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El Radicalismo es antes que nada un movimiento ético.

Por Sergio A. Oviedo


Es la intensión de este breve texto descubrir e interpretar por que para el pensamiento Radical,
la U.C.R. (Unión Cívica Radical) lejos de ser un partido político, un movimiento popular, “es una
ética”.

La ética, para la U.C.R., es fundamental. La ética es la idea primigenia junto a la libertad del
hombre y la oportunidad de elegir libremente a sus gobernantes. Es decir, se trata de la
búsqueda de las soluciones sobre la base de la idea moral. La idea ética y moral no sólo se
circunscribe al accionar político, hay en los radicales un “estilo” en su personalidad, en sus
costumbres, en sus modos de actuar: la austeridad, la sobriedad, el permanecer un poco oculto
de la publicidad, en su manera de hablar, su actitud de convencer, su gesto pedagógico en el
trato político individual. podemos decir que, el radicalismo – tanto en sus fundamentos
filosóficos como en su proyección práctica-alienta una aspiración fundamental: la de
redescubrir y, al mismo tiempo, construir entre todos las condiciones sociales en las que se
potencie la optimización humana o, lo que es lo mismo: el humanismo, como modo de pensar y
de actuar, apuesta por el cultivo intelectual y afectivo de una nueva ciudadanía capaz de poner
las bases para “lograr un hombre mejor en una sociedad más justa”.

Es intensión de este breve escrito descubrir e interpretar por que para el pensamiento Radical,
la U.C.R. (Unión Cívica Radical) lejos de ser un partido político, un movimiento popular, “es una
ética” (R. Alfonsín, 1983[1]).

La ética es fundamental para la U.C.R. La ética es idea primigenia junto a la libertad del
hombre y la oportunidad de elegir libremente a sus gobernantes. Es decir, se trata de la
búsqueda de las soluciones sobre la base de la idea moral, idea que fue incorporada por
Leandro Alem y fundamentalmente por Hipólito Yrigoyen como resultado de sus lecturas de
Krause [2, 3]. Sin estos fundamentos, la política se transforma en una cuestión de mercaderes.
Hay tres o cuatro cosas muy importantes en el pensamiento y la practica política de Yrigoyen y
el radicalismo que directamente tomadas del krausismo se han integrado a la fe doctrinaria de
la “ideología radical” y que concilian la herencia histórica del radicalismo con la ilustración del
siglo XVIII, el pensamiento de la Revolución Francesa, el republicanismo de los revolucionarios
de mayo y las corrientes del idealismo romántico social de la Generación argentina de 1837.

La profesión de Fe doctrinaria [4] es el credo político centenario del radicalismo, expresando su


contenido filosófico que le otorga permanencia como requisitoria transformadora, nutre los
imperativos éticos, los grandes principios que inspiran su ideología, orientan su conducta
ciudadana y guían su accionar político.
Esta profesión de fe se fundamente en cuatro ideas fundamentales que enmarcan el contenido
ético de su propuesta política, el cual en reiteradas oportunidades se ve expresado en el
discurso, las acciones de gobierno y la conducta de sus hombres.

Estas ideas están relacionadas a: La idea de democracia, como expresión de la soberanía


popular de la participación. La concepción del individuo concebido como ser para la libertad y
con la solidaria armonización del individuo con las necesidades de la sociedad en su conjunto.

Leandro N. Alem fundador de la Unión Cívica Radical

“Se trata de elevar a un pueblo a la alta dignidad del hombre libre, de consagrarle sus más
importantes derechos, combatiendo legalmente por la práctica de sus instituciones, que
formuladas en un código, son sin embargo, desconocidas y holladas por los malos mandatarios
… ” Leandro Alem.

“Para los radicales el pueblo no es algo que se mire, se valore y se proteja como exterioridad;
el pueblo somos nosotros mismos, esa totalidad que sufre y sueña, que protagoniza su
quehacer y su destino en cuya entraña sentimos, pensamos y vivimos, sin retacear problemas
colectivos. Nunca aprendimos a trepar para contemplarlo desde arriba y dejarle caer frases
tutelares, sentimientos de amparo y protección. El pueblo es para nosotros, sujeto de la
contingencia creadora en cuyo nudo dramático estamos todos apretados, y no objeto de una
terapéutica concebida desde observatorios, formulada desde gabinetes, engendrada, en suma,
fuera de su matriz histórica. Lo que no haga el pueblo no se hará por él; lo que el pueblo no
diga no se dirá por su cuenta…” Ricardo Balbín, (declaración en Radio El Mundo, 15 de febrero
de 1957).

