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PARTE I

Índice
(Tomado del Libro “Historia de la Psicología”
del Dr. Roberto Corral Ruso)

Introducción……………………………………………………………………………………………………...........

PARTE 1

HISTORIA DE LAS IDEAS PSICOLÓGICAS.

1.1. Metodología de la Historia de la Psicología ……………………...............


1.2. Ideas Psicológicas e Ideología: Edades Antigua, Clásica, Media y
Renacimiento............................................................................
1.2.1. Edad Antigua: Las sociedades primitivas……………………………………………
1.2.2. Edad Clásica: Las primeras civilizaciones………………………………………….
1.2.3. Edad Clásica: La cultura helénica………………………………………………………
1.2.4. La Edad Media…………………………………………………………………………………….
1.2.5. El Renacimiento…………………………………………………………………………………
1.3. Ideas Psicológicas y Filosofía: Modernidad………………………………………..
1.3.1. Contexto económico-social…………………………………………………………………
1.3.2. Contexto científico………………………………………………………………………………
1.3.3. Ideas Psicológicas y Filosofía: Las propuestas de la Modernidad……
Introducción.
Este libro es un libro de texto organizado según una lógica didáctica. En
su propósito actual, está dirigido a suplir una carencia para la formación
de nuevos profesionales de la Psicología y ordenado según un programa
de estudios preparado con este fin. Por tanto, no es un libro de
investigación histórica sino de enseñanza.

Un libro de texto no es una compilación de todo lo que la cultura


científica ha producido en una temática dada, sino una selección
intencional y ordenada de contenidos que determinados profesores
consideran necesarios para la formación de un psicólogo: lo que
encontrará será una selección breve de contenidos que la práctica social
y científica de los psicólogos, sobre todo en Cuba, ha decantado y
consolidado como parte relevante de la cultura histórica de la disciplina.
Su carácter por tanto es de orientación más que de información,
más de extensión en todas las líneas relevantes que de
profundización en alguna de ellas. Este libro no es tampoco un
“Panorama” de la Psicología Contemporánea, ni un material de
actualización para los niveles posgraduados de enseñanza de la
Psicología: en rigor la investigación histórica no aborda la actualidad por
su propia definición.

El texto se concentra en mostrar las líneas históricas que


fundaron la Psicología para contribuir a la formación básica de
los psicólogos y no a una especialización en temas actuales.
Sin embargo, la cuestión más importante a abordar en esta introducción
se refiere a los objetivos de este texto y más general, los propósitos y la
necesidad de una Historia de la Psicología en el plan de formación de
psicólogos. La historia nunca es una secuencia cronológica de
hechos y personas: es el sentido que el presente construye con
esta secuencia para anticipar un futuro posible.

En el primer capítulo se abordan algunas dimensiones de la


investigación histórica para justificar su urgencia. Además, en el caso de
los psicólogos –y me atrevería a asegurar de cualquier profesional de las
Ciencias Sociales- la historia de su ciencia, de ciencias afines e incluso
de los contextos ideológicos que la hacen posible, tiene un valor
personal y de formación imprescindible. Ayuda a aclarar los propósitos
personales para dedicarse a una carrera que más que una
profesión o un medio de vida es una forma de pensar y vivir,
exige una implicación real. Supone un “conócete a ti mismo” que
puede ser sorpresivo o desgarrador, y que esta materia pudiera facilitar
al revelar las formas históricas en que las personas de otras épocas se
han conocido y reconocido así mismas. Potencia también la práctica de
“descentrarse”, ser capaces de extrañarse de la situación personal
para comprender situaciones ajenas, como son las ideas y teorías
psicológicas de diferentes épocas y tradiciones; en fin, diferenciar el
“sentido común” del conocimiento, una cuestión vital para el psicólogo.
Por último, actúa como un espacio integrador de los contenidos de
la formación profesional, que generalmente se elaboran desde
pensamientos diferentes.

Esta necesidad se basa también en una característica peculiar de la


Psicología: no es aun una ciencia en el sentido que se le pudiera aplicar
desde las Ciencias Naturales. Existen varias formas de pensar y
hacer la Psicología, y hasta este momento no se ha encontrado
un cuerpo estable de conocimientos y métodos que se pueda
llamar inequívocamente y por todos los psicólogos, “la”
Psicología. La historia permite comprender esta diversidad, su
origen y desarrollo, las promesas de integración propuestas o
incumplidas. De todas estas dudas y certezas a medias se ha
construido esta ciencia, que más allá de discusiones doctrinarias y
desencuentros profesionales parece ser cada vez más imprescindible en
el mundo que se nos viene encima.

El libro está conformado de seis capítulos. El primero cubre el


periodo de producción de ideas psicológicas referidas a la magia,
el mito, la religión y la Filosofía. El segundo capítulo asiste a la
fundación de la Psicología ya como ciencia y sus primeros
programas de investigación. Los capítulos siguientes abordan
las teorías y sistemas contemporáneos ordenados por su
adscripción epistemológica y concluyen con un resumen crítico
del alcance de cada propuesta. Coinciden con unidades temáticas del
programa de estudio que pudieran completarse en el futuro con otros
temas.

Sería inadecuado no identificar la posición teórica del propio autor, en


tanto cualquier reflexión depende de este referente. La selección de
contenidos, el análisis de los textos y su ordenamiento docente se hace
desde el Enfoque Histórico-Cultural en la Psicología y por tanto, desde la
posición epistemológica dialéctica e histórica de Marx. Sin embargo, he
preferido evitar todo juicio condenatorio de las teorías que no se alinean
con este pensamiento. Es mi criterio que solo el convencimiento
personal puede garantizar una posición teórica auténtica por más que
una autoridad, una tradición o un reconocimiento social apunten en una
dirección definida; además, todo conocimiento que logró asegurar un
lugar en la historia añade un grano de verdad a la ciencia y posee un
valor propio. En consecuencia, la valoración de cada línea de
pensamiento se hace desde su interior o desde su propia época
histórica, y no desde una revelación de verdades absolutas.

Una mención aparte merece la bibliografía utilizada. En tanto libro de


texto he preferido una solución poco usual: solo reseñar la bibliografía
secundaria que ha servido de base a programas de formación en la
temática histórica entre nosotros o que han resultado relevantes para la
redacción de este texto. No se presenta una bibliografía extensa, ni
actualizada. Esta confesión puede parecer arriesgada, pero está
inspirada en una necesidad de formación profesional mínima, no en una
formación académica que demasiadas veces se satisface en definir
el valor de una obra por su lista bibliográfica, los autores
reconocidos y las fechas recientes y no por su contenido real. En
consecuencia, la bibliografía es escasa pero significativa.

1. HISTORIA DE LAS IDEAS PSICOLÓGICAS

1.1. METODOLOGÍA DE LA HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA.


El estudio de la Historia de una ciencia requiere como paso
previo la exposición clara del método a utilizar y los
problemas que se plantea resolver en su indagación y por
supuesto, objetivos explícitos a alcanzar. Cuando esta Historia
se hace con propósitos didácticos, la exigencia es superior, porque un
contenido de aprendizaje de la historia supone el propio aprendizaje
del método, o al menos la idea explícita de que existen diferentes
formas de abordar y sistematizar este estudio. A veces se
malinterpreta la historia como una secuencia temporal de hechos,
historias de vida e ideas con sus fechas adosadas, como si fuera un
relato del pasado, más o menos agradable o aburrido de acuerdo con
la habilidad del autor, pero al que no se le concede mayor impacto en
el presente y mucho menos para el futuro.

Sin embargo, la historia del pasado es la única clave para


comprender el presente y para imaginar futuros probables.
Para este propósito, la historia debe ser el conocimiento de una
cadena de sentidos, intenciones que se realizan en el tiempo y que
generan consecuencias que nos afectan en el presente y nos marcan
los caminos del futuro. La historia no es un hecho y su fecha; es
el sentido que tal hecho tiene para el presente y su valor para
imaginar un futuro.

Cualquier historia es por lo tanto intencionada; supone una selección


de hechos, personas e ideas de acuerdo con una trama de sentidos
que se despliegan en el tiempo desde el pasado hasta el presente.
Siempre son los hombres de hoy los que interpretan estas
tramas de sentido, y para esto es necesario definir las
intensiones del autor y los criterios de selección y
organización de los datos. En la historia de una ciencia, es aun
más relevante, en tanto implica una interpretación de conocimientos
y métodos científicos, las formas socio-histórica de su aplicación y
sobre todo los sentidos que poseen en un sistema social
determinado. El descubrimiento científico por sí solo no hace
historia: son sus aplicaciones y los sentidos que les confiere el
mundo social en el que aparece los que lo definen como
historia, curiosidad o nulidad.

CRITERIOS DE INTERPRETACIÓN QUE SE HAN USADO PARA


ELABORAR HISTORIA DE CIENCIAS.
Uno de los problemas más relevantes que se han definido para
comprender una historia se refiere a la forma en que se producen
los cambios de hechos e ideas, las mutaciones de sentidos en
el tiempo.

Un criterio de descripción consiste en identificar cómo se


produce el desarrollo de los conocimientos en el tiempo, bien
por lenta acumulación que supone una continuidad más o menos
organizada, o bien por cambios bruscos y dramáticos, que se
caracterizan como revoluciones científicas y cambios paradigmáticos,
en un desarrollo de discontinuidad. En realidad no existe una
contradicción entre ambas formas; de hecho, la historia de los
conocimientos ofrece periodos de acumulación tranquila, y momentos
de revolución completa, y la identificación de cada momento permite
comprender los sentidos dados a un conocimiento en determinado
periodo.

Otro descriptor vinculado con la forma del cambio se refiere al


carácter temporal de un conocimiento, esto es, su
trascendencia en el tiempo o su caducidad. Es frecuente
encontrar en la historia –y como se verá, mucho más en la
Psicología- la aparición de temas recurrentes o incluso permanentes
que trascienden periodos históricos; sin embargo, en una
observación más cuidadosa se descubre que la trascendencia se
refiere más a la palabra utilizada que al concepto mismo, e incluso el
mismo concepto adquiere sentidos diferentes en momentos diversos.
En este texto se asume la visión dialéctica del cambio, descrita
como una espiral en que se presentan momentos de acumulación
lenta, detenciones y saltos revolucionarios, y se repiten temas en
diferentes momentos, pero con variaciones de sentido. Para cada
concepto psicológico, procuraré presentar tanto el tipo de cambio que
le dio lugar, como las repeticiones anteriores y sus mutaciones de
sentido.

Otro concepto importante para la interpretación histórica consiste


en identificar las causas de la aparición, pérdida o
transformación de un conocimiento en el tiempo. Se han
propuesto varias direcciones para buscar causas, (con resultados
radicalmente diferentes para las historias elaboradas), expresados en
forma de respuestas dicotómicas que establecen en qué espacios de
la realidad se deben hacer estas búsquedas. Así, para algunos
historiadores, las causas del surgimiento, desaparición o cambio de
ideas científicas residen en el propio desarrollo de la ciencia,
asumiendo una posición internalista; otros por el contrario se
inclinan más por identificar las causas en eventos externos a la
ciencia, sea el espacio político, el económico o el social, y se
consideran externalistas. En rigor ambas posiciones son válidas,
porque generalmente causas externas actúan a través de crisis
internas, apoyándose mutuamente para provocar el cambio.

Otra vía para investigar las causas se refiere a la selección de


personas específicas como agentes del cambio –los “héroes
“de la historia- o a la conjunción de causas impersonales –el
“espíritu de la época”- También aquí existe una complementación:
los agentes, por geniales que sean, pueden no encontrar condiciones
sociales para promover un cambio de ideas y a su vez, la existencia
de condiciones objetivas para un cambio pueden promover el
reconocimiento de personas como agentes que en otras condiciones
no serían ni recordados.

CÓMO SE ABORDAN LOS TEMAS.

En este texto asumiré una posición no excluyente. Para cada tema,


abordaré el contexto histórico-social, con énfasis en los espacios
más significativos para el desarrollo de los conocimientos psicológicos
(a veces económicos, otros culturales, otros tecnológicos); el propio
contexto de las ciencias, que en el caso de la Psicología ha tenido
una relevancia directa, tanto como proveedora de problemas y
soluciones, como de modelos de pensamiento; el “estado del arte”
de la propia disciplina psicológica; y finalmente, la obra de
personas especificas que han recibido el reconocimiento científico
por sus formulaciones. El sentido histórico no se construye a
partir de una sola dimensión causal: es multicausal o mejor,
causada por una trama de eventos de diversa índole que
coinciden para provocar el cambio.

