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Paulo González

Resumen Hume cap 4 y 5

Dudas escépticas acerca de las operaciones del entendimiento

De acuerdo a Hume existen dos divisiones esenciales en el estudio de los objetos


respecto de la razón humana; las cuales llama “relaciones de ideas” y “cuestiones de
hecho”. Los primeros refieren a las relaciones lógicas que se establecen entre objetos
propios de la mente, los que funcionan independientemente de cualquier experiencia.
Los ejemplos principales de este tipo de conocimiento son leyes matemáticas y leyes de
las ciencias naturales; como la aritmética, la geometría, etc. En cambio, las cuestiones
de hecho, no pueden ser concebidas por la mera operación de la mente, por tanto
requieren de un hecho empírico. Aunque el autor no lo establece de esa manera, pues su
principal argumento y diferenciación entre ambas es que las cuestiones de hecho nunca
implican contradicción, por ejemplo: la proposición “el sol no saldrá mañana” no es la
contradictoria de “el sol saldrá mañana”, ya que ninguna implica la imposibilidad de la
otra. Además, Hume indica a partir de esta diferencia que es de suma importancia
examinar las cuestiones de hecho, y su valor respecto del conocimiento y de la filosofía
en general, puesto que tanto para los antiguos y modernos, no ha sido un tema estudiado
con la rigurosidad que requiere, lo que eventualmente puede llevarnos a graves errores y
defectos en el conocimiento acerca de la realidad.

Respecto al defecto y al error del conocimiento; se funda principalmente en el concepto


de causalidad, es decir causa y efecto, ya que todo nuestro conocimiento acerca de
“cuestiones de hecho” viene de él. Así pues, hechos como “un hombre encuentra un
reloj en una isla, por lo tanto debe haber habido humanos en esa isla”, indican la
existencia de una relación entre un efecto y su origen o causa. En este caso, que haya
habido un/os humano/s en esa isla y que de alguna manera hayan dejado un reloj. En
virtud de este tipo de razonamientos, dice Hume, debemos preguntarnos ¿Cómo
llegamos al conocimiento de la causa y el efecto?

La tesis de Hume es que: “el conocimiento de esta relación en ningún caso se alcanza
por razonamientos a priori, sino que surge enteramente de la experiencia, cuando
encontramos que objetos cualesquiera están constantemente unidos entre sí”
En lo que sigue, el autor explica que es imposible conocer los efectos y causas de
objetos enteramente desconocidos, aun cuando tuviésemos el conocimiento empírico de
sus cualidades, nos es imposible inferir sus causas y efectos.

En relación a la anterior imposibilidad, propone varios modelos explicativos; el primero


respecto de la filosofía de la naturaleza, luego acerca de objetos compuestos por
mecanismos complejos, finalmente respecto de objetos simples. En el primer caso, nos
indica que los fenómenos naturales que tienen poca semejanza son imposibles de
predecir sin un conocimiento previo; en el caso de los mecanismos, fácilmente podemos
concluir que sin la experiencia no podríamos determinar qué efectos se siguen de ellos;
y, finalmente respecto de los objetos simples, los cuales podríamos usar como
argumento para defender la tesis “es posible el conocimiento de la causalidad a priori”,
ya que podríamos imaginar los sucesos más simples, como una bola de billar que mueve
a otra al golpearla, nos indica que siempre va ocurrir y no tendríamos reparo en afirmar
que tenemos el conocimiento a priori del efecto y su causa. Sin embargo, estas
relaciones son totalmente arbitrarias y se fundan en el hábito, y que es el hábito sino la
experiencia repetitiva de sucesos, pero que no implican conocimiento alguno de efectos
ni de sus causas.

Ahora bien, el principal argumento de Hume en contra de fundamentar la causalidad en


el habito es que, “todo efecto es un suceso distinto de su causa”. En el ejemplo de la
bola de billar, puede ser que la trayectoria de la bola golpeada sea distinta en cada caso,
es decir, si fuésemos a realizar el ejercicio de golpear una bola de billar con otra, para
luego ver que trayectoria va a describir; y, si hacemos eso cien veces, podría ocurrir que
esas cien veces se produzcan efectos distintos, o podría ser que esas cien veces sean el
mismo efecto, o en otras proporciones de infinitas posibilidades. Por tanto, no tenemos
ninguna certeza fáctica para predecir a priori los efectos de ningún suceso particular de
la experiencia, lo cual concluye claramente que la tesis “todo efecto es un suceso
distinto de su causa” debe ser verdadera.

