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José María Cayetano Orozco

SERMÓN
SORE LA

CONCEPCIÓN
INMACULADA
DE MARÍA
1851
T fW ÍW m W W ÍW W V ^

QBE EN LA SOLEMNE FESTIVIDAD

G O N c is m o K m m m u M

DIJO EN L i IGLESIA. DE SAH ÍELIPE NERI

é & 'W & A


M> 8 de djcie* ere pb 1850, 1
<K
El Dr-D. José María Cayetanó’Orozeo, Ca­
ra de Analco, subarb^ de Guadalajara;

T ip ó g r a fo d e R o d rig u e ;,

1851.
AíL^iL^AAAAAAAAAAAAAAAA^AAAn
ILUSTRISfflO SEÑOR.
a f il a n Nepomuceno Suares Presbítero
de la Venerable Congregación de nuestro
Padre S. Felipe Neri, ante U. S, Illm a,
con el mas profundo respeto comparez­
co y digo: Que habiendo visto el em­
peño que m ultitud de personas han m a­
nifestado, para que se im prim a el Sermón
que en la m uy solemne festividad celebra­
da en la Iglesia de este Oratorio, dijo en
elogio de la Concepción Inmaculada de
la Santísima Virgen, el Sr. Cura de
Analco Dr, D , José Maria Cayetano
Orozco, y deseando cooperaren cuanto es­
té á m is alcances al fomento de la devo­
ción de la Purísima Virgen en aguel sw-
blime y consolador misterio; á V. S. / .
suplico encarecidamente se sirva conce­
derme su superior licencia para su pu ­
blicación.
jH Dios Nuestro Señor guarde á^U. S. / .
gjf muchos años.— Oratorio de nuestro S to .
9 Padre Felipe N eri.— Gaadalajara Di-
Sf ciembre 24 de 1850.

Juan Nepomuceno
Suares.

■Guadalajara Diciembre 26 de 1850.


Pase á la censura del S r . Magistral
D r. D. Juan N. Camacho. E l Illmo.
Sr. Obispo de esta Diócesis así lo decretó
y firmó.
El Obispo.

Dr. Francisco de P. Verea.


5rií).

He leído detenidamente el Sermón que


V. S. I. se sirvió pasar á m i censura,
predicado por el S r. Cura de Analco Dr.
D. José María Cayetano Orozco en la so­
lemne función que en gloria de la In­
maculada Concepción de María se cele­
bró en la Iglesia de 5 . Felipe: esta pieza
Oratoria aumenta el honor y bien me~
retida opinion del Orador; no hay en
ella [cosa opuesta á la doctrina católica,
y juzgo que puede U. S. I. conceder la
licencia que se solicita para su impre­
sión. Esta es m i opinion que sujeto ren­
didamente al siempre acertado juicio de
U. S . L
Guadalajara, Diciembre 30 de 18S0.
Juan N. Caraacho.

Guadalajara Diciembre 31 de 1850.


Imprímase: debiendo cotejarse el p r i­
m er ejem plar por el S r. aprobante, cuya
censura y el presente decreto se pondrá
en la prim era foja, mandándose dos
ejemplares á nuestra Secretaría para el
archivo, E l Illm o. Sr. Obispo de esta
Diócesis asi lo decretó y firmó.

El Obispo.
" D r. Francisco de P . Verea
Srío.
P. .0 M
ABSQUE REGUM IMPERIO,
quA n i b i i m a j o r , m e l io r y k t e r r is

POTBOTA®;!
ÍTAIIS PROCERUM GALLIAE FACTO

■vyaDiLEESíiipnti?Eiis> ssaDiyEss'iriitiHipyiBs
CAESAREA DT SAGERDOTALIAQ.UE IDRA

s a i© Q © ffiüssiaA ¡H tr,>
B í i m POBKTSA:
PACE AMICABILI, ET OPTIMA
SINU FIUOS UT FOYEAT, ET EíEGAT,
PBOPRIIS, ET EXTERÍS COGNXTA,
AEQUE CATHOLICA s a p ie n t ia p e is c a :

AETERNA FILUS URBE SUPERBIENTIBUS EXULI,


SCELEST1UM YERT1G1NE IIÍFANDO.

FLEBILI ITALIA SAJVGUINE HUMECTA,

S W S B O K P ü STO&ASTCKB»

DEFXNIENDAHI SATAGENTI
LONGANIMITAS, SERENITAS

GENTES PLAUDITE PRAESULEM REGEM,

TERRA, MARI QUE ORATOR DISIUNCTUS,


9ÍTuJIPIBIP£iCGÍfn©EIl]S fflW ¿HKDXQ8 E kDEJÜÍEO
FIDUCIALITER DICAT.
n i i

3»t -7—
38t

3© Pttslqiiam oiv-nia pcrfecta sunl,


Sít o p e ru it n u b e s tab e ru a cu tu m
testim o m i el g lo ria lloinim im -
p lev il illud. E in il. 4 0. 31.
c t 32.