CONTEXTO HISTÓRICO-SOCIAL

CONTEXTO DE LAS CIENCIAS

DISCIPLINA PSICOLÓGICA

PERSONAS

DESCRIPCIONES DE ESPACIOS CAUSALES PARA CADA TEMA.


El último punto a esclarecer consiste en la sistematización. La
descripción e interpretación de cualquier hecho histórico supone
necesariamente una organización de periodos históricos que den cuenta
o al menos permiten identificar los momentos de acumulación, crisis y
surgimiento de conocimientos científicos. En el caso de la Psicología
existe un obstáculo importante para definir sus formas de elaboración y
desarrollo: es una historia demasiado breve, apenas poco más de un
siglo de su fundación como ciencia. Sin embargo, las reflexiones de los
seres humanos acerca de sí mismos son tan antiguas como su propia
aparición en el planeta. Será necesario no reducir la historia de la
Psicología al breve periodo en que se considera una ciencia, sino
comenzar su recorrido desde el momento mismo en que el
hombre se pensó a sí mismo en el mundo.

En este texto he optado por no apartarme de una sistematización


compartida prácticamente por la mayoría de los historiadores, y que
dividen la historia de acuerdo a la existencia de Formaciones
Económicas Sociales en Edades: Antigua (coincidente con el comunismo
primitivo), Clásica (coincidente con la esclavitud). Media (coincidente
con el feudalismo) y Moderna (coincidente con el capitalismo). No
obstante, esta decisión, en cada momento se marcará el significado
específico de las producciones psicológicas que no pueden ser derivadas
de manera automática del período histórico, aunque al ser la Psicología
una reflexión acerca del propio hombre, dependerá mucho de la imagen
que estos periodos históricos construyen sobre el hombre mismo.

Dentro de esta sistematización más general, utilizaré una más específica


relacionada con el tipo de producción psicológica generada en
cada época. Así, considero que la historia de la Psicología
entendida como las reflexiones de los hombres acerca de sí
mismos asumió formas diversas y se registraron culturalmente en
diferentes tipos de actividades sociales.

Las primeras ideas psicológicas se insertaron y tomaron cuerpo en las


ideologías, especialmente en las elaboraciones míticas y religiosas de las
Edades Antigua, Clásica y Media; son las ideas psicológicas en la
ideología de la época. En la Edad Moderna, el espacio de elaboración
de ideas psicológicas se centra en la aparición y desarrollo de la
Filosofía, fundamentalmente como Teorías del Conocimiento; son las
ideas psicológicas en la Filosofía. El tercer periodo se refiere a la
separación de la Psicología como ciencia independiente y su
establecimiento como disciplina académica y experimental, hasta la
primera gran crisis de sus formulaciones; es el periodo de la Psicología
Académica. El último periodo que se extiende hasta el presente supone
la salida de la Psicología a la práctica directa y coincide con las Teorías
y Sistemas Contemporáneos de la Psicología que mantienen su
vigencia. Este periodo es el más extenso y constituye el núcleo fuerte de
elaboración del texto.

Desde luego, esta sistematización no es siempre precisa, y existen


excepciones y aun regularidades que pudieran escapar a ella. Por
ejemplo, en la Edad Clásica, el mundo helénico inventó la Filosofía
mucho antes de la Edad Moderna, pero esto no cambia el sentido mismo
de las ideas psicológicas producidas; también el periodo Académico de
la Psicología coincidió con el desarrollo de la práctica psicológica pero no
ganó significado de cambio hasta el periodo siguiente.
Ideas psicológicas en la Edades Antigua, Clásica, Media y
Ideología Renacimiento.

Ideas Psicológicas en la Edad Moderna


Filosofía

Psicología Académica Finales del S XIX y principios del S


XX

Teorías y Sistemas S XX
contemporáneos

SISTEMATIZACIÓN DE PERIODOS

Para los dos primeros periodos de elaboración de ideas psicológicas, el


ideológico y el filosófico, se describirá el contexto social y económico,
el contexto ideológico y científico, según sea el caso, y las
elaboraciones Psicológicas de la época, colocando el énfasis en su
trascendencia a otros periodos.

El periodo Académico y el Contemporáneo de la Psicología requerirán


descripciones más detalladas de las elaboraciones psicológicas. Además
de las anteriores -contextos sociales y científicos- para cada tema se
abordarán varios niveles de resolución de las producciones:

 Nivel epistemológico: referido a los criterios de identificación


y verificación del conocimiento científico y la propia concepción
de la ciencia.

 Nivel axiológico: referido al valor social y el propósito utilitario


de los conocimientos científicos.
 Nivel teórico-conceptual: referido a la identificación del
Objeto de la Psicología, sus principios explicativos, los
modelos de referencia y los conceptos de descripción.

 Nivel metodológico: referido a los métodos e instrumentos


aceptados para la investigación y la producción de nuevos
conocimientos.

 Nivel de aplicación: referido a los espacios y formas de


aplicación de los conocimientos en la vida social y productiva.

¿Qué es c
Nivel epistemológico ¿Qué es conocimiento y cómo
se verifica?
Nivel axiológico ¿Para qué sirve el conocimiento?
Nivel teórico-conceptual ¿De qué trata la Ciencia?

Nivel metodológico ¿Con qué métodos investiga?


Nivel de aplicación ¿Dónde se aplica y cuáles son sus
resultados?

NIVELES DE DESCRIPCIÓN DE LAS TEORÍAS Y SISTEMAS


PSICOLÓGICOS

Un asunto insoslayable en cualquier texto de historia de la Psicología es


la discusión acerca de su carácter de ciencia. Para algunos, la Psicología
es una Ciencia; para otros muchos, es apenas un comienzo de Ciencia;
para otros más no es en absoluto una ciencia sino apenas una colección
de ideas y prácticas poco definidas y creíbles; para unos pocos, no
rebasa el nivel de una ideología. Todos tienen razón de acuerdo con los
criterios que utilicen para definir qué es una ciencia.

Ninguna ciencia comienza como tal: las historias específicas revelan los
largos periodos de preparación ideológica y hasta mítica que precedieron
a las ciencias hoy constituidas y respetadas. Más aun, las discusiones
más contemporáneas ponen en serias dudas el carácter estrictamente
científico -en el sentido de objetivo y neutral- de cualquier elaboración
científica, siempre interpretada desde una cultura que le da sentido y
desde una sociedad que le da uso. Por tanto, este texto no asumirá la
defensa de la Psicología como ciencia -que bien poco la necesita- a
partir de su historia, sino que discutirá en un tema específico la
aparición, y hasta la necesidad de diferentes Psicologías, de
acuerdo con diferentes criterios epistemológicos para definir la
ciencia. Esto no niega la posibilidad de integración y unidad de
sus elaboraciones; sino que para llegar allí serán necesarios
explorar caminos bien diversos.

Dos últimas ideas que, a riesgo de parecer obvias e innecesarias,


deberán presidir metodológicamente el estudio de este texto:

 La esencia humana no es trascendente. El hombre "piensa como


vive y no al revés", como afirmó Karl Marx. Las ideas
psicológicas en cada época dependerán de la forma real en
que el hombre vive, y de la imagen que a partir de sus
formas de vida construye de si mismo.

 El criterio último de verdad de las ideas psicológicas es la


praxis social. Sea ideología, filosofía, academia o teorías
actuales, el espacio donde se confirma la veracidad de nuestros
conocimientos e ideas acerca del ser humano es la práctica social
en todas sus dimensiones.

1.2. Ideas Psicológicas e Ideología: Edades: Antigua, Clásica,


Media y Renacimiento
1.2.1. Edad Antigua: Las sociedades primitivas

La elaboración de ideas psicológicas nace de realidades e intenciones


diversas, pero en todo caso, supone una actitud peculiar del hombre hacía
sí mismo, un acto de autorreflexión. Los caminos hacia esta reflexión han
sido diferentes a lo largo de la historia, en función de las condiciones de
vida de cada agrupación humana. En la dirección del dominio de la
naturaleza, inevitablemente surge la pregunta acerca de la veracidad de
nuestras percepciones, su adecuación a la realidad y la elaboración de
criterios para verificarlas. Otras exigencias de las condiciones de vida social
requieren el control de los individuos, entendido como autocontrol
personal, y el control de las agrupaciones humanas como control social.
Otras direcciones de búsqueda son indirectas: la curación de las
enfermedades o la explicación de la muerte generan ideas acerca de la
relación entre autorreflexión y cuerpo. Cada una de estas direcciones,
probablemente todas, caracterizan el surgimiento y desarrollo de ideas
psicológicas.

La aparición del hombre sobre la tierra no conllevó


necesariamente la aparición de ideas acerca de él mismo en
forma de ideas psicológicas. En realidad, el comienzo de la historia
como civilización se identifica con dos tipos de huellas de la actividad
productiva de los primeros hombres: la utilización, conservación y
producción de herramientas, y la utilización y control del fuego. Ninguna
de estas huellas por sí solas testifica una ideación acerca de sí mismos o
de la naturaleza. Inmersos en la lucha por la supervivencia pocas
ocasiones deben haber tenido, o pocas exigencias, para pensarse a sí
mismos en el mundo como para dejar alguna huella o manifestación
trascendente. Sin embargo, la propia existencia de una actividad
productiva, de la aparición del lenguaje, y de las condiciones sociales de
existencia deben haber producido un estado de alienación y extrañamiento
de la condición natural y algunos intentos por comprender y
eventualmente controlar su propia conciencia rudimentaria. Esta
conciencia parece haber sido en sus inicios apenas intermitente, más
vinculada a una presencia colectiva, a la dependencia vital de otras
personas, y al control de las acciones individuales para coordinarlas con
otros durante la realización de una actividad productiva. Solo cuando la
relación con la naturaleza se mediatiza, se aleja de la necesidad
inmediata y su satisfacción individual, puede el hombre objetivar
la realidad, incluyendo en ella a los demás y por esa vía, a sí
mismo.

Las primeras manifestaciones de las cuales se infiere la existencia de una


reflexión sobre la subjetividad están relacionadas con la magia, y
materializadas en instrumentos, monumentos, rituales, adornos, dibujos y
lo más importante, enterramientos. La magia se crea como un acto de
voluntad humana para someter la naturaleza a sus deseos sin la
intervención directa material o como acción propiciatoria de una
futura acción material. El dibujo de un animal simboliza al animal real y
transfiere cualquier acción simbólica sobre la imagen a la acción real,
porque para este hombre primitivo no existe separación entre la imagen y
el objeto, así como entre el dibujo y la imagen. Así, realidad, imagen
psíquica y creación humana no se separan. La más primitiva de las
magias obliga a pensar en un hombre que afirma su voluntad - y por tanto
tiene conciencia de sí mismo y su poder - y de la condición ideal del
mundo simbólico.

La conciencia de la vida lleva a la incomprensión de la muerte como un


hecho irrevocable. Se lucha contra la muerte, y esta lucha tiene un
carácter ideológico: existe un "doble" de cada persona que sobrevive a la
muerte en una realidad trascendente que mantiene las mismas cualidades
de la realidad inmediata y permanece ligada a la naturaleza original del
cuerpo con sus apetitos, deseos y necesidades. Por eso se entierra o
momifica al muerto con rituales complicados y se le rodea de instrumentos
y alimentos que le permitan cumplir con ese tránsito. El doble se
identificará en el reflejo devuelto por el agua (efecto de espejo), con la
sombra y en la producción onírica. Se extenderá a toda la naturaleza en
una cosmovisión animista y permitirá restaurar de manera ideal la relación
inmediata con la naturaleza que se perdió definitivamente con la
civilización. La idea del doble como reflejo continuará como
metáfora obligatoria de la subjetividad hasta nuestros días.

Después de la primera revolución neolítica (la. aparición de la agricultura y


la domesticación de animales), a la magia - con sus axiomas ya
establecidos - se le incorpora la idea de evolución y desarrollo por
analogía con las plantas y los animales. Los enterramientos suponen ya
otra visión: no se conserva al muerto como si estuviera vivo, sino se le
prepara para un "renacer" similar al ciclo natural, que no altera sus
características psicológicas. Estas ideas se continúan con la segunda
revolución (fundición de metales y alfarería) y se extienden a la
organización social, con una ganancia adicional: las estructuras de
poder, que establecen jerarquías, crean prohibiciones, limitaciones y
normas, en síntesis, la ley. Los hombres no son ya iguales, y estas
desigualdades también se reflejan en las ideas psicológicas. Todo este
movimiento culminará con la revolución urbana y la aparición de las
primeras civilizaciones, la fundación de las religiones y del estado.

