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UNIVERSIDAD NACIONAL SAN ANTONIO ABAD DEL CUSCO

ESCUELA DE POST GRADO UNSAAC

CARRERA PROFESIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS POLTICAS

LA RESOCIALIZACIÓN Y LOS ESTABLECIMIENTOS PENITENCIARIOS


EN EL PERÙ

CURSO : DERECHO DE EJECUCION PENAL

DOCENTE : DR. WILFREDO USCAMAYTA CARRASCO

ALUMNO :

 WILSON GREGORY LIMACHI QUISPE


 BERTHA MAMANI QUISPE
 EDWIN VERA ROJAS
 BRANLY CHOQUEPUMA TORBISCO

PUERTO MALDONADO- PERU


INTRODUCCION

El presente tema busca analizar y dar a conocer una nueva concepción de la


resocialización como fin de la pena, desde un análisis real de la aplicación de
dicho fin. Para ello se pasa a explicar el concepto y las teorías que la definen, así
como la importancia de la pena en nuestro sistema penal. Luego se precisa sobre
la idea de resocialización.

En la segunda parte se desarrolla los conceptos y realiza un análisis a la


institución de los Establecimientos Penitenciarios, ya que consideramos que para
lograr la resocialización es importante que los establecimientos penitenciarios
estén acorde a las recomendaciones de la ONU, y la administración pueda cumplir
con los fines de esta institución para que finalmente se logre la resocialización del
condenado.
TERMINILOGIA DE RESOCIALIZACION

Existen varios términos similares a dicho vocablo, que inclusive se los utiliza como
sinónimos aunque en modo alguno pueden tener el mismo significado.
“Reeducación”, “reinserción social”, como cita MUÑOZ CONDE,
“repersonalización”, “reindividualización”, “reincorporación”, como agrupan bajo el
mote de “ideologías re” son diversas dicciones que parecen hacer alusión a la
misma idea, esta es, “asignar a la ejecución de las penas y medidas privativas de
libertad una misma función correctora y aún de mejora del delincuente.”

Ahora bien, antes de abocarnos de lleno al análisis histórico y crítico de este


fenómeno jurídico, es preciso definir los orígenes del término en cuestión. En ese
sentido, cabe señalar que la palabra tiene una raíz alemana (Resozialisierung);
siendo que no se utilizaba desde los principios de la idea, sino que llegó para
reemplazar o acompañar al vocablo “mejora” (Besserung), introducido por Eb.
Schmidt, en la vigésimo quinta edición del manual (Lehrbuch) de Von Liszt, largo
tiempo después de la muerte de su mentor, quien mayoritariamente se inclinaba
por definir a la teoría como la “mejora” del delincuente.

GARCIA PABLOS DE MOLINA atribuye a dicha versión del tratado como la


primera vez que se utilizó el término “resocialización”; destacando, sin embargo,
que su consagración definitiva no tuvo lugar desde las teorías de los fines de la
pena, sino en la de la ejecución de la misma y medidas de seguridad privativas
de libertad. De este modo, concluye en que esto se debió en gran parte al aporte
de Schüller-Springorum, en 1969, al abrirse paso la tesis de que la pena no ha de
infligir males innecesarios, justificándose su ejecución no ya en nombre de la
defensa social, ni en el de la retribución, sino en razón del programa
resocializador.

Allí también cita a Karl Peters como quien continuó el análisis de la evolución del
término, que tuvo su nacimiento como un sinónimo de prevención especial,
apartando de ésta las influencias del “aseguramiento” (Sicherung) o “intimidación”
(Abschreckung). Cabe destacar al respecto dos puntos interesantes; en primer
lugar, que más allá de que la palabra en sí no sea admitida como un vocablo oficial
según la Real Academia Española (RAE), eso no le impidió ganar mayor terreno
en el campo jurídico, libertad. En segundo lugar, también es curioso que los
tratados internacionales de derechos humanos más importantes dentro de nuestro
sistema constitucional no se inclinaron por dicho precepto, utilizando en cambio el
de “readaptación social”, que a todo evento, tampoco posee acogida favorable
desde la RAE.

