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Epílogo al libro "Perlas 2.

Patrañas, disparates y trapacerías en los


medios de comunicación", de Pascual Serrano
El desastre mediático

Ignacio Ramonet

Indispensable. Este es un libro indispensable para tomar


conciencia de la amplitud del desastre mediático actual. Y hay que
agradecerle a Pascual Serrano el talento que ha derrochado para
constituir el “archivo de la vergüenza periodística” al conseguir
cosechar tan flagrantes demostraciones del resquebrajamiento de
una profesión que amenaza ruina.

Lo que Pascual Serrano revela con esta nueva colección de


“patrañas, disparates y trapacerías” es que algo ha dejado de
funcionar en nuestros medios masivos de comunicación. Y que,
por eso, la información –o sea la desinformación– se ha convertido
en una de las principales amenazas de nuestras democracias a la
hora de la globalización económica.

Una de las razones de esta situación reside en el hecho que la


mayoría de los grandes periódicos del mundo, si hablamos de la
prensa escrita, ya no están dirigidos por periodistas. Ahora están
dirigidos casi siempre por egresados de las Escuelas de Comercio,
de Escuelas de “Ciencias Empresariales” que son los que
evidentemente tienen las riendas de la empresa mediática, la cual
se va a comportar como una empresa que ante todo va a pensar en
sus relaciones con los “clientes”, los clientes son los compradores
de los periódicos o los oyentes de la radio o los telespectadores de
la televisión pero que son ante todo percibidos como “clientes”.

A la hora de la globalización los principales poderes son el poder


económico y el poder mediático. El poder político llega en tercer
lugar. Y el poder económico cuando se alía al poder mediático
constituye una enorme palanca capaz de hacer temblar a cualquier
poder político. Esta es una de las grandes realidades de hoy,
aunque a veces sigan presentándonos la realidad de manera
diferente. Y eso es democráticamente escandaloso, porque el
poder político es elegido en las urnas, pero el poder mediático y el
poder económico no lo son, y no tienen legitimidad democrática.
Además el poder económico domina cada vez más al poder
mediático, porque lo controla, lo compra, lo concentra. Y nos
hallamos en una situación orwelliana en la que los dueños de la
producción industrial son a la vez los amos de los sistemas de
manipulación de las mentes.

En nombre de la necesidad de ganar un número de clientes cada


más amplio y tener más consumidores, los medios de información
masiva están integrando tres características:

Primera característica: cada vez mas el discurso, el mensaje


periodístico es más simple, más sencillo. Un mensaje simple
quiere decir que va a utilizar muy pocas palabras, un número de
palabras muy limitado. Digamos si el léxico del castellano tiene,
por ejemplo, treinta mil términos, cada vez más los medios de
información van a utilizar apenas ochocientos palabras para que
todo el mundo entienda. Con la idea de que hay que expresarse de
manera muy sencilla, muy simple, porque todo lo que es
racionamiento complejo, todo lo que es raciocinio inteligente,
resulta demasiado complicado, y se sale del sistema de
información tradicional. Hay una fuerte voluntad de simplificación,
y la simplificación más elemental es la concepción maniquea de las
cosas: cualquier problema se transforma en un problema simple
de sólo dos términos: el bien y el mal, lo blanco y lo negro. Una
cosa tan compleja como la geopolítica internacional, por ejemplo,
pues se interpreta en términos de bien y de mal. O sea una
concepción extremadamente maniquea. En cualquier debate ya no
se entra en consideraciones que puedan subrayar la complejidad
de alguna situación, la necesidad de períodos de adaptación, etc.
Se suprimen los matices. Se razona digital: ceros y unos. Lo demás
es para “intelectuales”.
La segunda característica es la rapidez. La información debe ser
consumida rápidamente es decir, sea cual sea el valor de la
información va a tratar de darse en un espacio muy corto. Por
ejemplo si es la prensa escrita, se va a expresar no sólo con
palabras muy sencillas, sino en frases muy cortas. Los títulos van a
hacer casi un resumen, una síntesis, de lo que dice el texto. Pocas
noticias tendrán más de dos o tres folios, y, evidentemente en dos
o tres folios hay muy pocas cosas que se pueden explicar. Es decir,
la idea está en el fraccionamiento, se da un fragmento de la
información, pero se da ese fragmento como si fuese el todo. Es
una concepción metonímica de la información porque la idea es
que el consumidor no sufra consumiendo. Por ejemplo en los
telediarios, todos los estudios demuestran que la duración media
de una información es, digamos, de un minuto y algo. En un
minuto y algo no se puede explicar tragedias como la de la guerra
de Irak o cuestiones como las del islamismo radical, etc.

Por fin, tercera característica de estas informaciones de palabras


sencillas, maniqueas, y rápidas: suscitar emociones. Por ejemplo
se está buscando hacer reír o hacer llorar, se está buscando
distraer. En realidad, la información masiva está hecha para
distraer, es cada vez más una forma de la distracción. La inmensa
masa de las informaciones es para distraer; si no las conociéramos
no sería una tragedia personal para nosotros. Y hemos visto como
las informaciones people (gente), anecdóticas, se han desarrollado
enormemente. Sucesos, dramas personales, todo eso ha alcanzado
un enorme espacio en la información.

Es decir, en realidad se trata de construir informaciones que sean


sencillas, rápidas y entretenidas. Es una característica general y
universal. Los medios norteamericanos son, en cierta medida, el
modelo y el motor de este tipo de información que se está
imponiendo en todas partes, y que triunfa también en Internet.

