ •J 4 j

Amtriqtu ibérü¡tu, Cincbni. Oroz, 1992 (Coyunturas opuestas. La crisis del siglo XVII eu Eu- drid, Alianza, 2001] ;John Adamson (ed.), T/ie Princely Courts ofEurope: Ritual,. Poli-
ropa e HispanoaméJica, México, Colegio de México y Fondo de Cultura Económica;·
1993]. Sobre las e>tcepcic.,nes inglesa y holandesa, véase p. 91.
tics aml Culture wuler tite Ant:im Regime, l 500-1700 (Londres, Weiclenfeld and Ni-
cholson, 1999).
•4 ~j
i
"\
r
f "'
( '' EsrAÑA, l::UROPA y EL MUNDO Of.. ULTRAMAR

ción consciente de la realeza sagrada en las décadas iniciales del si-


LA CRIMS GENERAi. t.:N RETROSPEC..,lVA: UN OEBAlE INTERMINABLE

aceptados y contribuyó a preparar el terreno para las protes~ abier-


f( '.) glo XVII puede considerarse una reafirmación de las suposiciones tas de la década de 1640. Sin embargo, a pesar de la creencia de Oli-
{ ) tradicionales sobre la necesidad humana de tomar'cómo modelo lo vares de que «si los reyes no miran por sí mismos, no van a quedar más
divino. Sin embargo, esa misma reafirmación exige explicación. Aun- que algunos reyes en pocos años», la medida en que esta disconfor-
( ) que refleje en parte la importancia conferida a realzar la autoridad de midad estaba volviendo a la población contra la institución de lamo-
'
(
".)
"' ·"
la corona corno reacción a los desórdenes civiles·y religiosos del si-
glo xv1, también parece responder·a la necesidad sentida por los go-
biernos del siglo xvu de desplegar toda la panoplia del poder real para
narquía en sí misma sigue estando poco clara. En los últimos años, los
historiadores de la teoría política han dado un nuevo impulso.al es-
tudio de la tradición republicana en la Europa de la edad moderna y
( "'
>' movilizar más eficazmente los recursos de sus sociedades en una épo- sus hallazgos deben incorporarse a la historia de las revoluciones de
(f ~. ca en que se veían arrastrados a los conflictos internacionales de la mediados del siglo xvn 60 • Desde luego, es posible que hayamos subes.:.
Guerra de los Treinta Alias. timado la parte desempeñada por el pensamiento republicano en las
( "" La panoplia del poder incluía la imaginería de la realeza. Hoy revoluciones, quizá porque sólo en Inglaterra y Nápoles parece haber
~ todos somos conscientes de la amplia utilización que hicieron de tenido un impacto significativo. Podríamos habernos engañado con
( las ceremonias, las representaciones visuales y el teatro corte~ano los la disimulación del siglo XVII y haber subvalorado el vigor de los idea-
tC ....
monarcas de la edad moderna para proyectar la gloria y los triunfos les republionos. La supervivencia de repúblicas en una Europa pre-
~ -~· dominantemente monárquica y la incorporación triunfante a sus filas
de sus rlinastías. Sin duda, tales recursos podían contribuir a mitigar
tC ~ las funestas consecuencias de una realeza ausente, hasta tan lejos de las provincias rebeldes de los Países Bajos septentrionales propor-
~ '
( "\ como en los virreinatos de Nueva España y Perú5 ~. Por otra parte, es cionaban ciertamente un modelo de vida y funcionamiento de un
fácil sobreestimar su eficacia, como me parece que le ocurrió aj osé sistema de organización polít~ca alternativo y aparentemente viable.
{ '
Antonio Maravall en La cultura del Barroca57 • En su elegante librito Con todo, trasladar ese modelo de estados pequeños a otros _mayores
( :-- Elogi.o della dissimulaz.ione [«Elogio del disimulo»], de 1987, Rosario planteaba problemas, en particular en cuanto a la participación po-
( .., Villari llamó la atención sobre la importancia de la disimulación en pular en el ejercicio del poder, pues tendía a desencadenar temores
.. ,
la vida y pensamiento del siglo xvn y la manera en que ayúdó a crear inveterados de la nación política a la ley del populachoª1. . ·
( : un espacio para el movimiento y la innovación en sociedades que·se La lealtad al monarca permanecía firmemente arraigada en estas
( ' encontraban constreilidas por el pesado aparato del poder estatal 58 J sociedades y para arrancarla era necesaria una poderosa combina-
Por su parte, los historiadores de la literatura y del teatro han descu- ción de circmstancias, ya fuera en.Cataluña, Inglaterra p Nápoles.
fI "' bierto ambigüedades e intenciones subversivas en obras de autores Sin embargo, en unos tiempos en que la opinión pública estaba en-
( como Calderón, que inicialmente daban la apariencia de hallarse contrando :ou voz y había de ser tomada en consideración cada vez
( totalmente identificados con las directrices de la corte y la conserva~ más por los reyes y sus ministros, el mismo realce de la majestad en
ción del statu quo"9 • un intento de maximizar el pod.er contribuyó a aislar a la corte y
([ .) No hay duda de que en estas sociedades monárquicas había una
( ) fuerte vena de crítica y disensión, la cual subvertía los puntos de vista
. 00 J. G. A. Pocock. Tlie MfU:hinvellian Mommt: Florentmr. Poütical Thoughl and the
l "\ .. ·,
'•'\f
Atlantic &publican Tmdition, Princelon (Nuevajersey), Princeton Univcrsity Press,
1,l ;
1975; Quentin Skinner, Tite Foun<latio11.s ofM~dern.Political '/7io11ght, 2 vals., Cambridge,
t '· 56
Véase Víclor Míngucz Cornclles, los "')'t.S di.ttantes. lmágmeJ b.l Jmdl!r en el MbiiiA . _/,.
. ;,,'~j·
Cambridge Universily Press, 1978; Da,·id Wootton, Rr./JUblicanism, Liberty, and Commer-
viminn~ C'.ru;tcllón de la Plana, Universilatjaume 1, 1995. Véase más abajo, pp. 241-242: .. ~ cial Society, 1649-1776, Stanford ( Califomia), Stanford Un iversity Press, 1994; Martin
t 57
José Antonio Maravall, La cullura del Barrar.o: análisis <k tma estmctum lzistóTitli; .{ van Gelder y Q• 1en tin Skim_1er ( e.ds.), Repuhlicanisni: A Sliart!d European Heritagt, 2 vohi.,
( Barcelona, Ariel, 1975, yj. H. Elliou, ccConcerto Barocco .. , en Neru 1'cn1i Rroir.wofÍJook.f, . · €ambridge, Cambridge Univer5ity Press, 2002.
34:6 (~) ele abril de 1987) [reseña ele la versión inglei;a]. · ~ ·'rA 61
H. G. I«:>enigsberger, .. Rcpublicanism, Monarchism, and Liberty», en C. G.
( ~ 58 Villari, Elngio della dissimulaz.ione, p. 17.
59
·..... h Gibbs, Robert Orcsko y H. M. Scott (eds.), Royal and &jJU/Jlican Sovtreignty in Early
Margaret Rich Greer, Tlie Pin.y nfPower: "'~ytlu1wgiral Court Drmna.f of Calderññ'dr. Modern Europe. E.uay.f i11 memory of/l'.'lfl'hild Hatum, Cambridge, Cambridge Univcrsity
t ? ln Barra, Princet<ln (Nueva.Jersey), Princeton University Pres.o¡, 1991. · · .. : • Prcss, 1997, cap. l. . . · · ·
l .,,,,
i.
f
J)
)
l
)
Esi'AÑA, EUROl'A Y El. MUNDO OE lll:l'RAMAR
}
alienar 4e la corona.elementos significativos de la nación política. majestad de la realeza y su deber hacia sus monarcas; parece además }
En este sentido, como mínimo, la dicotomía de Trevor:-Roper entre haberse fundado en una doctrina neoestoica que insistía en la disci-.
corte y país todavía ha de tenerse en cuenta, ya sea c11 Inglaterra o en plina, el orden y la autoridad, una filosofía cuya importancia en la -J
el continente. Las máscaras de la corte de Carlos 1 y las festividades formación de las actitudes de las élites europeas de principios ~el si- . )
de Felipe IV en su palacio del Buen Retiro frearon al menos entre glo XVII se ha hecho en los últimos años cada vez más evidente 65 •
)
los mismos soberanos ilusiones de poder y armonía derivados de su Al mismo tiempo, con el fin de al~anzar sus objetivos, los validos
propio gobierno benévolo, imaginaciones que les protegían de las se vieron obligados a recurrir a redes de parentesco y sistemas de l
desagradables real.idades del desobediente mundo de fuera ele los clientela, aspecto que ha siclo tema de estudio detallado en las últimas }
muros de palaeio62. Inevitablemente, estas celebraciones de majestad décadas61;. Esto a su vez alienaba a los mie1'nbros de la nación política
provocaban quejas generalizadas sobre la extravagancia real en tiem- que se veían excluidos del círculo mágico de los cargos e influencias . )
pos de guerra y penuria. Incluso en el caso de las selectas audiencias y odginó tanto comentarios sombríos sobre súbditos demasiado po- )
a las que estaban destinadas, las opulentas representaciones de la derosos como la corrupción que acompa11a al ejercicio sin traba_s del
realeza triunfante, ya fuera en el teatro o en la imaginería visual; poder personal. Aun cuando despertaran una oposición generalizada, )
tendían demasiado a menudo a provocar más escepticismo que ~d­ los validos prestaban paradójicamente un servicio inestimable almo- }
miryición reverencial entre quienes estaba'n al tanto de lo que pasaba narca al actuar como pararrayos que desviaban la ira que de otro
}
entre bastidores6s. modo podría haber caído en la persona del rey.
¡
Una creciente descc;mfianza en las décadas de 1620 y 1630 no pudo Desde la perspectiva general del siglo XVII, por tanto, las revolucio- ~: : }
por menos que socavar la capacidad de la corona para reunir apoyos nes de mediada la centuria pueden considemrse, al menos en parte, }
cuando llegó la crisis. Con todo, el impacto a largo plazo sobre la como una reacción a la política, el comportamiento y la misma exis-
misma monarquía parecía mitigarse con la existencia de otra institu~ tenc.ia ele validos, privados y favoritos que parecían usurpar las fun- ~· !
)
.ción cuya importancia se ha precisado con mayor claridad en los. úlr ciones del soberano. Su destitución del cargo y la decisióri expresa de ;,i '·

\.
)
timos años: los validos o primeros ministros favoritos del monarca. Su algunos monarcas (Felipe IV, Luis XIV, el emperador Leopoldo 1) ele ¡:·!
estudio como fenómeno europeo fue el tema de un congreso en gobernar en el futuro por sí mismos contribuyeron a reducir las ten- }
•'
¡

Oxford en 1999 cuyas actas fueron luego publicadas y traducidas eón siones y crear las condiciones propicias para alcanzar la estabilidad )
\
el título El mundo de los validofi-1• Hubo validos de muchos tipos en la en la Europa de finales del siglo XVII, las cuales constituyen el tema de ·;·'·
,. { )
Europa de la primera mitad del siglo XVII y su impacto en la polítiéay The Struggle for Stability in Early Modern Europe de Theodore Rabb. ~: .

en la sociedad fue' profundo. , . •\". Los aspectos resumidos pueden proporcionar algunas pistas e in- ... }
(
Validos inflexibles como Ricli.elieu y Olivares no cejaron hasta im,. dicios sobre las posibles direcciones que pueden tomar los nuevos : )
I' {
poner proyectos fiscales y militares que hicieron que se acumulara.un · enfoques sobre ula crisis general» del siglo XVII. No tengo ninguna ll
resentimiento amplio y profundo, echando leña; al fuego de la re be:- :·f . duda de que resultan deseables y necesarios. Cualesquiera que fueran ,!. ~ )
;!I•~
lión. Su falta de escrúpulos se derivaba de un se~1tido exaltado de:la ·F · los defectos del planteamiento original del debate sobre la crisis ge- ·... }
:~1" ;. neral, sus participantes identificaron una serie ele cuestiones sobre la
íl
"· J
6~ Kevi·n Sharpe, 171ePtrsonalRuleoJClmrles /, New Haven (Connecticm) y Lonclte!, '~.
\'ale University pre8', l 992;Jonathan Brown yJohn H. Elliott, ..\ Pn.lar.e j'Or a Ki11gi 'lflle ~
Buna Retiro tmd 1111 Courl o/P!iiliplV. New Haven (Connecticut) y Londres, Yate Univc'~"
65 Véase, por ejemplo, Gerhard Oestreich, Neostuir:ism <md 1'1111 Ellrly Mudem State,
Cambridge, Cambridge Uniwrsity Press, 1982, y Pctcr N. Miller, Peirrst:'.d~11111pe: Lt•m-ri-
it \.

(
}

sity Press, 1980; edl\. rev. y ampliada 2003 [Un palacio para el Te)': el Buen Retiro)' ld.Córte· ing aml Virt11e iu the Sev1mteenlh Ctmtury, New Haven (Connecticut) )' Lonclrc::s, Y<tlc 'I J
11
chFelipeN, trad. Vicente Lleó y María Luisa Balseiro, Madrid,Taurus,2003]. ..>~;¡-¡~ University Press, 2000. ::. ( j
65 J. H. Elliott, .. p wer and Propaganda in the Spain of Philip JV.,, en Spai11
0 ana(A, !'. 66 Sharon Kettering, Patrons, Brokers, and Clients in Seveuleenth-Ceutury Fra11u: Giji- "11
giving aud Patronage in Early Modern Frailee, Oxford, Oxford Universit)' Press, 1986; H
World [.&paña y S1l mundo], cap. 8. . ··• '..i;. Q j
64 J. H. Elliott'y L; W. B. Brockliss (eds.), Tlu World o/ tlie Favourite, New Háv~íl. ,¡¡I

r.. Antonio Fe ros, Ki11gsliip and Favoritism in tite S/1ain o/Pllilip 111, l 5 98-1621, Cambridge,
(Connectic~u) y Londres, Yale University Press, 1999 [El mundo de los valido.\, ira<t; Cambridge University Press, 2000 [El cluque ch Lemia. Realeza y privfl1lz.a en la Elpaña ele 1¡; J
jesús Albores y Eva Rodríguez Halffter, ?-.faclrid, Tau rus, 1999]. •• 1'J~ 1 i. Felij1e 111, Madrid, Marcial Po ns, 2002].