Ahora bien, sesgada la cuestión respecto del nacimiento del término, y de sus
sinónimos, resta preguntarnos en qué punto la idea del sentido de la pena
privativa de la libertad como modo de corrección del delincuente ganó poder y
desplazó a la prisión como una mera medida de seguridad, que tomaba lugar
hasta que se decida cual sería su consecuente castigo. Respecto de ello, nos
expediremos en el siguiente acápite.

LA IDEA DE RESOCIALIZACIÓN COMO FIN DE LA PENA

En la década de los años sesenta del siglo pasado, específicamente en Alemania,


la teoría de la prevención especial fue definida de una manera uniforme con el
concepto de resocialización, poniendo el acento en la co-responsabilidad de la
sociedad en el delito, subrayándose la importancia de la ejecución penal basada
en el tratamiento, Según lo señala el maestro Bacigalupo.

Nuestra Constitución Política de 1993 acoge esta concepción al establecer en el


artículo 139, inciso 22, que el régimen penitenciario tiene por objeto la
reeducación, rehabilitación y reincorporación del penado a la sociedad.

En igual sentido el Código Penal de 1991 introdujo a la legislación penal peruana


normas sobre la finalidad de la pena y un nuevo sistema de penas, así el artículo
IX del Título Preliminar expresa que “la pena tienen función preventiva, protectora
y resocializadora”.

En las aulas nos enseñan que el sistema de rehabilitación social es la mejor


opción para tratar a una persona que ha cometido un delito, resulta tan lógico
como natural. Lógico, porque algo positivo hay que hacer con los condenados, y
natural, porque qué más puede pedir un delincuente que cambiar para bien.

Además, es un sistema humano y motivador. Humano porque parte de la idea de


que las personas han cometido un error y pueden enmendarlos. Motivador porque
para poder rehabilitarse el estado está en la obligación de elaborar políticas para
conceder rebajas a las penas, que es el mecanismo por excelencia para
rehabilitar, y que a través de un sistema de estímulos se incentiva el cambio; nada
mejor para una persona que saber que si hace un esfuerzo podría disminuir sus
penas (Ávila, p. 144).

Si la idea de resocializar a los condenados funciona mal, no es culpa de la teoría,


sino de un puño de funcionarios corruptos o por la falta de recursos del estado. El
problema no es la teoría sino la forma como se ejecutan y aplican las normas en
la práctica.

¿SE DEBE RESOCIALIZAR A UNA PERSONA?

Luego de lo ya explicado se podría alegar que la respuesta a esta interrogante


resulta más que obvia, pues como hemos indicado líneas arriba no hay nada más
adecuado, actual y acertado que resocializar al condenado con la finalidad que
no vuelva a reincidir en el delito, además, cómo podría ser posible que tanta
teoría, tanta legislación, tantos juristas se puedan equivocar.

No obstante, desde la óptica de un sistema jurídico que procura ser coherente


entre los derechos y su ejercicio, entre las normas secundarias y las que
reconocen derechos fundamentales, la respuesta es no.

La respuesta negativa que propugnamos no es antojadiza, por ello, a continuación


expondremos algunos argumentos por los cuales, desde nuestra opinión, resulta
necesario redefinir la idea de resocialización como finalidad de la pena, para
enfocarla, a partir de estos, desde una perspectiva que no colisione con los
derechos fundamentales de las personas que se encuentran en las cárceles
privadas, únicamente, de su libertad.

El primer argumento en contra de la idea de resocialización como función de la


pena, lo encontramos al confrontar dicha concepción con el principio de dignidad
formulado por el filósofo alemán Kant, el cual señala:

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la


persona de cualquier otra, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca
solamente como un medio.”

Lo cual indica que una persona nunca puede ser utilizada como un medio para
satisfacer un fin que no lo beneficie directamente. Por ende, si aplicamos este
imperativo categórico formulado por Kant como parámetro para evaluar si la idea
de resocialización como función de la pena es válida, resulta más que obvio que
la respuesta es negativa.