En conclusión, no es posible en las condiciones de la sociedad primitiva


una reflexión sobre la psique que trascienda las ideas míticas. Para esto se
requiere la división del trabajo y tiempo de ocio. En aquel mundo primitivo,
la acción es práctica y volcada para el dominio de la naturaleza, pero sin
mayor reflexión acerca de si mismos.
Clave: aparece la primera elaboración sobre el alma como
doble, pero no se alcanza la separación entre el alma, el cuerpo
y la naturaleza.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
XXXX
1.2.2. Edad Clásica: Las primeras civilizaciones. -
La aparición de las primeras civilizaciones ocurre por la conjunción de
varios acontecimientos cruciales. Uno de ellos es la aparición del
lenguaje escrito y con ello la memoria individual como proceso
reconocible, la historia como registro cultural y la conciencia del
paso del tiempo . El otro es la complicación de las estructuras
sociales de poder, para dirigir y controlar las acciones colectivas dirigidas
a obras de beneficio social. Estas premisas llevarían a la fundación de
grandes imperios unificados sobre la base de la esclavitud generalizada y
un desarrollo económico y demográfico sin paralelos en cualquier
momento anterior. El poder y la escritura crearon la vivencia de la
conciencia individual, y de su sustancia inmaterial, trascendente, no
afectada en su identidad por el tiempo, el alma.

Pero de la misma manera que aparecía la noción del alma individual,


debió aparecer un poder que controlara y rigiera la multiplicidad de almas
individuales; así apareció la religión, no como un conjunto de rituales más
o menos organizados fundados desde la magia primitiva, con sistemas
simbólicos y registros, sino como una estructura de poder, dirigida por
agentes extrahumanos, los dioses, (con representantes humanos: los
sacerdotes y reyes) y orientada a ordenar las vidas individuales. Así en los
albores de las civilizaciones, las ideas psicológicas se concentran en la
organización de las religiones, que nombra y diferencia procesos
psicológicos (en tanto vivencias) y los remite a la divinidad organizada, sea
única (monoteísta) o plural (politeísta).

La analogía continúa centrada en el doble y el reflejo especular, pero por


encima de cualquier voluntad individual aparece un poder ideal, reflejo del
poder terrenal, que dirige y da sentido a todos los fenómenos del mundo
natural o supranatural. Toda elaboración psicológica tiene por tanto, dos
intenciones: una, identificar y nombrar los instrumentos ideales del
individuo- su mente- que componen su “doble” con el propósito de
utilizarlos de manera eficiente en este mundo; y otra, unificar la esencia
trascendente –el alma- y someterla a los destinos marcados por los
dioses, jueces supremos cuyos designios son en principio inexplicables y
por supuesto, inapelables, y que coinciden milagrosamente con la
voluntad del poder terrenal de reyes, sacerdotes y guerreros. Las ideas
psicológicas se resumen en la sistematización y registro de observaciones
empíricas acerca de algunos procesos psicológicos (percepción, memoria,
lenguaje), los primeros intentos de explicaciones asociacionistas y su
posible utilización en actividades productivas o en acciones de control
social. Aparece un interés productivo centrado en el cuerpo y la curación
de las enfermedades, que lleva a cierta reflexión acerca de las bases
corporales de los fenómenos psicológicos.

De hecho, estas primeras civilizaciones ofrecen una visión casi estática y


repetitiva del hombre. Aparecen algunas diferencias, pero dependen más
del tipo de sociedad: más centrada en estamentos sacerdotales (Sumer-
Acad), o en reyes (Egipto) o en grupos de poder relacionados con el
comercio (Indo). En todos los casos, la condición de persona con
alma es restringida a los poderosos y sus seguidores más cercanos
con gradaciones sociales bien establecidas, y se le considera un
don divino que no requiere más explicación. Véase por ejemplo el
proceso de momificación en Egipto que es una interesante síntesis de ideas
psicológicas, religión y estructura social. Desde luego, en estas
civilizaciones se produjeron cambios importantes: avances en el
autodominio personal y la influencia sobre los demás, en el aprendizaje de
herramientas intelectuales y en los primeros conocimientos científicos
asociados a realizaciones tecnológicas, pero esta superación de la
sociedad primitiva no alcanzó el nivel de elaboración de ideas
psicológicas organizadas, por estar demasiado absorbidas por las
religiones, y demasiado comprometidas con el control social. Tal
vez una excepción curiosa sea la cultura minoica, en tanto muestra en sus
vestigios una comprensión de la vida cotidiana más libre del molde
religioso y más tolerante con la alegría de vivir.

En resumen, estas primeras civilizaciones lograron separar el alma de la


naturaleza, culminando el proceso iniciado en la sociedad primitiva, pero
no lograron la sistematización de ideas acerca de su fundamento. Esta
tarea la realizaría el mundo helénico en su periodo clásico, como síntesis
genial de las tradiciones anteriores.

Clave: separar el alma de la naturaleza y librarla de ella.

1.2.3. Edad Clásica: La Cultura Helénica.

En el Mar Mediterráneo florecieron culturas que lograron sintetizar las


tradiciones de los grandes imperios clásicos en una visión revolucionaria
del hombre y la naturaleza. De culturas periféricas, bárbaras y guerreras,
se transformaron en verdaderos crisoles donde se fundieron los logros de
las culturas primigenias para alcanzar una originalidad sin paralelo en los
tiempos anteriores. La más elaborada de estas culturas, y a la que deben
las culturas que le sucedieron su fuerza creativa fue la organización de las
ciudades estados de la Hélade, en la actual Grecia, que ha actuado como
patrón de excelencia en la definición de civilización, hasta el punto de que
se le considera la cuna de las culturas occidentales y marca toda la historia
hasta nuestros días.

Las condiciones económicas, sociales y políticas más diversificadas, el


contacto permanente a través del comercio con todo tipo de ideas, y la
participación más activa de los ciudadanos en la dirección de la sociedad
resultaron incentivos poderosos para el surgimiento de nuevas ideas
psicológicas. Es posible que aquí en los primeros tiempos se haya
producido por primera vez de manera estable la conciencia de la
individualidad y la autorreflexión, aunque solo para el individuo libre de
necesidades materiales, inmediatas, con tiempo suficiente para
dedicarse a tareas intelectuales y sobre todo a la vida política de la
comunidad.

La imagen del hombre es la del "homo político", qué utiliza su razón


para convencer y conducir a otros hombres. Los esclavos y en muchos
casos los extranjeros no son considerados individuos y posiblemente en
los primeros, la mayoría no tuviera conciencia de serlo. La posición
del ciudadano de la polis exige elaborar una ética individual y
un conocimiento eficiente de la naturaleza y la sociedad para
mantener y garantizar su control, pero al mismo tiempo supone
la aparición de preguntas acerca del destino de cada hombre
individual. Las explicaciones religiosas no eran suficientes para el
griego de la época que sin llegar a ser ateo, manifestaba una notable
falta del respeto y del acatamiento de los antiguos para sus dioses,
llegando a considerarlos como sujetos cotidianos, con los defectos y
virtudes de sus vecinos. Este griego, filósofo y político, es laico, no
somete sus problemas al juicio de los dioses sino busca respuestas
personales a sus preguntas.
Podemos resumir los logros de carácter intelectual alcanzados en esta
época:

 Un aspecto fundamental para la historia de la ciencia es la


formalización de un método para el conocimiento de la
naturaleza que trascendiera el dato sensorial inmediato; así
se funda la Filosofía como una cosmovisión especulativa de la
naturaleza y las vías para conocerla. Los griegos han aceptado
su diferencia no reducible con la naturaleza, y regresan a ella como
sujetos epistémicos que buscan comprenderla. El conocimiento
ofrecido por los sentidos es caótico y poco confiable: no garantiza
verdades operacionales; además, la diversidad del mundo sensible
debe poderse reducir a principios básicos, de los cuales los objetos
de la naturaleza y sus imágenes sensoriales son expresiones
pasajeras. Unido a esto surge una visión nueva de la
enseñanza que procura el aprendizaje de las vías del
conocimiento más que de conocimientos declarados.
De hecho, la mayoría de los filósofos de la época se rodean de
discípulos, fundan academias y grupos, y escriben las primeras
obras de intención didáctica. Sócrates utiliza preguntas y respuestas
para enseñar a pensar, Platón funda la Academia y escribe obras en
forma de diálogos, y Aristóteles es durante toda su vida, un tutor de
conocimientos. De ellos tomamos la palabra "Pedagogía". Sin
embargo, toda esta actividad es básicamente especulativa: en
ningún caso se acude a un experimento material, sino que se
busca en el propio intelecto la verdad de sus elaboraciones.
Solo en el caso de Aristóteles aparece una acción contemplativa que le
conduce a descripciones, categorizaciones y sistematizaciones, pero no
traspasa estos límites. Solo son ejercicios clasificatorios resueltos con la
razón.
• En cuanto a la Psicología, no existe como cuerpo de
pensamiento separado, sino que es parte de la Física como
cosmovisión de la naturaleza. En los primeros periodos, la psique
(nombre dado al alma) es concebida como un objeto natural, sometida
a las mismas leyes, estructuras y funciones que se observan en el resto
de la naturaleza; apenas es una sustancia más sutil y evasiva pero no
se plantea su diferencia. Esta es la dirección naturalista del
pensamiento griego, que produjo notables ideas no únicamente
para la Psicología, sino para toda la ciencia contemporánea. Aquí
se incluye la noción del materialismo en Demócrito, que reconoce la
existencia de la psique como parte de la naturaleza y no como una
sustancia diferente y por supuesto, tan mortal como el cuerpo; la
dialéctica en Heráclito, que asume el cambio continuo como la forma de
existencia de la realidad; la propuesta de Empédocles acerca de las
dos fuerzas fundacionales del universo, el amor y el odio; y las ideas de
Anaxágoras acerca de la existencia de un principio ordenador de
nuestras sensaciones, el “nous” o razón.

• Junto a la línea naturalista, se mantuvo y elaboró la línea mítico-


religiosa ejemplificada en Pitágoras y los mitos órficos. En ellos se
asumía la inmortalidad del alma, su carácter de sustancia ideal
diferente del resto de la naturaleza, y el método del conocimiento
entendido como conocimiento introspectivo, vivencial y místico.

• En el periodo clásico, con el auge del pensamiento griego se asume


de forma general la diferencia de sustancia: la Psique es algo
diferente del resto de la naturaleza y es preciso develar su esencia.
En esta época se formalizan las grandes preguntas que marcan la
Historia de la Psicología aún en nuestros días:
1. La relación entre la psique y los objetos de la realidad,
la cuestión PSICOFÍSICA. Esta pregunta requiere elaborar
una Teoría del Conocimiento y muestra la diferenciación de
sustancia entre las imágenes y los objetos reales que son
reflejados en ellas; también obligaría a explicar los criterios
para decidir la veracidad del reflejo de la realidad en la psique
a través de los sentidos y la existencia de un poder
“ordenador” de la razón sobre el caos de las impresiones
sensoriales.

2. La relación entre la psique y el cuerpo en que reside, la


cuestión PSICOBIOLÓGICA. Esta pregunta requiere elaborar
explicaciones causales y encontrar una base orgánica para la
psique. Los médicos de la época como Hipócrates, observaban
a sus pacientes y creaban teorías acerca de los
temperamentos vinculados a órganos corporales, y el vínculo
entre deseos, apetitos, finalidades y voluntad con el cuerpo y
el poder ordenador de la razón.

3. Por último, la relación de la psique con ella misma, el


problema de la CONCIENCIA. Significa comprender la esencia
de la razón, las finalidades de la conducta humana, el carácter
activo de la psique y por supuesto la relación con uno mismo y
las otras personas. Supone elaborar una ética ya psicológica,
no divina, aunque su fin último esté relacionado con la
divinidad.

Como muestra del período y además porque estas ideas van a


repetirse durante el milenio posterior en estoicos y epicúreos, hasta
transcender toda la Edad Media, se detallan brevemente las teorías de
PLATON Y ARISTÓTELES.

PLATÓN (427-347 ANE)


Platón es, junto a Aristóteles, la figura más significativa del
pensamiento griego clásico. Fue discípulo y continuador de Sócrates,
citado como el referente de la filosofía, la ética y la cultura occidental,
y de hecho, fusionó su pensamiento con el de su maestro. No reconoció
una teoría psicológica diferenciada, sino que sus ideas aparecen en
forma de concepciones psicológicas que acompañan su cosmovisión.
Representa una de las dos direcciones que asumió el
pensamiento griego y que marcaría el pensamiento de la Edad
Media: la continuidad de la explicación mítico-religiosa. De
hecho, se le considera el primer gran sistematizador del
pensamiento idealista.

