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Juan Jesús Oviedo

Las NUEVAS
CONQUISTAS
en AMÉRICA

Una analogía entre la conquista de América e invención de los balnearios bonaerenses


Juan Jesús Oviedo

Las nuevas conquistas


en América

Una analogía entre la conquista de América


e invención de los balnearios bonaerenses
PRIMERA EDICIÓN
Mayo de 2018

DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN
Daniel González - dangonvg@gmail.com - facebook.com/pigmentoimpreso

EMAIL
atenas.oviedo@gmail.com

I.S.B.N.: 978-987-42-7373-4

IMPRESIÓN
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Paseo 107 Nº 602, Villa Gesell, provincia de Buenos Aires
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Todos los derechos reservados


Hecho el depósito que marca la ley 11.723 ·Impreso en la Argentina
Dedicado

A “Alma Mater”
Universidad de La habana en su 290 aniversario.
Prólogo
Las nuevas conquistas en América nos propone un recorrido
ameno por la conjunción dinámica de letras y palabras al
compás de la geografía del lugar en que se reflexiona. En
este ensayo Juan nos ofrece, una vez más, “La experiencia
del filosofar situado”. A lo largo del viaje uno puede
reconocer en sus páginas las preocupaciones que aquejan al
autor: sus deseos libertarios y sus enojos puntuales. Juan se
dispone a transitar un modo de caminar: implica desandar
interpretaciones sobre el accionar de las ciudades balnearias
bonaerenses, principalmente Villa Gesell. También nos
propone entablar una relación novedosa con una corriente
de pensamiento que está teniendo auge en la Argentina y
en toda Latinoamérica. El punto de partida de este pensar
supone una discusión heredada de finales de la década del
60´ y principios de los 70´ entre: Leopoldo Zea y Salazar
Bondy, entre México y Perú.
En diferentes congresos que se realizaban en aquellos años
las temáticas que predominaban los intereses de una minoría
de filósofos fuera del claustro académico daban vueltas en
una pregunta central: ¿Existe la posibilidad de una filosofía
de nuestra América? Y si existe: ¿no sería inauténtica? La
respuesta tardará un año y vendrá desde México donde
Leopoldo Zea le contestaría en: “La filosofía americana
como filosofía sin más” (1969) “todo pensamiento que se
pueda gestar en América es inauténtico ya que siguen los
parámetros heredados de Europa”. Estos cuestionamientos

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iniciales dan paso a un movimiento filosófico que llega
hasta nuestros días, con un objetivo bien claro: hacer
filosofía desde el suelo que pisamos. Aquellos autores que
recorrieron dichas sendas, alguno de ellos, son tomados
por Juan en este libro y los “trae” a la costa atlántica,
principalmente a Villa Gesell y los “fuerza” a que piensen
cerca del mar, cerca de la playa y cerca de donde uno está.
Creo que una de las cualidades más altas de esta suma de
pequeños ensayos que conforman este libro es la capacidad
creativa del autor: Cuando uno se sumerge en el texto
del autor puede imaginar, por ejemplo, a Enrique Dussel
conectando “la invención de América” con “la invención
de los pueblos balnearios de la costa Atlántica” (Cap. I).
Relacionar los “modos de articulación” que provoco la
conquista de América y su semejanza con la estructura del
balneario (Cap. II). Reconocer la figura de Bartolomé De
las Casas para “fusilar” a los “pseudos” escritores locales
(Cap. III). Juan nos ofrece viajar y fantasear ver a Nietzsche
perderse en sus caminatas reflexivas, no por Turín, sino
por el “desierto” costero (Cap. IV). O suponer a Eduardo
Galeano transitar por la Avenida tres en plena temporada
veraniega o detrás de alguna barra de algún bar limpiando
las sobras de algún turista trasnochado (Cap. V). También
nos invita participar del juego imaginativo de conectar el
cordón turístico y sus diferentes balnearios con los debates
propios dados sobre la patria grande, suponiendo a todos
como hermanos de la misma y volviendo a imaginar, en este

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caso, a Simón Bolívar sentado en la calle Bunge gozando de
dicha analogía (Cap. VI). También propone una crítica muy
fuerte al carácter inauténtico de la cultura Americana y por
ende de los balnearios atlánticos (Cap. VII). Deja translucir
una relación magnifica entre Alberdi y Carlos Gesell en
la idea de “gobernar es poblar” (VIII). Se introduce en la
discusión racial que se da dentro de los balnearios como
una recreación a imagen y semejanza de discusiones
dadas a los largo de toda la historia en América (Cap. IX).
Propone recuperar la figura de Marx por boca de Marcuse
para pensar el trasfondo ideológico de los balnearios
(Cap. X). Aníbal Quijano es la herramienta para aseverar
a las nuevas colonias: los balnearios como estructura para
pocos (Cap. XI). Recrea la figura de Arturo Roig y hace un
pedido urgente de una liberación del pensamiento desde la
costa Atlántica (Cap. XII). Para finalizar con este pastiche
imaginativo y creativo denuncia el origen de todos los
males a la modernidad y su carácter colonial.
¿Qué significa el pensar situado? El pensamiento que se
irá gestando a lo largo de toda América estará sementado
en posturas descoloniales y libertarias que proponen una
crítica y denuncia exhaustiva a todas las recetas que no
tengas en cuenta el contexto en donde se piensa. Este modo
reflexivo propone un pensamiento situado, determinación
a-priori del espacio y el tiempo vital. Desde el sitio que
pisamos y donde se configura la espiritualidad, su carácter y
la subjetividad. Dicha corriente parte de la necesidad de una

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denuncia al modelo hegemónico heredado en su mayoría
por Europa: Idioma, formas de organizarnos políticamente,
formas de vincularnos, estructuras económicas, estructuras
de pensamientos, maneras de ver el mundo, deseos y formas
sexuales de encapsular los placeres, etc. Recetas impuestas
desde el exterior que desconocen las problemáticas del lugar.
El autor propone una crítica a dicho andar hegemónico.
Esta clave descolonial es el método que utilizará Juan para
problematizar el suelo que le toca pisar.
Este suelo es el de las ciudades costeras, cercanas al mar,
con una geografía y una organización de múltiples facetas
y caras, por lo cual Juan denuncia con mucho énfasis,
aquellas mantienen la estructura dominante de la que es
necesario liberarse. La gran novedad del autor es crear esa
atmósfera que se necesita para la gestación de un buen
texto, aquel clima y material con que Juan construirá el
puente hermenéutico será la analogía. Con la intención de
buscar continuidades entre uno de los mayores genocidios
que han aquejado la historia de la humanidad como fue “La
conquista de América” y la “Invención de los balnearios
bonaerenses”.
Nuevamente celebro el pensar sin desconocer el lugar
en donde se lo hace, siempre que reflexionamos estamos
“gravitando el suelo que pisamos” siempre que accionamos
es desde una superficie determinada, con una comunidad y
una historia que nos cobija. El suelo costero, principalmente
el de los balnearios de la costa atlántica tiene la particularidad

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de estar condicionado por la inestabilidad geográfica de
sus dunas móviles, la velocidad promedio del viento y la
cercanía al mar. Todos aquellos condicionamientos no se
encuentran escindidos de las particularidades históricas,
sociales, culturales y políticas. Habitamos un suelo
inestable, habitamos ciudades en permanente movimiento
y transformación. Habitamos pensando cambios de
paradigmas permanentes que nos proponen desafíos nuevos
todo el tiempo.
Este libro es el intento de “chapotear en el barro”, de dar
pasos en un suelo poco firme, todo acto reflexivo y por
ende creativo debe perder el miedo de caerse en la danza
del pensamiento. Todo trabajo que transite los caminos en
los que Juan se atrevió tiene que perder el miedo al ridículo
de dar los pasos incorrectos, de avanzar y que el suelo
se mueva. Por la virtud de filosofar desde aquí deseo un
recorrido ameno por: “Las nuevas conquistas en América”
y espero que sea la puerta de entrada a nuevas preguntas que
nos habrán nuevos caminos para hacer un mundo mejor.

Villa Gesell, enero de 2018


Por Gastón Churrupit
Filósofo local

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Introducción

Se entiende a la Modernidad como un proceso en todos los


ámbitos de la realidad europea, siendo la conquista de Amé-
rica, la parte oscura de esa Modernidad, hecho que refracto
la luz alcanzada por los cambios en Europa.
Sin embargo, esta manera de entender a la conquista en
nuestro continente no sea algo lineal y aceptado por todos
los intelectuales cuando el tema es abordado, por ejemplo,
entender que la Modernidad se inicio justamente en esa
conquista y no fue un efecto secundario o tardío del desplie-
gue Moderno, implique uno de ellos o propuesta del pro-
yecto Modernidad/Colonialidad, desde el campo intelectual
de las Ciencias Sociales, pues “ Básicamente, el M¡C se
organiza a partir de una crítica de base histórico-cultural
y epistemológica de la modernidad, cuestionando las gran-
des narrativas interpretativas de la misma a lo largo de
cinco siglos”1 que no hace más que enfatizar el papel cen-
tral de la conquista en la implementación de la Modernidad
en Europa.
Un ignorar implique la clásica interpretación del papel de la
conquista y que no entiende acerca de su papel fundante de
toda la experiencia histórica de la modernidad. Un paradig-

1  Alimonda Héctor, “Sobre la Insostenible Colonialidad de la


Naturaleza Latinoamericana”. Curso de Postgrado en Ciencias Sociales,
en Pág. Web: www.bdigital.unal.edu.co/53076/18/9789588341194.
capitulo2.pdf (en línea)

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ma lineal aplicado a todo el mundo civilizado siempre par-
tió de una Modernidad posicionada “.... de evolución his-
tórica, instituyendo nociones de “procesos civilizatorios”,
“progreso” o “desarrollo”, que habrían sido una experien-
cia única y patrimonio de algunos pueblos europeos ....”2,
visión que se habrá de imponer a lo largo del siglo XIX en
la construcción de los nacionalismos Latinoamericanos ins-
criptos en una colonialidad del saber.
Por eso , cuando se trata de explicar a las sociedades la-
tinoamericanas contemporáneas, el referente por excelen-
cia de la conquista de América, sea de suma importancia
el marco teórico del cual se parta, por ejemplo, lo señalado
del proyecto M/C chocaría con un sentido causal de ver en
aquellos hechos, la fuente explicativa de las actuales condi-
ciones imperantes en la realidad Latinoamericana o en otras
palabras, de ¡como la impronta histórica o lo histórico! se
yergue principio aclaratorio de la dominación actual.
La causalidad como modelo explicativo relacionando he-
chos con causas, naturalice acciones humanas y desde tal
óptica, algo propiamente como el ser Latinoamericano ya
sería una condición gestada desde la propia conquista.
Sabemos que las condiciones estructurales de la domina-
ción en la que se incluyen variables como las económicas,
sociales y políticas imperantes hoy, no se gestaron ni estu-
vieron en forma alguna en la colonización, porque las con-
diciones eran otras, aunque, según este determinismo histó-

2  Alimonda Héctor, op-cit.

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rico lineal, aquellas posibilitaron las presentes.
Por el cual la presente dominación no guarde correlación
directa con la conquista de América, pues el presente do-
minio de las clases acomodadas se instalaron en y tras las
guerras independentistas Latinoamericanas, pero no es aquí
donde debe rastrearse el germen de las calamidades socia-
les de la desigualdad y la injusticia, ni en la dependencia y
ni la progresiva explotación ejercida por gobiernos locales
burgueses a sus respectivas sociedades.
Sino en un marco abarcador y es el que aborda el señala-
do proyecto Modernidad/Colonialidad, al enfatizar que la
propia Modernidad europea se inicio con la conquista de
América y aplicando tres ejes bien delimitados, como son
“saber”, “poder” y “ser”, ejercidos al día de hoy.
Aspecto que echa por tierra la dominación como lo inter-
preta el señalado ámbito de lo histórico o expresión ideoló-
gica desde un centro epistémico utilizando a lo causal como
eje explicativo de la dominación actual, una continuación o
linealidad de la opresión sucedida en la conquista en Amé-
rica no es más que el ejercicio aplicado de un historicismo
determinador.
Si señalamos la presencia epistémica, es porque esta disci-
plina se arengue la difícil misión de problematizar las cues-
tiones que legitiman o no el conocimiento científico, por
ello a la hora de hablar de determinismos históricos, según
el epistemólogo consultado la apreciación sea válida o no.
En ese sentido, Popper señale esta manera de entender a lo

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histórico tal como lo hemos señalado, como la miseria del
historicismo “En la introducción de su libro La miseria del
historicismo Popper resume brevemente el significado del
término:[...] llamo “historicismo” a una manera de abor-
dar las ciencias sociales que asume que la predicción his-
tórica es su objetivo principal, y que cree que este objetivo
es alcanzable descubriendo los “ritmos” o “patrones” o
“leyes” o “tendencias” que subyacen en la evolución de la
historia”.3
El propio Foucault a través de su Genealogía hubo de derri-
bar la noción que la historia progrese según un orden lineal,
pues valores, instituciones e identidades sociales, emer-
gen como producto de relaciones de fuerza, sin embargo,
le cabe al señalado “Proyecto Modernidad/ Colonialidad/
Decolonialidad”4, gestado en 1998 abordar la presente con-
dición latinoamericana como parte integral de un proyecto
hoy en crisis, y gestando un concepto clave, rico para inter-
pretarnos y reflexionarnos como es el de la colonialidad,
puesto que “ la noción de colonialidad que había ideado
Quijano en la segunda mitad de la década de los noventa

3  Cornblit Óscar, KARL POPPER, EL HISTORICISMO Y LA


NARRACIÓN, en Pág. Web: http://74.125.47.132/search?q=cache:-
jEIL-mgN8pYJ:www.cepchile.cl/dms/archivo_1027_661/rev62_cor-
nblit.pdf+popper+historicismo+e+ingenieria+social&cd=2&hl=es&c-
t=clnk&gl=ar (en línea)
4  Quintero Pablo, Petz Ivanna, Refractando la modernidad desde la
colonialidad en Gazeta de Antropología, año 2009, N° 25, artículo 52,
en Pág. Web httP//hdl.handle.nex/10481/6892 (en línea)

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para caracterizar el patrón del poder del sistema-mundo
moderno”, fue admitido entre aquellos que adhirieron al se-
ñalado proyecto, en su segundo encuentro realizado y defi-
nido como central.
Pues “......el cuerpo conceptual de la teoría de la colonia-
lidad propuesto por el proyecto MCD implica dos elemen-
tos principales: la colonialidad del poder y la colonialidad
del saber”,” A parir de la crítica al concepto del Ser de
la filosofía moderna, especialmente de Heidegger, reciente-
mente el filosofo puertorriqueño Nelson Maldonado-Torres
(2007) ha acuñado el término de colonialidad del ser para
significar la inscripción de la colonialidad en la vida mis-
ma de los individuos sometidos a esta última, o sea para
mostrar la dimensión ontológica del ser del colonizado”5.
Acerca de las tres formas de colonialidad: ser, saber, poder,
serán expuestas como categorías centrales de un eurocen-
trismo instalado y denunciado como tal y sea este el sentido
que Navarrete sostiene pues “Los fundamentos epistemo-
lógicos centrales del eurocentrismo se desarrollan sobre
las bases de la colonización del mundo. El eurocentrismo
se impone como la única racionalidad de validez universal
en la producción de conocimientos y se construye sobre el
desplazamiento y deslegitimación de otros modos de gene-
ración de saberes existente en América Latina. La razón
eurocéntrica hunde sus raíces en el sometimiento y repre-
sión de otras fuentes de conocimientos y racionalidad. El

5  Quintero Pablo, Petz Ivanna, op-cit

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eurocentrismo, es decir, la producción del conocimiento en
América Latina se desarrolla como parte de la colonialidad
del poder, su cuerpo teórico se instituye principalmente so-
bre la concepción de relaciones de superioridad/inferiori-
dad entre europeos (junto a los criollos) y nativos de Amé-
rica Latina según la idea de la raza. Desde hace quinientos
años la idea de la clasificación racial de la población se
constituyó como parte del sistema de dependencia mundial
y en la más profunda forma de dominación intersubjetiva”6.
Tal eurocentrismo presente en los contenidos educativos
arto repetidos en todos los sistemas escolares Latinoameri-
canos y enseñados sin más, impliquen resabios del eje po-
sitivista con marcos pivotando en formas y características
europeas, aplicados al análisis de la realidad de América
Latina. Tal aplicación es denunciado como una coloniali-
dad del saber porque “se refiere a las relaciones de poder, a
la prolongación contemporánea de la dependencia que sus-
tenta la modernidad en América Latina. No obstante que
el colonialismo político fue cancelado, las relaciones en la
cultura, en especial de la producción del conocimiento en-
tre Europa y América Latina, sigue siendo de dependencia.
La colonialidad del saber, que se impone a América Latina
y al mundo subdesarrollado, es el otro aspecto complemen-
tario del proceso de la consolidación del paradigma positi-

6  Navarrete Julio Mejía, “Epistemología de la investigación social


en América Latina. Desarrollos en el siglo XXI”, Cinta de Moebio, en
Pág. Web:  www.moebio.uchile.cl (en línea)

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vista hegemónico de la producción del conocimiento en la
modernidad”7.
Si la condición colonial continua vigente, no lo será según
la concepción de historia lineal y postulado de un pasado
colonial como causa de la presente dominación junto al
consiguiente subdesarrollo de los países Latinoamericanos,
sino que hablamos de un proyecto de la Modernidad euro-
pea iniciado con la conquista de América como tal.
Y momento de introducir la pregunta que nos sitúa en los
pueblos costeros bonaerenses ¿cómo será esa historia que
narre el surgir de los distintos pueblos en la costa bonae-
rense?, ¿qué dirá, qué perfilará?, pues se trata de una his-
toria tan cercana, casi viva como son algunas de sus voces
pioneras encargadas de plasmar desde la historia oral, las
vicisitudes, experiencias, peripecias pasadas y sorteadas,
pues ¿qué otra cosa podrán narrar aquellas voces que no
versaran acerca de ese enfrentar a la hostil naturaleza y
la zozobra experimentada en aquella época fundacional?
Al respecto, todos los fundadores son presentados como
visionarios, junto a pioneros como los responsables del de-
sarrollo regional, nótese aquí el paralelismo del ideario de-
cimonónico de orden y progreso, cuyo trasfondo nos señale

7  Castro-Gómez, S. 1999. Ciencias sociales, violencia epistémica y


el problema de la “invención del otro”. Programa Ciencia, Tecnología,
Sociedad e Innovación de la Organización de Estados Iberoamericanos,
en Navarrete Mejía Julio, op-cit.

19
la presencia de un positivismo ejerciendo una racionalidad
en oposición a la naturaleza, entidad a la cual se la deba do-
minar y a usufructuar, tras el éxito material y la condición
de dueños y propietarios, emergerán ciertas polaridades so-
ciales sintetizadas entre los dueños y empleados, entre los
nyc y nuevos, entre residentes y turistas, europeos-sudame-
ricanos, pues estos fundadores y pioneros, tras previo des-
cubrir de estas lonjas de arena o espacios improductivos,
habrán de inventar una nueva estructura urbana llamada:
Balneario.
He aquí, entonces, la argamasa de la historia oficial e ideo-
logía triunfante en cada pueblo costero enfatizando la lucha
contra la inhóspita región y su diario esforzar, así, una vi-
sión de futuro y temple forjaron ese espíritu que imperó en
aquellos primeros pobladores con características prometei-
ca de la argamasa señalada, ejes fundante del naciente bal-
neario, he aquí a los nuevos conquistadores del inhóspito
paraje marino, aunque, este relato oficial no haga mención
que tales pioneros lo fueron llevados por una necesidad
laboral y devenido afán de renta, pues valorar terrenos y
propiciar el negocio inmobiliario-construcción, a la postre
provocaría un crecimiento edilicio y servicios benefiándo-
les superlativamente.
Pues al crear las condiciones materiales del pueblo posibili-
taron una nueva práctica económica en la región: el turismo
y creando las condiciones de su riqueza , también su posi-
ción en las futuras sociedades costeras.

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Hablamos de pequeños burgueses junto a otros que no lo
eran, estos últimos buscaron desesperadamente enclasarse
porque eran trabajadores, donde unos y otros se hubieron de
investir como héroes, soñadores, fabulosos iluminados, no
obstante, tal lirismo es parte una mirada falsa perteneciente
al folclor costero y su insistir en narrar una historia diferen-
te y así, motivo de orgullo hacia un pasado no tan mercan-
tilista, especulador ni comercial, pero auténtico motivo del
impulso y fundamento del emerger de los pueblos costeros
y en esto hallar la presencia de una colonialidad del saber.
Si los conquistadores inventaron América, estos fundado-
res y pioneros inventaron al balneario y desde el germinar
mismo de sus respectivas sociedades, sin saberlo, también
las estaban condenando por la condición recesiva de su pro-
ducto, y coartar todo desarrollo posible por ese mal intrín-
seco de cada balneario denominado estacionalidad.
He aquí la parte oculta de la historia oficial, el negocio y
el mercado pensado sólo para el verano y beneficio de un
grupo, los dueños o la colonialidad del poder, provocando
su contraparte: pauperización, desocupación, enfermedades
de la pobreza, asistencialismo, utilización política del mis-
mo, problemas para sustentabilizar a las generaciones pre-
sentes como a las futuras, todo ese cúmulo de calamidades
será el reflejo de cierta condición estructural provocada por
una práctica económica local basada en un periodo de tres
meses (años 60 y 70, quizás 80, pero a partir de los 90 cada
vez menos).

21
Hablamos de propietarios y dueños e integrantes de la
pequeña burguesía local, y devenida tal con el metódico
“temporada tras temporada”, que hubo de redundar en el
crecimiento de patrimonios personales en parcelas, locales,
edificios, hoteles y casas, todo ello propiciado por la explo-
tación del turismo, cuya fortuna amasada ejercen hoy sus
descendientes, los nyc (nacidos y criados en el lugar).
La tesis de este ensayo sostiene que la conquista de América
si bien fue ayer, la devenida costa bonaerense también re-
produjo el sesgo colonizador, generó la paradoja de recrear
naturaleza en la naturaleza (entiéndase forestación, fijación
de médanos) para terminar en aplanamiento, en progresiva
tala y consiguiente deforestación para casas y mansiones
por construir, mientras, la construcción de costaneras de
cada balnearios junto a paradores, harán desaparecer a ese
médano que otrora se supo admirar, contemplar y también
fijar, he aquí, entonces, la nueva naturaleza pero desencan-
tada y fruto de la mirada racional sujeta al negocio.
Y el ciclo se completa cuando otra cara es la que emerge,
pues una vez terminada la temporada se baja el telón, se
apagan las luces y tanto para el colonizador como los nyc
el invierno surge como algo natural, aunque, no de forma
univoca porque otra cara se hace patente en la aldea costera:
son los colonizados, los otros, los cautivos del lugar como
mano de obra barata y obligada a residir como a resistir con
las migajas que la colonia, en invierno, les puede proveer.
El sentido de analogizar la conquista de América con los

22
balnearios costeros, es para reforzar y a la vez señalar: el
concepto del dominio como ideario presente y develar el
sustrato simbólico de un colonialismo presente, el ayer y
el hoy no son fenómenos lineales pero las brutalidades pre-
sentes y el evocar de aquella brutalidades pasadas, nos ayu-
den a entender que estamos bajo una colonialidad y sus tres
ejes: del poder, del saber y del ser al que nos referiremos a
lo largo del texto.
Para finalizar, debemos aclarar que este trabajo original-
mente fue parte de doce entregas mensuales constituyendo
una columna en la edición del diario digital Si Gesell e ini-
ciada en febrero del 2008, donde a cada de mes se entrega-
ba una temática distinta, para poder transformarlo en texto
fue necesario realizar una serie de pequeños retoques, hacer
una introducción y agregarle algunos parágrafos en varios
capítulos y cerrar con una conclusión, después, el texto en
su generalidad guarda su sentido y contenido tal como hubo
de ser presentado en la citada columna digital.
El autor.

23
Bibliografía

1- Alimonda Héctor, Sobre la Insostenible Colonialidad de la


Naturaleza Latinoamericana. Curso de Postgrado en Ciencias Sociales,
en Pág. Web: www.bdigital.unal.edu.co/53076/18/9789588341194.ca-
pitulo2.pdf (en línea)
2- Cornblit Óscar, KARL POPPER, EL HISTORICISMO Y LA
NARRACIÓN, en Pág. Web: http://74.125.47.132/search?q=-
cache:jEIL-mgN8pYJ:www.cepchile.cl/dms/archivo_1027_661/
rev62_cornblit.pdf+popper+historicismo+e+ingenieria+social&c-
d=2&hl=es&ct=clnk&gl=ar. (en línea)
3- Quintero Pablo, Petz Ivanna, Refractando la modernidad desde la
colonialidad en Gazeta de Antropología, año 2009, N° 25, artículo 52,
en Pág. Web: httP//hdl.handle.nex/10481/6892 (en línea)
4- Navarrete Julio Mejía, “Epistemología de la investigación social en
América Latina. Desarrollos en el siglo XXI”, Cinta de Moebio Pág.
Web  www.moebio.uchile.cl . (en línea)
5- Castro-Gómez, S. 1999. Ciencias sociales, violencia epistémica y el
problema de la “invención del otro”. Programa Ciencia, Tecnología,
Sociedad e Innovación de la Organización de Estados Iberoamericanos,
en Navarrete Mejía Julio, op-cit.

24
Cap. I

1.1 La invención

El proceso colonizador en América no comenzó inmediata-


mente con el descubrimiento del espacio físico, porque el
suelo descubierto se rebeló ente (cosa) es decir, sin seres ni
comunidad alguna, y si era algo, lo fue según la óptica del
descubridor al que determino como el de “cosa” sin identi-
dad alguna .
La paradoja de la apertura y cerrazón simultáneo hizo que
lo categorizado como ente destinara su condición de ser
conferido desde el descubridor, ahora, si en el ente descu-
bierto no existiera más que algo en bruto, no sería posible
hablar de descubrimiento sino que habría de calarse más
hondo aún, hablamos de un inventar, pues otorgar propieda-
des es algo muy distinto a determinar la cosa por su propia
indefinición, entonces, la categorización hubo de mudar en
invención.
Definido a ontologizado fue el recorrido que sufrió el ente
por no portar realidad alguna, adosado bajo el perfil de
quien lo descubrió, la invención, lleno lo que previamente
vacío de sentido se encontraba y esto significó ausencia de
realidad o según el modelo Modernidad/Colonialidad ha-
llarnos bajo el ejercicio de una colonialidad del saber ope-
rando desde fuentes epistémicas europeas, pues “ La esfera
a la que se hace referencia podría ser entendida desde la

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imposición del eurocentrismo como la única forma de co-
nocer el mundo, es decir, la colonialidad del saber implica
la negación de la producción intelectual alter (indígena,
afro, chicana, femenina, etc…) como conocimiento”8.
Ahora, con ese marco previo, si hacemos un salto a los en-
tes de los espacios costeros bonaerenses entre mediados del
siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, estos también
hubieron de ser inventados por sus respectivos descubrido-
res los así llamados fundadores, cuando resignificaron las
tierras improductivas y los fondo de las estancias de am-
plios espacios costeros.
Esta analogía de aplicar el concepto de ente a la costa bo-
naerense es deudora de la América originaria, y línea tema-
tizada por O`Gorman con su obra La invención de Améri-
ca, ahí el autor nos dice que “En el sistema del universo e
imagen del mundo que acabamos de esbozar, no hay ningún
ente que tenga el ser de América, nada dotado de ese pecu-
liar sentido o significación. Real, verdadera y literalmente
América, como tal, no existe, a pesar de que exista la masa
de tierras no sumergidas a la cual, andando el tiempo, aca-
bará por concedérsele ese sentido, ese ser”.9

8  Bauquer Sergio, Julian Caicedo Ortíz, Noguera Juan, “CO


LONIALIDAD DEL SABER Y CIENCIAS SOCIALES: UNA
METODOLOGÍA PARA APREHENDER LOS IMAGINARIOS
COLONIZADOS”, en análisis político nº 85, Bogotá, septiembre-
diciembre, 2015.
9  O’ Gorman, Edmundo, La invención de América. México D.F.:
Fondo de Cultura Económica. 1995.