Ello se debe a que el sistema de rehabilitación social usa a la persona privada de


su libertad como un medio para cumplir un fin social, sin siquiera importar la
opinión del condenado, pues a éste no se le pregunta si está de acuerdo o no, tan
sólo se le impone este fin porque es beneficioso para la sociedad.

Sin embargo, esta perspectiva utilitarista no armoniza con la dignidad humana. El


fin de la sociedad no puede imponerse al individuo; en otras palabras, no puedo
sacrificar a un individuo a pretexto de la utilidad de su sacrificio para la sociedad
(Ávila, p.147). La resocialización sólo puede funcionar si es que está conforme
con la voluntad de la persona a resocializar.

Además, una pena privativa de la libertad, de acuerdo al principio de estricta


legalidad, se agota en la privación de la libertad ambulatoria del condenado, el
cual no pierde su libertad para decidir cómo quiere vivir antes o después de la
condena, lo contrario sería vulnerar otros derechos fundamentales de la persona
de manera arbitraria.

En conclusión, la sanción penal es la privación de la libertad, no está tipificada


como sanción el impedir el libre desarrollo de la personalidad. Las personas
condenadas (medios) son rehabilitadas para que la sociedad tenga paz y
seguridad (fin). En este contexto, las personas no tienen dignidad y por eso
pueden rehabilitarlos al buen querer y entender de las autoridades penitenciarias.
Esta última interpretación no se compadece con los derechos de las personas, lo
señala el maestro Avila Santamaria.

En este orden de ideas, podemos construir un segundo argumento en contra de


la idea de rehabilitación como función de la pena poniendo en evidencia las
contradicciones que presenta la fase de ejecución de las penas con los dos
grandes fundamentos conceptuales sobre los que se asienta el garantismo penal:

1. El principio de estricta legalidad,


2. y El principio de jurisdiccionalidad.

Por el principio de estricta legalidad, los delitos, el procedimiento y las penas están
predeterminados por el sistema jurídico, y éstos son respetuosos de la
Constitución. Por el principio de jurisdiccionalidad, las autoridades que ejercen
competencias penales deben verificar que los hechos existan y que esos hechos
correspondan a los tipos penales establecidos en la ley.
De esta manera, es lamentable observar que nuestro Código de Ejecución Penal,
por ejemplo, en el Capítulo Segundo del Título II referido al Régimen Penitenciario
sancione conductas que podrían considerarse como tipos en blanco, así el inciso
6 del artículo 25º establece que es una falta grave “realizar actos contrarios a la
moral”, pero lo que resulta aún más vejatorio es que el inciso 12 del citado artículo
señale que se considera una falta grave “cometer cualquier otro acto similar
previsto en el Reglamento”, teniendo en cuenta que el Reglamento de Ejecución
Penal es un Decreto Supremo, es decir, un norma jurídica emanada por el Poder
Ejecutivo sin ningún control por parte del Poder Legislativo.

Igualmente, las faltas atribuidas a los internos son investigadas y resueltas por
autoridades que no son totalmente imparciales e independientes. En nuestro
ordenamiento penitenciario se le encarga la misión de investigar al Jefe de
Seguridad Penitenciaria, y la de juzgar al Consejo Técnico Penitenciario,
actuando como órgano de segunda instancia el Director Regional del Instituto
Nacional Penitenciario, estas autoridades administrativas a nuestro entender no
son las mejor alternativa para resolver sobre las posibles faltas en las que incurran
las personas privadas de su libertad, ni para ejercer el control y vigilancia de la
fase de ejecución de las penas.

Como bien sabemos, el modelo penal garantista concebido por el maestro Luigi
Ferrajoli, con su planteamiento empirista y cognoscitivista asegurado por los
principios de estricta legalidad y estricta jurisdiccionalidad, fue concebido y
justificado por la filosofía jurídica ilustrada como la técnica punitiva racionalmente
más idónea -en alternativa a modelos penales decisionistas y sustancialistas,
informados por culturas políticas autoritarias- para maximizar la libertad y
minimizar el arbitrio de la autoridad.