La idea de nación y de las relaciones de las naciones entre sí, como articulación de soberanías
internas, de libre asociación de autonomías, partiendo de la sacralización de los hombres y de
los pueblos.

“El Radicalismo es la corriente histórica de la emancipación del pueblo argentino, de la


autentica realización de su vida plena en el cultivos de los bienes morales y en la profesión de
los grandes ideales surgidos de su entraña. Hunde sus raíces políticas en lo histórico de la
nacionalidad y constituye una requisitoria contra toda filosofía material de la vida humana y del
destino de la Nación en el mundo.

Así, el Radicalismo se identifica con las más nobles aspiraciones de los pueblos hermanos y lo
argentino, se articula y adquiere sentido esencial en la lucha emancipadora sudamericana y en
el anhelo universal por la libertad del hombre.

Desde el fondo de nuestra historia, trae el Radicalismo su filiación, que es la del pueblo en su
larga lucha para conquistar su personería. En la tradicional contienda que nutre la historia
argentina, el Radicalismo es la corriente orgánica y social de lo popular, del federalismo y de la
libertad, apegada al suelo e intérprete de nuestra autenticidad emocional y humana,
reivindicatoria de las bases morales de la nacionalidad; es el pueblo mismo en su gesta para
constituirse como Nación dueña de su patrimonio y de su espíritu…” Profesión de Fe
Doctrinaria.
“Nosotros no estamos contra el capital. Porque el capital como acumulación de dinero no es
mas que acumulación de trabajo… Pero estamos contra los excesos del capital. Es como si
reconociéramos que siendo bueno el alcohol es funesto el alcoholismo. Nosotros sabemos que
el capital, obediente a su ley constitutiva, no busca otra cosa que la ganancia, que coloca la
obtención de la utilidad por encima de la moral… El capital coloca la obtención de la utilidad y
del beneficio por encima de la libertad… sabemos que los titulares del capitalismo, que son
hombres como nosotros, conocen la tragedia de su propio destino… Queremos entonces una
revisión del ordenamiento capitalista. Queremos sacar el oro de la posición de símbolo augusto
que le da esta civilización y poner en su lugar al hombre y trabajar todos por ese hombre que
no pertenece a ningún partido, a ningún país, que el ser trabajador de todas las épocas, para
hacerlo mas suyo, para darle mas salud, para hacerlo mas soberano, para hacerlo mas libre”.
Crisólogo Larralde.

La concepción de armonía social, del dialogo, de la tolerancia, de la pacífica superación de los


conflictos, de un humanismo pacifista.

“El método violento de las élites de derecha o de izquierda se justifica a si mismo con el triunfo
definitivo y final, absoluto, de una ideología sobre otra y de una clase sobre otra. La democracia
aspira a la coexistencia de las diversas clases y sectores sociales, de las diversas ideologías y
de diferentes percepciones dela vida. Es pluralista…. hace posible la resolución pacífica de las
controversias de la sociedad” (Discurso del Sr. Presidente ante el Congreso de la Nación) Raúl
Allfonsín.

La idea ética y moral no sólo se circunscribe al accionar político, hay en los radicales un “estilo”
en su personalidad, en sus costumbres, en sus modos de actuar: la austeridad, la sobriedad, el
permanecer un poco oculto de la publicidad, en su manera de hablar, su actitud de convencer,
su gesto pedagógico en el trato político individual que surge de una conducta y de su
incorporación a una filosofía de vida y a una ética social. Estas formas del radicalismo no fue
solamente influencia del krausismo o el liberalismo del siglo XIX, también asume cierto
racionalismo kantiano otorgando imperativos categóricos a algunos de sus principios,
claramente antipositivistas, espiritualistas y humanistas, y esto forma parte permanente y dan
gran sentido e identidad a las concepciones ideológicas del radicalismo.” [5]