Platón declara que el conocimiento verdadero no proviene de los


sentidos, sino que estos ofrecen apenas sombras poco creíbles de la
realidad, que para él consiste de ideas puras. La belleza, el bien, el
intelecto y demás conceptos, existen como “éidolas”, ideas
apriorísticas en un mundo inmaterial del que alguna vez cada una de
las almas humanas individuales fue partícipe. Al atar esa alma a un
cuerpo material, todo ese conocimiento inmediato de las esencias se
pierde y el individuo tiene necesariamente que recordar, en un proceso
de reminiscencia, el conocimiento perdido. Por eso, la verdad del
mundo está no en la información de nuestros sentidos, sino en
nosotros mismos por la vía de la reminiscencia; el conocimiento
es una acción de recuerdo. Esta concepción de la realidad ideal se
complementa con un método de conocimiento que supone la
introspección, fundando una de las direcciones metodológicas mejor
definidas en la historia de las ideas psicológicas, y una forma de
enseñanza que exige del alumno una profunda reflexión. Platón aporta
también una idea de la estructura del alma.

Existe un alma superior, que participa del conocimiento divino, pero al


ligarse al cuerpo produce un alma inferior, sede del coraje (irascible) y
los apetitos (concupiscencia). Durante la vida del hombre es necesario
superar el alma inferior, transformar el coraje en voluntad y los
apetitos en moderación, educar y dirigir el alma inferior a partir de la
sabiduría del alma superior.

ALMA SUPERIOR
INTELIGENCIA SABIDURÍA

ALMA INFERIOR LIGADA AL CUERPO

CORAJE VALOR DESEO


VOLUNTAD APETITOS

La inmortalidad del alma es dada por hecho y depende del eterno


automovimiento, aunque tal inmortalidad no es individual sino
colectiva, del alma superior y no de la inferior, y acepta la idea de la
reencarnación (todas las almas después de muertos sus cuerpos,
regresan a nuevos cuerpos), y la metempsicosis (es posible pasar el
alma de un cuerpo a otro). Una consideración especial da al lenguaje:
es el producto del pensamiento que se usa como instrumento de
análisis y es natural, no convencional (depende de las ideas
apriorísticas, las “éidolas”).

ARISTÓTELES (384-322 ANE)


Para muchos, su obra constituye el inicio del pensamiento
verdaderamente científico; lo cierto es que creó los primeros
instrumentos intelectuales (La Lógica) y los primeros métodos
de investigación (la observación). Tampoco existe para él la
Psicología independiente, sino que es parte del estudio del mundo.
Fue el gran sistematizador del conocimiento elaborado en la
observación de la naturaleza, especialmente de los seres vivos. Así, el
estudio del alma supone los mismos métodos que el estudio de
cualquier objeto de la realidad, y se puede explicar por los mismos
conceptos. Estos son el concepto de finalidad (todo lo que existe
tiene un propósito, y en los seres vivos es la supervivencia), el de
continuidad (no existe nada que no tenga un antecedente, y los
cambios son graduales), y el de analogía (el mismo objetivo puede
alcanzarse con cambios diferentes). Entendió el alma como el
principio activo de la naturaleza, la forma que anima a la materia
bruta y pasiva que no pasa de ser contenido.

En rigor, aceptó la existencia de almas diferentes, en tanto el


alma es el principio que anima la materia. Existe un alma
nutritiva, propia de los vegetales y que garantiza esta función; un
alma animal, que es la sede de varias funciones que comparten
hombres y animales.

ACTIVO (CREADOR)
ALMA RACIONAL
INTELIGENCIA
PASIVO (ADAPTATIVO)

Percepción, deseo,
Imaginación,
ALMA SENSITIVA
ANIMAL Memoria,
Movimiento,
Sueño, sensación
ALMA NUTRITIVA
VEGETAL

NUTRICIÓN
Finalmente existe el alma exclusivamente humana, racional por
naturaleza y la sede de la inteligencia. En esta alma se produce un
desdoblamiento: el principio adaptativo indica el alma individual, que
perece con el cuerpo y un principio creador, de carácter divino y
colectivo, que es inmortal.

Durante el resto de la Edad Clásica no se crearon ideas nuevas, sino que


se citaron los autores griegos con pequeñas variaciones. Estoicos y
epicúreos continuaron la discusión acerca de la naturaleza diferente del
alma, su inmortalidad y el papel de la razón, aunque de cierta manera
las ideas psicológicas retornaron a la función de servir de apoyo a éticas
personales. El advenimiento del cristianismo no significó un
cambio de pensamiento sino simplemente la adaptación de estas
ideas a los dogmas religiosos, en especial la doctrina de Platón
acerca de la inmortalidad del alma y la existencia de un mundo
ideal de esencias apriorísticas.

El más notable pensador cristiano de la época fue Agustín de Hipona


(354-430 DNE, San Agustín en el santoral católico), que escribió
algunas de las reflexiones introspectivas más interesantes del
pensamiento cristiano, en especial el postulado de que existen
formas diferentes de conocimiento de acuerdo al objeto que se
conoce: el cuerpo y la materialidad se conocen a través de los
sentidos; el alma se conoce como un acto de intuición, una
iluminación que se conoce a sí misma.
Más allá de las fronteras intelectuales del mundo mediterráneo se
construían otras culturas, en especial en la India y China. La existencia
de la cultura china se relaciona con la constitución del imperio unificado,
coincidente con el período de auge del desarrollo helenístico. Existen
notables similitudes entre ambos desarrollos, simbolizados en las figuras
de Sócrates y Confucio. Pero en la cultura china, la visión de la
naturaleza no es diferenciable de la vida social, de la concepción del
individuo y de los usos del poder político.

De la misma manera que identificaban cinco elementos


constituyentes del mundo, identificaron cinco emociones en el
hombre: enojo, alegría, pena, miedo y voluntad. Su producción de
ideas psicológicas no alcanza la elaboración de los griegos, pero supone
altos grados de introspección y de dominio personal, basados en la
búsqueda de la armonía de la naturaleza, perdida definitivamente por la
civilización. También la descripción y aplicación de códigos éticos muy
detallados, vinculados a nociones como lo bueno, lo correcto y lo
necesario. Sociedades altamente fragmentadas en castas y clases como
la china y la hindú, que no alcanzaron la participación masiva de sus
ciudadanos en la reflexión y el autogobierno no pasaron, hasta donde
sabemos, de esta forma ética de imaginar el alma.

Clave: diferenciar el alma de la naturaleza y del cuerpo.

1.2.4. La Edad Media.

El derrumbe del Imperio Romano y la confusión que le siguió en


los órdenes económicos, sociales, políticos y culturales, produjo
un cambio profundo en la visión de los hombres acerca de sí
mismos. La única institución que mantuvo estabilidad, la Iglesia, se
convirtió en un poder definitivo sobre los asuntos terrenales y
celestiales durante la primera parte de esa edad en Europa. En el
Oriente la aparición de la religión musulmana y la consecuente conquista
militar de buena parte del antiguo imperio romano y otros imperios
orientales, representó un poder semejante para el resto del mundo
civilizado.
La imagen de los hombres del Medioevo está vinculada a la promesa
religiosa de una ultravida después de la muerte para la cual la vida
terrenal representa apenas un tránsito difícil pero necesario, porque de
acuerdo con los comportamientos exhibidos en esta vida, se recibirá
como premio o castigo una posición en la otra. Esta formulación obliga a
pensar al hombre como un ser obediente, manso y preocupado por la
trascendencia de su alma individual. Existieron excepciones, pero fueron
perseguidas y cruelmente castigadas. El comportamiento general se
sometió a normas rígidas: cualquier desviación era evidencia de la
pérdida de la gracia divina, cualquier intento de cuestionar la sabiduría
de los antiguos o su adaptación a los dogmas eclesiásticos, una herejía
que debía ser perseguida. Precisamente por esto, es la época de las
grandes persecuciones no solo religiosas, sino a partir de este
argumento también económico, político y social.

La investigación intelectual del periodo griego fue sustituida por la copia


de sus producciones y sus adaptaciones como dogmas de las iglesias, y
sus principales agentes fueron por tanto los propios sacerdotes. Estos
conservaron las producciones antiguas y ejercieron el monopolio de la
enseñanza y el trabajo intelectual, al menos en los primeros siglos. Es
precisamente dentro de esta organización que se pueden observar las
ideas psicológicas más importantes de la época. La respuesta en las
culturas cristianas a la pregunta de qué es el alma fue el
monopsiquismo: la imagen es una sustancia ideal, pero depende de las
operaciones de una conciencia no individual, sino divina, y estos
procesos están estructurados en una dirección teológica, propositiva. El
alma no es diferente de la naturaleza en tanto son expresiones de la
misma intención divina, aunque sean sustancias diferentes. El
exponente más representativo es Tomás de Aquino (1225-1274,
Santo Tomás de Aquino en el santoral católico), que intentó
fundamentar la religión, más allá de la razón y el intelecto, aportando
pruebas de la existencia de Dios y de su voluntad.

En el mundo musulmán, las restricciones religiosas actuaron de la


misma forma, pero fue difícil controlar un imperio unificado con
diferentes culturas y tradiciones. De hecho, en los primeros siglos de la
Edad Media, las posibilidades de creación científica y las producciones
más originales se realizaron en el mundo musulmán. Las direcciones
más importantes se vinculaban con el estudio del cuerpo humano y la
medicina, lo que llevó a pensar en la relación psique-cuerpo. Los
científicos árabes lograron diferenciar el valor y el uso de dos
“verdades”: la verdad teológica sostenida por la religión, que no era
cuestionada, y la verdad científica que admitía la experimentación como
vía, para su conocimiento; así lograron una concepción dualista de la
Psique, el alma y la razón. Esta concepción permitía estudiar las
funciones más elementales de la razón (percepción, memoria,
imaginación, emociones) sin apelar al alma trascendente y divina, y
ejercería un impacto definitivo en la Europa posterior a la Edad Media.
Médicos como Avicena (lbn Sina) (980-1037) y filósofos como
Averroes (lbn Rushd) (1126-1198) abrirían para la Europa de la
edad oscura la lectura de los textos de Aristóteles, Platón, Hipócrates y
los demás autores griegos, perdidos en guerras y devastaciones. Es
interesante la aparición de una concepción “óptica” de la psique a partir
del estudio de la visión y su extensión a los demás sentidos, y lo que
probablemente fuera la primera teoría del reflejo psíquico por analogía
con la visión. También la diferenciación entre el mecanismo óptico de la
visión y la producción de la imagen visual como reflejo no exacto, sino
deformado de la realidad por una interferencia que fue identificada como
“juicios inconscientes”.

El cambio más interesante que anuncia una superación del


estado anterior en la Europa cristiana se refiere a la aparición en
las primeras universidades y la extensión de la Escolástica, como
método general de conocimiento y enseñanza de la época. En
rigor este cambio se identifica con la discusión de la teoría del
conocimiento. Se refiere a la división entre Universalistas
(identificados con los conceptos) y Nominalistas (identificados
con los nombres). Los primeros sostenían que los conceptos tenían
una existencia real independiente de los objetos a los que se referían y
por tanto eran de carácter divino, recordando las ideas de Platón. Los
segundos señalaban que los conceptos eran nombres, signos que el
hombre imponía a los objetos y no existían fuera de ellos. De hecho, la
discusión prefiguraba enfoques diferentes de carácter epistemológico:
empirismo (todo conocimiento empieza en los sentidos) o
racionalismo (el verdadero conocimiento es de la razón y no de los
sentidos), y de carácter metodológico: inducción (de lo particular a lo
general) y deducción (de lo general a lo particular). Lo interesante es
que ambos campos llamaron en su defensa a las ideas de Aristóteles
convenientemente “arreglada" para que sirvieran de apoyo a cada
posición y sus escritos traducidos se convirtieron en la autoridad por
excelencia.

Esta discusión fue continuada por pensadores ingleses y escoceses,


representados por R. Bacon (1214-1292), D. Scoto (1265-1308) y
R. Occam (1300-1349). Trabajando en las regiones periféricas,
alejadas de los centros de pensamiento de la época y con problemas
bien prácticos, constituyeron la primera avanzada de una reflexión
diferente que se haría general en el Renacimiento. Plantearon
abiertamente la necesidad de la experimentación científica como
prueba de la verdad del conocimiento, y la vía empírica como su
criterio de confirmación, desde una posición que ya se alejaba de
los dogmas religiosos. De hecho, establecieron las reglas del
“buen pensar” (el método científico) que daría lugar al cambio
de visión del Renacimiento y a la revolución científica de la
Modernidad.