Esto se debe a que la experiencia nos ha enseñado a que mientras más


discrecionalidad tiene la autoridad, más arbitrariedades cometen en contra de los
más débiles, en nuestro caso, los privados de libertad.
Las personas privadas de la libertad, como en la peor época del positivismo penal,
están al arbitrio de las concepciones “científicas” de médicos, psicólogos,
pedagogos, burócratas y de su calificación profesional (ahí el poder), pues son
ellos los que otorgan los certificados que exigen las normas para acceder a
beneficios penitenciarios.

Por ello resulta sumamente importante que, el garantismo, a través de la lógica y


del discurso de los derechos fundamentales, imponga vínculos y límites. Las
personas en la cárcel tienen todos los derechos humanos salvo el ejercicio de la
libertad de movimiento y no deben ganarse privilegios. Actualmente podemos
afirmar que no hay control garantista sino más bien controles burocráticos:
importan los papeles no las personas.

Por otro lado, un tercer argumento radica en que el sistema de resocialización del
condenado se asienta sobre la base del derecho penal de autor, pues tan pronto
como una persona es condenada y llevada a un centro de privación de libertad, el
acto por el que se condenó a la persona se torna totalmente irrelevante y el actor
se encontrará bajo estudio científico.

Lo primero que van a hacer es clasificar a la persona según su peligrosidad. Entra


y se le clasifica. Durante la permanencia se va a valorar el comportamiento del
individuo. Mientras mejor se porte, que quiere decir que mientras más se adapte
al sistema de privación de libertad, tendrá una serie de privilegios y premios:
rebajas de penas, semi libertad y libertad condicional. Si una persona no se
adapta a la privación de libertad, que parecería desde nuestra perspectiva la más
normal, tendría mayor tiempo de privación de libertad y no se le aplicaría el
famoso régimen progresivo, sin importar –insistimos– el acto cometido por el que
se le puso sentencia.

Finalmente, el último argumento que expondremos resulta ser el más preocupante


y contradictorio, pues sin miedo a equivocarnos podemos afirmar que el sistema
de rehabilitación lamentablemente no resocializa a las personas privadas de la
libertad. Y este argumento se demuestra estadísticamente cuando revisamos los
altos índices de reincidencia que existen actualmente, lo cual sumado a que
resulta muy paradójico sostener que es posible enseñarle a una persona a vivir
en sociedad encerrándola en una cárcel en condiciones infrahumanas, hacinada,
brindándole programas de rehabilitación que imponen oficios marginales a
personas que puede no interesarle ni servirle.

Es por eso que podemos afirmar, como bien enseña el maestro José Ávila
Herrera, que las personas no se resocializan por la cárcel, sino a pesar de la
cárcel; ya que el sistema penal no puede ni podrá garantizar la resocialización de
los condenados.

Sin embargo, no podemos negar que hay gente que cambia y para bien, pero
esos cambios no se producen porque el sistema rehabilite sino por condiciones
de carácter personal o por aprendizajes que surgen por lo terrible de la cárcel y
no por su ambiente o sus programas rehabilitadores. Se dice que cuando se
pierde lo que se tiene, se valora. En ningún caso se justifica que el cambio se
deba a un enunciado legal de rehabilitación, cuando el ambiente propicia
exactamente un ambiente de vida ajeno al que se predica.

LOS CENTROS PENITENCIARIOS

Se denomina centros penitenciarios a los lugares o establecimientos donde deben


permanecer custodiadas las personas privadas de su libertad en razón de detención
preventiva, así como las condenadas al cumplimiento de penas privativas de libertad
o cualquier otra medida cautelar ordenadas o decretadas por autoridad o tribunal
competente, y cuyo principal objetivo es la resocialización de éstas. De acuerdo con
su destino de servicio se clasifican de la siguiente manera: Centro de Detención
Preventiva, Centro de Cumplimiento de Penas, Centro de Privación Abierta, Centro
Femenino y Centro de Reinserción Social.