:J • }
)
f)@
{)9 E.srt\ÑA, EUROl'A y f.l. MUNUO Uf. t•l:l'MM.IAR

,,,,
~,,
interacción de la política, la economía, la sociedad y la cultura que
son fundamentales para nuestra comprensión no sólo del siglo XVI1,
sino de la Europa de la edad moderna en general. Como siempre,
.
CAPÍTULO

UNA SOCIEDAD NO REVOLUCIONARIA:.,


IV

f1)
todavía hay espacio para una investigación más detallada de las causas CASTILLA EN LA DÉCADA DE 1640
{,i)
( ,·, y consecuencias de revueltas y revoluciones específicas. No obstante,
espero por lo menos que los historiadores que se ocupen en ese de-
bate logren demostrar las posibilidades, así como las dificultades,
(;' de tratar el tema a una escala europea y enfocar los acontecimientos
' ..
(,,
)
nacionales dentro de un marco comparativo internacional más am,.
plio. Con todos sus defectos, los historiadores de aquella generación,
a diferencia de algunos de sus sucesores, no tenían miedo de plan-
(
{
"
~
tearse grandes preguntas y pintar con enérgicos trazos sobre un lien-
zo de amplias dimensiones. Es lo que necesitamos hoy más que cual- E 1gran debate histórico de las décadas de 1950 y 1~60 sobre la lla-
{ quier otra cosa67, mada «Crisis general del siglo XVII» condujo a importantes e intere~
san tes intentos de comparar los distintos movimientos revolucionarios
{ ocurridos en Europa a mediados de siglo y a elaborar uria: tipología
( de la revolución'. Una faceta sorprendente del debate, sin embargo,
es que las comparaciones han sido siempre revolucionarias, en el
( )
. '' sentido de que un movimiento de protesta ha sido comparado con
( ) otro, a lo largo del tiempo o del espacio. Lo que hasta ahora se echa
{ ) . '~ ' de menos en la discusión es un intento de comparar sociedades qÚe
no se rebelaron con aquellas que sí lo hicieron 2 • Una compax:ación
( J entre sociedades revolucionarias y no revolucionarias, que en la su- ', .1,1·
( ) perficie parecen hallarse sometidas a parecidas presiones «revoluci9-
( ., ; 1 '.. " \
narias», quizá nos permita identificar con mayor precisión algunas de
{ ,. las condiciones esenciales para la rebelión. Frente a esto puede ar-
güirse con.razón que establecer comparaciones válidas entre socieda-
( des revolucionarias es ya bastante dificil como para embarcarse en
({ ~. una comparación de las revolucionarias con las que no lo fueron.
, . '111!~ .'. Pero diferencias manifiestas pueden a veces ser más reveladoras que
{ ) . ' .. ~ ,, ;
, similituder. superficiales. Y los escépticos acerca del estudio de la no
{ 1 '; ,.,,, .revolución no deberían olvidar que Sherlock Holmes no perdió por
~~mpleto su tjempo cuando se percató de que el perro no ladró en la
{ ) ··~·
. !"·.: ... noche:'
t ·'· ........ ,)'
·~~·
,•,
~
':¡
{ 67
Otra prueba ele que se trata de un debate inten~1inable la propo~ciona·la-C~·vat .:' ;.:: .,1 •.Véase más arriha, cap. 111. .
luación 1mis reciente, publicada tres años después de la mía: ·Thc General Crisis of ~ ~ ~ .. ; "· 2 Para un intento de este tipo, empero, véase J. G. C~sey, TlieKingdom o/Valencia
l' the Seventecnth Century Revisitecl», AHR Forum, American Histnricnl Revieru;' 113 _'.; ( . in :tlie Seventl'r.trtli umtury, Cambridge, Cambridge University ~ress, 19'19 [El reino tk
l)) (2008), pp. 1029-1099. El Fomm indica que los historiadores están comcnzando·a . Valencia en el siglo .Y.VII, tracl ..Juan faci Lacasta, Madrid, Siglo XXI, 1983], que intenta
reconsiderar. la 1coría de la crisis del siglo XVII desde una perspectiva con\paratiV-l ~ explicar la ausencia en 1640 de una ccrebeli6n de los valencianos» comparable a la de
l'"' glob;il adem<\s de europea. Acaso se vttelV"d al tra7.o fuert.e. · ".·. '''. ·:·, \ ~~'. sus vecinos catal:mc!.<;.

ll'\
' 1 •) 'f'1
~\

f
)
l
J
}
EsPAÑA, EUKUl'A V El. MllNllO llE lll;i'RAt.tAR ~O .KEVOl.UCIONAIUA: CASTllJ.A ~N l.-\ ll~C.AllA llt: 1640
ÚNA SOCll::llAD
J
Durante la década revolucionaria de 1640. hubo rebelión y.revolu- belión subsiguiente. Las posibles razones de la ausencia de la solleva- }
ción en las tres grandes monarquías occidentales: la brfainica, la fran- zioneesperada constituyen el tema de este ensayo. Lamentablemente,
cesa y la española. Pero mientras los movimieotos revolucionarios en
_)
sabemos tan poco sobre Castilla en la década de 1640, y en particular ;,

las Islas Británicas y en Francia sacudieron el corazón mismo de. la en los ailos posteriores a la caída del poder del conde-duque. ele Oli- )
monarquía, incluidas.las propias capitales, lo~ de la península Ibétjca vares en enero de 1643, que un análisis pormenorizado de la coyun- )
h
quedaron confinados en las regiones perifélicas-Catalutia, Portugal tura política, social y económica queda de momento descartado. Por _:¡
,, }
y, en forma muy modificada, Andalucía-3, y dejaron su base interi9r, lo tanto, cualquier conclusión será probablemente muy especulativa. ;

Castilla, prácticamente ilesa. ¿A qué debió Castilla verse libre de esta Pero extrapolar a partir de sucesos coetáneos en Francia e Inglaterra )
epidemia de alcance europeo? Mirando retro~pectivamente a la In- puede ayudar a identificar ciertos aspectos del orden sociopolítico
glaterra o a la Francia de inicios ele la década de 1640 desde la a talaya )
castel1ano que merecen investigarse como posibles explicaciones de
de fines de la ~isma, solemos decir con.naturalidad, gracias a nuestro su quietud política. Y como corolario, la ausencia de revolución en )
conocimiento ~e lo que sucedió a continuación, que estas sociedaqe~ Castilla puede a su vez ayudar a destacar aspectos particulares de las ....
)
se encontraban ya en una situación pre1Tevo.lucio11aria. Diría1'Ílos lo escenas francesa e inglesa.
mismo de Castilla en aquellos momentos si a continuación hubiera Una comparación del estado de Francia y España al inicio de la )
sucumbido a su 'propia versión de la Fronda o de la Guerra Civil in- década de 1640 los encuentra en una situación en ténninos generales )
glesa. De modo parecido, con la ventaja de la retrovisión, no resulta- similar5 • Los dos países estaban involucrados a fondo en una guerra
d~ dificil completar una lista impresionante de ipotivos de desean-. larga y agotadora, una guerra en la que, desde 1639-1640, los franceses )
t.ento social y politico castellaúo y presentarlos adecuadamente como. iban imponiéndose poco a poco. Ambos países habían estado some- }
«precondiciones de la revolución». El único problema en este caso es tidos, durante casi dos décadas, a regímenes autoriau;os finnemente
que no hubo revolución. Contra toda expectativa «racional», el perro controlados por un ministro principal, en quien sus monarcas pare-
}
no. ladró en la noche: cían depositar una confianza inquebrantable. Estos regímenes se vie- }
Hay datos de tales expectativas en un despacho escrito en cifra al ron obligados por las exigencias ele la guerra a embarcarse en un fis-
Senado veneciano por el embajador de Venecia Madrid en abdl.
de 1642. Describiendo la miseria y pobreza del país, el estado desastro-~
so de la mone(ja de vellón y la denuncia pública contra el gobierno
desde los púlpitos, observó que, «no sin razón», se temía alguna solleva.-
en calismo casi obsesivo. A ambos lados de los Pirineos los gastos del
estado se habían incrementado espectacularmente desde la década
de 1620, y para hacerles frente la corona se había visto abocada a es-
'
)
}
tablecer nuevos impuestos y a recurrir a multitud de expedientes fis-
z.ione'. Sin embargo, no se materializó ninguna sublevación. En otra~. cales que habían infringido o acabado con los derechos y exenciones .. )
I

palabras, si hemos de hacer caso al embajador veneciano, tenemos lo, , u-adicionales de los grupos privilegiados de la sociedad. Para Inglate- }
que los contemporáneos veían como precondiciones, pero sin la re;-¡ rra, a diferencia de Francia y Espmi.a, gran parte de la década de 1630
·,'l había sido una época de paz. Pero los costes de la guerra durante la i J
década de 1620 y los de la manutención de una flota durante la déca- ~ }
' Para Cataluña, véase J. H. Elliou, Tlie &volt oftlie Catalans: A Study in tlie lJecli1J4 ';· da de 1630 habían lanzado al gobierno a nuevas fórmulas financieras ,i
o/Spain 1598-1640, Cambridge, Cambridge University Press, 1963, reimpr. 198~ l{f; ·'. ·
l
j }
que, como en Francia y España, eran objeto de agrias protestas, y la ~~;
rebelión de loscatalanes. Un estudio sobre la decadmcia de España (1.5 98 -1640), trad. Rafael '·:¡, }
Sánchez Mantero, Madrid, Siglo XXI, 1977; la 1-evolta catalmw, 1598-1640. Uu estutli· .~ " confrontación militar entre el gobierno de Carlos 1 y los escoceses al 1¡ ~

..~:i
sobre la decadencia d'Espanya, trad. catala~~Josep Vallverd~, Barcel_?•~a, Vicens-Vives, ;~ 1 final de la década llevó a la corona al mismo tipo de crisis económica )
1966]; para los antecedentes ~e la rcvolucmn P.onuguesa, vea:ie Amomo M. Hespan ha.- ·•
Vísperas clel Leviatán. /nstitue1ones y f1oder politico (Portugal, siglo XVJJ), trad. Femandq.~·:
Jesús Bouza Álvarez, Madrid, Taums, 1989, yJean-Frederic Schaub, Le Port11gal aw..:i
~:
... i
;.~
que amenazaba con aplastar a los gobiernos de Luis XIII y Felipe IV. •!
.:¡
;j
'J
t
temps du comu-dtled'Olivfl1U (1621-1640), Madrid, Casa de Velázq uez, 200 l; para And~:1":· . 1 f J
lucía, A. Domil\guez Qrtiz, Alleraciones andaluzas, Madrid, Narcea, 1973. · · · ..•ua ~· 5 J. H. Elliott, Richelieu and Olivares, Cambridge, Cambridge University Press, .¡
4
Archivio t:li Srato, Venecia, Spagna, filza 77, carta de Niccolo Sagrado, 16.~~_..:· · 1984, pp. 144-145 [Richelieu y Olivares, u-ad. Rafael Sánchez Mantero, Barcelona, Críti- ;'J 4 j
abril de 1642. • .·JJ1i .: ca, 1984, pp. 189-191). J
i•íf

4 ~
.f
~'

~ '4
(
(
'' f-o;rAÑ ... , falROl'A \' F.I. MUNDO llE UI.:fRAMAR

El hundimiento del gobierno personal de Carlos 1 y la ejecución


.J.·.·'
UNA l>OCIU>AD NO REVOl.UCIONARIA: C\sTILU t:N V. llf.C'.ADA DE

---contrariamente al fracaso de Olivares- aplastar rebeliones provin-


1640

~ ) del conde de Strafford -el hombre de hierro que, con un monarca ciales potencialmente pelig~.osas antes de que pudieran asentarse y
(f menos desconfiado, hubiera podido ser su cardenal Richelicuo su extenderse.·Para 1642, la.disiclencia en NormandíayPérigord'había

( ) ' conde-duque de Olivares- mostraron vivamente lo qne podía succ-


derle a un régimen que se había alejado tanto de sectores amplios de
siclo silenciada, m ienu·as que en la península !bélica las revoluciones
de Catalrnia }r Portugal había~ echado raíces y crecido:

({ ' la nación política que éstos no quisieron correr en su ayuda cuando Aunque los enemigos aristoeráticos del cardenal siguieron repre-

