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LAS BIENAVENTURANZAS A UN OBLATO QUE VIVE EN COMUNIDAD APOSTÓLICA

Feliz el oblato que vive en comunidad y está atento a los que viven a su lado, porque irradia
cordialidad evangélica.

Feliz el oblato que vive en comunidad porque tiene una familia.

Feliz el oblato que, por su aprecio y cuidado de la vida comunitaria, contribuye con sus hermanos a
vivir los votos religiosos.

Feliz el oblato que viviendo en comunidad cuida y estimula la perseverancia de sus hermanos.

Feliz el oblato que vive en comunidad apostólica, porque está anunciando que Jesús vive
resucitado entre ellos.

Feliz el oblato convencido de la necesidad de la vida comunitaria, porque encuentra y aporta a


nuevas formas de vida, según los tiempos y las culturas.

Feliz el oblato que comparte con sencillez y alegría, porque halla acogida y apoyo entre sus
hermanos.

Feliz el oblato que viviendo en comunidad pone sus dones y talentos al servicio de los demás,
porque así contribuye a su crecimiento humano, espiritual y apostólico.

Feliz el oblato que viviendo en comunidad es inspirador de nuevas vocaciones.

Algunas malaventuranzas …
Hay del oblato que no vive en comunidad, porque corre el riesgo de haber perdido ya su vocación
religiosa, tarde o temprano se quedará solo.

Hay del oblato que no cultiva su vida espiritual en comunidad, porque hará infecunda su misión…

Hay del oblato que por el activismo misionero, olvida su propia edificación, pronto escuchará: “¡no
te conozco!”

Hay del oblato que no vive en comunidad, porque está dejando morir el ¡Sueño de San Eugenio!

Pozuelo, 7 de setiembre de 2016


P. Tony OMI

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