ÜSfcn nada se complaciera mas el Monar­


ca destronado del Edén; en ninguna par­
te con empeñoso afan pusiera sus ávidos
ojos, cuando el Querubín con espada de
fuego le cerraba la entrada de aquel de­
leitable lugar, teatro de su grandeza y de
su inmensa ventura; en ninguno de los
mas embelesantes objetos de la 'vasta su­
perficie de la tierra pudiera fijarse para
descansar de tantas angustias acaecidas al
perder su dicha, como en la recuperación
de los bienes disipados. ¡Desventurado!
conjunto de gloria y de ignom inia, liabia
sido formado con artificio inimitable ,
había obtenido, sin solicitarlo, un hálito
supremo de la Divinidad misma, q u e tra s-
formára el barro do su origen en la sus-

m m m im é
£ 'tt'T ^ ? ^ 1 4T f l^1,^15? ^ # t f ,t ^ t ^ 1 4t f J^'£,:
“»■*“
B^°
oj-ga f>
' —O—
-#ít'J
|{° ta n d a inm ortal de su destino: infausto
3 J compuesto de lo mas sublime y de lo mas
üffí vil. oyó con ardoroso anhelo de llevar á
cabo el proyecto grandioso de ser otro
;ff“ Dios, autor de los bienes, perm itidor aun
^ de la negación horrible de toda ventura; y
ansiando elevarse mas ellá de los astros
of-gu
°H° cuya lum bre no alcanza á la tierra, vino á
¡ff; convertirse en unos pobres restos, de los
S que el aspecto prim ero es el espanto y su
térm ino la disolución; es decir, en un
asqueroso y podrido cadáver ,
o||c Si, pretendió arrogante, escuchando la
«H? voz encantadora de una m uger, que era el
S hábil embajador de la serpiente cerca del
hom bre, em puñar el cetro de la magestad
suprem a y sólo le fué concedido u n ruin
f f i instrumento para cultivar el suelo, que
con duro y penoso trabajo le produciría
nomas espinas agudas y abrojos estériles,
Z t despues de verter un manantial continuo
de sudores y de llantos.
*¡H¡° J
I! Én ese dia de profundos pero lúgubres
recuerdos, viendose el hom bre obedecido
de las fieras del bosque, que hum ilde­
m ente se le prosternaban, tributándole
vasallaje; escuchado de los peces del ;$>,
océano, que prontos y dóciles quedaban '¡ ||
cautivos bajo de su imperio; asistido de _ j||
las aves del cielo, que volaban á su derre-
dor cantándole armónicos himnos pitra ^
endulzar los dias apetecibles dé su exis-
tencia; viéndose el hom bre colmado de jp
-tantos dones, se alucinó hasta el rénioti- m
simo estremo de creerse dueño sobferano, jff
■é infatuado pronunció la sentencia de su %
propia ruina cuando dijo: Subiré hasta Sf
el monte del testamento, pondré mi trono %
en las alturas del aquilón y seré seméjantc W
. al Altísimo. Mas luego viendose, se en- J ||
contro desnudo. . . . . '
Todos fuimos ahsorvidos por aquel to r- * ||
rente de males, abortados al exceso de la ||
soberbia allanera, que desbordándose só- H?
bre el universo, cubrió aun las montanas |¡ |
altísimas que parecen con sus cumbres
sostener el cielo, Este fuá el prim er di- tlÉ
luhio mas universal todavía que aquél |¡ f
posterior, que pudo eceptuar á Noe y a ||
sus hijos. Todos naufragamos alli ni is-
m o.donde naufragó, el prim er navegante: ¿ag
no pudimos vadear el abismo sin sonda v
2
'i i y t "í >'6 d'.'í: ik\ ' ^Y~>' ^ví-cN'^C'
..........................í <y\e*,w '^ y ^ - - ^ - y*t- c--^,-^ 3--'*
.................................... .., »,
ü tt'
•í í\ I n.
---IU-- (r'^‘
á s el mismo insuperable escollo que destrozó á p
íft) su nave, despedazó la nuestra. ! (||j
^ . Solo vos, Virgen a d o ra d a ,:madre' del
^ Dios de las virtudes, sol o .vos fuisteis-libre ^
^ de este naufragio, juifcro las excelzas ^
)Üi montañas que quedaron cubiertas bajo de
ían enfurecidas olas, nin g u n a, ninguna ^
í|f) pudo defender su curnbre: solo un olivo
vg|) de proceridad muchísima se exceptuó de ^
^ inundación tan ; horrenda y por entre ^
^ las encrespadas olas descollaba quieto, ^
sin esperím enlar el ím petu poderoso de
^ los torrentes, sin conmover su copa al ^
^ impulso asolador de los aquilones-y le- dy
í|f) vantíkidose ileso sobre todos los^ cataclis-
^ inos hum anos. ., ^
^ De este altísimo olivo cortó una ram a la ^
paloma para pregonar ante la sucesión¡d i- ^