26
América fue inventada porque en primera instancia jamás
fue reconocida como un nuevo continente sino como parte
de otro, de Asia, y sólo después de ser transitada por dife-
rentes navegantes -Colón, Vespucio y posteriormente por la
corona española-, se le habrá de denominar América. Aho-
ra, tal hecho no será algo menor al enredar un reconoci-
miento de fondo: ser una entidad independiente del mundo
epocal compuesto por Europa, África y Asia.
Por lo tanto, el citado autor sostiene al final de su trabajo
“Podemos concluir, entonces, que hemos logrado recons-
truir, paso a paso y en su integridad, el proceso mediante
el cual América fue inventada. Ahora ya la tenemos ante
nosotros, ya sabemos cómo hizo su aparición en el seno de
la cultura y de la historia, no ciertamente como el resultado
de la súbita revelación de un descubrimiento que hubiese
exhibido de un golpe un supuesto ser misteriosamente alo-
jado, desde siempre y para siempre, en las tierras que ha-
lló Colón, sino como el resultado de un complejo proceso
ideológico que acabó, a través de una serie de tentativas e
hipótesis, por concederles un sentido peculiar y propio, el
sentido, en efecto, de ser la “cuarta parte” del mundo”.10
Obviamente la tesis de O´Gorman no hubo de pasar des-
apercibida, para uno de los autores centrales del filosofar
Latinoamericano como es Enrique Dussel, al sostener que
“O’Gorman, en una de las más bellas páginas del pensa-
miento latinoamericano va mostrando, inteligente y erudi-

10  O’ Gorman, Edmundo, op.cit.

27
tamente, como, en realidad, desde el mundo (en el sentido
heideggeriano) de Colón, o Américo Vespucio, las cosas
acontecieron. El “ser americano” va apareciendo en el di-
cho mundo concreto desde el “ser asiático” de las islas y
tierras encontradas. En realidad Colón nunca sobrepasó
al horizonte del “ser asiático” de las tierras encontradas y
por lo tanto, para O’Gorman ni siquiera descubrió Améri-
ca (en el sentido tradicional de la palabra)”.11
Así, la condición de invención hubo de despojarle a Améri-
ca todo previo atributo y característica propia, porque sólo
se inventa en el ente vacio y sin propiedades de nada.

1.2 El ente y su ser

Ahora ,¿cuál es el origen de la palabra ente?, si rastrea-


mos su emerger podemos decir que nace con Parménides
ya que “Por primera vez, un presocrático alude al ente
como elemento generador o principio generador de la na-
turaleza (arjé) y por lo tanto del universo, diferenciándolo
de los elementos tradicionales; agua, fuego, tierra y aire
y, al mismo tiempo rechaza la idea de la existencia de un
principio o elemento generador, por cuanto, todo lo que
existe es uno, y es por ello que ni se genera, ni se destruye
( y ese UNO no pudo haber nacido de un sólo elemento

11  Dussel Enrique, Historia de la filosofía latinoamericana y


Filosofía de la liberación, Ed. Nueva América, Bogotá, 1994.

28
generador)”12.
Sin embargo, Heidegger hará una sustancial diferencia en-
tre ser y ente cuando “... insistió en la necesidad de dis-
tinguir el ser de los entes y ..... que el análisis de los entes
particulares ha hecho olvidar la pregunta por el ser, que es
la pregunta filosófica esencial”13
Lo óntico o esfera del ente, deja abierto a un sentido que
no tiene como ente y es el nexo para que ese sentido sea el
inventado, así, entre la invención de América y los espacios
costeros, exista el complejo ideológico pivotante en la pers-
pectiva pragmática del hombre económico, fundamento del
emerger de esta nueva entidad denominada balneario.
Pues, la parcela encontrada como superficie de duna-are-
na-tierra improductiva o el fondo de una estancia - tal fue
el ente hallado-, se le otorgaron notas esenciales y así, cons-
truirse un perfil novedoso para la región e impulsador de
la creación de algo nuevo, nacido entre un contexto rural
y una urbanidad ajena a él, tal fue el previo escenario del
flamante emerger de los pueblos costeros.
El ente fue base de un imaginario de perspectiva econó-
mica configurando la siguiente correlación: balneario igual
a negocio, por el cual la inédita creación encontró en la
naturaleza un impensable aliado: el contexto marino, como

12  Mujeresmasonas, org, Parménides en Pág. Web: http://


mujeresmasonas.org/tag/platon/ 26 de enero 2013. (en línea)
13  En Glosario Filosofía / Término, en Pág. Web: https://glosarios.
servidor-alicante.com/filosofia/ente#XEClTh871pict93G.99. (en línea)

29
posibilidad del lucro y fundamento al nuevo espacio por
surgir. Pues la mirada colonizadora siempre resalto la nece-
sidad de dominar el ambiente, ya sea como algo propicio o
como enemigo, en este caso genero un producto y propició
un mercado a devenir.
El nuevo espacio construido según sus necesidades e inte-
reses será colonizado bajo el modo particular de entender
la realidad: mercancía, única y estricta condición del ser
balneario al cual se le adosará la creación de un pueblo (la
colonia) al que sí o si determinará, porque esta colonia ja-
más podrá lograr un desarrollo ni devenir propio ante las
condiciones contextuales que no le permitirán ser otra cosa
de lo que son y siempre serán: pueblos de balnearios cos-
teros, la metáfora el ente se nos presenta clarificada, con
una temporalidad que no le agregará otra forma de ser de la
que posee.
El ente balneario crecerá, pero tal crecimiento jamás impli-
cará ese salto cualitativo hacia el desarrollo como expresión
de un ser porque el ente, sólo podrá crecer como mercancía,
al servicio de la razón de fondo que es: facturar, el de la
renta, el negocio, por ello hablamos del balneario como un
ente, las notas aludidas al ente sólo pueden tener un único
significado: la del provecho económico.
El balneario, entonces, por origen jamás implicó una aper-
tura mundanal por el contrario, impuso a todos aquellos en
su radio de influencia su acción cosificante y ser presos de
tal cosificación.

30
Porque la invención y la colonización costera fue la emer-
gencia de una serie de proyectos desconectados entre sí,
por ejemplo, si nos abocamos a los balnearios nacidos en la
zona al sur de la bahía de Samboronbom “Para la década
de los años 30, estas zonas costeras al norte de Mar del
Plata pertenecían a dos partidos centrales: general Mada-
riaga y General Lavalle, mientras que lindando con Mar
del Plata, ya lo hemos señalado, existía como partido Mar
chiquita.
Los grandes estancieros propietarios de las tierras en las
zonas de Lavalle estaban representados por los siguientes
apellidos: Cobo, Leloir, Gibson, Duhau, Peralta Ramos,
mientras que por Madariaga debemos citar a la familia
Guerrero.
Es interesante considerar lo sucedido con aquellas grandes
estancias de la región, lo cual puede ayudar a explicar, en
parte, el fenómeno del cambio de mirada y su correspon-
diente actitud hacia zonas que carecían de valor económi-
co: nos referimos a la crisis del modelo que había susten-
tado económicamente a las estancias. Fue ese cambio de
mirada lo que generó un proceso de subdivisión en parce-
las por parte de los dueños de las grandes extensiones de
tierra. Ellos agregaron a su actividad ganadera la innova-
ción de forestar para dar valor mercantil a parcelas que no
lo tenían hasta entonces”.14

14  Oviedo Juan, No todo lo que reluce es oro, primera parte, Ed.
Autor, Villa Gesell, 2006.

31
Por el contrario, aquellos balnearios al sur de la feliz, mu-
chos de ellos obtuvieron la luz de su fundación en el siglo
XIX, así “….por el contrario hacia el sur de Mar del Plata
los pueblos emergidos no serían todos específicamente bal-
nearios. En primer lugar, sus fechas fundacionales rondan
las últimas dos décadas del siglo XIX y, en segundo lugar,
sus tierras no eran improductivas sino propicias para la
agricultura.
En sus orígenes esos pueblos formaron parte del avance
fundacional, de ganar tierra frontera afuera y, en ese hecho
hay dos aspectos para destacar: el primero, su escalada
civilizadora hacia el sur según un modelo económico de
agroexportación y, segundo, la imitación de un éxito de la
época: Mar del Plata”.15
La aventura iniciada redundó en la creación urbana del
balneario, nacidos en una nada física y vinculados al mar,
posibilitaron el contexto emergente de un recurso por exce-
lencia en la región costera: el turismo.
Así, la franja costera bonaerense o naturaleza libre de toda
ontológica, fue prontamente conquistada y colonizada, cuyo
resultado final son los presentes enclaves, siempre bajo el
perfil de un utilitarismo económico donde los colonizadores
modernos implementaron e implementan acciones de ex-
plotación y plusvalía, conocido método burgués hacia el
éxito de sus inquietudes.

15  Oviedo Juan, Balneario rico Pueblo pobre, Ed. Autor, Villa
Gesell, 2008.

32
La América costera como otrora lo fue la América conti-
nental, emergió bajo la figura del dominio y su impronta
aplicada al resto de los entes físicos de la duna, el mar, la
playa y el sol, propició la concepción mercantil del objeto
balneario y con él, su devenida colonia.
La colonia nacida bajo la determinación de sus propietarios,
dueños de negocios, paradores y del comercio en general,
junto a la condición urbana y edilicia del negocio inmobi-
liario, más la presencia de cooperativas y políticos de turno,
crearán la superestructura digitadora de los destinos de los
modernos balnearios-colonias, ocultado por el eufemismo
nominalista de ser partidos costeros.
Pues, con una línea iniciada en el partido de La Costa y
extendida hasta el sur de la provincia de Buenos Aires fi-
nalizando en el partido de Monte Hermoso, hallamos a
las nuevas colonias cumpliendo su íntimo destino, ser un
producto para el beneficio de pocos, y sumado a ello, la
posición colaboracionista de sus respectivas sociedades en
un grado de servilismo franco: ser mano de obra barata
al producto que otros definieron o expresión tácita de una
colonialidad del poder.

33
Bibliografía

6- Bauquer Sergio, Julian Caicedo Ortíz, Noguera Juan, “COLONIA-


LIDAD DEL SABER Y CIENCIAS SOCIALES: UNA METODOLOGÍA
PARA APREHENDER LOS IMAGINARIOS COLONIZADOS”, en
análisis político nº 85, Bogotá, septiembre-diciembre, 2015.
7- O’ Gorman, Edmundo, La invención de América. México D.F.: Fon-
do de Cultura Económica. 1995.
8- Dussel Enrique, Historia de la filosofía latinoamericana y Filosofía
de la liberación, Ed. Nueva América, Bogotá, 1994.
9- Mujeresmasonas, org, Parménides en Pág. Web: http://mujeresmaso-
nas.org/tag/platon/ 26 de enero 2013. (en línea)
10- En Glosario Filosofía / Término, en Pág. Web: https://glosarios.
servidor-alicante.com/filosofia/ente#XEClTh871pict93G.99. (en línea)
11- Oviedo Juan, No todo lo que reluce es oro, primera parte, Ed. Au-
tor, Villa Gesell, 2006.
12- Oviedo Juan, Balneario rico Pueblo pobre, Ed. Autor, Villa Gesell,
2008.

34
CAP. II

2.1La nueva articulación

“El capitalismo fue, entonces, desde sus inicios, colonial/


moderno y eurocéntrico. Las riquezas de América jugaron
un papel importante en el crecimiento del capitalismo eu-
ropeo. Ayudaron a constituir lo que Marx llamó la “acu-
mulación originaria del capital”. Con ésas riquezas se
acrecentó el capital en Europa y se estimuló el consumo.
España no entró en esa dinámica lo cual se debe a causas
muy precisas relacionadas con sus prácticas económicas,
religiosas y sociales instauradas desde el siglo XV y ejer-
cidas durante todo el siglo XVI. Fueron prácticas de tipo
feudal o semifeudal”.16
Esas riquezas dieron a lugar en el proceso de la conquista
en América, curiosos hechos de carácter económicos como
fue el caso de la encomienda, se trataba del pago de los
indígenas que realizaban al encomendero, se trataba de una
carga impositiva por la condición de ser súbditos de la coro-
na, donde el encomendero, contraía la obligación de cuidar
el bienestar y ejercer un adoctrinamiento en la fe cristiana a
aquellos nuevos súbditos.

16  Soto Pachón Damián, Modernidad, eurocentrismo y colonialidad


del saber , mayo 19, 2009, en Pág. Web: http://nuevasideasdamian.
blogspot.com.ar/2009/05/modernidad-eurocentrismo-y-colonialidad.
html. (en línea)

35
Acerca de este punto Furtado especifica que “El encomen-
dero, en razón de la tutela que ejercía sobre un grupo de
población, pasaba a desempeñar privadamente funciones
de derecho público, lo que lo colocaba socialmente en una
posición sólo comparable a la del señor feudal de la Euro-
pa Medieval”.17
Como todo señor feudal, el excedente logrado por la ex-
tracción de esa población, determinaba la posición del en-
comendero en la estructura social, así, el carácter comercial
(inserción de un circuito de intercambios) debía ser un ele-
mento predominante, si su objetivo principal era efectuar
transferencias a la metrópoli.
Tal era lo involucrado en el fenómeno de la encomienda.
Ahora, esta forma de actuar lo fue tras ocupación territorial,
así, articulando acción individual (el encomendero) bajo la
tutela estatal y explotando una mano de obra sumisa (el in-
dígena), se generaba una producción agrícola allende a la
extracción de metales también, aunque, lo más destacable
en tales prácticas era que se mantenía un estricto orden so-
cial, donde el encomendero adquiría las facultades de señor
y el indígena, la del siervo.
Aunque, las formas de explotación al indígena no sólo con-
sistía en la encomienda, por ejemplo en Nueva España,
(México) se instituyó el cuatéquil, régimen de trabajo pa-
gado forzoso, mientras que en la zona del Perú un sistema

17  Furtado Celso, La economía latinoamericana, (formación


histórica y problemas contemporáneos). Ed. Siglo XXI, México, 1969

36
denominado mita, institución diferente de la esclavitud y
del servicio personal de la encomienda, cuya particularidad
era que los indígenas recibían un estipendio diario.
En esta línea de trabajos por parte de los indígenas podemos
citar a los gañanes o laboríos, un lugar donde residían los
indígenas provenientes de las aldeas vecina, en las fincas de
los agricultores españoles, en definitiva, la práctica econó-
mica en el nuevo mundo hubo de revestir ciertos cambios,
pero siempre desde la misma condición de explotación y
explotado. Martínez Coll nos señale que “Por ende, en su
incorporación del indígena, no menos que la de todos los
otros, el desarrollo del capitalismo generó, en diferentes
épocas y lugares, las formas institucionales que convenían
a sus cambiantes necesidades”.18
Lo expresado nos muestra cabalmente la articulación entre
instituciones y fines económicos con fuerte cohesión en lo
social, ahora, preguntamos ¿qué formas adquiere la nueva
articulación en la zona costera?
El nuevo escenario deja de lado a encomenderos, indígenas,
extracción de metales etc. y nos muestra a una economía
basada en la tercearización o sea, una economía de servi-
cios y fuertemente representada por el comercio.
La nueva articulación se dará ¿en instituciones tipo coope-
radoras, cámaras hoteleras o asociaciones de restauran-

18  Martínez Coll, J. C. (2001), Capitalismo y subdesarrollo en


América latina, en EUMEDNET Enciclopedia y Biblioteca Virtual. En
Pág. Web: http://www.eumed.net. (en línea)

37
tes?, no, la nueva articulación en la América de la costa
bonaerense, será el emerger de sus pueblos donde se mixtu-
rará orden social y práctica económica.
Estos pueblos costeros nacieron y se estructuraron en una
serie de instituciones representativas de lo económico o
materializaciones del interés comercial.
Por el cual “Las instituciones de la costa atlántica son en-
tendidas desde una neutralidad por sus aspectos adminis-
trativos, organizativos y logísticos, sin considerarlas crea-
ciones al servicio de la protección de la fuerzas económicas
sobre las cuales se edificó una sociedad”19, sin embargo, tal
concebir neutral es meramente la mirada ideológica porque
nada más alejado de lo neutral en una sociedad que una ins-
titución aglutinadora de intereses comerciales.
Los ámbitos que se institucionalizaron no puede confun-
dirse con la institución en sí como la del Estado o del Mu-
nicipio, porque aquellas no vehiculizan elementos simbó-
licos sujetos al todo social como de hecho cada municipio
es portador, por el contrario, las cooperadoras, asociaciones
etc. son expresiones singulares de una sociedad conflicti-
va entre sí, donde la nueva articulación nace al son de una
superviviente competitividad determinada por el mercado,
que habrá de proteger como también señalar a la futura es-
tratificación lugareña, representadas por tales instituciones.
Si bien la costa bonaerense posee una estructura económica,

19  Oviedo Juan, No todo lo que reluces es oro, 2da parte, Ed. Autor,
Villa Gesell, 2007.

38
social e institucional distinta a las encomiendas, la mita o el
laborío de la conquista, ni tampoco comparta el sentido de
esclavitud o pertenencia a patrón alguno, sin embargo, las
duras condiciones económicas y sociales hacen imposible
elegir otras formas laborales a las establecidas, hablamos de
un no poder optar, entonces, el hecho de elegir solo exista
en el plano de lo formal y que no acompaña las condiciones
materiales que permiten una cabal elección, entonces, una
dominación y una dependencia se hacen patentes.

2.2 Economía y estratificación

Desde su origen mismo los balnearios adquieren la caracte-


rística del feudo, muchos de sus fundadores ejercitaron una
política paternalista cuyo significado fue la pautación de
normas, reglas, aplicados a todos los que habitaban el lugar
donde modos de conducirse era establecido por el fundador
o el grupo de notables al mando de las decisiones, y el resto,
debía aceptar o estar de acuerdo, en otras palabras, cumplir
la norma básica de todo feudo: seguir y obedecer, así, lo
comunitario en las primeras épocas en los pueblos costeros
como hoy, no existió y si estar ante un dominio clasista.
La práctica económica de los servicios, es otro hecho de
dependencia ya que estos servicios representan una práctica
económica más cercanos a un feudalismo que a una moder-
nidad, ésta última caracterizada por ese proceso productivo
y creador del capitalismo europeo, distanciándose de aque-

39
lla sociedad feudal representada por el trueque. Y si bien la
sociedad costera ejerce una economía tercearizada, lo hace
según una pobre cualificación de trabajos y mano de obra
barata, es decir, con patrones digitando salarios sujetos a las
ganancias que les reporta cada temporada.
Si nos centramos en el hecho del comercio, éste es el último
eslabón de una cadena productiva pero improductiva pues
su razón consiste en expender un producto hecho en otro
lugar, así, la actividad sustancial del comercio implique en
vender y no en producir, porque el producto vendido, es
algo que el comerciante no hace, ni crea, ni diagrama, ni
estructura, ni interviene en su hacer como tal.
Sólo vende porque alguien del otro lado compra, no genera
riqueza porque no crea productos ni agrega valor y tal for-
ma de actuar sea guiado por la mentalidad del usufructúo
donde la iniciativa, la inversión, la creatividad y cualquier
otra forma productiva no están presentes, proclive a cierta
mentalidad conservadora y marco a la pasividad antes que
un intervenir novedoso ni creador.
Si el mercantilismo fue practicado por la potencia colo-
nizadora española, este tipo de comercio implique cierto
resabio con aquella práctica colonial, y la presente colonia
represente lo europeo también, pero con otros dominadores,
el de los apellidos ilustres de comerciantes y propietarios en
contraposición a los apellidos ignotos de la mayoría de sus
pobladores.
Ese ayer no es aggiornamiento a un presente, puesto que la

40
tesis del texto plantea lo contrario, porque la explotación
como ejercicio de dominación no significó una mera cate-
gorización de un período histórico o la continuidad de un
etapa pasada y hoy vigente, sino de un ejercicio contem-
poráneo iniciado en las nuevas articulaciones del europeo
bajo la presencia de “la Colonialidad del Ser” (europeo,
hombre blanco, burgués) y colaborando “la Colonialidad
del Poder”, digitando las formas de pillaje al servicio del
proyecto Moderno en nuestra América Latina.
La colonia de hoy no implica el sentido de la colonia de
ayer y si predicamos la condición de colonia del balneario,
es para resaltar que detrás de la fachada de un sistema polí-
tico y social se halla la expresión de una modernidad carac-
terizada con otras formas de robo como la explotación de la
plusvalía en mano de los conquistadores del cordón marino.
Por ejemplo, cuando pensamos acerca de “lo comunitario”
o lo común a todos como representación del todo residen-
te, debe estar por encima de los lineamiento del balneario
que son los intereses de dueños, patrones y señores de los
servicios, de no contemplarse de esa forma, quede nula la
expresión de la participación y presencia social activa de lo
común, sin consulta a las bases no hay presencia de lo co-
munitario, ante el ejercicio colonial e invisibilizado como
tal.
La moderna colonia muestra como nadie la práctica neo-
liberal con sólido hincapié en cada etapa electoral donde
lo cuantitativo del voto manda, quedando relegadas formas

41
sociales de participación real, sin movilidad de la gente
como los cabales y verdaderos referentes.
La colonia muestra la anemia de los partidos políticos don-
de el problema no es de forma sino de uso, partidos repre-
sentantes de los partidos nacionales en manos de persona-
lismos y caudillos locales, mientras que la alternativa del
partido vecinal, y al momento del votar se recurra al caudal
electoral de aquellos partidos nacionales para posicionarse
como gobierno local.
La condición de colonia es esa desigualdad que existe entre
vecinos y ese trasfondo manipulador de toda la estructu-
ra comercial del balneario imponiendo el imaginario de la
temporada, en este punto hallarnos frente lo que Bourdieu
definió como violencia simbólica20 donde el oprimido se
categoriza según la categoría de su opresor. Así, “.... la vio-
lencia simbólica se define como una violencia que se ejerce
sobre los individuos con su propia complicidad. Existe una
diversidad de formas en las que se ejerce la violencia sim-
bólica: cada campo es un lugar de ejercicio de la violencia
social. Los esquemas mentales y culturales que funcionan
como una matriz simbólica de la práctica social se convier-
ten en el verdadero fundamento de una teoría de la domi-
nación y de la política...”. Saliendo del sociólogo Francés
la presencia de un “Colonialidad del Saber” ser más que

20- Germaná César, Revista de Sociología - Volumen 11 - 1999 -


Número 12.

42
evidente.
Tanto hemos utilizado el vocablo de colonia será pertinente
referirnos a él.
Pues ¿qué nos dice cualquier glosario acerca de la palabra
colonia? “Palabra de origen latino (coloniam) y que sir-
ve para designar un territorio ocupado y administrado por
una potencia extranjera de la que se depende en los planos
político, económico, cultural, etc.”.21
Y si algo ha subrayado el proyecto modernidad/coloniali-
dad es que si bien la colonización hubo llegado a su fin
como ocupación territorial, la colonialidad continúe vigente
como práctica simbólica y cultural.
En la conquista la ya señalada “Colonialidad del Ser”, no
era lo mismo ser blanco, ser negro o ser, indios, se trataba
de la existencia de un racismo y provocador del fenómeno
del otro, en oposición a lo propio, aquí, la nueva articula-
ción provoco la paradoja de lo ajeno en lo propio, como fue
la emergencia de los barrios residente de la mano de obra
del pueblo, deviniendo sin la pertinente infraestructura de
servicios como gas, cloacas, luz, porque tales servicios, en
su origen, estaban prestos para ser aplicados mayormente a
los nuevos emprendimientos de de las zonas ricas cercanas
a la playa y a los nuevos complejos de Cabañas, Bungalow
etc., como apoyo a un mercado inmobiliario que al llevar a
cabo sus servicios, provocaba un ámbito competitivo para

21  Texto La Colonia, en Pág. Web: http://www.dibam.cl/upload/


i2867-2.pdf. (en línea).

43
el turismo, pero no servicios premeditados para barrios
cuasi marginales que no fueron proyectados.
Otro ejemplo de colonia lo encontremos cuando la admi-
nistración elegida tiene en mente obras y acciones desti-
nadas a centros comerciales sin extenderlo a necesitados y
elementales lugares periféricos, y de hacerlos, publicitar
tales hechos para sacar rédito en los procesos electivos, pu-
blicitando su hacer cuando su función como gobierno ¡es
el hacer! Es lo mismo que alardear de.......... ¡que el avión
vuela o el barco navega!
Lo expresado nos permite sospechar de toda administración
o gestión actuando bajo la concepción dominante del lugar:
la riqueza del balneario y sus acciones estratégicas para in-
visibilizar esa disposición servil hacia la riqueza, como son
esas acciones de entretenimientos social como el forestar
simbólico, generar eventos juveniles, realizar fiestas a pio-
neros, gestar concursos varios, o escenario demagógico con
el aceptar de la gente la liviana simulación de ser tenidos en
cuenta y en pseudo participación, cuando en el fondo, son
acciones de distracción para mantener oculta la condición
de colonia en la cual todos se hallan inmersos.
La nueva articulación (el balneario) propicio una riqueza
con un trasfondo que en aquellos tiempos no existía como
hoy, el del empobrecimiento.

44
Bibliografía

13- Soto Pachón Damián, Modernidad, eurocentrismo y colonialidad


del saber , mayo 19, 2009, en pág. web: http://nuevasideasdamian.
blogspot.com.ar/2009/05/modernidad-eurocentrismo-y-colonialidad.
html.
14- Furtado Celso, La economía latinoamericana, (formación histórica
y problemas contemporáneos). Ed. Siglo XXI, México, 1969
15- Martínez Coll, J. C. (2001), Capitalismo y subdesarrollo en Améri-
ca latina, en EUMEDNET Enciclopedia y Biblioteca Virtual, en Pág.
Web: http://www.eumed.net. (en línea)
16- Oviedo Juan, No todo lo que reluces es oro, 2da parte, Ed. Autor,
Villa Gesell, 2007
17- Germaná César, Revista de Sociología - Volumen 11 - 1999 -
Número 12.

18- Texto La Colonia, en Pág. Web: http://www.dibam.cl/upload/


i2867-2.pdf. (en línea).

45
46
Cap. III

3.1 Literatura vieja y nueva

Si el proverbio reza al principio fue la palabra, nosotros


agreguemos después lo dicho y esta simple distinción seña-
le la inexistente relación lineal entre la palabra y lo dicho,
porque entre ambas se abre un amplio espectro de significa-
ciones e intenciones como también de limitaciones.
Porque la palabra es amplia, difusa, elocuente, es algo vivo
mientras que “lo dicho”, no posee esa vivacidad de la pala-
bra, es parco, pero significativo y provocador, si bien no es
posible hacer abstracción del hablante y del oyente, por el
momento otorgamos la propiedad del decir a la palabra y a
lo dicho la facultad del provocar, porque si existe un decir,
algo digno de escuchar, entonces, deberá crear algo en ese
interlocutor que escucha, así, por cada significado o sentido
oculto en la palabra, lo dicho, habrá de desocultarlo.
Fue Oswald Ducrot que en su texto El decir y lo dicho, rea-
lizo estas interesantes discriminaciones entre enunciación,
orador etc. y desde el equipo de lingüística al que citamos
añade “Este libro reúne diversos trabajos del autor escritos
entre los años 1968 y 1984, relativos a los problemas lin-
güísticos de la enunciación. En ellos se intenta demostrar
que el sentido de un enunciado (“lo dicho”) no sólo inclu-
ye alusiones al acontecimiento histórico constituido por la
aparición del enunciado, sino que no es otra cosa que un

47
comentario del decir. Dentro de este marco se inserta una
concepción “polifónica” de la enunciación: lo que el enun-
ciado dice acerca de su decir es que se trata del lugar en
que se expresan diversos sujetos cuya pluralidad no puede
ser reducida a la unicidad del sujeto hablante”.22
Como corolario, la literatura costera que ensalza el escribir,
el publicar, el regodearse con el hecho de la palabra impre-
sa, lo haga retratando siempre a lo mismo, ya sea el pasado
fundacional o el contexto natural, por el cual se quede en
“el decir” y olvide lo más importante, a “lo dicho”.
Situémonos en la temática abordada por esta literatura, la
misma pivote sobre dos ejes concretos: lo epopéyico des-
granado en sus etapas fundacionales y en una poesía cen-
trada en sus elementos naturales como es el mar, las aves,
las dunas, su flora, las estaciones etc. No hay nada negativo
ni extraño en esto, pues la literatura que emerge por lo ge-
neral se nutre de contenidos contextuales ya sea del paisaje
o de su sociedad, ahora, lo epopéyico y el contexto marino
se revelen ejes del pivotar literario costero, como de hecho
sucede en cada concurso literario en bibliotecas, casas de la
cultura y en los centros culturales de los pueblos costeros.
Por el cual la narrativa, el verso, la prosa, el discurso, ha-
brán de nutrirse de la gesta y del paisaje.