{
( )
' se encontró ante una emergencia. Un problema comparable de ale~
jamiento afectaba a los regímenes de Rkhelieu y Olivares al inicio de
la década. Ambos ministros eran objeto de intenso odio y vilipendio
sentando una amenaza constante, parece que logró contener la opo-
sición de los oficiales·mediante su habilidad política y su capacidad
de compromiso 7• Consiguió asimismo estabilizar la moneda, taiea en
como encamaciones visibles de lo que era mayoritariamente enten- la que Olivares también fracasó. Lo's últimos meses del conde-duque
~ )
dido como gobierno tiránico. A lo largo de casi veinte años, con la en el podenranscurrieron en un clima de profunda depresión eco-
{ ) ayuda de un grupo leal de confidentes y secuaces, habían utilizado nómica y amplios temores· de inquietudes sociales tras la drástica de-
~ : la autoridad de sus respectivos regios señores para lanzar a sus países flación a que su gobierno recurrió en septiembre de 1642, en· un es-
{ por el camino de la guerra total. En el proceso habían pisoteado de- fuerzo por atajar la inflación de los precios de vellon 8 • En Frarida, en·
rechos y sensibilidades tanto personales como corporativas, y no es de cambio, la gran operación monetaria de 1640-1641 estab!liió la libra
{ extraüar que se vieran rodeados de enemigos. El pueblo llano se mos- tornesa, y la fuerza y solvencia de la moneda francesa ibari a propor-
({ '} traba hosco o abiertamente hostil; las élites tradicionales y las filas de cionar un importante elemento de estabilidad durante la otros efec- a
la burocracia se habían ido apartando a causa de la erosión de sus tos volátil situación creada por el fallecimien~o de Richelie~ en di-.
({: )
privilegios y de la intromisión en sus esferas de influencia por parte ciembre de 1642 y de Luis XIII en la primavera siguiente9•
{ ) de las créatures o hechuras de los dos ministros; y de la alta aristocracia Median te una combinación de habilidad y suerte, Richelieu aguan-
({ ) se consiguió la enemistad, tanto en Francia como en España, por el tó el dique de contención de las fuerzas de la contrarrevolución. Su
trato desdeñoso que les dispensaba un ministro todopoderoso y por muerte comportó una reducción inmediata de las presiones antes de
( ·~
la clara voluntad de éste de excluirla de lo que consideraba era su que pudieran volver a formarse en un nuevo reinado y ~on~a un
( ' prerrogativa natural de ofrecer consejo al rey.
En semejante situación ambos ministros eran muy vulnerables, y lo
nuevo primer ministro. En España, por el contrario, durante el invier:
no de 1642-i643 engullirían asu rival Olivares, que abandonó palacio
(
sabían. Uno y otro se encontraron con un incipiente movimiento con~ hacia el exilio doméstico el 23 de.enero d~ 1643, después de que
{ trarrevolucioi1ario desde dentro de la nación política contra los cam- Felipe IV le concediera permiso oficial para retirarse del cargo. Dado
( bios revolucionarios en los campos de administración, hacienda y su balance de fracaso y derrota a lo largo de los últimos tres años, bien
polílica con los que se acabó asociando a sus regímenes. Para sobrevi- podemos preguntarnos cómo no cayó antes y-ya que el rey daba
(
vir, los dos dependían total y absolutamente del continuado apoyo dé tantas muestras de no querer prescindir de sus servicios- en circuns-
( ~ su rey, y hay indicios en 1642, durante la conspiración de Cinq-Mars; tancias más violen tas. ·
1

~ )
de que el apoyo de Luis XIII a Richelieu estaba flaqueando. 6 Pero en En las Islas Británicas, la caída del gobierno personal de Carlos 1 r

otros aspectos la posición subyacente del cardenal en 1642 aparece se produjo por una conjmtción de fuerzas de oposición en el centro
{ ' como bastante más favorable que la ele su rival.espailol. Francia podía
1

({ ' estar hastiada de la guerra, pero por lo menos la marea bélica se había
7 A. Lloyd Mootc, '/71r. RPlmil o/theJrulgcs: TI~ Parlrmr.111 nfPnris and ll1e Fronde. 164J-
( vuelto a su favor. El prestigio que conllevaba la victoria proporciono:~
1652, Princeton (Nue\'Cljerse)'), Princeton Unive111ity Pres.o;, 1971, p. 63.
Richelieu una fortaleza para hacer frente a sus enemigos domésticos 8 Antonio Oornínguez Ortiz, Política y Hacienda de Felipe N, Madrid, Editorial de
l con la que su lival español ya no podía contar. También había logrado Derecho Fimmciero, 1960, pp. 262-263. . . :
51 Véanse Richard Ronney, 171eKi11g'sDebts: FinariceandPoliticsinFrana, 1589-1661,
l ,'Í 'J. Oxford, Oxford Unh·l"'rsity Prcss, 1981, p. 170, y René Pillorget, Ú.f Mouvtm41'ts insur-
{ 6 /bid.. pp. 147-l<IR [pp. 193-Í95). 1 , .,
mtiomuls ch Pnroenc~ entre 15 96 et 17U, París, Éditions A. Pédone, 1975, pp. 486-487.

l 111~ 117
l
(
l
J
)
}
Esl'AÑA, EUIU.ll'A V !::J. MUNDO DE ULTRAMAR
)
y en la periferia. Fue la rebelión escocesa lo que permitió a los t ne-

'
cirse nu\s.de veinte conspiraciones e insurrecciones aristocráticas 13 •
migos ingleses del régimen hacerse con la iniciativa política y, gracias Por el contrario, en Castilla, que se libró de las guerras de religión del
a su connivencia con los líderes de esa rebelión, arrancarle al rey las. siglo XVI, la corona había logrado domesticar a su nobleza. Durante -l
concesiones que exigían 10• ¿Hubiera podido la rebelión de Cataluña la década de 1630, los enemigos de Olivares en las filas de la aristocra- ~
ser utilizada por 19s enemigos del conde-dul¡ue en Madrid para efec~ cia estaban malhumorados, o bien se dedicaban a inofensivas discu- }
tos similares? Hay datos de cierta simpatía en Castilla hacia el levan- siones clandestinas, como las que tenían lugar en la casa madrilefia
tamiento catalán contra el gobierno de Olivares.y l,ay datos también, del duque de Medinaceli 1". Entre estos nobles el sentido de lealtad al )
en las fases iniciales de la rebelión, de contactos entre ciertos aristó- monarca estaba profundamente arraigado, y su objetivo principal era }
cratas castellanos disgustados y los rebeldes 11 • Pero el tipo de coordi- abrirle los ojos a lo que. estaba pasando a su alrededor. Esto debía
nación habida en lás Islas Británicas entre las fuerzas de oposición hacerse sin que se enemistara con ellos y, por lo tanto, sin correr el
)
periféri<;as y c~ntrales .era impracticable en la Espa11a de los primeros liesgo de hipotecar sus propias perspectivas de futuro. )
años de la década de 1640. En efecto, los portugueses se habían Un posible marco para el derrocamiento del régimen de Olivares )
puesto ellos mismos al margen al reemplaz~r a Felipe IV por un mo- pudo haber sido la aplicación de una intensa presión aristocrática
narca propio. Aunque esto dio estímulos a ese equivocado noble sobre el rey, en combinación con una insurrección popular en )
andaluz, el duque .de Medina-Sidonia, a complacerse en una insen- Madrid. Pero no hubo tal insurrección, ni entonces ni después, en la )
sata conspiración por su cuenta en 1641, no podía plantearse una década en momentos de serias presiones. En este particular, Madrid
·.asociación entre la oposición cortesana a Olivares y un «tirano» 1 ~ que ofrece un llamativo contraste con París. El hecho de que fuera una )
_había usurpa~o el trono de Portugal. Los catalanes, por su parte, capital relativamente reciente y artificial, habitada por cortesanos y )
pronto se' echaron ·en brazos de los franceses, y desde ese momento burócratas, y ele cuya población una parte significativa se ocupaba ele
toda confabulación entre los disidentes de Madrid y los líderes de la satisfacer las necesidades de la corte, explica en buena medida su )
re.belión catalana olerla a traición. Además de esto, la cuestión reli- aparente pasividad. Era también una villa bien vigilada, con su cente- j
giosa, tan decisiva en el desarrollo de los acontedmientos de Ingla- nar de alguaciles de corte bajo la supervisión de la Sala ele Alcaldes de
}
terra, estaba completamente ausente en España. Al intentar innova~ Casa)' Corte 15 • Pero, a falta de un estudio de historia urban~ que se
dones religiosas que afrentaron a significativos sectores de opinión ocupe de su policía, su abastecimiento y su estructura profesional y )
entre sus súbditos, tarito ingleses como escoceses, Carlos logró que social, no puede haber una explicación satisfactoiia de por qué esca- }
las fuerzas de oposición se solidifica~an alrededor de una cuestión pó de las turbulencias de un París y un Londres en aquella década 16•
. que rebasaba las fronteras entre reinos y trascendía agravios locales }
y sectoriales. J
· Los ~nemigos de Olivares se semían muy frustrados por la renuenr 13 Rolancl Mousnier, .. La Fmncia da Richelicu a Mazzarino: le rivolte contadine»,
en La Storia, 5 vols., Turín, UTET, 1987, V, p. 274. )
cia del rey a destituirlo, pero el problema que se les planteaba ~J.:-a ·." 14 J. H. Elliott, Tite Cuunt·Duke uf Olivares: Tlie Stalts11ia11 ill an Age o/Decline, New
cómo forzar la mano de Felipe. De entre las opc~ones posibles, la in~ .'::· Haven (Connecticut) y Londres, Yate University Press, 1986, p. 557 [El conde-tlufJ1le ele 1
surrección armada era la menos atractiva y la m~\s impensable: En Olivares. El político en mur época de decadencia, trad. Teófilo ele Lozoyn, Barcelona, Críti-
)
Francia, el uso de la violencia para lograr fines políticos constituía ~na: ca, 1990, p. 543]. .
15 José Delt:ilo y Piiiuela, Súlo Mmfrid es corte. (la rn/>ilul dt tlos m1mclos bttjo Feli-
continu·a faceta de la vida nacional: entre 1602y1674 iban a produ~ pe IV), Madrid, Espasa-Calpe; 1942, pp. 142-145; Enrique Villalba Pérez, Ltt administra-
.))
ción de la justicia penfll m Castilla y en la corte a comiem.os del siglo .Y.\'11, Madrid, Actas,

~onrad Russell,
Oxford Univergit}'Press, 1971,·pp. 329-330. · . ·
;~lLt
fhe Crisis of Parlia111mts: English History, 1509-1660, Oxfor~~{ .
:.·11:1'\1.··
1993, 2.~ parte.
16 David R. Ringrose, Madrid and the Spanish Economy, 1560-1850, Berkeley y Los
Ángeks, University of California Press, 1.983, p. 89 [Madrid y la economía esptiñola,
1560-1850, trad. Alfonso Crespo Arana y Angel Bahamonde, Madrid, Alianza, 1985, '
t
'
J
-~
11 Elliott, 'J'he Revolt, ¡>P· 453 y 460 [La rebelión, pp. 401 y 433]. -~ pp. 111-114), aporta algunas cifras sobre la estructura ocupacional de Madrid en el
12
J. H. Elliott y José f'. de la Peña, Memoriales y cartas del Conde Duque de Olivi1Tii~1 • siglo xvu,pero se interesa más por los siglos siguientes. El estudio de la oligarquía 4 J
2 vols., Madrid,Alfaguani.1978-1981, ll, p. 236 (aCargosc:oíllra el Conde Duque,_)'tl•.'. municipal ele Maclricl por Mauro Hemández, A la sombra ele 1<1 coro11a. Poder focal y oli-
4
'
)
(
(
tJ
~ 1
f) ESPAÑA, EUl(()l'A V f.I. MUNl>O Uf. ULfRAMAR UNA SI •C:llmAD NO IU'.\'Ol.lf<.:IONARJA: <..:Asl IU.A t:N l.A ot.CAJ.lA Dt: 1640

f) 3 Sin recurrir a la violencia, fuera aristocrática o popular, el ímico lo de su abuelo, Felipe 11, y no según el de su padre, Felipe III, al que
f
(
(1
1
,
~
modo de. asegurarse la caída de Olivares era tramar un golpe ele esta-
do en palacio. Esto es de hecho lo que ocurrió en el invierno de 1642-
1643, cuando la combinación de la protesta concertada por los gran-
des y la defección de miembros clave de la conexión familiar de
se le recriminaba «haber fiado el peso de su monarquía a otros hom-
bres». En otrás palabras, los grandes·exigían la abolición del gobierno .
por medio de un favorito.
Según entendían, un regreso ala realeza personal al modo de
{
{
'., Olivares, preocupados por su propio futuro en una época postoliva-
rista, dejaron al rey sin otra elección que prescindir de los servicios
Felipe II comportaba un regreso a un estilo de realeza que seguía las
formas debidas, unas formas que habían sido violadas por la conduc-