En la segunda parte de este capítulo, Hume se cuestiona los fundamentos de los


elementos antes descritos; la causalidad y la experiencia. Siendo la experiencia el
fundamento de la causalidad y esta ultima fundamento para el conocimiento acerca de
las cuestiones de hecho.
Por tanto, continúa examinando cómo es posible determinar la relación, o más bien, el
valor de verdad en nuestras proposiciones en base a la experiencia. Nos propone que los
objetos naturales poseen ciertas cualidades, de aquellas, como ya se ha establecido
previamente, no es posible determinar en virtud de sus efectos sus causas, puesto que
son distintos y no funciona en ellos el principio de no contradicción. A estas cualidades
las llama “poderes ocultos”, por ejemplo en los alimentos como el pan (la nutrición). De
acuerdo con esto, atribuimos ciertas cualidades similares a objetos similares, y, si se nos
presentara un objeto con una apariencia y consistencia similar a un alimento, no
dudaríamos en experimentarlo, y que luego, de dicha experimentación se sigan “poderes
ocultos” esperables dada la similitud de los objetos. Sin embargo, en todo momento fue
expresa la necesidad de la experiencia, que a su vez fue fundamentada a partir de la
causalidad, en tanto que ciertos efectos se siguieron de ciertas causas, las cuales, como
hemos dicho en el ejemplo, pertenecen a objetos similares. Por lo tanto, podemos
resumir la conclusión del argumento como: los objetos de la experiencia pertenecen a
las cuestiones de hecho, estas se obtienen mediante la relación de causa y efecto, a su
vez, la causa y efecto se funda en la experiencia, la cual nos otorga el conocimiento
probable de efectos que se siguen de causas de objetos similares en una relación
temporal; lo que experimentamos en el pasado debe repetirse en el futuro, es decir, el
habito.

Otro de los cuestionamientos que hace respecto del conocimiento causal acerca de
cuestiones de hecho, es que hay quienes afirman que es posible representar el proceso
mediante un razonamiento, por tanto debe existir un término medio en la
argumentación, el cual sirva de conexión para la causa y el efecto. Sin embargo, como
ya se ha explicado extensamente, no existe tal conexión, puesto que si existiera,
entonces todos las causas tendrían siempre el mismo efecto, y no podría darse el caso de
que comer un pan me haga bien en algunos casos y en otros me caiga mal, lo cual si
ocurre, a pesar de que las características descritas apuntan a dos objetos distintos, pero
de un mismo género.
Solución escéptica de Hume:

En el siguiente capítulo, Hume, expone lo que a su juicio es la filosofía de los


académicos o escépticos. Respecto de la cual hay dos tipos; la primera consiste en una
suerte de estoicismo egoísta, la segunda consiste en la filosofía de “la academia”, la cual
es vista como “profana e irreligiosa”. Sin embargo, lo es puesto que examina lo que
atañe a la vida común, y pareciera que los dogmaticos no concuerdan con esa actitud.

En lo que sigue, el autor continua ejemplificando y explicando por qué el conocimiento


viene de la experiencia, y porque no es posible determinarlo a priori. Junto con ello,
postula que existe un principio propio del ser humano, el cual lo lleva a actuar o a
pensar que efectivamente existe una conexión entre la causa y el efecto, esto es, el
término medio del argumento, y que dicho término medio se funda en el hábito.

Así pues, define el hábito como la disposición natural de la mente humana por hallar
conexiones entre sucesos pasados y presentes o futuros. Por ejemplo, si se pusiera un
hombre nuevo sobre la tierra, es decir, que no tiene conocimiento de nada, jamás podría
determinar la sucesión de causas, a menos que, a partir de la experiencia constante de
relaciones de objetos y sucesiones logre captarlas. En consecuencia, todas las cuestiones
de hecho y realidades objetivas, dependen de que esté almacenada en nuestra memoria
la relación entre objetos, además, dicha relación se da por la experiencia.

En lo que sigue, distingue entre la imaginación y la creencia. La primera se puede


utilizar a voluntad, pues podemos imaginar toda suerte de creaturas fantásticas; en
cambio, la creencia es un sentimiento del cual no tenemos control y está presente en
nuestra naturaleza. No está en nosotros la voluntad de creer o no que el fuego me quema
o que el frio me congela, sabemos, en base a la experiencia y al habito que esos son sus
efectos. Pero sí podemos imaginar en un sueño, que controlamos el fuego o que estamos
en llamas sin morir o sentir dolor; así como imaginar que estamos en el polo sur sin
sentir frio.

Además, la creencia posee un estatuto mayor que la imaginación respecto de las


representaciones de la realidad, ya que también se funda en la causalidad. Como se ha
expresado anteriormente, la causalidad es un elemento importante respecto del
conocimiento acerca de las “cuestiones de hecho”. Ahora bien, la operación de la mente
por la cual obtenemos la creencia de las “cuestiones de hecho”, puede ser reducida a tres
principios fundamentales: semejanza, contigüidad y causalidad. La semejanza, ya se
explicado que corresponde a la relación que hacemos en función de objetos con
“poderes ocultos”; la contigüidad refiere al ámbito temporal y la relación de objetos con
sus ideas y la causalidad de la causa y efecto.

Finalmente concluye el capitulo diciendo, que la importancia de la experiencia respecto


del habito y la costumbre es una cuestión que ha servido a la supervivencia de la especie
y que ese es su propósito.

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