f^
latada de generaciones la dulce esperanza
de la libertad. A1U donde solo hahia ca-
.(& dáveres y desolación m undanal, alli se os-
tentó la.YÍda y la, paz con toda- su robtis-
^ tez, con su lozanía toda, ; Bajo el árbol
^ mismo donde se consumó la perdición de
¡£f¡ nuestra, madre? primera,; allí se ■sáncitíñó
nuestra eterna dicha, pero- con' honor
grande, con esplendor indeficiente.
© -i .
I3w i i_ 2!
a»,;- —ii-T - m
i l ■;:.Yenid?; señores j., y,[vereisy ■contem plare- |
mos esta universal podredum bre; pero ve- ||
| | nid y: ;vereis cómo, el Omnipotente i supo
|Í aplicar \ remedio m as universal, todavia.
H I Porque, luego, que todos los decretos infir
jg|| nitos,, habían!:obteai^o ^u. .consumación,
SE- .perriutiendose lq.:caidii de ¿as generaciones ¡I
y preparándose su restablecimiento, una i!|
g á f nujje: herm osísim a>cubrió ,e l: tabernáculo1 |g
|§ de donde m anaron y,;la.gloi;iíudel Excel- jjj&:
§J.-:.zo se es|;endió.para..abrazar el tabermiciilo .
p i;- mismo del testim onio,eterno. Postquam ess
jg;- -'omtii$.$exfocia $ui\tr <: | |
gjg Maria, S eñorea fun este,feliz; tabernácu- |I
il lo del. testim onio, que. simboliza lo mas ©a
' ’■1- --' ’1
OS contrapuesto y lo mas.-airiTiqni^o. del hom - i#
ii ^ré priinitiyo: lo n\as contrapuesto, para |p
: ■señalar el medio que, coordina los eslre- "
m os: lo m as arm ónico, para, ostentar la si­
metría, por antonomasia, es decir, la.natu­
raleza divina que se aunó. con la humana*
patentizándose, asi .la gloria sin segunda.
P o r tanto, yercis en,, M aría,; qximida di-
chosapiente del pecado, de origen, el prin-
. cipio,de la obra ppr. exelencia., Postquam
omnia,¿¿Ci. ...¡., ¡:.. .
Tan arduo asunto írecesítar debe vues-
g tro llanto para verterlo al m irar la desgra-
cia total de la Jerusalen m ilitante; y tam -
g l bien vuestra alegría !para regosijaros ento­
nando el cánticojde eternal bienandanza de la
Jerusalen triunfante. Necesitamos siempre
|p j los ausilios del Hacedor supremo para ge-
^ m ir nuestra desventura y para exaltar mas
||| allá de las nubes nuestra futura dicha.
Pero para esplicar esta sublime doctrina
desde la cátedra sagrada, m enester es
también vuestras súplicas.
IPI Gran Dios, ante cuya lum bre inagotable
desaparecen las sombras del]caos, ante
§§ cuYa sabiduría se sepulta y para siempre
en los senos de la nada toda ignorancia,
Ül? despedid sobre nuestros corazones un des-
g j| tello de los bienes que te inundan po-
|1 | drémos dar cima á nuestros mas grandio-
MI sos intentos: nos abalanzaremos hácia; el
íísS , 4
||| piélago de las maravillas de tu om nipo-
MÉ diestra, venerando a Maria como la
Ilf Virgen sin mancilla desde su prim er ins-
$§1 tante, y como la m adre del Sol en cuyo
jjjE.'jflj * **
fuego se consume cuanto no sea plena-
Ü|¡ m ente santo y perfectam ente justo: para
fin tan alto saludémosla concebida sin
culpa porque fué llena de gracia. Ate*
Mari a.
En el prim er dia del prim er mes erigi­
rás el tabernáculo del testimonio: oíd, Se­
ñores, el m andato de Dios, dentro de él
has de colocar el arca cubriéndola con un
rico velo, á la entrada ía mesa y sobre ella
el candelabro de1oró con sus lám paras y los
panes de proposición: harás también el al­
tar de los perfumes donde se quem a eí in­
cienso delante del arca del testimonio: y
añadirás otro velo á la entrada del taberná­
culo; edificarás despues el altar de los
holocaustos: el atrio y su entrada circún­
dalos de cortinas de lino de jacinto y de
púrpura, y tomarás el oleo de la unción y
ungirás el tabernáculo y él altar, para
que todo consagrado sea el Santo de los
santos: acercarás á Aaron y á sus hijos á
las puertas del tabernáculo de la alianza, y
despues dfe purificados con agua lim písi­
ma y cubiertos con las vestiduras sagra­
das, ejercerán su ministerio aprovechán­
doles lá unción para el sacerdocio eterno.
Despues que Moisés hubo cumplido los
— —
mandatos del Altísimo, ¡maya. nybe pepito
r el,tabernáculo d e l testimonio yt lo. üenó .J*
1 gloria del Señor. Moisés mismo no podía,
entrar .aliauzaj por­
que la ¡nube lp ífiibiá h¡echg> ;íjqsapare:cer; y
porque la magestacf de Dios brillaba con,
; todo su espjend.or.,,. ,...., ,¡,v i
:: Obra era d e la s .m a n q s d e jo s hom bres
; tan primoroso tabernáculo; pero Juego que
este;, feegunel im perio suprem a había sido
- perfeccionado, una nube^oarrebatade-los
:r: ojos terreno^ y,solo se colúmbrala; gloria)^
' .'<>«(!'u;'J.• I';.’-1 i*¡})^!’i1¡
,; la m agestaq del .soberano artflice., Tal es el
emblema de María, en quien: comienza la
: reparación,.siendo libertad^ como la V ir-
I gen predilecta entre la. universalidad de l a s .
criaturas, de lá m ancbá de origen aunque
su generadon fuese de Joaquín y de Aria;
