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Cuando hubimos dejado atrás aquella isla y ya no se divisaba tierra alguna, sino tan

solamente cielo y mar, Zeus colocó por cima de la cóncava nave una parda nube
debajo de la cual se oscureció el mar. No anduvo la embarcación largo rato, pues
sopló enseguida un estridente viento que produjo una gran tempestad: un torbellino
rompió los dos cables del mástil, que se vino hacia atrás, y todos los aparejos se jun-
taron en la sentina. El mástil, al caer en la popa, hirió la cabeza del piloto, aplastán-
dole todos los huesos; cayó el piloto desde el tablado, como salta un buzo, y su alma
generosa se separó de los huesos. Zeus despidió un trueno y al propio tiempo arrojó
un rayo en nuestra nave: ésta se estremeció al ser herida por el rayo de Zeus, llenán-
dose del olor del azufre; y mis hombres cayeron en el agua.
HOMERO, Odisea.

1. En el texto se narran los castigos con los que Zeus se venga de Ulises y de los
hombres que le acompañan en el viaje de regreso a Ítaca, por haberse comido
algunas de las vacas del sol. En concreto, ¿cuáles son esos castigos?
2. ¿Por qué se pueden calificar las afirmaciones del texto de «infundadas»?
3. ¿Por qué se puede decir que el contenido del texto refleja un modo de pensar
«antropornórfíco»?

Hace un instante, les decía que filosofar era el esfuerzo por adquirir certeza acerca
de lo fundamental. Pero debo apresurarme a reconocer que eso, sin más, no es filo-
sofar. Nuestros remotos abuelos ibéricos, los que decoraban las paredes de la cueva
de Altamira, y todos los humanos, desde la oscura frontera de su aparición, han
hecho ese esfuerzo porque el hombre es un ser inseguro, y ciertamente, no filosofa-
ban. El intentar obtener un saber, un conocimiento adecuado de las cosas, para
actuar adecuadamente sobre ellas de manera ajustada a sus propósitos, es algo que
el hombre hace desde que lo hay. La filosofía consiste, sí, en eso mismo, pero recha-
zando ciertas formas y técnicas de conocimiento y sustituyéndolas por otras. El
hombre se halla siempre dotado de ciertas creencias que recibe de su entorno, es
por ello constitutiva mente un «heredero», y confía -es decir, cree- en determina-
dos procedimientos como los más acreditados para orientar su existencia. Pues
bien, la filosofía surgió en el ánimo de algunos hombres cuando se sintieron en des-
vío respecto a las creencias entonces vigentes, y tuvieron la audacia incomparable de
atreverse a sustituirlas por otra nuevas: la fe en el poder esclarecedor de la propia
razón humana como método superior de conocimiento, la fe en la mera razón como
intérprete de la enigmática realidad que nos rodea.
PAULlNO GARAGORRI, Introducción a Ortega, Alianza Editorial, Madrid, 1970.

1. ¿Cuáles son, según el texto, las razones por las que el hombre ha necesitado
siempre tener unas creencias? ¿Estás de acuerdo con ellas? Razona la res-
puesta.
2. Según el texto, y con palabras del mismo, ¿cómo definirías la filosofía? Explica
la definición y señala si estás de acuerdo con ella y por qué.
3. Cuando en el texto se habla de que la filosofía surge cuando algunos hombres
se sienten en desvío respecto a las creencias vigentes, ¿a qué creencias se
refiere? ¿Históricamente, ocurrió lo que afirma con respecto a este tema?
4. ¿Qué significa que el hombre es heredero? Señala un mínimo de tres creencias
comunes a las personas de las sociedades occidentales actuales.
Entrevimos que la verdad científica, la verdad física, posee la admirable calidad de
ser exacta, pero es incompleta y penúltima. No se basta a sí misma. Su objeto es
parcial, es sólo un trozo del mundo y además parte de muchos supuestos que da sin
más por buenos; por tanto no se apoya en sí misma, no tiene en sí misma su funda-
mento y raíz, no es una verdad radical. Por ello postula, exige integrarse en otras
verdades no físicas ni científicas que sean completas y verdaderamente últimas.
Donde acaba la física no acaba el problema; el hombre que hay detrás del científico
necesita una verdad integral, y, quiera o no, por la constitución misma de su vida, se
forma una concepción ente riza del Universo. Vemos aquí en clara contraposición dos
tipos de verdad: la científica y la filosófica. Aquélla es exacta pero insuficiente; ésta
es suficiente pero inexacta. Y resulta que ésta, la inexacta, es una verdad más radical
que aquélla -por tanto y sin duda, una verdad de más alto rango- no sólo porque su
tema sea más amplio, sino aun como modo de conocimiento; en suma que la verdad
inexacta filosófica es una verdad más verdadera.
JOSÉ ORTEGA y GASSET, ¿Qué es filosofía?, Alianza Editorial, Madrid, 1997.

1. Ortega afirma que la verdad científica es «exacta». ¿Aqué rasgo o rasgos del
conocimiento científico se refiere con este término? Concreta la respuesta y
aporta algún ejemplo concreto.