A pesar de estas ideas, que se reducían a un círculo pequeño de


iniciados, no se produjeron cambios significativos hasta el Renacimiento,
aunque de cierta forma esta época perfiló algunas de las posibles
respuestas de los siglos modernos. Incluso hubo un retroceso en la
práctica social vinculada a las ideas psicológicas: en las civilizaciones
clásicas las hoy llamadas enfermedades psíquicas se interpretaban como
un hecho cotidiano de posesión divina que no merecía persecución sino
hasta respeto; en la Edad Media eran signos indefectibles de la voluntad
divina, que generalmente eran castigados con la tortura y la muerte si se
interpretaban como demoníacos o premiados con la santidad si se
consideraban milagrosos, pero en todo caso con una explicación que
estaba más allá del conocimiento humano.

CLAVE: el alma para dios y la razón para la ciencia (si fuera


posible).

1.2.5. El Renacimiento.-

Los siglos XIV, XV y en algunos países hasta el XVI son considerados en la


Historia como el periodo del Renacimiento y la salida de la época oscura de
la Edad Media. Aunque se refiere básicamente a Europa, es en este
periodo que la zona geográfica europea va a ganar la posición central en el
desarrollo de la civilización humana y a imponer esta vocación al resto del
planeta.

En el orden económico se produce un desarrollo acelerado del


comercio y la manufactura; en el orden político, la lenta
fundación de los estados nacionales modernos y la pérdida del
poder terrenal de la iglesia; en el orden social, otra relación de los
hombres entre sí y con el universo, fundada en nuevas relaciones de
producción y consumo. En términos de la imagen que tienen los hombres
de sí mismos, se produce un cambio trascendental: el hombre se convierte
en el centro del poder creador, el agente activo y transformador de la
realidad, con plena libertad para obrar y rehacer el mundo, la medida de
todas las cosas y la total responsabilidad individual. Sin abandonar del
todo la visión intimista e introspectiva del mundo anterior, es un hombre
que se vuelca a cambiar la realidad en todas sus dimensiones, sin
consultar a la religión e incluso, en contra de ella. El hombre se ve a sí
mismo como capaz de cambiar al mundo, como creador de valores
materiales y espirituales.
Los dogmas religiosos ceden lugar a una concepción laica del hombre y en
consonancia con ello, redescubre el período clásico como la "edad dorada"
en que los hombres ordenaban el mundo sin esperar por la divinidad,
pero ya ahora no es el hombre político, sino el hombre mercader,
que necesita cambiar su realidad para lucrar y vivir mejor. Esta
situación supone dos direcciones de elaboración ideológica: la búsqueda
en la historia (de los griegos, sobre todo) de ideas que ayuden a
comprender el presente, y cierta experimentación natural que permita el
control de la naturaleza con fines utilitarios. La lucha fundamental es
contra el dogma religioso que impide la búsqueda libre del conocimiento y
la acción creadora del hombre en la realización de sus utopías.

Comienza la fundación de las ciencias en el sentido moderno del término,


con el ejemplo de N. Copérnico (1473-1543) y la teoría heliocéntrica,
la ejecución de G. Bruno (1548-1600) en la Italia católica por sostener
esta teoría en contra del dogma religioso, los descubrimientos de M.
Servet (1511-1553) y W. Harvey (1578-1657) en la fisiología, el
auge de pensadores como Leonardo da Vinci (1452-1519) que
fundieron tanto en el arte como en la ciencia el cambio de la época. Se da
fin a la tradición mítico-religiosa y se transforma la Alquimia en Química,
la Astrología en Astronomía y la magia en Física. Un español, J.L. Vives
(1492-1540) acuña por primera vez la palabra “Psicología”, asumiendo
que la psique puede ser un objeto de estudio tan válido como los astros o
los seres vivos.

Sin embargo, no aparece una elaboración explícita de ideas psicológicas,


sino más bien por inferencias de la acción del hombre del Renacimiento.
Estas ideas son reelaboraciones griegas, pero marcadas por el concepto
del "acto creador". Es sobre todo una época de acción y no de
elaboraciones conceptuales. Estas se producirían en la época moderna:
primero era necesario cambiar la visión del hombre sobre sí mismo,
descubrir su autonomía y poder creador para después elaborar los
conceptos que lo explicaran.

CLAVE: importa más crear que comprender.

1.3. Ideas Psicológicas y Filosofía: La Modernidad

El periodo de la Modernidad abarca desde finales del siglo XVI


hasta nuestros días. Para los efectos de esta Historia de la
Psicología, se extenderá hasta mediados del siglo XIX y en
algunos casos hasta el inicio del siglo XX. Resulta muy difícil
condensar en pocas páginas la historia de estos 200 años por la cantidad
y la importancia de los hechos económicos, políticos y sociales ocurridos
en este periodo. Baste decir que la civilización contemporánea tal y
como la vivimos nació en este periodo, primero como posibilidad
teórica y después en realización tecnológica.

1.3.1. Contexto económico-social.-


La modernidad se identifica con el desarrollo del capitalismo
(manufactura y maquinismo) primero en Italia y España, después
en Francia, Alemania, Países Bajos e Inglaterra, y finalmente
como la extensión paulatina de la visión europea al resto del
planeta, que en el siglo XIX llega a ser dominante.

La acumulación de riquezas es la base del nuevo poder, que se hace


político con la aparición de naciones en Europa, y colonias en el resto del
mundo. El desarrollo económico comienza a producir revoluciones
políticas decisivas, en las cuales la nueva clase burguesa toma el control
de los estados nacionales por diferentes vías. El proceso de revoluciones
políticas, que culmina con la Revolución Francesa en el siglo XVIII,
permite que Holanda, Inglaterra, Estados Unidos y Francia asuman las
direcciones del desarrollo económico y social del periodo. El siglo XIX
asiste al desarrollo impetuoso de las relaciones capitalistas a escala ya
mundial. Es el siglo de la técnica y la tecnología, apoyadas en la
investigación científica. El poder político y económico se concentra en la
gran industria, que convoca a la ciencia para el dominio de la naturaleza
y la producción.

Al principio del periodo culmina la crisis total de la visión religiosa


comenzada en el Renacimiento, mediante las grandes guerras religiosas
del siglo XVII (Reforma y Contrarreforma), al final de las cuales se
impone una visión laica del hombre y una relativa tolerancia a las
opiniones religiosas. Las revoluciones políticas crean una nueva
conciencia de igualdad de las personas ante el estado y el hombre se ve a
sí mismo como un ciudadano responsable, cuyas acciones individuales
influyen en el curso de los acontecimientos. El auge económico trae como
consecuencia el desarrollo cultural con la difusión de las ideas a través de
la imprenta y los viajes intercontinentales. La imagen que los hombres
tienen de sí mismos se hace terrenal, individualizada y remitida al éxito
económico. Nunca antes en la historia el hombre fue tan individual lo que
influye definitivamente en la comprensión de la sociedad y la cultura. La
imagen del universo cambia también: se transforma en una fuente de
recursos prácticamente inagotable. La acción civilizadora comienza a
moldear al mundo de acuerdo con la imagen del capitalismo triunfante.
Al final del periodo, en los albores del siglo XX, el mundo
capitalista es la civilización que promete la garantía de los
derechos del hombre y de su felicidad, el dominio eficiente de la
naturaleza y una era dorada inacabable a todo el planeta.

1.3.2. Contexto científico.-

Se funda la concepción moderna de la ciencia, que se desprende


definitivamente de los dogmas religiosos y alcanza su autonomía.
Esta concepción supone un método para alcanzar conocimientos
verdaderos y trascendentes -la metodología de la investigación científica-
, una estructura de aseveraciones que permitan registrar los
conocimientos de manera organizada -la ciencia misma- y
posteriormente, formas socialmente aceptables de transformar los
conocimientos en fuerzas productivas -las tecnologías.
El tránsito de propuestas teóricas e investigaciones trascendentales a la
constitución de tecnologías y ciencias aplicadas se acelera
continuamente, transformando de tal forma la naturaleza que mediados
del siglo XIX la ciencia se ha convertido en el instrumento más
poderoso de la acción y la voluntad humanas. El comienzo puede ser
simbolizado en las producciones de Galileo Galilei (1564-1642), en su
enfrentamiento con la iglesia y la fe en la verdad científica, al afirmar que
la tierra se movía alrededor del sol, y de Isaac Newton (1642-1727),
en la confirmación de las posibilidades de

generalización del pensamiento científico al descubrir la ley de la


gravitación universal.

El desarrollo de las ciencias naturales alcanza su primer corte


paradigmático con la escisión de la Física y más tarde de la Química. Para
las ciencias en general y la Filosofía, se produce una tendencia
constante a perseguir el prestigio de las ciencias más exitosas e
imitar sus modelos en la construcción y experimentación de
nuevas ciencias, que se mantiene hasta nuestros días: la llamada
"metáfora de las ciencias duras". Se toma como modelo la ciencia
más desarrollada y se utiliza como patrón para la explicación de
otros objetos científicos. Esta forma de concebir la ciencia tendría
un efecto directo en la elaboración de ideas psicológicas y en el
postulado de modelos que aun en nuestros días continúan
actuando como patrones de explicación para las teorías
psicológicas contemporáneas.

En el siglo XVII, el paradigma de ciencia exitosa es la Física, y el modelo


que se extiende a toda formulación científica es la Mecánica, apoyada en
las formulaciones matemáticas y lógicas; la idea básica supone
aproximarse a todo objeto intentando descubrir sus elementos
constituyentes, sus conexiones materiales, los efectos mutuos, y derivar
de estos su funcionamiento. El universo, y dentro de él, todos sus objetos
funcionan como un reloj: si conociéramos todas sus piezas y los
engranajes que las conectan para trasmitir sus efectos, en resumen su
orden, podríamos comprenderlos, reproducirlos y crear nuevos objetos
para la satisfacción de las necesidades humanas.

La constitución posterior de la Química daría origen a otro modelo,


el Combinatorio, que propone que los objetos complejos se forman
a partir de objetos simples, combinándose para producir nuevas
propiedades como ocurre con las combinaciones químicas. Si
conociéramos los principios de combinación de lo simple a lo
complejo, podríamos también explicar el mundo y toda la realidad
a partir de pocos elementos iníciales. Este modelo no resulta
opuesto al anterior, sino de cierta forma lo complementa.

Más adelante, la descripción y clasificación de los seres vivos efectuada


por C. Linneo (1707-1778) y J.B. Lamarck (1744-1829) y la
propuesta de la teoría de la evolución de C.Darwin (1809-1882),
ofrecería a las ciencias el modelo Evolutivo, que supone
comprender los objetos reales como resultados de cambios en el
tiempo, de unas formas iníciales a otras, y por tanto centra la
explicación en un proceso histórico de cambios que se determinan
unos a otros. Todos los objetos tienen una historia evolutiva de
creación, desarrollo y desintegración, que parte de otros objetos
en el origen y que a su vez serán el origen de otros objetos en el
futuro. Entender la forma de este cambio y cómo se expresa en objetos
particulares permitiría el dominio del ciclo de formación de cualquier
objeto, sobre todo en el caso de los seres vivos.

Otro modelo de este periodo se relaciona con el concepto de


energía y sus transformaciones, el modelo Energético. Los
descubrimientos y leyes de la Termodinámica en los finales del S XVII
permitirían extender la visión de la realidad a nuevos objetos y nuevos
principios explicativos. La idea principal de la energía, existente en todo el
universo, principio activo de todo movimiento, y eterna en sus continuas
transformaciones, complementa el conjunto de los modelos más poderosos
del periodo y que tuvieron un impacto en la formulación de ideas
psicológicas.

El auge de las ciencias naturales y su tránsito a la actividad productiva en


continua aceleración, no impidieron que otras líneas de reflexión científica
más centradas en la Educación y la Ética y más dirigidas al control social
aportaran modelos de imitación para la constitución de nuevas ciencias,
pero su peso relativo resultó menor, tanto en los recursos dirigidos a
sostenerlas como en sus resultados, más mediatos en el tiempo y menos
precisos, situación que continúa en nuestros tiempos actuales.

