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Freud y la sexualidad femenina

Francisco PEREÑA

Nuestro propósito es realizar un so­ sultan fácilmente conciliables». En


mero análisis de la cuestión o enigma efecto, si de una «imposibilidad inter­
(de ambas formas suele referirse la na» se trata, su razón puede ser llama­
tradición psicoanall'tica al tema) de la da estructu'ral, es decir, el fracaso de
sexualidad femenina en la obra de Edipo es fundamento de la propia
FREUD. Y nos limitamos a los textos constitución del Edipo. No puede ser,
que plantean concretamente, y en el en consecuencia, que fenómeno tan
seno del despliegue del complejo de central como nos dice FREUD, pueda
Edipo, el problema. ser dejado a los avatares o contingen­
cias de la experiencia empírica. Por el
contrario, dicho «fenómeno», como el
«EL FINAL DEL COMPLEJO DE fenómeno hegeliano, se constituye en
EDIPO» - «DER UNTERGANG DES relación a la ley (la leyes la verdad del
ODIPUSKOMPLEXES». fenómeno - nos dice HEGEL - siendo
Edición castellana: Obras com­ que la ley no tiene otro contenido que
pletas; Ed. Biblioteca Nueva, to­ el fenómeno). I;sto quiere decir que el
mo 11. Edipo se funda en su fracaso, o sea, el
Edición alemana: Fischer Ver­ despliegue del Edipo viene a ser como
lag; Studienausgabe, tomo V. el despliegue de la ley en el fenómeno
(lo que HEGEL llamaría la fenomenali­
FREUD se pregunta: ¿Qué provoca zación de la ley, «fenomenalización»
el final de un «fenómeno central del que permitirá entre otras cosas que la
temprano período infantil»? niña pueda desear a su padre). Si el
Dos hipótesis explicativas adelanta: complejo de Edipo es «fenómeno cen­
una ontogenética (la inevitable expe­ tral» esto se debe a que en Edipo se
riencia del fracaso dada la «imposibili­ desarrolla el proceso identificatorio
dad interna» del complejo de Edipo) y que viene fundado en la identificación
otra filogenética, al ser tanto su pre­ primaria con el Ur-Vater. La ley, que
sencia como su disolución «un fenó­ como ya sabemos es lo separado, lo
meno determinado por la herencia» heterónomo se fenomenaliza en el
(p. 501; 245). Edipo que funda por su propia hetero­
Ambas hipótesis, dice FREUD, «re- nornía. De esta forma el Edipo necesa­

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riamente se ha de definir por su «im­ ya estaba al principio (Ur-vater) rigien­
posibilidad interna», la imposibilidad do la «imposibilidad interna» del
de agotarse en el objeto-madre, que si Edipo.
podemos decir que es objeto es preci­ Pues bien, precisamente la leyenda
samente porque ya está separado. Así edípica es una excepción a esa «leyen­
podemos entender que la relación que da tipo» como la llama FREUD. Edipo
establece FREUD entre la explicación es recogido por una pareja real, lo cual
filogenética y la ontogenética está ple­ significa que no fue «realmente» sepa­
namente justificada si sabemos inter­ rado, excluido de la madre, por lo que
pretar tan desgraciados vocablos des­ desconocedor de sí mismo matará a
de una perspectiva no empirista sino su padre y se acostará con su madre.
«trascendental ». Porque en Edipo no hay «fracaso» del
Tenemos entonces una imposibili­ complejo de Edipo repite el Acto Ori­
dad interna (inneren Unmoglichkeit) ginario, fáustico, del asesinato del pa­
del Edipo. No se trata, por tanto, de dre y el consiguiente incesto con la
una amenaza o imposición exterior madre. La leyenda de Edipo Rey sirve
que impediría la realización del deseo para nominar al famoso complejo lla­
empírico sino de su imposibilidad in­ mado «nuclear» porque siendo el rela­
terna o su fracaso interno. El fracaso to del Acto Originario señala al mismo
(Misserfolg) del complejo de Edipo le­ tiempo su «interna imposibilidad»,
jos de ser un accidente debido a una puesto que el orden humano no es
exterior eventualidad, es su propia fundado «ex novo» por cada individuo
condición de tal lo que establece el or­ que viene al mundo sino que quien
den humano. viene al mundo viene regido por ese
Cuando en «Moisés y el monoteís­ orden que lo trae al mundo (humano)
mo» FREUD nos descubre la estructura y del que es hijo.
de la leyenda del héroe, está recons­ Sin embargo, cada uno ha de hacer
truyendo el relato de cada uno, el rela­ el recorrido de ese fracaso (he aquí el
to de todo ser humano, de cómo se «timing» de las fases) de forma que en
constituye todo ser humano. Así te­ él se reproduzca el proceso de la <<le­
nemos, como ya he señalado en otra yenda tipo». Por consiguiente, el fra­
ocasión, el nacimiento, la expulsión o caso o imposibilidad interna que defi­
separación que procede del padre, los ne el complejo de Edipo no evitará que
trabajos del héroe que acepta esta se­ cada cual haga frente al deseo edípico
paración y lleva a cabo una serie de y sea capaz de abandonarlo. La efica­
actos heroicos hasta que es reconoci­ cia del complejo de Edipo reside en su
do por el padre. Este es, decimos, el inevitable y consustancial fracaso.
relato de todo ser humano que se fun­ En este plano de la «ontogénesis»,
da en el fracaso del Edipo, en su «im­ en el que FREUD pasa a situarse ahora,
posibilidad interna», ya que para ser el deseo edípico es abandonado por la
debemos ser separados de nuestra amenaza de castración por lo que <<las
madre, separación que lleva a cabo y cargas de objeto quedan abandona­
en lo que consiste la función Padre; das y sustituidas por identificaciones»
debemos aceptar la separación, la (p. 502; 248). Estamos en el terreno de
castración, debemos ser heterónomos las identificaciones secundarias, que
y así reencontrarnos con el padre que suponen ya previamente el investi­

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miento de objeto y que vienen a refor­ que el incesto es esencialmente cas­
zar por así decir la identificación pri­ trador quiere decir justamento esto:
maria con el Ur-Vater que establece la que si se realiza tal unidad con el obje­
heteronomía (Padre es la unidad con­ to el sujeto desaparece en el objeto,
migo mismo fuera de mí). Estamos, sucumbiendo entonces tanto el sujeto
pues, en el terreno de lo específica­ como el objeto, la dialéctica de la ob­
mente «ontogenético». Así continúa jetividad y del deseo. La amenaza de
FREUD «... La autoridad del Padre o de castración es sentida así por el niño
los padres introyectada en el Yo cons­ desde la dialéctica del deseo, deseo
tituye en él el nódulo del super-yo que ha de sostenerse en la prohibición
que ... perpetúa la prohibición del in­ del goce. Quiero decir con esto que si
cesto y garantiza así al Yo contra el re­ podemos hablar de amenaza de cas­
torno de las cargas de objeto libidino­ tración es porque se está dentro
sas» (ídem). de la dialéctica del deseo. La paradoja
es entonces que para ser como sujeto
En todo este texto se observa un se ha de ser en el otro, se ha de soste­
movimiento sumamente interesante: ner en la falta.
del objeto a la identificación, del Yo al
super-yo, de la sexualidad a la dese­ A este propósito FREUD se pregunta
xualización. El abandono de las cargas si se puede hablar de represión del
de objeto edfpico es sustituido por la complejo de Edipo. Si se tratase de
identificación, yo me identifico con mi una mera represión entonces conti­
padre o mi madre, me sexual izo, me nuaría existiendo en el inconsciente y
identifico como sexo (Yo sexuado) a manifestando así su acción patógena.
costa de una «desexualización» y de la En todo caso hay que hablar de una
formación del Super-Yo. Esto es lo represión especial. En primer lugar
que en el lenguaje más específicamen­ porque «la mayoría de las represiones
te psicoanalítico se llama acceso a la ulteriores se producen bajo la inter­
castración: soy en el otro, me consti­ vención del Super-Yo cuya formación
tuyo como objeto identificándome se inicia precisamente aquí» (p. 503;
con lo que no soy, me «legalizo» en 248). Yo pienso que esa represión es­
cuanto separado de la ley, sujeto en­ pecial no puede ser otra que la repre­
tonces por definición «falto» (castra­ sión originaria, sea al menos en cuan­
do) de objeto y también de ley, puesto to que la Ur-verdragung establece el
que esta es necesariamente lo separa­ orden de la ley y del sujeto en el que
do o, si se quiere, la plenitud separa­ se inscribe el Edipo y su «imposibili­
da. No hay Yo sin Super-Yo; el Yo dad interna». Pero justamente porque
de la identificación es al mismo tiem­ de una «imposibilidad interna» se tra­
po Super-Yo. ta, de la escisión o separación consti­
tutiva del sujeto, es algo que FREUD se
Tenemos entonces que el niño atreve a llamar algo «más que una re­
abandona el objeto edi'pico ante la presión», en el sentido de represión
amenaza de castración para acceder a secundaria. Se trata, nos dice, de
la castración, auténtica paradoja que «einer Zest6rung und Aufhebung des
los lacanianos expresan bien al hablar Komplexes», de una disolución y de
de acceso a la castración simbólica. una Aufhebung. El objeto edfpico se
Cuando F. DOlTO dice, por ejemplo, disuelve como tal objeto para que así