y siendo cubierta, con una gloria superior
a la de los S erafines,. puesto que era la de
; Dios m ismo; .cooperando ^si al esta-
; blecim iento.de los .cultos no, arónicos que,,
causman.ytifLstío, sinf>: á los Evangélicos,.
I qu.9, cp,sviayid^d,y ¡fotrí^ezEi ocuparían
- orbe; y ppr ^ tim o gropp^cÍQpam|o; que
■; llcsgfsj; Ift.épocfi siíp^rior.^ito^as las.^po­
cas, e tíq u e tíl Redenídi’ Coii esfüeriíó irre­
sistible atraería á todos ’los; objetos d c : la
¡cneaciotl sublunar y también de la supre-
- m a, hácia s í ‘mismo ^Conáo inm ensa eeu-
troi' ; ¡\ í-.Ui ...-j
Al punto que la luz esparcida por todo oí
castísimo espacio: se reunió en sus-manian-
tales siem pre fecundos para reverberar en
, el día, para ilum inar ‘d urante l a :noche;
luego qué la tierra cúajó en sus entrañas
los mas ricos metales y preciosas piedras;
i al punto que la superficie de ella se adornó
c o n :exeelzos collados* .como, .encalas; altí­
simas; por cuyos peldaños se creería su b ir
al cielo térm ino que parece nos apuntan;
iluegQ¿qine;los qpimojs: frutos, coronáronla
germinación de las. selvas virginales d e ; la
tierra primitiva; al puiito que el agua se di­
vidió en esás m asas suprem as que:retornan
tr a n s f o r m a d a s ^ raoiofc *‘fertilizantes y :en
lluvias benéficas, y también-en esas masas
ínfimas que bramaiv en lbé>mareá'' viiifiendo
entuirteoidas, á besar los pies del vser que
sepaiw ai á-sus'¡pl!ayás;.luego que é h h en a-
bre reunió to:das!:las (perfecciones disem i­
nadas; ;en tantas oriaturas para ser el árbi­
tro de ellas gobernándolas c a ía la inteli­
gencia; y al punto que en esta introdujo
el orgullo el descomunal desórden, cqnsu-
mando la: desobediencia, e n . aquel misino > 4<
momento le fué anunciado que de su .es­
tirpe uaeeria unam uger que san aria:todas
sus dolencias, que ■ repararía .todas sus
quiebras, que llenaría el m inisterio ihft-
nito ^entre'el ,honíbre díscdlo y . ¡la. ra¿on
suprem a despreciada, aplastando la cabe­
za de la serpiente.
Apenas en la m ente divina se concibe' él
m undo caido, cuando va se decreta su re-
páraciofl, para cubrir la tierra hasta mas
allá de los astros con la gloria y magestád
de aquel que lo libertara, sancionándose
en la mu ger preordinada la o b ra q u e e n v i-
diára el ángel, ansiara el patriarca, vátiei-
nára el profeta y consum ara Dios. A udi-
vi awditum tm im et tim u i; consideran
opera, tua et expavi. . •:<! : ■ :
¡Oh Adán, padre pecador de generacio­
nes am ancilladas p o rtu infausta culpa, no
gim as! ¿Qué im porta q ue con m uros de
bronce se te cierre la entrada del terrenál
paraíso? Qué im porta que una mu ger d e
— 17—■
gracias seductoras te engañe como á in­
cauto niño? Qué importa, si otra m uger es
predeterm inada por consejo divino para
abrirte las puertas eternales y enseñarte
en su regazo como fruto de su intacto
vientre la verdad hum anada y eon ella to­
do linage de dichas? Qué im porta que
una sierpe astuta te encante con sus her­
mosos ^matices, te atraiga con su voz fas­
cinadora, te cautive por el diestro m iniste­
rio de una m uger muy bella, si esta sierpe
habia de poner estériles asechanzas al cal­
cañar de otra m uger mas bella todavía, á
quien ningún hálito venenoso puede em -
ponsoñar, á quien toda la astucia recon­
centrada del averno no puede seducir, y
quien tomando álas de águila grande para
volar hacia el desierto, tendría un hijo
varón cuyo nom bre es Festina praeliari;
es decir, apresúrate á vencer y reunir ri­
cos despojos de todos tus enemigos? Qué
importa tu caida, sí tu reparación es la
obra que agota los esfuerzos de la om ni­
potencia y si aquella se anuncia como el
dia de gozos inalterables por una aurora
que de súbito brotaría el dia perfecciona-
3
do con la plenitud de Dios mismo? Y es­
ta aurora, señores, podria ser oscura?
Si aquí mismo entre nosotros que nos
hallamos bajo las bervedas de este santo
templo; si aquí viesemos una m uger que
fuese madre de un conquistador, que rei­
nase desde el m ar Egeo hasta el Eufrates,
que subyugase la Siria y la Arabia, que
hubiese puesto sitio á la famosa Babilo­
nia, asaltañdok cuando en ella florecían
el valor y la riqueza; que se hiciese con
su brazo señor de todo el continente de
Asia y de otras provincias mas, como Ci­
ro . Que digo? Que fuese m adre de
aquel ante quien el m undo todo se pros­
ternase, teniendose por muy estrecho res­
pecto de su poder, como ante el grande
Alejandro: si aqui mismo viviese una m u­
ger, que fuese m adre de un Monarca tan
rico, que dejase atónito al dueño de los teso­
ros del oriente y tan sabio que sin esfuerzo
entendiese la lengua de las aves, que diser­
tase del hisopo, que rastrea entre las pare­
des, lo mismo que del cedro quedescuella
sobre la cum bre del Líbano, com oSalo-
