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Otra manera

Mandela demostró que hay otras formas de hacer política


ROSA MONTERO 10 DIC 2013 - 00:00 CET

POSTURA: Posición o actitud del autor frente a un tema específico.

Me admira que, tantos días después, sigamos pegados a la catarata de las


páginas necrológicas de Mandela sin repulsión ni hastío, que es lo que se suele
experimentar en este tipo de hemorrágicos ditirambos mortuorios. De Mandela, en
cambio, nos interesa todo, desde los magníficos textos de Carlin hasta las imágenes
de esa fiesta interminable que está siendo su despedida. La intensidad de nuestro
interés nos da la medida de lo muy necesitados que todos estamos de creer en lo
que Mandela representa: alguien a quien la adversidad no doblegó, a quien el odio
no envenenó, a quien el poder no corrompió. Era un político que honró la política.

ARGUMENTOS: Conjunto de datos, casos, ejemplos y citas que se presentan


para respaldar la postura del autor.

Corren malos tiempos para la democracia. Veo en todo el mundo una crisis en
la credibilidad de este sistema, un creciente enojo ante sus abusos evidentes, ante
su hipocresía y su cinismo. Nadie parece confiar en los políticos: la frase “todos son
iguales” es el lema de moda. Y los únicos que parecen un poco menos iguales,
justamente, son los que preconizan las hogueras purificadoras y la mano dura.
Quiero decir que veo brotar por doquier la flor negra de la añoranza de la tiranía.
Haber nacido en una dictadura me vacunó contra ello, pero el mundo está lleno de
ignorantes que, escandalizados por las corruptelas democráticas, creen que los
sistemas dictatoriales son más limpios sólo porque son infinitamente más opacos:
no sólo la porquería y los abusos no trascienden, sino que además dan respuestas
simples a los problemas complejos y luego se encargan de ocultar todo el daño que
esa simplificación ha provocado. Yo sigo creyendo.

CIERRE: Resumen de la postura del autor.

En fin, que la democracia es el sistema menos malo, y que, con todas sus
contradicciones, ha permitido mejorar notablemente la situación del mundo. Y
también creo que no hay que rendirse y que hay otra manera de hacer política. Lo
demostró Mandela.
https://elpais.com/elpais/2013/12/09/opinion/1386604503_352979.html
"Mi vecina, la terruca", por Jaime Bedoya
"Disculpen la pequeñez", la columna semanal de Jaime Bedoya – El Dominical,¨EL COMERCIO¨.

El tranquilo barrio de San Antonio está a punto de


convertirse en el epicentro de un conflicto moral en
tiempo real. Y en el foco de atención del interés, la
curiosidad y el morbo público. Es ahí donde vive la
señora Yolanda, la madre de Maritza Garrido Lecca.
En ese barrio la madre ya tiene preparada a
habitación donde dormirá su hija como mujer libre
luego de purgar 25 años de cárcel condenada por
terrorismo. Hay un Wong a pocas cuadras. La
posibilidad surreal de cruzarse en la cola con la
guardiana de Abimael Guzmán puede ser un dilema
profundo para el vecino de a pie.
La estadounidense Lori Berenson salió
liberada el 2010 después de cumplir 20 años de
cárcel condenada por terrorismo. Berenson fue
detenida tras ingresar al Congreso con una falsa
credencial de prensa y en compañía de Nancy
Gilvonio, la pareja de Néstor Cerpa, cabecilla del
MRTA que tomó la embajada del Japón.
Maritza Garrido Lecca fue capturada en 1992 y sentenciada a 25 años de cárcel.
[Foto: archivo]
Entre las exigencias de Cerpa estaba justamente la liberación de su mujer y de Berenson. El ataque acabó costándole
la vida a un rehén, dos militares, y a todos los atacantes del MRTA. La justicia había determinado que Berenson era
cómplice en un plan para tomar el Congreso por asalto.