(
(
l ' de su ministro 17 • No podía sorprender que en Espai1a, como en Fran-
cia, la desaparición del autoritario primer ministro prodttjera una
disminución inmediata de tensiones. Dado que se había convertido
..
·
ta arbitraria del conde-duque, en detrimento sobre todo de la vieja
nobleza. Los nobles habían visto devaluarse su estatus a causa de exi-
gencias fiscales arbitrarias, encarcelamientos injustos, venta de títulos
{
{
~'
"')
en un hábito atribuir a su mal consejo y gobierno tiránico todos los
males que afligían al cuerpo político, era natural suponer que, una
vez fuera, los males también desaparecerían. La Espaila del siglo xvn
y privilegios, y adquisición de un· poder y riqueza intolerables por
ministros y oficiales letrado's, Jos cuales habían acabado pareciéndose
a los grandes del siglo xv, mientras que los grandes·d~l momento eran
( --., era una sociedad que, por su literatura política y religiosa, y particu- tratados cdmo oficiales del siglo XV. Ésta era una vieja queja áristoc~­
larmente por su teatro, estaba condicionada a mirar al monarca para tica en Castilla y en otras partes, pero el folleto no revela l~ profundas
( " la solución de sus problemas. Por consiguiente, cuando Felipe anun- divisiones entre noblesse d 'épée y nohlesse de robe existen tes en la Francia
( .,,., ció, para delicia de sus súbditos, que iba a tomar las riendas del go- de Richelieu y Mazarino. El auténtico blanco del ataqtie de los gran-
bierno en sus propias manos y que iba a ser su propio primer minis- des eran los nuevos ministros, los confidentes y seguidores del cond~­
{ ') tro18, levaritó de modo natural muchas esperanzas de una época cluque, y la contrarrevolución por la que abogaba el folleto de Mena
~ nueva y más feliz. era una contrarrevolución contra prácticas administrativas recient~s
{ "
.•'
Un cambio revolucionario, o así lo parecía, había sido alcanzado más que contra todo el orden burocrático. De hecho, era este. orden .
(
") sin recurrir a la revolución. Los agravios y aspiraciones que habían el que los oponentes del conde-duque querían ver restaur~do. Su
contribuido a provocar ese cambio encontraron expresión en un fo- exigencia propugnaba un retorno a los vi~jos e idealizados tiempos,
( '\ lleto impreso que contenía una serie de acusaciones contra el minis- cuando Jo!; asuntos eran llevados por ministros cualificados q~e
,, tro caído y que corría por la corte a las pocas"semanas de la caída del actuaban a través de los canales burocráticos apropiados. Esto'signi-
ti: conde-duque 19 • Este folleto, escrito por Andrés de Mena -un ex ofi; ficaba la restauración del gobierno conciliar efectivo, en lugar del
{ cial real muy relacionado con uno de los nobles desafectos a Olivares, gobierno por juntas creadas con carácter especial, la odiada marca
{ el duque de Béjar-, era en gran medida un catálogo de los pecados distintiva del régimen de Olivares. Además, los ministros tampoco
del conde-duque por omisión y por comisión, pero el catálogo estaba debían ser forasteros, o_tra característica de los días de Olivares que
{ informado por una filosofía política subyacente que puede ser descri;.: había provocado amargo resentimiento.
{ \ ta como profundamente tradicionalista. En su base se encontraba lé\ En efecto, los nobles estaban librando las batallas de los burócratas
exigencia de que Felipe IV debía ser un auténtico rey, según el mode~ por ellos, por cuanto la jerarquía profesional de los letrados, con su
l )
:·'·'.' cursus honorum cuidadosamente graduado, se había visto tan atrope-
{
({
"
....
garquia urbana (Mfld1"id, 1606-1808), Madrid, Siglo XXI, 19H5, indica algunas de las·:
!~ •. ~\ llada como los grandes por la práctica del conde-duque de apartar de
y
los consejos asuntos importantes llevarlos a las nuevasjuntas. Estas
maneras en que la proximidad y la dependencia respecto a la corte limitaba la eapaf juntas estaban copadas por sw; propias criaturas, de las cuales algunas,
{ ciclad de la villa para desarrollar su propio espacio social y restringía su margen pai:a
., la acción independiente. . , .. d. :;. como el historiador boloñés Virgilio Malvezzi, no eran siquiera caste-
{ 1 17
Para la caída de Olivares, véase Elliou, The Count-Duke, pp. 640-651 [El contk- llanas. La jerarquía profesional de los letrados no hubiera tenido di-
duqru, pp. 619-629], aunque perduran aún muého$ misterios: , , ,,,, 1
~ ) IS /bid., p. 651 (p. 629). . . . ·I:·'.;.
ficultad en suscribir la forma de gobierno en la época postolivarista
19
Elliou y De la Peña, Me7~oriak.f )' ca1·tri.f, 11, doc._ XXa.
re.clamada )Or Mena y sus amigos. Nobles y ietrad~s reaccionab~n por .
(i ::• rr ' • • .• , ••'_ • ' • 1 •'

,,
~

(
t?O 1•)1

.1
}
}
}

EspAJilA, EUROPA Y EL MUNDO DE lJl:rRMIAR

igual al~ prácticas de los ailos de Olivares, exigiendo la restauración


:;a,
~·:~ UN..\ SOt:IW.-'fl NO IU:VOLUClllNARIA: C\.o;ru.t.\ EN l.A t>kAllA 111::

respecto del sobrino de) conde-duque, don Lliis de Haro, que iba a
lfi-10
'
)
J
de una monarquía esencialmente consultiva, dirigida por un rey que heredar (pero que se cuidaría de no lucir) el título de su tío' de con- __)
se ocupara en sus papeles, eligiera como ministros a «hombres bien de-duque de Olivares. Si una forma modificada de gobierno por fa-
vistos y amados del pueblo» 2º y tomara sus.propias decisiones a la luz vorito volvió al cabo a Madrid en el periodo posterior a Olivares,
'
'
de las consultas que le enviaban sus consejo~. Se trataba de un progra- también lo hicieron varios de los más impopulares aspectos de su
ma constitucionalista, dentro de la tradición const.itucionalista caste- régimen. De modo gradual y sigiloso, las jumas y los extranjeros hi- )
llana, que por.iía pocos·Iímites institucionales a l~s prácticas de la cieron su reaparición 23 •
realeza, pero que esperaba que fuera su mamen te sensible a la ley Cambio y, sin embargo, falta de cambio parecían estar, pues, a la )
divina y humana, y a las pretensiones legítimas de súbditos leales de
que sus agravios fueran atendidos y ellos tomados en serio cuando
prestaban consejo a su monarca.
Este prograina conjunto, aristocrático y letrado, para la con trarre- 'j
orden del día en la Espai1a posterior a Olivares; La sensación de de-
sengafio era profunda, pero e) régimen en Madrid, pese a encontrarse
con numerosas crisis -disturbios en la ciudad de Valencia en 1646-
1647, una nueva bancarrota real en 1647, rebeliones en Nápoles y
,
J

)
volución en 1643 quería hacer retroceder.el reloj a una idealizada Sicilia en 1647-1648, la conspiración del duque de Hijar en 1_648 y una
)
época anterior a Olivares. Pero ¿hasta qué pun.to tuvo éxito? El rey
daba todas las muestras de querer gobernar por sí mismo, y hubo un j··1i~·{ sede de sublevaciones urbanas en Andalucía entre 1647 y 1652-, no
tuvo que habérselas con un tipo de desafío generalizado a su autori- )
desmantelamiento inmediato de esa muy detestable característica del dad que sumió a Francia en el caos entre 1648 y 1652. }
.. r~gimen de Olivares:.el gobierno por juntas21 • Además, una o dos de Razón principal de ello puede estribar en un área de la psicología
·. lás figuras más vinculadas al ministro caído fueron destituidas, aun- colectiva que los historiadores aún no han empezado a penetrar. To- )
_que, en la superficie por lo menos, es la continuidad más que el davía no han ideado formas para medir la lealtad; y la lealtad de una }
cambio lo que ante todo llama la atención en los af10s posteriores a «CastilJa fiel y domesticada, llena de un respeto religioso a la autori-
. Olivares. Esto fue lo que vino a decir el embajador de Módena cuan- dad real» contrasta fuertemente con la naturaleza díscola de Catalu- }
do en septiembre de1643 observó que «el nuevo gobierno sigue los 11a, Portugal y Vizcaya:!... Si Castilla era, en efecto, inusua)mente leal, )
mismos preceptos que él conde-duque, pero sin su rigor». 112 En el todavía es preciso explicar por qué fue así. La lealtad, después de
todo, puede ser entusiasta o de mala gana, y puede simplemente estar
)
.campo de la política éxterior la continuidad era más notable. A pesar
del inmenso hastío por la guerra sentido en Castilla, se tardarían aún enraizada por la fuerza de la costumbre. Pue~e también verse fomen- )
· dnco años en cdncluir la paz con los holandeses, mfontras que la tada por las circunstancias, y es muy posible que el simple hecho de )
guerra con Francia iba a continuar durante otros.dieciséis. Pero hubo rebeliones en tantos territorios que debían obediencia a su rey con".'
asimismo una impresionante continuidad de hombres y de medidas.· tribuyera a reforzar entre los castellanos, por vía de reacción, su pro- )
Aunque varios de los nobles que más se habían opuesto a Olivares pia imagen de pueblo cuya fidelidad no desfallecía. )
regresaron a la corte, y aunque uno o dos de los familiares de éste
sufrieron un eclipse por lo menos temporal, resulló claro, cuando el )
23 l. A. A. Thompson, .. The Government of Spain in Lhe Reign of Philip 1v.. , en
humo de la batalla se hubo disipado, que las cotas decisivas del poder¡
su Croum m1d CtJrtt:s: Guvernmiml, lnstit11liu11s anti Reprr:se11latiou ill Eady-Alotlem Castile,
1
seguían_ en manos de miembros de la misma conexión familiar Guz-
Aldershot, Variorum, 1993), q1p. 4, p. 59 [ .. Et rdm1do ele Felipe ¡y.,, en La ctisis de la )
mán-Haro-Zúñiga que las había tomado en 1621 con el advenimierlJ hegemonía esjJmiola. Siglo .\17/, en José Andrés Gallego (ecl.), Hist(ilitl general de 1'.'spaña y
to de Olivares. Nada subrayaba mejor esta continuidad que la crel América, Madrid, Rialp, Hl86, vol. VIII, p. 477].
24 Domínguez Oniz, Altemcio111~s. p. 20. Después ele la publicación original de
J
ciente dependencia del rey, a pesar de todas sus buenas intencionesL j
este ensayo en 1990, Ruth Mackay ha investigado con proyecho la cuesti(>n de la
lealtad y obediencia popular en '/11e U111its o/ Rtryal Autliolity: Resistam:e cmd Obedience
in Sevenlee111/i~Cent11ry Castile, Cambridge, Cambridge University Press, 1999 (Los limi-
20
21
22
lbid., p. 244.
Elliott, 'l'he Cou.nt,Duke, p. 653 [El comle-duque, pp. 630-631 ],
Elliott, '1'he Count-Duke, pp. 664-666 [El conde-duque. pp. 653].
tes de la a1lluridad real. Rel'istencia y obediencia m lll Cllslilla del siglo XVII, trad. Mauro
H. Benítez, Valladolid, Consejería de Cultura y Turismo· Junta de Castilla y León,
2007].
11
:

ÍI
\d
l
'
J
-' ";
f
( .,
ESl'i\ÑA, EUltOl'A Y t:L MUNUO DE lJl.TRMIAR UNA SOClf.l)¡\ll NO REVOl.UC:IONi\RIA: CAsTll.IA EN IA Df.CAIJA UE 1640
f@" ')
La lealtad también puede mantenerse por miedo y fuerza, pero sido menos aguda y las fluctuaciones de cosechas menos bruscas que
f ) uno de los aspectos más sorprendentes de la Castilla del siglo XVII, al en Andalucía211 • Aunque desde la caída de Olivares no se establecieron
comparársela con Francia, es la falta de instrumentos poderosos de nuevos impuestos29 , las éárgas fisrnles eran rnuy·protestadas~·en p~rte
{ ) represión. El gobierno en Madrid no tenía fuerzas efectivas para ha- al menos por estat tan inequitativamente distribuidas, tanto eritre
@" )
( , cer frente a emergencias, toda vez que los dos o tres mil hombres que
integraban las Guardas de Castilla parecen haber sido en gran parte
inoperantes25 • Requería bastante tiempo reunir un ejército en la Pe-
..
clases sociales como entre una localidad y otra; pero los· desafios im-
portan tes al régimen de Haro tendrían que proceder de filas de·
las clases altas y, en marcado contraste con Francia, un desrlío tal no
fas
( ~ nínsula para sofocar una rebelión, como Olivares hubo de comprobar se materializó.' ·
{ \ J
a su pesar con ocasión de la rebelión de Cataluña. Podría parecer que Por qué esto fue así viene "en parte sugerido por el carácter de la
{ la ausencia ele fuerzas de emergencia dejaba a Madrid en estado muy Fronda. Con un trasfondo general de inquietudes rurales y urbanas,
vulnerable, y sin embargo los propios hechos iban a demostrar que las clases altas en Francia aprovecharon la oportunidad creada por.
@: \ una fuerza tal no era necesaria. Las rebeliones urbanas de Andalucía una crisis :le autoiidad en el gobierno central para satis~acer una serie
{ a finales de la década acabaron sencillamente sin más, sin necesidad de demandas individuales y corporativas. La crisis de ~utoridad la
( de recurrir a la represión, y bien pudo ser que la misma ausencia de precipitaron los agudos problema5 hacendísticos que acosaban a la co-
fuerzas represivas ayudara a mantener bajo el nivel de violencia en la rona francesa en 1647-1648 y los intentos de los gobernai:ites por
{ sociedad castellana del siglo xvn, toda vez que la violencia engendra resolverlos. Pero su origen estaba en los problemas constitucionales.
{ violencia. y políticos propios de una minoría de edad real, en unos años en que
Incluso en la esfera local el grado de desorden era limitado. A lo las presiones de la guerra eran implacables y en que el poder era
(
largo del siglo xvu hubo en Castilla y Andalucía una notable falta de t;jercido para la reina regente Ana de Austria por un favorito extran-
{ agitaciones en el campo. Aunque se producía una continua enajena- jero muy odiado, el cardenal Mazarino, que aún contaba con lama-
( ción de tierras y derechos jurisdiccionales por parte de una corona quinaria administrativa de Richelieu a su disposición ..
en aprietos económicos, a los compradores les fue difícil imponer Frente al importante desbaratamiento del sistema político francés
( nuevas y pesada5 exigencias a unos campesinos que sfempre podían provocado por el fallecimiento de Luis XIII debe situarse la conti-
( sacar provecho de la escasez de población rural trasladándose a otra nuidad de la realeza en España durante la década de 1640. Al ~obre­
( parte. A veces, como en el valle de Lozoya en 1646, un señor que in• vivir, y a diferencia de su cuñado francés, Felipe IV ofreció en su
tentó aplicar mano dura pagó su intransigencia con su vida, pero se! persona un elemento vital ele continuidad y estabilidad en tiempos
{ m~jantes estallidos ele violencia fueron raros 26 • Las sublevaciones potencialmente turbulentos. No hubo minorías de edad reales que
{ urbanas andaluzas, aunque preocupantes, fueron espontáneas perd provocaran intrincadas cuestiones sobre distribución de poder, y la
breves ebulliciones de cólera popular contra los agentes del gobiernq muerte en 1646 del príncipe heredero Baltasar Carlos supuso una
{
central, recaudadores de impuestos, corregidores y comisarios espe- amenaza a largo plazo para la supervivencia de la dinastía, más que
( ciales de uno u otro tipo 27 • Carecían de programa coherente, recibie- una crisis inmediata. Como resultado, no hubo pretexto constitucio-
{ ron escaso apoyo de los sectores intermedios de la sociedad urbana y, nal para organizar un asalto al sistema. La clave del poder radicaba,
por razones que a(m deben explorarse, no se extendieron a las ciudaf como sie1upre, ·en conseguir la atención del rey. Aquí la creciente
( des castellanas, donde las exigencias fiscales seguían siendo altas, perQ influencia de don Luis de Haro representaba un obstáculo potencial.
t donde la presión poblacional sobre abastecimientos parece haber Pero 1-faro no era Olivares. La nueva situación fue bien descrita por
el cortesano Matfas de Novoa en su diario al escribir que «no se cono-
( ··"".t
,, c;ía enteramente medianero o valido ni de potestad entré él príncipe
{ 25 Domínguez Ortiz, Mtrmdn1tf..f, pp. 21-22. · ,.~
:zi; Angel Carda Sanz. !Jf'.srmnl/n .v crisi.s del m1tiguo rfigil~um m Crulilln In Vitjn, Ma:.
t dricl, Akal, l 97i, pp. 270-271: Domí11hl1.1ez Ortiz, Altemr.io111•.s, pp. 137-138. : '1 28 !bid., p. 32.
Th~mpson, .. Governmc111ofSpainn 1•p.60 [«El reinado·,,, p. 483].