mon: que fuese m adre de un Em perador
—19—
qué despues de multiplicadas victorias en
paz gobernase el orbe, como Octaviano
Augusto: que fuese madre de un hom bre
que con solo su querer arrancase las Co­
ronas de las cienes de los reyes venciendo
siempre toda hum ana resistencia, como e n
esté siglo el famoso Capitan, ¿que juzga­
ríais vosotros de la gloria de esta m uger?
Quien baria el panegírico digno de tan di­
chosa maternidad?
¡Pero ah! que esta imagen no es aun
una débil sombra de la m aternidad de
aquella m uger feliz que llevó en su seno,
que alimentó con el dulce néctar de sus
pechos ¿á quien? Al mismo que llamó
con su propio nom bre á Ciro muchos si­
glos antes de nacer; que hizo m orir á Ale­
jandro el grande m la ñor de sus diás
sin que pudiese señalar un heredero de
su fortuna y de su sabiduría m ilitar; que
perm itió oscureserse la gloria de Salomon
ante Astarte diosa de los Sidonios, ante
Moloc ídolo de los Amonitas; que marcó
limite al vencedor de Dalmacia, de Accio
y de Alejandría., haciéndolo despedir el ul­
timo aliento, cuando pidiendo aplausos por
— So­
las escenas teátricas de su vida, no podía
pedirlos .por su conducía, ora hipócrita,
ora escandalosa; y por fin que señaló una
isla insalubre como retrete, donde pudiera
m editar la vanidad d e vanidades, al que á
vec^s creyera imperecederos los laureles
que ciñen las sienes de un Monarca uni­
versal . Él seno de Maria había de ser el
reclinatorio sacrosanto del Rey de los Re­
yes y Señor de los que dom inan. ¿Quién
tributará alabanzas dignas á esta singular
ipaternidad?
Bien pudiera el Árbitro suprem o de to­
da criatura, en la doncella que eligiera
para m adre, reunir las riquezas todas de
Tiro, áe Atenas y de Memphis: la fama de
David al rem ar tranquilo en él alcázar de
Jerusalen: la fuerza de Sansón al subyu­
gar, derribando las columnas de un tem ­
plo, la potencia de los Filisteos: bien pu­
diera recopilar en su estirpe cuanto el
m undo proclama noble, grande, sublime
y capaz de dejar atónita á la fama mis­
ma: bien pudiera. Mas tantas pren­
das; ni m entarse deben cuando se pronun­
cia, que la gracia santificante convino y se
_21_
aplicó para ataviar á la madre del Yerbo
desde él prim er instante de su animación
feliz.
La Virgen predestinada para cubrir con
su hum anidad á la Deidad misma, debia
recibir una gracia tan especial, tan propia
y eschisivam^nte suya, que ninguna gracia
santificante que á algún otro ser ie fuese
participada, pudiera com parársele. Sí,V ir­
g en mas pura que la luz inmaculada que
dimanó por vez prim era de la diestra del
•Criador, mas pura que los pensamientos
de los espíritus-angélicos que vuelan for­
mando con simetría inefable el trono de
Dios: necesario era que te rodease desde
tu prim er instante, que te penetrase desde
tu prim er m om ento una gracia tan rara
que no tuviese prim era, que no tuviera
segunda, despues de aquella que conviene
al que posee la plenitud perfecta de caris-
mas infinitos.
La gracia que elige con singular desig­
nio á Jerem ías entre los sacerdotes de
Anathoth en la tierra de Benjamín, consti­
tuyéndolo sobre las naciones y, los reinos
para que arranque y destruya, para que
m
desperdicie y disipe, para que edifique y
§ | plante, debe ser un destello de la gracia
!Í de Maria, La gracia que llamó á Moisés
j |í| para obrar señales y portentos sobre F a-
| | raon y sobre todos sus vasallos, p a ra q u e
H dividiese el m ar Bermejo hasta lo mas
| | profundo, para que rompiese las nubes
81 del cielo á fin de saciar el ham bre de nu-
p | merosos pueblos en m edio del desierto,
para que taladrase las entrañas de la roca
Hlí proponiéndose apaciguar su sed, debe
ser ¡ó María! un destello de la tuya. La
j |Í | gracia que colmó de sabiduría y fortaleza
¡¡si á Devora para dirim ir las desavenencias
de Israel juzgándolo bajo de la palm a
plantada entre Rama y B e te l, sobre el
fs| m onte de Efrain y hacer h u ir el ejército
de Jabin acuchillándolo en el desfiladero
que va del pais de los Filisteos hácia la
Fenicia, debe ser u n destello de la tuya.
La gracia que divide el cetro del oriente
entre Ester y Asuero, es tuya. Tuya es
tam bién la gracia que engalana los m u­
ros de Betulia al sobrepujar el pueblo is­
raelítico la. potencia de los Asirios, T u­
ya es la gracia que reclinó al discípulo
| | - 2,1— f |
@flá &«*
jg | virgen sobre el pecho del Salvador para v|| '
H§ gustar entre sabrosas delicias los mas pro- | |
fundos misterios en aquella noche dicho- &&
¿g-flj! 1 . VJ;>
ií ®. sa en que se celebró la consumación del ■>>*§
§fííí ^*5
||| am or. Tuya es la gracia que trueca en
§ | santuario de elección al perseguidor acér- |f
fi rimo de las doctrinas civilizadoras del §¡1
*«5

