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Marx

Bueno, hoy nos toca hablar de Marx, parece que nos quedamos anclados en Alemania ¿no? Después
tendríamos Nietzche, seguimos ahí y luego por fin volvemos a Francia. Y prácticamente todo lo que
vean va a ser francés después: Lacan, Foucault, Deleuze, etc. Pero Freud era alemán, es como un
ping pong entre esos dos paises. Entonces… Marx, ¿alguno puede decir qué es el capitalismo?
Ustedes saben que El Libro, con mayúsculas, de este pensador es El Capital, ¿alguno se anima a
proponer un concepto de capital? Ya vimos Hegel y vimos su dialéctica que es un proceso, son
momentos que culminan en una totalidad, que la expresan, pero esta totalidad estaba ya desde el
principio, solo precisaba desplegarse. Bueno, en Marx, que es hegeliano en su forma de análisis, el
sujeto de la totalidad ¿se acuerdan del sujeto hegeliano? El sujeto es El Capital, ¿se acuerdan que
habíamos dicho que el sujeto en Kant era finalmente tiempo? Bueno el capital es trabajo
acumulado y puesto aparte. Y el trabajo es concretamente tiempo de trabajo, tiempo de vida del
trabajador que trabaja, maravilla del capitalismo: ha logrado objetivar el tiempo. La posición de
Marx, podría decirse que es materialista, materialismo histórico se denomina a su doctrina. ¿Qué
quiere decir que es materialista y qué que es histórico? El materialismo de Marx pasa por criticar la
filosofía especulativa y referir los determinantes últimos a la estructura de las relaciones de
producción, a lo que podríamos llamar lo social en tanto relaciones concretas y actualizadas en
acciones materiales, sobre los objetos de la naturaleza (incluido el hombre). Para Marx, nos
hacemos representaciones sobre estas relaciones, es decir el pensamiento viene determinado por la
estructura material de la producción, económica por cierto. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que
por ejemplo para Marx, la noción de individuo libre viene determinada por la forma de producción
capitalista, que precisa tal individuo que sea dueño de su propia vida, de su propia fuerza de trabajo,
para poder venderla al capitalista. Pero al mismo tiempo esta noción, esta ideología opera como
falsa conciencia que tiene el hombre de sí mismo, es supuesta un dato de entrada cuando más bien
es el resultado, digamos correlativo en el pensamiento a la forma capitalista de producción. ¿Y por
qué histórico? Porque el análisis de Marx considera que esta forma de producción no es ni universal
ni natural, es una forma históricamente emergente, así como hubo otras en el tiempo. En esto
también sigue a Hegel, para quien las filosofías, los sistemas de pensamiento estaban históricamente
situados pero como momentos del proceso general del espíritu que finalmente advendría cuando se
reconociera en estos momentos. Hay un autor llamado Fukuyama, que habla del fin de la historia y
propone que el proceso propuesto por Hegel ya culminó, que el capitalismo es el fin de la historia,
es el espíritu finalmente reencontrado y realizado en lo social como totalidad. Es una hipótesis
inquietante pero quizás no haya que descartarla de plano. Que sea el fin de la historia no significa
que ya está, que se acabó y que a partir de ahora no pasa más nada. La Historia, con mayúsculas si
quieren es un concepto muy discutido pero podríamos decir que es un concepto propiamente
moderno y en tal sentido capitalista, depende de una totalidad, es decir la historia se presenta como
el despliegue de una totalidad (recuerden el espíritu), entonces se podría pensar sin tanto
dramatismo (aunque las consecuencias debieran ser dramáticas) del fin de la historia como el fin de
la supeditación de la conciencia (o de la vida), si quieren, a una totalidad, y en este caso no sucedió
aún. Esto es psicoanálisis lacaniano, sin más vueltas, sepan que Lacan propone que su doctrina, la
llamo doctrina por el gusto de ser polémico, sería un moterialismo, al que sin demasiados tapujos
podríamos agregarle el adjetivo histórico. Mot en francés es palabra, entonces juega ahí para
proponer un materialismo del lenguaje que es determinante, antes de la conciencia. Las formas de
producción, de sentido podría decirse, de goce, de deseo, lo que quieran, están antes y son
determinantes, Lacan habla de economía política de goce. E histórico por supuesto porque se trata
de una vida históricamente determinada de cada sujeto, si les gusta, luego quizás le digan parlêtre.
