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El Club de las Excomulgadas

Agradecimientos

Al Staff Excomulgado: Mdf30y por la


Traducción, Alie por la Corrección de la
Traducción, Kaia-Red por la Corrección, Laavic
por la Diagramación y Bellecar por la Lectura
Final de este Libro para El Club De Las
Excomulgadas…

A las Chicas del Club de Las Excomulgadas, que

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nos acompañaron en cada capítulo, y a Nuestras
Lectoras que nos acompañaron y nos acompañan
siempre. A Todas….

¡¡¡Gracias!!!

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El Club de las Excomulgadas

Argumento
Una historia corta erótica. Contiene una escena pecaminosamente perversa con
múltiples compañeros.

Sólo trabajo y nada de juego, hacen que una chica se ponga de mal humor. Todos
nos vemos envueltos en la interminable rutina, trabajando duro y a veces
descuidando nuestras necesidades, pero atrasada desde hace mucho tiempo en
obtener algunos placeres de la carne, Tabitha sale a la calle para solucionarlo. Por
una sola noche deja de lado sus inhibiciones y se entrega a su satisfacción
inmediata. Con perverso abandono, da rienda suelta a su necesitada mujer interior
porque, a veces, tú sólo quieres follar.

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El Club de las Excomulgadas

A Veces Sólo Quieres F*Llar

A veces la vida llega a ser tan agitada que se me olvida relajarme y disfrutar de ella.
Me pararía a oler las rosas, pero parece que hay un cobrador detrás de cada
arbusto. Me tomé mi tiempo y algo más, pero parece que nunca salgo adelante.
Tener que trabajar y ningún tiempo para jugar me pone de mal humor, y no tengo
tiempo para relaciones.

Un neumático pinchado de camino a mi trabajo fue sólo el principio: mi jefe me


había reñido por algo en lo cual yo no estaba ni implicada, perdí a uno de mis
mejores clientes y mi equipo favorito fue eliminado de los playoffs.

Cuando llegué a casa me hice un tazón de fideos. Mientras comía en silencio, la

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depresión y la soledad me golpeó. Decidí que necesitaba ser follada. Necesitaba
sentir a alguien contra mí y sentirlo dentro de mí. Empujando en mí, llenándome y
estirando mi coño. Dios, había pasado demasiado tiempo. Basta, ya.

Todos sentimos que necesitamos echar un polvo para desahogarnos. No soy una
puta, pero lo puedo ser cuando lo necesito. Como todos los demás, tengo un límite
y cuando lo golpeo, tengo que conseguir algo. Éste era uno de esos momentos.

Me fui a mi armario y escogí una pequeña minifalda, luego la emparejé con un top
de satén con tirantes finos. Añadiendo un par de medias transparentes hizo el
conjunto perfecto. Si las líneas de mi cara no eran suficiente señal, sólo un tonto no
vería mi conjunto como una desesperada súplica por una polla.

Sólo si añadiera un cartel alrededor de mi cuello que dijera “jódeme” no podría ser
más evidente, pero habría sido excesivo.

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El Club de las Excomulgadas
Coloqué mi pelo en rizos sueltos, y me maquille como una mujer de la noche.
Quedaba bien cuando me tomaba algo de tiempo, así que lo hice. Incluso añadí
brillo. Algún hijo de puta afortunado estaba a punto de conseguir un paseo salvaje.

Una última mirada en el espejo me dijo que era una putita deliciosa y no pude
evitar sonreír. Debería haberme molestado lo mucho que necesitaba una polla, pero
lo primero era lo primero. Me iba a follar contra viento y marea. Después de eso,
podría contemplar la moralidad de mis actos.

Sin perder otro segundo, agarré mi bolso y salí. Por capricho, fui conduciendo al
centro de la ciudad hasta un cartel de neón parpadeante que me llamó la atención.
Había gente haciendo cola alrededor de la manzana esperando a entrar, así que
pensé que sería un punto caliente. Perfecto.

Afortunadamente, el club tenía una política no escrita de colar a mujeres jóvenes

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con minifalda, en lugar de hacerlas esperar en la cola. Un punto para mí, ya que
estuve agradecida por mi urgencia y había olvidado que estaba un poco fuera de
lugar.

El lugar ardía. La música retumbaba como atacada por un tambor, mientras los
cuerpos vibraban y se movían unos contra otros en un borrón de carne en la
interminable pista de baile. Estaba, de pared a pared, con gente queriendo lo mismo
que yo.