22  Ducrot, O. El decir y lo dicho. Paidós: Buenos Aires.


Lingüística Periodismo, De Equipo de Lingüística enero 01, 2015, en
linguisticaperiodismo.blogspot.com/2015/01/oswald-ducrot-el-decir-
y-lo-dicho.html. (en línea)

48
Hecho que nos fuerza a preguntamos, ¿qué se escribe, qué
se dice?, y nos respondemos, lo mismo, lo que todo lugareño
sabe o conoce por experiencia, ahora, eso mismo al ser letra
y narración del lugar logre saturar, por el cual para no caer
con “el siempre lo mismo de la palabra” y fagocitador de lo
dicho, se necesite de una condición distinta y vinculado a lo
creativo, tal como sucede con la poesía amatoria de todos
los tiempos, sabemos del amor, es experiencia mundana,
pero ello no agota su decir polifónico cuando hay creación.
Esta actitud unidimensional por escribir acerca de lo mismo
sea el enunciar de la costa, sin embargo, sea algo distante
del tematizarlo, porque posicionar lo epopéyico no impli-
que un mirar reflexivo del lugar, como tampoco ser preso
de un realismo ingenuo marino posicione una estética no-
vedosa, he aquí las vivencias con el fundador y el ensalzar
como gesta, la mano de obra desocupada que se afincó en la
costa, el llamado pionero.
Por supuesto, narrar y decir algo a lo que no nos identifi-
camos sea algo sin significado, por ejemplo, ¿qué sentido
despertaría escribir sobre las altas cumbres del Himalaya,
o sobre las etapas históricas de Buzios, o sobre el árbol ge-
nealógico de mi prima para los lectores de una equis comu-
nidad?, directamente ninguno, por el cual ¿qué alternativa
más que escribir acerca de lo que ocurre en la comunidad?,
no la hay.
Pero la letra que tematiza a lo local inscribe una línea litera-
ria diferente a la letra que informa, la primera, deja de lado

49
lo inmediato para posicionarse en la madurez de lo pasado
con asiento al futuro, es una letra pretenciosa inscribiendo
un dicho no epocal y perpetuador, mientras la segunda, la
que informa nos acerca a lo inmediato, es hija del momento
y del presente pero justamente por eso desaparezca en la
propia contingencia de su decir.
Así, una cabal letra literaria será más elaborada cuando sus
referentes son distintos y más perdurables a la propia ex-
periencia, distinta a la letra que informa, ésta circule en
términos de noticias, notificando lo que ocurre, pero no in-
vestigue más allá de lo que acontece por ser la voz de lo
actual, de lo que sucede en el pueblo o con el suceder de
los terceros.
Un libro de historia y un periódico local nos baste como
ejemplo, pues la historia de las localidades sea la historia
del acontecer de sus fundaciones, fechas, momentos etc.,
mientras, las noticias reflejadas en periódicos o semanarios
son cuasi informaciones porque más allá de apellidos y fe-
chas diferentes, lo mismo se hace patente instalando la
típica atmósfera Medieval donde nada pasa y nada distinto
ocurre.
Entonces, la literatura que no tematiza sólo aborde lo con-
textual y narre ese pasado mitificándolo, fundamenta el lu-
gar desde la leyenda incluso, lo romantice, y acervo de la
historia oficial en novelado relato junto a la rima del paisaje
y del verso, he aquí la síntesis expresiva de esa primera ge-
neración literaria en la costa bonaerense.

50
Entonces, ¿hasta cuándo será adecuado escribir sobre lo
mismo?, ¿cuántos libros serán pertinentes escribir acerca
del pionero o fundador de cada pueblo?, ¿cuántas veces las
acacias, los médanos y el mar, el frío y las gaviotas podrán,
no a estimular a escribir acerca de ellas sino a provocar in-
quietud por ser siquiera leídas?, ¿cuántas veces los cuentos
serán nueva expresión y estímulo vivo a la lectura local?
Por ejemplo ¿cuántos libros acerca del fundador de Gesell
son posibles escribir y cada nuevo título aporte una dife-
rencia que justifique volver a ser escrito?, una cosa es la
riqueza de un tema y otra, es no percibir que el tema se ha
agotado o por el contrario padecer la mediocridad instalada
ciega a toda creación.
Pero quizás lo que mejor destaque este apelar al fundador,
es que este represente algo más que lo trascienda, y esto
implique su gesta civilizadora, cuya argamasa de fondo sea
orden, desarrollo y progreso o valores subyacentes de un
eurocentrismo instalado como parte de una violencia epis-
témica. Entonces, “¿Cuáles son, entonces, las formas por
las que opera la violencia epistémica? Aquellas según las
cuales se formulan valoraciones que, siendo inicialmente
raciales, alcanzan valor cultural, estableciendo diferencias
insuperables entre las capacidades inherentes y propias de
la cultura europea para producir conocimiento racional
-sin necesidad de incorporación a través del contacto con
otras culturas- generando conceptualizaciones binarias
hasta ahora no superadas (barbarie y civilización, tradi-

51
ción y modernidad, comunidad y sociedad, mito y ciencia,
infancia y madurez, pobreza y desarrollo, etc.) todas ellas a
su vez articuladas en la noción de “crecimiento”, de “sali-
da del estado de naturaleza al de cultura”.23
Momento de centrarnos y preguntarnos por aquellos que
escriben, por los autores costeros, pues ¿quiénes son?, por
lo general se trata de viejos residentes o hijos de esos viejos
residentes, subordinando el texto a la idiosincrasia señalada
y así, toparnos con la óptica de equis señora queriendo dar
a conocer sus experiencias, cualquier señor o señorita en-
valentonado por su buen ánimo y al escribir acerca del mar,
inmediatamente devengan a la categoría de escritor.
Se trata de aquellas fulanas, los menganos o las zutanitas,
que existen por cantidades en cada pueblo y autotitulados
escritores por el hecho de graficar en letra, se eleven a re-
presentantes del fetiche cultural por el ejercer de la grafía.
Pero debemos aclarar algo, todo escritor no lo sea por es-
cribir, sino porque es alguien que piensa y las letras, ser
apenas un medio, una herramienta a su verdadera función,
comunicar sentidos y si piensa a su contexto, representará
al lugar pero no el del ayer ni de la duna bajo el viento, sino
que refiera al lugar como un colectivo inmerso en un con-
flicto de opresores y oprimidos, base constitutiva de las so-
ciedades costeras, presas de la fabulación epopéyica jamás

23  Palermo Zulma, Una violencia invisible: la colonialidad del


saber. Universidad Nacional de Salta - Avda. Bolivia 5150 - CP 4000
- Salta - Argentina.

52
denunciados como espacios de explotación a la mano de
obra barata que es el propio vecino y también, explotadas
en negro, como jamás fue denunciado el aprovechamiento
político de alentar asentamientos en estos partidos costeros.
Los pueblos costeros son espacios de práctica comerciales
trasladada a las relaciones sociales de sus habitantes, por el
cual queden de lado relaciones de solidaridad como tam-
bién vínculos de genuina empatía sino que priven intereses
o vínculos estratégicos bajo un pragmatismo denominado
éxito.
Tales condiciones sociales no son reflejadas ni resaltadas
por los pseudo escritores locales y de esa forma, sus es-
critos participen de un pastiche colaboracionista de la no
denuncia en sus textos, dejando de lado todo análisis, re-
flexión y tematización de lo que sucede y ocurre en los
balnearios costeros.
Porque el intelectual que piensa el lugar debe luchar y opo-
nerse contra esos pseudo-escritores que colaboran con el
velado de lo real del pueblo, afecto del aburguesado figurar
individualista explotando a la letra, construya expresiones
típico de un opaco individualismo, destacando sus percep-
ciones no dudan en publicar sus ingenuidades simbólicas y
grotescamente socializada como libros. Estamos ante ex-
presiones carentes de todo talento y en especial, de interés
comunitario y que tanto ignorantes como amigos, jamás
dicen, expresan o revelan nada como pacto a una instalada
mediocridad.

53
3.2 Mirar distinto

Y en este punto accedemos al meollo de la cuestión porque


una cosa es hablar de lo mismo donde ya expresamos su
porque y otra cosa es mirar distinto a lo mismo.
Pues se trata de esta última definición de mirar distinto a lo
mismo, donde lo literario adquiere la pertinencia con la que
iniciamos el artículo en términos de ocultación o desoculta-
ción y punto de enlace con nuestra América, pues la litera-
tura costera, al igual que la de América continental revele
la instancia ideológica presente en toda su literatura.
En la América de la colonia fue Bartolomé de Las Casas
fraile dominicano, el primero en levantar la voz oposito-
ra acerca de lo hecho por los españoles aquí, criticando a
la opresión y a favor de los dominados. He aquí un breve
relato acerca de esa conquista, “Podemos asegurar que los
Españoles han quitado con su atroz e inhumana conducta
más de doce millones de vidas de hombres, mujeres y niños:
pero según mi opinión pasan de quince. De dos maneras
se han conseguido estos bárbaros efectos: primera dando
guerras tan inhumanas como injustas; segunda maltratan-
do después de la conquista a los naturales del país, y ma-
tando a los señores, a los caciques, y los varones jóvenes y
robustos; oprimiendo a los demás con la más dura, más ás-
pera y más cruel esclavitud, insoportable aun por bestias.
La única causa de tan horrible carnicería fue la codicia
de los españoles. Estos se propusieron no tener práctica-

54
mente otro Dios que el oro, llenarse de riquezas en pocos
días a costa de unas gentes humildes y sencillas, á las cua-
les trataron infinito peor que á las bestias, como yo mismo
lo he visto, y aun con mayor vilipendio que al estiércol de
las plazas; en prueba de lo cual no cuidaban ni aun de las
almas de los Indios pues dieron lugar a que estos infelices
muriesen en los tormentos sin ser convertidos a la fe cris-
tiana”.24
Y por supuesto, no puede ser de otra manera la distinta ver-
sión acerca del mismo fenómeno de la conquista, como nos
lo ofrece la mirada de Diego de Landa, desde su visión “No
han los indios perdido sino ganado mucho con la ida de la
nación española, aun en lo que es menos, aunque es mucho,
acrecentándoseles muchas cosas de las cuales han de venir,
andando los tiempos, a gozar por fuerza, y ya comienzan a
gozar y usar de muchas de ellas. Hay ya muchos y buenos
caballos y muchas mulas y machos (…). Hay muchas y muy
hermosas vacas, puercos muchos, carneros, ovejas, cabras
y de nuestros perros que merecen su servicio, y que con
ellos se ha, en las Indias, hecho contarlos entre las cosas
provechosas. Gatos que son muy provechosos y allá nece-
sarios, y los quieren mucho los indios. Gallinas y palomas,
naranjas, limas, cidras, parras, granadas, higos, guayabos

24  De las Casas, Bartolomé, Brevísima relación de la destrucción de


las Indias. En Pág. Web:
http://www.bmayor.unc.edu.ar/bartolome%20de%20las%20basas%20
articulo%20primero.doc. (en línea)

55
y dátiles, plátanos, melones y las demás legumbres; (…).
Dáse ya seda y es muy buena”25.
El mismo hecho, el mismo fenómeno pero distintas miradas
y distintas valoraciones.
Pero aquí, en la América miniaturizada, la nueva ocupación
no asesinó ni diezmó a las etnias pero si cargará con un
romance épico concatenado con la conquista del suelo en
devenida urbanidad e imaginario heroísmo con sueños vi-
sionarios, ingresando a la mediatez por el relato literario.
Ese será el primer paso de tal literatura, lograr mediatez y
su consiguiente perpetuar, directriz rectora para las futu-
ras generaciones o fuente al emerger de la historia oficial
de cada pueblo, creadas, narradas y divulgadas por nobles
instituciones escolares junto a sus correspondientes museos
locales, divulguen tal “relato epopéyico” como verdadero y
presente en guiadas, cursos, y en la canonización de algún
texto oficial.
El espinoso tema de la palabra bajo la idiosincrasia local,
conservadora, perpetúa la ideología tergiversando las for-
mas de lo real a través de su narrativa, estableciendo un mo-
delo como visión de lo mismo según valores del progreso,
del crecimiento, presentes en las condiciones fundacionales

25  de Landa, Diego, Memoria de las cosas de Yucatán en


Antología de Historia de Iberoamérica. En Pág. Web: http://www.
convenioandresbello.org/cab6/historia/archivos/pdf/historia_de_
iberoamerica.pdf. (en línea)

56
de lo glorioso y lo valiente, relato creído y harto repetido
por la mayoría, fenómeno que se reitera en todos los pue-
blos de la costa bonaerense.
Ahora, esa visión de progreso como parte de la señalada
Colonialidad del Saber y sostén de toda fundación nos con-
voque a la simple pregunta ¿quién progresa?, y respecto
a la postulada riqueza costera interpelar ¿a que se llama
riqueza?, mas, cuando se enfatiza la lucha por el lugar, ¿es
lucha de igualdad social o lucha por el negocio y el espa-
cio de la renta?
La palabra que tergiversa no se hará eco de aquellos y de es-
tos interrogantes ¿permitirán las relaciones de producción
a todos los integrantes de esa sociedad decidir sus futuros?
¿tendrán posibilidades reales las necesidades inalienables
del trabajo anual para aquellos que no lo tienen? ¿podrán
tener todos los vecinos una calidad de vida sin pobreza y
con condiciones reales para combatirla?
He aquí, entonces, el orden de tal literatura alineada con
la palabra que oculta y condescendiente con las relaciones
desiguales del pueblo y del poder, postura nunca apolítica
porque disimula y es cómplice al invisibilizar la miseria,
tal como sucede con esa poesía practicada en los pueblos.
Poesía ensalzando el bucolismo paisajístico y los estados
sublimes provocados como influencia del encanto natural
o abordando la intrincada condición de Eros en lo huma-
no, poesía que no se hace eco de la voz de los desposeídos
expulsados del conurbano o de sus provincias nativas y su

57
paulatino arribo a estos lugares construidos para burgueses,
hablamos de una poesía de la ocultación e ideológica en
curso.
Hablamos de esa vieja poesía que no muestra ni señala ni
hace evidente que el discurso paradisíaco lo es para una
minoría en consonancia con sus propiedades, negocios y
testaferros políticos, sin pensar en provocar un lúcido des-
pertar del otro, de señalar la importancia de lo solidario ni
denunciar a la dominación en su doble faz: foránea y local.
Por ello se haga necesario el emerger de esta nueva poesía y
en lo posible, formadora de opiniones como eco de lo mar-
ginal, la pauperización y la precariedad, que deberán leer
los hijos de las colonias, poesía que denuncie como servi-
lismo la llamada anfitrionidad, por el cual sea urgente que
esa poesía surja y explote ya. Hablamos de la creación de
una poesía con un papel comprometido ante la injusticia so-
cial realizando su noble función desocultadora, mostrando
mediante la descripción, la parodia, la ironía, los segmentos
oscuros de un orden social condenando a ser súbdito del
ente llamado balneario.
Tal como se propuso a través de la poesía el inigualable
Bertolt Brecht, porque “Brecht siempre quiso influir en el
público con sus actuaciones, concienciarlo y hacerlo pen-
sar, para lo cual fue configurando una teoría dramática
antirrealista que procuraba distanciar al espectador del
elemento anecdótico; para ello se fijó en los incipientes
medios de comunicación de masas que la recién nacida So-

58
ciología empezaba a utilizar con fines políticos: la radio,
el teatro e incluso el cine, a través de los cuales podía lle-
gar al público que pretendía educar. Su meta fue alcanzar
un cambio social que lograse la liberación de los medios
de producción. En ello incluyó tanto el ámbito intelectual
como el estético”.26
Si, el hambre es el mejor afrodisíaco…….la patencia del
abuso ronda en cada esquina, casa, negocio colaborador de
la desigualdad y justificada en términos de sistema.
El decir y lo dicho, sobre el decir, todo está dicho y sobre
lo dicho, todo está por decirse en la América miniaturizada
pero antes, desterrar esta Colonialidad de Saber y pueda
así, devenir esa nueva mirada, germinar, denunciar y ter-
minar de una vez por todas con lo que nos quiere ocultar e
invisibilizar la vieja, pero por sobre todas las cosas, la me-
diocre, insulsa, vulgar literatura de las sociedades costeras.

26  Pág. web: http://es.wikipedia.org/wiki/Bertolt_Brecht. ( en línea)

59
Bibliografía

19- Ducrot, O. El decir y lo dicho. Paidós: Buenos Aires. Lingüística


Periodismo, De Equipo de Lingüística enero 01, 2015, en linguistica-
periodismo.blogspot.com/2015/01/oswald-ducrot-el-decir-y-lo-dicho.
html. (en línea)
20- Palermo Zulma, Una violencia invisible: la colonialidad del saber.
Universidad Nacional de Salta - Avda. Bolivia 5150 - CP 4000 - Salta
- Argentina.
21- De las Casas, Bartolomé, Brevísima relación de la destrucción de
las Indias. En Pág. Web:
http://www.bmayor.unc.edu.ar/bartolome%20de%20las%20basas%20
articulo%20primero.doc. (en línea)
22- de Landa, Diego, Memoria de las cosas de Yucatán en Antología
de Historia de Iberoamérica. En Pág. Web: http://www.convenioandres-
bello.org/cab6/historia/archivos/pdf/historia_de_iberoamerica.pdf . (en
línea)
23-Pág. Web: http://es.wikipedia.org/wiki/Bertolt_Brecht en línea.

60
Cap. IV

4.1 El desierto crece

Uno de los elementos más directos de la Modernidad euro-


pea fue la dualidad centro/periferia, así “....el capitalismo
posee tal predominancia y hegemonía que es casi imposible
pensar la realidad de otra forma y mucho menos aun lograr
su supresión. Hablamos así, concretamente, y por tanto, de
un capitalismo que de acuerdo con autores como Aníbal
Quijano (2005), ha propiciado y conformado lo que dicho
autor llama un moderno sistema mundial-colonial. Un sis-
tema por el cual se ha creado a lo largo de un proceso
de dominación que ha llevado siglos, una división bastante
desigual de los sistemas productivos y del trabajo a nivel
global. Una división que ha respaldado, a su vez, un mundo
que funciona bajo la base de una división en un centro, por
una parte, y una periferia, por la otra”.27
Y especialmente en el siglo XIX la costa bonaerense o los
hoy partido de La Costa y Mar Chiquita, pertenecían a una
periferia cuya referencia más civilizada era la de pertenecer
a un fondo de estancia, como herencia recibida del periodo
mismo de la colonización. Bertoncello señala esa evolución

27  Guerrero Ramos Miguel Ángel, Nueva colonialidad del poder,


globalización y gobernabilidad global, en Pág. Web: http://ssociologos.
com/2016/02/19/nueva-colonialidad-del-poder-globalizacion-y-
gobernabilidad-global/ (en línea)

61
al expresar que “Cabe decir, que el área elegida para fun-
dar estos balnearios forma parte de un espacio donde el
proceso de ocupación, apropiación y puesta en valor de la
tierra se inició ya en los años de la conquista, cristalizando
en la formación de las grandes estancias dedicadas a la
ganadería extensiva, con un poblamiento muy laxo (…) Sin
embargo, en esta primera ocupación el frente marino no
está valorizado económicamente, constituyendo meramen-
te el <fondo> de las estancias…”28, la costa cargaba con el
imaginario de lo lejano y de lo inhóspito, emparentada con
una región no mensurable como era la estancia lindante con
una extraña e indomable realidad del frente marino, fue ca-
racterizada como algo cercano a un no-lugar29 (mar), pero
dentro de un lugar (estancia).
Desde tales perspectivas, la costa marina siempre fue un
espacio improductivo, una suerte de paradojal yermo desér-
tico y todo desierto, lo que menos tiene es seducción.
No obstante, es posible positivizar al desierto pues éste fue
portador de voces antañas, voces sublimes de sus hijos na-
cidos en otras latitudes o los hijos del desierto.
Ellos supieron explorar a través del silencio lo que el coti-

28  Bertoncello R. Configuración socio-espacial de los balnearios


del partido de La costa, en Oviedo Juan, No todo lo que reluce es oro,
1ra parte, ed. Autor, 2006.
29  En el sentido que dice Marc Augé en, Los no lugares, el término
es utilizado para señalar aeropuertos, estaciones como lugares de paso
etc.

62
diano desierto les negaba, el sentido estético y armónico,
sus ojos hubieron de enfrentar a un paisaje estéril, agreste,
pobre en recursos ambientales y escaso en vegetación como
en vida animal, de exigua y nula acogida, tales fueron las
condiciones magras para algún inspirar asociado con lo vi-
sual o relacionado con alguna metáfora óptica.
Al respecto, Dussel30, nos hable de la cultura de los hijos
del desierto a través del pensamiento semita, “En el pen-
samiento semita, especialmente en Israel y el Islam, el de-
sierto ha permitido a la conciencia concreta descubrir, por
una parte, la contingencia y límite de las posibilidades hu-
manas…”, y tal posibilidad será propicia por la palabra,
pero no para nombrar lo que previamente contuviera la vi-
sión o en las retinas de los ojos, sino como el de la palabra
creadora, pero a la que se le opondrán otras expresiones
más propias de un contexto distinto al desértico donde el
paisaje invitara a ser mirado, contemplado, a detenerse e
inspeccionar.
Opuesta realidad enfatizando a la vista como órgano de co-
nocimiento y herencia griega presente en nuestros días, la
vista como órgano exclusivo de saber mudo en la observa-
ción como legislador de ese conocer, los ojos, la vista y el
mirar afloraron en consonancia con su entorno natural de
privilegio como era la geografía y el paisaje griego, pero

30  Dussel, Enrique, El humanismo semita, Ed. Eudeba, Buenos


Aires, 1969.

63
para los hijos del desierto, la palabra, adquirió el reflejo
de una conciencia generada desde ese mismo desierto, así
“Los libros Levítico y Números son escritos en un ambiente
donde el desierto significa el “tiempo de la constitución de
la conciencia de Israel” (“En el desierto habló Yahveh a
Moisés; Números 1,1)”.31, entonces, Dios hizo al mundo a
través de esa palabra nacida como voz del desierto.
Dos paisajes distintos implicaron diferentes tipos de con-
ciencia enraizados en la cultura occidental y heredadas en
nuestra América inventada, en la presencia tácita de la cul-
tura Griega y la Judeo-Cristiana, en ellas se encuentren los
dos órganos por excelencia del conocer -el oído y la vista-,
implicantes de la escasez traducida en silencio o de la abun-
dancia convertida en conocimiento.
Con tal preceder, un salto al nuevo desierto acontezca en
el anónimo paisaje marino con sus amplias playas desha-
bitadas, vacías, tal será el presente solitario para el devenir
costero.
Y en el inicio mismo de ese proceso crearse la futura pa-
radoja: una perteneciente al mundo de los ojos sujeto a la
cuantificación y la otra, perteneciente al ámbito de la cua-
lificación y representado en el desarrollo y calidad de vida,
porque el desierto aun transformado, no doblego el espíritu
que lo habita, del cual emerja un crecimiento pero sin lo-
grar un desarrollo.

31  Dussel, Enrique, op-cit. Este libro se denomina en hebreo:


bmidbár (en el desierto)

64
4.2 La creencia al servicio del ente

El ente, entidad a la que ya nos hemos referido fue ese ele-


mento ideal a utilizar según determinados fines bajo los in-
tereses de quienes lo configuraron, pertinente distinción la
que hoy día emerge en aquel ente y determinado como cre-
cimiento, al que se le correlaciono desarrollo, porque algo
puede crecer pero eso no implique necesario desarrollo,
pues “....se considera que el desarrollo constituye un proce-
so satisfactorio hacia un estado de bienestar, por lo tanto,
el crecimiento material es un elemento del desarrollo, pero
no es desarrollo mismo. Más aún, el crecimiento puede es-
tar acompañado por otros fenómenos que no coinciden con
una sensación de bienestar. En esa lógica, los procesos de
urbanización, industrialización y crecimiento -que cam-
bian rápidamente la matriz de los paisajes territoriales en
la medida que constituyen nuevos parches y nuevos corre-
dores en relación con los elementos exógenos y endógenos
de la matriz del poder modernidad/colonialidad- encuen-
tran en las parcelas del sujeto constituyente la racionalidad
necesaria para construir nuevos sitios, lugares y ámbitos
en el espacio-tiempo de la cultura. Ello corresponde plena-
mente con “la colonialidad del poder....”.32

32  Moncayo SantaCruz Juan Eduardo, El territorio como poder y


potencia: Relatos del piedemonte araucano, en Pág. Web: https://
books.google.com.ar/books?isbn=9587810716. (en línea)

65
La fenomenología inscripta en todo creer, sea el postular
su realidad, aunque, no vemos lo creído porque la función
del creer es la del guiar, acción que nos articula a un mundo
y contribuye a configurarlo como tal, así, lo real, será algo
posible desde la base misma del creer, he aquí el sentido de
toda creencia, la de formar parte de un orden cognoscitivo
y asiento de lo que somos, dar entidad a lugares, ir a nuevos
espacios y crear nuevos pueblos, entonces, antes de perte-
necer a la óntica condición de lo concreto, fueron creencias
abiertas y ancladas como previa realidad que hubieron de
materializarse por sus correspondientes hechos.
Sin lugar a dudas que en la creencia se vincule a lo posible
y desde ahí, se aguarde por lo concreto.
Y a la hora de la creación de nuevos espacios, éstos no sur-
gieron como simples casas sin ton ni son, sino que previo a
su construir fueron precedidas según ese creer, como con-
secuencia de esa idea de fondo de la presencia de la renta y
trasfondo ideológico de la economía capitalista bajo su ley
de mercado.
La señalada relación entre creer y realidad, patentizo esta
invención con características epocales: capitalismo, libera-
lismo y positivismo, el lugar creado hereda ese tinte desde
la mente que lo piensa, entonces, como futuro lugar para
hacer riqueza, también herede algo no pensado pero carac-
terístico del capitalismo, su contradicción y su antítesis,
que allende a la riqueza provoque también pobreza, algo no
pensado en la etapa fundacional de los pueblos y germen

66
de la futura desigualdad ya que no todos serán dueños y
propietarios.
Así, el producto llamado balneario será siempre espacio
privilegiado para unos pero de condena para aquellos que
sólo poseen su mano de obra al servicio de los servicios, y
si decimos condena es porque serán presas sus generacio-
nes presentes como futuras, algo que exige a los balnearios
costeros a ser algo más que espacios de renta.
A estos lugares se le adoso la metafísica del siglo decimo-
nónico, los ya enunciados orden y progreso, junto a la base
ideológica de impronta feudal instalada del paternalismo
y continuada en el linaje de los apellidos locales y que a
modo de un patriciado hubieron de imponer su sello orga-
nizador en la entidad creada.
Por lo cual el ente desierto en devenido pueblo provocó
la nueva paradoja de inducir a un nuevo desierto. Sin em-
brago, la presente afirmación choque con el dato que nos
dice que hoy en algunos pueblos se siga loteando, se siga
vendiendo, se siga construyendo y se siga veraneando, en-
tonces, ¡cómo postular un desierto en ese crecimiento?, y
rápidamente respondemos: por la ausencia del desarrollo.
Porque el futuro costero como cualquier sociedad del mun-
do, sin desarrollo no pueda predicarse un futuro para todos
y tal ausencia, posicione el segregar miope centrado en el
valor absoluto de la temporada, donde un nihilismo sobre-
vuele señalando al devenido nuevo desierto pero de otra
naturaleza.

