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EL CLIMA DE ESPAÑA EN LA BAJA EDAD MEDIA

En España el S.XI mantiene la tónica seca de los siglos precedentes, con una cierta tendencia cálida,
escasos inviernos severos, grandes nevadas en el centro de la Península, sequías (algunas en invierno)
y escasas lluvias extraordinarias.

En el S.XII se hace manifiesta esta fase lluviosa y cálida en la Península Ibérica visible en la recuperación
de la vegetación y un retroceso del desierto. En España las lluvias en la vertiente atlántica fueron
especialmente importantes en el semestre invernal, con noticias de frecuentes riadas e inundaciones
(la del Miño en 1102, Tajo 1138, la del Guadalquivir en 1168, etc.) También alguna de estas lluvias
catastróficas se dieron en inviernos en Aragón y Cataluña. Aun así, las sequías no faltaron en este siglo.
Aunque los inviernos fueron generalmente suaves también se registraron algunos severos en 1110,
1113 y 1114, en el cuadrante noroccidental de la Península.

En el S.XIII en España se mantienen las mismas características climáticas, aunque quizás más
acentuadas en lo que respecta a la pluviosidad, muy notable en la vertiente atlántica, que trajeron
consigo numerosas avenidas y desbordamientos. La pluviosidad en la vertiente mediterránea no debió
diferir mucho de lo que es hoy en día, al contrario de la atlántica, donde fue mucho mayor.

Agricultura

A lo largo de la Edad Media europea surgen importantes innovaciones tecnológicas que aportarán
algunos elementos positivos al trabajo de los campesinos. Las principales innovaciones en la
agricultura medieval se debieron al mayor dinamismo del modo de producción feudal, que suponía
para los siervos un mayor incentivo en la mejora de la producción que para los esclavos.
Las Partidas de Alfonso X de Castilla definen a los campesinos dentro de la sociedad estamental como
los que labran la tierra e fazen en ella aquellas cosas por las que los hombres han de vivir y de
mantenerse. Este campesinado activo fue la fuerza fundamental del trabajo en la sociedad medieval.

El cambio del buey por el caballo como animal de tiro fue el resultado de dos avances tecnológicos —
el uso de la herradura y el desarrollo de la collera— que permitían al caballo tirar de mayores cargas
más fácilmente. Esto aumentó la eficiencia del transporte por tierra, tanto para el comercio como para
las campañas militares, y sumado a la mejora general de la red de carreteras aumentó las
oportunidades comerciales para las comunidades rurales mejor comunicadas. En algunas zonas con
tierras especialmente fértiles, se introdujo la rotación de cultivos de tres hojas (rotación trienal,
asociando un cereal de primavera o una leguminosa a un cereal de invierno), lo que reducía al 33 en
vez de al 50% la necesidad de barbecho frente al sistema de año y vez, aumentando la producción y
haciéndola más diversificada. La posibilidad de abonado, estaba restringida a la disponibilidad
de ganadería asociada, que, en las zonas y periodos en que se incrementó, tuvo un importante impacto
en la vida campesina, aunque no siempre positivo para los agricultores, cuyos intereses estaban en
contradicción con los de los ganaderos, habitualmente de condición privilegiada (el Concejo de la
Mesta y asociaciones ganaderas similares en los reinos cristianos peninsulares). El ejemplo de
los monasterios, especialmente de la orden benedictina expandidos por toda Europa occidental
(Cluny y Císter), extendió prácticas agrícolas, de gestión de las propiedades y de industria alimentaria.

Comercio

A lo largo del siglo XVI, la población de los reinos hispánicos aumentó considerablemente,
especialmente en Castilla. A finales del siglo XV, la población alcanzaba los cinco millones y a principios
del siglo XVII se acercaba a los ocho. La población urbana era escasa y pocas ciudades tenían más de
cinco mil habitantes, pero Barcelona, Valencia, Valladolid, Toledo y Segovia llegaron a superar los
30000 habitantes en el siglo XVI.

En la agricultura, se extendió la superficie cultivada gracias al incremento de la población y a la


demanda de productos. La artesanía también creció en la primera mitad del siglo XVI. Sin embargo,
fue perdiendo competitividad respecto de la producción extranjera debido al atraso tecnológico y la
menor calidad. Además, la política de la monarquía favoreció a la exportación de este producto. En el
siglo XVI se empezaron a explotar importantes minas de oro y plata en América. Como consecuencia
de ello, se produjo una enorme demanda de productos de consumo en las nuevas tierras. El comercio
con América ,que monopolizaba Castilla, experimentó un gran desarrolló. Este crecimiento comercial
se centró en los puertos castellanos del Atlántico, especialmente en Sevilla.