Volvamos a Marx, quizás la última clase podamos hablar un poco más de Lacan, pero hoy nos toca
Marx y quizás algo de Nietzsche. Entonces, Karl, que no es negro ni sabe jugar basquetball, nos
explica como la forma de producción capitalista determina la vida y pensamiento de los individuos
que viven en la sociedad por ella regida. Partamos de un concepto clave: mercancía. ¿Alguien sabe
qué es una mercancía? Una mercancía, se caracteriza por estar destinada al intercambio. ¿Se
entiende? No es un objeto producido sin más para el consumo, su destino es ser intercambiado, su
destino es el mercado. Es decir que su valor, no es valor de uso más que secundariamente, su valor
principal es valor de cambio (vale decir que su valor es poder sustituir a otra cosa). Como podemos
ver se trata de una forma, ya que prácticamente cualquier cosa puede ser una mercancía, incluso una
técnica de respiración, una experiencia visual, el sexo, lo que quieran. Claramente no se trata de una
determinación material, la materia puede ser cualquiera, sino de una determinación formal; es
correcto entonces llamar a esta forma: forma mercancía. Ahora bien, lo que nos dice Marx es que,
bajo la forma de producción capitalista, es decir bajo la forma de producción de mercancías, la
producción bajo forma mercancía, el trabajo, la fuerza de trabajo, toma a su vez esta forma. Es decir
que se requiere cierta población libre, en dos sentidos: libre de disponer de su cuerpo como
mercancía para el intercambio y libre de todo otro medio de producción. El proletario es el que no
tiene más que un cuerpo y sólo eso para vender, para ingresar al mercado. Lo más dramático es que
se lo da a crédito al capitalista y en lugar de cobrar con intereses, ¡cobra menos que lo que prestó!
Es un santo verdaderamente este proletario, un tipazo, sin él no se qué haríamos. No se si se
entiende, el capitalista compra esta mercancía, la fuerza de trabajo, el tiempo del trabajador, pero no
lo paga sino cuando ya la consumió. Además la paga en menor valor que el que obtuvo de su
consumo. Es un milagro lo del capital, hace surgir algo de la nada… Pone 10 y saca 20, pura magia.
La fuerza de trabajo es la única mercancía cuyo consumo genera valor, para el capital, se entiende,
el trabajador va a pérdida. En la forma de producción capitalista hay dos polos, el salario y el
beneficio. La estructura tiende, indefectiblemente a reducir al mínimo el primero y a maximizar el
segundo. Fijense como lo dice en el primer manuscrito: El salario lo determina la lucha entre dos
enemigos: el capitalista y el trabajador. Victoria necesaria del capitalista. Dice que puede aguantar
más tiempo. Esto no es maldad de nadie, es así como funciona, por mucho que se quiera
atemperarlo, con estado de bienestar, derechos y demás, todo esto es extra-capitalista, el libre
mercado reduce al mínimo posible el salario (mínimo compatible con la simple humanité. Nuda
vida) y maximiza el beneficio, es decir el capital generado, la plus-valía. Hay que tener muy en
cuenta, el plus, el valor extra que se obtiene al final del proceso, sin el cual obviamente sería vano,
es correlativo de una pérdida de goce para el trabajador. Ya van a ver que Lacan habla de plus-de-
goce. Está tomado de acá obviamente, gana el Otro, el Capital, pierdo la única vida que tengo
trabajando. Pero recuerden esto, la forma de producción capitalista funciona en tanto que totalidad,
en tanto todas sus instancias están ya bajo la forma mercancía, es decir que el asumirse como
trabajador, como proletario, es asumirse ya bajo la forma mercancía. Ya que el valor del trabajo (de
la fuerza de trabajo, de la vida del trabajador en tanto que trabajador) surge cuando este es tomado
como momento del proceso total del capital que lo sintetizaría todo al final al reencontrarse como
sujeto-capital. Por eso el trabajador en tanto que trabajador está enajenando, alienado, de entrada.