Los centros penitenciarios están concebidos arquitectónicamente con una tipología


modular que posibilita crear espacios que facilitan la vida diaria en la prisión, y
responden a la doble función de lugar de custodia y espacio favorecedor de
la rehabilitación. Están configurados, pues, para ser instrumentos eficaces para la
educación y reinserción de los internos, al tiempo que garantizan su seguridad y el
cumplimiento de las penas. (Secretaria de Instituciones Penitenciarias de España,
2016)

En los establecimientos penitenciarios se cuida mucho el que cada uno de los


departamentos, módulos o unidades que lo integran tengan garantizados, en
igualdad de condiciones, los servicios generales y las prestaciones adecuadas a los
fines específicos a que vengan destinados y a los generales del sistema
penitenciario.

Los establecimientos penitenciarios de todo el mundo albergan a más de 10


millones de personas, existiendo una tasa promedio de 146 internos por cada 100
000 habitantes (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, 2014).

En la región latinoamericana estas tasas muchas veces son mayores al promedio,


como en el caso de 12 países de la región, entre los cuales se encuentra el Perú,
que presenta una tasa de 247 internos por cada 100 000 habitantes (ONU, 2014)

REGULACION LEGAL DE LOS CENTROS PENITENCIARIOS


La creación y la administración de los Establecimientos Penitenciarios tiene base
legal en nuestra Constitución Política del Perú en el Artículo 139 que señala lo
siguiente

“21. El derecho de los reclusos y sentenciados de ocupar establecimientos


adecuados”.

Asimismo, se encuentra regulado en el Decreto Legislativo Nº 654 en sus artículos


de 95 al 117 que es en relación al régimen penitenciario.

TITULO IV LOS ESTABLECIMIENTOS PENITENCIARIOS (Artículo 95 al 117)

Capítulo I Instalaciones (Artículo 95 al 105)

Capítulo II Órganos (Artículo 106 al 111)

Capítulo III Seguridad (Artículo 112 al 117)

Asimismo, está establecido en su reglamento DECRETO SUPREMO Nº 015-2003-


JU emitido por el Ministerio de Justicia en el año 2003, que regula los
establecimientos penitenciarios en sus artículos del 211 al 241.

CLASIFICACION DE LOS CENTROS PENITENCIARIOS

Artículo 95.- Los Establecimientos Penitenciarios se clasifican en:

1.- Establecimientos de Procesados.

2.- Establecimientos de Sentenciados.

3.- Establecimientos de Mujeres.

4.- Establecimientos Especiales.


DE PROCESADOS

Los Establecimientos de Procesados son aquellos destinados a la detención y


custodia del interno en proceso de investigación y juzgamiento. En estos
Establecimientos funcionan Centros de Observación y Clasificación.

DE SENTENCIADOS

Los Establecimientos de Sentenciados están destinados al interno condenado a


pena privativa de libertad y son:

1.- De régimen cerrado.

2.- De régimen semi-abierto.

3.- De régimen abierto.

DE MUJERES

Los Establecimientos de Mujeres están a cargo, exclusivamente, de personal


femenino. La asistencia legal, médica y religiosa podrá estar a cargo de varones.

Los hijos menores llevados al Establecimiento Penitenciario por la interna, podrán


permanecer hasta los tres años de edad, previa investigación de la asistencia social,
y deben ser atendidos en una guardería infantil. Provisionalmente, pueden
permanecer en el Establecimiento Penitenciario, en ambientes separados. Cuando
el menor sobrepasa la edad referida, su permanencia futura en el exterior es
determinada por quien ejerce la patria potestad o la tutela. En caso de peligro moral,
la asistencia social coordina con el Juez de Menores.

ESPECIALES

Los Establecimientos Especiales son aquellos en los que prevalece el carácter


asistencial y comprenden:

1.- Centros hospitalarios.


2.- Centros psiquiátricos.

3.- Centros geriátricos.

4.- Centros para madres con hijos, los mismos que cuentan con un local para
guardería infantil.

