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Neumonía

La neumonía es una infección del pulmón que puede ser causada por múltiples
microorganismos (bacterias, virus y hongos).
Las neumonías se clasifican según se adquieren en el día a día de una persona
(neumonía adquirida en la comunidad) o en un centro sanitario (neumonía
hospitalaria).
Cualquiera puede sufrir neumonía, y existen muchos factores que determinan que
una persona sea más susceptible a infección por unos microorganismos u otros. Por
ejemplo, en personas sanas, la neumonía más común es la producida por una
bacteria llamada neumococo (Streptococcus Pneumoniae). En cambio, en personas
ingresadas en centros hospitalarios, otras bacterias poco comunes en la comunidad
son más frecuentes.

La neumonía es una infección que inflama los sacos aéreos de uno o ambos
pulmones. Los sacos aéreos se pueden llenar de líquido o pus (material
purulento), lo que provoca tos con flema o pus, fiebre, escalofríos y dificultad para
respirar. Diversos microrganismos, como bacterias, virus y hongos, pueden
provocar neumonía.

La neumonía puede variar en gravedad desde suave a potencialmente mortal. Es


más grave en bebés y niños pequeños, personas mayores a 65 años, y personas
con problemas de salud o sistemas inmunitarios debilitados.

Síntomas

Los signos y síntomas de la neumonía varían de moderados a graves y dependen


de varios factores, como el tipo de germen que causó la infección, tu edad y tu salud
en general. Los signos y síntomas moderados suelen ser similares a los de un
resfrío o una gripe, pero duran más tiempo.

Los signos y síntomas de la neumonía pueden incluir lo siguiente:

 Dolor en el pecho al respirar o toser

 Desorientación o cambios de percepción mental (en adultos de 65 años o más)

 Tos que puede producir flema


 Fatiga

 Fiebre, transpiración y escalofríos con temblor

 Temperatura corporal más baja de lo normal (en adultos mayores de 65 años


y personas con un sistema inmunitario débil)

 Náuseas, vómitos o diarrea

 Dificultad para respirar

Puede que los recién nacidos y bebés no muestren signos de estar sufriendo la
infección. O bien, pueden vomitar, tener fiebre y tos, parecer inquietos o cansados
y sin energía, o presentar dificultad para respirar y comer.

Cuando consultar al médico

Consulta con tu médico si tienes dificultad para respirar, dolor en el pecho, fiebre
persistente de 102 ºF (39 ºC) o superior, o tos persistente, sobre todo si tienes tos
con pus.

Es muy importante que las personas que pertenecen a los siguientes grupos de
riesgo consulten al médico:

 Adultos mayores de 65 años

 Niños menores de 2 años con signos y síntomas

 Personas con alguna afección de salud no diagnosticada o con el sistema


inmunitario debilitado

 Personas que reciben quimioterapia o toman medicamentos que inhiben el


sistema inmunitario

Para algunos adultos mayores y personas con insuficiencia cardíaca o problemas


pulmonares crónicos, la neumonía puede convertirse rápidamente en una afección
potencialmente mortal.

Causas
Son varios los gérmenes que pueden causar neumonía. Los más frecuentes son
las bacterias y los virus que se encuentran en el aire que respiramos.
Generalmente, el cuerpo evita que estos gérmenes infecten los pulmones. Sin
embargo, a veces, estos gérmenes pueden ser más poderosos que tu sistema
inmunitario, incluso cuando tu salud en general es buena.

La neumonía se clasifica de acuerdo con el tipo de germen que la causa y el lugar


donde tienes la infección.

Neumonía adquirida en la comunidad

La neumonía adquirida en la comunidad es el tipo más frecuente. Ocurre fuera de


los hospitales y de otras instalaciones de cuidado de la salud. La causa puede
deberse a estos factores:

 Bacterias. La causa más frecuente de neumonía bacteriana en los EE. UU. es


el Streptococcus pneumoniae. Este tipo de neumonía puede producirse sola o
después de que hayas tenido un resfrío o una gripe. Puede afectar una parte
(lóbulo) del pulmón; esta afección se llama neumonía lobar.

 Organismos tipo bacteria. El micoplasma pneumoniae también puede


causar neumonía. Generalmente produce síntomas más leves que los
producidos por otros tipos de neumonía. La neumonía errante es un nombre
informal para un tipo de neumonía que, por lo general, no es lo suficientemente
grave como para requerir reposo.