'
2 ; Domíngucz Ortiz, t\ltr.mr.ionr..f, p. 155. · ·:i" 2
«J

tl 1 •) ••
l
f
~
}
}
~
Esl'AÑA, EUROl'A Y EL MUNDO DE UlJltAMAR UNA SUCll::llAll NO IU:.VOl.Ut:lllNAJUA: (~S"lll.L\ EN 1.A llEC.AUA m: 1640

y los pret.endientes. Sólo D. Luis de Haro [ ... ] poseía una privanza


moderada, severa yun poder limitado»so. Don Luis era afable en sus
.·.·
·. ~ <.:ancesión ele plenos poderes~ 2 •
Estas disputas reflejaban la ira y la
frustración crecientes de las oligarquías municipales por las exigen-·
•1

!1
¡1
!i:1
'~
---}
tratos con la aristocracia cuando Olivares había sido abrasivo, y el das y expedientes fiscales de la corona; tales como la recención del j

descontento aristocrático volvió a canalizarse a través de disputas en- pago de intereses de losjuros,.que afectaba direccamente al bienestar )
tre facciones palaciegas. ' de las élites urbanas. La corona, por tanto, se enfrentaba en 1646-1647
En el vacío creado por la debilidad de la autorfdad real en Francia, a la posibilidad de un serio choque con los patriciados urbanos en un
J
los parlements, y en especial el de París, fueron capaces de establecer mamen to en que caminaba hacia la bancarrota y con las cortes reuni- }
una posició.n para sí mismos, lo cual, en las circunstancias de 1648, das. Pern de nuevo las cortes manifestaron su debilidad fundamenml )
creaba el potencial para un cambio revolucionario. Si el potencial :10 cuando se les pusieron delante unos ministros decididos y con todos
fue al final materializado fue debido en parte a que el Parlement de los recursos del patronazgo regio a su disposición. El año 1647, con )
París, a diferencia de la Cámara de los Comunes inglesa, no logró su combinación de altos precios de grano, alteraciones urbanas en )
presentarse de modo convincente como un foco alternativo de lealtad Andalucía y la suspensión de pagos a los banqueros reales en octubre,
)
que tras~endi.era intereses sectoriales. Las cortes de Castilla, aunque fue un arfo excepcionalmence difícil para el gobierno de Madrid.
nominalmente ~stab_an en posición de hablar a nivel nacional de un Pero, con las cortes ya disueltas, pudo maniobrar un acuerdo con las )
modo en que el Parlement de París no podía, adolecían de otras limio:- ciudades, al tiempo que contenía inquietudes populares en las ciuda- )
taciones que dismiriuían seriamente su eficacia como órgano de pro- des andaluzas mediante oporrunas concesiones respecto a impuestos
~esta. En los años iniclales del siglo xvn habían logrado obtener la sobre alimentos básicos, y atendía las quejas de los patriciados urba- · )
.1!'
~uñciente influencia hacendística sobre la corona por medio de su nos con el restablecimiento del pago de intereses de los juros y la r }
control sobre ·el nuevo impuesto de los millones como para pod~~ rescisión del impopular impuesto de 1642 sobre la propiedad~". i·
actuar como foco de oposición constitucionalista91 • Pero incluso eni Las cortes de Castilla, por lo tanto, al no hacer de las preocupacio- li }
tonces su capacidad de acción estuvo limitada por su reducido tam~ nes y descontentos específicos de las oligarquías urbanas un amplio ~: )
:,·~...
ño y lo estrecho de su representación, restringida5 como habían que- programa reformista que las colocara en posición de· enfrentamiento
directo con el régimen, siguieron un camino muy dis~nto al que tomó
::¡ )
dado a los procuradores de dieciocho ciudades, los ella.les solía~ !)
\

actuar ante todo comojJo~tavoces de sus respectivas oligarquías mili el Parlement de París en 1647-1648. En Francia, el impulso tras tal )
.nicipales. Sus alas habían sido sujetadas un poco más por Olivares, programa procedía de los agravios acumulados de una clase de ofi- )
que logró insistir en que los procuradores fueran enviados a Madriq ciales que había visto su influencia y autoridad contin"uamente mina-
con plenos poderes de sus ayuntamientos. ·: ··1q ., 1 das por las actividades de una clase alternativa de intendentes, y que )
La batalla, empero, no estaba ganada por la corona para siempre1 : después se encontró con su control hereditario sobre los cargos ame- )
y la apertura de las primeras cortes después de Olivares en 1646>s~. :~· nazado por la resuelta interferencia de Particelli d'Héniery mediante
1•etras6 por disputas entre la corona y las ciudades a propósito de1la ;· la acción del droit anm1.el 34 • Sobre este particular, la situación castella- )
!i
s::w.; ,:. na sencillamente no podía compararse. A diferencia del Parlement de j' j
. ...1,,'!f •.: P~rís, las cortes no eran un foro de la clase de los que ocupaban
}
so Matias de Novoa, ccHistoria de Felipe JV,., en Colección de documentos in~d~tos;.
· uá:JQ'i '. cargos, y aunque los minisu·os y oficiales castellanos tenían sus propios 1
para la hist<Jria de España, Madrid, 1886•. vol. 86, p. 391. D_on.Luis d~ Haro y stis _rlÍ_é'{f-';
dos de gobierno son el tema de una tesis doctoral, todavia sm publicar, defendida ea·
Oxford por AJistair Malcolm, ccOon Luis de Haro and the Political Elite of th~.~p}\ii
32
Jago, «Habsburg Absolutism .. , p. 223.
!IS /bid.
:1
lt
!I
~a
'
j
nish Monarchy in the Mid-Seventeenth Century" (1999). .
51 Para las cortes castellanas del siglo XVII, véase Charlesjago, «Habsburg Absólu::
>·~l .
i:" .=... 54 El grado en que el programa del Parlement f!ra auténtica'mente t·eformista en
j
J
,i c\Janto que opuesto a una defensa de los intereses corporativos sigue siendo objelo

'
tism and the Cortes of castile .. , Americati Hist<JricalRevierv, 86 (1981 ), pp. 307-326, e f:\
:. de debate. Véanse Moote, Tite Revoll of llu:jutlges, y Richard Bonney, .. La Fronde des

l
A. A. Thomps1ln ·CroWfl and Cortes in Castile, 1590-1665 .. , Parliament, Estatenntl
Repmentation, ~ Ú982-), pp. 29-45, reimpr. en Croum and Cortes, cap. 6 [ .. La Corona~~ -._:officiers: mouvf!ment réfonnisre ou rébellion corpor.iúste?•, A.'Vllesiicle, 145 (1984),
~,;¡ pp. 323-340.
J
las Cortes de Castilla, 1590-1665 .. , Revista de las Cortes Genera/es, 8 (1986), pp. 8-·12]¡;~t
j
j
"'I
í
{ 1

{ '
( 1'
E.•WAÑA. EUROPA \' t:I. MUNDO DE Ul.l'ltAMAR UNA SOl':tf.l>AD NO llt;VOl.lll':tONAIUA: CA.•ffllJ..\ F.N l.\ DECi\l>A DE 1640

motivos de queja, como la media annatasobre los salarios, no les ame- debilitadas por las medidas.de. Olivares contrarias a ellas y que la co-
@" •) nazaba la aparición de una nueva burocracia administrativa. Igual~ rona había hecho el útil descubrimiento de que podía sortearlas por

'.. '
~
(
'
mente, nunca habían tenido derecho a una transmisión hereditaria
de] cargo, aunque esto no había impedido la formación de dinastías
de letrados con ventajas internas a la hora de efectuarse nombramien-
tosjudiciaJes y administrativos 3!i.
completo establc.ciendo negociaciones directas con cada uno de los
ayuntamientos 38• A resultas de este descubrimiento, las cortes como
institución fueron reduci~ndose a algo marginal en la vida castellana
y, aunque su muerte no estaba aún asegurada, quedó marcado el ca-
~ Cualquiera que füese el alcance de las aspiraciones reformistas del .· mino que las llevaría a desaparecer de escena después de 1665.
Pa.rlement de París, sus exigencias desencadenaron lo que de hecho La ocasión, la justificación y un foro institucional adecuado para
t constituyó una lucha por el poder en un reino donde el accidente de Ja protesta.revolucionaria: todo esto faltaba en Ja Castilla de después
t una minoría real había abierto inesperadas oportunidades para todo
tipo de intereses sectoriales y corporativos, con objeto de hacer retro-
. ~·
ele Olivares. Esto no significa que algún gran levantamiento, de la
escala de la Fronda, estuviera fuera de toda posibilidad. Afin de cuen-
~ ceder los límites de la autoridad monárquica que tan enérgicamente .... 4; tas, no es mfs concluyen le proporcionar, con visión retrospectiva, una
{ habían sido extendidos bajo el gobierno de Richelieu. Había suficien- lista de razones más o menos plausibles sobre la imposibilidad de la
{ tes ambigüedades constitucionales acerca de la disposición del poder revolución que de razones sobre su inevitabilidad una vez ha ocurri-
durante una minoría real en Francia como para proporcionar a esos do. Revolución o no revolución, en toda interpretación. explicativa
@: intereses sectoriales una legitimación por lo menos artificiosa para su siempre debe quedar espacio para el papel de la personalidad, la
{ asalto al gobierno de la regencia. A ninguna filosofía legitimadora de psicología colectiva, la gestión política y la pura conjunción de suce..:
( este tipo hubiera podido recurrir un movimiento de oposición en Ja sos. Pero, dada la supervivencia de Felipe IV, la balanza de probabili-
Cao;tilla de Ja década de 1640, en la que la principal reclamación se.; dad. parece marcadamente inclinada en contra de una revolución en
( guía siendo, como siempre, que el rey gobernara personalmente. la Castilla de la década de 1640 tras la caída de Olivares, y quizá e~
{ Potencialment~, Ja mejorjustificación disponible para la oposición mejor de todos los argumentos favorables a esta suposición sea que
en Castilla se hallaba en la teoría del contrato. Aunque había conoci- una revolución del tipo que más probabilidades tenía de· ocurrir en
( do una especie de resurgimiento en la Castilla de prindpios ele sigló1 la Castilla de mediados del siglo XVII ya había, de hecho, ocurrido.
{ y encontrado expresión en la oposición constitucionalista encabeza~ Esta afirmación se entiende mejor si miramos de nuevo a la Fron-
{ da por Lisón y Biedma y sus amigos en las cortes de inicios de la dé-, da y la vemos como la confusa reacción de una confusa sociedad en
cada de 162036 , no alcanzó una institucionalización efectiva comó sí• un periodo en que el apai:ato del estado se había arrogado poderes.
í sucedió en Catalufia, donde la rebelión de 1640 fue justificada por· extraordinarios y aplicado exigencias sin precedentes sobre la pobla-
{ los representantes elegidos del pueblo con el argumento de que ei: ción, en pos de la victoria en la guerra. En su parte m,ás profunda, fue
rey había roto las condiciones de su relación contractual con sus va:.~ Lma reacción anti-Richelieu, pero que ~e demor.ó casi sei~ años des-:-.
{
sallos catalanes y que por este motivo el contrato había terminado'') pués de que el propio Richelieu estuviera muerto y ei:i.terrado! El fa-
( En los primeros a11os de oposición a Olivares, las cortes de Castilla' llecimiento del cardenal, las incerticlumbres subsigui~ntes a un cam-
( mostraron no ser lo suficientemente fuertes y resueltas como para' bio de monarca y la inminente esperanza en una paz victoriosa
lograr establecer sobre bases sólidas la idea de una relación contrae:.• contribuyernn a posponer el eventual día de echar cuentas, que pudo
t tual firme entre rey y reino. Aún hubo menos oportunidades de 19~ ser tanto más explosivo cuanto largo habfa sido el tiempo de espera.
t grarlo durante la década de 1640, una vez que las cortes habían sido Fragmentada como estaba por agu~~ divisiones sec~oriale~, dado qm~.
distintos grupos competían en defensa de sus respectivos intereses.
~
35 ~orporativos, la oposición estuvo al fin de acuerdo en reclamar un
{· Janine Fayard, /J.s Mcmbres du Con.seil tk Castilk ci l'époque modemr. ( 1621-1746), "·
Ginebra y París, Droz, 1979 [los miemlnvs del Om.sejorb! Castilla ( 1621-1746), trad. Rúfi-" r.egreso a] estado «ordinario» de cosas, por distintas que fueran las
'· ~:h
t na Rodríguez Sanz, Madrid, Siglo XXI, 1982], 2• parte. . . .
36
.
Elliott, 17ie Cnunt-Dul1r., pp. 109-11 O [El con~uqut. pp. 126-128]. " 1!•'
{ 7
:1 Elliott, Tite RevoU, p. 549 [La re/lrlió11, pp.
484]. 'f'f 38 Thomps~n; ." ( :row11 a1~d C<;>rtcs~ l ~La. e.oro.na y. la.~ cortes!'], pp: 41-42.
• t