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pueda haber objeto y, en consecuen­ Aufhebung»; «Zestorung» es caer por
cia, sujeto. tierra y tiene un sentido parecido a
Este pequeño artículo de FREUD «Untergang»; «Aufhebung» es un
muestra una curiosa e importante ba­ término como se sabe de difícil tra­
talla con los términos. Ya de entrada ducción pero, desde luego, está claro
topamos con el título «Der Untergang que no es «síntesis» como suelen tra­
des Odipus Komplexes»; «Unter­ ducir los Manuales de Filosofía a pro­
gang» no es propiamente «final» co­ pósito de HEGEL. DERRIDA lo ha tradu­
mo traduce López Ballesteros, ni tam­ cido por «relevo». Tomemos un texto
poco «sepultamiento» como traduce de HEGEL y puede valernos perfecta­
Etxeverria en una costosísima edición mente la definición del proceso del
que, por esperada, no ha dejado de signo que nos da en la Enciclopedia:
ser decepcionante (es necesario decir­ «... Ia intuición en tanto que es
lo a los que empiezan: esa monumen­ primero, de inmediato un dato
tal y costosísima edición de Amorror­ (ein Gegebenes) y una espacia­
tu que mejora en muchos aspectos a lidad (ein Raumliches) recibe,
la edición de Biblioteca Nueva traduci­ puesto que se la utiliza
da por López Ballesteros, no ha deja­ como signo, la determinación
do de ser, sin embargo, una oportuni­ esencial de ser solamente en
dad perdida porque lo primero y más tanto que "aufgehobene" ... »
importante de una edición de las (§ 459).
obras completas de FREUD no es el Si aceptamos traducir «Aufhe­
aparato crítico sino la propia traduc­ bung» por «relevo» tenemos que la in­
ción y ésta, lamentablemente, deja tuición es elevada y suprimida, o sea,
mucho que desear) sino que la idea de relevada en el sentido de que el signo
movimiento está en el propio término es el relevo de la intuición sensible y
«Gang». «Untergang» viene a dar idea espacial siendo ésta negada, disuelta,
de un movimiento en falso, de un mo­ en el signo.
vimiento fracasado, un movimiento En nuestro caso tendríamos que la
que, en terminología aristotélica no «Zerstorung», la ruina, el fracaso del
consigue pasar al acto; literalmente complejo de Edipo no es un mero ac­
significa «naufragio». Y todo esto es cidente, un mero paso en falso sin
el sentido que pretende dar FREUD consecuencias sino que fundamenta
con la elección de este término. El el proceso, como en la carrera de rele­
complejo de Edipo es un movimiento vos; el objeto es relevado al quedar
en falso, destinado de por sí al fracaso «desexualizado» (<<relevado» por la
y en eso reside su valor estructurante. identificación) y la instancia paterna
Por eso FREUD repite que su definitivo aparece como instancia tópica inter­
naufragio no puede explicarse en tér­ na: el Super-Yo; relevado por el Ideal
minos de represión, puesto que, en del Yo y situado en otra tópica: el
realidad, se trata de un naufragio, de Super-Yo.
un irse a pique por sí mismo, por su Por eso parece correcto, de entra­
misma razón de ser. No es una repre­ da, que FREUD insista en que no se
sión sino la condición de posibilidad trata de una mera represión. Si no alu­
de la represión. FREUD aventura otras de aquí a la Ur-vendragung segura­
categorías: «einer Zerstorung und mente es porque aunque se pueda de­

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cir que el Grund (fundamento y razón) se muestra menos necesitada de le­
de la Aufhebung sea la represión ori­ gislar y establecer principios univer­
ginaria, ésta por sí misma no daría sales abstractos. Sabe lo que pasa y lo
cuenta de la disolución del complejo que quiere, a diferencia del hombre.
de Edipo. Carecería así de principios generales,
De todos modos, la inseguridad su moral es la norma concreta adapta­
con que se mueve FREUD no ha sido, da al caso concreto. Podemos admitir
pienso, aún «aufgehobene». En ver­ que esto tiene que ver con el pene o
dad «hemos tropezado aquí con el lí­ su ausencia, pero si somos raqicales
mite nunca precisamente determina­ con el planteamiento freudiano habría
ble entre lo normal y lo patológico» que decir que en la niña, el Edipo, le­
(p. 503; 248). jos de ser un «fenómeno central» es,
Pero nos interesa especialmente lo por el contrario, un fenómeno secun­
que FREUD nos va a decir de la niña. dario, cosa que el propio FREUD va a
Sabe que en sus reflexiones anteriores llegar a decir más adelante.
ha tenido fundamentalmente en cuen­ FREUD apunta aquí una cierta falta
ta el proceso del niño pero «¿qué tra­ de moral en la mujer que puede resul­
yectoria seguirá el desarrollo corres­ tar en verdad sorprendente pero que,
pondiente de la niña?». de todos modos, debe ser entendida
FREUD se limita prácticamente a en el sentido restrictivo de atender a
adelantar algunas ideas que sólo pos­ los hechos y a lo particular más que a
teriormente en otros artículos, va a los principios generales y a la univer­
desarrollar. salidad. También es cierto que la mu­
He aquí, sucintamente, el esquema. jer por esto no haría de un comporta­
Primero concibe la niña el clítoris co­ miento inmoral un principio moral uni­
mo un pene que crecerá con el tiem­ versal lo que, con frecuencia, hace el
po; después considerará que fue cas­ hombre.
trada por la madre; aceptará el hecho Pero, ¿hasta qué punto se puede
consumado y vendrá la compensación afirmar que el cOtnplejo de Edipo en la
de la ecuación simbólica (sustitución mujer es una «formación secundaria»
del deseo de tener pene por el deseo o que la formación del Super-Yo se
de tener un niño). debería en el caso de la niña a la «inti­
Ahora bien, si la niña se ve obligada midación exterior»?
a «aceptar la castración como un he­
cho consumado», «desaparece tam­
«ALGUNAS CONSECUENCIAS
PSIQUICAS DE LA DIFERENCIA
bién un poderoso motivo de la forma­
ción del Super-Yo ... » (p. 503; 250). A
SEXUAL ANATOMICA» (1925).
diferencia del niño tendríamos que la
«EINIGE PSYCHISCHE FOLGEN
DES ANATOMISCHEN GESCH­
niña se dispensa, se evita la obsesión
LECHTSU NTERSCH lEOS».
del aval peneano, la necesidad de la
Edición castellana: Alianza Ed.,
garantía de su subsistencia en un Ideal
n. o 444.
del Yo que se construye sobre la ame­
naza y la angustia de castración. Edición alemana: Sutidenausga­
Es cierto que, si la observación dia­ be, tomo V.
ria no nos engaña, la mujer se atiene Aquí FREUD resume, en primer lu­
más a los hechos que a las normas y gar, la situación y desarrollo del varón

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en el complejo de Edipo, introducien­ fresco, pero en cuanto simple mujer
do un aspecto nuevo y que, sin duda, era "fruto podrido. En la religión ger­
es relevante: la posición femenina, mana, Freyja significaba la fecundidad
ambivalencia ante la figura paterna y pero era también la deseada por los gi­
secreto deseo de ser castrado (ambi­ gantes lo cual provocaba la guerra. La
valencia ante la figura paterna y ante vinculación mitológica de la mujer con
la castración. la naturaleza, también en cuanto ame­
naza cultural (permítaseme la expre­
Pero la cuestión del complejo de
Edipo en la niña es lo que reclama sión por su claridad) y, particularmen­
ahora la atención de FREUD. te, social y estatal, tiene que ver, sin
duda, con ese carácter enigmático de
Tanto en la niña como en el niño, la lo femenino, sea para el hombre.
madre fue el «objeto original» (erste Veamos ahora esa prehistoria edípi­
Objekt, primer objeto). ¿Cómo se pro­ ca de la niña.
duce entonces en la niña el cambio de Enfrentada la niña a la diferencia se­
objeto? xual anatómica «cae víctima de la en­
Para FREUD lo específico de la n~ña vidia fálica» (Penisneid) (p. 72; 260).
es la larga prehistoria del complejo de La observación de la diferencia sexual
Edipo que hace que éste sea, «en cier­ produce efectos distintos en el niño y
ta manera, una formación secunda­ en la niña.
ria» (p. 71; 270). Si el complejo de Edi­ En el caso del niño FREUD distingue
po es «fenómeno central» en la forma­ dos momentos. Primero hay desinte­
ción del orden humano, ¿cómo califi­ rés, «no ve nada o repudia su percep­
carlo de «formación secundaria»? ción o busca excusas para hacerla
FREUD sabe que debe restringir su afir­ concordar con lo que esperaba ven>.
mación y por eso antepone «en cierta Parece entonces claro que no se trata
manera» (gewissermassen), como si de un interés ausente sino de una «re­
sólo de forma indirecta se pudiese de­ negación», «deni» (verleugnet seine
cir que se somete la mujer al Edipo. Wahrnemung). No es que no vea sino
Ya en «Tótem y Tabú» se veía que la que no quiere ver, «reniega» de lo que
mujer era el objeto del deseo masculi­ ve. Luego, «cuando una amenaza de
no y por hombres y entre hombres se castración ha llegado a influir sobre él,
establecía la transgresión y la prohibi­ dicha observación se le torna impor­
ción. La ley, como la libido, es mascu­ tante y significativa ... » (p. 72; 260).
lina. «En cierta manera», como si la Parece como si, en primer lugar, pu­
cuestión del Edipo, central en el hom­ diese mantener el sexo femenino en­
bre, fuese «marginal» en la mujer, tre paréntesis, como si no lo percibie­
pero no por ello menos eficaz, de ahí ra, pero se trataría de un intento inútil;
la importancia de ese vocablo ante­ la presencia del padre en el deseo de
puesto: gewissermassen, «en cierta. la madre se impone como amenaza de
manera» y en relación con el hombre. castración, como separación y herida
La mitología y la religión siempre na rcisista.
han titubeado sobre el estatuto de la Este texto de FREUD sugiere la idea
mujer. En el mito bororo, por ejemplo, creo de una estrecha relación entre la
era en cuanto madre proveedora de castración y su «Verleugnung», intrin­
alimento y, por lo tanto, vegetal- cación típicamente masculina y que