 Hongos. Este tipo de neumonía es más frecuente en personas con problemas


crónicos de salud o un sistema inmunitario debilitado, y en personas que han
inhalado grandes dosis de estos organismos. Los hongos que la causan se
encuentran en la tierra o en las heces de las aves, y pueden variar según la
ubicación geográfica.

 Virus. Algunos de los virus que causan los resfríos y la gripe pueden causar
neumonía. Los virus son la causa más frecuente de neumonía en los niños
menores de 5 años. La neumonía viral suele ser leve. No obstante, en
ocasiones, puede tornarse muy grave.
Neumonía adquirida en el hospital

Algunas personas contraen neumonía durante su estancia hospitalaria debido a


otras enfermedades. La neumonía adquirida en el hospital puede ser grave debido
a que la bacteria que la causa puede ser más resistente a los antibióticos porque
las personas que la contraen ya están enfermas. Las personas que se encuentran
con respiradores, los cuales suelen utilizarse en unidades de cuidados intensivos,
tienen más riesgo de contraer este tipo de neumonía.

Neumonía adquirida por cuidado de la salud

La neumonía adquirida por cuidado de la salud es un tipo de infección bacteriana


que ocurre en personas que viven en instalaciones de cuidado de la salud por largo
tiempo o que reciben cuidados en una clínica de atención ambulatoria, incluso en
los centros de diálisis. Al igual que la neumonía adquirida en el hospital, este tipo
de neumonía puede manifestarse a causa de bacterias que son más resistentes a
los antibióticos.

Neumonía por aspiración

La neumonía por aspiración ocurre cuando inhalas comida, bebidas, vómito o saliva
que llegan a tus pulmones. La aspiración es más probable que suceda cuando algo
altera tu reflejo de náusea, como una lesión cerebral o dificultad al tragar, o el
consumo excesivo de alcohol o drogas.

Factores de riesgo

La neumonía puede afectar a cualquiera. Pero los dos grupos de edades que
presentan el mayor riesgo de padecerla son los siguientes:

 Niños de 2 años de edad o menores

 Personas de 65 años de edad o mayores


Tratamiento

El tratamiento para la neumonía implica la cura de la infección y la prevención de


complicaciones. Las personas que presentan neumonía adquirida en la comunidad
normalmente pueden recibir tratamiento en sus hogares con medicamentos. A
pesar de que la mayoría de los síntomas se alivian en unos pocos días o semanas,
la sensación de cansancio puede perdurar durante un mes o más.

Los tratamientos específicos dependen del tipo y la gravedad de la neumonía, tu


edad y tu estado de salud general. Las opciones incluyen las siguientes:

 Antibióticos. Estos medicamentos se usan para el tratamiento de la neumonía


bacteriana. Puede llevar un tiempo identificar el tipo de bacterias que causan
la neumonía y elegir el mejor antibiótico para tratarla. Si los síntomas no
mejoran, el médico puede recomendarte un antibiótico diferente.

 Medicamentos para la tos. Estos medicamentos pueden usarse para calmar


la tos a fin de que puedas descansar. Debido a que el toser ayuda a aflojar y
mover los fluidos de los pulmones, es bueno no eliminar la tos completamente.
Además, debes saber que en muy pocos estudios se ha examinado si los
medicamentos para la tos de venta libre disminuyen la tos causada por la
neumonía. Si quieres probar un supresor de la tos, usa la dosis más baja que
te ayude a descansar.

 Antifebriles/analgésicos. Posiblemente tomes estos según lo necesites para


aliviar la fiebre y el malestar. Estos incluyen medicamentos como la aspirina,
el ibuprofeno (Advil, Motrin IB, otros) y el paracetamol (Tylenol, otros).

CUIDADOS

 Otro consejo que ayuda mucho es hacer una dieta de vegetales crudos y
frutas.

 Además es importantísismo incluir en la dieta un suplemento de proteína


vegetal.
 Beber abundantes jugos frescos, pues los líquidos ayudan a aclarar las
secreciones de los pulmones.

 Por lo menos dos veces a la semana, hacer ayuno a base de jugos puros,
de limón fresco y agua destilada.

 Y para fortalecer el sistema inmunológico tome clorofila en forma líquida.

