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II.

BREVE HISTORIA DE LOS CÓDIGOS PENALES ESPAÑOLES

En España, nos encontramos con una dilatada historia de Códigos Penales, que nace en el siglo XIX,
y que tiene como su antecedente inmediato en la propia Constitución de Cádiz de 1812. Esta
Constitución establece la personalidad de las penas; prohíbe el tormento, la pena de horca, la de
confiscación y la de azotes; y dispone que los Códigos civil, criminal y de comercio fueran unos en
todo el Reino. Tras el regreso de Fernando VII, se declaró nula la Constitución y se volvió al sistema
anterior. Sin embargo, después del levantamiento del General Riego (1820), se restablece
la Constitución de 1812 y se presenta ante las Cortes un proyecto que dio lugar al primer Código
español (1822).

El Código Penal de 1822, pese a su breve vigencia, tiene el mérito de ser el primero, aunque la
doctrina critica su carácter farragoso y la excesiva dureza de sus penas. Con fundamento en las ideas
de la Ilustración, constaba de un Título Preliminar y dos Partes: la primera dedicada a los "Delitos
contra la Sociedad" y la segunda a los "Delitos contra los Particulares". Como puede observarse, no
preveía la existencia de las faltas. Establece el principio de legalidad de los delitos y las penas, y en
muchos aspectos ha sido seguido por los Códigos posteriores: la definición legal del delito, los
catálogos de atenuantes y agravantes, o la regulación de la responsabilidad civil. Asimismo castigaba
los delitos imprudentes o "culpas" de conformidad con el principio de excepcionalidad, concretando
en cada caso cuándo un delito se penaba en su modalidad culposa, criterio que más tarde se abandonó
y que ha sido retomado por el vigente Código de 1995.

Tras el restablecimiento de la Monarquía absoluta en 1823 ("Cien mil hijos de San Luis") se restablece
el Derecho Penal del Antiguo Régimen (vuelven a entrar en vigor la Novísima Recopilación y las
Partidas como Derecho supletorio). Con el avance del políticamente accidentado siglo XIX, y bajo la
vigencia de la Constitución de 1845, se aprueba el Código Penal de 1848.Recoge la clasificación
tripartita de las infracciones penales (graves, menos graves y faltas). Contiene una estructura similar
al Código Penal vigente, con tres libros: disposiciones generales, de los delitos y las penas, y de las
faltas. Poco después de aprobó el Código Penal de 1850, que supuso una limitada reforma del
anterior, pero que recogió un mayor endurecimiento, castigándose con carácter general la
conspiración y proposición para delinquir, y aumentando la gravedad de los delitos políticos, del
atentado, del desacato y de los desórdenes públicos; por ello, algunos autores lo califican como
reaccionario.

Tras la revolución de 1868, y al amparo de la Constitución de 1869, se inauguró un fructífero periodo


en la codificación española, viendo la luz leyes tan importantes en nuestra historio legislativa como
el Código Civil, la Ley de Registro Civil, la Ley de Enjuiciamiento Civil, Ley de Enjuiciamiento
Criminal, la Ley Orgánica del Poder Judicial, el Código de Comercio y la Ley Hipotecaria. También
se aprobó el Código Penal de 1870, que pretende adaptar el texto de 1850 a las exigencias de
la Constitución de 1869. Estructurado en torno a tres Libros, tiene una inspiración política claramente
liberal que se manifiesta en distintos aspectos entre los que cabe destacar: la inclusión de delitos
contra los derechos individuales y de los delitos contra el libre ejercicio de los cultos, se procede a
una humanización de las penas, y se refuerza el principio de legalidad.

Tras el golpe de Estado del General Primo de Rivera (1923), asistimos a un nuevo régimen político
en cuyo marco se aprueba el Código Penal de 1928. La doctrina critica que se trata de un Código con
clara orientación totalitaria o fascista, y el propio Colegio de abogados de Madrid llegó a pedir, en
1930, que se derogara y volviera a aplicarse el Código Penal de 1870. Introduce el llamado dualismo,
es decir, prevé no solamente penas sino también medidas de seguridad, que restringían la libertad del
delincuente en función de su peligrosidad social. Mantiene la misma estructura en tres Libros, además
de un Título Preliminar dedicado a la ley penal y a su ámbito de aplicación. También cabe destacar
que regula el delito continuado, la tentativa imposible, el encubrimiento como delito autónomo y
condena condicional.

Apenas veinticuatro horas después de la proclamación de la Segunda República (1931), el Gobierno


provisional derogó el Código Penal de 1928, volviéndose al Código de 1870. Con fundamento en este
último, se aprobó el Código Penal de 1932, en cuya elaboración participaron grandes autores como
Jiménez de Asúa, Antón Oneca y Rodríguez Muñoz. Se trata de un texto con una orientación
humanitaria, que se manifiesta en la supresión de la pena de muerte, en la disminución del número de
agravantes, en el aumento de las atenuantes, o en la introducción de la sordomudez y del trastorno
mental transitorio como circunstancias eximentes.

Con la Guerra Civil nació una legislación penal especial, de corte autoritario. Posteriormente se
aprobó el Código Penal de 1944, que sigue esa tendencia autoritaria: restablecimiento de la pena de
muerte, penas más severas, entre otras cosas; aunque se mantiene el principio de legalidad y la
prohibición de la analogía. El Código Penal de 1944 sufrió muchas reformas a lo largo de los años,
llegándose a publicar textos refundidos en 1963 y 1973. También se produjeron modificaciones
derivadas del nuevo sistema político contenido en la Constitución de 1978, así como una numerosa
legislación en materia de terrorismo. Cabe destacar la reforma operada por la Ley Orgánica 8/1983,
de 25 de junio, de reforma urgente y parcial del Código Penal, así como la operada por la Ley
Orgánica 3/1989 de actualización del Código Penal.

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