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tiene que ver con esa obsesiva necesi­ Aquí la argumentación freudiana se
dad de aval de la que ya hemos habla­ hace oscura y confusa. El complejo de
do. Difícil parece para el hombre la masculinidad tendría dos variantes: la
coexistencia entre castración y narci­ esperanza de conseguir alguna vez un
sismo. pene, «o bien puede ponerse en juego
cierto proceso que quisiera designar
Antes de pasar a hablar de la niña, como Verleugnung ... que en el adul­
dice FREUD algo curioso: ese enfrenta­ to significaría el comienzo de una
miento del niño con la amenaza de psicosis» o sea, se empecinaría en «la
castración «determinará permanente­ convicción de que sí posee un pene»,
mente sus relaciones con la mujer»; ni viéndose en consecuencia obligada a
más ni menos ahora se propone dar­ conducirse «como si fuese un hom­
nos la clave de la posición del hombre bre». FREUD no parece dejarle salida a
ante la mujer: «horror (Abscheu) ante la mujer, condenada a la masculinidad
esa criatura mutilada, o bien el triun­ o a la Verleugnung psicótica.
fante desprecio (Geringschatzung)
de la misma» (p. 72; 261). Horror y
Uno, conforme a la tesis freudiana
desprecio al mismo tiempo. Horror
del Edipo femenino como una «forma­
ante lo femenino, ante la pasividad,
ción secundaria» y a la propia tesis la­
ante la pura alteridad e insubsistencia
caniana de la Verwerfung femenina,
(no olvidemos aquella vieja idea freu­
podía pensar que de lo que aquí se
diana de que el inconsciente es feme­
trata es de una obligada «masculiniza­
nino: la pura alteridad, el significante
ción» femenina a fin de que la mujer
tachado por esa barra que se resiste a
acceda a lo (~social», a lo universal tal
la significación, la materia insubsis­
como proponía el Hegel de la Feno­
tente), horror pues necesario e inevi­
menología. En ese estar la mujer a ca­
table, como necesario es también el
ballo entre la «naturaleza» y la cultura,
«triunfante desprecio», triunfo de lo
entre lo perdido, la pura alteridad
social, de la Razón, de la impostura de
(siendo así el representante del exceso
la ley, desprecio del legislador que te­
de una carencia de lo que el falo viene·
rritorializa lo femenino en el orden fa­
a ser su significante, mejor dicho, por
miliar.
ello es un significante) y la positividad
En el caso de la niña «al instante social. Corno veremos más adelante,
adopta un juicio y hace su decisión. esta enigmática posición femenina de­
Lo ha visto, sabe que no lo tiene y termina todo el paradójico lugar reser­
quiere tenerlo». Así, mientras que el vado a la mujer en la mitología y la
niño no ve nada, la niña lo ve todo de religión.
entrada, al instante, en un tris (im
Nu), se ve a sí misma como la pura di­ Sin embargo, FREUD pasa sin tran­
ferencia que rápidamente ha de ne­ sición a decirnos ahora que esa es una
gar: «Weiss das sie es nicht hat, und mala salida, es decir, una salida pato­
will es haberl)}o «A partir de este punto lógica, puesto que el complejo de
-continúa FREUD- arranca el deno­ masculinidad viene a obturar la verda­
minado complejo de masculinidad dera solución femenina, solución que
(Mannlichkeitkomplex) de la mujer» desembocaría en la famosa ecuación
(p. 72: 261). simbólica hijo por pene.

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«Las consecuencias psíquicas mordialmente la madre, objeto del de­
de la envidia fálica (Penisneid) seo del padre. Pero aquí nos encon­
en la medida en que ésta no tramos ya en plena dialéctica edípica.
llega a ser absorvida (auf­ c) Rencor contra la madre «que
geht) por la formación reac­ la echó al mundo tan insuficientemen­
tiva (Reaktionsbildung) del te dotada». Este rencor va a ser capi­
complejo de masculinidad, tal para el cambio de objeto y, en con­
son muy diversas y trascen­ secuencia, el cambio de zona, consti­
dentes» (p. 73; 261) (subraya­ tuyendo así una posición de encrucija­
do mío). da para la niña que tiene que ver con
Tenemos entonces que la envidia lo que FREUD va a llamar sorprendente
de pene en la medida en que no es dependencia de la niña en relación
«aufgeht» (relevada, tomada, asumi­ con su madre. Adviértase que de nue­
da) por el complejo de masculinidad vo estamos en el Edipo, en la rivalidad
se abrirá a un proceso de transforma­ edípica, sea si se quiere en su primer
ciones que desembocará en la ecua­ momento.
ción simbólica. El deseo específica­ Sin embargo FREUD va a privilegiar
mente femenino se mostrará entonces otra consecuencia de la Penisneid.
en deseo de tener un hijo. La mujer d) Rebelión contra la mastur­
habrá encontrado así el camino de lo bación clitoridiana, como conse­
«universal» sin necesidad de «de­ cuencia del descubrimiento de la infe­
negar» o «forcluir» (verleugnen) su fe­ rioridad del clítoris, o sea, de la envi­
menidad. dia de pene. La masturbación c1itori­
diana «es una actividad masculina»,
Veamos esto con más detenimien­ nos dice FREUD, cuya desaparición es
to. Entre las consecuencias «diversas «requisito ineludible para el desarrollo
y trascendentes» de la «envidia de pe­ de la femenidad». Ahora bien, si la ni­
ne» FREUD enumera las siguientes: ña se rebela contra la masturbación
a) Sentimiento de inferioridad. clitoridiana, es en principio por causa
FREUD explicita su concesión a de la propia «Penisneid», concreta­
ADLER.En todo caso se trata de esa mente por <da ofensiva narcisística li­
reacción primera ante la observación gada a la envidia de pene» (p. 76;
de la diferencia sexual anatómica que 264), o sea, la masturbación constata
determina el proceso de la «envidia de la falta. Resulta, por tanto, que la ra­
pene». zón por la cual se renuncia a una su­
b) Los celos. FREUD no nos expli­ puesta «actividad masculina» es ella
ca en qué consiste esta característica misma «masculina»: no aceptar la
femenina frente a los celos masculi­ propia castración o inferioridad pe­
nos de cuya importancia no es posible neana. FREUD no parece consciente
dudar. LACAN abrió una interesante de esta aporía. Veremos que en otros
vía de reflexión al respecto con su te­ artículos posteriores sobre la sexuali­
sis sobre el deseo femenino: ser el falo dad femenina admitirá una vuelta de
en tanto el signo mismo de lo deseado la masturbación c1itoridiana una vez
«Formación del inconsciente», p. 113), acontecido el acceso a la feminidad de
ser el falo que no tiene y que le dispu­ forma que ya el clítoris habría dejado
ta primordialmente la otra mujer, pri­ de ser, en una perspectiva exclusiva­

