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CUANDO ES UN DELITO DE DIFAMACION

Siempre hay un frágil equilibrio entre la libertad de expresión de


una persona y el derecho de otra a proteger su reputación. Con
frecuencia, es difícil saber qué comentarios personales son
apropiados y cuáles entran en conflicto con la ley de difamación.

El término "difamación" es un término general que abarca toda


declaración que dañe la reputación de una persona. Si la
declaración se realiza por escrito y se publica, la difamación se
denomina "libelo". Si la declaración dañina es oral, se trata de una
"difamación verbal". El gobierno no puede encarcelar a alguien por
realizar una declaración difamatoria ya que no constituye un
delito. En cambio, la difamación se considera un ilícito civil o
agravio. Una persona que ha sufrido una declaración difamatoria
puede demandar a la persona que hizo la declaración conforme a
la ley de difamación.

Desde que entró en vigor en los Estados Unidos, la ley de


difamación ha transitado una delgada línea entre la libertad de
expresión y el derecho de una persona a evitar la difamación. Por
un lado, las personas deben tener la libertad de hablar de sus
experiencias con sinceridad y sin miedo a ser demandados en
caso de decir algo infame, pero real, de otra persona. Por otro
lado, las personas tienen derecho a que no se hagan declaraciones
falsas que dañen su reputación. El diálogo es fundamental en una
sociedad libre y cuanto más abierto y honesto es el diálogo, mejor
para la sociedad.

Elementos de una demanda por difamación

La ley de difamación cambia de un estado a otro, pero existen


ciertas normas aceptadas que hacen que las leyes sean similares
independientemente del lugar. Si cree que ha sido víctima de una
declaración difamatoria, ya sea una difamación verbal o libelo,
necesitará entablar una demanda para obtener un resarcimiento.
En líneas generales, para lograr un resultado favorable en la
demanda, debe demostrar que:
1. alguien hizo una declaración;
2. esa declaración fue hecha pública;
3. la declaración provocó un daño;
4. la declaración era falsa; y
5. la declaración no correspondía a ninguna categoría
privilegiada.

Para comprender mejor lo que necesita hacer para ganar una


demanda por difamación, analizaremos cada elemento con mayor
detenimiento.

La declaración: Una "declaración" debe ser oral, escrita o estar


expresada de alguna manera. Las palabras al aire se olvidan
rápido, por lo que la difamación verbal suele considerarse menos
dañina que el libelo.

Publicación: Para que la declaración se considere publicada, un


tercero debe haber visto, oído o leído la declaración difamatoria.
Un tercero es cualquier persona que no sea aquella que realiza la
declaración ni el sujeto de la declaración. A diferencia del
significado tradicional de la palabra "publicado", una declaración
difamatoria no necesita estar impresa en un libro. En cambio, si la
declaración se oye por televisión o se ve garabateada en la puerta
de una persona, se considera publicada.

Daño: Para obtener lograr un resultado favorable en una demanda


por difamación, debe demostrarse que la declaración causó un
daño al sujeto en cuestión. Esto significa que la declaración debe
haber dañado la reputación del sujeto en cuestión. Por ejemplo,
una declaración ha provocado un daño si el sujeto de la
declaración perdió su trabajo como consecuencia de ella.

Falsedad: La ley de difamación considera que las declaraciones


solo son difamatorias si son realmente falsas. Una declaración
verídica, sin importar lo dañina, no se considera difamación.
Asimismo, debido a su naturaleza, las declaraciones de opinión no
se consideran falsas porque son subjetivas del orador.

No privilegiada: Por último, para que una declaración sea


difamatoria, no debe ser privilegiada. Los legisladores han
decidido que no se puede demandar por difamación en ciertas
instancias en las que una declaración se considera privilegiada.
Por ejemplo, cuando un testigo da testimonio en un juicio y realiza
una declaración que es tanto falsa como perjudicial, el testigo
será inmune a una demanda por difamación porque el acto de dar
testimonio en un juicio es privilegiado.

Si una declaración es o no privilegiada es una decisión que recae


sobre los legisladores. Los legisladores deben contrastar la
necesidad de impedir una difamación con la necesidad de que la
persona que declara tenga libertad de decir lo que desea.

Los testigos en un juicio son un excelente ejemplo. Cuando un


testigo declara, nosotros, como sociedad, queremos garantizar
que dé un relato completo de todo lo sucedido, sin dejar nada de
lado por miedo a decir algo difamatorio. Del mismo modo, los
legisladores mismos están exentos de las demandas por
difamación que deriven de declaraciones hechas en una cámara
legislativa o en materiales oficiales.