Sin embargo, la entrada masiva de metales preciosos procedentes de América provocó la subida de los
precios e hizo disminuir el poder adquisitivo de las clases populares y su nivel de vida. En lugar de crear
industrias nacionales o mejorar la agricultura, España gastó el oro americano en financiar las guerras
y pagar productos importados de Europa, que eran de mayor calidad y a precios más competitivos. las
inversiones domésticas no beneficiaban a la economía, ya que eran solamente gastos de lujo, como
construcción de monumentos y obras de artes.
Comercio

En el siglo XIV, como consecuencia de la Peste Negra y la Guerra de los Cien Años (Francia y Gran
Bretaña), hubo una disminución en la producción agrícola, lo que causó escasez de alimentos y la
hambruna resultante sobre gran parte de Europa Feudal. Con la situación social alarmada, los señores
feudales comenzaron a aumentar las tasas impositivas para los campesinos. Esa situación llevó a varias
rebeliones campesinas y los ataques contra los señores feudales. Estos hechos eran conocidos como
jacqueries, en honor a Jacques, apodo peyorativo dado a los campesinos por la nobleza. En los campos
que estaban casi vacíos, los campesinos sobrevivientes demandaron mejores condiciones de trabajo y
querían una mayor proporción de la producción agrícola. En el feudalismo, los siervos practicaban la
agricultura en las tierras del señor feudal, toda la producción del manso señorial (mitad de las tierras
del señor) era destinada al señor, y gran parte de la producción de mano servil (tierras donde los
siervos plantaron para su subsistencia aunque también pertenecían al señor feudal) tenía el mismo fin.
Los sirvientes, descontentos con la pequeña cantidad de la producción para sí mismos, pronto
comenzaron los movimientos de rebelión contra las relaciones de servidumbre. Los señores intentaron
evitar los disturbios y reforzaron leyes que prohibían la fuga de los siervos. En 1358, una revuelta
campesina sucedía en Francia; en 1381, en Inglaterra. Las principales demandas campesinas se
relacionaron con la lucha contra el hambre y las malas condiciones de vida. La situación marcaba la
crisis del siglo XIV. El reclamo más importante fue el cuestionamiento sobre el status quo actual en la
sociedad medieval, es decir, la división social en estamentos (el primer estamento era formado por el
clero; el segundo estamento por los nobles; y la capa inferior formada por campesinos y esclavos)
La peste negra

Peste Negra es el nombre comúnmente dado por la historiografía a la peor epidemia sufrida por
Europa en toda su Historia. Para sus contemporáneos fue simplemente la "Gran Peste" (la magna
pestilentia, en los documentos latinos de la época). Se originó en el Lejano Oriente, probablemente a
principios de la década de 1330, y en 1346 ya apareció en las factorías italianas de Crimea; en 1347 se
había extendido hacia Constantinopla y el Mediterráneo oriental, y llegaría a Sicilia y a los puertos del
Adriático a finales de año. A principios de 1348 causaba estragos en Génova, y desde allí se propagó
durante 1348 y 1349, lenta pero inexorablemente, del sudeste al noroeste. Tanto su progresión como
sus efectos iban a ser muy irregulares y variables: mientras algunas localidades quedaron
prácticamente arrasadas, otras no sufrieron daño alguno. Londres, París y Florencia, por ejemplo, se
vieron muy afectadas por la enfermedad, mientras que Milán, Lieja o Núremberg escaparon del
contagio con daños relativamente menores.

Pero ¿cuál fue la "zona cero" de la epidemia en Europa? Todos los datos apuntan al puerto siciliano
de Mesina como foco inicial de la propagación. Allí atracó, el 1 de diciembre de 1347, al menos un
barco lleno de marineros moribundos proveniente del mar Negro. Los tripulantes sufrían altas fiebres
y presentaban ganglios en el cuello y las ingles que parecían ir a estallar en cualquier momento, así
como la piel cubierta de bultos negros (de ahí su nombre). Morían en apenas unos días sin que ningún
médico pudiese evitarlo ni aliviar sus males. El barco de aquellos marineros había recalado en Caffa,
en el mar Negro, hasta donde, probablemente, la epidemia había llegado desde Mongolia por la Ruta
de la Seda. La enfermedad, sin causa conocida por entonces, avanzó como un rayo por Europa. En
apenas cinco años, la Peste Negra surcó el continente de París a Londres y de Barcelona a Moscú,
llevándose por delante más de 20 millones de vidas.

Hay varias hipótesis sobre dónde comenzó la mayor epidemia medieval: quizá en algún lugar del norte
de la India o, más probablemente, en las estepas de Asia central, desde donde fue llevada al oeste por
los ejércitos mongoles. Así, hay que recordar que la colonia genovesa de Caffa fue asediada por
aquellos guerreros, y se cuenta que estos lanzaban con catapultas los cadáveres infectados dentro de
la ciudad. De este modo, los refugiados de Caffa habrían contagiado luego la peste a los marinos de
Mesina... o a las ratas de su barco. Se pensaba entonces que los monjes mendicantes, los peregrinos y
los soldados que regresaban a sus casas eran el vehículo para la introducción de las grandes epidemias
de un país a otro. Esto era en parte cierto, pero sin duda el comercio naval fue la actividad más
peligrosa, ya que los barcos llegaban a puerto y descargaban, junto con las mercancías, las ratas
infectadas, procedentes de países donde la enfermedad era endémica. Y este fue sin duda el medio
mayor de difusión de la Peste Negra.