En todo caso, la elaboración de ideas psicológicas fue asunto de Filósofos,


pero de un nuevo tipo, que reconocían en las ciencias particulares su
inspiración de modelos generales para explicar el mundo, y dentro de él, la
propia psique y su funcionamiento. Cada modelo y las hipótesis que
producían permitían arrancar al pensamiento mítico religioso alguna
función psicológica, explicarla y eventualmente aplicarla a un problema
real. No existía aun la Psicología como ciencia reconocida, pero ya
las ideas iban conformando un cuerpo de conocimientos y tesis en
el camino hacia una futura ciencia. Dentro de las funciones o procesos
psicológicos, el primero a comprender y explicar era precisamente el
pensamiento, en tanto constituía el instrumento mental que garantizaba la
producción de las ciencias. Cuestión paradójica esta: se utilizaban los
modelos resultantes de la acción investigativa para explicar la propia
acción. Por eso las ideas psicológicas más notables se relacionaban
con la teoría del conocimiento, v solo posteriormente irían
entrando en otros temas. El periodo analizado de la modernidad
culminaría con algunos de los sistemas filosóficos más reconocidos de la
contemporaneidad, y fuente de los modelos actuales en Psicología.

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XXXX

1.3.3. Ideas Psicológicas y Filosofía: Las propuestas de la


Modernidad.-

Cada teoría filosófica requería necesariamente elaborar su propia


Teoría del Conocimiento independientemente de la particularidad de
uno u otro autor. A lo largo de los años analizados, se conformaron
algunos principios explicativos que con variaciones diversas y en
sistemas diferentes se repitieron como verdades relevantes. Por tanto,
las agrupaciones que siguen a continuación no suponen un análisis
filosófico, sino tratan de revelar estos principios y sus consecuencias
para las ideas psicológicas.


EL PRIMER PRINCIPIO RELEVANTE COMO RESPUESTA AL
PROBLEMA DE CÓMO CONOCEMOS FUE EL RACIONALISMO. Se
deriva de la palabra latina ratio que significa cálculo y de aquí,
reflexión. En su acepción filosófica, designa un método de
conocimiento basado en la lógica y la deducción. Desde la posición
psicológica se postula que las impresiones de los sentidos son en el
mejor de los casos, engañosas, y que el verdadero conocimiento supone
desatender, trascender o elaborar estas primeras sensaciones a través
de determinadas acciones intelectuales que ordenan el caos sensorial y
permiten descubrir sus verdades esenciales. Es una respuesta a la
primera gran pregunta de los griegos (y no está muy lejos de su propia
respuesta): la psicofísica, la relación entre los objetos de la realidad y
las imágenes ideales del hombre. Suponía imaginar algún recurso de
la psique previo a la experiencia, no relacionado con la acción
sensorial, y que permitiría llegar al conocimiento, utilizando o
no los datos de los sentidos. La negación de la validez de la forma
sensorial del conocimiento obligaba a fundamentar el origen de la razón
en algún principio específico, con las más diversas respuestas. A
continuación se presentan brevemente algunos de sus representantes
más significativos y sus ideas de contenido psicológico.

R. DESCARTES (1596-1650).-

Para la mayoría de los historiadores, Descartes marca el inicio de la


modernidad, en lo que a reflexión filosófica se refiere. La
respuesta a la relación alma-cuerpo es dualista; el cuerpo es una
sustancia similar a la naturaleza porque posee extensión, ocupa un lugar
medible en el espacio real (“res extensa": la cosa extensa); el alma es
de otra sustancia porque no tiene extensión ("res no extensa": la cosa
no extensa) y se muestra como racionalidad ("res cogitans": la cosa
que piensa). Se puede dudar de todo, pero no del hecho mismo de
dudar como acción de un sujeto que conoce (sujeto epistémico), de ahí
su sentencia "Cogito ergo sum" ("pienso, luego existo").

Como la sustancia extensa se rige por principios mecánicos, es posible


explicar los fenómenos psíquicos con este modelo en tanto no formen
parte de la sustancia inextensa. La conciencia es la relación entre las
sustancias diferentes, tanto la razón como el afecto de hecho son el reflejo
de lo extenso en lo no extenso. Es posible entonces explicar la sensación y
el movimiento voluntario por el principio del autómata mecánico fabricado
por conexiones materiales entre sensaciones (estímulos) y músculos
(respuestas de movimiento).

Sin embargo, en el hombre la razón introduce correcciones en


forma de organizadores (refractores y modificadores) que actúan
sobre la entrada sensorial y permiten trascenderla hacia el
concepto general y el verdadero conocimiento. Estos organizadores
son innatos 'y previos a cualquier experiencia. El método para este
descubrimiento es la introspección dirigida, el hombre que se observa a sí
mismo observar. Desde Inglaterra, T. Hobbes (1588- 1679) sostenía
una posición similar, solo que concibiendo el mundo y la psique como una
misma sustancia (monismo) material.

B. SPINOZA (1632-1677).-

Seguidor de la línea racionalista de Descartes, sin embargo propuso una


explicación diferente a la existencia del alma. No existen dos
sustancias diferentes; el pensamiento del mismo modo que la
extensión, es una propiedad de la materia, coincidiendo con
Hobbes. La asociación entre ideas es la base del aprendizaje, que
supone trascender la entrada sensorial, y la razón es de hecho la
voluntad y la acción del hombre y no un principio innato o
apriorístico.

Los afectos son la relación `entre los estados corporales y la naturaleza


circundante, y son solo tres: satisfacción, insatisfacción y deseo. Así para
este autor, dios era "naturaleza creadora", y lo que llamamos naturaleza
o realidad, "naturaleza creada", lo que rompe con la visión dualista idea-
materia para afirmar una concepción monista del mundo. El
problema de la relación psicofísica, y por tanto la obtención de
conocimientos se resolvió sobre la base de una identidad entre el orden
de la naturaleza y el orden del pensamiento. El hombre no ordena la
realidad, sino que descubre a partir de su razón, el orden
inherente y esencial de la naturaleza.

La elaboración de Spinoza fue poco atendida por su propia época, e


incluso aislada y perseguida. Solo cien años más tarde renacería como
formulación alternativa válida. Otros autores continuarían durante todo el
período insistiendo en la posición racionalista, como por ejemplo G.W.
Leibniz (1646-1716), que aceptó la concepción monista e imaginó al
mundo constituido por mónadas infinitamente pequeñas, que varían en
una propiedad: la conciencia de existir. Las menos perfectas apenas
perciben el mundo que les rodea; las más perfectas además se perciben
a sí mismas en la acción de percibir, a lo que llama conciencia.

La relación entre las mónadas y la posibilidad de conocer no es un


producto de ninguna acción de unas sobre otras, es simplemente la
sincronía, la armonía entre todas las cosas del mundo, y depende de un
conocimiento apriorístico, racional, y no sensorial. De esta forma rechaza
la explicación y la causalidad mecanicistas de Descartes. Este autor sería
uno de los creadores del cálculo infinitesimal junto a Newton.

KANT (1724-1804).-

La crítica más poderosa al conocimiento y la ciencia la produjo I.


Kant en pleno Siglo XVIII. La gran afirmación de Kant se refiere al
sujeto trascendental, a la posibilidad de un sujeto de conocerse a sí
mismo. No es posible el conocimiento del mundo, porque solo
conocemos las cosas para-mi, no las cosas en-si, marcando con esta
formulación la idea de que la propia acción de conocer, ya como intención
y voluntad humanas, deforma el objeto original, y su resultante como
imagen depende tanto del objeto real como de la reflexión a que le da
lugar.

Todo conocimiento es función del sujeto que conoce, no del objeto


supuestamente conocido. Esta formulación, una de las más fuertes
contra la constitución de la ciencia y su pretensión de verdad, tuvo
consecuencias importantes para las ideas psicológicas. La más crucial de
ellas es la imposibilidad de construir una ciencia de la razón, porque la
mente no podrá jamás conocerse a sí misma. Ella ordena los datos de los
sentidos utilizando categorías inmanentes, apriorísticas, que no requieren
ni confirmación ni prueba pero que actúan todo el tiempo.

Por tanto, ningún procedimiento puede separar al sujeto que conoce (el
hombre que observa al hombre) del sujeto conocido (el hombre
observado). La negación casi total del conocimiento a partir de su crítica, y
su sujeción a verdades preestablecidas, traían como consecuencia que la
única ciencia posible era aquella que aceptaba construirse a partir de estas
verdades previas, que para Kant eran las formulaciones del lenguaje
matemático, y que una ciencia del alma era por definición, imposible.

Esta posición radical fue llamada agnosticismo, o negación de la


posibilidad de conocer. A pesar de tal posición, el pensamiento kantiano
daría origen más tarde a elaboraciones psicológicas y modelos científicos
actuales, subrayando una visión subjetivista (la imposibilidad de reducir los
fenómenos psíquicos a procesos materiales) y una concepción nativista
(los procesos psíquicos son previos a la experiencia, nacen con los
sujetos).

J.F. HERBART (1776-1841).


Desde las propias ideas de Kant, algunos intentaron lo que parecía
imposible: hacer una ciencia de la Psicología. Herbart a partir de su
experiencia como pedagogo, comenzó a elaborar ideas psicológicas con
esta intención, pero sobre la base de un lenguaje matemático que le
ofreciera la seguridad de ideas verdaderas, esenciales y ordenadoras.

Para él, la psique como estados de conciencia no era más que un


sistema de representaciones de la realidad, que no tiene más
misión que la de afirmarse a sí misma. Por eso la Psicología sería el
estudio de las representaciones estáticas y dinámicas que el hombre
produce para conservarse, para mantenerse idéntico en el caos de la
realidad, no para conocerla. Los fenómenos intelectuales son
representaciones; los afectivos y volitivos son relaciones entre
representaciones.

Acometió la tarea de "medir", esto es dar un valor cuantitativo a las


diferentes ideas, y de calcular la cantidad de ideas necesarias (masa
aperceptiva) para producir una representación consciente. Las ideas se
aglutinan por su grado de coherencia, y cuando alcanzan una cantidad
crítica se hacen conscientes, sugiriendo que existen procesos psíquicos
que no alcanzan el umbral de la conciencia, coincidiendo con la idea de
Leibniz.

A partir de la crítica kantiana, que supuso el fin de una forma de


concebir la racionalidad, se van a levantar también algunos de los
sistemas filosóficos más completos y actuales que se conocen, en
especial el Idealismo Objetivo de Hegel y el Materialismo Dialéctico e
Histórico de Marx.
G.W.F. HEGEL (1770-1831).
Hegel, para muchos historiadores de la Filosofía es la cumbre de
la Filosofía Clásica Alemana. Su obra ejerció una influencia decisiva
en la marcha de la Filosofía posterior, bien como provocaciones para la
crítica, bien como postulados cuya generalidad y poder heurístico !e
garantizaron validez en otras posiciones.

Una de sus obras cumbres "Fenomenología del Espíritu" está


directamente referida a contenido psicológico, aunque en rigor, resulta
de una visión filosófica, más centrada en el conocimiento que en una
descripción o explicación psicológica.

La aproximación hegeliana, es Fenomenológica: el pensar, y con


ello la psique es un dato inmediato a la vivencia y no una
reflexión posterior. La mayor contribución de Hegel está en el
método, la sistematización de la Dialéctica para comprender las
relaciones de identidad y diferencia entre el ser y el pensar, y la
comprensión del historicismo como principio explicativo de la
naturaleza, el pensamiento y el espíritu, en este caso un espíritu
ideal supremo, que expresa su posición idealista.

En páginas citadas en todas las historias, el diálogo del amo y el


esclavo, Hegel profundiza en la conciencia individual como una
elaboración desde el “otro”, esto es, no alcanzamos nuestra condición
de sujetos sino como diferenciación de otro en una relación de
contrarios. La posibilidad de separarnos del otro para afirmar una
identidad supone la acción individual: nos reconocemos como
conciencias en nuestras obras y no en nuestras reflexiones
sobre nosotros mismos. La incorporación de la diferencia como
criterio de identidad es una expresión convincente de la aplicación de
la Dialéctica a la comprensión del pensamiento y la conciencia. Con
Hegel se cierra la gran tradición racionalista. Uno de las influencias
más definidas y declaradas la ejerció sobre Marx, que de cierta forma
dio continuidad y llegó a las conclusiones que el propio Hegel no
realizó.