16
mente masculina, el mero represen­ seo del pene del padre, fantasía de te­
tante del pene cortado. Es más, si ner un hijo del padre. Sólo con el ter­
aceptamos que la mujer (y ahí su posi­ cer momento entraría la niña en la dia­
ción enigmática) es «el signo mismo léctica edi'pica. Punto de partida, una
de lo deseado», como nos dice Lacan, decepción fálica, punto de llegada,
si es el falo que no tiene, cabe supo­ una recuperación simbólica del falo.
ner en consecuencia que su capaci­ De esta forma la niña parece llegar al
dad autoerótica es superior a la del Edipo para instalarse allí. El paso si­
hombre por lo que la masturbación guiente, deseo de tener un hijo de un
vendría a ser más específicamente hombre, no viene explicado por
femenina que masculina contra lo FREUD, aunque será el avatar de su re­
que FREUD afirma en esta ocasión. lación afectiva con el padre el que de­
Nunca en la mujer sucede un total cida ese paso o la vuelta, como dice
cambio ni de objeto ni de zona. Pode­ FREUD, al complejo de masculinidad.
rnos decir que en el psiquismo nada se El deseo de tener un hijo se convier­
olvida, todo se inscribe, no hay e'l te así en el más genuino deseo feme­
consecuencia ni adecuación ni trans­ nino, mujer dotada de potencia pro­
parencia en las transformaciones o en creadora pasa así a dotarse de un falo
las equivalencias. Cambiar de objeto y en cierto modo indestructible. El pa­
de zona es una empresa que se revela dre es entonces mero instrumento
en el fondo imposible y seguramente (<<in dieser Absicht») para la procrea­
en eso reside la mascarada (la propia ción y la recuperación fálica. Pero ya
aporía femenina) y la «u-topización» hemos apuntado antes que en el psi­
(o si se prefiere la des-territorial iza­ quismo las ecuaciones no funcionan
ción, la imposible localización) del go­ tan bien, tan en perfecta tautología
ce femenino, goce oculto, invisible y como en matemáticas; y la mujer
sin firma. Volveremos sobre esto. siempre sabrá que, en definitiva, un
Sólo ahora interviene, segl.Jn hijo no es un pene y que, además, pa­
FREuD,el complejo de Edipo en la ra ser hijo ha de estar separado, parti­
niña, con el establecimiento de la do (el término «parto» señala perfec­
«ecuación pene = niño» (<<symbolis­ tamente esta idea) y separado, es de­
che n Gleichung Penis = Kind») (p. 76; cir, la ecuación simbólica sólo funcio­
264) por lo que «renuncia a su deseo na en la dialéctica edípica que exige la
de pene poniendo en su lugar el deseo separación y prohíbe la reintegración
de un niño y con este propósito to­ del producto. La ecuación simbólica
ma al padre como objeto amoroso (Iie­ tampoco viene, en suma, a servir y a
bessobjekt). .. ». Es FREUD quien su­ suplir la falta de pene.
braya: «in dieser Absicht». El cam­ Si la castración es lo que introduce
bio de objeto y de zona viene determi­ a la niña en el complejo de Edipo, por
nado por el deseo de tener un hijo del lo que éste es una «formación secun­
padre. daria», ¿cuál sería la razón de su aban­
La «envidia del pene» resulta ser el dono? «En la niña -dice tajantemente
pórtico de la entrada de la mujer en el Freud - falta todo motivo para el ani­
Edipo y articula varios momentos: de­ quilamiento del complejo de Edipo»
seo o anhelo (<<souhait», que diría La­ (p. 78; 265), razón de la fragilidad del
can) de que el clítoris sea un pene, de­ Super-yo femenino. Partimos de la

17
2
convicción de que esta insistencia miento de la cultura micenico-mi­
freudiana en la debilidad del Super-yo ceniana».
femenino es justa y que «esta diferen­ En esa fase preedípica lo más rele­
cia en la interrelación entre los com­ vante es la estrecha vinculación de la
plejos de Edipo y de castración es lo niña con su madre lo que, entre otras
que plasma el carácter de la mujer co­ cosas, podría explicar la «etiología de
mo ente social» (<<Sobre la sexualidad la histeria» (p. 121; 277), posición de
femenina», Alianza Editorial, n. o 386, radical ambivalencia ante la madre
p. 125). (como la neurosis obsesiva, estructu­
Pero para que la niña pueda ser ma­ ra masculina, lo es ante el padre).
dre y desear un niño ha de resolver Pues bien, partimos de un objeto,
(aufgeben) el complejo de Edipo. Para la madre y de una zona, el clítoris,
que la niña sea tal y en consecuencia que han de ser cambiados por padre y
sujeto ha de estar sometida heteróno­ vagina.
mamente a la ley. Por muy específica A esa primera fase de la sexualidad
que sea la relación de la mujer con la femenina la llama FREUD masculina
ley no por ello escapa a la ley. sea al menos por el objeto y la zona.
Esta relación de la mujer con la ley o El cambio de zona plantea ya un
lo que es lo misno, esa específica «in­ primer problema:
terrelación entre los complejos de Edi­
«Otra complicación se des­
po y de castración», toca el núcleo de
prende del hecho de que la
la cuestión y en torno a ella se puede
función del clítoris viril con­
hacer algo de luz en el enigmático nar­
tinúa durante la vida ulterior
cisismo (¿de dónde nacería tanto nar­
de la mujer en una forma muy
cisismo si sólo hay falta?) y masoquis­
variable que, por cierto, toda­
mo femeninos, narcisismo y maso­
vía no comprendemos satisfac­
quismo estrechamente interrelaciona­
toriamente» (p. 123; 278).
dos como veremos más adelante.
Ya hemos hablado de esto anterior­
mente. El clítoris vendría a ser, pues,
investido libidinalmente, una vez su­
perada la rebel'ión de tipo masculino
«SOBRE LA SEXUALIDAD FE­
MENINA» (1931) «ÜBER DIE WEI­ NOTA. - La histeria que está en el origen del
BLlCHE SEXUALlTAT». psicoanálisis vuelve a aparecer ahora. Se po­
Edición castellana: Alianza Ed., dría decir que el psicoanálisis nunca dejó de
n. o 386. estar vincu.lado a su objeto inicial: la histeria.
Para el psicoanálisis, como para LÉVI­
Edición alemana: Studienausga­ STRAUSS, la ml,1jer está en el centro de la vida
be, tomo V. . psíquica y social. Sin la mujer, decía LÉVI­
STRAUSS, no hay vida social; el intercambio
de mujeres es lo que pefmite la relación entre
En esta cuestión, Freud plantea lo los hombres.
primero el cambio de objeto y el Será ahora cuando FREUD culmine su vieja
cambio de zona. Vuelve a centrar la intuición de la relación de la histeria (de la mu­
jer) con la bisexualidad. La histeria, como la
clave de la sexualidad femenina en la
neurosis obsesiva en el hombre, resalta lo que
«fase preedípica de la mujer» cuya im­ podría definir la forma o la estructura deseante
portancia compara con «el descubri­ de la mujer.

18
contra la masturbación c1itoridiana, te y enigmática vinculación o depen­
rebelión que era efecto de la envidia dencia libidinal de la niña' respecto a
del pene (Penisneid). Por otro lado, su madre. ¿Cómo es esa relación?
también es posible pensar que en la «¿Qué es en suma lo que la niña pe­
pulsión c1itoridiana puede emerger el queña pretende de su madre?», se
goce allí donde se instaura la falta de pregunta en el capítulo tercero. Hay
pene. Si el estatuto de lo femenino en una palabra que puede describir esa
el plano «social» (<<como ente social» relación: ambivalencia, dependencia y
según la expresión freudiana) es enig­ hostilidad que perdura por encima del
mático ya que hay como un aspecto cambio de objeto contribuyendo a un
indomeñable, ello hunde sus raíces en parcial fracaso de dicho cambio. Posi­
el proceso de transformaciones sim­ ción ambivalente y, por tanto, pasiva
bólicas que culmina en la ecuación y activa al mismo tiempo, actividad y
pene = niño; como en todo proceso pasividad siempre en torno a la ma­
de transformación, siempre queda ese dre, lo cual, según apunta FREUD,
resto entrópico mortífero, esa diferen­ «probablemente atestigüe el carácter
cia que hace posible, por lo demás, el exclusivo de su vinculación a la ma­
mantenimiento de trabajo (me estoy dre, con descuido total del objeto pa­
refiriendo al esquema del motor térmi­ terno» (p. 133; 286). En efecto, el ob­
co). O sea, que el deseo femenino no jeto paterno (Vaterobjekt) vendrá a
se agotaría en la ecuación simbólica, ser un mero instrumento en la bús­
que supondría un modelo maquínico queda peneana o en la búsqueda del
que poca cabida deja a la propia exis­ hijo sustituto del pene, pero nunca se
tencia del deseo. habrá conseguido una completa diso­
El cambio de objeto tampoco deja lución de esa estrecha y ambivalente
de plantear problemas. Una vez acae­ vinculación con la madre, «de esos
cida la decepción fálica a la niña le impulsos orales, sádic0s y, finalmen­
quedan tres caminos: o renuncia a la te, también fálicos, dirigidos a la ma­
sexualidad, o se aferra a la masculini­ dre», como la masturbación c1itoridia­
dad o cambia de objeto (p. 125; 279). na y la propia fantasía de hacer un hijo
Mas si tan fuerte y estrecha era la a la madre, muestran. Creo, en conse­
vinculación «preedípica» con la ma­ cuencia, que conviene hablar de am­
dre, ¿cómo se hace posible el cambio bivalencia originaria, entre la relación
de objeto? FREUD nos repite, una vez madre/hija.
más, su esquema: el descubrimiento Por eso no sorprende esta conclu­
de la castración, la decepción fálica y sión de FREUD:
el consiguiente rencor contra la madre
«El desprendimiento de la ma­
unido a su desvalorización una vez
dre es un paso importante en el
descubierta su carencia. Resulta, al
desarrollo de la niña e implica
menos, curioso que en esta ocasión
no se aluda a la ecuación simbólica, mucho más que un mero
cambio de objeto» (p. 135;
tema que recobrará, sin embargo, su
228).
relevancia en las conferencias de
1933. Figura hiperbólica que funciona co­
En el presente texto, FREUD parece mo una litote suspendida: «sie ist mehr
especialmente interesado en esa fuer­ als ein blosser Objektwechsel», mu­

