Вы находитесь на странице: 1из 2

Introducción:

Cada año, fumadores tiran al suelo millones de colillas de cigarrillos en el mundo. Estas se ven
reflejadas en miles de toneladas de residuos tóxicos que contienen metales y materiales como el
arsénico, cromo, níquel y cadmio, que van a dar al suelo y se convierten en químicos
contaminantes en el medio ambiente.

Hoy en día estamos rodeados de alternativas sustentables. Cada vez son más aquellos que suman
su voluntad e ingenio para ser partes de mejores condiciones para el futuro. Algo que puede
parecer tan simple como un ladrillo implica un proceso de cocción de alrededor de tres días, lo
cual significa, a nivel práctico, grandes hornos donde se queman troncos, maderas, aceites e
incluso llantas. Estos gases contaminan el aire y producen enfermedades respiratorias a los
trabajadores y pobladores aledaños. Además, al necesitar de mucha materia para producir el
fuego, las ladrilleras agravan el problema de la deforestación.

La incorporación de colillas de cigarros en ladrillos puede efectivamente resolver un problema


global de basura. Las colillas recicladas se pueden colocar en los ladrillos, sin temor a la
contaminación. Ellos también son más baratos de producir, en términos de las necesidades
energéticas, disminuyendo el coste energético a medida que más colillas se introducen en la
producción

La propuesta sustentable en la creación de los mismos hace frente a dos grandes problemas:

-Los gases tóxicos de las ladrilleras (permite un ahorro de 58% de energía).

-El desecho de las colillas tóxicas que precisan de muchos años para degradarse.

Se calcula que alrededor de seis billones de cigarrillos se producen cada año, lo que implica
después 1,2 millones de toneladas de residuos de colillas. Con lo cual, esta podría resultar una idea
muy práctica, ingeniosa y de alto impacto.
Marco Teórico.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el ladrillo es el material de construcción más antiguo
fabricado por el hombre. Y podemos afirmar esto teniendo en cuenta que las hiladas de ladrillos
más antiguas que se conocen, se descubrieron en yacimientos arqueológicos de la antigua
Mesopotamia, y se estima que son anteriores al 7500 a.C.

Los investigadores han llegado a la conclusión de que en sus primeros tiempos el ladrillo fue
empleado en su forma “cruda”, que es el adobe, pero como éste era atacado por el agua, en zonas
con frecuentes lluvias se desarrollaron técnicas de cocción que le daban una definitiva solidez
como material de construcción. También se ha llegado a la certeza de que su difusión se debió a
que se le dio un tamaño que se adaptaba a la mano, y que las materias primas empleadas eran
accesibles y se podían encontrar en casi cualquier parte: tierra o arcilla, agua, aire y fuego.

Aunque, como hemos dicho, se sabe que el ladrillo tuvo su origen en antiguas civilizaciones de
Medio Oriente , su expansión se debió principalmente a las caravanas de pueblos nómadas, y
sucesivamente, las conquistas de Alejandro Magno y del Imperio Romano, y posteriormente las
rutas descubiertas por Marco Polo, que pusieron en contacto distintas culturas y pueblos.

No podemos olvidarnos tampoco de su sentido práctico y su utilidad, ya que los pueblos que
utilizaban la piedra para la construcción, comenzaron a sustituirla por el ladrillo dada la sencillez de
su técnica de producción y la facilidad de manejo y colocación gracias a su forma regular.
Y así el ladrillo fue extendiendo por territorios y culturas, de manera que en multitud de ciudades
europeas que florecieron en el medievo y el renacimiento, todavía se conservan colosales
construcciones de ladrillo, especialmente en España, Italia, Holanda, Bélgica, Francia y Alemania.
En el caso de las culturas centroamericanas, con la llegada de los conquistadores españoles se
incorporó el uso del ladrillo cocido a las nuevas construcciones de relevancia.
Ya en el siglo XX, España e Italia fueron los países que más contribuyeron al desarrollo de nuevos
criterios de diseño de los actuales ladrillos.