Rechacé tres ofertas diferentes antes de que pudiera deslizarme hasta la barra y
pedir un Cosmopolitan. Necesitaba un poco de coraje líquido primero y luego
decidiría lo baja que me sentiría esta noche, al establecerme en la barra.

No soy muy melindrosa. Mientras sea limpio, su aspecto no importa mucho. Los
caballeros son mis favoritos, pero esta noche sólo quería ligar con algún chico
malo. El lugar estaba lleno de ellos. Parecía una niña en una confitería con un
crujiente billete de cien dólares.

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El Club de las Excomulgadas

Cada asiento del lugar estaba ocupado, así que me apoyé en una columna cerca de
la pista de baile principal. La música Techno seguía sonando y no podría decir
cuando terminaba una canción y comenzaba otra. Eso no importaba, el ritmo
palpitante era perfecto para mis necesidades.

Otros tres más vinieron a impresionarme, recibiendo mi rechazo abiertamente


cuando noté a un tipo que me miraba. Estaba sentado en uno de las reservados
situados en la pared más alejada y las luces intermitentes me hacían
condenadamente imposible ver cómo era, pero estaba tan caliente en ese momento,
que decidí que sería él.

Me bajé y comencé a tejer mi camino a través de la muchedumbre ondulante y me


detuve delante de su mesa.

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Agradablemente aliviada de que fuera guapo, sus ojos me miraron de arriba a abajo
como un leopardo que observa su presa. Le dirigí una sonrisa y me metí en el
reservado, a su lado.

Tenía el pelo oscuro y largo, una barba prolijamente arreglada y unos sexis labios
carnosos. No podía adivinar su nacionalidad, pero definitivamente tenía una parte
negra. Con las luces intermitentes, no podría decir de qué color era, tampoco; con
la alternancia de luces azules, rojas y verdes, todo lo que podía determinar, es que
era unos tonos más oscuro que yo.

— ¿Qué hace una joven dulce…?

—Cierra la boca —Le corté. No quería que lo arruinara con una frase de ligue
estúpida.

Él arqueó una ceja y me dio una mirada de “qué coño”, pero simplemente me
acerqué más. La pequeña mesa redonda en el centro del reservado era perfecta.

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El Club de las Excomulgadas
Estaba tan necesitada, que le deseaba allí mismo. ¿Podría? ¿Me atrevería?
Lanzando la precaución al viento, me encontré con su mirada con una sonrisa
felina.

—No hables, sólo fóllame.

—Oye, eso funciona para mí nena…

—Cállate.

—Está bien. Yo soy…

—Cállate. No quiero saber tu nombre. Quiero tu polla, nada más —Grité sobre la
música.

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Un nombre para ir con su cara lo haría personal. Esto era una necesidad animal
primaria, no un preludio para algo más significativo.

Moví mi mano a la bragueta de sus pantalones y encontré su pene bajo la tela


resbaladiza. Se puso duro casi al instante cuando lo acaricié. Mis ojos reflejaron mis
deseos cuando lo miré fijamente.

—Sólo fóllame, aquí. Ahora.

Me incliné hacia él, y tomó mis labios con los suyos. Probablemente estaba
completamente confundido por no tener que trabajar ni siquiera para conseguirlo.
No tenía que pagarme una copa o tratar de impresionarme con su cartera, coche o
trabajo. No me importaban. Yo no le había escogido por su capacidad para resolver
un rompecabezas. El dilema con el cual yo me había presentado era bastante
simple: jode a la chica o no jodas a la chica.

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El Club de las Excomulgadas
Su mano se deslizó a mi parte superior y aplastó mi teta, amasando, y ronroneé.
Adoraba un hombre que toma la iniciativa. Me deslicé a través de sus piernas y me
senté a horcajadas sobre sus fuertes muslos.

Trabajó mi pecho bajando mi top y sorbió mi duro pezón en su húmeda boca


caliente. Me encantó. La tela de seda tiraba firme a través de mi teta,
manteniéndola en su lugar para él, como una ofrenda.

No podía creer que estuviera haciendo esto. El reservado estaba en la oscuridad,


detrás de la barra, pero había gente por todas partes. Mi coño estaba tan mojado
por la ansiedad que no me importaba que los demás pudieran mirarme follar a este
extraño.

Cuatro broches más tarde, tuve la bragueta de sus ajustados vaqueros abiertos, y su
gruesa y dura erección en mi mano, cuando deslicé su bóxer hacia abajo.

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Él estaba caliente, ardiendo, y no perdió el tiempo. Quién sabe cuánto tiempo
podría llevarle a alguien del personal fijarse en nosotros. El que pudiéramos ser
expulsados, o peor, detenidos, eso sólo aumentaba mi excitación.