Redes sociales y difamación

Con el crecimiento de las redes sociales, nunca fue tan fácil


realizar una declaración difamatoria. Esto se debe a que los
servicios de redes sociales como Twitter y Facebook permiten
"publicar" instantáneamente una declaración que llegue a miles de
personas. Ya se trate de una publicación desdeñosa en un blog,
una actualización de estado de Facebook o un video de YouTube, la
difamación en línea recibe el mismo tratamiento que las formas
más tradicionales. Esto significa que puede recibir una demanda
por cualquier declaración difamatoria que publique en línea.

Cargas mayores por difamación: funcionarios y figuras públicas

Nuestro gobierno da una prioridad alta a que el público pueda dar


su opinión acerca de los funcionarios electos, además de otras
figuras públicas. Las personas bajo la atención pública cuentan
con menos protección contra las declaraciones difamatorias y
enfrentan una carga mayor cuando intentan ganar una demanda
por difamación.
Cuando un funcionario recibe críticas falsas e injuriosas por algo
relacionado con su comportamiento en el cargo, debe demostrar
todos los elementos vinculados con una difamación normal y,
además, demostrar que la declaración fue hecha con "dolo
directo".

El "dolo directo" se definió en un caso de la Corte Suprema cuyo


fallo se dictó en 1964, Hustler contra Falwell. En este caso, el
tribunal sostuvo que ciertas declaraciones que habrían sido
difamatorias estaban amparadas por la primera enmienda de la
Constitución de los Estados Unidos. El tribunal consideró que la
sociedad de los Estados Unidos tenía un "compromiso nacional
profundo con el principio de que el debate sobre cuestiones
públicas debe ser desinhibido, sólido y abierto".

De este modo, de acuerdo con la Corte, los funcionarios públicos


solo podían obtener un veredicto favorable en una demanda por
difamación si la declaración no era resultado de un error
involuntario, sino publicada con la verdadera intención de dañar a
la figura pública. Según la Corte, el dolo directo ocurre únicamente
cuando la persona que realiza la declaración sabe que no es cierta
en el momento en que la hace o incurre en una inobservancia
negligente respecto de si es verdad o no.

Para otras personas públicas, sin ser funcionarios públicos, las


leyes de difamación también son diferentes. Estas personas, tales
como celebridades y estrellas de cine, también deben demostrar,
en la mayoría de las situaciones, que las declaraciones
difamatorias se efectuaron con dolo directo.

La libertad de expresión tiene menos relevancia cuando una


declaración se efectúa sobre una persona privada porque
probablemente no se trate de una cuestión de importancia pública.
Como se menciona antes, una persona privada no tiene necesidad
de demostrar que la persona que hizo la declaración lo hizo con
dolo directo para lograr un resultado favorable en una demanda
por difamación.

CAUNDO ES UN DELITO DE VIOLACION A DOMICILIO


Violación de domicilio
El art. 150 del Código Penal establece los siguiente: “Será reprimido con
prisión de seis meses a dos años, si no resultare otro delito más severamente penado,
el que entrare en morada o casa de negocio ajena, en sus dependencias o en el recinto
habitado por otro, contra la voluntad expresa o presunta de quien tenga derecho de
excluirlo

Bien jurídico

El artículo 150 del Código Penal se encuentra sistemáticamente ubicado en el


Capítulo 2, del Título 5, del Libro segundo del Código Penal. Se trata de un delito que
tiende a lesionar el bien jurídico libertad; concretamente, la realización de la conducta
descripta por el tipo ataca la libertad de autodeterminación del ser humano que, en
nuestro ámbito, goza del derecho constitucionalmente reconocido de poder decidir
quién ingresa y quién no a su principal espacio de intimidad, su domicilio.
En esta línea, Jorge Buompadre, citando a Núñez, Soler, Fontán Balestra y Laje Anaya,
entre otros, menciona que la opinión de la doctrina es uniforme en señalar que “el bien
jurídico protegido en el delito de violación de domicilio es el ámbito material de intimidad
personal, que se proyecta como una manifestación fundamental de la libertad del
hombre”1

Donna, por su parte, indica que este tipo penal tiende a proteger la libertad, en
el sentido de poder elegir quienes pueden ingresar en el domicilio propio, y acierta al
señalar que la violación de domicilio no constituye un delito contra la propiedad, pues
la ley no protege la porción de espacio ni la construcción material que constituyen un
domicilio, sino la libertad del titular del derecho de exclusión. A su vez, este autor
resalta que la figura prevista y penada por el art. 150 del CP, además de la libertad
como bien jurídico protegido, tutela el derecho a la intimidad del ser humano2.