i i •
m undo, lu y a es la gracia que inundó
• te#
^
g | de lágrimas las mejillas de Pedro cuando
l || oyendo un canto profético salieron de m a- 1 1
|J | dre las corrientes de su dolor. Sí, to-
i® das las gracias son tuyas porque fuiste
concebida para Madre del dueño del E m - 1 §
pireo y del orbe y para reina de todos p »
los bienaventurados: y debieron ser tuyas
desde que fuiste criada para el ministerio
inaudito de concebir en tu vientre á la
h misma gracia encarnada!
Mas todavía os pregunto, señores, ¿con­
vino que la Madre del reparador de to­
das las criaturas caídas fuese excelente-
P mente preparada para fin tan sublime?
Hj Pudo el Sér inmenso enriquecerla cuanto
está ponderado y aun mas? Luego fué
Ufe preparada; luego fué enriquecida con to-
das las preeminencias que despues de
8 —21—
Dios mayores 110 pudieran coneebir&e.
Este raciocinio, usado por Raimundo Lu-
lio y por Juan Duns, es tan term inante,
que ha veneido en favor de la concep­
ción en gracia de María todas las resis­
tencias. Este argum ento de la limpieza
perfectamente acrisolada que convenir de­
biera á la carne y á la sangre de Jesucristo,
triunfa de toda oposicion y nos hace ve­
nerar con cordial ternura la pureza siem­
pre inmaculada de la Madre dichosa del
Yerbo.
Enmudezca, pues, todo labio que se
atreva á decir que Maria habia de sum i­
nistrar en la encarnación del Verbo divi­
no sangre alguna vez contam inada. [Pe­
ro qué digo! Esta doctrina tan dulce á
nuestro paladar, tan arm ónica á nuestro
oído, tan conforme á los raciocinios for­
mados al calce de los oráculos bíblicos,
no es aun un dogma decidido por la Igle­
sia, m iestra mas segura áncora para no
zozobrar entre los juicios encontrados de
los hom bres; nuestra colum na indestruc­
tible en que se apoya el edificio místico
de la verdad eterna. Todavía no es el
dogma por cuya resolución ansiosos sus­
piran los pueblos católicos esparcidos ||
desde el uno hasta el otro polo del m un­
do; y el inm ortal Pió IX. pretende de­
cidirlo eon aplauso universal.
Sí, Pontífice Santo,, tú que gobiernas
la barquilla del pescador, tú que sin ejem­
plar entre la larga serie de Pontífices ro­
manos que te precedieron, has sido por
tus mismos hijos lanzado de tu trono, en
el que te colocó no el derecho de la san­
gre, que puede algunas "veces llam arse
derecho tan ciego como azaroso, tan in­
cierto como im potente para la ventura de
aquellos cuyos destinos se com prom eten:
tú fuiste destituido de un asiento purpu­
rado con la sangre de Pedro, de Anacle-
to y de Marcelino, ennoblecido, no con las
glorias de Alfredo el grande, de Reca- f¡
redo ó de Méroveo, como los tronos ter­
renos, sino con la firmeza del edificio
ante cuyo m uro y antem ural se estrellan
los esfuerzos del príncipe de las ti­
nieblas: destronado por aquellos á quie­
nes con la amnistía donaste la tern u ra
de sus padres, las caricias de sus es-
4
posas, los estrechos abrazos de sus hijos,
los c ie l o s ..herniosos de ú ijp a is tan lindo
como la Italia; en resum en, los bienes
inestimables de la pátria: destronado por
aquellos á quienes con los caminos de
hiero les acercaras las mejoras apeteci­
bles de gran bienestar que disfruta la
Europa: destronado por aquellos por cu­
ya independencia de todo poder aliení­
gena consagrabas unos talentos tan singu­
lares como los d e O’ Connéll y Matternich,
los de Caprara y de Consalvi: destronado
y volviendo las espaldas á la Ciudad eter­
na, al duro imperio de fantásticos repu­
blicanos, diciendo un doloroso adiós á
los m uros sagrados donde están los se­
pulcros de los príncipes de los Apóstoles,
cuelas á Gaeta y allí, m uy lejos de aciba­
rarte, apurando el ajenjo de la angustia y
del desam paro, como otro Rey desterra­
do casi juntam ente contigo; te ocupas ¡óh
Dios bueno! en escogitar los medios pa­
ra decidir á la faz del ancho m undo el
dogm a apetecido tantos siglos* lá Con­
cepción en gracia dé Maria.
¡Qué bien te está esa conducta de le-
«s&i AÜUiíi