Agarré mi bolso y saqué un preservativo. Con una mano envuelta alrededor de su


palpitante erección, acaricié completamente su longitud mientras mordía la esquina
de la envoltura. Escupí el plástico y tiré de la goma de color rosa neón, buscando
un margen de maniobra. Batiendo el record de velocidad terrestre para poner un
método anticonceptivo, lo hice rodar sobre su polla.

Lanzando la última precaución al viento y sin dedicarle un segundo pensamiento,


lo monté. Justo ahí, en ese momento. Había una razón por la que yo no me había
puesto bragas. No tenía ninguna necesidad de ellas esta noche.

—Mierda santa —Gritó. Bajándome, él extendió mi resbaladizo coño alrededor de


su grosor y lo besé, maullando en su boca. Nuestras lenguas se mecieron la una en

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la otra mientras me enfundaba en él con fuerza, tomando toda su polla en mí. El
placer generado encendió más deseo y venció cualquier remanente de inhibición.

Era exactamente lo que necesitaba. Sólo sentirle dentro de mí era fantástico, pero
traía una nueva necesidad: un orgasmo. Balanceé mis caderas hacia atrás y hacia
adelante, moliéndome contra él. El agarró mi culo, con los dedos apretándolo
fuerte como si de ello dependiera su vida. Me reí tontamente en su boca. Era del
tipo mono y supongo que estaba siendo agresiva esta noche.

—Fóllame —Refunfuñé. Él comenzó a empujar hacia arriba, aporreándome


mientras le montaba. Arriba y abajo, seguí jodiendo su pene revestido de látex.
Cada vez que él enterraba su maravillosa polla, chispas de felicidad erótica se
disparaban a través de mí.

Se sentía tan bien… y me di cuenta que lo había necesitado más de lo que pensaba.

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Frenéticamente, él subió mi falda y agarró mi culo otra vez, apretando mis firmes
nalgas mientras deslizaba su polla dentro y fuera de mí. Sus dientes apretaron mi
pezón y sentí una ondulación surgiendo de su polla y en mí. Sus ojos bizquearon y
luego el murmuró maldiciones incoherentes cuando se corrió demasiado pronto.

Maldita sea.

Mi coño estaba dolorido, necesitado, desesperado, pero él dejó de empujar y se


aferró a mí. Decepcionada, miré alrededor para ver a cinco tipos al borde de la
mesa, aplaudiendo mientras observaban. La música que sonaba era tan fuerte, que
no había oído nada. Ni me había dado cuenta que contaba con un auditorio, pero
ellos, con eficacia, protegieron mi desenfreno del resto del club.

Sonrojándome como una niña pillada con la mano en la lata de las galletas, les
sonreí. No sé lo que me poseyó, pero señalé al más cercano y luego curvé mi dedo,
llamándole por señas. Quería más y me importaba un bledo de quién viniera.

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El Club de las Excomulgadas
Me levanté del tipo que acababa de joder. Agarrando mi bolso, encontré otro
condón. Era el último, y se lo di al tipo nuevo. Girando, planté una rodilla en el
reservado circular acolchado y mi otro pie en la base de la mesa. Me arrodillé,
doblándome hacia adelante y enrollé mi mano alrededor de la polla que se
desinflaba del primer tipo.

Con un tirón, quité el preservativo y lo tomé en mi boca. Él gimió, y su polla


tembló y luego comenzó a hincharse de nuevo hasta su antigua gloria endurecida.
Chupé con fuerza, dirigiendo mi lengua de arriba abajo hasta que él estuvo
totalmente duro otra vez. El no lo merecía, pero yo no era la misma.

Yo era una jovencita loca maniática por una polla, y eso me satisfizo muy bien en
ese momento.

Detrás de mí, sentí unas manos en mi culo, y después mi coño fue invadido. Gemí

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profundamente, y lamí el semen del pene al que estaba haciendo una mamada. Me
dije que no era una puta, y era cierto. Pero esta noche era diferente. Lo que hubiera
asumido mis sentidos, realmente no me importaba.

Quería sexo y había conseguido que me llenaran.

Tenía el resto de mi vida para ser la patética adicta al trabajo en la que me había
convertido. Hoy era una muchacha de una sola noche. Esta noche, yo follaría hasta
volverme loca. Y si se necesitaba dos tipos para llegar a eso, que así fuera. Dos a la
vez, incluso.

Yo apenas podía oír al tipo detrás de mí, sus caderas abofeteando contra mi culo
mientras bombeaba su polla dentro y fuera de mi coño. Dios, se sentía tan bien.