67
Tal nihilismo sea portador de una condición objetiva: la del
derrumbamiento, pues los supuestos valores que supieron
ser la base del balneario y del establecido orden, metas, ob-
jetivos y sentidos, hoy, ya no sustenta, tambaleen y necesa-
riamente generan el colapsar de lo que a su vera ha crecido,
sus sociedades.
Ante el fatídico axioma: crecimiento sin desarrollo, el ni-
hilismo se posicione sin más y cuestione la continuidad de
los valores fundacionales y postulados como vigentes, se
revelen totalmente falsos y conducentes hacia una mera y
simple nada.
Porque si lo que hubo de crecer fueron los entes numera-
les llamados casas, edificios, chalets, cemento, costaneras,
peatonales y efectivamente eso era lo que crecía, esa men-
talidad de fondo habrá de estancar al desarrollo porque el
ente, sólo funcione durante la hipnosis del verano, ya que
todo desarrollo necesite de condiciones distintas y a lo largo
de doce meses durante varias décadas continuas, por el cual
será preciso romper con la estructura mental centrada en la
temporada y germen de la negación de todo desarrollo y de
futuro.
Pues, la sociedad cosificada al servicio de la cosa balnea-
rio, no podrá elegir ni diagramar su propio llegar a ser, ni
independizarse de la imposición del imaginario de los que
manejan el balneario.
La faz óntica significó construcción y crecimiento de la
cantidad, de lo numeral, de la cuantificación urbana, tales

68
fueron las características invariables en los pueblos coste-
ros bonaerense.
Y como ejemplo de tal cuantificación señalemos la cons-
trucción acaecía en la ciudad de Villa Gesell pues “Como
complemento al Plan galopante y en consonancia con la
política de afianzamiento del crecimiento del casco urba-
no hacia el sur, no fue ajena la idea de la construcción de
dos proyectos que se sustentaron entre sí: nos referimos al
Acuario y a la Terminal de Ómnibus respectivamente.
En 1969 se inicia la construcción del Acuario en lo que es
hoy día el Paseo 139 y Av.1. Ese lugar era un paraje desér-
tico y una idea de lo dicho puede proporcionarlo la planta
urbana de la Villa que en aquellos época llegaba hasta el
Paseo 118 y la Av.3”.33
Entonces, ¿que involucra todo esto?, un crecimiento pero
del ente y eso anule al ser: su sociedad, nacida en el vacío,
lobreguez circundada por lo nihil.
Y ante la pregunta: ¿qué es el lugar entonces?, éste se nos
muestra sin su condición camaleónica: el lugar, sólo ser es-
pacio para unos pocos.
El lugar exprime sin tener en cuenta a quien se exprime
porque ha sido concebido para exprimir: dinero, sudor, fu-
turo y vidas ajenas.
Por lo dicho, es más pertinente que nunca la afirmación,

33  Oviedo Juan, Un sueño olvidado, El Acuario de Villa Gesell. Ed.


Autor, Villa Gesell, 2006.

69
”El desierto crece”34, frase expresada por Nietzsche, ana-
lizada por Nahuelpan Moreno y citada por Leal que nos
sugiere “[Dicha afirmación] ... en un lenguaje poético, vie-
ne a transformarse en una denuncia, en un grito de alerta
(...) Ella nos impulsa a dar un salto a lo habitual, con el
objeto de visualizar la angustia que encierra, de compren-
der la desorientación, de asumir la descripción de una si-
tuación autodestructiva, al mismo tiempo que nos permite
abrir una posibilidad de reconstruir el porvenir. Sin duda,
“El desierto crece (...)” forma parte de una descripción y
de una expresión que es propia de la situación que vive el
hombre moderno. El hombre moderno no piensa, expresa
Heidegger, más bien no piensa en lo que debe pensar, cues-
tión ésta que constituye una situación “gravísima”, en el
sentido que sólo piensa la cosa, es decir, sólo se relaciona
con el ente y, en ningún caso, piensa acerca del ser del ente
y menos aún sobre el ser mismo (Leal, 2000: 173)”.35
El desierto crece donde ha crecido la ciudad, en lo que supo

34  Nietzsche, Fiedrich, Así habló Zaratustra, Ed. Errepar, Buenos


Aires, 2000.
35  Leal, Rubén. 2000. “El desierto crece(…). Una denuncia al modo
de pensar moderno. En: Estudios Sociales, Corporación Promoción
Universitaria, Nº 106, Santiago de Chile. Citado en Nahuelpan Moreno,
Héctor, J, El sueño de la identidad latinoamericana o la búsqueda de
lo propio en lo ajeno. Atenea (Concep.), 2007,nº.495. En Pág. Web:
http://www.scielo.cl/cielo.php?pid=S0718-0462200700010000
998script=sci_arttext. (en línea)

70
ser una desértica zona los nuevos enclaves crecieron pero
los hijos del nuevo desierto no quedan bajo la implosión del
silencio sino bajo otros efectos y miserabilidad existencial.
Por ello es que sin lugar a dudas, que el desierto crece…….

71
Bibliografía

24-Guerrero Ramos Miguel Ángel, Nueva colonialidad del po-


der, globalización y gobernabilidad global, en Pág. Web: http://
ssociologos.com/2016/02/19/nueva-colonialidad-del-poder-global-
izacion-y-gobernabilidad-global/. (en línea)
25- Bertoncello R. Configuración socio-espacial de los balnearios del
partido de La costa, en Oviedo Juan, No todo lo que reluce es oro, 1ra
parte, ed. Autor, 2006.
26- En el sentido que dice Marc Augé en, Los no lugares.
26- Dussel, Enrique, El humanismo semita, Ed. Eudeba, Buenos Aires,
1969.
27-Dussel, Enrique, op-cit. Este libro se denomina en hebreo: bmidbár
(en el desierto)
28- Moncayo SantaCruz Juan Eduardo, El territorio como poder y po-
tencia: Relatos del piedemonte araucano, en Pág. Web: https://books.
google.com.ar/books?isbn=9587810716. (en línea)
29- Oviedo Juan, Un sueño olvidado, El Acuario de Villa Gesell. Ed.
Autor, Villa Gesell, 2006.
30- Nietzsche, Fiedrich, Así habló Zaratustra, Ed. Errepar, Buenos Ai-
res, 2000.
31- Leal, Rubén. 2000. “El desierto crece(…). Una denuncia al modo
de pensar moderno. En: Estudios Sociales, Corporación Promoción
Universitaria, Nº 106, Santiago de Chile.

72
Cap. V

5.1El choque de dos mundos

Hay un concepto que aborda en su generalidad el entrelaza-


miento del viejo y nuevo mundo, se trata del sistema-mundo
o sistema mundializado de poder , así “Este énfasis analí-
tico en el sistema mundializado de poder es lo que consti-
tuye la perspectiva geopolítica de la inflexión decolonial
pues, dado que no existe modernidad sin colonialidad, es
necesario pensar en términos de sistema mundo moderno/
colonial. La perspectiva del sistema mundializado de poder
es clave para entender cómo se produce la modernidad, ex-
pandiendo a escala planetaria las formas políticas y econó-
micas imaginadas como propias de la experiencia europea,
y sus repercusiones en todos los ámbitos de la vida hasta
el presente. El sistema mundo moderno es producido en el
proceso de expansión colonial europea que conecta por
primera vez las diferentes regiones del planeta, dándole así
una nueva escala (global)”.36
Europa y América fueron los protagonistas, España, Ingla-
terra, Portugal por un lado y por el otro, los Mayas, Azte-
cas e Incas, ese fue el encuentro inicial y desigual, como

36  Restrepo Eduardo, Rojas Axel, Inflexión decolonial: fuentes,


conceptos y cuestionamientos, en Colección Políticas de la Alteridad.
Universidad del Cauca, Popayán, Colombia Primera edición Octubre
de 2010.

73
lo expresa Romano “En este encuentro desigual América
dio la patata, el maíz, los frijoles, el tomate, el pimiento,
el chocolate, el cazabe, el pavo, etc. A cambio de todo esto
Europa llevó el trigo, el azúcar, la sal, el vinagre, y también
el hierro, la pólvora, la rueda, el caballo, el buey, la mone-
da, el salario, el libro, la esclavitud, Jesucristo, etc. Ambas
partes salieron enriquecidas, pero una más que otra”.37
Para devenir en choque o el llamado choque de dos mundos.
El primero de los mundos estuvo representado por la explo-
tación del recurso natural y la escisión del hombre respecto
a la naturaleza (eje de la racionalidad) e impuesto brutal-
mente al segundo mundo, al respecto el citado Romano dirá
“Cuando el encuentro es desigual, cuando uno va con la
intención de explotar al otro, el encuentro se traduce en en-
contronazo, en choque violento, en enfrentamiento, o sea,
darse de frente, afrentar, humillar, agraviar. (…) El recién
llegado irrumpió agresivo, arrogante, violento”.38
Ese choque, porque no podemos hablar de encuentro entre
el hombre europeo y el hombre americano, va a inaugurar
un tipo de dominación y desigualdad social, una suerte de
impronta e intrínseca a toda Latinoamérica dado en el ayer

37  Romano Vicente, El choque de imágenes entre conquistadores y


conquistados. En Pág. Web:
http://64.233.169.104/search?q=cache:Gv2mXdTRbKUJ:www.
r e b e l i o n . o rg / c u l t u r a / 0 3 1 2 0 6 Vi c e n t e _ R o m a n o . p d f + e l + c h o
que+de+dos+mundos&hl=es&ct=clnk&cd=58&gl=ar (en línea)
38  Romano Vicente, op-cit.

74
como colonias y hoy día, desde el rastro de la colonialidad,
imperando en el hoy costero bonaerense, algo que no es
por herencia de la conquista española sino como expresión
vigente del proyecto de la modernidad europea con la Co-
lonialidad del Poder.
Entonces ¿cuál es el choque o mejor dicho, cuales son los
dos mundos distintos en el hoy costero, cómo se expresa el
nuevo encontronazo?, en sus dos momentos paradigmáticos
en estos lugares como son la temporada y el invierno.
Aunque, será preciso aclarar algo, tal choque no hace hin-
capié acerca del ejercicio turístico ni su explotar sino acerca
de las maneras de percibir y existir en el mundo costero.
Para aquellos que no lo saben, los pueblos costeros adquie-
ren una transformación abismal por ese orden impartido de
lo estacional, como balneario y como pueblo, la renta por
un lado y la necesidad de trabajo todo el año. Pues, la emer-
gencia del invierno tiene calamidades climáticas y sociales
como es la escasa ocupación, allende a actividades misce-
láneas para pasar el tiempo, es momento de fiestas, eventos
y conmemoraciones, son los entretenimientos colectivos
cuan expresión medieval de la costa bonaerense.
Por eso decimos, no es mera práctica económica sino per-
cepción de una realidad estructurada como mundo, habita-
do por unos y otros.
¿Quiénes son unos?... los dueños y los turistas.
¿Quiénes son otros?....los residentes.
5.2 El nosotros costero

75
Con la palabra “nosotros” adquiere presencia cierta iden-
tidad delimitante y en la costa bonaerense lo sea desde el
ejercicio de los dueños de lo hospitalario, patrones, emplea-
dores pero que no incluye a los que habitan la orilla de en-
frente, los “otros”, los proletarios.
Y si bien los dos trabajan, no es lo mismo ser dueño o pa-
trón que mano de obra, este trabajador no suele ser valorado
como importante, pues la mano no especializada abunda,
entendida como demanda a la que se necesita y a la que
se prescinde según lo establece el mercado, ese trabajador
gane un salario que él no estipula, y sufra la peor parte del
choque situándolo en un mayor grado de precarización. Si
bien vive en el pueblo, no pertenezca al selecto grupo del
“nosotros” sino que pertenezca al amplio espectro de los
“otros”.
En este punto será ilustrativo detenernos en Grosfoguel
puesto que la señalada división no será gratuita sino que
posee un componente racista, al decirnos “Cuando se trata
de la división internacional del trabajo entre centros y pe-
riferias o cuando se trata de las relaciones inter-estatales
político-militares globales o cuando se trata de la relación
capital-trabajo es más fácil de hacer visible cómo la idea de
raza afecta todas estas relaciones. Por ejemplo, los centros
que acumulan la riqueza del mundo son como tendencia
fundamentalmente poblaciones de origen europeo y las pe-
riferias como tendencia son fundamentalmente poblaciones

76
de origen no-europeo. En las relaciones capital-trabajo las
formas más coercitivas y menos remuneradas de trabajo
son hechas por poblaciones no-europeas. “Europeo” aquí
no se refiere a la población del territorio que conocemos
como “Europa”. Se refiere a una posición en un sistema
de clasificación racial en una jerarquía etno-racial global
donde el que sea clasificado como “euro” tendrá privile-
gios y acumulación de riquezas superiores a los que sean
clasificados como no-europeos. Es decir, la idea de raza y
el racismo no son un epifenómeno o superestructura deri-
vada de la lógica de acumulación de capital a escala mun-
dial sino que es constitutiva de ésta”.39
Blanco, burgués, vacacionar y del otro lado negro, proleta-
rio y servicial, será lo que incluya el “nosotros” y el “otro”,
pivotando en la relación centro/periferia y la presencia de
la idea de raza.
Llega el verano, el universo de los pueblos se transforman
al son de la mágica condición de la temporada, esta irrum-
pe y ante su inminente llegada, todo el mundo se prepare
para posicionar el escenario a la fanfarria de servicios, así,
luces, colores y sonidos broten para embelesar y cautivar la
atención de los turistas, la bienvenida va hacia al forastero,
al visitante, y su cantidad sea una celebrada cuantificación
como categoría determinante del éxito de la temporada en

39  Montoya Angélica M, Busso H. La colonialidad del poder.


Entrevista con Ramón Grosfoguel, revista Polis, volumen 5 nº 18, del
año 2008, Universidad Bolivariana, Santiago de Chile.

77
el lugar.
Ahora ¿cómo verán estos anfitriones a aquellos visitantes,
como pares, como iguales o como turistas desantropomor-
fizados e impersonalizados?, si bien todos son usuarios de-
penderá de la mentalidad que ofrece el servicio de simples
clientes o por el contrario que participen de la condición
de iguales según estatus y poder adquisitivo que manejan,
entonces, el que ofrece un servicio y la persona que lo con-
sume, en el fondo, mantengan una relación de igualdad.
Pero ¿si trasladamos la pregunta a los residentes de la mano
de obra barata?, aquí sí el choque nos dice ¡presente! en
términos de una desigualdad brutal, porque los turistas –los
unos- tienen dinero, vacacionan, trabajan todo el año, salen
de sus residencias, poseen alta calidad de vida y a los que
se les debe servir, atender, así, una obscenidad40· suceda y
tiene lugar cuando unos disfrutan del lugar, los espacios, la
playa, la arena, el sol y otros, deban prestarse a la jornada
que el empleo les depara y ayudar a generar ganancias de
las que no participan.
El primer indicador del choque está presente en esta dife-
rencia que excede la relación empleo y mano de obra, pues

40  · La palabra obscenum tiene en latín un doble significado: por


un lado equivale a deshonesto, falto de pudor o pornográfico al igual
que el castellano. Pero además significa algo infausto o de mal agüero.
En nuestro caso, la utilizamos en ese segundo sentido más que en el
primero, el mal agüero que acarreara generar una economía basada
sólo en tres meses al año. Título: Mundo Obsceno, 2005.En Pág. Web:
www.fespinal.com. (en línea)

78
hablamos de una desigualdad social inserta en la propia co-
munidad con diferentes formas de habitar, vivir, donde se
experimenta, se lucra y se trabaja, así, mientras para unos,
los turistas, son un bien apreciado y presencia anhelada, de-
seada y querida, para los empleados involucre una instancia
servicial, porque según el lado del mostrador -éste delimita
no solo una función, ni un espacio en el que se atiende sino
una igualdad o desigualdad- no comparta la misma realidad
social.
El espacio de los dueños de los servicios y la presencia de
los turistas (los ellos) pasan a pertenecer al ámbito del “no-
sotros” dado en patrones y clientes, es nosotros por su iden-
tidad social, mientras que del otro lado de la balanza están
los otros, paradojalmente el nosotros no se constituya por el
residir sino como clase social, así, la categoría del encuen-
tro sólo es posible entre los iguales (burgueses) y los que se
encuentran en el otro lado que propicia el choque, los no
iguales, los proletarios.
Aquí están los dos bando del choque, los que aprovechan
y los que sufren la plusvalía, ésta es en definitiva la línea
demarcadora o la directriz si se quiere en donde se abren las
aguas y marcan los límites del choque de estos dos mun-
dos, al que nunca podremos llamar de intercambio.
El choque permite distorsiones varias, una de ellas dispone
al turista a ser visto como alguien privilegiado y despierte
esa dosis de envidia, pero no porque el residente negociante
o dueño de un hotel no pueda hacer lo mismo, sino porque

79
la mayoría de los trabajadores se hallan lejos de los grados
de consumo que los forasteros y los otros, vivir más en con-
sonancia con crudas condiciones que delimitan entre lo que
se quiere hacer y no se puede.
Un acto de enajenación suceda en la temporada, pues el lu-
gar es apropiado por el turista y el residente común pierde
aquello que creía que le pertenecía, su espacio, su ciudad,
su lugar, todo eso desaparece porque él, sólo es mano de
obra local y sujeto al servicio que debe dispensar.
Hablamos de personas que sienten, piensan, anhelan y de-
sean cosas, pero que en el fondo más allá de tratarse de
expresiones particulares y subjetivas, no son valoradas por
la única significación que provee el balneario e impone, son
las formas de estar y de utilizar esa mano de obra barata, y
ésta, ser solo eficiente, sumisa y colaboracionista en el ciclo
de cada temporada.
La desantropomorfización no la sufre el turista, sino quien
la experimenta lo sea el trabajador costero, determinado
como fuerza de trabajo le son despojadas sus cualidades
humanas, por eso si debemos hablar de un cabal choque,
éste sólo pueda vislumbrarse resistiendo a semejante mode-
lo, porque todo cabal choque es intransigencia, es lucha y
única vía y medio al propio resistir.
A la propaganda y la publicidad instaurada por la práctica
del turismo, del mostrase amable y destacada actitud para
recibir al visitante, el ser hospitalario en el fondo ocul-
te un mal si lo analogizamos con lo que Moctezuma vio

80
respecto al hombre blanco,”…creyó que era el dios Quet-
zalcóatl quien volvía. Ocho presagios habían anunciado,
poco antes su retorno”41. Pero para Moctezuma, los dioses
no fueron dioses de bienaventuranza sino de destrucción y
para aquel prestador de mano de obra, el visitante, tampoco
aporte según el discurso oficial “para toda la comunidad”,
porque la riqueza y la acumulación, no lo sea para esa “toda
comunidad”, sino para los patrones del pueblo.
Moctezuma sin saber, provocaba las condiciones de cala-
midad a su ciudad, y sea lo mismo que sobrevuela en los
pueblos costeros tras el espejismo de la temporada, con otro
ritmo que adviene, otra luz, otro sonido, más allá que la im-
personalidad para algunos se diluya y aparezca nuevamente
lo personal y lo familiar, se vuelven a antropomorfizar las
relaciones, los residentes recuperan sus nombres y el reco-
nocimiento de rostros y rasgos de paso al coloquio, la char-
la y los encuentros. El lugar se humaniza con lo cotidiano y
símil a un mundo feliz, pero del anfitrión, del poseedor de
los recursos, de aquel que lucró en la temporada, del bene-
ficiario de la plusvalía.
Porque para los otros, el jornalero, el peón, el changador, el
que no tiene un trabajo estable todo el año -que son los mu-
chos-, el nuevo espacio marque una dura competencia por
el sustento y los recursos mínimos para poder vivir, como
también enfrentar la indiferencia, la acedia del espacio uni-

41  Galeano Eduardo, La venas abiertas de América Latina. Ed.


Catálogos, Buenos Aires, 1997

81
do a las inclemencias climáticas, frío, lluvia, humedad, ba-
rro, son aquellos que creyeron igual que Moctezuma las
bondades del balneario para vivir, lograr desarrollarse y
construir un camino a la sustentabilidad.
Y en el invierno ¿cual ser el nuevo choque?, aquí se invier-
ten los protagonistas, el cierre del balneario es quien afecta
al poseedor de los recursos, éste comenzará al poco tiempo
a pensar, a anhelar el inicio de la nueva temporada que ha-
brá de acarrearle los nuevos beneficios.
Para aquel residente donde la movilidad del balneario está
alineada con el ejercicio de la plusvalía, la parálisis de lo es-
tacional atente contra él, y los comercios menores se man-
tengan subsistiendo hasta el nuevo encendido de las luces
del verano, pero a grandes rasgos, el patrón poseedor de
los mayores servicios, será quien sufra el choque porque no
podrá facturar.
Si en la América grande el choque significó lo que todos
sabemos, en esta América miniaturizada se oculta la mayor
brutalidad del choque: la obscenidad de la riqueza ajena a
la mayoría de su población, riqueza vinculado con los ape-
llidos notables de cada pueblo costero.

82
Bibliografía

32- Restrepo Eduardo, Rojas Axel, Inflexión decolonial: fuentes,


conceptos y cuestionamientos, en Colección Políticas de la Alteridad.
Universidad del Cauca, Popayán, Colombia Primera edición Octubre
de 2010.
33- Romano Vicente, El choque de imágenes entre conquistadores y
conquistados. En Pág. Web:
http://64.233.169.104/search?q=cache:Gv2mXdTRbKUJ:www.rebe-
lion.org/cultura/031206Vicente_Romano.pdf+el+choque+de+dos+-
mundos&hl=es&ct=clnk&cd=58&gl=ar. (en línea)
34 Mundo Obsceno, 2005.En Pág. Web: www.fespinal.com. (en línea)
35- Galeano Eduardo, La venas abiertas de América Latina. Ed. Catá-
logos, Buenos Aires, 1997.

83
84
Cap. VI

6.1Nuestros hermanos latinoamericanos

Hay un interesante artículo firmado por Javier Jara que


pone en tela de juicio la así llamada hermandad Latinoame-
ricana, al sostener que “Causas como el Canal de Panamá
para los panameños” que solo benefició a Omar Torrijos
en su afán de eternizarse, la “Salida al Mar para Bolivia” y
el permanente sustento patriótico a todos los sátrapas que
han castigado a ese país, las “Malvinas Argentinas” y el
uso maligno que le dio la dictadura a esta causa traducido
en muerte a costa de su último esfuerzo por mantenerse en
el poder, son ejemplos de causas donde Latinoamérica se
ha unido casi en totalidad, sin esperar casi nada a cambio,
sin cuestionar a los déspotas abanderados en estas, todos
bajo el “Somos países hermanos y nos ayudamos” que no
sirvió en nada, para apaciguar los odios perpetuos y des-
confianzas entre nacionalidades”.42
¿Qué podemos decir acerca de la palabra hermandad?,
acerca de la existencia de un vínculo, de un ligar, nacido en
el ámbito de lo familiar se propagó a personas y después a
instituciones, partidos por supuesto a países, dando a signi-

42  Lara Javier, La gran mentira de la hermandad Latinoamericana,


en Pág. Web http://www.lacabilla.com/ContenidoOpinion/opinion/
la-gran-mentira-de-la-hermandad-latinoamericana-por-javier-lara/395.
(en línea)

85
ficar una ligadura al que muchas veces excedió a la propia
voluntad de los involucrados o imposición de formas des-
tinando un vinculo indisoluble. De naturaleza sanguínea,
social o espiritual etc., el lazo no necesariamente implique
un contingente relacionar entre los vinculados.
Entonces, ¿qué sucede con la declamada hermandad Lati-
noamericana?, en el caso de tal hermandad, lo regional sea
una relación insoslayable y mantener relaciones bilaterales
con los restantes países implique una política estratégica
apropiada, marco a la señalada hermandad.
La hermandad latinoamericana se fue gestando cuando de-
vinieron en países los espacios colonizados tras las gestas
independentistas, proceso emancipador hacia el emerger
nacional de los ideales patrióticos.
La patria, fue el denominador común inscrito en el a priori
Latinoamericano, un ramillete de nuevas naciones buscan-
do enfatizar la identidad de lo propio y eso era la patria.
Este loable hacer destinado al sí mismo también implicó
una puesta de límites y frontera hacia aquello que no era
nacional o sea, el otro país que no pertenecía y ajeno a la
nación. El hecho de las fronteras adquiere el doble sentido
de una unidad y una separación, unidad fronteras adentro y
separación fronteras hacia afuera, por el cual bien podemos
señalar a la Nación como un concepto discriminador desde
el escenario de lo propio y por ende, también de lo otro
como distinto de lo propio.
Lo dicho presupone entender el significado cabal de Nación

86
como identidad, agrupando o integrando elementos comu-
nes en pos de una unificación y eje para el actuar y el de-
venir colectivo.
Pero, también puede hablarse de nación sin esos elemen-
tos cohesionadores, al respecto la óptica de Buela, nos dirá
que pueden existir distintos tipos de nacionalismo, tal como
sucedió entre Europa y América, con implicaciones subyu-
gantes a considerar, pues para el autor “El Estado surge en
Europa a partir de la nación mientras que, por el contrario,
en Nuestra América el Estado crea la nación. Así en Europa
los movimientos lingüísticos y filosóficos de cepa romántica
del siglo XIX aspiraban a formar estados nacionales, por el
contrario, en América el movimiento se realizó a la inversa.
La finalidad de este Estado-nación de carácter republicano
y liberal creado a principios del siglo XIX será la creación
de las naciones. Este Estado-nación tendrá por ideología el
nacionalismo “de fronteras adentro”, expresión de los lo-
calismos más irreductibles encarnados por las oligarquías
vernáculas, impermeables a una visión continental”43.
Buela considera al nacionalismo europeo desde una misma
base étnica como lingüística y geográfica, siendo la suma
de esas parte el sustrato de identidad provisto por el térmi-
no nación, mientras que a los nacionalismos en América
los definirá “…los nacionalismos americanos fueron, pa-
radójicamente, producto de una voluntad ideológica ajena

43  Buela, A, Nacionalismos de “patria chica”, en Pág. Web: http://


www.arbil.org/(20)naci.htm. (en línea)

87
a América, la del Iluminismo filosófico. Siendo sus gestores
políticos Gran Bretaña y su Secretario de Estado George
Canning quien se apresuró en 1825 en reconocer la inde-
pendencia de los nuevos Estados, luego del triunfo de Aya-
cucho (1824) sobre el último ejército realista. Vemos pues,
como estos nacionalismos de “patrias chicas” son europeo
dependientes tanto en su génesis como en su contenido. Ello
explica en gran parte su fracaso político reiterado. Care-
cen de encarnadura popular. Y son elitistas no por méritos
propios, ya que carecen de nobles, sino porque su ideología
conduce a la exclusión del otro”.44
Quizás miradas visionarias tales como la patria grande o
la nación continental hubieran sido la verdadera expresión
de un cabal nacionalismo y alejado de esos nacionalismos
de repúblicas caricaturescas al servicio de intereses extran-
jeros, así, aquellas naciones latinoamericanas nacieron es-
cindidas entre sí, donde los criollos (burgueses) vislumbra-
ron sus particulares intereses, siendo en definitiva, los ejes
nutrientes de aquellos movimientos revolucionarios y sus
respectivos desenlaces: la condición independentista del
siglo XIX en América fue una expresión de revoluciones
burguesas con sus intereses particulares.
Entonces, ¿cuál es el significado de la frase de “nuestros
hermanos latinoamericanos”, a quienes está dirigida?,
quizás a ese sueño de la patria grande por sobre las patrias
chicas, tal como el texto de Lapolla en la última parte de su

44  Buela, op-cit.

88
artículo expone.
Al respecto “El Plan pensaba en la gran nación americana,
la Patria Grande. Dicha nación tenía como sustrato esen-
cial y aglutinante de la americanidad, los 1000 años del
Incario. Una nación organizada en base a un socialismo
de estado con propiedad estatal de la tierra, el agua, las
simientes, las herramientas, los recursos y los productos.
Estado que se extendió durante esos mil años entre Panamá
y Mendoza abarcando el grueso de Sud América y cons-
tituyendo la mayor cultura extendida por el continente y
base real de la idea de una sola nación americana. Mucho
más aun, si se considera que dicha cultura fue la más justa
conocida hasta hoy en la humanidad. La única que sació
el hambre de todos sus miembros, destinando su organiza-
ción social para atender a los ancianos, los huérfanos, las
viudas y los inválidos. La única basada en la solidaridad
y la propiedad común que permitió el florecimiento de una
cultura que desconocía el hambre y la necesidad, que dis-
tribuía sus recursos entre todos sus habitantes en función
de sus necesidades. Cultura infinitamente superior a la pre-
capitalista y esclavista, -luego capitalista y esclavista- que
trajeron los españoles, portugueses e ingleses a América,
esclavizando y exterminando a las nueve décimas partes de
la población originaria”.45

45  Lapolla, Alberto J. La Patria Grande perdida, en Pág. Web: www.


elhistoriador.com.ar. (en línea)