 Por ninguna razón fume, ya que el tabaco perjudicará más el estado de los
pulmones en caso de tener neumonía.

 Elimine de su dieta productos lácteos, azúcar refinada, productos con


harina blanca y el café.

 La vitamina A es necesaria para la salud del recubrimiento de las vías


respiratorias. La deficiencia de esta vitamina aumenta la susceptibilidad a
las infecciones respiratorias, lo que puede originar la neumonía.

Recomendaciones
En el último medio siglo se ha producido una transición epidemiológica,
y en los países occidentales las enfermedades más mortales son las
crónicas, en lugar de las transmisibles como la tuberculosis o la
malaria. En ese marco, las neumonías se transformaron en la causa
más frecuente de muerte por infecciones. Con una tasa de mortalidad
que no ha disminuido significativamente en los últimos 40 años, los
grupos de mayor riesgo de neumonía son los niños pequeños y los
adultos mayores de 65 años, y la Organización Mundial de la Salud
(OMS) calcula que esta enfermedad mata cada año a unos 1,1 millones
de niños menores de 5 años, más que el sida, la malaria y el sarampión
combinados.

La neumonía es un tipo de infección respiratoria aguda que afecta


directamente a los pulmones. Éstos están formados por pequeños
sacos, llamados alvéolos, que –en las personas sanas– se llenan de
aire al respirar. “Los alvéolos de los enfermos de neumonía están llenos
de pus y líquido, lo que hace dolorosa la respiración y limita la
absorción de oxígeno –señala Ariel Manti, miembro de la sección
Infecciones Pulmonares de la Asociación Argentina de Medicina
Respiratoria (AAMR)–. Esta enfermedad puede ser causada por virus,
bacterias, hongos o parásitos”.
La neumonía, explica el especialista, puede propagarse por diversas
vías. “Los virus y bacterias presentes comúnmente en la nariz o
garganta, pueden infectar los pulmones al aspirarse. También pueden
propagarse por vía aérea, en las microgotas producidas con la tos o
estornudos, lo que se conoce como vía inhalatoria”
Cartelito
Anemia

La anemia es un nivel anormalmente bajo de glóbulos rojos. Ocurre cuando:

 El cuerpo no produce suficiente sangre.

 El cuerpo pierde sangre.

 El cuerpo destruye los glóbulos rojos.

La anemia es frecuente en las personas con cáncer, en especial entre quienes


reciben quimioterapia. La mayoría de las personas con anemia se siente cansada
o débil. Esta fatiga puede hacer que a los pacientes les resulte difícil enfrentar las
exigencias físicas y emocionales del tratamiento.

El tratamiento para aliviar los síntomas y los efectos secundarios, como la anemia,
es una parte importante de la atención del cáncer. Este enfoque se denomina
atención médica de apoyo o cuidados paliativos. Hable con su equipo de
atención médica sobre cualquier síntoma que experimente. Esto debe incluir
cualquier síntoma nuevo o un cambio en los síntomas.
Acerca de los glóbulos rojos
Los glóbulos rojos contienen hemoglobina. La hemoglobina es una proteína de
hierro que transporta el oxígeno a todas las partes del cuerpo. Cuando los niveles
de glóbulos rojos están demasiado bajos, hay partes del cuerpo que no reciben
suficiente oxígeno. Como consecuencia, no pueden funcionar correctamente.

Los glóbulos rojos se producen en la médula ósea. La médula ósea es el tejido


blando y esponjoso que se encuentra dentro de los huesos más grandes. Una
hormona denominada eritropoyetina le indica al cuerpo cuándo producir más
glóbulos rojos. Esta hormona se produce en los riñones. Por lo tanto, el daño a la
médula ósea o los riñones puede provocar anemia.