K. MARX (1818-1883).-

La teoría marxista es un genial resumen de las ideas de la


modernidad. Es imposible abordar todo el sistema; se presentarán
apenas las ideas capitales que tienen una influencia directa sobre la
Psicología. El punto de partida fue sin dudas la obra de Hegel, en su
visión dialéctica, pero en Marx, la dialéctica se hace materialista,
trascendiendo las discusiones entre el materialismo mecanicista y el
idealismo metafísico. Aunque no fue su intención elaborar ideas
psicológicas, en su propia comprensión del hombre como centro de su
teoría aparecen ideas de importancia capital para la reflexión
psicológica futura.

Su afirmación de que el "ser social determina la conciencia


social" coloca en primer plano las condiciones objetivas de la
vida humana como determinantes de su psique, negando de un
golpe toda la discusión anterior acerca de ideas innatas o efecto
de la información sensorial. Los hombres durante su vida y para la
satisfacción de sus necesidades básicas establecen determinadas
relaciones entre ellos, necesarias e independientes de sus voluntades,
materiales por definición. Todo lo que llamamos conciencia, psique,
mente, sea cognitivo o afectivo, está determinado por estas relaciones
con los otros, y con el mundo a través de los otros.
Así Marx propone buscar el origen de la psique fuera de ella
misma, en las relaciones materiales que los hombres establecen
entre sí. A las tres preguntas originales de los griegos, la
propuesta marxista añade una más: la relación de la psique con
los otros, la relación social, y hace de su respuesta, el concepto
explicativo de la psique individual. No es en sus vivencias donde el
hombre se conoce e identifica; es en sus obras como resultado de su
práctica social y en sus relaciones con los otros, como relaciones
sociales. Esta idea supone una crítica a la propia idea de conciencia
como autodeterminada.

La otra idea que marcará las elaboraciones psicológicas es el


concepto de praxis, palabra latina que significa práctica, que
para Marx es acción productiva y creadora del hombre sobre la
realidad: ni el dato sensorial por si mismo, ni las reflexiones
intelectuales producen el conocimiento; este es una elaboración
desde la praxis, desde la acción real para transformar el mundo.

En cuanto al método para el conocimiento, postula la dialéctica en


contra de las visiones trascendentes e inmutables de la metafísica, pero
unida al análisis histórico, que sintetiza y supera el concepto evolucionista.
La producción humana supone la creación de una realidad social e
histórica, que se fija en el lenguaje con significados generales y comunes
para un tipo de sociedad, la ideología, que Marx llamó "formas de la
conciencia social”, pero que en los individuos específicos definió
como" psicología social". Así en rigor, cualquier psicología, como
estudio, del hombre individual será siempre una elaboración
social, por sus métodos y sus resultados.
La ideología actúa como un prisma que deforma y condiciona toda la
elaboración intelectual y personal de los hombres sobre la naturaleza, la
sociedad y su propia conciencia, convirtiéndolos en extraños a sí mismos,
la alienación: cualquier psicología deberá criticar esta dimensión en sus
propias reflexiones: El sistema marxista proponía además una acción
social y política de crítica y transformación de la sociedad
capitalista, por lo que fue atacado, condenado o silenciado, en la
elaboración filosófica y científica de la modernidad, situación que
persiste con matices diferentes hasta nuestros días. Por estas razones, su
efecto en la elaboración psicológica resultó tardío y poco reconocido. Es
difícil encontrar en textos de Historia de Psicología referencia a sus
ideas, clasificadas como economistas y de poca relevancia. Sin
embargo, el poder heurístico y su condición de guía para la praxis
las mantienen como contemporáneas.


LA OTRA GRAN RESPUESTA DE LOS FILÓSOFOS DE LA
MODERNIDAD A LA CUESTIÓN DEL CONOCIMIENTO FUE EL
EMPIRISMO. Empiria, tomado del griego, significa experiencia. En
la acepción filosófica, el término se identifica con un método de
conocimiento que se apoya; en el experimento, y la inducción.
Desde una posición psicológica se afirmaba que todo conocimiento resulta
de la entrada sensorial, y que solo a través de la acción con el objeto de
manera directa era posible alcanzar su esencia. Por supuesto, no se
negaba la elaboración ulterior del dato sensorial, pero no había nada
previo, ni innato, ni apriorístico en esta elaboración, que podía explicarse a
partir de la propia experiencia y de ciertos principios metodológicos.
El empirismo como respuesta ya estaba bien establecido desde la
Edad Media en los trabajos de la línea escocesa e inglesa, y fue
desde estas regiones que se continuó elaborando. Obligaba a definir el
método para pasar de las imágenes sensoriales a los conceptos, y por
supuesto para comprender y evitar los errores de la sensoriedad,
conocidos desde la época de los griegos. Algunos de sus representantes
más conocidos se apoyaron en reflexiones psicológicas y dieron lugar
además a otras corrientes de impacto directo en la futura ciencia
psicológica.

F. BACON (1561-1626)

Pensador y político casi contemporáneo de Descartes y


representante del Renacimiento inglés, su obra se considera el
punto de partida más completo del empirismo y el sostén
teórico de la concepción de ciencia en la modernidad. Dedicó buena
parte de sus reflexiones a comprender las formas de conocimiento del
hombre, sus desviaciones (lo que él llamó el culto a los “Ídolos”), y el
método para alcanzar un conocimiento veraz de la realidad. Afirmó que
todo conocimiento debe referirse a hechos, no a ideas, debe ser el
resultado de un proceso inductivo, que parte del dato, de la
experiencia (de ahí la palabra "empírico"), y que requiere una indagación
continua, una tortura a la naturaleza para que revele sus secretos. El dato
empírico no basta para lograr el conocimiento: debe buscarse, producirse y
elaborarse de acuerdo con reglas bien definidos.

J. LOCKE (1632-1704).-

Sin embargo, la formulación más acabada del empirismo y que


llega hasta nuestros días la elaboró Locke una generación más
tarde en Inglaterra. No existen ideas innatas en el hombre: este es
una “tabula rasa”, una tabla en la que no había nada escrito al
nacer, y la experiencia va inscribiendo todo lo que sabrá y será.
Esta metáfora radical marcó una reflexión poderosa para sus
continuadores. La experiencia sensorial no es una acción a distancia;
resulta del efecto de corpúsculos materiales desprendidos de los cuerpos
que alcanzan los órganos de los sentidos. A partir de este momento
comienza el conocimiento; pero es necesario distinguir entre
cualidades primarias (el dato sensorial inmediato, como la
extensión) y cualidades secundarias (inferidas a partir de las
primarias, como el volumen); estas últimas son las que permiten
comprender la esencia de la sustancia que no se ofrece
directamente en el dato sensorial. Así, afirmaba un momento racional
en el conocimiento, pero que nacía de la propia experiencia, y no de ideas
innatas; de esta forma intentaba conciliar las ideas de Bacon con las de
Descartes. Existían ideas simples e ideas complejas; las segundas se
formaban por la asociación de ideas simples, lo que proporcionaba un
argumento para comprender la razón en términos diferentes al innatismo.
Para él, el lenguaje tenía un carácter nominal, eran etiquetas que se
colocaban a los objetos y no tenía existencia más allá de la realidad
simbolizada.

Tampoco la conciencia representaba un misterio: se identificaba con la


identidad personal a través de la variabilidad de la experiencia. Otros
autores continuarían esta línea de pensamiento, en especial G. Berkeley
(1685-1753) que negó la existencia material porque todo lo que existe
son sensaciones y no es posible ninguna forma de objetivar el
conocimiento (idealismo subjetivo), y D. Hume (1711-1776), que se
dedicó a construir una ciencia del hombre basada en la ética y el método
científico desde una posición de empirismo radical, que afirmaba que en
las ideas no existe otra cosa que las impresiones sensoriales, asociadas
entre sí.

No obstante estas versiones extremas, típicas del pensamiento filosófico


de los primeros momentos de la modernidad, para la elaboración de
ideas psicológicas resultaron más importantes las consecuencias que
algunos autores posteriores derivaron de estas propuestas. En rigor, dos
movimientos que se extienden; desde el siglo XVIII hasta bien
entrado el siglo XIX, y que tienen origen en la tradición empirista
tendrán mayor relevancia para el futuro de la ciencia psicológica.
Estos son el MOVIMIENTO ASOCIACIONISTA, y los
ENCICLOPEDISTAS FRANCESES.

El movimiento asociacionista comienza desde Bacon y Descartes, pero


logra su formulación más acabada con D. Hartley (1705-1757), J. Mill
(1773-1836), y J.S. Mill (1806-1873). Representan la respuesta al
agotamiento del pensamiento empirista y una vuelta al sentido común y
la ciencia aplicada. Proponen una visión utilitarista del conocimiento,
concentrarse en su uso y no en sus consecuencias metafísicas. Para
Hartley, sensaciones, imágenes e ideas son movimientos sutiles, que se
producen en el cuerpo como respuesta a vibraciones producidas por el
contacto sensorial con los objetos. Estos movimientos aunque se
producen de forma individual, tienden a asociarse, a vincularse unos con
otros en virtud de determinadas características definibles. Así define la
ley de contigüidad (dos vibraciones que aparecen en el mismo espacio
tienden a asociarse) y de frecuencia (ideas que aparecen
frecuentemente de manera simultánea tienden a asociarse).

Lo importante aquí es que comienzan a establecerse relaciones entre


objetos y en la propia experiencia para explicar por qué existen ideas
complejas que no se refieren a impresiones aisladas. J. Mill reduce el
principio explicativo a la ley de contigüidad y añade el criterio de fuerza o
intensidad de las impresiones (las más fuertes tienen más poder de
asociación). Finalmente, su hijo, J.S. Mill completaría estas ideas
utilizando un modelo combinatorio, más próximo a la Química que a la
Física, en la cual las ideas complejas son una emergencia de una
combinación de ideas simples, y no una asociación mecánica. La
elaboración más audaz de esta reflexión correspondió a
H.Spencer (1820-1903), que introdujo el criterio de evolución
incluso antes de los trabajos de Darwin, y sugirió un modelo
energético para comprender el paso de lo simple a lo complejo.

De hecho, identificó la evolución con el progreso, y marcó la necesidad


de estudiar el conocimiento humano como una evolución. Su obra
“Bases de la Psicología” propuso el concepto de la adaptación
biológica como punto de partida para la reflexión psicológica,
abriendo el camino para la idea de la evolución. Lo más significativo
en esta formulación es el tránsito de considerar las relaciones entre ideas y
sensaciones internas como expresión de la asociación a comprender como
su base las relaciones vitales entre el individuo y su entorno, dando
comienzo a la visión funcionalista, de la cual es un antecedente directo.
Otra mención merece A. Bain (1818-1903), que tomó como principio
explicativo de la asociación, las acciones de ensayo-error que el organismo
aplica sobre la realidad, para poder explicar la diferencia entre
asociaciones simples y complejas. El hecho más importante en esta
formulación residía en la inclusión de las acciones musculares del individuo
como principio asociativo, y no una cualidad absolutamente ideal del
proceso interno, y la determinación del resultado de la asociación por el
conjunto de experiencias anteriores y no solo por la inmediata.
A mediados del siglo XVIII, entre 1751 y, 1772, se produjo en Francia un
acontecimiento notable, Varios científicos de diferentes ramas concibieron
y llevaron a cabo un proyecto de reunir y registrar todos los conocimientos
humanos logrados hasta ese momento, con la intención de comprender el
presente y avizorar el futuro de la humanidad, en la forma de reflexiones
acerca de los caminos a seguir. Resultó una empresa tan significativa que
algunos autores han señalado su impacto en la preparación ideológica de
la Revolución Francesa, que ocurriría algunas décadas después.

Varios son los nombres que trabajaron en esta obra, bautizada


Enciclopedia; lo interesante es que promovió la reflexión en torno
al hombre y su destino, no solo en la dirección filosófica, sino en
una visión más terrenal y práctica del sentido común. La postura
epistemológica es básicamente empirista, con una fe total en las
posibilidades de las ciencias para eliminar las miserias humanas, y
una concepción materialista del mundo, con antecedentes en el
mecanismo cartesiano.

Se concibió como un “árbol de las ciencias”, que a su vez se dividían en


tres partes: “memorias”, o el registro de la experiencia humana;
“razón”, o el registro de la reflexión y la filosofía; e “imaginación”, o el
registro de la imitación y el arte. Un antecedente inmediato es el trabajo
J.O. De La Mettrie (1709-1751), fisiólogo y filósofo, que marcó con
fuerza la necesidad de partir de otras ideas para comprender la
Psique, en especial, la fisiología, del Sistema Nervioso. Concibió al
hombre como una máquina y a la psique como los efectos de la
organización del cuerpo, a tal punto que reconocía las emociones por los
correlatos fisiológicos objetivos que aparecían en el cuerpo.
El pensamiento era una facultad de la organización corporal, y no
una sustancia independiente, y los procesos psicológicos pueden
ser explicados por cambios y movimientos del cuerpo, sin apelar a
ningún principio divino. Así, cortaba los últimos nexos entre la nueva
visión de la ciencia y el pensamiento mítico religioso.