89
6.2 Nuestras hermanas localidades costeras

Ahora, si hemos de contextualizar a nuestros hermanos la-


tinoamericanos en la costa bonaerense, surgen interesan-
tes aspectos cuasi familiares y representativos en términos
como: la madre localidad y con ello referirnos a la cabece-
ra de partido de los hoy actuales municipios, cuando aun
éstos no habían logrado su independencia, y por supuesto,
también mencionar a sus respectivas hermanas, que son las
localidades vecinas desprendidas de aquel partido madre,
aunque, también podemos mencionar a las primas, las lo-
calidades mucho más lejanas pero emparentadas por los
mismos sucesos fundacionales de establecer poblaciones a
lo largo de la costa, hechos arto repetidos.
Con semejante marco de fondo, fácil es advertir las condi-
ciones de una posible y futura como necesaria integración
a nivel regional, en términos de cooperación económica y
solidaridad entre los distintos partidos bonaerense y marco
hacia un desarrollo como eje de uno de los mayores poten-
ciales a seguir.
Como es el decidir estratégico pivotando en la solución de
inconvenientes regionales compartidos por todos y no por
los partidos individuales, con problemáticas comunes tales
como; racionalizar el crecimiento de barrios, mitigar la re-
cesión creando medidas contra estacionales, aportación y
compromiso por un enfrentamiento común al fenómeno na-
tural de la erosión costera, crear hospitales regionales ante

90
la explosión demográfica y su creciente asistencia de pa-
cientes, crear políticas integrales de seguridad y combate en
común al flagelo de las drogas en la costa y también de la
inseguridad, poner límites a los asentamientos etc., he aquí
una agenda pertinente para todos los partidos costeros.
Sin embargo, las hermanas o primas localidades no puedan
colaborar en las mismas soluciones, aunque, participen de
los mismos problemas, porque la integración entre localida-
des es algo imposible al compartir el único recurso que las
torna competidoras a los intereses de sus ingresos locales:
el turismo, el talón de Aquiles está justamente en la matriz
económica que todas poseen.
En sus orígenes, estos pueblos crecieron sin los problemas
mencionados, aunque, estos problemas por el momento no
pongan en riesgo al producto que el balneario representa.
Y como expresión de esa competencia entre balnearios po-
demos señalar que en los propios pueblos no exista aso-
ciación con cadena de insumos que supone un restauran-
te, hotel o parador, vinculado a otros servicios cooperando
entre sí, algo que enfatiza el concepto de clúster, pues “El
concepto de clúster es de suma utilidad para analizar la
estructura productiva de la actividad turística, ya que en la
mayoría de los destinos esta involucra un conjunto de em-
presas articuladas en torno a la creación de un producto”.46

46  Varisco Cristina, El clúster turístico de Miramar, 2004. Aportes y


transferencias/año/vol.8, 002, Universidad Nacional de Mar del Plata,
Mar del Plata, argentina. Pág. web: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/

91
Si aplicamos tal concepto a la localidad de Miramar, las
conclusiones acerca de la integración no son favorable,
pues “…. se analiza tres aspectos: la existencia de grupos
de empresas unidas por una propiedad o administración
común; segundo, la existencia de acuerdos entre empresas
que se concretan en los productos ofrecidos en el mercado
y tercero, la existencia de eslabonamientos en relación a
proveedores de insumo.
1 No existe en Miramar fusión de empresas ni grupos em-
presarios……
2 Tampoco existe integración en paquetes turísticos, salvo
algunas excepciones operadas por agencia de viajes o pa-
sajeros individuales.
3 …no existe en la localidad un producto típico que pueda
diferenciarse de otros destinos”. 47
Tales instancias nos muestran y señalan la condición utópi-
ca del pensar en términos cooperativos y menos, plantear
un vínculo que no sea el competir entre sí, porque se trata
de eso, competir y luchar ante el único recurso costero que
es la temporada.
Pero existe algo a señalar en esto de la competencia y que
se instala en el círculo interno de las patrias chicas, ante la
emergencia en los municipios de nuevas localidades, algu-
nas de ellas se habrán de imponer en la preferencia de cierto

pdf/276/27680205.pdf. (en línea)

47  Varisco, cristina, op-cit.

92
público sobre la misma ciudad cabecera, tales ejemplos lo
encontramos con Mar de Ajó en La Costa, Cariló en Pina-
mar, Mar de las Pampas en Villa Gesell, Orense (Punta Des-
nudez) en Tres Arroyos, Sauce Grande en Monte Hermoso
etc. y a medida que esos emprendimientos son coronados
por el éxito comercial, un nuevo centro monopólico habrá
de nacer y con ello, la presión a las gestiones de las distintas
administraciones para que las misma no ejerzan políticas
contrarias a sus intereses comerciales.
Se trate de monopolizar para sí al visitante y para ello es-
forzarse para obtener ciertas condiciones que posibiliten
ese monopolio, ¿cuáles son?, dinero, relaciones y poder,
elementos presentes en los nombres de los dueños del bal-
neario, paradores, hoteles y también de los medios comuni-
cativos, socios de los boliches bailables, con viejos amigos
en el ámbito judicial y en el gobierno local, en definitiva, se
trata de gente no muy distinta de aquellos que hubieron de
llevar adelante las revoluciones burguesas en América en
contra de la corona española, intereses afines pivotando en
lo comercial.
La patria chica, tanto en aquella época como en esta, tiene
su origen aquí, en estos intereses personales, individuales
donde los balnearios, por el momento, no corran riesgo al-
guno, como si lo corren los colectivos nacidos a sus veras.

93
Bibliografía

36- Lara Javier, La gran mentira de la hermandad Latinoamericana,


en Pág. Web: http://www.lacabilla.com/ContenidoOpinion/opinion/
la-gran-mentira-de-la-hermandad-latinoamericana-por-javier-lara/395.
(en línea)
37- Buela, A, Nacionalismos de “patria chica”, en Pág. Web: http://
www.arbil.org/(20)naci.htm. (en línea)
38- Lapolla, Alberto J. La Patria Grande perdida, en Pág. Web: www.
elhistoriador.com.ar. (en línea)
39- Varisco Cristina, El clúster turístico de Miramar, 2004. Aportes y
transferencias/año/vol.8, 002, Universidad Nacional de Mar del Plata,
Mar del Plata, argentina. Pág. Web: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/
pdf/276/27680205.pdf. (en línea)

94
Cap. VII

7.1 Cultura

Es preciso dar a entender el cabal significado de lo que se


entiende por cultura porque cuando hablamos de cultura en
los pueblos costeros, el vecino, el aficionado a la misma,
posea una visión restringida a su experiencia de ella, pero
en especial, entienda la cuestión cultural según lo entienda
su contexto. Y como modo de refractar a ese interpretar del
hombre costero citamos la siguiente definición de Marisa
Moyano cuando sostiene “El modelo conceptual provisto
por la dicotomía “civilización-barbarie” ocupará un rol
central durante el siglo XIX que alcanzará todas las dimen-
siones del proceso de configuración del Estado: la política,
la jurídica, la social y la económica, sustentadas en una
macrodimensión cultural que funda la convicción de estar
construyendo una “Nación civilizada”. En este marco, los
procesos de territorialización constituirán una estrategia
que operará como andamiaje y “cuerpo” sobre el que debe
materializarse “la Nación”. Así, en los textos escritos en
Argentina desde la independencia hasta que se concrete la
modernización del Estado en 1880, el territorio fronterizo
emerge en la literatura como un espacio donde entran en
juego los conflictos centrales en el proceso de constitución
de “la Nación”: la lucha entre la “civilización” y la “bar-
barie”, la tensión entre cultura y naturaleza, el pasado y el

95
futuro”.48
Así, la cultura antes de significar un centramiento en si o
una expresión contextual, implique una herramienta polí-
tica posicionando significados, sentidos y modelos de dife-
rentes aspectos de la realidad, entonces, no hay gratuidad,
no hay indiferencia del hacer cultural, siempre es intencio-
nal, por el cual no posea “gracia” alguna en tal ejercicio en
el sentido de la gratuidad.
La gratuidad de la gracia es un estado sublime por tener
raíces religiosas, según Spretnak, “Cuando alcanzamos
conciencia de la unidad de la cual formamos parte, el todo
sagrado que mora en nosotros y a nuestro alrededor, vivi-
mos en estado de gracia”49, si bien ese término, gracia, per-
tenece a la esfera de la tradición cristiana, la autora sosten-
drá “En tiempos más recientes, el teólogo protestante Paul
Tillich definió la gracia como <el impacto de la Presencia
Espiritual>, un don gratuito presente en esta vida”50.
Lo interesante de esta posición en Tillich es la incorpo-
ración del concepto de la gratuidad en lo cotidiano, pues

48  Moyano Marisa, FACUNDO: LA NEGATIVIDAD DE LA BAR-


BARIE Y LOS PROCESOS DE TERRITORIALIZACIÓN, Universidad
Nacional de Río Cuarto, en S i n c r o n í a Spring / Primavera 2003 Año
8 / Número 26 Marzo-Junio 2003, en Pág. Web: http://sincronia.cucsh.
udg.mx/prim03.htm. (en línea)
49  Spretnak, Charlene, Estados de Gracia, Ed. Planeta, Buenos
Aires, 1992.
50  Tillich Paul, Systematic theology, vol. 3 (Chicago, Univ. of Chi-
cago Press. 1963) ,en Spretnak, C. op-cit.

96
eso gratuito implica un recibir algo que no se ha pedido y
alejándonos de la esfera religiosa, al laicizar tal gratuidad
descubrimos en ella esa situación por el cual un sujeto o in-
dividuo cualquiera, recibe algo sin mediar intencionalidad
para merecer lo recibido, pues no hizo nada para recibir eso
que recibió.
Entonces, ¿hay o no gratuidades?, la caja de Pandora sólo
lo sea desde el mito porque no creemos en gratuidades, en
especial, si nos referimos a la realidad social por el entra-
mado político que la traza, aunque, no descartamos que en
otros planos de la realidad lo gratuito como tal sea.
Como no hubo gratuidad en el permanente menoscabo y
continua negación por parte del hombre europeo acerca del
territorio encontrado e inventado, así, “… su increíble ca-
rrera para justificar la matanza colectiva, los animales y el
territorio de América fueron, también, objetos del menos-
cabo”.51 Como, “También Montesquieu, Bacon, De Mais-
tre y Hume se negaron a reconocer como semejantes a los
hombres degradados del Nuevo Mundo”.52
Ahora, si toda cultura y más allá de sus variadas definicio-
nes, implique un hacer que enhebra lo material y lo sim-
bólico, esto la asocie a la otra actividad por excelencia, el
trabajo, por el cual es imposible no establecer una corre-

51  La Conquista de América, en pág. web:


http://www.clarin.com/suplementos/libros/2006/03/10/cienanos_cap1.
pdf (en línea)
52  La conquista de América, op-cit.

97
lación entre cultura y trabajo, una como otra se reflejen y
se espejen mutuamente, y tal correlación se hace evidente
cuando alguna de ellas está ausente.
Supongamos que no hay práctica cultural en el pueblo,
¿posee la misma significación como sería la ausencia del
trabajo?, esto último sería nefasto para la propia supervi-
vencia, sin embargo, no ocurriría lo mismo ante la ausencia
del ejercicio cultural.
Esta suerte de no considerar a la práctica cultural como im-
portante dará a entender o sospechar que su práctica, con-
lleve una actividad totalmente devaluada, básicamente de
entretenimiento opuesta a lo importante como lo es el tra-
bajo y el estudio, ahora, tal forma de pensar se nos revela
funcional, ¿pero a qué?
A posicionar lo material como los únicos valores de una
sociedad, pivotando en torno al esfuerzo y los medios por
obtenerlo, así, lo inmaterial para esa sociedad consista en
una instancia inerte, insustancial, deficiente y si existe, sim-
plemente se lo consuma sin importancia cuan simple pa-
satiempo, y la cultura será una mera acción entretenedora
de viejos, niños y personas aburridas tratando de matar su
tiempo libre.
Por ello es que las casas de la cultura de cada pueblo, más
allá de los epítetos rimbombantes que se le den son centros
de intrascendencia cultural.
Volvamos a suponer lo contrario, que el mundo de la cultura
no puede disociarse del mundo del trabajo, y si el trabajo

98
trasforma lo natural, entonces, tal transformar también im-
plique un hecho cultural, hablamos de un feed-back presen-
te entre ambas formas como partes indisolubles del hacer.
Así, todo acto o fenómeno cultural será parte de un produ-
cir, de un hacer o como lo dice Dussel “Antes de los <mo-
dos de consumo> de los objetos culturales, la cultura es
un <modo de producir> o un <modo de trabajar> –en su
sentido más abstracto y general,...-.”53
Si la actividad humana del trabajo está guiada por la nece-
sidad, la cultura, estará guiada por la creatividad, he aquí
entonces el emerger de una segunda instancia acerca del ha-
cer cultural, trascender el estado de las cosas, trascender la
contingencia, superarla. Al círculo del trabajo y de la nece-
sidad, se le agregue el círculo de la cultura y su creatividad,
pues si una implica supervivencia la otra es trascendencia.
Entonces, desde el proceso productor significativo del tra-
bajo, también se necesite instalar el hábito del hacer cultu-
ral, así, si se aprende a trabajar también se deba aprender a
hacer cultura y desde tal marco, la cultura se torne reflejo
del momento productor del trabajo en la comunidad como
propuesta dinámica, distinta, hablamos de una creatividad
plasmada al servicio del enriquecimiento individual y capi-
tal simbólico con eje en lo social.

53  Dussel, Enrique, “Cultura Latinoamericana y Filosofía de la


Liberación”, en Pág. Web:
http://www.afyl.org/cult-lat.pdf. (en línea)

99
Pero lo dicho en el contexto costero no existe por ello pre-
guntarnos ¿qué debió suceder que esa propuesta al enri-
quecimiento personal devenga en un producto que anima-
lice?, y la respuesta es que la práctica cultural sucede en
una región donde se ejerce una economía deshumanizada,
basada en la explotación sujeta a la mano del explotador.
Si establecimos a la cultura como reflejo del trabajo donde
a la cultura del trabajo corresponderle el trabajo de la cul-
tura, una correlatividad emerja con el cosificar del trabajo,
devenga en cosificación cultural y ésta, quede sospechada
como acción cosificadora también.
Entonces, de tal palo tal astilla.

7.2 Imitación sin creación

La tensión señalada entre trabajo y cultura no posea una


plasmación cultural que lo represente, ni tampoco haya re-
flejos ante las necesidades del emerger social, es como si
no hubiera nada que espeje la señalada tensión, entonces, si
el trabajo productivo está omitido, - ya que en la costa sólo
hay servicios, dejando de lado la construcción- la produc-
ción cultural revele ese distanciamiento, no solo con una
falta de productividad sino lisa y llana miopía acerca de lo
real, y la denuncia política que debería reflejar el hacer cul-
tural brille por su ausencia, entonces, ¿en qué se transforma
el quehacer cultural?, en automáticas imitaciones de otros
centros productores de cultura, la cultura como espacio al

100
servicio de la inspiración personal serán instancias subjeti-
vas y refleje otros lugares de otras sociedades.
Por ello es más que claro la afirmación de Miranda Delgado
cuando sostiene que “........ entendemos que nuestro análisis
debe partir de este punto esencial indicado, que es donde
se encuentran y se confunden la política y la cultura. Esta
relación es la premisa fundamental para desnaturalizar las
matrices de dominación-subordinación que se encuentran
detrás de las algunas nociones y expresiones de cultura”.54
Un cabal dominar se encuentre detrás de esa práctica cultu-
ral que no refleja ni simbolice ni refracte en su quehacer a
lo real. La presente parasitación será el efecto de esa miopía
intelectual posicionada por la vigente colonialidad en este
quehacer cultural centrado en el imitar y distante de todo
crear, así, las expresiones culturales de los pueblos costeros
desconozcan el sentido pregnante de la creatividad por estar
devorados por esa posicionada inercialidad del copiar, he
aquí el caldo de cultivo del proliferar de imitadores o pa-
rodiadores deleznables y buscadores de cartel, figuradores
con sus pseudo-creaciones y sus pastiches sin contunden-
cia estética, ni subliminal, ni política, características irre-

54  - Miranda Delgado Rafael Gustavo, Lo político de la cultura.


La de/colonialidad y la interculturalidad de lo nacional en la América
Andina. Revista Humanidades, Julio-Diciembre, 2015 ▪ Volumen 5,
número 2 ▪ ISSN 2215-3934, en Pág. Web:
t t p s : / / r e v i s t a s . u c r. a c . c r / i n d e x . p h p / h u m a n i d a d e s / a r t i c l e /
view/21214/21445. (en línea)

101
nunciables que todo hacer cultural debe poseer.
Aunque, la cuestión de fondo no resida en señalar lo delez-
nable de unos y otros sino en considerar la valoración que
se hace en los entes culturales costeros –casas de la cultu-
ra- respecto al propiciar a ese tipo de consumo cultural, ha-
blamos de contenidos que buscan entretener, entendiendo
el sentido de la cultura como una relación centrada en el
pasatiempo y eso, ser declarado genuino ejercicio cultural.
Si bien esto nos pone frente al ámbito de valoraciones o
particularidades arropadas de estético, lo verdaderamen-
te importante es el hecho de concebir tales distracciones
como parte esencial del proceso cultural.
De entender a este entretenimiento como cultura entramos
en el calidoscopio que valora cualquier cosa como expre-
sión cultural, así, todo es arte, cualquier monada pincelada
es estética, cualquier grafía surgida es literatura, cualquier
barullo polifónico es música, fenómenos destacados por
los medios locales y presentados como estética, literatura y
sentido musical por tales medios, cómplices del trasfondo
del todo es cultura.
Y colaboran en tal acedia la familia, el vecino, la escuela,
primero, en la niñez del residente se naturalicen prácticas y
valores como verano, trabajo, para después tras cierta rebel-
día en la adolescencia, el exilio, será la idea que los atrape,
y finalice la mayoría de ellos asimilados al pueblo e interna-
lizar como propia a la idiosincrasia costera, por el cual una
subjetivación se ha llevado a cabo.

102
En esta fenomenología entre verano e invierno, el entrete-
nimiento adquiere la dimensión funcional que no cuestiona
ni critica nada, y la hipnosis-cultura participe desde el sesgo
colaboracionista de las administraciones de turno indiferen-
tes al “todo es cultura” y que no son afectas a la inferioriza-
ción simbólica del barbarismo reinante sino consecuencia
de una colonialidad instalada, licuando de sentido revelador
el hacer cultural a la dominación presente.

103
Bibliografía

40- Moyano Marisa, FACUNDO: LA NEGATIVIDAD DE LA BAR-


BARIE Y LOS PROCESOS DE TERRITORIALIZACIÓN, Universidad
Nacional de Río Cuarto, en S i n c r o n í a Spring / Primavera 2003 Año
8 / Número 26 Marzo-Junio 2003, en Pág. Web: http://sincronia.cucsh.
udg.mx/prim03.htm. (en línea)
41- Spretnak, Charlene, Estados de Gracia, Ed. Planeta, Buenos Aires,
1992.
42- Tillich Paul, Systematic theology, vol. 3 (Chicago, Univ. of Chica-
go Press. 1963) ,en Spretnak, C. op-cit.
43- La Conquista de América, en Pág. Web:
http://www.clarin.com/suplementos/libros/2006/03/10/cienanos_cap1.
pdf. (en línea)
44- Dussel, Enrique, “Cultura Latinoamericana y Filosofía de la Libe-
ración”, en Pág. Web: http://www.afyl.org/cult-lat.pdf. (en línea)
45- Miranda Delgado Rafael Gustavo, Lo político de la cultura. La de/
colonialidad y la interculturalidad de lo nacional en la América Andina.
Revista Humanidades, Julio-Diciembre, 2015 ▪ Volumen 5, número 2 ▪
ISSN 2215-3934, en Pág. Web:
t t p s : / / r e v i s t a s . u c r. a c . c r / i n d e x . p h p / h u m a n i d a d e s / a r t i c l e /
view/21214/21445. (en línea)

104
Cap. VIII

8.1 Los conquistadores

Lo nuevo (Europa) hubo de adquirir el mote de viejo en


contraposición a otro mundo (América), mirada europea
y domicilio del conquistador, ahora, ¿había conciencia de
un continente por parte de los habitantes autóctonos que
aquellos conquistadores hubieron de denominar América?,
no se sabe, lo cierto que 1492 significo para estas latitudes
dos momentos ya señalados: el descubrimiento y la con-
quista.
La conquista no fue una iniciativa privada, sino parte del
proyecto de la modernidad europea pensada y concebida
por el hombre blanco y eje del poder que involucraba a un
rey (aquí, a su representante) un particular, y la estipulación
de un contrato (capitulación), autorizando a su enviado al
emprendimiento conquistador.
La historia señaló y emblematizó las figuras de Cortéz o Pi-
zarro como los conquistadores, aunque, esa historia no será
extensible a aquellos que los acompañaron o los verdaderos
conquistadores detrás de las figuras señaladas.
Porque ¿quiénes eran o fueron esos verdaderos conquista-
dores?
Soldados en su gran mayoría, donde “Estos conquistadores
abrazaron su oficio por necesidad, no por vocación, salvo
casos muy excepcionales. Incluso en la nómina de los je-

105
fes, no figura ningún noble español (noble que se hiciera
conquistador, no conquistador ennoblecido), y ni siquiera
notables mercaderes o profesionales como, por ejemplo,
sucedió con los descubridores. Sólo encontramos algunos
caballeros de órdenes militares y en conquistas muy tar-
días. Esto parece indicar que en la escala social, el oficio
de conquistador estaba por debajo del de descubridor. El
conquistador pertenecía, por lo regular, a la ralea de los
malditos: soldado sin compañía, villano arruinado, pícaro
sin víctimas, criado sin amo, marinero sin barco, segundón
o tercerón de familia noble sin oficio ni beneficio, campe-
sino sin tierra, porquerizo sin cerdos, abogado sin pleitos,
funcionario sin empleo, etc.”.55
Hoy día tales características pasarían a delimitar a un preca-
rizado, aquel que tras ciertas circunstancias calamitosas no
podría disponer de su propia vida, dependiente de condicio-
nes a las que no puede manejar y sujeto a la aventura de lo
azaroso como condición a su cotidiano sobrevivir material,
esos fueron quienes conquistaron.
Y a la hora de interrogarnos por quienes comenzaron la
conquista en la costa ¿quiénes fueron estos adelantados de
la conquista de la América bonaerense?, sin lugar a dudas
que en las cabezas de sus fundaciones estaban individuos
pertenecientes a una estratificación social definida como
terratenientes, empresarios, urbanizadores, comerciantes,

55  Nota en Pág. Web: http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contex-


tos/1510.htm (en línea)

106
donde cada uno de ellos fue haciendo y pensando según sus
intereses presente en la configuración del naciente espacio.
Aunque, no todos pertenecían a tal abolengo social, sino
que hubo personas que hicieron su fortuna con el hecho ini-
cial de ser mano de obra y tras el esfuerzo y las oportuni-
dades del momento, adquirieron terrenos, colaborando en
el fervor del crecimiento urbano y colaboradores de las
nuevas condiciones del lugar.

8.2 La moderna conquista

La forma de llevar adelante esta moderna conquista en es-


tos territorios se basó en algunos de los casos contar con la
guía de un modelo56· recreacionista y basado en lo previo
con marcado corte europeo, por lo tanto habrá de ser Eu-
ropa -una vez más- el eje a imitar, aunque, exceptuando tal
ejemplo inicial, no se creará en el país o se intentará un
símil, ni nada por el estilo al modelo inaugural.
La nueva conquista se ejerció, entonces, a través de la cons-
trucción del primer hotel o la primera casa perteneciente al
fundador, continuando con un puñado de casas y el trazado
de unas pocas calles y en la emergencia del negocio inmo-
biliario señalar el principio urbano, responsable del creci-

56  · Nos referimos a Mar del Plata, nacido como puerto saladero lle-
gará ser un enclave de la oligarquía argentina como centro excluyente
del vacacionar de una época.

107
miento a través de las residencias secundarias.57
El imaginario popular les endilgará a estos nacientes con-
quistadores la ya señalada aureola de gloria y sus vítores
sin más, en el fondo tales adjetivaciones pertenecen a una
mirada pueblera y local ante la necesidad de crear a sus
próceres de patria chica y así, establecer historias oficia-
les alejadas de enriquecimientos o de la concepción racio-
nal-instrumental de la mentalidad burguesa que ejercieron
todos estos conquistadores a lo largo de la costa.
La conquista bonaerense otorgó vigencia al viejo adagio
de Alberdi, gobernar es poblar y sin embargo, aún en esta
máxima encontramos otra forma de adoptar el sentido de
lo europeo, tal como lo expresa Jauretche refiriéndose al
propio Alberdi, “Como su modelo de nación civilizada era
Inglaterra (anglomanía compartida hasta por la opinión
pública de los países europeos) redondeó en <Bases> la
idea de que un peón criollo jamás saldría un buen operario
inglés”.58
Si gobernar es poblar, al habitar lo despoblado y lo vacío
de la naturaleza marina, se sentaban las bases de los futuros
partido de la Costa, excepto Mar del Plata, cubrirse todo el
litoral marino desde el partido de La Costa hasta el partido

57  ··Se denomina segunda residencia a la construcción de una vivien-


da en un balneario por un turista y que habrá de utilizarla sólo en su
vacacionar.
58  Jauretche Arturo, Manual de Zonceras Argentinas, Ed. A. Peña
Lillo, Buenos Aires, 1968

108
de Monte Hermoso, hablamos de unos cientos de kilóme-
tros a ser habitados.
Pero hablamos de dos momentos diferentes, pues algunas
poblaciones iniciaron tal proceso a fines del siglo XIX, es-
pecialmente al sur de la ciudad Feliz, mientras que al norte
de la citada ciudad recién se iniciaría tal poblar en la segun-
da década del siglo XX.
Así, el poblar de tierras improductivas y los advenidos es-
pacios en proyectos urbanos, también compartieron en sus
orígenes el ideario económico de la creación de materias
primas, como sucedido al sur de Mar del Plata, a los que
“…adquieren una práctica económica en relación a las ac-
tividades primarias puesto que en las décadas finales del
S. XIX, se estaba gestando el modelo agroexportador, re-
percutiendo en las provincias comprendidas del suelo pam-
peano, cuya política redundaría en una red de transportes
como el ferrocarril y el puerto…”.59
No es por gratuidad que hoy en día algunos municipios cos-
teros en aquellas latitudes, la instancia económica a través
del balneario fue un hecho a posteriori porque su primera
alternativa, pivotaba en ese modelo creador de materias pri-
mas según el auge epocal de la práctica agroexportadora.
Ahora, si bien “El origen de todos los pueblos de la costa
bonaerense estuvo sujeto a nombres y apellidos fundacio-
nales los cuales sentaron las bases a modo de título refe-

59  Oviedo Juan, Balneario rico, Pueblo pobre, Ed. Autor, Villa
Gesell, 2008

109
rencial, tal como ocurrió a lo largo de nuestra costa con
los Bunge, los Guerreros, los Leloir…”60, contó con este
proceso la decidida colaboración de huestes de lugartenien-
tes asimilados al imaginario local como pioneros, en otras
palabras, los conquistadores de la América bonaerense fue
encarnada su primera oleada, por comerciantes y esa inau-
gural mano de obra para la construcción en el balneario, a
posteriori, asentarse en el lugar. He aquí el origen de la po-
blación estable apostando por el proyecto del futuro pueblo.
Por un lado, hallamos una férrea creencia en la oportunidad
del lugar y por otro lado, ya desde un tinte más personal,
era la oportunidad para blanquear historias individuales,
porque esta nueva creación no sólo era posibilidad rentable
sino también implicaba adquirir otra identidad y el status de
pasar a ser alguien, se era un referente por haber adquirido
una nueva pertenencia y limpiar historias de vida no tan
positivas -matrimonios, familia, deudas-, nótese la analogía
con aquellos otros conquistadores, donde todo era oportuni-
dad, futuro y crecimiento.
Porque el nuevo mundo para estos conquistadores-pioneros
de la América bonaerense no será una mera metáfora sino
un cambio de vida radical como lo supo ser para los citados
conquistadores entre 1510 y 1550.
Para estos conquistadores bonaerense, crear una nueva ur-
banidad era enfrentarse a la creación de cierta hibrides, por-

60  Oviedo Juan, Un sueño olvidado, El Acuario de Villa Gesell. Ed.


Autor, Villa Gesell, 2006

110
que los pueblos nacidos no fueron ni serian jamás verdade-
ras metrópolis ni habitáculos rurales por las características
estructural del balneario, más allá de tener entre sus manos
las decisiones para hacer.
Este nuevo conquistador poseedor de un ascendiente de pobla-
ción europea con nacionalidades españolas, italianas, alemanes
y de Europa Central nos recuerde a los otros de la conquista de
América originaria. Estas nacionalidades de hoy mimetizadas
con los iniciales servicios, mientras que por el lado de los re-
sidentes regionales, encontrar a los trabajadores destinado al
forestar, el peón, el albañil, la mano de obra para el manejo de
camiones y maquinarias de vialidad.
En este punto se hace evidente lo señalado en otros capítu-
los acerca de una Colonialidad del poder, pues “La idea de
raza como categoría central de la clasificación social colo-
nial, desempeñará un papel medular dentro de las nuevas
identidades geoculturales globales que se constituyeron
históricamente con el colonialismo hispánico, articulándo-
se posteriormente en una misma trama de estratificación
social, con otras formas de clasificación basadas en la idea
de clase.....”.61
Aquí surge en toda su magnitud una división del trabajo
basada en términos de nacionalidades, ya que les cabe a
las europeas haber provocado las condiciones de un creci-

61  Quintero Pablo (UBA - CONICET), Colonialidad, Pensamiento


Latinoamericano Alternativo, en Pág. Web : http://www.cecies.org/
articulo.asp?id=404. (en línea)

111
miento de negocios, construcción, a los que fueron poco a
poco monopolizando y posteriormente, posicionar sus ape-
llidos-fundantes como linaje del lugar y parte de esa mano
invisible operando en el mercado del pueblo, en oposición
a la mentalidad del peón rural que aportaba la mano de obra
principal.
Éste conquistador del apellido-fundante, represente a todo
lo local compartió con sus pares ciertas alianzas, donde
“La localía, entonces, se nos muestra como un aconteci-
miento de la condición pioneril y eso mismo trasladado
al plano empresarial devendrá en cooperativa, otra típica
construcción en la costa bonaerense en la cual se manco-
munan esfuerzos, intereses y motivos de un crecimiento que
reclama por su derrotero”.62
Y en ese derrotero, hallar el germen que atente contra el
concepto de comunidad, porque la presencia estratégica del
poder material jamás permitirá que el lugar sea territorio
abierto a todos por igual, ya que las oportunidades no esta-
rán jamás en condiciones igualitarias, el lugar le pertenece
a unos pocos y conquistarlo entre otras cosas, posicionó a
los dueños del lugar, con intereses y voz propia, impondrán,
digitarán y determinarán, las futuras acciones al colectivo
en general.

