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THOMAS ALVA EDISON

(Milan, 1847 - West Orange, 1931)


Inventor norteamericano, el más genial
de la era moderna. Junto a la
trascendencia de sus invenciones, que se
tradujeron en una importante contribución
al desarrollo de la Revolución Industrial
en su país y a la mejora del bienestar y
de las condiciones de vida de millones de
personas, la figura de Edison sobresale
como modelo de tenacidad, como
ejemplo del valor del esfuerzo y del
trabajo incesante por encima del talento
innato y la inteligencia. «El genio es un
diez por ciento de inspiración y un
noventa por ciento de transpiración» es
quizá su frase más célebre.

La inteligencia del joven Edison, que era alérgico a la monotonía de la escuela,


despertó gracias a su madre. El milagro se produjo tras la lectura de un libro que
ella le proporcionó titulado Escuela de Filosofía Natural, de Richard Green Parker;
tal fue su fascinación que quiso realizar por sí mismo todos los experimentos y
comprobar todas las teorías que contenía. Ayudado por su madre, instaló en el
sótano de su casa un pequeño laboratorio, convencido de que iba a ser inventor.

Un joven emprendedor

A los doce años, sin olvidar su pasión por los experimentos, consideró que estaba
en su mano ganar dinero contante y sonante materializando alguna de sus buenas
ocurrencias. Su primera iniciativa fue vender periódicos y chucherías en el tren
que hacía el trayecto de Port Huron a Detroit. Había estallado la Guerra de
Secesión y los viajeros estaban ávidos de noticias. Edison convenció a los
telegrafistas de la línea férrea para que expusieran en los tablones de anuncios de
las estaciones breves titulares sobre el desarrollo de la contienda, sin olvidar
añadir al pie que los detalles completos aparecían en los periódicos.

Esos periódicos los vendía el propio Edison en el tren, y no hay que decir que se
los quitaban de las manos.
BATALLA DE LA ARADA

La Batalla de la Arada se libró


el 2 de febrero de 1851 cerca
de la ciudad de Chiquimula en
Guatemala, entre las fuerzas
de Guatemala y un ejército
aliado de Honduras y El
Salvador. La batalla formó
parte de la guerra entre el
gobierno conservador de
Guatemala contra la coalición
liberal de El Salvador y
Honduras, y fue la amenaza más patente para Guatemala de perder su soberanía
como república.

Antecedentes

Luego del retorno de Rafael Carrera, de su exilio en 1849, el gobernante


salvadoreño Doroteo Vasconcelos dio asilo a los liberales guatemaltecos, quienes
hostigaban al gobierno de Guatemala en varias formas: José Francisco Barrundia
lo hacía desde un periódico con ese expreso fin; Vasconcelos alimentó, durante
todo un año a la facción rebelde “La Montaña”, en el oriente de Guatemala
distribuyendo dinero y armas entre los sublevados. A fines del año de 1850,
Vasconcelos se sintió cansado de esta guerra lenta contra Guatemala y decidió
obrar abiertamente. Así las cosas, el mandatario salvadoreño inicio una cruzada
contra el régimen conservador de Guatemala, invitando a participar en la alianza a
Honduras y Nicaragua; pero de ambos gobiernos solo el hondureño presidido por
Juan Lindo aceptó participar en la invasión.

Entre tanto, en Guatemala, donde se conocían perfectamente los planes de


invasión en su contra, el presidente Mariano Paredes toma las previsiones
necesarias para enfrentar la situación, mientras el arzobispo don Francisco de
Paula García y Peláez ordena en su archidiócesis rogativas de paz.

El 4 de enero de 1851 se reunieron en Ocotepeque los presidentes de Honduras y


El Salvador, con la cual quedó sellada la alianza en contra de Guatemala. El
ejército salvadoreño se componía de 4000 hombres perfectamente municionados
y con apoyo de artillería; los hondureños por su parte, aprestaron dos mil hombres
para la campaña. El grueso de las fuerzas aliadas se situó en Metapán, por ser
esta una ubicación próxima a Honduras y a la frontera guatemalteca
El 2 de febrero

Coronel Vicente Cerna y Cerna, del ejército conservador guatemalteco. Participó


en la Batalla de la Arada cuando era corregidor de Chiquimula.

Se inició el combate a las 8:30 de la mañana del 2 de febrero de 1851. Los aliados
tomaron la iniciativa atacando por tres puntos diferentes y abriéndose un fuego
muy vivo por ambas partes. La primera carga de los aliados fue repelida por los
defensores de la colina; al segundo ataque los aliados lograron tomar la primera
línea de trincheras, de donde nuevamente fueron arrojados. A la tercera carga, la
fuerza hondura-salvadoreña avanzó más, hasta llegar a confundirse con los
soldados guatemaltecos, que peleaban ahora cuerpo a cuerpo y a punta de
bayoneta, mientras que la artillería guatemalteca castigaba duramente el grueso
de los atacantes. En el punto más álgido de la batalla, cuando el resultado parecía
incierto, Carrera ordenó que se incendiasen los cañales que flanqueaba la vega
del río donde operaba el ejército invasor. De esta forma rodeó al enemigo ya que
ahora tenía frente a sí el fuego vivo del ejército guatemalteco, por los flancos un
incendio y hacia atrás el río, que dificultaba la retirada. Al ver esto la división
central aliada cundió el pánico y comenzó una retirada desorganizada. El general
Saget ordenó tocar retirada para el cuerpo de Cabañas, la división hondureña que
peleaba junto a la salvadoreña en el centro, pero todo el ejército emprendió la
huida. Pronto se inició un retroceso de las líneas aliadas, que era más bien una
fuga, que una retirada estratégica.

La declaración de Guerra

El 28 de enero de 1851, el presidente salvadoreño dirigió al Ministerio de


Relaciones Exteriores de Guatemala un extenso comunicado, en cual se
manifestaba:

Que el presidente guatemalteco abandonara el mando, para que fuera ocupado


por un hombre de confianza de los invasores.

Que Carrera fuera exiliado del país, debiendo ser conducido hacia alguno de los
puertos del sur por un regimiento salvadoreño.

Que una vez estuvieran en poder del mando de Guatemala la alianza invasora, se
convocara a una Asamblea Constituyente.

Que el ejército salvadoreño podría ocupar los territorios de Guatemala que


considerara conveniente y por un tiempo indefinido.