{
I'>~ '')C)
i.'
r
J
}
"t'
}
~

''
EsPAÑA, EUROPA Y El. MUNDO DI! ULTRAMAR UNA sot:llll.\O NO ltf.\'Ut.UCIONARL\: C...Sfll.U EN L.\ DEC.ADA 01:: 16.fO

maneras con que esta palabra se interpretara en diferentes sec.tores ciales potencialmente peligrosas tenía más por ganai- que por perder
de la sociedad, frente al asentamiento «extraordinario» del poder del prestando su apoyo al régimen de don Luis de Haro. En Francia, en -}
estados9 • cambio, Richelieu había muerto, pero no había caído, y el mandato
El mismo regreso a la forma de gobierno ordinaria, o acostumbra-
da, se había pedido en España en 1642-1643 por los oponentes de
Olivares. Alcanzaron su objetivo inmediato obteniendo su destitu-
de su sucesor elegido, Mazadno, era un recordatorio constante de
este hecho.
En 16•'18 las fuerzas ele oposición en la élite política francesa pre-
pararon su equivalente al ataque espa1i.ol de 1643 al sistema de go-
}
''
ción. Pero también alcanzaron, con contratiempos y cambios, su ob-
jetivo, mucho más importante a largo plazo, de detener el movimiento bierno ·~extraordinario». El resultado del ataque, sin embargo, fue )
hacia la concentración de poderes extraordinarios en manos de la muy dislinto. El sistema de Richelieu, aunque impopular, no estaba )
corona con que se identificaba al conde-duque y a su régimen. El desacreditado, en particular gracias a su continuada capacidad de
obtener éxitos militares en la guerra con España. Esto, a su vez, au- )
conde-duque siempre se había visto a sí mismo metido en una lucha
a vida o muerte con los «poderosos»,·las fuerzas oligárquicas de la mentó la capacidad de la corona para resistir. Yal encontrar resisten- )
sociedad castellana que poco a poco erosionaban la autoridad de la co- cia, el ataque de la oposición tomó un giro violemo, sólo para acabar
)
rona"°. Los poderosos eran la alta nobleza y los seii.ores locales, los arrapado en las contracorrientes de antagonismos sociales e intereses
oligarcas municipales y los burócratas letrados, miembros de una red sectoriales rivales que inevitablemente entraron en acción cuando las )
de intereses familiares y sistemas de clientelismo que constantemen- fuerzas de la oposición no consiguieron establecer sobre base consen- )
y
.Ú: se ramificaba que paulatinamente consolidaba su poder e iniluenr suada una legitimidad decisiva para sus acciones. Con el final oficial •,

)
cia en la esfera local y en la nacional. Vistos retrospectivamente, los de la minoría real desapareció toda pretensión de legitimidad, y el
sucesos de 1642-1643 resultaron ser un moment«;> decisivo en las for- ataque se hundió en la derrota. Correspondió después a la monarquía )
tunas de aquéllos. Olivares no sólo había caído, sino que había que~ de Luis XIV construir un nuevo equilibrio de fuerzas sobre la base de
un sistema de orden que superara y aboliera la distinción entre siste- )
dado desacreditado, y la revolución desde arriba que había procura. .
do aplicar quedó desacreditada con él. Cierto que \'arios aspectos del mas de gobierno ordinarios y extraordinarios,. 1• )
régimen de Olivares sobrevivieron o regresaron, como laS juntas. Pero Pudo haber siclo, pues, lo muy completo del fracaso de Olivares lo
)
la atmósfera política era profundamente distinta en la época postoli- que impidió un levantamiento violento en la Castilla de la década
varista. El impulso reformista había desaparecido del gobierno, y.el de 1640. Había tan extendida unanimidad acerca de cu<in poco de- )
poder era compartido por grupos aristocráticos rivales y una jerarquía seable era repetir las experiencias de los años de Olivares que no )
de letrados que gobernaba mediante un conglomerado de consejos ... aparecieron divisiones en el seno de la nación política para provocar
tra~icionales. El carácter global de este sistem~ de poder compartido ~1 un conflicto violento. En lugar de ello, se reunió alrededor de la co- }
era tal que satisfacía los intereses de los poderosos. En esencia, 1643 ...ra: rona el calor del statu quo restaurado. A este respecto, Espafia se dife- }
les había dado lo que querían, y las fuerzas de la contrarrevoluciórr·:
habían ganado. ·- ,.u ':f'
No había necesidad, por lo tanto, de que la élite castellana lanzarcq
más desafíos contra el gobierno en los años inmediatamente poste~/
renciaba de Inglaterra, donde las innovaciones introducidas en reli-
' gión y política por el gobierno de· Carlos I estaban asociadas tan de
cerca con el propio rey que se cuestionó el papel de la corona. Fueron
los desacuerdos resultantes acerca de los debidos alcance y límites del
,
J

poder real lo que finalmente llevó a la nación política al enfrenta- HI \ j)


riores a Olivares. Había otros modos para, con menor grado de com;:·
frontación, asegurarse lo que quería, y en tiempo de inquietudes:S&~ . . miento y ayudó a precipitar una guerra civil. · }
. ; i1úbi,~ , Sin embargo, e irónicamente, Castilla pudo a la larga haber salido }
·t•Q~ p'erdiendo, más que ganando, de fa p·asividad con que respondió a los
. "'.•"J.~
s9 Para la distinción entre gobierno ordinario y extraordinario, véase Robdi O~
cimon y Christian,Jouhaud, .. La Fronde en mouvement: le dévdoppement de la c~se'
politique entre l64s~t 1652•., XVI!esiec/e, 145 (1984), pp. 304-322, esp. p. 308. . "".~
,.o Elliott, Thecount·Dttke, pp. 410, 514-516 [Elconck-dttqtte, pp. 408, 504-505). >.:.f
retos de la década de 1640. En Francia, a resultas del colapso de la

"1 Descimon yjouhaud, uLa Fronde en mouvement», p. 320.


' j
)
j
'\
("
(
f ) F.srAÑA, Eu1mrA" F.I. Mt•Nnn m: tra;rRAMAR

~
(
' Fronda, la iniciativa política pasó a la corona y Luis XIV se encontró CAPÍTULO V
en posición de completar lo que quería de la revolución política y
{ administrativa iniciada por Richelieu. En Inglaterra, como consecuen• EUROPA DESPUÉS QE LA PAZ DE WESTFALIA
{ cia de la ejecución de Carlos l, la iniciativa pasó a la nación política','
( que desde 1660 estaba en gran medida reunida nuevamente alrede· ·
dor de una monarquía restaurada pero limitada. Las mismas limita·
( ciones de esta monarquía restaurada ayudaron a crear un dima en
( que el poder ejecutivo pudo ser expandido y utilizado durante la sel
gunda mitad del siglo XVII para algo que era ampliamente percibido
{ como el interés nacional. En España, por el contrario, el poder mo·
( nárquico siguió sin restricciones institucionales,'pero la iniciativa
política pasó a las fuerzas de dentro de la sociedad que habían cierro:
{
(
tado a Olivares. Corona y poderosos, por consiguiente, coexistieron La Paz de W~stfalia ha quedado grabada en la mem01ia colectiva de
sobre la base de una dependencia mutua que excluía cambios inna. Europa como la que puso fin a un conflicto europeo más devastador
( vadores. Como fuerza potcncialmantc capaz de provocar cambios, fa que cualquier otro antes del siglo xx. Voltaire, en El siglo de Luis XIV,
corona quedó inmovilizada por el peso muerto de los poderosos] describe «la célebre paz de Westfalia» como un tratado «qüe sirvió de
( Ellos, a su vez, dependían hasta tal punto de la corona para cargos~· base a todos los tratados del porvenir». En otras palabras, esta paz
( favores y concesiones que les protegieran de los tiempos económicá: seilaló el inicio de un nuevb orden internacional en el cual el sistema
{· mente difíciles, que no tuvieron ni el deseo ni la capacidad de em.: europeo de estados iha a ser regulado en lo sucesivo según una serie
prender nuevos caminos 42 • El resultado fue medio siglo de estanca~ de acuerdos polílicos forjados a mediados del siglo XVII y aceptados
( miento e inercia, que contrastaba fuertemente con el dinamismo de por las principales potencias europeas. Entre estos acuerdos figura·
{ la Francia y la Inglaterra contemponínea~. El precio de Ja rcvoluciórt ban la aceptación internacional de la soberanía de la República Ha.
bien pudo ser alto, pero quizá el precio de la no revo.lución lo' fue· landesa y de la Confederación Suiza y, algo de la máxima importancia,
(
incluso más. el establecimiento de una constitución para el Sacro Imperio Roma·
{ no. En efecto, el acuerdo de paz apartó el espectro de una monarquía
{ universal Habsburgo que había atemorizado a Europa durante largo
tiempo, y confirmó el carácter del Imperio como una confederación
{ laxa de unidades independientes, que procurarían resolver sus dife.
{ • '~f;(J... ~l·.
:1 ·r 'rendas mediante una serie de elaborados procedimientos constitu-
--- r·•rt'!r·f··..;1 ·donales sin 1~e.currir a la guerra•.
l 42
Pé\r.t la mutua clcpcndcncia entre corona y noblc.•7.a, segtín iha dcsarro1lá~~?~fi·'-~
}'élen la primera mitnd del siglo XVII, véanse Charles.Jago, ccThe Inílnence ofDeblo1(':~
~ the Relations hctween Crown anrl Alistocracy in Seventccnth-Century Castilc·;>;~~ :~
1 Voltaire, Lesitdl'(k l.ouis XN, ell. René Gros, 2 vols., París, Garnier, 1947 [El siglo
nomir. History Retlicw, 26 (1973), pp. 218-236; l. J. A. Thmnpson, mirand Gouem1nmtnf't
{ lle I.ttis XJY, trad. Nélida Orfila Reynal, México, Fondo de Cultura Económica, 1954) 1
Habslmrg_ S!miu •. ~ 560-1620, l:on<lres, Athl~nc Prcss, _1976 [ Guma ~ decad~nr.ia'. '?f1.~i¡fi ;~
{ n11 _v rulm111ulmr.10n en la füfuma dr. lo.f A11st11aJ, 1560-1620, trad.Jord1 Bchrnn, Barcc;I~ '; 1; p. 66, en c;tp. 6 ( «C<~tte célebre paix de Vestphalie [ ... ] clevcnu pour l'avenir la base
na, Crítica, l 9R l l, cap. 5; Ignacio Atien1.a Hernánde7., Ari.ttór.racin, /1oder .Y riqu;,¡.n 'd{I~ ~; de tous les tr.útés• ). En los tíltimos a11os se lia debatido mucho, especialmente entré