62  Oviedo Juan, Lo local vs. lo comunal, en revista Temas de


Pinamar, año 3 Nº 33, Septiembre 2007.

112
Bibliografía
46- Nota en Pág. Web: http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contex-
tos/1510.htm. (en línea)
47- Jauretche Arturo, Manual de Zonceras Argentinas, Ed. A. Peña Li-
llo, Buenos Aires, 1968.
48- Oviedo Juan, Balneario rico, Pueblo pobre, Ed. Autor, Villa Gesell,
2008.
49- Oviedo Juan, Un sueño olvidado, El Acuario de Villa Gesell. Ed.
Autor, Villa Gesell, 2006.
50- Quintero Pablo (UBA - CONICET), Colonialidad, Pensamiento
Latinoamericano Alternativo, en Pág. Web : http://www.cecies.org/
articulo.asp?id=404. (en línea)
51- Oviedo Juan, Lo local vs. lo comunal, en revista Temas de Pinamar,
año 3 Nº 33, Septiembre 2007.

113
114
Cap. IX

9.1 El mestizo (mesnyc) que no es criollo (nyc)

Se denomina mestizo a la persona nacida de la unión de


dos etnias distintas, tales como ocurrió en América con
ibéricos e indígenas y del fruto de tal unión generó un fe-
notipo distinto, la mezcla de características físicas de lo
europeo y de lo amerindio, a tal composición se lo llamó
mestizo. Por el contrario, el criollo obedece a otro tipo de
descendencia, así “Criollo (en español antiguo: creollo; del
latín criare «criar») es un término que históricamente fue
utilizado en el pasado colonial bajo la metrópoli española
para designar al habitante nacido en la América Latina que
descendía, exclusivamente de padres españoles o de origen
español. Se calificaba también de criollo al individuo naci-
do de criollos. Con el curso de los siglos el significado de
criollo ha evolucionado y ha cambiado de sentido depen-
diendo de la localidad geográfica y del contexto en que se
usa; la acepción Latinoamericana que compone el 90% del
mundo hispanohablante, “criollo” quiere decir “del país”
o “nacional” en lugar de nacido de padres españoles”.63
En las guerras por la independencia a lo largo de toda La-
tinoamérica, los criollos, fueron los autores intelectuales
y materiales de la emancipación del yugo español, bajo
el imaginario independentista constituyeron una suerte de

63  En Pág. Web: http://es.wikipedia.org/wiki/Criollo. (en línea)

115
casta libertadora, creando las condiciones de posibilidad de
una naciente patria, y desde tal criollaje emergería la esta-
tua del prócer e hijo ilustre del flamante país.
Ahora, ¿cómo estaban incorporados en las respectivas so-
ciedades que los albergaba de su tiempo tanto a mestizos
como criollos?, según Lewin, “Ser mestizo implicaba perte-
necer a un grupo, que en su conjunto, estaba excluido de la
sociedad o, cuando menos, presentaba un serio problema
a la estructura de la sociedad colonial. Por lo tanto, esta
pertenencia podía ser vista por los mestizos como una des-
ventaja social, como una forma de convertirse individuos
marginales”.64
Aunque, si bien el criollo se encontraba en un lugar superior
comparado con el mestizo en la escala social, sin embargo,
aquel estaba por debajo de los españoles insulares, los naci-
dos en España y en posesión de los principales cargos polí-
ticos, administrativos, gozando los privilegios económicos
y sociales, los criollos, no tenía una libertad para desarrollar
actividades económicas.
Y analogizando aquella América con la América costera
las cosas habrán de ser diferentes porque estarán inverti-
das, así, debemos hablar no de un mestizaje sino del criollo
para después sí del mestizo, pues éste connotará extranjero
sudamericano porque el nuevo mestizo estará en las nue-
vas cruzas con el hijo o la hija del país vecino, entonces,

64  Lewin Juan Esteba, A situaciones nuevas, ideas nuevas: el mestizo


como camaleón, en Pág. Web: Dialnet.unilarioja.es. (en línea)

116
la condición étnica, será suplida por el de la nacionalidad,
aunque, lo étnico será utilizado prejuiciosamente tal como
de hecho ocurre con la palabra “negro”, esgrimida para
denigrar o injuriar a alguien.
Ahora, ¿quiénes serán los nuevos criollos?, obsérvese, la
palabra provenía del latín criar, los criados en un suelo pro-
pio y si trasladamos tal sentido de criado en la costa bonae-
rense tenemos a los denominados nyc o sea, los nacidos y
criados en el nuevo lugar, el nyc va a adoptar y recrear las
pautas fundacionales de sus padres los pioneros.
Emergidos como tal por el simple hecho de nacer como pri-
mera generación en el pueblo, serán los hijos de los pio-
neros.

9.2 El nyc

Así, el nyc inaugura el sentido de ser del lugar y en su figura se


inscribe una suerte de autolegislación por pertenecer al lugar,
el hecho de nacer en él le confirió potestad para postular, in-
terpretar lo que es o no del lugar, tal actitud desde el colectivo
de la época se inscribió en todo el pueblo y representó él, la
mentalidad del pertenecer. Por supuesto, lo que decimos no
está legislado ni escrito ni institucionalizado pero el comenta-
rio de que “es el hijo de fulano, mengano o zutano”, posea su
carga tácita que lo posiciona como algo real.
Estamos frente a un prejuicio de ribetes localista y en algu-
nos lugares aún vigente, este sujeto se fue constituyendo en

117
aquella época donde la cantidad de la población no estaba
sujeta a una diversidad como la está hoy, recibiendo una
continua migración de población y por lo general prove-
niente del conurbano bonaerense.
Ahora, ese nyc heredó la situación de los ilustres del pueblo
y su condición individual se hubo de destacar por ser porta-
dor de apellido, el nyc, entonces, adquirió la preeminencia
de un estilo de ser del lugar, simplemente por ser prime-
ra generación nacida en el pueblo y por ende, interpretar
y proponer lo “que es” o “no es” ese su lugar, el derecho a
disponer tales cuestiones le correspondieron por su condi-
ción de ser hijo de los ilustres.
¿Y qué podemos decir del mestizo, cuando irrumpe su con-
dición?
Surge ante la emergencia de las primeras inmigraciones de
los países vecinos a finales de los sesenta e intensificado en
los años setenta, advendrán por la condición recesiva de sus
países y por saber del auge de la construcción en la costa
y la necesidad de contratar mano de obra, así, a las nacio-
nalidades europeas le surgen las andinas como bolivianas,
peruanas y por supuesto, también chilenas, uruguayas, pa-
raguayas.
Acerca del hecho migratorio en Latinoamérica podemos
señalar “Este fenómeno se relaciona con el proceso migra-
torio que se dio en toda América latina, debida a las plazas
cubiertas de los centros industriales, así como también a la
escasa infraestructura agraria, todo lo cual desencadenó

118
la búsqueda de nuevos empleos. Sumemos a esa circunstan-
cia el exilio político generado por las dictaduras de turno
en el continente”.65
Por lo cual cierta base étnica estará presente en este caudal
inmigratorio, especialmente en las colectividades andinas
donde el fenotipo adquiere una diferencia bien marcada res-
pecto al europeo, no olvidemos que fue de base europea la
presencia del pionero en la costa bonaerense.
Ahora, el hijo del extranjero nacido en los pueblos costeros
como primera generación cuyos padres fueron inmigrantes
de países Latinoamericanos, le denominaremos los mesnyc,
por una doble condición: la primera, de base biológica y la
segunda por el lugar de nacimiento, pero el mesnyc implica-
rá una suerte de impertinencia local, porque este residente
nacido en la costa, no sentirá como propio la herencia cul-
tural portada por sus padres como tampoco él, será consi-
derado un igual por la segunda generación de los nyc, así,
un sentido de marginalidad sufrirá el mesnyc, marginalidad
iniciada especialmente en el proceso socializador de su pe-
riodo escolar.
Pues este mesnyc, se encontrará en una doble condición cu-
riosa, habrá de resistir a la herencia cultural de sus padres
extranjeros, mientras, sufrirá el rechazo por ser portador de
un fenotipo, nombre o apellido, extraño a la familiaridad

65  Oviedo Juan, Villa Gesell: fiesta, etnia y colectividad. Ed. Autor,
Villa Gesell, 2004.

119
del pueblo de contenido europeo o en otras palabras, sufri-
rá las consecuencias de una colonialidad instalada, la idea
de raza y el complejo ideológico del racismo se encuentre
impregnando todos y cada uno de los ámbitos del pueblo en
que se de esta situación.
Y eso lo determine como una suerte de impertinente, donde
la única opción a contar de éste impertinente, en el senti-
do de alguien que no pertenece, será volcarse de lleno a la
colectividad paterna como una forma de encontrar adentro
de ella, lo que no encuentra afuera y que es el lugar en don-
de nació, máxime cuando la cultura paterna implica raíces
muy distintas a la cultura local.
Pero también una manera entender la posición de una comu-
nidad respecto a sus habitantes extranjeros lo hallemos en las
formas de nombrarlos, de referirse a ellos, por ejemplo, en un
ámbito autóctono el extranjero europeo fue llamado gringo,
por el contrario las expresiones hacia los extranjeros latinoa-
mericanos y a los propios mesnyic en los pueblos costeros son
los de bolitas, cuzcuz, boliguayos, chilotes, etc. que no implica
una xenofobia porque tampoco existe en los prejuiciosos nyc
una exquisitez intelectual a fundamentar sino desde el simple
rechazo del prejuicio que lo sateliza.
Aunque, también es posible considerar el significado de la
piel, pues ésta enreda o genera ciertas connotaciones, por
ejemplo, “Es el mismo R. Dépestre que reflexionando sobre
la Negritud escribió : <al igual que el dinero, el color de
la piel adquirió valor de símbolo abstracto, pasionalmente

120
todopoderoso: el color blanco pasó a ser símbolo universal
de riqueza, poder político, belleza, bienestar social, atri-
buto hereditario del feliz milagro greco-latino; el color ne-
gro se convirtió en símbolo de desposeimiento, impotencia
política, fealdad física y moral, atributo congénito de la
barbarie y el primitivismo africanos>”.66
Pero el nyc también rechaza la cultura ajena, el hecho de
impugnar como marginal la cultura del otro y lo haga desde
su condición de nyc, aunque, ignorante acerca de los con-
tenidos culturales que rechaza, lo hace desde esa actitud de
erigirse él como eje normal del fenotipo y su práctica valo-
rativa como lo normal, estas actitudes desde la Antropolo-
gía son catalogadas como puro etnocentrismo.
No obstante, así como el mestizo terminó por imponerse en
toda Latinoamérica, la suerte de los nyc también está desti-
nada, más allá que por el momento, estos miles de mesnyc,
junto a nuevos migrantes del conurbano terminen por ser
mayoría absoluta, no se agrupen políticamente pero cuando
lo hagan, tomarán las riendas de cada pueblo y actuarán
conforme a sus intereses de clase, y con ello, se termine de
una vez y por todas el etnocentrismo instalado.
En otras palabras, los nyc ya están condenados a ser histo-
ria, a ser parte de un pasado en la América miniaturizada de
la costa bonaerense....por suerte.

66  Boisrolin Henry, Mitificación de la Historia, en Pág. Web: http://


www.ica.org.ar/revistaica/mitificacion.htm. (en línea)

121
Bibliografía

52- De pág. Web: http://es.wikipedia.org/wiki/Criollo. (en línea)


53- Lewin Juan Esteba, A situaciones nuevas, ideas nuevas: el mestizo
como camaleón, en Pág. Web: Dialnet.unilarioja.es. (en línea)
54- Oviedo Juan, Villa Gesell: fiesta, etnia y colectividad. Ed. Autor,
Villa Gesell, 2004.
55- Boisrolin Henry, Mitificación de la Historia, en Pág. Web: http://
www.ica.org.ar/revistaica/mitificacion.htm. (en línea)

122
Cap. X

10.1 El otro

Ya en cierto modo perfilado con el nyc, una aporía se gesta


en el mundo costero bonaerense: el otro, con este concepto
emergen dos ámbitos y dos maneras distintas de ver porque
con el vocablo otro se designa una manera de un advenir,
la del intruso.
La voz latinizada intruo significa: meterse violentamente al
interior, sin permiso, sin derecho, entrometerse en un mun-
do ajeno.
Aunque, no es posible entender o inteligir lo otro si antes
no se estructura o configura previamente el eje de lo propio
porque es en esta condición que emerge lo ajeno, así, al
inventarse lo propio también se esté delimitando indirecta-
mente ese extraño espacio de lo otro.
Estamos frente a una reminiscencia análoga a lo acontecido
en la América hispánica y la América precolombina y ese
emerger del alter, escenario para la invención de América
borró todo lo anterior y lo hispánico posicionarse como úni-
co sentido.
De idéntica forma, al inventarse el balneario, se inventa el
lugar del domicilio y junto a ellos, el arraigo y lo familiar,
articulado en narración, en discurso, en hábitos, valores e
instituciones.
En el origen mismo, el inventor –entiéndase el fundador-,

123
ejerció su señorío a través de la omnipotencia del crear y en
este punto, adquiera presencia tácita lo otro y refracte a lo
ajeno, éste desde su particularidad se torne espejo, mostran-
do y reflejando a lo más propio del pueblo.
Así, una forma de vestir, de hablar, de preguntar acerca lo
que no se debe interrogar o sea, los secretos que guarda
cada pueblo como usurpaciones, sucedidas rencillas, ocul-
tar inmoralidades, bueno, este tipo de acciones ser inqui-
ridas, buscar ser averiguar cómo modos de reflejar y de
mostrar lo ajeno en cada lugar, este colectivo -el pueblo-,
ser puesto en la palestra o en otras palabras, ser objetivado
por esta presencia que lo interroga.
Por el cual ese otro, con su estampa adquiere la tácita voz al
enunciar en su decir, lo que es el ser de cada lugar o pueblo
e invite a pensarlo, entonces, la virtud del otro será hacer
posible el emerger del pensamiento interrogador respecto
de lo propio y entender que aquello definido como tal, no
posea un colectivo homogéneo, solidario o igualitario, por-
que en el pueblo hay y existen tensiones.
Por ejemplo, cuando se produce una vacante o lugar en las
empresas locales, esa vacante no queda sujeto al libre juego
de las capacidades sino a las recomendaciones y amiguis-
mos del caso, entonces, en esta señal del favoritismos, per-
sonalismos y familiaridades, se impone el sentido de per-
tenencia y representación de lo viejo por sobre lo nuevo,
que es el otro, ese otro será que refleja esas prácticas en
la preferencia local y sufra la línea discriminatoria del no

124
favoritismo por ser otro.
¿Qué más que eso atente contra lo comunitario? pero hay
algo peor aún, el sentido del ente y su cosificación como tal,
hacerse patente.
Y para dar a entender lo que queremos decir, una vez más
utilicemos el planteo realizado por Heidegger cuando dice
que “La metafísica occidental piensa el ser del ente, pero
no piensa la diferencia entre los dos. La metafísica no pre-
gunta por la verdad misma del ser, por lo tanto, tampoco se
pregunta de qué modo pertenece la esencia del hombre a la
verdad del ser. No se advierte pues la diferencia ontológica
entre el ser y el ente….Las consecuencias del olvido del
ser, transforman a los entes en “objetos” para el “sujeto”
humano, que ya no aspirará a humanizarlos sino a domi-
narlos. Se impone así una interpretación técnica del pensar,
una razón técnica en la que los entes ya ni siquiera son
objetos sino tan solo “material de trabajo”.67
La cosificación será el balneario y en este punto, el marco
teórico marxista nos señale que tal ente será opresor por
haber adquirido las particularidades opresivas, encarnados
en los pioneros como referentes del espacio inventado e
instrumentar la plusvalía o principio explotador y genera-
dor de la futura desigualdad social costera “Para Marx la
explotación del trabajo se da cuando el obrero recibe, a
cambio de una jornada de trabajo, bienes y servicios que

67  Acerca del planteo de Martín Heidegger, en Pág. Web: http://


filosofia.idoneos.com/index.php/351473. (en línea)

125
incorporan menos de una jornada completa de trabajo”.68

10.2 La apariencia de ser

Todo ente en su accionar no hace más que ontificar69·, y su


correlato a nivel pensamiento nos lleve al pensar unidi-
mensional, tesis propuesta por el ya mítico Marcuse, “En
el texto “el hombre unidimensional” de Herbert Marcuse
se presenta una discusión de gran importancia que puede
ayudar a comprender aspectos centrales de la vida actual.
Uno de los argumentos principales, es que la sociedad con-
temporánea democrática obstruye todo cambio social asi-
milando las fuerzas sociales contrarias y controlando las
necesidades del individuo”.70
Si bien no tenía consecuencias en el origen mismo del pro-
yecto balneario esa forma del pensar, aplicado al devenir

68  Olivé Antonio, Teoría marxiana de la explotación, Marx desde


cero, en Pág. Web: https://kmarx.wordpress.com/2013/07/16/teo-
ria-marxiana-de-la-explotacion/
69  · Decimos ontificación en relación al ente, y este en términos de
cosa, en oposición a ontología disciplina filosófica que investiga al ser.
Tales cuestiones son abordadas por Martín Heidegger en Ser y tiempo,
Edición electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Uni-
versidad ARCIS.
70  Gómez Palacio Germán David, El hombre unidimensional en su
dimensión critica: De Herbert Marcuse a Rolan Gori​, Universidad
Cooperativa de Colombia, en Pág. Web: http://www.ucc.edu.co/
prensa/2015/Paginas/El-hombre-unidimensional-en-su-dimension-
critica-De-Herbert-Marcuse-a-Rolan-Gori.aspx. (en línea)

126
de lo social en términos de sueños, aspiraciones y anhelos
de la gente, colisione en contra la realidad del balneario y
su directriz unidimensional, se imponga a cualquier tipo
de aspiración que no sea un espacio creado para el lucro,
este proceso cosificador será invisibilizado en tal temprana
edad.
Y esto, ¿qué significa?, la condición tortuosa que porta todo
ente creado, y aquí la metáfora de Frankenstein nos resulte
más que pertinente, nos muestre solapadamente a un deve-
nir costero siempre en un solo sentido, y más allá de todo
pretender, será siempre una cosa, algo que niega a todo de-
venir, por el cual Frankenstein (el monstruo, siempre será
monstruo)
El advenir de los otros muestre a la entidad mera criatura
inventada, lo creado será una simple cosa sin posibilidad a
ser otra cosa de la que es, por lo tanto, ese ser nacido y en-
tendido como ser social y necesitado de un cabal desarrollo,
nacerá dislocado por su condición monstruosa al “ser” una
creación del ente, el grotesco consista en un pretender “ser”
que nunca llegará a “ser”, como “un cabal ser social hacia
el desarrollo”.
Estamos frente a lo más ajeno y alejado de todo ente, “el
ser”, la propia mismidad del balneario y su prédica de una
sociedad hacia el desarrollo, será solo una enajenación tra-
zada desde el ente, y trasfondo ideológico en falso postular
por un devenir social o comunidad en franco despliegue.
Como ente que es, el balneario, sólo pueda intentar la paro-

127
dia de ser, pues su realidad participe del fetiche ritualizado
del éxito mimetizado con la cantidad, así, mas turistas, más
visitantes, más consumo serán las notas esenciales de ese
tener pero jamás desde su ser y eso anule su pretensión so-
cial: desarrollo, una fantástica simulación tiene lugar una
vez más en los enclaves costeros.
Como dice Baudrillard, “…la era de la simulación se abre,
pues, con la liquidación de todos los referentes..”71, se si-
mule ser cuando se es ente y afirme “Disimular es fingir no
tener lo que se tiene. Simular es fingir tener lo que no se
tiene”.72
¿Y qué se finge?, el mostrarse como espacios paradisía-
cos a los miles de cientos de turistas, disimule una realidad
opuesta y es la que emerge en invierno, algo que la muche-
dumbre en la ciudad ignora presa del imaginario a disfrutar
del vacacionar marino, pero se trata de una simulación del
ente como espacio paradisíaco porque la realidad nos mues-
tra a un mar peligroso y castigado por vientos, con aguas
vivas en día calurosos, simular una selva por el éxito de un
forestar junto al hacinar playero y a peatonales corrientes,
se construya el ídolo del éxito confirmando el planteo de
Baudrillard.
El planteo dominante de un pensar despótico y su impli-
cancia, ha sido tema de reflexión desde otro marco teórico,

71  Baudrillard, Jean, Cultura y simulacro, Traducido por Pedro


Rovira, Editorial Kairós, Barcelona, 1978.
72  Baudrillard, Jean, Cultura y simulacro, op-cit.

128
la postura crítica de Horkheimer y Adorno respecto a un
pensar ciego a toda alternativa pues “En esta etapa de la
ilustración, lo que se trata de eliminar es “el pensamiento
ciegamente pragmatizado”, la razón instrumental que ha
renunciado a la idea de verdad en pro de ser medio para fi-
nes que ella no determina: la reproducción del statu quo, el
pensamiento identificante al servicio de la dominación”.73
Tal pensamiento pragmatizado lo hallemos en ese progre-
sivo encanto de lo natural potenciado por el artificio fores-
tador (racionalidad instrumental) y a posteriori pomposa-
mente denominado, bosque, boscosidad, selva y allende a
ello, el fenómeno depredador de las dunas junto a la trans-
gresión ambiental al instalar el cemento en la playa y justi-
ficado desde el concepto de servicios, nos muestre sólida-
mente al ente en toda su magnificencia.
La mimesis entre naturaleza y sociedad cuan realidad idí-
lica con residentes ganando en calidad de vida, sea la ma-
yor simulación ante la innegable crudeza invernal que no
solo es climática en términos de frío, lluvias, sudestadas,
fuertes vientos sino que se le agregue otro tipo de crudeza
que son los barrios abnegados y vacíos centros comerciales,
creciente pauperización, lo que provoque el ente con su re-

73  Días Genis, Andrea, Acerca de la Dialéctica del Iluminismo, en


Pág. Web: http://www.chasque.net/frontpage/relacion/0208/iluminis-
mo.htm. (en línea)

129
cesión estructural.
Pero la mayor simulación: el crecimiento de la sociedad lo-
cal en armonía y monitoreada por la mirada controladora
del fundador ya fallecido, busque ser mantenido por el dis-
curso ideológico de políticos, empresarios, cooperadores,
en suma, la disimulación y la simulación de Baudrillard
más vigente que nunca, los desenmascare como tal.
La propia condición de cosa no permita más que exista solo
como disimulación y simulación, y para finalizar, pregun-
tarnos por el ente, ¿qué significa este ente?, es aquello crea-
do y percibido para lo mismo, hablamos de una pura y neta
mercancía, fija, inmóvil, siendo por siempre mercancía,
norte y razón de su creación.
Ahora, el grotesco adquiera su forma cuando el ente crea a
su monstruo, y éste se pregunte por su identidad o presencia
de esa disimulación y simulación pretendiendo tener otros
sentidos, pero sin alejarse de él como auto referente del pro-
ducto mercancía y pueda “ser”, de otra forma, a devenir en
colectivo que no se encuentra meramente a su servicio.
Pero Frankenstein nunca dejara de “ser lo que es”, el pro-
piciado encanto del ente, prontamente mude en territorio
desencantado y trasladado al espacio existencial según la
posición social del residente, quimera y alienación en aque-
llos que no son consecuentes con sus condiciones materia-
les, extensible a las futuras generaciones que nazcan en los
pueblos costeros involucrando sueños, deseos, proyectos,
vivencias.

130
Entonces, si el otro, hubo de reflejar, objetivar tanto con
su pregunta y su presencia el cabal significado del pueblo,
éste, con sus características develada, sea objetivado como
lo que es, un Frankenstein.
Sólo desde la enajenación que porta el ente se postule algo
distinto a su es, con su mayor simulación, el desarrollo, o
aventura hacia un imposible que nunca advendrá.

131
Bibliografía

56- Acerca del planteo de Martín Heidegger, en pág. web:


http://filosofia.idoneos.com/index.php/351473. (en línea)
57- Olivé Antonio, Teoría marxiana de la explotación, Marx desde cero,
en Pág. Web: https://kmarx.wordpress.com/2013/07/16/teoria-marxi-
ana-de-la-explotacion/
·
Decimos ontificación en relación al ente, y este en términos de cosa,
en oposición a ontología disciplina filosófica que investiga al ser. Tales
cuestiones son abordadas por Martín Heidegger en Ser y tiempo, Edición
electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad
ARCIS.
58- Gómez Palacio Germán David, El hombre unidimensional en su
dimensión critica: De Herbert Marcuse a Rolan Gori​, Universidad
Cooperativa de Colombia, en Pág. Web: http://www.ucc.edu.co/
prensa/2015/Paginas/El-hombre-unidimensional-en-su-dimension-cri-
tica-De-Herbert-Marcuse-a-Rolan-Gori.aspx. (en línea)
59- Baudrillard, Jean, Cultura y simulacro, Traducido por Pedro Rovi-
ra, Editorial Kairós, Barcelona, 1978.
60- Días Genis, Andrea, Acerca de la Dialéctica del Iluminismo, en
Pág. Web: http://www.chasque.net/frontpage/relacion/0208/iluminis-
mo.htm. (en línea)

132
Cap. XI

11.1 La colonia tras el balneario

De hecho, toda sociedad se constituya y se encuentre traza-


da por y desde un poder, y busque acrecentarlo con la ob-
tención de recursos pero claro, la sociedad es un resultado
de ese poder, que nos señala que el poder no es social sino
grupal, de clase, que se alimenta mutuamente.
Entonces, si estoy en posesión de un poder económico como
paso siguiente será buscar poder en el ámbito político, esa
fue la idea de fondo y presente en una burguesía que llevo
a cabo la Revolución Francesa “En el siglo XVIII, e inclu-
so antes, la burguesía francesa dominaba por completo el
panorama económico de aquel país, situándose a la cabeza
tanto del comercio como de la industria y las finanzas. De
sus filas procedían igualmente la mayor parte de los cua-
dros técnicos de la administración monárquica. Por otra
parte, el esquema ideológico burgués y su escala de valo-
res (presidida por el culto al dinero) impregnaban desde
hacía tiempo la mentalidad de las capas superiores de la
clase aristocrática. Ya es bien significativo el hecho de que
los conciliábulos donde se incubaron y desde donde se pro-
palaron las consignas burguesas de la Ilustración encon-
traran su mejor acogida en los salones de la aristocracia.
Naturalmente, la burguesía tenía plena consciencia de que
su hegemonía económica y su ascendiente ideológico sobre

133
la población le facultaban para abordar la segunda fase
del proceso, esto es, la conquista del poder institucional”.74
Ya en posesión de la superestructura, implementó desde
los aparatos ideológicos su influencia educativa y cultural,
buscó domesticar voluntades provocando una subjetividad
obediente y sumisa, así, allende a toda desigualdad social
provocada por el capitalismo, crearon condicionamientos
al servicio de una forma de interpretar y generar escenarios
para mantener y perpetuar ese poder, tal como ocurrió en
las colonias subordinando al otro como medio a la voluntad
expoliadora.
A tales fines, el imperialismo epocal instaló en los territo-
rios ocupados sus sistemas legales, económicos y cultura-
les, el concepto de colonia consistió en esa construcción y
los colonizados, aquellos que debieron acatar lo impuesto
por el colonizador.
Decimos que esa estructura de poder y su acrecentar se ha-
lla vigente en las nuevas colonias en América75·, por esa
peculiar forma de actuar de sus colectivos, más sujetos a
una colonialidad fruto de una sumisión ideológica.
Pues esta colonialidad presente en los pueblos costeros,

74  Lozano Martín, El nuevo orden mundial, LA REVOLUCIÓN


FRANCESA, EL GRAN COMPLOT DE LA BURGUESÍA, en Pág.
Web: https://larevolucionfinal.wordpress.com/2013/10/06/la-revolu-
cion-francesa-el-gran-co/. (en línea)
75  · Por los balnearios en América, me refiero especialmente a los
construidos en la costa bonaerense y que no alcanzaron una magnitud
del balneario modelo de la oligarquía argentina: Mar del Plata.