Pues su determinación le viene dada por el espíritu del capital, está ya bajo la forma mercancía. ¿Se
acuerdan lo que les decía que la materia podía ser cualquiera? Esta enajenación es tal que el
trabajador se concibe a sí mismo bajo una abstracción, se aliena de su propia vida en tanto abstraída
por esta forma pura que es la mercancía. A Marx no le hace falta plantear un sufrimiento subjetivo
producto de esta alienación, puesto que tiene consecuencias concretas que engendran sufrimientos y
penurias también muy concretas, a la par que inhiben toda posibilidad de oponerse a dichas
consecuencias; ya que el trabajador no logra tomar verdadera conciencia de clase, lo que el tiene es
la falsa conciencia, la ideología como emergente de la forma de producción capitalista
materialmente actuante que lo determina. El trabajador no logra concebirse más que como
trabajador, y en tanto tal no logra valorizarse más que como momento del Capital, y en tanto tal está
jodido… Esta lógica calca la del amo y el esclavo en Hegel, pero determinada material e
históricamente; se entiende, son las condiciones de existencia, la forma capitalista de producción la
que determina la distribución de los medios de producción de suerte que el trabajador adviene a un
contexto que ya lo especifica como esclavo. No es la lucha a muerte entre dos, digamos, individuos,
es la lucha a muerte con la sociedad en tanto totalidad omniabarcativa determinada materialmente
por las relaciones de producción. ¿Tiene alguna opción el trabajador? En este sentido el Capital en
Marx es el Amo absoluto, en tanto no hay existencia por fuera de él y en tanto el proletario está
forzado a elegir una vida enajenada, alienada a su servicio; puesto que la otra opción es la no-
existencia, la muerte. Se trata de la luchar contra un fantasma, contra quien no está allí, puesto que
el Capital es la forma abstracta de la totalidad que se realiza, que se materializa (el capital es en
principio la totalidad que reuniría lo social, pero a la vez, bajo la forma del dinero se torna concreto:
una abstracción concreta que goza de máxima libertad por ser pura forma mientras que el
trabajador debe someterse a todas las exigencias para poder hacer de su vida una forma mercancia
que equivaler a esta abstracción real, el dinero). El individuo en soledad no puede oponerse, es en
tanto clase que debe dar la lucha y en tanto organización o partido, Marx dice: el capital sin vida
nunca altera su paso y es indiferente a la acción real del individuo. Por eso, para Marx se trata de
una revolución, la totalidad debe ser abolida totalmente, para ello es preciso liberarse de las
telarañas de la abstracción que a través de la ideología, o falsa conciencia, se le aparece al hombre
como su estado natural. El hombre tiene que reencontrarse en lo concreto, tiene que recuperar su
fuerza de trabajo y por lo tanto su producto. Para ello un primer momento es el de dictadura del
proletariado, es un problema, no salimos de la totalidad, este espacio ahora sería ocupada por la
clase en tanto representante del ser genérico, es un problemón, el ser genérico del hombre, su ser de
especie es en Marx (al igual que en Hegel) su ser trabajador. Hay un humanismo de base, una
metafísica que impone como valor supremo la humanidad en tanto poder negativo, poder de trabajo
y transformación de lo dado natural. El problema es que no se si así salimos de la abstracción.
¿Salimos del Capital? Quizás caímos en un capitalismo de estado, el socialismo real, el stalinismo.