J.J. ROUSSEAU (1712-1778).-

Vinculado en algún momento a los enciclopedistas sobre todo en la


intención, destaca la figura y la obra de Rousseau, en lo que concierne a la
elaboración de ideas psicológicas. La importancia mayor radica en su
posición con respecto al sentido común y al hombre corriente, muy
distanciado de las posiciones tradicionales de los filósofos. Muy en contra
de reverenciar la civilización como el logro más acabado de la razón
humana, se coloca en la posición contraria, acusando precisamente a la
sociedad y la cultura de la corrupción de la bondad original del alma
humana, El hombre es naturalmente bueno, y la civilización lo
deforma convirtiéndolo en un ser cruel y dañino. Es necesario
regresar al estado natural, al "buen salvaje" libre y auténtico, feliz en su
relación con la naturaleza.

Esto no significa renunciar a la civilización sino buscar una forma de


sociedad que promueva y eduque al hombre en la bondad natural. Esta
posición lo lleva a colocar el énfasis en dos direcciones: la concepción de
una sociedad nueva, y los principios de la educación de los futuros
ciudadanos. Es en esta última dirección donde se encuentran algunas de
las ideas más interesantes y hasta originales de este autor, en primer
lugar, porque reconoce en la infancia un periodo necesario y hasta
maravilloso de la vida del hombre, que le permite llegar a ser lo que es y
el momento en que se debe atender con mayor intensidad; en segundo
lugar, porque avanza la idea de una educación para la vida práctica,
vinculada a la realidad en acciones e intenciones; en tercero, porque
reconoce la necesidad de respetar la individualidad y el tratamiento
específico de los seres humanos y sobre todo de los niños.

Explora además la importancia de los procesos afectivos, que considera el


núcleo real de la psique en contra de las tendencias racionalista o
empiristas que lo identificaban con el conocimiento. Postula para la futura
Psicología una dimensión diferente de la teoría del conocimiento, la
educación, y en este punto coincide con Herbart, aunque diferenciándose
por su énfasis en la utilidad del conocimiento a enseñar. Más allá de sus
formulaciones explícitas, tal vez superadas por el pensamiento
contemporáneo, el mérito de la obra de Rousseau radica en que
abrió para la Psicología el estudio y la enseñanza del hombre
común

A. COMTE. (1798-1857).

La síntesis más completa de la tradición empirista que se trasciende a sí


misma en la fundación de un modelo de ciencia y su valor utilitario se
producirá con A. Comte. Su propuesta, llamada por él mismo ciencia
positiva o Positivismo, planteaba que la ciencia, debe abandonar
toda especulación metafísica y actuar directamente desde el dato
empírico. Esta es la única manera de construir una ciencia destinada a
ofrecer la felicidad a la humanidad. Solo el saber científico es verdadero,
porque puede identificar con claridad su objeto y su método, y comprobar
la verdad de sus producciones. Toda ciencia positiva se realiza en función
del hombre, y se subordina al principio moral de "amor al prójimo".

Su principio es el orden y su fin es el progreso. Así Comte se


convirtió en el máximo exponente de una era tecnológica, y es difícil
sobrestimar la influencia que produjo no solo en la Filosofía de las
Ciencias, como metodología del conocimiento, sino incluso en el perfil de
las propias ciencias específicas. En su clasificación de las ciencias no
hay lugar para la Psicología; en sus tiempos, la fuente de ideas y
propuestas psicológicas nacían de una posición metafísica (la
reflexión por la reflexión misma y la búsqueda de respuestas eternas,
trascendentales) y del método introspectivo (la auto observación).
Comte consideraba la introspección como "un método falso; debía
buscarse el dato directo en la Fisiología del Sistema Nervioso,
donde se puede confirmar la objetividad de los procesos subjetivos, y en
la observación de los hombres en sociedad, adelantando así la Sociología.

En especial, los fenómenos de interrelación entre los hombres


(comunicación) permiten comprender sus contenidos y formas psíquicas y
este es el dato directo para construir una ciencia psicológica. El
Positivismo sería una de los referentes más fuertes de la
constitución de la Psicología como ciencia e incluso, de algunas
corrientes psicológicas actuales.

La oposición racionalistas-empirista se refería a la vía del


conocimiento humano y de hecho, ya en el S.XIX se reconocía la
necesidad de fundir ambas direcciones tanto como definición del
conocimiento como en cuanto al método. Las ciencias de esa época,
aunque bien entrenadas en el experimento no reducían sus formulaciones
al dato empírico sino que construían activamente cuerpos teóricos de
gran densidad conceptual. Pero la oposición al racionalismo podía asumir
otra dirección: la respuesta a la pregunta de cuál es el proceso
determinante de la psique. Tantos racionalistas como empiristas de
forma implícita apostaban por la mente, la inteligencia, los
procesos de conocimiento; OTROS VIERON EN LOS PROCESOS
AFECTIVOS O EN LA VOLUNTAD EL NÚCLEO DETERMINANTE DEL
HOMBRE. A ESTOS LES LLAMÓ IRRACIONALISTAS Y
CONSTITUYERON UNA DE LAS FUENTES DE IDEAS PSICOLÓGICAS
MÁS RELEVANTES HASTA NUESTROS DÍAS.

A. SCHOPENHAUER (1788-1860).-

La crítica principal de Schopenhauer se dirigió contra el sistema


racionalista de Hegel, en un retorno a las formas “apriorísticas”
Kantianas, pero no como razón, sino como voluntad. La negación de la
razón como fuerza psíquica principal del hombre y su búsqueda
en la esfera afectiva, fundamentalmente en la voluntad, es la clave
de este pensamiento filosófico. No es la razón la que permite al
hombre conocer la cosa en-sí, sino el acto de voluntad, porque es la única
vía de aproximarse al mundo. La razón apenas ofrece, igual que los
sentidos una imagen falsa del mundo, una ilusión de realidad. El hombre
se conduce de acuerdo con sus necesidades, pasiones, deseos y
propósitos personales, sin que medien la razón ni la conciencia.

La voluntad se interpreta como fuerza, energía de vivir, que se identifica


con el impulso sexual, la experiencia estética y la renuncia ascética, y que
en síntesis, conduce a la muerte por propia decisión. Esta posición
filosófica contrastaba con el movimiento utilitarista, pragmático y
tecnológico de la época, y se identificaba con el movimiento artístico que
tomaba fuerza en Europa -el romanticismo- que apuntaba a rescatar una
subjetividad basada en la vivencia personal e insatisfecha con la felicidad
prometida por las ciencias, que se consideraba como un suicido social.
S. KIERKEGAARD (1813-1855)

En una dirección similar se movió Kierkegaard, marcando la singularidad


del individuo común y en contra de las abstracciones racionales de Hegel.
El hombre es individual y solo, y !a vivencia más importante que no
puede ser respondida por ningún conocimiento es la angustia de
la existencia. La razón no ofrece verdades; la única verdad lo es solo en
la medida en que se vive, supone una implicación personal y un riesgo
para quien la cree. Por esto, la más alta instancia de la subjetividad es la
pasión y no la razón; la verdad no es asunto de prueba ni de convicción,
sino de fe, que significa pasión y la disposición de vivir la vida y afrontar la
muerte por lo que se afirma. Esta posición radical, que tenía el mérito de
rescatar la validez de la afectividad en la existencia humana y el hombre
común, adelantó una propuesta ontológica significativa: la existencia
precede a la esencia; el hombre no nace predestinado, ni está
determinado por su conciencia: se hace a sí mismo en el acto de vivir.

F. NIETZCHE (1844-1900).

El más radical, agudo e incomprendido de los irracionalistas, propuso tesis


que aun hoy son leídas con resistencia, sobre todo por el uso interesado
que individuos y gobiernos sin escrúpulos como el nazismo dieron a su
obra, utilizando sus palabras deformadas para justificar sus crímenes. La
obra de Nietzche es una crítica despiadada contra el racionalismo y
su producto más acabado: la civilización occidental.
En su estudio de la época griega descubre cómo antes de la corriente
racionalista iniciada en los primeros filósofos, el pensamiento estaba regido
por la libertad para crear y sentir sin reglas, en resumen con la voluntad
de poder. Esta no se interpreta como la acción de someter a otras
personas, sino con el acto creativo, con la capacidad de renunciar a los
falsos valores de la sociedad dados como trascendentes y crear un mundo
diferente, con nuevos valores que respetarán la realidad del hombre, su
núcleo más auténtico. El hombre con esta voluntad será un superhombre
que se colocaría por encima de la mentira social. Su afirmación "dios ha
muerto" expresa esta idea de superación. La verdad de nuestras ideas
no es, una correspondencia con los objetos, es una
correspondencia con el contexto, lo que supone la interpretación y
valoración.

Todo conocimiento es una interpretación y una valoración de acuerdo con


valores sociales, aunque el individuo crea en su objetividad. La conciencia
es un producto de este contexto. Otra idea que tendría un impacto en
las teorías psicológicas contemporáneas es el rescate del cuerpo
como parte de la subjetividad. El cuerpo, y sus instintos
representan una sabiduría inconsciente, que actúa como los
motivos verdaderos de nuestras acciones y pensamientos. La
conciencia es apenas la región del yo afectada por la realidad. Consideró el
olvido como un proceso activo, no como una falla, que actúa como
guardián de la identidad personal, suprimiendo lo que pueda debilitarla.

En síntesis, la obra de Nietzche consiste en la crítica más fuerte al sujeto


como conciencia, el sujeto epistémico establecido desde Descartes y el
reconocimiento de la alienación: el hombre es extraño a sí mismo y no
puede conocerse. Solo con una acción de demolición de sus propios
valores tomados de la civilización podría entrar en un camino de
autoconocimiento, pero al mismo tiempo como acción individual, ajena a
los otros.

A MODO DE CONCLUSIÓN.-

La reflexión filosófica de la modernidad creó conceptos descriptivos y


explicativos de la psique, identificó problemas y aportó soluciones de gran
valor e influencia en la constitución de los programas de la Psicología
científica, e incluso algunos negaron la posibilidad de una ciencia con este
contenido. Como resumen de esta época pudieran establecerse los
siguientes modelos:

 La conciencia como razón. El núcleo de la conciencia es el


conocimiento. No se niegan ni rechazan otros procesos y
vivencias psicológicas, pero el proceso determinante es
cognitivo. Esto lleva al problema de cómo se conoce, tanto
como método y como proceso individual. Las respuestas
polarizadas en racionalistas o empiristas culminaron en una
propuesta que reconoce ambos procesos, pero que mantiene
como problema el tránsito entre el dato sensorial y los
conceptos complejos, respondidos por asociacionistas (las
ideas simples se asocian para formar ideas complejas) o
nativistas (existen principios apriorísticos que ordenan la
realidad). En cualquier caso, el método propuesto para la
Psicología es el experimento o la observación externa. En
resumen, es la propuesta del hombre abstracto, el
hombre como concepto.

 La conciencia irracional, como afectividad o voluntad. El


núcleo determinante de la conciencia es la vivencia, en la
forma de intención, deseo, instinto o voluntad. La psique no
está determinada; dependerá de lo que la propia acción del
hombre produzca y las metas que se propone. Supone una
relevancia del cuerpo, de sus apetitos y necesidades. El
método propuesto supone la autoobservación, la
introspección. En resumen, es la propuesta del hombre
común, del hombre como existencia.
 La conciencia como relación, no determinada por sus
propios procesos, sino emergente desde el sistema de
relaciones con los otros, que resulta previo y determinante a
su propia reflexión. El núcleo de la conciencia se desplaza a
las relaciones sociales y a la praxis creadora de realidad.
Supone comprender cómo se llega de la relación entre
diferencias hasta la propia identidad. El método propuesto es
la formación o intervención. En resumen, es el hombre
social, el hombre como proyecto.

Todas estas posiciones confluyen y, muchas veces coinciden en algún


punto, en tanto todas tienen algo que aportar. De hecho, algunas más
que otras y en diferentes momentos influyeron en el nacimiento de la
Psicología. Pero para, este nacimiento resultaba necesario el aporte de
otras ciencias y sobre todo de una práctica efectiva. Este será el
contenido del próximo capítulo.