134
gestora del relato visionario, proponiendo valores solida-
rios que posibilitaron cooperación, participación como ele-
mentos cohesionadores en el devenir del pueblo, no solo
fue hecho para ponderar lo fundacional sino que los mis-
mos creadores del relato, son presas de ese tergiversar,
pues concretamente se trató de individualidades trabajando
arduamente para el sustento, ante el acecho de un sobrevi-
vir primario, donde el colectivo, organizado e instituciona-
lizado como tal no existía, ahora, la clase que domina y la
dominada, no dejen de estar libre de ese pensar típico colo-
nialista, porque como parte de social que es, se halle sujeta
a la dominación nacional e internacional.

11.2 Ocultación

Hemos señalado el acrecentamiento del poder y su injeren-


cia en lo social, el citado “ Aníbal Quijano plantea que “el
poder es un espacio y una malla de relaciones sociales de
explotación/dominación/conflicto articuladas, básicamen-
te, en función y en torno de la disputa por el control de los
siguientes ámbitos de existencia social: 1) el trabajo y sus
productos; 2) en dependencia del anterior, la “naturaleza”
y sus recursos de producción; 3) el sexo, sus productos y la
reproducción de la especie; 4) la subjetividad y sus produc-
tos materiales e intersubjetivos, incluido el conocimiento;
5) la autoridad y sus instrumentos, de coerción en particu-
lar, para asegurar la reproducción de ese patrón de rela-

135
ciones sociales y regular sus cambios”.76
En ese sentido podemos señalar del crecimiento en la re-
gión por la explotación del recurso natural, y presencia
sustancial del mercado inmobiliario, pero claro, se trató de
un crecimiento supeditado a la anárquica del mercado in-
mobiliario, contradiciendo al discurso del proyecto urba-
no como soporte a una sociedad en formación, máxime si
lo realizado no estuvo bajo una intención racionalizada de
crecimiento asociado a un colectivo, pues si hablamos de
crecimiento, éste lo fue del edilicio paralelo a la playa, ha-
blamos de lugares de máxima rentabilidad y terrenos bus-
cados, fraccionados, vendidos, desde el fructífero negocio
inmobiliario y zona de primeros servicios a implementar
en los pueblos costeros.
Entonces, “Cuando la rentabilidad y la necesidad de re-
cuperar la inversión se transforma en el objetivo del ur-
banizador, prevaleciendo intereses económicos sobre las
cuestiones ambientales, la planificación y la evaluación del
impacto ambiental están ausentes. Las obras generan una
disfunción en el sistema ambiental originando una proble-
mática compleja y difícil de solucionar, que en ocasiones
conducen al ocaso del destino”. 77 Y que no son los casos,

76  Fernández Marcelo, Proyecto de investigación: Aníbal Quijano y


el problema de la colonialidad del poder, en Pág. Web: http://marcelog-
fernandez.blogspot.com.ar/2016/09/proyecto-de-investigacion-anibal.
html. (en línea)
77  Benceny Graciela Beatriz, La zona costera como escenario turís-

136
por el momento, de la mayoría de los balnearios costeros.
No obstante, también hubo otro tipo de crecimiento y en
oposición al recién señalado no tan cercano a la costa ma-
rina, se trata del crecimiento de la construcción de casas
en zonas mucho más alejadas de ese preciado y valorado
espacio, y más accesibles económicamente, se trata de los
futuros barrios, áreas de los hogares de la mano de obra no
pionera y que no contaron primariamente con el beneficio
de los servicios que aquellas zonas estratégicas si lo poseían
como gas, cloacas, asfalto o la zona oscura que refracta la
luz del balneario y que nos hace recordar a esa otra oscuri-
dad que fue la colonización de la Modernidad europea.
La historia de la colonia-balneario no fue la epopeya narra-
da sino una explosión de edificios, asfalto, deforestación,
nivelación, calles peatonales, ramblas y centros comercia-
les, junto a la nueva población provenientes de las provin-
cias del interior, conurbano e inmigración resultante de los
países limítrofes de Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y
también del Perú, todo ello en torno a un único fin, usufruc-
tuar o estar al servicio del producto.
Así, foresto, vendo, deforesto, nivelo, vendo, construyo,
tales hechos sujetos al vaivén de muchísimos años y tem-
poradas, permitió a ese pionero dueño de la lonja de tierra
en devenido inmueble, amasar fabulosas ganancias en com-

tico. Transformaciones territoriales en la Costa Atlántica Bonaerense


Villa Gesell (Argentina), Universidad nacional del Sur, Bahía Blanca,
en Pág. Web: core.ac.uk/download/pdf/11677132.pdf. (en línea)

137
paración con esa segunda mano de obra advenida al lugar,
la inmigración a finales de los años 60 y principio de los 70.
Puesto que aquella mano de obra inaugural, hallará en el
pueblo una movilidad no sólo económica sino social, por-
que de ser mano de obra inicial paso a transformarse en la
de patrón y usufructuar la posterior mano de obra llegada,
señalamos que ese original desclasado mudó en nuevo bur-
gués, como los que acompañaron a los primeros coloniza-
dores, la mayoría desclasados.
En contraposición, los nuevos residentes pasarán a ocupar
la base de la pirámide haciendo más visible una imposibi-
lidad, el devenir de intereses comunes, y como hemos ya
expresado, antítecos en los balnearios costeros
Ahora, ¿cómo discernir, cuales son los indicadores de la
presencia de esos dueños del pueblo?, en la capacidad mo-
nopólica de sus negocios y en el ascendiente hacia sus pa-
res, imponiendo criterios, normas, restricciones, precios, y
en la presencia de una gestión municipal que los benefi-
cia como proveedores o los tenga como parte de su staff,
se trata de la presencia de un poder institucional allende
al económico con sus instrumentos de toda clase, ayuda,
coerción, imposición y lograr un patrón de las relaciones
sociales afín a sus intereses.
Así, la colonia, sujeta a su propio destino de la renta, se
rodee también de un sinnúmero de pequeños negocios que
vive, piensa y trabaja en cada invierno, nutriéndose del cir-
culante del mercado local superviviente, y que en el mejor

138
de los casos, se trata de una dedicación, esfuerzo y ahorro
de años para poder mantener su escaso patrimonio.
¿Y la población?, el rubro por excelencia -el de una cons-
trucción-, el otrora oasis salvador fuera de la temporada
para la clase trabajadora, hoy día, cada vez más escaso y
ver aquí, el sentido cabal del lugar, ser para unos pocos.
He aquí, entonces, la historia de estos balnearios y al que
hemos convenido en llamar las nuevas colonias, sujeto a un
poder de fundadores y pioneros, expresión de su invento y
responsables de la presente condición porque al balneario,
NO SE LO TOCA.

11.3 Ironías

Y si hablamos de la desigualdad provocada por el poder,


aquella se traduzca en precarización con sus diferentes gra-
dos, por el cual todo el pueblo, excepto por los explotadores
y los que poseen su trabajo todo el año, estén sujetos a ella.
En esa cadena de desigualdad no solo le cabe sufrirla los
trabajadores, también el pequeño comerciante, hotelero o
restaurante que explota a sus empleados, está obligado a
hacerlo porque sí o sí los magros excedentes a conseguir
no le permitan cierto desahogo al ahogo que le provoca toda
precarización, estos modernos encomenderos78· recrean su

78  · El sentido original del encomendero era hacer trabajar al indíge-


na, y que este pagara su condición de ser súbditos de la corona. Ahora,
este moderno encomendero implica ser propietario y explotador.

139
condición año tras año y por lo tanto reproduzcan cuan
efecto dominó, el fenómeno de la explotación.
¿Y qué queda de aquel que solo cuenta con su mano de
obra tras el término de temporada?, un vacío se le abre, el
de estar y quedar sujeto a la suerte o a la venia del destino
para la emergencia de algo distinto y poco esperanzador en
un horizonte cerrado, pues por ser fuerza de trabajo en acto,
y sujeto a la demanda del mercado y sus vaivenes, será al-
guien que sobre, será parte de los sobrantes, los que sobran,
pues su fuerza de trabajo cada vez más disminuida y no
ejercida de acuerdo a sus necesidades reclamando continui-
dad ante el instalar de la discontinuidad de su mano de obra
y responsable de la presente condena.
Aunque, a pesar de lo expresado, existan algunas voces
apologéticas del lugar y se eleven resistiendo a tal panora-
ma y proclamen la bienaventuranza del vivir en los pueblos
costeros, cuestión difícil de entender, sin embargo, sólo
ejercitando cierta ironía se pueda predicar que por aquí no
todos son males.
Ejercitemos esa ironía entonces, por ejemplo, los pueblos
por lo general al no ser extensos aquellos sin dinero para el
colectivo pueden caminar, así, con sólo levantarse un poco
antes resuelven su problema de locomoción, como también
andar en bicicletas es algo ideal para hacer ejercicios y
combatir el sedentarismo, ya que no es necesario estar bien
vestido porque los trabajos de saco y corbata no abundan,

140
una vieja y desteñida campera puede ser usada por años
sin llamar la atención, como todavía existen despensas se
puede apelar una vez más a la famosa libreta, hecho que
permite al necesitado procurarse diariamente de alimentos
al fiado, asimismo, la cercanía al mar permita la posibilidad
de extraer comida gratis y el frío, ser combatido por añejas
acacias o cualquier árbol cuasi seco teniendo en cuenta la
bondad del entorno, pues ¿acaso no nos rodean fabulosos
bosques?
Continuando con otras ironías, al estar en invierno los cen-
tros comerciales sino vacío casi vacíos y alejados de los
barrios periféricos y no periféricos, no alienten al consumo
ni al gasto, con sus productos de saldo, viejos y de segunda
mano no representen un aliciente a la compra, por lo tan-
to no ver aquí un ¿incentivo al ahorro? Como el lugar es
chico, el centro comercial permite ser conocido con solo
deambular por tres o cuatro cuadras, entonces, el andar y
caminar permita no solo tener un buen estado físico sino te-
ner una idea del lugar, como también el estar atento a rotise-
rías y restaurantes en busca de posibles sobras y hallarlo en
espacio no muy extenso, entonces, las sobras ¡encontrarse
a las manos!
El anonimato cuando es reemplazado por el reconocimien-
to, he ahí la oportunidad de ser recomendado para la limos-
na material denominada changa.
Ahora, ya sin ironía, ¿qué hacen los otros habitantes de la
colonia que no están tan pauperizados?, suelen juntarse por

141
las mañanas en un determinado café, el invierno es época
para reunirse, el figurar es una actividad al que se le otorga
su tiempo, aparecer en los medios, opinar y adquirir presen-
cia o dar a entender su condición de realizado y triunfador,
los temas a tratar versan sobre política local, lo ocurrido
en temporada, el llegar a ser de la próxima temporada, los
negros que invaden del conurbano, la aventura de turno,
la envidia -no confesada en público- hacia aquel que le fue
mejor, en otras palabras, el chismerío muestra la condición
del pueblo.
Porque la chusma acuño el epíteto de: pueblo chico infierno
grande.
Y como muestra de pueblo que se analogizando en cada
pueblo de la costa vayamos al ejemplo de uno de ellos, así
“.... abordaremos al geselino, ¿ese es el que vive, habita
en Gesell o queremos decir otra cosa distinta con esa de-
finición?, hablamos el del balneario, el de la ciudad o de
ambos momentos que no hacen distinción de la euforia del
verano y de la opacidad del invierno, pero sea como sea es
aquel que vive en un pueblo detenido en su propio medioe-
vo, con puntos de vista emulando al pensar, con locutores
y escribas panfletarios junto a micrófonos de por medio,
el eterno retorno de lo mismo que no es apolítico sino más
político que nunca puesto que nada se transforma y nada se
modifique, del todo es cultura, con las bandas de rock loca-
les emulando porque todo es emular y nada original surja,
el medioevo o el sopor que todo lo envuelve, aburre, como

142
inevitable condición del lugar, (lo mismo que sucede en las
aulas de los secundarios del pueblo, aburrimiento, rutina y
sopor), eso “ser lo geselino” que sobrevuela siendo parte
del lugar”.79

79  Oviedo Juan, Dominación Costera, diario Sector Informativo, en


Pág. Web: http://www.sectorinformativo.com/opinion/columnistas/125-
dominacion-costera/. (en línea)

143
Bibliografía

61- Lozano Martín, El nuevo orden mundial, LA REVOLUCIÓN


FRANCESA, EL GRAN COMPLOT DE LA BURGUESÍA, en Pág.
Web: https://larevolucionfinal.wordpress.com/2013/10/06/la-revolu-
cion-francesa-el-gran-co/. (en lïnea)
62- Fernández Marcelo, Proyecto de investigación: Aníbal Quijano y
el problema de la colonialidad del poder, en Pág. Web: http://marcelog-
fernandez.blogspot.com.ar/2016/09/proyecto-de-investigacion-anibal.
html. (en línea)
63- Benceny Graciela Beatriz, La zona costera como escenario turís-
tico. Transformaciones territoriales en la Costa Atlántica Bonaerense
Villa Gesell (Argentina), Universidad nacional del Sur, Bahía Blanca,
en Pág. Web: core.ac.uk/download/pdf/11677132.pdf
64- Oviedo Juan, Dominación Costera, diario Sector Informativo,
en Pág. Web: http://www.sectorinformativo.com/opinion/columnis-
tas/125-dominacion-costera/. (en línea)

144
Cap. XII

12.1 Filosofía latinoamericana

Como medio de continuar con su condición hegemónica,


Europa supo edificar nuevas ideas adoptadas por los ilus-
trados de su tiempo, las mismas fueron fomentadas y di-
fundidas a lo largo del mundo civilizado, aplicándose como
parte del nuevo orden político en Occidente como fue el
advenir del sistema democrático. Aunque, otros ilustrados
de otras latitudes también hubieron de incorporar e ins-
trumentar aquellas ideas revolucionarias y tras las gestas
emancipadoras, aplicar en sus sistemas políticos la égida
democrática.
Un derrotero en siglos implicó la América indígena a mudar
en la América española posterior a las independencias, para
devenir en la América nacionalista.
Pero, si hay algo de propio en América más allá de toda dis-
cusión y consideración lo fue su vocación revolucionaria,
fundamental y necesaria para llegar a ser porque sin revolu-
ción jamás se hubiera llegado a ser un espacio liberado de
aquellas monarquías, así, por esta acción de lo revolucio-
nario se hubo de patentizar la mayor de las vocaciones del
siglo decimonónico: la independencia.
La vocación por la independencia implicó el reconocimien-
to de ser dominados, marco de partida a espíritus críticos y
no conservadores para combatir, develar y superar el estado

145
de subordinación. Porque sin aquellos no se hubiera podido
confrontar esa supremacía que adquirió distintos perfiles en
América: primero, en la figura del conquistador, después,
en mimetizada burguesía con el criollo y ya situados en la
costa Atlántica, por el fundador-pionero local.
No obstante, lo interesante de las señaladas etapas de la do-
minación en América, tuvieron en los hechos su justifica-
ción como tal, como parte de ese proceso que inicia la Mo-
dernidad europea con la conquista de América, mantendrá
su vigencia ideología dominante en los pueblos costeros,
y posicionar una “colonialidad” (más allá de no estar ante
colonial formales) a ejercerse subliminalmente tal como su-
cede en ciertas prácticas festivas, literarias, conceptuales y
de interpretación.
Por ejemplo, en el partido costero bonaerense (Villa Gesell)
se celebra la fiesta nacional del 12 de octubre y la ciudad
entera entra en ebullición, junto a los preparativos de todos
los servicios donde el municipio engalana las arterias cén-
tricas con adornos alusivos al momento festivo. Algo que
no escapa a la escolaridad por abordar tal evento, donde “
Tal ámbito está sujeto al calendario y sus correspondientes
fechas, cuyo abordaje queda enmarcado desde lo histórico,
así, según los ciclos, primario por ejemplo, será previsible
el Colón descubrió América etc. o en el ciclo secundario,
los siempre previsibles afiches críticos a tal descubrimiento
recordándonos a un cuasi revisionismo alentado también
por algún previsible pseudo-revisionista, ahora, al hacer

146
hincapié en lo histórico, se licua la presencia de ese 12 de
octubre en el presente de la sociedad residente.
Al disociar fecha histórica y fecha actual, sólo se aborda
la fecha desde el marco histórico sin considerar el efecto
que tiene en la realidad contemporánea, y que no son los
españoles instalados, sino que se haya instalado una domi-
nación a través de lo servil disfrazado de anfitrionidad”.80
La colonialidad genera las condiciones para una festiva ex-
periencia que no es más que una relación de mando-obe-
diencia, el colectivo sumido en la anfitrionidad con servi-
cios desesperados ante la abstinencia del consumo por la
ausencia de clientes, es un interesante espejo que nos refleja
a una sociedad a la que se le van determinando pautas en
las conciencias individuales, como parte de un proceso de
subjetivación por una lógica del poder llevado a cabo en la
presencia del Municipio (superestructura) en conjunto con
las fuerzas comerciales (estructura) para subjetivar en los
sujetos del pueblo, las pautas dominantes junto a las de ser
prestos anfitriones.

12. 2 Conciencia y autoconciencia

Y una vez más, a la hora de entender esta elaboración de los


contenidos de nuestra conciencia política, social e ideológica,

80  Oviedo Juan, Quizás la fiesta no sea fiesta, nota aparecida en el


semanario Tiempos, año I nº 23.

147
ejes en donde se asienta toda dominación, será preciso con-
siderar, señalar, manifestar, ese denunciar iniciado entre las
décadas 60 y 70 del S. XX por la denominada Filosofía de la
Liberación como parte de un proceso iniciado a principios del
siglo XX y denominado Filosofía Latinoamericana.
Como primera medida, ¿existe una filosofía que no sea
griega, europea, anglosajona?, claro que si, aunque, de
hecho sólo se enseñe en los claustros específicos de las ca-
rreras de filosofía como Filosofía Latinoamericana, pero en
los casos restantes cuando se enseña la materia Filosofía en
otros tipos de carreras, lo que se enseña es Grecia y Europa
con su correspondiente tematizar.
Acerca del filosofar latinoamericano, uno de sus grandes re-
presentantes, Roig, nos dirá“….que nos permite descubrir
el valor de pauta que posee toda norma que funcione como
a priori antropológico, se encuentra sin duda una compren-
sión de la filosofía como saber auroral y no como saber
vespertino, por lo mismo que no es necesario esperar una
“decadencia” para experimentar formas rupturales.
Un filosofar matutino o auroral, confiere al sujeto una par-
ticipación creadora y transformadora, en cuanto que la fi-
losofía no es ejercida como unas funciones justificatoria de
un pasado, sino de denuncia de un presente y de anuncio
de un futuro, abiertas a la alteridad como factor de real
presencia dentro del proceso histórico de las relaciones hu-
manas”.81

81  Roig, Arturo Andrés, Teoría y crítica del pensamiento Latinoame-

148
Se trata de pensar para cambiar, no para justificar lo aconte-
cido, por lo tanto pensemos en la aurora, en el inicio del día,
en los hechos, en el presente porque toda transformación
así lo exige, tal ser el planteo y el compromiso en términos
sintéticos que pretende la filosofía Latinoamericana o tam-
bién, su otra denominación setentista exprese cabalmente
su proyecto, filosofía de la liberación cuyo eje fue mostrar-
nos la condición de ser dominados y a través de tal concien-
cia propiciar la pertinente liberación.
Quizás, un ejemplo de otras latitudes nos resulte ilustrativo,
como será el acudir a una habitante de la ciudad de Búzios
y su narración respecto del tipo de vida actual delimitan-
do el antes y el después del entonces pueblo de pescadores
antes de su transformar en la ciudad del turismo internacio-
nal como lo es hoy, así “Todos nuestros hijos trabajaban. Era
una vida difícil, cuando Búzios no era nada’, dice. “Cuando
llegaron los turistas, llegaron para dar dinero, para dar
empleo. Aquéllos que hablan de los turistas, en mi punto de
vista, no hablan. Porque quienes le dieron vida a Búzios
fueron los turistas, inclusive yo fui la primera en ser bene-
ficiada. He trabajado en la casa de Juscelino, y otros. He
trabajado durante 33 años así. Si no fuera por los turistas,
la gente no tendría lo que tiene. Primero, yo tenía un solapar
de zapatos para usar. Uno o dos prendas de vestir para cam-
biar. Hoy, la gente puede elegir la ropa o los zapatos, ¿por

ricano, Edición a cargo de Marisa Muñoz, con la colaboración de Pablo


E. Boggia, Enero 2004.

149
qué? Debido a los turistas. Porque los turistas vienen a dar
empleo”.82
Se trata de la narración de Doña Ángela, cuya entrevista se
celebró en su residencia y al momento de la misma contaba
con la edad de 80 años, pues trabajaba en el campo hasta que
aquellas tierras cayeron bajo el influjo de la especulación
inmobiliaria y fuente del advenir turístico.
He aquí desde otras latitudes el mismo fenómeno despoja-
dor y depredador manifestado de la misma forma, donde
las ángelas hacen hincapié acerca del hoy pero sin poder
analizar su condición precaria y propiciada por gobiernos
incapaces que los hubo de sumir en esa triste indefensión.
Paradojalmente, encontrará como única salida a sus vicisi-
tudes económicas, lo que le pueda proveer ese mercado res-
ponsable de la usurpación de tierras y asolador de terrenos
junto a sus vecinos estafados en su buena fe.
No muy diferente del panorama presentado en la costa bo-
naerense o la nueva América inventada al lotearse tierras
bajas y que a futuro sufran las pertinentes inundaciones
los futuros barrio a construirse ahí, con un silencio y callar
cómplice de muchos vecinos acerca de la condición de las
señaladas tierras.
Ignorar, desinformar, falsear, tergiversar sea el factor ideo-
lógico al servicio de la dominación, saber de la plusvalía
por haberla sufrido o anhelarla por ser patrón, ejercerla

82  Oviedo Juan, Búzios, Ed. Autor, Villa Gesell, 2009.

150
provocando la desigualdad, aparte de ser rentable es tam-
bién ideológico, algo que debería ser mostrado y analizado
a temprana en todo los sistemas escolares costeros y al no
hacerlo, es por lo ideológico.
No señalar el destino calamitoso de toda sociedad sujeta a
lo estacional y donde nada se puede hacer, nos muestra a
los políticos locales meros conservadores de un estado de
cosas de las que son parte, nos señale la continuidad de lo
ideológico.
Si la filosofía latinoamericana con su mirada y proyecto es
o fue la resistencia a un mundo habitado por millones de
seres que sufren y viven en la miseria por la desigualdad y
la explotación, de la misma forma será preciso generar un
tipo de concientización desde el pensamiento en la América
miniaturizada de la costa bonaerense.
Un pensamiento interrogador por aquellos que viven inmer-
sos en las obras y en las maratónicas horas en temporada y
con bajos sueldos, como también por la instancia laboral en
negro, nos señala la condición denigrante del servilismo y
el determinismo que significa lo estacional para la sociedad
entera, inmersa en una cultura del entretenimiento con su
correspondiente naturalización.
La costa bonaerense vive y está inmersa en una devalua-
ción total respecto al pensamiento, puesto que sociólogos,
antropólogos, politólogos, todos esos egresados no ejercen
sus facultades teóricas al servicio del análisis ni realicen in-
vestigaciones en su medio social, ¿el motivo?, no interesan,

151
por el cual aquellos responsables del pensar se anulen a sí
mismos y terminen como docentes en colegios secundaros
y ser absorbidos por el sistema educativo, algo que de por
si esperan ya que eso los salve de una segura precarización,
porque sus servicios como profesionales, no les serán re-
queridos por nadie y eso habla de la brutalidad intelectual
que reina en los pueblos costeros.
Ante tales condiciones, las sociedades costeras no exami-
nan sus hábitos sujetos a la complaciente naturalización del
oprobio mencionado, no cuestionan ni señalan o critican en
lo más mínimo.
Por eso se trata de descubrir o intentar un tipo de pensa-
miento cuya mirada muestre las formas adquiridas de la
dominación, no en el mundo, ni en Latinoamérica ni en el
país sino aquí, en la costa pero no la del balneario, este es
algo claro y sencillo de entender sino en sus respectivas
sociedades, siempre tan silenciosas a la hora de hablar de
sí mismas.
Lo que se trata es tematizar el lugar, hablar de él, del vecino,
del barrio, pero no desde la teoría y no porque tal teoría ob-
nubile o conlleve a otros resultados sino porque en la costa
el fermento teórico sencillamente no existe, no hay teoría
buscando explicar o comprender los fenómenos que hemos
señalado en las sociedades costeras, por el cual será preciso
acceder desde la sensibilidad de ver al otro explotado, y
desde esa sensibilidad hablarle, decirle, escribirle, porque,
“El escritor que pertenece a un lugar, aparte de interrogar

152
por él, le habla, lo piensa, lo siente y lo cuida”.83
Es preciso, entonces, producir un discurso señalando las
formas de la dominación y a partir de ello, revolucionar las
formas del mirar.