Signos y síntomas
Las personas con anemia pueden experimentar algunos de los siguientes
síntomas:

 Fatiga
 Debilidad muscular

 Latidos cardíacos rápidos o irregulares

 Dolor de pecho ocasional

 Dificultad para respirar o falta de aire


 Mareos o desmayos

 Piel o labios pálidos

 Dolores de cabeza
 Dificultad para concentrarse

 Insomnio
 Dificultad para mantener la temperatura adecuada

 Problemas de sangrado
Causas de la anemia
Quimioterapia. La quimioterapia daña la médula ósea. En general, el efecto de
la quimioterapia en la médula ósea es temporal. La anemia mejora unos pocos
meses después de que termina la quimioterapia. Además, la quimioterapia con
fármacos de platino puede dañar los riñones. Estos fármacos incluyen cisplatino
(Platinol) y carboplatino (Paraplatin).
Radioterapia. Determinados tipos de radioterapia dañan la médula ósea:
 Radioterapia en grandes áreas del cuerpo

 Radioterapia en los huesos de la pelvis, las piernas, el tórax o el abdomen

Determinados tipos de cáncer. Por ejemplo, la leucemia, el linfoma y el mieloma


múltiple dañan la médula ósea. Además, los cánceres que se extienden al hueso o
la médula ósea pueden desplazar a los glóbulos rojos normales.
Náuseas, vómitos y pérdida del apetito. Las náuseas y los vómitos y la pérdida
del apetito pueden provocar una falta de nutrientes. Determinados nutrientes son
necesarios para producir glóbulos rojos. Entre ellos se incluyen hierro, vitamina
B12 y ácido fólico.
Sangrado excesivo. A veces, el cuerpo pierde glóbulos rojos más rápido de lo
que puede reemplazarlos. Puede ocurrir después de una cirugía o si un tumor
causa sangrado interno.
Diagnóstico de la anemia
Los médicos diagnostican la anemia a través de un análisis de sangre. Se
denomina hemograma completo (en inglés). El análisis incluye la cantidad de
glóbulos rojos. El recuento de glóbulos rojos se mide de varias formas. Las 2
mediciones más frecuentes son la hemoglobina y el hematocrito. El hematocrito es
el porcentaje de la sangre que está compuesto por glóbulos rojos.
Es posible que las personas con tipos de cáncer o tratamientos para el cáncer
específicos se realicen análisis de sangre en forma habitual. A través de ellos, se
intenta detectar la anemia y otras complicaciones relacionadas con la sangre. Si
los resultados de los análisis muestran que usted tiene anemia, es posible que
necesite realizarse otros análisis para averiguar la causa.
Tratamiento de la anemia
El tratamiento de la anemia depende de la causa y los síntomas. Estos son
algunos ejemplos de cómo un médico podría tratar la anemia de un paciente:

Transfusión de sangre. Si la anemia provoca síntomas, es posible que necesite


una transfusión de glóbulos rojos.
Medicamentos. Si la quimioterapia causa anemia, es posible que los médicos
receten agentes estimulantes de la eritropoyesis. Estos incluyen epoetina alfa
(Epogen, Eprex, Procrit) o darbepoetina alfa (Aranesp).
Estos fármacos son formas de eritropoyetina producida en el laboratorio. Actúan
indicándole a la médula ósea que produzca más glóbulos rojos.

La epoetina y la darbepoetina se administran en una serie de inyecciones. Pueden


tardar hasta 4 semanas en comenzar a actuar. Estos fármacos también se asocian
con riesgos graves para la salud. Obtenga más información
sobre recomendaciones para el tratamiento con epoetina y darbepoetina (en
inglés).
Suplementos de vitaminas o minerales. Si una falta de nutrientes causa
anemia, los médicos pueden recetar suplementos. Entre ellos se incluyen hierro,
ácido fólico o vitamina B12. En general, se administran en forma de comprimidos
que se toman por boca. Algunas veces, podría recibir una inyección de vitamina
B12. Es posible que esto ayude al estómago a absorber la vitamina.
Además, considere consumir alimentos con alto contenido de hierro o ácido fólic

Modo de prevención

La anemia se produce por una disminución en la sangre de una


proteína, la hemoglobina. Se encuentra en los glóbulos rojos y
se encarga de transportar el oxígeno de los pulmones al resto del
cuerpo.

La anemia por deficiencia de hierro es la más usual entre los


niños y las mujeres jóvenes, precisamente porque ambos
colectivos, suelen no comer alimentos ricos en proteínas.

Sobretodo en mujeres, la anemia por falta de hierro está ligada a


la mala alimentación y los periodos menstruales. Sus efectos más
inmediatos pueden suponer una mayor pérdida de sangre o la
reacción a varios medicamentos.
Para prevenir la anemia, los farmacéuticos
recomiendan consumir alimentos ricos de hierro como el hígado
y otras carnes, mariscos, frutas secas como melocotones, ciruelas
y pasas, nueces, verduras, sobre todo las de hojas verdes, como
la espinaca y el brócoli.