'
España moderna. La casa de 0.mna, siglns X\'·XIX, Madrid, Siglo XXI, 1987, pp: 53-5'1.14,i', ¡;;: .Jos estudiosos del derecho)' los hi11toriadores de las relaciones internacionales, acerca'
continua dependencia de la nobleza respecto de la corona sugiere la clcbi\idi\9tc;\~1J ~ •de la Paz de Wesúafüi en tanto que hito que marci la aparición de un nuevo orden
t término •refeudalización• scglin es comúnmente aplicado a la España del sigl.o x_v¡1. 2 f. ·internacional, en el cual los estados' eran aceptados como soberanos y las relaciones
( Véase A. Domínguez Ortiz, ~Algunas consideraciones sobre la refeudalizac'lóíht~l f:: .entre ellos llegaban a 11er reguladas por el naciente derecho internacional. En reali-
siglo xvu .. , en Mária del Can nen Iglesiai;, Carlos Moya y Luis Rodríguez Zúi\iga ·('CdS:)~ ~\ $d, Wesúalia f;\tede ser vista como un paso más en l.~ codific~ción de un proceso, en
( llommnjr. ajosr A ulonio Mflrrmnll, 3 \'Ols., Madrid, Centro <le Inve11tigaciones So'ciológi~':';:. ,;·" los campos tanto d.e la soberanía estatal como del desarrollo de normas para la regu.
cas, 198!l, l. pp. 499-507. · ~ !' ·.-/ m•e
: laci~n de las r~l~cio111~s estatah;s,, venía ev~l4cion~m~lo desde hacla largos siglos y
¡~.
~ '•···
{) 1:l:l
(
J
)
\. }
\
~
Esl'AÑA, EUROl'A Y t:L MUNUO Ol: Ul.'fRAAIAR EUROPA m:sl'Ut.S U•: u PAZ UE \Vt;.';TfALIA
l
Esta visión de los efectos de Westfalia, generalmente favorable,fue
cuestionada por primera vez por Friedrich Rühs en 1815, pero sólo
iba a ser puesta seriamente en entredicho durante el periodo com-
habían disfrutado por lo menos hasta el 1 de enero de 1624, fecha
que fu~ finalmente convenida tras enconadas negociaciones. ·
No es de extrafiar que,. poco a poco, los protestantes incluyeran el
\. }
'
)
prendido entre finales delsiglo XIX y 1945, años en los que naciona- aniversario de Ja paz en su lista de conmemoraciones anuales5• En l.. )
listas alemanes arguyeron que el tratado de·pctz había impedido est~­ septiembre de 1748 la ciudad de Hamburgo,juntamente con otros
blecer una unidad alemana y había condenado a Alemania a dos estados y ciudades, decidió conmemorar e) primer centenario de '
\,
}
siglos de impotencia, en beneficio de Francia~. Per.o la creación de la
República Federal Alemana tras la Segunda Guerra Mundial repre-
sentó una reversión a los principios de 1648, y esto, a su vez, conuibu-
yó a ~eVitalizar la reputación de la Paz de Westfalia. Hoy en día suele
Westfalia. Se celebraron servicios religiosos especiales en todas las
iglesias, se interpretó un oratorio de Georg Philipp Telemann en
la iglesia de San Pedro y se compuso una oración adecuadamente co-
medida, la cual pedía a Dios que se apiadara no sólo de los protestantes
)
)
'
ser vista en gran medida como lo era en época de Voltaire y de Rous- sino también de todos los cristianos y celebraba la Paz de Westfalia )
seau, es decir, como un hito que marcó los inicios de una orclénación como el fin del conflicto religioso y el inicio de la paz y Ja prosperidad ~
nueva y más racional del sistema europeo de estados. de Hamburgo 4 • •
)
(
En el corazón de esta reordenación se hallaba, por supuesto, el Así pues, en Jos mundos de la política y de la religión los acuerdos ~
)
reconocimiento de ciertas realidades tanto religiosas como políticas. de \Vestfalia eran visLOs, al cabo de un siglo de ser firmados, como un \..
}
Con variantes grados de reticencia, la diversidad confesional de Ale- punto de inflexión para Alemania y Europa. A ojos del siglo XVIII, el
mania y de la cristiand~d fue aceptada en Westfalin como un hecho problema del Imperio se había solucionado. El imperio de la ley, así "· )
de la vida. Inocehc,io X, a quien Velázquez iba a pintar en toda su in- como un sistema cuidadosamente negociado de contrapesos y equi- }
quieta obstinaéión al año siguiente del congreso de paz, se vio redu- librios, había reemplazado la anarquía y violencia de una época bár- \...

cido a protestas impotentes contra un acuerdo que el emperador y bara, al tiempo que las garantías de libertad para minorías religiosas ...
}
las principales pote.ncias europeas habían i:iegociado sin recurrir a la y un grado de tolerancia habían puesto punto final a los agrios con-
( }
mediación papal y que iba a disminuir la influencia vaticana en las flictos sectarios del pasado. La Europa de las Luces volvía su mirada
tierras de Centroeuropa. Los acuerdos de paz contra los cuales Ino- hacia estos logros con satisfacción, como signos claros del progreso •'
\.
)

'
cencio tronó en vano reafirmaron la libertad religfosa concedida a de la civilización eurnpea a lo largo de un siglo. Generaciones futuras, (
los luteranos en 1555,"al tiempo que extendieron el beneficio de esos por su parte, han venido a ratificar el veredicto. )
Itlismos derechos a los calvinistas y a las minorías religiosas que los Pero ¿hasta qué punto, podemos preguntar, respondía este vere- (
dicto a las realidades históricas? El propio Imperio fue disuelto en )
't
·¡

..
1
1806 y el siglo xx iba a ver guerras mucho más devastadoras que las }
todaVi'a estaba lejos de haberse completado en 1648. Para una refutnción concisa del que asohlron el continente entre las décadas de 1620y1640. Además,
supuesto •Cambio de paradigma .. de 1648, véase Stéphane Beaulac, ·The Westph~­ estas guerras, al igual que la ele los Treinta Años, se originaron en esas ( }
Jian Legal Onhodoxy- Myth or Reali ty? .. , Jcmrnal o/ the History o/J11tmwtional Law,_ 2
(2000), pp.148-177.
mismas partes de Europa cuyos problemas quisieron resolver los ne- ..· }
2 Martin Heckel, Deutschland im ko1tfessionellen Zeitalter, Gotinga, Vandenhoeck &
.l
gociadores en Münstery Osnabriick. Es cierto, naturalmente, que de "' _)
Ruprecht, 1983, pp. 208-209; Geoffrey Parker (ed.), The Tliirty Years' War, 2~ edn., .
Londres y Nueva York, Routledgc, 1997, pp. 192-19.3 [La guerra ele los tnfinta años, thl4•· •J.
ningún acuerdo de paz, por muy inteligentemente que haya sido
' ~
'e '
concebido, puede esperarse que vaya a durar para siempre. Pero,
Daniel Romero Álvarez Madrid, Visor, 2004]. Para Rühs y los planes trazados du~q~ .:.•
te el Tercer Reich para ~ambiar ~es siglos-de historia europea en!ª proyectada co~: ~'. incluso si tomamos una visión más limitada y no salimos de las cele-
memoración del tercer centenano de la paz en 1948, véase el catalogo de la expos~; ::
ción, nº 1253 a 1256, y el ensayo de Heinz Duchhardt, ccThe Peace of Westfalia as Li~ :-'
de Mémoirein Gennany and France•, en IOaus Bussmann y Heinz Schilling, eds., 164H; ::·
~ar and Peace in Etcrope; 3 vols., Münster/Osnabrúc~, _Wes~l~sches Landcsm.use~ ;· :s Etienne Franpis, .. ne l'uniformité :i la tolerancc: confession et société urbaine
•• J 1
für Kunst und Kulturgeschichte Münster, 1998, 1: Politics, Refigaon, Lm11 and Soaety, pp. :·;
4'1-47 [·La Paz de \Vesú'alia como lieu de mémoireen Alcmama y Europa,., trad. O: a,t.. X
ballero y P. Molas, l>edralbes. Revista tl'Historia Moderna. 19 (1999), PP· 147-155]. · .. d :
en Allemagne, 1650-1800H, Annales, 37 (1982), pp. 783-800, esp. p. 789.
" Joachin~ Whaley, /Migious To/emlion and Social Cliange in Htlmburg, 1529-1819,
Cambridge, Cambridge University Press, 1985, p. 194. •• J
Jj
)
""\
f
~
f EsPAl;JA, EUROPA Y EL MUNOO Of. Ul.TllAMAR EUMOl'A OESl'l'~.S DF. LA PAZ OE WE.'>IFAl.IA

f,,
braciones de su primer centenario, es difícil no cuestionar algunas de de la paz fue endurecer en muchos aspectos lac; division.es religiosas,
f las asunciones más fáciles acerca de los benignos efectos del acuerdo más que suavizarlasª. El resultado de Westfalia fue sancionar la terri-
@' de Westfalia. t01ialización de credos, si bien los acuerdos aseguraron la superviven-
En primer lugar, el acuerdo no afectó a la guerra entre España y cia de una Sajonia protestante cuando su casa gobernante se convirtió
f Francia, que continuaría hasta 1659 (una segunda guerra de treinta al catolicismo a finales del siglo XVII. Experimentos ecuménicos, como
( años), y tampoco puso fin a Jas hostilidades entre las potencias bálti- los del Elector Palatino Carlos Luis, se saldarían con un fracaso estre-
{ cas. Aunque e] espectro de la monarquía universal Habsburgo pudo pitoso, pero en unos pocos estados y ciudades, especialmente en la
haber sido conjurado, pronto iba a ser sustituido por el de una Euro- Alemania meridional, se alcanzó la coexistencia religiosa sobre la base
{ pa dominada por la Francia del ambicioso Luis XIV. Entre 1600 y 1650 de una auténtica paridad, en función de la cual protestan tes y c~tóli­
t( sólo hubo un ailo del calendario sin ninguna guerra entre estados cos compartían en pie de igualdad los cargos. Pero una tolerancia
europeos: 1610. En la segunda mitad del siglo, hubo seis (1669-1671 religiosa real apenas apareció en tierras alemanas antes de finales del
( y 1680-1682), pero la civilización europea fue y siguió siendo una ci- siglo XVIII, y la exclusión religiosa siguió caracterizando la vida confe-
{ vilización militar, cuyo estado natural era la guerra5 • El tamaño de los sional de la mayoría de las ciudades del Imperio. Parecidamente, los
ejércitos era apreciablemente mayor en la segunda mitad del siglo judíos siguieron siendo objeto de duras discriminaciones; como siem;.
~
que en la primera, proliferaron las guerras en una escalada hasta la pre lo habían sido.
{ guerra global europea de Sucesión española entre 1701y1713 y es Con tocio: aunque el panorama religioso e internacional séguía ·
( quizá sintomático del carácter beJicoso de la civilización europea que siendo sombrío después de 1648, esto no significa que no se produ-
( un buen número de príncipes de finales del siglo XVII gustara de ves- jeran importante!'i cambios en la estela de los acuerdos de Westfalia.
tir uniforme militar y se hiciera retratar de esa guisa6 • La guerra siguió Uno de los n~ás notables fue la aparición de un nuevo sentido colec-
( siendo expuesta de ]as dos maneras (alegórica y documental) en que tivo de la pro~Jia Europa. El despliegue de periódicos y gacetas duran-
{ lo había sido durante Ja primera parte del siglo. te el transcurso de la guerra había ayudado a desarrollar uná Visión ·
Si Westfalia no logró traer una paz duradera a Europa, también paneuropea de los acontecimientos coetáneos. La Nieuwe Tijding_hen
{ tuvo menos éxito de lo que a veces se dice en curar las pasiones reJi:. de Abraham Verhoeven, las diversas gacetas holandesas e italianas y
( giosas de la época. La revocación del Edicto de Nantes por Luis XIV la Gazette francesa de Théophraste Renaudot dependían, todas ellas,
en 1685 es prueba de que la época de la persecución religiosa estaba de una red ae contactos e informadores esparcida a lo a~cho 'del·

'
(
(
aún lejos de su final, si bien la inclusión de Alsacia en los acuerdos de
Westfalia significó que por lo menos los protestantes alsacianos s·e
vieron a salvo del destino de sus hermanos franceses 7 • Pero se ha ar-
continente, y sus esfuerzos combinados pusieron los cimientos de un
público europeo informado y de una opinión pública también euro-
pea e informada. Ésta era la opinión pública a la que Richelieu ape-
gumentado persuasivamente que incluso en el Imperio el resultado• laba en su poco logrado drama alegórico, titulado significativamente
l Europe, en el ct1al Vrancion llega al rescate de una Europa a.punto de
( 11:( ser raptada por lbere9 • Esta nueva Europa de estados soberanos no
5
acabó de un plumazo con la vieja cristiandad, la cual iba aún a cono-
't
George N. Clark, Thc S1mmlecntli Century, 2ª ecln., Oxíord, 1950, p. 98. Sobre·
Europa como una •civili7.ación militar .. , véase su War mul Society fo tht Se11eulttmlh Gen-. cer momentos de recuperación, especialmente en tiempos de ame-
tury, Cambridge, Cambridge University Pres.~, 1958, p. 1O. • , , .. ·~
6
Michacl Roberts, füsays in Swedish Hi.dory, Londres, Weidcnfeld & Nicolson,
naza exterior, como sucedió durante el sitio turco de Viena en 1683.

' 1967, cap. 10 (•The military revolution•); Geoffrey Parker, TIU! Military Rn10ltition: De hecho; la ausencia de una tal amefiaza durante las décadas de 1620
Military binovation and 111'- Ritr. '!f the We.st, 1500-1800, Cambridge, Cambridge Univer-· y 1630, cuando los turcos estaban ocupados en su frontera con Persia,
l sity Press, 1988 [La rev(Jlttción militar. bznovar.ión militar .v a/1ogeo de Occidente (1500-
1800), Madrid, Alianza, 2002], pp. 43-44. Sobre los monarcas en unifom1e, véase RO: ·:
<t berts, Essay.r i11 Swt'dish History, p. 206. ,..... · !
l 7 Warren Candlcr Scovillc, Th..e Pmrr.11tion nf Huguenots and Frr.ncli Er.onomic Deuel- . ·. ·:, 8 Véase Fram;oiS, ·•De J'uniformité ala tolérance ...
opment, 1680-1720, Berkeley y Los Ángeles (California), University ofCalifomia Press · ' 9 Europe. Ct·: 11idie liéroü¡tu, París, J643. Véase también Léopold Lacour, .füche~
{ 1960, p. 5, n. 11. .. o:;) · .;,; dramaturge et ses. ,:(l/la/Jcmitlfurs, París, Librairie OllendorfT, 1925, parte 3, cap. 4.
(
1'-U~ 1~7
l
(
. ,.
EsPAÑA, EUROPA y El. MUNDO DE ULTRAMAR EllROl'A l>ESPUEs IJE l.A PAZ DE WESTFALIA