12.3 La alondra

América vivió procesos revolucionarios después de las gue-


rras de sus independencias de la época colonial, y fueron
dos propiamente dichas en América Latina durante el si-
glo XX: la mexicana, “Comienza en 1910 con una rebelión
contra el presidente Porfirio Díaz, dictador desde 1876 y
hasta 1920 se transforma en guerra civil que produjo cam-
bios profundos que hasta hoy persisten en México.
La cubana Se inicia el 01 de Enero de 1959, cuando Fidel
Castro triunfa sobre el dictador Fulgencio Batista quien
gobernaba desde 1940. Esta revolución se origina por el
comportamiento despótico y rígido de Batista, la falta de
libertades públicas, la corrupción de la administración, la
desigual repartición de la riqueza y como consecuencia, la
pobreza del pueblo”.84
Pero no podemos dejar de mencionar a la Revolución San-

83  Oviedo Juan, Gesell y la experiencia del filosofar. Ed. Autor, Villa
Gesell, 2005.
84  http://www.monografias.com/trabajos87/america-latina-si-
glo-xix-xx/america-latina-siglo-xix-xx.shtml. (en línea)

153
dinista en 1961, tras crearse el Frente Sandinista de Libera-
ción Nacional, FSLN, habrá de estructurar la lucha contra
la dictadura que la familia Somoza mantenía en el país des-
de el asesinato de Sandino en 1934. Así, en 1979 el FSLN,
aglutinando como parte de su entorno a amplios sectores
de la sociedad nicaragüense, logrará derrotar al gobierno
de Anastasio Somoza Debayle y entrará triunfante en Ma-
nagua.
Actualmente los gobiernos como los de Venezuela, Bolivia
y Ecuador, además de sus avances en los procesos de trans-
formación, tratan de crear mecanismos de consolidación
definidos en derredor de un socialismo, máxime, cuando
muchos intelectuales concibieron a tales acciones como de-
magogia electoralista utilizadas para defender los intereses
dominantes, sin embargo, presencias como la de Chávez,
Lula, Roussef, Kirchner, Evo Morales, Correa, impliquen
una suerte de giro hacia el socialismo como fenómeno po-
lítico presente en la región, como resabio de un periodo
populista vigente entre las décadas del treinta, cuarenta y
cincuenta en América latina.
Que nos dice y nos plantea la necesidad de un ejercer po-
lítico allende a la autoconciencia de la dominación y eso,
trasladado a nuestro hoy costero nos diga de la necesidad
imperiosa de nuevos dirigentes, distintos y diferentes de los
que hoy existen como tal.
Partamos de una pregunta simple ¿cómo se hace un dirigen-
te?, ¿es aquel que habla con la gente, promete soluciones

154
o presenta proyectos en el H.C.D., cómo?, porque hay per-
sonas que hablan, prometen, manifiestan y posean sus pro-
yectos y sin embargo, no son considerados como tal, ¿falta
de carisma?, muchos actuales vecinos actuando como polí-
ticos no poseen tal carisma y sin embargo, aparecen en los
medios como dirigentes.
Toda acción comunitaria exige cabezas que la piensen, por
lo tanto, no se trate de un dirigente sólo pues todo mesia-
nismo (fuera de lo religioso) son una falacia por lo tanto,
lo común no puede ser resuelto por uno sólo sino por va-
rios, por muchos, vale decir, cantidad de dirigentes y algo
sustancial: los dirigidos, porque hay que entender que lo
común está ahí, en los dirigidos, compartiendo una serie de
prerrogativas, necesidades, penurias etc., paradojalmente
el dirigido, sea mucho más fácil de delimitar, antes que al
propio dirigente.
La dificultad radique en que no se puedan reconocer a tales
dirigentes, que no son los consabidos rostros mediáticos de
los medios locales que posicionan ante la necesidad que ge-
nera una ausente noticia, por lo tanto, si la pregunta queda
abierta es que la respuesta, aun, deba esperar, porque ¡no
hay dirigentes en los pueblos!
Sin embargo, una condición será necesaria para pretenderse
dirigente, superar su propio momento, su propio presente,
su propia contingencia y posicionar una realidad que toda-
vía no es, e iniciado desde el discurso, a proyectar el nuevo
contexto llevado por ese “ver lejos”, planear la utopía de la

155
posibilidad, de lo distinto en el pueblo, y superar la cerril
contingencia que embrutece a las conciencias como la pre-
sente realidad que lo circunda y definida como “es lo que
hay”.
El pueblo se halla embrutecido por ese pensamiento unidi-
mensional de la temporada y la nueva temporada, hasta la
otra nueva temporada.
El pueblo se halla embrutecido por los opinadores de todo y
de siempre, el pueblo es brutalidad por el pendular partida-
rio que se hace dueño del municipio sin nuevas alternativas,
el pueblo embrutece porque se ha llenado de miopes y cor-
tos de vista jugando a construir un punto de vista harto re-
petido al que nadie escucha y menos que menos considera.
Entonces, el dirigente es aquel que puede mirar a lo lejos,
es aquel cuyo horizonte no queda subsumido a las estre-
chas reglas del momento, es aquel que piensa y por pensar,
convertirse en algo extraño, casi ser un impertinente, pues
no pertenece a un lugar cuya razón como tal, es sólo ser la
del negocio que aporta el verano y pensamiento dominante
al cual todos pero todos, han aceptado sin cuestionar tanto
burgueses y proletarios.
Como ejemplo, nada más que prestar atención a aquellos
que se postulen como autoridad en cada una de las eleccio-
nes, sus rentas aumentan en la temporada y eso los delate
como cómplices de tal bárbara forma de concebir al pueblo,
por el cual ellos jamás puedan generar ni traer cambio algu-
no o sea, ¡más de lo mismo!.

156
Porque un cabal dirigente debiera romper con esa mirada
centrada en la temporada, pero si ellos son los nyc, amigos
de los nyc, testaferros de los nyc etc., es que tales dirigentes
jamás podrán existir, aun no son, entonces, “aquel que ve
lejos” implique una titánica condición a nacer en un con-
texto en los que los miopes reinan, mandan y gobiernan.
Sin embargo, la alondra de Roig de la filosofía auroral sig-
nifica eso, precedidas por las revoluciones en Latinoamé-
rica, esa alondra despunte su vuelo sólo cuando en el es-
pacio costero advengan tales dirigentes y que no son los
profesionales ni los comerciantes burgueses amparados en
el conservadurismo de la renta, ni por la obediencia de in-
cautos ni la inerte indiferencia incrustada como destino en
cada partido costero, pues del emerger de “los dirigentes
aurorales”, hallemos en ellos los únicos que podrán revolu-
cionar la costa bonaerense.

157
Bibliografía

65-Oviedo Juan, Quizás la fiesta no sea fiesta, nota aparecida en el se-


manario Tiempos, año I nº 23.
66- Roig, Arturo Andrés, Teoría y crítica del pensamiento Latinoameri-
cano, Edición a cargo de Marisa Muñoz, con la colaboración de Pablo
E. Boggia, Enero 2004.
67- Oviedo Juan, Gesell y la experiencia del filosofar. Ed. Autor, Villa
Gesell, 2005.
68- http://www.monografias.com/trabajos87/america-latina-si-
glo-xix-xx/america-latina-siglo-xix-xx.shtml (en línea)

158
Cap. XIII

13.1 Colonialidad y no eurocentrismo

La primera reflexión cuando se lee por primera vez el marco


teórico de la colonialidad como denuncia de lo que significo
la Modernidad, es que fueron los propios intelectuales
europeos que expusieron en forma crítica los atropellos
que llevaron a cabo los imperios epocales de españoles y
lusitanos. como también las contradicciones que nacieron
en el seno de Europa y que habrían de mundializarse.
Al respecto la mirada de Mignolo para dilucidar la presente
pregunta, ya que “ Las críticas a la modernidad elaboradas
desde Europa y los Estados Unidos (desde Friedrich
Nietzsche y Max Weber hasta Michel Foucault, pasando por
la Escuela de Frankfurt, el análisis del sistema-mundo de
Wallerstein y el neo-pragmatismo de Richard Rorty), señalan
con rigor y precisión algunos elementos patológicos de la
racionalidad moderna, enfatizando su carácter excluyente
y totalizador. Sin embargo, hay algo que silencian todas
estas “teorías críticas”: el sometimiento colonial de los
saberes-otros y de las experiencias-otras del mundo. Son
teorías que hacen visible la modernidad, pero no su “otra
cara” que es la colonialidad. Por eso, dice Mignolo, se
trata de “críticas eurocéntricas de la modernidad”.85

85  Grupo modernidad/colonialidad, en Pág. Web: ttps://es.wikipedia.


org/wiki/Grupo_modernidad/colonialidad. (en línea)

159
Es momento, entonces, de señalar la presencia y tarea de
“El Programa de Investigación Modernidad¡Colonialidad
{M¡C}, como lo denomina el antropólogo colombiano Arturo
Escobar (2ooSb), consiste en una perspectiva reciente del
pensamiento latinoamericano y sobre América Latina que
está fundamentando un notable diálogo multidisciplinario
y la constitución de un colectivo de trabajo intelectual no
institucionalizado.
Integrado por investigadores académicos residentes en
América Latina y en Estados Unidos...”86 , y uno de sus
ejes fundamentales de su tarea intelectual será promover
un desplazamiento sustancial poniendo en tela de juicio
el origen de la modernidad porque trata de “... llamar la
atención sobre la “primera modernidad” que protagonizan
los reinos ibéricos, junto con su expansión y sus conquistas
ultramarinas. Este movimiento resulta de la mayor
importancia geo-epistemológica, porque permite visualizar
a América como constituyendo la primera periferia del
sistema colonial europeo, el lado oculto originario de la
modernidad”.87
La colonialidad de un vuelco a la concepción Moderna
señalada como efecto de un proceso entre Grecia-Roma-
Edad Media- Renacimiento- Ilustración pues esto “......
es una invención ideológica de la Europa moderna, en
especial, de los románticos alemanes (entre ellos, Schlegel),

86  Alimonda Héctor, op-cit.


87  Alimonda Héctor, op-cit.

160
que a finales del siglo XVIII y principios del XIX ven los
orígenes de su filosofía representada en la línea Grecia-
Descartes- Kant, y su cultura en la antigüedad griega”.88
O en otras palabras, estar bajo una visión Eurocéntrica ¿y
qué deseamos decir con esto? por ejemplo, dejar de lado el
papel de la cultura de pueblos no europeos que posiciona-
ron y reingresaron la filosofía Griega en Europa, el euro-
centrismo “....... invisibiliza el papel jugado por los árabes,
en especial, en los campos de la medicina y la filosofía, en
la Europa moderna”.89
Allende a lo señalado el eurocentrismo implica un tipo de
conocimiento sujeto a una abstracción no localizada por el
cual lo universalice, en otras palabras, tratar con un cono-
cimiento típicamente europeo, “La crítica al eurocentrismo
desde la inflexión decolonial pasa por reconocer que todo
conocimiento es un conocimiento situado histórica, corpo-
ral y geopolíticamente. La pretensión eurocéntrica de un
conocimiento sin sujeto, sin historia, sin relaciones de po-
der, un conocimiento desde ningún lugar, como ‘la mirada
de dios”.90
Un saber descorporalizado y deslocalizado, es profunda-
mente cuestionado.
El citado Pachón narra el derrotero de la Modernidad po-
sicionando un concepto ya señalado por Wallerstein, como

88  Pachón Soto Damián, op-cit.


89  Pachón Soto Damián, op-cit.
90  Restrepo Eduardo, Rojas Axel, op-cit.

161
fue el Sistema-Mundo, y apelando una vez más a Dussel,
señale “Sólo en 1492 inicia la Modernidad. En este año la
historia se torna mundial. Nace con los descubrimientos
ibéricos lo que Dussel llama Sistema-mundo, término que
toma de Inmanuel Wallerstein. El sistema-mundo ahora
abarca todos los extremos de la tierra, de oriente a occi-
dente, de norte a sur. Es en este nuevo sistema, donde el
Mediterráneo es sustituido por el Océano Atlántico, en el
que la Europa Latina se impondrá como “centro” del mun-
do. “Para nosotros, la “centralidad” de la Europa Latina
en la Historia Mundial es la determinación fundamental de
la modernidad. Las demás determinaciones se van dando
en torno a ella (la subjetividad constituyente, la propiedad
privada, la libertad del contrato, etc.). El siglo XVII (p.e.
Descartes, etc.) son ya el fruto de un siglo y medio de “Mo-
dernidad”: son efecto y no punto de partida. Holanda (que
se emancipa de España en 1610) Inglaterra y Francia con-
tinuarán el camino abierto”91
Es más que interesante a la hora de mencionar un concepto
incorporado en la médula de la cultura Occidental, el
famoso y filosófico “Yo pienso, luego existo” cartesiano y
enunciado en el S XVII, hubo de estar precedido por otro
tipo de yo, ya que “ “el ego cogito cartesiana es precedido
por 150 años del ego conquirus occidental. La condición
política de posibilidad del “Yo pienso, luego soy” son 150

91  Pachón Soto Damián, op-cit.

162
años de “Yo conquisto, luego soy””.92 algo que Grosfoguel
señala en una entrevista citando a Dussel.
Por el cual nos muestra un salto temporal y espacial desde
la mirada del grupo Modernidad/Colonialidad, que la
Modernidad, no es un producto acabado europeo sino que
se inicia con la conquista de América.
¿ Y cuáles son las consecuencias de tal pensar?
Con las tres formas ya harto señaladas a lo largo del texto,
Colonialidad del poder, del ser y del saber.
A la pregunta realizada a Ramón Grosfoguel acerca de
lo que es la Colonialidad del poder, éste nos señale “La
colonialidad se refiere a un patrón de poder que se inaugura
con la expansión colonial europea a partir de 1492 y
donde la idea de raza y la jerarquía etno-racial global
atraviesa todas las relaciones sociales existentes tales
como la sexualidad, género, conocimiento, clase, división
internacional del trabajo, epistemología, espiritualidad,
etc. y que sigue vigente aun cuando las administraciones
coloniales fueron casi erradicadas del planeta. Por ejemplo,
el patriarcado no se puede entender en su complejidad si
no entendemos cómo la colonialidad del poder lo atraviesa
y transforma”.93
Con la Colonialidad del ser se tematice la jerarquía racial
operando en un poder que ha sido naturalizado y posibilitando
una re-producción de relaciones de dominación territorial

92  Montoya Montes Angélica, Busso Hugo, op-cit.


93  Montes Angélica, Busso Hugo, op-cit.

163
y epistémicas, Gómez Quintero sostiene “...........que no
sólo garantizan la explotación por el capital de unos seres
humanos por otros a escala mundial, sino que también
subalternizan y obliteran los conocimientos, experiencias y
formas de vida de quienes son así dominados y explotados
(Quijano, 2000).
Este patrón de poder es articulado por vez primera con la
Conquista de América (Quijano, 2000). Un planteamiento
que encontrará su continuismo teórico y su culminación
en el siglo XIX con el evolucionismo, que supone la
clasificación jerárquica y la taxonomización social del otro
no sólo por sus rasgos fenotípicos sino también por sus
descubrimientos mentales y culturales (Quijano, 2000a:
203). Es lo que Mignolo (2003) y Nelson Maldonado-Torres
(2003) denominan la colonialidad del ser, entendida como
“la dimensión ontológica de la colonialidad, en ambos
lados del encuentro […] un exceso ontológico que ocurre
cuando seres particulares se imponen sobre otros, y además
encara críticamente la efectividad de los discursos con los
cuales el otro responde a la supresión como resultado del
encuentro” (Escobar, 2005: 35)”.94
Y en la Colonialidad del saber ser entendida como “.....

94  Gómez-Quintero, Juan David, La colonialidad del ser y del


saber: la mitologización del desarrollo en América Latina, AGO.USB
Medellin-Colombia V. 10 No 1 PP. 1-276 Enero - Junio 2010 ISSN:
1657-8031, en Pág. Web: Dialnet-LaColonialidadDelSerYDelSaberLa
MitologizacionDelDe-3642109. (en línea)

164
la imposición del eurocentrismo como la única forma de
conocer el mundo, es decir, la colonialidad del saber implica
la negación de la producción intelectual alter (indígena,
afro, chicana, femenina, etc…) como conocimiento (Walsh
2007). En el colonialismo la negación que acaba de citarse
solo necesitaba como argumento el color de la piel, hoy se
manifiesta de maneras más sutiles pero no por eso menos
racistas. Los conocimientos subalternos no se rechazan
ahora bajo la premisa de la raza, se rechazan ahora bajo la
premisa del saber científico, saber supuestamente objetivo,
neutral, y deslocalizado”.95 , que señala un paradigma
eurocéntrico en el seno mismo de las Ciencias Sociales,
siendo Aníbal Quijano el intelectual que fervorosamente
hubo de señalar tal manera de hacer ciencia.

13.2 La mirada de la colonialidad en los balnearios costeros

La intención del texto es mostrar, señalar y dar a conocer lo


que sucede al interior de las sociedades costeras, espacios
carentes de reflexión propia, donde el saber y el conoci-
miento localizado brilla por su ausencia, de haberlo, posea
una matiz geográfica por la presencia de algún represen-

95  Baquero Ángel, Calcedo Ortiz Julian, Rico Noguera Juan, CO-
LONIALIDAD DEL SABER Y CIENCIAS SOCIALES: UNA METODO-
LOGÍA PARA APREHENDER LOS IMAGINARIOS COLONIZADOS,
en Pág. Web: http://www.scielo.org.co/pdf/anpol/v28n85/v28n85a04.
pdf. (en línea)

165
tante de las Ciencias Sociales preocupados por la erosión
y el ataque que recibe el medio ambiente por el proceso
constructor en las playas y el aplanamiento de dunas. Es
interesante señalar que por lo general en cada cabecera de
los partidos costeros cuentan con Institutos Terciarios des-
tinados a la titulación de carrera terciarias y contando con
una plantilla de profesionales de Ciencias Sociales, estas
instituciones posean nulas intenciones a la investigación lo-
cal y regional y a ello le agregamos a las dos universidades
privadas, la Universidad Atlántida Argentina en Mar de Ajo
y a la reciente sede de la UADE en Pinamar.
Pero la colonialidad del saber en la costa queda inscripta
con la aplicación del desarrollo sujeta a la cuantificación, el
orden y el progreso del siglo XIX persistiendo en el trasfon-
do de las mentalidades de fundadores y pioneros, los que
organizaron y disciplinaron con consignas propias de un
paternalismo al que algunos de ellos ejercieron como parte
de ese paradigma dual entre civilización/barbarie.
También, más presente que nunca en la señalada creación
cultural donde le cabe un apartado especial al ámbito litera-
rio mitificando a pioneros y fundadores como visionarios,
creadores de nuevas sociedades y victoriosos prometeicos
del folclor local, y con una poesía ensalzadora de la geo-
grafía marina invisibilizando todo hecho político y epocal.
Con la creación de casas de la cultura, museos y espacios
a pioneros, continúe el cuadro pero no se lo complete si no
mencionamos esos lugares en donde se sigue enseñando a

166
Sarmiento como el primer maestro, y a colectivos con Pe-
rón como el primer trabajador y continuando con el gozo de
la mano de Dios.
La colonialidad del poder o componente netamente racista
esté presente en las figuras fundacionales de estos lugares
de carácter europeo, blanco y por supuesto burgués, opuesto
a ello es el peón, changador o mano de obra en quehaceres
de campo, población autóctona, prontamente se reconverti-
ría a la construcción, pero lo sustancial es que unos mandan
y otros obedecen y eso nos muestre la relación de dominio
y de subordinación, patrón, jefe y dueño/ trabajador, peón
y changa.
Sin lugar a dudas que las formas de ocupación del espa-
cio marino fue desde el eje de la futura renta a lograr y
proceso de la cuantificación en marcha plasmada en el más
casa, más paradores, más hoteles, más visitantes, más éxito,
más ganancias, luces, peatonales, miradores, monumentos
y temporada, dejen por el momento su lado oscuro, la esta-
cionalidad o de eso no se habla.
Es tan notable y fuerte el poder de la renta que crece a la
vera de su producto dilecto, el balneario, un pueblo al que
devendrá posteriormente en sociedad, así, la dualidad de
ricos y pobres, apellidos notables versus apellidos ignotos,
los que determinan y los que siguen se hace visible, ese
poder determina dos momentos distintos en los pueblos
costeros y que no son el verano e invierno, sino temporada
y estacionalidad, momentos que tocan de forma distinta se-

167
gún del lado donde cada uno se para.
La colonialidad del poder hubo de gestar el balneario e in-
directamente a su sociedad, posiblemente ésta fue un efecto
secundario no querida ni deseada, pues lo que el balneario
necesitaba era mano de obra a su servicio algo sumiso y no
demandante de cosas ajena a su proyecto, pues la inversión
siempre fue hacia los servicios.
La colonialidad del poder sujeta a ese condición de domi-
nio, exprime y explota, las migraciones a finales de los 60 y
principios de los 70, aportando mano de obra a la construc-
ción, prontamente apliquen el yugo a sus propios conna-
cionales, entablando una competencia con la mano de obra
local y a la que finalmente vencerán.
Pero sin lugar a dudas que lo dicho nos deje a mano el es-
cenario de la colonialidad del ser, en las zonas costeras
notarlo con los extranjeros blancos, europeos y población
autóctona, después, con las migraciones de los países li-
mítrofes, posteriormente con la población asistiendo de las
provincias y por último, con migraciones del conurbano bo-
naerense. La ontología dependiendo del fenotipo propicio
que el blanco, fuere portador de ciertos valores y forma de
ser, mientras que el otro, no solo es un fenotipo distinto
sino que su valor central es la de ser un subalterno, el ser,
dependiendo de la raza y de la posición de poder, sea un ser
que domina o por el contrario, es un ser que obedece, en la
época colonial era blanco, indio y negro y ahora en la colo-
nialidad con los nyc y los mesnyc, el pionero y el nuevo, la

168
primera generación y los asentamientos del nuevo siglo en
la costa, la ontología no es indiferente al poder porque ésta
la determina.
Para finalizar “....se puede notar en los pueblos costeros
ante ciertas fiestas de comunidades extranjeras, en espe-
cial, las que tienen que ver con las zonas andinas de las co-
lectividades peruanas y bolivianas, se refieren a ellas como
“las fiestas de los bolitas” como término de un folclore
ajeno al local que nada tiene que ver con la idiosincrasia
lugareña”.96
El proyecto M/C por sobre todas las cosas con su reflexión
busque tematizar y así, desnaturalizar a lo contingente na-
turalizado, y que no permite ver que se trata de estructuras
paradigmáticas ejercidas como colonialidad en esa inven-
ción llamada balneario, como lo hubo de sufrir América en
la colonia.

96  Oviedo Juan, Racismo, Sector Informativo, en Pág. Web: http://


www.sectorinformativo.com/opinion/columnistas/106-racismo/. (en
línea)

169
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72- Oviedo Juan, Racismo, Sector Informativo, en Pág. Web: http://
www.sectorinformativo.com/opinion/columnistas/106-racismo/. (en
línea)

170
CONCLUSIÓN

La analogía realizada tuvo la finalidad de mostrar que se-


guimos inmersos en un colonialismo, primero, por la inven-
ción que estas zonas sufrieron como lo fue América y tanto
en aquel conquistador o este fundador, los hechos fueron los
mismos, la dominación y la explotación como presencias
vigentes en el continente, en los países y en las localidades.
El panorama costero en invierno muestra una cara oculta
pues una suerte de antítesis emerge contrastando con la pu-
blicidad oficial del balneario, sería la llamada oscuridad de
la colonización, donde los paraísos terrenales o la condición
dionisíaca de los mismos sólo duran pocas semanas y no
están abiertos a todos sino a aquellos que pueden pagarlos,
mientras, el resto será mano cautiva del paraíso.
Como narración fundante, las historias oficiales de fun-
dadores y pioneros versan acerca de la capacidad heroica,
visionaria, humanista, dadivosa y su condición protectora,
pero estamos frente a un relato que soslaya la otra parte de
un estilo de negocio distinto y novedoso, donde se supo uti-
lizar los recursos ambientales y usufructuar en beneficio de
aquellos que dispusieron del capital para invertir.
Paradojalmente al desierto dunícula costero se le creará una
estructura de hormigón y generar otro tipo de desierto: hu-
mano y existencial.
Tales prerrogativas atenten contra lo más propio de todo
desarrollo sustentable, las generaciones futuras quedarán

171
notablemente comprometidas ante la razón de ser de cada
balneario: la temporada, un espacio de tiempo cada vez me-
nor donde todo queda subordinado a ella, así, el periodo
invernal con su propia crudeza y no nos referimos a la cli-
mática sino al social, surge en toda su calamidad.
Negocios cerrados y vacíos, gente buscando changas, más
gente del conurbano bonaerense instalándose, mayor asis-
tencialismo, recesión generadora de mayor cuota de preca-
rización, creación de nuevos asentamiento, partidos políti-
cos ejerciendo el clientelismo, depredación ambiental, esta
ser la crudeza invernal de la colonia.
Apatía, suicidios, enfermedades de la pobreza, embarazos
precoces, violencia y desintegración familiar, napas con-
taminadas y espacios infectados ante basureros abiertos al
aire libre complementen el cuadro, y aquí, no estar seguros
de la pertinencia de aclarar la pregunta, porque para usted,
¿cuál cree que sea la verdadera cara de los espacios con-
teros?, ¿la del balneario que postula la publicidad o la del
texto?...

FIN

172
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65-Oviedo Juan, Quizás la fiesta no sea fiesta, nota aparecida en el se-
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66- Roig, Arturo Andrés, Teoría y crítica del pensamiento
Latinoamericano, Edición a cargo de Marisa Muñoz, con la colabora-
ción de Pablo E. Boggia, Enero 2004.
67- Oviedo Juan, Gesell y la experiencia del filosofar. Ed. Autor, Villa
Gesell, 2005.
68-http://www.monografias.com/trabajos87/america-latina-si-
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69- Grupo modernidad/colonialidad, en Pág. Web: ttps://es.wikipedia.
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71- Baquero Ángel, Calcedo Ortiz Julian, Rico Noguera Juan,
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178
METODOLOGÍA PARA APREHENDER LOS IMAGINARIOS
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72- Oviedo Juan, Racismo, Sector Informativo, en Pág. Web: http://
www.sectorinformativo.com/opinion/columnistas/106-racismo/ (en
línea)

179
Índice

Prólogo  Pág. 7
Introducción  Pág. 13

Cap. I
1.1  La invención  Pág. 25
1.2  El ente y su ser  Pág. 27

Cap. II
2.1  La nueva articulación  Pág. 36
2.2   Economía y estratificación  Pág. 40

Cap. III
3.1  Literatura vieja y nueva  Pág. 48
3.2  Mirar distinto  Pág. 55

Cap. IV
4.1  El desierto crece  Pág. 62
4.2  La creencia al servicio del ente  Pág. 65

Cap. V
5.1  El choque de dos mundos  Pág.73
5.2  El nosotros costero  Pág. 77

Cap. VI
6.1  Nuestros hermanos latinoamericanos  Pág. 85
6.2  Nuestra hermanas localidades costeras  Pág. 90

180
Cap. VII
7.1  Cultura  Pág. 95
7.2  Imitación sin creación  Pág. 100

Cap. VIII
8.1  Los conquistadores  Pág. 105
8.2  La moderna conquista  Pág. 107

Cap. IX
9.1  El mestizo (mesnyc) que no es criollo (nyc  Pág. 115
9.2  El nyc  Pág. 117

Cap. X
10.1  El otro  Pág. 123
10.2   La apariencia de ser  Pág. 126

Cap. XI
11.1  La colonia tras el balneario  Pág. 133
11.2 Ocultación  Pág. 135
11.3  Ironías  Pág. 139

Cap. XII
12.1  Filosofía latinoamericana  Pág. 145
12. 2  Conciencia y autoconciencia  Pág. 147
12.3  La alondra  Pág. 153

Cap. XIII
13.1  Colonialidad y no eurocentrismo  Pág. 159
13.2  La mirada de la colonialidad en los balnearios costeros  Pág. 165

Conclusión  Pág. 173

181
Las NUEVAS CONQUISTAS en AMÉRICA
La metáfora puede ocultar o puede sugerir, su
plástica permite trascender lo meramente
escrito o dicho y significar otra cosa, analogi-
zar la conquista de América con las zonas
costeras es una metáfora apelada, para dar a
entender los grados de crudeza que la
desigualdad social, la explotación y el negocio
pueden generar.
América se la inventó, a las zonas improducti-
vas de la costa también, en unos fueron
conquistadores en la otra los fundadores, en unos fueron soldados en otro
los pioneros, el rapiñaje del oro y la destrucción del originario, al rapiñaje
del medio y la explotación del residente costero van de la misma mano.
Así, un nuevo estilo urbano nace en la costa, los balnearios, entre una
urbanidad y una ruralidad, pues sus construcciones si o si serán parte del
mercado inmobiliario para contener a miles y miles de turista, mientras,
que lo rural dirá presente por los primeros pobladores de la mano de obra
del medio rural, con un ejercicio económico estacional ante el ejercer de la
única actividad económica: el turismo.
Lo estacional divida a los pueblos costeros en dos realidades opuestas, la
del verano y la del invierno, un pueblo habitado, con trabajo y servicios a
pleno, y un pueblo recesivo después de esa temporada sufriendo ese efecto:
poca mano de obra ocupada todo el año, precarización, barrios periféricos
sin servicios, violencia, inseguridad etc.
El balneario será un producto y por ello un ente al que no se podrá transfor-
mar en otra cosa y allende a él, con su sociedad creciendo a su vera, por ello
lo insustentable y lo insostenible de todo futuro en común sea un hecho
palpable y concreto en la América bonaerense.
Por ello la metáfora busca señalar de otra forma para despertar la compren-
sión porque si no comprendes, naturalizas y no adquieres un tipo de
conciencia diferente, pues aprender nos lleva a actuar diferente que siendo
ignorante y se trate de eso, no de un decir, ni justificar nada sino de un
actuar, entre uno, dos o miles, se trate de eso, un actuar y dado el estado de
cosas en estos lugares, un actuar que implique un revolucionar, un cambio
radical donde el producto que es el balneario, se halle al servicio de sus
habitantes y no como ahora, que es al revés.