Leandro Alem no solo fundo la Unión Cívica Radical, sino que a través de consignas claras y
precisas como la reparación nacional, la defensa de la soberanía, el sufragio libre, la
intransigencia de principios, el respeto a la constitución, la defensa de la causa de los
desposeídos, la emancipación latinoamericana, le dio un programa a la Unión Cívica Radical,
un programa para ser llevado adelante y defendido a través del tiempo, puesto que estas
consignas se universalizan y perduran en la vida política, un programa que luego Hipólito
Yrigoyen a través de sus ideas y principios bien arraigados en la escuela Krausista, se encargo
de darle un sentido y una legitimación política que lo llevo a encontrar no solo la mencionada
filosofía política, sino que se transformó en un estilo de vida.
“Por eso para el Radicalismo los fines son inalterables: los de la libertad y los de la democracia
para la integración del hombre, así como pueden ser variables los medios porque son
instrumentos, y variables son las condiciones sociales de la realización nacional. En el proceso
transformador que vive el mundo, transformase también el Estado, pero el Radicalismo,
centrado en su preocupación por el hombre, no puede invertir los fines del Estado, cuyo
intervencionismo sólo puede referirse a la administración de las cosas y a los derechos
patrimoniales, y no a los derechos del espíritu, morada de la libertad humana. El mundo entero
sufre de un mal profundo proveniente de no adecuar las posibilidades materiales a fines de
emancipación del hombre”. Profesión de Fe Doctrinaria.

“La República sabe que la U.C.R. ha inscripto en su bandera de principios la honradez


administrativa, la libertad de sufragio, el régimen municipal, la autonomía de las provincias y el
castigo del fraude electoral y de las malversaciones del tesoro público. Este programa
amplísimo, progresista e impregnado de un espíritu esencialmente nacional, … propone
realizar las más adelantadas conquistas del derecho público.” Leandro Alem.

Dos importantes historiadores del catolicismo argentino, Loris Zanatta y Roberto Di Stéfano
plantean la hipótesis de que en nuestro país la política se practica como una religión. Esto es,
la fe política sustituye una fe religiosa en la que ya no se cree, pero es una mística que retorna,
transmutada. Es inevitable recordar esa hipótesis ante el nacimiento de la Unión Cívica Radical
[6].

La bandera más poderosa del radicalismo fue la lucha contra el fraude electoral. Era la “causa”
de la Nación contra el “régimen” oligárquico. Era también una utopía restauradora de los
valores liberales de la Constitución de 1853 y esto explicaría la negociación final con Roque
Sáenz Peña. Muchos radicales vivieron esta lucha como una batalla entre el Bien y el Mal,
donde Yrigoyen era un “apóstol”, los miembros del partido eran “correligionarios”, la victoria era
“la reparación” y cualquier renuncia, una “apostasía”.

De algún modo, la mística religiosa se transmutó en una mística política. El tiempo demostraría
que esta manera de practicar la política, apoyándose en una concepción esencialista, donde el
reclamo ético era puramente subjetivo y se ubicaba fuera de la historia, la sociedad y la
economía, tenía sus riesgos, como el maniqueísmo y la intolerancia. Estos no eran riesgos
nuevos en 1916, cuando Yrigoyen llegó al gobierno.

“El radicalismo tiene que volver a sus fuentes, que siempre estuvieron amparadas por lo que
Yrigoyen define como su idea moral. El partido puede cambiar su esencia sobre la base de la
frustración y los desengaños. Se hizo muy fuerte la defensa de sus ideales, tuvo casi un
sentido religioso. Por ello los radicales nos llamamos correligionarios, participantes de una
verdadera religión, que es la religión de la ética, de la política limpia, de la política moral. El
radicalismo tiene esos principios como base fundamental” Anselmo Antonio Marini.
“No es el Radicalismo un simple partido, como no pudo serlo el gran ideal congregante que
reunió a los grandes patriotas que fundaron Nuestra Nación y las Naciones hermanas en la
lucha por la Independencia. Es una fuerza de la Historia Nacional y continental que concibe la
República como idea moral y que brega por darle constitucionalidad a la independencia, por dar
a la Nación bases firmes, morales, espirituales, políticas para su desarrollo auténtico. Su
programa es una suma de programas y una continua lucha principista que aspira introducir la
autoridad moral en el sistema de la política con la preocupación, ante todo, del alma del
hombre argentino…” [7] Gabriel Del Mazo

El Radicalismo como ética representa un ejemplo de ética política desde el momento que se
plantea como un dogma religioso e intransigente en sus principios pero encarna perfectamente
la teoría Weberiana de las dos éticas. Arturo Roig en su libro “Los Krausistas Argentinos
(2005)” reflexiona que las exigencias de ética ciudadana no impedirán la Semana Trágica de
1919 ni las matanzas de Santa Cruz en 1921, entre otros momentos oscuros. En este sentido,
Los krausistas argentinos puede leerse como una crítica desmitificadora del “inconsciente
político” característico de nuestras clases medias [8].

