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1.

“En 1965, Ricoeur (1913-2002) une a Marx, Nietzsche y Freud bajo un paraguas común: los
filósofos de la sospecha o los maestros de la sospecha. ¿Por qué? ¿Cuál es el origen de esa
denominación que crea Ricoeur? Analizando sus obras, Ricoeur encuentra que los tres ponen bajo la
lupa las deficiencias de la noción de sujeto, que había sido la base sobre la que se había elaborado la
filosofía moderna. Sospechan de los valores que las sociedades europeas han aceptado como válidos
provenientes de la Ilustración, el movimiento cultural e intelectual que se desarrolló en el siglo XVIII.
Sospechan de la libertad del hombre, que se ve limitada por el Estado, la religión u otros factores.
Sospechan que la sociedad occidental está sustentada sobre un error: la creencia ciega en la razón, en
el progreso y en la preeminencia de un sujeto libre de la subjetividad.”

“Freud (1844-1900) critica la falsa conciencia racional. Establece la relación entre ser humano y
razón y dice que la mayor parte de la psique humana es irracional y se basa en pulsiones inconscientes
que desconocemos pero que controlan y gobiernan nuestra vida y nuestra conducta. Para el padre del
psicoanálisis, las motivaciones humanas son irracionales y están causadas por el inconsciente. El ser
humano vive en lucha interior constante entre sus instintos, los impulsos destructores y su ambiente
cultural. Freud habla del Principio de placer y el Principio de realidad. El primero busca lo placentero
y huye de lo que no lo es, pero la realidad se impone socioculturalmente. Freud se refiere a las
pulsiones debidas a la represión del inconsciente, esto es, la parte de la mente de la que no tenemos
conciencia, pero que muestra signos de su presencia de diversas formas. Un inconsciente que domina
y rige los actos de la conciencia. La solución que propone: una vía de escape para defendernos, la
terapia psicoanalítica, que permitirá liberar nuestro inconsciente para que así podamos vivir en paz
con los demás.”

Los sujetos no hacen lo que quieren, hacen lo que pueden. La filosofía no da respuestas, la
filosofía es un modo de pensar que pone en cuestión nuestras verdades establecidas. Atreverse a
hacer filosofía es atreverse a pensar lo que antes no habías pensado.

2. El humanismo, movimiento cultural que marca el inicio de la Edad Moderna, así como el
Renacimiento, la Reforma, los grandes descubrimientos geográficos, la revolución copernicana y las
ideas ilustradas, transformaron de manera radical el concepto del hombre y su posición en el
universo. Se pasa de una visión teocéntrica (característica fundamental del período medieval) a una
visión antropocéntrica que tiene como centro de la especulación filosófica al hombre como ser
racional.

La razón se erige como la facultad fundamental del hombre. Las figuras más representativas de ese
momento histórico son: René Descartes, Jean Jacques Rosseuau e Inmanuel Kant.

Considerando que el hombre está en posesión de capacidades intelectuales potencialmente ilimitadas,


los humanistas consideraban la búsqueda del saber y el dominio de diversas disciplinas como
condición necesaria para el buen uso de estas facultades.

Entendido así, el humanismo trata de exponer y difundir con mayor claridad el patrimonio cultural. El
individuo, correctamente instruido, permanece libre y plenamente responsable de sus actos en la
creencia de su capacidad de elección.

Una extensa categoría de doctrinas filosóficas en torno a la ética afirman la dignidad y el valor de
todos los individuos, basándose en su capacidad para discernir lo bueno de lo malo, el bien y el mal,
haciendo únicamente uso de cualidades humanas universales, en particular la racionalidad.

La concepción del hombre como ser libre y racional y por tanto responsable de sus actos es el
principio del pensamiento liberal que sirve para argumentar que todos aquellos que compraron
hipotecas antes del 2008 y que luego no pudieron pagarlas son lo únicos responsables y deben
abandonar sus casas.

2. El antihumanismo es un término aplicado a un número de pensadores opuestos al proyecto de una


filosofía antropológica o antropocéntrica. Lo central para el antihumanismo es que las nociones que
hablan de naturaleza humana o de "hombre" o "humanidad" en abstracto deben ser rechazadas como
relatividad histórica o metafísica, también como el rechazo del punto de vista humano como sujetos
autónomos.

A finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, la filosofía del humanismo fue una vertiente
dominante de la Ilustración. Esto porque se creyó que existía una moral universal rigiendo al hombre,
A finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, la filosofía del humanismo fue una vertiente
dominante de la Ilustración. Esto porque se creyó que existía una moral universal rigiendo al hombre,
deduciendo que podría decirse que todas las personas están intrínsecamente libres e iguales. Para los
humanistas liberales como Rousseau o Kant, la ley universal de la razón guiaba nuestro camino hacia
la emancipación total de cualquier tipo de tiranía.

Tales ideas no continuaron sin enfrentamientos. El joven Karl Marx criticó este proyecto de la
emancipación política (encarnada en la forma de los derechos humanos), afirmando que son un
síntoma de la deshumanización a la que se suponían oponerse.

En el siglo XX, la noción de que los seres humanos son racionalmente autónomos fue impugnada por
Sigmund Freud, quien creía que los seres humanos son impulsados por deseos y discursos
primordiales inconscientes.

Cuando el filósofo marxista Louis Althusser acuñó el término antihumanismo fue directamente contra
los marxistas humanistas (a los cuales consideraba revisionistas e idealistas) que consideraba
recurrían a discursos de la burguesía para legitimar la lucha de clases. Esto significaba una oposición
radical a la filosofía del sujeto. Althusser consideró a las "relaciones sociales" por tener primacía
sobre la conciencia individual. Para Althusser, las creencias, deseos, preferencias y juicios de la
persona son el producto de las prácticas sociales, es decir que el individuo se hace a la imagen de su
sociedad. El individuo humano moderno cree ser un sujeto responsable de sus propias acciones
innatamente; cuando, por el contrario, es constituido por la sociedad y su ideología.

En el lenguaje de los autores vinculados con la sociología marxista, se denomina falsa conciencia a
las concepciones e ideas de los individuos que no corresponden -o directamente entran en
contradicción- con sus condiciones materiales de existencia. Esto, además de no ofrecer una visión
fiable de la realidad, dificulta conocer la verdad.

Karl Marx (quien en realidad jamás utilizó el término "falsa conciencia" en su obra) enfatizó que los
mecanismos ideológicos son parte del funcionamiento de una sociedad de clases, ya que contribuyen
a ocultar a sus miembros cuáles serían sus "verdaderos" intereses. Frente a este papel mistificador de
las formas mentales de las clases dominantes (que se imponen como "sentido común") fue que afirmó
que "es el ser social el que determina la conciencia, no la conciencia la que determina el ser social".

Marx explica el fenómeno de la falsa conciencia como un producto de la alienación. Si la actividad


social de los individuos es alienada (no se corresponde con sus necesidades y deseos), la conciencia
de estos individuos también lo será.

Ideología y aparatos ideológicos de estado es un texto del filósofo francés Louis Althusser fue
publicado en abril de 1970. En este texto Althusser hace un avance en el estudio de la reproducción,
en la que ya el filósofo Karl Marx había hecho un acercamiento, pero que según Althusser no solo con
la denominación de distinción entre clase y la hegemonía por coerción se lograba un estudio riguroso,
ya que no bastaba solo con eso y en la aparente normalidad había algo que mantuviera el statu quo del
Estado.

El libro se complementa en un total de 14 capítulos, de los cuales sólo tres sobresalen por su carácter
general: Sobre la reproducción de las condiciones de producción, El Estado, A propósito de la
ideología.

Según Althusser (y aquí acude a la teoría marxista del Estado) al ser el Estado un agente represor, que
tiene en su poder el monopolio legítimo de la fuerza y que a su vez lo hace legítimo, se describe a sí
mismo como eterno y lo reproduce en la infraestructura, que a su vez le dará el poder legítimo que
tiene. Sin embargo, esta reproducción no la puede hacer una sola persona, ya que se acude a varios
instrumentos como lo son:
• Lo religioso (el sistema de las distintas iglesias)
• La escuela (el sistema de las distintas “Escuelas”, públicas y privadas)
• La familia (la familia cumple, evidentemente, otras funciones que la de un AIE. Interviene en
la reproducción de la fuerza de trabajo. Es, según los modos de producción, unidad de
producción y(o) unidad de consumo)
• Lo jurídico (“Derecho” pertenece a la vez al aparato (represivo) del Estado y al sistema de los
AIE)
• Lo político (el sistema político del cual forman parte los distintos partidos)
• Lo sindical
• Los medios de comunicación informativos (prensa, radio, T.V., etc.)
• Lo sindical
• Los medios de comunicación informativos (prensa, radio, T.V., etc.)
• La cultura (letras, bellas artes, deportes)