De todos modos, la dictadura del proletariado no es en Marx el fin del proceso, tiene luego que
advenir el comunismo en tanto sociedad de seres libres y conscientes que definen las relaciones
sociales a través de sus acciones concretas. Creo que en Marx hay algo así como una propuesta de
demolición de las ideologías, enfrentarse cara a cara con lo real, con la estructura, con la forma de
producción concreta y las relaciones que engendra y ya no supeditar la vida a una abstracción. No
es fácil, amamos las abstracciones, las necesitamos como el aire, las respiramos para vivir, pero
para vivir así, esclavos del Otro. Por todo esto es que el trabajador de ninguna manera va a mejorar
su situación trabajando, no hay progreso para el trabajador, toda mejora, todo aumento en la
prosperidad de la sociedad en realidad disminuye el salario, el valor de la fuerza de trabajo. ¿Por
qué? Cuanto más valor produce el trabajador, tanto más pierde, pues a él le pagan el mínimo posible.
Más trabaja, más genera ganancia para el Otro, más perdida para sí mismo. A medida que
disminuyen los costos de producción el ajuste se realiza siempre del lado del trabajador, quizás no
sea fácil captar esto, puesto que aún cuando el trabajador, supongamos que en un primer tiempo
accede a mayor cantidad de productos, estos en realidad valen menos (bajaron sus costos de
producción) a la vez que en consecuencia el salario mínimo cada vez vale menos (no se generan en
principio nuevas necesidades para sostener la mínima humanité, aquí entra a jugar una cuestión
ideológica que es en rigor extra-capitalista, una impureza que el capital quisiera eliminar, también
por supuesto: como mercancía, el trabajo tiene que ser cada vez más barato). Por otro lado los
costos de producción bajan degradando el producto, es otra posibilidad, por lo que finalmente el
salario se reduce al mínimo posible para adquirir el producto que ha sido degradado al máximo
posible (no hay que hacer un esfuerzo muy grande para comprobar esta degradación en los
productos que consumimos, esta degradación es consustancial a una degradación de la vida del
trabajador). Por esto es que en general el Estado, la política, se ve reducida a un papel de disminuir
los efectos excesivos del capitalismo, “no se abusen tanto” parece que dice, pero a la vez opera
también como falsa conciencia, cuando los ciudadanos consideran que la fuente de su desgracia es
la mala administración mientras que en rigor eso funciona así, siempre para peor.
¿Y que pasa con el consumo? En principio consideremos el consumo de esa mercancía milagrosa
que es la fuerza de trabajo, en este caso el consumo es en sí mismo producción e incluso más, la
verdad de esta producción, la plus-valía es el producto estricto del consumo aquél. En la forma de
producción capitalista la ecuación una vez compensadas todas las demás variables es: consumo de
forma-mercancía-trabajo = plusvalía. Es divertido pero Marx pinta para este consumo una especie
de escena siniestra, el oculto lugar de la producción. Zizek retoma esto y señala como aparece en la
filmografía actual, pienso en Breaking Bad con la producción de droga, pero también hay cierta
estética de lo industrial (fábrica, almacén, depósito de zaraza…) que nos da la pauta de que es algo
que tiene el estatuto de perdido, la libido siempre cobra la forma de algo perdido. En todo caso fue
sustraído de la escena visible, está en el conurbano, que se yo, en Taiwan, este lugar sórdido. El
lugar en el que el Otro, el Capital, me consume a mí en tanto trabajador, ¿fantasía masoquista?
¿explotan a un niño?, en fin… Sigamos con el consumo, ahora del producto. En principio, al
consumir, por ejemplo, alimentos el hombre produce su propio cuerpo, que es mercancía recuerden,
fuerza de trabajo. Al mismo tiempo el consumo pone idealmente el objeto de la producción, en
cuanto imagen interna, en cuanto necesidad. Pero, aquí la cosa se complica, el objeto a consumir
está ya determinado por la producción: no solo el objeto de consumo, sino también la forma del
consumo es producida, por lo tanto: la producción crea los consumidores. ¿A alguien le suena la
pulsión sin objeto? No hay objeto de la necesidad más que mediado por la forma de producción. En
Lacan obviamente esto sería que el lenguaje en tanto relaciones de producción (de nuevo: de
sentido, goce, deseo, lo que quieran) antecede a la pulsión. Dice Marx: la producción produce, por
lo tanto, no sólo un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto.