Vigoricé mis brazos lo mejor que pude y seguí el mismo ritmo para poder succionar
al primer tipo al mismo tiempo. Nunca lo había hecho con dos tíos el mismo día.
Nunca lo había hecho con dos tíos a la vez. Esa noche estaba repleto de primicias.

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El Club de las Excomulgadas

Mi cuerpo estaba en llamas, los pulsos eróticos cosquilleaban en mis nervios por
todas partes, pero no podía relajarme. Aturdida por mí misma, y las travesuras en
las que también estaba sucumbiendo, era como un chorrito de agua fría que me
impedía correrme. Alcanzando abajo entre mis piernas, froté mi clítoris,
empujándolo, golpeando mis dedos abajo, tratando de llegar. La polla no era
suficiente y los tíos estaban muy contentos de conseguir algún coño como para
preocuparse por complacerme.

El tipo que me aporreaba por detrás se sacudió, arqueándose y supe que se había
corrido. Yo jadeaba con fuerza, el sudor goteaba por mis sienes, pero no estaba más
cerca del orgasmo de lo que lo estuve con el primer tipo.

Miré hacia atrás. Él salió de mí y volvía a su sitio entre los vítores de los que
seguían mirando el espectáculo. No tenía ningún sentido abstenerse de dejar que

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vieran el espectáculo de la desilusión en mi cara, así que lo hice. Le fruncí el ceño, y
luego miré a los otros cuatro chicos. No tenía condones, así que esperé que alguno
de ellos hubiera traído el suyo propio.

— ¿Tienes una goma? —Le grité al tipo más cercano, mi mano sin dejar de
acariciar al primer tío.

— ¿Qué? —Se inclinó más cerca. La atronadora música era demasiado fuerte.

Giré hacia atrás lo mejor que pude, hasta que llegue a él. Casi derribé su cabeza a
mi boca para poder gritarle en la oreja.

—Tú. La. Tienes. ¿Una goma? —Dejé su cabeza y saltó hacia atrás.

—No —Sus manos se levantaron a sus lados con las palmas hacia arriba a modo de
disculpas. No necesitaba disculpas; necesitaba a alguien que me diera un orgasmo.
¿Era mucho pedir?

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El Club de las Excomulgadas

—Entonces te lo pierdes —Le grité y cambié mi mirada al siguiente, que ya estaba


buscando en su cartera. Sacó un pequeño envoltorio turquesa. Tienes que adorar a
un hombre que viene preparado. Me pregunto si alguna vez consideró que sus
posibilidades de ser afortunado esta noche se basarían únicamente en el hecho de
tener un condón disponible. Le dediqué una sonrisa de ven aquí y prácticamente
corrió a mis brazos.

Sus labios fueron suaves sobre los míos. Era un muy buen besador. Un hombre que
sabía cómo usar su boca correctamente era menos común de lo que me gustaría
pensar y me dio una nueva idea. Dejando la primera polla, ya que ya no me servía.
Presioné mis tetas en el pecho del tercer hombre, mordisqueé su oreja, y luego
susurré.

—Come mi coño. Si haces que me corra, entonces podrás follar conmigo —¿En

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qué me había convertido? Me las arreglé para no reírme de mí misma.

Me incliné hacia atrás y examiné sus ojos buscando su respuesta. Asintió con la
cabeza y me deslicé sobre mi espalda. Inclinando una rodilla en el asiento
acolchado y la otra cruzando sobre la rodilla del primer tipo, me extendí amplia y
acaricié mi coño mojado por la anticipación.

Se arrodilló diligentemente y sus manos acariciaron el interior de mis muslos,


remontando mis piernas con confianza. Bajó su cabeza y fue derecho al negocio.
Ávidamente, sorbió ruidosamente mis pliegues resbaladizos en su boca impaciente,
chupándolos y sumergiendo su lengua para probarme. El placer reventó a través de
mí.

Me encanta cuando tengo razón. Era bueno con la boca y me agarré a su pelo
cuando me folló con su maravillosa lengua. Ondas entusiastas de éxtasis se
dispararon a través de mí en menos de dos minutos de estar aporreando mi coño
con todo lo que él tenía.

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El Club de las Excomulgadas

Mis caderas se estremecieron cuando una explosión profunda dentro de mí salió


hacia afuera. Grité, pero no se oyó en la cacofonía de ruidos estridentes que había
por todas partes en el club. Agarrando su pelo y hombros, me corrí con fuerza,
bombeando mi coño contra su dichosa boca dulce.

