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Himno a la Materia

Teilhard de Chardin (1919).

“Bendita seas, tosca Materia, barro estéril, duro peñasco; tú que no cedes
sino a la violencia y nos fuerzas a trabajar si queremos comer.

Bendita seas, peligrosa Materia, mar violenta, pasión indómita, que nos
devora si no la encadenamos.

Bendita seas, poderosa Materia, Evolución irresistible, Realidad siempre


naciente que, al hacer estallar en todo momento nuestros límites, nos obligas a ir
cada vez más lejos en la persecución de la Verdad.

Sin ti, Materia, sin tus ataques, sin tus desgarramientos, viviríamos inertes,
estancados, pueriles, ignorantes de nosotros mismos y de Dios. A ti que hieres y
que curas, a ti que resistes y te sometes, a ti que destruyes y que construyes, a ti
que encadenas y que liberas. Savia de nuestras almas, Mano de Dios, Carne de
Cristo, yo te bendigo.

Bendita seas, impenetrable Materia que, extendida por doquier entre


nuestras almas y el Mundo de las Esencias, nos haces languidecer de deseo de
traspasar el velo inconsútil de los fenómenos.

Bendita seas, mortal Materia que, disociándote un día de nosotros, nos


introducirás por fuerza en el corazón mismo de lo que es…

Salve, inagotable capacidad de ser y de Transformación en la que germina


y crece la Sustancia elegida.

Salve, potencia universal de acercamiento y unión mediante la cual se


religa la multitud de mónadas y en quien todas convergen por el camino del
Espíritu.

Salve, suma armoniosa de las almas, límpido cristal del que surge la nueva
Jerusalén.

Salve, Medio Divino cargado de potencia creadora, Océano agitado por el


Espíritu, Arcilla modelada y animada por el Verbo encarnado..”

¿Qué me dice el Himno a propósito de mi relación con lo material y


espiritual?