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EL ARTE DE SUSCITAR EMOCIONES

Cuando nos enfrentamos a una obra de arte muchas veces sentimos una
conexión tremenda, sentimos que nos habla directamente a nosotros y nos
emociona, pero no siempre ocurre lo mismo, y como a alguien le puede parecer
una escena sumamente conmovedora el Guernica de Pablo Picasso a otro le
puede parecer un mamarracho sin sentido, así con cualquier obra de arte.

De igual manera, no son todos los que se conmueven hasta las lágrimas con un
bolero, o que encuentran en los tangos de Gardel una nostalgia irremediable. No a
todos nos emociona el mismo tipo de música y no podrás emocionar a todos los
rockeros con los tigres del norte, como no podrás emocionar a todos los raperos
con Piero.

El arte y la música son placeres subjetivos, cada ser humano desarrolla un gusto
personal y particular, sin embargo con las historias pasa un fenómeno distinto.
Todos nos emocionamos con las mismas historias arquetípicas, nos indignamos
con las mismas injusticias, y reímos a carcajadas con los mismo videos virales de
internet.

Las historias tienen el poder de conectarnos como especie, si bien hay ciertas
particularidades narrativas en cada cultura, éstas no están por encima de las
emociones que pueden generar en cualquier ser humano con entendimiento y
sentimientos.

Los niños en Palestina usan camisetas de Superman y Batman, en Tailandia ves


motociclistas con calcomanías de Darth Vader en sus cascos, en República Checa
encuentras pequeñas replicas del Quijote en las tiendas de libros. Las historias
nos impactan, y son universales como nada más lo es. Recuerdo haber vivido
entre árabes en Inglaterra, y como jóvenes de 20 años, el 80% de nuestras
conversaciones giraba acerca de las mujeres, el otro 20% se limitaba a fútbol. Y a
pesar de ser culturalmente distintos, de tener religiones distintas, de no hablar el
mismo idioma, nuestras historias nos daban risa, nos conmovían, o nos daba
asco, porque a pesar de aparentemente no tener nada en común. Como seres
humanos, lo teníamos todo en común.

Las religiones se han basado en contar historias a tal punto que muchas iglesias
tienen cursos de oratoria y narratología como parte de preparación para sus
pastores. El método aristotélico que aprendimos en primaria, de inicio, nudo y
desenlace es la piedra angular de la estructura de pensamiento en occidente.

Las historias nos cautivan porque nos emocionan a todos, algunos son más
sensibles que otros, por su nivel de empatía, pero todos reconocemos la tristeza
que puede producir la muerte de un hijo, como podemos reconocer la ira e
indignación por un anciano siendo desalojado de su casa, y la alegría de ver un
deportista que contra todo pronostico logra el primer lugar gracias a la tenacidad y
esfuerzo.

Por eso cuando pienses contar una historia, apele a una emoción primero y no se
preocupe por los detalles técnicos, si logra emocionar, ya ha contado una historia
contundente y generado un lazo inquebrantable entre usted y la audiencia.