Ni tontos, ni malos: alienados. Culpar a alienado de estar alienado y que es responsable de los
resultados de su propia alienación es cruel y no explica nada. Cruel es no entender a aquellos que
viven bajo presión material. Quien vive acomodado no puede entender los efectos psicológicos, la
desesperación, que produce la precariedad y la miseria.

3. Motivos irracionales que condicionan el voto

I. El voto de plástico: El voto de plástico es aquel sufragio generado por la naturaleza moldeable e
influenciable del ser humano, quien, muchas veces, no sabe lo que quiere, pero esta expuesto a
diferentes estímulos comunicacionales que influyen o moldean en uno u otro sentido su
comportamiento. Es decir, este tipo de voto es moldeable, flexible y elástico, el cual depende
principalmente de la “información” que proporcionan los medios de comunicación y que inciden en la
formación de la opinión pública. La gran mayoría de los electores se informa de la política y,
particularmente, de las campañas electorales, a través de los medios de comunicación. Durante los
procesos electorales, lo que transmiten estos medios, a través de sus diferentes programas y
comunicaciones, generan un efecto o impacto importante en las preferencias de los votantes y, por lo
tanto, en las campañas, ya que los medios determinan, en gran medida, el resultado electoral.

En los casos donde existen grandes monopolios de los medios de comunicación, cuando estos actúan
como verdaderos poderes fácticos, cuando no están abiertos a la pluralidad propio de los sistemas
democráticos y cuando no hay coincidencias entre los intereses de los medios y los partidos, lo
recomendable es utilizar medios de comunicación alternativos (usando, por ejemplo, las nuevas
tecnologías de la información y las comunicaciones), el contacto directo con los ciudadanos y, sobre
todo, el convocar a la sociedad y a los propios medios de que se respete y se haga valer el principio
constitucional de equidad en las contiendas electorales.

II. El voto ganador: Este tipo de voto también es conocido en la ciencia política como el efecto
bandwagono efecto de arrastre. Este tipo de voto u efecto, se genera cuando los electores votan por
aquellos candidatos o partidos que es probable que resulten ganadores (o que son proclamados como
tales por los medios de comunicación y las encuestas sobre preferencias electorales), esperando estar
en el 'lado ganador' al final.

Esta teoría considera que la mayoría de los ciudadanos no están interesados en la política, no perciben
un beneficio de la política y, generalmente, se encuentran muy alejados de los procesos político-
electorales. Sin embargo, durante las elecciones estos ciudadanos, cuando deciden participar y votar,
lo hacen básicamente tomando en cuenta la información sobre el posicionamiento de los candidatos y
partidos que les proporcionan, principalmente, los medios de comunicación y las encuestas sobre
preferencias electorales, decidiendo su voto a favor de quien lleva la delantera o tiene más
posibilidades de ganar. Es decir, el voto ganador es aquel que se obtiene por el simple hecho de que
algún partido o candidato lleve la delantera en las preferencias electorales de los votantes. De esta
forma, el ciudadano determinará orientar su voto favoreciendo al posible ganador, ya que no quiere
verse el mismo, y menos socialmente, como perdedor.

III. Voto del miedo: El voto del miedo es el actor de sufragar por parte del elector, compelido o
motivado por una serie de temores, amenazas, intimidaciones e incertidumbres sobre el presente y el
futuro de una determinada colectividad. Este tipo de voto, se genera por inducción, principalmente
por los partidos y candidatos que buscan ganar o conservar una posición de poder político, creando a
través de diferentes estrategias de comunicación política, una seria de dudas sobre posibles escenarios
futuros adversos y dañinos para la sociedad en el caso de que sus opositores ganen las elecciones. Las
campañas centradas en este tipo de estrategias, buscan principalmente generar temor, cuestionar
certezas, generar sospecha y producir dudas respecto de los adversarios (Valdez, 2009).