Veinte
años después, al ser liberada, Lori Berenson se instaló en un departamento de Miraflores, calle Italia. Inicialmente iba a
quedarse en la casa de la madrina de su hijo en otro distrito, pero poco antes de su salida la policía antiterrorismo advirtió
al arrendatario sobre esa posibilidad. Este le dijo a la madrina que la desalojaba antes de que llegase la gringa. El día que
arribó a Miraflores, las unidades móviles de televisión retroalimentaron la presencia de vecinos que con pancartas exigían
que se fuera de ahí. Durante los primeros días, ella no salió de casa. Su hijo Salvador, de 15 meses de edad, a veces
asomaba por la ventana, lo que generaba la alerta de los camarógrafos apostados afuera. Era una buena toma.

En un reportaje de noticiero se ve cómo un vecino le grita Fucking terrorist! al padre de Berenson mientras este lleva
a su nieto en brazos. El niño llora. El nombre del dueño del departamento alquilado así como el de la corredora encargada
de la transacción fueron denunciados por televisión como una suerte de colaboracionistas inmobiliarios. La
Municipalidad de Miraflores envió cartas de solidaridad a los vecinos mortificados por esta vecindad no solicitada.

Finalmente fue expulsada del país en el 2015. Antes había declarado su arrepentimiento y que comprendía por qué
mucha gente la odiaba. Se llevó a su hijo peruano. Ya instalada en los Estados Unidos dio algunas entrevistas bastante
fantasiosas en las que hablaba de activismo y revolución antes que de terrorismo. Lori Berenson tiene un perfil de
Facebook, propio o falso, de acceso restringido a sus amigos. Solo deja ver un retrato en el que muestra una sonrisa no
del todo convencida de la posibilidad de llevar una vida normal en su país de origen.

Maritza Garrido Lecca no tiene país al cual ser expulsada. Es difícil imaginar sus posibilidades de reinserción, si es que
aquello le interesara. La herida que dejó Abimael Guzmán es honda y difícil de curar, y responde a lo emocional antes que
a lo racional. Es una reacción comprensible sobre la cual a alguien, o a varios, le toca ser responsable.A Garrido Lecca no
se le ha conocido en 25 años una declaración de arrepentimiento. Al resto de la ciudadanía le toca algo tan o más difícil:
demostrar una superioridad moral ante sus agresores. Nosotros no somos como ustedes. Esta es la civilización, no la suya.

Por ahora solo hay tranquilidad en ese barrio de Miraflores.


Los ofendidos profesionales
Introducción a la Ironía I, un curso intensivo para idiotas.
BETO ORTIZ 06/05/2018 07:00h FOTO: Los ofendidos profesionales. (USI)
Esta historia comenzó la tarde del jueves, cuando un iluminado feligrés
que responde al nombre de Alex Celi Mariátegui tecleó, en su Twitter, la
siguiente, asombrosa sentencia: Los LGBTI (sigla políticamente correcta
para decir “gays”) pueden demostrar su amor por sus casas, parques, etc.
Tienen 43 distritos + el Callao. ¿Por qué tienen que venir exclusivamente
a Miraflores a demostrar su amor? Ayer a las 9 p.m. salí en familia y en
cada banca o esquina había demostración de una o más parejas. No
contento con haber hecho tamaño alarde de mundo, de brillo y de fina
sensibilidad, tuvo la astucia de dirigir el mensaje hacia mí, de modo tal
que le añadía algunos ceros –cinco, para ser exactos– a sus nada
desdeñables 350 seguidores. Volví a leer a Celi: ¿cuál era el origen de su
lamento miraflorino y heterosexual?
¿Qué era lo que, en realidad, le molestaba? ¿Le molestaba que hubiera personas del mismo sexo “demostrando”
su afecto en público? ¿O es que, acaso, lo que le molestaba era que estos diabólicos productos de la nefanda ideología de
género no fueran, pues, miraflorinos de pura cepa? Y, si esto último era verdad, ¿cómo sabía el ciudadano Celi que estas personas
que se prodigaban tan abominables mimos y obscenos cuchi-cuchis NO eran de Miraflores? ¿Cómo lo sabía, eh? ¿Por su color,
por su ropa, por su peinado, por su acento, por su olor? ¿De qué distrito le parecían a él y a cuál deberían haber sido derivados
por el serenazgo en salvaguarda del ornato? ¿De qué se estaba quejando Celi exactamente? O para decirlo más en cristiano:
¿estaba choleando maricones o estaba mariconeando cholos? Las dos cosas, por supuesto. Las dos cosas, al mismo tiempo. Un
verdadero prodigio de la discriminación. Permítanme que funja aquí de intérprete. Lo que Celi trataba de decirnos, entre líneas,
era, más o menos, así: “Cuando yo (que vivo en Miraflores) salgo a pasear a las nueve de la noche (por Miraflores) con mi sagrada
familia (que vive en Miraflores), NO quiero encontrar en mi camino: 1) Ni maricones. b) Ni cholos. Ni mucho menos, por el amor
de Dios: c) Maricones cholos. Porque para eso pago mis impuestos y mis arbitrios municipales, para poder pasearme feliz, cual
príncipe encantado por Fantasilandia, con mi –linda y probablemente rubia– esposa y con mis hijos (no te metas)”.