5.- Centros para la ejecución de las medidas de seguridad determinadas por el


Código Penal.

INFRAESTRUCTURA DE LOS CENTROS PENITENCIARIOS

la infraestructura penitenciaria es una de los temas contemplar una política criminal


penitenciaria por lo que resulta de gran interés su priorización. En primer lugar,
porque es allí donde se refleja la cruda realidad del impacto que genera el
hacinamiento penitenciario: la cantidad de personas por unidades físicas de
albergue, ventilación e iluminación, condiciones de higiene y más.

Otro de los grandes problemas del sistema penitenciario son las malas condiciones
de infraestructura de los establecimientos penitenciarios en general, entendiéndose
no solo en términos de capacidad de albergue, sino en función de las condiciones
en la que se encuentran los servicios básicos, la seguridad, así como los ambientes
para el desarrollo de las actividades de tratamiento.

Las “Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos” señalan la obligación de


generar la separación de los internos por categorías; es decir, considerar la edad,
el sexo, la razón de la detención, la condición de imputado o condenado; además
recomiendan la reclusión nocturna unicelular, satisfacer exigencias de higiene;
clima; alumbrado; calefacción y ventilación, donde los privados de libertad tengan
que vivir o trabajar.

El hacinamiento es causado por la insuficiencia de la capacidad de albergue de los


establecimientos penitenciarios
FUNCIONES DEL INSTITUTO NACIONAL PENITENCIARIO

El INPE es la entidad encargada de dirigir y controlar técnica y administrativamente


el Sistema Penitenciario Nacional, asegurando una adecuada política penitenciaria,
tendiente a la resocialización de la población penitenciaria. Entre sus funciones
principales tiene:

• Dirigir y administrar el Sistema Nacional Penitenciario.

• Formular y proponer políticas, normas, planes, programas y proyectos de


desarrollo para la ejecución de las actividades de asistencia social, legal,
psicológica, religiosa y de salud, así como de trabajo y educación en los
establecimientos penitenciarios.

• Dirigir, supervisar y evaluar las actividades asistenciales de índole social, legal,


psicológica y religiosa que coadyuven a la modificación de la conducta del interno;

• Desarrollar las acciones de asistencia post - penitenciaria en coordinación con los


Gobiernos Regionales y Locales.

• Dictar normas técnicas y administrativa sobre el planeamiento y construcción de


infraestructura penitenciaria.

ADMINISTRACION DE LOS CENTROS PENITENCIARIOS

Los Órganos de Línea del INPE Los órganos de Línea constituyen el corazón de la
entidad y realizan las actividades principales del INPE.

• Dirección de Tratamiento Penitenciario

• Dirección de Registro Penitenciario

• Dirección de Seguridad Penitenciaria

• Dirección de Medio Libre


SERVICIOS NECESARIOS DE LOS CENTROS PENITENCIARIOS

-Asistencia legal: El servicio de asistencia legal está orientado a la asesoría jurídica,


apoyo en la organización y tramitación de expedientes de beneficios penitenciarios,
clasificación y reclasificación de los internos, y defensa del interno que no cuenta
con capacidad económica para contratar un abogado defensor.

-Asistencia psicológica: El servicio de Psicología, realiza acciones de observación,


diagnóstico y tratamiento del interno; opina sobre su progresión o regresión en el
tratamiento; realiza consultas y psicoterapias individuales, familiares o grupales; y,
procura el apoyo de instituciones públicas y privadas para el cumplimiento de sus
funciones.

También se brinda tratamiento a los internos a través de acciones de tipo Individual,


grupal y/o familiar; canalización de los niveles de impulsividad y agresividad, estrés,
ansiedad y otros generados como producto del encierro.

-Asistencia Social: Los trabajadores sociales del Instituto Nacional Penitenciario


dirigen su accionar en la restitución, mantenimiento y fortalecimiento del vínculo
familiar para el logro de la resocialización del interno, y la prevención del delito.