Fue increíble, lamiendo y succionando mi coño mientras me corría, ampliando el


delicioso placer por lo que pareció una eternidad. Despacio, las espinas del éxtasis
se desvanecieron, dejándome deliciosamente agotada.

Jadeando, apoyé un codo en el asiento y miré a mi amante.

Él se retiró y me enseñó el condón. Sonreí abiertamente y le di una cabezada. Sí, se


había ganado el derecho a follarme. Una promesa era una promesa,
definitivamente.

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Acaricié mi coño, que todavía latía por el éxtasis, y le lancé un guiño. Con
impaciencia me devolvió la sonrisa y le vi prácticamente arrancarse los vaqueros.

Hizo rodar el condón sobre su erección y noté que todavía tenía una muchedumbre
mirándome y parecía una pequeña sucia puta. Debería sentir vergüenza, pero no lo
hice. Se sentía correcto ser traviesa. Ser follada también se sentía bien, y tenía que
hacer más tiempo en mi vida para el sexo. ¿Por qué me privé?, nunca lo entenderé.
Así es la vida, supongo.

El Señor número tres tenía el condón puesto y se acercaba a su premio.


Empujándome para estar a través del cómodo banco, se colocó entre mis piernas. Si
era la mitad de bueno con su polla como lo era con su boca, yo estaba a punto de
tener un buen polvo.

Maullando como un gatito, con los escalofríos de placer erótico palpitando por mí,
metió su polla en mi coño mojado y resbaladizo. Había una sensación de saciedad

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El Club de las Excomulgadas
completa que venía de ser llenada con una polla. Cruzando mis piernas alrededor
de su trasero, las utilice para obligarlo a follarme más duro.

Respondió con entusiasmo, empujando con fuerza, profundamente y rápido. Tiré


de mi montículo, usándolo para levantar mí clítoris cuando él bombeaba su gruesa
erección dentro y fuera. Ahora estábamos llegando a alguna parte. Cosquillas de
éxtasis burbujeaban por mi cuerpo. Iba a correrme de nuevo.

Llovieron besos a través de mis tetas, y me di cuenta que el primer chico todavía
estaba allí, en busca de otra oportunidad. Enojada, le miré con los ojos
entrecerrados. Me sonrió. Se la devolví, y luego le rechacé con mi mano libre.
Había tenido su ocasión de follarme. Los que poseían ganaban, los llorones
perdían.

Me volví hacia el tercer tipo. Era un semental, bombeando su gruesa y dura polla

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dentro y fuera. Estiraba mi pequeña raja sensible con cada empuje, llenándome y
enviando arcos de placer delicioso a través de mí. El calor aumentó, la presión en
mi interior se construyó, y mi respiración era una amalgama de jadeos ahogados,
gemidos y gruñidos.

Un espasmo se movió en mi mismo centro, y luego todo mi ser comenzó a


estremecerse cuando un segundo orgasmo me atacó. Miré de nuevo al asombroso
hombre que aporreaba mi mojado coño. Sacudiendo los dedos hacia atrás y
adelante a través de mi clítoris en un frenesí, me empujó sobre el borde y me corrí
aún más duro esta vez.

Podía sentir como me contraía, apretando y ordeñando su polla sin control. Sus
brazos bajaron y sus caderas se movieron caóticamente. Su labio se movió tan lindo
cuando él me acompañó… Mis garras se clavaron en sus brazos hasta que mi
clímax poco a poco disminuyó.

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El Club de las Excomulgadas
Le sonreí mientras se mecía hacia atrás sobre sus piernas. Era bueno y quería que lo
supiera. En silencio, con una sonrisa y mirada de adoración, le di las gracias. La
multitud que nos bloqueaba en el reservado aplaudía y, acariciando mi coño
satisfecho, reí tontamente. Dios, podía ser una puta cuando la ocasión lo requería.

Todas las cosas buenas deben terminar y yo tenía mis razones. Los chicos se
quedaron mirándome esperanzados, con ojos de cachorro esperando tener la suerte
de follarme. Vine, vi y jodí, y ahora me iba a casa.

Enroscándome, me giré y me puse de pie. Me bajé la falda, moví mi top de nuevo


sobre mis pechos. Saciada como nunca antes, tomé mi bebida. El hielo se había
derretido hacía mucho tiempo, pero no me importaba. Bebiéndolo de un solo trago,
empujé a los chicos que rodeaban la reservado en mi camino y caminé a la barra.

Me prometí a mi misma que un día encontraría a un compañero que follara bien,

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porque se trataba de un acuerdo para toda la vida. Nunca haría algo como esto otra
vez… pero nunca me arrepentiré, tampoco.

Fin

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