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Artículo 2332.

Donación es un contrato por el que una persona transfiere a otra, gratuitamente,


una parte o la totalidad de sus bienes presentes.

Comentario. Casi con certeza podemos afirmar que existen tantas definiciones sobre este contrato
como autores de obras de contratos civiles.

De lo que no dudamos es que la mejor definición es la redactada en el a. que aquí se comenta. Ello
si consideramos que determina los elementos básicos para su existencia sin necesidad de aludir a
todas las posibilidades del contrato que se proponen en los demás aa. del capítulo.

La donación es una especie de una institución del derecho común denominada “liberalidad”;
institución que comprende otras figuras afines a la donación, como la renuncia de derechos, la
remisión de la deuda, la quita, el comodato, la limosna, el testamento y la propina.

El criterio que nos permite distinguir a la donación y al comodato de entre los demás miembros de
la familia de las liberalidades es saber que aquéllos son contratos.

Algunas otras legislaciones ven en la donación un acto unilateral, como el Código de los franceses
de 1804, gracias a la modificación final hecha al proyecto por Napoleón. Planiol refiere incluso que
la donación no es un contrato, sino una alienación gratuita, vaya, un acto unilateral.

La renuncia, la quita y demás figuras semejantes a la donación y al comodato tienen la naturaleza


de actos jurídicos unilaterales, salvo estas dos últimas, las liberalidades otorgan un beneficio
involuntario a su destinatario.

Puede objetarse que las sucesiones mortis causa se encuentran sujetas al beneficio del inventario y
que de esa manera participa la voluntad del sucesor para convertirse en titular de un derecho, sin
embargo, el argumento pierde solidez si estimamos que la sucesión opera ipso iure y el beneficio le
sigue en orden cronológico.

El sucesor testamentario mortis causa lo es por ministerio de la ley antes que por obra del de cujus,
y nunca por obra de su propia voluntad.

En cambio, atento a su naturaleza contractual, la donación y el comodato requieren para su


existencia la conjunción de voluntades que engendrará al esencial consentimiento.

Nadie puede ser donatario o comodatario involuntariamente. Se suele clasificar a la donación como
un contrato gratuito.

En las partidas de Alfonso X se destaca la gratuidad de la donación al nacer de la bondad del corazón
sin espera de contraprestación alguna.

Hay casos en los que se le califica de onerosa, cuestión que no riñe con el carácter de gratuidad si
entendemos a esta como liberalidad contractual.

El a. que comentamos permite que la enajenación emanada de la donación pueda realizarse sobre
todos los bienes del donante, condicionando únicamente la existencia del contrato a que la
enajenación gravite sobre bienes presentes en el patrimonio del donante.

Abordaremos la controversia relativa a las donaciones universales y su nulidad en el comentario al


a. 2347.
Costaría trabajo entender por qué una legislación federal como la presente regula instituciones que
son tradicionalmente abordadas por las autoridades locales.

Empero, es resultado de la promulgación del Código Civil para el Distrito Federal de 2000 sin que el
presente Código Civil Federal haya sido abrogado.

Así, por técnica de supletoriedad, existe la posibilidad de que su contenido llegue a cubrir algunos
vacíos de otras leyes federales.

El artículo 5o. de la Ley General de Bienes Nacionales prevé la supletoriedad del Código Civil Federal.
La reflexión se produce en la tesitura de que algunas leyes federales hacen alusión al contrato de
donación que aquí comentamos.

A guisa de ejemplos, tenemos la Ley General de Salud en lo tocante a la donación de órganos; el a.


31, fr. XII, de la Ley del Impuesto Sobre la Renta referente a la oferta de donación de productos
previa a su destrucción, y el a. 16 de la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos
Artísticos e Históricos sobre donativos a instituciones científicas extranjeras.