No me resisto a un último comentario, que viene muy del lado de la pulsión, mejor dicho de la
compulsión. Al enajenarse el trabajador, al vivir su propia vida bajo la forma mercancía (bajo el
signo de la abstracción) el trabajo se convierte en un objeto solo controlable con el mayor esfuerzo
y las interrupciones más imprevisibles. La apropiación del objeto aparece hasta tal punto como
enajenación, que, cuanto más objetos produce el trabajador, tanto menos puede poseer y tanto más
le domina su producto, el capital. Repito: controlable con el mayor esfuerzo y las interrupciones
más imprevisibles, esto es simplemente aquello que hoy se llama patologías del acto o impulsiones,
una vida enajenada que se interrumpe por pasajes al acto compulsivos, tómenlo o déjenlo. Por serle
ajeno el trabajo para el trabajador es una especie de sacrificio, de mortificación. Para Marx esto
invierte la cosa, el hombre se siente extraño en su morada, el trabajo en tanto actividad humana por
excelencia, y se siente libre en lo que él llama funciones animales (comer, beber, procrear, etc.) Su
vida humana (social) se vuelve medio para su vida animal (individual).
Finalmente, Marx nos dice que la propiedad privada es consecuencia necesaria del trabajo
extrañado ya que la enajenación se produce en la práctica; esto es, la vida del trabajador, su fuerza
vital en tanto bajo la forma mercancía le es ajena, por tanto debe pertenecer a otro. El trabajo, que
en la sociedad capitalista, es decir en la sociedad organizada según la forma de producción
capitalista, es una mercancía, está destinado a ser apropiado por otro, a ser utilizado por otro, no
tiene valor de uso para el trabajador: el trabajo no tiene valor de uso para el trabajador. Su valor es
solo valor de cambio, valor para otro, valor que debe ser apropiado y por lo tanto pertenecer a otro.
Este otro, nos dice Marx, se concreta: es otro hombre, la situación en que se encuentra el hombre
frente a sí mismo (de extrañeza), no se le hace objetiva, real sino en su situación frente al otro
hombre. Nuevamente estamos frente a la dialéctica del amo y del esclavo, pero con la salvedad de
que el trabajador, adviene como conciencia servil desde el principio, no pudo ni siquiera plantearse
la lucha a muerte, es una conciencia que nace esclavizada por la distribución de los medios de
producción que lo antecede y lo determina histórica y materialmente. En realidad, pienso que poder
situar al otro hombre que es dueño de mi vida debería ser un punto de partida para luchar contra la
abstracción, tomar conciencia de las situaciones concretas en que se realiza esta dialéctica
capitalista es el medio para abolirla finalmente; por eso conciencia de clase ya que en rigor la
ideología hace de velo y no vemos la distribución concreta e históricamente emergida sino que
naturalizamos el estado actual de las cosas como inmutable, eterno, Parmenideano. Marx concluye
el primer manuscrito con la pregunta por el origen de la enajenación, de la alienación, yo creo que
este es el callejón sin salida de lo que hay que llamar marxismo, no pensamiento marxiano sino
marxismo en el sentido de reducción y es que no logra situar otro materialismo que el de las
relaciones concretas de producción. Carece, como diría un filosofo argentino, León Rozitchner, de
una teoría sofisticada del sujeto. Es como dice la canción de unos cubanos que a mi me gustan
mucho: “¿¡qué pasa con los proletarios que no se unen ni se rebelan!?”, si es cierto lo que dice el
psicoanálisis, quizás el problema es que no haya más que falsa conciencia, es muy fuerte, es un
golpe muy duro para la filosofía, ¿cómo no caer en el misticismo o en la palabra autorizada de un
maestro? ¿Hasta que punto se puede prescindir de la consciencia? ¿Son conscientes del problema?