Molinario, también considera que el delito sobre el que estamos trabajando


importa fundamentalmente un atentado a la libertad de las personas. Sostiene que “É l
implica, esencialmente, el desconocimiento del legítimo derecho que todos en los
países civilizados de nuestros días se reconoce a todo individuo de hacer del sitio en el

1Buompadre, Jorge E., Derecho Penal. Parte especial, Mave, Bs.As., 2000, t. I, p. 596/597.
2Donna, Edgardo A., Derecho Penal. Parte especial, Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2001, t. II-A, p. 291/292.
que habita, sea éste una mísera choza o un soberbio palacio, una verdadera fortaleza en
la cual, como lo dice una célebre frase, el viento y la lluvia pueden entrar sin el
consentimiento de su dueño, pero el rey no ”3.
En definitiva, podemos sostener que el delito de violación de domicilio importa
una lesión a la libertad de autodeterminación de aquel que resulta titular del derecho de
exclusión con relación al domicilio y, al mismo tiempo, una lesión a su derecho a la
intimidad, que reconoce la facultad del ser humano de resguardar su vida personal, en
la medida de lo deseado, del conocimiento de los demás, sean personas o estados.

Tipo objetivo

Acción típica
La acción típica consiste en entrar en un domicilio ajeno contra la voluntad
expresa o presunta de quien resulte titular del derecho de exclusión con relación a ese
domicilio.
Entrar significa pasar desde afuera hacia el interior de la morada, de la casa de
negocios, de sus dependencias o del recinto habitado por otro.
Tomando en consideración que el tipo penal en estudio nada dice sobre el
modo en que debe concretarse el ingreso para que el mismo resulte típico, señalando
únicamente que éste debe producirse contra la voluntad expresa o presunta del titular
del derecho de exclusión, la doctrina

QUE ES EL DERECHO A LA INTIMIDAD DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL TRIBUNAL


CONSTITUCIONAL

El derecho a la intimidad consiste en la defensa de la persona en su totalidad a través de un


muro que prohíbe publicar o dar a conocer datos sobre temas como la religión, la política o la

3Molinario, Alfredo J., Los delitos, act. por Eduardo Aguirre Obarrio, Tea, Buenos Aires, 1996, t. II, p. 93
vida íntima. Todo el ser humano tiene derecho absoluto a mantener su vida privada y bajo
ningún concepto, esto no puede ser revelado ni siquiera a una persona muy cercana, ni al
tutor legal, en caso de que sea menor de edad.[cita requerida]
En ese marco, debe entenderse que el derecho a la inviolabilidad de correspondencia
únicamente al ámbito de la correspondencia escrita (es decir, la carta postal), sino que
también se extiende a cualquier medio o sistema de comunicación privada de las personas,
dado que con el desarrollo y avance de la tecnología, actualmente se cuenta con múltiples
formas y sistemas de comunicación privada como son la telefonía fija, telefonía móvil y el
correo electrónico.
La intimidad es la parte de la vida de una persona que no ha de ser observada desde el
exterior, y afecta sólo a la propia persona. Se incluye dentro del “ámbito privado” de un
individuo cualquier información que se refiera a sus datos personales, relaciones, salud,
correo, comunicaciones electrónicas privadas, etc.
El derecho que poseen las personas de poder excluir a las demás personas del conocimiento
de su vida privada, es decir, de sus sentimientos y comportamientos. Una persona tiene el
derecho a controlar cuándo y quién accede a diferentes aspectos de su vida particular.
De manera general, la privacidad puede ser definida como aquel ámbito de la vida personal de
un individuo, que (según su voluntad) se desarrolla en un espacio reservado y debe
mantenerse con carácter confidencial. Por otro lado, y según el Diccionario de la lengua
española de la Real Academia Española, la «privacidad» se define como el «ámbito de la vida
privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión» e «intimidad» se define
como «zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de
una familia».
En este sentido, el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos,1
adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece que el derecho a la vida
privada es un derecho humano, y que:
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, ni su familia, ni cualquier
entidad, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección
de la ley contra tales injerencias o ataques.
Asimismo, el artículo 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, adoptado por
la Asamblea General de las Naciones Unidas, consagra, al respecto, lo siguiente:
1. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su
domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación; 2. Toda
persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o esos ataques.
En el ámbito regional, el artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos o
Pacto de San José de Costa Rica, establece una norma de protección de la honra y dignidad,
al señalar:
1. Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad; 2.
Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su
familia, en su domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o
reputación; 3. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o
esos ataques...