EDUCACION

La educación en el sistema penitenciario es un tema importante, porque trata no


solo del derecho a la educación de toda persona sino que tiene implicancias en la
justicia penal y en la seguridad ciudadana. La educación penitenciaria, tiene como
centro y eje fundamental el desarrollo de los procesos educativos de los internos, y
de los hijos de las internas en las instituciones educativas que funcionan en los
establecimientos penitenciarios.
SALUD

La administración penitenciara es la responsable de asegurar que toda persona que


entre en un establecimiento penitenciario (privados de libertad, funcionarios y
visitantes) no se exponga al riesgo de contagio.

El descuido al respecto puede implicar un serio problema sanitario a toda la


comunidad libre, como resultado del contacto entre la prisión y el exterior, a través
de funcionarios y visitantes.

Lamentablemente los servicios penitenciarios de salud son insuficientes para


atender los requerimientos de la administración penitenciaria: el hacinamiento, la
falta de presupuesto, el insuficiente personal médico/técnico, la infraestructura
inadecuada, entre otros, son problemas que enfrentan las autoridades
penitenciarias y las personas privadas de libertad.

Los programas que se desarrollan son: Programa de Control de la Tuberculosis


(PCT), Programa de Control de Enfermedades de Transmisión Sexual y SIDA-
PROCETSS, Programa de Control de Madre – Niño, y Planificación Familiar.

La falta de una adecuada infraestructura sumada a la sobre población agudizan el


peligro de la propagación de enfermedades infectocontagiosas, como la
tuberculosis y el VIH/SIDA.
La tuberculosis es una de las enfermedades que ataca mayormente a los internos,
aproximadamente el 30% de la población ha contraído este mal, convirtiéndose en
un foco de afectación a la salud pública, pues no menos de 50 mil personas acuden
cada semana por diferentes motivos a los establecimientos penitenciarios, lo que
puede producir contagios en cadena. Otras enfermedades como el SIDA también
están presentes.

El Ministerio de Salud no reconoce a los servicios médicos del INPE como parte
ejecutora de las políticas nacionales en salud, por lo que no existe una adecuada
interrelación entre ambas instituciones. El sistema de salud pública, de conformidad
con la Ley General de Salud, no incluye a la población privada de libertad dentro de
público objetivo.

El Sistema de Salud Integral (SIS) sólo está previsto, en caso de población privada
de libertad, para atender casos de emergencias, gestantes y niños, mas no para el
total de los internos.

Los principales problemas de salud son:

• Infecciones respiratorias agudas.

• Enfermedades diarreicas agudas / Parasitosis intestinal.

• Infecciones de piel.

• Enfermedades digestivas no infecciosas.

TRABAJO Y COMERCIALIZACION

El Código de Ejecución Penal establece que el interno sentenciado se encuentra


obligado a realizar actividades laborales en el establecimiento penitenciario,
acciones que coadyuven en el objetivo de progresar en el régimen penitenciario y
en la posibilidad de acceder a los beneficios penitenciarios o gracias presidenciales.
Pero la legislación no establece el trabajo sólo como un deber del interno, sino
también como un derecho.

En tal sentido, el Estado y, concretamente la autoridad penitenciaria, deben brindar


las condiciones necesarias para un trabajo digno. A nivel de infraestructura
penitenciaria diseñada para el trabajo, se ha producido una importante mejora, pues
los nuevos penales construidos y la ampliación de otros en los últimos años, han
comprendido en su diseño arquitectónico áreas de trabajo, las mismas que han sido
adecuadamente implementadas.

No obstante, subsisten aún serios problemas de infraestructura debido a que un


importante sector de establecimientos penitenciarios construidos en las décadas
pasadas, no contemplaron en su planificación áreas de trabajo (se privilegió la
seguridad antes que el tratamiento), obligando hasta la fecha, que se improvisen
talleres, en espacios que no siempre guardan las condiciones de habitabilidad y
seguridad requeridas.

SEGURIDAD PENITENCIARIA

Es el órgano encargado de desarrollar las acciones de seguridad integral que


garantice la seguridad de las personas, instalaciones y comunicaciones de los
establecimientos penitenciarios y dependencias conexas.