Causas de la anemia
La anemia puede ocurrir debido a que los glóbulos rojos disminuyen por una pérdida de
sangre, porque no se producen (o se producen mal) en nuestro organismo o porque algo los
destruye. A través de un simple análisis de sangre se mide la cantidad de glóbulos rojos que
una persona tiene.
Es frecuente que el médico no hable de glóbulos rojos sino de “hemoglobina”. Esta proteína
está dentro de los glóbulos y es un indicador del nivel de anemia.
La anemia puede ser aguda, con un comienzo repentino y severo, o puede ser crónica, y
desarrollarse lentamente durante un largo período de tiempo. La diferencia en el inicio puede
arrojar luz sobre la causa de la anemia, y también ayuda a determinar qué curso de
tratamiento será más efectivo. En algunos casos, no se puede encontrar una causa clara,
pero, aun así, la anemia a menudo se puede tratar con buenos resultados.
Ciertos medicamentos también pueden contribuir a la anemia. Esto es especialmente cierto
para las personas mayores que generalmente toman varias recetas. Los tratamientos para el
cáncer, como la radiación y la quimioterapia, también pueden dañar la médula ósea, donde se
crean los glóbulos rojos.
Una de las causas por las que no se pueden producir una buena cantidad de glóbulos rojos es
por falta de hierro. Si bien son causas menos comunes de anemia en los ancianos, la
deficiencia de hierro, la deficiencia de vitamina B12 y la deficiencia de folato pueden
identificarse y tratarse fácilmente. Se usan análisis de sangre simples para diagnosticar estas
deficiencias y luego se prescriben suplementos dietéticos.
Esta falta de nutrientes necesarios para la fabricación de los glóbulos rojos suele deberse a
una mala absorción en el intestino. Por eso es muy importante seguir las siguientes
recomendaciones para que el tratamiento sea efectivo.

Cuidado de enfermos con anemia


1. A las personas anémicas por falta de hierro se le suelen recetar medicinas que lo contienen.
Pero a veces estos medicamentos tienen efectos secundarios, como estreñimiento, náuseas,
diarrea y dolor de estómago. Estos efectos secundarios pueden reducirse al tomar el
medicamento con las comidas.
– Los suplementos de hierro y calcio no deben tomarse juntos, ya que el calcio interfiere en
la absorción del hierro.
– Tomar estas pastillas con un poco de jugo de naranja o junto con un suplemento de
vitamina C también puede ayudar a promover la absorción.
– Otra solución fácil es agregar más alimentos ricos en hierro a la dieta de un ser querido.
La carne roja, las yemas de huevo, las nueces, los mariscos, los frijoles y los granos
integrales son fuentes saludables de este mineral.
2. Las personas mayores a veces pierden la capacidad de absorber la vitamina B12 de sus
alimentos. Las deficiencias de vitamina B12 se pueden tratar con suplementos orales, pero las
inyecciones suelen ser el tratamiento más efectivo. Para aumentar la cantidad de esta
vitamina en la dieta, las personas mayores deben comer carne de res, pollo, pescado,
hígado, ostras, almejas, leche, queso y huevos.
3. Las deficiencias de folato pueden ser ayudadas con una dieta que incluya vegetales
crudos o ligeramente cocidos, vegetales de hojas verdes, vegetales crucíferos (brócoli,
coles de Bruselas y coliflor), frutas frescas, productos lácteos y granos enteros.
4. Consulte con su médico o nutricionista si el adulto mayor puede incorporar estos alimentos
en su dieta.
5. Adultos mayores con anemia frecuentemente se sienten desganados. Para comer haga
pequeñas comidas, pero más de 6 veces al día.
6. Deje que la persona enferma descanse bien: que duerma más horas a la noche o que tome
una buena siesta.
7. Cuando la persona se levante de la cama o la silla que lo haga lentamente. Si hay mareos,
mejor recostarse.
8. Siga al pie de la letra la forma de administración de los medicamentos como el médico le
sugirió.
Cartelito
Tensiómetro

Los tensiómetros son aparatos que suelen emplearse en la medicina y en la física.