—2 t—
vantar los ojos de un modo taii sin par
hacia la estrella de los m ares, cuando bra­
man las olas encrespadas del libertinaje,
cuando tus súbditos están corroídos has­
ta las entrañas con el insanable veneno de
la ingratitud, cuando la discordia, co­
mo la hidra sangrienta* vomitando á tor­
rentes los horrores, hiergue su cabeza
espantosa coronada de áspides, cuando la
anarquía con toda su comitiva de excesos
revolucionarios penetra hasta los augus­
3ifc tos salones del Vaticano! Qué bien te
3SÍT
333:
3SC está tu serenidad en medio de la borras­
ca! G ózate, pues te protege aquélla cu­
■*e ya gloría, en medio de tu persecución pa­
trocinas. Tienes el apoyo incontrasta­
3*C
;SC ble de Maria, bien haces de conservarte
tranquilo. Bien pueden los Mazzinis y
Garibaldis pretender con audacia nefan­
da resucitar los manes de los Gracos, en­
señorearse del Capitolio y arengar con
entusiasmo satánico en la tribuna. Bien
pueden halagai’se m utuam ente con los ala­
ridos de las víctimas que inmolan, como
con su música favorita; que Maria, la in­
maculada, la soberana del orbe, ante la
\<WWJW»«S«íW3!SRIw6g^dvyaífi»WWtS^^
— 28—
que se hum illa toda infernal potencia,
agradecida te protegerá suscitándote de­ $
fensores aun de donde menos se espera­
ra, de la Francia jacobina, de la Francia
dem ocrática. Y los Reyes recordando las
preem inencias de pasadas .épocas, since­
ros vendrán á ofrecerte su brazo y sus jus­
tos hom enajes. Sí, Pió IX-, ocúpate de
defender la causa de la perpetua limpieza
de Maria y bien pronto dejarás tu des­
tierro para volver triunfante al trono de
los Leones X ., Pios VI. y Pios VII.
¡Oh Pió 1X1, deja que la demagogia,
siem pre fatídica, rabie descorazonada, ¡que
si la Francia pretendiese fijar condiciones
injustas á tu restauración, dirás u na pa­
labra y bien presto’ te obedecerá el ejér­
cito del Austria; porque tu ausilio no es
d e acá, es de lo alto. Volverás á tu tró-
no y tu política no navegará contra la
esperanza; tu política dirá: Pccnitet me
quod hominem fecisse. € u lp a es de los
ingratos.
De todos ios ángulos del orbe, aun de
los mas rem otos, vuelan al solio pontifi­
cio las contestaciones satisfactorias á la
— 29—
encíclica de Pío, respondiendo sin duda
que Maria desde el prim er instante es in­
maculada. Los Obispos, Arzobispos, P ri­
mados y Patriarcas acojieron las tradicio­
nes de sus Diócesis; oyeron la voz de sus
subalternos en el órden gerárquico, que
á la vez. observaron las devociones esta­
blecidas; recibieron las .consultas de las
Universidades científicas y literarias; es­
cucharon no solo el voto de los Conven­
tos seráficos, sino aun los de la religión
dom inicana, y proclamaron; Maria des­
de el prim er instante es inmaculada. Han
preguntado hasta á los niños, -que en el
regazo m aterno principian á balbucir el
Ave, y resolvieron, que de la boca de los
niños, tam bién de los que están en la
lactancia, se ha entre tegido la corona in-
mar.cescible de sus alabanzas.
Esperam os que se resuelva definitiva­
m ente como dogm a, que Maria fué con­
cebida sin mancilla; y entonces perfeccio­
nados tan felices trabajos, una nube pu­
rísim a reflejando los albores del Sol eter­
no de justicia, cubrirá á Maria, que es el
-tabernáculo animado de la ley de gracia;
—30—
si, el soberano Pontífice decidirá que
desde su prim er m omento la rodeó la Ma-
gestad de Dios.
¿Cuándo amanecerá sereno y bonanci­
ble en el horizonte dé la Iglesia católica
ese venturoso dia? Cuándo sostendremos
con toda la certeza cristiana que Maria
nunca jam as pudo decir: ‘ ‘Perezca el dia
en que fui concebida, som bra y tiniehla
le ocúpen ofuscando completamente su
lumbre?” ¡Ah señores! ¿Creeis que Ma­
ria, criada para ser el dechado de donde
aprendieran hum ildad los serafines, co­
mo que había de ser su m aestra y su Rei­
na, creeis que contrajera la m ancha in­
deleble que en la m asa de Adán inficio­
nó el orgullo? Creeis que lá soberbia
amancillase á la que con inefable hum il­
dad abatió los collados hasta el nivel de
los valles, y rompiendo los cielos atrajo
á la tierra ál Señor soberano de la. crea­
¡te
ción, llevando hasta un pesebre al que se
pasea sobre los quicios de m undos in­
cógnitos y al que como olvidándose de
los homenajes de las potencias ínfimas y
soberanas, se prosternó diciendo: líetem e
tjA^j y^i _JÁ£ sjA^>^A£¡jAgc¡\i¡ jjÁ£yfpr
XT ‘ ^?'
ffc»^ ... f-fad\
ífmj —OI-- ----------------------------^f:i^
^ aquí para restañar todas las heridas que v r
^ lastiman con agudos é incurables dolo- ^
^ res á las generaciones humanas? ^
¿Juzgáis que Maria á quién cantan los
Üih astros matutinos y regosijan todos los hi- HfJ