Motivado, casi desafiado por semejante exhibición de inteligencia, decidí responderle administrándole una generosa
cucharada de su propia mazamorra, de modo que me esmeré en escribir el tuit más deliberadamente racista –y clasista– del que
fui capaz: ¿Estás seguro que eres de Miraflores? Agrandé la foto de tu perfil y, la verdad, no pareces… Deberías mudarte a un
barrio que haga juego con tu aspecto. Tienes 43 distritos + El Callao. El disparo lucía arriesgado pero eficaz. La gente con un IQ
promedio se reiría del asunto y punto. A otra cuestión, mariposón. Quizás habría dos o tres idiotas por ahí que no la captarían,
pero uno tampoco puede estar pues, todo el tiempo, descendiendo al nivel de los dos o tres idiotas para evitar que se esponjen
o se escalden cada vez que no entiendan algo, o sea, siempre. Pero la realidad se apresuraría en recordarme, con dolor, que las
matemáticas nunca fueron mi fuerte. ¿Dos o tres idiotas? Me quedé recontra corto. Dos mil o tres mil idiotas, más bien. Minuto
a minuto, las respuestas del tipo “cholo soy y no me compadezcas” comenzaron a reproducirse, en el Twitter, como esporas.
Nadie se escandalizó por la obvia –y aún prestigiosa– homofobia del distinguido reproductor pero muchos se arañaron por el
racismo. No por el suyo, que era muy sutil. Tan sutil que, cuando escribió el tuit, ni él mismo se dio cuenta. Todos se desangraron
por mi culpa. Por mi frase, por supuesto, que, deliberadamente, estaba enunciada como para brutos. Todo el incidente era, en
verdad, tragicómico. Folklórico por donde se le mirara. (Nada más racista que usar la palabra “folklórico” cuando puedes decir
“peculiar”). Primero, porque el tal Celi al que presuntamente estaba yo choleando era más bien un colorado gordipepo frente al
cual ninguna discoteca de Eisha se hubiera reservado el derecho de admisión (advertencia: es aceptable cholearse entre crudos,
véase, si no, el habla cotidiana de los surfers rubios de Punta Roquitas, todos suelen tratarse de “cholos” y hasta se considera
cool) y, segundo, porque el íntegro de la discusión se basaba en el supuesto de que Miraflores era, pues, una especie de Beverly
Hills blanquísimo y pituquísimo y no este pujante y aspiracional distrito en cuya principal arteria –nuestro humilde Rodeo Drive–
puedes comprar tus exclusivísimos politos de “La Quinta”, al peso, más barato que en Gamarra y sin ningún rubor. Hay tamaños,
muñeco, hay colores.