En cada caso, el tensiómetro tiene diferentes características ya que mide distintos
tipos de tensión.
En el ámbito de la medicina, el tensiómetro sirve para controlar la tensión arterial.
Es importante aclarar que la tensión arterial alude a la reacción de las arterias ante
la presión arterial (ejercida por la sangre sobre las paredes de los vasos al circular).
Por eso muchas veces tensión arterial y presión arterial se emplean como
sinónimos.
El tensiómetro, que también puede recibir el nombre de esfigmomanómetro, está
compuesto por un brazalete que se ajusta al individuo, un manómetro que mide la
tensión y un estetoscopio que ayuda a escuchar el intervalo entre la sístole y la
diástole. La presión arterial se indica en una unidad física de presión (habitualmente
en milímetros de mercurio).
A través del control de la presión arterial con un tensiómetro, una persona puede
saber si sufre hipotensión (presión baja) o hipertensión (presión alta). Estos
trastornos pueden requerir de medicación o de cambios en la dieta para que el
sujeto regularice su presión y no sufra diversos inconvenientes de salud.
Dado que cualquier persona puede adquirir un tensiómetro para uso doméstico, es
importante tener en cuenta ciertos puntos fundamentales para evitar una mala
compra. No olvidemos que contar con este producto en todo momento puede ser
de gran ayuda para aquellas personas que necesitan controlar su tensión arterial
con mucha frecuencia, y por eso la calidad y las características del tensiómetro
deben ser las más adecuadas.
Si bien existen varios tipos de tensiómetro, lo que recomienda la mayoría de los
usuarios es comprar uno digital y automático, si la intención es utilizarlo en casa, ya
que facilita de forma considerable su uso y manipulación, sin dejar de lado el hecho
de que ocupa menos espacio. Gracias a la presencia de una pantalla con los valores
en fuentes grandes, su lectura es tan sencilla que cualquier persona puede tomarse
la tensión sin importar su experiencia previa o la agudeza de su visión.
Cartelito
Cortinas hospitalarias

Son fabricadas con materiales que inhiben el desarrollo de las bacterias, son la mejor solución
para lugares que necesitan tener un control sanitario logrando así mantener las condiciones de
higiene que los pacientes necesitan. Los rieles de estas cortinas pueden fabricarse con curvas
de 45 y 90°, para cerrar el cubículo del paciente.
Banquito

l término banco tiene diferentes usos y significados. La palabra puede


hacer referencia al asiento en el que pueden sentarse varias personas. Los
bancos, que pueden tener respaldo o carecer de él, suelen utilizarse en
parques, plazas y otros lugares públicos. Por ejemplo: “Vamos a sentarnos
en ese banco que está bajo el árbol”, “La plaza estaba colmada de gente: no
había un solo banco libre”.

Los bancos pueden estar construidos con madera, cemento o piedra,


entre otros materiales. En la antigüedad, la mayoría de los bancos eran de
piedra y estaba unidos al muro de algún edificio. También permitían formar
los asientos que constituían las gradas en los teatros y circos.
Banco también es el madero grueso que, colocado de manera horizontal
sobre cuatro patas, es utilizado como mesa por los carpinteros y otros
artesanos.
A su vez se conoce bajo el concepto de banco de peces al cardumen cuyos
integrantes pertenecen a una misma especie y nadan de manera polarizada
con una alta sincronización. Un banco de arena es, en cambio, la
acumulación de arena en el lecho de un río o a lo largo del litoral.
Cartelito
Epilepsia

La epilepsia es un trastorno del sistema nervioso central (neurológico) en el que la


actividad cerebral se altera, lo que provoca convulsiones o períodos de
comportamiento y sensaciones inusuales, y, a veces, pérdida de la consciencia.

Cualquier persona puede padecer de epilepsia. La epilepsia afecta tanto a


hombres como a mujeres de todas las razas, grupos étnicos y edades.

Los síntomas de las convulsiones pueden variar mucho. Algunas personas con
epilepsia simplemente permanecen con la mirada fija por algunos segundos
durante una convulsión, mientras que otras mueven repetidamente los brazos o
las piernas. Tener una única convulsión no significa que tengas epilepsia. Para un
diagnóstico de epilepsia se necesita al menos tener dos convulsiones no
provocadas.

El tratamiento con medicamentos o, a veces, la cirugía pueden controlar las


convulsiones en la mayoría de las personas con epilepsia. Algunas personas
requieren tratamiento de por vida para controlar las convulsiones, pero, para otras,
las convulsiones finalmente desaparecen. Algunos niños con epilepsia también
pueden superar su enfermedad con la edad.