El 10 de diciembre de 1983 Raúl Alfonsín asume la presidencia de república Argentina.

El pensamiento y la acción de gobierno radical siempre se han mantenido en los márgenes de


la ética, la moral y el derecho, en la búsqueda del equilibrio entre la ética pública y el respeto
por las libertades individuales, ha sido una preocupación permanente la construcción de un
estado de derecho que permita el equilibrio entre la aspiración republicana y la concepción
liberal del hombre, una búsqueda permanente del diálogo y el consenso, en esto quizás reside
el alma de lo que se denomina la “Ética Radical”, aún así y como lo hemos mencionado
párrafos arriba ha priorizado la responsabilidad del buen gobierno por sobre la ética de las
ideas, siempre que este planteo no fuera en si mismo un atentado contra la libertad y la
dignidad del hombre.

“Por un lado había un alzamiento militar…, y por el otro un ejército que era en parte renuente a
reprimir. Además algunos sectores de la prensa pedían que cesaran los juicios […]. Ante una
encrucijada de esta naturaleza, la mejor opción era proteger la vida de los ciudadanos, evitar la
sangre, evitar los enfrentamientos. En definitiva hablar de derechos humanos era precisamente
actuar responsablemente de cara al futuro…[9].Raúl Alfonsín

No se puede concluir esta primera aproximación al Radicalismo y su ética, sin dejar apuntadas
algunas posibilidades práctico-políticas, contraponiéndolas a las del actual modelo social
tecnocrático. Frente al individualismo y el emotivismo ético sin relevancia pública, el radicalismo
y su modo de hacer política, reconoce la competencia ética de los ciudadanos para intervenir
en la orientación y el desarrollo de la sociedad y las políticas públicas. Esto se contrapone
diametralmente a la razón pública moderna que es razón técnica que discurre bajo los
parámetros de neutralidad ética y eficacia, procurando no superar los límites de lo
“políticamente correcto”.

En actualidad esta fuerza política no está ajena al descredito al que está sometida la clase
política pero su fortaleza y reaseguro reside en el rescate del valor de la coherencia, de la
doctrina y de la democracia interna, como elementos éticos fundacionales que en medio del
reclamo actual de ética en la vida pública y también del desafío de construir una nueva
representatividad política, donde el voto no autorice a cualquier cosa en nombre del realismo, le
permitirán al radicalismo ser una alternativa política nacional. Raúl Alfonsín casi parafrasea a
Leandro Alem, en la carta póstuma a su hijo, cuando plantea que se “Sigan a las ideas, no a
hombres” y se retome con su verdadero sentido al viejo axioma radical: “Que se pierdan mil
gobiernos pero que se salven los principios”, como algunas de las bases que permitirán el
re-encuentro y el fortalecimiento del radicalismo y como una necesidad de regresar a las raíces
éticas y morales que lo conecten nuevamente con la nación y el alma de los hombres.

A modo de final podemos decir que, el radicalismo, tanto en sus fundamentos filosóficos como
en su proyección práctica, alienta una aspiración fundamental; la de redescubrir y, al mismo
tiempo, construir entre todos las condiciones sociales en las que se potencie la optimización
humana o, lo que es lo mismo: el humanismo, como modo de pensar y de actuar, apuesta por
el cultivo intelectual y afectivo de una nueva ciudadanía capaz de poner las bases para “lograr
un hombre mejor en una sociedad más justa”.

“Para mí el Radicalismo sigue siendo lo más serio que hemos tenido los argentinos, lo más
honesto”. Ernesto Sábato.

Bibliografía Consultada:

Raúl Alfonsín. Ahora, mi propuesta política. Ed. Planeta 1° Edición Set. 1983.
Karl Christian Fiedrich Krause, La Analítica, primera parte del Sistema de la filosofía.
www.librodot.com
Karl Christian Fiedrich Krause, El Ideal de la Humanidad para la vida. www.librodot.com
Profesión de Fe Doctrinaria, UCR
Osvaldo Alvarez Guerrero en Orígenes de la democracia Argentina
La filosofía del radicalismo. Eduardo Pogoriles Revista Ñ, 28 de junio de 2006
Gabriel Del Mazo ‘El radicalismo, ensayo sobre su historia y doctrina’, Bs As, Gure. 1957.
Arturo Roig, Los Krausistas Argentinos (2005).
Julia Constenla, Raúl Alfonsín, Biografía no Desautorizada. Vergara Editores, 2009