¡ffí jos de Dios, pudiera alguna vez decir: ^
“ Tenebroso torbellino posea aquella noche, ¿ i)
^ no sea contada entre los dias del año, ni ^
^ num erada entre los meses, sea solitaria y ^
^ siempre indigna de alabanza, porque en ^
^ ella fui concebida?” Pensáis que el dia ÜÍh
Ül\ de bienandanza universal en que entonó
(||) un him no, escuchado en ías naciones le- qp
janas y cuyo eco sonoro acordes repitie- ^
* ron los astros; afirmais que aquella vez.
pudiera pronunciar: “ La triste noche en ^
^ que fui concebida aquellos la maldigan ^
^ con espanto, que como yo maldicen el
^Í> signo bajo el que nacieron, entenebres- ^
@ canse las estrellas con su oscuridad, es- g b
pere la luz y no la vea, ni el nacimien- ^
^ to de la aurora cuando se levanta?” Po-
dria ser este el ronco y plañidor acento ^
^ de la Virgen Madre que un dia prorum - ^
pió: “ Glorifica mi alma al Señor, mi es-
píritu rebosa de júbilo, porque obró en q a
m í maravillas estupendas el m ism o que es
Todopoderoso?1*
¿Aseguráis que María, que habia de ser
el principio de la vida inm ortal y feliz,
pudiera alguna vez haber esciam ado:
“ P o r qué no fui m uerta en el seno m aterno
para que ahora durm iendo en venturoso
letargo reposase con los Reyes y m agnates
que yacen en los sepulcros que para sí
edificaron?” , Pensáis que la m adre del
Cordero de Sion, engendrada para conce­
bir al Lucero de la m añana de la eterni­
dad, pudiera alguna vez decir: “ P o rq u é se
ha dado la luz al m iserable y la vida á
aquellos que gimen en la am argura del
corazon?” Y sostendréis que Maria, la
dispensadora de la gracia sustancial, estu­
viese alguna vez agobiada bamboleando
bajo el inmenso peso de la cólera celeste?
No, m il veces no, hácia Maria- está ya p o -
derosam em te inclinada la balanza fide­
lísim a del Santuario.
¡Oh Dios bueno ! tú que domeñas el frene­
sí asolador de los huracanes y que te sientas
sobré los querubines, tú tienes poder so­
breabundante para privilegiar á la que en-
—33—
tre todas las criaturas posibles escojieras
para m adre. Tú que criaste á los espíri­
tus ,angélicos en pureza y perfección* tú la
exceptuaste del contagio de la culpa. Tú
sí libertaste de un modo singular al niño
Tobías de que lo devorase un pez, á Daniel
del lago de los leones, á Lot de las llamas
de Pantápolis que ardían como u n horna­
zo de tu indignación, á E ster de la sen­
tencia fulm inada contra Israel; tú bajo de
tantos símbolos nos declaraste la libertad
dé Maria desde el prim er instante de su
ser.
Colmaste de bendiciones la tierra de tu
país natal y destruiste para siempre el
cautiverio de Jacob; la fertilizaste bajo la
nube de tu gloria y la alum braste acriso­
lándola con el fuego santo que eres tú
mismo, Deus ignis consumens est. P o r
eso te bendecimos y exaltamos tu poder.
¿Mas nosotros, señores, nos sentaremos á
las m árgenes de los ríos de Babilonia, sus­
pendiendo allí nuestros instrum entos m ú­
sicos y llorando la pérdida de nuestra mas
am ada libertad? No, porque nos acorda­
rem os de tí, oh. .Maria,
. siem pre esenta de
tóda culpa j cómo principio1de riüestrk1
restauración feliz.
Otí V irgeirpnrisim aj ¿efieS l a ,madrt*‘ d e :
Jesucristo? Eres, pues* pura desdes tu 1
prim er' instante.: ¿Eres ¡el objfcto alqtie; el
Vicario de; tu Hijo consagra sus desvelos
para publicar tus loores sin¡ segundos?
Bendícelo, pues,- bendice. aL que - bendico*
al inundo.
P erpetúa en la Ciudad eterna el- ponti­
ficado que anubla con m ucho l a ;gloria, d e *
los Césares. Patrocinarla fé del que quiej
ré anum erar á la preciosa diadem a del
sacerdocio rom ano} engastándola m ejpr
que una piedra de ónix en el racional que
resguardará ei- pecho de los sacerdotes*
aí'ónióGsy-la prfesea inestim able dé'u¡a' otrO'
articulo; antiguo w^eomo son; los- dfclgiüás1
eelesiáticos,pero recieíí purificado dé' étl^-
tre las opiniones.ó aserto^huraahos, e'GííitfJ
el- dogm a de l a ;concepion en gracia déP
ti,:- oh Mariar,,,que. eresi.y fui&teisieinpré.
la: niúa sin. iúancha,.la palóma*¡ca&tá^ lá*
V^rgen <sin¿>tá6ha^^eI-cédrííJ-de-;‘Lvbaiii^,5 lít)
pateare-Cád'es*, lá^gloria-do^I^a^1,1 n u e ^ -
tra jdevociotf, nuestttas^nsiasf;
Nuestra1devoción, tfa raa d tfra tte '1ácá¡enJ
~35—
la m orada del dolor: nuestras ansias pa­
ra abrazarle allá en la Patria, de la que
por Adán fuimos arrojados y por tí, oh
Maria, somos restituidos entonando victo­
riosos him nos y diciendo: Cayó, cayó
para siempre la Babilonia grande; fué
vencida la m uger véMida de escarlata: al
Cordero sin Mancilla y á su m adre siem­
pre purísim a séanles de generación en ge­
ase neración alabanzas perpetuam ente tribu­
tadas.

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