19
cho más que vendría a resultar mucho antoja mecánica y no sólo porque pa­
menos puesto que nunca viene a sa por alto la propia ley edípica que
acontecer un cambio completo de ob­ enuncia el no reintegrarás tu produc­
jeto, nunca parece resolverse esa in­ to, obligando así a la madre a la sepa­
trincada relación de la niña con su ma­ ración de su hijo, sino que también es­
dre. Y, si no hay un cambio completo tablece una adecuación entre natura­
de objeto, tampoco lo habrá de zona. leza y cutura, el deseo y la reproduc­
Quizá por esto, FREUD afirma que la ción, que elimina toda dialéctica del
bisexualidad es más específicamente sujeto y la castración y, en suma, del
femenina que masculina; se puede re­ propio inconsciente, que pasa así a
producir la relación pasiva y activa mera estructura profunda de lo apa­
con la madre que sostiene la propia re­ rente siendo lo aparente no el síntoma
lación con el padre. sino, en todo caso, la mera expresión
Por otro lado, si la niña se orienta directa o el mero efecto directo, tran­
hacia el padre por rencor ante la ma­ sitivo, de la causa eficiente.
dre o si el motor del cambio es la sus­
No obstante, vemos un poco más
titución simbólica niño(hijo) por pene,
adelante que esta «escandalosa» tesis
parece entonces que sería un mero
de H. DEUTSCH encierra más de una
cambio meramente funcional.
excelente intuición: la retención del
En «Algunas consecuencias ... » el hijo ya par(t)ido, la relación articulada
esquema parecía algo más claro: el entre ser el lugar del deseo.y la poten­
complejo de castración establece la cia femenina, o sea, ser el falo y te­
«Penisneid» que llevará en un proceso ner el hijo.
normal a buscar el falo allí donde está,
en el padre. En esa búsqueda se esta­ En esta ocasión, sin embargo, y co­
blece el encuentro con el objeto­ mo ya he dicho, FREUD no hace inter­
padre, este encuentro abre la vía de venir la famosa ecuación simbólica.
las sustituciones simbólicas, en defini­ Parecía que esta ecuación hacía las
tiva, establece el deseo del hijo. Para cosas fáciles e, incluso, más fáciles
Helen DEUTSCH el deseo femenino se que para el niño. El camino de la niña
agota en la maternidad, hasta el punto iría de la falta de pene al hijo sustituto
de que orgasmo y parto adquieren del pene. Por el contrario, el niño ha­
una estrecha vinculación; el orgasmo bría de acceder a la posición pater­
sin parto, dice Helen DEUTSCH, es un na, lo cual resulta un terrible manda­
«trabajo frustrado»; por el contrario, to; competir con el padre, identificar­
el parto es «una orgía de placer maso­ se con él, pasa por la estructura obse­
quista». Seguramente aquí se produ­ siva de un deseo siempre evanescen­
ce un reduccionismo chocante, algo te; sin saber lo que quiere, ni recono­
así como colocar como único aspecto cer su deseo si se acerca lo suficiente
de la Diosa la fecundidad; no obstan­ a él (el saber siempre perdido del hom­
te, también parece cierto que el verda­ bre), se ve compelido a destruir y re­
dero falo es el hijo y que, en suma, el cuperar intermitentemente al Otro,
orgasmo debe ir vinculado al parto co­ «inútil» trabajo de Sísifo, tejedor de
mo prueba suprema de la incorpora­ normas que sellan una culpabilidad
ción del objeto y su expulsión oral­ inencontrable pero no menos pre­
vaginal. Pero tal adecuación se nos sente.

20
Si el hombre desea tener un hijo se­ deseo. Al psicoanálisis, dice FREUD,
rá de una forma distinta, como legisla­ «corresponde no tratar de describir lo
dar, corno forma de encontrarse con que es una mujer ... sino investigar có­
lo colectivo, obsesiva mente se puede mo de la disposición bisexual infantil
decir, como si del libro o del árbol se surge la mujer» (p. 933; 548). Enten­
tratara, da igual. De ahí su imposible demos esta «disposición bisexual in­
relación con el hijo; es muy difícil que fantil» en un sentido restrictivo o ne­
un padre no compita con el hijo por­ gativo: lo femenino no viene dado por
que sabe que lo es principalmente de una pre-formación de tipo instintivo o
la madre. biológico, es un proyecto de ser so­
metido a los avatares de la dialéctica del
deseo, en definitiva, a la dialéctica
«LA FEMINIDAD» (1933) «NEUE de la ley y del sujeto. En consecuen­
FOLGE DER VORLESUNGEN ZUR cia, «bisexual» no debe entenderse en
EINFÜHRUNG IN DIE PSYCHOA­ el sentido del mito platónico de Aris­
NALYSE». tófanes sino en el de diferir de los
Edición castellana: Obras com­ sexos que constituye la sexualidad
pletas. Ed. Biblioteca Nueva, to­ vertebrada por la castración, el ser se­
mo 11. xuado.
Edición alemana: Studienausga­ ¿Cómo se deviene mujer? Esa es la
be, tomo l. pregunta de FREUD. La tarea es ardua
puesto que ha de cambiar de objeto y
En «Nuevas aportaciones ... » (1933) de zona. ¿Cómo se producen tales
FREUD dedica una conferencia a la fe­ cambios? Aquí comienzan los rodeos.
minidad. Como es un intento de divul­ La razón no puede estar en una su­
gación merece la pena que nos deten­ puesta atracción de los sexos que co­
gamos en él. mienzan mecánicamente a determina­
Comienza con la conocida pro­ da edad puesto que de lo que se trata
clama: es de considerar la propia formación
«Masculino o femenino es la sexual. Por el contrario, se trata de un
primera diferenciación que ha­ proceso en el que la fuerte y primitiva
céis al enfrentaros con otro vinculación con la madre sólo puede
ser humano ... » (p. 932; 545), disolverse (quizá nunca enteramente)
que ya hemos tenido o.casión de co­ por algo que sea capaz de determinar
mentar anteriormente. Ni la Anatomía positivamente tal desvinculación. Ya
ni la Psicología nos van a desvelar el sabemos que esa vinculación primitiva
misterio. de la niña con su madre es considera­
Si «la diferenciación (Unterschei­ da por FREUD un descubrimiento fun­
damental:
dung) no es de origen psicológico», ni
tampoco de orden anatómico, ¿de «No es posible comprender a la
qué orden entonces? Si, como vimos mujer si no se tiene en cuenta
ya anteriormente a propósito de este esta fase de vinculación a la
mismo texto, ni el órgano ni la mera madre anterior al complejo de
descripción del comportamiento dan Edipo» (p. 935; 551).
cuenta de la diferencia sexual, ésta es Estas «relaciones libidinales de la ni­
del orden del ser, del sujeto y del ña con la madre son muy varias» y «se