jugó un p~pel importante en conformar el carácter y curso de la gue- nuevos ricos que habían ganado sus dineros en la guerra: financieros,
rra civil europea· durante esas mismas·décadas y, de este modo, en empresarios militares, comandantes del ejército y ministros y oficiales
fortalecer la visión secular de una Europa de estados soberanos. Pero c:on acceso privilegiado al patronazgo real. Muchos de estos persona-
si la idea de Europa coexistía con la de la cristiandad, como sucedía jes, a su vez, utilizaron parte de su nueva riqueza para promover un
en la mente de Richelieu,.era Europa la que ¿staba imponiéndose a eslilo de vicia que tuvo consecuencias significativas para las artes; Fi-
finales del siglo xvn 1º. nancieros como B<uthélemy 1-Ierwarth, por ejemplo, conlrihuyeron
Hay razones poderosas para argüir que la Europa que nació ele las de manera importan le al desarrollo urbanístico del París ele mediados
décadas centrales del ·siglo XVII era una Europa transformada, pero de siglo 11 • Comandantes militares como el marqués de Leganés en
debemos te11:er una visión más amplia que la de los puros tratados de España y el mariscal de Créquy en Francia reunieron impresionantes
paz si queremos entender lo que estaba sucediendo. Es de suponer colecciones ele pinturas 12.
que la transformación no se derivó tanto de los acuerdos de paz como Tales manifestaciones de riqueza no hicieron sino agravar las ten-
del carácter e inten~idad qel conflicto que los hizo necesarios. . siones sociales ya existentes. Las poblaciones urbanas, exprimidas
Durante dos o más décadas, grandes partes de la Europa continen.- por los recaudadores de impuestos, encontraron blancos adecua-
\
tal habían sido sometidas a tensiones muy intensas impuestas por un dos para su odio en aquellos que sacaban provecho de la guerra y en
guerrear más o meno~ continuo. Incluso las poblaciones que no esta- los oficiales reales enriquecidos. Miembros de la vieja nobleza y ele
.ban directamente afectadas por los tránsitos militares ni por la des- la clase dirigente tradicional se resentían de verse orillados por mi- \.
truc.cióp fisica provocac;la por el conflicto habían sentido el impacto nistros ele clase social baja aupados hacía poco. Todos estos resen-
de la guerra en sus casas, cuando los recaudadores de impuestos lla~ timientos políticos y sociales culminaron en los levantamientos re~.
maban a sus puertas y los sargentos reclutadores se llevaban a padres \'olucionarios que sacudieron la Europa continental a lo largo de la
e hijos. Al mismo tiempo, estas mismas exigencias de la guerra habían década ele 1640.
puesto a prueba ha8ta el límite las capacidades administrativas y polí~ Las causas de estos levantamientos han sido objeto de un prolon-
ticas del estado de .inicios del siglo xvu. Los gobiernos luchaba1i eq gado debate histórico, pero no pueden ser comprendidas sin tomar
todas partes por movili~r los recursos requeridos para la fin&nciación en consideración las tensiones impuestas sobre la sociedad y sobre la '-
de ejércitos y flotas. De cara a una gestión más eficaz de la guerra, estó ... estructura del estado por un periodo de guerra intensa y prolon-
~xigió frecuentemente la concentración de poderes en manos d~ gada 13• Las revueltas y disturbios continentales de la década de 1640 \.
u·nos pocos personajes elegidos, en particular ministros-privados fueron en gran parte una respuesta a las presiones generadas por el (
éomo Richelieu y blivares, quienes, a su vez, confiaban en la lealtaq. ·~· recrecido intervencionismo del estado moderno, .en sus esfuerzos (
de un pequeño grupo de funcionarios para asegurar que las exigen;.; por hacer frente a los desafíos presentados por las éxigencias de la
cias' de la corona fuesen obedecidas. Los esfuerzos de estos gobemállt. guerra. En este sentido, pueden ser vistos como movimientos contra- \.
tes comportaron la infracción, a gran escala, de derechos y privilegios;,~ ·rrevolucionarios frente a las actividades innovadoras del estado, si (.
corporativos, al exigir ayuda económica y militar a instituciones, grui); bien la contrarrevolución quería restaurar una armonía política y ..
pos sociales, regiones y provincias que hasta entonces habían disfI:µ,&{
\.
tado de un número relativo de exenciones ante las exigencias deµ'.;¡c (
. ~
11 G. Depping, .. Banhélemy Henvanh. Un banquier protestant en France au dix-
estado. (

exigencias del estado se mezclaron con la irrupción de un grupó:4ei


··,';f •
Las tensiones sociales y políticas creadas por estas incrementacf:v ·
sepcieme siecle .. , Revue Historique, 10 (1879), pp. 285-338, y 11 (1880), pp. 63-80; Pie-
rre Francastel, •Versailles et l'architecture urbaine au XVIIe siecJe .. , Annales, 10
(1955), pp. 465-479.
1, .
<
.1( ' . 12 Mary Crawford Volk, •New Light on a Seventeenth-Cencury Collector: the
Marquis of Leganés .. , Tlu Art Bulletin, 62 (1980), pp. 256-268;Jean-Claude Boyer e G
10
··~~·,

Para la aparición de la idea de Europa, véase Denys Hay, Europe: Tlie emerpn~
o/ an idea, Edimburgo,.Edinburgh Universicy Press, 1957, que, no obstante, no die
·rsabelle Volf, ·Romea París: les tableaux du maréchal de Créquy (1638) .. , Revue de
. ./i1rt, 79 (1988), pp. 22-41.
IS Sobre el debate histórico en torno a los trastornos de mediados ele siglo, véase
,.
••
gran cosa sobre el siftto XVII. más arriba, cap. 3.


("
f
( ) EuRorA nF.c;rut." OE l.A PAZ ni:. WESlTALIA

~ social imaginada, más que la que realmente· había existido, ya que finales de siglo se beneficiaron del.deseo de las clases acqmo~adas
{ dificilmente se puede decir que lac; sociedades de la Europa moderna de que se restaurara el orde·n y el bue~ gobierno. Pero también tu-
{ vivieran una situación de equilibrio antes de la Guerra de los Treinta vieron que hacer concesiones a esas mismas-clases para alcanzar un
Años 14• Pero estas alteraciones, si bien obligaron. al estado interven- acomodo que resultase mutUamente satisfactorio. . . ·.. . .: ..
({ cionista a ponerse temporalmente a la defensiva, también liberaron una de las más significa'tivas ~e esas concesiones fue el abandono
( fuerzas políticas y sociales que asustaron a las clases propietarias y, al por muchos gobernantes de la práctica del ministro-privado, ~ c~­
cabo ele cierto tiempo, fuese en Cataluña, Nápoles o en la Francia de
·. racterística de inicios del siglo XVII. Un rasgo llamativo de.la ;Europa
{
la Fronda, las empttjaron de nuevo a su lealtad tradicional para con de la Guerra de los Treinta Años había sido el dominio dfministros
{ la corona, la cual parecía ofrecer la m~jor garantía ele estabilidad y que parecían todopoderosos,' cúyo poder se basaba en ganar y retener·
( orden. el favor del príncipe, un dorltii:ifo vívidamente sugeric:Io por labilpo-
Como por reacción, pues, a las condiciones de anarquía o scmi- ncnle presencia del conde-duqne de Olivares justo detrás de ~elipe. IV
~ anarquía que por un momento amenazaron con anegar grandes áreas en el gran cuadro de Juan B~utista Maíno, La recuper_ación deBahía de
( de la Europa de mediados del siglo XVII, el clima psicológico del pe- Todos los Santos, para el Salon de ~einos en el: nuevo pala~ió del B~en
t{ riodo posterior a Westfalia se caracterizó por un ansia de nueva csta- Retiro en Madrid (fig. 3)1 7 • Los movimientos revolucionarios de la dé-
bilidad 15. Aunque un creciente hastío ante tanta guerra pudo jugar cada de 1640 habían sido, por lo menos en parte, una reacc~~n contra.
( su papel en animar a los artistas-un Rubens o un Callot- a subrayar este dominio. Cuando Olivares cayó del poder en 1643, Felipe'IV~~­
{ los horrores de la guerra y, en contraste, las bendiciones de la paz 16, ció qtie en el n.turo iba a gobernar por sí mismo~~· Aunque nunca~~ori­
...,
no parece que tuviera mucha repercusión en la conducta real de los siguió hacerlo, don LuiS· de Haro, que negoció la Paz de los Pirineo~:S:on
{ estados de finales de siglo, los cuales mostraron estar tan dispuestos el cardenal Mélzarino, no llegó a alcanzar' tanto poder coniÓ"su ·tío! el
{ como sus predecesores a inicios del mismo a tomar las armas en la conde-duque. En 1661, a la muerte de Ma7.arino, el joven Luis XIV sor-
{ persecución de ambiciones territoriales y dinásticas. Pero sí pudo prendió al mundo al rechazar poner en su lugar, como se esperaba, a
haber ayudado a la aparición de uno de los hechos políticos funda- Nicolas Fouquet y a~umciar que también él procurada en el fu.tura go-
{ mentales de la Europa de finales del siglo xvn: la tendencia creciente bernar por sí mismo 19. Cuatro años después, a la muerte del príncipe
( del estado a hacerse con el monopolio de la fuerza. Ferdinand Portia, el emperador Leopoldo 1 hizo un anuncio parecido.
{ Le roi seul a droit de glaive («Sólo el rey tiene derecho de espada»). La época del ministro-privado estaba oficialmente clausurada20•
Éste iba a convertirse en un tema central de la segunda mitad del siglo,
( conforme los monarcas intentaban domeñar aquellos elementos en
( sus estados que poseían el potencial de desencadenar las fuerzas de la 17 Para los validos del siglo xvn, véansej. H. Elliotty L. W. B. Brockliss (eds.), TM
anarquía, y al mismo tiempo obtener un control personal más estrecho WorlduftlleFavort."le, NC'w Ha\'en (Connecticut) y Londres, Yale UniversityPress, 1999
( sobre sus ejércitos, esas grandes maquinarias militares que, como (El mundo <lit lo.r validos, trad. Jesús Alborés y Eva Rodríguez Halffte1·, Madrid •. Ta\lrus,
1999], yJ. H. Elliott, Ridielieri and OlivaTf..f, Cambridge, Cambridge University Press,
~ muestra la carrera de Albrecht von Wallenstein, se habían hecho dé- ·1984 [Riclielieuy ,//iuarrs, trad. Rafael Sánchez Mantero, Barcelona, Crítica; 1984).
( masiaclo formidables para ser d~jadas en manos de condotieros. En Véanse también más ardba pp. 109-J 11 y 115-117.
sus intentos por afinnar su monopolio de la fuerza, los príncipes de IR J. H. Elliot , Tlie C.ount·Dtúte o/ Olivam: Tlie Staiesmnn foª" Age ofpecüne, New

~ ' l"J'
Haven (Connectkut) y Londres, Vale University Press, 1986, p. 651 [El comle-duque de
Olivares. El político m m11t época de decmlrnr.ia, tra¡I. Teófilo de Lozo)'a, Barcelona, Críti-
{ ¡
1 ....
Cíl, 1990, p. 629). . 1
1
" Véase Hehnm G. Koenigsberger, ,;fhc Crisis of the Sevcnteenth Centuiy: . • 19 Para el caso Ifour¡uet, véase Marc Fumaroli, u Pocte el le Roi.Jenn de la Fontaint

l A Farewcll?", en su l'olitir.inn.f atid Virtuosi: Es.fn:vs in Early Modem History, Londres, ::.! ·. en son siede, París, Éclitions de Fallois, J997, cap. 4.
0
·
Hamhledon Prcss, 1986, p. 165. d ~ .: :·:·~' 20 Para el denrrollo de los acol1te cimientos en el imperio, véasejean Bérenger,
{ 15
Sobre el tema de la estabilidad en Europa a finales d~I siglo xvu, vém1e Theodd- ..... aThe Demise of the Minii;rcr-Favo.ürite, ora Political .Moclcl at Ousk: the Austrian
( re K. Rabb, T/ie Strtt¡{glf. for Stnbility in Enrly Modern Europe, Oxford y Nueva Yo·r~:;. ·: 'J Ca.'>c•, en Elliott }' Brockliss (eds.), TI~ World oftlieFavou.rite ["La supresión del minis-
Oxford University Pres.'I, 1975. · · r:. -~~... tro-favorito, o el cn:púsrnlo de un mo~elo político: el caso ausuiaco•, en El mundo de
16 Véase ibid., pp. 12~125. Véa.'I~ mi'lS ah;tio, lig. 17. ..:.•a "•"~•
(\ losvalidos),cap. lfi ;.

(
1~0 14'

(
}
)
~~~ l
:_
)
[:;pAÑA_ EUROPA YEl. MUNDO OE ULTRAMAR J1 EUROPA UESl'UÉS IJE l.A PAZ m: WY.s'l'f'Al.IA }
:-f ideal preeminente y cubiió con un barniz de civilidad las luchas por el l

poder y el juego de ÍJitereses qtt'e caracterizaban la vida dentro y máS )
allí de la corte. Éste era el mündo eil el que el Orácitlode Bahasar Gra-
}
cián, publicado por prin1era vez en 1653, se convirtió en uri manual
necesario, un botiquín de supervivencia para el cortesano en las artes }
esencialmente cortesanas de la disimulación y el engaño22 • )
Pero las cortes, pese a que proporcionaban evidentes oportunida-
des a los monarcas para imponerse sobre sus noblezas, deben ser )
vistas más bien como espacios donde los intereses de la corona y las )
aristocracias se entrecruzaban en beneficio mutuo 23 • Incluso los lla-
mados estados ccabsolutistas» de finales del siglo XVII, empezando por }
la misma Francia de Luis XIV, dependían de una relación estrecha )
entre el rey y las élites dirigentes tradicionales, una relación que fue
)
reordenada y revitalizada tras las conmociones políticas de los años
centrales del siglo. Corona y noblezas siguieron siendo mutuamen- )
te dependientes, pero el equilibrio entre ellas variaba inevitable- )
mente de un estado a otro, reflejando tradiciones nacionales y el
éxito de cada uno de los monarcas en combinar sus funciones como )
administradores, dirigentes ceremoniales y dispensadores de patro- }
nazgo. Entre los dirigentes de finales del siglo XVII, Luis XIV mostró
Figura 3.J~ l\autista Maíno, La recuperaci6n de Bahía de Todos los Santos. ser particulam1ente hábil en combinar estas tres funciones, del mismo }
modo que había mostrado serlo también en utilizar a los artistas y a )
Esto tuvo consecuencias importantes; no sólo para el mundo de la los hombres de le eras para proyectar su imagen real 2"'.
pQU'tica, sino también para el del arte. Richelieu, Mazarino, el mismo