Esta Dirección, realiza el control de las visitas con el fin de evitar el ingreso de
artículos prohibidos, a los establecimientos penitenciarios, razón por la cual se hace
necesario implementar nuevas medidas de seguridad adecuadas para evitar el
ingreso de estos materiales a dichos penales, toda vez que constituyen un riesgo
operativo para las actividades dentro de los penales.

A pesar de los esfuerzos realizados por el personal de seguridad de los penales,


estos se ven doblegados debido a que los establecimientos penitenciarios no
presentan condiciones favorables al interno, en lugar de favorecer el proceso de
rehabilitación social, estimulan el aprendizaje de conductas antisociales y delictivas.
Asimismo, el personal que se dedica a las labores de seguridad es insuficiente. El
promedio por cada turno, aproximadamente, es de 1,162 agentes penitenciarios que
deben atender el resguardo de 52,700 internos.
CONCLUSIÓN

La Criminología, como ciencia empírica y multidisciplinaria, proporciona con


mayor eficiencia y eficacia información útil en orden a una intervención positiva
en el hombre que se pretende rehabilitar a través de la pena.

El tratamiento penitenciario debe ser concebido como una intervención clínica en


el penado, que produzca una transformación cualitativa del infractor,
lamentablemente fracasaremos.

De esta manera, la intervención necesita un conjunto de asistencias post


carcelarias, que atiendan los requerimientos reales del ex condenado cuando
busque su incorporación en su medio social, familiar, laboral, etc.

Por ello, en aras de lograr una intervención positiva y rehabilitadora del infractor
se requiere determinar cuál es el verdadero impacto de la pena en quien la sufre,
para minimizarlo al máximo y que el penado no sufra consecuencias irreversibles
de marginación social al momento de pretender reinsertarse en la sociedad.

Por otro lado, se debe generar y promover programas modernos de reinserción


social del ex penado, que permitan de manera efectiva su reincorporación a la
sociedad, ello se conseguirá en la medida de que se concientice a la sociedad de
que el delito no es un problema exclusivo del sistema penal.

Debemos generar un compromiso social, resultado vital para ello que se comprenda
que el crimen es un problema comunitario que nació en la sociedad y que en ella
debe encontrar su solución, pues el infractor formaba parte de dicha comunidad
cuando cometió el delito, y al momento de egresar de cumplir con la
FUENTES DE INFORMACIÓN.

 MUÑOZ CONDE, Francisco, “La resocialización del delincuente. Análisis y


crítica de un mito”, en “Doctrina Penal: Teoría y práctica de las ciencias
penales”, 1979: Vol 2 (5/8), Buenos Aires, pág 625

 ZAFFARONI, Eugenio Raúl, ALAGIA, Alejandro y SLOKAR, Alejandro,


“Manual de derecho penal -parte general”, Ed. Ediar, Buenos Aires,
segunda edición, sexta reimpresión, diciembre de 2006, página 46.

 ÁVILA SANTAMARÍA, Ramiro (2008). La rehabilitación no rehabilita, en


Ejecución Penal y derechos humanos: una mirada crítica a la privación de
la libertad. Quito: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
 BACIGALUPO, Enrique (1998). Principios de Derecho Penal Parte
General. Quinta Edición. Madrid: Akal.
 BERDUGO GOMEZ DE LA TORRE, Ignacio et al (1999). Lecciones de
Derecho Penal. Parte General. Barcelona: Editorial Praxis.
 FERRAJOLI, Luigi (1995). Derecho y Razón, una teoría sobre el
garantismo penal. Madrid: Editorial Trotta.
 RODRÍGUEZ DELGADO, Julio (1999). La reparación como sanción
jurídico penal. Lima: Editorial San Marcos.
 VILLAVICENCIO TERREROS, Felipe (2006). Derecho Penal Parte
General. Lima: Editorial Grijley.
 ZAFFARONI, Eugenio Raúl (1980). Tratado de Derecho Penal. Parte
General. Tomo I. Buenos Aires: Ediar.