21
extienden a través de las tres fases ... 2) Relacionado con el destete
deseos orales, sádico-anales y fálicos» aparece «el miedo a ser enve­
«plenamente ambivalentes, esto es, nenada ... ». Aquí la madre apa­
tanto de naturaleza cariñosa como rece como amenaza activa o
hostil y agresiva». La hostilidad está, positiva, no sólo no me alimen­
en consecuencia, de una u otra forma ta sino que me envenena.
presente en todo el proceso de la fase 3) Los celos ante «un nuevo
preedípica, desde el principio se pue­ bebé».
de decir (ambivalencia originaria la he­ 4) No satisfacción de los deseos
mos llamado anteriormente). Esto le sexuales lo que se concretla
permite a FREUD decir, a propósito del principalmente en la prohibi­
cambio de objeto que ción de la masturbación (otro
«... no se trata de un mero obsesivo tema freudiano).
cambio de objeto. El aparta­ Pero a FREUD no se le escapa que
miento de la madre se des­ «todos estos factores ... se dan
arrolla bajo el signo de la también en las relaciones del
hostilidad; la vinculación a la niño con la madre y no son,
madre se resuelve en odio» sin embargo, suficientes para
(p. 936; 552). apartarlo de ella ... » (p. 937;
Esta idea aparecía ya en «Sobre la 555).
sexualidad femenina»; «no se trata de Es necesario, pues, encontrar algo
un mero cambio de objeto» puesto específico de la niña: el complejo de
que persiste una hostilidad que es, de castración.
alguna forma, una pervivencia del ob­
jeto. La hostilidad determina el cam­ «... Ia niña hace responsable a
bio de objeto pero, al mismo tiempo, la madre de su carencia de
impide un definitivo cambio de obje­ pene y no le perdonará la des­
to. Aquí hay que situar la específica ventaja. »
bisexualidad femenina. Esa hostili­ El «descubrimiento de su castra­
dad, nos dice FREUD, puede «perdurar ción» abre a la niña tres caminos: la
a través de toda la vida o puede ser inhibición sexual, el complejo de mas­
luego cuidadosamente sobrecompen­ culinidad y la «feminidad normal»
sada, siendo lo más corriente que una (p. 938; 557). Aquí repite lo que ya vi­
parte sea dominada, perdurando otra» mos a propósito de «Algunas conse­
(ídem). ¿Cómo se concreta esa hostili­ cuencias ... »..En aquella ocasión
dad?, ¿cuáles' son los reproches que FREUD e'fa, incluso, más radicál al ha­
hace la niña a la madre? FREUD hace blar de una variante «psicótica» del
una descripción de los mismos en or­ complejo de masculinidad.
den cronológico:
Pero el cambio de objeto sólo será
1) «... haberla criado poco tiempo posible una vez descubierta la castra-'­
a sus pechos», o sea, «falta de ción en la madre. Ese descubrimiento
cariño», reproche que, de he­ permite que la anterior ambivalencia
cho, siempre se puede encon­ desemboque en abierta hostilidad.
trar en el resentimiento his­ ¿Por qué, sin embargo, una hostilidad
térico. ante quien, de pront?, aparece como
22
desposeída, «desvalorizada»? FREUD ¿Por qué el deseo femenino ha de
dice: expresarse en deseo del hijo? ¿Cuál es
el misterio de esa relación, que Helen
{( El objeto de su amor era la
DEUTSCH puso de forma descarnada
madre fálica (der phallischen
al descubierto, entre orgasmo y par­
Mutter); con el descubrimiento
to? Por de pronto, el lugar de la madre
de que la madre está castrada
es el lugar de la potencia reproducto­
se le hace posible abandonarla
ra; pero en esto el padre no es un me­
como objeto amoroso (Liebe­
objekt). .. » (p. 938; 557). ro instrumento accidental sino que
esa potenCia va estrechamente unida
La madre fálica es la perfe.cción del al deseo: ser el lugar de lo deseado y
objeto, la plenitud del objeto autosufi­ ser el lugar del hijo. El orgasmo sin
ciente en sí mismo. Descubierta «su» parto es un «trabajo frustrado», decía
castración orientará su búsqueda ha­ H. DEUTSCH; el trabajo femenino re­
cia allí donde está el falo: el padre. La tiene la simiente que en" ella fructifica
madre aparece como igualmente cas­ (el «arte de la naturaleza desconoce la
trada, deja de sustentarse y de susten­ dialéctica del trabajo», decía PLOTINO)
tar. He aquí el verdadero descubri­ de forma que viene así a establecer
miento de lo femenino: el descubri­ una especie de completud o, mejor di­
miento del deseo de la madre, de la cho, de pseudocompletud, ya que el
madre como deseante. parto supone, a su vez, una fatal par­
¿Cómo se explica que la hostilidad tición en la madre, que, sin embargo,
emerja o culmine con el descubrimien­ nunca acaba de realizarse plenamen­
to de la carencia en la madre? Descu­ te. Se puede decir así que en el hijo
bierta la madre como deseante, la ni­ culmina el «engaño» femenino: no só­
ña se liga ahora a ella de una forma lo es mío sino que yo le dará tu nom­
peculiar: ha de competir constante y bre a lo que, por ello, no te pertenece.
necesariamente con quien es el <<lu­ Sobre ella, la desposeída, descansa la
gar» del deseo para acceder a él. afirmación masculina de la paterni­
En la doctrina freudiana, el descu­ dad, el Discurso social. Si existe la
brimiento del deseo en/de la madre hembra-mujer, no se puede decir lo
determina «el viraje hacia el padre». mismo del macho-hombre.
¿Qué es lo que busca la niña en el pa­ Esta es la intuición que subyace en
dre? Lo que la niña busca en el padre las tesis de H. DEUTSCH y que se
es el lugar de la madre. ¿Qué pinta el muestra en toda la mitología de la mu­
hijo en todo esto? FREUD es terminan­ jer (la vinculación entre orgasmo y
te al respecto: parto, entre deseo y reproducción,
«Pero la situación femenina se entre la diosa de la fecundidad y la
constituye luego, cuando el diosa del deseo, entre Naturaleza y
deseo de tener un pene es re­ Cultura).
levado (ersetzt = sustituido) Esta articulación entre deseo feme­
por el de tener un .niño, sus­ nino y deseo del hijo no deja de plan­
tituyéndose así el niño al pene, tear dificultades, no sólo referidas al
conforme a la antigua (alter) nombre del hijo cómo ~ujeto de la pa­
equivalencia simbólica» (p. 939; labra, sino al propio deseo, es decir, el
558). orgasmo sin parto, por seguir con la

23
expresión de H. DEUTSCH, puede sig­ Por un lado no parece posible explicar
nificar un sometimiento al hombre, de forma satisfactoria la disolución del
pero quizá las más de las veces no sea Edipo femenino. Por otro, sin embar­
más que el rechazo a realizar un «tra­ go, la niña ha de someterse, para ser,
bajo» que culmina en la partición y en a las prescripciones edípicas.
la separación.
Sigamos con FREUD. Tenemos, «En estas circunstancias la
pues, a la niña ya instalada en el com­ formación del Super-Yo tiene
plejo de Edipo: forzosamente que padecer.»
«Con la transferencia (Übertra­ Pero, ¿cómo accedería la mujer a la
gung) del deseo niña-pene al maternidad sin identificarse con la
padre entra la niña en la situa­ madre deseante, deseo que si la cons­
ción del complejo de Edipo» tituye (a la hija) es porque la excluye?
(p. 939, 559). ¿Y cómo podría, en consecuencia, te­
Se ve pues en qué sentido es «tar­ ner hijos sin comérselos, es decir, có­
dío», secundario al complejo de cas­ mo podría aceptar la prohibición de
tración y efecto de transformaciones reintegrar su producto si no ha resuel­
simbólicas: to el complejo de Edipo? ¿Acaso los
niños se tienen' solos y el hijo se agota
«Para la niña la situación de en el mero hecho de la reproducción?
Edipo es el desenlace de una Cuando en el proceso de individua­
larga y difícil evolución, una ción la niña entra en el Edipo, no todo
especie de solución provisio­ está concluido; aún ha de conseguir
nal, una postura de descanso que esa «transferencia del deseo niño­
(Ruheposition) que la sujeto pene al padre» pueda convertirla en
tarda en abandonar ... » madre, lo cual conlleva el mandato de
la separación del hijo para que éste
Parece como si el Edipo fuese para
sea tal. El tiempo de la procreación no
la niña el final de un trayecto, esa
se limita a la fusión con el varón sino
«Ruheposition» en la que desembo­
que culmina en el parto, en la parti­
can sus anteriores avatares. ¿Cómo va
ción que instaura el triángulo padre­
a salir de él entonces? Esta es, como
madre-hijo o madre-padre-hijo; tiem­
se sabe, la dificultad mayor de FREUD.
po de maduración biológica que es
No encuentra la razón suficiente para
condición de la objetividad del hijo
explicar la disolución del complejo de
puesto que no hay tiempo si no hay
Edipo en la mujer. Así FREUD no se
separaci(>n; y la mujer que no consi­
priva de decirnos:
gue instalarse así en el tiempo (de la
«La niña permanece en él inde­ separación), aborta; el aborto posee
finidamente (unbestimmt) y un doble significado, encarna un do­
sólo más tarde e incompleta­ ble rechazo: el de la separación y el
mente (unvollkommen) lo su­ del deseo; ambos sabemos ya que van
pera (abbaut) (p. 940; 560). juntos; el rechazo de la separación se
transforma en hostilidad y se resuelve
«Indefinidamente» viene matizado en aborto. Si FREUD nos habla de una
por «incompletamente». Es una espe­ «Ruheposition» de la niña en el Edipo,
cie de transacción del propio FREUD. es porque entonces no es un final;

24
hay una especie de descanso como narcisismo con el masoquismo? ¿Qué
quien metido en una cueva ve una luz misterio guarda la maternidad, qué te­
que le indica la salida y decide enton­mores suscita esa potencia femenina
ces tomarse un descanso antes de que por definición no puede resolver­
emprender el esfuerzo final de dar a se en potencia social?
(la) luz; la niña «descansa» de tan Si ella se exhibe como pura alteri­
conflictiva relación con la madre pero dad, significante del deseo, pura mas­
aún le queda el último tramo: hacerse carada que «sabe» que se desea por
madre. nada (cfr. el excelente análisis de
Pero el enigma persiste puesto que FREUD acerca de un caso de homose­
no conseguimos explicar cómo llega xualidad femenina), el hombre no de­
la niña a la posición de madre; por­ jará de sentirse inquieto, títere de un
que, en efecto, llega, pero según pa­ juego en el que el propio masoquismo
rece de una forma bastante curiosa: (masoquismo narcisista habría que
pare a su hijo aunque lo marcará con decir) es el más radical mentís a su ofi­
la huella del regreso, mientras que, cio de dominador.
por otro lado, nunca acaba de resolver El enigma de la mujer es para el
la ambivalencia de su originaria rela­ hombre, insistió FREUD; lástima que
ción con su propia madre; no hay, en se mostrase, sin embargo, demasiado
suma, un definitivo cambio de objeto. cartesiano en esto, porque si de enig­
En el texto que ahora comentamos, ma se trata no lo es tanto para el cogi­
el enigma de la mujer termina situán­ to sino para el sujeto del deseo que se
dose en una doble vertiente: en cuan­ nombra masculino, enigma que tiene
to al Edipo (lo supera y no lo supera) entonces que ver con aqueíla vieja in­
yen cuanto a la bisexualidad, puesto tuición freudiana de que «el elemento
que si no termina de haber un definiti­ esencial de lo reprimido sea siempre la
vo cambio de objeto ni de zona, la bi­ feminidad» (<<Los oríg~nes del psicoa­
sexualidad viene a formar parte impor­ nálisis». Manuscrito M), enigma, pri­
tante de la propia sexualidad femeni­ mera y principalmente, para el hom­
na, razón por lo demás por la que pue­ bre puesto que aquí se apunta una
de ser significante del deseo. idea que vamos a desarrollar más ade­
lante inscrita también en el «Das Un­
«Parte de aquello que los hom­
bres llamamos Ilel enigma de la heimliche» freudiano a saber, que lo
l

femenino trabaja en uno de sus aspec­


mujer" se deriva, quizá, de esa
tos al menos contra la impostura
manifestación de la bisexuali­
social siendo el resto entrópico de lo
dad en la vida femenina»
que escapa a tantas transformaciones
(p. 941; 561).
simbólicas la pasividad si se quiere en
l

