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LA NEUROCIENCIA EN LA ESPIRITUALIDAD

Existen estructuras en el cerebro, que al ser estimuladas, pueden generar en nuestra


mente experiencias místicas. Este es un dato que conocemos desde hace tiempo y que
tiene mucho que ver con los estadios alterados de consciencia y con algunas alteraciones
del lóbulo temporal, el hipocampo o la amígdala. En ocasiones, basta con estimular
eléctricamente estas zonas para tener visiones, para experimentar determinadas
sensaciones y experiencias similares a las que pueden sentirse al tomar LSD.

“El viaje espiritual es individual, personal. No puede ser organizado o regulado. No es


cierto que todos deban seguir un camino. Escucha tu propia verdad”-Ram Dass-

Ahora bien, en el interesante libro del fisiólogo Francisco Mora, “Neurocultura, una
cultura basada en el cerebro” nos explica algo que sin duda va un poco más allá. Según él
la espiritualidad está muy ligada a la cultura, a nuestro acercamiento hacia lo que un tipo
de práctica, de principios filosóficos y religiosos pueda ofrecernos para conocernos mejor,
para ejercer un cambio, para adquirir una serie de conocimientos más trascendentales y
enriquecedores en un momento dado de nuestra vida.

La espiritualidad y su práctica tiene mucho que ver con nuestra curiosidad natural, con
nuestra motivación, con la necesidad de canalizar emociones como el miedo, la ansiedad,
la sensación de soledad, el estrés y, por qué no, el vacío existencial. El ser humano busca
no solo bienestar interno, calma mental y sanación emocional, sino también significados a
un mundo que por lo general tiene más preguntas que respuestas.

La neurociencia, claro está, no acepta la existencia de entidades sobrenaturales. Busca


ante todo entender nuestras motivaciones para practicar actividades que producen calma
y bienestar, como es el yoga o la meditación. Actividades que liberan dopamina en
nuestro organismo, aumentan la conectividad de la corteza prefrontal o potencian
nuestra plasticidad cerebral.

Las “tecnologías espirituales”, como así las llaman los expertos, están en auge. Se está
abriendo por tanto un camino muy interesante entre lo científico y lo espiritual para
entender sus beneficios, para comprender esos procesos internos que sin duda van más
allá de cualquier doctrina o religión.

Lo que se pretende con esta idea de la espiritualidad o de lo existencial, como lo define


Howard Gardner, es alcanzar un sentido de la propia identidad más profundo. El objetivo
no es otro que el de iniciar un viaje de auto-descubrimientos en busca de la felicidad, de
la plenitud personal.