Lo más desconcertante de todo este affaire ha sido constatar que, en situaciones como esta, ni siquiera la gente
supuestamente leidita de esta ciudad es capaz de desarrollar más de un nivel de lectura. Me sorprendió ver a una amiga, dueña
de una librería y de abundante material de calidad para leer, posteando escandalizada en su muro Facebook la deprimente notita
que un coleguita de diario chicha había elaborado para denunciar a Beto Ortiz como racista. Faltaba más. Las redes sociales no
han hecho sino venir a demostrar lo que ya sabíamos. Que los peruanos en general –y los limeños, en particular– somos una
tribu de espíritus delicados y sensibles, de niñitos engreídos con las susceptibilidades a flor de piel; en suma, un sindicato de
ofendidos profesionales. Pero todavía hay esperanza. Así como a los gays nos joden con que nos asumamos públicamente (y
está muy bien), ya va siendo hora de que los homofóbicos solapas se asuman también y salgan al fresco. Que los pitucos no
tengan vergüenza de decir: “Sí, soy pituco, ¿y qué?”. Que se quiten el pasamontaña, los proterrucos. Que se deschaven las
feministas y que nos enrostren todos sus derechos, incluso el de no afeitarse los sobacos. Que salgan del clóset los fujimoristas
encubiertos. Que se suelten las trenzas los machistas camuflados. Que las lesbianas de la derecha rentista dejen de fingir que no
nos hemos dado cuenta de que son recontra lesbianas. Que tanto curita pipiléptico o culisuelto no nos venga con que se opone
al “sexo prematrimonial”. Que los nuevos ricos protagonicen una gran marcha de protesta por tanta segregación y que, al
terminar, inviten a comer a los nuevos pobres. En fin. Que nos amemos todos como una familia (¿qué peor cosa les podría yo
desear?). He visto que el genial comediante Bill Maher tiene, en su programa, una deliciosa secuencia intitulada “Explaining jokes
to idiots” (“Explicándole el chiste a los idiotas”). Producción: necesito, a gritos, una similar. No bromeo. Creo que, si quiero
continuar sobreviviendo en esta ciudad tan farisea, voy a tener que empezar a hablar con subtítulos, por mi madre.
https://peru21.pe/opinion/pandemonio-beto-ortiz/ofendidos-profesionales-406084

¡95% de desaprobados!
“Los profesores huelguistas les tienen más miedo a estos exámenes que el vampiro al crucifijo y por eso exigían
tanto su desaparición o que les jalen mil veces en las pruebas (...) sin que les suceda nada”.
ALDO MARIÁTEGUI 08/11/2017 06:34h

Entre tanto barullo politiquero, pasó desapercibido un hecho


steria colectiva. (USI)

de aquellos que son realmente los importantes de verdad: tan solo 10


mil y pico de los 208 mil profesores que postularon hace muy poco a la
Carrera Pública Magisterial (CPM) aprobaron los dos exámenes exigidos
(escrito y “desempeño”). ¡Es decir, solo el 5%!
Pero la historia es aún muchísimo peor en detalle: solamente 22 mil de
esos 208 mil pasaron la primera prueba (la escrita). ¡Se jalaron a 186
mil! Como eran finalmente 37 mil las plazas totales ofertadas para ser
“profesor nombrado” bajo la CPM (accedes a estabilidad laboral y
ascensos), existían 15 mil vacantes (en total 37 mil) más que postulantes
(en total 22 mil) cuando se dieron los segundos exámenes siguientes
(“desempeño”). ¡Papaya!
Sin embargo, menos de un tercio (esos 10 mil) de todas las plazas
disponibles con “nombramiento” (37 mil) fueron finalmente ocupadas
tras la segunda prueba. Los otros 12 mil restantes –los que habían
aprobado el escrito mas no “desempeño”– solo lograron ser
“profesores contratados” (por un año). Las disparidades regionales
también fueron dramáticas: en Lima aprobó el 64% de los postulantes
finales contra el 4% en Loreto (¡148 docentes para 3,888 plazas
disponibles!). Aquí está pasando algo estrambótico: o los postulantes
son un desastre profesional o las pruebas son demasiado exigentes
para un país donde la mayor parte de las facultades e institutos de
Educación son una pantomima y la calidad de sus profesores públicos
se refleja en dirigentes como Pedro Castillo. Ya comprendo por qué los
profesores huelguistas les tienen más miedo a estos exámenes que el
vampiro al crucifijo y por eso exigían tanto su desaparición o que les
jalen mil veces en las pruebas de rendimiento sin que les suceda nada.
Es que están en nada.
https://peru21.pe/opinion/ensayos-impopulares-aldo-mariategui/95-
desaprobados-