Enigma en el que FREUD incluye esa la que se empantana el pacto social.


amalgama de narcisismo, masoquismo HEGEL, junto con FREUD, nos servirá
y maternidad. Si digo amalgama es . también en esta ocasión de testigo
porque forma en verdad un intrincado e/a rividente.
nudo difícil de descifrar. ¿De dónde Cuenta JaN ES que en cierta ocasión
viene tanto narcisismo (ein haheres FREUD dijo a Marie BaNAPARTE: «La
Mass van Narzissismus) si de tanta gran pregunta que nunca ha obtenido
carencia se trata? ¿Cómo vincular el respuesta y que hasta ahora no he si­

25
do capaz de contestar a pesar de unos Todos los poetas, decía BLAKE, per­
treinta años de investigación del alma tenecen al partido del demonio; tam­
femenina es ésta: Was will das Weib? bién la mujer (¿no nos recomienda
(¿qué es lo que quiere o desea la mu­ FREUD que preguntemos a los poetas
jer?») (cfr. Ernst JONES, Ed. Barral 11, por el enigma femenino?). La tradi­
p. 258). ción cristiana llamaba al demonio el
«eterno Exiliado». El enigma femenino
El hombre se pregunta «was will es igualmente el signo de nuestro exi­
das Weib ?». El enigma de la feminidad
lio, exilio de la Naturaleza y del Senti­
lo es primera y principalmente para el
do al mismo tiempo; «signo indesci­
hombre, para el hombre y, por tanto,
frado», nos definía el poeta HOL­
del hombre. El hombre se pregunta
DERLlN.
por sí mismo, por su propio desgarra­
miento. Una pregunta que no es nada Si el hombre está destinado (por
más ni nada menos que una pregunta qué y por quién) a ser padre, se verá
de imposible respuesta ya que está di­ así impelido a asumir una función que
rigida hacia lo imposible o, por decirlo es de separación, por lo que, en con­
de una forma más llana, hacia donde secuencia, sól9 le quedará permane­
no están los propios datos ni los pro­ cer como hijo si quiere conservar la vi­
pios presupuestos. ¿Qué soy yo más da. Ninguna teoría servirá, en definiti­
allá del Orden o del Imperio del Senti­ va, para salvarle, ni en lo universal ni
do? ¿Quién soy yo que debo hacerme en lo particular, puesto que lo univer­
cargo de una ley y un orden separados sal le es ajeno y lo particular carece,
de mí y a los que paradójicamente me por definición, de sentido. Somos
ata esa pregunta de la que no puedo particulares, pero si somos hemos de
prescindir si de hombre presumo? poder predicarnos de lo universal. Lo
Pregunta, pues, connaturaJ al resulta­ particular nunca es, por ello, entera­
do de ser hombre. mente recuperable por lo universal; lo
particular es el momento de no-ser de
Si la pregunta por lo femenino tiene lo universal. La pregunta por la mujer
algo de inquietante es porque se de­ es una pregunta por lo particular, por
tiene al borde del «horror vacui», es el no ser (la Mujer no existe, escanda­
una pregunta por la diferencia que ja­ lizaba de nuevo LACAN) y por la muer­
más alcanzará su concepto. te; pregunta correlato del «horror va­
Para Tertuliano el demonio no tiene cui». Horror y fascinación, horror al
realidad propia, su realidad es no-ser vacío, a lo particular y fascinación por
frente al Ser por antonomasia. Pero el vértigo, por el objeto inalcanzable;
de ahí nace precisamente su carácter «objeto» y sostén de la obra artística
maléfico e inquietante. Todas las co­ ni el más mediocre funcionario puede
sas cobran así la dimensión del vértigo escapar a su fascinación, tenga tal ob­
que da como resultado la Tentación, jeto figura de liga o de protuberancia
la dimensión de no-ser que las hace carnal.
equivaler al deseo. No anda, pues, ¿Cómo pensar un dios creador sin
descaminado FREUD cuando nos ha­ privación?, se preguntaban los prime­
bla de la posición del hombre ante la ros teólogos; ¿cómo se ha de sostener
mujer: horror, o sea, vértigo, y des­ la naturaleza y el movimiento sobre la
precio, o sea, defensa del sentido. pura esencia sin categorías, sobre la

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Inmovilidad? Dios no es, había pro­ formas restantes», es sencillamente
clamado PROCLO, puesto que no está por la razón de que es la forma general
sujeto a predicación alguna, ni siquie­ del masoquismo: die Schwerztlust,
ra a la de la esencia. Esta búsqueda, placer en el dolor. A él le atribuye
siempre problemática, entre la Perfec­ FREUD «causas biológicas y constitu­
ción y la Carencia, de una Perfección cionaies» (er ist biologisch und Kons­
indiferente e indeterminada, nos sus­ titutionele zu begründen). En realidad
cita de nuevo el problema femenino: FREUD no habla de causas sino de fun­
lo singular no como una diferencia es­ damento (Grund), fundamento del vi­
pecífica sino como la Diferencia que vir, fundamento constitucional que
hace por principio imposible la Uni­ coloca al dolor en el seno del placer; el
dad. Y este es el valor (póngasele to­ vivir estaría pues enraizado en el sufri­
das las reservas que se quieran) de esa miento (la experiencia del dolor como
vieja intuición freudiana acerca de la primera experiencia vital) y el placer
«realidad» femenina del inconsciente. como diferencia tensional incluiría el
dolor, pero no sólo diferencia «tensio­
O surprise fatale!
nal» sino diferencia placer / satisfac­
La femme au corps divin, pro­
ción, como acaba de apuntar en «El
mettant le bonheur.
Yo y el Ello», diferencia que se sostie­
Par la haut se termine en
ne como límite y en cuanto tal inaugu­
monstre bicephale.
ra el placer. Por tanto, diferencia «ten­
(Ch. 8audelaire)
sional» que es en sí misma placentera,
límite (diferencia placer/satisfacción)
pulsional que sostiene el placer que si
SOBRE EL MASOQUISMO FE­
consiguiese el grado cero o placer ab­
MENINO, a propósito de «El pro­
soluto se anularía, plena realización
blema económico del masoquis­
del «principio de Nirvana» o sea, la
mo» (1924).
muerte. Hay que suponer, pues, un
DAS OKONOMISCHE PRO­
componente masoquista en todo pla­
BLEM DES MASOCHISMUS.
Alianza Ed., n. o 62. cer (masoquismo erógeno), una nece­
Studienausgabe, 111. saria relación fundamental entre Tá­
natos y Eros. Dicho masoquismo eró­
El enigma del masoquismo consis­ geno es, al mismo tiempo, «moral» en
te, como se sabe, en que el dolor y el el sentido de la culpabilidad tal como
displacer no son meros medios para señala FREUD, es decir, no hay placer
conseguir el placer, sino que son en sí que no sea, en definitiva, culpable
puesto que todo placer emerge en la
mismos el placer, o sea, placer en el
displacer placer, interrelación entre la dialéctica del deseo y conlleva una
pulsión de muerte y Eros. transgresión digamos «constitucional»
El masoquismo, dice FREUD, se que forma parte ínsita del placer, que
ofrece a nuestra observación en tres así puede ser entendido como «dife­
formas distintas (in drei Gestalten ent­ rencia constitucional».
gegen) (p. 214; 345): erógeno, fe­ Pero aquí nos interesa el «maso­
menino y moral'. Por tanto, un mismo quismo femenino» al que FREUD califi­
masoquismo en tres formas distintas. ca alegremente de «fácilmente asequi­
Si el primero es «la base de las dos ble». Dicho masoquismo «reposa por