El crear miedo es una estrategia añeja de los políticos, la cual, hoy día, es utilizada por diferentes
partidos y candidatos durante los procesos electorales, debido a la vulnerabilidad emocional del ser
humano y a los efectos que el miedo genera en su conducta. De hecho, se puede asegurar que las
actuales campañas electorales en el mundo se articulan, de una u otra forma, con base en la
generación e institucionalización del miedo. Por un lado, miedo a que las cosas empeoren y se pierda
lo que se tiene o ha logrado, o que se amenace el sistemas de creencias y valores predominante. Por el
otro, como garantía de seguridad pública, militar, económica, jurídica o social y salvaguarda ante las
amenazas y peligros, reales o imaginarios, existentes.
amenazas y peligros, reales o imaginarios, existentes.

IV. Voto de hambre: Este tipo de voto, se genera por las severas carencias económicas en las que
viven muchos de los electores, cuya principal preocupación no es el tipo de gobierno que tienen o de
político que es electo, sino que su objetivo principal es la sobrevivencia económica. Este tipo de
ciudadanos ve en las campañas electorales la oportunidad para obtener un beneficio inmediato, como
puede ser una despensa, material para construcción, algún objeto utilitario o, incluso, algún ingreso
económico directo. Este tipo de voto, también, se le denomina utilitario, ya que la gente busca obtener
una utilidad inmediata por su sufragio, incluyendo, la posibilidad de vender su voto al mejor postor y
de esta forma, obtener una despensa, una torta, algunos refrescos o una borrachera puede ser motivo
suficiente para que los votantes puedan otorgar su voto hacia un candidato o partido en particular. En
este sentido, un adagio popular señala que “la política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el
voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros.

El planteamiento estratégico para movilizar este tipo de voto se centra en utilizar el hambre y las
necesidades de muchos electores para ganar su voto. Por ello, se “regalan” productos alimenticios y
una variedad de objetos y materiales con el fin de “comprar”, la voluntad de los ciudadanos. Este tipo
de estrategia, se apoya en el principio persuasivo de reciprocidad que señala que si alguien recibe
algo, moralmente se siente obligado a dar algo a cambio. En el caso de los programas sociales de
apoyo a sectores empobrecidos, generalmente los partidos gobernantes los utilizan como estrategia
electoral, señalando, por diferentes vías, que lo que se tiene es porque el partido y su gobierno lo ha
conseguido e instituido, pero de perder la elección estos apoyos se pueden terminar.

V. Voto de ira: El voto de ira es aquel que se genera motivado por el hartazgo, el descontento, la
inconformidad, el malestar y la irritación social en contra de algunos de los partidos contendientes o
sus candidatos y/o sus plataformas político- ideológicas. Es el voto de protesta, también llamado voto
negativo.

Michael Gant y Dwight Davis (1984) definen el sufragio negativo cuando un elector decide la
orientación de su voto motivado no por la simpatía hacia alguien o algo (candidato, partido o
plataforma electoral) sino por su antipatía. Es en este sentido, es un voto “en contra” y no “por.” Estos
autores apuntan que, muchas veces, es más fácil que los ciudadanos se movilicen más, en términos
electorales, en contra de que a favor de. En este mismo sentido, Joseph Napolitan (1997), uno de los
mejores consultores del orbe, señalaba “Es más fácil conseguir que la gente vote en contra de alguien
o algo, que lo haga a favor de algo o de alguien.”

El planteamiento estratégico para movilizar el voto de ira es muy sencillo. Parte de la idea de
preguntarse respecto de sus opositores o de la circunstancia en la que se vive, ¿qué es lo que les
enfada, les molesta, les irrita y les genera descontento o inconformidad a los electores? A partir de la
respuesta que se obtenga, se siguiere definir la estrategia de campaña, tratando de movilizar el
descontento social a la urna, para convertirlo en votos y de esta forma ganar las elecciones.

4. La decisión
5. Analfabetismo ilustrado