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Filosofía y ciencia

Aunque durante muchos siglos (desde el siglo VI a. C. hasta el XV) no hubo distinción entre
filosofía y ciencia (para Aristóteles, de hecho, filosofía y ciencia eran una misma cosa: episteme, un
saber riguroso capaz de ofrecernos un conocimiento de la estructura de la realidad), a partir del siglo
XVI y del nacimiento de la ciencia moderna (con Galileo), se produce un gradual alejamiento (aunque
algunos científicos del siglo XVIII, como Newton, llamaban a su ciencia “filosofía natural”) entre la
filosofía y la ciencia, la cual se caracteriza por el método experimental o hipotético-deductivo. En este
sentido, la filosofía, aunque al igual que la ciencia es un saber racional y riguroso, no es “ciencia” (tal
como la entendemos hoy), porque:

1) No utiliza la experimentación, sino que es esencialmente reflexiva (incluso reflexiona


sobre sí misma –recordemos que la pregunta “¿Qué es filosofía?” es una pregunta
propiamente filosófica). En filosofía, todo se problematiza. Así, mientras que al científico le
interesa conocer la realidad para encontrar la solución a los problemas que nos aquejan,
al filósofo le interesa sobre todo la naturaleza de los problemas o de las preguntas que se
plantea –consciente de que los problemas filosóficos casi nunca tienen respuestas
definitivas, pero que el mismo hecho de planteárselos ya tiene un valor en sí mismo-. De
ahí que en filosofía las preguntas sean más importantes que sus respuestas.

2) Es globalizadora e integradora de los saberes, frente a la parcelación de la ciencia. Al


científico le interesan los fenómenos que se pueden observar y medir, mientras que al
filósofo le interesa la totalidad, pretende conocer el sentido de todo lo que hay en el
mundo (el conocimiento, incluido el científico, el ser humano, la acción, la sociedad, el
sentido de la existencia humana, el sentido de la historia, etc.). La ciencia se basa en
datos, acota un campo concreto de realidad, mientras que la filosofía, que debe partir de
los datos que le proporciona la ciencia, no dispone de ningún campo concreto, sino que
agrupa los problemas en grandes áreas de conocimiento –como veremos cuando
tratemos las ramas o disciplinas filosóficas). Así, la filosofía aspira a conseguir la verdad
total, aunque nunca lo logre.

3) Es un saber normativo, mientras que la ciencia, por el contrario, se limita a explicar cómo
se producen los procesos naturales y elude pronunciarse sobre cómo debemos
comportarnos. Y es que al científico le interesa conocer la realidad para poder predecir
acontecimientos futuros y poder intervenir en ellos (tecnología), mientras que al filósofo le
mueve el deseo de saber y la búsqueda de la felicidad individual y colectiva.