Síntomas

Debido a que la epilepsia es causada por actividad anormal en el cerebro, las


convulsiones pueden afectar cualquier proceso coordinado por este. Algunos de
los signos y síntomas de convulsiones son:

 Confusión temporaria

 Un episodio de mirada fija

 Movimientos espasmódicos incontrolables de brazos y piernas

 Pérdida del conocimiento o conciencia

 Síntomas psíquicos, como miedo, ansiedad o déjà vu


Los síntomas varían según el tipo de convulsión. En la mayoría de los casos, una
persona con epilepsia tiende a tener el mismo tipo de convulsión en cada episodio,
de modo que los síntomas serán similares entre un episodio y otro.

Generalmente, los médicos clasifican las convulsiones como focales o


generalizadas en función de cómo comienza la actividad cerebral anormal.

Causas

La epilepsia no tiene una causa identificable en casi la mitad de las personas que
padecen la enfermedad. En la otra mitad de los casos, el trastorno puede ser
causado por diversos factores, como ser:

 Influencia genética. Algunos tipos de epilepsia, que se clasifican según el


tipo de convulsión que se padece o la parte del cerebro que resulta afectada,
son hereditarios. En estos casos, es probable que haya influencia genética.

Los investigadores han asociado algunos tipos de epilepsia a genes


específicos, pero, en la mayoría de los casos, los genes son solo una parte
de la causa de la epilepsia. Algunos genes pueden hacer que una persona
sea más sensible a las condiciones ambientales que desencadenan las
convulsiones.

 Traumatismo de cráneo. Un traumatismo de cráneo causado por un


accidente automovilístico u otra lesión traumática puede provocar epilepsia.

 Trastornos cerebrales. Los trastornos cerebrales que dañan el cerebro,


como los tumores cerebrales o los accidentes cerebrovasculares, pueden
provocar epilepsia. Los accidentes cerebrovasculares son la causa principal
de epilepsia en adultos mayores de 35 años.

 Enfermedades infecciosas. Las enfermedades infecciosas, como


meningitis, sida y encefalitis viral, pueden causar epilepsia.

 Lesiones prenatales. Antes del nacimiento, los bebés son sensibles al daño
cerebral causado por diversos factores, como una infección en la madre,
mala nutrición o deficiencia de oxígeno. Este daño cerebral puede provocar
epilepsia o parálisis cerebral infantil.

 Trastornos del desarrollo A veces, la epilepsia puede estar asociada a


trastornos del desarrollo, como autismo y neurofibromatosis.

Modo de prevención
La epilepsia no se puede prevenir. En caso de epilepsia, el tratamiento medicamentoso
puede prevenir otras crisis.

Cuando una persona con epilepsia tiene una crisis epiléptica aguda, actuando
adecuadamente con medidas inmediatas se puede evitar que el paciente se lesione. Para
ayudar a un epiléptico durante una crisis, las medidas adecuadas son las siguientes:

 Intente mantener la calma. Una crisis epiléptica no dura mucho normalmente


(independientemente de su tipo: tanto si son ausencias, crisis convulsivas o el
clásico ataque espasmódico).
 Si es posible, mire el reloj y calcule la duración de la crisis. Si el ataque dura más de 5-10
minutos, llame al médico. También es aconsejable la asistencia médica cuando la cara se
pone morada, los espasmos solo ceden temporalmente o el estado de confusión dura
más de 30 minutos.
 Mantenga fuera de alcance todos los objetos con los que podría lesionarse el afectado.
 No intente sujetar al paciente. Podría lesionarse cualquiera de los implicados.

Cuidado

 Evite los factores desencadenantes.


 Procure llevar un calendario de crisis y una lista de los
medicamentos con las dosis prescritas.
 Acuda de forma periódica a su médico para controles
hemáticos y niveles plasmáticos de medicación.
 No abandone jamás por su cuenta el tratamiento
antiepiléptico.
 Antes de modificar el tratamiento, consulte a su especialista.
 Ante cualquier otra enfermedad, comunique al médico el
tratamiento que está tomando.
 Haga deportes, pero nunca bruscos o de riesgo
(submarinismo, alpinismo ...).
 Es mejor hacer deportes colectivos.
 No llegue al agotamiento.