Con esas características, la información puede muy difícilmente


construir conciencia ciudadana, construir un sentimiento cívico,
construir cohesión social, o cohesión nacional. Hay una inmensa
distancia entre este proyecto que debería tener teóricamente la
información y la práctica real de lo que constata Pascual Serrano
en este libro. El cual, en cierta medida, gracias a tantos ejemplos
insólitos, se pregunta: ¿qué es un discurso cuyas características
principales son la sencillez, la rapidez y la distracción-emoción?

La respuesta aparece muy clara: un discurso infantilizante.


Efectivamente sólo a los niños de baja edad, se les habla con un
lenguaje limitado con pocas palabras para que entiendan. No se
utilizan conceptos filosóficos, tampoco se alarga porque sino
cansaría. Y no se habla de manera seria, porque se piensa que con
la reactividad emotiva es suficiente. O sea que disponemos de
maquinaria informacional que en realidad está concebida para
infantilizar al ciudadano.

Por otra parte, con la explosión de Internet y del Web 2.0 estamos
en un universo en el cual hay mucha más información de la que
podemos consumir. Así que ahora el problema no es la carencia de
información; es la selección de la información. Durante mucho
tiempo, la mayoría de las sociedades humanas han vivido bajo
sistemas autoritarios de poder, que han practicado la censura. El
control de la información era capital para el poder y, por
consiguiente la realidad de la información era la escasez. Había
muy poca información que circulaba, y el control de esa circulación
era lo que daba más poder al poder.

Hoy esa situación ha cambiado. La información circula de manera


sobreabundante y nadie la puede detener. No hay ningún poder
suficientemente autoritario que impida a la información circular. Es
muy difícil. Internet nos permite ahora tener acceso, casi gratuito,
a yacimientos literalmente oceánicos de información, y la dificultad
es cómo guiarnos por ese laberinto. Eso plantea enormes
problemas. Plantea primero este problema de la censura. Porque la
censura ha cambiado.
Antes la censura la ejercían el poder político o el poder digamos
moral o religioso, y había poca información y los ciudadanos
decían hay que luchar para obtener más libertad de información.
¿A qué le llamamos libertad? Libertad de comunicar en definitiva.
La libertad de pensar libremente de comunicar sus ideas, la
libertad de reunión, la libertad de expresarse o la libertad de
imprimir, etc., eso es, en lo político, la libertad. Precisamente la
libertad es el margen de posibilidad de la expresión de los grupos
sociales que constituyen una sociedad. Y entonces los ciudadanos
decían, cuanta más libertad tengamos, más comunicación habrá; o
bien, inversamente, cuanta más comunicación haya, más libertad
habrá. A así se hicieron las revoluciones en el siglo XVIII,
esencialmente para tener la posibilidad de comunicar, de
intercambiar información. Los ciudadanos tenían
inconscientemente la idea de que cuanta más comunicación
hubiese, más libertad habría en nuestras sociedades.

Pero no cabe duda que, desde hace unos años, nos hemos dado
cuenta de que esa curva, que era casi una curva así como una
mediatriz, una diagonal ascendente, proporcional digamos, cuanta
más comunicación, más libertad había, y que parecía que iba a
subir hasta el cielo, ha cambiado.

En realidad, como lo demuestra con brillantez, a su manera, este


libro de Pascual Serrano, nos hemos dado cuenta, después de
todas las manipulaciones mediáticas ligadas a lo que ocurrió en
Rumania, el asunto Timisoara, la Guerra del Golfo, la Guerra de
Irak, el 11 de marzo, etc., que tener más información no daba más
libertad. Y, entonces nuestra curva que subía como una diagonal,
de repente se transformó en una paralela.

Por mucha información que hubiera, nuestra libertad no se


modificaba, se mantenía estancada. Y el peligro en que estamos en
este momento es que cuanta más información tengamos, menos
libertad tendremos. Porque la información ahora me engaña, me
confunde, me desorienta. Hay tanta información no verificada,
tanta “patraña” como dice Pascual Serrano, que ya no sé qué
pensar. En realidad me estoy dando cuenta que muchas de esas
informaciones que me llegan me mienten, como me mintieron
durante la Guerra del Golfo, como me mintieron en Timisoara,
como me mintieron en Bosnia, como me mintieron en Kosovo, o
con lo de las “armas de destrucción masiva” para justificar la
guerra de Irak.

Cuanta más información hay ahora, menos libertad me procura.


Porque ya no sé qué hacer, y me doy cuenta efectivamente de que
el funcionamiento de la verdad de nuestras sociedades es muy
relativo ¿Qué es la verdad, en materia de información? La verdad
informativa es cuando todos los medios: la prensa, la radio, la
televisión e Internet dicen lo mismo sobre un tema, dicen que algo
es verdad… aunque sea mentira. Esto está restableciendo ese
principio que Aldous Huxley había desarrollado en su novela Un
mundo feliz... Huxley dice: “Treinta y seis mil repeticiones
constituyen la verdad.” Si los medios repiten algo treinta y seis mil
veces, pues establecen la verdad… aunque no sea la verdad. Así
que los ciudadanos ya no saben dónde está la verdad. Y los
medios, en vez de contribuir a guiarnos en este laberinto, lo que
hacen es confundirnos más, engañarnos más, manipularnos más.

Por eso se ha creado tal desconfianza hacia los medios en la


sociedad. La riqueza principal que tienen los medios de
comunicación es su credibilidad. Ningún capital es más importante
para un medio de comunicación que su credibilidad, porque lo que
venden en realidad es esa credibilidad. Se les compra porque son
confiables, si no fuesen confiables para qué los vamos a comprar,
o para qué vamos a ver tal programa de televisión o de radio si no
le tengo confianza al periodista o al medio que se expresa. Es su
principal capital, y este capital, como lo demuestra con claridad
evangélica este libro de Pascual Serrano, se está dilapidando.


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