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completo (ruhtganz) en el masoquis­ pero bajo una forma directamente
mo primario erógeno» (p. 216; 346). No erógena, placentera, sin componente
se trata, por tanto, de un masoquismo sádico.
secundario, de la perversión maso­ Veamos. Si hablamos de pulsión de
quista o del retorno del sadismo sobre muerte hablamos de «tendencia», co­
sí mismo, sino del masoquismo prima­ mo el propio FREUD ha matizado ante­
rio erógeno. ¿Por qué calificarlo ahora riormente (<<el principio de nirvana ex­
de femenino? Para responder a esto presa la tendencia de la pulsión de
«habremos de llevar mucho más allá muerte: die Tendez des Todestrieb»)
nuestras reflexiones», dice FREUD; en (p. 213; 344). Al concepto de tenden­
definitiva ~ la pulsión de muerte (1). cia corresponde su no realización, en
Una parte de esa pulsión, la que no se suma, no se puede hablar de pulsión
convierte en Destruktionstrieb «per­ de muerte en estado puro pues enton­
vive en el organismo y queda fijada allí ces ya no sería propiamente pulsión
libidinalmente (Iibidinos) c0':l ayuda sino muerte o pulsión coincidente
de la coexcitación (Mitterregung) se­ consigo misma, puro silencio.
xual. .. » (p. 217; 347). La Destruk­
«No esperaremos, pues, en­
tionstrieb forma parte de Eros, es di­
contrar pulsiones de muerte o
rectamente la pulsión de muerte al
pulsiones de vida puras sino
servicio de Eros, como «Bemachti­
distintas combinaciones de las
gungstrieb» o «Wille Zur Macht»; o
mismas» (p. 217; 348),
sea, dirigida hacia el exterior como
pulsión de posesión o de poder lo que
Por ello y/o sin embargo:
ciertamente no elimina el aspecto des­
tructor (todo poder es destructivo), «Aunque no con toda exacti­
pero sobre él se sostiene el orden so­ tud puede decirse que la pul­
cial de Eros. Pero el otro aspecto de la sión de muerte que actúa en el
pulsión de muerte, lo que no se agota organismo -el sadismo pri­
en Destruktionstrieb, es el «masoquis­ mitivo - es idéntica al maso­
mo erógeno primitivo» (Ursprüngli­ quismo» (ídem).
chen erogenen Masochismus). Es
En efecto, las pulsiones de vida y de
también Tánatos al servicio de Eros
muerte aparecen necesariamente en
relación: lucha pues pulsional que de­
(1) No debemos perder esta perspectiva fine a sus componentes los cuales se
que establece una estrecha relación entre el or­
den edípico y el orden pulsional. Porque si la constituyen en esas Vermengungen.
pulsión viene a significar la propia e interna Pero hay un resto o residuo (Resi­
problematicidad del organismo humano, del duuril) de la pulsión de muerte que só­
cuerpo humano, erógeno al mismo tiempo que lo por «coexcitación sexual» se une a
biológico, bueno es recordar que esa proble­
Eros. Por eso, ese resto que constitu­
maticidad delimita el orden humano que no es
otro que el orden edípico. La anatomía es el ye el masoquismo primario, permite
destino, insistía FREUD, mas si necesario establecer una cierta identidad entre
es hablar de destino es porque somos pulsión de muerte y masoquismo. Si­
concebidos según el Espíritu, imposibilidad guiendo el modelo termodinámico
pues de coincidir con nuestro cuerpo y con
nuestra conciencia; he aquí un destino fu­
tendríamos que las transformaciones
nesto porque hace imposible el destino teo­ de la pulsión de muerte exigidas por
lógico. su interrelación con Eros, o sea, pura

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y simplemente por la vida y por el prin­ queda garantizado hasta que la mujer
cipio de placer que regula la energía ha conseguido hacer de su marido su
psíquica, siempre dejan un resto en­ hijo y actuar con él como madre»
trópico que posee la característica de (p. 941; 561). Una relación de amor libre
vincularse a Eros como pura pasivi­ de ambivalencia parece de por sí una
dad, como un placer desgajado del contradicción en los términos. ¿Cómo
poder, o sea, algo así como si la pul­ eliminar tal ambivalencia? ¿Cómo re­
sión de muerte fuese investida de li­ ducir, en suma, la hostilidad si no es
bido. por medio del masoquismo? Sabido
De esta forma se consigue un com­ es que ésta ha sido la tesis de los más
promiso entre el principio de Nirvana y prominentes psicoanalistas. El maso­
el principio de placer, mediante el cual quismo salva no sólo la relación
la pulsión de muerte puede mostrarse madre-hijo sino también la de marido­
o, como dice Piera AULAGNER, se deja esposa, la de la propia pareja con­
prender en el señuelo del objeto y del yugal.
placer, haciéndose así presente en el "lo sería descabellado concluir que
fantasma (el fantasma es donde se si en nuestras formaciones sociales
prende el deseo y donde el sujeto se sólo el masoquismo femenino es el
parapeta frente o contra su propia garante principal de la familia, el pro­
anulación). pio Estado, en definitiva, se sostiene
En este sentido se podía entender el sobre lo que le es ajeno: ese maso­
masoquismo primario como maso­ quismo.
quismo femenino, fundamento de un Sigamos con el texto de FREUD. Ha
orden psíquico y social al mismo tiem­ prometido hablarnos de masoquismo
po y como tal «exterior» a lo fundado. femenino y ahora parece apartarse de
Colocamos así la Particularidad y la ello con el trámite de que «reposa por
Excepción en el fundamento. Lo que completo en el masoquismo primario
se nos da en el fantasma como unidad erógeno», reposa en él pero, según
sostiene, en su Diferencia, el deseo. parece no se agota en él. El desplie­
Alejandro de Afrodisia decía que el gue del masoquismo erógeno en las
género no se divide en diferencias si­ tres fases que nos propone FREUD pa­
no mediante diferencias. rece situar lo femenino, el masoquis­
Madre es, por definición, lo prohi­ mo femenino, en la tercera fase, en la
bido, pero también lo deseado; sostie­ fase fálica que «introduce en el conte­
ne el Nombre-del-Padre pero éste no nido de las fantasías masoquistas la
la agota. La madre disiente precisa­ castración». (Aquí es necesario seguir
mente por donde deja de ser nombre y la versión alemana ya que la española
por ende donde puede aparecer como es completamente confusa y, por lo
fusión posible. que se entiende, errónea) (p. 218; 348).
En el texto que trabajamos en el ca­ Alguna relación habría entre maso­
pítulo anterior FREUD había dicho que quismo femenino y castración: el
«sólo la relación con el hijo procura a «kastrationlust» que FREUD analizó a
la madre satisfacción ilimitada; es en propósito del pintor HAITZMAN. El pin­
general la más acabada y libre de ambi­ tor se rebela «contra la actitud femeni­
valencia de todas las relaciones huma­ na con respecto al padre», se rebela
nas», y que «el matrimonio mismo no contra la castración que esconde el

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deseo de castración, el placer de la diante la plena sumlSlon a la misma
castración (Kastrationlust) (cfr. «Una hasta el pu nto de que la ley ya no se
neurosis demoníaca ... », Alianza Ed., muestra como tal en la resistencia si­
n. o 359, p. 75). no como espacio o significación del
A propósito del masoquismo moral goce. Si lo femenino es una mascara­
nos dice FREUD: da lo inquietante procede de que por
«Sabemos ... que el deseo de su contagio el orden se convierte
ser maltratado por el padre tan en un simulacro. Mentira originaria
frecuente en las fantasías, se (1t e.wtovcpsüoo~) se hace así inapresa­
halla muy próximo al de entrar ble; es la idea ril,keana de la unidad
en una relación sexual pasiva, que forman la perfección y la caren­
femenina, con él. .. Aplicando cia, figura teológica del diablo, según
esta explicación al contenido la cual el demonio es el simulador, por
del masoquismo moral se nos antonomasia, que toma la forma de la
revelará su sentido oculto» lujuria, la codicia, etc. en objetos con­
(p. 223; 353). cretos; él es el que no es, por contra­
El «sentido oculto» del masoquismo posición a Dios; el no-ser que es, por
moral se encuentra, pues, en esa posi­ tanto, inaprehensible y que, por ello
ción sexual pasiva, femenina, ante el mismo, está por todas las partes y en
padre. ¿Qué ha sucedido? Que «el ma­ todas las cosas con las que se reviste
soquismo moral sexualiza de nuevo su no-ser.
(Wieder» la moral, reanima el comple­ Hay un parecido aspecto demonía­
jo de Edipo y provoca una regresión co de lo femenino que ya hemos
desde la moral al complejo de Edipo». apuntado. ¿No se representaba a ve­
Hay un sometimiento a la ley que es ces al demonio con cabeza animal, .
erógeno y en ese sentido subvierte la pezuña de cabra y pechos desnudos
propia ley, el deseo se erige en el cora­ de mujer? Justine sometida a todas
zón de lo que lo niega y lo constituye, las vejaciones triunfa sobre el alma
en suma, de lo que lo de-limita. Amo masculina. La pureza de Justine se
a quien me sojuzga, lo que es una for­ muestra inmancillable porque no se
ma paradójica de minar el poder del resiste y, en consecuencia, no sucum­
mandato. Piénsese, por ejemplo, en be, haciéndose así irreductible a la ra­
las quejas frecuentes de los padres: le zón e inalcanzable para el afán mascu­
pego y como si tal cosa, le pego y pa­ lino.
rece que le gusta, etc. Es decir, eroti­ Ella se exhibe y se somete, exhibe
za el sometimiento haciéndolo inefi­ su falta arropándose en el ser de lo
caz, como diría LACAN «lo que ha ser­ que- carece: el falo. Exhibe su someti­
vido para negar el amor sirve para sig­ miento. Sólo ella puede decir abierta­
nificarlo» (<<Formaciones del incons­ mente: «He basado mi causa sobre
ciente», p. 96). nada», porque sólo ella encarna la le­
El masoquismo moral o femenino yenda de la unidad Perfección-Caren­
es una «resexualización» de la moral o cia y su narcisismo hunde sus raíces
sea, la erotización de la ley. Hay dos en el masoquismo, «auf dem primaren
formas de transgredir la ley: mediante crugenen Masochismus».
la acción abierta contra ella, que suele
llevar el propósito de sustituirla, y me­ Madrid, octubre 1980.

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