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Universidad Abierta Para Adultos

UAPA

Educación para la Paz y Formación Ciudadana

Tarea VII

Participante: Ana Rosio Santiago Hidalgo

Matricula: 15-8737

Facilitador: Aimee Reyes

Fecha de Entrega: 4 de Diciembre del 2018


Indicación y espacio para enviar la tarea VII
A seguida de investigar en la web en relación a la formación ciudadana
en la República Dominicana, se sugiere hacer lo siguiente:
1. Presenta un análisis crítico sobre los aspectos planteados.
Incluye sugerencias para mejorar la educación ciudadana.

Sin lugar a dudas, La Educación Ciudadana ocupa un rol fundamental en


aquellas sociedades en las que se goza de libertades civiles, sociales, políticas
y económicas. En éstas, los ciudadanos son sujetos “fruto” de la democracia y
asimismo “para” la democracia por lo que es preciso aprender a vivir en ella.
Asímismo, el importante déficit en la participación política y la deserción de los
compromisos sociales colectivos, justifican el imperativo ético de la Educación
Ciudadana como una necesidad básica para el sostenimiento y fortalecimiento
de la democracia.
En tanto vivimos en una sociedad, si existe un rol que compartimos todos
los seres humanos es el de “ciudadanos y ciudadanas”. Éste no sólo es común
a todas las personas, sino que es connatural a su esencia: somos seres “para”
el encuentro, que nos completamos en la vinculación con los demás, y con
esse ser comunitario que conocemos como “sociedad”. Rol indelegable que se
materializa en la conciencia de cada cual, y que necesariamente nos
acompaña mientras tengamos vida. Rol que implica una responsabilidad
fundamental de cara tanto al proyecto personal, como al proyecto comunitario,
en los que se teje la democracia como un estilo de vida.
El ciudadano de la democracia no nace sabiendo cómo debe desempeñar
su rol. Tampoco le es fácil aprenderlo de su entorno, dada la ambigüedad que
caracteriza el discurso y la práctica de sus referentes políticos y sociales. La
sociedad demanda que participe y se responsabilice de los asuntos
comunitarios, pero éste desconoce qué hacer y cómo debe participar.
Aprendemos a ser ciudadanos y ciudadanas de forma gradual, en la práctica.
La ciudadanía se vive y aprende desde el seno de la familia, en la interacción
continua entre padres y hermanos. Se desarrolla y practica en la escuela,
mediante los procesos de socialización, participación reflexión, y resolución de
conflictos. Y se fortalece y ejerce en el ámbito de la sociedad, donde encuentra
su máxima realización. Familia, escuela y sociedad, por tanto, están llamadas
a ser grandes maestras en el ámbito de ciudadanía.
2. Analiza la situación social y democracia que se vive en América
Latina y El Caribe. Mediante un croquis, presenta los países que viven
en democracia en América Latina.

En los últimos treinta años América Latina ha experimentado la transición y la


consolidación democrática. Se han producido grandes avances para garantizar
el derecho universal al voto, elecciones libres y transparentes y el acceso y la
permanencia en el poder de los cargos elegidos; sin embargo, estos elementos
no son suficientes para garantizar la solidez de los regímenes democráticos.
Los acontecimientos recientes de Honduras son emblemáticos del riesgo de un
retroceso autoritario y cómo éste puede materializarse de manera repentina.

La democracia en América Latina presenta elementos de debilidad


relacionados con la incapacidad del Estado de extender los derechos humanos
fundamentales a toda la población, requisito fundamental para convertir a los
habitantes de un estado en ciudadanos a todo efecto y para garantizar la
cohesión social, la participación, el sentido de pertenencia de la población
hacia el Estado y el apoyo estable de la población a esa democracia, es decir,
como elemento legitimador.

Pese a las diferencias entre todos los países de América Latina, algunas
características comunes explican la debilidad democrática; la desigualdad es la
más relevante, pues los mayores niveles de concentración de la riqueza
mundial se encuentran en esa región. Las implicaciones son muy relevantes,
pues la desigualdad que caracteriza a los países latinoamericanos se relaciona
con la subsistencia de bolsas de pobreza e indigencia que chocan con los
valores medios de riqueza de los países, siendo la mayoría de ellos de renta
media y, en algunos casos, alta.

Se trata de una pobreza y de una desigualdad multidimensionales, que a la


escasez económica agregan la falta de acceso a las necesidades y a los
servicios básicos, la falta de oportunidad, la exclusión social y la discriminación.
La discriminación social afecta a una pluralidad de grupos sociales (pobres,
indígenas, campesinos, mujeres), creando así una masa enorme de excluidos.

La desigualdad afecta también, de manera directa, a las dinámicas políticas y


la posibilidad de acceso al poder por la población. De hecho, la concentración
de la riqueza y del poder implica el uso de instrumentos que permiten a los
grupos privilegiados reproducir el statu quo. Esos instrumentos están
representados principalmente por la violencia y la corrupción, fenómenos que
alcanzan niveles elevadísimos en la región.

La inseguridad social es una de las mayores preocupaciones de la población


latinoamericana, que además desconfía de la capacidad del Estado de
desempeñar su función clave de protección.

Por otro lado, la corrupción debilita la cohesión social y reduce la posibilidad de


construir un pacto social sólido entre la población. La desigualdad, a través de
múltiples canales, impide la creación y consolidación de una base social
bastante amplia capaz de sustentar el desarrollo de democracias sólidas y
efectivas.

En las siguientes líneas, se tratarán algunos de estos temas, pues el objetivo


de este artículo es evidenciar como, sin una acción decidida sobre las
desigualdades, la democracia en América Latina tiene un destino muy incierto.

3. Resuma en qué consiste la Ordenanza 3-99.


Gracias a la Ordenanza 3-99, la Educación Cívica en la República
Dominicana tomó un nuevo rumbo. Mediante ella, en 1999 la Secretaría de
Estado de Educación incluyó la asignatura Educación Moral y Cívica como
parte del currículo oficial para todos los grados (1ero-12mo) de las escuelas
públicas y privadas de nuestro país. Esto implicó un importante paso de
avance. Durante las cuatro décadas anteriores la Educación Cívica quedó a
merced de la formación del hogar, o bien de las escuelas que la asumían como
parte de su currículo particular. Los intentos de incluir la Educación Ciudadana
como un Eje Transversal a partir de la Transformación Curricular del Plan
Decenal (1992) no fue asumida del todo por los docentes.
Cuarenta años sin Educación Cívica nos marcaron de manera radical.
¿Cómo podrá un docente enseñar a sus discípulos el arte y las destrezas para
ser un “ciudadano responsable” si no fue formado para tal? De ahí que
lamentablemente nuestro pueblo aún está en una fase inicial de alfabetización
moral y social en materia de ciudadanía.
En nuestro país urge el aumento de nuestro “capital cívico”. Este capital
está compuesto por las virtudes cívicas, los conocimientos las actitudes y las
competencias de los ciudadanos y las ciudadanas. Y es la escuela la que
constituye el lugar idóneo para el desarrollo de este capital, tanto a través del
ámbito curricular como del institucional. La vida del centro educativo, como un
grupo que comparte normas y valores, es la que genera una genuina
Educación Cívica. Para el logro de las competencias ciudadanas es necesario
desarrollar prácticas innovadoras en los gobiernos estudiantiles, así como
aprender a vivir en un mundo compartido con otros. Es impensable formar en
ciudadanía sin asumir como escenario la interacción natural entre los miembros
de una comunidad. La escuela es, por tanto, un nido de cultura democrática y
el contexto ideal para la formación ciudadana.